Capítulo 10: El poder de salvar corazones.
"Querido diario:
Hoy es la primera vez que escribo en ti, espero que nos llevemos muy bien. Mis hermanas me han enseñado a escribir todo este tiempo, y ahora que siento que ya sé, puedo contarte mi vida, estoy emocionado, siempre quise tener un diario como Ayano, aunque ella dice que es algo íntimo que no debe mostrarse a nadie yo se lo mostraré todos los días para que me corrija las faltas.
Tengo muchas cosas para contarte, por ejemplo que al fin tengo padres, sigo sin saber qué le pasó a mis papás de nacimiento, pero soy muy muy feliz recibiendo esos cálidos abrazos de mamá y jugando con papá, es muuuuy alto, es genial ser cargado en sus hombros. Desearía poder ser tan alto como él cuando grande.
Y tengo tres hermanos, Ayano es mi hermana mayor, ella es muy dulce y pasa mucho tiempo jugando con nosotros, la quiero muchísimo. Tsubomi y Shuuya, mis mejores amigos ahora también son mis hermanos, soy muy feliz cada día al despertar porque sé que podré jugar con ellos antes o después de la escuela.
Porque yo no voy a la escuela, lo intenté pero hay demasiadas personas en ese enorme edificio, no lo soporté, el tercer día me desmayé y mis hermanos convencieron a nuestros padres para que no me llevaran más. Ahora son ellos quienes me enseñan y hacemos juntos las tareas que les envían... Incluso las de Ayano que va a cursos superiores.
Tengo una última cosa para decirte pero no le digas a nadie, soy parte de una organización secreta. Hacemos misiones y somos geniales, incluso nos llamamos por nuestros nombres clave: El mío es Seto.
Todo es muy divertido, ojalá se quedara así para siempre.
Kousuke Seto."
Cerró su diario y miró el reloj que había en el escritorio, en esos meses había avanzado mucho, no sólo había aprendido a escribir, ahora también podía leer la hora. Aún faltaban dos horas para que sus hermanos regresaran de la escuela así que bajó al laboratorio de sus padres donde se encontraba Ayaka.
–Mamá, ¿puedo ayudarte en algo?- le preguntó entrando con cuidado de no pisar ningún papel importante, el piso estaba repleto de ellos.
–Kousuke- se giró para verlo con esa linda sonrisa que siempre le dedicaba –, ¿no preferirías ir a jugar o mirar la televisión?
–Me gusta hacer esas cosas con mis hermanos, pero aún falta para que regresen...
–Entiendo que estés aburrido, pero ahora estoy intentando traducir unos documentos, no puedo jugar contigo.
–Entiendo- asintió sonriéndole –. Sólo quiero ayudar a mamá con su trabajo.
Ella sonrió conmovida acariciando su cabello –Eres un buen niño... ¿Ya ordenaste tu habitación?- preguntó y él asintió –Entonces tal vez podrías ordenar la de Shuuya, la última vez casi no logro abrir la puerta por tantas cosas tiradas en el piso.
–¡Si, eso haré!- asintió feliz por tener una misión –Dejo su ropa sucia en el canasto, ¿verdad?
–Por favor.
Luego de abrazar a su madre fue al cuarto de su hermano, Shuuya era muy desordenado así que seguro le llevaría mucho tiempo, pero era feliz si con eso aliviaba un poco el trabajo de su mamá.
Disfrutaba mucho hacer la tarea con sus hermanos y escuchar sobre sus días.
–¡La maestra es tonta!- exclamó Shuuya girando el lápiz entre sus dedos –Hoy me castigó...
–¡No es tonta!- lo corrigió Tsubomi levantando la cabeza de su cuaderno –Te castiga porque molestas a los demás.
–¡A ti no te castiga porque ni siquiera sabe que estás allí!
–Chicos no peleen- les pidió Ayano.
–¡Pero es verdad! Hoy incluso le puso la falta...- contó ganándose un codazo directo a las costillas de su hermana.
–¡Kido no lo golpees!- exclamó Ayano sabiendo que llamarlos por sus nombres clave lograba que se comportaran bien... Todos sabían que como miembros de la organización secreta debían cuidarse los unos a los otros... Esa era la primer regla.
–Lo siento...- murumuró la aludida volviendo a sus ejercicios de matemática.
–Y Kano, discúlpate con ella por hacerla sentir mal.
–Lo siento...- murmuró él acercándose más a su hermana –Ahí va un cinco- señaló la hoja.
–Pero la maestra dijo que se hacía así...
–¿No te dije que la maestra es tonta?- preguntó él sonriendo ganándose una mirada llena de molestia –Piénsalo, si tienes catorce manzanas y les quitas nueve...- puso sus dedos junto a cuatro de los de ella y juntos contaron la cantidad de manzanas a quitar y luego las que quedarían.
Ayano y Seto los miraban sonriendo, ellos peleaban mucho pero siempre terminaban ayudándose mutuamente.
–Seto, ¿necesitas que te ayude con algo?- le preguntó su hermana mayor.
–¡Si!- exclamó sacando un cuaderno verde –¿Me corriges los errores?- le pidió entregándoselo.
–Oh... tu diario- lo miró con una sonrisa mientras lo tomaba –. ¿Estás seguro de que quieres que yo lo lea?- él asintió en respuesta –Está bien- le sonrió abriéndolo y poniéndose a trabajar en ello.
–¡Vamos a jugar Seto!- sintió como Kano tiraba de su brazo –¡Ya me aburrí de la tarea de la maestra tonta!
–Pero si no la terminas la maestra volverá a castigarte...
–Lo hará de todas formas así que vamos...- se dejó conducir escaleras arriba a la habitación de su hermano.
–¿A qué quieres jugar?- preguntó cuando el rubio cerró la puerta.
–Todos siguen ignorándola...- murmuró sentándose en su cama –¿Qué puedo hacer...?
Su hermano también había crecido mucho en esos seis meses viviendo en la casa, sobre todo en cuanto a controlar sus poderes, aún le costaba pero ya era capaz de mantener una conversación más o menos sincera con cualquiera dentro de la familia.
–Pues... el poder de Tsubomi se sale de control cuando está nerviosa o rodeada por extraños... No creo que podamos hacer algo para evitarlo...- le dijo sinceramente, a él también le preocupaba su hermanita.
–Pero... Está muy sola... Deberías verla en clase...- murmuró con tristeza –Incluso escuché a algunos hablando de que había un fantasma, porque uno de los pupitres estaba siempre vacío, ¡y era su pupitre! Creo que ella también lo escuchó... sus ojos brillaban mucho, como si estuviera a punto de llorar...
–Entonces... No la dejes sola- le recomendó lo único que se le ocurrió –. Estoy seguro de que si permaneces a su lado, ambos podrán hacer amigos.
–Podría ser... si así logro que no se sienta sola entonces estaré todo el tiempo a su lado ¡Lo quiera o no!- exclamó emocionado y decidido.
–Bueno... Tampoco tan así...- murmuró arrepintiéndose un poco de su consejo, pero su hermano no estaba escuchándolo.
–Ahora sí, vamos a jugar- Kano se bajó de la cama y sacó unas canicas de su mochila –. Hoy le gané muchas a esos niños de tercero, te daré la mitad- le entregó algunas.
–Son lindas...- comentó viendo sus colores –Pero no sé como se juega...
–Ven, yo te enseñaré.
El resto de la tarde jugaron juntos, Kano era un gran amigo y siempre la pasaba muy bien a su lado. Esa noche le contaría a su diario del nuevo juego que aprendió y cuanto se había divertido.
Dos años habían pasado y cada quince de agosto desde que llegó sucedía lo mismo... Despertaba de madrugada por una horrible pesadilla... A pesar de lo feliz que era en esa casa nunca olvidaría a su amigo de la infancia. Secaba sus mejillas de las lágrimas que había dejado caer en sueños y entonces el llanto y gritos desesperantes de sus hermanos venían a él...
Ellos también sufrían, ellos sufrían demasiado en esas fechas aunque no lo demostraran. Y como cada año se levantaba de su cama y los visitaba...
La habitación de Kido estaba en penumbras, por más que lo intentara no podía verla por ningún lado... Sabía que estaba allí, la había escuchado momentos antes, sin embargo al entrar ella desapareció su presencia por completo... Ya no podía ni escuchar sus pensamientos.
Exhaló tristemente, nunca pudo entender por qué de los tres, ella era la que más se aislaba en esas fechas... Como aquella vez en el orfanato cuando cuidó de él y su hermano sin mencionar en ningún momento su propio dolor...
–Aunque no pueda verte sé que estás ahí Tsubomi... Y que estás recordando cosas dolorosas... Me gustaría darte un abrazo... Y también recibir uno- susurró lo último –. Estaré esperando a que te sientas lista...- se dispuso a salir de la habitación cuando sintió sus brazos alrededor de él.
La abrazó sin mediar palabra, no eran necesarias, ambos sollozaron unos minutos hasta finalmente sentirse un poco mejor... Con el paso de los años los recuerdos seguían allí, pero eran menos dolorosos... O al menos, más soportables.
–Shuuya también está mal... ¿verdad?- le preguntó ella con su rostro aún enterrado en el hombro del chico.
–Si... ¿Vamos con él...?- la sintió asentir.
Al llegar a la habitación de su hermano, pudieron ver que la luz estaba encendida, Tsubomi fue quien abrió y la primera en entrar, ella siempre era la más valiente de los dos... Y siempre era quien resistía los ataques de Shuuya...
Si, sus ataques... En esa fecha él simplemente, se volvía loco...
Al entrar tras su hermana lo vio rayando violentamente uno de sus cuadernos de la escuela.
–¡¿Qué haces?!- exclamó Tsubomi adelantándose y quitándole el cuaderno antes de que lo destruyera por completo.
–¡Hago la tarea! ¡Jajaja! ¡¿Qué más?!- ahí estaba de nuevo esa risa desquiciada, esa que había podido controlar a la perfección con el correr del tiempo excepto en esa fecha tan especial.
–Shuuya...- murmuró acongojado, podía escuchar claramente los gritos desesperados en su interior, él recordaba claramente cada detalle de aquel día en que esos maleantes asesinaron a su madre.
Tsubomi no podía escucharlos, pero sabía que estaban allí... Se arrodilló frente a él y lo abrazó con fuerza, tenía que ser así, ya que él intentaba soltarse violentamente.
Se apresuró a abrazarlo también, sintiendo como él intentaba empujarlos lejos, normalmente era Tsubomi quien soportaba esos arranques sola, pero Shuuya cada día era más fuerte y él no podía simplemente quedarse viendo como su hermano se arriesgaba a lastimarla sin quererlo.
Poco a poco el rubio fue cediendo y sus forcejeos se hicieron más débiles hasta que comenzó a llorar –Extraño a mi mamá...- sollozó.
–Y yo a mi hermana...- murmuró Tsubomi permitiéndose llorar un poco más.
–Ojalá ese día me hubiera quedado encerrado con mi amigo... Él seguiría vivo...- sollozó Kousuke quien no había dejado de derramar lágrimas desde que despertó.
–Odio a esos tipos... Y me odio a mi mismo por no haber podido salvar a mi mamá...
–Mi padre me odiaba... Si yo no hubiera nacido tal vez él no habría quemado la casa y... Mi hermana seguiría con vida...
Eran muy raras las ocasiones en las que ellos hablaban de esas cosas, en las que se desahogaban y dejaban salir esa culpa que tenían dentro.
–Pero... si no hubieras nacido... Nosotros lo habríamos pasado muy mal en ese orfanato- murmuró en respuesta a las palabras de la chica –. Todo lo que nos pasó fue horrible, pero al menos pudimos conocernos...
–Supongo...- murmuró Shuuya –Que no podemos cambiar el pasado, pero... Podemos disfrutar de lo bueno que tenemos... Gracias a lo que pasó conocimos a nuestra hermana mayor...
–Y tenemos una familia que nos quiere...- asintió Tsubomi –Y somos parte de una organización secreta...
Los tres asintieron viéndose –Kido, Kano... tenemos una misión nocturna- les susurró Kousuke ganándose la atención de los otros dos –. Síganme...- se levantó y en puntitas los tres recorrieron el pasillo sin hacer ruido.
Ayano despertó al intentar girar en su cama pero no pudiendo ya algo se lo impedía, al abrir sus ojos se encontró con sus tres hermanos durmiendo a su lado, todos abrazados a ella. Sonrió volviendo a dormirse aunque sin comprender en qué momento habían subido a su cama sin despertarla... "¿Serán ninjas?" fue su último pensamiento consciente esa madrugada.
Cuatro largos años habían pasado desde que los Tateyama los habían adoptado, cuatro años en los cuales crecieron y maduraron, se sentía orgulloso de su familia, sus padres eran geniales, sus hermanos eran los mejores hermanos del mundo...
Y él continuaba sin poder controlar sus poderes...
No podía entenderlo, sus hermanos lo habían logrado, a Tsubomi aún le costaba un poco, pero había hecho grandes avances, y Shuuya incluso había conseguido controlar su apariencia a voluntad, aún toscamente y no duraba demasiado, pero se había convertido en algo así como un mago que podía verse como una chica, un gatito o un tractor en el momento que lo quisiera.
Sin embargo esas voces seguían en su cabeza, gritando... torturándolo...
Ese día era la despedida en el colegio de sus hermanos, ellos al fin pasarían al primer año de secundaria y por supuesto querían ver a su familia en esa fiesta... A toda su familia...
Shuuya era el más insistente en qué fuera, incluso le dijo que debía tomarlo como una misión. Pero él simplemente no podía, habría demasiada gente... Demasiados pensamientos, sabía que no lo soportaría y no quería arruinarle el día a todos con uno de sus ataques de pánico.
Así que la familia se fue dejándolo solo... Se sintió mal por la mirada de decepción que su hermano le dedicó... Sabía bien que él buscaba ayudarlo, exponerlo a sus miedos porque era la única forma de que superara esa condición que lo mantenía encerrado entre cuatro paredes durante años. Pero no podía...
No podía...
Aunque quisiera...
El miedo era más fuerte...
Seguía siendo un cobarde...
En aquella época años atrás... Su cobardía y debilidad le habían quitado a su mejor amigo. ¿Y si la historia se volvía a repetir?
Aterrado hasta lo más profundo de su ser, temió que su familia al igual que su amigo en aquella ocasión de pronto desapareciera de su vida por su culpa... Por su cobardía.
Atravesó la puerta de entrada después de tanto tiempo y corrió hacia la calle, iría tras ellos y se comportaría como un buen hermano, como uno valiente. Corrió aún sin saber el camino mientras su cerebro intentaba resistir el aluvión de pensamientos que lo atacaban.
Pero todo se volvió insoportable muy rápidamente, continuó corriendo olvidando su objetivo inicial, intentando escapar de esas personas, esas palabras, esos pensamientos... esos malos deseos que lo hacían llorar y gritar. Cerró sus ojos, no podía respirar... Nada tenía sentido...
Nada lo tuvo hasta que esas voces se calmaron...
Entonces sus ojos se abrieron, no sabía donde estaba... Era una especie de bosque... Era pacífico y las voces se escuchaban lejanas...
–Creo que estoy perdido...- murmuró aún con lágrimas en los ojos.
Vagó por el bosque durante horas, cayó algunas veces, fue perseguido por animales que querían comérselo... Lo sabía... Podía entender lo que decían. Fue toda una aventura digna de contársela a sus nietos, aunque en esos momentos no se sentía emocionado en absoluto... sobre todo cuando comenzó a atardecer y la soledad volvió a ganarle...
Él no era valiente... Por eso siempre se quedaba solo, si hubiera aceptado ir con ellos nada de eso hubiera sucedido... Su familia debía estar preocupada... Y él se sentía terriblemente asustado...
En ese momento el celular vibró en su bolsillo, casi había olvidado cuando lo tomó antes de salir... Su padre les había comprado esos aparatos para mantenerlos en contacto, él sólo lo usaba para escuchar música, así era más fácil ahuyentar las voces del exterior, pero hasta ese momento se percató de que hubiera podido llamar a alguien usándolo.
–Ho-Hola...- aunque lo intentó no pudo evitar que su voz se entrecortara por las lágrimas.
–¡Kousuke! ¡¿Dónde estás?!- era Tsubomi, se escuchaba bastante alterada, lo cual no era normal en ella, sin embargo la comprendía.
–En... Algún lugar, parece un bosque...- sollozó, aunque estuviera en comunicación con ellos, no tenía idea de dónde estaba como para explicarles.
–¿Un bosque...?- la escuchó murmurar –No sabemos de ningún bosque cerca...- dijo después de unos segundos.
Escuchó un "¡No puedo creer que se haya perdido!" lejano, era la voz de su hermano, sentencia que Tsubomi respondió con un claro y alterado "¡Cállate es tu culpa por todo lo que le dijiste!".
–N-No es culpa de na...- dejó de hablar al no escuchar más sonidos.
Observó la pantalla... Su teléfono había perdido la señal –¡N-No puede estar pasando!- exclamó aún más aterrado.
La noche caía lentamente y él seguía caminando viendo la pantalla, en un intento por encontrar señal. Podía imaginarse la preocupación de su madre y el rostro de su padre... Podía imaginar a Ayano llorando por su culpa, incluso tenía una idea muy certera de los golpes que Shuuya estaría recibiendo de parte de Tsubomi.
Ojalá pudiera volver y disculparse con todos por las molestias...
Agotado, finalmente se sentó bajo un árbol y sin poder evitarlo luego de un rato se quedó dormido esperando que no apareciera ningún otro animal salvaje durante la noche.
El resplandor del sol en su rostro lo despertó... Miró a su alrededor, entonces no había sido un sueño... Estaba perdido, hambriento, había preocupado a su familia por una noche entera, y lo peor de todo era que no sabía como regresar.
Caminó nuevamente buscando algo de señal, pero cuanto más se internaba en ese bosque más perdido se sentía. Y tal vez no hubiera humanos allí, pero esas ardillas que lo observaban desde lo alto de un árbol no dejaban de burlarse de él...
¿Siempre sería igual? ¿El exterior estaría siempre lleno de burlas y malos sentimientos?
"No existe un príncipe para alguien como yo..." escuchó ese pensamiento tan triste...
"Alguien por favor... ayúdeme... Estoy tan sola..." sin pensarlo demasiado dirigió sus pasos en dirección a esa voz... A ese ser tan necesitado de compañía, tan parecido a como se sentía él en esos momentos... A como se había sentido en el pasado...
"Nadie vendrá nunca..."
Se detuvo frente a una casita en medio de la nada, el pasto había crecido mucho a su alrededor, su puerta estaba cubierta por enredaderas... ¿Cuánto tiempo hacía que nadie la abría?
"Sólo es un sueño tonto..."
Decidido golpeó esa puerta –¿Puedo entrar?- ayudaría a esa persona tan triste que estaba dentro. Pudo sentir sus nervios, escuchó un golpe.
Abrió la puerta sin esperar más, y entonces vio a esa chica, aparentaba su edad, con sus ojos muy abiertos viéndolo sorprendida. Sonrió, era muy linda y tierna, pero ella se cubrió el rostro de inmediato.
–¡Si me miras a los ojos... Te volverás de piedra!- sollozó.
–Yo también he estado viviendo con miedo a convertirme en piedra- fueron sus palabras mientras se acercaba a ella con una sonrisa –. ¿Pero no sería mucho mejor vivir sin ese miedo?- preguntó inclinándose a su lado y acariciando su cabeza.
Lo miró con lágrimas en los ojos y clara confusión en su rostro, ella deseaba creer en sus palabras, podía percibirlo, y él le sonrió aún más, en un intento por demostrarle que todo estaba bien.
Ya no estaba sola... Y él tampoco...
La chica comenzó a llorar intensamente –Ya no llores, ¡todo estará bien!- aseguró aunque no sabía como reaccionar, lo único en lo que pudo pensar fue en música... Eso era lo que aliviaba un poco su dolor cuando su familia no estaba allí. Tomó su celular y le puso uno de los auriculares mientras reproducía una canción.
Para ella fue como si el mundo se hubiera desplegado por completo frente a sus ojos, él lo sintió también... Ambos supieron que ese momento había sido determinante en sus vidas.
Ella conoció la calidez de una compañía...
Y él, la valentía de ser capaz de salvar un corazón solitario...
Se quitó su chaqueta, esa blanca que tanto representaba y la envolvió en ella.
–¿Por... qué...?- preguntó la chica viéndolo confusa.
–Porque sé que si alguna vez me pierdo... Tú vas a estar aquí esperando por mi...- explicó sonriendo.
"Aquí" no se trataba de un lugar físico... Era un sitio en sus corazones... Uno en el que la soledad no existía... Era algo difícil de explicar, pero estaba seguro de que ella lo había comprendido.
Un par de horas después, mientras ambos caminaban por el bosque escucharon unas voces.
–¡Vamos Tsubomi ya no llores, vamos a encontrarlo pronto y estará bien!- ese era Shuuya.
–¡Cállate, no estoy llorando!
–Por favor chicos... Tenemos que concentrarnos en encontrarlo- les suplicó Ayano.
–¿Por qué la policía no nos ayuda?- esa era la voz de su padre.
–Porque aún no pasaron veinticuatro horas...- su madre se escuchaba cansada y afligida.
–¡Es un niño, veinticuatro horas es demasiado tiempo!- esa era probablemente una de las frases con más sentido que le había oído a su padre.
Sonriendo tomó la mano de Mary, la chica con la que había charlado y bebido té durante bastante tiempo y corrió hacia ellos.
–¡Mamá, papá, hermanos!
El reencuentro fue muy alegre, lleno de abrazos, disculpas y algunas risas...
Se despidió de Mary con la promesa de regresar siempre que pudiera, le dejó su importante chaqueta como recuerdo de que ya no estaba sola.
"Querido diario:
Creo que Mary es la niña más tierna del mundo. Es bonita, su cabello parece algodón y sus ojos son rosa como los dulces de fresa, pero le teme al mundo exterior, me recuerda a mi mismo. Pero ya no, he decidido ser fuerte por ella... Voy a protegerla de todas las cosas malas del mundo, así sonreirá todos los días.
Ya no odiaré mi poder, porque gracias a él la conocí. Voy a aprender a controlarlo y lo usaré para ayudar a los demás. Voy a convertirme en alguien fuerte, valiente y confiable, ese es mi objetivo.
A veces de las cosas malas salen cosas muy buenas.
Kousuke Seto."
Continuará.
Si Seto no es el niño más tierno del mundo, ¡que me digan quién lo es! La verdad no quería narrar la parte de Seto conociendo a Mary, ya que está narrada en el manga y en las canciones, pero me pareció un acontecimiento demasiado trascendental para él como para sólo mencionarlo por encima. Y fue difícil ajustarse a los temas musicales en ese punto, así que encontrarán frases o acciones que tal vez no cuadran tan naturalmente... Lo siento por ello, intenté unificar lo visto lo mejor posible.
Como Jeffy Iha me hizo ver, efectivamente Ayaka no fue hija única, es hermana de Hiyori... Ya arreglé eso en el capítulo anterior. Lo siento por ello... (Hay algo en Hiyori que no termina de gustarme, supongo que por ello la olvidé por completo).
Paso a responder comentarios:
Yin-princesa-del-olvido: Me di un respiro con las tragedias... Respiro que no sé cuanto durará, podría ser un capítulo más o no, aún no lo decido. Lo de las vestimentas siempre lo he visto así... Al menos por el lado de los dos niños, en el caso de Tsubomi me costó trabajo encontrarle una relación. Y sí, Ayano es una gran hermana mayor, por eso pudo crear de la nada una organización secreta tan increíble y manejar niños con tantos traumas. Espero que te haya gustado este capítulo, gracias por el comentario. Besos.
Anónimo: Me alegra que te guste mi versión, aunque siempre termino metiendo la pata en algún detalle. Respecto a la designación de numeración sería algo parecido a lo que leíste en la novela. Mi idea es que los números los asignará Kano a ellos tres en una primer instancia luego de la muerte de Ayano. Primero a Kido por ser la líder, luego a Seto, y luego él, Ayano sería la número 0 por ser la fundadora y luego vendría el resto en orden de aparición. Pero algo de eso puede cambiar en cuanto lo escriba. Si es posible quisiera saber como leer las novelas a partir de la cuarta, ya que no las he encontrado y Uruguay tiene leyes muy limitantes respecto a las compras en el exterior (si las compro me quedo sin mi dotación anual de hama beads), así que no tengo más opción que leerla por ahí u.u. Saludos y gracias por el comentario y la información.
Jeffy Iha: Perdón por la tardanza, culpo a mi somnolencia crónica de verano (Compadezco a Takane por estar así todo el año), y al juego "Misión Imposible" de NES. Gracias una vez más por corregir mi garrafal error. Bambi traumó a más de una generación... Y Ayano no tiene muchas luces... sólo ella les pone esa película a niños huérfanos... pero bueh... Respecto a la campera de Kano creo que fue de las primeras cosas que deduje en cuanto lo vi... No sé si será así realmente, pero cuadra perfecto eso no te lo niego. A Kenjiro todas las mujeres lo dominan... Ayaka, Ayano, Takane... Con lo de las hermanastras... Bueno después de leer la historia verdadera de la cenicienta no volví a ver el cuento de la misma forma... Y a mi también me molestan los enamoramientos espontáneos y los casamientos apurados... ¡Disfruten un poco de la vida, che! Saludos, y muchas gracias por el comentario. Besos.
OrangeAnt x 2: Bienvenida al fic, y si, Cara de Sapo x Tsubomi es uno de mis no_convenientes_ships, no sé adoraría ver la cara de Kano ante ello... Pero no, no pasará... Y si, también creo que chicos en esa situación no se adaptarían así de fácil a una nueva casa, una nueva hermana y un nuevo estilo de vida, así de fácil. Y respecto a lo de la escuela en este se aclara... En el orfanato eran medio negligentes y ni los enviaban a estudiar... Sé que eso sería ilegal, pero también hay que considerar que eran chiquitos. Muchas gracias por tu comentario. Saludos.
Espero que hayan disfrutado de este capítulo tanto como yo disfruté escribiéndolo.
Próximo capítulo: Alguien a quien llamar papá -Kido-
Gracias por leer.
Trekumy.
