Capítulo 11: Alguien a quien llamar papá.
Fue amor a primera vista... Esa chaqueta violeta con un diseño que no comprendía era simplemente... Genial. Se la puso de inmediato, era cálida y le llegaba a las rodillas, sus brazos no alcanzaban a recorrer la extensión de las mangas, pero su hermana las dobló hasta que sus manos pudieron verse. Sus hermanos también recibieron uniformes, pero el de ella era el más genial, se sintió orgullosa por ello.
Era parte de una organización secreta... Había misiones, secretos y nombres clave... Incluso aprendió a amar esa palabra que en su pasado tanto aborreció, Kido ya no significaba para ella un grillete amarrado a su cuello que la mantenía dentro de un lugar en el que no quería estar, en el que nadie la quería... Era su nombre clave... Era su otra identidad.
Cuando usaban sus uniformes y nombres en clave la diversión no tenía límites, cualquier tarea aburrida o agobiante se convertía en una misión especial... Se sentía como si estuvieran salvando al mundo, y ella no era la única emocionada, sus hermanos se veían mucho más felices que en el orfanato... Finalmente había sido una cosa buena ser adoptados por esa familia.
Claro que no todo era color de rosa, un mes después de ser adoptados les hablaron de "La escuela", sus hermanos se emocionaron bastante por ir, pero ella no, sabía bien lo que era tener un maestro y sabía perfectamente lo estúpida que era y lo mucho que le costaba aprender cosas simples como el nombre y la funcionalidad de cada cubierto o escribir con pincel y tinta esos complejos kanjis del japonés antiguo.
El destino le dio una prueba más de que la escuela era una mala idea cuando vio su uniforme...
Tuvieron que comprar un par de uniformes de chico para sus hermanos, pero el de ella era uno antiguo de Ayano que estaba impecable, como si nunca lo hubiera usado. Al contrario que en el orfanato donde casi toda la ropa era compartida, en esa casa cada uno tenía su armario lleno de prendas propias, sus hermanos a veces se las intercambiaban, pero ella no podía hacer lo mismo aunque le hubiera gustado... ¿Por qué toda la ropa que Ayano le había heredado debía ser tan femenina? Vestidos, blusas con moñas y volados... faldas...
Miró una vez más la falda del uniforme escolar, odiaba las faldas, le recordaban demasiado a esa ropa que debía usar por ser "la hija de", pero en ningún momento se quejó, aceptó vestirse así sólo para ver a sus padres y hermana sonreír, ellos decían que la escuela sería buena... Bien, le daría una oportunidad.
Los tres estaban en el mismo salón, eso era bueno, las clases no eran tan difíciles, de hecho eran fáciles, apenas comenzaban a enseñarles a leer... Ella sabía leer desde muy pequeña así que hasta podría decir que se aburría un poco. Lo malo era ver sufrir a su hermano...
Shuuya estaba tan emocionado que apenas tocaba la campana corría fuera del salón como si fuera un animalito atado por mucho tiempo al que se le soltaba la correa de pronto, los profesores lo regañaban por correr por los pasillos pero a él no le importaba, quería conocer cada rincón de ese lugar. Pero con Kousuke la historia era diferente; apenas lograba soportar el primer período, pero durante el recreo cuando el bullicio aumentaba él ya no lograba reprimir sus lágrimas y comenzaba a llorar a gritos apretando con fuerza sus oídos hasta hacerse daño.
Por más que lo abrazara y le repitiera que todo iba a estar bien, él no se calmaba... El resto del día era una tortura, los profesores lo corrían del salón por escandaloso, y a Shuuya por reclamarles de esa forma irreverente que no podía evitar por su condición de mentiroso. La siguiente en irse era ella, no dejaría a sus hermanos solos... Nadie nunca intentó detenerla.
Aunque abrazara a Kousuke y le repitiera que todo estaba bien, que fuera fuerte, que ellos estaban con él, mientras Shuuya no hacía más que decir estupideces, él no se calmaba. Regresar a la casa era un alivio tan grande para el niño que apenas llegaba se dormía en su habitación hasta el día siguiente.
El tercer día fue el peor...
Cuando sonó la primer campana, ella y Shuuya saltaron de sus asientos y fueron con su hermano, ambos habían escuchado sus murmullos leves y sus sollozos, el pobre estaba cansado de todo eso, se sentía demasiado mal, con sólo verlo podían saberlo.
–Tranquilo...– le susurró abrazándolo, mientras Shuuya le ponía una mano en el hombro.
–N-No puedo soportarlo...– murmuró llorando y entonces se quedó estático viendo a unos niños frente a ellos.
Pudo ver claramente como sus ojos resplandecieron aún más en rojo y entonces el ataque comenzó.
–¡No no no no!– gritó desesperado sacudiéndose tanto que a ella le costaba mantener el abrazo.
–¡¿Qué demonios miran, idiotas?!– escuchó gritar a Shuuya quien caminó hacia esos chicos, él también se había dado cuenta de lo que estaba lastimando a su hermano.
Pero la discusión que se formó frente a ellos no hizo más que empeorar la reacción de Kousuke a quien parecía costarle incluso respirar.
–¡Por favor Kousuke... por favor resiste!– lo abrazó con todas sus fuerzas, pero nada funcionaba, y luego de un fuerte grito que congeló a todos ahí... Él dejó de moverse –¡Kousuke!– ahora era ella quien gritaba y lloraba sacudiendo a su hermano que no abría los ojos... Parecía muerto...
Esos niños corrieron fuera del salón, y Shuuya se quedó en su lugar viendo asustado como su amigo no reaccionaba. Por suerte algunos chicos que estaban en el salón viendo la escena llamaron a un maestro que lo llevó a la enfermería minutos antes de que la campana volviera a sonar.
–¡Va a morir, ¿verdad?!– preguntó Shuuya con su alegre sonrisa recibiendo por respuesta un puñetazo en el rostro. No lo golpeó por enfado, sabía que esas palabras no eran sinceras, y con el tiempo había descubierto que un buen golpe en el momento justo le arrebataba a la fuerza esa estúpida máscara que por si mismo no podía quitarse –No llores... él va a ponerse bien...– murmuró después de unos segundos mientras se masajeaba la mejilla.
–¿P-Por qué no despierta...?– sollozó asustada, ambos estaban en la enfermería con su hermano, no se moverían de allí hasta que pudieran regresar los tres juntos.
–Está descansando... sabes bien que es un dormilón– era una mentira, lo sabía, pero este era el tipo de mentiras que él decía por voluntad propia, esas que acompañadas por el abrazo que le regaló, lograban calmarla un poco.
Rato después su hermano despertó, aún llorando viendo el lugar confundido.
–Estás en la enfermería... Te desmayaste...– se apresuró a explicarle –¿Cómo te sientes?
–M-Me duele la... cabeza...– murmuró él con ese rostro lleno de pesar.
–Esto no puede seguir así...– murmuró Shuuya a su lado.
Asintió ante las palabras de su amigo –Debemos hablar con la familia Tateyama– declaró seriamente, como si en un momento hubiera crecido diez años de golpe.
Y eso hicieron, tal como aquella vez en el orfanato, hablaron con los adultos, él no podía volver a ese lugar que le hacía daño. Por fortuna Ayano se unió a su causa y entre los cuatro lograron convencerlos, aunque Kousuke no reclamaba, simplemente asentía y sollozaba recordando esos tres días de tortura.
Lo lograron como equipo... Esa noche festejaron la victoria de su organización secreta.
Los sábados por la noche se les permitía ver televisión hasta tarde, sin embargo ninguna película era buena así que terminaron viendo en el canal de animales una documental sobre elefantes. Shuuya fue el primero en quedarse dormido, Kousuke el segundo y en muy poco tiempo Tsubomi era la única despierta. No entendía por qué sus hermanos no disfrutaron del programa, a ella le había gustado, no sabía que las orejas de los elefantes eran como sus huellas dactilares...
Cuando la documental terminó fue por una manta y cubrió a los tres con ella, se veían muy a gusto durmiendo en el sofá así que no quiso despertarlos. Podría acostarse con ellos, ese era el plan, pero aún no tenía sueño, así que fue a la cocina a tomar leche.
Para su desgracia era muy tarde y todas las luces estaban apagadas, se sintió nerviosa, un poco más que eso, "aterrada" sería la palabra justa. El oscuro pasillo que daba a la cocina parecía más largo y tenebroso esa noche, como si cada mueble o sombra en él fuera un horrible monstruo que se la comería si daba un paso en falso.
Se mentalizó lo mejor que pudo que todo estaba en su mente... Ninguna de esas sombras se moverían... Hasta que vio claramente como una sí lo hizo. Se paralizó en su sitio, no había sido su imaginación, podía ver claramente como esa sombra se acercaba a ella. Hubiera gritado pero la voz no le salía, tampoco podía moverse así que huir no era una posibilidad.
Miles de escenarios terroríficos se materializaron en su mente todos ellos mostrándole lo que pasaría cuando ese fantasma al fin la alcanzara, en ese momento las luces se encendieron cegándola momentáneamente. Al abrir sus ojos se encontró con ese hombre alto frente a ella... Ese que ahora era su padre.
–Tsubomi, ¿qué haces despierta tan tarde? ¿No puedes dormir?– le preguntó en ese tono desenfadado que siempre usaba.
–No– negó bajando la mirada –. I-Iba por un vaso de leche– no entendía por qué estaba tartamudeando nuevamente después de tanto tiempo habiéndolo superado...
¿Por qué temía levantar su tono de voz frente a él? ¿Por qué sentía que en cualquier momento ese hombre comenzaría a gritarle? ¿Por qué de pronto su mejilla ardía esperando una bofetada? ¿Por qué esa sensación le resultaba tan... natural?
–¡Qué casualidad, yo también!– exclamó sonriendo –¡Vamos!– le dio una palmadita en la espalda y se quedó esperando a que ella caminara para seguirla.
Llegaron a la cocina y el hombre le indicó que se sentara mientras tomaba la leche del refrigerador y la calentaba un poco –Ahh... Leche tibia... ¡Lo mejor para conciliar el sueño!
Asintió sin atreverse a sostenerle la mirada, se sentía incómoda por algún motivo. Su padre era igual de alto que este, aunque él no usaba lentes...
–Aquí tienes– Kenjiro dejó el vaso frente a ella.
–M-muchas gracias, señor– por reflejo hizo una pequeña reverencia.
–¿Por qué te comportas tan formal?– lo escuchó preguntar, tanto su voz como su mirada reflejaban curiosidad.
–Porque debo respetar a mi padre– eso salió claro y sin dudas, lo tenía muy bien aleccionado.
–Entonces... ¿Ya me consideras tu padre?– preguntó él sonriendo.
–¿No lo es...?
–Legalmente si, pero ningún papel va a garantizar que ustedes me vean como tal– le explicó apoyando sus brazos en la mesa, ella se quedó en silencio, no sabía qué decir –. Mmm... Apuesto a que te gustaría algo de ropa nueva– comentó de la nada en un claro intento por extender la pequeña charla que estaban teniendo.
–No es necesario...– murmuró ella viendo el vaso.
–¡Claro que lo es! Tus hermanos tienen ropa nueva, pero la tuya es toda de Ayano, creo que deberíamos comprarte algo que tú elijas.
Se atrevió a verlo –No me importa mucho la ropa...– murmuró –Aunque...– se arrepintió al instante, no podía comportarse de esa forma tan desagradecida.
–¿Aunque...?
–No es nada...– negó bebiendo su leche.
–Estoy seguro de que si es algo... Anda dilo, nada malo pasará– le sonrió.
Levantó su mirada, los ojos de ese hombre se veían muy sinceros, lo intentaría esta vez... Si él se molestaba, que era lo más probable, no volvería a abrir su boca –Las faldas no... me gustan...
–Las odias, ¿verdad?– preguntó él divertido.
–¡C-Como lo sabe!– exclamó viéndolo sorprendida.
–Yo también las odiaría si me obligaran a usarlas– se encogió de hombros –. A veces no entiendo a las chicas...– ella rió ante ese comentario, no pudo evitar imaginarlo con una falda –Pero... ¿Por qué no nos lo dijiste antes?– preguntó una vez que ella dejó de reír.
–Porque... una buena hija siempre debe obedecer a sus padres– otra frase del pasado saliendo de sus labios.
–Una buena hija y un robot son cosas diferentes, ¿sabías?– no esperó a que ella respondiera para continuar –Al menos yo, quiero que mis hijos sean sinceros y espontáneos, ¿qué emoción hay en que las personas obedezcan todo lo que les ordenas? Si acepto algo así entonces no podría culparlos si en unos años comienzan a odiarme, ¿no lo crees?– esta vez si esperó por su respuesta.
Respuesta que tardó en llegar ya que ella lo veía sorprendida, lo que decía tenía tanto sentido, ¿cómo no lo había pensado de esa forma antes?
–Si... tiene razón– asintió luego de unos minutos.
–Me alegra que estés de acuerdo– le sonrió –. Ve a dormir con tus hermanos, mañana por la mañana iremos al centro comercial a buscar algo de ropa para ustedes, me ocuparé de que tu madre y tu hermana no te compren algo ridículo e incómodo como una falda– susurró lo último.
–¡Gracias!– le sonrió abiertamente antes de correr a la sala.
–Aww... es tan linda...– susurró él pero ella nunca lo escuchó.
El semestre escolar estaba a punto de finalizar y las cosas no mejoraban... ¡Odiaba esa estupidez del fantasma! ¿Por qué siempre terminaba siendo el estúpido fantasma?
La campana del receso sonó y ella se dejó caer sobre su mesa sin importarle llamar la atención con su sonoro suspiro... Nadie notaría su presencia hiciera lo que hiciera.
–Tsu~bo~mi~– corrección, alguien si la notaba –¿Quieres que te patee el trasero bien fuerte?– preguntó con esa desesperante sonrisa, nada que una patada no pudiera arreglar –¡Ouch!– se quejó saltando en una pierna mientras se sobaba la otra –Quise preguntar si quieres almorzar conmigo.
–¿Para qué lo preguntas?– murmuró ella incorporándose –No hay ningún otra persona con la que pueda hacerlo de todas formas...
–Podrías querer almorzar sola porque ya no me soportas...– comentó fingiendo tristeza –Como ayer que te negaste a mi increíble compañía...
–¿Quién querría comer viendo tu rostro?– murmuró sacando su almuerzo del bolso, ni en un millón de años admitiría que rechazó la oferta porque había escuchado como otros chicos lo habían invitado antes. Realmente quería que su hermano, que sí podía hacer amigos, se divirtiera.
–Eso duele Tsubomi...– comentó acercando una silla al pupitre y comenzando a desenvolver su comida –¿No sería genial si Kousuke y Ayano estuvieran aquí? Si todos asistiéramos a la misma escuela comeríamos juntos todos los días.
–Si, pero cuando nosotros comencemos secundaria ella estará comenzando bachillerato así que no podremos asistir al mismo instituto.
–A menos que ella repita un año...– comentó con malicia.
–¡¿Serías capaz de eso?!
–¡Jaja, claro que no! Aunque si sigue fallando en sus exámenes de esa forma...
–Me gustaría ayudarla con eso... Pero son muy difíciles...
–¿Crees que Kousuke algún día pueda volver a la escuela?
–Espero que si, cuando sea capaz de controlar sus poderes...
–Ojalá lo logre pronto, se siente raro si él no está aquí...
–Si...– asintió ella, el resto del tiempo se dedicaron a comer en silencio.
Por la tarde regresaron juntos de la escuela, él siempre tomaba su mano, si la dejaba sola al ser invisible para las personas, acababan empujándola o tirándola, y luego se molestaban con ella por no ver por dónde iba.
–¿Crees que el examen de mañana sea muy difícil?– le preguntó él.
–¿Desde cuándo te importan los exámenes?
–Desde que la maestra tonta dijo que si no apruebo tendré que quedarme otro año en primero...
–No creo que repruebes si estudias...– dijo sinceramente, su hermano era un vago y odiaba a la maestra, pero también era muy inteligente.
–Si llego a reprobar, el año que viene estaremos en clases diferentes...– murmuró pateando una piedrita que había en el camino.
–¡No vas a reprobar!– le aseguró ella viéndolo con seguridad –¡Porque esa será nuestra misión y nuestra organización secreta puede lograrlo todo!
–Entonces... ¿me ayudarás a estudiar?– preguntó con una sonrisa a lo que ella asintió –¡Gracias Tsubomi!– la abrazó casi tirándola por la efusividad.
Esa noche ambos se quedaron hasta tarde en la habitación de él estudiando seriamente. Días después pudieron poner esa entre la lista de misiones exitosas de su organización secreta.
–No estoy de acuerdo con San Valentín– le aseguró seriamente a Ayaka –¿Por qué los chocolates deben ser sólo para los varones? Quiero regalarle dulces a Ayano y a ti.
–Porque puedes regalarnos a nosotras cualquier día del año, San Valentín es para que las chicas le regalen chocolates a los chicos que quieren.
–Pff...
–Entonces... ¿Quieres que te enseñe a prepararlos?
–Si...
Su madre le puso el delantal mientras esperaban a Ayano, una vez que ella llegó ambas comenzaron a seguir las instrucciones de preparación. Fue divertido y aprendió muchas cosas, aunque se quemó un poco su mano el resultado fue muy sabroso así que valió la pena.
–¿Qué hora es?– le preguntó a su hermana mientras ambas armaban las bolsitas de chocolates con papel transparente y cintas de diferentes colores.
–Casi media noche– informó su hermana –Debemos darnos prisa, ¡mañana tenemos clases!
–Toma– le entregó una de las bolsitas, con un lazo rojo –Aún no es San Valentín, así que puedo regalarle a ustedes.
–G-Gracias...– susurró Ayano conmovida –¡Te quiero!– la abrazó muy fuerte.
Amaba a Ayano, sus abrazos eran tan cálidos como los de su hermana. Se aferró a ella por unos segundos... Sintió terror ante esa fugaz idea que por algún motivo cruzó por su mente; volver a perder a su hermana... Sabía que si algo así pasaba jamás lo superaría.
Una vez que rompieron el abrazo se despidió de su hermana y corrió a buscar a su madre a quien también le entregó la bolsita con chocolates, ésta con una cinta rosa, a las veintitrés y cincuenta y nueve, justo a tiempo. Satisfecha con su labor se fue a dormir, se suponía que el día siguiente debía entregar esos chocolates a los chicos, se le hacía una costumbre muy rara...
San Valentín llegó, ella se levantó muy temprano y corrió a la habitación de Kousuke con la bolsita. Golpeó la puerta despacito, él no respondió, seguro seguía dormido, así que entró sin hacer ruido y se quedó viéndolo dormir.
Sonrió, Kousuke era una de las personas que ella más quería en el mundo, el tiempo que pasaron juntos en el orfanato fue genial. Lo adoraba por siempre estar con ella, abrazándola y calmándola cuando todo se volvía demasiado doloroso.
–Kousuke...– lo llamó suavemente mientras lo sacudía un poco.
El niño abrió sus ojos –¿Tsubomi...?– preguntó viéndola adormilado.
–Buenos días– le sonrió ella y él respondió de igual forma –. ¡Feliz San Valentín!– exclamó poniendo la bolsita llena de chocolates frente a sus ojos.
–¿Ahh?– se sentó en la cama aún confundido –Es verdad... Papá dijo que hoy era ese día...– recordó restregándose un ojo –Pero no entendí por qué las chicas tienen que darnos dulces.
–En realidad yo tampoco lo entiendo bien... Es una especie de tradición, pero nuestra madre dice que este día las chicas deben regalarle chocolates a los chicos que quieren y yo... te quiero mucho...– dijo lo último muy bajito, no era buena diciendo ese tipo de cosas, aunque con Kousuke las palabras de afecto siempre salían naturalmente.
–¡Yo también te quiero mucho!– exclamó él abrazándola –Muchas gracias por los chocolates... V-Voy a comerlos muy lento... Lo prometo...– ¿en qué momento, Kousuke había comenzado a llorar?
–Ya... ya... No llores... Quería hacerte feliz con esto...
–Pe-Pero yo estoy muy feliz...
Se quedó bastante rato con su hermano, incluso lo vio comer un par de chocolates y llorar emocionado una vez más, diciendo que eran lo más rico que había comido en su vida... Kousuke era un poco exagerado cuando de emociones se trataba... Pero era parte de su encanto.
Ambos bajaron juntos a desayunar cuando su madre los llamó, no había tenido tiempo de darle los dulces a Shuuya, ya lo haría a la hora del almuerzo. Mientras desayunaban su hermana le entregó sus chocolates a los "hombres" de la casa. Kousuke volvió a ponerse sentimental y mientras la abrazaba, Shuuya se quedó viendo la bolsita con una sonrisa de oreja a oreja algo sonrojado. Kenjiro por su parte fue aún más ruidoso que Kousuke, comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa tratando esos chocolates como si fueran sagrados y a su hija como una aparición divina que había bajado de los cielos a bendecirlo.
O algo parecido fue lo que balbuceó el hombre hasta que su esposa con un; "Si no te clamas te quedarás sin mi regalo", logró apacigüarlo por completo.
Ya en la escuela todos sus compañeros se veían muy emocionados con ese día, apenas sonó la campana las niñas tomaron sus chocolates y salieron del salón con miradas decididas, debía admitir que le causaba mucha intriga qué harían, pero salir no era una opción, no para ella. Así que se quedó esperando a Shuuya para almorzar... Pero él no aparecía por ningún lado.
Casi se quedó dormida esperándolo, hasta que escuchó su voz detrás de ella –Oye Tsubomi... ¿Sabes por qué las chicas le dan chocolates a los niños hoy?
–Ayaka me dijo que debemos darle chocolates a los chicos que queremos...– respondió incorporándose mientras bostezaba sin molestarse en verlo.
–No entiendo... Yo casi no conozco a esas niñas...– murmuró él mientras ella finalmente lo observaba sostener todos esos paquetes de chocolates, unos diez probablemente –Con la mayoría nunca hablé más de un par de veces... ¿Cómo podrían quererme?
–Entonces por eso te tardaste tanto...– comentó sacando su caja de almuerzo –Tenemos menos de diez minutos para comer así que date prisa.
–Pero... ¡¿qué hago con todo esto?!– preguntó mirando a todos lados.
–Mételos en tu mochila...
–¡No caben!
–Entonces en tu casillero.
–¡Tienes razón! ¡Ya regreso!– corrió al pasillo.
No regresó hasta bastante rato después de que sonó el timbre de entrada así que ella almorzó sola ese día. El regreso a casa fue tranquilo, Shuuya comía uno de los chocolates que le habían regalado.
–Aunque no entiendo bien este día... Amo el chocolate así que creo que me gusta– comentó alegremente –. ¿Quieres?– le ofreció.
–No gracias...
–Has estado muy callada desde que salimos de la escuela, ¿pasa algo?– odiaba que la conociera tan bien.
–No...
–Vamos Tsubomi, no me mientas a mi...– le pidió –Dime qué sucede... ¿Estás molesta?
–No.
–Si lo estás...– aseguró –De verdad quería almorzar contigo, pero ya sabes lo que pasó...– ella asinitó – ¿Me perdonas?
–No estoy enfadada es sólo que... quería darte algo, pero...
–¿Darme algo? ¿Qué me ibas a dar?– preguntó deteniéndose frente a ella con una sonrisa –¡Un chocolate, ¿verdad?!
Ella bajó la mirada y asintió –Pero ya tienes muchos... No creo que quieras más.
–¡Si quiero!– lanzó el chocolate que llevaba en la mano.
–¡¿Por qué hiciste eso?!– le gritó –¡La niña que te los regaló tal vez pasó toda la noche cocinándolos para ti! ¡Insensible!
–¡¿Pasaste toda la noche cocinando para mi?!– su sonrisa crecía más y más.
–No sólo para ti... Hice para Kousuke y Kenjiro también...– respondió mirando a otro lado bastante avergonzada.
–¿Ya se los diste a ellos?
–A Kousuke si...
–¿Por qué a él se lo diste primero?
–¡¿Q-Qué importa eso?!
–Porque representan cuanto nos quieres, ¿no? Eso significa que quieres a Kousuke más que a mi.
–¡Eso no es cierto! Los quiero a ambos igual...
–Pff...– lo escuchó resoplar, se lo quedó viendo sin comprender, ¿no le había gustado su respuesta? –Entonces, ¿vas a darme mis chocolates?
Asintió y los sacó de su mochila, una bolsita con un lacito amarillo, era un secreto pero la de él tenía un chocolate más que la del resto –Feliz San valentin...– no terminó de decirlo cuando él estaba abrazándola al más puro estilo Kousuke.
–¡Estos y los de Ayano onee-chan serán mis favoritos!– aseguró luego de soltarla abriendo la bolsita y comiendo uno de ellos mientras retomaban el camino –¡Son los mejores que he probado hoy!– la miró sorprendido.
–Fue divertido hacerlos...– comentó ella con una pequeña sonrisa.
–¡Será grandioso recibirlos todos los años!– sonaba bien para ella también, finalmente ese día no era tan molesto como lo creyó en un inicio.
Esa noche con la última bolsita en mano caminó hacia el laboratorio de sus padres, sabía que Kenjiro estaba allí.
–¡Tsubomi, qué alegría verte por aquí!– exclamó él al verla entrar –¿Necesitas algo?
–Si, quería darte esto– puso la bolsita sobre su escritorio.
–¿Esos son...?– los ojos del hombre comenzaban a empañarse nuevamente.
–Feliz San Valentín, papá...– se atrevió a darle un rápido abrazo y luego se fue corriendo avergonzada, dejando a un muy feliz Kenjiro haciendo un baile de la victoria muy parecido al de la mañana.
Se encerró en su habitación, nunca se hubiera imaginado poder llamar papá o abrazar a un hombre, pero su actual padre le inspiraba esa confianza, algo que el biológico nunca pudo.
Se sentía bien tener a quien llamar papá...
Por primer vez en su vida ser "la hija de..." no era una maldición, sino todo lo contrario.
En secreto se sentía muy orgullosa de su papá.
Continuará.
Hola hola... Quería contar algunas cosas más, pero hubiera quedado muy largo el capítulo así que lo dejaré por acá, más adelante comentaré el resto.
Respecto al tema de Mary, lo pensé mucho, pero finalmente lo cambié... Ella se quedó en su casa hasta nuevo aviso, le agradezco mucho a quienes me hicieron salir de mi error, a ustedes les debo la exactitud del fic. La verdad cuando lo escribí manejé esa posibilidad pero se me hacía muy cruel que Kousuke la dejara ahí sola... Además había leído una versión en la que las imágenes de Tsubomi y Kousuke de grandes esperándola fuera de la casa se referían a que habían regresado a buscar el diario de su madre para investigar acerca del Daze. Pero supongo que entendí todo mal, y es verdad eso de que Mary nunca conoció a Ayano, así que por eso lo cambié. Aunque en mi versión la vio una vez, pero eso no es conocer a alguien, ¿verdad?
Muchas gracias por seguir esta historia, sus comentarios me dan muchos ánimos para seguir, y paso a responderlos:
Anónimo: Muchas gracias por los enlaces, es una pena que fanfiction sea tan estricto con ellos y no pueda verlos u.u. El segundo enlace era de wattpad, ¿verdad? Muchas gracias voy a leerlo, últimamente casi todo lo que leo está en inglés así que de a poco me acostumbro al idioma. Gracias por leer el capítulo y comentarlo, y si, creo que fue una buena decisión incluir lo de Mary, finalmente edité el capítulo anterior para que ella aún no fuera a vivir con ellos, pero si estará muy presente en la vida de Seto. Saludos y gracias por todo.
Yin-princesa-del-olvido: Lo de Mary viviendo con ellos era la idea, que los Tateyama descubrieran su relación con medusa y avanzaran en la investigación, pero finalmente lo cambié a una versión que se ajustara más a la historia original, de todas formas Seto irá a verla así que sí estará presente en la tragedia, al menos acompañando al pelinegro. Si te rompió el corazón lo de Kano, entonces llorarás en el siguiente capítulo... Listo, no "spoileo" más... Muchísimas gracias por el comentario, saludos.
Jeffy Iha: No sé, creo que la ternura e inocencia de Seto cuadran bastante para que escribiera un diario íntimo y se lo mostrara a todos abiertamente, después de todo él no tiene secretos... Aún no... Y sí, es una pena que no pudiera ir a la escuela, pero con su condición sería demasiado difícil para él. Tenés toda la razón respecto al tema de Mary y ya está corregido, este fic lo estoy armando con ayuda de ustedes... Ya se me está haciendo costumbre meter la pata e ir a arreglar los capítulos anteriores xD. Vi el maldito spoiler, de hecho escribí un oneshot en su honor: "La última sonrisa", y lo leíste porque tengo un comentario tuyo. Pero según mi teoría Hiyori no lo hizo conscientemente... No es tan cool como Kuroha para ir por ahí matando protagonistas... Y si, las historias originales de los cuentos infantiles son un poco creepys... Y luego dicen que antes la gente se asustaba de nada y que ahora somos más machos. Bueno muchas gracias por el comentario. Besos.
Espero que hayan disfrutado de leer este capítulo.
Próximo capítulo: Perdiendo a mamá nuevamente -Kano-
Gracias por leer.
Trekumy.
