Capítulo 12: Perdiendo a mamá nuevamente.

–¿Ahora?

–Casi, pero no.

–Mmm... ¿A ver ahora...?

–No, aún no...

–¡Rayos!

–No te enojes, ya has hecho muchos avances– lo tranquilizó Kousuke tirado boca-abajo en el jardín viendo a su amigo.

–Pero me gustaría poder volver a verme como una chica, una vez lo logré así que no es imposible– murmuró sentándose a un lado de su hermano.

–Aún así ya es genial que hayas logrado controlar tus mentiras. Era muy problemático para ti mentir todo el tiempo, sobre todo en la escuela.

–Si si, por eso me esforcé– mintió.

Cuando crearon la organización secreta todo fue genial, hasta que se dio cuenta de que desaparecer a voluntad y leer la mente eran súper-poderes de verdad... Mentir no. Sólo era una molestia para él y los demás, así que puso mucho empeño en entrenarse, en controlarlo, y pronto descubrió que podía engañar a los demás no sólo con sus palabras.

Antes era Tsubomi quien lo ayudaba a controlar sus mentiras, ella había comenzado a golpearlo cuando se pasaba de la raya, y eso además de dejarlo bastante adolorido, lo había motivado a aprender a controlarse por si mismo. Lo malo era que aún en ese momento; ocho meses después de haber llegado a esa casa, podía controlar casi por completo lo que decía, pero Tsubomi seguía golpeándolo cada vez que él decía o hacía algo que a ella no le gustaba.

En esos momentos estaba entrenando su habilidad para engañar lo que el resto veía, había logrado verse un poco más alto, y cubrir la mayoría de sus heridas a los ojos de los demás, pero cuando intentaba hacer un cambio mayor fracasaba estrepitosamente. De todas formas no se desanimaría, sabía que tarde o temprano lo lograría.

–¿Dónde está Tsubomi?– preguntó mirando el cielo.

–Con mamá, preparando la cena.

–Últimamente cocina mucho...

–¡Si, y es muy buena!– asintió Kousuke sonriendo –¡Será una gran mamá!

Lo miró sorprendido –¿Tsubomi será mamá?

–Si, cuando crezca, y nosotros seremos papás en el futuro.

–Oh... Nunca lo había pensado...

–Pero para eso tenemos que casarnos primero.

–¿Con quién crees que nos casaremos?

–Yo me casaré con Tsubomi– aseguró Kousuke.

–¿Por qué con ella?– preguntó Shuuya viéndolo con curiosidad.

–¿Con quién más?– se encogió de hombros.

–Si, es verdad– asintió –Entonces, ¿con quién me casaré yo?

–Con Ayano... Aunque a ella creo que le gusta un compañero de clase... ¿Y si te casas con alguna de las niñas de tu salón?

–No... No creo...– negó varias veces –¿No podemos casarnos los dos con Tsubomi?

–No sé... Tal vez si...– murmuró pensativo –Pero entonces, ¿quien de los dos sería el padre de sus hijos?

–¿No se puede tener dos padres?

–¿Al mismo tiempo...? Creo que no...

–Entonces nos turnaremos...

–¡Buena idea! ¿Pero quién será el papá del primero?

–No sé... ¿Lo sorteamos?

Mientras Kousuke asentía a la genial idea de su amigo Tsubomi apareció detrás de ellos –Ayaka dice que vayan a cenar.

–¡Está bien!– asintió Kousuke y corrió adentro, lo que su mamá decía era sagrado para él –¡Después hacemos el sorteo!– le gritó a Shuuya antes de entrar.

–¿Qué sorteo?– le preguntó Tsubomi.

–Vamos a decidir quién será el padre de tu primer hijo– informó Shuuya mientras entraba detrás de su hermano, dejando a una muy confundida Tsubomi detrás.


Se sentó en el piso a un lado de la silla donde Ayaka remendaba algunas prendas de ropa de la familia.

–Shuuya...– le sonrió viéndolo –¿Necesitas algo?

–N-No...– negó con timidez, algo muy poco común en él –Sólo... Quiero disculparme por romper esa ropa y darle más trabajo...– murmuró bajando la mirada apenado.

–¿Mmm...? Shuuya, ¿tú rompiste esto a propósito?– le preguntó mostrándole el pantalón que estaba cosiendo.

–¡No! Estaba jugando y me caí– aseguró viéndola sinceramente.

–Entonces no hay nada por lo que debas disculparte– le sonrió –. Eres un niño y es normal que rompas la ropa jugando, y yo soy tu mamá y parte de mi trabajo es reparar esa ropa– le explicó con dulzura.

–Muchas gracias señora... Usted es muy buena...

–Por favor Shuuya, no me llames señora...– él la miró curioso –Entiendo que tú y Tsubomi no quieran llamarme mamá, como Kousuke lo hace... Nunca pensaría siquiera en ocupar el lugar de sus verdaderas madres... Pero desearía ganarme su confianza, y que ustedes fueran capaces de contar conmigo siempre que necesiten ayuda o cariño...

Él la observó por largo rato, no se parecía a su mamá, ni físicamente y desde luego no en cuanto a actitud... Sin embargo ella también tenía ese halo maternal que tanta confianza inspiraba.

–¿Puedo quedarme aquí viéndote un rato más?– le preguntó tímidamente.

–Por supuesto– asintió sonriéndole mientras regresaba a su labor.

Ayaka tardó alrededor de media hora en terminar de remendar toda la ropa de la familia, todo ese tiempo él se la pasó observándola con atención. Cada movimiento con sus manos, cada gesto, esas miradas que ella le dedicaba cada tanto, sus sonrisas, su cabello lacio y brillante, el cuidado con el que trataba esas prendas, la habilidad con las que las doblaba una vez que estaban listas.

Jamás olvidaría a su mamá... Nadie ocuparía su lugar nunca... Pero esa mujer frente a él quería ser su mamá, y en esos momentos se daba cuenta de cuanto quería sentir su calor... Sus ojos se humedecieron... Realmente anhelaba una mamá más que cualquier otra cosa en el mundo.

–Oh... mi niño ven aquí...– lo llamó Ayaka al ver sus lágrimas, y él no se resistió más.

Corrió hacia ella dejándose levantar... Ya sentado en su regazo se aferró con fuerza, como si temiera que alguien le volviera a quitar ese calor... Ese sentimiento de seguridad que tan pocas veces su verdadera madre le había regalado.

Sería extremadamente feliz si pudiera sentir aquello cada vez que lo necesitara...

Finalmente las lágrimas dejaron de caer y él liberó a su madre del abrazo, la miró sonriendo abiertamente, se sentía muy bien en esos momentos, como si se hubiera quitado una enorme tristeza que no sabía que sentía.

–¿Te sientes mejor, Shuuya?– le preguntó ella acariciándole el cabello, sus ojos también brillaban un poco, ese llanto y la forma en la que él se aferraba a ella la habían conmovido.

–Si... ¡Gracias mamá Ayaka...!– exclamó con alegría y le besó la mejilla –Intentaré ser un buen hijo...– aseguró con confianza... Esta vez si lo lograría.

–Ya lo eres... tigresito...

Le gustaba ese apodo, adoraba ser el tigresito de su mamá Ayaka...


Las cosas se estaban saliendo de control, no importaba cuanto mejorara en sus poderes... No importaba si ahora podía fácilmente convertirse en un gatito o un elefante a los ojos de todos por unos cuantos minutos... Por más que él avanzara... No podía ayudar a sus hermanos...

Kousuke le preocupaba hasta el punto de pasar noches enteras sin dormir pensando en ello, tenía sus poderes desde hacía casi seis años y aún así le era imposible controlarlos. No podía evitar escuchar los pensamientos de todos, no podía evitar que eso le afectara, y el refugiarse en la casa sólo empeoraba las cosas. Se había aislado completamente del mundo exterior, y al principio cuando eran niños pequeños no le había parecido nada malo, pero ahora con once años casi doce, siendo un pre-adolescente, se daba cuenta de cuanto de su vida estaba desperdiciando. Ni siquiera había ido al colegio, y ahora que estaban a pocos meses de entrar a secundaria, él tampoco podría hacerlo... No tenía amigos más que sus hermanos, y no conocía más verde que el del patio de su casa. Y aunque siempre mostrara esa actitud tan alegre y dulce, sabía perfectamente que los pensamientos más oscuros y aterradores que escuchaba cada día, eran los propios.

A riesgo de empeorar un poco su relación, comenzó a presionarlo. Necesitaba salir, necesitaba enfrentar sus miedos... Necesitaba controlarse a si mismo...

Le asustaba darse cuenta de que ya no recordaba el verdadero color en los ojos de su hermano...

Le pidió ayuda a Ayano y Tsubomi, pero ambas temían por los ataques que solían darle apenas entraba en contacto con desconocidos... Estaba solo en ello...

El día de su graduación insistió demasiado en ello, incluso apeló a sus responsabilidades como hermano, hasta le dijo que era una misión de su organización secreta. Pero nada funcionó, sólo logró irse con un muy mal sabor de boca, dejándolo solo y con un enorme sentimiento de culpa, en esa casa.

Cuando regresaron por la tarde, la puerta de la casa estaba abierta y su hermano no estaba allí... No podría decir que tuvo tiempo de sentirse culpable...

–¡Shuuya ayúdame!– escuchó gritar a Ayano sosteniendo a una inconsciente Tsubomi.

Entre ambos llevaron a su hermana al sofá, pero no pasó mucho tiempo allí, antes que sus padres regresaran de las habitaciones donde estaban buscando a Kousuke, ella despertó y estalló en un ataque de histeria...

Ella no era así... Podía ser un poco bruta a la hora de golpearlo, pero rara vez perdía la calma... Sin embargo no podía culparla, sabía bien que no había tenido un buen día.

Y es que no sólo habían sido las fotos de los grupos de esa generación que habían mostrado en las cuales ella no aparecía... O el anuario que algunas chicas de la clase insistieron en hacer en el cual tampoco figuraba... O los empujones de la muchedumbre al no verla... O que fuera la única que no se llevó un diploma ya que la escuela había olvidado imprimir el suyo. Y era que técnicamente ni siquiera se había graduado, ya que de alguna forma sus calificaciones y todo registro de su existencia había desaparecido.

Eso ya la había puesto lo suficientemente nerviosa, y mientras sus padres iban a protestar con las autoridades de la escuela, Ayano y él se alejaron a una distancia segura de unos tres metros de ella, sin saber qué hacer.

–¿Qué hacemos?– le susurró Ayano sin quitarle la mirada de encima a Tsubomi, quien parecía que en cualquier momento fuera a golpear a alguien.

–No tengo idea...– murmuró él igual de asustado –¿Esperar a que se calme?– no era la mejor idea del mundo, pero en esos momentos parecía lo más prudente.

–Supongo que no tenemos alternativa...– murmuró su hermana mayor riendo levemente, de esa forma tan adorable.

Dejó de ver a Tsubomi unos instantes para disfrutar de la sonrisa de Ayano, sólo fueron un par de segundos, pero al regresar la mirada su hermana ya no estaba.

–¡Mierda, Tsubomi!– exclamó asustado, sabía bien lo que podía pasar con ella sola en un lugar lleno de gente... Tomó de la mano a Ayano y corrió a buscarla.

Pero estaban buscando a Tsubomi, alguien con sus poderes no sería encontrada fácilmente si así lo deseaba...

Y sino también, porque aún no los controlaba...

Le resultaba extremadamente desesperante... Kousuke se aislaba físicamente y ella... emocionalmente. Cuando se sentía muy mal por algo su poder se descontrolaba aún más, hasta el extremo de que ni siquiera él era capaz de encontrarla, y si siempre acababa haciéndolo era por persistencia, odiaba haber perdido la cualidad de ser el único que siempre podía verla.

Sufría sola... Desde que la conoció era así, ella sentada en alguna esquina sombría tragándose su dolor, no compartiéndolo con nadie, permitiendo que los malos sentimientos la llenaran... Y cuando al fin lograba encontrarla no permitía que él la consolara, simplemente evadía el tema creyendo que así no preocuparía a nadie...

Tal vez los demás se tragaran esa estúpida frase; "estoy bien, sólo me perdí", pero él no, él la conocía mejor que nadie, él sabía que ella era una llorona sentimental que le temía a la noche y las películas de terror, y que aunque intentara verse ruda, cada desprecio de sus compañeros, cada ocasión en la que la ignoraban o llamaban fantasma... le dolía como un golpe al rostro.

Por eso cuando ella se encerraba en el baño a llorar, él se quedaba fuera escuchándola... Quería estar siempre con ella... Quería ser capaz de verla, en todo momento...

Luego de media hora recorriendo la escuela, lograron encontrarla frente a su casillero.

–¡Tsubomi! Nos preocupaste no vuelvas a hacer eso, por favor– le suplicó Ayano abrazándola.

–Lo siento, no volverá a suceder...– murmuró en ese tono monótono que él tanto detestaba.

Los tres fueron a buscar a sus padres para regresar a la casa, mientras él pensaba en lo que había hecho su hermana... Observar su casillero... Esa probablemente era la única prueba de que ella realmente había existido en esa escuela... Se había dado cuenta hacía tiempo...

Algunas veces, incluso ella dudaba de su propia existencia...

Por todo eso comprendía que ella colapsara al llegar a la casa y encontrarse con la desaparición de Kousuke. Finalmente permitieron que fuera ella quien lo llamara, ya que era la más ansiosa, pero cuando él le dijo que estaba en un bosque, y la llamada se cortó, pasó una hora más intentando comunicarse nuevamente y el resto de la noche peleando con Kenjiro para que la dejara ir a buscar a su hermano.

Shuuya intentó consolarla de todas las formas posibles, esa noche ambos durmieron en la habitación de Ayano, aunque ella no lo hizo, y él tampoco... Se dedicó a abrazarla y luego de un rato al fin la escuchó sollozar... No le gustaba que su hermana llorara, lo odiaba, pero odiaba más aún que no fuera capaz de desahogarse cuando claramente lo necesitaba.

El día siguiente salieron a buscarlo en familia y finalmente lo encontraron acompañado por esa niña albina tan extraña... al regresar a la casa él no dejaba de hablar de ella, y en los días que vinieron después tampoco...

Su hermanito que no sabía nada del amor... Estaba enamorado...

Esa fue su motivación para querer salir de la casa, y controlar poco a poco su poder.


Doce años, el gran día finalmente había llegado. Cuando pequeño nunca le interesó demasiado eso de los cumpleaños, a veces lo invitaban a alguna fiesta de uno de sus vecinos, sin embargo sus cumpleaños pasaban desapercibidos. Ni siquiera recordaba la fecha en la que había nacido ya que su madre nunca creyó que hubiera motivos para festejar ese acontecimiento.

Pero cuando su nueva familia los adoptó, comprendió el significado de un cumpleaños; "Festejar que esa persona nació", eso le había dicho Ayaka un día antes del cumpleaños de Tsubomi, y le pareció algo tan importante que a pesar de todo, tuvo ánimos para levantarse temprano y buscar en el jardín la flor más linda para ella.

Desde entonces cada vez que uno de los miembros de la sociedad secreta cumplía años el resto planeaba muy bien la misión, se tomaban una semana para noche a noche reunirse a pensar y prepararlo todo, los regalos, las decoraciones, la comida. Todo debía ser perfecto, y ese día él despertó más temprano de lo normal esperando emocionado lo que sus hermanos le tenían preparado.

Sabía que pronto alguien entraría a su habitación a despertarlo, era lo usual, cual fue su sorpresa al notar que la primer persona en abrir su puerta no fue uno de sus colegas de equipo… Fue su mamá Ayaka.

–Te despertaste muy temprano Shuuya– comentó sorprendida entrando con un paquete en sus manos.

–¡Sii!– asintió sin poder esconder su emoción –¿Eso es pasa mi?– señaló el objeto envuelto en papel brillante.

–Por supuesto…– asintió sentándose en la cama y entregándole el obsequio sin hacerlo esperar más –De parte de toda la familia.

La tarjetita decía "Para Shuuya: Feliz cumpleaños, te amamos. Tus padres y hermanos.", nada demasiado original, pero lo hizo sonreír. Se apresuró a abrirlo con infantil impaciencia, sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrarse con la colección completa de comics de su súper-héroe favorito. Eran unos diez tomos, y los miraba en el escaparate de la tienda con anhelo cada vez que iban o volvían de la escuela, pero eran demasiado caros para él.

–¡Gracias!– gritó extremadamente feliz abrazándola muy fuerte.

–Feliz cumpleaños, mi tigresito está creciendo– le devolvió el abrazo –. Entonces, ¿te gustó tu regalo?

–¡Si si, mucho!– asintió separándose para mirar sus nuevos comics y a su mamá alternadamente.

–¿Vas levantarte pronto?– le preguntó ella poniéndose de pie.

–Si, ¿por qué?– preguntó curioso.

–Porque tus hermanos están esperándote abajo… Te tienen una sorpresa… Deberías ver como dejaron la cocina…– murmuró lo último con un dejo resignación.

–¡Diles que bajo en un minuto!– aseguró riendo ante las palabras de su madre, le hacía muy feliz ser el centro de atención durante todo un día.

Ella asintió y salió dejándolo solo, él abrazó su regalo con alegría y después de eso se apresuró a vestirse con su mejor ropa y bajó corriendo, no se perdería ni un segundo de ese día.

–¡FELIZ CUMPLEAÑOS!– los escuchó gritar al unísono en cuanto entró al comedor.

Todos estaban allí, sus padres y hermanos lo aplaudieron y luego se acercaron a saludarlo. Recibió abrazos y palabras de afecto de parte de todos, una vez que ello terminó se sentó a comer viendo las decoraciones. Globos, guirnaldas, y flores pegada en las paredes y colgando del techo, podía imaginarse claramente a Ayano liderando la brigada de decoración. En la mesa había mucha comida, toda la que a él le gustaba… Apostaba que la mayoría de esos platos los había preparado Tsubomi, su comida tenía un sabor que la hacía inconfundible, adoraba ese sabor.

Increíblemente Kousuke lo invitó a jugar al parque, desde que había conocido a esa niña extraña se había empeñado tanto en controlar su habilidad que ya podía salir casi sin inconvenientes, pero normalmente sólo salía para ir a verla, Así que ese día por primera vez pudieron salir los cuatro juntos a un parque a pasar la tarde.

Jugar con sus tres hermanos en el parque fue el mejor regalo que pudieron hacerle.

Y esa noche, luego de mirar una de esas películas de terror que él tanto adoraba, sobre todo porque era demasiado chistoso ver a sus hermanos aterrados, en especial a Tsubomi quien parecía querer meterse bajo los almohadones del sofá y no salir en años, se durmieron los cuatro juntos en el sofá, tres de ellos por miedo y él porque sentía que no existía mejor forma de terminar ese gran día.


Era quince de agosto... Uno más de tantos que habían pasado en esa casa... Las heridas se abrían un poco cada vez que llegaba esa fecha, pero habían aprendido a soportarlo bastante bien.

Kousuke se veía triste y cada tanto caía una lágrima por su mejilla, pero también sonreía ante los intentos de Ayano por alegrarlo. Tsubomi se había encerrado en la cocina, al parecer ese día había decidido entretenerse en preparar una receta muy complicada y luego limpiar la casa, lo que fuera para no pensar. Y él simplemente se mantuvo un poco más callado que se costumbre, no era secreto para nadie que extrañaba a su mamá, que daría lo que fuera por recuperarla. Pero desde hacía un tiempo había aceptado su partida, y sólo esperaba que estuviera donde estuviera fuera feliz y se sintiera orgullosa de él.

–¿Crees que papá regrese muy tarde?– preguntó Kousuke a Ayano.

–No lo sé, papá y mamá estaban muy emocionados con esa expedición, salieron de la casa anoche y deben estar muy entretenidos porque aún no han llamado para ver como estamos– comentó, arrepintiéndose al ver la expresión de terror en el rostro de sus hermanos –. ¡Pero mamá dijo que iban a bajar mucho en una cueva inexplorada y tal vez perdieran cobertura, así que no debemos preocuparnos!

–Espero que estén bien…– murmuró Kousuke abrazando su almohada –Y que regresen temprano, si papá no está muy cansado me gustaría que me llevara a ver a Mary… Es un día difícil para ella también…

En ese momento sonó el teléfono –Deben ser ellos– comentó Shuuya dejando su comic en el sofá y yendo a atender –. Seguramente ya vengan en camino– le sonrió a su hermano quien desde la mañana insistía con ir a ver a su amiga –. ¿Diga?– preguntó al levantar el tubo.

Y eso fue lo último que dijo en el día…

Las pocas palabras que escuchó lo paralizaron por completo, y el tubo cayó de su mano.

–¿Qué pasó Shuuya?– preguntó Ayano levantándose del sofá preocupada.

Los ojos de Kousuke, quien la siguió, resplandecieron en rojo por un instante, aún no controlaba del todo su poder y se activaba solo cuando se sentía nervioso o la curiosidad le ganaba como en este caso. Lo que leyó en la mente de su hermano lo hizo cubrirse la boca mientras caía de rodillas.

–¡NO NO NO NO!– comenzó a gritar llorando intensamente –¡POR FAVOR NO!

Ayano lo observó aterrada y corrió a tomar el teléfono en el momento en que Tsubomi salió de la cocina alertada por los gritos.

–¡Kousuke, ¿qué pasó?!– le preguntó asustada corriendo a abrazar a su hermano quien seguía gritando cosas inteligibles mientras lloraba arrodillado en el suelo, con las manos en su cabeza como si se le hubiera terminado el mundo.

–¿Papá...?– escuchó la voz casi sin aliento de Ayano.

"Lo siento… fue mi culpa… Ayaka está..." esas palabras que Ayano escuchó al otro lado de la línea fueron suficientes para que ella también cayera derrotada –Mamá…– lloró abrazando la bocina del teléfono.

Tsubomi se tomó un par de segundos para sollozar la muerte de esa mujer que tanto quería pero nunca tuvo el valor de llamar "mamá", no tenían que decírselo, ver a sus hermanos así era suficiente prueba de lo que había sucedido. Pero no podía simplemente desmoronarse al igual que ellos…

Aun abrazando a Kousuke lo llevó casi de arrastro cerca de Ayano, ambos se aferraron con fuerza, y ella tomó la mano de Shuuya que continuaba de pie, viendo a la nada con sus ojos vacíos de brillo, como si le hubieran arrebatado el alma de un momento al otro, tiró de su mano obligándolo a arrodillarse junto a ellos y abrazó a los tres.

Ese día gran parte de la frágil felicidad que habían disfrutado se desvaneció para siempre…

Continuará.

Hola gente, perdón por la demora, ya saben, computadora nueva, dolores de cabeza nuevos. Pero aquí tienen este nuevo capítulo.

Volvió el drama y la tragedia… era inevitable, no soy buena imaginando escenas felices. También tengo un problema y es que tengo planeados unos 5 capítulos más, pero luego no sé bien si terminarlo en cuanto conocen al resto de los miembros o continuarlo más allá, y allí me toparía con las líneas temporales… Por lo que no sé cual sería la mejor opción... ¿Ustedes qué opinan?

Muchas gracias por los comentarios, aquí les respondo.

Jeffy Iha: Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, y yo también creo que él esperaba el chocolate de su Tsubomi. A mi también me hubiera gustado tener un padre así, me encanta ese tipo de relación. Y me encantó la idea de Kidoha (un mal nombre para la Kido oscura), levantándose de entre los muertos para llevárselos con ella, destripando a Hiyori para empezar… Sería tierno 3. Gracias por el comentario, saludos.

Yin-princesa-del-olvido: Si, "a veces" soy cruel… Al final este capítulo no quedó tan dramático, en los siguientes me centraré más en el drama como debe ser. Y sí, amo a Shuuya y Tsubomi protegiendo juntos a Seto, los tres se complementan tan bien, y como dije hace mucho, Seto es la conexión perfecta entre ellos dos. Muchas gracias por tu comentario, saludos.

LeekLoverOtakuKawaii: No quería romperte el corazón, pero si hubo mucho sentimiento en el capítulo anterior, y en el siguiente no creo que aparezca mucho Mary, pero a partir de allí creo que si hará sus apariciones. Por supuesto habrá capítulos dedicados a ella y Seto, nuestro niño enamorado sin saberlo. Muchas gracias por el comentario, saludos.

Anónimo: Muchas gracias por el dato, ya lo encontré, ahora debo leerlo… Leer o escribir, difícil decisión, lamentablemente siempre gana el escribir y así meto la pata cada dos capítulos. Kenjiro es un gran papá, siempre lo he imaginado como un tipo muy divertido para vivir con él, pero ya le toca sufrir… Y no soy impresionante, simplemente estoy de vacaciones y mientras otros salen yo las disfruto encerrada en mi cueva escribiendo. Gracias por tu comentario, saludos.

Muchas gracias por leer, espero que hayan disfrutado el capítulo.

Siguiente capítulo: Darlo todo por un sueño -Ayaka & Kenjiro-

Hasta el siguiente capítulo.

Trekumy.