Capítulo 13: Darlo todo por un sueño.

No tenía más de ocho años cuando escuchó hablar de medusa. No recordaba bien la historia, sólo que ese personaje de ficción le fascinó... Serpientes por cabello, petrificar a las personas con solo mirarlas...

¿Podría existir algo más cool que eso?

Su deslumbramiento infantil fue olvidado entre deberes escolares y salidas con amigos, sin embargo en su adolescencia, cuando en el instituto habían instalado una flamante sala de informática con una conexión a internet bastante lenta pero suficiente para visitar páginas que consistían en puro texto y pocas imágenes... Se topó nuevamente con la leyenda de medusa.

Leyenda que la llevó a aprender sobre las hermanas gorgonas, y todo lo referente a la mitología griega. Sus intereses la separaron un poco del resto de los adolescentes, pocos de ellos pasaban sus fines de semana encerrados en casa leyendo libros antiguos acerca de mitología.

Ya más grande decidió que la investigación arqueológica, gracias a la cual se sabía la mayor parte de la mitología reinante en cada parte del planeta, sería su vocación. No fue difícil escoger una universidad, en la cual fue aceptada de inmediato gracias a sus excelentes calificaciones.

Sus estudios la mantuvieron lo suficientemente ocupada para rechazar a cualquier chico que intentara acercarse, entre ellos uno que se destacaba por ser el tipo de persona con la que ni en un millón de años compartiría su vida.

Era simplemente un imbécil, descuidado, perezoso, con poco o ningún interés en la universidad, el cual sólo sabía decir tonterías a toda hora y desconocía los límites del espacio personal. No entendió como había entrado a la universidad hasta que supo que sus padres eran profesores allí... Saberlo sólo la molestó aún más.

–No estoy interesada en alguien tan patético– le dijo seriamente una de las tantas veces que él la abordó.

–¿Patético...?– preguntó él riendo como si se tratara de una broma... ¡Ese tipo no podía ser más desesperante!

–¡Exacto! ¡Regresa cuando hayas madurado veinte años!– exclamó molesta dándose la vuelta y yéndose, dejándolo solo a mitad de la cafetería. Mientras se marchaba escuchó la risa de algunos de los presentes... Se lo merecía por idiota.

Al finalizar el semestre se dirigió al tablón de calificaciones pegado en una de las paredes de la universidad... Sus calificaciones siempre habían sido muy buenas, tal vez no para estar primera, pero si entre los primeros diez... Mentiría si decía que no le interesaban esas cosas.

Sonrió con satisfacción al ver su nombre en el cuarto lugar, había superado sus expectativas, por pura curiosidad observó los tres nombres más arriba... conocía al número tres, un nerd de pies a cabeza... El número dos era un desconocido para ella, probablemente estaba en otra especialidad, y el uno...

–¡Tateyama Kenjiro!– gritó al borde de un infarto ganándose la mirada confusa de todos quienes se agolpaban allí para ver sus notas.

–¿Me llamaste?– escuchó esa odiosa voz detrás de ella, siempre con ese tono tan alegre y despreocupado.

Se giró con la ira carcomiéndole las entrañas, todo estaba muy claro, habían modificado sus calificaciones por ser hijo de dos profesores, era una jodida estafa, hasta donde sabía hacer eso era ilegal, y lo denunciaría... ¡Claro que lo haría!

–¡Hiciste trampa!– le gritó señalándolo con su dedo índice –¡Voy a ocuparme de que te expulsen de la universidad por hacer que cambien tus calificaciones!

Dicho esto se marchó caminando rápido hacia la oficina del prefecto, sin embargo mientras subía la segunda de cinco escaleras él tomó su brazo forzándola a detenerse.

–¡Suéltame!– le gritó encarándolo furiosa –¡Y no me sigas!

–¿Realmente crees que hice trampa...?– preguntó él viéndola con una expresión a mitad de camino entre la confusión y la diversión pero sin soltarla –¿Cómo podría hacer eso?

–¡Usaste a tus padres para cambiar tus calificaciones! ¡Eres el peor tipo de persona que existe!

–¡Claro que no hice eso! ¡Por favor cálmate...!– le suplicó sintiendo como ella forcejeaba intentando soltarse –¡Por favor no armes un escándalo, ni metas a mis padres en esto! Eso empeoraría aún más mi relación con ellos...

Detuvo su forcejeo viéndolo con atención, su expresión algo acongojada se veía demasiado sincera para ser una actuación, sin embargo no se dejaría engañar –¿Puedes demostrar la legalidad de tus calificaciones?– preguntó dándole una oportunidad... Sólo una.

–Si me dices una forma lo haré...– aseguró seriamente.

–E-En este momento no se me ocurre nada...– murmuró molesta por no tener una respuesta a ello –¡Y ya suéltame!

Él exhaló y soltó su brazo –Supongo que buscar mis exámenes y enseñártelos no ayudará, ya que dirás que hice trampa... Creo que no tengo forma de demostrarlo a fin de cuentas...– comentó mirando a un lado mientras se rascaba la nuca.

–Si la hay...– murmuró ella después de unos segundos –Te haré una prueba– aseguró viéndolo a los ojos –. Aquí y ahora.

Él tragó duro –Creo que no estudié...– murmuró.

–Si te niegas sabré que realmente hiciste trampa.

–Está bien, está bien...– asintió varias veces –Pero vamos a sentarnos al patio, aquí estamos estorbando el paso.

Hasta que él dijo aquello no se dio cuenta de las personas que intentaban subir o bajar esa escalera que ellos bloqueaban.

Ya en una banca del patio se llevó a cabo el examen, le preguntó acerca de los temas más difíciles que se le ocurrieron, incluso le hizo algunas preguntas que ni ella misma tenía claras las respuestas, y él respondió cada cosa a la perfección... No podía ser... ¡Debía haber un error!

–Entonces... ¿Qué dices?– preguntó él sonriendo de lado –¿Ya maduré esos veinte años?

Su boca se abrió en sorpresa, ¿aún recordaba sus palabras? –¡A-Aún no!– se cruzó de brazos viendo a otro lado sonrojada, no se lo pondría tan fácil.

–¡¿No?!– lo escuchó gemir lastimeramente –¿Qué tengo que hacer para que Ayaka me de una oportunidad?

–¡No me llames por mi nombre que no tenemos tanta confianza, Tateyama!– le reclamó –¡Tendrás que traerme pruebas de la existencia de medusa!– lo desafió.

–¡¿Que qué?!– gritó él poniéndose de pie azorado –¡¿Cómo voy a darte pruebas de algo que es sólo un mito?!

–¡No lo es!– ahora fue ella quien se levantó enfrentándolo –¡Medusa existió, lo sé! ¡Tráeme una prueba por mínima que sea y sabré que realmente mereces el primer lugar!

Él puso una mano en su cabeza y negó cansadamente, pero después de unos segundos la observó con decisión –Si te traigo una prueba, ¿entonces me darás una oportunidad?

–Si– asintió –Si eres capaz de encontrar algo entonces saldré en una cita contigo.

Ese fue el trato... No quería ser mala, no le había propuesto un imposible para que la dejase en paz como podía parecer... Ella había logrado conseguir una ínfima pista de su existencia, si a él le interesaba lo suficiente podría encontrarla también... Sin embargo esa noche pensándolo en su departamento, se dio cuenta de que sonaba a algo tan absurdo que probablemente él ni siquiera lo intentara...

Encontrar otra chica era mucho más simple que ello... Se sintió un poco mal, en el fondo no parecía un mal tipo, y claramente si se había ganado ser el primero de la universidad... Y era un poco guapo.

–¡Argghh soy una idiota!– jaló su cabello pataleando recostada en su cama –¡Mamá tiene razón, así nunca voy a casarme!

Una semana después había olvidado el asunto cuando su madre le gritó que tenía una llamada, bajó curiosa, no tenía muchos amigos, y los pocos que tenía ya sabían que no podían contar con ella para salir, así que nadie la llamaba, ¿sería de la universidad?

–¿Diga?– preguntó al tomar la bocina.

–¡La encontré!– al instante reconoció esa voz.

–¡¿De dónde sacaste mi número telefónico?!– le gritó, sólo escuchar su voz la sacaba de sus casillas.

–Acabo de decirte que encontré la prueba acerca de la existencia de medusa, ¿y te sorprendes porque pude averiguar tu número?– lo escuchó reír al otro lado de la línea.

–¡Deja de bromear acosador!– le gritó antes de comprender el sentido de sus palabras –¡¿Dijiste que encontraste la prueba?!

–¿Siempre gritas de esa forma al teléfono?

–¡¿La encontraste o no?!

–Si, si... ¿Dónde podemos reunirnos para que te la enseñe?

–¡En la cafetería de la universidad en media hora!

–Allí estaré– dijo él antes de colgar.

Dejó el teléfono en su lugar con una sonrisa de oreja a oreja... No sabía si estaba emocionada por el hecho de que él hubiera encontrado una pista de la existencia de medusa, que podría incluso ser diferente a la que ella había encontrado, lo cual era casi imposible... O por saber que existía una persona en el mundo capaz de esforzarse a ese punto por salir con ella...

Minutos después salió de su ensoñación, no podía llegar tarde –¡Me voy mamá!– le avisó tomando su abrigo –¡Regreso en la tarde!– y se fue antes que su madre tuviera tiempo de responder.

Llegó en veinte minutos... Pero no fue la única, él ya estaba en una mesa de la cafetería esperándola –¡Tateyama!– exclamó deteniéndose frente a él.

–Te ves muy bien, Ayaka– le sonrió.

–No me llames por mi nombre...– murmuró ella sentándose frente a él –¿La prueba?

Por esta vez no dijo ni una estupidez más, puso sobre la mesa un antiguo libro salido de quién sabe donde y lo abrió en una página en particular –Al parecer una mujer capaz de comunicarse con las serpientes, y con poderes extraños en sus ojos asoló esta región de japón aproximadamente quinientos años atrás... Los aldeanos intentaron asesinarla a ella y su familia, sin embargo no hay evidencias de que lo hayan logrado.

Tomó el libro y leyó cada palabra allí sintiendo como su corazón se aceleraba, esa leyenda escrita por alguien que bien pudo estar soñando o delirando era una prueba mucho más grande que la que ella había conseguido... De hecho era tan grande que daba ubicación y fechas... Era un punto de comienzo para un sin fin de investigaciones. Probablemente tardó una hora en dejar de leer una y otra vez ese libro, y una vez que fue capaz de regresar a la realidad lo miró.

–Es bueno verte tan emocionada...– comentó levantándose.

–¡E-Espera, ¿y la cita?!– casi no se reconocía diciendo esas palabras.

–Jeje...– se rió algo incómodo mirando a otro lado mientras se rascaba la mejilla –Me siento un poco mal por querer salir contigo a cambio de haber encontrado algo que es tan importante para ti... Es casi como una extorsión, ¿no crees...?

–¡No! Hiciste algo grandioso por mí... Y si no crees que estoy demasiado loca para salir conmigo... Me gustaría tener esa cita– le sonrió cálidamente.

–¿D-De verdad?– preguntó él sonrojándose a lo que ella asintió –Entonces... ¿Vamos? La cafetería no se me hace el mejor lugar para una cita.

–Tampoco a mí– rió levantándose mientras abrazaba ese libro –. ¡Pasemos un gran día!

Esa fue la primera de muchas citas... Tres años después se casarían y cinco más tarde tendrían su primer hija... La adorable Ayano.

Su labor como madre y ama de casa se llevaba todo su tiempo, pero nunca abandonó la investigación, su esposo, pese a su formación biológica, era su colaborador... Más que eso, ellos eran un equipo. Ella era persistente y él inhumanamente inteligente.

Nuevas pruebas y pistas aparecieron en esos años, descubrieron que esa mujer si existió, consiguieron testimonios y dibujos de esa época, pero un día Medusa desapareció... Tuvo una hija que vivió en algún lugar apartado de un bosque luego de que su madre desapareció, pero no se sabía nada más de ella...

También estudiaron la leyenda de esas personas que poseían los ojos de medusa... No sabían demasiado de ellos, sólo que existían unas pocas personas con ojos rojos y poderes especiales... Poderes como los que los antiguos escritos aseguraban que poseía esa mujer.

Averiguando acerca de esas personas llegaron a un orfanato donde cosas extrañas sucedían con algunos niños...

–No podemos simplemente ir y hacerles preguntas...– murmuró una noche mientras se acostaba a un lado de su esposo.

–Tienen esos poderes extraños... Pueden ser peligrosos...– comentó él abrazándola como cada noche.

–No lo creo... Sólo son niños... Huérfanos... Y con esos ojos y poderes... Deben tener muchas dificultades– murmuró sintiendo algo de pena –. Podríamos adoptar a uno de ellos...

–¡¿Adoptar?!– lo sintió tensarse.

–Piénsalo bien... Nuestra situación económica no es mala... Y Ayano no estaría tan sola, tendría con quien jugar... Sin contar que tendríamos todo el tiempo del mundo para analizarlos...

–Pero, adoptar un niño...– murmuró él –Es una responsabilidad muy grande... Y, ¿no es un poco egoísta adoptarlo sólo por nuestra investigación...?

–¡No tiene que ser sólo por eso!– se soltó del abrazo para verlo seriamente –Piénsalo, le daríamos una familia... Estoy segura de que si es un buen niño lo querremos como propio... Le haremos bien...

–¿Cómo es que siempre acabas convenciéndome?– murmuró poniendo una mano en su rostro.

–¡Intentaré ser la mejor madre para él!– aseguró con sus puños cerrados.

–Claro que lo serás...– lo escuchó decir de una forma muy tierna, antes de sentir sus brazos envolviéndola nuevamente –Eres la mejor madre y mujer que existe...

–No puedes asegurar algo así– rió levemente complacida por el alago.

–Lo eres para Ayano y para mi...

El día siguiente lo hablaron con su hija, verla emocionada por tener un hermano fue el empujón que necesitaban para un mes más tarde visitar aquel orfanato.

Sintió miedo... Aunque nunca lo admitiría le temía un poco a esos niños que la miraban de forma tan extraña... Era su madre, pero ellos no la reconocían como tal... Para ellos era un adulto más empeñado en quitarles su felicidad... Lloró muchas veces a escondida, sintiéndose la peor mujer del mundo... No era una buena madre... No podía ganarse su amor, ni siquiera hacerlos felices... Y Ayano se deprimía más y más con el paso de los días, porque tampoco encontraba una forma de acercarse a ellos...

Sin embargo de un momento al otro todo cambió, de alguna forma que su hija mayor nunca quiso contarle, ya que era un secreto de los cuatro, logró que los niños se abrieran, y de esa forma comenzaron a comportarse como niños normales... O casi, ya que sus poderes hacía las cosas un poco más difíciles...

Pero eran grandes niños, con un pasado oscuro que les había roto la ilusión una vez... Esperaba que no volviera a suceder. Fue demasiado gratificante convertirse en su mamá de a poco...

Con Kousuke todo fue fácil, él era dulce y completamente dócil, la llamó mamá desde el inicio, y debido a su condición pasaba todo el día en la casa corriendo tras ella como si fuera un pollito. Ese era su apodo, él era "el pollito de mamá", adoraba a ese niño, deseaba que controlara ese poder que tanto daño le hacía, pero en el fondo temía que eso sucediera y perder su eterna compañía.

Shuuya fue un niño difícil desde el inicio, tuvo problemas en comprender como funcionaban sus mentiras, sin embargo tenía una fortaleza increíble, fue el primero en convertir esa maldición en una habilidad que podía controlar a voluntad. El día en que su tigresito comenzó a llamarla "mamá Ayaka", casi lloró de la emoción... Después de eso solía buscarla a escondidas de sus hermanos sólo para abrazarla, darle regalos y agradecerle por cuidarlos, era adorable de una forma muy diferente a Kousuke, pero llegó a amarlos a ambos por igual... De la misma forma en la que amaba a Ayano.

Sin embargo con Tsubomi las cosas eran diferentes... Le dolía en el alma percatarse por momentos de que ella era a quien menos atención le dedicaba... Intentó llamarla por algún sobrenombre tierno como a sus otros hijos, pero nunca pudo pensar en alguno. Esa niña que desaparecía todo el tiempo, que de a ratos incluso llegó a olvidar que existía también era su hija... No lo hacía a propósito... Quería tener una relación con ella como de madre e hija, se forzaba a ello y la niña se daba cuenta... Tsubomi se daba cuenta de todo.

No fue hasta que la niña se interesó por la cocina que lograron acercarse un poco más... Sin embargo nunca pudo evitar verla más como una aprendiz, que como una hija... Esa niña había crecido demasiado rápido... Lo único que pudo calmar su preocupación por ella fue percibir que Tsubomi se acercaba más a Kenjiro, si ella no podía cumplir por completo con su rol de madre, que la niña tuviera un rol paterno al que aferrarse era un alivio... Sin embargo siempre quiso ser su mamá...

El tiempo pasó rápidamente, los niños crecían sanos y felices, eso la hacía feliz... Y cada día entendía un poco más de ellos y de Medusa... Todas sus tragedias habían sucedido un quince de agosto, después de ese momento ellos habían adquirido esos ojos y sus habilidades. En todos los casos un ser muy cercano había muerto a su lado, y luego de analizar sus accidentes, en los cuales era imposible que sobrevivieran, dedujo que ellos también habían muerto...

–Murieron y regresaron a la vida con esos poderes...– le aseguró a Kenjiro.

–¿Mu-muertos vivos? ¿Cómo zombies?– preguntó él, en esos momentos odiaba haberle regalado la primer temporada de "The Walking Dead" para su cumpleaños.

–¡Claro que no! ¡Ellos están vivos!– aclaró exasperada –También parece que ese bosque donde se perdió Kousuke tiene algo que ver...

–¿Cómo sabes eso?– preguntó él viéndola sorprendido.

–Estuve averiguando acerca de ese sitio... Hay una cueva inexplorada en lo profundo del bosque, es algo complicado llegar y nadie se ha adentrado más que un par de metros... Pero por las descripciones se ajusta mucho al lugar donde nació Medusa– aseguró mostrándole artículos y fotografías que había guardado en su computador.

–Quieres ir, ¿verdad...?– murmuró él seriamente.

–Me conoces– le sonrió de lado con esa expresión de confianza tan propia –. Estoy segura de que encontraremos algo.

–Pero... Si nadie ha sido capaz de adentrarse demasiado ha de ser por algo...– estaba intentando ser lo más abierto posible, pero ella pudo percibir su aversión –Debe ser peligroso...

–No lo creo... ¡Vamos, ¿qué puede pasar?! ¿Que se nos caiga la cueva encima?– rió dándole un par de palmaditas en la espalda.

–¡Eso, o que haya animales salvajes como... osos!

–¡Jaja! Estás pensando demasiado las cosas...– le sonrió –Sólo daremos unos pasos dentro, si vemos que es muy peligroso regresamos... Iremos bien aprovisionados y llevaremos algo con qué protegernos... Si planeamos bien la expedición será un éxito, después de todo falta más de un mes.

–¿Más de un mes...? ¿Ya pensaste en la fecha?

–Por supuesto... ¡Iremos el quince de agosto!– él la miró con una expresión que ella pudo leer como... ¿miedo? –Es el festival Obon, por lo que no tendrás que trabajar... Y si mis sospechas son ciertas, ese día habrá una energía muy especial en el lugar... No podemos perder la oportunidad.

–Ayaka...– se quitó los lentes para limpiarlos en esa actitud tan propia de él cuando no sabía como decir algo –Francamente... Tengo un mal presentimiento...

–Tendremos cuidado– se acercó a él abrazándolo –Vamos Kenjiro... Al menos piénsalo este tiempo...

–Está bien... lo pensaré...– murmuró.

En ese momento ella supo que él aceptaría. Así que un mes y diez días más tarde, catorce de agosto poco antes de media noche, partieron a su aventura.

Habían dejado a sus hijos con suficiente comida y referencias para estar tranquilos, después de todo eran adolescentes que podían cuidarse perfectamente. Se sintieron un poco mal por dejarlos solos justo ese día, pero no podían perder esa oportunidad, sólo sería ese año, y con un poco de suerte estarían de vuelta por la mañana, ellos no sentirían su partida.

Tomados de la mano, con linternas, picos y cuerdas, se adentraron en la cueva. Llevaban el celular de Ayaka grabando todo el audio y el de Kenjiro pronto para filmar o tomar fotografías... Nada podía salir mal...

Lo primero que salió mal fue cuando luego de transitar un par de metros, emocionada por unas marcas en la pared, corrió hacia ellas sin percatarse del abismo que había en medio de ellos y esa pared... Kenjiro tomó su mano cuando la vio tambalearse, cayendo juntos... Por fortuna la caída no fue muy grande, pero las linternas dejaron de funcionar.

–¡Demonios, que porquería!– exclamó golpeando su linterna en un intento por que reaccionara, mientras Kenjiro iluminaba el lugar con su celular, el cual por fortuna seguía intacto.

–¿Cómo vamos a subir...?– preguntó apuntando la pantalla hacia arriba.

–Para eso trajimos las cuerdas, ¿no?

–Sólo con cuerdas no lograremos nada... Tendremos que trepar...

–Eras bueno en educación física, ¿verdad?– preguntó ella avanzando mientras iluminaba el camino con su propio celular, esta vez teniendo cuidado de no caer.

–Pues... La verdad es que no...– murmuró siguiéndola.

–¿Entonces me has mentido todo este tiempo?– preguntó fingiendo decepción.

–Sólo te decía lo que querías escuchar...– rió nerviosamente, esperaba que su esposa no notara lo asustado que se sentía.

Lo segundo que salió mal fue acercarse demasiado a ese lago subterráneo tan sospechoso, en el cual su reflejo se distorsionaba.

–¡Qué demonios fue eso!– exclamó Kenjiro dando un par de paso hacia atrás al verse a sí mismo como una serpiente negra con ojos rojos.

–N-No lo sé...– murmuró ella sin poder moverse... Pavor y fascinación mezcladas la mantuvieron en su lugar... casi petrificada...


Lo tercero en salir mal... fue haber bajado a ese lugar justo ese día... Quince de agosto...

La tierra comenzó a temblar de la nada misma, y mientras numerosas estalactitas caían sobre el lago enturbiando su agua, Kenjiro tomó la mano de Ayaka y comenzó a correr desesperado...

¿Por qué no le hizo caso a ese presentimiento? ¿Por qué le permitió llegar a esa situación? ¿Por qué no fue capaz de decir que no a una mala idea de su mujer?

Intentó esquivar las piedras que caían sobre ellos lo mejor posible, haría todo lo posible para salir de ese lugar... Si él no salía no importaba, le serviría de sustento al llegar al lugar por el que cayeron, si ella subía en sus hombros podría llegar a la superficie... Le diría que buscara ayuda, si ella podía salvarse entonces no le importaba morir ahí...

Fueron demasiadas cosas juntas para ser capaz de procesarlas al instante... El sonido de esas piedras cayendo demasiado cerca... El grito de Ayaka... El golpe que lo hizo volar unos metros más allá... Ya no sentir la mano de su mujer en la suya...

Levantó su cabeza viendo hacia atrás aterrado... Estaba muy oscuro, demasiado... Buscó su celular a tientas, sus lentes habían caído olvidados en algún lugar, sus ojos estaban empañados por las lágrimas... El brillo de la pantalla le mostró lo más horrible que hubiera visto en la vida.

Su mujer... el amor de su vida... la persona por la que era capaz de convertirse en el hombre más listo del mundo y al instante en un estúpido que le permitía hacer cualquier locura... Estaba enterrada entre las piedras...

–¡AYAKA!– su desgarrador grito resonó en la cueva haciendo caer aún más piedras –¡AYAKA! ¡AYAKA!– continuó gritando sin poder pensar con claridad... Su cordura había desaparecido al verla en esa situación.

Se acercó corriendo, cayendo un par de veces hasta llegar a ella arrastrándose, su cuerpo del pecho hacia abajo estaba enterrado entre las rocas, de su boca caía sangre... demasiada sangre... Y ella lo veía con esa mirada llena de resignación.

"¡No me mires así por favor!"

Con sus manos desnudas quitó piedra tras piedra que descansaba sobre ese cuerpo, mientras otras seguían cayendo sobre ellos, jamás se terminarían...

"¡Voy a salvarte!"

–Ken...jiro...– la escuchó llamarlo mientras su único brazo libre lo tocaba –Lo... siento...

–Tranquila... voy a sacarte de aquí– le aseguró sorprendiéndose de que su voz saliera tan entera.

–No... yo ya... no saldré...

"¡No digas eso!" esas palabras se atoraron en su garganta cuando la vio quitarse esos broches rojos que siempre llevaba... Esos que él le regaló el día que su hija nació.

–Cuida de Ayano... por mi...– susurró con el poco aliento que le quedaba poniendo ambos broches en su mano –Cuida de... todos... nuestros... hijos...

"¡NO!" las palabras seguían sin salir... No salieron cuando las piedras que siguieron cayendo cubrieron por completo el cuerpo de Ayaka.

Las palabras se terminaron cuando en lugar de escapar... Se quedó allí de rodillas frente a la sepultura natural de la mujer que más amó en su vida...

Piedra tras piedra golpeando su cuerpo, no importaba... Nada importaba ya...

"Lo siento... Ayano..." fue su último pensamiento apretando esos broches en su mano... Antes de que su cuerpo diera su último aliento de vida...


¿Qué lugar era ese...? ¿Una vieja cueva llena de inscripciones antiguas en las paredes? Desconocía ese sitio... No recordaba como había llegado allí.

–Mi sueño siempre ha sido encontrar este sitio...– escuchó aquella voz que tanta alegría le transmitía... Giró para verla acariciar las paredes de ese lugar –Encontramos a Medusa, ¿puedes creerlo?– le sonrió.

Él se acercó y la abrazó por detrás... Aún no tenía claro qué significaba eso, sólo quería sentir su calor.

–¿Puedo pedirte un favor?– le preguntó viéndolo con una sonrisa.

–Claro, lo que quieras...

–¿Ves la salida de la cueva?– preguntó ella señalando en esa dirección en la que claramente se veía la luz del sol colándose, él asintió –Por favor, sal...

–¿Eh...? ¿Por qué quieres que haga eso...?– preguntó confundido.

–Porque afuera están nuestros pequeños... Quiero que vayas a ver como están...

–Me parece bien... Pero, vamos juntos...– le propuso tomando su mano.

–Me gustaría quedarme un rato más aquí...– respondió ella poniéndose en puntas de pie y dándole un beso rápido –Te encargo a Ayano y los niños...

Asintió no muy seguro, y luego de volver a abrazarla y decirle que la amaba... Se dirigió a esa salida.

Cuando la luz lo envolvió pudo escuchar la voz de Ayaka una última vez –Sé feliz...

Se detuvo con un mal presentimiento e intentó regresar, pero ya no estaba en ese lugar... Oscuridad sólo había oscuridad allí... Y esa mujer frente a él, tan pequeña, tan extraña...

–¿Medusa?

–Exactamente... Finalmente me han encontrado...– asintió.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, cayó de rodillas –No puede... ser...– sollozó... Sabía lo que eso significaba.

–Te recompensaré por haberme encontrado...– dijo ella con ese tono tan monótono.

–¡No, no quiero!– gritó aferrándose a su ropa –¡¿Por qué yo?! ¡¿Por qué no Ayaka?! ¡Ella debe ser quien regrese! ¡Por favor!

–Lo siento...– murmuró viendo a un lado –Él te ha escogido...– informó, en ese momento Kenjiro pudo ver ese par de ojos rojos que se arrastraban entre las sombras hacia él.

–Nos divertiremos juntos...– escuchó su inhumana voz antes de ser tragado por esa serpiente...


De alguna forma que no lograba recordar pudo salir de la cueva... Por algún motivo se desplomó fuera de la misma y no fue encontrado hasta la tarde por alguien... No le importaba recordarlo... Nada importaba ya... Terminó en una comisaría, llamando a su casa para dar la noticia...

Era como si estuviera viviendo en un sueño... Una horrible pesadilla en la que no era dueño de lo que hacía o decía... Al escuchar una voz lejana al otro lado del teléfono informó lo sucedido.

–Hubo un derrumbe... Ayaka murió...– sus palabras salieron tan vacías de sentimiento, sin embargo el escucharse a si mismo decirlo lo devolvió de un golpe a la realidad.

"¿Papá...?" escuchó la voz casi sin aliento de Ayano.

–Lo siento… Fue mi culpa… Ayaka está...– sollozó sin ser capaz de volver a decirlo.

Dejó caer el teléfono y volvió a caer en la inconsciencia, no su cuerpo, sino su espíritu, lo siguiente que recordaba era estar de pie en algún lugar frente a sus hijos, entregándole a Ayano esos clips que nunca había soltado.

Las lágrimas de sus hijos... se sentían tan lejanas...

Él estaba muerto en vida...

Continuará.

Este capítulo salió muy rápido en comparación al resto... Pero me gustó, y eso que aborrezco el "angst".

Espero que haya sido de su agrado, a mí me resultó muy interesante ponerme en la piel de Ayaka, es un buen personaje desde mi perspectiva... A partir del siguiente capítulo volverán a ver la perspectiva de nuestros protas porque imagino que los extrañaron en este.

Paso a responder comentarios:

LeekLoverOtakuKawaii: Muchas gracias por tu comentario, y si necesitabas algo para endurecer tu corazón, pues... aquí tienes :D. Saludos.

Jeffy Iha: Sé que es una mezcla extraña la de tragedia y humor, pero se podría decir que es mi especialidad... Y si, lo de Kano es muy muy trágico, al pobre niño no le dura una madre... Es terrible, y lo que viene es peor aún u.u. Quien ganó el sorteo se desvelará más adelante, y para responder a tu pedido (exigencia), sí, ya pensaba que Kano y Seto comentaran acerca de eso más adelante... Con esa escena traté de reflejar la inocencia de pensar que debían casarse con alguien que conocieran como su hermana y que entonces tendrían hijos con ella y sortearían al padre... Disfruté mucho de esa escena. Muchas gracias por el comentario, besos.

Muchas gracias por leer.

Próximo capítulo: Protegeré los trozos de nuestra felicidad rota -Seto-

Saludos.

Trekumy.