Capítulo 14: Protegeré los trozos de nuestra felicidad rota.

Abrió esa puerta que tan bien conocía y cayó en el piso de madera con sus rodillas y manos apoyadas en él, descargando al fin su intenso llanto. Mary saltó de su cama asustada viendo su puerta abierta a tan altas horas de la madrugada, pero el miedo fue reemplazado con profunda preocupación al notar al único amigo que tenía en el mundo, en ese estado tan deplorable.

–¡Seto!– chilló corriendo hacia él, a ella le había dado su nombre secreto, tal vez porque deseaba que lo viera como un héroe –¡¿Q-Qué haces aquí?! ¡¿Qué pasó?!– preguntó nerviosa tambaleándose de un lado al otro sin saber qué hacer para calmar a su amigo.

–¡Mamá! ¡Mamita!– era lo único que se le podía entender.

–¡T-Tienes que calmarte!– exclamó –¡Y-Ya sé! ¡Necesitas beber agua!– gritó exaltada mientras corría a la cocina. Luego de servir el agua fresca que había en la jarra de cristal decorada con flores corrió de nuevo hacia él –¡Aquí tie... AHH!– chilló al tropezar con su propio camisón y caer de cara al piso, el vaso no se rompió, pero cada toda el agua que contenía cayó sobre el chico, como si hubiera apuntado.

–¡¿Por qué?! ¡No puedo entenderlo! ¡Mami!– seguía sollozando sin siquiera darse cuenta de lo que sucedía.

–¡Ay no!– gritó ella al levantar la cara del suelo y verlo empapado –¡Una toalla, una toalla!– corrió a sacar una del armario pero al regresar tropezó con sus propios pies y cayó nuevamente.

Estresada al punto de sentir que colapsaría en cualquier momento, gateó hasta él poniendo la toalla en su cabeza y comenzando a frotar, pero los brazos del chico se aferraron a ella con fuerza, como si fuera su salvación, como si no existiera otra cosa en el mundo capaz de mantenerlo cuerdo. Mary se congeló durante unos minutos sintiendo el fuerte abrazo de su amigo y su incesante llanto, hasta que al fin fue capaz de estrecharlo en sus brazos mientras de sus ojos brotaban gruesas lágrimas.

No logró calmarse hasta que el sol se dejó ver, se separó lentamente de ella viéndola con sus ojos llenos de lágrimas –Lo siento... ¿Ma...?– se quedó callado al notar que ella se había quedado dormida abrazándolo.

Con una leve sonrisa llena de ternura la levantó en brazos y llevó hasta su cama arropándola bien, sólo ella podía sacarle una sonrisa en esos momentos... Tres días después de la trágica muerte de su madre...

La noche en la cual se enteraron de la tragedia pasó demasiado lento para los cuatro, lloraron juntos en el sofá, él y su hermana mayor eran los más destrozados, Shuuya salió del shock en algún momento de la madrugada, sin embargo su llanto era mucho más calmado que el de ellos... Y Tsubomi... No recordaba el estado de su hermana, en esos momentos no le prestó atención al entorno en realidad...

La mañana del día siguiente su padre apareció en la casa y le entregó esos valiosos broches a Ayano quien no pudo soportarlo y volvió a caer derrotada sin dejar de llorar o temblar abrazándolos... Esa noche alguien armó el altar y el día siguiente los familiares y amigos de sus padres se presentaron a llorar su dolor y dar sus condolencias. Era incómodo y doloroso estar allí asintiendo a esas palabras de los adultos... Los visitó una única niña, una bastante más pequeña que él, supo que era la hermana de Ayaka... Esa niña no derramó una sola lágrima, escuchó a alguien decir que la niña apenas si había visto un par de veces a su hermana debido a la diferencia de edad... Ayano tampoco la conocía.

Una vez que todos se fueron y la casa quedó en silencio cada quien se encerró en su habitación a lidiar con su dolor lo mejor posible...

No lo soportó, demasiada soledad... Necesitaba compañía... Necesitaba a su amiga... Así que salió de la casa y caminó hacia el bosque, no tenía fuerzas para correr, y sus lágrimas alteraban su visión. Finalmente, un par de horas más tarde llegó a destino, y sin ser capaz de dar un paso más descargó su corazón en el piso de esa casa. La presencia de su amiga lo ayudó de una forma en la que ella jamás imaginaría... No tenía idea de lo importante que era para él.

Horas después un par de ojos rosa se abrieron somnolientos, enfocándose en él al instante –¡Seto!– exclamó sentándose en la cama, él se había mantenido todo el tiempo a su lado, observándola.

–Lo siento Mary... No debí venir a esa hora... Pero, necesitaba verte...– confesó bajando la mirada.

–N-No es problema...– negó varias veces para luego mirarlo con preocupación –¿Qué pasó...?

–Mi mamá, se...– el llanto regresó –Se murió...– le contó cubriendo su rostro mientras intentaba contenerse, no quería preocuparla aún más.

–¡Ohh, cielos!– cubrió su boca viéndolo sorprendida –L-Lo siento...– lo abrazó una vez más.

–Gracias Mary... Gracias por estar conmigo– respondió el abrazo permitiendo que las lágrimas volvieran a caer –. No lo entiendo... ¿Por qué tenía que pasar?– su llanto se intensificó –Estaba tan emocionada con esa expedición... ¿Por qué tuvo que derrumbarse ese sitio?– hizo todas esas preguntas sin respuesta –¿Por qué... ella?

–Lo mismo me pregunté cuando mi mamá murió...– murmuró Mary acariciándole el cabello –Después de tanto tiempo comprendí que... Si no puedes cambiarlo, al menos debes ser capaz de vivir lo mejo posible por ella... A ella no le gustaría verte triste...

–Tienes... razón...– asintió aún llorando –Pero es difícil... Demasiado difícil...

Permaneció toda la mañana con Mary, juntos visitaron la tumba de la mamá de ésta, sin saber que a un par de kilómetros de allí se encontraba el lugar donde Ayaka había perdido la vida.

–Cuida de la mamá de Seto por favor– le habló Mary a la tumba mientras ponía unas lindas flores sobre ella.

–Es una mujer muy agradable... Estoy seguro que se llevarán bien...– él también dejó unas flores allí.

Temprano en la tarde regresó a la casa, no quería preocupar a su familia.


Las dos semanas siguientes visitó casi a diario a Mary, su familia parecía haberse desmoronado por completo, sin embargo pasado ese tiempo su padre regresó a trabajar y Ayano volvió a ser la de siempre, reuniéndolos y dándoles ánimos. Insistió aún más en su organización secreta y con los clips de su madre en el cabello como un recuerdo invaluable, se empeñó en reconstruir la felicidad de la que disfrutaban antes.

Un día reunidos en la habitación de Ayano, ésta con su bufanda roja les encomendó usar su uniforme, sus hermanos corrieron a ponerse los suyos sin embargo él se la quedó viendo.

–¿Qué sucede Seto?– le preguntó al notar que él no se movía.

–Pues... Yo... Mi uniforme...– se rascó la mejilla viendo a un lado –Creo que no lo tengo...– murmuró apenado.

–¡¿Cómo que no...?! ¡Oh... es verdad! Se lo dejaste a tu amiga, ¿no es así?– le preguntó.

–Si...– asintió –Lo siento Ayano... Yo no quería...– comenzó a decir pero ella ya no lo escuchaba mientras rebuscaba algo en sus cajones.

–Bueno no es mucho...– murmuró al tiempo que sus hermanos regresaban con sus uniformes –Pero este será tu nuevo uniforme– dijo alto y claro, colocándole un broche amarillo en el cabello.

Sonrió al verse al espejo, ese clip además de ayudarle con su rebelde cabello que muchas veces se metía en sus ojos, era amarillo... Su mamá le llamaba pollito, así que lo sintió como una señal –¡Me encanta hermana!– la abrazó casi tirándola, ya no era tan pequeño, ahora casi tenían la misma altura.

–Me alegra que te haya gustado– le sonrió respondiendo el abrazo –. Ahora que la organización está completa y reunida vamos a llevar a cabo la misión más importante de nuestras vidas– les dijo seriamente, a lo que los tres prestaron su completa atención –. ¡Iremos a jugar al parque!

–Ya no somos niños...– comentó Kano cruzándose de brazos, después de la muerte de Ayaka su actitud se había vuelto un poco más amargada.

–¡Es una misión!– lo regañó Kido dándole un fuerte codazo en las costillas que lo dejó doblado.

–¡E-Eres cruel...!– alcanzó a decir casi sin voz.

–¡Y lo seré aún más si vuelves a negarte a una misión!– Kido hacía cambiado un poco también, ahora era más... violenta.

–Bueno, bueno, no peleen...– intentó calmarlos Ayano –¿Somos un equipo recuerdan...?– los tres asintieron –Entonces, ¿vamos?

A pesar de su edad lo pasaron muy bien corriendo por el parque y subiendo a los juegos, él y Ayano pasaron casi toda la tarde en el sube y baja, mientras Kano y Kido tomaban turnos para columpiar uno al otro.

–Te quiero hermana...– le dijo de la nada viéndola con cariño mientras ella estaba en lo alto, los rayos del sol tras ella le daban un halo de héroe que le quedaba demasiado bien.

–¿Ah...?– lo miró sorprendida, antes de sonreír con ternura –Y yo a ti hermanito... Siempre que querré sin importar lo que suceda...– intentó acariciarle la cabeza pero se tambaleó.

–¡Cuidado!– gritó extendiendo sus brazos en un intento por sostenerla, pero únicamente logró perder el equilibrio él también.

Segundos después ambos estaban en el piso riendo sonrojados, sabía perfectamente que su hermana al igual que él se sentía una tonta.

–¿Se cayeron del sube y baja?– comentó Kano con un tono burlón, acercándose junto a Kido –¿Alguna vez escuchaste de alguien que se cayera del sube y baja?– preguntó viendo a su compañera de juego.

–Nunca– negó ésta con sus manos en el bolsillo delantero de la chaqueta.

–Vamos agente Kido, no dejemos que nos vean cerca de ellos...

–Tú lo has dicho agente Kano– asintió ella.

Nunca supo de dónde sacaron sus hermanos esas gafas negras, pero luego de ponérselas se fueron caminando de una forma muy "cool" hacia la jaula de monos, y allí siguieron jugando como dos niños de cinco años.

–¡¿Y eso?!– rió Ayano con fuerza.

–Creo que están copiando a esos policías de la serie que pasan los martes– dijo él levantándose y ofreciéndole su mano.

–Son geniales– sonrió aceptando la ayuda y levantándose –. No sé que haría si no los tuviera a ustedes tres...– murmuró observando el horizonte.

–Te amamos...– le aseguró –¡Nunca nos dejes!– le suplicó abrazándola con fuerza.

–Nunca lo haré... Es una promesa...

Tal vez no fue una gran idea que sus hermanos salieran a jugar ese día demasiado caluroso con sus uniformes, él y Kano tuvieron que cargar de vuelta a las sofocadas chicas luego de unas horas, pero ese día recordaron que si los cuatro ponían de su parte, juntos lograrían salir adelante...


Después de un tiempo decidió que no podía seguir encerrado en esa casa el día entero, había superado muy bien su maldición, la había convertido en un poder que rara vez usaba a no ser que fuera extremadamente necesario, no tenía excusas para seguir allí de vago, pero tampoco se sentía cómodo para ir al instituto.

Se convenció a si mismo que eso no era para él, entonces decidió buscar su primer trabajo de medio tiempo.

Fue agotador, a veces sentía deseos de llorar, ya que siendo un adolescente que trabajaba por primer vez, los otros empleados lo molestaban, lo llamaban torpe y débil por no ser capaz de cargar demasiadas cajas pesadas al mismo tiempo. Sin embargo no podía dejar el empleo...

–¿Puedo pasar?– escuchó la voz de Tsubomi, quien estaba golpeando la puerta de su habitación, él acababa de regresar del trabajo.

–U-Un momento– le pidió secándose las lágrimas con la manga de su camisa, una vez que se sintió preparado le abrió –¡Hola Tsubomi, creí que estabas en el instituto!– la saludó sonriendo ampliamente.

–Hoy las clases terminaron antes– le informó entrando y sentándose en su cama.

–¿Ah si? Entonces Shuuya también está en la casa, ¿no?

–No, se fue apenas sonó el timbre y no volví a verlo...– si lo pensaba con detenimiento, últimamente veía bastante poco a su hermano.

–¿Y Ayano...?

–Creo que salió con sus amigos del instituto...

–¿Y papá?

–¡No sé, trabajando...!– lo miró con fiereza –¡Si quieres que me vaya sólo dilo! ¡No puedo leer la mente pero puedo desaparecer!

–¡N-No yo no quise decir eso!– exclamó tomando su brazo antes que desapareciera de su vista, si lo permitía luego le costaba demasiado encontrarla –¿Qué te pasa...?– preguntó viéndola preocupado, ella no solía explotar de esa forma, no con él al menos.

–¡¿Qué te pasa a ti?!– gritó en respuesta, ¿en qué momento había comenzado a llorar? –¡¿Por qué no me contaste que te molestan en el trabajo?!

–¿Ahh...?– preguntó sintiéndose descubierto –¿Co-Cómo lo...?

–¡Estaba allí!– exclamó, se apresuró a explicarse al ver su expresión –Al salir de la escuela pasé a buscarte...– murmuró bajando la mirada –Vi como te insultaban... Te vi esforzarte por contener las lágrimas y sonreír como lo hiciste hace unos minutos cuando abriste la puerta...

–N-No te vi...– murmuró –¿Por qué te ocultaste...?

–¡No me oculté!– volvió a gritar claramente cansada de todo –Simplemente pasé desapercibida... Para ti... Para todos... Como siempre...– se soltó del agarre y volvió a sentarse secando sus lágrimas con fuerza –Pero no cambies el tema... ¿Por qué no nos dijiste...?– preguntó viéndolo fijamente.

–No quería preocuparlos...– murmuró sentándose a su lado –Ha sido algo... duro...– comentó sonriendo tristemente mientras ponía una mano en su propio hombro moviéndolo y haciéndolo tronar –Pero no puedo rendirme ahora... Quiero ser alguien útil... Y siento que esta es la forma correcta.

–Somos una familia... No hay necesidad de que sufras solo– murmuró abrazándolo –. Nos sentimos orgullosos de ti... Has madurado y crecido mucho estos meses... ¿Quieres que te ayude a buscar otro trabajo? ¿O golpeo a esos idiotas por ti...?

–¡No claro que no!– se apresuró a negar, su hermana era muy capaz –Voy a seguir allí, pero intentaré ganarme su respeto... No dejaré que me intimiden, lo prometo...– la abrazó un poco más fuerte –Y si no funciona te lo contaré, lo prometo...

–Y yo los golpearé...

–Tsubomi, no...

Ella se separó de él con las mejillas infladas en molestia, una expresión muy tierna que le hizo sacudir su cabello, ahora más largo y mejor cuidado –Te dejo descansar, en un rato traeré la cena– le avisó saliendo.

–Gracias– se despidió, pero apenas escuchó la puerta cerrarse se dio cuenta de algo...

Tsubomi no estaba bien, ella se había comportado de una forma demasiado extraña, y él no fue capaz de preguntarle antes de dejarla ir. Abrió su puerta pero ella no estaba en el pasillo, ni en la cocina, ni en el patio... La buscó por toda la casa y como era de esperar no pudo encontrarla...

Regresó a su habitación arrastrando los pies... Sintiendo que perdió la oportunidad de saber qué le sucedía, consolarla como ella lo había hecho con él... Y por supuesto a la hora de la cena, con la familia reunida, no tuvo la oportunidad de preguntarle... Ya lo haría luego...

En esos momentos no fue capaz de notar como la presencia de su hermana se debilitaba día a día... tanto que él no volvió a recordar aquella conversación pendiente...


–¿Te gusta?– preguntó Mary girando frente a él.

–Me encanta– le sonrió –. Eres muy buena bordando flores– aseguró sinceramente viendo el bordado que había hecho en aquella chaqueta que tanto significaba para él, la cual le regaló hacía ya más de un año.

–Y a mi me encanta tu uniforme nuevo...– aseguró ella observando el flamante traje verde, que él compró con su sueldo.

–¡A mi también! ¡Es muy cómodo para trabajar!– asintió –Lo compré bastante grande porque planeo crecer mucho.

–¿En serio? ¿Cuánto crecerás?– preguntó ella emocionada –¿Hasta aquí?– levantó su brazo lo más que pudo.

–Jeje... No sé si tanto... Pero sería genial, ¿no crees?

–¡Si! ¡A mi también me gustaría crecer más!– aseguró emocionada.

–Si... Bueno, aunque creo que Mary se ve linda así...– murmuró viendo a otro lado mientras se rascaba la mejilla avergonzado.

–¿Qué dijiste?– preguntó ella viéndolo con curiosidad.

–Que... Este... ¡Mira venados!– señaló al frente –¡Vamos a charlar con ellos!– le propuso activando su mirada.

Esa felicidad que un año atrás se había roto, estaba recomponiéndose poco a poco...

El quince de agosto salió muy temprano de la casa, y pasó el día con Mary... Sus hermanos estarían juntos, se tenían los unos a los otros... Ella no tenía a nadie... Lo necesitaba, y él a ella...

Nunca imaginó que ese día recibiría una puñalada más... La más dolorosa...

Continuará.

Quedó muy corto, pero sólo pasó un año, Seto no tenía demasiado que contar, y hay algunos acontecimientos que prefiero que sean vistos desde la perspectiva de otros personajes inicialmente. Espero que aún así haya sido de su agrado. Sobre el capítulo sólo una cosa... No esperen una aparición más extensa de Hiyori... La mencioné por ser la hermana de Ayaka y haber conocido a Ayano en el funeral, tal vez aparezca en algún otro capítulo pero con cero protagonismo... Nada personal Hiyori...

Muchas gracias a quienes siguen leyendo esta historia, sin más respondo comentarios:

LeekLoverOtakuKawaii: Si te dijera mi secreto dejaría de serlo ;). Y si, Kenjiro es un dulce, lástima que su dulzura lo hizo perder el sentido común y siguió a Ayaka en su loca aventura. Espero que te haya gustado este capítulo, fue corto pero ya vendrá más de Seto. Saludos y gracias por escribirme.

Jeffy Iha: Me encantó lo de Calzonudo, es un muy buen apodo... Y si, Seto es un perrito faldero... O al menos lo fue hasta que le quitaron a su mami... Kenjiro es un tierno, y si es una lástima lo que pasó, pero si yo hubiera hecho la historia las cosas hubieran pasado diferentes... (Habrían sufrido diez veces más probablemente). Muchísimas gracias por las correcciones, ya están arregladas. Y si, son niños muy tiernos criados entre cuatro paredes... No tenían internet y casi no miraban tele... Respondiendo a tu pregunta; creo que Kenjiro y Ayaka se habrían reído al escuchar su charla, y cuando realizaran el sorteo, y el ganador anduviera diciendo a todo el mundo que él sería el papá de los hijos de Tsubomi... Creerían necesario reunirlos para tener LA charla... Imagino a los niños huyendo traumatizados y encerrándose en sus habitaciones por una semana luego de que Kenjiro les contara acerca de las abejas y las flores... Mientras escribo esto estoy pensando en hacerlo parte del fic. Y creo que Kano tuvo 4 chicas con perfil materno en su vida, y las perdió a todas... Pobre niño me da mucha pena, pero si alguien pregunta, no... Ni loca lo adopto... Muchas gracias por el comentario, besos.

Gracias por llegar hasta aquí.

Próximo capítulo: Como si no existiera -Kido-

Hasta pronto.

Trekumy.