Capítulo 15: Como si no existiera.
Sus hermanos continuaban llorando en el sofá y su padre se había encerrado en su habitación apenas llegó, podía imaginarse cuan mal se sentían. Ella misma lo hacía, no había forma en la cual pudiera sentirse bien después de haber perdido a su madre nuevamente...
Buscar en los álbumes familiares, una foto de su madre para armar el altar, estaba acabando con la poca entereza que le quedaba... Pero alguien debía hacerlo, y no había nadie más en condiciones. Esos momentos felices retratados en las fotos, previos y posteriores a su llegada a esa casa, los sentía como finas y afiladas dagas clavándose una a una en su pecho. ¿Por qué todo había acabado tan de pronto? ¿Por qué no podían volver a vivir aquello? ¿Por qué la vida era tan estúpidamente frágil?
Finalmente escogió una... Una que reflejaba a la perfección el espíritu alegre y dinámico de su madre, ese que siempre admiró en secreto. Y mientras armaba el altar, con extremo cuidado y solemnidad, tal como aprendió en esas épocas de antaño durante sus lecciones, se preguntaba por qué en esos momentos, cuando ya no tenía ningún sentido, recién era capaz de llamarla madre. Más lágrimas y un suave sollozo se le escapó mientras encendía el incienso, se sentía extremadamente culpable por nunca haberle dicho en vida, cuanto la amó, y el bien que le hizo volver a tener una madre.
Una vez que las preparaciones terminaron, con sus ojos apretados y las manos juntas oró frente al altar, fue la primera en hacerlo...
"Sé que no fui una buena hija... Pero también sé que mis hermanos te hicieron muy feliz. Te juro que cuidaré de ellos dentro de lo que esté a mi alcance... Jamás podré atender a la familia tan bien como tú, pero... Haré todo lo que pueda por ellos. Gracias por el tiempo juntas, aprendí muchas cosas y fui muy feliz... Te amo, mamá..."
Una vez que terminó su oración y logró calmarse fue hasta donde estaban sus hermanos, perdidos todos en su dolor. Tomó una manta de su habitación y los arropó, aunque ellos no lo notaron siquiera... Era mejor así...
El día siguiente se ocupó de abrir la puerta y atender el teléfono, familiares de todas partes, la mayoría de los cuales no conocía, asistieron a despedir a esa buena mujer, cuyo cuerpo no pudo ser rescatado. Observó distante como esas personas dejaban ofrendas en el altar, como su hermana y Kousuke lidiaban lo mejor posible con toda esa gente... Y como Shuuya huyó al presentarse la primer persona...
Fue al cuarto de su hermano, intentó entrar pero él había cerrado la puerta... Mientras Ayaka estuvo allí, cerrar la puerta con cerrojo estaba prohibido, y ahora que se había ido las cosas cambiaban demasiado rápido. No importó cuanto le suplicó que abriera, él simplemente no lo hizo, como si no pudiera oírla... Fue aún más doloroso, era la primer vez que la ignoraba.
Cuando la ceremonia terminó, y la casa volvió a quedar en silencio, sus hermanos se encerraron en sus habitaciones... Lo entendía, necesitaban estar solos con sus recuerdos... También ella...
Mientras limpiaba el desorden de la sala a pesar de ser media noche, escuchó a alguien bajar las escaleras. Entonces vio a Kousuke con lágrimas en los ojos, salir de la casa... ¿A dónde iba a esa hora? No necesitó pensarlo demasiado para comprenderlo... Pero ir a ese bosque solo tan tarde era muy peligroso.
No podía permitir que algo le pasara... Su madre no se lo perdonaría jamás... Y estaba segura de no ser capaz de soportar verlo lastimado o algo peor... Dejó todo como estaba y salió tras él, caminó a su lado valiéndose de su poder, no quería interferir en su intimidad, pero si alguien llegaba a acercarse a su hermano con malas intensiones ella... No sabía si podría defenderlo, pero siendo dos tendrían más posibilidades de escapar... En esos momentos deseaba poder extender su habilidad a otras personas, si fuera capaz de hacerlo invisible también, entonces se sentiría mucho más tranquila.
Todo el camino hasta el bosque lo observó llorar, claramente estaba reprimiéndose, se sentía cansado, a veces se tambaleaba, pero ella tuvo que contenerse, si se descubría a si misma él no le permitiría regresar sola, y habría arruinado su visita... Kousuke era muy sobre-protector a veces.
Cuando llegaron al bosque, se quedó en la entrada viéndolo desaparecer en la oscuridad, él conocía bien ese lugar, y suponía que no habría más que animales allí dentro, si ella entraba se perdería y sería una molestia para su dolida familia... Lo último que quería era darles más preocupaciones. Emprendió el regreso a casa, al llegar aunque cansada, terminó de limpiar y luego se acostó... No pudo dormir, el dolor por su madre se mezclaba con la preocupación por Kousuke, sólo esperaba que no se le ocurriera regresar cuando aún era de noche. También estaban Ayano y Shuuya, no habían comido en todo el día, y sabía bien que eran los más afectados por lo que pasó, tenía que esforzarse por ellos.
Y lo hizo... El día siguiente logró que almorzaran, pero ninguno de ellos quería salir de su habitación, lo mismo pasó por la tarde cuando Kousuke regresó. Un par de días más tarde decidieron visitar la tumba de su madre, sin embargo ella se negó a ir... Y ellos tres, sin energías para insistir, simplemente se marcharon. Claro que deseaba visitar a su madre, al menos a esa piedra que la representaba, pero no podía olvidar su promesa... Y su padre quedaría solo en la casa, no quería irse dejándolo así.
Subida a ese banquito que siempre usaba, frente a la mesada cortó las verduras, deseaba pegar el estirón de una vez, correr el banco de aquí para allá a la hora de cocinar era tan molesto... Y hablando de eso necesitó moverlo frente a la estufa para ser capaz de echar los trozos de vegetales dentro de la enorme olla con agua hirviendo. Segundos después de haberse subido, y como si esa semana nada pudiera salir bien... el condenado banquito se quebró.
Cayó de espaldas con todo su peso apoyado en su muñeca izquierda, no tuvo tiempo de reaccionar cuando la olla al rojo vivo cayó sobre su hombro bañándola por completo de agua hirviendo y verduras a medio cocer... Odiaba conocer tan bien esa sensación de quemazón intensa en su piel... Aquello había logrado lo que ni pelar cebollas pudo...
Se encontró a si misma llorando a gritos sin poder evitarlo, el dolor y la tristeza habían acabado con su autocontrol.
–¡Tsubomi!– escuchó la cansada voz de su padre, era apenas lógico que el estruendo de la olla y sus gritos lo alertaran –¡Demonios!– exclamó segundos después al lograr comprender la situación.
No se dio cuenta de lo que sucedió hasta que sintió el agua fría cayendo sobre ella, su padre la había llevado al baño y puesto debajo de la ducha, la cual abrió de inmediato, sabiendo que si no refrescaba la piel lo antes posible dejaría secuelas irreparables. Sentada en el piso del baño con el agua aún cayéndole encima y su llanto igual de intenso, lo vio salir corriendo, y regresar un minuto después con una toalla grande y una pomada. Luego de varios minutos, cerró el flujo de agua y la cubrió con la toalla
–Ve a cambiarte y ponte bastante de esta pomada donde sientas ardor, si no es suficiente iré a comprar más– le dijo viéndola con seriedad a lo que ella asintió –. Vamos– tomó su mano para ayudarla a pararse y ella no fue capaz de reprimir el grito de dolor –¿Te golpeaste el brazo?– le preguntó analizando su mano con cuidado –Se ve muy feo...– murmuró luego de unos segundos.
Sólo entonces se fijó en su muñeca hinchada que se oscurecía más y más. La llevó a la sala... y allí frente al altar de Ayaka la enyesó...
–¿Cómo pudiste quebrarte la muñeca con esa caída?– le preguntó mientras trabajaba en el yeso, era muy bueno que su padre hubiera estudiado enfermería, habría odiado que sus hermanos llegaran y se encontraran con que ella estaba en el hospital –Imagino... Que no estás llorando por el dolor... No el de tu muñeca...– murmuró él.
Sólo entonces se dio cuenta de que en todo ese tiempo no había dejado de llorar o ver el altar de su madre. Lo miró, sus ojos estaban cansados y arrugados, su padre había envejecido varios años en esos pocos días.
–No te sobre-exijas...– le pidió él –Sé que te has ocupado de nosotros este tiempo, pero hay un momento para todo... Y ahora, debes descansar– recomendó terminando su trabajo –. Será algo incómodo, pero por favor no te lo quites hasta dentro de un mes... E intenta no mojarlo, usa una bolsa para bañarte– ella asintió –. Lo revisaré periódicamente– se levantó para llevar el botiquín de nuevo a su lugar –. Ahora ve a cambiarte y a aplicarte esa crema o se pondrá aún peor– recomendó.
–Gracias papá...– murmuró ella, las primeras palabras que le dijo desde que él la encontró en la cocina, y se marchó rápidamente.
Una semana más pasó, y todo seguía igual, su familia por completo encerrada en sus habitaciones, a excepción de Kousuke que visitaba a su amiga todos los días. Y desobedeciendo a su padre continuó trabajando muy duro en los quehaceres domésticos, el doble de duro ya que encontró bastante desafiante realizar las tareas con sólo una mano.
Entró al cuarto de Shuuya, al menos él ya no dejaba el cerrojo puesto, con su chaqueta lila, la cual aún le quedaba enorme por lo que era perfecta para cubrir el yeso en su mano, y dejó el almuerzo del chico sobre la mesa.
–Por favor, esta vez cómelo todo...– le pidió, tal vez fueran sólo ideas suyas, pero cada día lo veía más delgado –Shuuya...– lo llamó, él permanecía de pie frente a la ventana, con su mirada perdida en el horizonte.
–Ya escuché– murmuró de forma cortante.
–No es eso... Mírame...– le pidió con suavidad, sabía perfectamente que cuando él entraba en ese estado debía tener cuidado o se cerraría por completo.
–¿Para qué? Te veo todos los días...
–No es verdad... Tú ya no...– murmuró intentando encontrar una forma no demasiado abierta de decirle que extrañaba su compañía y cariño.
–¿Quieres que te mire?– preguntó dándose la vuelta, ella supo que había cometido un error cuando sus ojos destellaron en ese furioso rojo...
Sus poderes volvían a estar fuera de control.
–¿Quieres que vea a la niña que crié todo este tiempo y ni siquiera le importó mi muerte?– sabía que era Shuuya... Pero su voz y apariencia... Cubrió su boca, no quería desmoronarse frente a él, pero ver a su madre diciéndole eso era demasiado doloroso –No fuiste capaz de visitar mi tumba... ¿Tanto me odiabas?
–¡Basta!– gritó cubriendo sus oídos mientras cerraba los ojos –¡Ya deja de hacer eso!– dio un par de pasos hacia atrás hasta que su espalda chocó con la puerta cerrada.
–¡Mírame!– le gritó tomando sus brazos, obligándola a descubrir sus oídos –Siempre quiso que...– su voz y apariencia se distorsionaron frente a ella –Que fueras su hija... Le... Le preocupaba que no la aceptaras...– ya con su forma original Shuuya cayó de rodillas frente a ella llorando intensamente.
–Lo sé...– murmuró empujándolo, no tenía fuerzas, pero aún así él cayó de espaldas sollozando –Lo sé...– repitió antes de abrir la puerta y huir.
Mientras corría por el pasillo desapareciendo su presencia lo escuchó gritarle un doloroso "Lo siento...", no lo culpaba... Pero tampoco podía perdonarlo.
Rato después, cuando al fin logró detener sus lágrimas y salió de su escondite secreto, le llevó el almuerzo a su hermana, esperaba que ella no estuviera demasiado mal... No podría soportar más dolor... Shuuya la había herido profundamente.
–Hermana...– murmuró muy suave mientras entraba, ella estaba acostada, no quería despertarla.
–Tsubomi...– la escuchó susurrar, su voz aún estaba afectada, temía por ella, por su salud mental, sus amigos la visitaron una vez, pero fueron tan cortas sus palabras que no tuvieron otra alternativa que marcharse a los pocos minutos.
Ella los conocía, eran los chicos del puesto donde jugó aquel videojuego durante el festival al que fue con Shuuya, pero ellos no la reconocieron... Y apostaría lo que fuera a que al dar un par de pasos fuera de la casa volvieron a olvidarla... Así era siempre.
–Te traje el almuerzo– le dijo dejándolo en su escritorio y sentándose en la cama viéndola, no soportaba que su heroína pasara los días enteros tirada en su cama, había perdido el brillo en sus ojos y su hermosa sonrisa, no se quedaría viendo como sus hermanos se alejaban y perdían en la tristeza...
Ella no era capaz de reunirlos, pero sabía que su hermana si podía, ella tenía ese poder que tanto admiraba, ella era su modelo a seguir, si Ayano se recuperaba el resto la seguiría.
–Gracias... Eres tan linda...– murmuró ella abrazando la almohada.
–Ayano...– llamó su atención –Mamá estaría muy triste si te viera así...– aseguró, quería ser más suave, pero no era buena con esas cosas –Mamá te amaba más que a cualquier otra cosa en el mundo... Aún lo hace, por favor... Sé fuerte por ella... Por papá...Y por nosotros...– le suplicó.
–Lo sien-to... Tsubomi...– sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente –Eres una chica fuerte... Yo no lo soy...– comenzó a llorar –Yo no puedo cuidar de todos... No puedo ni levantarme de esta cama... Siento que perdí mis fuerzas por completo...
–¡Mi hermana no hablaría así!– exclamó abrazándola e irguiéndola un poco –Mi hermana, nuestra heroína es la chica más fuerte del mundo...– la miró a los ojos –Ayano, si pudiste darle un motivo para ser felices a tres monstruos, si pudiste convertirnos en agentes secretos entonces... Puedes levantarte y seguir adelante.
–¡No, no puedo!
–¡Si puedes!– aseguró no permitiendo que la chica volviera a recostarse –¡Y si es demasiado duro nos tienes a nosotros para sostenerte!– aunque no hubiera nadie más allí, sabía que hablaba por sus hermanos al decir esas palabras –Ayano, no estás sola, nos tienes... Nos tenemos... Los cuatro... Por eso somos tan fuertes.
Se asustó cuando su hermana puso una mano en su boca y sollozó aún más fuerte, sin embargo logró ver ese brillo que había regresado a sus ojos.
–Tienes razón Tsubomi...– gimió abrazándola –¡Tienes toda la razón!
Respondió el abrazo sonriendo, su hermana estaba de vuelta, al fin algo de felicidad.
–Lo siento Tsubomi... Lamento haberlos dejado solos... No volverá a pasar, lo prometo...– cerró los ojos disfrutando del momento y el abrazo, estrechándola más, eso era justamente lo que necesitaba escuchar –¿Ehh...?– la escuchó murmurar –¿Qué tienes en la mano, Tsubomi?– preguntó inocentemente separándose un poco.
–¡¿Yo?! ¡Nada!– la soltó de inmediato, escondiendo sus manos detrás.
–Me pareció sentir algo duro... Déjame ver tu mano– le mostró su mano sana –. La otra Tsubomi– esa chica que dos minutos antes estaba llorando destrozada en la cama ahora la veía seriamente, con esa expresión que le decía "No sabes mentir".
Exhaló y le mostró su otra mano, después de la exclamación horrorizada al ver ese yeso que sólo dejaba sus deditos afuera, vinieron las preguntas; "¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?", y luego el inevitable regaño.
–¡Debiste decirme!
–No quería darte más problemas...– murmuró bajando la mirada, volvía a ser la hermana pequeña, y a pesar del sermón, no le molestaba en absoluto.
–¡Pero te heriste! ¡Estuviste haciendo las tareas del hogar! ¡Venías a verme todo el tiempo y no fui capaz de darme cuenta! Soy una hermana terrible...– murmuró finalmente volviendo a deprimirse.
–O tal vez no soy tan mala mintiendo...– murmuró sonriendo de lado con esa expresión más propia de Shuuya que de ella.
–Uff...– rodó los ojos –Tu hermano te ha enseñado bien... Demasiado bien...– murmuró lo último viéndola de reojo, a lo que ella sólo pudo reír –Ahora que regresé me haré cargo de ustedes...– le prometió abrazándola.
Y como si fuera magia en cuestión de horas la asociación secreta volvió a reunirse. Ayano puso todo su empeño en subir el ánimo de sus hermanos, y ella la acompañó... Su hermana era increíble, sólo ella podía conseguir que volvieran a sonreír como en los viejos tiempos...
Ayano era la guardiana de sus sonrisas...
El día siguiente, muy temprano en la mañana mientras preparaba el desayuno, como ya era costumbre, observó sorprendida a Shuuya mirándola desde la puerta... Que estuviera despierto a esa hora era algo inconcebible para ella.
–¿Puedo... acercarme?– preguntó él tímidamente.
Asintió, aún no olvidaba lo que pasó el día anterior, frente a Ayano había actuado como si nada pasara, pero lo cierto es que aún le dolía demasiado, esa noche incluso tuvo pesadillas gracias a su "agradable acto de personificación".
–Perdóname, por favor...– murmuró al borde de las lágrimas abrazándola por la cintura ya que ella estaba sobre un nuevo banquito, uno que esperaba que no se rompiera esta vez.
–No... Importa Shuuya...– murmuró mirando a otro lado.
–No quería hacer eso... Perdóname Tsubomi... Por favor– sollozaba con la cabeza enterrada en su vientre –No pude controlarlo... No me odies... Te quiero...
–Yo también...– confesó poniendo una mano en el cabello de su hermano y acariciando su cabeza –Te perdonaré sólo si haces algo por mi...– ya lo había perdonado en realidad, ¿cómo no hacerlo? Pero no sería una chica lista si no sacara algo de provecho.
–¡Si, lo que sea!– se separó viéndola con emoción.
–Serás mi esclavo durante todo el día– declaró desde el banquito donde le sacaba una cabeza y media de altura, se sentía poderosa.
–¿Es-clavo?– preguntó nervioso.
–¿Aceptas o no?– preguntó ella cruzándose de brazos con el cucharón en su mano sana.
–Si...– murmuró derrotado.
Mentiría si dijera que no disfrutó tenerlo de un lado al otro haciendo tareas simples, incluso en la tarde lo obligó a darle un masaje en los pies, pero se arrepintió cuando él comenzó a hacerle cosquillas. Todo terminó en una más de sus peleas de sofá que terminaba con ellos revolcados en la alfombra gritándose cosas y forcejeando pero sin hacerse daño. Ayano y Seto rieron mucho ese día viéndolos.
Confiaba que su mamá hubiera reído también desde donde estuviera...
Las cosas mejoraron con el tiempo, crecían, maduraban y evolucionaban para mejor, la prueba más clara era el tierno Kousuke, ahora más alto que ella, convertido en todo un hombre, ¡hasta empleo tenía! Al menos Shuuya se mantenía de su altura, y Ayano se veía más madura y linda... Estaba segura de que tenía muchos chicos tras ella en su instituto, era una pena que siguiera prendada de ese chico del que tanto les hablaba, que en su opinión sólo era un idiota más del montón.
Sin embargo en algún punto que no lograba determinar, las cosas cambiaron demasiado rápido, y cuando pudo darse cuenta, al voltear... Nadie permanecía a su lado...
Sólo era una metáfora, seguían viviendo juntos en la misma casa, se veían a diario, sin embargo no podía evitar sentirse sola...
Kousuke trabajaba cuatro horas al día, y le dedicaba el resto a Mary, él realmente quería a esa chica, y no era que sintiera celos, pero en el fondo le gustaba sentirse especial para él... Y sentía que si bien el cariño continuaba imperturbable, ya no había lugar en su día para dedicarle a ella...
Shuuya por algún motivo apenas si estaba en la casa... Ya casi no lo veía, a veces ni en la cena... Estaba preocupada, pero las pocas veces que lograba preguntarle él se excusaba con evasivas... ¡Si también había conseguido novia que se lo dijera y ya! ¿Por qué tanto misterio? ¡Como si a ella le importara!
Ayano estaba rara. Rara era poco... Por momentos actuaba normal, la misma de siempre, sin embargo en otras ocasiones hacía preguntas extrañas y desesperantes, o daba opiniones que nunca pensó que fuera capaz de tener... De hecho sospechaba que supiera algo acerca de las extrañas desapariciones de su hermano, pero cuando le preguntaba siempre era la misma historia...
–Ayano, ¿Shuuya te dijo a dónde iba?– preguntaba casualmente, entonces esa perturbadora mirada se clavaba en ella.
–¿Te preocupa?
–¡¿Ehh?! ¡N-No claro que no! ¡¿Quién se preocuparía por ese tonto?!– exclamaba nerviosa.
–No lo sé~~ Eres tú quien me pregunta por él a diario...
–¡P-Porque e-es mi hermano! ¡Y no sé donde está! ¡Es normal que me preocupe!
–¡Entonces si te preocupa~~!
–¡De la misma forma que me preocupa Kousuke o tú si desaparecieras!– se defendía –¡En realidad ustedes me preocuparían más!– aseguraba intentando dar por terminado el tema, pero ella continuaba.
–¿De la misma forma?– preguntaba ignorando la segunda parte de su anterior declaración –Entre nosotras, Tsubomi...– se le acercaba lo suficiente como para susurrarle, y ella temblaba ante la pregunta vergonzosa que se le ocurriría esa vez –De tus dos hermanos... ¿cuál te gusta más?
–¡¿Qué estás preguntando?!
–¿Vas a mentirle a tu hermana mayor...? Es una pregunta fácil, los conoces desde pequeña, debes tener alguna preferencia– la cercanía y el guiño que le dedicaba la ponía aún más nerviosa.
–N-No voy a men-mentirte...– siempre terminaba igual, ella tartamudeando como en el pasado, mientras activaba su poder y huía rápidamente ignorando los lamentos de su hermana.
¡Jamás respondería tal cosa! ¡Ni muerta!
La relación con su padre se había enfriado un poco también, él era el mismo de siempre, pero pasaba el día entero en el instituto, y por las noches... No podía asegurarlo, pero lo notaba extraño, sin embargo tal vez fuera sólo su imaginación ya que la mayoría de los días llegaba a encerrarse en su estudio y ella se limitaba a llevarle la cena... Y por las mañanas le preparaba su caja de almuerzo... Si no podía compartir tiempo con él como en los viejos tiempos, al menos se ocuparía de mantenerlo con vida...
Si hacía un balance podía asegurar que tenía motivos para sentirse sola... Y mientras se esforzaba por cuidar del resto lo mejor que se lo permitían, notaba como poco a poco su presencia se debilitaba...
Lo había notado años atrás, la forma en la que controlaba su poder no era completa, si bien podía desaparecer y aparecer a voluntad, eso no quitaba que las personas la olvidaran con el tiempo. Era desesperante conseguir hablar con personas agradables en la escuela y al día siguiente que la miraran raro y le preguntaran quien era cuando intentaba acercarse nuevamente.
Pero antes Shuuya estaba a su lado, era como un chicle pegado en el cabello, no importaba cuanto intentara quitárselo de encima, él sólo se pegaba más y más... Y su fuerte presencia ayudaba a de alguna forma "fijar" su existencia en los recuerdos de otros... Era como si ellos la recordaran por asociación o algo por el estilo... Solía pensar bastante en ello.
Sin embargo cuando él se alejó, el mundo a su alrededor también lo hizo... Era como si ese salón de clase, esas calles, esa casa... Incluso la relación con el resto de su familia... Fueran escenas de una película vieja y desenfocada, en una pantalla muy lejana que no lograba alcanzar...
Cada charla, cada experiencia, cada sentimiento... Todo era tan efímero... Todo terminaba y luego el entorno se comportaba como si jamás hubiera sucedido... Llegaba por momentos a dudar de su propia cordura... En su situación no era difícil pensar que tal vez estuviera sólo imaginando esas interacciones sociales...
Pero no era así... Su estúpida maldición siempre estaba allí... Nunca dejaría de ser un maldito fantasma para el resto del mundo...
Una noche se sorprendió a si misma sollozando en un rincón de su habitación –No quiero desaparecer...– murmuró asustada como en la niñez... En aquel orfanato...
Pero esta vez no había nadie que sostuviera su mano y le prometiera que siempre estaría viéndola...
Un nuevo quince de agosto llegó... Y como si el destino se empeñara en demostrarle que su existencia no era importante en ese mundo... Permaneció ese día completamente sola en la casa... Cada quien estaba ocupándose de sus asuntos... Todos tenían una vida, y ninguno la necesitaba en ella...
Recién el día siguiente sabría acerca de la pérdida de su heroína... Porque ese día... Justo ese... Nadie fue capaz de recordar su existencia...
Continuará.
Amo a Kido, y por eso la hago sufrir... Y amo a mis lectores por eso escribo estas cosas.
Ya en serio, este capítulo salió increíblemente fácil, digamos que lo tenía en mente desde hacía días... Así si es fácil actualizar rápido. Respecto al capítulo me gusta relacionar a Kido con Kano tan estrechamente, creo que ambos se perderían sin el otro cerca... Y como siempre no sé que más decir (después de publicar seguro se me ocurren un montón de cosas), así que paso a responder comentarios.
Jeffy Iha: Lo de Seto si es muy muy triste, él es un terroncito de azúcar, tan dulce y delicado, me duele en el alma que haya pasado por todo eso... Y lo del broche fue mi intriga desde el comienzo, pensé en que si él había regalado su uniforme debía tener algo con qué reemplazarlo, y los broches son un símbolo tan importante para Ayano que tenía que relacionarse con ella... No sé, teorías mías como el 99% de lo que he escrito. Y hablando de Seto, él estudió en casa con sus hermanos, no es un analfabeto, pero creo que controlando su maldición habría disfrutado mucho del colegio, habría hecho montones de amigos. Y por último... Seto es valiente... no suicida... Si admite lo que siente, Mary no lo comprendería y creo que Azami saldría del Daze a llevárselo... El pobre chico está jugando con fuego aunque aún no lo sepa. Gracias por el comentario, besos.
LeekLoverOtakuKawaii: Gracias, gracias... SetoxMary no es mi especialidad pero hago lo mejor que me sale... A mí también me da cosita que pierdan a tanta gente importante para ellos, pero supongo que si no fuera así no nos gustaría tanto la serie... Saludos y gracias por leer y comentar.
Ryuunoko: Ay que lindo comentario, me hiciste feliz. Soy bastante desesperada a la hora de leer y escribir, si escribo es porque siento que no existe una historia así, y quiero leerla, por eso la escribo... Y como no puedo tener más de una trama en mi cabeza me gusta escribir las historias de un tirón, claro que las vacaciones ayudan... Gracias por lo de escritora predilecta para esta serie... Hay cosas muy buenas, pero han dejado de actualizarse hace mucho, y la mayoría están en inglés. También amo a Kido, es mi personaje favorito y amo su relación con Kano, por eso me encanta escribir escenas de ellos juntos aunque a veces siento que se me cae el tarro de azúcar sobre el fic... Y a mi también me duele que ellos se hayan alejado, pero no lo haría si no tuviera un buen motivo. Con SetoxMary tengo una impresión parecida a la tuya, lo que he leído no me gusta, y yo misma siento que no lo hago bien, pero que bien narrada sería una relación maravillosa. Y respecto a Seto y los lazos familiares, él nunca los olvidaría por esa chica del bosque, el problema con los demás es que ellos también están en sus asuntos, y con Kido pues... Como habrás visto en este capítulo es culpa de sus ojos, no de él. Muchísmas gracias por escribirme, espero que te guste este capítulo. Besos.
Anónimo: Algún día sabré tu nick... ¡Ya verás! Muchas gracias por tu comentario, es agradable saber que la historia sigue siendo entretenida. La verdad anoche leí la novela, y me reí mucho con esa Kido tan hostil, la verdad es que Kano y Seto tienen unas tendencias masoquistas muy marcadas, de Kano ya lo sabía, pero Seto y el keigo... Pobre... Y no cambiaría mi versión por ajustarme a la novela, uno porque debería borrar lo que llevo y empezarlo de cero, y dos porque algunas cosas me parecieron geniales pero otras no tanto... Muchas gracias por tu comentario, besos.
Yin-princesa-del-olvido: Tu comentario llegó justo, un rato más y no llego a responder. Espero que lo de que Seto murió sea figurado... Creo que no lo he matado... aún... Y sí, siempre he creído que Mary es la fuerza y valentía de Seto... Su relación es muy bonita, tan dulce e inocente. Respecto a Kido ya lo ves... Está sufriendo mucho y eso repercutirá más adelante, y Kano pues... Es de esperar lo que pasará más adelante...Me sorprendió que dijeras que fue el mejor capítulo, es increíble como podemos tener percepciones tan diferentes. Gracias por el comentario, besos.
Espero que hayan disfrutado leer tanto como yo disfruto escribir.
Próximo capítulo: Romper una promesa -Ayano-
Nos vemos.
Trekumy.
