Capítulo 16: Romper una promesa.
Nada le había dolido tanto como aquella noticia... Jamás, ni en sus más oscuros y tenebrosos sueños consideró esa posibilidad... Su madre... ya no la despertaría más... Ya no prepararía sus comidas, ya no la abrazaría o le daría esas palabras de afecto que siempre estuvieron ahí sin importar la hora o el lugar...
Su mamá ya no estaba, y eso la hacía sentir completamente miserable...
Cumplió con las obligaciones sociales dejándose llevar por la corriente, su cuerpo estaba allí, sentado frente a la fotografía de su madre, asintiendo a las condolencias de los familiares, y agradeciendo su visita antes de que se marcharan... Sin embargo su mente estaba dormida... No podía pensar con claridad...
Al terminar la etapa social se metió a su habitación y no salió hasta que Kousuke le sugirió ir a visitar la tumba... Fue un viaje muy triste... Y el cuerpo de su madre ni siquiera estaba en ese cementerio, sin embargo actuó como si esa placa de loza fuera el espíritu de la mujer que más amó y amaría alguna vez.
–Te amo mamá...– dijeron los tres en perfecta sincronía una vez que terminaron sus oraciones.
El regreso a casa no se sintió mejor, sus hermanos se veían extremadamente decaídos, no fue hasta que los vio en ese estado que se percató de aquel detalle que había ignorado por días...
No era la primer vez que pasaban por ello... No para Shuuya y Tsubomi al menos... No entendía por qué ella no había ido, no había escuchado la excusa que dio... Sin embargo no sentía ni el más mínimo atisbo de molestia hacia su hermana, cada quien llevaba el dolor a su modo...
Pasó en su habitación la siguiente semana... Llorar, lamentarse y pensar... Fue todo lo que hizo. Se obligaba a comer para no preocupar a su hermana, pero en aquello se iban las pocas energías que le quedaban.
Había comprendido, de la forma más dura que existía, que todo ese tiempo sólo había sido una niña mimada viviendo en su nube feliz, lejos de la cruel realidad. Sus hermanos habían pasado por aquello, habían sufrido ese dolor y más, ya que ellos presenciaron las muertes de sus seres queridos, los únicos que tenían... Y luego quedaron solos... En un lugar extraño a merced de adultos que no conocían...
Darse cuenta de esa realidad la hizo llorar más, se sentía una hipócrita que hablaba de la felicidad y la vida cuando no sabía nada de ella.
También recordó que Shintaro había perdido a su padre, Takane a los suyos aunque asegurara que era muy pequeña y ya no le afectaba, y Haruka vivía día a día sintiendo el peso de la muerte en sus espaldas... Al parecer todas las personas a su alrededor habían sufrido cosas que ella no imaginaba... Y todas habían logrado salir adelante... Todos eran fuertes excepto ella...
Una tarde su hermanita, siempre tan fuerte y entera, entró a su habitación, ella la observó unos segundos, esa niña de doce años había pasado por ese dolor tres veces ya... Y de formas tan trágicas que ella no era capaz de imaginar... ¿Cómo podía seguir adelante? ¿Por qué se negaba a demostrar su propio dolor...? En su situación probablemente hubiera enloquecido...
Esa niña le habló de fortaleza... No, ella no podía ser fuerte... No era capaz...
Le habló de la famosa organización secreta... ¿No se daba cuenta qué no era más que un juego? ¿Una estúpida ilusión? Eso era la realidad, y en la realidad ella no era una heroína ni nada parecido. Era una patética joven que se desmoronaba ante el primer golpe...
Pero entonces aquellas palabras llegaron a su corazón... "Ayano, no estás sola, nos tienes, nos tenemos... Los cuatro, por eso somos tan fuertes". Tal vez esa era la respuesta que necesitaba... El secreto de esa fortaleza... No tenía que ser sólo ella... Y no podía seguir permitiendo que su hermana sola cargara con su propio dolor y el de ellos tres... Había sido suficiente, se levantaría y reuniría al equipo nuevamente.
Volverían a ser un equipo... volverían a luchar juntos y superarían eso y cualquier otra cosa. Después de ese día todo mejoró...
Lo primero era reunir al equipo y una vez juntos se pintó el rostro de una forma muy ridícula y comenzó a decir un montón de frases cliché de súper héroes, su hermana la siguió de inmediato, luego Kousuke, y finalmente Shuuya, sin embargo él sólo lo hacía por complacerlos, su espíritu no lograba recomponerse.
No supo como actuar, pero luego de mucho pensarlo se dio cuenta de que necesitaba charlarlo con él... Tsubomi la había sacado de su depresión, ella debía sacarlo a él...
"Shuuya, ven a mi habitación por favor" le envió un mensaje de texto, él siempre respondía, sabía que iría... Cinco minutos después golpearon su puerta.
–Pasa– le dijo desde dentro. Él entró con su mejor expresión neutra, claramente estaba usando uno de sus disfraces, le fascinaba esa increíble habilidad que él tenía, sin embargo le dolía que la usara para ocultar sus verdaderos sentimientos –. Siéntate– palmeó la cama en la que estaba sentada.
Aún en silencio se sentó a su lado, no la miraba, simplemente estaba allí, esperando por lo que ella necesitaba para ir a encerrarse nuevamente a su habitación.
–Esto... Te trajo muy malos recuerdos... ¿Verdad?– preguntó sintiéndose un poco tonta, ¿por qué nunca podía planear qué diría antes de estar en la situación sin saber qué hacer?
–Adiós– dijo tajantemente bajándose de la cama.
–¡Espera!– exclamó inclinándose hacia delante tomándolo del brazo con ambas manos –¡Lo siento, dije una tontería, pero por favor no te vayas!– le suplicó.
La miró por unos segundos antes de regresar a su lugar en la cama –No te recomiendo intentar consolarme...– murmuró viendo el piso –Tsubomi lo intentó en la mañana... No quiero dañarte a ti también...
–¿Dañar...?– preguntó viéndolo con preocupación –¡No shuuya, ella me dijo que su mano se la quebró hace una semana! ¡Tú no tuviste nada que ver!– intentó tranquilizarlo, comprendiendo que había interpretado todo mal al ver la expresión de horror en el rostro de su hermano.
–¡¿Qué mano?!– gimió dejando caer su máscara. Le dolió tanto ver su estado, sus ojitos rojos por el llanto, su cabello despeinado, su rostro demacrado –¡Dime!– la sacudió al borde de la desesperación.
–Ella... se quebró mientras cocinaba hace unos días...– le contó lentamente, alerta por si él intentaba convertirse en un conejo y escapar por la ventana –¡Pero papá la curó así que no hay de qué preocuparse!
–¡No puede ser!– exclamó él dejándose caer boca arriba en la cama con un brazo cubriendo sus ojos, pero a pesar de eso se notaba que estaba llorando –Soy un idiota... Y encima estaba herida...– sollozaba frente a ella que claramente se había perdido de algo.
Inhaló profundo, su misión era alegrarlo, no hacerlo sentir culpable –¡Tenemos que salir adelante!– exclamó, era casi una orden, él dejó de llorar unos instantes y se descubrió los ojos viéndola con atención –¡Tsubomi se ha esforzado por nosotros todo este tiempo! Ha cocinado, limpiado, y cuidado de todos... Es hora de dejar de lamentarse y cuidar de ella... ¿No crees?– él seguía viéndola –También debemos hacerlo por Kousuke... Por papá...– le sonrió –Y yo estoy haciéndolo por ti... ¿Tú lo harías por mi?
No sabía si había funcionado, pero él se sentó lentamente como si estuviera pensándolo, y luego de unos segundos asintió.
–¡Ahhh así se habla!– le dio un abrazo de oso.
–A-Aún n-no dije na-nada...– murmuró –Aya-no... No pue-do respi-rar...
–Upss...– lo soltó sonriéndole traviesamente –¿Entonces...?
–Lo haré por ti...– asintió viéndola con sinceridad –Por todos...
–¡Te quiero!– volvió a intentar abrazarlo pero él la esquivó dejándola despatarrada sobre la cama.
–¡Yo también hermana, pero por favor! ¡No más abrazos de esos!– le suplicó, segundos después ambos estaban riendo.
–Pero dime Shuuya...– le preguntó luego de un rato, recostada en su cama mirando el techo –¿Qué pasó con Tsubomi?
–Tsk...– se quejó recordándolo –Le dije cosas muy feas... Demasiado feas...– murmuró sin despegar su mirada del techo mientras yacía a su lado en la misma posición que ella.
–Pero... ¿Por qué...?– le preguntó girándose para verlo.
–Porque soy un estúpido...– murmuró frunciendo el ceño –Siempre actúo de esa forma con ella cuando me siento mal... No sé por qué lo hago... Supongo que porque es la única persona que no teme acercarse mi en esos momentos...
–Yo tampoco temo...– Él no respondió, y ella no supo como tomar ese silencio –Imagino que te disculparás...
–¿Y... Si no me perdona?– preguntó él con un dejo de temor en su voz.
–Lo hará– le aseguró –. ¡De hecho esa es tu misión Kano!– se sentó viendo el reloj en la repisa –¡Ohh, es tardísimo! Pero mañana apenas te levantes debes ir y disculparte.
Él se sentó en la cama y le sonrió –Cumpliré con esa misión– le hizo la venia y se bajó de la cama –. Gracias Ayano, eres la mejor, nunca cambies.
–Lo sé– bromeó, y luego de darle otro abrazo de oso lo dejó ir.
Pero la verdad era que ella había cambiado... Había madurado y visto la vida de otra forma, había visto su lado oscuro, pero mientras tuviera a sus queridos hermanos podía salir adelante en cualquier situación...
"Aunque el mañana sea incierto y doloroso mientras mantengamos estas sonrisas seremos familia hoy y siempre"
En esos momentos no era consciente de que aún no había visto ni una ínfima parte de la oscuridad del mundo...
Le hizo extremadamente feliz regresar a la escuela, no porque disfrutara demasiado de las clases, no era un secreto para nadie que no lo hacía en absoluto... Pero reunirse nuevamente con sus amigos era genial, debían estar muy preocupados.
–¡Hola Shintaro!– lo saludó alegremente de pie a un lado del pupitre de su amigo.
–Ah... volviste...– comentó con el desinterés puro plasmado en su voz, su barbilla estaba apoyada en la palma de su mano en señal de aburrimiento.
–¡Si, al fin pude regresar!– asintió sonriendo abiertamente antes de sentarse en su lugar –Ahh... extrañaba la vista...– comentó viendo por la ventana.
Silencio, siempre era así con él, en cierta forma le tranquilizaba saber que nada había cambiado en su relación, sin embargo sería agradable escuchar algunas palabras... Unas pocas... Un simple... "¿Estás bien?" la haría feliz. Sacudió su cabeza haciendo volar lejos esos egoístas pensamientos, él era así, y ella lo quería de esa forma, ¿por qué intentar cambiarlo?
Por simple inercia miró hacia su asiento, temiendo que él se hubiera marchado, entonces sus miradas se encontraron... Por ese breve momento pudo notar cierto destello en ellos... Era como si quisiera decirle algo, sin embargo él volvió a mirar al frente y nunca rompió el silencio.
Bien, si él no lo hacía entonces ella sí –La semana pasada entregaron las calificaciones del examen de matemáticas, ¿verdad?– le preguntó a lo que él asintió con un "Hmm." –¿Otro cien?– volvió a preguntar divertida y él volvió a asentir –Ehmm... ¿Pudiste ver el mío...?– una gota de sudor cayó por su frente.
–¿Estás segura de querer saberlo?
–Pues...– murmuró pensativa –Creo que puedo vivir sin saber algo como eso– volvió a reír.
–Tendrás que retomar tus clases con Haruka– le recomendó.
–Supongo, si...– asintió no muy convencida –Takane y él me visitaron hace unos días...– le comentó viendo la mesa de su pupitre.
–Lo sé...
–No fui capaz de atenderlos como merecían, tal vez estén molestos conmigo...
–No lo están– le aseguró.
–¿Tú crees?– lo miró esperanzada.
–Les dije que era una estupidez ir cuando apenas había sucedido, era lógico que no estuvieras en condiciones de atenderlos...– explicó –En cuanto te vean correrán a disculparse.
¿Eran impresiones suyas o Shintaro había regañado a sus amigos? No sabía que pensar, se le hacía algo tierno y cruel a la vez...
En efecto, a la hora del receso cuando los cuatro se reunieron;
–¡Ayano lo sentimos!– exclamó Haruka haciendo una reverencia –No debimos molestarte en tu casa...
–N-No, claro que no... Fue un lindo detalle– le aseguró.
–¡Lo ves idiota! ¡Ella lo apreció!– escuchó como Takane comenzaba una nueva discusión con Shintaro.
–¡Sólo lo dice por cortesía! Pero no esperaría que una tonta como tú se diera cuenta.
–¡¿A quién llamas tonta?! ¡Imbécil, desalmado y mal agra...!– el insulto de su amiga se quedó a la mitad cuando ella comenzó a llorar. Se sintió una idiota al ver a los tres se congelados en sus posiciones viéndola.
–Estoy tan feliz de haber regresado...– sollozó –¡Los extrañé!– abrazó a Takane quien tardó unos instantes en corresponderle, después de esto Haruka las abrazó a ambas.
–Nosotros también te extrañamos– dijo el chico.
–Si, mucho...– susurró Takane mientras asentía, claramente avergonzada.
Observó de reojo a Shintaro quien los miraba con algo parecido a una sonrisa.
Si... todo había vuelto a la normalidad.
Vivir sin su madre era duro, pero ver a sus hermanos colaborando para hacer las cosas más simples calmaba un poco el dolor que aún medio año después de esa enorme pérdida, seguía presente. Sin embargo había algo que no estaba bien... Había tardado en notarlo, hacía apenas unos días que se había percatado de ello... Su padre estaba muy raro...
Con el tiempo había recuperado casi por completo su alegría y vitalidad, no era raro desayunar escuchando sus chistes, malos según Shuuya, o escuchar de Haruka y Takane acerca de las tonterías que solía hacer en clase... Sin embargo por las noches... Por las noches todo cambiaba...
Él se encerraba en su laboratorio, y no salía hasta el día siguiente. Le preocupaba, su padre no podría dormir bien en ese sitio, ¿y qué era esa investigación que lo tenía tan compenetrado? Cuando le preguntaba él evadía el tema por completo.
Logró verlo algunas veces por la noche, llevándole la cena o simplemente cuando olvidaba cerrar la puerta, y entonces lo notaba... Su actitud, sus gestos, sus movimientos... Todo era diferente, no parecía él... Y esa vez en la cual percibió ese tinte rojo en sus ojos... Ese día palideció sin poder decir palabra.
Al principio pensó que sólo era su imaginación, sin embargo ella conocía demasiado bien esos ojos por sus hermanos... No recordaba que los tuviera antes... ¿Por qué los tenía? ¿Por qué ese cambio de actitud? ¿Por qué desde la muerte de su madre trabajaba noches enteras en su laboratorio?
Algo malo estaba sucediendo, estaba segura de ello, pero no podía hablarlo con nadie... No tenía pruebas, tampoco quería ir contra su padre... Necesitaba averiguar qué le pasaba... Era más que curiosidad... Ella amaba a su padre y quería ayudarlo.
Una mañana él salió más temprano que de costumbre de la casa, por lo que comentó tenía una importante reunión con "EL DIRECTOR", y por supuesto que no se permitiría retrasarse. Si era para ver a sus alumnos unos minutos u horas de retraso no eran gran problema, pero cuando se trataba de EL DIRECTOR era capaz de llegar dos horas antes para asegurarse de no tener ningún inconveniente.
Mientras sus hermanos desayunaban aprovechó a meterse a hurtadillas al laboratorio, ese lugar no tenía secretos para ella cuando su madre vivía, pero ahora permanecía cerrado a todas horas.
Encendió la luz y se sorprendió al encontrar varios aparatos que jamás había visto antes en ese lugar... Desconocía la mayoría de ellos, y los que no, le daban un muy mal presentimiento. Una vez allí no sabía bien qué hacer, no tenía mucho tiempo, sus hermanos la buscarían pronto y no quería que la descubrieran e hicieran preguntas que no podía responder...
Se acercó al escritorio y sólo tuvo que dar un rápido vistazo para que de entre el montón de papeles allí, uno en particular captara su atención.
–¿Por qué papá tiene fotos de ellos?– se preguntó tomando el documento con fotos adjuntas de Haruka y Takane.
Lo leyó por arriba, y lo que leyó no le gustó... Desde la expresión "Sujeto 1" y "Sujeto 2", hasta la definición de sus enfermedades... Pero lo más aterrador fue lo que se encontró al final de la hoja... ¿Por qué su padre tenía una lista de motivos de sus muertes? No era normal que su padre hubiera escrito que un shock repentino o una sobre-dosis de medicación podría matar a Haruka... Tampoco que Takane moriría por envenenamiento o por sufrir un ataque a mitad de una calle transitada.
¡¿En qué demonios estaba pensando?!
Dejó cada cosa en su lugar y salió antes de encontrar algo peor...
Se mantuvo en silencio durante el camino al instituto, y durante todo el día, viendo a sus amigos charlar, pelear y reír... Sentía pánico al imaginar alguna de las posibilidades que había leído, materializándose en ese momento... Ver caer a uno de ellos muerto...
A pesar de todo logró que no notaran su miedo, aunque podía jurar que Shintaro si lo hizo... Pero debían ser impresiones suyas porque él jamás preguntó.
El tiempo pasaba y su miedo aumentaba... Temía por sus amigos, por sus hermanos... Por su padre... Tenía que hacer algo...
Una noche que no lograba dormir escuchó ruidos en la planta baja, salió de su habitación en silencio y comenzó a bajar las escaleras, temía que se tratara de ladrones, sin embargo lo que se encontró fue algo mucho peor... Su padre metía al laboratorio un par de tubos enormes, de desconocida procedencia y utilidad, al menos para ella...
Dos tubos grandes dentro de los que fácilmente cabría una persona...
Se encerró en su habitación antes que él la viera... Después de ese día decidió que no podía simplemente esperar a que las cosas sucedieran, debía hacer algo... Después de todo ella era una heroína... Para sus hermanos al menos...
Averiguaría qué estaba pasando con sus padre, lo detendría antes de cometer una locura y salvaría a todos... Esa era su misión... No quería que nadie interviniera, sin embargo no podía hacerlo sola, necesitaba alguna excusa para poder faltar a clases a fin de quedarse en la casa analizando los documentos que Kenjiro guardaba celosamente bajo llave...
–¡Shuuya!– exclamó, su hermano era increíble, podía disfrazarse a la perfección de cualquiera, la había imitado varias veces, incluso le habían hecho bromas a sus hermanos y ninguno lograba reconocer cual de las dos Ayanos era la verdadera –Le pediré que haga esto por mi durante un tiempo...– murmuró sonriendo, su plan era perfecto.
Esa misma mañana golpeó la habitación de su hermano –¡Shuuya, ¿puedo pasar?!
–¿Ahm... si...?– escuchó la adormilada voz del chico desde dentro, como era de esperar en un fin de semana, él no planeaba despertar antes de mediodía.
Entró y se sentó en la cama mientras él se incorporaba fregándose un ojo –Shuuya...– lo llamó viéndolo con seriedad, a lo que él la observó confundido –Necesito que hagas algo por mi.
–¿Qué sucede, hermana?– preguntó con curiosidad.
–Tengo que... Hacer algo muy muy importante... ¿Podrías cubrirme?
–¿Cubrirte? ¿Cómo?
–Ya sabes... Usar tu disfraz y...
–Quieres que Tsubomi me mate, ¿verdad?– murmuró mientras un escalofrío recorría su espina, la última vez que se hizo pasar por su hermana, el brazo le dolió durante semanas.
–¡No, porque nadie debe saberlo nunca! Será nuestro secreto– se acercó más a él para susurrarle –. Por favor Shuuya... No debes decírselo a nadie, no a Tsubomi, no a Kousuke, y jamás a papá...– hizo énfasis en lo último.
Él frunció el ceño –¿Qué estás planeando Ayano?
Exhaló –Necesito... Averiguar una cosa... Aún no puedo decirte qué, porque no estoy segura de nada, pero en cuanto lo sepa te diré todo, lo prometo.
La miró unos segundos antes de asentir –Está bien, siempre que no sea algo peligroso...
–¡No, claro que no! Descuida, nada malo pasará...– le aseguró.
–Entonces, ¿qué quieres que haga exactamente?
–¡Que vayas al instituto en mi lugar!
–¡¿Que qué?! ¡¿Te volviste loca?! ¡Van a descubrirme! ¡Y también tengo que asistir a mis propias clases!– exclamó alterándose.
–¡Nadie va a descubrirte si lo haces bien, y sé que lo harás! Además no será todos los días, sólo algunos, nos turnaremos– intentó tranquilizarlo.
–¡Pero... ¿Qué haré cuando tenga que hablar con tus amigos?! ¿Y si debo hacer un examen? ¡Será un desastre!
No pudo evitar reír ante la cara de su hermano –Ya has visto a Shintaro, Haruka y Takane, ¿no es así?– le preguntó a lo que él asintió –Sólo tendrás que permanecer a su lado a la hora del almuerzo, me conoces mejor que nadie, no será difícil para ti imitarme...– le sonrió –Y respecto a los exámenes... Sólo no lo hagas demasiado bien y nadie sospechará– rió de manera forzada rascándose una mejilla.
–¿Y si ese tipo, el que te gusta intenta besarte...?– preguntó él viéndola seriamente.
Se sonrojó furiosamente –¿Qui-Quién te dijo que Shintaro m-me gusta...?
Los ojos de su hermano se abrieron más allá de lo razonable –¡¿Te gusta ese?!– sólo entonces se percató de que él nunca había mencionado a Shintaro y ella solita se había puesto en evidencia.
–N-No te preocupes... Confía en mi... Él jamás haría algo así...– murmuró sintiendo su rostro arder.
–¿Y si lo hace?– la miraba de esa forma que la ponía nerviosa.
–No... no lo hará...– negó muy segura.
Luego de unos segundos él volvió a hablar –Meh... supongo que será un poco divertido...– accedió finalmente.
–¡Gracias Shuuya!– lo abrazó con fuerza –¡Eres el mejor hermano del mundo!
Él respondió el abrazo –Sólo no hagas nada peligroso...
–Claro que no...– negó –¿Podríamos comenzar el lunes?
El primer obstáculo fue que la puerta estuviera cerrada con llave, ¿cómo no pensó en aquello? Su padre siempre llevaba la llave encima, era terrible, había fallado su misión antes de comenzar. Estaba a punto de abortar el plan hasta que recordó un importante detalle... Su madre compartía laboratorio con él, tenía que haber otra copia de esa llave. Así que aprovechando la casa vacía, entró a la habitación de sus padres y rebuscó allí...
Le llevó media mañana encontrar la llave y la otra mitad ordenar todo para que su padre no se diera cuenta... El resto de la tarde lo gastó en salir a hacer una copia de esa llave, así que cuando finalmente estaba lista para entrar al laboratorio, la puerta de principal se abrió... Asustada se ocultó en el baño, escuchando voces en el pasillo.
–Creo que te preocupas demasiado Tsubomi– escuchó su propia voz, Shuuya lo hacía increíble.
–¡Se quedó solo en la casa estando enfermo! ¿Cómo no voy a preocuparme?
Ahora lo recordaba, su hermano había fingido sentirse mal para excusarse por no ir a la escuela, entreabrió la puerta y se observó a si misma al pie de la escalera con una mano rascando su cabeza mientras miraba hacia arriba, por donde seguramente Tsubomi acababa de subir.
–Pst...– llamó a su hermano quien miró de inmediato a donde estaba ella –¿Cómo te fue?– le preguntó en voz baja.
–Uff... Terrible, y tu amigo es un idiota...– murmuró él quitándose la máscara y volviendo a verse como su hermano, no necesitaba aclarar a qué amigo se refería –Luego te cuento bien, ahora tengo que arreglar un... problemita...– le mostró una sonrisa forzada y corrió escaleras arriba.
Escuchó los gritos de sus hermanos que venían de la planta alta, discutiendo como siempre, se sintió un poco mal por causarle tantos problemas a Shuuya, pero era necesario... Miró la llave en su mano, no había podido averiguar nada ese día, pero había sido un gran avance... El siguiente día lograría entrar, estaba segura de ello...
El laboratorio estaba lleno de documentos... Miles, y ella no era la persona más lista o rápida del mundo, así que le tomó meses poder leerlo todo a escondidas. Escuchó cada grabación de su padre, esa oscura y profunda voz, que no lograba reconocer, mezclándose con la de Kenjiro le ponía los pelos de punta... Pero tenía que escucharlo y verlo todo... Necesitaba comprender lo que estaba sucediendo...
Cuando al fin logró comprenderlo... Agosto había llegado nuevamente...
Era terrible, aún más terrible que lo que había creído... Su padre no se había vuelto loco, él estaba siendo poseído... Había algo... Una de esas serpientes de las que hablaban los documentos... Esos ojos rojos eran los ojos de la serpiente, sus hermanos también las tenían, pero la de su padre era diferente...
Esa serpiente lo controlaba a su antojo, e intentaba reunir a las otras diez serpientes en la tierra... Sus hermanos, eran tres de ellas, y matando a sus amigos despertaría más...
Todos estaban en peligro, a merced de ese monstruo que estaba usando a su padre para su beneficio... No podía permitir que reuniera a las diez serpientes... No lo dejaría... ¿Pero cómo hacerlo?
Shuuya había cumplido a la perfección con su parte de al misión, y ella tuvo que darle la explicación que había prometido... Pero no pudo decírselo todo... Era demasiado cruel... Sólo le habló del monstruo que poseía a su padre...
–¡Tenemos que hacer algo!– exclamó él una noche en su habitación, últimamente se juntaban casi todas las noches a charlar... Era triste pero ya rara vez compartían tiempo con sus otros hermanos.
–Creo que... Tengo un plan...– murmuró ella –Pero debo hacerlo sola...
–¿Sola...? Ayano ya has hecho mucho sola...– se acercó a ella tomando sus brazos –Si ese monstruo descubre lo que has estado haciendo no sé que podría pasarte... Es demasiado peligroso... ¡No puedes seguir así!– la miraba con sus ojos llenos de lágrimas, él temía perderla.
–Pronto terminará...– le sonrió –Lo prometo Shuuya... Funcionará, y todo volverá a la normalidad...
Él la abrazó temblando –Por favor... Hermana... Por favor no dejes que nada malo te suceda...– sollozó con la cabeza enterrada en su pecho, como si fuera un niño pequeño nuevamente.
–Shuuya...– respondió el abrazo –Tranquilo, nada malo sucederá... Pero necesito que me ayudes una vez más... Sólo una y todo terminará...– le aseguró estrechando el abrazo.
–Prométeme que no nos dejarás nunca...
–Lo prometo, Shuuya...– murmuró con lágrimas en sus ojos, era la misma promesa que tiempo atrás le había hecho a sus otros hermanos, pero ahora sabía que no sería capaz de cumplirla...
Prometer algo que no podría cumplir... Eso la hacía una mala hermana... ¿Cierto?
Ese quince de agosto enfrentó a su padre en la azotea del instituto... Sabía que Shuuya estaba en el edificio, fingiendo ser ella... Era un gran esfuerzo en una fecha tan dolorosa para todos... pero sería la última vez...
El cielo los bañaba con la tonalidad rojiza del atardecer... Al mismo tiempo que los ojos de su padre se llenaban con ese color... Ya no era él con quien hablaba...
–No deberías estar aquí...– fueron las palabras de ese hombre...
–¡Sal del cuerpo de mi padre!– le ordenó con una mano en su cintura y la otra señalándolo mientras su bufanda se mecía con el viento.
–Así que... Lo sabes...– lo escuchó decir con esa sonrisa sádica que le helaba la sangre.
–¡Claro que lo sé!– exclamó –¿Por qué haces esto? ¿Qué podría ser tan importante para sacrificar vidas? ¿Para pisotear sentimientos?– era algo que daba vueltas en su cabeza, algo que no era capaz de comprender.
–Los sentimientos, la vida y los ideales de las personas... Frente a los deseos, nada de eso tiene valor– murmuró él acomodando los lentes.
–¿Deseos...?
–Tateyama Kenjiro... Tu padre. Él tiene un deseo, yo sólo lo ayudo a lograrlo...
–¡Eso no es cierto! ¡Lo único que te importa es tu propio deseo! ¡Y no permitiré que lo consigas!– aseguró decidida.
–¿Ah si...? ¿Y cómo lo harás...?
Corrió hacia el barandal de seguridad de la azotea y se sentó en el...
Dos morían... Uno regresaba con una serpiente... Esa era la regla...
Pero si ese día moría sólo uno entonces... Esa serpiente se quedaría del otro lado... En aquel lugar para siempre...
–Me la llevaré...– murmuró viéndolo con decisión –Si no sales de mi padre entonces nunca podrás reunir a todas las serpientes en la tierra... Mantendré a una de ellas en ese sitio...
Ese era su plan... su tonto y solitario plan...
Si esa serpiente se negaba entonces no conseguiría su cometido, por lo que no tendría sentido asesinar a sus amigos o perseguir a sus hermanos...
Sólo esperaba que funcionara...
–Tal vez no sea un mal plan– la serpiente la observaba fijamente –. Pero no tienes las agallas de llevarlo a cabo...
En ese momento supo que no lo convencería... Mentiría si dijera que estaba preparada para lo que iba a hacer a continuación.
–¡AYANO!– escuchó el grito de su hermano, Shuuya estaba en la puerta observándola aterrado –¡Ayano bájate de ahí por favor!
Debía darse prisa, su hermano había comenzado a correr hacia ella, si la alcanzaba no le permitiría concretar su plan... Y entonces...
La vida de sus amigos...
La cordura de sus padres...
La felicidad de sus hermanos...
Todo estaría perdido...
–Por favor...– le dijo a Shuuya quien se detuvo unos segundos viéndola asustado –Cuida de todos por mi...
–¡¿Qué dices?! ¡Baja de ahí!
–Lamento haber roto mi promesa... Espero que algún día sean capaces de perdonarme...– murmuró dejándose caer hacia el vacío.
–¡AYANO NOOO!– gritó Shuuya corriendo hacia ella con sus manos extendidas, en un inútil intento por alcanzarla.
–Perfecto...– esa palabra salió de su padre, del monstruo que habitaba en él.
Lo último que vio antes de caer fue esa sonrisa de satisfacción, entonces... ¿También estaba manipulándola a ella...? ¿Sería posible que él lo hubiera planeado?
¿Por qué la puerta de su laboratorio estuvo abierta aquella vez? ¿Por qué las fotos de sus amigos estaban sobre el escritorio a la vista? Cuando comprendió que su muerte encajaba perfectamente en los planes de la serpiente fue muy tarde.
Sintió como la oscuridad la tragaba...
Entonces... ¿Así sentía... Morir...?
Continuará.
Desde ya les pido disculpas por el horrible capítulo, no tienen idea de cuanto le temía a narrar esta parte... Pero era necesaria para continuar la historia así que siéntanse libres de ignorarla... En recompensa el siguiente será puro KidoxKano (mentira, aunque sí habrá algo de ello)
Pasando a otras cosas más importantes... ¿Ustedes no creen que Kido merecería un PV? Es decir sé que Mekakushi Code es su PV, pero es más el PV de la líder, no de Kido como persona en si... El PV de Seto por ejemplo muestra mucho de su pasado, el de Kano no tanto pero lo da a entender... El de ella habla sólo del equipo, lo único que hay allí de su pasado es la imagen inicial de ella mirando por la ventana con los juguetes a un lado... No sé, es mi personaje favorito y se me hace poco... Sé que no tiene nada que ver con el fic, pero no conozco a nadie que le guste esta serie, por eso comento por acá.
Ahora si paso a responder comentarios:
Yin-princesa-del-olvido: Quería demostrar todo lo que Kido ha sufrido, el por qué más adelante se convertirá en una persona que rara vez demuestra sus emociones. Debe ser horrible estar en su situación, existir y no existir, ver como poco a poco su familia se aleja o muere... Sin embargo el personaje me gusta demasiado como para hacer que piense en el suicidio, no sé, me hace perder totalmente el respeto a un personaje cuando comienza a plantearse ese tipo de situaciones... (Lo sé, acabo de narrar como Ayano se suicidó, pero no fue un suicidio en sí, fue un sacrificio) Creo que Kido no pensaría en el suicidio, lo que si puede pasar es que deje de cuidar de si misma hasta caer muy enferma... Eso lo veo muy probable... Aunque aún no logro pensar como lo tomará, ninguno de los tres en realidad... Muchísimas gracias por los halagos a mis historias y por el comentario. Besos.
Jeffy Iha: Yo también leí lo del broche de Seto en algún sitio, pero tampoco sé si es canon o no... Y también amo a Kido mamá pato... Me hubiera gustado que tuviera algún patito detrás de ella... Pero ya los tendrá... bah... más que patitos a un grupo de gallinas locas... Pero es algo. Respecto a tu confusión sólo puedo alegar a mi favor que... cof cof... era una casa para gigantes... cof, cof... Si, si ya sé que no tenía sentido, pero necesitaba al condenado banquito allí... el señor Banquito fue mi personaje favorito del capítulo... Y en esos momentos Kido aún no pegó el estirón, eso si... Kano tampoco... pero él nunca lo va a pegar... Hablando de Kano, si estuvo muy feo lo que hizo, pero no era como si pudiera controlarse en esa situación... Y respecto a Ayano y sus extrañas actitudes con Kido... creo que no entendiste un detallito allí... En el próximo se aclarará de todas formas. Francamente me hubiera gustado manejar mejor el tema de Ayano y Kenjiro en este capítulo, pero es lo que hay... como dicen acá. Muchísmas gracias por tus halagos, la verdad es que odio el angst, pero amo el drama, el humor y la ternura, así que intento mezclarlos lo mejor posible... Gracias por leer y escribir, besos.
Muchas gracias a todos por leer.
Próximo capítulo: Sigue mintiendo -Kano-
Hasta la próxima.
Trekumy.
