Notas: Bienvenidos a una nueva parte de este fic denominada "Mekakushi Dan", espero que la disfruten.

Capítulo 18: Jugando a ser la líder.

Nunca había llorado tanto ni tan intensamente, como esa madrugada en ese sofá, rodeada por sus hermanos... Los que quedaban... Lloró y lloró, por Ayano, pero también lo hizo por Ayaka, por su otra hermana, por su padre y por su madre biológica... Todas esas muertes que pesaban en su vida, todos esos duelos postergados por no tener nadie a su lado conteniéndola, dándole tiempo para asimilar la tragedia, llorar y superarla...

Esa fue la única vez que sintió que podía desmoronarse, dejarse caer por un rato... Porque sus hermanos estaban allí para sostenerla, para protegerla...

Hacía varias horas que había amanecido cuando miró a su derecha, Kousuke estaba dormido en su hombro, tan destrozado como ella, lloraba aún en sueños... A su izquierda Shuuya, él estaba despierto y no derramaba una sola lágrima, sin embargo su rostro demacrado, su mirada perdida, su expresión desolada, demostraban que había perdido la mayor parte de su espíritu...

Él amaba a Ayano, y no era sólo un amor fraternal, ella lo sabía... La amaba más que a nadie en el mundo.

Se movió un poco y abrazó a ambos, ellos nunca sabrían cuanto agradecía esas horas que le regalaron para llorar y gritar a su antojo, pero no seguiría así para siempre... De ahora en más volvería a cuidarlos, incluso se esforzaría más que antes...

Kousuke se removió en sueños adaptándose al abrazo, agradeciéndolo con un suspiro. Shuuya no se movió de su posición, ni siquiera la miró, pero ella lo obligó a acercarse aún más, hasta que la cabeza del chico estuvo descansando en su hombro, y entonces se dedicó a acariciar su cabello.

Luego de unos minutos lo sintió temblar y después de eso sollozar, sollozos que aumentaron hasta convertirse en un llanto a gritos mientras se aferraba a su cintura con fuerza... Tal fue el despliegue de emociones que despertó a Kousuke...

Siguieron llorando hasta el atardecer los tres abrazados, en esa solitaria casa...

–¿Qué vamos a hacer ahora...?– preguntó Kousuke en medio del llanto.

–Mantenernos juntos...– respondió ella estrechando el abrazo –¿Verdad Shuuya...?– necesitaba escuchar al menos una palabra de su hermano.

Él asintió –Juntos...


Pero esa promesa duró lo que un suspiro, y el día siguiente volvió a encontrarse sola en esa casa... Su padre no había regresado... Kousuke salió a visitar a su amiga, necesitaba verla. Y Shuuya simplemente se esfumó...

Lo más triste no fue haber quedado sola, frente al altar de Ayano, no fue tener que atender las llamadas de pésame, no fue dejar pasar durante unos minutos a aquellos familiares que fueron a orar frente a la foto de su hermana.

Lo más triste era darse cuenta de lo acostumbrada que estaba a la soledad... A no tener a nadie a su lado...

Los días pasaron uno tras otro, su padre regresó a la casa, sin embargo se encerró en su laboratorio, esta vez durante todo el día, no sólo en las noches, así que no pudo ni siquiera darle un abrazo, o alguna palabra de afecto. Sus hermanos seguían en sus propios asuntos, Kousuke ya casi no pasaba por la casa más que a cenar y dormir, de hecho algunos días ni eso... Shuuya llegaba muy tarde, después de que ella estaba acostada, comía lo que le había dejado en el microondas y volvía a marcharse muy temprano en la mañana, antes de que ella se hubiera levantado.

La estaban evitando... ¿Por qué todos hacían eso...?

Se refugió en los labores de la casa... Si ella no cocinaba nadie comería, si ella no lavaba nadie tendría ropa que ponerse... Si ella no se ocupaba de la limpieza ellos enfermarían...

Sabía que no era verdad, sabía que la vida de sus hermanos estaba fuera de la casa, sabía que su padre era perfectamente capaz de salir del laboratorio y prepararse algo si lo necesitaba... Lo sabía, pero necesitaba un motivo para levantarse cada día...

Necesitaba sentir que estaba haciendo algo para su familia... Que ella aún era útil... Que aún podía ayudar en algo...

Que cuando Ayano desapareció de sus vidas no se rompió todo lazo que la uniera con ellos y si ahora la veían caminar por la calle ni siquiera se molestarían en saludarla...

Pero mantener esa mentira cada vez era más duro... Kousuke pasaba cada vez más días seguidos en casa de Mary... Su padre ya no comía su comida, prefería salir de la casa a deambular por ahí, seguramente comía algo afuera, lo mismo que Shuuya, ya que al despertar por la mañana encontraba la comida en el microondas, intacta como se la había dejado la noche anterior...

Entonces dejó de cocinar...

La casa tan vacía permanecía impecable, dejó de encontrarle sentido a limpiar sobre lo limpio, así que dejó de hacerlo... Y eventualmente cualquier tarea que realizara perdió sentido... Su propia existencia lo perdió...

Esa voz en su interior se lo había gritado muchas veces...

No dejes que te vean... El mundo es demasiado brillante y a la vez está lleno de oscuridad, es demasiado feliz y cruel... El mundo no es para ti... Ocúltate... Escóndete... Desaparece, desaparece, desaparece...

Eres nada...

Tu existencia es sólo una ilusión...

No supo cuanto tiempo pasó... Ella simplemente se quedó en el sofá frente al altar de su hermana y madre, oculta a los ojos de todos, sintiendo como rara vez alguien pasaba detrás de ella sin notarla... Ellos saludaban a su hermana y su mamá, pero nunca a ella... Sentía que estaba mal, pero deseaba que la vieran, que la notaran, que alguien la buscara... Aún sabiendo que eso no sucedería.

En algún momento, la imagen frente a ella, esas fotos de las dos mujeres que tanto había adorado, se volvió más y más oscura hasta que finalmente el color negro lo cubrió todo.


Escuchó un fuerte pitido, era molesto, quería que se callara... Abrió sus ojos en un intento por encontrar el origen, pero le costó bastante trabajo hacer eso, y cuando lo logró sólo veía blanco...

Su visión estaba muy nublada, así que intentó frotarse los ojos, pero al mover un poco su brazo, que parecía que pesaba una tonelada, sintió claramente algo clavado en él.

–¡Ughh!– ese sonido gutural no se parecía en nada al grito que intentó dar, había algo en su boca...

¿Qué estaba sucediendo?

–¡Tsubomi!– ese era su nombre... Recordaba esa voz, pero no podía recordar de quien era, sólo el sentimiento de alivio que le transmitía –No te muevas, necesitas descansar.

Se quedó largo rato observando ese bulto borroso que se había colocado en su campo de visión, poco a poco sus ojos lograban volver a enfocarse y su cerebro lograba extraer trozos de memorias que al unirlos no lograba encontrarles sentido, pero no había duda, ese frente a ella era Shuuya...

–Jeje...– se rió él viéndola con una sonrisa tan amplia, que era obvio que mentía –Parece que la pequeña Tsubomi olvidó cuidar de si misma estos días– comentó juguetonamente –. ¿Qué esperabas lograr? ¿Volverme loco?– ese inconfundible tono de molestia se deslizó entre sus palabras.

Pero no le dio importancia, al menos había logrado entender un poco lo que sucedió, no había sido su intensión, simplemente había olvidado comer, dormir o moverse... Se asustó al darse cuenta de aquello, ¿tan grave fue su depresión? ¿Por qué tenía un respirador artificial? ¿Por qué estaban todos esos aparatos conectados a ella? Lo miró aterrada, sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

–¡Oh...! Está bien Tsubomi, lo siento, no volveré a regañarte– se recargó sobre la cama sonriéndole –. Iré a avisarle al médico que despertaste para que te revise... Tal vez hasta puedan quitarte el respirador... Aunque callada y quieta te ves tan linda~~.

Hizo todo lo que podía con su cuerpo entumido y su boca atrapada en esa cosa... Lo miró con deseos de matarlo.

–¡Jajajaja!– comenzó a reír él como si le hubiera hecho cosquillas –¿Lo ves? De esta forma no puedes golpearme– comentó a lo que ella comenzó a sacudir su cuerpo en un intento por moverse y demostrarle lo contrario –. ¡Ya ya!– exclamó no tan feliz tomando sus brazos –¡Era broma! En serio Tsubomi, no te muevas, podría hacerte daño...– murmuró viéndola preocupado.

Lo vio salir, estaba muy raro... ¿Por qué demonios estaba usando su máscara? ¿Quería ocultar que seguía dolido por la muerte de Ayano? ¿Para qué...? ¿Por qué ocultárselo a ella...?

El médico la revisó y le quitó el respirador, pero las demás máquinas seguían conectadas a ella... ¿No podían quitarle al menos la apestosa aguja en su brazo? Odiaba las agujas...

–¡¿U-Una... Se-mana...?!– preguntó de una forma muy torpe, como si hubiera olvidado hablar.

–Podría ser más, depende de como evolucione su estado– asintió el médico escribiendo algo en su historia.

Se quedó en silencio, pero mientras el médico hablaba con Shuuya sobre un par de cosas que no le interesaban en absoluto, ella miraba hacia la puerta trazando un plan de acción, en cuanto pudiera moverse se escaparía.

–¿Escuchaste lo que dijo?– preguntó su hermano acercándose a la cama una vez que el médico se marchó, a lo que ella lo miró interrogante –Dijo que debes intentar volver a comer muy de a poco, si te fuerzas tu organismo lo rechazará, pero hasta que no "aprendas" a comer nuevamente no te dejarán salir de aquí– le explicó sonriéndole para luego verla con un brillo de picardía en sus ojos –Y a eso que estás pensando... ¡No!

–¡¿Co-Cómo...?!– intentó preguntar.

–¡Jajaja!– rió con ganas –No necesito ser Kousuke para leerte a la perfección.

–¡I-Idio...!

–¡Pff...!– exclamó haciéndose el molesto –Esa fue tu primer palabra, ¿verdad?

–Ca-Calla...te...– murmuró enojada mirando a otro lado, pero no sirvió de mucho ya que él rodeó la cama y se le apareció enfrente sonriendo.

–Ahora que puedes hablar, ¡¿me explicarás qué demonios pasó por tu cabeza para que un día se te ocurriera la genial idea de dejarte morir?!– a pesar de su sonrisa elevó la voz hasta casi gritarle las últimas palabras.

–Y-Yo...– murmuró esforzándose por no llorar –No había... Na-Nadie... Así que no tenía sentido co-cocinar o hacer cualquier o-otra cosa...– intentó explicarlo de la forma más resumida que se le ocurrió.

–¡Tenías que cocinar para ti, tonta!– exclamó borrando su sonrisa, pero entonces su expresión de molestia cambió a una de confusión –¿Cómo que no había nadie más...? ¿Y Kousuke...?

–Él ya n-no está viviendo en la casa...– murmuró –Di-Dijo que pasaría unos dí-días con Mary...– Lo vio ponerse una mano en el rostro y negar –¿Shuuya... Tú dónde...?

–Lo siento...– murmuró sin dejarla terminar –Necesitaba salir, pensé que ambos estaban en la casa así que no sería problema– recargó sus codos en el colchón y le sonrió con tristeza –Supongo que Kousuke pensó lo mismo... Por cierto, él vendrá a verte en cuanto salga del trabajo...

–N-No... Yo lo sien-to...– murmuró dejando que las lágrimas cayeran –Me comporté co-como una tonta... S-Sólo les di más preocupaciones...

–Pero ya todo está bien, te recuperarás y todo volverá a la normalidad– le acarició el cabello sonriendo.

Ella asintió respondiendo la sonrisa, se sentía bien la compañía, y fue mejor aún cuando Kousuke llegó y luego de disculparse hasta el cansancio los tres pudieron charlar tranquilamente, como en los viejos tiempos...


Hacía dos días que estaba nuevamente en casa, sus hermanos continuaban con sus actividades usuales, pero se esforzaban por llegar a la hora de la cena, y no se iban hasta desayunar los tres juntos, por lo que la soledad no se sentía tanto. Esa noche después de cenar Shuuya fue a darse una ducha y Kousuke a mirar algo de televisión mientras ella limpiaba la cocina, en ese momento entró su padre.

–Tsubomi, mi pequeña niña...– la saludó acercándose y abrazándola por detrás.

–¡Ahh!– chilló asustada para luego girar –¡Papá...!– lo miró fijamente, desde la tragedia no había vuelto a ver su rostro –¿Cómo estás...?– preguntó con suavidad, ese hombre había perdido a toda su familia de sangre, debía ser demasiado duro para él.

–Mejor, y... Lamento no haber ido a visitarte al hospital, pero me alegra que estés mejor.

–No te preocupes por eso– le sonrió –. Sobró algo de la cena, ¿quieres que lo caliente?– le ofreció.

–¡Claro, me encantaría!– le sonrió él yendo a sentarse.

Calentó la comida y se la sirvió, amaba a su padre, pero se veía raro... No podía especificar qué le sucedía, pero sentía como si estuviera hablando con otra persona.

–Aquí tienes...– puso el plato sobre la mesa de la cocina frente al hombre, había sufrido mucho, seguramente a eso se debía ese cambio que ella había notado –¿Volverás al trabajo?

–Si, la próxima semana– asintió él comiendo.

–¡¿Qué haces aquí?!– exclamó Shuuya desde la puerta, observando a su padre con una mezcla de sorpresa y... ¿Molestia?

–Estoy en mi casa...– dijo él sin dejar de comer –Por cierto cariño...– volvió a dirigirse a ella, ¿desde cuando la llamaba así? –Mañana podríamos ir al cementerio, a visitar las tumbas.

–Ahm... si...– asintió viendo de reojo como Kano caminaba hasta su lado y se quedaba allí de pie viendo a Kenjiro seriamente –Podríamos ir los cuatro...

–Sería grandioso, pero tus hermanos tienen sus asuntos afuera, y como nosotros pasamos todo el día juntos en la casa...– tal vez fue una impresión suya, pero las últimas palabras sonaron especialmente sombrías.

–E-Está bien...– murmuró nerviosa, sintiendo como la mano de su hermano que estaba apoyada en el respaldo de su silla, se tensaba.

–¡Tsubomi!– exclamó Shuuya sonriéndole –El baño está libre, ¿por qué no tomas una ducha?

–¿Ahh...? S-Si...– asintió levantándose –Hasta mañana papá– se despidió antes de huir de la cocina.

No necesitaba bañarse, pero agradeció la excusa para poder salir de ese ambiente tan tenso.


El día siguiente unos golpes en la puerta de su habitación la despertaron, algo adormilada fue a abrir, y antes de que pudiera reaccionar Shuuya entró y cerró la puerta.

–¡Tenemos que hablar!

–¿Ahh?– se sentó en la cama intentando despertarse –¿No es muy temprano aún...?

–¡Si, pero necesito que me ayudes a encontrar un buen lugar donde vivir!– exclamó con una sonrisa de oreja a oreja, y eso fue muy efectivo para despertarla.

–¡¿Te vas a mudar?!– gritó parándose –¡¿Quién es ella?!– preguntó señalándolo.

–¡Si!– asintió a la primer pregunta pero se quedó viéndola confundido cuando ella preguntó lo segundo –¿Ella?

–¡Si, la chica esa con la que vas a mudarte!– asintió intentando que él no notara lo afectada que se sentía –¡Necesito saber nombre, edad, ocupación, cuanto tiempo has salido con ella, y...!– se acercó tomándolo de la ropa y comenzando a zarandearlo –¡¿Por qué demonios no me dijiste nada?!

Sin dudas no se había mostrado para nada afectada.

–¡E-Espera!– tomó sus brazos y la obligó a sentarse –¡No hay ninguna chica! ¡Nos mudaremos los tres! Kousuke, tú y yo...!– aclaró.

–¿Eh...?– murmuró teniendo problemas en comprenderlo –¡¿Y quién demonios te dijo que aceptaré tal cosa?!

–¿No quieres cumplir la voluntad de nuestra hermana?– preguntó arrodillándose frente a ella con una sonrisa.

–¿Qué voluntad...?

–¡Seguir adelante con nuestra organización secreta!– exclamó alegremente –¡Usaremos nuestros nombres clave, nuestros uniformes, incluso tendremos una base secreta!– se veía muy emocionado.

–Shuuya... Ya no tenemos ocho años...– murmuró.

–¡No más Shuuya, a partir de hoy soy Kano!– exclamó poniéndose de pie mientras se señalaba, recién se daba cuenta de que él llevaba aquella chaqueta que su hermana le había regalado –Tsubomi...– suavizó su mirada –¿No estás harta de todo esto...? ¿No te gustaría ser Kido, la integrante de una pandilla que ayuda a las personas y resuelve misterios?

–¿Qué misterios...?

–Este...– señaló sus ojos rojos –Creo que somos lo suficientemente grandes como para investigar qué es lo que nos hace lo que somos... Nadie más lo entendería y lo sabes...– sonaba muy tentador, una nueva identidad, una nueva actitud y algo más que uniría a los tres, pero aún había cosas que no terminaban de encajar.

–¿Y no podemos hacer todo eso desde aquí?– preguntó.

–¡No! ¡Tenemos que irnos! ¡Necesitamos nuestro lugar!

–Después de todo lo que sucedió no podemos dejar solo a papá...– murmuró viéndolo a los ojos, esperando que él comprendiera.

–Tsubomi...– exhaló volviendo a arrodillarse y tomando sus manos –No puedo explicártelo muy bien pero... Tenemos que irnos... Confía en mí... Nuestro tiempo en esta casa se terminó... Construyamos nuestra nueva vida lejos de aquí...

Se veía sincero, a pesar de tener puesta su máscara desde que entró... Ella quería confiar en él... Después de todo Shuuya, Kano, o como quisiera llamarse ahora... Era su hermano, listo, siempre buscando hacer sentir bien a quienes amaba... Si estaba proponiendo tal locura debía haber un buen motivo.

–¿Cómo pagaremos un alquiler? ¿De qué viviremos? No esperarás que papá nos de dinero luego de abandonarlo...

–Tranquila, anoche lo hablé con Seto– le sonrió –, él dice que lo que gana será suficiente para un alquiler barato y algunos víveres...

–¿Algunos?– preguntó ella levantando una ceja –¿Tienes idea de cuánto cuesta mantener una casa?

–No...– rió nerviosamente –Y tú tampoco... Pero tranquila, si hace falta buscaremos la forma de conseguir dinero... Todo saldrá bien, lo prometo– le sonrió.

–¡Pero tú tendrás que decirle a papá!– exclamó alejando sus manos de las de él para cruzarse de brazos.

–¡¿Eso es un si?!– preguntó emocionado.

–¡No lo digas así que parece que nos hubiéramos comprometido!– exclamó sonrojada recibiendo el abrazo de su hermano.

–¡Tsubomi, no Kido, eres la mejor!

–Bueno, bueno ya... Bajemos o Kousuke no podrá desayunar antes de salir a su trabajo– se levantó pero él no la soltaba así que tuvo que empujarlo un poquito fuerte...

–Eres muy cruel...– murmuró él después de chocar con la pared, mientras la seguía arrastrándose.


Estuvieron todo el día buscando alquileres baratos hasta encontrar uno que se ajustaba a su presupuesto...

–Iughh...– murmuró al observar el lugar.

–¡Es perfecto!– exclamó Shuuya con sus brazos extendidos –¡Ahhh, ¿qué fue eso?!– saltó a sus brazos señalando una rata que buscaba algún rincón donde esconderse.

–Lo odio...– murmuró ella con él en brazos antes de dejarlo caer y meter sus manos en el bolsillo delantero de su chaqueta.

–Pero... Sólo para esto nos alcanza...– murmuró él levantándose y poniendo sus pantalones por dentro de las botas sólo por si acaso.

Exhaló, y miró alrededor intentando encontrar algo bueno –Al menos tiene muebles... Y dos habitaciones... Aunque no hay ventanas, ventilación y debemos exterminar las alimañas antes de cambiarnos.

–¿Entonces rentamos este lugar?– le preguntó viéndola con emoción a lo que ella asintió resignada –¡Genial! Pero exterminemos las ratas antes que Seto las adopte como mascotas– No pudo evitar reír y darle un par de palmaditas en la cabeza –¿Y eso por qué...?

–Por nada– se encogió de hombros –. Supongo que me recordaste un poco al Shuuya de cuando nos conocimos...– comentó saliendo del lugar.

–¡¿Recuerdas cuando me regalaste una flor y me diste un beso en la mejilla?!– preguntó corriendo tras ella hasta alcanzarla –Aquí no hay flores, pero aún puedes... Ya sabes...

–No tientes tu suerte...– murmuró sombríamente.

–¡Pero, ¿qué tiene de malo lo que dije?!

–Cierra la boca...

–Pero... ¿Y mi beso?

Odiaba que se pusiera tan insistente, pero no era nada que un buen codazo en las costillas no resolviera.

–Ugh... ¿Por qué siempre termino así...?– preguntó retorciéndose en el suelo.


La despedida fue dura, Kousuke y ella abrazando a su padre, mientras Shuuya por algún motivo los observaba desde una distancia prudencial.

–Te vamos a extrañar, papá...– murmuró Kousuke con lágrimas en los ojos, ella se limitó a asentir separándose del hombre.

–También yo...– murmuró éste –Cualquier cosa que necesiten sólo tienen que llamar... ¿Quieren algo de dinero?– les ofreció, se sentía mal por dejarlo solo, se lo había cuestionado innumerables veces esos días, pero siempre llegaba a la misma conclusión; no se separaría de sus hermanos.

–No es necesario– murmuró Shuuya dándose la vuelta –. Vamos o perderemos el autobús... Hasta pronto, viejo– se despidió levantando su mano y salió de la casa.

–Vendremos a visitarte muy a menudo– le sonrió ella –. Cuídate papá...– después de decir eso se marchó cargando su bolso.

–¡Hasta luego papá!– se despidió Kousuke sonriendo aunque con lágrimas en sus ojos.

–Sean felices, hijos...– escuchó las palabra de su padre antes que él cerrara la puerta.


Caliente...

Sofocante...

Oloroso...

Esos eran solamente unos pocos adjetivos de todos los que describían ese lugar... Su nuevo hogar...

Eran los primeros días de setiembre cuando se cambiaron, el verano no terminaba y el sol seguía calentando la ciudad, y más aún un departamento pequeño, sin ventilación o refrigeración... Sin contar que su uniforme consistía en una sudadera muy abrigada.

Se miró al espejo, era un estilo masculino como los que acostumbraba usar, pero este era más cool... Su nuevo uniforme, el cual consistía en su usual sudadera combinada con unos pantalones y zapatillas altas. Para refrescarse un poco arremangó las piernas del pantalón, sin embargo aquella fea marca en su pierna derecha, esa evidencia de aquel incendio que quería olvidar, quedaba a la vista, así que volvió a bajar el pantalón de ese lado... Si alguien preguntaba diría que llevaba el pantalón así por motivos de estilo.

Y hablando de estilo, llevando esa sudadera sería estúpido no usar el ipod que su padre le regaló, así que lo metió en su bolsillo...

Volvió a mirarse al espejo, estaba lista al menos en apariencia para convertirse en Kido, la miembro de una pandilla, fuerte, fría y valiente... Nada que ver con la Tsubomi débil y asustadiza.

Tsubomi había muerto, Kido tomaría su lugar.

Salió de su habitación encontrando a sus hermanos en el espacio al cual llamarían sala.

–No entiendo por qué debo ser yo quien duerma en el sofá...– murmuró Kano de brazos cruzados.

–Porque lo sorteamos y saliste perdiendo– explicó Seto –, además serán sólo unos días, hasta que ahorremos lo suficiente para comprar otra cama.

–¡No es justo, sabías que yo sacaría tijera!

–Ya deja de quejarte– intervino ella deteniéndose frente a ambos –. Tú nos trajiste aquí, así que serás tú quien duerma incómodo unos días.

–Arghh...– se quejó –Y yo que les tenía una gran noticia...

–¿Noticia?– preguntó Seto viéndolo con interés.

–No me interesa– murmuró ella sentándose en el sofá poniéndose los auriculares pensando en que uno de esos días tendría que descargar algo de música, si sus hermanos se daban cuenta de que se ponía los auriculares sólo para hacerse la interesante quedaría en ridículo.

–Tenemos nombres clave, tenemos guarida secreta... Ahora debemos tener número de miembro como en cualquier club que se respete– comenzó a decir él con su usual falsa sonrisa.

–¿Número de miembro...?– preguntó Seto viendo a su hermano con curiosidad –¿Tú serás el uno?

–Jajaja, claro que no, la primera en llegar al orfanato fue nuestra querida Kido– comentó sentándose en el sofá y abrazándola, ganándose un codazo –. P-Por lo tanto e-ella será la nu-número uno...– terminó de decir con dificultad, recomponiéndose a los pocos segundos –¡Y también nuestra líder!

–¡¿Que yo qué?!– exclamó ella viéndolo sorprendida mientras él asentía con su sonrisa de oreja a oreja –¡¿Por qué yo?!

–¿Prefieres que sea yo quien decida nuestras misiones?– se señaló a si mismo.

Ni lo pensó –¡Claro que no! ¡Eres capaz de llevarnos a hacer alguna estupidez!– no creía eso realmente, pero en su nueva personalidad no demostraría una pizca de debilidad, y para ella admitir que confiaba en él, era debilidad –Pero... ¿Y Seto? Él tiene un trabajo y es el más maduro de los tres...

–No...– negó Kano viendo a su hermano –Le falta actitud.

–¿Actitud...?– preguntó Seto sin saber como tomarlo –Bueno... Yo también creo que Kido será una gran líder, ella siempre ha cuidado de nosotros...– le sonrió con dulzura –Entonces Kano será el número dos y yo...

–¡El número dos es Seto!– lo interrumpió –Porque fue la segunda persona que conocí.

–O sea que todo esto se centra en ti– murmuró ella viéndolo de reojo, ¿tú serás el número cero o algo?

–Nop~~– negó alegremente –Yo seré el número tres, la número cero será Ayano, la fundadora de esta pandilla.

Seto y ella guardaron silencio, si él lo quería así le darían gusto.

No era el lugar perfecto, no era la situación ideal, uno de sus hermanos tendría que trabajar duramente para mantenerlos, el otro no hacía más que mentir y ocultarse de todos tras esa máscara que se había inventado, y ella misma se estaba esforzando por fingir ser alguien que no era... Pero al menos continuaban los tres juntos, sólo esperaba que Ayano, desde donde fuera que estuviera viéndolos... Se sintiera feliz.

Continuará.

Hola gente, ¿cómo va todo? Espero que les haya gustado el capítulo, aunque fue un poco raro, pero al menos ya vamos a cortarla un poco con el drama capítulo tras capítulo... Se vienen tiempos de paz, cortos pero se vienen.

Respecto a lo que hacer con el fic, la verdad aún no sé... Me tienta demasiado llevarlo por una única línea temporal alterna, creo que sería un buen desafío, porque la verdad los subtítulos del anime que vi no se veían bien y no entendí un cuerno... Además siempre que intento contar un evento de la historia cometo errores... Eso si, si es una ruta alternativa necesariamente será un bad ending...

Paso a responder comentarios:

LeekLoverOtakuKawaii: Yo también pensé en un principio que Kano sólo era un idiota, pero en realidad es un gran personaje con un pasado muy turbio. Y a partir de ahora por unos capítulos no será tan dramático así que podrás leer tranquila xD. Muchas gracias por el comentario. Besos.

Jeffy Iha: Me gustó la parte en la que Azami le gritaba que no les había dado sus poderes para eso... Me la imagino gritándoselo a Kano todo el día, y finalmente dándose por vencida y llamando por teléfono a Kuroha diciéndole; "¿Sabes qué...? Mátalos a todos de una vez...". Y creo que Takane/Ene y Kano harían un dúo dinámico... Casi siento lástima por Shintaro... casi... Y estoy de acuerdo en que tirarme a hacer múltiples líneas temporales sería solo para dejar el fic por la mitad, por lo cual elegiré una sola, pero no será la del anime por lo que expliqué arriba. Gracias por tu consejo. Y me encantaría que algún día se explique mejor el como Kano se une a la misión, porque a fin de cuentas yo lo veo como un chico que ama a su hermana y la protegería con su vida, pero a veces pierdo de vista que era un niño pequeño que fácilmente se emocionaría con esa misteriosa misión secreta... Muchas gracias por el comentario, besos.

Ryuunoko: Perdón por justo hoy no haber actualizado en la madrugada... Lo que sucedió en la azotea es tan triste como lo que pasará cuando Kuroha los mate a todos u.u... Me alegra que te guste como hice a Kido, espero que no te haya decepcionado en este capítulo... La verdad me parecía que con la muerte de Ayano debía superar todo lo que sufrieron con las demás tragedias, me costó un poco pero al ponerme en su rol esa parte casi se escribió sola. Me alegra no ser la única quejándose por el PV de Kido... Cuando dijiste que metí parte de la canción de Kano tuve que ir a escucharla de nuevo... Así que se ahí saqué el; "Sigue mintiendo", no lo recordaba cuando lo escribí. Intentaré hacer una ruta alterna, y como tal será un bad ending, una de esas líneas temporales que se perdieron en el loop... Será doloroso, pero no tanto... Y no, no seguiré por la línea en la que matan a Kido... (No la que sale en el manga la menos) Muchas gracias por comentar, besos.

Margarita: Lo siento por lo del nombre, era una referencia a una traducción en joda del Soul Blazer que nunca más volví a encontrar, pero me alegra que lleves ese nombre con orgullo... La referencia a Los Simpsons me mató, me imaginé tan bien esa escena xD. Respecto a la escena de la azotea siempre tuve esa duda... Iba a hacer que se lo llevaran a la morgue y lo metieran en la heladera con la etiqueta en el dedo gordo del pie... Más traumas para Kano nunca vienen mal, pero tenía que sacarlo de allí antes de que lo abrieran para la autopsia, y habría sido un lío que el cuerpo desapareciera... Así que me aproveché de los poderes manipuladores de la serpiente, me encantaría ver como se resolvió en el canon... Gracias por el comentario, saludos.

Espero que les haya gustado el capítulo.

Siguiente capítulo: Todo por mis hermanos -Seto-

Hasta la próxima.

Trekumy.