Capítulo 20: Doble agente.
No quería mentir más... Y apenas era el comienzo...
Pasaba todo el tiempo que podía fuera de la casa, no quería tener que ver a sus hermanos y seguir mintiéndoles respecto a sus salidas...
Y por supuesto jamás les hablaría de las atrocidades de las que era testigo al seguir las órdenes de ese monstruo que les había robado a su padre... No podía contarles que lo había ayudado a meter a la casa los cuerpos sin vida de dos amigos de su hermana... Ese par de chicos que en su pequeña misión fingiendo ser ella había aprendido a querer...
Eso fue extremadamente doloroso... Y le hizo darse cuenta de que esa cosa iba en serio...
Si decía algo, esa cosa tenía toda la sangre fría necesaria para matar a sus hermanos...
Sin embargo todos sus esfuerzos se fueron por la borda cuando una noche encontró a Tsubomi desmayada en el sofá... Él y su hermano la habían descuidado, Kousuke tendría sus motivos y él tenía los suyos... Pero eso no los hacía menos culpables, así que no tuvo alternativa... Se quedaría al lado de sus hermanos y mentiría hasta llegar a creer sus propias mentiras.
Una noche casi sufre un infarto al ver a su padre en la cocina charlando con Tsubomi, durante el día su padre volvía en sí, si recordaba o no lo que hacía estando poseído era un misterio para él, pero por las noches se volvía un ser peligroso y despiadado, demasiado listo para ser engañado, demasiado despiadado para querer a alguien...
Y lo peor de todo... Inmortal...
Ese monstruo había sido muy claro respecto a ello... Su padre era un cuerpo temporal en el que alojarse, si él llegaba a intentar alguna estupidez, podía entrar a su propio cuerpo y asesinar a sus hermanos con sus propias manos mientras él observaba sin poder evitarlo... Tuvo pesadillas con aquello durante varias noches...
Logró que Tsubomi se alejara de su "padre", cuando ambos estuvieron solos en la cocina éste habló.
–Acabas de arruinar una bonita escena entre padre e hija...
–No vuelvas a acercarte a mis hermanos, yo hago lo que me pides así que cumple con tu parte del trato– le exigió.
–No le hice ningún daño... De hecho creo que le caigo bien... Podría...– dijo lentamente mirando hacia la puerta donde segundos antes ella desapareció –Aprovecharla... Después de todo ella haría cualquier cosa que su padre le pidiera.
Se le heló la sangre al escucharlo decir eso... Ese maldito perfectamente podía ordenarle que saliera de la casa por alguna estupidez y aprovecharse de sus hermanos, tenía que alejarlos de él... Necesitaba sacarlos de esa casa.
Se marchó sin decir palabra, pensando en alguna solución, tenía que llevárselos sin decirles que su padre era peligroso y capaz de matarlos o hacerles algo mucho peor en cualquier momento. Al llegar a su habitación y dar vueltas alrededor en busca de alguna idea, esa vieja chamarra, aquella que Ayano le había regalado y que descansaba en su perchero como un preciado recuerdo de ella... Hizo que su mente se iluminara.
¡Eso era! ¡Era perfecto a muchos niveles! ¡No sólo los sacaría de la casa con la excusa de una base secreta! ¡También podrían dedicarse a investigar qué estaba pasando con esos ojos rojos que les daban poderes y habían vuelto loco a su padre! ¡También estarían cumpliendo el sueño de Ayano! ¡Y por si eso fuera poco le daría algo de emoción a la aburrida vida de dos chicos de catorce que en lugar de salir a divertirse se pasan todo el día trabajando, uno fuera de la casa y la otra dentro!
Sabía que habría más beneficios, pero con esos que pensó era suficiente para armarse de valor y convencer a sus hermanos... No fue fácil, si le hubieran ido a él con el cuento de la base secreta habría sido el primero en negarse, pero tampoco fue tan difícil como pensó... No sabía si sentirse bien o mal al darse cuenta de que sus hermanos seguían confiando en él a pesar de sus descaradas mentiras...
Eran demasiado buenos con él... No los merecía...
El mismo día que llegaron a su nuevo hogar, recibió un escueto mensaje de su "padre".
"11:00 PM Plaza pública Nro 5."
Acudió al lugar a la hora indicada, esa plaza estaba bastante cerca de su nuevo apartamento, ese maldito ya sabía donde estaban viviendo. Esperó no más de un minuto antes de que ese hombre se apareciera frente a él, con sus ojos destellando en rojo y esa sonrisa macabra.
–No te di permiso de llevarte a mis queridos hijos lejos de mi...– murmuró sombríamente.
–Tampoco me dijiste que no lo hiciera así que no cuenta como una desobediencia– comentó él sonriendo burlonamente, de a poco comenzaba a acostumbrarse a usar su máscara en cualquier momento, aún cuando estaba asustado.
–¡No juegues conmigo niño!– le gritó ese monstruo antes de darle una patada en el estómago que lo dejó en el piso retorciéndose.
–Gol-peas como ni-ña...– murmuró levantándose con dificultad, no era una mentira, ese golpe tenía una fuerza parecida a los que Tsubomi le daba cuando estaba realmente molesta.
Ese monstruo lo obligó a cerrar la boca al golpearlo con el mango de su revólver, por poco no le tiró un diente, pero claramente pudo ver su propia sangre cayendo en el pasto. Sin darle tiempo a reaccionar sintió como era tomado por el cabello y elevado varios centímetros en el aire antes de recibir un rodillazo en el estómago que lo obligó a escupir aún más sangre.
–Espero que esto te sirva de lección– murmuró el hombre dejándolo caer –No vuelvas a pasarte de listo conmigo...– le advirtió antes de marcharse dejándolo en medio de esa plaza retorciéndose de dolor.
El camino a casa fue duro, tanto que al llegar finalmente no tuvo fuerzas de hacer otra cosa más que dejarse caer en el sofá, con una mano en su estómago y otra en su boca en un vano intento por que la sangre no manchara nada.
No supo en qué momento se durmió, pero al despertar se giró hacia un lado adolorido y molesto, se quedó por unos segundos en esa posición esperando que el dolor disminuyera, y entonces notó que no estaba en la sala de la base... Ni siquiera estaba acostado en un sofá...
Se sentó confundido y observó a su alrededor –Tsubomi...– susurró reconociendo la habitación.
¿Qué hacía allí? ¿Dónde estaba ella? Se tocó la boca y sintió un apósito allí, justo donde tenía el corte... Levantó su remera y pudo notar que alguien untó de crema esos horribles hematomas que dejaban en vergüenza a sus antiguas heridas.
Cuando dormía le era imposible mantener su máscara... Ese era un gran contratiempo, y ahora que Tsubomi sabía que él estaba herido haría demasiadas preguntas incómodas que él no podría responder...
Se levantó tomando su chamarra del respaldo de la única silla en la habitación y caminó lentamente hasta la sala. Tal como lo esperaba ella estaba durmiendo en el sofá en su lugar... No sabía que hacer, si la despertaba le preguntaría y su cerebro adormilado y muy ocupado en enviar señales de dolor a todo su cuerpo, aún no había pensado una buena excusa. Por otro lado no quería que su hermanita, luego de haber cuidado de él en plena madrugada, durmiera incómoda en ese sofá...
–Tsubomi, despierta...– la llamó con suavidad moviéndola un poco.
–Kido...– lo corrigió ella abriendo sus ojos –¿Duele mucho...?– se sentó viéndolo adormilada.
–Un poco, pero gracias por curarme– le sonrió, a pesar de haber vuelto a usar su máscara, esa sonrisa era sincera –. Tu cama está libre, ve a dormir allí, este sofá es horriblemente incómodo.
–No...– respondió dándose la vuelta –Por hoy está bien...
–Tsubo... Es decir, Kido, por favor, ve a dormir a tu habitación, yo estoy bien...
–Duerme en la maldita cama, es una orden de tu líder– ¿cuánto hacía que la había nombrado líder? ¿Cinco horas? Se había adaptado demasiado bien a su nuevo puesto de autoridad –. Y si llegas a seguir sangrando ve a un hospital... Podrías tener una hemorragia interna...
Exhaló resignado, y como el idiota que era despejó esa duda que lo estaba molestando desde hacía minutos –¿No preguntarás... Qué pasó?
–¿Tiene sentido hacerlo?– le respondió con una pregunta a la que él sólo pudo contestar un "¿Eh?" –Cuando quieras decírmelo lo harás, y si no, preguntando únicamente lograré que me mientas...– se explicó.
Y tenía toda la razón del mundo...
–Gracias por todo... Intenta dormir bien...– se despidió finalmente regresando a la cama, por ese día le daría gusto, esperaba que no se repitiera...
El día que llegó la esponjocita a la base fue muy divertido, ser paralizado de pies a cabeza no era agradable, sobre todo cuando le picaba algo y durante cinco largos minutos no fue capaz de rascarse, algo simplemente desesperante. Pero ver a su hermana al borde del llanto gritando su nombre y abrazando su cuerpo paralizado valió la pena, sobre todo porque tuvo material para molestarla una semana entera recordándole aquello...
Su hermano tenía razón, esa niña era muy tímida, sin embargo se adaptó bastante bien, aunque él seguía sin entender por qué ella y Seto podían dormir en la misma habitación y él y Kido no... Cada vez que se lo planteaba a la líder, ésta le ordenaba a Mary paralizarlo, y terminaba en una esquina de la sala supliendo al perchero.
Una noche en particular estaba sentado en el sofá de la sala observándolos... Y por más esfuerzo que hiciera, al ver a Seto y la esponjocita en esa actitud tan amorosa, no podía evitar molestarlos...
–¿Sabes Mary?– llamó su atención –Cuando éramos pequeños y Seto se negaba a salir de la casa, yo le decía que si seguía así acabaría casándose con una anciana– le contó reprimiendo su risa al ver la expresión de su hermano.
–¡Kano!– le advirtió el chico molesto.
–¿Una anciana?– preguntó Mary –Eso sería terrible...– murmuró viendo a su príncipe azul.
Esa chica si que era inocente... –Oye Mary, ¿Y más o menos qué edad debería tener una anciana según tú?
–Ahmm... Bueno yo tengo ciento treinta y nueve, así que para ser anciana debería tener unos...– la observó atentamente contar con los dedos... Era demasiado increíble que esa niña hubiera vivido tanto tiempo –Diez mil, ¿no?– miró a Seto en busca de una confirmación la cual él de inmediato le dio, porque para él todo lo que ella dijera estaba bien.
–¿No crees que es demasiado?– le preguntó –Había pensado que ustedes vivirían unos mil años...
–No– negó ella –, mi mamá tenía casi mil cuando murió, y ella era muy joven aún...– le contó –Aunque ella era mitad medusa y yo sólo un cuarto así que...– se quedó pensativa –No lo sé, es muy complicado...
–No te preocupes por eso Mary– le sonrió Seto –. Lo único importante es que tendrás una vida larga y feliz.
–¡Si, yo soy muy feliz viviendo aquí con Seto!– exclamó provocando un gran sonrojo en el rostro de su hermano que lo hizo reír burlonamente.
Seto se veía muy ridículo con el rostro rojo y esa sonrisa boba en su rostro.
–¿De qué te ríes?– preguntó Kido dejando sobre la mesita cuatro tazas de té con leche, durante largo tiempo y hasta que los ingresos fueran mayores, esa sería la cena...
Le molestaba demasiado ver como su hermano gastaba sus días libres en trabajitos extra que no aportaban lo suficiente, y su hermana se esforzaba por mantenerlos alimentados y limpios con lo poco que llegaba a sus manos cada semana. Antes de que Mary se mudara con ellos era difícil, pero después se complicó aún más, ya que aunque la albina no necesitaba demasiadas cosas, era una persona más a quien mantener...
Quería ayudarlos, aportar algo a la casa, aunque desde su punto de vista todos aportaban algo; Seto el dinero, Kido los cuidados y él la protección, sin dudas sus hermanos debían verlo como un vago que no hacía nada más que molestar holgazaneando el día entero…
No los culpaba, sin embargo sabía perfectamente que no podía conseguir un trabajo con horario estable cuando ese monstruo que poseía a su padre podía requerirlo en cualquier momento del día. No importaba el día o la hora, si ese mensaje llegaba a su celular, él debía correr hacia el lugar indicado. Y a su edad, sin experiencia ni conocimientos específicos, le era imposible conseguir otro tipo de trabajo.
Sintió un pellizco en su brazo que lo devolvió al presente –Ouch…– murmuró sobándose la zona afectada.
–Si no te apuras tendrás que tomarlo frío– le indicó Kido sentada a su lado, al parecer se había perdido varios minutos en sus pensamientos.
–Gracias por preocuparte tanto por mí, querida líder~~– canturreó frotando su cabeza contra el brazo de ella, con tan mala suerte que la hizo volcar su taza.
–¡¿Qué haces, tarado?!– le gritó dejando la taza vacía sobre la mesa mientras iba a la cocina a secarse el pantalón –¡Más te vale que desaparezcas o te daré la paliza de tu vida cuando regrese!
–¡Lo siento!– le gritó desde el sofá recibiendo como respuesta un sonoro portazo, entonces miró a su hermano confundido –¿Por qué no me golpeó?– le preguntó preocupado.
–No tengo idea…– negó él con la misma expresión mientras Mary los observaba confundida.
Por menos, mucho menos que eso ella lo golpearía, sin embargo esta vez le dio una oportunidad de salvarse, oportunidad que como el idiota que era no aprovecharía. Tomó su taza y caminó hasta la cocina abriendo la puerta.
–Kido, toma mi cena, yo no necesi…– cerró la puerta tras él –¿Por qué lloras?
–¡No estoy llorando! ¡Lárgate imbécil!– le arrojó el repasador con el que estaba limpiándose por la cabeza.
–¿Tan caliente estaba?– preguntó quitándose el trapo del rostro mientras se acercaba –No, tú no estás llorando por eso…– murmuró cuando se acercó lo suficiente para verla bien.
–¡Te dije que me dejes en paz!– exclamó pero sin fuerzas mientras se secaba las lágrimas –Y bebe esa cosa antes que se desperdicie también– murmuró sombríamente intentando marcharse.
–Entonces eso es…– comentó interponiéndose en su camino –Te dolió que se desperdiciara comida en nuestra situación económica…– ella asintió evadiendo su mirada –¿Tan mala es...?
–Bastante…
–¿Hasta cuándo crees que nos alcance?
–Hasta mañana… Con suerte…– murmuró exhalando derrotada –¡Estoy intentándolo en serio! Pero después de pagar el alquiler se fue todo lo que teníamos, y ya gasté lo que quedaba en la alacena…
–Lo has hecho muy bien…– le sonrió –Si puedo darte el dinero mañana estará bien, ¿verdad?
–¿De dónde piensas sacar dinero?– le preguntó viéndolo con un dejo de preocupación en su expresión de molestia –¡Pobre de ti si te metes en problemas!
–¡No, no nada de eso!– negó con ambas manos sonriendo –He conseguido algunos amigos, seguro podría hacer algunos trabajos para ellos… Cosas simples como cortar el césped o quitar las hojas de las canaletas…– mintió.
–Kano… Si me llego a enterar de que me estás mintiendo y haces alguna tontería, te juro que no te van a quedar dientes para volver a sonreír de esa forma– dijo sombríamente atravesándolo con su mirada de hielo –¡¿Entendido?!
–¡Perfectamente!– asintió con toda la alegría que podía fingir –¿Más tranquila...?
–Un poco…
–Así me gusta…– sonrió sinceramente –Ahora bebe ese té, yo cenaré algo afuera…– caminó hacia la salida –Y no te preocupes por nada, mañana a primera hora tendrás el dinero…
Salió de la casa sin saber qué demonios hacer, no tenía idea de como obtener el dinero que había prometido, y sabía bien que terminaría realizando algún trabajo sucio… Pero si había llegado hasta a ayudar a ese monstruo a trasladar un par de cadáveres por sus hermanos… Era capaz de hacer lo que fuera para que tuvieran algo que comer cada día…
El día siguiente le entregó el dinero a su hermana a primer hora como le había prometido, no era demasiado pero alcanzaría para lo que quedaba de la semana. Y agradeció que gracias a su rostro de cansancio ella le permitiera dormir en lugar de preguntarle el origen del dinero, más tarde cuando despertó ya tenía una buena excusa pensada que la tranquilizó por completo.
–Me voy a dar una vuelta~– anunció como normalmente lo hacía, tomando su abrigo y saliendo de la casa. El invierno había llegado y las noches se ponían especialmente frías en esa época.
Esa noche el monstruo necesitaba que levantara algo de un tipo y lo llevara a su casa, casualmente ese era el tipo del cual obtenía trabajo cuando la economía en la base apremiaba, así que al recibir ese frasco con una sustancia de dudosa procedencia, aprovechó a hacer un trabajo extra, en ese momento no lo necesitaban, pero guardaría el dinero para cuando lo hicieran.
Él era el encargado de repartir esos paquetes que no podían contener nada bonito ni legal, a otros tipos que daban aún más miedo que su "jefe". Sin embargo valiéndose de su poder aparentaba ser un tipo grande de cabello oscuro y rostro de llevar una mala vida, y con ello nadie se pasaba de listo con él, sin contar que podía mantener su identidad oculta si las cosas llegaban a complicarse.
Esa noche lo hizo rápido, el envío estaba a unos pocos kilómetros así que entregó ese paquete antes de dirigirse a la que una vez fuera su casa. Todo ese camino a pie desde que salió de la base hasta que llegó frente al monstruo le tomó aproximadamente tres horas, más la hora u hora y media extra para regresar a la base. Para cuando entró a su hogar lógicamente ya todos dormían, así que se acomodó en el sofá y tuvo un buen sueño.
Por la mañana al despertar, se dirigió a la cocina con una sonrisa, le entregaría el dinero a Kido, y tal vez hasta lograra convencerla de usarlo para preparar uno de sus ricos postres que hacía tanto que no probaba. Sin embargo al entrar sólo encontró a Mary quien se veía en apuros intentando apagar el cereal en su leche el cual de alguna forma había incendiado.
–¿Cómo pudiste quemar el cereal?– preguntó en medio de una incontrolable risa, poniendo un repasador encima logrando así sofocar las llamas.
–Estaba demasiado frío así que pensé en calentarlo en la estufa…– explicó levantando el repasador sólo para ver con tristeza su preciado desayuno completamente quemado.
–No me digas nada… Intentaste cocinarlo en un recipiente plástico…– comentó perspicaz-mente a lo que ella asintió sorprendida.
–¡¿Cómo lo supiste?!
–Yo lo sé todo– le sonrió misteriosamente –. Oye, ¿y dónde está el chico rana?– le gustaba llamar así a su hermano desde que no se quitaba ese feo enterito verde ni para dormir.
–Seto está bañándose…– respondió ella –Quería prepararle el desayuno para cuando saliera…– murmuró volviendo a mirar con tristeza el tazón quemado.
–¿Y Kido?– preguntó curioso, sabía bien que si ella entraba y veía ese desastre en su cocina correría sangre… La suya probablemente.
–Debe seguir dormida, anoche cuando nos acostamos ella aún no regresaba.
Su sonrisa mermó un poco –¿Regresar de dónde?
–No lo sé, dijo que iba a seguirte que no te dijéramos na…– en ese momento se cubrió la boca dándose cuenta de su error.
Sus ojos se abrieron más allá de lo natural ¡¿Kido lo había seguido?! ¿Había ido tras él a esos lugares tan peligrosos? ¿Y si le había perdido la pista a mitad de camino y luego no supo volver? ¿Y si alguien la había descubierto y hecho daño?
Miles de teorías nefastas atravesaron su cerebro en cuestión de segundos, Seto tuvo la mala suerte de entrar a la cocina en el momento en que él salió corriendo hacia la habitación de su hermana. Lo escuchó quejarse de algo pero no le prestó atención, lo único que le importaba en esos momentos era abrir la puerta y encontrarla dormida en su cama sana y salva.
Pero como tanto había temido, al entrar a su habitación no había ni rastro de ella, no perdió tiempo en buscarla en el resto de la casa, salió de allí rápidamente sin avisarle a nadie, hizo exactamente el mismo camino que en la noche viendo cada detalle, cada baldosa en la calle, cada muro en su camino, agudizando sus sentidos al máximo en busca de una pista que le indicara qué demonios sucedió con ella…
Se detuvo a mitad de camino y una posibilidad… Una que no había considerado pero era la más aterradora de todas… Cruzó por su mente. De inmediato tomó su celular y le marcó a su hermana, sintiéndose un idiota por no haber pensado en ello antes.
–¿Kano?– la escuchó decir luego de que el celular timbrara unas cinco veces que a él le parecieron una eternidad.
–¡¿Dónde estás?!– no le importó que su voz se escuchara alterada, estaba alterado.
–En casa de papá… Volveré al…– no la dejó terminar.
–¡Voy para ahí!– colgó antes que ella pudiera negarse.
El mayor de sus miedos se había materializado, la muy tonta lo había seguido hasta la casa de su padre y por algún motivo tuvo la genial idea de pasar la noche allí… ¡Se había quedado sola con ese monstruo por horas! Necesitaba llegar lo antes posible, verla sana y salva, y gritarle que no volviera hacer tal estupidez.
Usó parte del dinero ganado en la noche, para tomar el metro, así que en menos de veinte minutos estaba golpeando la puerta con desesperación.
–Hola Shuuya...– lo saludó su padre sonriendo cansadamente.
–¡¿Dónde está mi hermana?!– no tenía tiempo para formalidades baratas.
–Desayunando en la cocina, pasa y desayunemos los tres juntos– le ofreció desbloqueando la entrada.
Corrió hacia la cocina apenas tuvo oportunidad, al verla sentada en la pequeña mesa, con un tazón de arroz en su mano izquierda y los palillos en la derecha, observándolo confundida, pudo al fin exhalar aliviado.
–¿Qué haces aquí?– le preguntó ella frunciendo el ceño –Hace rato le envié un mensaje a Seto avisándole que volvería a casa para preparar el almuerzo.
–Tranquila Tsubomi– escuchó a su padre entrando a la cocina –Me alegra mucho que Shuuya haya venido, ¿qué te parece si desayunamos los tres juntos?
Observó al tipo de reojo, no había malicia en su voz, no parecía estar planeando nada, se veía como un hombre solo y cansado, anhelando los viejos tiempos. No confiaba en él, aún no sabía si ese hombre era consciente del monstruo que lo poseía o si tenía recuerdos de las atrocidades que había hecho.
Finalmente accedió a desayunar con ellos, no podía sacar a Tsubomi de esa casa a la fuerza, aunque ese fuera su plan inicial, así que se quedaría en ese lugar hasta que ella decidiera regresar.
–¿Todo va bien en su nueva casa?– preguntó Kenjiro.
–Si, las cosas están muy tranquilas– asintió ella.
–Supe que Seto llevó a esa niña a vivir con ustedes– comentó él –. Entonces, ¿ellos finalmente formalizaron su relación?
–Claro que no– fingió una risa –. Parece que realmente no hay nada más que amistad entre ellos...– entre menos elementos le diera a ese hombre para dañarlos luego, mejor... Sin embargo Tsubomi tenía que meter la pata.
–Pues yo no creo eso, no necesitan darle un nombre a su relación para notar a simple vista que hay algo más entre ellos...
–Oh... Seto ha crecido muy rápido– comentó a lo que Tsubomi asintió –¿Y tú Shuuya...?
–No tengo tiempo para pensar en esas cosas– murmuró.
–¿En serio?– preguntó observándolo con todo el asombro que su cansado rostro le permitía –Siempre creí que al irse de la casa Tsubomi y tú...– tuvo que reprimir una risa al escuchar como su hermana casi se ahoga con el arroz –Aunque siempre los he visto como hermanos en realidad no hay vínculo sanguíneo entre ustedes así que supongo que no estaría mal.
–¡Deja de decir estupideces papá!– exclamó su hermana levantándose –¡Voy a limpiar la mesa y me largo!
Pese a los lloriqueos de su padre en menos de quince minutos ambos iban camino a la base.
–¿Por qué me seguiste?– preguntó monótonamente, una vez que salieron de esa casa y el miedo de saberla junto a ese tipo tan peligroso pasó, la molestia se abrió paso.
–La vía pública es libre...– murmuró ella sin mirarlo siquiera.
–¡Libre mis polainas! ¡Aprovechaste tu poder para seguirme!
–Tú no usas polainas– respondió haciéndolo molestar aún más –. Y tú eres el menos indicado para reclamar algo así, aprovechas tu poder día y noche para hacer lo que te plazca y tenernos preocupados todo el tiempo.
–Eso no es verdad, sabes perfectamente que intento no preocupar a nadie...– murmuró viendo a otro lado.
–Si, y es molesto– dijo deteniéndose frente a él, obligándolo a hacer lo mismo –¿Cuánto tiempo hace que no te quitas esa estúpida máscara?– le preguntó viéndolo con atención –Recuerdo que tenías una cicatriz por... ¿Aquí...?– puso un dedo en su mejilla, trazando una línea de unos pocos centímetros.
–Era un poco más arriba...– murmuró él tomando su mano y poniéndola en el lugar justo.
–¿Lo ves...?– le preguntó con una mirada cansada –Apenas si recuerdo el verdadero rostro de mi hermano... Se siente como te alejaras más y más con el tiempo...
–Lo siento...– murmuró él con su mano aún en contacto con la de ella –Me gustaría volver atrás... Pero eso es imposible... No podemos volver a ser niños sin preocupaciones...
–Claro que podemos...– asintió ella retirando la mano de su mejilla sólo para tomar su brazo y tirar de él –Al menos por un rato podemos serlo...
Era muy raro verla sonreír de esa forma mientras lo arrastraba hacia el parque donde jugaron juntos tantas veces... Sin embargo durante un rato, el par de adolescentes independientes; la orgullosa y seria líder de una pandilla, y el que hacía trabajos para unos mafiosos y ocultaba su dolor con una máscara... Corretearon por el parque como dos niños pequeños, subiendo a los juegos y riendo como si no tuvieran ninguna preocupación en el mundo...
Sobre el mediodía regresaron a casa, ella juró no volver a seguirlo a escondidas, y él a cambio prometió dejar ese trabajo tan peligroso, aunque aquello les trajera complicaciones económicas, si se mantenían juntos podrían superarlas.
–¿Y si me convierto en bailarín erótico?– propuso él ya en la casa mientras ella cocinaba.
–¿Sabes bailar?– preguntó Mary viéndolo asombrada.
–No mucho, ¡pero eso es lo de menos cuando tienes este cuerpazo!– le aseguró mostrando sus inexistentes músculos.
–¡Deja de decir tonterías! ¡Y no la confundas más!– una espumadera voló directo a su frente.
–¿Cuerpazo...?– murmuró pensativa –¿Seto también tiene?
–Si– le aseguró susurrándole lo siguiente –En cuanto llegue ve y pídele que te muestre su cuerpazo...
De más está decir que fue una tarde muy divertida.
No importaba lo duro o doloroso que fuera vivir así, él sería fiel a esas personas que tanto quería, protegería con su vida esas sonrisas...
En ese mundo loco e irónico, la fidelidad tenía muchas formas... El engaño era una de ellas...
Continuará.
Antes que nada lo siento por la tardanza, tuve un bache creativo, sobre todo por el diseño de como continuará la historia, hasta no tener más o menos claro eso, no podía seguir con esta parte.
Muchas gracias por los comentarios, paso a responder.
Yin-princesa-del-olvido: Muchas gracias por el comentario, me encanta que te siga gustando la historia. Mary es muy dulce y aunque aún no me sale bien espero acostumbrarme con el tiempo. Y si, lo que pasó con Kido fue terrible para ambos hermanos, sobre todo en el estado de vulnerabilidad que estaban. Pero sólo fue un susto... (o me habrían quemado viva...). Nos vemos, besos.
Jeffy Iha: Jajaja, pobre Mary, que susto lo de Kano, pero al menos así conoció un poco más de su poder. Muchas gracias por el comentario, espero que te haya gustado el capítulo. Besos.
Muchas gracias por leer.
Próximo capítulo: Mamá pato -Kido-
Hasta la próxima.
Trekumy.
