Capítulo 21: Mamá pato.
La líder... Sonaba bien, muy bien en realidad... Le agradecía a Shuuya por darle ese puesto, ese que la ayudaba a sentirse útil, a no ser tan invisible para todos...
Aunque aún debía quedarse en la base mientras los demás salían, había mucho que limpiar, reparar, cocinar... Ese lugar era un verdadero chiquero cuando llegaron pero de a poco se parecía a un lugar habitable...
La primer noche sufrió el primer gran susto de los que serían muchos... Demasiados para su gusto.
Encontrar a Shuuya destrozado en el sofá luego de haber salido a dar uno de sus paseos nocturnos... ¡Odiaba esos malditos paseos! Y después de esa noche los odió aún más.
Curó sus heridas, y lo llevó a dormir a su cama, él no se despertó en ningún momento, lo cual le indicaba que no dormía... Estaba desmayado... Pero su respiración era normal así que prefirió no correr con él al hospital más cercano, el cual no tenía idea de dónde estaba... El día siguiente averiguaría aquello.
Las siguientes noches, su hermano tuvo bastante cuidado en no herirse estúpidamente, lo que él nunca sabría era que ella lo esperaba despierta, escuchando música en su habitación. Diez minutos después de que él llegara salía en silencio, usando su habilidad para revisarlo, llegaba por momentos a sentirse la mamá primeriza de un bebé que entra a su habitación por la noche a asegurarse que respira...
Le recorría un escalofrío al verse de esa forma... Pero si lo analizaba con detenimiento la situación realmente se prestaba para ello...
Si Kano era su hijo, uno pequeño y travieso que no hacía más que darle dolores de cabeza, entonces Seto sería algo parecido a su esposo, después de todo ella era quien lavaba su ropa y preparaba su comida. Cuando Mary llegó a la casa se convirtió en algo así como una niña pequeña que no se despegaba de su papá Seto, casi siempre peleaba y era molestada por su hermano Kano, y la llenaba de preguntas como si fuera su madre.
Los chicos nunca sabrían que ella tuvo que enseñarla a Mary a bañarse usando una ducha, ya que no tenían una tina, y la chica únicamente conocía el nadar en un lago como forma de asearse.
–¡Líder líder!– corrió Mary hacia ella como tantas veces, siempre que la llamaba así era porque necesitaba algo –¿Me ayudarías a cepillar mi cabello?– preguntó con su expresión más adorable mientras sostenía el cepillo con ambas manos frente a su rostro.
–Está bien, sólo dame cinco minutos para terminar aquí– cuando la chica asintió y fue al sofá a esperarla ella terminó de lavar los últimos platos, se secó las manos y la siguió.
Debía admitir que disfrutaba bastante de peinar a Mary, en su momento lo hacía con Ayano, pero el cabello de la albina era mucho más largo y abundante.
–¡Auch!– y se enredaba con mucha facilidad.
–Lo siento Mary– murmuró buscando una estrategia para desarmar ese nudo especialmente complicado.
–No te preocupes, mi mamá también me jalaba...– le contó –¿Tu mamá te jalaba el cabello mientras te peinaba?
–No– murmuró secamente.
La albina se giró lo más que pudo –Debe ser porque tu cabello es tan lacio que nunca se hacen nudos...
–N-No...– corrigió quedándose en silencio unos segundos –Nunca dejé que mi madre me... peinara... Y la primera... Bueno yo era muy pequeña y no lo recuerdo...
–¿Por qué no?– preguntó la chica girándose completamente y viéndola con esos ojos rosa llenos de confusión –Que te peine tu mamá es una de las cosas más lindas del mundo.
–M-Mi cabello era muy corto...– se defendió, estaba comenzando a molestarle el rumbo de la conversación –No había necesidad de que alguien más lo peinara...
–¿Tú... No querías a tu mamá?– preguntó inocentemente...
Mary decía cosas demasiado hirientes de una forma inocente, tanto así que no podía enojarse con ella...
–Tengo muchas cosas que hacer– se levantó entregándole el cepillo –Estaré ocupada así que no molestes– bueno, tal vez si podía enojarse un poquito.
Era una fortuna que la cocina tuviera cerrojo, por lo que pudo pasar el resto del día encerrada, hacía tiempo que quería limpiar la grasa acumulada durante décadas de esos azulejos, y ese era el momento perfecto.
No supo cuanto tiempo pasó, sólo que ya había terminado y estaba sentada frotando su brazo derecho el cual dolía y apenas podía mover después de realizar tan agotadora tarea en ese estado de molestia.
–Kido...– escuchó la voz de Seto luego del par de golpes en la puerta –¿Puedes abrir...?
La molestia había pasado así que se levantó y quitó el cerrojo dejándolo pasar.
–Hola, ¿cómo estás?– le preguntó su hermano sonriéndole.
–Bien, al fin logré terminar de limpiar los azulejos– comentó viendo desde lejos su trabajo –. ¿Puedes creer que eran blancos?
–Oh... Creo que acabo de perder una apuesta con Kano– se rió rascándose la nuca –. ¿Puedes venir un momento?– ella lo miró curiosa y asintió siguiéndolo hasta la sala –Mary tiene que decirte algo...
–¡L-Lo siento líder!– exclamó la chica al borde de las lágrimas haciendo reverencias –Dije algo que no debía, no quería herir sus sentimientos.
–¿Ahh...?– balbuceó sintiendo las palmaditas que le daba Seto en la espalda –E-Está bien Mary, no tiene importancia– intentó tranquilizarla –. Deja de hacer reverencias o te marearás– le advirtió, en esos pocos días había aprendido a conocerla.
–¡Gracias! ¡No volveré a hacerlo!– aseguró abrazándola.
Acarició su cabeza que le llegaba un poco por debajo del mentón –No hiciste nada malo, no te preocupes...
–¡Pe-pero quiero hacer algo por la líder!– aseguró la albina haciéndole sentir escalofríos –¿Puedo ayudarte a hacer la cena?
–Ehh...– la primer y última vez que le permitió ayudar en la cocina le echó azúcar al arroz, aceite a la sopa de verduras y por poco empana el pescado con veneno para ratas –¡Mejor ayúdame a hacer la colada!– la ropa ya estaba lavada, ¿qué daño podía hacer sólo teniendo que tenderla?
Comprendió su error al verla quedarse tiesa con un boxer de Seto en sus manos durante más de diez minutos.
–¿T-Tú los la-lavas...?– le preguntó con un sonrojo que cubría todo su rostro, ¿por qué era tan inocente para todo excepto para eso?
–Claro que si, es una prenda de ropa como cualquier otra– respondió tranquilamente.
–P-Pero estuvo en contacto co-con sus pa-partes... Prohibidas...– susurró la última palabra.
–Ya están limpios así que no cuenta...– respondió intentando sacar de su mente las impúdicas imágenes en las que la medusa le hacía pensar.
–Pe-Pero...
–¡¿Vas a colgarlos o esperas que Seto entre y te vea con ellos en tus manos?!– bien, eso funcionó para que la chica se diera prisa.
Durante la cena Mary no hizo más que mirar a Seto sonrojada, mientras éste le preguntaba qué le pasaba, y Kano se dedicaba a molestarla, de alguna forma el muy idiota las había escuchado.
Cuando las cosas se pusieron realmente difíciles económicamente, tuvo la mala idea de comentarle a Kano, no pudo evitar llorar de la desesperación, y él la vio. Se sintió una estúpida, ¿qué clase de líder no puede mantener alimentada a su pandilla? ¿Qué clase de líder permite que uno de ellos la vea llorar? No había duda, la peor clase de líder...
Sin embargo él no se quedó de brazos cruzados, logró solucionar el problema en el que estaban metidos, demostrando una vez más por qué se merecía esa confianza ciega que ella y Seto le tenían...
Sin embargo la confianza ciega es dolorosamente desesperante, sobre todo cuando ves como esa persona se pierde poco a poco en sus propias mentiras...
Se sentía un poco estúpida por observarlo a toda hora... Estar pendiente de cada detalle, cada cambio en su expresión aún sabiendo que lo único que veía realmente era su máscara.
Un día no resistió más, arrojó la confianza ciega por un caño, y salió tras él sin pensarlo demasiado.
–¿A dónde vas?– preguntó Seto al verla caminar hacia la puerta.
–Voy a seguirlo, no le digan– les advirtió, y se marchó sin esperar respuesta, intentarían detenerla y sólo le harían perder tiempo.
Activó su poder y lo siguió a unos prudenciales cincuenta metros de distancia, él tenía la capacidad de encontrarla si se descuidaba. Caminó tras él durante una hora, era una ventaja no ser vista por nadie ya que no podía dejar de temblar...
Odiaba la noche...
Odiaba la oscuridad...
Y definitivamente odiaba la zona de la ciudad hacia la que él se dirigía...
Era un alivio que hubiera decidido usar otra apariencia para entrar en los barrios bajos, una apariencia ruda e intimidante era perfecta en ese lugar, si alguien llegaba a ver a un chico de catorce caminando por ahí en medianoche, un secuestro sería lo menos malo que podría sucederle...
Finalmente Kano se detuvo en un callejón, y ella se acercó ocultando su invisible cuerpo tras unos cubos de basura, ninguna precaución era demasiada. Lo vio dar un par de golpes secos en esa puerta, un tipo que desde la distancia y a plena noche se notaba de muy mala vida, lo atendió.
No pudo escuchar bien, sólo que ese tipo le entregó dos objetos. Cuando su hermano retomó su camino y ella lo siguió pudo comprender cual era ese misterioso trabajo... Era un repartidor, pero no podía se algo inocente y honesto como una pizza, ¿no? Debía ser algo oscuro e ilegal como drogas, armas, o alguna cosa que ella no era capaz de imaginar.
Pensó un par de veces en llamar su atención, en particular mientras caminaban por calles desiertas en las que nadie podría dañarlos, sin embargo reprimió el impulso, si llegaba a arruinarle la entrega a su hermano, ¿qué pasaría con él? Esos tipos seguramente le harían daño...
También pensó en regresar a la base, pero en ese momento se dio cuenta de que no se había fijado en el camino así que estaba perdida... Y aunque no lo estuviera... No soportaba la idea de regresar sola, la noche estaba demasiado oscura.
Así que sin más opciones caminó tras él, maldiciendo internamente su genial idea de seguirlo... Caminaron casi dos horas sin descanso, ahora entendía porqué el chico no aumentaba un gramo sin importar cuanto comiera.
Sin embargo en algún momento las calles comenzaron a resultarle conocidas, no tardó demasiado en notar hacia dónde se dirigía.
Oculta tras un árbol fue testigo de como Kano le entregaba uno de los paquetes a su padre... ¿Por qué su padre tenía negocios con esa gente? ¿Entonces él había enviado a su hermano a buscar esa cosa? ¿Por qué debía llevárselo a tan altas horas de la madrugada?
¿Qué demonios estaba sucediendo?
Cuando Kano se marchó ella se quedó oculta donde estaba, y cinco minutos más tarde decidió que si había llegado tan lejos en pro de comprender qué demonios pasaba con su hermano, entonces sólo había una cosa por hacer.
Canceló su poder y caminó decidida hacia la que fue su casa unos meses antes, golpeó la puerta y esperó pacientemente.
Mentiría si no admitiera el miedo que sintió al ver a su padre frente a ella con ese extraño destello rojizo en sus ojos, el cual desapareció en apenas unos segundos.
–Tsubomi...– murmuró el hombre, su voz era extraña, no había ni una pizca de calidez en ella... Le recordó un poco a aquella noche en la cocina, cuando sus palabras la asustaron –Estas no son horas para que las niñas anden solas.
No podía acobardarse, sólo era su padre y si ella había golpeado esa puerta fue por un motivo –Seguí a Shuuya, quiero saber qué está pasando.
–Ya entiendo... Si tu hermano llega a saber lo que hiciste se enfadará...
–¿Qué era esa cosa que te entregó?– preguntó ignorando las palabras de su padre –¿Qué era eso tan urgente que lo hizo salir de la casa y venir hasta aquí a esta hora?
–Entra– fueron sus palabras, entró ignorando esa parte en su cerebro que le gritaba que se marchara, que esa sonrisa psicópata que ese hombre le había dedicado no podía ser un buen indicio –Papá tiene derecho a guardar sus secretos...– dijo el hombre al tiempo que cerraba la puerta tras ella con llave, y guardaba la llave en el bolsillo de su bata, un detalle que le erizó la piel.
¿Por qué de pronto su antigua casa se parecía tanto a una película de terror?
–S-Si... Pero Shuuya no debería salir tan tarde, es peligroso...
–Tu hermano sabe moverse en la noche, deberías creerme si digo que está más a salvo en la calle que aquí...
Frunció el ceño, no le gustó nada como sonó aquello, sin embargo prefirió ignorarlo –De todas formas, puedes pedirle tus sucios encargos a cualquier otra hora.
–Mi pequeña niña se ha vuelto un poco... Impertinente...– comentó él levantando una ceja –Tal vez deba traerte a vivir conmigo y enseñarte algunos modales.
–¡E-Eso no es necesario!– exclamó con los nervios de punta, su padre había enloquecido definitivamente –Si abres esa puerta me iré y dejaré de molestar.
–¿Qué clase de padre sería si permitiera que mi pequeña Tsubomi salga a la calle a esta hora?– preguntó –Tal vez podríamos hacer algo divertido... Si no tienes sueño– murmuró acercándose demasiado a ella.
–¡Si tengo!– exclamó de inmediato –¡Usaré mi antigua habitación!– le informó huyendo de él, y encerrándose en el que alguna vez fue su cuarto.
Se sentía responsable... Había dejado a su padre solo en aquella casa después de tantas tragedias, era apenas comprensible que hubiera enloquecido... Y que se sintiera molesto con ella... Finalmente optó por dormir, en la mañana se largaría de esa casa así tuviera que romper una ventana para salir, y hablaría con Shuuya acerca de lo que vio. Esperaba poder convencerlo de abandonar ese peligroso empleo, no podría quedarse tranquila hasta que él lo hiciera.
Esa mañana despertó bastante temprano, al bajar encontró a su padre en la cocina, él la veía con una sonrisa, pero no la misma sonrisa de la noche… Era una sonrisa dulce, llena de cariño, aquella que recordaba. Tal vez lo que vio en la madrugara fuera producto de la mala iluminación o de su miedo a la oscuridad… Aunque aquellas palabras tan perturbadoras las había escuchado fuerte y claras.
–Buenos días mi niña– le sonrió –. Me hace muy feliz que hayas decidido visitarme.
–Buenos días papá– lo saludó más tranquila, en esos momentos se daba cuenta de cuanto lo había extrañado.
–Estaba esperando a que despertaras, ¿te gustaría que desayunáramos juntos?– se encontró a si misma asintiendo antes de recordar su plan inicial, se suponía que se iría a penas despertara –¡Eso me hace muy feliz! Dame un minuto y prepararé algo.
–¡No es necesario, déjamelo a mi!– lo detuvo, de alguna forma le hacía ilusión cocinarle, esa era su forma silenciosa de demostrar cariño.
–Creo que nunca te agradecí por sacar la familia adelante cuando Ayaka… Ya sabes…– lo escuchó decir mientras ella buscaba los ingredientes.
–Yo no hice nada de eso…– murmuró –En realidad fue Ayano quien logró devolverle la vida a la casa.
–Tal vez, pero recuerdo aquella bandeja con comida caliente en mi escritorio tres veces al día… Eras tú quien la ponía allí… Te comportaste muy madura para tu edad… Casi como una..
–Como una sirvienta– lo interrumpió –. No fue gran cosa, papá…
–Iba a decir que como una madre– se giró para mirarlo sorprendida –. Estoy seguro de que Ayaka debió sentirse muy tranquila al ver que no nos dejó solos… Y también orgullosa de su hija pequeña.
Volvió a mirar al frente para concentrarse en los huevos que chillaban en el sartén, sentía sus mejillas arder… Si aquello fuera verdad… Si al menos en eso hubiera hecho sentir orgullosa a Ayaka, eso la haría feliz.
En ese momento sonó su celular, sacó el sartén del fuego y se secó las manos lo más rápido que pudo antes de responder, debía ser alguno de sus hermanos, estarían nerviosos por su ausencia. En efecto Kano era quien la llamaba, por el tono de su voz pudo precisar sin temor a equivocarse que estaba molesto y preocupado. No la dejó hablar, le dijo que iría para allí y colgó, no podía quejarse, seguro él ya se imaginaba que ella lo había seguido. Resignada a escuchar sus reclamos le envió un mensaje a Seto avisándole que estaría en la casa en unas horas, y terminó de preparar el desayuno.
Mientras comía con su padre llegó Kano, y luego de un rato al fin salieron de aquella casa… Eso que su padre mencionó, acerca de ellos dos, la había sacado de sus casillas. ¿Cómo podía pensar así de dos hermanos que se criaron juntos desde los seis años? Ella no podía verlo más que como un hermano, o su mejor amigo…
No podía, ¿verdad?
¿Y si de pronto en esa familia imaginaria Seto no era el padre sino un hijo muy responsable? ¿Kano como el padre? Aún con sus tonterías e inmadurez, tal vez no fuera tan… Impensable…
–¿Por qué me seguiste?– esa pregunta la sacó de sus pensamientos.
–La vía pública es libre...– fue lo primero que vino a su mente.
–¡Libre mis polainas! ¡Aprovechaste tu poder para seguirme!– ¡ja! ¿Y ahora qué, debía darle un premio por su perspicacia?
–Tú no usas polainas– murmuró irónicamente –. Y tú eres el menos indicado para reclamar algo así, aprovechas tu poder día y noche para hacer lo que te plazca y tenernos preocupados todo el tiempo– quería disculparse por haberlo seguido, pero su orgullo era más fuerte.
–Eso no es verdad, sabes perfectamente que intento no preocupar a nadie...
–Si, y es molesto– concedió interponiéndose en su camino –¿Cuánto tiempo hace que no te quitas esa estúpida máscara?– no pudo evitar que ese tono de preocupación que tanto se empeñaba en ocultar se dejara ver –Recuerdo que tenías una cicatriz por... ¿Aquí...?– puso un dedo en su mejilla, trazando una línea de unos pocos centímetros.
–Era un poco más arriba...– él nunca iba a entender lo que significaba para ella haberse equivocado en ese detalle.
–¿Lo ves...?– le preguntó –Apenas si recuerdo el verdadero rostro de mi hermano... Se siente como te alejaras más y más con el tiempo…– hacía mucho, mucho tiempo que deseaba decirle eso.
–Lo siento… Me gustaría volver atrás... Pero eso es imposible... No podemos volver a ser niños sin preocupaciones…– dolía ver al chico más alegre y travieso que conocía hablar de esa forma.
Como si hubiera envejecido cincuenta años en un mes… Odiaba verlo así, no le permitiría perder su alegría.
–Claro que podemos...– aseguró tomando su brazo y tirando de él –Al menos por un rato podemos serlo...
Lo arrastró al parque con juegos que visitaban algunas veces al salir de la escuela, se esforzó por sonreír y jugar con él como en los viejos tiempos, sin embargo luego de unos minutos su sonrisa salía espontáneamente… También sus risas…
Esa fue la primer vez que disfrutó de la armonía que producían sus risas sincronizadas, Radio Head u Oasis, eran buenas bandas, pero nada superaba aquello.
–Lamento haberte seguido…– se disculpó mientras se mecía suavemente en el columpio –Sabía que no estaba bien, pero me preocupaba de dónde sacabas el dinero…
–¿No creíste aquello de que pintaba la casa de un amigo…?– preguntó él meciéndose en el columpio contiguo.
–Al principio si, aunque me pareció raro que alguien pintara su casa por las noches… Pero cuando ese "amigo" te pedía que pintaras su casa cada semana pues…
–No tenía que ser el mismo amigo…– se rió nervioso.
–Además tú no podías ni pintar el cielo sin salirte de la hoja en primaria…
–¡Oye, soy un artista! ¡Deberías ver mis dibujos en los muros!– ella lo miró sorprendida –A veces salgo a divertirme– se encogió de hombros –. Hay unos chicos, no son mala gente… Ellos ponen la pintura y yo mi talento.
–¿Por qué nunca me hablas de esas cosas?
–No lo sé… Supongo que es la costumbre…– murmuró pensativo –¡Si quieres alguna noche puedo llevarte conmigo, te enseñaré mis obras de arte!
–Me encantaría– le sonrió –. Y te prometo que no volveré a seguirte a escondidas… Pero por favor, deja de trabajar para esa gente– le suplicó –. No son buenas personas… No importa cuanto te paguen… No vale la pena…
Tardó casi un minuto en responder pero finalmente asintió –Está bien, no volveré a hacer ese tipo de trabajos…
–¿Me lo juras?– con él debía asegurarse.
–Te lo juro– le sonrió extendiendo su mano formando un gancho con su dedo meñique –¿Es un trato?
–Es un trato– asintió sonriendo uniendo su dedo con el de él.
Era demasiado agradable pasar un tiempo con su hermano, aunque la tranquilidad acabó cuando llegaron a la casa y comenzó a molestar a Mary como siempre…
–Maldita tormenta– murmuró, apenas comenzaba y sólo llovía, pero sabía que lo peor no tardaría en llegar.
Y ese estúpido había salido media hora antes sin llevar abrigo ni paraguas, exhalando resignada le envió un mensaje.
"Regresa o te enfermarás."
En menos de un minuto recibió su respuesta.
"Aún no puedo regresar pero tranquila, estoy bajo techo."
"¿Es una mentira?" fue su respuesta.
"No, no, es en serio, ¿ok?" seguro, y el hada de los dientes la visitaría esa noche.
No llegó a responder ya que un asunto más urgente requirió de su atención... Ese horrible trueno que cayó con fuerza muy muy cerca la hizo soltar un grito y correr a su habitación.
–Todo está bien, todo está bien...– se repitió una y otra vez meciéndose en su cama mientras se ponía los auriculares, la música a todo volumen y su capucha cubriendo lo más que podía.
Sin embargo cuando la electricidad falló y todo quedó en penumbras, siendo iluminado únicamente por sucesivos relámpagos, la música ya no ayudaba demasiado.
En esos momentos viendo con horror las sombras de su habitación y las que se colaban a través de su ventana con cada relámpago, se preguntaba si ella sería la única persona capaz de ver brujas, monstruos y demonios intentando atraparla... Podría cerrar sus ojos, pero si lo hacía esos espectros eran capaces de alcanzarla...
En otro momento se llamaría estúpida a si misma, pero en esa situación mantener esas sombras a raya viéndolas aunque le aterraran, le resultaba la opción más razonable.
Una luz llamó su atención, pudo ver con horror como la puerta de su habitación se abría y algo entraba en ella. Tardó varios segundos en regresar a la realidad y comprender que esa figura era su hermano y quitarse los auriculares.
–Lamento haber entrado sin autorización, pero hace varios minutos que estoy llamándote y no respondías– dijo él dando un par de pasos dentro de la habitación iluminándola con la linterna –. ¿Estás bien?
No podía ni quería imaginar qué apariencia deplorable tendría, ella, la líder de la pandilla reducida a una niñita asustada por culpa de una tonta tormenta, un tonto corte de luz, y unas tontas y aterradoras sombras que se la comerían en cualquier momento –S-Si, claro...– se levantó de la cama con una mano frente a su rostro intentando no deslumbrarse por esa luz que se dirigía directamente a su rostro –¿Necesitas algo?
–Pues... Mary y yo estamos en mi habitación, salí a buscar unas velas y a ver si quieres unirte a nosotros. Vamos a charlar sobre animales tiernos... Ya sabes, para ahuyentar los malos pensamientos.
Seto era sin dudas la mejor compañía en esos momentos, ya podía imaginar si Kano estuviera allí, seguramente diría cosas para asustarla aún más y terminaría infartada o llorando a mares –Me parece bien– asintió y siguió a su hermano cuando éste tomó la buena decisión de iluminar el camino en lugar de su rostro.
–¿Dónde está Mary?– preguntó al entrar a la habitación detrás de él.
–En su refugio natural– dijo él con un tono divertido en su voz encendiendo un par de velas.
No comprendió hasta verla emerger desde debajo de la cama –Te tardaste mucho...– sollozó.
–Lo siento Mary, pero traje a Kido, cuanto más personas mejor, ¿no crees?– la pequeña asintió saliendo por completo de su escondite y subiendo a la cama.
–Mary, tú has vivido sola por mucho tiempo– comentó ella sentándose a su lado –. ¿Qué hacías cuando había tormenta?
–Me ocultaba bajo la cama... Los monstruos nunca pudieron encontrarme allí– le susurró como si aquello fuera un secreto.
Un rayo cayó muy cerca haciendo gritar a los tres, se sentía un poco menos tonta al no ser la única aterrada.
–Bu-Bueno, vamos a seguir con el plan original...– propuso Seto sentándose en la cama, dejando a Mary en medio de ambos, quien de inmediato se abrazó a él asintiendo –¿Cuál es su animal preferido?
–¡Conejitos!– exclamó Mary –Porque son peluditos, pequeñitos, esponjosos, dan salititos y... Y... ¡Me gusta como mueven sus naricitas!
–Es verdad Mary, son muy tiernos– asintió Seto –. Si tú fueras un animal creo que serías una conejita bebé– comentó a lo que aún en esa poca iluminación pudo verse como ese par de ojos rosa brillaron.
–¡¿Cuál es tu animal favorito Seto?!– preguntó la chica ya perdiendo el miedo.
–Hay muchos...– comentó él pensativo –Pero si tengo que elegir uno, creo que sería el venado...
–¿El venado?– preguntó ella sorprendida, su hermano había cambiado mucho en ese tiempo, de pequeños hubiera respondido un perrito sin dudas...
–Si, cerca de la casa de Mary hay muchos, a veces me quedaba charlando con ellos, me caen bien– comentó como si estuviera diciendo lo más natural y normal del mundo.
–¡¿Y el tuyo líder?!– preguntó Mary viéndola.
–¡¿Ehh?! ¿E-El mío...?– balbuceó –Gatitos...– pensó –¡No Kido, eres la líder de una pandilla! ¡No puedes decir algo tan tierno y adorable como un gatito!– se reprendió mentalmente, pero ambos chicos la miraban expectantes así que dijo el segundo en su lista –El ajolote...
–¿Ahh...?– preguntaron ambos.
–¡¿Qué...?!– los miró a la defensiva –Nunca charlé con uno, ni siquiera los he visto personalmente pero me parecen... Lindos...
–No conozco ese animal...– murmuró Mary.
–Son unos animales marinos muy simpáticos– comentó Seto –. Se parecen un poco a las salamandras...
–Ohh... ¿A la líder le gustan los peces?– preguntó ella viéndola –A mi no me gusta acariciarlos, porque son húmedos y viscosos...
–No es como si fuera a acariciar a uno de esos...– comentó ella –Sólo me gusta verlos...– en ese momento escucharon la puerta principal –Hablando de bichos húmedos...– murmuró levantándose –El idiota olvidó llevar paraguas– le explicó a ambos chicos y salió de la habitación.
Era una molestia haber olvidado que la sala estaba completamente oscura, agradeció un poco esos relámpagos que iluminaban el lugar por segundos, si no fueran seguidos por esos estúpidos truenos tal vez no los odiaría tanto.
–¿Qué hacías en la habitación de Seto?– lo escuchó preguntar.
–Intentábamos calmar a Mary...– mintió –Ya sabes, la tormenta...
–Bueno, ya no tienes que ir a llorar con Seto, ya llegó quien te protegerá de esa terrible tormenta– comentó risueñamente.
–Prefiero la tormenta...– murmuró sacando una toalla del baño –Siéntate– le señaló el sofá.
Estaba soportando la tormenta bastante bien, de alguna forma su presencia la tranquilizaba. Una vez que ambos estuvieron sentados en el sofá, puso la toalla sobre su cabeza y frotó su cabello empapado.
–No te quedes callada– murmuró él –. No me gustan los cortes de luz... Odio no poder verte...
–No digas tonterías...– fue su respuesta, ¿por qué sus mejillas ardían?
–No es una tontería, se siente como cuando te ocultabas en la casa y no podía encontrarte... ¿Recuerdas? Era desesperante...
–¿La lluvia te puso sensible?– le preguntó bastante sorprendida por sus palabras.
–Supongo...– murmuró él abrazándose a ella, logrando con esto dejarla tiesa –Me apresuré en regresar porque no quería dejarte sola durante la tormenta... Pero parece que estabas bien sin mi...
¿Esos eran celos? No, imposible... Sin embargo... –Quítate, estás todo mojado...– murmuró empujándolo –Ve a cambiarte– le ordenó, y extrañamente él obedeció sin rechistar.
Esperó pacientemente a que terminara, y cuando regresó antes de que pudiera sentarse, ella tomó su mano y lo condujo hasta su propia habitación.
–¿Eh...? Kido, ¿Qué...?
–Silencio, una palabra de más y pasarás la noche afuera– le advirtió fríamente.
Era egoísta y embarazoso... Pero su presencia era lo único que podía ayudarla a dormir en una noche como esa... Había sido de esa forma desde que pisaron ese orfanato, y seguiría siéndolo por siempre...
Continuará...
Ok, dos cosas que debo admitir, una; Si, lo de incendiar el cereal lo saqué de Los Simpsons, el plagio es la forma más pura de la admiración (mentira). La segunda es que admito que no sabía que título poner y por eso puse este, aunque el capítulo en si no haya tenido mucho que ver... Es un poco difícil pensar el título antes de escribir el capítulo (y después también).
Muchísimas gracias a quienes me dejaron comentarios, ya mismo paso a responder;
M: M de Margarita, ¿verdad? *-*. como admití arriba, sí, lo del cereal era de ahí... Me pareció una escena muy ilustrativa. Y no me creo el verso de la base secreta con una habitación para cada miembro de la pandilla, y algunas extra para los que vienen luego, al menos según mi versión se fueron de la casa de su padre casi sin nada, y no sé en Japón, pero aquí un trabajo de medio tiempo no te da ni para alquilar una pensión. Gracias por escribir, saludos.
Ryuunoko: Hola de nuevo, me alegra que la historia y en particular Kido, siga llenando tus expectativas. Mary pronto venderá flores, pero primero tendrá que salir de la casa, al menos una vez... No sé si hacer que consiga trabajo antes o después de conocer a Momo... A mi también me da cosita que Kano tenga esa relación con su padre... Se llevaban tan bien, y el tipo es un pobre desgraciado que lo perdió todo por un deseo... De a poco la relación de Kano y Kido se va transformando, en este capítulo sentí que evolucionó un poco más, y en los siguientes creo que pasará a otros niveles. Muchísimas gracias por el comentario y espero que hayas disfrutado del capítulo. Besos.
Jeffy Iha: Siempre he pensado que todo sería más fácil si Kano matara a Kenjiro, en esa situación no sería raro que quisiera hacerlo, sin embargo la serpiente así como puede poseer a Konoha, y Hiyori imagino que puede hacerlo con cualquiera así que no sería tan fácil la cosa. Y respecto a lo del "aprovecharla" prefiero dejarlo a libre interpretación, aunque en este capítulo se dio alguna pista pequeña respecto a lo que la serpiente es capaz de hacer... Antes tenía la misma teoría que vos respecto a la parálisis ocasionada por Mary, pero por ahí leí esta versión y me pareció más divertida y tortuosa, sobre todo si tienes que rascarte...
Me gustó tu versión de la filosofía de Kano, es muy cierto, la vida es injusta para él, y para responder sus cuestionamientos más profundos; cuando lo paralizan sentado Kido lo cuelga del perchero para tener "perchas" extra. Cuando los demás miembros se unan a la pandilla será muy útil. Yo he quemado repasadores sacando cosas del horno y eso, pero en general mis habilidades culinarias son más del estilo de cortarme con un fideo (uno cocido...). Soy toda una ninja en esas cosas... (una que constantemente intenta suicidarse). Espero que Mary logre mejorar sus skills, no sólo para que no le incendie la cocina a Kido, sino para que al menos el pobre Seto tenga una comida digna cuando se independicen... Aunque tal vez planeen vivir los cuatro juntos eternamente.
Kenjiro es un "shippeador" experto, primero con Haruka y Takane, y mirá, los tiene juntos en su laboratorio secreto... Están muertos sí... ¡Pero juntos! Y ahora va por su KidoKano... Y sí, Kano es un poco pervertido, y le encanta ver a Seto balbuceando sonrojado, será muy divertido narrar esa parte... Creo que sí fuiste vos la que me traumó con el mamá pato... Es tu culpa... Gracias por comentar, saludos.
Muchas gracias a todos por leer.
Próximo capítulo: Mekakushi Dan -Seto-
Hasta la próxima.
Trekumy.
