Capítulo 25: Ese niño solitario.

–... ¿Es posible hacer eso...?– La voz de Mary lo devolvió a la realidad.

–Lo siento, ¿qué cosa?– preguntó viéndola.

–Que el cabello de Rapunzel soporte el peso del chico...

–Si el chico es muy liviano, tal vez...– murmuró sin preocuparse en pensar una mejor respuesta.

Su cabeza definitivamente estaba en otro sitio, desde el día anterior cuando al despertar encontró a Kido dando vueltas de aquí para allá, con su celular en mano, y una expresión indescriptible en el rostro, supo que algo andaba mal. Y era peor que cualquier cosa que pudiera imaginar... Su hermano no había regresado a casa en toda la noche.

Lo llamó mil veces, su celular sonaba y sonaba, pero él no respondía, le dejó muchos mensajes de voz diciéndole que estaban muy preocupados, que por favor se comunicara, que pasara lo que pasara ellos estarían apoyándolo... Por fortuna, al poco rato de llegar al trabajo, recibió un mensaje de Kido avisándole que él se había comunicado... Al menos no estaba muerto en una sanja, no le gustaba ser pesimista, pero eso fue lo primero que pensó ante la desaparición.

El día siguiente había hablado por teléfono con su hermano, fue una charla muy corta en la que él le pidió que regresara pronto y obtuvo por respuesta un "Lo haré pronto, por favor cuida de Kido...". Unas pocas palabras más y él colgó, no logró obtener mucha información, pero se tranquilizó bastante. Le hubiera gustado que Kido también lo escuchara, le habría hecho mucho bien...

El sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos de un golpe, casi sufre un infarto al ver salir a su hermana, era medianoche, y ella planeaba irse sola. Se lo impidió, discutieron bastante fuerte, como nunca lo habían hecho...

Ella nunca se imaginaría lo doloroso que fue encontrarse a si mismo gritándole mientras sostenía sus brazos con fuerza, no le gustaba dejar sus emociones desbordarse de esa forma, pero el miedo era demasiado... No iba a dejar a su hermanita salir sola, a esa hora, y en su estado... Casi no había comido o dormido, podría desmayarse en cualquier sitio, podría ser raptada, herida o algo peor...

Podría perderla...

Finalmente ella se calmó, luego de golpearlo bastante... Pero se calmó, y no huyó por la noche... Podría haberlo hecho, pero Kido era confiable...

Apenas amaneció se levantó y obligó a su hermana a comer algo antes de salir, mientras ella preparaba algo, él se dio un baño y untó pomada calmante en su magullado torso... Esos golpes dolían. Después de un rato al fin salieron juntos... Su hermano no había vuelto a comunicarse desde la noche anterior, esperaba que solamente se hubiera quedado sin saldo o batería en el celular.

Tsubomi se veía muy molesta, pero también algo más tranquila. En el fondo se sentía orgulloso de si mismo, se mantuvo firme en no dejarla salir sola por la noche, aunque se ganó varios golpes y su hermanita le hablaba con dureza, ella estaba bien, con él... Al menos a ella no la había perdido...

Hospitales y comisarías, recorrieron todos los que pudieron partiendo por los más cercanos, no eran lugares lindos, no le gustaban... Agradecía profundamente haber dejado a Mary en la base, aún sin su fobia a las personas, ella se horrorizaría al ver a esos borrachos y delincuentes que les gritaban cualquier cosa en las comisarías, y esos heridos y mutilados que pasaban delante de ellos en las emergencias.

No podía evitar cerrar los ojos al ver tanta sangre... Kido lo estaba soportando bien, mejor que él, o tal vez ella estaba tan obsesionada con encontrar a Kano, que ignoraba por completo su alrededor. Varias horas después seguían caminando, se habían alejado mucho de donde vivían, Kido había insistido en seguir esa ruta, la ruta que llevaba a su antigua casa. Por más que intentaba convencerla para descansar un poco, ella se negaba y continuaba adelante.

Contó el dinero que llevaba encima, no era demasiado, pero alcanzaría para comprar algo de comida, en cuanto salieran del siguiente hospital, descansarían un rato y comerían algo aunque ella se negara, después de eso continuarían con la búsqueda.

–Kano Shuuya, dieciséis años, como de esta altura, delgado, cabello rubio y ojos ámbar– escuchó una vez más esa sistemática pero efectiva descripción, Kido repetía aquello ante cada policía o enfermera que los atendiera.

–Un momento– le pidió la chica antes de revisar una planilla –¿Cuándo dice que desapareció?

–Durante la madrugada del día tres.

–Si, aquí está– dijo la mujer viéndolos con una sonrisa, esas palabras sonaron como un coro de ángeles para él.

–¡¿Cómo está?! ¡¿Qué le pasó?!– preguntó su hermana perdiendo la compostura al instante mientras se aferraba al mostrador como si su vida dependiera de ello.

–Por lo que dice aquí fue encontrado en la calle con una herida de navaja en el pecho y una serie de traumatismos de menor importancia.

Sintió sus piernas aflojarse cuando la chica dijo aquello, alguien apuñaló a su hermano... En el pecho... Ahora fue él quien necesitó sostenerse del mostrador, ¿quién le había hecho eso a su hermano? ¿Por qué no les avisó que estaba en un hospital malherido?

–¡¿Cómo está?!– escuchó la voz desesperada de su hermana, quien parecía que en cualquier momento saltaría esa madera que los separaba de la chica y comenzaría a sacudirla en busca de una respuesta rápida.

–Llegó en un estado bastante delicado, pero por fortuna esa herida no afectó ningún órgano vital– explicó la joven sin levantar la cabeza de sus papeles, lo cual era bueno, considerando la aterradora expresión de Kido –. En estos momentos se encuentra estable, la herida está sanando bien, y con los cuidados adecuados pronto estará bien– terminó de decir aquello sonriéndoles.

Él respondió la sonrisa, sintiendo aquellas palabras como una brisa ligera, que calmaba su preocupación. Su hermano estaba bien, no bien bien, pero lo estaría pronto.

–¿Dónde está...?– nadie que no la conociera, imaginaría que ese tono de voz tan débil y femenino saldría de la misma persona que segundos antes parecía un león a punto de comerse un pequeño ratón. Kido tenía una mano cubriendo su boca y sus ojos estaban llenos de lágrimas, seguramente todas aquellas lágrimas que reprimió durante la búsqueda.

–Habitación 502.

Corrió tras su hermana, no le gustaba correr en los hospitales, pero sabía que no había fuerza este mundo que pudiera detenerla... Y en realidad, él también estaba desesperado por verlo. Lo que fueron menos de cinco minutos, entre la espera en el ascensor, y los repentinos problemas de motricidad fina que sufrió Kido impidiéndole recordar como abrir una puerta, parecieron años.

Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando lo vio en esa camilla, se veía cansado, adolorido y tenía varias heridas además de una guía saliendo de su brazo, pero estaba bien... Vivo, despierto, y los veía con sorpresa pura plasmada en sus ojos.

No tuvo tiempo de decir o hacer nada cuando escuchó la bofetada que Kido le dio. Se quedó estático sin entender nada, esperaba que ella corriera a abrazarlo, no aquello. La escuchó decir frases inconexas con un tono de voz que no reconocía en ella.

–Ojalá, algún día, una de las personas que más quieras... Se vaya por su cuenta y se haga daño mientras te mantiene engañado todo el maldito tiempo, como lo has hecho con nosotros. Tal vez ese día llegues a entender lo que se siente...– recién entonces comprendió el porqué de la bofetada –Quédate con él, Seto...

Tardó unos segundos en comprender que ahora se dirigía a él –E-Espera, ¿tú que vas a...?– dejó de hablar cuando notó que la puerta ya estaba cerrada, ella se había marchado sin escuchar su respuesta.

Luego de un minuto de silencio absoluto, exhaló, y se acercó a su hermano, abrazándolo apenas pudo. Era una posición incómoda y temía hacerle daño, pero no podía evitarlo, incluso se permitió llorar un poco.

–Estaba muy preocupado... Que bueno que estás bien...– murmuró sin soltarlo.

–¿No estás... Enfadado?– preguntó Kano casi en un susurro.

Se alejó de él rompiendo el abrazo y se incorporó para poder verlo –Tal vez debería estarlo...– murmuró secándose los ojos con una de sus mangas, mientras ponía la otra mano sobre los despeinados cabellos rubios –Pero en estos momentos no puedo sentir otra cosa más que alegría– sonrió mientras le acariciaba la cabeza.

–Eres demasiado bueno para este mundo– comentó Kano sonriendo mientras le daba un débil puñetazo en el pecho en señal de camaradería.

–Jeje... Y tú demasiado independiente para tu bienestar– respondió acercando la silla de acompañantes y sentándose a su lado –. Debiste decirnos... Este lugar se ve muy aburrido, y solitario...– comentó viendo a su alrededor.

–Un poco...– murmuró él mirando el techo –Y sé que debí hacerlo, pero cuando desperté aquí y vi el celular tenía cinco mensajes de Kido, y unas cincuenta llamadas perdidas... Me fijé en las horas de los mensajes, ella no había dormido nada, tú seguramente habías ido a trabajar muy preocupado... ¿Cómo iba a decirles que alguien me apuñaló y estaba internado?– preguntó viéndolo fijamente, esperando algo de comprensión –Y después de eso me acobardé... Me pareció que si lograba irme en unos días de aquí, podría regresar a casa diciendo que estuve en casa de un amigo, y no preocuparía a nadie.

–Entiendo– asintió –, fue una idea muy tonta, pero digna de ti...– volvió a acariciarle la cabeza –No tienes que intentar protegernos todo el tiempo, ¿sabes? Y menos cuando es a costa de tu salud... Nosotros podemos soportar algo así, danos un poco de crédito– no dejó de sonreír ni un momento mientras le hablaba, en esos momentos le recordaba mucho al Shuuya del orfanato, ese que cuidaba de ellos de todas las formas posibles a pesar de su descontrolado poder.

–Supongo que sí fui un idiota...– asintió –¿Crees que Kido me perdone algún día?

–Por supuesto...– asintió –En un rato estará llamando para preguntar si estás bien, y queriendo quedarse aquí contigo, te apuesto a que una vez que decida cuidarte no habrá forma de convencerla para que regrese a la casa hasta que te den el alta– lo vio sonreír levemente –. ¿Duele mucho?

–No mucho... En estos momentos lo que más me duele es la mejilla– comentó sobándose la zona afectada –Creo que me aflojó un par de muelas.

–Tal vez deberías pedir que te revisen...– aconsejó –No pensé que golpeara tan fuerte, aún con tu máscara, no sé como logras sonreír luego de sus golpes.

–No, espera... Lo de las muelas era una broma– aseguró sonriéndole –. No sé de dónde sacaste que golpea tan...– se detuvo a mitad de la oración y abrió su boca y ojos en señal de sorpresa –No me digas que...

–Fue mi culpa...– murmuró mirando a otro lado –No debí gritarle... Ni usar tanta fuerza en intentar detenerla...

–¡Espera, espera! ¡¿Qué pasó entre ustedes?!– la expresión de su hermano mostraba una mezcla de incredulidad y horror.

–Peleamos...– exhaló bajando la mirada –Anoche... Ella quiso buscarte, ella sola, a medianoche... No podía permitirlo... Sentí miedo de que le pasara algo... Así que bloqueé su camino y bueno...– murmuró sin saber como seguir, odiaba recordar aquello. Aunque fuera lo correcto y no se arrepintiera, había sido demasiado doloroso, no sólo físicamente.

–Mierda... Soy un idiota...– al levantar la mirada se lo encontró negando con una mano en el rostro –Lo siento... De verdad...

–No te preocupes por eso...– le sonrió –Ya hicimos las pases... Creo... Y cuando tenga la oportunidad lo charlaré con ella y me disculparé adecuadamente... Somos hermanos, en algún momento debíamos pelear, es lo normal.

–¿Te lastimó mucho...?

–Jeje...– rió apenado mirando hacia la puerta, cuidando que no entrara nadie en ese momento, y se levantó la remera, dejando ver sus hematomas –No es demasiado, pero no estoy acostumbrado a recibir golpes.

–¡¿No es demasiado?! ¡Tienes más de la mita del torso morada!– exclamó preocupado –Esta vez se pasó... Si me vuelve a hablar tendremos una seria charla al respecto– murmuró en modo hermano mayor –Creo que nunca me golpeó tan fuerte...– murmuró.

–Estaba realmente molesta... Pero eso no importa ahora– se bajó la remera –Cuéntame cómo te hirieron...

Su hermano le contó una historia genérica en la que unos maleantes en un intento por asaltarlo lo lastimaban. Lo escuchó atentamente asintiendo cada tanto y absteniéndose de señalar la serie de incoherencias que encontraba en el relato... Tal vez no pudiera recordar bien por el shock, o quizás ocultara algo más... Pero en esos momentos lo único importante era que él estaba bien, esperaba que tuviera más cuidado y que con suerte esto le sirviera para no volver a salir de la casa en las noches.

Se equivocó en que Kido llamaría, de hecho su hermana no respondía los mensajes que él le dejaba ni atendía las llamadas... Unas horas más tarde, tanto Kano como él estaban comenzando a ponerse nerviosos cuando ella apareció en la sala como si nada hubiera sucedido, llevando consigo un bolso lleno de pertenencias de su hermano, y obligándolo a él a irse a casa.

Tuvo razón en que ella no iba a despegarse de Kano en ningún momento...

Por fortuna dos días después le dieron el alta, y ya en la base fue capaz de cuidar de su hermano por las noches, dejándole usar su cama que era la más cómoda en su condición y alcanzándole los calmantes durante la madrugada.


–Entonces... ¿Creen que sea buena idea?– preguntó desde su posición, sentado en el piso con sus piernas cruzadas –Pensé mucho en esto y no he encontrado otras opciones viables...

–Yo creo que es perfecto– le aseguró Kano desde la cama mientras asentía.

–¡Es una gran idea Seto!– exclamó Mary viéndolo con emoción –Espero que pasen un lindo día.

–Entonces... ¿Me ayudarán?– preguntó sonriendo.

–Claro que si– asintió Kano –. Prometo no hacer ninguna estupidez– dijo levantando su mano derecha.

–Y yo cuidaré que Kano no haga ninguna estupidez– aseguró Mary levantando la suya.

–¡Oye! Tú tenías que decir que no harías una estupidez tampoco– le reclamó su hermano.

–Pero Mary se porta muy bien, el que siempre preocupa a todos es Kano– respondió ella viéndolo con inocencia.

–Ok, tú ganas– lo escuchó murmurar completamente derrotado por tal argumento.

–Entonces lo intentaré ahora chicos– dijo levantándose –. Espero que acceda.

–¡Suerte!– gritaron los otros dos mientras salía de su habitación rumbo a la sala donde encontró su objetivo –Hey Kido, ¿cómo va todo?

–¿Ahh...?– preguntó ella dejando de darle puñetazos a un pobre almohadón, esa era su forma de quitarle el polvo –Seto, hola... Todo está bien, eso creo...– murmuró con algo de desconcierto –¿Necesitas algo?

–Oh, no... Nada– negó poniendo sus manos en los bolsillos, sin saber como decirle realmente.

–Ajá...– la escuchó murmurar dejando el almohadón y tomando el plumero para seguir sacudiendo el sofá, pero no pasaron ni cinco segundos antes de que volviera a encararlo –¿Qué sucede Seto? Tú no vendrías aquí a buscarme si no necesitaras algo.

¿Tan raro era que él simplemente quisiera pasar tiempo con ella?

Sí... Desde que estaban viviendo allí, y había pasado mucho tiempo desde entonces... Aquello era extraño.

Después de su pelea, sintió la necesidad de disculparse, de hacer las pases oficialmente aunque ninguno de los dos pareciera molesto con el otro... Sin embargo tanto pensar en ello lo hizo darse cuenta de cuanto se había distanciado de su hermana.

Pasaba varias horas trabajando, sobre todo cuando desde hacía un tiempo había conseguido un mejor trabajo, mejor sueldo y más horario. Su tiempo libre se lo dedicaba casi por completo a Mary, y antes de dormir, ahora que su amiga se había acostumbrado a dormir con Kido, disfrutaba de largas charlas con Kano.

Sin embargo su relación con Kido salvo contadas ocasiones, se limitaba a agradecerle por la comida, y algún que otro comentario trivial. Una charla de hermanos, o apartar algo de su tiempo para dedicárselo a ella, era algo que hacía demasiado que no sucedía. Tomar consciencia de aquello le daba una sensación de profunda tristeza, tenía que arreglarlo, y así fue como tomó la decisión.

–Tienes razón– asintió sonriendo –. ¿Te gustaría salir conmigo?– preguntó directamente sin borrar la sonrisa –Ya sabes... Una tarde de hermanos.

Ella lo miró durante varios segundos, como intentando deducir si había escuchado bien –¿De hermanos...?– preguntó finalmente –Kano está mejor, pero no creo que sea buena idea que salga tan pronto...

–En algún momento saldremos los tres, pero esta vez, me gustaría ir sólo contigo.

–¿Sólo conmigo...? ¿Por qué...?– preguntó desconcertada.

–Hace mucho tiempo que no charlamos...– respondió –Extraño un poco a mi hermanita...– se encogió de hombros.

Ella suavizó la mirada y le sonrió –Me encantaría.

–¡Perfecto! ¿Vamos?– le extendió la mano.

–¡E-Espera! ¿Qué haremos con Kano y Mary? No podemos irnos así como así.

–Ya le dije a ellos, Mary cuidará de Kano, y Kano de ella, así que tranquila...– seguía con la mano extendida –Por un rato no te preocupes por nada.

–Está bien... Espero que encontremos la base en condiciones al regresar...– tomó su mano y salieron.

No hicieron gran cosa, simplemente pasar por una tienda de discos donde escucharon algo de música y sentarse en un parque a comer algo que compraron por ahí, mientras charlaban como en los viejos tiempos.

–¿No es eso muy peligroso?– preguntó viéndolo con preocupación.

–¡Claro que no! Usamos arneses de seguridad, son muy fuertes... En un principio le temía a las alturas, pero de a poco estoy acostumbrándome. Además limpiar vidrios es divertido.

–No me gustaba mucho que levantaras cajas por tu espalda, pero creo que este empleo me gusta menos...– murmuró ella –Desde que lo conseguiste he temido que un día una de esas cosas se rompa mientras estás tan alto.

Le sorprendió que ella pensara tanto en aquello –Hay muy pocas posibilidades de eso, de todas formas es algo temporal, hasta que consiga un empleo mejor... Pero, ¿qué otra cosa podría hacer yo?

–Creo que deberías trabajar como vendedor– respondió luego de pensarlo un rato –. Eres guapo, simpático, honesto, las personas te adorarían... Preguntaré en la zona, tal vez encuentre algo para ti...

–Gracias Kido– le sonrió ampliamente –. ¿De verdad crees que soy guapo?– preguntó con un leve rubor.

–No te hagas el modesto...– murmuró ella viéndolo como si fuera lo más obvio del mundo.

–Jeje... Pero ahora hablemos un poco de ti...– intentó cambiar el tema –¿Cómo has estado últimamente?

–Bien, pendiente del estúpido ese... Ya no sé como hacer que no oculte sus heridas, intento no golpearlo, ¡pero si no puedo ver la herida no puedo controlar que esté sanando correctamente y menos cambiar los vendajes!

–Kano es difícil a veces...– rió levemente.

–¡¿A veces?! ¡La vida a su lado es un jodido infierno! No sé qué piensa ni si lo que dice es verdad o no... Cada vez es más difícil confiar en él...

–Entiendo el sentimiento...– asintió –¿Tienes alguna idea de quién lo lastimó?– preguntó seriamente, a lo que ella asintió –¿Te ha dicho algo?

–La mentira esa de los ladrones... Nos cree idiotas, ¿cierto?– preguntó frustrada.

–Intenta protegernos de algo o alguien... Me duele, pero confiaré en él hasta que sea capaz de decirnos qué está pasando... Espero que sea pronto, no quiero que nada malo le suceda a mi hermano...

–Te admiro... No puedo ser tan paciente...– murmuró ella –Voy a averiguar lo que está sucediendo... Te lo aseguro...– le dijo seriamente viéndolo a los ojos.

–Si necesitas ayuda cuenta conmigo...– ella lo miró con sus ojos brillando –¡Pero no leeré su mente!– el brillo se apagó.

–Nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza si...

–Sabes que no haré eso... Dime Kido, ¿te gustaría que leyera tu mente en estos momentos?– la miró fijamente.

–¡No, claro que no!– se cubrió la cabeza con su capucha como si eso sirviera de algo –¡Si lo haces ya verás!– lo amenazó.

–¿Por qué no? Hasta hace unos años lo hacía y no te molestaba...

–¡Si me molestaba pero no podías evitarlo! ¡Y ya somos grandes, hay cosas que no quiero que sepas!

Rió divertido –¿Lo ves...? Si leyera sus mentes ya no me querrían cerca, ¿no crees?– le preguntó con tranquilidad –Mi poder nunca me dio nada bueno, sólo sufrimiento... Por favor... No me pidas que lo use para traicionar la confianza de una de las personas más importantes para mi.

–Ya entendí– murmuró ella atreviéndose a mostrar su rostro nuevamente pero aún viéndolo con recelo –No volveré a pedírtelo...

–Kido...– murmuró viéndola con algo de tristeza –Lamento haberte gritado ese día... Y espero no haberte dañado cuando apreté tus brazos... Creo que usé más fuerza de la que debía...– se disculpó sinceramente, necesitaba hacerlo.

Ella rodó los ojos –La culpa fue mía... Evitaste que cometiera una locura... Soy yo quien debe disculparse y agradecerte por no dejarme ir esa noche...– le sonrió –Se siente bien saber que alguien cuidará de ti si intentas hacer una estupidez...

No lo resistió más y la abrazó –¡Te extrañé mucho...!– sollozó en su hombro como cuando era pequeño.

–Y yo a ti, hermanito...– respondió el abrazo –Mira que has crecido...

Al regresar a la casa para tranquilidad de Kido todo parecía en orden... Nada olía a quemado, ni estaba inundado, ni parecían haber roto nada. Kano y Mary estaban en el sofá, ambos leyendo manga, en aparente calma.

–¡Ya llegaron!– exclamó Mary al verlos entrar, dejando el libro y corriendo a abrazar a su príncipe –¿Se divirtieron?

–Mucho– respondió él con una sonrisa de oreja a oreja.

–¿Qué hicieron todo este rato? ¿Comprar sombreros para jirafas?– preguntó Kano –Claro... ellos se van a visitar las alturas y dejan a los dos más bajitos aquí en la casa...

–¿Celoso?– preguntó Kido yendo a la cocina de muy buen humor.

–¡Claro que no, ¿por qué iba a estar celoso de ti?!– preguntó él.

–De mi no, de Seto– dijo ella antes de disponerse a preparar la cena.

–¿Celoso de Seto...?– preguntó Mary –¡Como en mi manga!

Tragó duro, desde el primer momento supo que aquel manga yaoi en manos de Mary sería muy problemático.


Había llamado a Mary unas diez veces ese día... Esa fatídica fecha que tantas desgracias había traído, y a tantas personas amadas por él y los demás se había llevado... Miró hacia abajo, estaba colgando a unos cincuenta metros del piso... Le había prometido a Kido no hacer nada peligroso ese día, pero ya en el trabajo no pudo negarse...

Si su hermana lo viera en esos momentos le daría un infarto, podía asegurarlo...

Por fortuna nada malo sucedió, y ya al anochecer caminaba tranquilamente a casa charlando con Mary por su celular.

–¿Entonces sí tenemos un nuevo integrante?– preguntó sonriendo, Mary se escuchaba muy emocionada.

–¡Si, es muy linda! ¡Es agradable! ¡Simpática! ¡Y es amiga de Mary!

–Me alegro mucho, espero llegar a tiempo para conocerla.

–¡Sí, ven pronto! ¡Mary te extraña mucho!– sonrió enternecido.

–Estaré allí en unos minutos– le prometió.

Pero sus planes cambiaron bastante cuando al cortar la llamada sintió algo que chocó con él. No tardó en notar que se trataba de un pobre chico que en esos momentos estaba sentado en el piso, con aspecto confundido.

–Hey, lo siento– le extendió la mano –¿Te hiciste daño?

El niño rechazó su ayuda levantándose por sus propios medios y continuó corriendo por la calle ignorándolo. Él se limitó a observarlo preocupado, parecía bastante asustado y desesperado.

Antes de alejarse demasiado, ese chico se detuvo y se dio la vuelta viéndolo –Señor, ¿ha visto una niña por aquí?– le preguntó –Es como de mi altura, su cabello es negro y atado en dos coletas bajas... Llevaba un vestido rosa.

–Lo siento... No la he visto...– negó, sintiéndose mal por el chico –¿Es tu hermana? ¿Está perdida?

–Es mi amiga, y no puedo encontrarla desde la tarde... Yo presiento que...– murmuró apretando sus puños, claramente conteniendo las lágrimas –¡¿Pero qué estoy haciendo?! ¡No puedo perder tiempo hablando con cualquiera!– exclamó girándose y volviendo a correr.

No le costó alcanzarlo y seguirle el paso, ¿por qué lo hacía? Ni él mismo lo sabía, lo único seguro era que alguien necesitaba ayuda y nadie más estaba allí...

–¡¿Por qué me sigue?! ¡Déjeme en paz, acosador!– no pudo evitar reír ante las acusaciones del niño.

–Porque quiero ayudarte a encontrar a tu amiga– le explicó mirando a todos lados, en un intento por detectar alguna niña con esas características, aunque ya era de noche, no había muchos niños fuera a esas horas, y menos por esa calle.

–¡¿Por qué querría hacer eso?! ¿Se cree alguna clase de súper héroe o qué?

–¿Héroe...?– preguntó, esa palabra le traía buenos recuerdos –Si, me gustaría pensar que soy algo así– asintió.

–Rarito...– murmuró el chico viéndolo de reojo, a lo que él rió –¡Hiyori! ¡¿Dónde estás?!– empezó a gritar, ignorándolo por completo.

Recorrieron juntos calles, callejones, algunos locales... Pero no la encontraban... Era consciente de que separarse para buscarla ayudaría, pero no podía dejar a un niño de unos doce o trece años, solo. No en ese estado de desesperación y desde luego no, cuando ya era de noche, y las calles de ese barrio eran bastante inseguras.

–Lo siento Mary, no voy a poder llegar a tiempo– le habló por celular luego de un rato –. Surgió algo, pero no te preocupes, estaré en casa en un rato... La conoceré en otro momento, habrá muchas oportunidades en el futuro... Yo también... Hasta pronto– colgó la llamada sonriendo y con un leve rubor, no podía evitar sonrojarse cuando Mary le regalaba uno de sus dulces "Te quiero mucho".

–¡Ve con tu novia y déjame en paz!– volvió a reclamarle el chico, se veía exhausto, pero continuaba corriendo, su espíritu era admirable.

–No es mi novia... Es una amiga...– respondió ignorando los reclamos –Tal vez es por eso que quiero ayudarte... Porque me sentiría muy mal si ella desapareciera...– confesó, aunque claro que él habría ayudado a un niño en problemas fuera cual fuera su problema.

El chico lo miró de reojo y continuó la búsqueda ya sin quejarse por su presencia. Era un buen niño...

Habrían corrido sin para durante hora u hora y media, él comenzaba a cansarse, y temía por ese chico que claramente estaba usando sus últimas reservas de energía. Por fortuna sus reflejos eran bastante buenos y logró sostenerlo antes que cayera al suelo.

–Mejor vamos a descansar un rato– le sugirió pero el chico se soltó de su agarre bruscamente y se puso de pie nuevamente.

–No voy a hacer eso... Tengo que encontrarla...– murmuró volviendo a correr, pero cayó de cara al piso unos pasos más adelante.

–¡¿Estás bien?!– corrió hacia el niño y lo levantó, su nariz estaba raspada y sus ojos llenos de lágrimas.

–¡Déjeme, tengo que encontrarla!– forcejeó débilmente.

–De esta forma no podrás– le dijo tranquilamente subiéndolo a su espalda –. Vamos, descansaremos un poco y luego continuaremos– decidió caminando con él a cuestas un par de cuadras. Lo dejó sentado en una banca y compró un par de bebidas en la máquina expendedora que había cerca –. Bebe, te hará bien– le ofreció una de las latas que el chico tomó con cierta reticencia.

–¿Cómo sé que no intentas envenenarme?– le preguntó viéndolo de reojo.

–No lo sé... Acabo de sacarla de la máquina, estabas viendo, ¿no?– preguntó él algo incómodo, la poca gente que pasaba podría confundirlo con un secuestrador de niños si el pequeño seguía haciendo ese tipo de comentarios –Si desconfías no la bebas, pero creo que te haría bien...

–Eres muy raro...– murmuró el niño abriendo la lata y bebiéndola –Creí que la gente de la ciudad sólo se preocupaba por sus propios asuntos.

–¿Gente de la ciudad...?– preguntó viéndolo con sorpresa –Entonces, no eres de aquí– dedujo.

El chico negó –Hiyori y yo somos del campo, este año comenzaremos la secundaria y como allí no hay entonces estamos quedándonos en casa de la hermana de Hiyori.

–En ese caso, si no conocen bien la ciudad es muy probable que se haya perdido... Creo que deberíamos ir a la policía, ellos se ocuparán de buscarla.

–No creo que eso funcione...– murmuró el chico –Ella no sólo se perdió... Pasó algo más...

–¿Qué pasó...?

–¡No lo sé! ¡No puedo recordarlo! ¡Pero fue malo! ¡Muy malo!– se asustó al ver como el chico dejaba caer la lata y escondía su rostro entre sus manos.

–No llores... La encontrarás, estoy seguro de ello...– intentó darle ánimos palmeándole la espalda.

–¡No estoy llorando!– chilló él levantándose y viéndolo con molestia, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

Antes de que fuera capaz de hacer algo el niño había corrido lejos y chocado con alguien más.

Debería ver por donde corre– pensó levantándose preocupado y yendo a ayudarlo a él y a la chica con la que chocó.

–¿Hibiya?– preguntó la chica, viendo al niño sobre ella.

–¡¿Tú?!– chilló él incorporándose de inmediato.

–¿Están bien?– preguntó él extendiéndole una mano a la joven.

–¿Seto?– él conocía esa voz –¿Qué haces aquí?

Al levantar la cabeza se encontró a Kido frente a él, y un poco más atrás, Kano quien reía como si estuvieran haciéndole cosquillas.

Tal vez fuera sólo impresión suya, pero en ese momento sintió un frío extraño... Letárgico y solitario...

De alguna forma, sintió aquel momento como el comienzo de algo...

Algo grande e imparable.

Continuará.

Hola a todos... Capítulo raro y complicado... Todo el mundo habla de lo difícil que es Kano, pero para mi Seto es de los más complicados... Supongo que me llevo bien con los personajes traumatizados, y no tanto con los tranquilos que no dan problemas...

Por otro lado aviso desde ya, que a efectos de poder hacer algo más interesante y generar más interacciones y conexión en general entre los chicos, esta línea temporal se extenderá un año más que las vistas en el manga y anime. No sé, se me hace muy poco tiempo un par de días, que se reúnan el 14, y el 15 los maten, me falta tiempo para que sean ellos mismos, para que aprendan y se quieran.

Muchas gracias por los comentarios, paso a responderlos:

TanetaOno: ¡Nooo Margarita noooo! ¡Yo te di nombre! ¡Eras como mi hija! Pero los 24 días que viviste seguirán en nuestra memoria por siempre... Ok, ya en serio, gracias por el follow :D. Y Momo no es muy consciente de la fama que tiene, mira que salir a caminar sola por ahí... Por mejor que se camufle... (y una sudadera con capucha tampoco es un buen camuflaje) Me alivia mucho que no te pareciera confuso lo de los mensajes, y sí... Kano piensa que alguien le va a creer el cuento del asalto, cuando tenía su celular consigo... Me encanta poder provocarte lo que Kano provoca en Kido, eso de ya no saber si lo que dice es verdad o no xD. Muchísimas gracias por comentar. Besos.

Ryuunoko: Estoy comenzando a tomar lo de Shintaro como un desafío... Lo de Mary fue muy doloroso, y lo de Seto me dio mucha cosita escribirlo, pensé si hacerlo o no, no quería dejarlo como un maldito porque no lo es, sólo un chico que en su infancia era un bastante miedoso y no quería herir los sentimientos de su hermanita, diciéndole algo tan doloroso. Respecto a la pelea, pues... Yo he sentido lo que Seto en este capítulo, una relación estable pero que no pasa de ahí... No hay interacción más que para cosas triviales... Necesitaban volver a ser los hermanos de antes, los que se cuidan mutuamente y no relacionarse únicamente a través de Kano. Coincido en que Kano necesita correa, Kido le pondrá una en algún momento de la historia.

Tal como decís, este es el suceso que se necesitaba para que lleguen a la relación que se muestra en la serie, y las palabras de Kido fueron duras adrede... Kano las resintió mucho, pero eso se verá en el siguiente.

Aún no me animo mucho con Momo, me encanta su personalidad y como dije arriba, no soy buena con los personajes alegres y carismáticos... Pero supongo que en el siguiente ya se verá en acción. Respecto a Kano y Ayano, son igual de estúpidamente idealistas... Creo que ambos pecan de desear tanto algo, que no son capaces de manejar el resto de las variables... Y son muy muy solitarios... Intentan resolverlo por sí mismos, eso es lo que desencadena esa serie de acontecimientos tan desafortunados... Pero mírale el lado bueno... Un psicólogo y su familia se beneficiará mucho de todo esto...

En esta línea temporal, Seto es así, tal vez en otra podría ir contra sus principios un poco y eso ayudaría a un good end... Pero es verdad que si Seto se pusiera media pila, si le hiciera caso a Kido, todo sería más fácil... Respecto a lo del good end... No lo sé... Por el momento me concentraré en esta ruta, que ya está siendo bastante difícil por los cambios que le voy haciendo, y luego si se me ocurre algo bueno tal vez haga eso... Pero no estoy en condiciones de prometer nada aún. Muchas gracias por escribir, y tranquila, nunca te encuentro errores en lo que escribís. Besos.

Muchas gracias por leer.

Próximo capítulo: El comienzo del fin. -Kano-

Hasta la próxima.

Trekumy.