Capítulo 27: Más amigos, más problemas

–Entonces, ¿ustedes se quedaban en casa de nuestro padre?– preguntó luego de escuchar la charla entre el niño y el chico alto –Creo que deberían venir con nosotros por esta noche, tenemos un par de sofás donde pueden dormir.

–¡No me voy a ir con un par de extraños!– exclamó el niño dando un par de pasos hacia atrás –¡Secuestrador!– le gritó viéndola con molestia.

–¡No le llames así a la gran líder!– le reclamó Momo dándole un suave golpecito en la cabeza –Estás hablando de una persona muy confiable, así que; ¡discúlpate con ella!

–¡¿Con ella?!– preguntaron el niño y ella misma al unísono, todos se quedaron viéndola –¡¿Qué...?! ¡Sabía que diría eso!– exclamó a la defensiva –Siempre pasa...

–Sigo esperando la disculpa– insistió Momo de brazos cruzados viendo al niño de reojo.

–¡No voy a disculparme porque usted me lo diga, SE~ÑO~RA!

–¡No me llames señora! ¡Soy una chica joven!

–¿Ella es amiga de Shintaro?– preguntó el albino al hermano de Momo.

–¿Amiga?– preguntó ese muchacho viéndolo de reojo –Sólo es mi hermana...

–... ¿Y eso qué es?– preguntó luego de unos segundos el más alto.

Era sorprendente que ese chico, que parecía venir de una convención de anime, el cual claramente era un adolescente, no supiera el significado de aquella palabra.

–¡Los hermanos son las personas que tienen los mismos padres!– se escuchó nuevamente esa voz femenina, que provenía del chico Kisaragi, pero claramente no era él quien hablaba.

–Ohh... ¿Y los hermanos son confiables?– preguntó una vez más el albino.

–Claro que lo son– intervino Seto, sonriéndole con dulzura –. Ella es mi hermana, y somos los mejores amigos– le aseguró –. De hecho ser hermanos es incluso más que ser amigos– le resultó tierno que en el mundo de su hermano, no existiese el concepto de dos hermanos que no se quisieran.

–¡En efecto!– resonó una vez más la vocesita electrónica –La hermanita menor del amo es amiga de Ene también.

–¿Ene?– preguntó ella viendo confundida a Seto, quien la miraba de igual forma, pero nadie le prestó atención.

–Entonces, si la hermanita es amiga de Ene, Konoha puede confiar en lo que dice– dedujo el chico quien parecía estar usando todo su potencial para esa asociación de ideas, de un momento a otro estaba viéndola con esos ojos del mismo color que los de Mary, sólo que en ellos no parecía haber sentimiento alguno –. ¿Podría cuidar de Hibiya mientras Konoha busca a Hiyori?– le preguntó tomando al niño de la cintura y se lo ofreció como si fuera algún tipo de paquete.

–Ahm... Sí, claro– asintió sin saber como reaccionar, ya que el chico alto continuaba con los brazos extendidos esperando que ella tomara al niño.

–¡Suéltame retrasado!– chilló Hibiya pataleando y retorciéndose hasta que Konoha lo liberó –¡Y yo no me voy a quedar con nadie! ¡Voy a seguir buscando a Hiyori por mi cuenta!

–Hibiya...– Seto puso una mano en el hombro del chico y se inclinó hasta quedar a su altura –La hemos buscado durante horas, no hay mucho que podamos hacer ya... Todos estamos cansados, y terminarás perdiéndote tú también... Lo mejor que podemos hacer es descansar, y mañana salir con todas las energías.

–Pero...– murmuró el niño a punto de hacer un puchero.

–Tu amiga es una chica lista, ¿no es así?– preguntó ella, recordaba a la Hiyori de ocho años, se veía muy despierta para su edad, Hibiya asintió –Seguramente ya ha encontrado refugio, buscarla ahora será una pérdida de tiempo y energías, mañana el Mekakushi Dan, te ayudará a encontrarla... Es una misión– miró a los demás integrantes.

–¡Claro!– asintió Seto sonriendo.

–¡Mi primer misión! ¡Será genial!– exclamó Momo dando saltos de emoción.

Miró a Kano, él estaba demasiado callado, no le prestaba atención a nada a su alrededor... Y aquello, no le gustaba nada.

–¿Qué rayos es eso de Mekashidan?– preguntó Shintaro, viéndolos como si estuvieran locos.

Mientras Momo corregía y a su hermano comenzando una nueva discusión, ella volvió a ver al niño –¿Qué dices?

–E-Está bien...– murmuró él, y miró a Konoha –¿Tú qué piensas hacer?

–Konoha buscará a Hiyori, después irá con Hibiya– dicho eso, el chico se fue corriendo a una gran velocidad en alguna dirección.

–Ese chico es rápido...– comentó Seto poniéndose de pie sorprendido.

–Sólo es un gigante cabeza hueca– murmuró el niño.

–Si está todo decidido, acompañemos a los Kisaragi a casa y luego regresemos a la base– comentó, comenzando a caminar.

–¿De dónde sacaste a esta gente?– le preguntó Shintaro a Momo, se veía como un chico bastante mal humorado.

–¡Son mis amigos!– dijo ella orgullosamente mientras se colgaba del brazo de su líder.

Miró hacia atrás, Kano los seguía, pero parecía estar en otro mundo, necesitaba un momento a solas para hablar con él... Preguntarle qué demonios le sucedía... Y si fuera posible aclarar el asunto de Ayano... Una teoría comenzaba a formarse en su cabeza... Pero era muy extraña y retorcida... Él no podía ser capaz de ocultar algo así...

¿O sí?


Ya en la base, preparó una cena rápida, Mary no quería salir de su habitación por temor al extraño en la casa, quien dormía profundamente en el sofá de la sala. Por lo que Seto llevó ambos platos allí y cenaron juntos. Kano se había metido a su cuarto al llegar y había puesto el cerrojo no dejando entrar a nadie, y negándose a salir a comer algo... Y ella... Se sentó en el sofá a vigilar el sueño del niño...

¿Cómo podría tener apetito? Con la hermana de su madre desaparecida luego de quedarse unos días en la casa de su padre, su hermano molestándose de esa forma por un estúpido comentario, y el asunto de Ayano dando vueltas en su cabeza.

–Ya puedes ir a dormir...– la voz de Seto la sacó de sus pensamientos –Lavaré los platos y me iré a dormir también– comentó sonriéndole, con los platos de él y Mary en sus manos.

–¿Dónde vas a dormir? Kano continua encerrado en tu habitación.

–En el sofá– se encogió de hombros.

Negó un par de veces –Usa mi habitación, yo dormiré aquí.

–Kido...– se sentó a su lado dejando los platos sobre la mesita frente a ellos –No me gusta que duermas en la sala, lo hiciste durante muchos días por nuestra culpa, no me gustaría que se vuelva a repetir...

–No está tan mal... Y hoy quiero quedarme aquí, me gustaría vigilar a Hibiya– explicó viendo hacia donde el niño dormía –Y tal vez intente hablar con Kano... Después de todo, es conmigo con quien está enfadado...

–Me sorprende que se haya molestado por algo así– comentó con preocupación.

–Eso es lo que pasa cuando tu hermano te oculta cosas demasiado grandes... Tanto que no eres capaz de imaginar qué está pasando por su cabeza ni como le afectarán tus palabras...– explicó.

–Kido... No olvides por favor que él sigue siendo Shuuya, nuestro hermanito... El mismo de siempre... Él sabe cuidarse, ese incidente de hace unos días, fue la primer herida seria que ha tenido... Si fuera algo tan grande como crees, no estaría escondiéndolo de nosotros... Y aunque así fuera, somos sus hermanos, y mientras no decida hablarlo con nosotros, lo único que podemos hacer es confiar en él y apoyarlo.

–Lo sé– asintió –. Ve a dormir... Yo me encargo de lavar esos platos, y en un rato... Iré a hablar con Kano, lo prometo...

Él le sonrió –Está bien, usa mi cama entonces... Y ante cualquier problema no dudes en despertarme. Buenas noches– se levantó.

–Buenas noches– se despidió –. Seto...– lo llamó antes que él pudiera entrar a la habitación –Tú... Viste el cuerpo de Ayano ese día... ¿no?– preguntó viéndolo con atención.

–Sí...– murmuró él bajando la mirada.

–¿Estás seguro que era ella...?

–Sí, claro que sí– asintió viéndola con curiosidad –¿Por qué?

–Por nada, lamento haber preguntado– le sonrió –. Que descansen...

–Tú también...– respondió aún intrigado, y se metió al cuarto.

Pasó alrededor de una hora sentada en el sofá pensando, acerca de Kano, acerca de la misteriosa muerte de Ayano, de la cual acababan de cumplirse dos años y aún no comprendía sus motivos... Acerca de su padre, y cuál era la conexión con aquella puñalada en el pecho de su hermano. No importaba si la llamaban loca, ella sabía que él había tenido mucho que ver en aquello...

Sin embargo teoría tras teoría, cada una se le hacía más loca que la anterior... Seto tenía razón, no había nada que pudiera hacer más que esperar a que Kano decidiera abrirse con ellos... Presionarlo sólo lo alejaría... Y aunque lo negara hasta la muerta... Le dolía profundamente que se molestara con ella.

Decidida, se levantó del sofá, golpearía su puerta y le pediría que charlaran un rato... Y si era absolutamente necesario se disculparía por haberlo tratado como un niño... Aunque lo mereciera porque se estaba comportando como uno. Pero en cuanto dio un paso, una voz la detuvo.

–¡¿Dónde estoy?!– miró hacia el sofá, el niño estaba sentado, viendo a todos lados confundido y asustado.

–Te dormiste, así que te trajimos aquí según lo acordado– le dijo tranquilamente acercándose a él.

–Ah... Tú...

–Sobró un poco de cena, te la calentaré– le avisó.

–No es necesario, no tengo hambre...– murmuró él aún en el sofá, observando la sala.

–Si comes te prepararé una malteada de chocolate– le propuso cruzándose de brazos mientras lo veía con atención.

–¡¿De chocolate?!– sus ojos se iluminaron.

Ella asintió y fue hacia la cocina, hablaría con Kano más tarde, o temprano en la mañana, ya debía estar dormido de todas formas. Pocos minutos más tarde regresó a la sala y le entregó el plato al niño –Iré a preparar la malteada mientras comes, ¿está bien?– él asintió y comenzó a comer, demasiado rápido para no tener hambre, el pobre chico seguramente no había probado bocado en todo el día.

Media hora más tarde, ambos estaban sentados en la sala, uno frente al otro bebiendo malteadas.

–¿Por qué... Sugirió que me quedara aquí?– preguntó el chico viéndola con algo de timidez.

–Tengo motivos para creer que la casa de mi padre no es muy segura en estos momentos– le explicó antes de saborear el dulce chocolate.

–¿Y por qué decidieron ayudarnos?

–Eres amigo de Kisaragi, ¿no?

–¿Kisaragi?– preguntó cofundido –Ah, se refiere a Momo... No, en realidad la conocimos en la mañana, Hiyori es fan de ella, así que pasamos un rato juntos... Sólo eso.

–Es igual, ella quiere encontrar a Hiyori, así que nosotros ayudaremos– aseguró, sin embargo el chico no respondió, se quedó en silencio, viendo su vaso –. ¿Qué sucede...?

–Soñé con algo... Creo que fue un recuerdo– murmuró, ganándose su atención –. Estábamos en un parque... Ella corrió tras un... Gato, y entonces...– sus ojos se llenaron de lágrimas –Había muchas vigas enterradas en el suelo... Sangre... Y...– sollozó aferrándose al vaso.

Se acercó a él de inmediato, permaneciendo en cuclillas a su lado, observándolo preocupada, ¿sería posible que esa niña...?

–Ambos... Estábamos en medio de todo eso... Pero...– la miró aterrado –Eso no es posible, si fuera así... Yo... No estaría aquí... Tuvo que ser sólo un sueño... ¿Verdad?– ella asintió de inmediato en un intento por calmarlo –Tengo que encontrarla...

Fue sólo un instante, pero lo vio con claridad... Los ojos de ese niño brillaron en rojo. Entonces él había... Eso significaba que ella...

Oh... Rayos... Hiyori está...– pensó angustiada cubriendo su boca... En esos momentos deseaba tener los poderes de Kano, no era buena fingiendo.

–Usted... ¿Cree que ella esté...?– la expresión en el rostro de Hibiya partiría el corazón de cualquiera.

–No soy buena para estas situaciones...– murmuró, más para sí misma que para que el niño la escuchara, y puso una mano en su cabeza –Escucha, Hibiya... Sea lo que sea que haya sucedido con ella... Lograremos salvarla... Lo prometo– acarició su cabello, no era como si se sintiera capaz de cumplir tal promesa... Pero tampoco estaba mintiendo.

–No creo, que podamos... Nadie puede...– negó él esforzándose por reprimir sus sollozos pero sin rechazar la caricia.

–Si podremos... ¡Los héroes pueden lograr cualquier cosa!– le aseguró sentándose a su lado.

–¿Héroes?– la miró intrigado –Ese chico... Tu hermano, dijo que era un héroe... Ustedes son muy raros...

–¿Si te demuestro que tenemos poderes me creerás?– le preguntó sonriendo de lado, intentando verse cool.

–¡¿Poderes?!– preguntó él sorprendido.

–Te mostraré, pero no le cuentes a nadie, ¡eh!– le advirtió haciéndole la típica señal de silencio que hacía su hermana –Este es un gran secreto, ¿entendido?– él asintió con una chispa de emoción –¿Ves ese vaso?– preguntó señalando su vaso de malteada, él volvió a asentir –Observa...– sus ojos se pusieron rojos y concentró su poder haciéndolo desaparecer de la vista del chico.

–¡Whoa!– exclamó emocionado –¡Desapareció!– la miró sorprendido –¡Tus ojos ahora son rojos!– la señaló.

–Así se ponen cuando uso mi poder– asintió sonriendo complacida, por un rato lograría que el niño olvidara su depresión –. Y no desapareció... El vaso sigue allí, pero no puedes verlo.

–¡¿Puedes hacer desaparecer otras cosas?! ¿Cosas grandes?

–Depende qué tan grandes, no puedo ocultar un edificio, pero puedo ocultar personas por ejemplo... Casi cualquier cosa en un radio de dos metros del lugar en el que estoy.

–¡Eso es increíble! ¡¿Entonces puedes entrar en cualquier lugar sin ser vista?!– ella asintió –¿Los demás también tienen poderes?

–Sí, pero nuestros poderes son secretos– le recordó –. No puedo revelar los de mis hermanos...– se le hacía una buena forma de darle más misterio al asunto.

–Entiendo– asintió poniendo cara seria en señal de madurez –¿Y tú eres la líder?– ella asintió a aquello –Entonces, tal vez sí exista la posibilidad de encontrar a Hiyori...– comentó él con una sonrisa llena de esperanza en su rostro.

–¡Cuenta con nosotros!– le sonrió –Ahora intenta dormir, mañana continuaremos con la misión.

Lo vio asentir y recostarse, mientras ella se levantaba y lo arropaba con cuidado, en cuanto el pequeño se durmió, tomó los platos y vasos de malteada y se dirigió a la cocina a lavarlos, para poder dormir también.

–Yo creo que eres muy buena para estas cosas– escuchó una voz detrás de ella en el preciso momento en que apagó la luz.

–¡AHH!– chilló casi tirando toda la loza –¡No me asustes de esa forma!– le gritó a Kano quien estaba detrás de ella riendo por lo bajo.

–¿Le pusiste algún sedante a la malteada?– preguntó riendo, observando al niño que no se había despertado para nada.

–¡Por supuesto que no!– murmuró en voz baja, entrando a la cocina mientras él la seguía –Debe estar agotado...

–Oye... ¿Tú crees que Hiyori esté muerta?– preguntó Kano sentándose a la mesa.

Dejó la loza en el fregadero y se sentó frente a él –Lo está– asintió –. Fue sólo un segundo, pero sus ojos se pusieron rojos...

–¿Los del chico?– preguntó él y ella asintió –¡No me jodas!

–No puedo entenderlo...– murmuró viendo la madera de la mesa –Mamá... Luego su hija, ahora su hermana... ¿Todas ellas un quince de agosto igual que nuestros padres...? ¡¿Qué rayos sucede con este maldito día?!– exclamó exasperada.

–Kido...– levantó la mirada, él se veía preocupado –No llores, por favor...

–¡No estoy llorando!– se pasó la mano por los ojos, efectivamente estaban húmedos –¡Sólo es una tonta alergia de verano!– mintió yendo a lavar los trastes –Te calentaré la cena.

–¿Y me harás una malteada?

–Ya estás grande para eso– no podía evitar molestarlo después del berrinche que había hecho unas horas antes.

–¿Y ahora?– recordaba esa voz, se giró y lo vio sorprendida –Por favor~– le suplicó él, con apariencia de niño, balanceando sus piernas que no llegaban al piso.

–D-Deja de hacer eso...– murmuró girándose nuevamente para calentar su comida –¿Era necesario que también imitaras su voz...?

–¿Su voz...?– preguntó con ese tono tan inocente –Si soy yo mismo... Sólo que me veo como el día que nos conocimos... ¿Te acuerdas?

–Claro que sí– respondió con sequedad dejando el plato en la mesa –. ¡Te haré la estúpida malteada! ¡Ahora quítate esa máscara!

–¡No quiero~~! Kido me tratará mejor si soy un niño~~

–Eso no es verdad– murmuró preparándole la bebida –. Te trataré mejor si dejas de mentir todo el tiempo.

–Cuando me conociste mentía aún más que ahora...

–No mentías...– dejó la malteada frente a él –No podías evitar decir aquellas cosas, mentir es diferente... Las personas mienten porque quieren hacerlo.

–Kido, ¿tú me odias?– preguntó volviendo a su forma original.

–Odio tus mentiras...

–Mis mentiras son parte de mí, son la parte más grande...– permaneció en silencio, ¿qué responder a aquello? –Eso significa sí que me odias...

¿Qué buscaba...? ¿Molestarla, torturarla? –Llevaré al niño a tu habitación, lo dejaré en la cama de Seto– le avisó mientras salía de la cocina antes de estallar en ira o llanto, lo que sucediera primero.

Tomó a Hibiya con cuidado y lo acostó en la cama de su hermano, luego de arroparlo bien, se acostó en el sofá activando su poder... Se permitió llorar, nadie la vería de todas formas... Le dolía demasiado ver como su relación con Kano se había roto tanto... Extrañaba sus largas charlas... Sus vueltas a casa luego de la escuela... Extrañaba a Shuuya más de lo que él nunca imaginaría... Tsubomi habría hecho lo que fuera por recomponer su relación... Pero Tsubomi había desaparecido hacía mucho... Y si las cosas continuaban evolucionando de esa forma... No volvería...


El día comenzó muy temprano, demasiado tomando en cuenta que no logró dormirse hasta pasadas las cuatro de la madrugada, y a las seis unos fuertes golpes en la puerta la despertaron.

En esos momentos caminaba por las calles siendo acompañada por Momo y Hibiya, se habían repartido en tres equipos de búsqueda, Kano y Seto iban con Mary, quien finalmente accedió a salir de la casa y Konoha, iba con Shintaro y Ene, quien resultaba ser un programa o algo por el estilo en el celular del pelinegro.

–¿Por qué la señora tenía que venir con nosotros?– le preguntó Hibiya, pero Momo se adelantó a responder.

–¡Te he dicho que no me llames señora!– gritó le gritó al niño.

–¡Está bien, te llamaré anciana!

–¡Deja de decir eso, bebé!– extendió sus brazos en un intento por jalarle las mejillas.

–¡Aléjate de mí! ¡Vas a ahogarme con tus arrugas!– se quejó él dando manotazos.

–¡Sigue diciendo eso y te arrancaré todos los dientes de leche!

No recordaba en qué momento había quedado en medio de ambos, sólo que ahora estaban empujándola y gritando en sus oídos... ¡Eso era fantástico para su dolor de cabeza!

–¡Sólo me quedan dos dientes de leche! No hables sin saber anciana.

–¿Este es el parque?– preguntó deteniéndose frente al lugar que Hibiya había descrito antes, con eso logró que ambos dejaran de pelear.

–Sí, aquí es...– asintió él –Es el lugar de mi sueño...

–Deberíamos buscar en los alrededores– sugirió Momo.

–Creo que ella corría en... Esa dirección– murmuró él señalando una de las salidas del parque.

Ambos corrieron hacia ese lugar, y ella no tuvo otra opción más que seguirlos, no podía dejar que Momo se alejara demasiado. Sin embargo a los pocos metros los tres se detuvieron... Frente a ellos una calle muy transitada, por la que pasaban muchos camiones, sobre ellos las enormes grúas de un edificio en construcción, a su derecha un escalera que daba a un paso peatonal elevado, y a su izquierda las marcas en la acera de algo muy pesado que cayó allí...

Escuchó un sollozo, era Hibiya, quien miraba aterrado unas manchas secas de lo que alguna vez fue sangre, en plena acera, los muros y las columnas también estaban salpicados de aquello... No había duda, el dueño de esa sangre no pudo sobrevivir.

–No puede... Ser...– murmuró Momo al borde de las lágrimas.

Antes de que pudiera decir o pensar en algo para tranquilizarlos, el niño comenzó a correr llorando a mares, como si corriendo pudiera alejar la certeza de que su amiga estaba muerta. Momo y ella misma lo siguieron, aquello la había despertado por completo, por lo que no tardó en percatarse del peligro al que se exponían.

Hibiya corría fuera de sí, llorando sin ver por dónde andaba, cruzaba calles sin respetar semáforos, Momo lo seguía como si su vida dependiera de ello, y ella aún mantenía su poder sobre los tres, por lo que nadie podía verlos hasta que chocaran con alguien... Aquello incluía a los vehículos que pasaban a centímetros de ellos en plena calle.

No podía desactivar su poder, o las personas rodearían a Momo y perderían de vista a Hibiya, pero continuar de esa forma era casi un suicidio para los tres. Mientras buscaba una solución la voz de Momo la sacó de sus pensamientos.

–¡CUIDADO!– gritó la idol casi sollozando de desesperación al ver como el niño cruzaba en rojo, no necesitó ver el camión que se aproximaba hacia ellos para saber que debía hacer algo.

Fue un alivio que Momo reaccionara congelándose en su lugar, todo habría sido mucho más complicado si ella también corría a la calle, eso fue algo en lo que pensó luego de que todo terminara.

En ese momento su propia reacción fue correr a toda velocidad, exigiendo al máximo su condición física que nunca había sido mala. Pasó a un lado de Momo como si fuera el viento, y llegó a la calle cuando el camión estaba a escasos centímetros del niño...

Nunca sabría cómo lo logró, sólo que instantes después estaba abrazando a Hibiya y sacándolo de la ruta del camión, el cual pasó tan cerca que la puerta rozó su espalda y el espejo retrovisor chocó con su cabeza rompiéndose. El conductor no podría entender qué fue aquello que hizo estallar su espejo de un momento al otro.

–¡Kido, Hibiya! ¡¿Están bien?!– escuchó los gritos aterrados de Momo quien sabiamente se mantenía aún en la acera sin atreverse a cruzar.

Abrió los ojos encontrándose con los de Hibiya que la miraba aterrado mientras silenciosas lágrimas caían por sus mejillas, por fortuna el camión no iba demasiado rápido, así que el impacto en su cabeza la había tambaleado un poco no llegó a desmayarla, aunque dolía como el infierno y podía sentir la sangre bajando por su oreja y cuello.

–Estamos bien...– le avisó a Momo, y en cuanto la luz se puso en verde se reunieron.

Rato después regresaban a la casa.

–¡Tsk!– se quejó con un pañuelo aún en su cabeza, intentando evitar que el sangrado ensuciara su ropa, por culpa de Kano, sabía perfectamente lo que costaba sacar esas manchas de la tela.

–Líder... ¿Está segura de no querer ir al hospital?– preguntó Momo una vez más –Un golpe así en la cabeza puede ser muy peligroso– aseguró mientras cargaba en su espalda a Hibiya.

–Estoy bien, si en un rato me siento mareada o el dolor aumenta iré– le aseguró.

Obtuvo como respuesta una mueca desconforme de Momo y una mirada llena de culpa de Hibiya, el niño no había dicho palabra desde el casi accidente, ni siquiera se quejó cuando Momo decidió cargarlo.

Al llegar a la base fue directo al baño a limpiarse, Momo la siguió y le ayudó a ponerse un apósito en la herida.

–Líder, creo que deberíamos avisarle a los demás que regresen... No creo que encuentren... a Hiyori, ya sabe por qué...– sugirió con tristeza.

–Me parece bien– asintió levemente –. Kisaragi...– hizo una pausa asegurándose de tener su completa atención –Ni una palabra de esto a los demás...

–¿Qué? ¿Se refiere a...? ¡Pero líder, sus hermanos deben saber que está herida!– exclamó.

–¡He dicho que no!– la miró con firmeza –Estoy bien, no haré más que preocuparlos si les digo, no tiene sentido que lo sepan.

–Líder...– murmuró Momo con timidez –Perdone que lo pregunte pero... ¿Usted siempre le miente a sus hermanos?

Luego de fulminarla con la mirada, se quedó unos segundos en silencio, comprendiendo que estaba comportándose de la forma en que Kano lo hacía... ¿En qué momento decidió adoptar esa conducta que tanto aborrecía de su hermano? Exhaló derrotada –Tienes razón... No debería mentirles...

–Entonces llamaré a mi hermano– dijo ella recuperando parte de su alegría –. Iré con Hibiya... No quiero dejarlo solo ahora– le avisó antes de salir del baño.

–Está bien, le avisaré a los demás e iré con ustedes– comentó sacando su celular mientras la chica se marchaba.

Llamó a Kano y esperó que éste atendiera –Querida líder~~– escuchó esa molesta voz burlona –¿Encontraron algo? Creo que sólo estamos perdiendo el tiempo aquí, y envidio a Mary, yo también quiero que me carguen– bromeó mientras se escuchaba de fondo la voz de Seto diciendo; "Puedo cargarlos a ambos si lo deseas".

–Escucha, encontramos el lugar donde sucedió, Hibiya entró en estado de shock y casi lo atropellan, ahora estamos en la casa.

–¿Están todos bien?– preguntó Kano luego de un largo silencio, mientras Mary y Seto preguntaban qué había sucedido.

–Sí– respondió de inmediato –, en realidad... Hibiya y Momo están asustados... Y yo...

–¿Y tú qué?

–Me golpeé la cabeza, no es nada grave, sólo está sangrando un poco...– él no respondió, ni siquiera podía escuchar su respiración –Sólo regresen, ¿sí? Sucedió lo que hablamos anoche, no tiene caso seguir dándole buscando.

–Vamos para ahí, por favor descansa, nos ocuparemos de todo en cuanto lleguemos– su tono de voz era dulce y sincero, tal vez aún había algo de Shuuya enterrado bajo tantas mentiras.

–Bien...– respondió antes de colgar.

Más tarde ya todos estaban en la base, y el bullicio era increíble. Ella permanecía sentada en uno de los sofás en medio de sus dos hermanos, estaban algo apretados, pero ellos lo habían hecho apropósito, evitando así que ella pudiera escapar. Mary miraba con curiosidad el apósito en su cabeza sentada en la falda de Seto, y frente a ellos estaban los demás. Hibiya, Momo y su hermano en el otro sofá, Konoha parado detrás de ellos, sobre la mesita ratona estaba el celular de Shintaro y en su pantalla se podía ver una chica de cabello azul, que hablaba sin parar.

No entendía bien qué era ella, pero no parecía ser una aplicación normal, tenía voluntad e inteligencia, era como una persona que vivía allí dentro. Momo también hablaba sin parar, al parecer ambas se llevaban muy bien, y disfrutaban de molestar al Kisaragi varón. Hibiya continuaba deprimido, viéndola cada tanto con culpa, y Mary y sus hermanos ponían al día a todos acerca de la pandilla y sus poderes.

No estaba prestando demasiada atención a la charla, tenía mucho sueño y su cabeza dolía, no notó que le hablaban hasta que sintió como Kano le daba unos toques suaves en el hombro –¿Te sientes bien?– lo escuchó preguntar.

–Sí, lo siento, me distraje– murmuró sintiéndose un poco incómoda por como todos dejaron de hablar y se quedaron viéndola –. ¿Qué sucede?

–Te preguntaba si estás de acuerdo en que ellos sean parte de la pandilla– dijo con una sonrisa.

Miró a todos los chicos frente a ella, entendía que Hibiya fuera parte del equipo, ya que tenía esos ojos al igual que ellos aunque no lo supiera, pero, ¿y el resto? Antes de que fuera capaz de preguntar escuchó la explicación de Momo.

–¡Piénselo líder, Konoha es muy fuerte, y Ene puede entrar a cualquier dispositivo electrónico, son habilidades únicas!– aseguró.

–Y los otros dos son unos inútiles– completó Kano ganándose los reclamos de Shintaro mientras Ene reía estridentemente desde el aparato –. Pero Hibiya podría recordar algo más, y el otro...– ¿era una impresión suya o Kano miró con desprecio al hermano de Kisaragi? –Lo necesitamos para tener a Ene en el equipo.

–Está bien... Si ustedes están de acuerdo...– murmuró cansada, no se sentía en condiciones de tomar ese tipo de decisiones.

–Kido, ¿no te gustaría descansar un poco?– preguntó Seto, ella respondió asintiendo levemente mientras lo veía con gratitud. –¿Podrías acompañarla, Kano?

–No es necesario...– negó con terquedad.

–¡Claro que lo es!– se levantó Kano –Vamos, no quiero arriesgarme a que te caigas por el camino.

–Eso no va a pasar– murmuró seriamente levantándose y caminando hacia su habitación siendo seguida muy de cerca por el chico.

–¿Realmente estás bien?– le preguntó cuando entraron a la habitación y él cerró la puerta.

–Anoche no dormí bien, estoy algo cansada, sólo eso– comentó sentándose en la cama.

–En ese caso te dejaré dormir– le sonrió dándose la vuelta pero antes de salir volteó a verla –. Por cierto...No sé si has tomado conciencia de que salvaste la vida de ese niño... Me siento muy orgulloso de ti... Pero si vuelves a arrojarte frente a un camión en movimiento... No te lo perdonaré...– su risueña voz, se volvió dura y sombría en el último enunciado, después de aquella advertencia se fue sin esperar respuesta.

Rodó los ojos y se acostó... El burro hablando de orejas... –Tonto Kano...– murmuró antes de quedarse profundamente dormida.

Continuará.

Sigo con los capítulos raros, pensaba avanzar algo en este y apenas pasó un día... Lo siento, me demoré encima les traje un capítulo que no es muy bueno... Pero como siempre, si espero a corregirlo, siento que me voy a estancar... Espero que no les moleste que las cosas avancen lento...

Y muchas gracias a quienes comentaron, paso a responder:

Jeffy Iha: Pobre Kano, y vos diciendo que merece la puñalada por imbécil... (Aunque es un poco cierto) A ver si decís lo mismo del camión que casi mata a Kido... Y coincido con Pepe Argento, es un boludo, sólo a él se le escapa tan fácil un secreto así... Momo es genial, a Shintaro no le pasó nada así que se puede bromear con lo del ataque terrorista, y molestarlo un poco también, y no sé si en el manga había algo como lo que hice acá, mi memoria es muy mala a esta edad (XD), lo que sí había es que Konoha y Seto, Kano, y Kido se conocen durante el ataque en una de las líneas temporales, él los salva y por eso ellos le ayudan a buscar a Hibiya por gratitud.

La serpiente es lo más... Fue una pena que no apareciera en este capítulo, supongo que por eso no me gustó mucho, la extrañé... La verdad con las opciones que tengo en cuanto a elegir presidente, la serpiente es la mejor de ellas... Lamentablemente esta vez mamá pato no sólo no pudo consolar al patito abnegado sino que encima se están alejando más y más... Pero le preparó una malteada... es algo, ¿no? ¡¿Treinta pesos?! ¡Esas cosas en mis tiempo no pasaban! ¡Es culpa del gobierno, hay que matarlos a todos con lanzallamas! *Sale en alpargatas a la calle revoleando el bastón porque no tomó la pastillita verde*. Gracias por el comentario, besos.

LeekLoverOtakuKawaii: Bienvenida de nuevo :D. Que bueno que te estén gustando los capítulos, y el loop de muertes de Hiyori y Hibiya no lo hice, sólo una de las líneas, en un principio dudé si dejar viva a Hiyori esta vez pero no... Hibiya gana por acosador. Respecto a como lo hice, creo que no leíste el capítulo anterior al momento de escribir el comentario, allí está lo que pasó y en este se aclara un poco más. Muchas gracias por comentar, besos.

Gracias a todos por leer.

Siguiente capítulo: Amigos muy interesantes -Seto-

Hasta la próxima.

Trekumy.