Capítulo 29: El bromista encapuchado.

Una madre...– fue su primer pensamiento.

No era la primer vez que notaba ese instinto maternal tan arraigado en ella, pero sin dudas, verla interactuar con un niño, le resultaba extremadamente tierno... ¿Cómo se comportaría frente a un chico aún más pequeño? ¿Sabría cargar un bebé?

Si algún día llegaba a tener hijos... Él se sentiría muy celoso de esos niños...

Continuó observando por el agujero de la cerradura, hasta que ella apagó la luz y el espectáculo terminó. Pero eso no lo detendría, casi sin pensarlo la siguió en la oscuridad, riéndose cuando ella por poco tira lo que llevaba en sus manos al notar su presencia. Ya en la cocina charlaron un rato, realmente lo necesitaba, había pasado horas encerrado en su habitación pensando y pensando, todos ellos pensamientos negativos, hasta que el hambre fue lo suficientemente fuerte para hacerlo bajar de su cama con toda la intensión de escabullirse a comer algo sin ser visto, y se encontró con aquella tierna escena.

Todo iba bien hasta que el asunto de las mentiras salió a flote, y él recordó la decisión que había tomado hacía una hora aproximadamente.

Debía alejarse...

No era más que un impostor, un usurpador en el cuerpo del hermano de esa chica, sus mentiras lo habían consumido hasta convertirse en otra persona, una muy diferente. Una que era capaz de herir a sus hermanos, de mentirles y cometer a sus espaldas atrocidad tras atrocidad.

Si le quedaba algo de decencia, no podía permitir que ellos continuaran a su lado, seguir engañándolos, seguir hiriéndolos... Tan fuerte era su convicción y tan grande su voluntad, que apenas escuchó la voz de su hermana fue tras ella como un perrito faldero desesperado por atención.

¿Por qué le era tan difícil mantener la distancia? ¿Por qué no podía simplemente largarse de esa casa en la que no aportaba nada y proteger a sus hermanos desde lejos?

No conocía la respuesta, pero simplemente le resultaba imposible...

Entonces, si no podía alejarse, tal vez lograra que ella lo hiciera por él... Sí, Kido era orgullosa, y con las palabras adecuadas era posible que se negara a hablarle en lo que le quedaba de vida... Así todo sería más sencillo.

–Kido, ¿tú me odias?– preguntó cínicamente.

–Odio tus mentiras...

–Mis mentiras son parte de mí, son la parte más grande... Eso significa sí que me odias...– dolió, dolió mucho decir esas palabras, pero dolió más aún ver el rostro de su hermana, esa expresión llena de decepción y resentimiento.

Debería estar feliz, eso era precisamente lo que buscaba, sin embargo no lo estaba... Permaneció en la cocina alrededor de media hora después de que ella se marchó, al salir se quedó unos segundos de pie a mitad de la sala viendo hacia el sofá en el que fingía dormir, a pesar de haber activado su poder él era capaz de percibirla con claridad, sobre todo ese agónico llanto...

Se odió por aquello, esperaba que ella también...

Se metió al cuarto sabiendo que en esos momentos estaba engañándose a sí mismo... Que moría por olvidarlo todo y correr a abrazarla y llorar a su lado, en sus brazos... Pedirle perdón y recibir sus palabras de afecto... Sus insultos, o sus golpes... Si venían de ella, lo harían sentir mejor.

Se acostó pensando en aquello, no tardó en dormirse... Al menos en sus sueños era libre de ser él mismo... Amaba esos sueños en los cuales las preocupaciones desaparecían y pasaba tiempo con sus hermanos como en los viejos tiempos...

–Te aman, y tú a ellos... Por favor Shuuya... No cometas el mismo error que yo...– en sus sueños, Ayano solía aconsejarle, ella siempre tenía razón, él se quedó observando la bufanda roja que se mecía con el viento frente a sus ojos.

–No quiero seguir lastimándolos...– murmuró levantando la mirada hacia el horizonte, donde Tsubomi y Kousuke jugaban trepados a un árbol.

–Nada los lastimará más que tu ausencia...– Ayano miró hacia el árbol donde ellos jugaban –Por favor Shuuya... Sigue tu corazón... No encontrarás mejor consejero...

–Lo intentaré...– asintió sintiéndose un poco mejor –Gracias Ayano...– caminó hacia ella y la abrazó –Siempre te querré...

Aquel sueño que cambió rápidamente a otro el cual olvidaría al despertar... Lo hizo feliz...

Pero sólo era eso... un sueño y nada más...


La casa se llenó de bullicio esa mañana, aún no se había percatado de que sería de esa forma todos los días de ahí en adelante... No le pareció malo, tal vez de esa manera, la voz en su cabeza, esa que le recordaba lo patético e inútil de su existencia, sería más fácil de ignorar.

Cuando llegó la hora de dividir los equipos tomó la peor decisión, seguía con esa idea en su cabeza, seguro Kido ya lo detestaba lo suficiente para no querer pasar tiempo con él, y él le daría gusto yendo con Seto y Mary. Si hubiera ido con ella, tal vez las cosas no hubieran salido tan mal.

Se hirió, y no fue sólo la herida... Cuando Momo les contó lo sucedido, aquella certeza de que Kido estuvo a punto de ser arrollada por un camión le heló la sangre... Puso mucha fuerza en mantener su máscara amable, en no ver con odio al chico que por imprudente, casi consigue quitarle a su hermana...

Ella se fue a descansar cerca del mediodía, y pese a que había revisado que estuviera bien, entrando a su habitación cada tanto durante la tarde... Le asustaba que ya de noche ella aún no despertara... También le preocupaba que nadie a parte de Mary la vigilara durante la noche, la albina era lo intentaba, pero le costaba percibir a Kido cuando ésta dormía y no era capaz de controlar su poder al cien por ciento.

Estaba pensando en sugerirle a Seto que pasara la noche con ellas, cuando la misma Mary propuso aquello del intercambio de habitaciones. Por simple diversión, la obligó a pensar en alguna excusa para el intercambio, se veía muy graciosa cuando se esforzaba por algo.

Al entrar a la habitación de Kido, dispuesto a pasar la noche con ella, recordó aquel propósito de alejarse... Exhaló resignado, al parecer no había fuerza en ese mundo capaz de mantenerlo lejos por un mísero día...

Las camas estaban bastante juntas, Seto y Mary las juntaban cada vez que dormían en esa habitación, eso le vendría bien, entre más cercano a ella, más pendiente de sus movimientos estaría. Se quitó la parka, apagó la luz y se acostó en la cama de Mary, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, se quedó viéndola un rato... Se veía tan tranquila. Estiró su mano y la puso sobre la de ella, con la excusa de que así sentiría cualquier movimiento y despertaría de inmediato, de esa forma se quedó dormido.

Despertó al sentir un ligero apretón en su mano, al abrir sus ojos se encontró con ella sentada, viendo sus manos entrelazadas con confusión.

–Puedo explicarlo...– murmuró adormilado incorporándose un poco –¿Cómo te sientes?

–Bien, creo...– se escuchaba muy débil.

–¡¿Crees?!– se sentó de inmediato viéndola con preocupación –¿Duele mucho?

–Un poco... Estoy mareada... No debí dormir tanto...

–O podría ser porque no comiste nada... O... Tal vez debería llevarte a emergencias...– murmuró asustado.

–Comeré algo, eso debe ser...– aseguró –Iré a preparar una cena ligera.

–No es necesario– negó sonriéndole –, Seto escondió una porción de Konoha por si despertabas con hambre.

–¿Cocinaron?

–Las chicas lo intentaron, pero fue un desastre así que terminamos pidiendo comida a domicilio.

–¿Las chicas?– sus ojos se abrieron mucho, él asintió –¿Mary...?– preguntó casi sin aliento.

–Y Momo, no creí que alguien pudiera competir con Mary en torpeza– se rió recordando el incidente de horas atrás.

–¡Mi cocina!– exclamó al borde de un ataque de nervios levantándose rápidamente sin importarle su dolor de cabeza o mareo –¡¿Cómo quedó la cocina?!– le preguntó viéndolo aterrada.

–Lo importante es que tenemos salud...– sonrió tímidamente, pero cuando ella hizo esa mueca tan adorable y sus ojos se llenaron de pánico, negó de inmediato –¡Es broma, es broma! Sólo cocinaron algo horrible, y Seto y yo nos pusimos firmes en que dejaran todo como lo encontraron, así que la cocina está a salvo.

–Espero que no estés mintiendo...– murmuró más calmada –Necesito lavarme el rostro...– informó comenzando a caminar hacia el baño, él la siguió por el pasillo y se detuvo cuando ella lo hizo.

–Kano...

–¿Qué...?

–¿No pensarás entrar conmigo?– le preguntó entrecerrando sus ojos.

–¿Por qué no? Sólo vas a lavarte el rostro.

–¡Es una forma de decirlo, tonto!– exclamó sacudiendo la mano, hasta ese momento no se había dado cuenta de que sus manos seguían tomadas.

–Está bien, me quedaré aquí esperando– concedió soltándola.

–¡No quiero que te quedes escuchando!

–Pero estás mareada, ¡podrías caerte!– explicó sin comprender por qué tanto problema.

–No estoy tan mareada para caerme... Si me siento mal te llamaré, ¿si? Pero por favor, no te quedes escuchando...

–Si eso quieres– se encogió de hombros –. Iré por tu comida entonces– ella le sonrió y acarició su cabello despeinándolo, antes de encerrarse en el baño.

Se escabulló hacia la cocina y tomó la comida que habían escondido, después de eso recorrió en puntas de pies la sala intentando hacer el menor ruido posible, pero el sonido de alguien oliendo el aire lo hizo detener. Miró hacia atrás asustado y en la oscuridad pudo ver algo moviéndose...

–Comida...– escuchó murmurar a esa cosa que se arrastraba por el sofá en el que había dormido, extendiendo sus manos en un intento por alcanzar la bandeja de espuma que él llevaba.

–N-No es para ti...– murmuró entre molesto y asustado, sintiendo como sus manos comenzaban a alcanzarlo.

–Tengo hambre...

–¡Konoha! Vuelve a dormir– escuchó la orden llena de firmeza de Kido quien acababa de salir del baño.

Reprimió una risa al escuchar un gemido lastimero del chico quien volvió a acostarse –¡No sabía que teníamos una mascota!– comentó divertido siguiéndola a su habitación –Mañana le enseñaré que me de la patita.

–No hables así de uno de los miembros de la pandilla– lo reprendió sentándose en la cama y esperando que él le entregara su comida –. Por cierto, ¿pasó algo mientras estuve dormida?

–Sorteamos los números de los miembros– le contó entregándole la bandeja y los palillos –. Quedaron en este orden; Ene, Shintaro, Hibiya y el perro.

–Te dije que no le llamaras así– murmuró viéndolo de reojo –. No entiendo bien qué es Ene– le confesó mientras comía.

–Pues...– removió un poco sus ojos mientras pensaba en una forma de explicarlo sin que fuera evidente que él sabía, o al menos se imaginaba, más de lo que debería respecto a la procedencia de Ene –Creo que el espíritu de una chica quedó encerrado en ese aparato...– la miró –Podrías pensarlo de esa forma.

Ella dejó de comer y se quedó viéndolo asustada –¿Como un fantasma que posee un objeto?– él se rió, amaba esa expresión.

–Sí, eso mismo– asintió divertido.

Ella siguió comiendo en silencio haciendo un esfuerzo sobre humano para no temblar, casi podía escuchar las cosas que estarían pasando por su cabeza... Y aunque lo disfrutaba, luego de unos minutos sintió algo de pena, así que decidió distraerla un poco.

–¿Qué opinas del chico Kisaragi?

–¿Ahh...?– preguntó ella viéndolo –No tengo opinión, sólo sé que no te agrada, supongo que lo reconociste aún antes que yo...

–¡¿Sabes quién es?!– preguntó sorprendido, él lo conoció mientras se hacía pasar por Ayano, pero, ¿de dónde lo conocía Kido?

–¡Shintaro esto, Shintaro aquello! Shintaro, Shintaro, Shintaro... ¿Cómo no recordar ese nombre si Ayano no dejaba de hablar de él?– preguntó con una media sonrisa –Además lo conocimos al poco tiempo de ser adoptados, cuando ella lo llevó a la casa, pero fue hace mucho, está bastante cambiado, no me sorprendería si no lo recordaras. Él tampoco parece saber quienes somos.

Kido solía tener muy buena memoria para aquellas cosas, recién en esos momentos cuando ella mencionaba el hecho, él era capaz de rememorar aquel incómodo acontecimiento –Tienes toda la razón como siempre querida líder~~– canturreó, así era más fácil que no se notara lo molesto que se sentía con ese tipo, que incluso siendo un niño le había caído fatal.

La conversación volvió a morir, ella se dedicó a comer y él a pensar en cómo hacerle la vida a cuadritos al imbécil ese... Una de sus teorías, una de las más retorcidas y oscuras, le indicaban que su hermana se había suicidado por el maltrato de ese maldito... En el fondo sabía que no era del todo así, que el monstruo que había poseído a su padre tenía gran parte de la culpa, pero aquella idea seguía dando vueltas en su cabeza, Ayano era dulce y amable con él, y ese le respondía con insensibilidad a cada intento de acercamiento... Aquello bien pudo ser uno de los motivos por los que ella decidió que ya no quería vivir...

Fue por eso que propuso hacer a todos miembros de la pandilla... Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca... Eso decían y eso haría... Vengaría a su hermana, le haría sufrir en carne propia los maltratos y la desolación que le causó.

–Gracias por la comida– la voz de Kido lo sacó de sus pensamientos –. Es demasiado tarde, creo que deberías dormir– le aconsejó levantándose y dejando la bandeja en una esquina de la habitación, lejos de las camas.

–Sí, eso haré– asintió –. ¿Tú qué harás?– preguntó curioso.

–Dormí demasiado, creo que leeré un poco...– informó, acomodando sus almohadas para luego sentarse cómodamente en la cama y buscar algo en su celular.

Bostezó automáticamente al recordar qué hora era, el día siguiente seguiría pensando en maldades con las que torturar al imbécil ese, por el momento dormiría. Se acostó y se quedó viéndola, leer en la pantalla del aparato –¿Qué lees?– le preguntó un poco adormilado.

–Una novela...

–¿Romántica...?

Sonrió cuando ella se sonrojó –Tiene algo de eso...– murmuró incómoda.

–Léeme...– le pidió, a lo que ella lo miró confusa –Quiero dormirme escuchando– murmuró cerrando los ojos y acomodándose mejor en la almohada.

Esperó pacientemente mientras poco a poco caía en la inconsciencia, creyó que ella simplemente lo ignoraría, pero luego de un par de minutos comenzó a leerle. No escuchó demasiado ya que se durmió casi de inmediato, sin embargo le pareció curiosa esa historia acerca de un gatito enamorado de su dueña humana...


El día siguiente comenzó alrededor de las diez AM para él, salió a la sala bostezando, encontrándose con la primer sorpresa, Hibiya seguía dormido en el sofá –¡Wow, ahora no soy el más perezoso del grupo!– eso era bueno, tendrían otro a quien molestar por dormilón.

–¡Buenos días, Kano!– lo saludó Mary quien sentada en el piso trabajaba en sus flores de papel, si no se equivocaba, en un par de días tenía su entrega mensual, no ganaría más que para un par de litros de leche y un pan, pero ella se sentía útil porque tenía trabajo.

–Buenos días, ¿el resto?– preguntó peinándose un poco con los dedos.

–Seto está trabajando y Kido está con Konoha en la cocina– respondió antes de volver a concentrarse en su trabajo.

Con las manos en sus bolsillos se dirigió a la cocina, al abrir la puerta encontró una escena bastante curiosa, Kido estaba sentada con una mano en su cabeza, mientras Konoha revoloteaba a su alrededor suplicándole por comida y recordándole cada cinco segundos que tenía hambre.

–Ya desayunaste... Tendrás que esperar al mediodía...– murmuró ella poniendo ambas manos en sus oídos.

–Pero tengo hambre...

Tomó una revista que había por ahí, la dobló y golpeó la cabeza del chico suavemente –¿No te das cuenta de que se siente mal?– lo regañó.

–¿Por qué se siente mal?– preguntó el chico viéndolo con intriga.

–¿Por que la golpeó un camión en la cabeza tal vez?– preguntó, pero la ironía parecía una ciencia desconocida para el cerebro del albino –Escucha– sacó su celular y se lo extendió –. Toma esto, y ve a la sala, despierta a Hibiya y pídanle a Mary que llame a Momo, y le diga que en el camino compre algo de comida para todos... ¿Entendiste?

Konoha asintió –¡Pedir comida!– y se fue corriendo con el celular en mano.

–Eso lo mantendrá entretenido un rato...– murmuró inclinándose frente a Kido –¿Mareo o dolor...?– le preguntó preocupado.

–Ambos...– no pudo reprimir la mueca de disgusto –Pero no está tan mal como anoche... De hecho cuando me levanté me sentía bien, pero después de cocinar y limpiar la casa volví a marearme...

–Tienes que descansar– murmuró incorporándose –, ve a tu habitación, intenta dormir un poco, te despertaré cuando lleguen los demás.

–Aún tengo que lavar la...– comenzó a decir pero él la interrumpió.

–A tu habitación o le hablaré a todos del gatito Richard y su dueña Charlotte...– sentenció viéndola con seriedad.

–Creí que estabas dormido...– murmuró ella, a lo que él se cruzó de brazos y dio un par de golpecitos en el suelo con el pie mientras la observaba con seriedad –Está bien...– cedió finalmente algo molesta y salió de la cocina.

Una vez solo miró a su alrededor, estaba comenzando a molestarle un poco la actitud impertinente de Konoha, tal vez podría hacerle una pequeña broma...

Fue muy sencillo, dejó ese globo lleno de agua cubierto con crema pastelera en un plato encima de la mesada de la cocina, a su lado había un cuchillo. Sólo necesitó pedirle al joven que le alcanzara su revista de la cocina. Cinco segundos después escucharon la leve explosión seguida de un grito agónico. Y antes de que alguno de los que estaban en la sala pudiera mover un dedo, lo vieron salir corriendo, cubierto de crema y agua, sollozando con mucho sentimiento.

Necesitó activar su máscara para poder reír a sus anchas del albino quien lloraba en un rincón repitiendo una y otra vez que la comida explotaba en cuanto la tocaba y que ya no podría volver a comer, mientras Momo, Mary y Seto intentaban confortarlo. Konoha sollozó hasta la noche, y él no podía dejar de reír al verlo, aquello fue tan divertido que ya estaba pensando quién sería su próxima víctima.

El día siguiente comenzó con algo suave, como intercambiar las latas de bebidas carbonatadas de ambos hermanos Kisaragi, por lo que en un descuido Momo bebió la de cola, y Shintaro esa extraña cosa con sabor a sopa de frijoles rojos, esta vez se aseguró de filmar el momento en que ambos escupían la bebida al mismo tiempo, también les tomó fotos limpiando todo lo que ensuciaron luego de que Kido los regañara.

Las siguientes semanas fueron muy divertidas, broma tras broma, olvidaba por un rato los malos sentimientos y las decadentes tareas que su padre le obligaba a hacer la mayoría de las noches. La pimienta en el arroz con curry de Seto fue de las mejores, su hermano terminó con el rostro rojo, rojo, bebiendo dos litros de agua en menos de un minuto, mientras miraba de reojo a Kido sin atreverse a decirle que su comida casi lo había matado.

Ponerle un par de huevos en las zapatillas de Hibiya no fue tan divertido como eso, aunque tuvo su gracia el rostro de sorpresa cuando las cáscaras se rompieron bajo sus pies y luego la expresión de asco al ver sus calcetines embarrados de clara. Lo intentó con Mary, no iba a dejar que ella se salvara de sus bromas, pero la medusa era demasiado torpe hasta para ser la víctima de una broma, y acababa tropezando, o tirando algo segundos antes de caer en cada trampa que él le preparó.

La broma a Ene sí fue un despliegue de genialidad, aprovechar una de las visitas de la chica a su celular para tomar varias capturas de pantalla mientras estaba distraída, y luego recortar esas imágenes de la cintura hacia abajo para enviarle desde un mail anónimo las fotos a Shintaro con el título "Más fotos para tu preciada colección". La chica cibernética no dejó de insultar a su amo durante horas luego de que él se quedara varios segundos embobado con la primer imagen, incluso se internó en el celular de Momo durante varios días sin atreverse a mirarlo de nuevo.

Incluso se hizo una broma a sí mismo, debía mantener su coartada, ya que algunos comenzaban a sospechar, por lo que al abrir un estante de la cocina, frente a varios miembros de la pandilla, un paquete de harina abierto cayó sobre su cabeza. Era un gran actor, incluso fingió un ataque de tos, si sólo Konoha no hubiera intentando ayudarlo dándole "golpecitos" en la espalda que casi le hacen escupir los pulmones, todo habría salido fenomenal.

Faltaba Kido, estaba completamente recuperada de aquel accidente, así que ya había vuelto por completo a la normalidad, es decir; Una histérica de la limpieza. Llenó el spray del limpiador líquido con aceite... Ya podía imaginar su cara al ver como las superficies que deseaba dejar relucientes, se ensuciaban aún más... Si lo descubría, le costaría al menos un par de meses en cama con una pierna rota... Pero habría valido la pena.

Esperó en la sala pacientemente a escuchar los gritos de Kido, y no pasó mucho tiempo hasta que lo hizo, sin embargo ese grito no fue lo que esperaba... Más que furiosa se escuchaba aterrada.

–¡Kido!– exclamó Seto corriendo hacia la cocina, siendo seguido por Momo y Hibiya.

En cuanto su hermano abrió la puerta pudieron escuchar un extraño sonido como de chasquidos y pequeñas explosiones, los gritos de su hermana no se detenían y se podía sentir un ligero olor a...

–¡¿Humo?!– exclamó aterrado levantándose de un salto y corriendo en esa dirección seguido por el resto.

Se detuvo en la puerta, estaba estorbando, lo sabía, pero ver a Kido rodeada por las llamas, gritando aterrorizada mientras Seto la sacaba de allí, lo dejó en tal estado de shock, que le resultó imposible mover un solo músculo.

Alguien -seguramente Konoha- lo quitó del camino, Seto llevó a Kido a su habitación, mientras Momo le gritaba a Hibiya que fuera por agua. Mary se escondía tras Momo temblando y sollozando, mientras Konoha y Shintaro entraban a la cocina, el primero intentando sofocar las llamas del piso con el pie, mientras el segundo cerraba el paso de gas para luego tomar un par de repasadores e intentar sofocar las llamas con ellos.

–¡No dejen que el fuego alcance la tubería de gas!– gritó Shintaro, mientras Hibiya regresaba con un balde lleno de agua.

Momo tomó el balde, y corrió a apagar el brote de fuego más cercano mientas Hibiya corría al baño a llenar otro recipiente. Entre todos lograron finalmente apagar el fuego, y él seguía en la misma posición donde lo dejaron, observando la casi tragedia que ocasionó su estúpida bromita.

–¡El amo y su hermana son muy buenos en este tipo de situaciones!– exclamó Ene desde la mesa donde había sido olvidada cuando todos corrieron a ayudar.

–Jeje... Bueno... Un poco sí– murmuró Momo algo sonrojada mientras abrazaba a Mary que intentaba calmarse.

–¿Desde cuando dices cosas buenas de mí?– murmuró Shintaro dejándose caer en el sofá claramente agotado.

–¡No hable como si yo sólo viviera para torturarlo!– se quejó ella recibiendo como única respuesta una mirada cansada –¡Creo que lo apuntaré como bombero voluntario!– decidió alegremente abriendo el navegador.

–¡Ni se te ocurra!– exclamó tomando el aparato, y comenzando una nueva discusión.

Se sentía terrible, ni siquiera era capaz de activar su máscara... Si se quedaba en ese lugar se quebraría frente a todos, necesitaba ver a Kido, necesitaba asegurarse de que estuviera bien y disculparse por todo lo que le hizo. Caminó hasta su puerta y la abrió un poco para mirar hacia adentro. Su hermana estaba sentada en la cama abrazando sus rodillas con la mirada perdida, Seto estaba a su lado con una mano en su espalda intentando reconfortarla, al verlo le hizo una seña con la otra mano invitándolo a entrar.

–¿Cómo estás...?– preguntó en un murmullo después de cerrar la puerta tras él.

Ella ni se movió, era como si estuviera perdida en otro mundo, Seto fue quien respondió finalmente –Está mejor... No se hizo daño y finalmente dejó de gritar... Aunque continúa algo traumatizada...– murmuró lo último volviendo a verla con preocupación.

–Fui yo...– confesó bajando aún más la mirada, mientras se acercaba a la cama –Puse aceite en la botella de limpiador... Fue mi culpa... ¡Todas esas bromas fueron mi culpa!– exclamó lo último con sus puños y ojos cerrados con fuerza en un intento por no sollozar.

Sintió una mano palmeando su brazo, levantó la mirada para ver la sonrisa de su hermano –Siempre supimos que eras tú el de las bromas... Y no fue tu culpa, los accidentes suceden.

Negó muchas veces –Y-Yo... Lo provoqué...– sollozó en un intento por hacerle entender a su hermano que él sí fue el culpable esa vez.

–Tú no querías que esto sucediera, ¿verdad?– preguntó Seto poniéndose de pie, él negó –Entonces fue un accidente– puso una mano en su cabeza y acarició su cabello –. Iré a ver como quedó la cocina, ¿puedes quedarte con ella?– él asintió –Y deja de sentirte culpable por favor, todos esos productos de limpieza contienen alcohol, creo que el aceite es menos inflamable que ellos... Así que es posible que hayas evitado algo peor...

Asintió, aún sabiendo que Seto únicamente intentaba hacerlo sentir mejor, pero de alguna forma había funcionado. Cuando su hermano salió del cuarto se sentó en la cama frente a su hermana, ella continuaba con la mirada perdida y aún temblaba un poco... Podía imaginarse en lo que pensaba, los horribles recuerdos que aquello había despertado... Si en el pasado Tsubomi prefería morir de frío antes de sentarse con ellos frente a la chimenea, aquello con más razón debió ser un golpe muy duro... Desde que la conocía le aterraba el fuego, y no la culpaba...

Pasó largo rato hablándole sin obtener respuesta, sentía que debía evitar el silencio pero ya no sabía qué decir... Así que buscó el celular de ella y abrió aquel cuento que le leyera unas noches atrás.

–Esponjosas en el cielo, esas lejanas formas de algodón seguían flotando sobre mi cabeza, desde que recuerdo me he preguntado como sabrán... ¿Dulces, amargas, o quizás como el algodón del botiquín que comí aquella vez?– comenzó a leerle.

Ayano les leía cuando pequeños, y lograba que los miedos se fueran... Al parecer continuaba funcionando, ya que poco a poco su hermana se relajaba y su mirada volvía a enfocarse...

Hubiera preferido que el desenlace de la historia no se diera en una casa en llamas, pero ella no le pidió que se detuviera así que él continuó leyendo... El gatito enamorado terminó muriendo por salvar la vida de su dueña... Era una historia tierna y triste... al terminar de leer la miró con atención, Kido estaba llorando en silencio.

Dejó el celular a un lado y la abrazó, permitió que ella se desahogara en su hombro y él mismo se permitió derramar un par de lágrimas a escondidas... Antes era tan llorona... Sin embargo desde la muerte de Ayano, no había vuelto a verla en ese estado... Odiaba ver a Tsubomi llorar, pero odiaba mucho más, saber que ella se escondía de él para hacerlo...

Esa noche volvieron a dormir juntos...

El día siguiente fue desenmascarado frente a todos, y obligado a limpiar la cocina hasta que no quedara rastro del incendio... Terminó agotado y un poco atontado por el olor a madera quemada, pero no podía quejarse...

Habían dejado a Konoha vigilándolo... Si se quejaba, recibiría un golpe con la revista... Sólo el albino podía lograr que algo tan inofensivo doliera tanto.


No se consideraba alguien violento... Pero en esos momentos deseaba partirle el rostro de un ladrillazo...

Tres meses pasaron volando, y los nuevos, ya no eran nuevos, sino miembros regulares de la pandilla. Hibiya y Konoha se instalaron permanentemente en la casa, así que tuvieron que hacerles sitio en la única habitación que quedaba disponible; el cuarto de lavado. Y los hermanos Kisaragi junto a Ene los visitaban a diario, como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer... Probablemente porque no la tenían...

Ese tiempo de convivencia le enseñó a quererlos, cada uno tenía sus pro y contras, sin embargo ese día... Ese veintidós de noviembre... Luego de que los tres hermanos se levantaran temprano para llevarle flores a Ayano y felicitarla por su cumpleaños, al regresar a la casa se encontraron con Shintaro aplastado en el sofá. Tan tranquilo y patético como siempre...

Se dedicó todo el día a observarlo con detenimiento, y llegó a una conclusión; El imbécil no recordaba el cumpleaños de Ayano... Y no sólo era eso... Jamás la nombró en ese tiempo, nunca supo que al hablar de la fundadora del grupo o su hermana mayor, se referían a ella... Él definitivamente la había olvidado...

Podía entender que una persona no quisiera vivir en el pasado, que aceptara que un muerto no regresaría... ¡Pero olvidar por completo su existencia! ¡Olvidar por completo a la chica que se suicidó por su culpa! Aquella certeza que con el tiempo fue olvidando, regresó con fuerza...

Y como si fuera obra del destino, esa noche Momo se quedó a dormir con Mary, una noche de chicas a la cual inevitablemente arrastrarían a Kido. Así que Shintaro regresó solo a su casa... con Ene sí, pero ella no podría hacer demasiado.

No fue premeditado... Fue un impulso el que le hizo levantarse del sofá como si tuviera un resorte en cuanto el Kisaragi cerró la puerta principal. Lo siguió algunas cuadras hasta que finalmente lo alcanzó.

–Me olvidaste...– lo dijo en la voz y apariencia de su hermana.

Shintaro se detuvo de inmediato, pero no volteó, se quedó quieto, expectante, como si dudara si aquello había sido real o producto de su mente.

–Vuelves a ignorarme...– murmuró con pesadez, logrando que el chico frente a él girara de inmediato.

–Aya...no...– susurró casi sin aliento, en su rostro se reflejó esa expresión angustiada y desesperada que tanto deseaba ver.

–¡¿Ayano?!– se escuchó la sorprendida voz de Ene, pero desde el bolsillo de Shintaro no podía ver nada, y fue ignorada por ambos.

–Me mataste...– aseguró lapidariamente, dando un paso hacia atrás cuando su interlocutor intentó "tocarla".

–¿Qué...?– su mano, aquella con la que intentó alcanzarla, cayó a un lado cuando escuchó sus palabras.

–Te quería... Te di todo mi cariño y ¿cómo me pagaste? ¡¿Qué hiciste por mi?!– ante los ojos de Kisaragi, Ayano sollozaba.

–Lo... Siento...– murmuró él, con su rostro deformado de dolor –¡Lo siento!– cayó de rodillas, con sus manos en su cabeza, apretando su sien, mientras las lágrimas comenzaban a caer.

No sintió una pizca de pena, ese tipo merecía eso y más... Mucho más... Pero tampoco quería volverlo loco, así que deshizo su máscara mostrándose frente a él como realmente era... Su rostro contraído de rabia y sus ojos llenos de odio.

–Ella no soportó su rechazo... Tu indiferencia y maltrato...– aseguró fríamente ignorando el sollozo de ese maldito y los gritos de Ene desde el celular, no supo qué decía ella, no le importaba –¡Ella se lanzó de aquel edificio por tu maldita culpa!– le gritó destilando todo su veneno en aquella frase.

Después de eso se dio la vuelta y se marchó, dejándolo arrodillado en el suelo, llorando a gritos, repitiendo frases inteligibles...

Bien... Ahora ese tipo entendería una milésima parte de lo que ella sufrió...

Continuará.

Perdón por la demora, pero no me termina de convencer el capítulo... Pude haberle sacado más el jugo a la última escena, pero no me dio el corazón para hacer a Kano tan cruel... Y no recuerdo qué tanto le decía en el canon al hacerse pasar por Ayano...

Por cierto, esto es una historia de ficción, si alguna vez se les incendia algo por el aceite, hagan lo que hagan no le echen agua... Sigan los consejos de Shintaro y busquen sofocar el fuego con un paño húmedo... Aprendí eso investigando para el fic, tal vez a alguien le sea útil en algún momento.

Kano y Kido durmieron juntos en dos ocasiones en este capítulo... Tal vez se me fue un poco la mano pero bueh... Lluvia de fanservice...

Gracias a todos por comentar, paso a responder:

Anónimo: ¿Jeffy, sos vos? Es verdad lo del meka meka... Mi Momo es un poco más lista al parecer... mi error. Qué bueno que te haya gustado lo de la numeración. Y respecto a lo caprichosa que es Mary... La verdad no lo vi de esa forma, es decir, su único capricho fue el no salir en la noche cuando Hibiya dormía, y tenía un motivo para temerle, ya el día siguiente salió, conoció a todos, los acompañó a buscar a Hiyori, de hecho cuando escribí ese capítulo sentí que me había quedado demasiado sociable para ser una NEET. Pero gracias por la crítica, será tomada en cuenta. Y sí, Mary es muy buena chica, incluso con su inocencia pudo percibir que ellos necesitaban tiempo juntos, y de pasó logró dormir con Seto y en la cama alta. Muchas gracias por el comentario, besos.

Yin-princesa-del-olvido: No recuerdo cuando Hibiya peleó con Kano por la atención de Kido, pero sería bonito si sucediera... Como ves en esta capítulo Kano los vio exactamente del modo que decís, y juro que esa parte la había escrito antes de recibir tu comentario. Gracias por escribir, besos.

Gracias por leer.

Próximo capítulo: Un monstruo implacable. -Kido-

Hasta la próxima.

Trekumy.