Capítulo 31: Ese mal presentimiento.
Aquel grito...
Ese tan fuerte y lleno de terror... Le heló la sangre. Nunca la había escuchado gritar de esa forma. En un instante alcanzó la puerta y estaba abriéndola sin cuidado, sin importarle otra cosa más que ver lo que estaba sucediendo y que ella, su hermanita, estuviera a salvo... No lo estaba, sintió pánico al verla en medio de esas llamas que se extendían con rapidez.
Sin pensarlo dos veces se internó en aquel infierno con el único objetivo de sacarla de allí, y en cuestión de segundos, cargando el cuerpo de su hermana que no dejaba de gritar, encontró una ruta de escape entre las llamas y corrió con ella hacia la habitación. Por esa única ocasión no se molestó en ayudar al resto, podía escuchar claramente los gritos e indicaciones de todos... Si trabajaban como equipo podrían apagar el fuego, confiaba en ellos...
No podía dejarla sola... Y tampoco quería hacerlo...
La apoyó sobre la cama y él se sentó a su lado sin dejar de abrazarla, ella continuaba gritando aterrada, sus palabras de afecto y sus intentos por calmarla no le llegaban. Estaba fuera de sí, así que se quedó allí, susurrándole que todo estaba bien, que él la protegería, mientras acariciaba su espalda.
Sollozó un poco, todo aquello no duró más que unos pocos segundos, pero verla en medio de las llamas tan aterrada, lo había asustado demasiado... Por un instante creyó que la perdería... También a ella... No dejaría de abrazarla hasta haberse convencido de que estaba bien, sana y salva… Solo así recuperaría la calma.
Minutos más tarde Tsubomi finalmente fue capaz de dejar de gritar y él, de temblar... Se separó y se quedó viéndola con preocupación, sin dejar de acariciar su espalda... ¿Cómo había sucedido aquello? Kido era extremadamente cuidadosa con el fuego, no podría ser de otra forma después de lo que sufrió en su infancia.
No necesitaba ser un genio para imaginar la respuesta... Las famosas bromas de Kano... En esos momentos sintió deseos de darle un buen puñetazo a su hermano, aquel sentimiento no era común en él, pero no podía perdonarle tal falta de sentido común. ¡Kido pudo haber muerto por su culpa!
Sin embargo en el preciso momento en que lo vio asomarse, con su rostro acongojado, conteniendo las lágrimas de miedo y culpa... Toda la rabia desapareció... Sólo fue un accidente... Eso pensó, y ese fue el argumento que usó para confortarlo.
Dejó a Kano cuidándola, le haría bien a ambos, ellos se complementaban perfectamente, era como si en esas situaciones sólo necesitaran del otro para recuperarse con una velocidad asombrosa de casi cualquier cosa.
–¡Seto!– fue lo primero que escuchó al salir de la habitación, la tierna vocesita de Mary, siempre pendiente de él.
Sonrió, se sentía bien ser la persona más importante de alguien –Kido está un poco mejor, Kano la cuidará– le dijo acariciando su cabeza cuando ella corrió a abrazarlo.
–¿Cómo está Seto? Mary se asustó cuando te vio dentro de ese incendio... Mary no quiere que a Seto le pase nada...– se veía tan endemoniadamente tierna, con sus ojos rosa llenos de lágrimas viéndolo asustada luego de decirle aquellas tiernas palabras...
No solía besarla en público, pero esa vez no fue capaz de resistirlo –Estoy bien Mary...– tomó su rostro y se inclinó para apoyar sus labios en la frente de su amiga –Gracias por preocuparte, me haces muy feliz– le susurró cuando, luego de unos segundos, se separó de ella.
Minutos después Mary se tranquilizó un poco, entonces revisó la cocina, no había quedado tan mal, pero tuvieron que pasar casi toda la noche con la puerta de la base abierta, ventilando el lugar, para que el molesto humo se dispersara. Era casi la hora de dormir, cuando Kano pareció en la sala tranquilizándolos respecto al estado de Kido, también habló con Mary quien desde luego aceptó gustosa un nuevo intercambio de camas.
–¿Entonces el incendio fue culpa de Kano?– preguntó Mary cepillando su cabello pronta para dormir.
–La broma sí, pero el incendio fue un accidente– corrigió viéndola sentado en su cama. Siendo sincero, se sentía muy estresado aún, el susto inicial fue demasiado y aún no pasaba del todo, necesitaba desesperadamente esa paz que sólo la cercanía de su preciada amiga podía darle –Ehh... Mary...– la llamó luego de unos minutos de silencio cuando ella terminó su ritual nocturno y se disponía a subir a la cama de Kano.
–¿Si?– preguntó viéndolo con su inocente carita de muñeca.
–N-Nada…– bajó la mirada nervioso, se había acobardado nuevamente.
–¿Seto?– la sintió acercarse y tomar su rostro para levantarlo –¿Te sientes mal?– preguntó preocupada viéndolo fijamente.
–Un poco…– confesó –Me asusté demasiado… Cuando cierro los ojos aún puedo ver a Kido en medio de las llamas…
–¿Seto dormirá mejor si Mary cuida de él?– la quedó viendo sorprendido –¿Eso quieres, verdad? Que Mary duerma a tu lado.
–¿Cómo supiste...?– preguntó desconcertado.
–Mary conoce a Seto muy bien– aseguró sonriendo adorablemente.
–Gracias…– le susurró abrazándola.
Se hizo a un lado de la cama, dejándole mucho espacio, no quería que se sintiera acosada o incómoda en ningún sentido... Sin embargo ella no tuvo problema en abrazarse a él y cerrar sus ojos apoyando la cabeza sobre su pecho.
Echando todo tipo de nerviosismo o represión a la basura, la envolvió en sus brazos, su calor, su suavidad, su respiración serena... Y la forma en que ese menudo cuerpo femenino encajaba a la perfección con el suyo...
No fue capaz de pensar en algo más que ella hasta quedarse dormido...
–¿Seto tiene un ranking de chicas?– preguntó Mary de la nada mientras tomaban té en la sala con algunos de los chicos de la pandilla.
–¿Cómo...?– preguntó desconcertado por tan repentina pregunta.
–Si hiciste una lista de las chicas del grupo ordenándolas de la que te gusta más a la que menos– le explicó inocentemente –. Momo dijo que los chicos seguramente habían hecho uno– él tragó en seco comenzando a sudar.
–¡Jaja, te dije que nada bueno puede salir cuando las chicas se reúnen!– lo molestó Kano desviando por un minuto la vista de su manga.
–Pues... No, no tengo ningún ranking, todas ustedes son mis amigas...– dijo algo incómodo.
–Oh... ¿Kano, tú tienes?– preguntó ella ahora viendo a su hermano.
–Mmm... Déjame ver; una loli, una chica virtual, una idol y mi violenta hermana... ¿A quién crees que pondría primero?– le preguntó sonriendo abiertamente mientras Mary miraba fijamente su té, con un dedo en sus labios, pensándolo duramente.
–Mary...– le acarició la cabeza –Kano sólo está molestando, no te preocupes por eso– le recomendó recibiendo una mueca desconforme de su hermano.
–¡Aburrido! Me daba curiosidad saber qué respondería...– reclamó él volviendo a su lectura.
–¿A Kido verdad?– preguntó ella luego de un rato, obteniendo una risa forzada de su hermano, quien fingió seguir leyendo ignorando por completo las palabras de Mary.
Estaba a punto de tomar su taza de té cuando, como si la hubieran invocado, la mencionada recientemente entró a la base, y se veía... ¿Endemoniada? No conocía esa expresión tan sombría en su rostro, sintió un escalofrío cuando ella arrastró a Kano fuera. El tiempo se detuvo, Hibiya levantó la cabeza de su consola mirando hacia la puerta, Konoha dejó de comer por unos segundos, mientras Mary y él permanecieron en silencio intentando escuchar algo.
Y lo escucharon, el sonido inconfundible de los cubos de basura desparramándose, les hizo dar un respingo.
–¿Estarán bien?– Mary fue la primera en romper el silencio.
–No lo sé...– murmuró levantándose preocupado –Quédense aquí, iré a ver.
Mary asintió, mientras los otros dos volvían a sus asuntos como si nada hubiera sucedido.
Corrió hacia la calle, al llegar con sus hermanos la escena lo paralizó, Kano yacía en el suelo, encima de unas bolsas de basura, su rostro estaba lastimado, y tenía una expresión tan desolada que daba pena. Por otro lado Kido le gritaba algo que descontextualizado no llegó a comprender, lo único seguro era que estaba molesta, muy molesta... Como nunca.
–¡No es la maldita forma...!– fue lo último que ella gritó antes de correr adentro sin importarle que él estuviera en su camino.
El empujón de Kido casi lo hace perder el equilibrio, en cuanto ella entró y todo volvió a quedar en silencio, en aquella solitaria callejuela apartada, miró a su hermano.
Exhaló preocupado acercándose a él y extendiéndole la mano –Vamos, tenemos que curarte...– le dijo con suavidad, desde esa perspectiva podía notar claramente como su rostro comenzaba a inflamarse.
–No lo merezco...– murmuró Kano sin aceptar su mano ni intentar levantarse –Deberías dejarme aquí... En la basura... Aquí pertenezco... Sólo soy ba...– no lo dejó terminar, lo levantó en su hombro, como si fuera una bolsa de papas y lo metió a la base, lo primero era curarlo, lo segundo intentar averiguar qué había sucedido.
–¿Podrías alcanzarme una bolsa con hielo?– le pidió a Mary quien lo veía asustada –Tranquila, nada malo pasó, estaremos en mi habitación– le avisó sonriéndole, ella asintió y él llevó a su hermano al lugar mencionado.
Pudo atenderlo en el sofá de la sala, pero él no hablaría si estaban todos alrededor. Por fortuna Mary no tardó mucho en llevarle el hielo, esta vez Kido había golpeado demasiado fuerte, temía que la hinchazón le alcanzara el ojo.
–Ugh...– murmuró haciendo una mueca de dolor al observarlo con atención, su rostro se veía terrible, apoyó la bolsa de hielo en su mentón –¿Duele mucho?– sabía la respuesta, pero necesitaba alguna forma de iniciar la conversación, sin embargo no funcionó, Kano se negaba a hablar, así que sería directo –¿Qué fue eso de hacerte pasar por muertos?
–Me disfracé de Ayano... Le dije a Shintaro que había muerto por su culpa... Él intentó suicidarse a raíz de eso... ¿Necesitas más detalles?– lo miró desafiante.
La bolsa de hielo se le resbaló de las manos... ¿Que Ayano murió por culpa de Kisaragi? ¿Él intentó suicidarse? No podía asimilar todo aquello... Era simplemente... Terrible...
–¿Shintaro conocía a... Ayano...?– preguntó casi sin voz, no necesitó respuesta cuando a su mente vinieron decenas de escenas en las cuales ella hablaba de su amigo de la escuela, Shintaro Kisaragi... ¿Cómo no se dio cuenta antes? –¡No Kano, Ayano no murió por su culpa! ¡Ellos eran amigos no hay forma de qué...!– exclamó al borde de la desesperación, no lo creía, no quería hacerlo...
–¡Lo sé!– gritó su hermano –¡Me sentía molesto! ¡El desgraciado nunca le dio una palabra de afecto! ¡Ayer parecía que ni siquiera la recordara! ¡Lo odié!– siguió gritando tomándose la cabeza con fuerza –No lo pensé...– sollozó –Sólo lo hice...
–¿Cómo... Está Shintaro...?– preguntó comenzando a tomar consciencia de las consecuencias del ataque de ira de su hermano.
–Vivo... Es lo único que sé...– murmuró descubriéndose el rostro pero sin atreverse a mirarlo.
Silencio... No sabía qué decir... Kido le había dicho suficiente... Pero tampoco se sentía con ánimos para consolarlo...
–Puedes golpearme si lo deseas...– lo escuchó decir luego de varios minutos –Lo merezco...
–No voy a golpearte– negó más secamente de lo que hubiera deseado.
–Pero estás enfadado... No intentes negarlo, lo sé...
–No pensaba negarlo– murmuró viéndolo –. Hiciste algo demasiado despiadado, sentirte molesto o enojado no justifica algo así...– le habló seriamente –Llamaré a Shintaro para saber cómo está... Pero cuando lo veas, tendrás que disculparte...
–No voy a hacer eso...– murmuró tercamente su hermano.
Esas palabras lograron molestarlo aún más –Haz lo que desees, pero no voy a perdonarte hasta que te disculpes– aseguró con dureza antes de salir de la habitación.
No solía ser tan duro con Kano, se sentía mal por aquello, pero esta vez se había pasado de cualquier límite aceptable.
–Seto, ¿qué sucedió?– preguntó Mary preocupada al verlo salir –Kido sigue encerrada en la habitación...
–Kano hizo una tontería...– murmuró –En un momento te explico, debo hacer una llamada– dijo sentándose en el sofá.
–Seto está molesto...– la escuchó susurrar para sí misma, prefirió dejarlo pasar, se sentía demasiado preocupado por su amigo, ya hablaría con ella largo y tendido.
Shintaro estaba dormido así que fue Momo quien lo atendió, ella y Ene le contaron en detalle lo sucedido, él se disculpó mil veces por su hermano y prometió llamarlo en unas horas... Después de colgar se sintió más tranquilo, la vida de Kisaragi no corría riesgo, y las chicas le aseguraron que lo arrastrarían a la base el día siguiente, esperaba que las cosas se resolvieran lo mejor posible.
Sus hermanos no salieron de sus habitaciones hasta la hora de la cena... Fue una cena muy silenciosa, ninguno de los dos se dirigió la palabra ni a los demás, y él mismo no sentía deseos de iniciar ninguna conversación...
Los siguientes días fueron muy tensos...
El celular vibró en su bolsillo, pero no pudo revisar el mensaje de inmediato ya que sus manos estaban cubiertas de lodo, era una sensación agradable, realmente amaba el contacto con la tierra, pero también sentía intriga, los chicos no solían mensajearlo mientras estaba en pleno trabajo, normalmente esperaban a la hora de su descanso.
Media hora más tarde cuando al fin terminó con ese cantero y pudo limpiarse las manos, revisó su celular. Era un mensaje de Kano.
"Ya puedes perdonarme, acabo de disculparme con Kisaragi", decía el mensaje.
Sonrió, algo en aquella frase lo enternecía... No era como si todo ese tiempo, una semana aproximadamente, él le hubiera aplicado la ley de hielo a su hermano... De hecho se comportaba como normalmente lo hacía, pero no era capaz de fingir, le molestaba que Kano no tuviera el valor de disculparse, y sus acciones, aunque no lo quisiera, lo trasmitían.
"Me siento muy orgulloso de mi hermanito, Shintaro aceptó tu disculpa?", respondió antes de atacar su almuerzo, el aire fresco era genial, pero ese trabajo daba bastante hambre.
Minutos más tarde recibió otro mensaje; "Me dijo que lo olvidara, así que supongo que sí. Pero Ene sigue odiándome".
No podía decir que le sorprendiera leer aquello, desde el inicio notó la forma en la que Ene intentaba mantener a "su amo", lo más lejos posible de los pensamientos negativos. Por ello lo molestaba constantemente, y no le daba un segundo de paz. Luego de que Momo le contara acerca de los otros intentos de auto-eliminación de Shintaro, comprendió aquella actitud... La chica se esforzaba incansablemente por sacarlo de tal depresión, y Kano en un minuto arruinó todo su esfuerzo.
"Le tomará un tiempo, pero finalmente te perdonará... Lo hiciste muy bien, Ayano debe estar feliz", respondió antes de terminar su comida.
"Eso espero", fue el último mensaje de su hermano, pero tuvo que volver al trabajo, ya terminarían de hablar cuando regresara a la casa.
Después de ese día Shintaro comenzó a ser un poco más abierto con el grupo, parecía sentirse a gusto... Ese era el poder de las buenas intensiones... Así lo llamaba él...
Porque algunas tragedias, sin importar cuanto dolieran inicialmente... Con el tiempo podían convertirse en algo bueno si la actitud de los involucrados era la correcta. Su propia vida había estado llena de ejemplos de aquello...
Desde que fue abandonado por sus padres y conoció a su primer amigo...
Pasando por la muerte de aquel cachorro y la maldición de sus ojos que le ayudó a conocer a las personas más importantes en su vida...
Hasta el haberse perdido en un aterrador bosque pudiendo así conocer a esa chica con la que se volverían inseparables...
Incluso algo tan doloroso como la muerte de Ayano, había traído como consecuencia el conocer al resto de sus amigos...
Cada cosa mala podía traer algo bueno, desde ese punto de vista, la vida era prometedora e interesante...
Ese día despertó unos minutos antes de su hora habitual, salió en silencio de su habitación y luego de prepararse para su trabajo, se quedó en la cocina bebiendo leche, probablemente en unos pocos minutos escucharía la alarma de Kido y ella se levantaría a preparar el desayuno.
Sin embargo en ese momento escuchó la puerta de entrada, frunció el ceño intentando determinar quién sería... Kano estaba en su habitación profundamente dormido, y los hermanos Kisaragi jamás llegaban tan temprano, sin contar que ellos no tenían la llave de la base. Sus dudas fueron despejadas cuando Kido entró a la cocina.
Le sorprendió que estuviera fuera tan temprano, pero más aún su apariencia, una coleta alta, como la que a veces usaba para cocinar, una remera blanca bastante suelta, pantalones, sus zapatillas deportivas de todos los días, y se veía bastante sudada para la época del año en qué estaban.
–¿Seto...?– preguntó sorprendida –Te levantaste más temprano...– comentó yendo hacia la heladera y sirviéndose un vaso de agua fría.
–Un poco...– asintió sin dejar de verla –¿Estás ejercitándote?
–Sí, algo...– asintió luego de beber el agua –Pero no hace demasiado que comencé, un mes como mucho.
–Un mes es mucho tiempo... ¿Por qué sales tan temprano? Con este frío podrías enfermarte... ¿Querías ocultarlo?– preguntó con curiosidad, temiendo que lo tomara como un reproche.
–No buscaba ocultar nada– negó sacando los utensilios con los que prepararía el desayuno –, simplemente no encontré un momento ni un motivo para decirles– se encogió de hombros poniendo manos a la obra.
Se quedó viéndola con atención, era raro ver a su hermanita tan... Destapada... No llevaba nada revelador... Sin embargo era curioso que viviendo juntos, siempre la viera con su canguro púrpura, y otras prendas en ese estilo, anchas y que la cubrían por completo.
Podía entenderlo, en sus brazos conservaba algunas marcas de aquel incendio, las odiaba, por eso las cubría... Era un poco triste pensar en aquello, como sus dos hermanos ocultaban, cada uno a su manera, un cuerpo que tenía plasmadas las huellas de aquellos terribles incidentes... Sin embargo en algún momento su mente se fijó en otro detalle...
–Has crecido...– comentó inocentemente, ganándose una mirada asesina y un divertido color rosa en las mejillas de su hermana.
–¡No digas esas cosas! Pareces un pervertido– le reclamó, él rió.
–Es la verdad... Tienes casi diecisiete... Tu cuerpo se parece cada vez más al de una mujer.
–¡SETO!– chilló golpeando la mesada con el mango de la cuchilla –¡Deja de decir eso o creeré que eres Kano molestándome de nuevo!
–¡No, no, soy yo!– negó mientras reía –Por cierto... ¿sigues enojada con él?
–No me hizo nada... Si Kisaragi lo perdonó, no tiene sentido que yo siga molesta con él.
–Pero... Siguen sin hablarse...
–A veces hablamos...– murmuró ella pausando en su tarea por unos segundos –Pero no tiene caso, nunca sale nada bueno, se comporta de una forma muy hostil y molesta...
–Lo he notado– asintió –. Lo que sucedió con Shintaro fue un duro golpe... Debemos apoyarlo, no puede seguir odiándose de esa forma...
Ella asintió retomando su tarea –De todas formas no es sólo por eso... Algo más le pasa– aseguró mientras él la miraba curioso –. Aún no sé qué sea eso, pero pronto lo averiguaré.
–Ojalá puedas... Tenemos que sacar a nuestro hermano de ese estado antes que se haga más daño a sí mismo...
–Creo que pasaremos la vida entera pendientes del pequeño Shuuya...– comentó ella con una media sonrisa.
–Somos hermanos, mientras permanezcamos juntos siempre cuidaremos los unos de los otros...– aseguró sonriendo también.
La vida no era fácil, ni el mundo perfecto, pero los tres juntos eran capaces de superar cualquier problema, así había sido hasta el momento... Y confiaba en que así seguiría siéndolo.
Con el comienzo del año, consiguió un nuevo empleo, seis horas como ayudante de jardinería y otras cuatro atendiendo al público en una ferretería, era agotador, pero sus diez horas de trabajo aportaban lo suficiente para que sus amigos y hermanos tuvieran las comodidades suficientes, así que valía la pena... sobre todo porque la primer mitad del año estaba llena de cumpleaños y demás celebraciones. Tantos festejos y regalos requerían de dinero.
A pesar de trabajar tantas horas y volver cansado y bastante tarde a la base, no pasó por alto la ausencia de Kido. En un principio se lo atribuyó a aquel entrenamiento físico que ella estaba empeñada en continuar, solía argumentar que le ayudaba a controlar su temperamento y no podía negarlo... Últimamente se la veía más calmada... Pero también distante. Y no era el único que lo notó, Mary y Hibiya le habían contado que a veces salía en la mañana y no regresaba hasta la tarde, o incluso la noche, pero al preguntarle a dónde iba ella respondía con evasivas...
Kano no era el único que guardaba grandes secretos por lo visto...
Pero una noche en particular, Kido cruzó la línea.
Era casi medianoche y ella no aparecía, no llamaba, no atendía su celular, en definitiva no daba señales de vida. Momo, Shintaro y Ene se habían marchado unas horas antes a sus casas, el resto estaba en la sala, viéndose preocupados, haciendo intento tras intento fallido por ubicarla.
–Tengo hambre...– murmuró lastimeramente Konoha abrazando el peluche de dinosaurio que le habían regalado en navidad.
–¡¿A quién le importas tú?!– le reclamó Hibiya pateándole una pierna, en un intento por liberar su frustración.
–¿Le habrá pasado algo?– Mary puso en palabra los miedos de todos allí.
–¡Ja! ¡Está jugando con nosotros! Si yo hago lo mismo todos estarían insultándome en estos momentos– se quejó Kano que no dejaba de dar vueltas alrededor de la sala, se había pasado toda la noche soltando comentarios sarcásticos en un intento por ocultar su preocupación y nerviosismo.
Lo comprendía, él mismo estaba pegado al teléfono, haciéndole sonar a su hermana con la vaga esperanza de que en algún momento ella atendiera, sabía que si en casi cinco horas no había respondido, las probabilidades de que lo hiciera en esos momentos eran casi nulas, pero, ¿qué más podía hacer?
¿Salir a buscarla? ¿A dónde? Su hermano había recorrido el barrio unas tres veces sin éxito, y Kano era el único capaz de percibirla cuando usaba sus ojos... Si ella no quería ser encontrada, entonces él no tenía oportunidad.
Exhaló dejando su teléfono en el sofá y abrazando a Mary en busca de algo de apoyo, acto que la chica respondió sin dudarlo.
–Tengo hambre...– volvió a decir Konoha después de unos minutos.
Kano y Hibiya se miraron un instante antes de lanzarse sobre él intentando obligarlo a comerse su peluche. Mientras observaba a ambos chicos subidos encima del albino ahogándolo con el dinosaurio, su teléfono sonó.
Lo tomó de inmediato viendo la pantalla, mientras los demás se congelaban en su posición moviendo únicamente sus cabezas para verlo con atención.
–Número desconocido...– murmuró algo decepcionado, realmente esperaba ver el nombre de Kido aparecer en el visor de su pantalla –¿Diga?– atendió desganado, creyendo que sería un número equivocado.
–Seto... ¿Está Konoha... Ahí...?– dejó de respirar por un instante, era su hermana, pero su voz se escuchaba muy rara... Definitivamente algo no estaba bien...
–¡Kido, ¿dónde estás?! ¡¿Cómo estás?! ¡¿Qué te pasó?!– exclamó desesperado poniéndose de pie y comenzando a caminar hacia la puerta, en cuanto le dijera dónde estaba, él iría por ella.
–Por favor...– la escuchó decir con dificultad, parecía no tener aire, ni energías –Te explicaré todo luego... Pero por favor... Pásame con Konoha... No hay tiempo...– le suplicó sollozando.
Decir que aquello lo asustó sería poco, Kano ya estaba a su lado preguntándole histéricamente qué pasaba y por qué se había puesto pálido de pronto.
–Bien...– exhaló ignorando a su hermano y caminando hacia el albino que lo miraba con su inexpresividad natural abrazando el peluche un poco babeado –Konoha, Kido quiere hablar contigo– le ofreció el teléfono, en ese momento notó lo mucho que su manos temblaban.
–¡¿Con él?!– chilló Kano siguiéndolo –¡¿Por qué con él?! ¡¿Por qué no me llamó a mí?!– estalló en quejas mientras Konoha tomaba el teléfono.
–¿Hola?– preguntó y se quedó escuchando lo que fuera que ella le dijera.
–¡¿Qué te dijo?! ¡¿Dónde está?! ¡¿Le pasó algo?!– No supo si las preguntas venían de Kano o Hibiya, ambos chicos lo rodearon y comenzaron a sacudirlo en busca de respuestas que no tenía.
Konoha dijo un par de secos: "Sí", antes de devolverle el teléfono y salir corriendo de la casa sin dar explicación alguna. Antes de que fuera capaz de reaccionar Kano le quitó el celular.
–¡Kido, ¿dónde estás?! ¡Kido dime algo! ¡Escucho tu respiración, habla!– le gritaba su hermano al teléfono, aparentemente sin respuesta –¡Nos vas a matar de preocupación aquí! ¡Kido, por favor!– suplicó sin poder mantener por completo su máscara, él también lo había notado... Algo muy malo sucedió –Se cortó la llamada...– murmuró unos segundos después en un tono totalmente derrotado.
–Se escuchaba... Mal...– pudo murmurar finalmente, asustando aún más a sus amigos, no era su intención, pero tampoco podía mentirles –Como si le costara... Hablar... O respirar.
–¡Yo mato a alguien!– exclamó Kano pateando una pared lleno de frustración, parecía que en cualquier momento se daría cabezazos contra ella.
Hibiya no estaba mejor, pero permanecía en su lugar temblando con los puños y dientes apretados... Conocía el sentimiento de impotencia, ese que había crecido con el paso de las horas en él mismo y en esos momentos después de escucharla en ese estado, se volvía insoportable.
–Konoha fue por ella...– dijo Mary, la única capaz de conservar un mínimo de sentido común en esos momentos –Él la traerá pronto...
Aquello fue como un bálsamo, logró calmar a los tres al instante, Konoha era fuerte y rápido, si alguien podía sacarla de donde fuera que estuviera y llevarla a casa de inmediato ese era él... Konoha era confiable...
Veinte minutos después, cuando el alivio inicial había sido olvidado y los cuatro se sentían cada vez más nerviosos, la puerta principal se abrió.
Konoha entró con Kido en brazos y la dejó en el sofá... No llegó a acercarse cuando Kano estaba arrodillado frente a ella tomándola de los brazos atosigándola a preguntas.
–¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde estabas?!
Ella no respondió, ni se movió, la capucha impedía ver su rostro con claridad.
–¡Kido!– insistió Kano sacudiéndola desesperado, iba a pedirle que se calmara cuando la capucha cayó hacia atrás permitiéndoles ver...
Lo primero lo preocupó... Sus ojos... estaba llorando, gruesas lágrimas caían por sus mejillas...
Lo segundo lo asustó... Su cuello, un grueso y oscuro moretón recorría el contorno de éste... Ahora entendía el por qué de su dificultad para hablar... Alguien o algo había intentado... Estrangularla...
El grito ahogado de Hibiya llamó su atención, el niño señaló aterrado el costado de Kido.
Eso fue lo tercero... Lo que más lo aterró... Sangre... Su chaqueta violeta estaba empapada en sangre seca, y en medio había un pequeño hoyo circular.
–No puede ser...– murmuró llevando sus manos a su boca, de pronto sentía unas nauseas terribles.
–¡¿QUIEN FUE?!– gritó Kano, sus ojos estaban literalmente inyectados de sangre y respiraba con fuerza...
En esos momentos su hermano era capaz de matar a alguien...
–Pa...pá...
Continuará.
No sé si a ustedes les pasa... Pero cada vez que termino de escribir una frase optimista de Seto, no puedo evitar pensar; "A ver si sigue pensando lo mismo cuando llegue Kuroha y les vuele los sesos...". Lo siento, tenía que decirlo...
Por cierto... el momento se está acercando...
Gracias a quienes comentaron... Paso a responder:
Ryuunoko: Fue muy fuerte lo de Shintaro... Pero el pobre chico es muy sensible respecto al tema de Ayano... u.u. (Amo tus actas de 200 palabras *-*) Al NEET hay que tratarlo con cuidado y dulzura... Y por lo que más quieras... ¡No vayas a despertarlo de un lindo sueño! Me remito a Lost Time Memory... Nuestro chico patético comienza a ganar puntos :DD. No sabía que te había hecho amarla, es un honor. :) Yo también la quiero más ahora que cuando empecé el fic... De hecho peco de darle demasiado protagonismo por sobre sus hermanos... Lo siento, es inevitable para mí... Ella y Hibiya son muy dulces, me encantan... Quiero alguna otra escena de ellos antes de que ya no puedan porque están nadando en un charco de sangre...
La escena de la pijamada fue más que nada una pequeña tortura a la dulce Kido, como ha sufrido poco... xD. Y sí, el equipo al fin funciona como tal, no por el objetivo por el que se unieron, pero sí para mantenerse, que es algo... Kano es un imbécil, su estupidez le está ganando, pero también está forjando su personalidad... En algún momento todo esto lo decantará para un lado o para el otro... Esperemos que para el bueno. ¡Qué bueno que te guste su relación! No creo que el EnexKonoha tenga futuro, pero es un hecho que ella se preocupa por él tenga la forma que tenga, y me gusta pensar que aún queda un resquicio de alma en ese cascarón vacío, que hace que él tienda a buscar su compañía.
Pensé en Kido interviniendo por lo que decís, creo que Shintaro se sentiría un poco mejor si alguien comparte su dolor, y puede ayudarlo a recordar a Ayano por todo lo bueno que ella les dio, y no por la culpa de no haber sido de tal o cual forma en su momento. Y claro que ella perdonó a Kano, es inevitable... No prometo nada con lo de los grafiteros, es buena idea pero como decís... Kido ya no jugará a ser su novia si él sigue así de idiota... Y lo sigue... Ya veremos qué pasa con aquel monstruo, por lo pronto tenés como referencia el final de este capítulo... Y es interesante lo de entrar en el cuerpo de otro chico del equipo... Muy interesante... Pensaré mucho en ello. Muchísimas gracias por el review y las palabras de apoyo, besos.
Jeffy Iha: Tal cual como lo describís, Kano intenta, pero le es imposible alejarse de MamiKido... Me lo imaginé prendido a su pollera... Quiero un fic así... (Kano chiquito siendo mimado por Kido) Y sí, Kano compró TODOS los boletos en el sorteo del premio al idiota del siglo... Respecto al gato Richard... Veamos; Un gato se enamora de su dueña, la casa se incendia, muere el gato, fin. Sí, es mejor que Crepúsculo... (Broma broma... Nunca leí Crepúsculo así que no puedo opinar) Ya dejé de poner que los capítulos no salieron bien, y este sí que lo ameritaba... Quedó horrible... Voy a llorar u.u. (Toma las pastillas de menta -porque son verdes- con ellas crea una bomba metiéndolas dentro de una botella cocacola y se la lanza a los de los bizcochos a 30 pesos...) Gracias por decir que los capítulos quedan bien :D.
¡Qué alegría que disfrutes de la relación de Ene y Konoha! Y no, no maduraron... Se hacen los grandes pero siguen siendo tres nenes asustados... Jajaja, morí de risa con lo que contabas de las pijamadas, por suerte nunca fui a una, hubiera matado a alguien si me hacían la quinta parte que a Kido... Y Mary es inocente, justamente por eso no entiende la diferencia entre un beso en la frente o uno en la boca (hasta que Seto se espabile y le enseñe...) Ni la diferencia entre un besito de enamorados y desnudarse en una cama a hacer poses raras como en el manga... Si hubiera sido por mí, Kido le daba hasta dejarlo todo morado, pero luego viene la protectora de animales a meterme la pesada, ¿viste? Y Kido está confundida sí, pero creo que tiene bastante claro que siente algo muy fuerte por un boludo por ahí que -según ella- ama a una chica que murió hace casi tres años... En eso radica su confusión, porque además ese boludo es su hermano... O sea, está mal amarlo... Y a fin de cuentas es todo un lío en su cabeza, lo bueno es que si sigue tardándose, Kuroha le ahorrará el problema de tener que aclararse. Nada que un par de balazos en el cerebro no arreglen :D. Muchísimas gracias pro el comentario. Besos.
Muchas gracias a todos por leer.
Próximo capítulo: Adiós máscara -Kano-
Hasta la próxima.
Trekumy.
