Capítulo 32: Adiós máscara.

Soy lo peor...

–¡¿Pensabas resolverlo con un simple "lo siento"?!

Soy basura...

–¡¿De dónde demonios sacaste esa estúpida manía de hacerte pasar por muertos para torturar a los demás?!

Peor que la basura...

–¡¿Tienes una maldita idea de lo que duele?!

Merezco lo peor...

–¡¿Alguna vez de detuviste a pensar en el daño que estabas causando?!

Morir de la peor forma...

–Todo esto por tus estúpidos celos...

Me odio...

–Sé perfectamente lo frustrante que es amar a alguien que nunca podrás tener... Pero esa no es la forma Shuuya... ¡No es la maldita forma...!

¿Amar? Un monstruo como yo no puede amar a nadie...

–Vamos, tenemos que curarte...

–No lo merezco...– murmuró saliendo del trance al escuchar la voz de su hermano –Deberías dejarme aquí... En la basura... Aquí pertenezco... Sólo soy basura...

Se arrepentía profundamente, si sólo el tiempo se pudiera volver atrás, si pudiera viajar al pasado para abofetearse a sí mismo antes de cometer tal idiotez.

–¿Qué fue eso de hacerte pasar por muertos?

–Me disfracé de Ayano... Le dije a Shintaro que había muerto por su culpa... Él intentó suicidarse a raíz de eso... ¿Necesitas más detalles?– escupió con rabia, rabia hacia sí mismo, tanta y tan pura que su cerebro simplemente ignoraba la mayoría de las palabras de su hermano.

–¡Ayano no murió por su culpa!

–¡Lo sé!– gritó, ¡claro que lo sabía! Ella murió a causa de ese maldito monstruo que había poseído a su padre, ese contra el que sin importar lo que intentara... No podía luchar –¡Me sentía molesto! ¡El desgraciado nunca le dio una palabra de afecto! ¡Ayer parecía que ni siquiera la recordara! ¡Lo odié!– intentó justificarse, tomó su cabeza entre sus manos apretando su sien con fuerza, lo que hizo no tenía justificación alguna –No lo pensé...– se quebró finalmente –Sólo lo hice...– gimió.

–¿Cómo... Está Shintaro...?

–Vivo... Es lo único que sé...– murmuró, pero no obtuvo respuesta, ¿qué esperaba? ¿Una felicitación? ¿Un aplauso? –Puedes golpearme si lo deseas... Lo merezco...

–No voy a golpearte.

–Pero estás enfadado... No intentes negarlo, lo sé...

–No pensaba negarlo. Hiciste algo demasiado despiadado, sentirte molesto o enojado no justifica algo así... Llamaré a Shintaro para saber cómo está... Pero cuando lo veas, tendrás que disculparte...

–No voy a hacer eso...– negó, ¿cómo esperaban que se acercara siquiera a él luego de lo que hizo?

–Haz lo que desees, pero no voy a perdonarte hasta que te disculpes.

Su hermano se marchó y él se quedó inmerso en su propia porquería... Sentía como se hundía en la negatividad, ¿por qué tuvo que conocerlos...? ¿Por qué tenían que quererlo de esa forma?

Si nunca hubiera conocido a sus hermanos... Si ellos no lo quisieran tanto... Él podría alejarse, desaparecer para siempre y ya no ser capaz de hacerles daño...

Pero no, él no podía irse...

–¡Maldigo esta vida!– gritó llorando como un niño pequeño haciendo un berrinche –¿Por qué no me llevaste contigo mamá...?– se dejó caer por completo sobre la cama de su hermano, permitiéndose llorar a gritos con su cabeza oculta entre sus brazos.

Podía hacerlo a sus anchas... Sus ojos ayudarían a que nadie lo notara.


Los días pasaban, Shintaro los visitaba nuevamente, Momo no le permitía quedarse en la casa. Lamentablemente no podía evitar todos los encuentros con ese tipo... Sus ojos solían cruzarse, pero ambos desviaban la mirada de inmediato...

Seto continuaba molesto, y era... Triste... No sólo seguía sintiendo como su conciencia le remordía por dentro, sino que el hecho de no contar con el desinteresado y eterno apoyo de su hermano, era demasiado doloroso... ¡Habían estado juntos desde los seis años y él jamás se había enojado sin importar lo estúpido que fuera! Claro, nunca había sido tan estúpido como lo fue unos días antes.

Aunque Seto, aún molesto, le hablaba... Kido ni siquiera hacía eso. Y tampoco era como si él se sintiera capaz de iniciar una conversación con ella... Pero necesitaba escucharla decirle algo... Un insulto, un grito... Algo, lo que fuera.

Los demás miembros de la pandilla lo odiaban también, al saber lo que sucedió todos le reclamaron, todos menos Konoha que seguía tratándolo como siempre... Pero su relación con él era tan inocua, que aquello no significaba ningún alivio. Mary aún le echaba la lengua cuando él pasaba cerca, Hibiya no perdía oportunidad para recordarle que era un maldito, y Momo intentó un par de veces convencerlo para que hiciera las pases con su hermano, pero se notaba de lejos que aún estaba molesta con él.

Ene no podía ni verlo... La única vez que entró a su celular después del incidente fue para organizar sus íconos escribiendo con ellos un colorido "Te odio".

–¡No puedo seguir así!– exclamó sentándose en su cama, sin cuidado golpeando su cabeza con el techo.

Kido había tenido la genial idea de agregar una cama más a las cuchetas y ahora que eran tres, el espacio entre su cama y el techo apenas le daba para permanecer allí acostado. ¿A alguien le importó su incomodidad? ¡Claro que no!

Tal vez si hacía las pases con Shintaro, y volvían a quererlo se apiadaran de él y pusieran la cama en otro sitio... Aunque también podía pedirle a Konoha que hiciera un agujero en el techo... ¡Oh sí! ¡Kido amaría aquella claraboya rústica y sin vidrios en su techo!

En esas tonterías pensaba mientras caminaba hacia la sala, como si fuera cosa del destino sólo estaban Shintaro y Ene allí. Podría intentarlo... Haría lo que sea por su claraboya... O cual fuera la excusa que se había inventado unos minutos antes y que ya no recordaba.

Se sentó en el mismo sofá que él, usando su máscara de alegría... Una reconciliación debía ser alegre, ¿no? Tal vez si ponía música de violines o una cámara comenzaba a girar en torno a ellos...

–¡El ambiente se puso muy pesado amo, salgamos de aquí!– la voz de Ene lo sacó de sus estúpidos pensamientos.

–Supongo que tienes razón– murmuró Shintaro con el celular en su mano poniéndose de pie, pero antes de dar un paso lo miró –. A menos que tengas algo para decir.

Por primera vez desde aquello se sostuvieron la mirada más de un par de segundos.

–Algo así...– asintió seriamente, su máscara no le serviría por el momento...

Shintaro volvió a sentarse ignorando las réplicas de Ene –Te escucho.

Se cruzó de brazos pensativo... Entre tanta tontería que se le venía a la mente... ¿Por qué no pudo pensar en qué palabras usaría para disculparse?

–No tengo todo el día...

–¡No me presiones!– exclamó viéndolo molesto mientras tragaba en seco –¿No te das cuenta de que ofrecerle una disculpa a alguien como tú me hará perder puntos de estilo? ¿Y si alguien filma esto?

–¿Esto es alguna especie de broma de mal gusto?– lo miró, Shintaro hablaba en serio, estaba realmente molesto... No había forma de salir bien parado... Debía disculparse sinceramente.

–Perdón...– murmuró finalmente sin atreverse a verlo mientras lo decía –Lo que hice fue... Terrible... Fue más que eso... Y no puedo decir que no buscaba hacerte sentir mal, porque lo hice justamente por eso... Pero nunca pensé que tuviera tales... Consecuencias...

–¿Algo más?– preguntó Shintaro en un tono bastante parecido al de Konoha.

–Veamos... ¿Ya dije que soy un maldito por buscar hacerle daño a alguien que se suponía que era mi amigo?– él levantó una ceja –¿Que me dejé llevar por la rabia y la impotencia? ¿Que jugué con algo tan importante como el recuerdo de mi hermana...? ¿Que no puedo culparte si no me perdonas, porque yo mismo no creo poder...?– enumeraba con sus dedos –Supongo que eso es todo, aunque tal vez más tarde recuerde algo– terminó de decir con una falsa sonrisa.

–Muy bien... Entonces es mi turno de disculparme...

Se lo quedó viendo boquiabierto, ¿por qué tendría que disculparse con él? Shintaro cruzó sus brazos detrás de su cabeza, logrando que así sus mangas se levantaran un poco y se viera con claridad la venda en su muñeca.

–Me disculpo por haber hecho una estupidez ta grande que ocasionó que tus amigos y familia comenzara a tratarte mal– comenzó a decir –. Si no hubiera hecho eso, esto no habría sido más grave que un intercambio de insultos como tantos otros...

Ok, eso lo dejó sin palabras... En todo ese tiempo no había considerado aquello ni por un segundo, estúpido Kisaragi y su estúpidamente alto coeficiente intelectual.

–En definitiva me disculpo por haber logrado que te culparan por mi debilidad... – terminó de decir el chico de cabellos negros viéndolo de reojo.

–¿Eso significa que me perdonas?– preguntó estúpidamente luego de unos segundos.

–Olvidemos todo lo que sucedió y ya– propuso a lo que él asintió sonriendo, esta vez de verdad –. Por cierto– continuó –, nunca pensé que ustedes tres fueran esos pequeños niños que conocí hace tanto tiempo...– bajó sus brazos para mirarlo de frente, con una nada agradable sonrisa en sus labios –Así que tú eras el rubio con cara de llorón.

–¡Yo no era llorón!– exclamó de inmediato.

–¡Sí, cómo no!– comentó Shintaro con ironía –Pero esto confirma que sí tienes esa apariencia.

–¿Esta apariencia? ¿De qué hablas?– preguntó desconcertado.

–Con tu poder y todo eso nunca se sabe como eres realmente... Aunque con sólo verte se nota que esa es tu verdadera forma– comentó sonriendo más, de una forma que no le gustó nada.

–¿Con sólo verme?– preguntó levantando una ceja con desconfianza.

–¿Te has visto en un espejo...? Eres feo, enano, escuálido, despeinado y con esos ojos de zorro tan horribles. Si fueras a cambiar tu apariencia lógicamente lo harías por alguien mínimamente atractivo– de fondo se escuchaba la risa contenida de Ene.

Ese maldito se las iba a pagar –¡Al menos no soy un NEET virgen como tú!

–Tú también eres virgen– respondió tranquilamente.

–Si eso quieres pensar...– murmuró haciéndose el interesante.

–¿Ahh... No lo eres? Me pregunto qué rostro pondrá Kido cuando se lo comente...

–¡Ni se te ocurra hacer eso!– le gritó antes de darse cuenta de lo idiota y expuesto que estaba en esos momentos.

Lo escuchó estallar en risas... Aquello era demasiado surrealista... El patético Shintaro estaba mofándose de él... ¡Ese era el mundo del revés!

–¡Ya voy a encontrar algo con lo que vengarme!– le aseguró –Ene me ayudará, ¿verdad Ene?– preguntó tomando el celular que Shintaro había dejado sobre la mesa cuando comenzaron a charlar.

–A mí no me hables– le dijo la chica en un tono que nunca le había escuchado –, yo nunca voy a perdonarte– aseguró dándose la vuelta de brazos cruzados y enviándose a otro celular.

Aquello dolió más de lo que esperaba, dejó el celular sobre la mesa volviendo a sentirse molesto.

–Más tarde hablaré con ella– aseguró Shintaro quien también se veía sorprendido por la actitud de Ene.

–Déjalo, me da lo mismo– murmuró levantándose y volvió a encerrarse en su habitación.

Esa noche acordó una cita con sus amigos graffiteros, y salió de la casa bastante tarde a encontrarse con ellos... Ene estuvo toda la cena llamándolo "Maldito despiadado" y aquello lo había irritado bastante...

Después del enorme esfuerzo que hizo por disculparse...

Esa noche se comportó de una forma muy egoísta con sus amigos, en lugar de crear arte juntos, tomó unas latas de spray y se fue a una pared oscura a desquitar su ira. No tuvo cuidado, así que terminó con una pared llena de palabras de odio acompañadas por rayos y centellas, y toda su parka salpicada en pintura.

Se acostó muy muy tarde, por lo que el día siguiente despertó de mala gana con los gritos de Kido.

–¡¿Qué demonios significa esto, Kano?!– abrió sólo un ojo para verla con su parka en la mano.

–Anoche tuve una pintada...– respondió antes de bostezar y volver a cerrar los ojos.

–¡No puedes ensuciarte de esta forma en una pintada!– le reclamó esa molesta voz que no lo dejaba dormir.

–¿Tú qué sabes de pintadas? Sólo hiciste un gato... Y era feo...– espetó dándose la vuelta esperando que así poder seguir durmiendo.

El tremendo portazo lo despertó por completo haciéndole tomar consciencia de lo que había dicho –¡No espera yo no...!– exclamó sentándose de golpe para detenerla pero nuevamente se golpeó la cabeza con el techo –Maldita sea...– masculló revolcándose en la cama, sin saber si insultaba al techo o a sí mismo por la burrada que soltó.


Las semanas pasaban, y su relación con los miembros de la pandilla, incluso con Ene mejoraba... Sin embargo por un motivo u otro siempre terminaba arruinándolo con Kido...

¿En qué momento se había convertido en la hembra alfa del grupo? Porque ya no era sólo Konoha corriendo tras ella intentando obtener algo de comida extra... Era Hibiya, que a pocos días de irse un mes a su pueblo no se le despegaba... O Shintaro, que ahora parecía buscarla más seguido, y charlaban durante horas... ¿Cuándo se volvieron tan amigos?

Esos tres estaban usurpando SU lugar, SU puesto, a SU hermana. Le desesperaba, y los pocos momentos que lograba pasar a solas con Kido, terminaba ganándole su temperamento y acababa reclamándole o respondiéndole mal...

De esa forma su relación nunca mejoraría...

Con el tiempo, decidió que debía hacer algo, la navidad se acercaba y Ayano siempre les inculcó, que nunca permitieran que la navidad los alcanzara peleados... Le gustaba pensar que su hermana tenía razón y que si pasaban cada navidad juntos, eso les aseguraría un futuro largo y feliz con quienes querían...

Seto le había contado acerca de aquellos entrenamientos matutinos de su hermana, así que ese día se levantó extremadamente temprano, y la sorprendió ofreciéndose a acompañarla.

Nunca más...

Él estaba acostumbrado a caminar por horas... Pero caminar era una cosa y correr a toda velocidad durante veinte minutos sin descanso era otra... Al llegar al parque donde ella por gracia divina decidió detenerse... Cayó agotado en el pasto, y allí se quedó viéndola...

Se lamentaba internamente porque aún faltaba la vuelta a casa, y él no podía mover un músculo... Por otro lado tenía que admitir que el panorama era interesante y atemorizante en proporciones iguales...

Ver a Kido bastante sudada, dando patadas altas y puñetazos a un pobre árbol, le hacía sentir que tanto cansancio había valido la pena... Pero si prestaba atención a la forma en la que el árbol se balanceaba ante cada golpe... Sentía deseos de huir... No era un buen momento para hacerla enfadar...

–Vamos, te llevaré a casa– dijo ella estirando su mano hacia él, cuando terminó su rutina.

–No te preocupes, yo puedo solo– le sonrió tomando su mano para levantarse, pero terminó cayendo nuevamente de nalgas –. Pues... Parece que no puedo...– murmuró riendo de su propia estupidez...

Nada que ver con su humor de todo ese mes... Estar cerca de Kido lo alegraba mágicamente. La vio rodar los ojos, y levantarlo en su espalda comenzando a caminar en dirección a la casa, por esa vez no se quejó, disfrutaría del viaje...

Y del aroma de su cabello...

–¿Qué es eso que te tiene tan mal?– preguntó ella de la nada tomándolo por sorpresa –No irás a negar que has estado comportándote como un idiota últimamente... Es decir... Más idiota– aclaró lo último.

Frunció el ceño por lo último, pero antes de volver a caer en ese estúpido círculo vicioso de enojarse, decirle una estupidez y enojarse más por ello... Exhaló y respondió sinceramente –Nos hemos alejado demasiado... Odio eso...– murmuró.

Ella se detuvo, girando el rostro para verlo de reojo –Creí que te habías alejado por lo que te hice aquella vez... El puñetazo...

–¡¿Por eso?!– preguntó sorprendido –¡Claro que no! ¡Merecía eso y más!– rió aliviado –¡Aww! ¡Te extrañé~~!– canturreó antes de darle un corto beso en la mejilla.

Pudo sentir claramente como los pelitos de su nuca se erizaron –¡No vuelvas a hacer eso o te dejo aquí tirado!– lo amenazó mirando al frente en un inútil intento por que él no viera su sonrojo.

Se rió al ver como sus orejas se pusieron rojas –Está bien, lo siento, no volverá a a pasar– mintió –. Entonces... ¿Amigos como siempre?

–Amigos– asintió ella.

Después de ese día su humor mejoró considerablemente...


La paz había regresado a la pandilla... Y todos retomaron sus actividades diarias, es decir; Seto hacía sus trabajos y el resto hacía sombra...

Sin embargo su preciosa líder, solía salir sospechosamente... A repartir pedidos según ella... Pedidos que le tomaban varias horas... Si era tan lejos, ¿por qué no enviaba a Konoha?

Habló con Seto sobre esto varias veces, pero él era implacable, por más preocupados que estuvieran debían confiar en ella de la misma forma que confiaban en que él regresaría de sus caminatas nocturnas.

Le prometió a su hermano que no la seguiría... Pero le carcomía los nervios no saber... Ella comienza a entrenar muy duramente y luego de un tiempo sale por las tardes a hacer quien sabe qué... Una de dos...

O estaba metiéndose en peleas ilegales, o había conseguido novio...

No sabía cual de las dos le preocupaba más.

Sin embargo aquella noche, luego de horas intentando ubicarla, ella telefoneó a Seto pidiendo por Konoha...

¡Por Konoha, no por él!

¡Cuando regresara a la casa iba a escucharlo...!

Y lo escuchó...

–¡¿QUIEN FUE?!– gritó completamente fuera de sí, sentía exactamente aquello que sintió al ver a Ayano dejarse caer al vacío...

Frío... Desesperación... Impotencia... Rabia...

–Pa...pá...

Aquella respuesta acabó con la ínfima consciencia que le quedaba... Se le escapó un gruñido de lo más profundo de su ser...

Ese maldito... Esa bestia que le había robado a su padre... A su hermana mayor... Su tranquilidad y felicidad...

Ese maldito ahora quería robarle a Kido...

Salió de la base, iba a destrozarlo, lo haría pedazos con sus propias manos sin importar si estaba en el cuerpo de su padre... Lo cortaría en pedacitos...

Sintió algo tomando su brazo, no le importó... Nada importaba... Pero comenzó a importar cuando ese agarre no le permitía avanzar... No le permitía llegar a ese lugar a matar a ese tipo.

–¡Suéltame!– le gritó a su hermano al girarse a ver qué lo detenía.

–¡¿A dónde vas, Kano?!– preguntó él con el rostro compungido en dolor y preocupación –¡Vamos de vuelta a la casa, tenemos que cuidar de Kido!

–¡Tú la cuidas, yo lo mato!– le explicó con torpeza tirando hacia atrás intentando soltar su brazo, cada segundo que pasaba ese maldito estaba disfrutando de su gran hazaña.

–¡¿A quién?! ¡Kano, aún no sabemos qué pasó! ¡No sabemos quién le hizo eso!

–¡Lo sabemos! ¡Acaba de decirlo!

–Sólo dijo papá... Pero, papá no pudo ser... Tal vez sólo estaba llamándolo...

–¡Fue él!– aseguró viéndolo fijamente a los ojos, mientras su hermano lo miraba aterrorizado negándose a creerlo –¡Ese maldito fue quien me apuñaló! ¡Por eso hice que nos alejáramos de él! ¡Esa cosa ya no es nuestro padre!

El monstruo había roto el trato, le había hecho daño a uno de sus hermanos... Ya no tenía por qué guardar su maldito secreto.

–¿Qué...?– preguntó Seto casi sin voz, perdiendo fuerza en el agarre.

Aprovechó la confusión de su hermano para volver a correr, pensando en qué hacerle al maldito, en cómo romper cada uno de sus huesos... Le haría sufrir lo mismo que su hermana pero multiplicado por mil.

Estaba a punto de cruzar la calle cuando algo lo envolvió levantándolo un poco logrando que sus pies ya no tocaran el piso.

–¡Maldición Seto, déjame ir!– le ordenó retorciéndose dentro del abrazo de oso que le estaba dando su hermano.

–No...– sollozó él.

–¡Ve a cuidar de Tsubomi!– volvió a gritarle, pero el abrazo no cedía –¡¿No entiendes que no puedo dejarlo así?!

–¡No vas a ir!– gritó su hermano poniendo más fuerza en el agarre –¡Si lo que dijiste es cierto no puedo dejarte ir! ¡No voy a perderte a ti también!

–¡¿A mí?!– preguntó volteando lo más que pudo para verlo desconcertado –¡¿Qué importa lo que me pase a mí?! ¡Casi mata a Tsubomi!– realmente estaba intentando hacerle entender su lógica.

–¡Y te va a matar a ti! ¡Eso matará a Tsubomi y a mí, Shuuya! ¡Por una maldita vez en tu vida piensa en cómo nos sentimos!– gritó lo último llorando con rabia.

–¡Todo lo que he hecho ha sido por pensar en ustedes!– le gritó logrando soltarse finalmente, sin embargo sus piernas se negaban a moverse.

¿Realmente quería morir? ¿Quería que ese monstruo lo matara y dejar a sus hermanos solos? ¿O que esa cosa se metiera en su propio cuerpo y fuera por ellos?

No... Quería vivir... Quería pasar tiempo con sus hermanos y amigos... Quería una vida larga y feliz a su lado...

Cubrió su rostro, casi podía escuchar como los trozos de su máscara caían al suelo y se hacían mil pedazos.

–Es un monstruo terrible...– comenzó a decir la verdad... Lo necesitaba... Tenía que limpiar su alma... Tenía que decírselo a alguien o explotaría. Sin su máscara, aquel era un peso insoportable –Es capaz de hacer las peores cosas... Él vive en el cuerpo de nuestro padre...– su hermano lo observaba aterrado, ambos lloraban como dos niños pequeños –Lo he sabido todo este tiempo... Me amenazó, si le decía algo a alguien él...– lo miró directo a los ojos, necesitaba que su hermano entendiera sus motivos –Él los mataría a ustedes...

–Dios...– sollozó Seto abrazándolo, se aferró a su hermano como si su vida dependiera de ello y su llanto aumentó –Todo este tiempo... Soportaste todo solo...– susurraba Seto, él sólo asentía.

No supieron cuanto tiempo pasó, antes de que ambos lograran calmarse. Regresaron juntos a la base, preocupados por su hermana, con sus rostros demacrados y sus ojos rojos por el llanto.

–¡Seto, Kano!– exclamó Mary al verlos entrar en ese estado –¿Están... Bien?– preguntó asustada.

–Sí...– asintió Seto sonriéndole débilmente –Nos pusimos al día en algunas cosas...– explicó.

–¿Tsubomi?– preguntó él lastimeramente, por como Mary lo miró imaginaba que debía verse terrible... Como un duende o algo parecido... No le gustaba que lo vieran así, pero se sentía incapaz de recomponer su máscara por el momento.

–Le pedí a Konoha que la llevara a la habitación... Hibiya está con ella– explicó, mientras Konoha los observaba con atención bebiendo té.

Su hermano y él asintieron –¿Podrías llamar a Momo y avisarle?– le dijo Seto dándole su teléfono –Diles que no es necesario que vengan ahora, sólo les avisamos para que se cuiden...

–¿Se cuiden de quién?– preguntó ella tomando el teléfono.

–De papá...– fue lo último que escuchó decir a Seto antes de meterse a la habitación de su hermana.

Al entrar se encontró con una tierna pero triste escena... Hibiya estaba con medio cuerpo sobre la cama, abrazando a Kido que yacía allí viéndolo, con una mano sobre la cabeza del niño. Al acercarse notó que él se había quedado dormido de esa forma.

–Lo dejaré en la cama de Mary– le susurró a su hermana mientras levantaba a Hibiya con cuidado y lo dejaba en aquel lugar.

El niño no pesaba nada, pero él se sentía agotado...

Regresó con ella acercando una silla a su lado y tomó su mano –Lo siento...– murmuró pasando una mano por el rostro de la chica en un intento por retirar sus lágrimas.

Ella asintió y apretó un poco su mano, se veía cansada, adolorida... Y aterrada... No la culpaba, él se sentía igual y no había recibido una herida de bala hacía pocas horas.

–No me golpees por esto– le dijo suavemente levantando un poco su ropa, se tranquilizó al ver que la herida estaba cubierta por gasas, entonces pudo notar la marca de una aguja en el dorso de su mano –. Huiste de un hospital...– comentó, ella asintió –Y pensando que habías conseguido novio...– comentó acariciando su cabello.

Ella intentó reír, pero la mueca de dolor en su rostro le indicaba que no había sido buena idea bromear. En ese momento Seto entró a la habitación, y se acomodó al otro lado de la cama.

–¿Cómo te sientes...?– le preguntó tomando su otra mano.

–N-no... sé...– aquellos dos monosílabos le costaron demasiado.

–Tranquila, no intentes hablar...– le dijo Kousuke viéndola con dulzura –Todo está bien ahora... Estamos aquí contigo– le sonrió antes de inclinarse y besarle la frente.

Ella sonrió... Esa linda sonrisa, no importaba que tan mal se viera... La hacía resplandecer.

–Y siempre vamos a estar...– completó la frase de su hermano, ganándose que ella desplazara su mirada hacia su persona –Porque te amamos...– besó su mejilla –De muchas formas...– le susurró, antes de alejarse para ver su rostro sonrojado y esa mirada entre molesta y agradecida.

Minutos después ella se durmió, dejó de verla por un instante al escuchar la risa mal silenciada de Seto.

–¿Qué...?– le preguntó curioso.

–De muchas formas...– repitió sus palabras –Ya no eres capaz de disimularlo...– comentó negando con una sonrisa de oreja a oreja.

–Déjame en paz...– murmuró mirando a otro lado, sintiendo como sus mejillas ardían –Sin mi máscara es muy difícil controlarlo...

Esa noche todos durmieron en la misma habitación...

Continuará.

Otro capítulo que salió rápido... ¿qué puedo decir? El drama me puede...

Y en el que se viene se sabrá qué pasó realmente con Kido... Me muero por escribir ese...

Muchísimas gracias por los comentarios, paso a responderlos:

Yin-princesa-del-olvido: Oh sí... Correrá sangre... O lo hubiera hecho si Seto no detenía a Kano... Claro que iba a terminar corriendo la sangre de Kano, de Kenjiro y la serpiente riéndose de ellos... Yo tampoco quiero un final triste la verdad... Me encariñé mucho con ellos... Pero si busco finales felices creo que me equivoqué de serie... T.T Muchísmas gracias por el comentario. Besos.

Ryuunoko: ¡No la maté! ¡La medio-maté! Como para que se vaya acostumbrando a lo que se siente... Consideralo un período de adaptación. Y no sé, uno es medio masoquista con sus personajes favoritos... En el siguiente la veremos sufrir en vivo y directo... Me emociona pensarlo... Seto es genial, me encantó poder hacerlo un poco más duro en el capítulo anterior... Con su candidez usual, pero siendo capaz de molestarse si la situación lo amerita, perdonar, y ponerse firme en sus decisiones... El pequeño crece poco a poco y se convierte en un hombre hecho y derecho.

Kano tiene sus etapas... Se pierde muy fácil en sus mentiras, de a ratos sale a flote pero vuelve a hundirse... Hasta que le tocan a alguien que ama... Entonces todo se va al diablo, y es capaz de matar por ello. Creo que todos tenemos el mismo dilema con Kano... ¿Quererlo o golpearlo? Escribir este fic me hace comprender mejor a Kido. Me pasa lo mismo con Konoha y Ene... Son muy tiernos juntos. Y sí, señoras y señores... Nuestra querida casi cadáver Kido Tsubomi, piensa que él ama a Ayano... De ahí que no quiera ilusionarse con Kano, y al mismo tiempo no pueda evitar quererlo.

Lamento el shock de lo de Kido... Una vez más, sobrevivirá a esta... No se va a ir de este mundo sin haber sufrido lo suficiente... El pánico de los chicos con lo de Kido fue muy divertido de pensar... Konoha fue el mejor personaje de todos... Mientras escribía pensaba; "No puede ser tan boludo para no notar que algo anda mal... bueno sí puede...". Y totalmente, Hibiya siente la misma impotencia que con Hiyori, siente que la historia se repite, que pierde a alguien muy importante. Y es un fallo mío el no usar el poder de Hibiya, pero la verdad no sé bien como funciona... Entonces prefiero no meter la pata y que el nene considere sus visiones de vuelo de pájaro como sueños o alucinaciones...

¡Y que lo digas! Momo y Ene deben estar a los gritos tratando de ir a la base a las 3 AM y Shintaro intentando de hacerlas entrar en razón y al mismo tiempo muriendo de preocupación por la líder. Kuroha ya tendrá sus 15 minutos de fama, no lo apresuremos... Que si se lo meto a Konoha luego no sé como sacárselo... No mueras aún que se viene el capítulo de la líder... Espero que quede bien... Si no queda bien ESE capítulo me jubilo... Bueno respecto a la reacción de Kano acá la viste... Quería que quedara más épica, pero así salió.

Ya veremos en el próximo como quedó la linda serpiente tan tierna y adorable ella... Y muchas gracias por decir que es tu fic favorito actualmente, significa mucho para mi... T_T. Me encanta poder trasmitir sentimientos, para eso escribo... (Sería más fácil con la serpiente de Ayano) Muchísimas gracias por el comentario. Besos.

Jeffy Iha: Exacto, pelotudos sobran... Pero la corona se la lleva Kano xD. No podía ser tan hdp de terminar el capítulo sin que la encuentren... Bueno si puedo, pero esta vez, por esta sola, tuve piedad de mis lectores... Y sí, fue una especie de karma para Kano, para que entienda un poco de lo que le hizo sufrir a sus hermanos. Konoha es un chico muy inteligente en un mundo que no entiende... Pobre u.u... Bueno lo que Kido fue a hacer y cómo lo hizo eso se sabrá en el siguiente capítulo, no spoilearé nada. Gracias por leer y comentar, besos.

Gracias a todos por leer.

Próximo capítulo: Verdades insoportables -Kido-

Hasta la próxima.

Trekumy.