Capítulo 33: Verdades insoportables.

La despedida de Hibiya fue triste... La navidad sin él aún más, y se sintió un poco solitario colgar el teléfono después de que él la saludó por su cumpleaños... Pero finalmente regresó.

Le sorprendía darse cuenta de cuanto cariño le había tomado al niño...

–¿Festejar nuevamente mi cumpleaños?– preguntó sorprendida, había llegado apenas la noche anterior, y ese día ya se levantaba temprano y con aquel planteo. El aire del campo lo había cambiado bastante.

Él asintió con seriedad –Me gustaría llevarte a un lugar en compensación por no haber estado en tu cumpleaños.

–Está bien– asintió sonriéndole, en esos momentos recordaba por qué lo había extrañado tanto.

Después de almorzar, ambos salieron ignorando los comentarios sarcásticos de Kano.

–¿A dónde iremos?– le preguntó mientras lo seguía.

–Al parque de diversiones– respondió él con una infantil sonrisa, la cual de inmediato fue sustituida por una expresión de vergüenza –Si eso quieres claro... No es que a mí me interese especialmente ese lugar...

–Me encantaría– asintió –, y no tendría nada de malo que te interesara...– comentó casualmente.

–Lo sé...– murmuró él aún avergonzado.

–Siempre me ha gustado el parque de diversiones... Y creo que no importa cuantos años pasen... Seguirá gustándome...– confesó.

–¿De verdad?– la miró sorprendido –Yo... No sé si me gusta... Donde vivía no había nada de eso.

–¿Es tu primer vez en uno?– él asintió –¡Entonces la misión de hoy será probar todos los juegos!– decidió, mas tarde se arrepentiría de aquello.

Su rostro se iluminó en una sonrisa infantil, esa tan rara en él. Al llegar subieron a montones de juegos... Se sintió un poco vieja cuando al bajar de la montaña rusa las piernas le temblaban y necesitó sentarse un rato. Hibiya se veía muy bien, incluso tuvo que prometerle que volverían a subir en cuanto el mundo dejara de moverse bajo sus pies... ¿De qué estaba hecho ese niño?

–Toma...– él le entregó una soda, su sonrisa no se había borrado desde que entraron al parque.

–Gracias...– tomó la bebida, ya que tendrían que esperar un rato, y él insistía en subir a los juegos con ella, podrían charlar un rato –¿Cómo te fue con tus padres? ¿Cómo estaban?

–Bien, estaban como siempre– se encogió de hombros –. Los padres de Hiyori me hicieron muchas preguntas respecto a...– exhaló mirando a otro lado dejando de sonreír.

–¿Lo saben?– preguntó sorprendida, aunque aquello era apenas lógico.

–Parece que el señor Tateyama se lo dijo...– asintió –Mis padres estaban preocupados... Dicen que la ciudad es muy peligrosa... No querían dejarme regresar.

–No me gusta la idea... Pero tal vez estarías más seguro en casa con tus padres...– murmuró siendo absolutamente objetiva, no era idiota... Sabía que algo muy extraño estaba pasando alrededor de ellos.

–¡¿También tú?!– la miró dolido –¡Quiero averiguar qué pasó con Hiyori! ¡Ellos nunca la encontraron! Tal vez no esté...– murmuró sin terminar la frase.

–Tienes razón, dije una estupidez...– murmuró mirando la soda, él seguía pensando en su amiga, si aún conservaba la esperanza... ¿Quién era ella para quitársela? Si él quería estar con ellos se lo permitiría, lo protegerían, y si las cosas se ponían realmente feas... No le temblaría el pulso al meterlo a ese tren y enviarlo a casa –Me siento mejor– se puso de pie –. ¿Subimos nuevamente?

Él asintió recuperando un poco de su espíritu, para cuando bajaron de la montaña rusa él era feliz nuevamente y ella suplicaba internamente que no se le ocurriera seguir subiendo, no soportaría otra vuelta más.

–¿A cuál te gustaría subir ahora?– le preguntó una hora más tarde, comenzaba a anochecer, y ella odiaba estar afuera durante la noche, pero una misión es una misión.

–A...– comenzó a decir mirando a su alrededor –¡A ese!– exclamó señalando la mansión encantada.

Sintió como su presión bajó de golpe –¡¿No te gustaría volver a la montaña rusa?!– le preguntó sudando frío –¡Podemos subir cinco veces más si quieres!

–No, ya me aburrió... ¡Vamos!– la tomó de la mano y corrió hacia aquel terrorífico lugar.

Respiró hondo, debía comportarse como la líder de una pandilla de adolescentes y proteger al niño que llevaba... Él no conocía los parques de diversiones, no sabía las cosas horribles que había dentro de aquella atracción... Con un poco de suerte, se asustaría apenas entraran y tendría una buena excusa para salir corriendo de allí y no regresar nunca más.

No sólo no se asustó, sino que se veía extremadamente emocionado. Exhaló resignada, tendría que volver a pasar por ese sitio, y se había jurado nunca regresar. Se puso los auriculares con la música la máximo, caminaban tomados de las manos así que se sintió segura de cerrar sus ojos... Si no veía o escuchaba entonces sería inmune a los sustos... Se felicitó a sí misma por su idea tan genial.

Todo iba bien, no había chocado con ningún obstáculo, hasta que algo tocó su hombro, al girar y abrir sus ojos se encontró con el rostro más aterrador del mundo a escaso centímetros de ella.

–¡AHH UN FANTASMA!– gritó aterrada dando un salto hacia atrás, para luego hacerse una bolita en el piso, con sus manos tirando de su capucha en un intento por esconder su cabeza dentro.

Estaba sollozando aterrada... Tomar consciencia de ello, y de que Hibiya la había visto así, la hacía sollozar más. Se había acabado... Todo había terminado en ese momento... Su reputación, su puesto como líder, tal vez incluso su pertenencia a la pandilla... Si no era la líder, ¿entonces qué era? ¿Qué aportaba al equipo? La sacarían, ya no podría vivir en la base... Viviría abajo de un puente, comiendo cartón.

–Líder...– la voz de Hibiya la sacó de su bucle mental –¿Estás bien?– abrió los ojos para ver su rostro preocupado... Asintió secándose las lágrimas... –¡¿Se volvió loco?!– le gritó él al hombre disfrazado detrás de ella, quien la había asustado hacía un momento –¡No puede tocar a los clientes! ¡Somos menores de edad, podríamos denunciarlo por acoso!

Se levantó viendo con sorpresa a Hibiya, el "fantasma" se disculpó y se marchó. Una vez que estuvieron solos en ese oscuro lugar, respiró hondo esperando las palabras de su amigo, se burlaría de ella lo menos.

–¿Vamos?– le preguntó viéndola –No te preocupes por nada, ¡yo te protegeré!– aseguró con una sonrisa llena de orgullo.

–¿No te da vergüenza andar con alguien tan... Cobarde?– preguntó mirando el piso.

–¿Cobarde? Te lanzaste frente a un camión para salvarme... ¿Cómo podría pensar que eres cobarde?– preguntó apretando un poco más su mano.

Levantó la mirada sonriendo tímidamente –Gracias Hibiya...

Salir de la mansión encantada fue una proeza... Pero todo finalmente acabó y emprendieron el regreso a casa... Lo llevaba en su espalda, el pobre se había cansado demasiado en esa atracción ya que tuvo que estar pendiente de ella todo el tiempo, sacándola de en medio de las telarañas de fantasía y arrastrándola cuando se quedaba paralizada, lo cual sucedió unas veinte veces en los quince minutos que estuvieron dentro.

–¿Disfrutaste del parque?– le preguntó y él asintió –¿Te gustaría regresar?

–Sí... Podríamos festejar el cumpleaños de Momo allí...– sugirió cansadamente.

–Es una gran idea...– asintió –Seguramente disfrutes más de la casa de los sustos si vas con alguien como ella– aseguró, Kisaragi era muy valiente para esas cosas.

Su única respuesta fue la respiración acompasada del niño, clara señal de que se había quedado dormido.

–Gracias por el gran día...– le susurró aún sabiendo que no la escucharía.


Un par de meses atrás, una noche sin luna, soñó algo muy extraño... Uno de esos sueños abstractos al que en estado de vigilia difícilmente pudo encontrarle sentido, sin embargo cuando despertó, la sensación en su pecho era clarísima...

Kano ocultaba algo muy malo, algo que terminaría con él tarde o temprano...

Aún recordaba la desesperación de esa noche... Imágenes de él, caminando hacia un precipicio sin fondo, no dejaban de asaltar su cabeza... Esa madrugada se había dedicado a pensar... Pensar en sus vidas, la muerte de Ayano, aquella que aún no tenía explicación... La actitud de su hermano, que sabía más de lo que decía... Su padre, aquella sonrisa diabólica que le mostró esa noche...

Y esa maldita certeza de que no fue nadie más que él, quien apuñaló a su hermano aquella vez.

Todo aquello hizo que el día siguiente le pidiera a Ene que se metiera al celular de Kano, y le enviara un documento con todos sus mensajes y el registro de llamadas. No estaba bien, lo tenía claro... Sin embargo a Ene no le molestó en lo más mínimo violar la intimidad del ojos de zorro, como ella lo llamaba.

Ya con toda esa información en sus manos, no tuvo el valor de leerla hasta mucho tiempo después... Y cuando al fin lo hizo, no sacó nada en claro... Sólo pudo resaltar tres hechos.

El primero; él borraba los mensajes recientes, sin dudas ocultaba algo...

El segundo; conservaba los mensajes muy antiguos que se había enviado con Ayano, entendía aquello, ella tampoco tenía las agallas de borrar nada que hubiera salido de su hermana... Sin embargo eran mensajes curiosos... Los meses previos a aquel suicidio, se mensajeaban a diario, aquellos mensajes no decían nada, apenas un "Estoy en casa", o "Ya llegué", que él respondía con un seco "Ok". ¿Por qué le avisaba sólo a él? ¿Qué se traían entre manos esos dos? No había duda... Kano sabía algo de Ayano que Kousuke y ella no.

El tercero; al observar el registro de llamadas salientes no encontró nada, pero en el de llamadas entrantes había un número que se repetía demasiado. Casi todas las noches, más o menos a la hora que él salía, recibía llamadas de esa persona... No conocía el número, pero lo resolvió enseguida al ir a un teléfono público y llamar... No le sorprendió escuchar la voz de su padre al otro lado de la línea... Kano tenía asuntos con su padre... Asuntos que no tenían nada que ver con sus lazos familiares.

Si ataba cabos podía deducir que Ayano y Kano ocultaban algo, después de esto Ayano murió y entonces Kano pasó a compartir uno o varios secretos con su padre...

Secretos tan oscuros que no podía contárselos a sus hermanos...

Ese fue sólo el comienzo de la investigación, después de ese día salía de la base casi a diario, necesitaba investigar, averiguar algo... Lo que fuera.

Era difícil encontrar excusas para salir... Kano de todos, era el más denso, irónico cuando él salía a la hora que se le antojaba y regresaba cuando quería sin dar explicaciones.

Sabía que la clave de todo estaba en la muerte de Ayano, recorrió periódicos buscando recortes de aquel día, algo de información que le diera una pista... Lo siguiente fue visitar el lugar de los hechos, usando su poder le fue muy fácil colarse a su instituto... Basándose en la información de los periódicos y lo que Seto le había contado, pudo pararse en el lugar exacto donde ella se lanzó, y ver hacia abajo... Ese molesto árbol le impedía ver el piso desde allí...

En el piso, en ese lugar donde en teoría ella cayó había un cantero lleno de flores... Revisó el concreto que las rodeaba, cada ladrillo, cada piedrita en los alrededores... Aquella escena no terminaba de cerrar en su mente, no sabía por qué... Pero había algo fuera de lugar.

Consiguió fotografías de la escuela tres años atrás... Ese árbol ya estaba allí, igual de grande y frondoso... Aquello continuaba molestando... Pero aún no entendía por qué...

Un día se armó de valor e hizo lo impensable... Valiéndose de su poder se metió a la comisaría y rebuscó entre los archivos... El primer día no encontró nada, pero el segundo pudo encontrar lo que buscaba; las fotos que le habían tomado al cuerpo sin vida de su hermana...

No pudo mirarlas demasiado tiempo... Casi la descubren cuando golpeó uno de los escritorios al descompensarse luego de observar aquellas imágenes... Después de ese día, toda la fortaleza que tenía se fue a pique, su entereza se rompió por completo y pasó noches enteras sin dormir... Tardó casi una semana en recomponerse y ser capaz de retomar la investigación.

Una vez más frente al instituto, observando el lugar exacto donde su hermana cayó, comprendió lo que tanto le molestaba...

Si Ayano se lanzó de aquel lugar, hubiera caído sobre ese árbol... Las ramas se habrían quebrado... Muchas ramas... Su cuerpo habría caído junto con esas ramas... En las fotos de los peritos debía verse aquello... Pero en esas fotos no había una sola rama sobre el cuerpo de su hermana ni en los alrededores...

Ayano no había muerto allí... No de esa forma al menos... Quizá... Ni siquiera hubiera muerto...

No pudo evitar ilusionarse...

Fuera lo que fuera Kano lo sabía... Y estaba permitiendo que ellos vivieran engañados... ¿Pero por qué...? ¿Por qué mentirles sobre la desaparición de su hermana? ¿Estaba amenazado? ¿O era un plan de ambos? ¿Pero para qué hacerles creer que ella había muerto si no era así? Y lo más importante, ¿dónde estaba ella? ¿Con quién?

Demasiadas preguntas... Ninguna respuesta...


Lo había evitado como la peste... Pero no tardó en darse cuenta de que si quería averiguar qué era lo que sucedía, debía ir a la fuente más directa... Su antigua casa...

Permaneció unos minutos en el patio de aquella casa viendo fijamente la ventana de la habitación de su hermana... Cuando se sintió preparada se trepó al árbol más cercano, era bueno haberse vuelto un poco más ágil en ese tiempo. Una vez arriba caminó por las salientes de la pared, sosteniéndose torpemente de los bordes de la ventana... Una caída desde esa altura no la mataría, pero le rompería un par de huesos, de eso no había duda.

Finalmente llegó al umbral de la ventana de aquella habitación, el cielo ya se había tornado naranja... Pronto anochecería... Debía darse prisa.

Como era de esperar la ventana estaba cerrada, sin embargo por fortuna su hermana le había comentado varias veces que estaba rota, por lo que podía abrirse fácilmente desde el exterior... Irónicamente no podía abrirse desde adentro una vez cerrada...

Sin más dilación abrió la ventana y se metió, siendo consciente de que si no usara su poder en esos momentos, los vecinos ya estarían llamando a la policía. Al entrar a la habitación miles de recuerdos inundaron su mente... Todo estaba intacto, con bastante polvo, pero cada cosa en el lugar exacto que recordaba...

–Ayano...– susurró conteniendo las lágrimas.

La extrañaba demasiado...

Respiró hondo y se enfocó en su labor, tenía que encontrar algo, una pista por mínima que ésta fuera. Necesitaba averiguar lo que sucedía... Sentía que si permitía que las cosas continuaran de esa forma, pronto estaría lamentando la pérdida de su hermano...

No sería capaz de soportar aquello...

Abrió el armario y buscó allí, ella tenía esas cajas donde guardaba cosas importantes, algunas las había visto antes, su contenido eran cosas de Ayaka, o recuerdos de los cuatro hermanos, pero había otra que era secreta.

Levantó una ceja al abrirla, dentro había envoltorios de sándwiches y demás basura sin sentido... O eso creía hasta qué, revolviendo un poco más, encontró unos cuantos trozos de hoja en los cuales había escritas frases como "Shintaro & Ayano" y demás palabras cursis propias de una chica enamorada... Así que esa basura eran recuerdos de él... Nunca imaginó a su hermana guardando el envoltorio de algo que él comió y atesorándolo en su cajita secreta...

–¿Qué pensaría Shintaro si lo supiera?– se preguntó a sí misma –Tranquila Ayano, no le diré nada– le sonrió a la habitación antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Cada vez se ponía más oscuro, debía darse prisa. Continuó revisando el armario pero no encontró nada de utilidad... Lo siguiente fue la cómoda, luego de observar durante unos segundos las hermosas fotos familiares sobre ésta... Todas de una época llena de felicidad que añoraba...

Revisó cada cajón, pero sólo había ropa y nada más... Miró a su alrededor preocupada, no podía haber llegado hasta allí para irse con las manos vacías... Entonces divisó la mesa de luz...

–¿Por qué no comencé por ahí?– se pateó internamente, yendo a revisarla...

De allí sacó un librillo rosa con candado... Su diario íntimo... Por suerte sabía donde su hermana guardaba la llave... Bajo la almohada...

–Lo siento Ayano... Violaré tu privacidad una vez más...– le avisó antes de abrir el diario y comenzar a leer...

O lo habría hecho si lograra ver algo en esa oscuridad... Pasó cerca de cinco minutos indecisa... Debía encender la luz de la habitación... Pero temía ser descubierta...

Finalmente la curiosidad le ganó y activó el interruptor, de todas formas estaba usando su poder... Si su padre entraba no sería capaz de verla, a lo sumo apagaría la luz y se marcharía.

Se auto-convenció de aquello, y más tranquila se sentó en la cama a leer... Las primeras entradas eran típicos textos de un diario íntimo, contaba sobre su día, sobre las travesuras de sus hermanitos, sus juegos, sus ilusiones e inseguridades... Y dibujaba corazones en los márgenes con el nombre del chico de su sueño en cada uno de ellos...

Sonrió, Ayano era una chica feliz y normal... Tan distinta a ella que a su edad estaba colándose en comisarías a ver fotos de cadáveres... El cadáver ensangrentado de su hermana para ser precisa... Aquello seguiría traumatizándola lo que le restaba de vida...

Avanzó un poco fijándose en las fechas y evitó leer las entradas cercanas a la muerte de Ayaka... No quería indagar tanto en la privacidad de Ayano, no en algo tan serio e importante... Comenzó a leer a partir de una fecha próxima a la de aquellos raros mensajes a Shuuya.

Comenzó como una entrada normal, contando eventos de la escuela, pero una frase llamó su atención; "Sigo preocupada por papá, ha estado comportándose un poco raro sobre todo en la noche, y esa cosa de sus ojos rojos aún me atemoriza... Tengo que averiguar qué le pasa."

–Sus ojos rojos...– murmuró, ella también lo había visto, pero no en su momento lo creyó una alucinación... Entonces él sí poseía esos ojos –Después de que mamá murió un quince de agosto...– dedujo sorprendida... ¿Cómo no lo había pensado antes?

Leyó un par de entradas normales hasta encontrarse con algo más; "Hoy entré al laboratorio cuando papá no estaba, encontré aquellas hojas con las fotos de Takane y Haruka, había cosas malas escritas allí. Tengo miedo por mis amigos y mi padre, tengo que hacer algo... Soy una heroína, tengo que pensar un plan para poder averiguar qué está pasando"

Frunció el ceño, ¿un plan? ¿Cosas malas? Siguió leyendo, sintiendo una presión muy grande en su pecho... Desde ese momento sabía, que lo que leería iba a acabar con la poca entereza que había logrado mantener hasta el momento.

"¡Encontré la forma! Le pediré a Kano que se haga pasar por mí, mientras investigo a papá, así nadie sospechará. Esta será nuestra misión secreta, nadie más puede saberlo... Salvaremos a papá y a todos."

–¡Lo sabía!– estalló –¡Maldita sea lo sabía!– le gritó al diario –¡Ella estaba muy rara porque no era ella! ¡Era Kano! ¡Todo el tiempo fue él!– sentía deseos de abandonar la investigación en ese punto sólo para volver a la base corriendo y golpearlo hasta sacarse toda esa frustración por hacer sido engañada tanto tiempo.

Sin embargo la ira inicial pasó y poco a poco su cerebro se permitió reflexionar al respecto... Ayano estaba investigando a su padre, ¿habría encontrado algo? Continuó leyendo, aún sabiendo que la respuesta a aquello era un enorme y rotundo; sí.

Las últimas entradas eran cortas y hablaban exclusivamente de su investigación.

"¡Es horrible! Papá planea matar a sus alumnos... A mis amigos... No entiendo aún el porqué, necesito investigar más, sólo así podré evitarlo."

"No es papá, algo lo controla por las noches. Me aterroriza, pero ahora menos puedo dejarlo. ¡Tengo que salvar a papá.!"

"Medusa, esa es la clave... Y tiene que ver con mis hermanos también, por lo que entendí ellos tienen una serpiente dentro, eso es lo que les da sus ojos y esos poderes... Papá también tiene una. Quiere matar a Takane y Haruka para darles una. Aún no lo entiendo, seguiré investigando"

Detuvo su lectura un momento y se secó las lágrimas que ya no le dejaban ver. Era terrible, doloroso, terrorífico... Ayano había pasado por todo eso sola... No le había dicho a una sola persona aquello... Estaba luchando sola.

Porque los héroes de verdad... Siempre son muy solitarios.

Tenía que leer hasta el final... Tenía que hacerlo, eso era lo que buscaba, no podía huir ahora, no podía dejar todo así... Tenía que cumplir con la voluntad de su hermana... Debía salvar a su padre.

"La serpiente que poseyó a papá quiere reunir a todas las serpientes en la tierra, si lo logra algo muy malo pasará, no puedo dejarlo, no quiero que mate a nadie, no quiero que más cosas malas pasen, así que yo voy a (...)"

El sonido de la puerta abriéndose la distrajo de la lectura. Su corazón dejó de latir por un segundo cuando vio a ese hombre, a su padre, en el umbral de la puerta observando la habitación.

No, ese ya no era su padre...

Intentó calmarse recordándose a sí misma que él no podía verla... Si permanecía de esa forma y no entraba en contacto con él, todo estaría bien.

–Un intruso– murmuró el hombre entrando a la habitación, aquello la asustó, pero cuando él, luego de cerrar la puerta por la que entró, caminó hacia la ventana abierta y también la cerró, se erizó por completo –Parece que el intruso quiere jugar a las escondidas...– comentó sentándose en la cama... Demasiado cerca para su gusto.

Ignorando los deseos de ocultarse bajo la cama, evaluó la situación. La ventana ya no era una vía de escape... Sólo quedaba la puerta, pero él notaría cuando ella la abriera... Tal vez, si era lo suficientemente rápida, podría escapar al pasillo, conocía esa casa a la perfección, no le sería difícil encontrar un buen sitio donde ocultarse.

Miró a su padre, sus ojos estaban completamente rojos y llevaba aquella sonrisa que la llenaba de pánico, no quería ni podía quedarse allí por más tiempo. Tomó aire y puso en marcha su patético plan.

Corrió hacia la puerta y giró la perilla intentando ser rápida, pero apenas logró abrirla un par de centímetros cuando sintió como su padre la tomaba del cabello y la lanzaba sin cuidado hacia el piso.

–Te encontré...– lo escuchó decir con esa voz distorsionada... No era su padre quién hablaba en esos momentos, era esa cosa dentro de él... Eso a lo que Ayano llamaba serpiente.

Apenas pudo intentó levantarse, pero él ya estaba encima de ella –Déjame ir...– murmuró viéndolo con seriedad, no se dejaría atemorizar por una maldita cosa tan cobarde para usar a su padre.

–No era parte de mis planes, pero...– comenzó a decir mientras ponía ambas manos en su cuello, en un movimiento tan rápido y preciso que no fue capaz de evitarlo –Temo que no puedo permitir que salgas de aquí...– comenzó a apretar –No con vida.

Se perdió por unos segundos en esos ojos llenos de maldad, como si fueran capaces de hipnotizarla. No despertó hasta que el dolor en su tráquea fue insoportable. Sus ojos se abrieron en señal de pánico al darse cuenta de su situación... Su padre estaba ahorcándola... Él realmente quería matarla...

Y aunque estuviera poseído, el rostro que veía en esos momentos, ese que disfrutaba de enterrar sus dedos en su garganta, era el de su padre...

Su otro padre también trató de matarla...

Volvió en sí, ya sin aire, sintiendo una extraña presión en su cabeza como si su cerebro fuera a estallar, puso sus manos sobre las de su padre en un intento por liberarse, pero para ese entonces sus fuerzas habían disminuido demasiado. Esas manos que le arrancaban la vida poco a poco no aflojaban el agarre ni se movían un ápice por más esfuerzos que hacía... El mundo comenzaba a perder forma, todo se distorsionaba frente a ella, lo único que podía ver con claridad, era ese par de ojos rojos.

Todo terminaría así... Siendo asesinada por su padre... ¿Y luego qué? ¿Qué pasaría con sus hermanos?

¡Shuuya, Kousuke!– pensó en un último envión de racionalidad.

No iba a dejarse matar, no podía hacerle eso a sus hermanos. No les daría otro golpe como el de Ayano. Tenía que volver con ellos... Los tres juntos tenían que luchar contra ese monstruo.

Mientras pensaba todo aquello, sus manos se desplazaron a los brazos del hombre, sosteniéndolos con las pocas fuerzas que le quedaban. Apoyando uno de sus pies en el suelo con dificultad, logró impulsar la parte inferior de su cuerpo hacia arriba. Con su otra pierna y poniendo toa su energía en ello, logró lanzar a su agresor hacia atrás con tal fuerza que chocó dolorosamente contra la pared y su cabeza se golpeó con el piso al caer.

Lo escuchó quejarse, aquello le había dolido, pero aún no estaba a salvo, sobre todo cuando su cabeza daba vueltas, y el dolor en su tráquea estaba matándola. Tan afectada tenía la zona que apenas si podía respirar...

Intentó levantarse varias veces, pero siempre terminaba cayendo, no se dio por vencida, debía escapar, tenía que volver con sus hermanos... Sólo en eso podía pensar, esa era su motivación.

–Maldito cuerpo... Tan débil...– escuchó la voz de ese asesino, aquello le dio la dosis de adrenalina necesaria para lograr levantarse y caminar trastabillando hasta la puerta entreabierta.

Logró salir, con una mano en su garganta, boqueando en un intento por hacer llegar algo de aire a sus pulmones, tambaleándose sin lograr encontrar su equilibrio... Pero logró salir... Atravesó el pasillo lo más rápido que su estado le permitía.

Casi llegaba a las escaleras cuando lo escuchó –Eso dolió– no se giró, aumentó la velocidad forzándose más allá de su límite, tenía que escapar –. Mereces un castigo...

Lo siguiente fue un sonido ensordecedor y un dolor en su flanco derecho tan intenso que dejaba en vergüenza al de su garganta.

No gritó, en su estado fue incapaz de emitir algo más que un gruñido gutural, se sintió caer por la escalera, al abrir sus ojos supo que había perdido la consciencia por un segundo, ya que su cuerpo estaba extendido sobre el piso de la sala y no recordaba más allá de cuando comenzó a caer. Se tomó un segundo más para ver su flaco, aquel lugar que tanto dolía.

Sintió aún más terror, si era posible, al observar esa parte de su cuerpo, cubierta casi por completo en su propia sangre. En esos momentos estaba llorando a gritos... Gritos que no eran capaces de salir de su interior.

Esos pasos en lo alto de la escalera la convencieron de que no era momento de lamentos... Seguía viva sin importar qué tan mal estuviera... Su misión en esos momentos era continuar en ese estado como fuera.

Se arrastró hasta la cocina, y se ocultó dentro de uno de los estantes bajo la mesada, puso una mano en su garganta y otra donde la bala había entrado, dolía demasiado... Y el pánico que sentía en esos momentos, ni la peor película de terror se lo había hecho sentir... Ni entrar mil veces seguidas a la mansión encantada...

Podía sentir su mano cubierta por ese cálido líquido que abandonaba su cuerpo, entonces comprendió que por mejor que se ocultara él sólo tendría que segur el rastro de sangre... La encontraría y la mataría.

No quería morir...

Activó sus ojos, extendiendo el poder a las manchas de sangre en la cocina... Aquel era un nivel bastante avanzado de su poder y requería mucha energía, energía que no tenía, pero eso no importaba, debía funcionar.

Se quedó en silencio, suplicando que no la encontrara, buscando su celular entre sus ropas, tenía que llamar a la policía, al novecientos once, a alguien... Pero no lo tenía, debió perderlo al caer por las escaleras... Su llanto se intensificó, y sus ojos volvieron a ser negros...

Fue sólo un instante lo que tardó en recomponer su poder, pero había sido suficiente para que él la encontrara. En cuanto sintió como las puertas se abrían, sin pensar lo que hacía se lanzó hacia delante, con todo el peso de su cuerpo, logrando tirarlo con la embestida, cayendo sobre él.

Se incorporó sólo un poco, para darle un puñetazo en el rostro, parecía un manotazo de bebé, pero tal vez sirviera de algo... Aprovechó la nueva inyección de adrenalina para pararse y luego de asestarle una patada en pleno rostro, en un intento por mandarlo a la inconsciencia, caminar hacia la puerta que daba al patio.

Parecía un sueño, llegar hasta el portoncito que comunicaba el jardín con la calle. Sus ojos continuaban activos, él saldría en cualquier momento y la seguiría... Maldito rastro de sangre... Normalmente podría ocultarlo hasta dos metros alrededor de sí misma, pero en ese estado podía sentirse afortunada si el radio de alcance se extendía unos míseros diez centímetros.

Abrió el portón y salió finalmente, no podía pedir ayuda, su garganta no funcionaba, no podía permitirse caer ahí, él saldría en cualquier momento y acabaría el trabajo... Así que caminó... En aquella oscuridad, poca gente caminaba por la calle, por lo que no le fue difícil desplazarse sosteniéndose de los muros, hasta llegar al hospital que había a dos cuadras de su casa...

Días después, cuando recordara aquello, no comprendería de qué forma fue capaz de llegar a la puerta del hospital, perdiendo la consciencia finalmente y desplomándose ante los gritos aterrados de la gente que vio aparecer de pronto algo muy parecido a un cadáver fresco en el piso del hall.


Abrió sus ojos... ¿Dónde estaba? Movió lentamente la cabeza sintiendo un extraño ardor en su cuello, ardor que crecía a medida que su consciencia regresaba.

Al parecer estaba en un hospital, ¿por qué estaba sola? ¿Dónde estaban sus hermanos y amigos?

Tardó varios minutos en recordarlo todo, sus ojos se abrieron por completo al comprender la situación. Su padre intentó matarla, ella se arrastró a un hospital, y sus hermanos no sabían nada de lo sucedido...

Estaba sola, y si lo pensaba un poco, no era difícil deducir que ese maldito pudo seguirla fácilmente gracias al rastro de sangre que dejó, y que era sólo cuestión de tiempo antes de que la encontrara y matara.

Tenía que irse, tenía que volver con sus hermanos... Ya no soportaba sentirse tan sola y asustada.

Activó sus ojos, al parecer la habían llenado de calmantes, ya que el dolor que sentía era extremadamente soportable en comparación al que sintió horas antes... O minutos, mientras estaba inconsciente perdió la percepción del tiempo. Se quitó la molesta guía por la que le pasaban suero, y la mascarilla del respirador. No fue buena idea, respirar le seguía costando demasiado, pero la prioridad en esos momentos era escapar con vida... Luego pensaría en algo tan secundario como respirar.

Su ropa estaba cerca, con bastante dificultad logró vestirse... No podía dejar ningún rastro de ella en ese lugar... Y escapó del hospital.

Mientras salía logró verlo caminando descompasado por uno de los pasillos, se sintió orgullosa, primero por haber tomado la decisión de escapar antes de ser encontrada, y segundo, por haberlo dejado bastante destartalado... Ella quedó peor, pero él no se lo llevó gratis.

Salió del hospital a paso de tortuga, tantos sedantes la enllentecían, ya en la calle se dio cuenta de que no sabía qué hacer... Regresar a su casa caminando en ese estado no le sería posible... ¿Llamarlos? ¿De qué forma sin su celular?

Entonces divisó una cabina telefónica en la acera de enfrente, revisó el bolsillo de su pantalón, tenía un par de monedas... Sería suficiente para unos pocos minutos. Cruzó la calle con cuidado, sintiéndose peor a cada paso... Estaba muy mareada, seguramente por la pérdida de sangre, adolorida de todas las formas posibles, asustada, triste, preocupada... Y un montón de sensaciones más, que poco a poco acababan con su espíritu...

Sólo quería echarse a llorar en brazos de sus hermanos...

Entró a la cabina telefónica, estuvo a punto de llamar a Kano, pero se detuvo al recordar que su padre en algún momento cercano saldría del hospital, tal vez no pudiera verla a ella pero si sus hermanos iban a buscarla, no podría envolverlos en su poder y ese maldito les haría daño...

No podía permitirlo...

¿Quién podría ayudarla? ¿A quién podría pedirle que fuera por ella sin correr riesgos? La respuesta le llegó luego de unos segundos... Konoha podría... Él podía enfrentar a su padre mejor que nadie.

Llamó a Seto, él la entendería y le pasaría con Konoha sin presionarla demasiado... Kano no aceptaría que ella no le dijera donde estaba, y no habría forma de convencerlo de no ir por ella, si él se enteraba de lo que sucedía no sólo se expondría yendo por ella, también enfrentaría a ese monstruo... De aquello no había duda.

Apenas marcó el número sus piernas dejaron de sostenerla... Cayó sentada en el piso de la cabina escuchando el tono de llamada...

Salió relativamente bien... Ignorando el hecho de que casi no podía hablar, y de que todos se escuchaban demasiado preocupados... Logró comunicarse con Konoha y le dio las indicaciones lo más escuetamente que pudo, con cada palabra sentía como si una navaja la desgarrara por dentro.

Se quedó en el suelo de esa cabina abrazándose a sí misma, sollozando asustada sin dejar de ver hacia el hospital, ya no sabía si su poder estaba activo o no, si su padre salía y la veía, todo estaría perdido...

Konoha llegó en tiempo récord considerando la distancia, sin embargo esos diez minutos le parecieron una eternidad.

–Líder...– dijo él, viéndola sin expresión en su rostro.

–Llévame... a... casa...– le suplicó.

Sin preguntas ni demora, así de eficiente era Konoha cuando se le daba una orden clara, y aquello era muy bueno en esos momentos.

Nunca se percató, del esa sombra que dejaban atrás a una velocidad impresionante... El monstruo lo había visto todo con una sonrisa en su rostro...

–Continúen reforzando esos lazos... El momento pronto llegará– murmuró girándose para marcharse, ese había sido un día bastante interesante.

Y sería aún más interesante ver cual sería la reacción de todos...


Un abrazo... Sólo eso buscaba... ¿Y qué obtuvo? Que Kano estallara en ira y corriera hacia una muerte segura, siendo seguido por Seto...

–No...– alcanzó a decir extendiendo su mano en un vano intento por alcanzar a quien ya había desaparecido tras la puerta.

–Tranquila... Seto lo traerá de vuelta– desvió su mirada de la puerta para observar a Mary quien le sonreía con tristeza y preocupación –. ¿Duele mucho...?– preguntó luego de unos segundos sin saber qué decir.

–Al-go...– esperaba que Mary supiera leer sus temblorosos labios, porque ni ella misma fue capaz de escuchar aquellas suaves palabras que con tanto trabajo pronunció.

–¿Te gustaría beber un poco de té?– le ofreció, ella negó –¿Descansar?– asintió a eso, sonaba tan tentador...

Descansar... Descansar de tanto dolor, de tanta preocupación... Del miedo... De la angustia... Ser capaz de olvidar por un rato todo aquello sería maravilloso.

–Konoha, ¿me ayudas?– le preguntó Mary y él asintió.

Fue cargada por él a su cama, Mary le quitó las zapatillas y el canguro ensangrentado dejándola sólo con su remera blanca, exhalando aliviada al notar que la sangre no seguía fluyendo de su cuerpo. Después de esto la arropó con sumo cuidado.

–Le pediré a Konoha que me acompañe a buscar a Seto y Kano– le dijo –. No te preocupes por nada, ellos volverán pronto– le aseguró saliendo con el chico.

Se quedó sola, era su habitación, la misma de siempre, sin embargo le aterraba... Sentía una presencia, aunque fuera sólo un producto de su imaginación, temía que ese monstruo... Esa serpiente estuviera acechándola, pronta para matarla y matar a todos allí...

¿Y si la había seguido? ¿Y si le hacía daño a Seto y Kano que estaban afuera? Mary y Konoha habían ido también... Todos estaban en peligro...

Su terror aumentó cuando la puerta se abrió lentamente... No fue capaz de respirar hasta que su cerebro le dio forma a la persona que entraba... Hibiya...

Intentó calmarse, mientras lo veía acercarse, imaginaba que debía sentirse un poco asustado luego de verla llegar en ese estado, no quería asustarlo más.

Él se detuvo a un lado de la cama, su cabeza estaba baja y el flequillo le cubría los ojos. Así se quedó durante casi un minuto, hasta que su cuerpo comenzó a temblar.

Intentó decir su nombre, pero no salió más que un sonido gutural, el cual logró un efecto inesperado en él.

–¡No te mueras!– lo escuchó gemir antes de echarse sobre ella y abrazarla con fuerza.

Finalmente alguien la abrazaba...

Nunca lo había visto de esa forma, ni siquiera cuando supieron de la desaparición de Hiyori... Estaba destrozado, llorando intensamente con la cabeza enterrada en su hombro, suplicándole una y otra vez que por favor, no muriera.

Llevó su mano hacia la cabeza de él y permaneció en ese silencio obligado, acariciando el cabello de su amigo, no estaba en condiciones de consolarlo de otra forma. Él lloró durante lo que bien pudo ser una hora, hasta quedarse dormido.

Ella también lloró, no había sido capaz de detener su llanto desde que se comunicó con Seto... Se sentía agotada, pero no podría dormir hasta ver a sus hermanos... ¿Por qué tardaban tanto?

Luego de un rato ellos regresaron, el primero en entrar fue Kano, no llevaba su máscara... Su aspecto era terrible, cansado, dolorido, asustado, preocupado... Se notaba que había llorado mucho, y aquellas marcas de su infancia estaban allí, completamente visibles, incluso esa cicatriz tan fea en su cuello...

Ese era su verdadero aspecto, ese era Shuuya... Y cuando él le regaló una dulce sonrisa, con esa calidez que ninguna de sus máscara era capaz de emular... Se le hizo la visión más hermosa del mundo...

En ese preciso momento sintió que se había vuelto a enamorar de él...

Cuando Seto llegó a su lado, y ambos le tomaron las manos y le dedicaron hermosas palabras de afecto, se sintió completa... Tranquila... Segura... Sólo entonces pudo dormir...

Continuará.

Antes que nada pido disculpas por lo largo del capítulo y el nulo avance cronológico que representó. Lo corté en este punto por la extensión (no me hubiera gustado dividir el capítulo en dos partes), y porque quiero narrar lo siguiente desde cero, ya que podría decirse que este hecho marcó un quiebre en la historia que como imaginarán cambiará muchas cosas.

Muchísmas gracias a todos quienes me escriben, paso a responderles:

Yin-princesa-del-olvido: ¡¿Que a mí, A MÍ, me gusta torturar lectores?! ¡La pucha ya me descubrieron acá! (Corre a hacer maldades en otro fandom). Me dan penita a mí también, y no quiero que los maten tampoco... Pero andá a convencer a la serpiente de aclarar la mirada... No soy yo, es ella... Shintaro estuvo genial en ese capítulo, quería que apareciera un poco en este, pero no se pudo... Ya saldrá en los siguientes. Muchas gracias por comentar. Besos.

Ryuunoko: Mamá pato no dejaría sola a su pandilla contra ese monstruo, así que tranquila aún hay Kido para rato... Hasta el 15 de agosto al menos. Yo también lo amo, debo admitirlo... En general todos los chicos me caen bien, pero Kano destaca naturalmente por sobre los demás, y su idiotez, mezclada con seriedad, dolor, ira y profundos sentimientos de cariño hacia los suyos... Es una ensalada rusa de sentimientos tan perfecta...

A mí también me enterneció imaginar a Kano y Seto de esa forma... Son tan increíblemente dulces esos dos... Seto tiene la ternura justa que Kano necesitaba al perder su máscara. Y respecto a Shintaro... cof cof... Algo me dice que comienza a subir puestos... Ene sabe como ser cruel... Y sí, todos tenían motivos para maltratar a Kano por la que se mandó, pero tanto acoso acaba con cualquiera. Konoha es genial, creo que te robaré eso de que ande llorando por los rincones cuando perciba que Kido no hará de comer por laaaaargo tiempo... Pobre Konoha...

Con respecto a Hibiya... Yo también amo esas escenas con Kido, pero esta vez siento que me pasé un poco, el capítulo fue un Kido y Hibiya completo a excepción de la parte KidoxAclarar_la_mirada. Pero realmente quería hacer aquella compensación de cumpleaños en la que hace tanto tiempo que pensaba...

Y sí, Kano no es un maldito, es un chico sensible con un millón de sentimientos contradictorios dentro de sí. Necesitaba dejarlo de manifiesto, digamos que "limpiar" un poco la reputación del pobre, ya que todo lo que hace tiene un motivo. Y me gusta que sea un poquito bestia también. La parte de los graffiteros fue muy breve, pero sigue en contacto con ellos, y le aguantan sus rayes, eso es bueno... Da un poco de esperanza. Yo también desearía meterla a pelear en un octágono... Le tengo mucha fe en cuanto a su físico, creo que es la más fuerte de todos, quitando a Konoha por supuesto... Seto tiene fuerza bruta, pero no lo veo como alguien que lucharía bien... Y el resto... Mejor ni hablemos. Cara de sapo... Cuantos recuerdos... Ay... Quiero que vuelvan a ser niños T_T.

Y es verdad, Kano está saliendo de un mal momento, tiene carta blanca para poder sincerarse con los suyos y acercarse más a sus hermanos, lástima que no le vaya a durar demasiado... Pero lo bueno si breve... bueno dos veces... La verdad no puedo darte una estimación muy acertada de cuanto falta... Si me preguntás ahora puedo decirte que no más d episodios... Pero podrían ser más, o menos... He cambiado mucho de parecer últimamente así que ya no tengo idea de como acabará, dejaré que la escritura me lleve a donde deba llevarme como hago con todo lo que escribo.

Una vez terminado este tengo planeado uno corto de humor, una especie de juntada anual de las serpientes con quejas sobre sus humanos y toda la cosa... Es sólo una idea, me parece que sería divertido, pero no sé si saldrá... Por otro lado tengo algunos oneshots a medio escribir que supongo que iré terminando y seguramente, aunque no he pensado nada, empiece alguna saga medio larga con Haruka y Takane como protagonistas, explorando algo más de personajes que me son muy complejos como Ayano y Shintaro... Un poco más de Kenjiro y toda la cosa... Pero esto sí está muy en el aire... Ya veremos qué pasa. Lo único seguro es que seguiré escribiendo según los tiempos me alcancen.

Espero que en este capítulo haya quedado satisfecha tu necesidad por saber qué pasó con la serpiente... Siento que Kido no pudo lucirse... Me entristece un poco eso... Eso sí, en la mañana Kenjiro no será capaz de levantarse de la cama... Muchas gracias por el comentario. Besos.

Gracias a todos por leer.

Próximo capítulo: Misión de hermanos -Seto-

Hasta la próxima.

Trekumy.