Bad end (parte 3)
Capítulo 39: Inevitable.
La líder debía mostrarse fuerte y decidida hasta el final.
Pero lo que vio al abrir la puerta acabó con todo su temple al instante –¡¿Tú?!
–Lamento las cosas horribles que te dije...– murmuró esa persona frente a ella, con su cabeza gacha y sus puños fuertemente apretados.
–¿Hibiya...?– apenas alcanzó a murmurar antes de sentir los brazos del chico alrededor de ella, estaba abrazándola con fuerza, algo tan poco frecuente en un niño orgulloso como él. No pudo evitar responder el abrazo ante la mirada sorprendida de Seto quien bajaba la escoba y Kano que no sabía si sentirse preocupado por el bienestar de su amigo, enternecido por la escena o celoso, aquel "niño" ya casi era tan alto como él, unos años de diferencia no lo hacían menos rival que otros chicos.
–No me había dado cuenta... Hoy es quince de agosto... Hiciste que me fuera porque querías protegerme de algo, ¿verdad?– preguntó Hibiya aún abrazándola –Momo me dijo por teléfono que ustedes estaban muy raros... Que inventaron una excusa para sacarlos de la casa...– levantó la cabeza para verla –¿Qué está sucediendo?
Ella abrió la boca sin saber realmente qué responder, pero en ese momento una figura alta vestida con su usual bata de laboratorio hizo su aparición en el umbral de la puerta.
–¡Demonios!– exclamó Kido al ver el rostro de la muerte reflejado en la sádica sonrisa del que en algún momento fue su padre.
Empujó a Hibiya hacia un lado, quien fue atrapado por Kano.
–¡Escóndete ya!– le susurró el rubio mientras lo empujaba lejos de la puerta con apremio.
–¡No voy a hacer eso! ¡Quiero ayudar, sea lo que sea que esté sucediendo!
–Sabía que me esperarían con las puertas abiertas...– comentó la serpiente sacando un arma de su bata.
Sin pensarlo dos veces o darle tiempo a hacer alguna cosa, Kido lanzó una patada alta logrando golpearle la mano y tirar el arma lejos, pero ese maldito fue demasiado rápido, y antes de que ella pudiera recuperar el control de su cuerpo, él le torció el brazo derecho tras su espalda y apoyó el cañón de otra arma en la sien de la chica.
Los tres frente a él se paralizaron, todo iba de acuerdo al plan –Ahora que todos se calmaron sentémonos a esperar al resto– comento con una enorme sonrisa –. Y por si lo están pensando... Esa arma en el suelo está descargada, así que no les servirá de nada– explicó adentrándose en la sala sin darles la espalda y desde luego sin soltar a Kido o dejar de apuntarle, hasta sentarse en el sofá.
–¡Yo no me calmé!– exclamó ella forcejeando en un intento por liberarse, ignorando el dolor en su brazo atrapado y esa peligrosa arma en su cabeza.
–¿Realmente quieres que tus hermanos y el niño vean como tus sesos manchan las paredes de esto a lo que llaman sala?– preguntó él quitándole el seguro al arma, logrando con eso que ella se tranquilizara –Hijos, por favor, cierren la puerta y vengan a compartir algo de su tiempo con papá... Nuestra última reunión familiar fue un poco apresurada... Tú también pequeño Hibiya, que ya eres como de la familia– comentó el hombre disfrutando el al bizarra escena. No importaba cuantas veces repitiera aquello, aquellos rostros resignados y temerosos jamás le aburrirían.
Los humanos eran sin dudas las criaturas más interesantes y divertidas.
Los tres obedecieron resignados sentándose en el sofá frente al que se encontraban Kido y la serpiente, luego de cerrar la puerta.
La líder observaba de reojo a su captor, buscando la oportunidad para liberarse y atacarlo, si podía dejarlo inconsciente, aunque muriera en el proceso, sería de gran ayuda para los demás. Sin embargo lo que le escucharía decir en unos pocos segundos acabaría por completo con su espíritu guerrero.
–Oh, y acerca de aquel cuerpo... Les agradezco por deshacerse de la basura por mi... Si hubiera seguido en el estado de conservación en el que lo mantuve, esa chica virtual tenía la posibilidad de regresar a él, y eso habría sido algo problemático– aquel comentario cumplió con su cometido deteniendo por completo los molestos forcejeos de la chica, y como un extra pudo disfrutar de la expresión de horror en el rostro de los tres jóvenes frente a él.
Todo servía para generar más energía.
Mientras Kido permanecía inmóvil, hundiéndose en la culpa y desesperación, e intentando resistir las náuseas que sentía, la puerta de la base se abrió.
–¡Hola chicos, vinimos a ayudar con la fumigación!– anunció Momo entrando con su usual alegría, siendo seguida por Mary, Shintaro, Ene y Konoha –¿P-Profesor?– murmuró al ver al hombre sentado en el sofá como si fuera un viejo amigo de la familia.
–Bienvenidos, pasen pasen, únanse a nuestra pequeña reunión– los invitó él haciéndoles señas con el arma de que se acercaran.
–¡Huyan idiotas!– les gritó Kano mientras corría hacia el otro sofá y saltaba por encima de la mesita ratona en un intento por aprovechar la distracción del hombre y alejar a su hermana de él.
Por fortuna aquel monstruo dejó ir el brazo de Kido, permitiendo así que fuera alejada de sus garras, mientras veía con una sonrisa el rostro aterrorizado de los recién llegados, quienes no avanzaban ni retrocedían. Aunque la puerta estuviera abierta había vivido miles de veces escenas parecidas a aquella, y sabía de buena mano que ninguno huiría dejando morir a sus amigos.
–¡Reacciona Kido!– la sacudió Kano –¡No le prestes atención a las palabras de ese maldito!– exclamó obligándola a verlo a los ojos –Lo que dijo fue mentira– le susurró.
–¿Mentira...?– preguntó ella logrando enfocar la mirada.
–Un mentiroso como yo, sabe de estas cosas– le guiñó el ojo, aunque él usara su máscara ella optó por creerle esa vez.
–¡Seto!– exclamó Mary aterrada, no tanto por el hombre con esa arma, sino por aquella sensación tan familiar, esa que sintió algunas veces en ese año, pero que en esos momentos tomaba forma.
Una aterradora forma...
–Mary... Por favor... Corre lo más rápido y lejos que puedas– dijo el chico poniéndose de pie en un intento por interponerse entre ese hombre y su querida chica.
–¡Mary no se irá sin sus amigos!– exclamó ella abrazándolo por detrás –¡Prometí que cuidaría de Seto! –Por favor confía en mí...
–Mmm... ¿quién será el primero...?– se preguntó el hombre viendo a todos allí, la mayoría de ellos continuaba congelados sin saber qué hacer.
En ese momento Konoha levantó la mano, probablemente pensando en que aquel hombre del cual el único recuerdo que tenía era la cocina de su casa, estaba ofreciendo comida.
–¡Baja la mano idiota! ¡Habla de matarnos!– exclamó Shintaro mirando a todos lados, hubiera estado encantado de idear un plan, pero lamentablemente los celulares de los presentes eran los únicos objetos electrónicos de la casa, en aquella situación no podía hacer demasiado.
–¡Bingo!– exclamó el hombre apuntando su arma directamente hacia Hibiya que en esos momentos era el más cercano y desprotegido de todos.
–¡NO!– Kido fue la primera en gritar, pero tardó unos decisivos segundos en soltarse del agarre de Kano y correr hacia la serpiente por lo que Momo tuvo tiempo de idear su precario plan.
No era bueno, no era elegante, y desde luego no era para nada inteligente... Pero era un plan y sin dudas funcionaría –¡Atención señor monstruo que poseyó el cuerpo de mi profesor de ciencias!– exclamó con sus ojos brillando en rojo, mientras usaba una de sus típicas poses de idol –Matar personas es algo de muy mal gusto, ¿por qué no intenta conquistar el mundo cantando con el alma?– dijo lo primero que se le vino a la mente.
El hombre sonrió viéndola, aún en él su poder de atracción era demasiado fuerte –No tengo alma– respondió apuntándole y apretando el gatillo antes de que nadie fuera capaz de mover un músculo.
Aquel ruido ensordecedor era el sonido de algo importante desapareciendo en un instante... Shintaro lo supo de inmediato al ver el cuerpo de su hermana caer a su lado fulminada por ese disparo directo al corazón.
El celular en su mano cayó olvidado al tiempo que todos chillaron de horror, algunos de ellos gritando el nombre de su hermana... Él no pudo gritar, no pudo emitir sonido, únicamente caer de rodillas a su lado viendo esos ojos color miel, completamente vacíos de vida.
Aquellos ojos tan alegres... Tan dulces, llenos de energía, de comprensión, de picardía...
Imágenes del pasado, de su pequeña hermanita abrazándolo con felicidad, bailando torpemente sobre el sofá en un intento por imitar a aquellas chicas que aparecían en televisión, sollozando por haber roto uno de sus juguetes favoritos...
Llorando la muerte de su padre aquella noche en esa playa a la que nunca regresaron, mientras él la envolvía en su chaqueta y permanecía a su lado en silencio...
¿Quién iba a iluminar su vida de ahora en más...?
Su grito desgarrador se levantó por encima del llanto generalizado de sus amigos, dejando en vergüenza a cualquier otro grito que en su vida hubiera podido emitir.
–¡ESTÚPIDA! ¡¿QUÉ VOY A HACER AHORA?!– le gritó llorando con fuerza mientras se quitaba su chaqueta e intentaba detener la hemorragia con ella...
No importaba cuantos recuerdos de otras líneas temporales conservara, nada en el mundo había dolido tanto... Ni la muerte de su padre, ni la de sus amigos... Nada.
–Momo...– lloraba Mary de rodillas con ambas manos en su pecho, sabía que aquel era sólo el principio... Vería morir a todos una vez más.
Incluso Konoha mostraba una expresión llena de desesperación en su imperturbable semblante.
–¡TE MATARÉ!– fue el grito de guerra de Hibiya quien se lanzó sobre aquel hombre golpeándolo con todas sus fuerzas.
–¡Hibiya!– chilló Kido saliendo del trance al ver a su amiga morir, corriendo junto a Kano hacia el chico, ambos sabían que él sería el siguiente.
–¡Jajaja!– rió ese maldito dejándose golpear –Al parecer esta arma sólo tenía una bala~– comentó viendo fijamente a Konoha quien también corría hacia él en un intento por salvar a su pequeño amigo.
–¡ARGHH!– gritó el albino deteniéndose a mitad de camino con ambas manos en su pecho como si estuviera teniendo un ataque, pero aquello duró apenas un par de segundos después de los cuales cayó como un cuerpo muerto frente a todos.
–¡Konoha!– chilló Ene al tiempo que Seto corría hacia él a levantarlo, pero retrocedió aterrado, aún más de lo que ya estaba, al ver una energía negra, que se materializaba en algo parecido a serpientes que rodeaban a su amigo.
–¡¿Q-Qué es...?!– tartamudeó el chico valiente sin encontrarle una explicación al igual que los demás.
–¡ALÉJATE DE ÉL!– gritó Mary de pronto, pero antes de que Seto reaccionara el cuerpo frente a él se levantó a toda velocidad y le asestó un golpe en pleno estómago que lo hizo volar, chocando con una pared y cayendo inconsciente.
–¡SETO!– gritaron Mary y sus hermanos, Ene y Hibiya permanecían estáticos viendo al más alto del grupo ahora con su ropa y cabello completamente negros, y esos ojos amarillos tan fríos y llenos de sadismo, aún más que el reflejado en el cuerpo de Kenjiro.
Aquello era malo... Muy malo.
–¡Ahh... Este cuerpo es mi favorito!– exclamó el nuevo Konoha con una nada tranquilizadora sonrisa de oreja a oreja, mientras giraba su cuello haciéndolo estallar como si hubiera pasado demasiado tiempo quieto.
–¡¿Q-Qué pasó?!– preguntó Hibiya viendo alternadamente el cuerpo del hombre que hasta hace unos momentos golpeaba, desmayado en el sofá, y el de su amigo caminando hacia la puerta con un desenfado que nunca le había conocido.
Mary lloraba intensamente abrazando a Seto que continuaba inconsciente.
–¡Konoha, ¿qué está pasando contigo?!– chilló Ene desde el celular.
Él detuvo su camino y tomó el aparato con la pantalla rota por la caída –¡Hola Takane~!– la saludó suavizando su sonrisa y mirada.
–¿H-Haruka...?– preguntó ella casi sin aliento, era él, la misma expresión, la misma voz, casi la misma apariencia...
–Ha pasado mucho tiempo Takane...– asintió sonriendo –Es bueno volver a verte, hay algo que hace mucho tiempo que he querido decirte...
–¿Ah... Sí...?– preguntó ella sintiéndose extraña, la muerte de Momo, que Konoha hubiera recobrado la memoria luego de eso tan raro que le pasó... No era capaz de comprender a cabalidad la situación.
–Siempre odié tener que sonreírte...– le contó sin perder aquella dulce expresión –Cada mañana, sintiendo que el mundo era una porquería, que moriría sin haber hecho la mayoría de las cosas que el resto sí... Siendo confinado a un pequeño salón con una compañera malhumorada que hacía mi vida aún más patética y triste...
–¿Q-Qué...?– preguntó llorando aún más mientras negaba repetidamente, todo aquel maldito día tenía que ser una pesadilla –¿Haruka por qué no me lo dijiste...?
–Porque debiste molestarte en verme realmente, detrás de mis sonrisas... Pero nunca te importé lo suficiente y ahora...
–¡Eso no es verdad! ¡Haruka yo te...!– chilló con desesperación pero él nunca escuchó la última palabra.
–Tendré que matarte– en ningún momento su tierna sonrisa se deformó en una mueca llena de sadismo y regodeo, al tiempo destruía por completo el celular en su mano.
Shintaro que hasta el momento se había mantenido ajeno a cualquier cosa que no fuera el cuerpo de su hermana a quien aún intentaba revivir desesperadamente, no levantó la mirada hasta que se escuchó el sonido de la batería explotando en la mano del Konoha oscuro, mezclada con resquicios de el último grito agónico y distorsionado de la que supo ser su mejor amiga durante tantos años.
–¡ENEEEE!– gritó hasta hacer doler su garganta mientras los trozos de vidrio y metal caían al piso.
–¡No más! ¡Por favor no más!– suplicó Mary llorando intensamente, mientras Kano se tomaba la cabeza no resistiendo ser testigo de tantas muertes sin sentido.
Kido, con su rostro bañado en lágrimas de desesperación e ira tomó el palo de escoba que Seto había dejado por ahí y lo partió contra su rodilla –Vas a pagar por esto maldito monstruo– murmuró caminando hacia él mientras desaparecía su presencia. No había tiempo de lamento o llanto, si no hacía nada sus amigos seguirían muriendo.
–¿Saben algo...?– comentó aquel monstruo mientras levantaba el arma que había permitido que le arrebataran al entrar a la casa –Ustedes son muy inocentes...– declaró apuntando hacia el sofá donde Hibiya estaba –¿Para qué traería un arma descargada?– preguntó con una sonrisa disparándola.
–¡AHHH!– gritó Hibiya cayendo del sofá en el momento en que la bala impactó con la carne, y permaneció en el piso viendo con horror el agujero en la frente de Kenjiro.
–Ese cuerpo viejo y débil ya no me sirve...– comentó tranquilamente instantes antes de que de la nada un palo lo golpeara en la nuca.
Aquel golpe no le hizo ni cosquillas y la reveló frente a él, había intentado moverse por la habitación usando su poder, buscando el mejor momento para atacarlo de una forma contundente, que lo desmayara, pero después de ver a sus amigas morir su temple no era el mejor, y que él asesinara a su padre fue la gota de desesperación que necesitaba para perder el control.
–¡MALDITO!– le gritó lanzando golpes imprecisos y erráticos ya que las lágrimas cubrían su campo de visión.
–¡Jajaja, amo este cuerpo!– exclamó la serpiente disfrutando de esquivar aquellos ataques con impresionante facilidad, de hecho recibió algunos a propósito sólo para regodearse en como podía soportarlos sin problemas.
Seto abrió sus ojos en el momento en que Kenjiro apareció frente a Konoha –¡Aléjate de mi hija!– le ordenó.
Aquello tomó por sorpresa a la serpiente quien se lo quedó viendo sin entender de que forma ese hombre pudo sobrevivir al certero disparo, y más aún despertar... Sabía bien que en ese cuerpo no quedaba ni una gota de consciencia.
Kido se ilusionó por unos segundos, pero con solo ver a aquel hombre frente a ella lo comprendió... Kano estaba creando una distracción, dándole la oportunidad perfecta para hacer algo... ¿Pero qué? ¿Cómo vencer a aquel monstruo? La fuerza y resistencia de Konoha estaban fuera de este mundo... Jamás sería rival contra alguien así.
Mientras ella entraba en pánico, un traumatizado Seto asentía a las indicaciones que su hermano le daba mentalmente. En ese momento se lanzó sobre ese chico oscuro tan parecido y a la vez diferente a Konoha, logrando que soltara el arma.
–¡Rápido Kido quítale las balas!– gritó Shintaro volviendo poco a poco a la nefasta realidad.
La chica observó el arma que había caído a sus pies y la levantó con lentitud, y miedo analizándola sin saber cómo hacer eso –¡Hazlo tú!– se la lanzó a Shintaro cuando la serpiente, después de lanzar lejos a Seto una vez más, se levantó de inmediato y corrió hacia ella.
Shintaro atrapó el arma con cuidado, si la disparaba por error podría sumar una víctima a aquella tragedia, pero antes de poder hacer algún movimiento, aquel que poseía el cuerpo de Konoha golpeó a Kido en la nuca noqueándola y logrando que cayera encima de él.
–¡Kido!– exclamó Kano deshaciendo su poder mientras corría hacia ella, Seto se levantaba con dificultad mientras Mary se aferraba a él suplicándole que no volviera a acercarse al monstruo.
Entonces las cosas volvieron a dar un giro inesperado, luego de que la serpiente sonriera con sorna, el cuerpo que habitaba se desplomó en el suelo, regresando a su apariencia original, el viejo y querido Konoha.
Los ojos de Kido se abrieron y su boca se curvó en una sonrisa despiadada sin que nadie lo notara... Su primer movimiento fue tomar el arma de las manos de Shintaro, quien continuaba viendo el cuerpo de su amigo inconsciente frente a él. Lo siguiente fue levantarse y girar para observar a Kano.
–¡Kido...!– estuvo a punto de abrazarla cuando notó su mirada, su sonrisa... Esa no era su Kido.
–¿Qué pasa? ¿No te alegra verme, bien?– preguntó "ella" observando como el chico daba un par de pasos hacia atrás.
Konoha era un ser con una conciencia mínima, así lo había recreado, como un cascarón vacío donde alojarse con comodidad, sin embargo aquello no significaba que no pudiera poseer a voluntad a cualquiera que hubiera perdido la consciencia.
–¡SAL DE ELLA MALDITO DESGRACIADO!– gritó Kano totalmente desesperado.
Seto sollozaba viendo la escena, Mary continuaba aferrada a él sin despegar la mirada de lo que sucedía, se sentía responsable por algún motivo, pero sabía perfectamente que no era capaz de ayudar a nadie.
–¿Y si no lo hago qué?– preguntó cruzándose de brazos –¿Me matarás?– preguntó ofreciéndole el arma –Te diré un secreto... Si mi anfitrión muere, yo moriré con él... Así que no podrías tener mejor oportunidad que esta.
Kano comenzó a respirar con dureza, si Kido estuviera allí lo patearía por no tomar el arma y dispararle a esa cosa, que de seguir viva acabaría matándolos de todas formas, sin embargo no había forma en la que él pudiera hacer eso.
Aunque aquello significara el fin de todos ellos, de la ciudad o del mundo entero... Ninguna de esas cosas era más importante que la persona frente a él... Nada lo era...
¿De qué serviría que el mundo continuara existiendo si Kido no estaba en él? Era lo más egoísta que había pensado alguna vez... Pero eso no lo hacía menos cierto.
Apretó sus puños bajando la cabeza y lloró esperando la muerte –Lo siento Kido... Te fallé, ¿cierto?– pensó completamente frustrado.
Tanto luchar, para resignarse a morir de esa forma...
–Muy bien, si no lo haces tú... Lo haré yo...– "la" escuchó decir saboreando cada maldita palabra llena de veneno que salía de aquellos labios que anheló por tanto tiempo.
–¡Espera, ¿qué?!– exclamó Kano levantando la mirada aterrado, mientras escuchaba un nuevo disparo.
El dolor en su pierna lo hizo caer con una lamentable expresión de dolor en el rostro mientras observaba con terror como el que poseía a su hermana daba un par de pasos hacia atrás, alejándose de él, y llevaba el arma aún humeante a su propia cabeza.
–¡NO ESPERA! ¡MÁTAME A MÍ!– suplicó intentando alcanzarla, pero su condición no le permitió llegar a tiempo.
Seto se desprendió de Mary y comenzó a correr desesperado, tenía que llegar, tenía que evitarlo... Jamás superaría la muerte de sus amigos... Pero ver morir a sus hermanos era la peor de las cosas, aquella que le quitaría sentido a su vida, aquella que lo haría desear morir también.
Aquel disparo resonó aún más fuerte que los otros... Y un cuerpo más se unió a la pila de cadáveres que se acumulaban con demasiada rapidez en el piso de la base...
–¡NOOOOOOOOOOOOOO!– gritó Kano hasta quedarse sin voz... Aquello sería lo último con sentido que dijera... Se arrastró hasta ella, envolviéndola en sus brazos al llegar y susurrándole cosas ininteligibles...
Seto cayó de rodillas completamente derrotado, llorando con fuerza y golpeando el piso con sus puños sin importarle como sus nudillos comenzaban a sangrar... Nada importaba ya...
Si uno de los tres se iba... Los otros dos eran incapaces de seguir adelante.
Mientras Shintaro observaba el cuerpo de la líder con un feo agujero en su sien, y a Kano completamente perdido llorando y riendo a la vez, con su apariencia cambiando erráticamente debido a que su poder estaba totalmente fuera de control... Hibiya lloraba como un bebé de pecho, con las manos en su rostro...
Finalmente sí era un niño... Un niño inútil... Incapaz de proteger a nadie... No había podido proteger a Hiyori, ni a minutos antes Momo, y ahora tampoco a Kido... Él no podía proteger a nadie...
Mary arrastró sus pies hasta llegar con Seto y lo abrazó por detrás... ¿Por qué todo aquello tenía que seguir sucediendo? ¿Por qué no podía detenerlo? ¿De qué forma sería capaz de cumplir su promesa y al menos salvarlo a él?
–No ponga esa cara, querida reina– comentó la serpiente nuevamente en el cuerpo de Konoha que había vuelto a ser oscuro como la noche –. Por cierto, sobre aquello de morir... Mentí– sonrió abriendo mucho sus ojos, dándole una apariencia aún más psicópata.
Shintaro se apresuró a tomar el arma que continuaba en la mano de Kido. Había observado la situación lo suficiente para notar que la mejor arma de ese maldito era Konoha, si él moría, poseyera a quién poseyera, no tendría oportunidad contra los que aún quedaban con vida.
Le apuntó sin dudarlo, sin embargo; pensar en matar a un monstruo despiadado, y matar al que supo ser su mejor amigo durante ese año, eran cosas diferentes... Se encontró a sí mismo preguntándose por qué demonios estaba pensando en sobrevivir... Si cuando murió su preciada amiga contempló la muerte tantas veces. Sin embargo en esos momentos habiendo perdido a su hermana, a Ene y a Kido, las tres chicas más importantes en su vida, estaba armando desesperadamente un plan en su cabeza para salir de esa... Para no ver morir a más personas importantes.
–Vamos Reina, usted sabe perfectamente como terminar con esto– continuó hablándole a Mary aquel monstruo, se sentida extremadamente complacido, había sido una gran idea darles ese año extra de convivencia, la energía que estaba recogiendo desbordaría de su contenedor en cualquier momento.
–¡TE ODIO!– le gritó Hibiya golpeando sus piernas, estómago y cualquier sitio que alcanzara con los puños cerrados, más que luchando estaba haciendo un berrinche... Dejando salir a ese niño solitario y asustado dentro de él.
En aquel grupo él era el más pequeño, aquello siempre le molestó, no quería que lo vieran como un niño. Así que se esforzó por comportarse como un adulto y siempre señalar las actitudes infantiles del resto. Y si bien en el fondo quería muchísimo a todos allí, su relación con Kido fue diferente desde el inicio, sólo con ella se sentía cómodo al mostrar un poco de su inmadurez, comportarse como un niño de su edad y permitirle mimarlo un poco. Tal como lo haría una madre...
Haberla visto morir de esa forma acabó con cualquier ilusión infantil o cordura en su joven mente...
–¡Ya cállate!– exclamó el monstruo inclinándose apenas para poner ambas manos a los lados de la cabeza del chico y girar ésta con fuerza hasta desnucarlo.
–¡NOOO!– chilló Mary, la única que aún conservaba una pizca de sentido común...
Shintaro lo había perdido por completo al darse cuenta de que su indecisión había provocado la muerte de Hibiya. Y Seto continuaba con su mirada fija en el piso, ajeno a todo lo que sucedía en el exterior, en un intento por refugiarse de esa insoportable realidad al igual que su hermano.
–Vamos Reina, ¿a cuántos más de sus amigos debo matar para que vuelva las cosas a como estaban?– preguntó bostezando como si aquello estuviera aburriéndolo –Ya no quedan muchos.
–¡¿Qué quieres que haga?!– le preguntó ella mientras su llanto se intensificaba aún más.
–Ya lo recordarás...– murmuró él tomando a Seto del cuello y levantándolo a pesar de los intentos de Mary por alejarlo de su alcance –Imagino que sabes perfectamente lo que haré a continuación...– comentó sonriendo sádicamente mientras comenzaba a apretar el cuello de aquella persona tan importante para la reina.
–¡DEJA A SETO!– le ordenó la descendiente de medusa, sintiendo una especie de energía removiéndose en su interior.
–M-Mary...– murmuró Seto viéndola mientras permanedía suspendido en el aire a manos de aquel monstruo, el grito de su chica lo había vuelto a la realidad por unos instantes –N-No te preocupes... Por mí... Por favor... Huye...
–¡No! ¡Voy a salvarte Seto! ¡Yo te lo prometí!– aseguró sollozando viendo como al ser más importante en su mundo se le escapaba poco a poco la vida.
–Pero yo... Ya no quiero vivir... No en un mundo así... No sin mis hermanos o mis amigos...– le explicó, sin hacer el más mínimo intento por defenderse. Simplemente, esperando la muerte como el cobarde que siempre fue.
–¿Por qué todo tiene que ser así?– lloró intensamente –¡¿Por qué no vuelve a ser todo como antes?!– exclamó logrando con ello que su cabello se elevara durante unos segundos por el aire.
–¡Eso es mi reina...!– exclamó la serpiente sumamente complacida –Sé que tú puedes lograrlo... Sólo necesitas el empuje necesario...– dicho esto apretó el agarre hasta que un "crack" se escuchó.
–¡AHHHHHHHHHHH!– gritó Mary en el momento en que el cuello de Seto fue quebrado.
Un cuerpo más cayó sobre aquel suelo... Otro par de ojos abiertos carentes de vida adornaban la escena.
–¡No no no no no!– negó Mary cayendo de rodillas frente al cuerpo de Seto –¡Quiero que todo vuelva a ser como antes!– suplicó sufriendo, sin notarlo, una metamorfosis que la serpiente presenció con gozo absoluto.
Su momento estaba muy cerca, apenas esa chica reiniciara el tiempo, recuperaría aquella energía acumulada, tomaría a su reina y juntos lucharían contra Dios.
–¡POR FAVOR QUIERO VOLVER CON MIS AMIGOS! ¡QUIERO QUE TODO SEA COMO ANTES!– gritó ella con sus ojos brillando en rojo y serpientes blancas bailando alrededor de su cuerpo.
Entonces el mundo se distorsionó frente a sus ojos... Los cadáveres y el resto desaparecieron, junto con las memorias de lo sucedido...
El destino, no sólo de esos chicos, sino del universo entero... Ya estaba escrito...
¿FIN?
Sin comentarios... Sólo responderé reviews mientras asimilamos juntos lo sucedido...
Yin-princesa-del-olvido: Hola, muchas gracias por comentar :D No imagino qué parte del capítulo anterior te hizo llorar, pero imagino un par de escenas de este que podrían lograrlo. Lo de Kido y Hibiya fue demasiado, y Kido quería hacerlo ella, no dejaría que Kano se ocupara de eso... Consideralo una cuestión de honor, o simplemente que Kano es un peligro si le das carta blanca para disfrazarse de ti. Y sí, tanto amor, y que finalmente hayan aclarado y expresado sus sentimientos sólo hace más triste el desenlace... Besos.
Gracias por leer hasta aquí.
Saludos.
Trekumy.
