Tu Pirata…

Por Nep

Capítulo 4

El Baile de Máscaras

LONDRES

Lord Ligan caminaba furioso de un lado para el otro en su despacho… Neil no se había presentado de nuevo, uno de sus empleados ya no podía cubrir sus escapadas y decidió confesárselo. De hecho había desaparecido por bastante tiempo, solo que él no se enteró pues desde la partida de Candy, había estado en Escocia por encargo de Sir William. Ni siquiera Eliza sabía donde se encontraba su hermano y tampoco parecía importarle, estaba feliz de que su madre hubiera convencido a su padre de que la enviaran al Real Colegio San Pablo, podría conocer a familias muy importantes, como lo hizo Candy al enterarse de su amistad con Los Britter y los O´Brien, que eran de distinguidas familias inglesas e irlandesas y quien sabe, tal vez emparentar con alguien de la nobleza. De hecho, desde que llegó al colegio detestó cada vez más a la rubia al escuchar como hablaban de ella con nostalgia, lo que era motivo de sus constantes quejas, ganándose el desagrado de la mayoría de sus compañeras, especialmente de Paty.

Esa misma tarde, Lord Grandchester había recibido la visita de Lord Ligan, sabía perfectamente que su hijo nunca toleró al del Duque, pero le habían informado que Neil había comenzado a asociarse con gente indeseable, creyendo necesario averiguar con el Duque. Pero había sido inútil pues la fecha de la partida del joven noble no coincidía con la desaparición de su hijo. La Tía Abuela Elroy parecía no importarle este hecho, al parecer estaba preocupada por algo más pero no quería compartir con nadie esa información, notándola más irritable que de costumbre.


PORT ROYAL

Cada mañana, al despertar veía en su mesa de noche una rosa blanca y un pequeño sobre, ella se sentía feliz con las notas que Anthony le enviaba. Annie envidiaba a su amiga, "Si tan sólo Archie me mirara de la forma en que Anthony mira a Candy… pero es tan frío a veces que parece no notar mi presencia… ¿A caso hay alguien que ya ocupa su corazón… allá en Inglaterra?" Pensaba mientras se observaba en el espejo, muchas veces le habían dicho que era muy hermosa... incluso Mark se atrevió en una ocasión.

Mientras tanto, Archie por más que quería hablar con su prima, sus múltiples ocupaciones se lo impedían. Por suerte su capitán le había ordenado ir con el Gobernador a ultimar los detalles de la fiesta que se celebraría en su mansión, debido a la seguridad que se daría por la importancia de los personajes que asistirían.

Saluda a Candy y Annie de nuestra parte…- Pidió Anthony, después de que los vio su primo, mientras él y Stear se dirigían a inspeccionar las instalaciones del fuerte James.

Si… Claro…- Dijo mientras montaba. Stear no pudo evitar suspirar algo fastidiado. Sería muy difícil que su hermano entrara en razón.


Por fin habían logrado convencer a Madame Britter que las dejara pasear por el puerto mientras ella realizaba sus acostumbradas vistas a sus amistades. Dorothy y la dama de compañía de Annie iban con ellas, pues la Hermana María las dejaría solas mientras iba de visita a un convento cercano. Así que cuando llegó Archie a la Mansión no pudo encontrar a nadie, resignado se dirigió a ver al Gobernador.

Annie… ¿Me puedes decir a dónde iremos? – Preguntó la rubia algo recelosa mientras la calesa salía por la calle principal, aún no podía creer que Madame Britter por fin las hubiera dejado ir sin ella. Esperaba verla detrás del transporte para hacerlas volver a la mansión con algún pretexto.

Tranquila Candy… vamos a ver a una costurera muy buena que hará nuestros disfraces… ¿O no quieres lucir hermosa para tu Príncipe…

¡¡¡Annie!!!... – Dijo en un susurro la rubia mientras se sonrojaba.

Lo que yo daría porque Archie se fijara en mí… y me enviara amorosos mensajes todos los días… - Suspiró Annie.

Annie… no digas eso… Archie se ha fijado en ti… solo… sólo que es un poco tímido… - Se retorció las manos nerviosamente sin mirar a su amiga.- Sería un tonto si no lo hiciera, eres muy bonita…

Es sólo que su comportamiento conmigo…

Estoy segura de que él no se pueda fijar en alguna otra joven… Nadie es tan hermosa como tú… tan elegante… a tu lado me siento un perfecto esperpento… - Annie dejó de mirar a su alrededor fijando su vista al frente sin comprender. Quiso decir algo pero Candy prosiguió hablando. - Sólo… dale tiempo… para que se dé cuenta… - Dorothy notó que sonreía de una forma extraña, tratando de quitarle las dudas a su amiga. Annie la volteó a ver, justo en ese momento Clim se le trepó al hombro, por lo que Candy pudo desviar la vista a tiempo.

Si claro… te agradezco tus palabras… pero… siempre es tan distante conmigo… siempre parece estar pensando en… alguien…

¿Y por qué no le haces caso al pobre de Mark? El pone demasiada atención en ti… creo que se ha enamorado… - La interrumpió la rubia con una sonrisa maliciosa.- Y me parece mucho mejor buen mozo que el vanidoso de Archie… - El carruaje se detuvo, el cochero se apresuró a ayudar a bajar a las damas.

¡¡¡CANDY!!! ¿Cómo puedes decir eso?… es tu primo… - Se sonrojó al recordar al joven.- Es sólo que Archie… me gusta por…

¡Buenos Días, hermosas damas!… ¿No les parece que es un hermoso día? - Las interrumpió una voz profunda, lo que hizo que ellas se giraran abruptamente, ya que habían estado a punto de chocar con su interlocutor. Ambas lo miraron, Candy reconoció al caballero que se burló de ella en la playa. Clim comenzó a verlo amenazador.

Buen día "Milord"… con permiso… - Respondió haciendo una rápida reverencia con cierta burla, para después molesta, halar a Annie.

Creo que merezco una disculpa, Milady…- Dijo interponiéndose en el camino de ambas nuevamente.

No sé por qué…- Dijo Candy sin mirarlo, Annie se preguntaba de donde conocía al joven de atractivos ojos azul zafiro.

Pero Ca…- Su amiga la miró de forma penetrante, evitando que dijera su nombre.- La Hermana María se enfadaría contigo si te oyera… ¡¿Qué modales son esos?!... Discúlpenos Milord… - Comenzaba a decir Annie, pero la rubia la interrumpió.

Este caballero no merece que le dirijamos la palabra… mucho menos después de haberme insultado de la forma que lo hizo… - Candy lo miraba seriamente, Annie comprendió. El caballero comenzó a reír.

No recuerdo haberla insultado… solo dije la verdad… una cualidad poco valorada en la actualidad por lo que veo… y eso, no creo que sea un insulto Milady… - Dijo el caballero haciendo gestos como queriendo que ella le dijera su nombre.

¡¡¡PERO QUE CINISMO AL DECIR ESO!!! ADEMÁS NO CREO CONVENIENTE PRESENTARME CON USTED…- Respondió haciendo un gesto y levantando la nariz orgullosa.

Vamos Milady, por favor… solo quiero saber quien es la atractiva dama que se esconde tras tantas pecas… – Respondió burlón.

¡¡¡¿Y ASÍ DICE NO HABERME INSULTADO?!!! ¡¡¡ES USTED UN CÍNICO DESVERGONZADO, "MILORD"!!!. - Annie los miraba confundida, jamás había visto a su amiga tan enfadada, Dorothy y la otra joven no sabían que hacer. El caballero comenzó a reír de buena gana para desconcierto de ellas, haciendo una reverencia, habló.

Si es verdad que la insulté, permítame enmendar mi grave error… - Comenzó a decir cortés. - ¿Puedo acompañarlas señoritas?... No sé si se han percatado pero… estos rumbos pueden ser peligrosos…

ESPECIALMENTE RONDANDO ALGUIEN COMO TÚ POR AQUÍ…- Se escuchó otra voz de forma agresiva, Las jóvenes y el caballero voltearon a mirar al oficial que llegaba en ese momento hasta ellos, montado en su caballo, se acercó justo en cuanto vio a Candy hablar con ese patán.

¡¡¡VAYA… "QUÉ SORPRESA"!!!… - Se burló el caballero de Archie en cuanto lo reconoció. – Dime: ¿Tan rápido te has recuperado por haber sido despreciado?... – Le dirigió una sonrisa irónica de medio lado. Archie lo miró un poco confundido, aun sin comprender sus palabras, haciéndolo sonreír ampliamente. – Ummm… eso quiere decir que como siempre era un caprichito de niño mimado… - Annie los observaba, parecían ser viejos conocidos. - Lloriqueando por lo que no puede obtener… lo sorprendente es que haya sido alguien tan cercano quien te venció esta vez…

¡¡¡NO SÉ DE QUÉ DEMONIOS ESTÁS HABLANDO, INGLÉS ENGREÍDO!!!… - Respondió Archie. El Caballero dirigió una rápida mirada a Candy para regresarla a él burlón. Archie palideció. "¡¡¡¿CÓMO DIABLOS PUDO ENTERARSE ESTE BASTARDO?!!!" Desmontó de un brinco y dirigió su mano a la empuñadura de su espada sin dejar de mirar al caballero. Las jóvenes los observaban asustadas, Candy al interponerse, él no pudo resistir su mirada de angustia.

¡¡¡ARCHIE!!!... Por favor, espera… no es necesario que… - Él la miró y suavemente la hizo a un lado. Recordó que la joven iba acompañada.

Dorothy, por favor acompañe a las damas hasta el lugar donde se dirigían… espérenme ahí… yo las encontraré. - Miró al caballero de forma penetrante.- Tengo que arreglar un asunto con este "Caballero"…

Archie… por favor, no… - Comenzó a decir Candy, Annie estaba tan asustada por las actitudes de ambos que no podía articular palabra. El joven les sonrió.

Es mejor que se vayan… las alcanzaré… no creo que esto tarde mucho…- Las jóvenes asintieron y se alejaron rápidamente. En cuanto vio que estaban lo suficientemente lejos enfrentó al caballero - ¡¡¡ERES UN MALDITO BASTARDO!!!.- Dijo Archie sacando la espada, furioso ante las carcajadas del caballero.

Eso es un hecho de mi vida que nunca he negado… Pero veo que esta vez sí que te pegó muy duro Archibald… tanto que has podido olvidar… me alegro… - Le miraba con burla, Archie apretaba la mandíbula furioso por sus palabras. – mira que detener tus impulsos por una verdadera dama… - Dijo mientras observaba a las jóvenes alejarse por la calle. Se recargó en la pared mientras sacaba su pipa y tranquilamente la llenaba de tabaco. – Aunque… he de decir que no está nada mal la pecosa… Perfecta para el debilucho de Brown…

¡¡¡VAMOS!!! .- Gritó Archie ignorando sus insidiosas palabras, colocando el filo de la espada cerca del cuello del caballero.- ¡¡¡SACA TU ESPADA AHORA MISMO!!!... TAL VEZ ANTHONY TE HAYA PERDONADO LO QUE LE HICISTE Y DIJISTE A CANDY… ¡¡¡PERO YO NO SOY COMO ÉL!!!… Y YO NO TE DARÉ TREGUA… HASTA QUE LE PIDAS PERDÓN DE RODILLAS…

Candy… Así que ese es el nombre de la joven pecosa… - "Candy" Repitió el nombre en sus pensamientos, sin inmutarse por la amenaza mientras encendía la pipa y aspiraba. Haciendo enfurecer más a Archie al arrojarle el humo directo a la cara. – Ummm… un nombre demasiado dulce para mi gusto… pero que a ustedes los debiluchos escoceses les va bien…

NO SÉ QUE ES LO QUE PRETENDES… PERO TE LO ADVIERTO: ALÉJATE DE ELLA…

No te preocupes "Escocesito presumido"… no es mi tipo… ese tipo de chica lo dejo para niñitos como tú que pretenden ser hombres… - Se alejó de su espada.- Yo prefiero verdaderas mujeres… Si es que sabes a lo que me refiero… - Y sin más se alejó dejando a Archie aun más furioso.


No lejos de ahí, un hombre se ocultaba… había presenciado todo lo ocurrido. "Vaya… así que también él siente curiosidad por ella… o ¿Algo más?". Pensó divertido al ver a su amigo hablar con el oficial, después de que las cuatro jóvenes se alejaran por la calle, "No cabe duda que esa pequeña llorona tiene mucha suerte". Las siguió hasta un pequeño local de una costurera. Quería presentarse ante ella, pero aun debía mantener el anonimato hasta que descubriera la forma de arreglar todo sin que nadie saliera perjudicado. Aunque no quisiera tenía que presentarse ante Lord Britter, quería expandir sus negocios hasta las nuevas tierras, América le parecía muy prometedora. De momento lo haría ahí, en Jamaica, adquiriendo tierras. Por suerte había podido hablar con él sin que Candy y su amiga lo vieran, Lord Britter había sido muy amable en invitarle a su fiesta, le pidió como condición que no le hiciera saber de su presencia a Candy, le expuso sus motivos. Le entregó un baúl para ella. Después de todo podía confiar en la discreción del Gobernador, había sido un gran amigo de la familia.


Cuando logró divisar a Dorothy, apresuró su paso. La joven hizo una reverencia diciéndole que las jóvenes estaban a dentro, Archie se asomó a la ventana y pudo ver a Candy admirando los vestidos que ahí había, mientras Annie y su dama estaban en alguna otra parte del lugar. Candy lo vio y le sonrió, dirigiéndose a la puerta. Esta era su oportunidad.

Dorothy, ¿Sería tan amable de dejarme hablar a solas con mi prima?

Claro que si… permiso. – Respondió la mucama entrando al local en cuanto Candy salió. Miró a su primo con curiosidad.

¿Está todo bien? - Preguntó la joven al notar una extraña mirada en él.

¡¡¡¿POR QUÉ TANTA FAMILIARIDAD ENTRE USTEDES?!!!... NO LO SOPORTO MÁS… ¡¡¡NO VUELVAS A HABLAR CON ÉL!!!...- Hablo con dureza. Candy asustada y confundida lo miraba.

Archie… ¿Estás bien?... ¿No te hizo nada?... – Ella quiso acercarse pero él se alejó abruptamente, caminaba de un lado al otro furioso.

SOLO… RESPÓNDEME… - Suavizó su tono de voz algo avergonzado por su brusquedad. - Solo… dime ¿De dónde lo conoces?

Es el sujeto que se atrevió a insultarme el día que Anthony…- Lo miró a los ojos, algo no estaba bien con su primo, ¿Habría hablado con Anthony respecto a ella? - …vino a buscarme para pasear por la playa…

NO QUIERO QUE TE VUELVAS A ACERCAR A EL… ¡¡¡¿ME ESCUCHASTE?!!! - La sujetó con fuerza de ambos brazos.

¡¡¡¿Qué estás diciendo?!!!… ¡¡¡Ni loca lo haría!!!… No sé que es lo que está pasando contigo… Es mejor que hablemos en otro momento… cuando te tranquilices… - Molesta se soltó y comenzó a caminar por la calle, haciendo que el joven la siguiera rápidamente. - Además yo no lo conozco… es la primera vez que lo veo desde ese día… ¡¡¡Y no sé porqué tengo que darte tantas explicaciones!!!… ¡¡¡Tú no eres mi…

¡¡¡CANDY!!! .- La detuvo bruscamente por el brazo. Habían llegado hasta un callejón. Halándola hacia el lugar para alejarse del bullicio.

¡¡¡ARCHIE!!!... - Ella lo miró molesta por su actitud, estaba a punto de hablar nuevamente pero él comenzó a hacerlo.

Yo… yo… quiero decirte que debes mantenerte lejos de ese patán…

No te preocupes… no es de mi agrado… y creo que yo tampoco le agrado... no sé que encuentra de divertido andar por ahí insultando a las personas…

Es algo típico de él…

Ah… vaya… - Respondió desconcertada. - Parece ser que ustedes se conocen muy bien…

Por el momento no quiero hablar de él… - Mantenía su mirada baja, sin soltarla.- Hay… hay algo más… importante… de lo que quiero hablar contigo…

Archie…- Ella recordó la nota, se sentía nerviosa al estar a solas con él, ¿Cómo decirle lo que pasó entre ella y Anthony? Al parecer no sabía nada de ellos…

Yo…- Alzó por fin sus ojos castaños hacia ella.

Archie, por favor no digas nada…- Dijo intentando sajarse de él e irse. – En otra ocasión hablaremos…

¡¡¡CANDY!!!...- Ella se sobresaltó, apretó su agarre en la joven, quien estaba asustada por su tono, escondía tanto dolor. Giró la cabeza para verlo, tenía una extraña mirada que jamás le había visto, sentía como temblaba.

¿Qué pasa?... ¿Por qué tienes esa cara? - Ella no sabía como reaccionar ante él en ese estado.

¡¡¡¿DESDE CUANDO?!!!…¡¡¡¿DESDE CUANDO… ESTÁS CON ANTHONY?!!!... - Parecía que estaba furioso, por lo que no pudo contener el reclamo.

¿HE?...- No podía responderle, estaba temblando de miedo, sin darse cuenta él la había soltado, por lo que comenzó a retroceder.- Archie… yo…

¡¡¡¿COMO PUDISTE HACERME ESTO?!!!…- Mostraba los puños, ella observó que se sacudían en un vano intento de contenerse, avanzaba hacia ella, quien ya no pudo retroceder más por la pared.

Yo… yo… Archie, hablaremos en otro momento cuando tu… estés tranquilo… ése sujeto te ha alterado mucho y… - Hablaba atropelladamente.

¡¡¡¿POR QUÉ?!!!…- Preguntó intentando contener las lágrimas, pero mirándola de forma penetrante.- ¡¡¡¿POR QUÉ NO AHORA?!!!

Por favor Archie… Tranquilízate… ¿Qué pasa?... No eres el mismo de siempre…

¡¡¡DEMONIOS CANDY!!!... ¡¡¡NO LO SOPORTO!!!... ¡¡¡NO SOPORTO QUE TÚ NO ME HAYAS DADO UNA OPORTUNIDAD PARA CORTEJARTE!!!… QUE TE DECIDIERAS POR… ANTHONY… SIN SABER… SIN SABER MIS SENTIMIENTOS POR TI!!!… ¡¡¡NO ME IMPORTA QUE LA TÍA ABUELA NOS HAYA ANUNCIADO TU COMPROMISO CON EL TÍO ABUELO WILLIAM… YO… YO… - Respondió intentando tranquilizarse, sin evitar mostrar su rencor al enfatizar a su primo. Ella lo miraba ahora completamente sorprendida, "Archie… ¿Qué quieres?... No puede ser verdad… que tú…"

…Candy…- En un impulso, la tomó de los hombros para atraerla hacia él, su mirada se había vuelto seria, al notar el temor de la joven comenzó a mirarla con ternura bajando hasta sus labios, sus rostros estaban tan cerca como aquella vez, ella no podía creer lo que estaba a punto de pasar, estaba paralizada. Él se acercaba más.- Yo… yo…

Archie… ¡¡¡NO!!!… ¡¡¡POR FAVOR, NO LO HAGAS!!!… - Susurró asustada, pero él ignoró sus palabras estrechándola más. - ¡¡¡No lo digas!!!- Ella comenzaba a llorar.

¡¡¡NO ME IMPORTA LO QUE DIGAS… YO DEBO DECÍRTELO… TIENES QUE ESCUCHARLO!!!… - Tomó un poco de aire para tranquilizarse. Comenzó a susurrar a su oído. - Desde que te conocí… yo… yo te amo… ¿Recuerdas esto?… - Acercó más sus labios a los de ella, estaba a punto de besarla. Ella no podía moverse, no sabía que hacer.

¡¡¡BASTA!!!... ¡¡¡BASTAAAAA!!!...

¡¡¡ANNIE!!!...- Dijeron ambos al mismo tiempo sorprendidos, al darse cuenta de que la chica estaba parada a medio callejón, mientras sostenía algo en sus manos y comenzaba a llorar. Un golpe fuerte y seco se escuchó. Sorprendiéndolos a todos.

¡¡¡NO LO VUELVAS A HACER!!!- Gritó la rubia furiosa. Miró a Annie apenada. - Annie… yo… yo lo lamento mucho… perdóname… - Mientras salía corriendo, seguida de Dorothy, sus ojos estaban llenos de lágrimas, Archie se tocaba la mejilla sorprendido mientras se acercaba a Annie y su doncella.

Archie… tú… - Dijo Annie aún sin poder creer lo que vio.

¿Qué hacías ahí? - Preguntó el chico confundido.

Yo… yo…- Casi no podía hablar por el llanto.- Te quería dar un regalo… soy una tonta… debí suponerlo… - Tiró la caja, mientras se daba la vuelta para alejarse corriendo.

¡¡¡MILADY!!!... ¡¡¡ESPERE POR FAVOR!!!- Su dama de compañía la llamó asustada mientras salía tras ella, empujando al oficial. Él se quedó ahí parado, mirando la caja, un fuerte viento comenzó a agitar el regalo fuera de ésta (un pañuelo bordado) y una nota, se agachó para verla: "Para Archie…Con todo mi Amor… Annie", se incorporó, mientras miraba con tristeza para ambos lados por donde, ambas chicas se habían alejado de él… ¿Qué hacer?... Él sólo amaba a una… más de lo que se creía capaz… no se comparaba a lo que alguna vez creyó sentir… era algo muy puro… Aunque su hermano creyera que solo era un capricho… aunque su primo y mejor amigo fuera el elegido… Aunque ella lo rechazara…


No podía alcanzar a la joven, estaba tan sofocada, era igual en Escocia, sabía que correría hasta encontrar un buen árbol para trepar. Se detuvo a tomar aire. Era mejor dejarla un momento a solas. Vio con alivio hacia dónde se dirigía.

Clim corría a su lado, parecía saber el animalillo lo que quería en ese momento, llegaron a un lugar, no era un árbol, la iglesia tenía un altísimo campanario en construcción. Cuando entró, buscó a alguien para pedir permiso de subir, aun cuando se negaban debido a que aun no estaba listo, no se pudieron negar a sus súplicas. Después de un rato llegó hasta el campanario sofocada, ahí se sintió mejor al ver el Puerto y el mar. Quería gritar. Sentía que si no lo hacía, enloquecería. Tomó aire.

¡¡¡MAMÁAAAA!!!... ¡¡¡PAPÁAAAAA!!!!... ¡¡¡LOS EXTRAÑOOOO!!!... - Se dejó caer de rodillas para dejar que sus lágrimas corrieran libremente. - Los extraño mucho… quisiera estar con ustedes… los necesito tanto… ¿Por qué?... ¿Por qué me dejaron sola?...


Lord Britter vio a su hija entrar corriendo y subir las escaleras rápidamente, lo que le pareció extraño, Candy no iba con ella… "¿Qué habrá pasado?... ese par de chiquillas siempre han estado juntas…" En cuanto vio a la dama de compañía de su hija le pidió que le contara lo ocurrido, la joven se sentía muy apenada y no sabía que hacer, pero sabía lo mucho que el gobernador quería a ambas jóvenes, así que le dijo lo que alcanzaron a ver.

¿Y Candy?... ¿Dónde está ella?

Lo lamento Milord… es una joven muy escurridiza… Dorothy fue tras ella… nosotras… creímos que estarían aquí… se nos perdieron de vista…

¡¡¡Papá!!!...- Exclamó Annie desde lo alto de la escalera. Lord Britter la miró, ella bajó corriendo y se abrazó a su padre, angustiada, tratando de contener las lágrimas. - Papá… ¡¡¡Candy no está en su habitación!!!… ¡¡¡Tenemos que encontrarla!!!…

No te preocupes yo…

¡¡¡Es mi culpa!!!… ¡¡¡Candy no querrá regresar por mi culpa… creerá que la odio!!!…

¡¡¡¿QUÉ HA PASADO CON CANDY?!!!...- Todos miraron hacia la puerta, Stear y Anthony estaban ahí. Anthony fue quien preguntó alarmado.

No está… hubo un incidente… - Comenzó a decir Lord Britter.- Ella se fue corriendo… Dorothy debe estar con ella… Pero no sabemos su paradero…

No se preocupe Lord Britter, las encontraremos.- Dijo Stear haciendo un saludo antes de salir junto con su primo. Montaron sus caballos y salieron de la mansión.

Creo que tenemos que separarnos… Si ves a Archie, dile lo ocurrido con Candy… - Dijo Anthony antes de arrear su caballo, Stear asintió y se separaron, "¿Por qué será que presiento que mi hermano tuvo que ver con lo ocurrido?... ¿Qué diablos hizo para alterar a ambas jóvenes?... De verdad que es un idiota". El clima había comenzado a cambiar, les preocupaban las fuertes ráfagas de aire. Tenían que encontrar a la joven antes de que empeorara.

"Esto no me agrada" pensó Anthony mientras veía como se oscurecía el cielo. "¿Dónde estará?..." observaba a la gente que se apresuraba a llegar a sus hogares y como cerraban tiendas, mesones y tabernas.


Después de lo ocurrido con el Oficial, desde su lugar había visto a la joven rubia correr desesperada saliendo de un callejón, tras ella su dama de compañía. Intrigado estaba a punto de seguirlas cuando vio a la joven de cabellos negros que la acompañaba, salir del mismo lugar pero corriendo en sentido opuesto al que tomó la rubia. Sonrió al ver a Archibald Cornwell salir del mismo callejón, sin decidirse a cual de las jóvenes seguir, mientras sobaba su mejilla, sosteniendo algo en la otra mano. "Así que por fin le dieron su merecido al Niño Bonito… Jugar con dos jóvenes damas… y por lo que veo, muy buenas amigas… sí que eres un imbécil… (Sonrió de medio lado) ¿No te la esperabas verdad Cornwell?... Que fuera finalmente una mujer quien te pusiera en tu lugar, escocesito arrogante…" Seguía intrigado por la joven pecosa. ¿Quién era ella para que los tres Ardley la cuidaran tan celosamente? No cabía duda de que era muy especial… De eso se dio cuenta cuando descubrió su juego en la taberna. Pudo pasar muy bien por un jovenzuelo, pero sus ojos al mirarlo, la forma en que lo hizo… lo hizo sentir tan extraño. Ninguna mujer lo había alterado de esa forma. Quería saber más, así que las siguió a una prudente distancia, viendo que entraban a la iglesia, sigilosamente lo hizo, pero no la pudo ver por ningún lado a excepción de su Dama de Compañía, arrodillada frente al altar mientras oraba. Se sintió tan incómodo en el lugar, que salió y prefirió esperar, notó el repentino cambio en el clima.


Dorothy continuaba en la iglesia, esperando a Candy. Llevaba mucho tiempo en el campanario, escuchaba como iba en aumento la fuerza del aire, lo que le preocupaba. Vio a un chiquillo y le pidió que llevara un mensaje al Gobernador, se sentía preocupada por la joven, pero sabía que necesitaba estar sola para tranquilizarse y aclarar su mente.


¿Cuánto tiempo llevaba en ese lugar?... Estaba hecha un ovillo cerca de unas tablas para protegerse porque repentinamente comenzó a soplar un aire muy frío, no sabía si había llorado hasta quedarse dormida o solo pasó el tiempo y ella ni se dio cuenta de nada a su alrededor. "Debo regresar… seguramente todos estarán muy preocupados por mi", quiso levantarse pero se sentía toda entumecida, sus extremidades le respondían muy poco, así que gateando se dirigió hasta la puerta que conducía a ese lugar, parecía que se había atascado. Comenzaba a empaparse por la repentina lluvia arrastrada por el viento y las vigas no lograban impedir el paso de las fuertes ráfagas.

Preocupada, Dorothy se dirigió a las escaleras que llevaban al campanario, se asustó al ver como goteaba el agua… quiso subir pero una mano la detuvo, se volteó a ver de quien se trataba, era el joven que momentos antes había estado haciendo enojar a Candy.

No se preocupe, yo iré por ella… - Dijo al tiempo que lanzaba su sombrero sobre la estatua de un santo.

Por favor Milord… - Atinó a decir asustada, pues no sabía como reaccionar con él.

Lo siento… Ella tenía razón, soy yo quien debe disculparse después de cómo la traté… - Veía que Dorothy aun lo miraba con recelo y sin comprender. – No se preocupe, ante todo soy un caballero inglés…- Dijo sonriendo de medio lado mientras subía. El agua escurría por todos lados, cuando llegó se dio cuenta que la puerta se había atorado, quizás por los constantes golpes que la joven le daba mientras gritaba desesperada pidiendo ayuda. Clim intentaba rasgar la madera ayudando a su ama.

Si dejas de forcejear, trataré de abrir. – Escuchó ella del otro lado.

De acuerdo… muchas gracias… quien quiera que sea…

Aléjate… - Apenas lo hizo, escuchó un fuerte golpe y segundos después apareció el caballero en el umbral.

¡¡¡¿UUUSSSTTTEEEDDDD?!!!

Si, yo… - Respondió con una extraña sonrisa. - Siento mucho decepcionarte y haber arruinado el rescate por parte de tu Príncipe Azul… - Dijo al ver como retrocedía alejándose de él a medida que se acercaba. - …pero tenemos que bajar, esta tormenta está comenzando a empeorar…

¡¡¡ALÉJESE DE MI!!!... SÓLO ME HA CAUSADO PROBLEMAS…

NO ME AGRADESCAS TANTO EL HABER SUBIDO PARA AYUDARTE…- Ella lo miró aun con recelo. Eso lo exasperó más. - ¡¡¡MIRA CHIQUILLA CAPRICHOSA, NO ESTOY DE HUMOR PARA BERRINCHES!!!… AUNQUE NO ME CREAS, LAS TORMENTAS AQUÍ PUEDEN SER MUY PELIGROSAS… ASÍ QUE SIMPLEMENTE PERMÍTEME AYUDARTE A BAJAR… - Había extendido su mano, ofreciéndola para que se incorporara, mientras hablaba endureció su tono al verla acurrucada en el suelo, dudando y que lo mirara como un ser peligroso. Furioso se alejó dando la vuelta como si fuera a dejarla en ese lugar. Candy estaba extrañada de verlo ahí, de su forma de comportarse. Él simplemente se quedó estático en el umbral, a punto de bajar pero no lo hizo, rápidamente cambió su mirada de forma extraña como si sus ojos hubieran brillado, ella se sonrojó sin saber la razón.

¿Qué pasa pequeña pecosa?... ¿Por qué me miras así?... – Su tono de voz cambió, de forma suave, susurrante. Poco a poco comenzó a acercarse a ella. – ¿Te gusta lo que ves?...- Ella no podría explicarse por qué temblaba. ¿De verdad temblaba? "Vamos Candy, sólo es por el frío de la lluvia, no tienes por qué temer de un caballero fanfarrón y presuntuoso… sólo necesitas ponerlo en su lugar como se merece". - A caso… ¿Te gusto?... Pecosa…

¡¡¡¿DE QUÉ DEMONIOS ESTÁS HABLANDO PETULANTE ENGREÍDO?!!! NO ERES TAN BUEN MOZO COMO CREES… - Dijo molesta incorporándose.- Y DEJA DE LLAMARME ASÍ… MI NOMBRE ES CANDICE WHITE ARDLEY…

¡¡¡QUIÉN LO DIRÍA!!! ¡¡¡QUÉ LENGUAJE TAN INAPROPIADO PARA UNA DAMA!... PUES MILADY ARDLEY, MUCHO GUSTO… PERO EN ESTE MOMENTO ESTÁ USTED SIENDO BASTANTE MAL EDUCADA… -Dijo hablando entre dientes acercando más su rostro a ella, le pareció temblar ante la cercanía, desconcertándolo. En ese instante la luz intensa de un rayo los alumbró e inmediatamente un fuerte trueno se escuchó, sin querer ella se abrazó a él con fuerza, cerrando los ojos. Se sintió desarmado ante tanta confianza por parte de ella.

¡¡¡Fiuuuuu!!! No sabía que pudiera desearme tanto "jovencita"… - Comenzó a decir con burla. Ella abrió los ojos sorprendida, sin entender.- Que fuerte es Milady… Así que le teme a los truenos… ummm… un pretexto muy bueno de su parte para aprovechar mi cercanía… Quien la viera tan… inocente… – Intentó alejarse al darse cuenta de lo que había hecho, pero él la sostuvo con fuerza por la cintura. - ¿Y… ahora?... ¿Qué pasa?... ¿Por qué te alejas?...

S-U-E-L-T-E-M-E… - Dijo entre dientes debatiéndose contra su cuerpo. El rió.

- Vaya, si que es usted todo un misterio… ¿De verdad no sabe lo que puede ocasionar por lo que acaba de hacer? - Pero su sonrisa de medio lado y la mirada profunda que le dirigió la enfureció, se removió con más fuerza, inquieta por la cercanía de él con la intención de darle una bofetada, quien hábilmente detuvo su mano, atrayéndola más hacia sí y susurrarle con dureza al oído.

YO NO SOY COMO EL DEBILUCHO DE ARCHIBALD CORNWELL… NO VUELVA A TRATAR DE ABOFETEARME… O ATÉNGASE A LAS CONSECUENCIAS… - La miró con tal intensidad que se sintió incómoda, especialmente ante el insolente recorrido de su vista de arriba a bajo, abrió mucho los ojos asustada por las palabras del joven. Aprovechando que en ese instante su agarre era débil, se alejó bruscamente de él, pero al hacerlo se fue hacia atrás con la fuerza de su propio impulso que se golpeó fuertemente con una viga en la cabeza, perdiendo al instante el sentido. Él se apresuró a tomarla entre sus brazos para evitar que cayera al piso mojado, mientras sonreía. "Chiquilla tonta… pero… todas terminan siempre entre mis brazos… quieran o no… pequeña pecosa… tú no podrías ser la excepción…" La cargó y se apresuró a dirigirse a las escaleras, "Papá… mamá… ¿Por qué?... ¿Por qué me dejaron?..." susurró mientras bajaban. Se detuvo un momento, la observó, lágrimas escurrían por su rostro. "Anthony…" la escuchó susurrar nuevamente, él endureció su expresión, ella volvió a llamar al Oficial, sin saber porqué la apretó más hacia él; el aire rugía y lanzaba ráfagas de lluvia por la entrada al campanario a sus espaldas. Al pie de la escalinata estaba muy preocupada Dorothy al verlos empapados y ella sin sentido.

¿Milord?... – Apenas pudo articular.

Se golpeó la cabeza… - Dijo simplemente al ver al cura acercarse, quien rápidamente pidió algo para calentar a la joven que estaba empapada.

Llévela a la sacristía… estará más cómoda allí. - Pidió el cura.

Muchas gracias Milord…- Dijo Dorothy, después de que la recostó en una banca.

Tengo que irme…- Dijo sin más, el cura lo detuvo. Le dijo que no era seguro salir ya que la tormenta había empeorado.- Eso no importa sé cuidarme bien… - Respondió con arrogancia mientras abría la puerta del recinto.

¡Milord!...- Lo llamó Dorothy siguiéndolo.- Milady preguntará por usted…- Él se detuvo, la miró incrédulo cuando tomó su mano entre las suyas.- La conozco bien y querrá agradecerle en persona…o por lo menos, dígame su nombre…

No tiene importancia… usted ya lo hizo por ella….

Pero…

No tiene caso. Debo irme.- Y sin más salió de la sacristía para marcharse en medio de la tormenta.


Anthony cabalgaba desesperado, vio a un chiquillo corriendo en su dirección, su caballo estaba cada vez más nervioso por los truenos, si no lo detenía podría tirarlo o lastimar a alguien. Bajó de él para tranquilizarlo, el pequeño se le acercó.

Oficial… ¿Podría… llevarme a… casa del Gobernador… por favor?... Tengo un… recado que entregarle… urgentemente…- Dijo sin aliento.

Si me dices de que se trata podría ayudarte…- El niño lo miraba con cierta duda. - Puedes confiar en mí, vengo de allá… y estoy buscando a alguien, tal vez podamos ayudarnos…

¿Usted conoce a la Srita. Dorothy?- Anthony asintió, el pequeño continuó hablando con cierto alivio.- Me pidió decirle al Gobernador, que Milady Ardley está en la iglesia de…

¿Están bien?...- Lo interrumpió abruptamente. El pequeño asintió.- Por favor llévame, es a ellas a quienes estoy buscando.- Lo tomó en brazos y lo subió en el caballo.- Si vamos en él llegaremos antes de que empeore la tormenta, ¿No te parece?- El chiquillo estaba emocionado. Llegaron justo cuando la tormenta comenzaba a arreciar, bajaron del caballo rápidamente para guarecerse de las fuertes ráfagas de viento y lluvia, en cuanto entraron, vieron al Capitán del Teodora salir de la sacristía, totalmente mojado y hablando con Dorothy. Anthony dio al chiquillo una moneda y las gracias, para apresurarse a cortarle el paso al moreno en cuanto éste se dirigía a la salida.

¡¿QUÉ RAYOS HACES AQUÍ?!...

Vaya saludo típico de los Ardley… A mí también me da gusto verte Brown… - Comenzó a burlarse mientras intentaba pasar.

Te hice una pregunta…- Insistió el rubio halándolo del brazo para detenerlo.

Obviamente a orar por las almas de los demás no…- Dijo dando un vistazo a la cúpula.- Ni siquiera por la mía… - Anthony lo soltó. - Sólo viene a apreciar la vista desde el nuevo campanario… A propósito… - Apoyó un pie en la banca para mirarlo con burla. - ¿Sabías lo impresionante que puede ser desde ese lugar?... Pero será más seguro una vez que esté terminado… - Disfrutaba de las expresiones que intentaba contener el rubio. - Aunque me llevé la grata sorpresa de que alguien tuvo la misma idea que yo… estaba ahí… Alguien muy peculiar… - Respondió ampliando su sonrisa de medio lado al notar como se exasperaba el rubio.

Habla claramente… - Intentaba sonar tranquilo.

De acuerdo, de acuerdo… te diré la verdad: vine a salvar a un mono pecoso…

¡¡¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS DICIENDO?!!!- Anthony lo agarró por las solapas de la casaca sacudiéndolo, para diversión del Caballero quien comenzó a reír exasperando más al rubio.- ¡¡¡MALDICIÓN!!!... ¡¡¡EXPLÍCATE DE UNA BUENA VEZ!!!…

Cuidado… estás estropeando más mi costoso traje…

¡¡¡RAYOS!!!... ¡¡¡AL GRANO GRAND!!!…

Quiero decir que deben tener más cuidado con cierta joven tan extraña que disfruta andar disfrazándose de hombre… - Anthony palideció.- Corriendo de un lado para el otro como una salvaje y subiendo a lugares peligrosos a hacer no se qué tipo de rituales como un mono… - Ahora lo miraba con cierta maldad.- Creo que esta vez merezco yo una disculpa, pues de no haber estado por los alrededores ella habría caído… y quizás algo peor estando allá arriba… S-O-L-A… ¿Cómo pudiste descuidarla Brown?... ¿Cómo puedes ser tan descuidado con una M-U-J-E-R… A-S-Í?... – Remarcó con toda la intención.

L-a-r-g-a-t-e…- Dijo lentamente el rubio dirigiéndose a la puerta de la sacristía, al pasar a su lado. No podía creerlo: deberle un favor a él. Deberle la vida de Candy… Después de... Sacudió con furia la cabeza, se detuvo.

¿Qué dijiste?... no pude escucharte bien Brown… esta tormenta ruge tan fuerte que no puedo entender bien tus palabras… - Dijo burlón.

¡¡¡L-A-R-G-A-T-E!!!- Repitió sin mirarlo. Comenzó a caminar nuevamente. - Gracias por… por salvarle la vida…

De acuerdo… Nos vemos Brown… - Y sin más se alejó como si no pasara nada.- No hay de qué…


Annie… por favor… - Decía su padre intentando tranquilizarla al verla dar vueltas por el vestíbulo. – Los oficiales la encontrarán…

Es que no lo entiendes… seguramente creerá que la odio por lo ocurrido con Archie… - Decía sin dejar de retorcerse las manos nerviosamente. – Debí… debí suponer que ella trataba de decirme algo respecto a él… y yo no quise escucharla…

Por ahora sólo nos queda esperar… - Dijo Lord Britter. – No te preocupes, ella está bien…

Eso espero… - Respondió mientras miraba por la ventana.


Stear se apresuró a refugiarse en una Taberna, no podía seguir buscando, por la ventana podía ver como el aire causaba estragos. La puerta se abrió de golpe deslumbrándolo por la claridad exterior ocasionada por un rayo, entró un hombre empapado, lo miró detenidamente, era Archie.

¡Hermano!... – Corrió a sostenerlo. - ¿Dónde has estado?... Tenemos que buscar a Candy…

¿Candy?...- Meneó la cabeza con pesar. Miró a su alrededor. - Tabernero: una botella de Ron… - Stear notó que algo ocurrió con él, pero le preocupaba más la joven.

¿Dónde estará con esta tormenta?- Susurró Stear.

¿Qué quieres decir?- Preguntó Archie alarmado.

Candy no está con Annie… no sabemos donde está… Anthony y yo no separamos para encontrarla… Pero esta tormenta está empeorando… Ojalá y hayan podido resguardarse en un lugar seguro…

Y nuevamente me culpas a mí…- Dijo mientras destapaba la botella y comenzaba a beberla a grandes tragos.

¿Por qué lo dices?

Por que es la verdad… Todo lo malo que pueda pasarle a Candy… es por mi… - Comenzó a contarle lo ocurrido unas horas antes.

Debiste haber hablado con Annie antes que con Candy… haber puesto más atención en ella… ahora las has lastimado. Has roto una amistad por tu egoísmo…

Pero yo amo a Candy… - Respondió tercamente dándole otro enorme trago a la botella.

Pero ella a ti no. Entiéndelo de una buena vez: Ella eligió a Anthony… y si ella no dijo nada respecto a ti, fue por cariño a su amiga… sabía lo que significabas para ella…

¡Tenemos que ir a buscarla!- Dijo incorporándose.

Creo que en estos momentos eres la persona menos indicada para hacerlo…- Archie lo miró furioso, después de un momento, tomó asiento, le dio un último trago a la botella de ron antes de pedir otra.


"Lo que daría por estar en el Teodora ahora… en mi cabina… con una buena mujer y una botella de Ron..." pensaba mientras caminaba por la calle en medio de la tormenta, guareciéndose donde podía, se dio cuenta de que había olvidado su sombrero. "¿Qué diablos tiene esa chiquilla?"… Maldijo entre dientes mientras se acercaba a una taberna, empujó la puerta con fuerza para entrar, pidió una botella de Ron, disponiéndose a buscar un lugar libre.

Mon Dieu… Se ne pas possible… Pego… ¿Qué tenemos aquí? - El Capitán después de dar un largo trago a la botella, comenzó a buscar la procedencia de la voz que había apagado las risas y conversaciones del lugar. Un hombre lo observaba desde su oscuro rincón. – Mon Ami, ¿No geconoces a un viejo amigo?

Yo no tengo amigos… - Respondió dando otro trago enorme.

Pego que mala memogia tienes paga seg un noble inglés? – El dueño de la voz, de mala gana se incorporó y comenzó a avanzar, los demás hombres que abarrotaban el lugar se hacían a un lado asustados, hablando entre dientes a su paso. Cuando la titilante luz de una antorcha le dio de lleno en el rostro, lo reconoció.

El Olonnés… - Murmuró algo cohibido.

Por fin me reconociste mon ami… - Lo miró detenidamente.- Pego… ¿Qué gayos ha pasado contigo…estás tan paligo como la cega… paguece que has visto un demognio?

No es nada que no pueda controlar… - Sonrió de medio lado. - ¿A caso tú no eres uno? - Respondió recuperando su aplomo habitual. Pero el pirata no le creía.

¿El Capigtan del Teodoga asustado por una estúpida togmenta? - Lo miró con suspicacia. – Yo Cgeo que es otga la gazón, mon ami…

Vamos… te invito un trago y conversemos como gente civilizada… no podemos hacer más por el momento. – Dijo el inglés evadiendo la respuesta.

¿Qué te paguece si mejog jugamos a las cagtas?… es mucho más integuesante.

De acuerdo… - Caminaron hasta el rincón oscuro donde había estado El Olonnés y un par de mujeres se les acercaron.


La joven se veía muy frágil, después de que Dorothy cambiara sus ropas empapadas, se había encendido la chimenea para que la joven entrara en calor. Anthony quería entrar a verla a la pequeña habitación a la que fue llevada, después de tantas súplicas, el cura le permitió la entrada. Se sentó a su lado en la cama, se veía más pálida de lo normal. Aunque no había despertado, Dorothy le aseguró que estaba bien. Por lo menos estaban en un buen lugar para guarecerse de la tormenta.

Milord…- Lo llamó Dorothy. Él estaba sentado en el suelo, sosteniendo una mano de la joven, se había quedado dormido, sonrió al escucharla.

No hay porqué ser tan formal, Dorothy… puedes llamarme por mi nombre… La Tía Abuela está a muchos kilómetros de aquí…- Somnoliento la miró, en sus brazos sostenía a Clim.

Ha estado toda la noche velando a Candy…Sr., necesita descansar y…

No me iré de su lado hasta ver que se encuentre bien… y puédamos llevarla a la mansión del Gobernador.

Anthony… - Él al escuchar su nombre volteó a verla, pero ella continuaba dormida. No pudo contenerse, por lo que posó sus labios suavemente en los de ella, quien suspiró entre sueños. Finalmente decidió hablar con la dama de compañía, se incorporó, estaba totalmente entumido.

¿Cuánto tiempo llevo dormido?...

Casi toda la noche…

¿Ahora si me dirás lo que pasó?

Yo… creo que es mejor que hable con Candy…

Pero ¿Y si ella no quiere decirme?…

No sé todo lo que ocurrió… yo llegué después… - Dorothy titubeó, no sabía si decirle que el joven Archie fue el causante de todo. – Sólo la seguí hasta aquí… es demasiado rápida y cuando no se siente bien tiene la costumbre de trepar los árboles… o algún otro lugar alto… eso le enseñó su padre… nadie la puede alcanzar, así que simplemente la seguí hasta acá… - Dijo sonriendo al evocar sus recuerdos en Escocia.

Está bien… hablaré con ella. Se levantó y comenzó a estirarse. - Saldré un momento... Debo reportarme, después iré a ver al Gobernador para tranquilizarlo…

De acuerdo… No se preocupe por ella, no me despegaré de su lado… – Respondió la joven haciendo una reverencia.

En su camino se encontró con el cura, por él supo de los daños ocasionados por la tormenta, no fueron muy graves. Cuando salió pudo cerciorarse por sí mismo, montó en su caballo para dirigirse al cuartel, pero antes tenía que ir con el Gobernador.

¡¡¡ANTHONY!!!.- Escuchó que lo llamaban, vio a Stear y Archie saliendo de la taberna donde habían estado esperando que pasara la tormenta. Notó que Archie no se veía muy bien.

¿Dónde has estado?... – Preguntó prudentemente Stear. - ¿Pudiste encontrar a Candy?

Si… la encontré… - Archie lo miró brevemente y desvió la mirada a la calle, para preguntarle a su primo:

¿Te contó lo que pasó?...

No… ella estaba inconsciente…

¡¡¡¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?!!!... – Preguntó alarmado, mientras que Stear lo detenía por el brazo discretamente. - ¡¡¡¿QUÉ DIABLOS LE PASÓ?!!!

¿Qué es lo que te sucede? - Anthony lo miraba sin comprender sus reacciones.

Yo… yo…

¿Dónde se encuentra? – Interrumpió Stear que seguía conteniendo a su hermano.

En la iglesia de Saint Paul… No sé muy bien lo que ocurrió ahí… solo que se encontraba en el campanario en construcción… alguien la salvó de la tormenta… - Por el estado en el que se encontraba Archie era mejor que no supiera quien lo había hecho. – Tengo que ir a casa del Gobernador…

Creo que sería buena idea que Archie te acompañara… - Su hermano se soltó con brusquedad viéndolo con reproche, algo que no pasó desapercibido para el rubio. - Yo iré por Candy y Dorothy… Lleven a un Dr., sólo por si acaso… - Los otros dos jóvenes se pusieron en marcha hacia la Mansión del Gobernador.

Después de que el Gobernador y Anthony entraron en el despacho, Archie caminaba inquieto por el recibidor, escuchó pasos bajando por la escalera, Annie y su madre hablaban al parecer disgustadas, la Hermana María iba a una prudente distancia atrás de ellas, en cuanto vieron al Oficial, hicieron una breve reverencia a modo de saludo, pero la morena evadía las miradas del joven.

Oficial Cornwell, ¿Tiene noticias de Candice?- Preguntó alarmada la Hermana María.

No se preocupe, ella… está bien… pudo refugiarse de la tormenta en la Iglesia de Saint Paul…

¿Y porqué no vino con usted?... – Reprochó la madre de Annie. Él se preguntó qué tanto sabía de lo ocurrido.

Ella… tuvo un accidente…

¡¡¡¿Qué estás diciendo?!!!... – Annie ya no pudo contenerse.

Yo no sé todo… Anthony la encontró… en este momento está hablando con Lord Britter y mi hermano fue por ella y Dorothy. – Madame Britter bajó los escalones para darle un abrazo al joven, quien estaba desconcertado.

Me da gusto que cuiden de esa chiquilla tan bien… Annie, ¿Por qué no le ofreces al oficial algo…

Gracias, pero así estoy bien, Madame. En unos momentos tengo que ir al fuerte…- Respondió Archie incómodo con las damas, al ver a su primo y al Gobernador salir.

Cuanto lo lamento… - Sonrió extrañamente Madame Britter. – Espero que pueda acompañarnos en la fiesta de disfraces…

Pero…

Sé que estarán de guardia, pero me agradaría mucho que estuviera aquí disfrutando del Baile…

Le prometo que bailaré una pieza con usted Madame…

Es usted tan encantador… Pero sería mejor que lo haga con mi hija, yo… yo ya no estoy para ese tipo de cosas… ¿No lo crees Annie? – La joven no logró disimular un gesto de reproche a su madre.

Madame Britter… - Hizo una reverencia Anthony en cuanto llegó a las escaleras.- Candy será traída por el Dr. que Lord Britter amablemente enviará y…

¿No es nada grave?...- Preguntó la Hermana María cuando hubo bajado.

Claro que no… Dorothy y yo estuvimos cuidándola toda la noche… no se preocupe. Tenemos que retirarnos… - Ambos jóvenes se retiraron.

Era medio día cuando finalmente Candy estuvo instalada en su habitación en la Mansión del Gobernador; a pesar de haber despertado antes de que llegara el Dr. y asegurarles que se sentía bien, nadie le hizo el menor caso, extremando los cuidados a la joven.

Por favor… no es necesario que pase el día en cama…

El Dr. dijo que era mejor para… - Comenzó a decir Dorothy, pero Candy se levantó de un brinco de la cama en busca de su ropa.

No me importa lo que diga el Dr. yo estoy bien…

Candy, por favor… - Decía Annie. La rubia la miró, no había escuchado cuando entró a la habitación, Dorothy al ver la tensión en ambas se retiró discretamente por el pasadizo.

Annie… yo… yo no quise…

No te preocupes… debí escucharte…

Lo quiero decir es que…

Lo que haya pasado antes ya… ya no importa… tu eres mi amiga…

Pero Archie… - Annie se sentó en un sillón de la habitación, Candy se cubrió con una bata mientras buscaba las palabras adecuadas.

Tu me dijiste que Mark era mucho mejor que Archie… creo que es mejor darle una oportunidad…

¡¡¡ANNIE!!!... – La rubia volteó a ver a su amiga quien sonreía de forma diferente a la habitual.

Tenías, razón… Archie es un presumido engreído… y Mark… bueno… - Candy la examinó, la morena se había sonrojado a más no poder.

Flash Back

Miraba con insistencia por la ventana del recibidor sentada en el canapé más cercano, esperando ver a Candy llegar. Le preocupaba como iba en aumento la intensidad de la lluvia y el viento. Los criados cubrían las ventanas con las contraventanas para evitar que se rompieran. Mark había salido del despacho de su padre.

Milady… ¿Qué es lo que pasa?

Haaa… Hola Mark.

¿Por qué está tan preocupada?

Es Candy… - Sin saber porqué, le contó todo lo que pasó cuando salieron.

Usted… Ama al Oficial Cornwell... ¿Verdad? – Preguntó el joven que se había sentado a su lado.

Ya no sé lo que siento… Por un momento lo creí pero… verlo junto a Candy… - Lo miró a los ojos apenada, recordó lo que su amiga le había dicho respecto al joven a su lado. – Mark ¿Cuántas veces tengo que decirte que me llames por mi nombre?

Tu madre llegó hace unos momentos junto con la Hermana María, por eso tu padre te llevó a la Biblioteca… le dijimos que Candy había salido con la modista mientras que tú estabas ayudándole a él con algunas cosas importantes respecto a la fiesta…

Gracias… - Ella se inclinó a besarlo en la mejilla.

Annie… - Susurró a su oído.

Candy tiene razón: eres más apuesto que Archie y mucho más sincero. He sido una tonta… - Comenzó a decir rápidamente sin entender porqué. Tomó su mano entre las suyas.

Annie… - El joven volvió a susurrar su nombre mientras se acercaba a su rostro, ella se quedó muy quieta, cuando sintió que el joven posaba sus labios sobre los suyos… cerró sus ojos al sentir la suave caricia, no quería que se detuviera, colocó una mano en la mejilla de Mark.

¡¡¡ANNIE BRITTER!!!

Fin del Flash Back

Mamá considera que Mark no es lo suficientemente bueno para mí… Así que ahora al saber que Archie es tu primo y tu familia es muuuuy importante tanto en Escocia como en Inglaterra, ha decidido que es una buena opción para mí…- Suspiró desanimada. – Ahora te comprendo…

¿Por qué les importa tanto la procedencia?... debería ser mejor que nos casáramos por amor… - Se sentó Candy, Annie vio que tenía la mirada perdida en algún punto.

Es algo que no llegaremos a comprender de los adultos…


Pronto sería la tan esperada fiesta de disfraces del Gobernador. Todos los oficiales y soldados estaban alertas, les habían llegado rumores de que El Olonnés andaba por los alrededores y tal vez tenía planeado algo. Pero por más que se le buscó, nadie podía encontrarlo. Suponían que había regresado a la Isla de Tortuga, tal vez frustrado por ver la cantidad de soldados que resguardaban la isla. Los jóvenes Ardley no confiaban en esa calma. Sus superiores sabían perfectamente que el pirata no se rendiría tan fácilmente. Por algo tenía tan mala fama.

El Capitán del Teodora le había advertido, El Olonnés tenía planes que no tenía la intención de compartir con su amigo.


Candy no podía creer que Sir William le hubiera enviado vestidos tan hermosos, especialmente un disfraz. Demasiado atrevido para su gusto, a pesar de que Annie le dijo que dejaría a Anthony sin aliento eso no la tranquilizaba. En cuanto se lo puso se sintió muy apenada, al verse en el espejo.

Si Madame Potter pudiera arreglarlo un poco… No sé… - Dijo detrás del biombo mientras Dorothy se lo ajustaba.- Quizás, si redujera el escote… o si le colocara unas mangas de…

Candy, no tienes por qué avergonzarte… eres hermosa… puedo asegurarte de que cierto rubio no se despegará de ti en ningún momento… e incluso podrías darle una buena lección a Archie…

¡¡¡ANNIE BRITTER!!!

Lo siento Candy… Pero eso es lo que se merece tu primo… - Desde el incidente no había dado la cara por ahí, ambas jóvenes se sentían indignadas con él.

Finalmente salió, parecía una gitana, ya que la blusa blanca estaba escotada hasta el nacimiento de su pecho, con pequeñísimas mangas de encaje que solo cubrían sus hombros y resbalaban constantemente. Contrastaba con el negro corselete de terciopelo, el cual ajustaba perfectamente a su cuerpo resaltando su busto y cintura; tenía como detalle que se amarraba al frente y siendo adornado en el escote por pequeñas rosas rojas de tela. Dorothy le ajustaba sobre la falda marrón sin tontillo(1), a la altura de la cadera una mantilla de encaje bordada en oro, anudándola a su lado derecho de forma coqueta. Candy vio que su amiga se había quedado sin habla.

Es poco decir que Anthony se quedará sin aliento…- Dijo finalmente avanzando hacia su amiga y caminando a su alrededor.

Annie… no me apenes más… - Miró a su amiga, estaba vestida como una princesa con un hermoso vestido azul de estilo renacimiento italiano, su cabello estaba escondido bajo una larga peluca rubia peinada al estilo griego. – No… esto definitivamente no es para mí… - Dijo tratando de regresar al biombo. – Yo quería ser un Hada… o alguna otra… el traje sería más… discreto… y no llamaría tanto la atención…

Candy… nadie sabrá que eres tú… - Dijo la morena halando a su amiga. - De eso se trata una fiesta así…

Estás loca… a pesar del antifaz… - Candy tiró de uno de sus rizos rubios. Annie le mostró una larga peluca castaña y con rizos, mientras sonreía.

Esto es perfecto… - Sentó a su amiga frente al espejo, recogió su cabello y le colocó la peluca. – Necesita algo… Ya sé… - Le recogió el cabello a un lado con una peineta a la que le había colocado una gran rosa roja. Le acomodó el demás cabello. – Listo…

Annie… no estoy segura de…

Tienes que divertirte… todo lo que puedas… Se suponía que venías a darme ánimos ¿No es así? - Cuidadosamente le colocó el antifaz que solo cubría sus ojos. – Ahora a divertirnos… - Dijo mientras la sacaba de la habitación.


Anthony y sus primos habían llegado desde temprano a la Mansión del Gobernador, cada uno con un grupo de hombres a sus órdenes se apresuraron a organizar las guardias. Había notado que las jóvenes no andaban por ahí (Supuso que estarían ocupadas ayudando con los preparativos), así como las actitudes de Archie que evitaba ir al interior de la Mansión, por lo que estaba encargado de los guardias que cuidarían de los jardines y sus alrededores.

¿Estás bien? – Le preguntó un momento en el que estaba a punto de entrar y se daba la vuelta para regresar.

Claro… sólo que tengo mucho que hacer… - Comenzó a alejarse.

Archie… ¿Candy te ha dicho lo que pasó el día de la tormenta?

Anthony… yo…

Si… lo siento, no te quito más el tiempo… tenemos que apresurarnos si queremos asistir como invitados… ¿Ya tienes listo tu disfraz?

Estaré de guardia… son órdenes del Capitán… así que no creo que pueda estar con ustedes…

Pero…

Con permiso…- Se alejó del rubio sin más. Le dolía las actitudes de su primo desde que le dijo que Candy era su novia: Un día después de la tormenta. Stear le aconsejó que le diera tiempo ya que Archie era muy orgulloso. Continuó con sus obligaciones hasta que Stear le llamó para que se fueran a cambiar. No vio a Archie con su hermano. Por primera vez se estaba tomando muy enserio su deber.


Una Calesa se aproximaba a la Mansión del Gobernador, solo dos hombres iban en ella, uno de ellos se sentía muy incómodo.

¿Cómo pude permitir que me convencieras de esto?

Pogque egues un guebelde y te gusta gompeg las greglas las veces que sean necesagias. – Contestó el otro que fingía ser el conductor.

Así como están las cosas… El Duque no me salvará de esta… ni de ninguna otra… jamás…

Eso debiste habeg pensago antes de aceptag las Patentes de Cogso(2) que te ofgreció a nombgre de tu "Grey"… - Sonrió con malicia. – En estos momentos pogrías haceg lo que quiegas… sin dagle a nadie lo que te cogresponde pog deguecho…

Si claro… - Recordó el "aprecio" que padre e hijo se tenían.

Hemos llegado. – Respondió el francés, volteando a ver a su amigo, que se colocaba la máscara en ese momento. – La vegdad en vez de causag una buena impgresión, se diguía que estás dispuesto a causag el mayog tegog posible.

No me importa… sabes que de buena gana hubiera evitado toda esta comedia… nunca he encajado en estos círculos de frivolidades. De algo tiene que servir mi "buen" nombre, por una vez en mi vida. – Cuando se detuvieron, el cochero entregó la invitación al asustado soldado, que sin despegar la vista del rostro de su "Amo" abrió el sobre con manos temblorosas. La sonrisa del caballero era siniestra. – P-puede p-pasar… mi-milord… - El cochero arrió los caballos.

Dagué un paseo pog los alguededogues mientgas te diviegtes… vegré dónde hay buenos pgrospegtos paga mis negocios… - El caballero no dijo nada, simplemente se ajustó más la máscara y se dirigió a la entrada. Ahí un lacayo se dirigió a él para recoger su "capa" que no era más que una enorme tira de tela roja ajustada a su tahalí(3) que le cruzaba el torso desde el extremo izquierdo de la cintura hasta el hombro derecho y que arrastraba con descuido. A su paso la gente murmuraba, su disfraz era de lo más atemorizante.


¿Quién será ese caballero tan peculiar? .- Murmuró Madame Britter, que se encontraba al fondo del salón junto a su esposo, su hija, la Hermana María y Candy saludando a los Montgomery.

Querida, sabes que no lo sabremos hasta la media noche… pero debemos saludarlo como se debe. – Candy al ver que el caballero no se animaba a entrar y no podía ver bien su disfraz comenzó a estirarse.

Candy… compórtate…- La retó la Hermana María.

Lo siento… es solo que tengo curiosidad por ver su disfraz…

Ya lo harás en su momento.

Tiene razón hermana María. – Cedió mientras pensaba como alejarse de ellos para apreciar mejor la vista del misterioso caballero.

En cuanto a él, no era que estuviera indeciso de entrar. Desde su lugar simplemente trataba de adivinar cual de todas las damas sería la joven pecosa. Se dio cuenta de quien era el gobernador, pues estaba rodeado por cuatro damas, una de ellas, una religiosa que en ese momento se despedía hablando con una joven de disfraz muy llamativo, él podría decir que muy sugerente. No podía despegar la vista de ella.

Candy se sintió de pronto incómoda, comenzó a buscar la razón. A la entrada del salón el misterioso caballero que había llegado recientemente parecía mirarla con insistencia. Así que ella hizo lo mismo, después de todo la cubría una máscara. El hombre traía recogido su largo cabello castaño en una coleta, despejando por completo su frente, pero el disfraz era absolutamente aterrador: del nacimiento del cabello hasta el inicio de los labios estaba cubierto por una máscara que parecía un cráneo y no conforme con eso, alrededor de sus ojos se había pintado de negro, dando el efecto a lo lejos de carecer de ellos. Su casaca y pantalones de terciopelo eran del mismo tono de rojo, con un corbatín negro que hacía juego con las botas altas y los guantes de piel. La espada tenía un cráneo por empuñadura. Había algo en él que le causaba cierta fascinación.

¡¡¡CANDY!!! .- La llamó la monja.

Yo… Lo siento hermana…

Siempre tan despistada… Te veré mañana…

Hasta mañana Hermana María, que descanse. – Respondió como autómata, no dejaba de ver al caballero. Quien finalmente se decidió entrar al salón y se dirigía hacia ella, porque se dio cuenta de que no despegaba la mirada ni un segundo.

Candy, ¿Me concederías el honor de este baile? - Ella volteó a ver quien la había llamado, era Stear, disfrazado de romano.

¿Cómo supiste que era yo?

Porque después de Milady Britter, eres la joven más hermosa. – Respondió haciendo una reverencia a Annie y a su madre, después le ofreció la mano, ella aceptó y se acercaron a la pista. Cuando terminó el baile, el misterioso caballero no pudo acercarse a la joven, en ese momento eran llamados a cenar.

¿En donde están Archie y Anthony?.- Preguntó cuando se dirigían al Jardín junto con los demás invitados.

Archie está de guardia… - Trató de disculpar a su hermano.

COBARDE… - Dijo duramente la rubia.

Candy…

Eso es lo que es… lo tenía en otro concepto… Annie está también molesta con él, ¿Acaso no conoce el concepto de amistad?... – Él la miró apenado y sin comprender, ella le contó lo ocurrido. - Así que es mejor que no se aparezca en lo que resta de la noche…

¿Quién no debe aparecerse el resto de la noche?.- Escuchó una voz detrás de sí. Se giró lentamente, un poco asustada, Anthony estaba a su lado, ataviado con el Kilt de Los Ardley y un antifaz.

Ha… nadie en especial… - Dijo ella nerviosa, ya que no había querido explicar lo ocurrido el día de la tormenta. – Se acercó y lo abrazó.- Te ves muy apuesto…

Y tú… Hermosa…- Lo que hizo que la joven se sonrojara. A lo lejos dos personas observaban detenidamente a los primos, aunque por diferentes motivos. El rubio, se sentía feliz de que se entendieran muy bien a pesar de pequeños tropiezos, pero estaba seguro que con el tiempo los superarían. El misterioso caballero, envidiaba a ambos jóvenes por la compañía de la joven. Quería acercarse a ella, necesitaba un buen pretexto.


Archie se moría por andar entre los invitados, amaba ese tipo de reuniones: conocer jóvenes. Se maldijo una vez más, ¿Qué tenía Candice White Ardley que lo había cambiado tanto? Y ahora Annie Britter lo detestaba. Tenía que hablar con ambas, disculparse. Pero al oír la dureza de las palabras de Candy, mientras pasaba por detrás de unos setos que lo ocultaban, por primera vez quiso ser prudente. Estaba apunto de irse a continuar con su ronda cuando Madame Britter lo encontró y lo llamó, su insistencia en que bailara con Annie lo incomodaba. No le quedó de otra que aceptar cuando se reanudó el baile. Cuando la llevaba a la pista, se decidió a hablar. La joven vio sus intentos por decir algo así que lo interrumpió.

No es necesario que digas nada… tus sentimientos por Candy me quedaron muy claros… pero creo que debiste ser sincero desde el principio conmigo y no haberme permitido hacerme ilusiones…

Annie… yo…

Olvidémoslo ¿Quieres?

De acuerdo…- Respondió por primera vez apenado, ella había mostrado una fuerza de carácter que él dudaba que tuviera. A una prudente distancia Mark los observaba. Candy se acercó a él.

No te preocupes… creo que ya todo está aclarado…

¿Milady… Ardley?…- Preguntó al verla diferente. Ella lo miró, el disfraz de arlequín le sentaba muy bien. En ese momento iniciaba una pieza donde se exigía el cambio de parejas.- ¿Sería tan amable de…

Con mucho gusto Mark… tienes que estar junto a Annie…

El Capitán del Teodora, había conseguido a una pareja de baile que lo hacía pésimamente, (tal vez por ver su aspecto tan aterrador), pero él ni se preocupaba, seguía con la vista los movimientos de "La gitana". Finalmente logró estar con la pecosa, quien al verlo se sintió extraña por la forma que tenía de mirarla. No podía dejar de mirarlo a los ojos, mientras sonreía fascinada.

¿Te gusta lo que ves pequeña pecosa?

¿Q-qué dijo Milord?

¿A caso… te gusto?... – Ella pudo apreciar que sonreía de medio lado. "Esa voz… esas palabras", pensó sobresaltada. Quiso separarse de él pero la retuvo con fuerza.

¿Quién es usted?... ¿Por qué insiste en perseguirme?

Digamos que quería ver que estabas bien… y puedo apreciar que estás muuuy bien… - Terminó de decir justo cuando la música finalizó, mirándola de una forma que sintió escalofríos. Ella enfadada con el caballero por sus palabras, hizo una reverencia y sin más se alejó de él. Anthony al verla actitud de la rubia, fue a alcanzarla.

¿Té sientes bien?.- Preguntó en cuanto notó que el caballero con el que había bailado no dejaba de mirarlos. - ¿Hizo algo…

No. Sólo… quiero tomar un poco de aire…

Te acompaño…

No. No te preocupes… regresaré en un momento… - Salió rápidamente del Salón, Anthony quiso hablar con ese caballero pero había desaparecido. ¡DEMONIOS!

En los jardines el ambiente era cálido, pero más fresco que en el salón. Había muy pocas personas, parejas en su mayoría y los soldados que estaban de guardia, a una distancia mayor para brindar privacidad a los invitados. Pasó cerca de unos setos altos, cuando de pronto sintió que alguien la halaba, cubriendo su boca. Había poca luz, pero el traje del caballero parecía refulgir como el fuego en la semioscuridad. La tenía entre sus brazos.

Milady… ¿A caso es usted una cruel hechicera?... – Susurró en su oído. – ¿Con tan poco cree que estoy satisfecho? – Lentamente quitó su mano de sus labios.

¿Q-queeee? .- No podía articular palabra.

Tienes a muchos hechizados con tu belleza… dispuestos a pelear a capa y espada por tu honor… ¿A caso no te has dado cuenta?... Eres tan tonta… ¿O sólo finges?... – La sintió temblar.

Por favor… aléjese de mí… - Se giró asustada para escapar, pero él logró atraparla por la cintura, chocando de espaldas contra el cuerpo de él. Al sentir el contacto, ella se estremeció.- Por favor… - Le suplicó. La atrajo más hacia él con fuerza al sentir como se resistía a su cercanía.

QUIERO SABER QUÉ ES LO QUE TE PROPONES… QUÉ HAS HECHO CONMIGO… NINGUNA MUJER ME HA DESAFIADO COMO TÚ… Y LO VAS A PAGAR CARO… - Susurraba con mucha dureza, comenzando a acariciar sus brazos con lentitud. Le gustó sentir como se estremecía la joven. – MUUUY CARO… - Remarcó.

Sin poderse contener comenzó a aspirar su aroma, mientras paseaba ahora con lentitud sus manos por su vientre y abdomen. Ella se asustó al principio, pero luego sólo reaccionó echando la cabeza hacia atrás y recargarla en el amplio pecho de él, sin poder evitar lo que sentía, cerró sus ojos para comenzar a disfrutar de las extrañas sensaciones. Un extraño calorcillo comenzaba a invadirla. Un tímido gemido escapó de sus labios, al sentir sus manos muy cerca de sus senos y el roce accidental. Él pegó más su cuerpo al de ella. Podía sentir su calor.

Y parece que ni siquiera te inspiro miedo… ni aun hoy… - Dijo con gravedad en su oído. Ella abría y cerraba sus ojos, disfrutando de la cercanía de él, no podía explicarse la razón.

Yo… yo… no sé… porqué dice eso… - Sintió una mano acariciando su cuello, pasaba por sus hombros desnudos. Se estremecía. - Apenas lo conozco… no sé su nombre… y creo… creo que debo… irme… Esto… no es… correcto… - Él había inclinado su rostro hacia el de ella, rozaba sus labios por el de la joven, su quijada… sentía la agitada respiración de la rubia, era más de lo que ella podía soportar, era una tortura… entre desear que el desconocido continuara y que dejara de tocarla de esa forma. Anthony jamás se había atrevido a tanto. ¿Cómo era posible que este extraño la hiciera sentir tantas cosas a la vez? – Por… por favor… por favor… Milord… - Dejó escapar de nuevo un suave gemido al tratar de hablar.

¿Qué?... – Se sentía confundido, cerró sus ojos, completamente perdido al tocarla.

Deje… de perseguirme… Déjeme… en paz…

No… no puedo… No quiero… - Susurró roncamente. – NO LO HARÉ…

Por… favor…

DIJE… QUE… NO… - Disfrutaba tenerla entre sus brazos. "Dios… ¿Qué es lo que tiene que no quiero detenerme?… quiero tenerla sólo para mí…"

Dígame su nombre…

¿Qué importancia tiene?... - Continuaba acariciándola. Tomó su rostro con una mano haciendo que lo girara un poco hacia el de él. Poco a poco fue acercando sus labios a los de ella. Disfrutaba ver como temblaban.

Dígamelo… por favor… sólo… quiero agradecerle por… su gentileza… usted no puede ser… tan malo… como cree… como los demás lo creen… - Sus labios a milímetros de tocarse. Inconscientemente, ella los entreabrió. Él la soltó bruscamente. Ella de pronto sintió un terrible frío. Él comenzó a reír.

¡¡¡NIÑA ESTÚPIDA!!!

¿Quéeee… - No sabía porque había cambiado tan bruscamente, su cruel risa la desconcertó.

SÓLO QUERÍA DIVERTIRME UN RATO… ¿NO LO VES?... – Palmeó bruscamente. - ¡¡¡DESPIERTA NIÑA!!!… ES MUY FÁCIL APROVECHARSE DE ALGUIEN COMO TÚ… TAN CONFIADA… ¿A CASO QUERÍAS… ALGO MÁS?... – Se acercó peligrosamente a ella, atrapándola entre él y el seto. Para susurrarle: - ¿Quieres saber como puedes agradecerme?... Conozco el lugar perfecto donde puedes hacerlo… solos… tú y yo… Lo disfrutaríamos mucho… especialmente tú… eso puedo asegurarlo… y me suplicarías que continuara toda la noche… – La mirada de él cambió de tal forma que se asustó al notar como recorría su cuerpo, mientras su mano acariciaba su mejilla, pasando por su quijada hacia su cuello con exagerada lentitud.

¡¡¡CLARO QUE NO!!!... – Ella lo miraba furiosa, alejándose bruscamente de él conteniendo el llanto. "¿Por qué? ¿Por qué estoy furiosa?... ¿Por qué estoy a punto de llorar?... ¡¡¡Es un maldito patán!!!"

¡¡¡CANDY!!!.- Era Anthony que la llamaba. - ¡¿Dónde estas?! - Lo empujó con fuerza y se alejó del lugar rápidamente. Corrió a los brazos del rubio.

¿Qué pasa?... Tardaste tanto en volver… - se dio cuenta de que sus ojos estaban llorosos.- ¿Qué tienes?...

Es sólo que no estoy acostumbrada a todo esto… - Señaló su disfraz. – No sé lo que es correcto e incorrecto… no debí vestir así… extraño tanto a mis padres… - Hablaba muy nerviosa.

Vamos… pronto será media noche y la fiesta terminará… hasta entonces estaré junto a ti… no me alejaré…

No lejos de ahí, unos ojos azul zafiro miraban la escena molesto, no soportó ver como Anthony la besaba mientras la abrazaba y ella lo aceptaba con gusto. Se apresuró a llegar al salón de baile, justo en el momento en el que el Gobernador solicitaba su presencia, todos se sorprendieron al verlo pasar.

Damas y Caballeros, es media noche, por favor, es hora de que muestren sus rostros… - Así lo hicieron en medio de una gran algarabía, siguió dando su discurso; en cuanto entraban los jóvenes rubios escucharon al gobernador decir: - Les presento a Terrence Greum, hijo mayor y heredero del Duque de Grandchester, quien ha comenzado a invertir en nuestra isla…

¡¡¡No puede ser!!!… - Exclamó Candy.

¡¿QUÉ PASA?!... – Dijo con dureza Anthony. Recordando que Terrence había bailado con ella. - ¿HA HECHO ALGO ESE MAL NACIDO?

No… - Mintió. – Es… es sólo que no puedo creer que él sea el hijo mayor de Lord Richard…

¿Conoces a los Grandchester?

Ellos son los principales benefactores del Real Colegio San Pablo… Escuché que algo terrible había pasado con él… con su hijo mayor… había desaparecido… o estaba muerto…

¡JAAA!… DESAPARECIDO… EL BASTARDO SE CONVIRTIÓ EN PIRATA…

¡¿Pirata?!.- Candy lo miró asustada, recordando esa noche en la taberna. Era él… "Dios mío… Lord Richard debe saberlo…"


CONTINUARÁ…

1 (Especie de faldellín usado sobre la ropa interior para dar forma a las faldas en el S. XVII)

2 Patentes de Corso: Permiso de las autoridades para ejercer el asalto marítimo contra los enemigos de la nación a la que pertenecía.

3 (Correa de cuero colgada en bandolera, es decir del hombro hacia la cadera, para llevar la espada, el sable o el tambor.)