Capítulo 5
¡¡¡Problemas a la vista!!!
PORT ROYAL
El amanecer la encontró aún despierta en los jardines, pues en cuanto Dorothy la creyó dormida, se levantó, observó su disfraz cuidadosamente doblado sobre el diván y furiosa comenzó a desgarrarlo mientras las lágrimas corrían por su rostro. Se vistió con sus ropas masculinas para salir por el balcón, en cuanto tocó el piso corrió con todas sus fuerzas. Cuando encontró un árbol lo suficientemente alto, se trepó hasta llegar a la rama más alta y que pudiera soportar su peso. Todo lo ocurrido en el baile, daba vueltas en su cabeza. No podía olvidar sus ojos, la forma en que la veía… igual… igual de profunda… oscura… sus ojos azules oscureciéndose, habían perdido esa paz que siempre la tranquilizaba… al perderse en ellos… era igual que la de otros ojos azul más profundo. Se sentía mal consigo misma. "¿Cómo fue que sucedió?... ¿Por qué lo permití?"
FlashBack
Terrence Grandchester agradeció al Gobernador su hospitalidad, después de su discurso, mucha gente se acercaba a hablar con él, emocionada… especialmente las jóvenes casaderas… Lo más seguro era que ignorasen lo que realmente hacía ahí, sólo les importaba su título… Despojado de su atemorizante máscara, lo vio sonreír de forma extraña ante los invitados que le eran presentados. "Al joven noble le perdonan todo por su alto rango… si supieran que es un patán embustero, no lo alabarían tanto," Pensó molesta. Annie no lo podía creer, su madre la llevó a rastras para presentarla con el joven ignorando las protestas de su hija… vio a Stear tratar de contener a Archie, quien estaba dispuesto a armar un alboroto, por lo que necesitó la ayuda de otros dos soldados para sacarlo del Salón. Candy desconcertada por un momento, creyó ver a Albert, pero cuando logró llegar al lugar donde lo había visto, no había nadie ahí. El joven noble insistía en mantener la vista sobre ella, con una extraña sonrisa de medio lado, costándole mucho trabajo ignorarlo… Sonrió maliciosamente en cuanto vio que era protegida posesivamente por Anthony durante lo que restaba de la fiesta, al darse cuenta de que Grandchester insistía en hacerla sentir incómoda con su mirada. Finalmente, a las 2 de la mañana el Gobernador dio por finalizada la fiesta, muy satisfecho. Cuando los últimos invitados partían, Candy se fue a despedir de Anthony acompañándolo hasta el recibidor, él la haló a un costado de la escalera.
Candy, ¿De verdad no te hizo o dijo nada Terrence? – Preguntó en cuanto se cercioró de que estaban a solas.
No… - Volvió a mentirle. – Sabes perfectamente que me desagrada… y parece que yo también…
Debes tener cuidado… es muy persistente cuando se trata de molestar a alguien… especialmente a mí… a Archie… o perseguir a una joven hermosa como tú…
¡Anthony!…- No pudo evitar sonrojarse ante el halago.
¿Te he dicho lo hermosa que luces esta noche?... – Tomó su rostro entre sus manos.
Ya… ya lo habías dicho… - Susurró bajando la vista. – Creo que exageras… había muchas jóvenes realmente hermosas que trataban de llamar tu atención…
¿De verdad?... No las vi… sólo tenía ojos para una sola… y seguramente era la envidia de muchos caballeros por tenerte a mi lado… - Al escuchar esto, a su mente regresó el recuerdo de Terrence, sus atrevidas caricias y sus impertinentes miradas sobre ella. Se estremeció. Anthony la acercó hacia sí.
Mientes…
No. Jamás te mentiría al respecto… y mataría a cualquiera que intentase… - Ella colocó un dedo sobre sus labios sonriéndole.
No te preocupes… sé defenderme… - Con curiosidad se atrevió a preguntar. - ¿Qué es lo que pasó ente ustedes y Terr… - no pudo decir más, ya que él miró a su alrededor, acercó su rostro y la besó, ella le correspondió al instante.
Me moría por hacer esto de nuevo… toda la noche… Sólo… sólo olvídate de él… no tiene importancia… solo somos tú y yo… nadie más… - La atrajo más hacia su cuerpo para estrecharla y besarla de nuevo, escondiéndose más tras la escalera. Comenzó a acariciarla por la espalda, se sintió extraña al quedar atrapada entre sus brazos, sintiendo el latir acelerado de su corazón.
Anthony… yo…
Shhhh… no digas nada… - El joven volvió a besarla, comenzó a acariciarla con más audacia bajando y subiendo sus manos por su espalda, besando su rostro y cuello. Se sentía abochornada por la actitud de Anthony. El mismo calorcillo que comenzó a sentir junto a Terrence, la asustó, recordando como la había tocado. Quería separarse de él.
A-anthony… - Comenzó a decir un poco agitada separando sus labios, pero él los volvía a atrapar.
Candy… me gustas… me gustas mucho… yo… - Balbuceaba el joven entre beso y beso.- te amo… yo quisiera…
Anthony… espera… - Intentó separarse de él. – espera…
¿Qué es lo que has hecho conmigo?... – Ella sintió un Deja Vu, nuevamente trató de separarse apoyando sus manos en su pecho.
¿Q-qué dices?...
Me tienes… atrapado…
Por favor… Anth…- La besó de nuevo en los labios interrumpiéndola.
Quiero… hablar con el tío Abuelo… no es justo lo que te hace… lo que nos hará si… eres suya… no puedes… no puedes casarte con él… - La estrechó con fuerza sin dejar de besarla. – Eres muy joven para él… No lo permitiré… - Continuaba con sus caricias atrevidas mientras la besaba cada vez más demandante.
A-Anthony… - Se sentía sofocada, confundida por la nueva actitud de su novio, ¿Qué había pasado con el joven tierno, dulce… tímido?
No… sabes… lo que… me haces… lo difícil que es… - Dijo mientras comenzaba a besar nuevamente su cuello y hombros bajando hasta el nacimiento de su pecho. Muy a su pesar le agradaba lo que comenzaba a sentir. - Me haces sentir que… me olvide de todo… que pierda la cordura de esta forma… que te desee tanto… que y-yo… quiera… hacerte… -Ella ya no quiso escuchar más, cerró con fuerza sus ojos creyendo que así ya no escucharía sus palabras. "¡¡¡NOOOO!!!… Esto no… no es correcto… Esto tiene que parar… no… no debo… permitirlo… no de nuevo…" Pensaba la joven colocando ambas manos en el rostro del rubio para detenerlo.
¡¡¡ANTHONY!!!
¿Qué?... ¿Qué pasa?... – Preguntó abriendo los ojos mientras respiraba agitadamente, confundido la soltó, al ver la brusquedad con que ella le había hablado, sin dejar de mirarse a los ojos. Se alejó de él dándole la espalda. Al recordar el lugar donde estaban, se disculpó acercándose a la joven. - Yo… lo siento mucho, Candy… pero es que…
¡¿Es que a caso los hombres nunca saben escuchar?! – Dijo molesta separándose de él sin voltearse.
Candy, perdóname… no debí hacerlo… es sólo que… no sé… no sé lo que me pasó… tú lo sabes… sabes que siempre me he portado como todo un caballero contigo… - Se mantenía a una prudente distancia de la joven intentando tranquilizarse. – Jamás te lastimaría… jamás me había pasado esto… con nadie más… pero… la forma en que luces esta noche… no me permite pensar con coherencia… estar a tu lado… Esto es… insoportable… - Ella no sabía que decirle, también le costaba trabajo mantenerse tranquila, se sorprendió al ver como temblaba su cuerpo. - En este momento… yo quisiera… - Ella se giró a mirarlo, de una forma que lo heló, haciendo que se callara.
¡¿Me debería sentir alagada por eso?! ¡¿Así es como todos me ven?!... Solo… ¿Solo eso soy? ¿Sólo como una cosa? –Lo miró a los ojos, no podía comprender la mirada del joven, sus ojos estaban un poco oscurecidos, poniéndola más nerviosa. Él hacía grandes esfuerzos por controlar su respiración. –¡¡¡DÍ ALGO ANTHONY!!!
… - Después de lo que había confesado, parecía que le costaba más trabajo articular palabra.
¡¡¡MALDICIÓN!!!... ¡¡¡¿ASÍ QUE ESO SOY?... ¿SÓLO ESO: UNA "MUÑECA" QUE TODOS QUIEREN LUCIR Y TENER?!!!...
No… Candy… yo… no… quise decir eso…
NO SOPORTO LA FORMA EN QUE ME MIRAS EN ESTE MOMENTO… Y… ESA FORMA EN QUE ME… ME TOCAS… NO… NO ES PROPIO… ¿POR QUÉ LO HICISTE?...
Lo siento Candy…
¡¡¡CREÍ QUE ERAS TODO UN CABALLERO!!!... ¡¡¡¿CÓMO TE ATREVISTE A HACERME ALGO ASÍ?!!!... – Quiso acercarse, ella no se lo permitió.- ¡¡¡COMO DETESTO ESTE MALDITO DISFRAZ!!!.- Le gritó antes de subir corriendo las escaleras.
Fin del FlashBack
"¿Qué es lo que pasa con los hombres? ¿Eso somos para ellos: lindos objetos que presumir?... Quisiera volver al Real Colegio San Pablo… la vida ahí era mucho más fácil antes de este viaje… antes de las órdenes de Madame Elroy y Sir William… antes de que papá y mamá… murieran… antes de perderlo todo"…
En cuanto vio que comenzaba a despuntar el alba, se apresuró a bajar del árbol para dirigirse a su habitación antes de que Dorothy lo notara.
No lejos de ahí un extraño hombre la había estado vigilando… había sido encargado de hacerlo por su Capitán, quién aún no les había dicho sus planes… sonrió con malicia… después de todo, el viaje y la espera no habían sido infructuosos, suponiendo lo que planeaba.
Después del baile, tuvo que tolerar a toda esa gente lisonjera por una hora o más. Habían estado lejos de Inglaterra por tanto tiempo que ignoraban por completo lo que había sido de él. "Ja… si supieran a quién tenían a su lado… Un vulgar pirata entre la alta sociedad de Port Royal, amparado por su noble apellido… que lo convirtió en un Corsario para la noble causa de la Corona Inglesa… sus bolsillos… y los de mi padre"… Se burló. Al finalizar la fiesta, buscaba a la pecosa con insistencia. Después de que la joven salió del Salón con Anthony, no la volvió a ver, ni a él tampoco. Se sentía furioso, pero tuvo que disimular hasta que se despidió del Gobernador y su familia, Annie lo miraba con temor al ver su extraña sonrisa de medio lado, él insistía en mirarla de una forma muy penetrante que logró hacerla ruborizar. En cuanto vio nuevamente a Archie ser detenido por su hermano, no pudo contenerse para lanzarles una mirada de desafío, haciendo que el menor de los Cornwell golpeara a uno de sus compañeros para ir en su busca, haciendo que nuevamente fueran varios tras él antes de hacer algún alboroto. Cuando salió de la Mansión, él mismo condujo la calesa, no le importaba lo que hubiera pasado con su amigo. Estaba fastidiado de todo eso. Llegó hasta el muelle, miró su barco. "Lo que daría por largarme de éste lugar de una buena vez… rumbo a lo desconocido…como siempre lo he hecho… ser libre… libre… dónde nadie intente buscarme… donde esté lo más lejos de todos… A nadie le importo ni le intereso…" Recordó en ese momento unos ojos verdes… sus palabras en el jardín, "¡¡¡MALDICIÓN!!!"… sin importarle nada se dirigió a la taberna más cercana. Necesitaba olvidar. En cuanto entró, todos lo miraban aterrorizados, pues aún tenía alrededor de los ojos pintados de negro. Pidió una botella de Ron, se fue hasta el rincón más alejado y comenzó a beber. Unas mujeres se acercaron a él, quien furioso las corrió, ellas comenzaron a maldecirlo, sólo las miró, riendo a carcajadas ante sus palabras. Después de terminarse la botella, pidió otra más… y otra más, para después salir del lugar sin un rumbo fijo.
Temprano se escuchó la trompeta que llamaba a todos a despertar. Los tres Ardley se apresuraron para recibir sus órdenes. Stear observaba que el rubio tenía un semblante sombrío, por suerte ese día irían juntos en uno de los barcos que partirían al otro extremo de la isla, mientras que Archie tenía que regresar a Inglaterra.
- Creo que es lo mejor… - Dijo su hermano.- Necesitas estar alejado de ella…
¿De quién?. – Intentó parecer indiferente.
No soy idiota hermano, sabes perfectamente a quién me refiero. – Dijo mientras le ayudaba a empacar.
Es que…
¡¿Es que no puedes razonar?! - Dijo dándole un golpe en la cara. Sus compañeros los miraron extrañados de la actitud del moreno con su hermano.
¡¡¡PERO ¿QUÉ DEMONIOS…
Creo que tendré que rebajarme al único lenguaje que comprendes…
No es gracioso Stear…- Dijo Archie sobándose la quijada. Su hermano le ofreció la mano para ayudarlo a incorporarse.
Lo sé… pero necesitabas algo para reaccionar.
Si… supongo que será lo mejor…
¿Te despedirás de ella?
Creo que no… si no, no seré capaz de irme. – El moreno le dirigió una mirada exasperada.- No me mires así… además… creo que ella no quiere verme por el momento… Solo te pido una cosa.
¿Qué es?
Mantén a ese maldito de Grandchester alejado de ella…
Sabes que Anthony no le permitirá acercarse… - Dijo Stear entre dientes al endurecer su expresión.
Sólo en caso de que Anthony no pueda estar con ella… - Archie lo miró extrañado, Stear cambió rápidamente su gesto al sentirse observado.
Haré lo que pueda… pero no siempre estaremos nosotros para defenderla…
Stear…
Debemos confiar en ella… no es una joven común…
Lo sé… - Tomó sus cosas y se dirigieron al muelle, Anthony se les unió.
Archie se sentía muy extraño, no quería perder a Candy sin luchar por ella, pero tampoco a Anthony, después de todo habían crecido como hermanos. "Lo tenía en otro concepto… Annie también está molesta con él… ¿No conoce el concepto de la amistad?" recordó las palabras de la rubia. Había sido tan vanidoso y egoísta. Miró a Anthony que lo despedía junto con su hermano con un saludo. ¿Cuántas veces se había burlado de él? ¿Cuántas veces le había ganado a las jóvenes que se interesaban en el rubio? Y sin embargo siempre lo apoyaba, le daba buenos consejos. No era bueno estar enojado con él, simplemente la rubia eligió al mejor. Les respondió con otro saludo desde el puente, mientras se alejaba del muelle.
¿Qué pasa Anthony?
¿Por qué lo preguntas?.- Respondió el rubio sin dejar de ver el barco dirigirse al océano.
Has estado muy callado… y por lo que veo no has dormido nada…
Stear…
¿Es por Candy?.- El rubio al sentirse descubierto suspiró exasperado.
No. Si… bueno… es sólo que… ella… no sé porqué se enfureció… - Comenzó a contarle lo del baile. Mientras lo escuchaba, recordó algo que alcanzó a ver durante su ronda. Sacudió su cabeza, era mejor no decir nada. - ¿Me estás escuchando?
Lo siento Tony. Continúa.
Ella… estaba muy extraña el resto de la fiesta… y Grandchester no dejaba de mirarla…
Seguramente solo era para molestarte.
Seguramente… - Respondió no muy convencido mientras caminaban por el muelle.
Por favor Tony… ánimo…
Ella confía en ti…
Oye, jamás he intervenido en los problemas de los demás y…
Sólo te pido que averigües si está molesta conmigo… eso es todo.
Creo que eso tendrá que esperar… Hasta nuestro regreso de Montego.- Dijo mientras subían al barco. - ¿Por qué no le escribes una nota como siempre?
Lo hice… pero Dorothy regresó con ella, ni siquiera se molestó en abrirla…
Sólo dale tiempo…
De acuerdo.- Ambos jóvenes comenzaron a supervisar que todo estuviera en orden antes de partir, en cuanto el Capitán dio la orden de soltar amarras y subir el ancla, el rubio se dirigió al puente para mirar con tristeza en dirección a la mansión del Gobernador.
LONDRES
Después de aguantar la reprimenda de su padre por más de una hora, salió de la mansión Ligan rumbo al Real Colegio San Pablo, en cuanto lo vio hizo un gesto de fastidio, ¿Cómo demonios era que su hermana quería entrar a tan lúgubre lugar? Donde las monjas vigilaban a todo el que se cruzara en su camino como un pecador en potencia. Al caminar por los fríos y oscuros pasillos rumbo al despacho de la Madre Superiora, sentía una terrible opresión. Después de hablar con ella para solicitar ver a su hermana, en cuanto ésta llegó, la hermana Grey salió para darles privacidad. Una sonrisa maliciosa quiso escapársele en cuanto vio la forma tan sencilla en que iba vestida. Sabía que no estaba pasándola bien en ese lugar, así que comenzó a molestarla más.
¡¿Estás loca?! .- Dijo en cuanto escuchó los pasos de la Madre Superiora alejarse.
A mí también me da mucho gusto verte Neil… - Contestó la joven con voz chillona.
¿Cómo es posible que hayas cambiado todo… por eso… por esto?. – Dijo el moreno sentándose en el enorme escritorio, al señalar su ropa y paseando la vista con gesto despectivo por el lugar.
Por conveniencia… aunque he de decir que no es lo que yo esperaba… reglas tan estúpidas y sin sentido… - Suspiró con fastidio Eliza. – Sin olvidar la estúpida adoración a Santa Candice… - Neil la miró extrañado.
¿A qué te refieres?
Que no hay nadie en este lugar que no sienta tanta admiración por "Nuestra Querida Prima"… es un fastidio y no puedo averiguar nada interesante sobre ella…
¿Aún continúas con lo mismo?…
Yo sé que algo nos oculta… además de que es un buen lugar para tener amistades importantes… en la nobleza…
Quisiera ver cuanto tiempo más podrás soportarlo… - Dijo él mientras esbozaba una sonrisa maliciosa.
¿Y tú? ¿Dónde demonios has estado?... tuve que soportar a nuestros padres con un interrogatorio sobre ti…
Ya lo sé… - Dijo mientras paseaba por el lugar con indolencia. – Digamos que sólo quiero ampliar mis propias posibilidades de negocios… detesto los de papá… son tan aburridos…
¿Y me contarás?. – Preguntó al notar el extraño brillo en sus ojos.
Algún día… - Dijo mientras se detenía junto a la puerta. – Por el momento te deseo buena suerte hermanita… - Dijo mientras salía del lugar. Dejando a su hermana malhumorada al no darle detalles de lo que estaba haciendo.
PORT ROYAL
La Hermana María estaba preocupada por Candice, llevaba dos días que no quería salir de su habitación. Decía estar bien, pero desde el día siguiente a la fiesta de disfraces, la notó extraña. En primer lugar no quiso bajar a desayunar argumentando que estaba muy cansada, y después escuchó que no quiso recibir al joven Brown.
Candice… - Llamó a su puerta.- ¡CANDICE WHITE ARDLEY: ABRE INMEDIATAMENTE!...- Esperó un poco, después de un momento escuchó ruido detrás y la joven apareció cubierta con su bata de dormir. – Pero ¿Qué es esto jovencita? Pasa ya de medio día y tú aun durmiendo… ¿Qué diría la Hermana Grey de esta conducta?
Yo… no me siento bien… Hermana María… sería tan amable de no gritar… - Respondió cubriéndose los oído con ambas manos. - No es propio de una dama alzar la voz… - Dijo intentando bromear mientras permitía el paso a la monja.
Muy graciosa… muy graciosa Candy… - Miró la habitación y alcanzó a ver un pedazo de su disfraz hecho jirones. No comprendía esa reacción tan violenta de la joven con algo tan lindo. Prefirió hacer como si no lo hubiera visto.
Por favor, hermana María…
¿Qué te sucede?.- Preguntó la monja sentándose en el diván. – Fue muy descortés de tu parte no recibir al joven Brown… él quería despedirse…
¡¿Qué dice?! ¡¿A dónde se fue?!. – La interrumpió alarmada.
Partió a Montego por unos días… - Se dio cuenta de que la joven comenzaba a llorar. – Candy… ¿Qué sucede? .- La joven se sentó en el suelo y se abrazó a sus rodillas dejando por fin salir sus lágrimas.
Lo siento mucho hermana… soy una tonta… - Decía entre sollozos. – Me siento tan asustada… yo no quisiera causar problemas… a nadie… quisiera tener a mis padres… quisiera saber algunas cosas que me confunden…
¿Quieres contarme?.- Preguntó mientras la consolaba pasando su mano por su cabello.
Yo… no lo sé… - Se sentía avergonzada con lo ocurrido durante la fiesta. - No lo entendería…
¿A qué tienes miedo?
Es… tan vergonzoso… usted… usted no querría volver a verme…
Vamos Candice… Te escucharé sin importar lo que sea…
Pero…
Es lo que necesitas… no debes encerrarte en ti misma… No están tus seres queridos contigo… pero intentaré comprender lo que te sucede… - Candy levantó su rostro y la miró con cierto recelo, ¿Qué podía saber la hermana por lo que estaba pasando? Ella estaba encerrada en su mundo. ¿Qué podía hacer por ella? Quisiera o no tendría que confiar en la Hermana.
De acuerdo… - Dijo la joven incorporándose para sentarse al lado de la monja.
Annie estaba sola en el salón mientras tocaba el clavicémbalo, Marck estaba en el despacho de Lord Britter ayudándolo con algunos documentos, pero para el Gobernador no pasaba desapercibido que el joven estaba muy distraído mientras se escuchaba la música, sabía de los sentimientos del joven por su hija ya que su esposa lo había tenido al tanto de lo ocurrido. A él le agradaba el joven y no le importaban las ilógicas ideas de su esposa.
Marck, creo que eso es todo…
Pero Milord, aun nos falta…
¿Por qué no sales un momento a respirar un poco de aire puro antes de la comida?… Yo mismo necesito un poco de paz… te haría muy bien, después de todo llevamos toda la mañana encerrados aquí…
Pero…
¿Por qué no llevas a Annie? Ella lo necesita también…
Pero…
No te preocupes… - Dijo de buen humor el gobernador al ver los esfuerzos del joven por disimular su alegría.
De acuerdo Milord… Gracias… - Sonriente salió del despacho rumbo al salón, sin hacer ruido abrió las puestas dobles y esperó a que ella terminara de tocar la pieza.
Annie… - Ella se giró para verlo, estaba algo triste. - ¿Qué pasa?
Estoy preocupada por Candy… no quiere ver a nadie… No quiere decirme que le pasa…
No te preocupes, camino hacia acá vi a la hermana María subir, tal vez ella pueda hacer algo…
Creo que en vez de que sea feliz aquí, todo se le complica… no sé que hacer por ella… soy su mejor amiga y no sé… quiero ayudarla como lo ha hecho conmigo… pero no puedo…
¿Quieres salir un momento?. – Preguntó al verla tan preocupada. - Creo que si nos despejamos un momento podremos regresar con un mejor humor, ¿No lo crees?.- Ella lo miró sorprendida. Él le sonrió ofreciéndole su mano. – No te preocupes, tu padre me ha dado permiso.
De acuerdo… No quisiera que te regañara por ser el motivo de que estés tan distraído con cosas tan importantes. - Dijo sonriendo al tomar su mano.
Desde la fiesta de disfraces del Gobernador no había visto a su amigo por ningún lugar por los que acostumbraba rondar, fue hasta el "Teodora" para ver que había pasado con él, pero ni su tripulación lo había visto. Le dijeron que no era el único que lo había ido a buscar, también un francés había preguntado por él y se había marchado malhumorado. En cuanto supo el nombre del sujeto se preocupó… no era buena señal que El Olonnés anduviera rondando y estuviera todo tan tranquilo, sin incidentes graves. Por un momento pensó en pedirle ayuda a Lord Britter, pero eso podría perjudicar a su anonimato si se llegaba a encontrar con ella. Recordó que estuvo apunto de descubrirlo en el baile, después de que todos se retiraron las máscaras, como no pudo aguantar la curiosidad de ver a su pequeña divertirse, tuvo que escapar sin despedirse adecuadamente de su anfitrión, pero suponía que él lo comprendería.
Unos suaves golpes se escucharon en su puerta, sin levantar la vista dijo que pasaran.
Buen día Lord Britter… - Escuchó que le decían suavemente, alzó la vista de los documentos que estaba revisando, Candy estaba frente a él acompañada por la monja, ambas haciendo una reverencia.
Buen día Candy. Veo que finalmente decidiste salir de tu habitación. – Respondió sonriendo, se levantó mientras hacía una seña invitándolas a pasar y sentarse. - ¿Es que no te agradó la fiesta?
Si, por supuesto que si me gustó… yo… quiero pedirle una disculpa… no quisiera preocuparlos, sólo… me sentía un poco indispuesta…
Que lástima que hayas tardado en bajar, así hubieras acompañado a Annie y Marck a dar un paseo… Te hubiera hecho mucho bien… Annie tampoco se sentía bien…
¿Qué le pasa?.- Siempre se había preocupado por la delicada salud de su amiga.
Está preocupada por ti…
Yo… lo siento mucho Milord… Creo que no debí ser tan egoísta… - Al decir esto miró a la hermana María.
Yo lo siento más… - Comenzó a decir el Gobernador, ambas lo miraron con extrañeza. - Debí suponer que no estabas acostumbrada a esto… olvidé que siempre estuviste encerrada en el colegio… hay muchas cosas que no has podido ver…
No me malinterprete Milord…yo… yo me divertí mucho, se lo agradezco… es sólo que…
Candice abusó un poco… y se sentía avergonzada… - La ayudó la hermana Maria. Lord Britter las miró y comprendió. Comenzó a reír.
El vino… debí suponerlo… por la forma en que desapareciste… - Se sentó tras el escritorio. Candy estaba sonrojada, "Que más da si cree que eso fue lo que pasó… hubiera sido peor si se hubiese enterado de la verdad", le sonrió tímidamente. – Debí poner más atención a esta jovencita.
¿Cree que pueda alcanzar a Annie Milord? Creo que también necesito despejarme un poco… - Miró a la hermana María quien asintió.
Puedes ir, pídele a Dorothy que te acompañe…
Pero…
Sabes que así debe ser… Una Dama no sale sola a la calle. – Le recordó.
De acuerdo hermana… Con permiso… - Respondió alegremente mientras hacía una reverencia y salía del despacho como un torbellino.
Es increíble… - Dijo Lord Britter. La hermana María lo miró sin comprender.
¿Milord?
Se preocupan mucho una por la otra… como verdaderas hermanas…
Candy ha sufrido mucho desde que llegó al Colegio por la perdida de sus padres. Y sólo Annie supo como acercarse a ella… – Comenzó a decir la hermana María.- La misteriosa muerte de su padre… jamás ha querido hablar de ello.
Si. Lo sé. Me pregunto si aun siguen investigando al respecto sus familiares… - Dijo Lord Britter asomándose a la ventana.
No lo sabemos… su tutor pasa viajando tanto tiempo, que a veces pienso que no se preocupa por ella… ni siquiera se ha dignado a presentarse al Colegio siquiera para saber cómo está o acompañarla en sus cumpleaños… Y cada vez que su tía la visita se pone muy triste… - El Gobernador se giró a mirarla, hablaba con mucha indignación.- Siempre sonríe a todo el mundo, parece que no le importa que su familia la tenga abandonada… pero a veces… he podido ver lo que tanto se empeña en esconder…
Veo que le tiene mucho afecto.
Yo… lo siento mucho Milord, creo que he hablado de más. – Lo miró, él le sonrió con comprensión.
Yo también me preocupo por esa pequeña… ha sido tan buena con Annie, se ha vuelto más sociable… ha cambiado mucho y se lo agradezco… cuando llegamos Annie había vuelto a ser retraída, pero con Candy aquí y Marck a su lado ha vuelto a ser una joven muy sonriente. – Respondió con satisfacción.
Sólo quisiera ver a Candy feliz…- Susurró la hermana.
Después de llamar a Dorothy salieron de la Mansión, ambas iban en silencio, la pecosa no tenía intención de buscar a Annie, quería despejarse... quería estar a solas, pero sería muy descortés despedir a Dorothy para caminar sola por la calle. Se sentía muy inquieta… muy mal por no haber querido ver la nota de Anthony, ni haberlo querido recibir. Le parecía que no se percataba de las cosas que la rodeaban, se sentía perdida. La conversación con la hermana María no fue más tranquilizante ya que se cuidó de omitir ciertos detalles de lo ocurrido con ambos jóvenes. Se dio cuenta de que el pobre Clim intentaba llamar su atención brincando a su alrededor, hasta que sin querer pisó al pobre debido a su distracción. Se detuvo para observar a dónde habían llegado: Estaba en la playa, justo debajo de los muelles. Podía ver los numerosos barcos que estaban a lo lejos.
¿Quieres jugar Clim?. – Preguntó al animalillo en cuanto lo tomó en brazos y éste lamía su rostro, haciéndola reír. – De acuerdo, sólo espera un momento. – Dijo mientras se sentaba en la arena para quitarse los zapatos.
Candy… ¿Qué haces? – Preguntó Dorothy sorprendida al ver lo que estaba haciendo.- Eso no es propio de una dama…
No me importa en este momento… sólo quiero ser nuevamente yo… Quiero correr, saltar, trepar los árboles sin importarme nada más…
Candy… ¿Tanto extrañas… - Al ver que la pecosa no decía nada más mientras la miraba con obstinación, cedió.- De acuerdo Candy, te esperaré aquí… sólo no te alejes mucho.
¡Gracias Dorothy!.- Exclamó al tiempo que la abrazaba emocionada.
La mucama la observó correr y jugar con Clim, incluso se atrevió a corretear al animalillo entre las pequeñas olas de la orilla. Le parecía que nuevamente era una niña de 6 años, corriendo en la campiña escocesa. Sus padres jugueteando con ella y las ovejas… Pero después… Sacudió la cabeza con desesperación, comprendió por que Candy se empeñaba en no mencionar nada. Era mejor así, ella tampoco quería recordar… como cambió toda su vida en un abrir y cerrar de ojos. Vio a Candy correr tras Clim debajo del muelle.
¡¡¡CLIM!!!... ¡Espera!… - Gritó mientras el animalillo corría bajo los pilares del muelle.- ¡Clim, por favor… regresa!… - Se detuvo un momento, vio que estaba olfateando algo mientras recorría el lugar. - ¿Qué pasa?
Se acercó a ver el bulto que insistía en olfatear, vio algo bajo unos jirones de tela roja, Clim comenzó a gruñir. Se acercó más, por la poca luz que se lograba colar por los tablones del muelle, pudo ver que era un hombre. Estaba completamente sucio y al parecer muy golpeado, comenzó a examinarlo, lo escuchó quejarse mientras intentaba incorporarse.
¡¡¡MALDICIOOOON!!! ¿PORRR QUÉ DEMONIOSSSSS TARRRDASSSSTE TANTO?... – Se quedó sorprendida al escuchar esa voz. - ¡¿Y TE DICESSSS SSSSERRR MI AMIGO?! DEJÁNDOME SSSSSSOOLO… - En ese momento volvió a desplomarse.
Tranquilo… todo estará bien… iré a buscar a su amigo… - La miró entrecerrando los ojos, como si dudara que ella fuera real. - ¿A dónde fue?
¿Perrrro qué tenemossss aquí?... Una pecosssssa entrrrrometida… ¿Essss que no puedessss dejarrrrme en pazzzz? Aun en missss pesssssadillassss…
No sé de qué está hablando… - Contestó molesta la rubia, haciendo gestos con las manos pues notó que olía fuertemente a Ron, el al ver este gesto sopló a su rostro con burla.
¿No te agrrrrada?... – su voz se escuchaba terriblemente pastosa por la embriaguez. A tientas comenzó a buscar algo. Al no encontrarlo cerca, se fue de espaldas para recostarse en la arena, sacudiendo la cabeza. - Con un demonio… sssse lo llevó… Maldito sssseasssss Alb…
Iré a buscar ayuda… - Le dijo con preocupación al ver algunas heridas más graves sangrar con sus movimientos.
¡NOOOO!....- Gritó desesperado.
¡¡¡¿ES QUE NO ENTIENDES QUE TIENES QUE SER ATENDIDO POR UN MÉDICO?!!! – Le gritó exasperada.
No me dejesssss.
PERO… ¡¡¡NECESITAS AYUDA…!!!
No… me dejesssss… - Le rogó.
De acuerdo… – Aceptó con renuencia sorprendida por su actitud. – Pero tengo que hacer algo en lo que esperamos que tu amigo llegue con ayuda.- Dijo mientras revisaba la tela que lo cubría y comenzaba a romperla para hacer un torniquete en una herida que sangraba. Al apretar con fuerza él se quejó.
¿Qué demoniossss pienssssassss hacerrrr con esssso… Pecosssa?
Detener la hemorragia… ¿Es que a caso no puedes hablar sin lanzar maldiciones?
¿Te esssstássss vengando de mí… verrrrrdassss?
No sé de qué hablas… - Dijo mientras apretaba con más fuerza, mientras que él contenía una exclamación. Después ella comenzó a examinarlo, la miraba siguiendo cada uno de sus movimientos.
Mussshasssss damasssss sssse hubierrrran dessssmashado al verrrr a un hombrrrre herrrido… verrr tanta sssannngreee…
Pues ya viste que no soy cualquier dama. – Dijo con autosuficiencia la pecosa, él la miró confundido mientras esbozaba una extraña sonrisa, "Por supuesto que no Pecas… tú eres diferente y por eso…".
¡¡¡CANDYYYY!!!
Dorothy… - Trató de incorporarse, pero él no se lo permitió al tomar con fuerza su mano.
Nooo…
No seas necio… Tengo que buscar ayuda… - Dijo mientras trataba de halarse.
No te vashassss… - Ella lo miró, haciendo que él desviara su mirada.
¡CANDY!.- Dorothy estaba más cerca de ellos.
Dorothy, por acá… por favor… Necesitamos que alguien lo ayude, está muy mal herido… su amigo fue a buscar ayuda, pero es urgente que lo vea un médico… - Pidió en cuanto la mucama estuvo a su lado, quien al ver sangre se horrorizó.
Cuídalo mientras regreso a la Mansión del Gobernador…
No te preocupes… no creo que se pueda escapar… - Le dijo sonriendo.
En cuanto la vio alejarse, siguió examinando al joven. Él había cerrados los ojos, aparentemente dormía. Se dio cuenta de que algo le había sucedido desde la noche del baile, continuaba vestido con su disfraz, la máscara la habría perdido en algún lugar y su espada no estaba por ningún lado. Posó su mano en su frente, estaba ardiendo en fiebre. "Pobre… ¿Por qué se hace tanto daño?... Milord Grandchester estaría feliz de saber dónde se encuentra su hijo… diga lo que diga él lo ama… estaría muy preocupado al verlo en este estado tan lamentable." Lo observó con atención, había perdido toda su arrogancia, ahora veía angustia en su rostro mientras evitaba quejarse. Clim se acercó, parecía que trataba de animarlo. Ella simplemente no podía dejar de mirarlo al rostro lleno de barro, se dio cuenta de que había aflojado su agarre, tomó un pedazo de tela, caminó hacia la orilla y lo mojó, regresó al lado de Terrence para limpiar un poco su rostro, su barba estaba algo crecida, dificultándole la labor. Su cabello estaba hecho un desastre saliendo de la coleta en que se lo había sujetado. No supo cuanto tiempo había pasado, escuchó la voz de Sam que acompañaba a Dorothy y otro sirviente de la mansión, que entre ambos lo cargaron para llevarlo a una calesa, cuando se pusieron en marcha ella no podía dejar de mirar sus heridas, por lo menos ya no sangraban. Al llegar a la entrada se encontraron con Annie y Marck.
¿Qué le pasó?.- Preguntó precipitándose Annie al ver al joven inconsciente que era llevado al interior.
No lo sé… lo encontramos en el muelle muy mal herido… - Respondió Candy con preocupación mientras entraba tras los dos sirviente que cargaban con el moreno.- Y además muy ebrio… estaba alucinando con un amigo…
Iré a avisarle a Lord Britter… - Dijo Marck al dirigirse al despacho.
El médico ya viene en camino… - Anunció otra mucama a las jóvenes.
Gracias Sophie. – Respondió Annie, la mucama hizo una reverencia y se fue.
Debemos tenerlo cómodo… Quien sabe que tanta sangre ha perdido… o desde cuando… - Sugirió Candy mientras subían las escaleras hacia las habitaciones. En cuanto entraron a una, Dorothy comenzó a arreglar la cama.
Necesita un buen baño… - Dijo Annie antes de que lo colocaran, haciendo gestos mientras se dirigía a Sam.
No se preocupe Milady… en un momento lo haremos.
Pero que sea con agua muy fría… se lo merece… - Dijo Candy cerrando las cortinas de golpe. – Es un cabeza hueca…
¿Es que acaso piensas matarlo?.- Preguntó extrañada Annie por las palabras de su amiga, primero preocupándose por él y ahora molesta.
No. Pero eso le quitará la embriaguez y la fiebre… - Lo miró. "Además de otras cosas".
Eres cruel con él…- Dijo Marck al entrar con Lord Britter.
No tanto como él lo ha sido conmigo… - Contestó la rubia haciendo reír a todos por su expresión.
EN ALGÚN LUGAR
Archie miraba el océano mientras giraba un sobre entre sus manos. "Por favor entrégaselo a George en persona… que tu Tía Abuela Elroy no se entere de que lo tienes, es muy importante que sólo él lo vea. Si puedes encontrarlo antes de que ella se entere de que has llegado, mejor…", el Gobernador se lo había entregado cuando partió rumbo a Inglaterra. "Qué es lo que tiene este sobre… nunca me había imaginado que Lord Britter conociera a la familia… especialmente a George… él siempre está con él Tío Abuelo William". Suspiró profundamente mientras recordaba a cierta rubia pecosa. "Es mejor así… necesito estar lejos de ella para olvidarla…" Se dirigió a la cofa, era el único lugar en donde no pensaba en nada y se sentía tranquilo... libre…
PORT ROYAL
El médico llegó unos minutos después haciendo a las jóvenes salir de la habitación para examinar al joven, estaba sorprendido por el buen trabajo que hizo Candy para detener las hemorragias, y si, había perdido mucha sangre, la fiebre se debía quizás a alguna infección ocasionada en sus heridas. Por el momento no debía moverse, ya que también tenía un par de costillas muy lastimadas y algunas pequeñas heridas en el rostro. "Quizás alguien lo quiso asaltar la noche del baile de máscaras" opinó Lord Britter. Candy y Annie se miraron con incredulidad. Ellas eran de la opinión de que se había peleado en alguna taberna, "Finalmente alguien le dio su merecido por bravucón" pensó la rubia dirigiéndose a la habitación del joven.
¿Cuánto tiempo tendrá que… - Empezó a decir Candy entrando precipitadamente a la habitación sin hacer caso de las advertencias de Sam, seguida de Annie.
Por favor salga, Milady… no es propio… - Annie se sonrojó al ver el torso desnudo de Terrence pero Candy no hizo caso.
Por favor, dígame…
No lo sé con seguridad… lo más serio está aquí…- Respondió el médico cuando terminó de apretar los vendajes en las costillas del joven que se hallaba inconsciente, para cubrir rápidamente su pecho desnudo con una camisola limpia. – Haga el favor de salir por favor…
¿Puedo cuidarlo? – Pidió repentinamente la joven.
Pero…
En el colegio aprendí de las monjas…
Candy… no es apropiado…- Dijo Madame Britter entrando.
No es algo que deba hacer una Dama… - Protestó el médico.
¿Alguien más sabe lo que se debe hacer?.- Preguntó obstinadamente, la Hermana María que la conocía cuando se ponía así, la apoyó sabiendo que era inútil negarse.
Nosotras cuidaremos del Joven Grandchester… conocemos a su familia… le estamos agradecidas…- El médico las miró interrogante. – Yo estoy en deuda con él por haber salvado a Milady Ardley el otro día…
De acuerdo… - Dijo a regañadientes. Dio instrucciones a la hermana María mientras la familia Britter y Candy se dirigían al comedor.
Candice… no deberías cuidarlo… - Objetó nuevamente Madame Britter.
¿Por qué no?. - Esta vez se olvidó de ser prudente con ella.- Creo que es lo mínimo que puedo hacer después de haberse arriesgado a salvarme… - La miró con desafío.- Es la mejor forma en que puedo mostrarle mi agradecimiento… ¿No lo cree?
Creo que es lo mejor Elizabeth… - Secundó Lord Britter. – Además es parte de los benefactores del colegio donde estudiaron Annie y Candy… - Ante el apoyo que brindó su marido a la joven no pudo decir nada más.
Está bien… siempre y cuando Candy lo cuide durante el día…
No se preocupe Madame Britter… - Respondió la rubia.
MONTEGO
Los días se le hacían eternos, no había momento en el que estuviera trabajando duramente, con la finalidad de dejar de pensar. Stear lo observaba, pero no encontraba el momento oportuno para hablar con él. Por las noches prefería estar lejos de todos, evitaba ir de juerga con los demás. "Candy…perdóname… ¿Cómo puedo demostrarte mi arrepentimiento? No sé lo que me pasó…como te lo dije: jamás había sentido esto por alguien más… no quise molestarte… mi única justificación es que lo hice porque te amo, quería que supieras cuanto lo hago y no quiero estar un minuto más lejos de ti… Es sólo que ver como te miraba Grandchester, me enloquecía de celos… de sólo imaginar que solo te quiera seducir… y te lastime … para molestarme… me hierve la sangre de celos…" Recordaba cada palabra que había escrito en la nota que ella no quiso recibir.
Pronto regresaremos Tony… - Trató de animarlo Stear.
Lo sé… - Miró hacia el mar mientras apretaba el catalejo. - ¿Crees que pueda perdonarme por lo que hice?…
Creo que ella no te guarda rencor… supongo que la asustaste… recuerda que es una joven aún inocente… muy inocente…
Si, eso debió ser…
¡Anthony! – Escuchó que lo llamaban, volteó a ver quien era. – ¡Anthony!... El Capitán quiere hablar contigo…- Dijo uno de sus compañeros.
Iré a ver. – dijo a Stear entregándole el catalejo. Al ver alejarse a su primo suspiró largamente.
Flash Back
Era su turno para hacer su ronda cuando vio a Candy salir precipitadamente del Salón, parecía a punto de llorar. Estaba tan lejos que en vez de correr a su lado prefirió caminar despacio, para darle tiempo a tranquilizarse. Alcanzó a ver que desaparecía tras unos setos detuvo sus pasos, era mejor que la dejara un momento a solas, cuando creyó prudente acercarse comenzó a buscarla, le pareció ver unas sombras, se acercó y se sorprendió ver a Candy en brazos del misterioso hombre de rojo, con la aterradora máscara "¿De dónde lo conocía?" Ella al principio se apartaba, pero él no la soltaba… y aun así parecía que ella no hacía muchos esfuerzos por escapar de sus caricias atrevidas… incluso, parecía comenzar a disfrutarlas… ¿Qué estaba sucediendo entre ellos?... Pensaba en sus primos… Se sentía tan furioso que quería arrebatársela al desconocido, y enfrentarlo, ¿Cómo se atrevía a hacer eso con una dama?... "Vamos Stear, tú no eres como el loco de tu hermano… debe haber una razón… debe… pero ese tipo… se ha atrevido a tocarla…" No quería dudar de la integridad de su prima… No sabía que hacer ya que no podía escuchar con claridad sus palabras, hasta que vio como el hombre la apartaba de él con brusquedad y se burlaba de ella, "Esa risa… tan cruel… ¿De dónde la conozco?..." los miró de nuevo… "La voz de ese hombre"… ella parecía tan desconcertada, después vio como el hombre la atrapó de nuevo entre su cuerpo y el seto, inclinándose para decirle algo seguramente insolente, por la forma de huir de él al oír la voz de Anthony. En el momento en que supo que había sido Terrence el misterioso hombre, sintió tanta furia como la de Archie… Pero sabía que debía mantener la calma… a golpes no resolverían nada y uno de los dos debía mantener la sangre fría… Que ruin fue Terrence Grandchester… que se aprovechara de la inocencia de su prima como lo hizo… Ya buscaría la forma de hablar con él, sin que lo supieran su hermano y su primo. Se sorprendió más al saber lo ocurrido con Anthony… ahora comprendía a la joven. Terrence había logrado su objetivo. ¿Es que no tenía límites?... "No… no los tiene…y menos si se trata de lastimar a alguien…" y a pesar de lo que creía del joven pirata, lo intrigaba más el que su prima cediera ante sus avances tan atrevidos…
Fin del Flash Back
Se dirigió a la cabina del Capitán, tenían que recorrer otro puerto e inspeccionar sus fortificaciones más, antes de regresar a Port Royal. Debía pensar muy bien como ajustar cuentas con Terrence, después de todo, sólo él había podido mantenerse al margen de la situación que se presentó en el pasado.
PORT ROYAL
La hermana María había encargado a Candy el cuidado de Terrence mientras iba por paños limpios pues la fiebre no cedía. Al entrar a la habitación, se dio cuenta de que el joven deliraba, se acercó para verlo empapado en sudor, se sentó y pasó una mano por su frente cuando él la atrapó de repente con fuerza, asustándola.
¡¡¡MADREEEE!!!... POR FAVOR… POR FAVOR… NO ME DEJES… - Gritó mirándola aterrado. – ME ASUSTA…
Terrence… tranquilízate, fue… fue un mal sueño… - Susurró, tratando de soltarse con delicadeza.
¡¡¡POR FAVOR!!!… NO ME DEJES… NO QUIERO VIVIR CON ÉL… ME ODIA… QUIERO VIVIR CONTIGO… NO IMPORTA DONDE… SOLO… ALÉJAME DE ÉL…
Descansa… tienes fiebre… - Había logrado liberar su mano, pero él continuaba mirándola con temor. – Tenemos que bajar la fiebre para que te recuperes… todo estará bien…
PROMÉTEMELO… PROMÉTEME QUE NUNCA ME DEJARÁS DE NUEVO…
Yo…
¡¡¡JÚRALO!!!...- Insistió él. "Cree que soy su madre… ¿Qué haré?" No podía negarse, por más enfadada que estuviera con él por lo ocurrido, sentía tanta lástima que no le quedaba otra.
Aquí estoy… Terry… a tu lado… no me iré… lo juro… nunca más estarás solo… Terry… - Comenzó a acariciar su cabello con ternura, él cerró lo ojos. - Estaré siempre a tu lado…
Te extraño… no me vuelvas a dejar… - Comenzó a susurrar mientras entreabría los ojos, como asegurándose de que ella no lo dejaría. En ese momento la hermana María entró pidiéndole a Sam que la ayudara a meterlo a la bañera y a Candy que saliera. En cuanto estuvo fuera de la habitación, se dirigió a la de Annie, pero una vez a punto de llamar, decidió no hacerlo y se dirigió a la de ella.
¿Qué pasa Candy? – Preguntó la mucama al encontrarla parada en el pasillo, con la mirada perdida.
Na… nada…
No te preocupes, el Joven Grandchester estará bien… tuvo suerte que lo encontraras en la playa…
Si… - Contestó distraída. Mientras Dorothy hablaba alegremente al dirigirse a su habitación, ella sólo pensaba en lo que le había dicho a Terrence: "Lo juro… nunca más estarás solo… Terry… Estaré siempre a tu lado…" Sacudió su cabeza furiosa con ella misma, "¿Cómo es que pude llamarlo así… Seguramente se enfurecería si me hubiese escuchado estando en sus 5 sentidos… Dios mío… ¿Por qué le dije eso?... es un patán… no lo merece… no merece que yo le tenga consideración… pero…".- Está… tan solo… se siente solo… - Se le escapó decir en voz alta.
¿Quién?
Haaa… - Se sobresaltó al darse cuenta. Estaban ya frente a su puerta - ¿De qué hablas Dorothy?
Dijiste que está tan solo… ¿Te refieres al Joven Grandchester?
Yo… - Ella jugaba con la perilla sin atreverse a abrir.
¿Tanto te preocupa?... – Preguntó la mucama sonriendo misteriosamente, Candy no se dio cuenta.
Me preocupo de la misma forma que por cualquier otra persona… - Respondió abruptamente. – Aunque… - Le dirigió una extraña mirada a la habitación del joven al otro extremo del pasillo.- …por él me preocupo como lo haría por un animal sin dueño…
¡Candy!… - La mucama notaba molesta a la joven. La miró con interrogación. – No hablarás en serio…
No te preocupes estoy bien… no me hagas caso… - Dijo al tiempo que entraba a la habitación.
Desde lejos observaba. Además, se había dado cuenta de que ella no había salido para nada de la Mansión. Ya llevaba 4 días haciéndolo y no había forma de enterarse de lo sucedido sin levantar sospechas. Especialmente las de ella. Había tardado tanto en encontrar a alguien de la tripulación del Teodora en tierra para que le ayudara con su amigo, que cuando llegó, vio como era trasladado por dos hombres hasta una calesa y ésta dirigirse a la Mansión del Gobernador. Como siempre, ella estaba ahí en el momento preciso, como un ángel guardián. Eso quería decir que el Capitán del Teodora estaba en buenas manos, aunque su tripulación estaba ya desesperada por partir y ansiosos por saber que había sido de su Capitán, esperando que él les informara.
CERCA DE PORT ROYAL
Estaba ansioso por llegar. Desde que había despertado se había dirigido al puente para relevar a su compañero en el timón. Al alba pudo ver por fin Port Royal. Se imaginaba que ella estaría dormida tranquilamente, mientras que él aún se sentía mal por sus actitudes.
¿Durmió bien, Oficial Brown?.- Al escuchar la voz rápidamente se cuadró para saludar al Capitán, había estado tan perdido en sus pensamientos que no lo vio subir al puente.
Si señor…
¿Y por qué no puedo creerle Oficial Brown? .- Respondió el saludo, el joven lo miró antes de fijar nuevamente su vista al frente volviendo a tomar el timón. Le sonreía maliciosamente.
¿Señor?
Ummmm… ¿Cómo se llama la Dama?... Lo he observado… tiene el problema más común de todos nosotros… - Muy a su pesar sintió como se sonrojaba.- Una mujer… y una muy hermosa he de suponer… ¿Se tratará de la joven rubia con la que lo he visto últimamente acompañado?...
… - El capitán escuchó un discreto suspiro del joven.
No se preocupe Oficial Brown, sea lo que sea ella lo perdonará… – Comenzó a reír ante la sorpresa del joven.
El barco arribó antes del medio día. Después de que se les diera permiso de salir, se apresuró a ir a la Mansión del Gobernador. Vio un puesto de flores y eligió las más hermosas que pudo encontrar.
PORT ROYAL
Después de que desayunó, se apresuró a subir a la habitación de Terrence para que la hermana María pudiera tomar algo antes de irse a descasar. Finalmente habían logrado hacer que la fiebre cediera, el joven llevaba un día entero dormido, pero al menos ya era más tranquilo su sueño, le comentó la Hermana María. El médico había pasado todos los días para ver como estaba. Después de que la hermana salió para acompañarlo, miró con detenimiento hacia la cama adoselada. Colocó la charola con su desayuno en la mesilla de noche, "No creo que pase nada si entra un poco de aire" pensó mientras se dirigía a la ventana para correr un poco las cortinas y abrir ligeramente, respiró el aire marino, se sentía bien.
Regresó para recoger las cortinas que cubrían la cama para que el poco aire que entraba le llegara sin problemas. Cuando terminó lo observó, se veía tan tranquilo… tan en paz. ¿Qué le había pasado para que se convirtiera en lo que era: un hombre rudo, arrogante, que gustaba de fastidiar a todo el mundo... un… pirata?… Se acercó a la cabecera, lo miró con detenimiento, su rostro era de facciones perfectas, su cabello se desparramaba un poco por la almohada; él comenzó a moverse, suponiendo que estaba a punto de despertar, ella se alejó.
Ah… ¿Dón… de… dónde… estoy?... – Alcanzó a escuchar mientras llenaba un vaso con agua, vio su mano temblar.
En… en la Mansión del Gobernador… - Respondió aun insegura, no quería mirarlo. Él por su parte abrió más los ojos, solo veía la silueta de una mujer que le daba la espalda.
¿C-cómo… llegué… hasta aquí?... – Carraspeó un poco, sentía mucha sed y la garganta muy seca. – ¡Diablos!... yo… lo siento Milady… no quise decir… sería… ¿Sería tan amable… de darme… un poco de agua? – Trató de incorporarse, pero todo le dolía, incluso soltó un breve quejido, el cual asustó a Candy, dejando el vaso y precipitándose a detenerlo.
¡No se mueva!… El médico dijo que no debía hacerlo y… - Él la miró sorprendido cuando ella lo empujó suavemente para que se acostara. Apenada, quitó rápidamente sus manos del pecho del joven y comenzó a acomodar los almohadones para que se sentara cómodamente. Él se limitaba a observarla.
Vaya Pecas… ¿Qué hice… para… merecer esto?... – Ella lo miró sin comprender, tomó el vaso de agua ayudándole a beber, esperaba que no notara su nerviosismo. Él la miró con cierta burla, había tomado su mano, ella no sabía que hacer.- En la misma casa… en la misma habitación… yo en cama… ummm… - Había comenzado a acariciar su mano de un modo que la hacía sentir extraña, al verla sonrojarse, ella desvió rápidamente su mirada al encontrarse con sus ojos, cuando terminó de beber, ella colocó el vaso en la mesilla de noche. Él miró rápidamente a su alrededor, una sonrisa traviesa apareció en su rostro lastimado.- Tú y… yo… juntos… a solas… esto es… muy tentador…
Iré… iré a… voy por la hermana María… - Trató de halarse, pero él no se lo permitió.- Por favor… debo ir… ella sabe más que yo de estas cosas…
¿A qué… le temes?... – La miró profundamente, luego le sonrió de medio lado. – Estando en cama… soy… completamente… inofensivo… puedes hacer… lo que quieras… no me negaré…
Deben revisar sus heridas… - Trató de ignorar sus palabras hablándole de Usted.
¿Por qué no… lo haces… tú?... Serías más… delicada… conmigo… ¿No lo crees?...
… - Ella no pudo decir nada, cada vez se sentía más nerviosa, "Como detesto esa forma en que habla… esa aparente inocencia de sus palabras… con segundas intenciones escondidas… es exasperante…" Él al verla callada y pensativa, sonrió sutilmente.
Pequeña… Pecosa… Ca-Candy… ¿Hasta cuando vas… a tutearme… a llamarme… por mi… nombre?... – Susurró intentando acercar su rostro a su oído, ella pasó saliva contrabajos, sorprendiéndola al llamarla por primera vez por su nombre. Trató de alejarse una vez más.
Tengo que irm… - Con mucho esfuerzo, tomó un poco de impulso para atraparla entre sus brazos, haciendo que cayera encima de él, contuvo un quejido de dolor, no le importó. Ella se sonrojó por estar en esa posición tan impropia, "¿Y si alguien entrara… y nos encontrara… así?". Sintió un extraño escalofrío.
Creo que… hay una… conversación… pendiente… entre tú… y yo… ¿No lo crees?… y que tu estúpido… novio interrumpió… - Susurró interrumpiendo sus pensamientos, ella levantó su rostro para mirar sus ojos, mientras iba acercando sus labios a los de ella, al ver sus intenciones no pudo contenerse ¡¡¡PLAFFF!!!
¡¡¡ERES… ERES UN… UN MALDITO CRETINO!!!... ¡¡¡¿CÓMO PUEDES… CÓMO PUEDES APROVECHARTE DE TU SITUACIÓN?!!!.- Le gritó intentando incorporarse para alejarse de él cuando ¡¡¡PLAFFF!!!. Ella no podía creer lo que pasó… le había regresado la bofetada.
¡¡¡TE DIJE QUE NO LO INTENTARAS… O TE ATENDRÍAS A LAS CONSECUENCIAS!!! – Dijo con rudeza. Ella lo miró asustada, aún la mantenía entre sus brazos, al forcejear, lo lastimó en las costillas haciendo que la soltara al sentir el fuerte dolor. ¡¡¡PLAFFF!!!. ¡¡¡PLAFFF!!!. ¡¡¡PLAFFF!!!. Aprovecho para regresársela. Él se sobaba una mejilla sorprendido. Cuando se recuperó, la miraba con furia. Ella no se amedrentó.
¡¡¡ERES UN… UN MALDITO!!!... ¡¡¡ERES UN… UN MALDITO DESGRACIADO!!!... ¡¡¡TE CREES QUE ERES MUY BUENO PARA LAS MUJERES!!!... ¡¡¡PERO ERES MUY MALO!!!. ¡¡¡MALOOO!!!... ¡¡¡TE DETESTO!!!... ¡¡¡TE ODIOOO!!!.- dijo al tiempo que se dirigía corriendo a la puerta.
¡¡¡LO MISMO DIGO!!!... – Alcanzó a escuchar que le decía cuando cerraba de golpe. Corriendo llegó y bajó las escaleras cuando vio a Dorothy llegar apresurada del comedor.
¡Candy!
Por favor… Dorothy llama a la hermana María…- Trataba de contener su agitación.
¿Qué pasó Candy?...
No… nada… - Trató de sonar tranquila. Tomó aire. – Terrence ya despertó... necesita que revisen…
¡¿QUÉ HACE TERRENCE GRANDCHESTER AQUÍ?!... – Escuchó que alguien más decía pero con cierta furia contenida. Volteó a ver, Anthony estaba ahí, no se había percatado de su presencia. - ¡CONTÉSTAME!... – Ella lo miraba sin saber que hacer.
A-anthony… - Sin querer llevó su mano a la mejilla adolorida, seguramente se veía el enrojecimiento por el golpe.
¡RESPONDE!
… - Lo miró asustada y sin más subió las escaleras corriendo. Él quiso seguirla pero la mucama lo impidió.
Milord Grandchester sufrió un ataque hace algunos días… - Comenzó a decir Dorothy. – Candy y yo lo encontramos muy mal herido… había perdido mucha sangre… tenía mucha fiebre…
Ese maldito bastardo… - Susurró el rubio. La mucama no pudo escuchar sus palabras hasta que él habló en voz alta. - ¿Dónde se encuentra?... Quisiera ver como está…
Sígame Milord… - Él la siguió tratando de contener su furia, pues era evidente que algo había ocurrido cuando Candy bajaba las escaleras. Se detuvieron en la puerta. – Aquí es… - Estaba a punto de llamar, pero el rubio la detuvo.
¿Dónde está la habitación de Candy?...- Preguntó angustiado.
Está al final de éste pasillo…
Gracias Dorothy… Por favor ve que esté bien… si oyen algo… no la dejes venir…
Pero ella… - Anthony la miró serio. - Muy bien joven… - Hizo una reverencia y la vio caminar hasta el otro extremo, en cuanto entró a la habitación, él llamó a la puerta, escuchó la voz de Terrence y entró en silencio. Se quedó cerca de la puerta sin hacer ruido.
"¿Qué diablos me pasó?... ¿Por qué lo hice?..." Pensaba al mirar su mano temblar, "Ella no merece que la trate como lo hice… no es una… no es… como las demás… es… especial…" Suspiró desalentado, hiciera lo que hiciera siempre se comportaba de la peor forma con la joven que sólo había demostrado preocupación por su bienestar. Escuchó llamar a su puerta. "¿Qué haré?... me disculparé…" suspiró nuevamente, a pesar del dolor habló lo más fuerte que podía, mientras cerraba los ojos, quería volver a aspirar la fragancia a rosas de la joven pecosa.
Pase…
Escuchó la puerta abrirse despacio y cerrarse sin hacer mucho ruido. "Tiene miedo… me tiene miedo… Candy… yo no quise…", sin pensarlo más decidió hablar.
¿Por qué… regresaste… Pecosa?... ¿No dijiste… que me odias?... – Su tono era de burla, Anthony caminó lentamente, dándose cuenta de que debía estar muy grave si no se había movido en cuanto entró para ver quien era.- ¿A caso… te gustó… y quieres repetirlo?...
¡¡¡¿QUÉ FUE LO QUE LE HICISTE?!!!.- No pudo soportarlo más y se acercó a grandes zancadas furioso, desenvainando la espada. Terry al verlo soltó una sonora carcajada, que se apagó al sentir un fuerte dolor en sus costados.
Vaya Brown… Si que esa pecosa… te trae de un ala… - Habló con dificultad.
¡¡¡EXPLÍCATE!!!… ¡¡¡¿QUÉ FUE LO QUE LE HICISTE ESTA VEZ?!!! – Acercó amenazadoramente la espada a su rostro.
Nada que… no hubieras… hecho tú…
DÉJATE DE ABSURDOS JUEGOS… SI LE HAS HECHO ALGO… LO LAMENTARÁS…
Bueno… todo… todo depende de ella… como… tome las cosas… ¿No lo crees?...
¡¡¡TE LO ADVIERTO!!!… TIENES QUE DEJAR ESTA MANSIÓN CUANTO ANTES… TÚ NO PUEDES ESTAR CERCA DE LA GENTE DECENTE… ¡¡¡NO DE ELLA!!!… Y DE ESO ME ENCARGARÉ PERSONALMENTE… TODO LO DESTRUYES CON TU SOLA PRESENCIA… - Le enfurecía ver su mirada burlona.- DESPUÉS DE TODO… TU ELEGISTE SER… UN MALDITO PIRATA…
Créeme… si pudiera moverme… ya me… hubiera largado… - Hablaba con dificultad, tratando de no mostrarse débil. - …desde el instante en que me trajeron… no soporto estar en un lugar donde no me llaman… donde todo es apariencia… e hipocresía… ni junto a una entrometida pecosa… que no deja de fastidiarme la existencia… - La puerta se abrió en ese instante, para que la hermana María entrara llevando algunos vendajes, haciendo que ambos hombres dejaran de hablar.
Veo que ustedes se conocen… me alegro… El Joven Grandchester necesita la compañía de más personas… – Dijo la hermana sonriendo (Ignorando lo que había visto), mientras dejaba las cosas sobre una mesa para cercarse a Terrence, quien intentó cruzarse de brazos para mostrarle el desagrado por su comentario, pero el dolor lo detuvo, conteniendo una exclamación de dolor. Anthony apenado escondió la espada rápidamente.
La dejo hermana con su "paciente"… necesito ver a Candy… Permiso… - Se despidió Anthony sin dejar de mirar retadoramente al moreno, quien le dirigía una sutil sonrisa burlona. Envainó su espada mostrándole su furia.
Desde que había estado vigilando la mansión del Gobernador, se percató de que no era el único que lo hacía… había visto a un hombre joven y rubio paseaba frecuentemente frente al lugar, como si esperara algo… desde el día en que llevaron al Capitán del Teodora. Le había informado a su propio Capitán, quien continuaba furioso porque su amigo se hubiera puesto renuente a su petición, ignorando todo lo que le debía y se debía a sí mismo… se había percatado del cambio de su comportamiento, se había burlado de él… y lo pagaría… al fin y al cabo mataría dos pájaros de un tiro… aunque, dudaba de su recuperación… sólo era cuestión de tiempo… no por nada era un hombre que lograba aterrorizar… Debía planear cuidadosamente su venganza… por el momento continuarían vigilando la Mansión del Gobernador.
Salió furioso, respiró profundo para tranquilizarse mientras llegaba hasta la habitación de la joven, cuando llegó nuevamente respiró hondo y profundo, "Aquí voy".
Candy… ¿Podemos hablar? – Llamó a la joven desde la puerta.
¡VETE!...- Contestó ella sin abrir. Ni siquiera había dejado pasar a Dorothy. Había estado en la cama, llorando, no quería que la vieran así, se levantó rápidamente para mirarse en un espejo, su mejilla estaba un poco roja, se sentía avergonzada, "¿Qué haré?" paseaba por su habitación nerviosamente, se dirigió al tocador, para limpiarse los ojos y tomar la talquera y ponerse un poco de polvo con el fin de ocultar el enrojecimiento.
¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES QUE HAGA?!... – Escuchó tras su puerta.
¡DIJE QUE TE FUERAS!. – Gritó un poco exasperada mientras se observaba. – ESO ES LO QUE QUIERO QUE HAGAS… DÉJAME EN PAZ…
¡¿A CASO QUIERES QUE TE FALTE AL RESPETO COMO LO HACE TERRENCE?!... - Se dio cuenta de que sonaban muy crudas sus palabras. Pero no le importó. - ¡¿SOLO ASÍ PUEDO TENER UN POCO DE TU ATENCIÓN?!…- Lograron el efecto deseado, ella abrió la puerta furiosa.
¡¡¡¿CÓMO TE ATREVES?!!!
¡¿ESO ES LO QUE HA HECHO?!.- Preguntó, mirándola de forma penetrante, ella palideció.- ¡CONTÉSTAME!…
BUENO, CREO QUE ES TÍPICO DE USTEDES LOS HOMBRES CREER QUE TENEMOS QUE AGUANTARLES TODO… INCLUSO SUS INSULTOS… - Dijo intentando cerrar de nuevo, pero Anthony lo evitó.
No quiero que peleemos… - Comenzó a hablarle con dulzura. - Perdóname mi amor… - Ella dejó de forcejear con la puerta. – No quisiste leer mi nota… No quisiste ni verme…
Yo… yo… estaba tan molesta… Entiéndeme por favor…
Lo sé… no debí… haber hecho lo que hice… debí pensar más en ti… ni debí decir… - Ella colocó un dedo en sus labios.
Te perdono… - Dijo sonriéndole.
¿Ahora si me dirás que te ha hecho ese patán?
Nada que un par de bofetadas puedan detener…
¿Él… ha intentado algo? - La miraba con insistencia.
¿Cuenta el hecho de que se esté burlando de mis pecas o llamándome por algún otro apodo?
¿Eso es todo? - Preguntó escéptico.
S-si… no te preocupes… - Nuevamente le mintió.
Te extrañé mucho… - Se acercó para abrazarla.
Yo también…
La observaba con curiosidad cuando entró y dejó la bandeja sobre la mesilla de noche. Mientras la mucama quitaba la del desayuno intacto. Hacía todo como si temiera estar a su lado. Sonrió, siempre supo lo que podía hacer con su sola presencia a una mujer… excepto a una en especial.
¿Por qué… la Pecosa no… no ha venido?... – Su voz la sobresaltó tanto que derramó el vaso con agua que le iba a dar. La mucama se apresuró a limpiar.
¿Qué importancia tiene? ¿No la molestó cuando vino a traerle el desayuno que se tomó la molestia en prepararle, "Milord"? – Dijo la morena mientras le acomodaba las almohadas con ayuda de Sam. - ¿A caso le divierte molestar a las jóvenes bien educadas y solas?
¿Y es… por eso… que tú vienes… con refuerzos?
La verdad yo no me fío de sus intenciones… siendo lo que usted es…- Terrence la miró de forma penetrante, ella se puso nerviosa. – A-además, u-usted le echó a perder la sorpresa Milord… es un maleducado… No puedo creer que usted sea parte de la nobleza… compadezco al Duque…
¿Es que se tomó la molestia… en hacerlo… para mí?.- La interrumpió con burla. – Una dama de noble cuna,… se tomó la molestia de… hacer un poco… de trabajo doméstico, impropio de ella, ¿Para mi?...
Por si quiere saberlo: si, ella misma lo preparó, yo la vi… pero creo que hay personas que no saben lo que es la gratitud. – Colocó sin previo aviso la bandeja sobre sus piernas, lastimándolo, pero él logró contener la expresión de dolor.
¿En… en dónde… está…? Quiero… quiero verla…
Lo siento Milord, ella ha estado encerrada cuidando de su salud, que su primo la llevó a pasear…
¿Todo este tiempo… ha estado… cuidándome…? - No comprendía. A pesar de los malos ratos que le había hecho pasar, estuvo a su lado. Pero algo más atrajo su atención. - ¿Su… su primo?...
Si, usted al parecer lo conoce bien: Anthony Brown…
Ardley… - Finalizó con una sonrisa maquiavélica. "Qué idiota fui… son primos… aunque eso no podría evitar que ellos… después de todo, esa sobreprotección por parte de él…y… la ha besado…" Cerró sus manos con fuerza al sentir algo extraño en su pecho.
Si, ellos necesitan estar a s-o-l-a-s… - Dijo Annie viendo como el joven hacía esfuerzos… "¿Qué es lo que le sucede?... A caso el arrogante caballero, ¿Trata de esconder sus sentimientos?... ¿Él…? Eso es imposible… Por Dios Annie es un pirata… sólo tiene el orgullo herido" Pensó divertida. - Si no necesita algo más, nos retiramos…
¡¿Ellos… ellos salieron… solos?!.- Le extrañó su tono desesperado.
¿No es eso lo que hace una pareja de e-n-a-m-o-r-a-d-o-s?...- Se dio la vuelta diciendo esto mientras contenía una risilla, "Esta va por ti amiga… ¿Qué se cree este cretino?".
¡¡¡ESPERA!!!
Que descanse Milord… No debe esforzarse, le hará daño… Más tarde la hermana María vendrá a verlo…
¡¡¡ESPERAAAA!!! - Ignoró su urgencia en la voz. Cerró la puerta. "¡¡¡DEMONIOS!!!... ¡¡¡¿QUÉ PUEDO HACER!!!..." Intentó moverse, pero el dolor en sus costados era terrible, apenas si lo podía soportar, le dificultaba la respiración y aún así hizo el esfuerzo por salir de la cama. "¡¡¡NOOOO… DEBO… EVITAR…!!!" fue lo último que pensó antes de caer al suelo desvanecido.
Madame Britter y la Hermana María habían dado su consentimiento para que Candy saliera un rato con Anthony ya que no lo había hecho desde que encontraran al moreno. Esto disgustó un poco al rubio, pero sabía que ella lo hacía por ayudar en cuanto escuchó a la monja lo que hacía en el San Pablo. Ambos salieron en su corcel blanco, ella estaba maravillada por la brisa del mar, ¿Hacía cuantos días que no la sentía? habían tomado un camino que los alejaba un poco de Port Royal.
Quiero llevarte a un lugar que descubrí en las rondas de patrullaje que hacemos. – Dijo una vez que salieron del pueblo.
¿Crees que no nos caeremos? .- Preguntó Candy cuando él comenzó a arrear al caballo.
No, es muy noble…
Sostenme con fuerza Anthony…- Dijo mientras se abrazaba a él.
No te preocupes… no te pasará nada…- Dijo mientras el caballo galopaba.- No te dejaré caer… - "Se siente tan bien… puedo sentir su corazón latir… y en el viento oír su voz". Pensaba la pecosa.
Se aferraba cada vez más al joven, él al sentir la fuerza con que ella lo abrazaba se sentía complacido. Así estuvieron hasta que lentamente el caballo se iba deteniendo, Candy abrió los ojos, estaban cerca de un acantilado dónde tenían la vista más hermosa que ella jamás hubiera visto. Por un lado se veía Port Royal contrastando con los diferentes tonos del mar, por el otro el cielo en el que comenzaba a ponerse el sol.
¿Qué te parece Candy?.- Dijo el rubio mientras bajaba para ayudarla.
Es… es muy hermoso…
Quería compartirlo sólo contigo… ni siquiera a los chicos les conté…
Que malo fuiste con ellos… - Comentó mientras le sonreía.
Este es nuestro secreto… - Dijo mientras acercaba su rostro al de ella, la besó. Se quitó la casaca para que Candy pudiera sentarse, haciéndolo él a su lado, la abrazó.
Me gusta mucho… - Dijo aspirando el aroma del mar mientras apoyaba su cabeza en su pecho. Él la estrechó. Ella cerró los ojos para poner atención al latido de su corazón- Se siente tanta paz…
No quiero que Grandchester arruine lo nuestro… - Dijo inclinándose un poco. Ella abrió los ojos confundida. Iba a besarla de nuevo pero se detuvo al ver sus ojos interrogantes.
¿Qué tiene que ver ese truhán con nosotros? – Preguntó con brusquedad la pecosa. Anthony sonrió con cierto placer al escucharla insultarlo. Ella se separó.
Que haría hasta lo imposible por separarnos…
Pero ¿Por qué?... ¿Qué es lo que sucede entre ustedes?
No creo que este sea el momento…
¡¿Y cuando lo será?! – Estaba comenzando a molestarse.- Siempre que comienzo a preguntar dicen lo mismo… - Él la miró sin comprender.- Se lo pregunté a Archie y te lo he preguntado a ti… siempre hay algo más importante que no pueden decírmelo en ese momento… - Se incorporó rápidamente para mirarlo.- ¡ESTOY HARTA!
Candy… por favor… - Se apresuró a hacer lo mismo.
"Si Candy… Por favor…".- Escucharon unas voces y risas burlonas, ellos voltearon a ver, unos hombres desaliñados con expresiones grotescas los estaban rodeando mientras salían de entre la vegetación. Candy comenzó a caminar hacia atrás, Anthony la protegía con su cuerpo al desenvainar la espada. Su caballo intentó patear a los sujetos pero estos al tratar de tomar las riendas soltó un par de coses más y escapó a todo galope. "Corre… corre… trae ayuda por favor" pensó el rubio sonriendo.
Este soldadito de pacotilla no es nada para nosotros, así que "por favor linda" se amable y ven con nosotros… - Dijo un sujeto, mientras todos reían como tontos.
¡¡¡DÉJENLA EN PAZ!!! – Dijo Anthony con autoridad, mirando a su alrededor en busca de una forma de escapar. Recordando que atrás de ellos estaba el acantilado y no era una opción viable.
"¿O si no… que?".- Se burló un hombre desdentado y con un parche en el ojo izquierdo mientras hacía gestos que a la rubia le daban horror. De pronto uno de esos hombres la haló.
¡¡¡CANDYYY!!! – Gritó desesperado el rubio, que era rodeado por los tipos mientras ella intentaba soltarse tratando de arañarlos y patearlos.
¡¡¡S-U-É-L-T-E-N-M-E-E-E-E… DE INMEDIATO!!!.
Vaya que es agresiva la gatita…- Se rió otro.
¿Qué quieres que hagamos con él?.- Preguntó otro sujeto.
No lo sé… ¿Qué haría el Capitán con él?... – Respondió fingiendo que pensaba.
Lo torturaría… después lo torturaría y finalmente…- Dijo un hombre muy mayor haciendo un gesto terrorífico – Lo volvería a torturar para después descuartizarlo… bueno, no exactamente, eso sería después de haber sacado su corazón y com…
¡¡¡BASTAAA!!!.- Gritó Candy aterrorizada, comenzando a llorar. – Déjenlo… por favor… Díganme: ¿Qué es lo que quieren?...
A ti… preciosa… - Siseó el hombre enorme que la estaba sosteniendo de los brazos para evitar que los golpeara.
¿Pero por qué?
Por que vales mucho oro chiquilla… - Dijo otro acercándose y tomando su rostro para verla mejor. – ¡Llévensela!
¡¡¡ALTOOO!!!
Anthony estaba desesperado, se lanzó al ataque mientras veía que se la llevaban, ella intentaba con todas sus fuerzas escaparse mientras llamaba al rubio. Los piratas comenzaron a atacarlo, riendo divertidos por sus esfuerzos por liberar a la pecosa, sabía lo mañosos que podían ser en un enfrentamiento de espadas, pero logró herir a varios. De pronto se escuchó una detonación, Candy no pudo evitar mirar atrás al darse cuenta de dónde procedía.
¡¡¡CANDYYYY…!!!
¡¡¡ANTHONYYYYYY!!!.- Lo vio soltar la espada, estaba a la orilla del precipicio, sólo fue un instante… y cayó… - ¡¡¡NOOOOO… ANTHONYYYY!!!
Las risas burlonas de los hombres le parecían insoportables… "¡¡¡Nooooo!!!… no Anthony… no te mueras… tú no… no quiero estar sola… no otra vez…" Dejó de luchar, su cuerpo cayó flácido entre los hombres que la tenían sujeta.
¡¡¡DÉNSE PRISA!!!
Con estruendosas risas se la llevaron…
Continuará…
