Capítulo 6
Entre Tinieblas
ADVERTENCIA
Estimado lector (a):
El presente capítulo tiene contenido fuerte susceptible de herir la sensibilidad del lector; si quien lee no está preparado para dicho contenido, se les invita cordialmente a abstenerse o en su caso dejar de leer este fic.
Gracias de antemano.
Con cariño y respeto a todos.
Nep.
PORT ROYAL
Se sentía terriblemente inquieto. Desde el mesón que visitaba a diario, no podía ver que ellos regresaran, se habían ido antes de la puesta del sol, mientras observaba a la gente pasar, pensaba que si iba a la mansión y casualmente se los llegaba a encontrar, no sabría como explicarle a ella su estancia en Port Royal. De pronto alcanzó a ver un caballo blanco que corría solo, desbocado. "¿De dónde viene?... si mal no recuerdo, ese es el caballo de Anthony… ¡Candy!… ¡¿Dónde estarán?!... ¡¿Qué habrá pasado?!", lo siguió hasta el fuerte donde estaba la compañía del Oficial. La espera se le hacía insoportable, algo no andaba bien, "¿Cómo saber…?"
Stear estaba en las barracas, afilaba su espada pensando en la forma de ver a Terrence y hablar con él… ¿Pero en dónde encontrarlo? Aparecía y desaparecía como un fantasma. De una cosa estaba seguro, se había enterado de que no había abandonado Port Royal, El Teodora seguía anclado ahí, pero sabía también que sus hombres no lo habían visto ni sabido nada de él en varios días. Eso no le agradaba. Alcanzaría a Anthony en la Mansión del Gobernador, ya le había dado el tiempo suficiente para estar con Candy, ahora era su turno de ir a saludar a su prima. En cuanto salió, algunos de sus compañeros al verlo lo llamaron a las caballerizas, ahí nervioso, estaba el caballo de su primo.
¿Qué sucede?
No lo sabemos… llegó solo… ni rastro de Anthony… hemos tratado de acercarnos, pero no nos deja… - Stear se acercó poco a poco, haciendo ruidos tranquilizadores, lo alcanzó a tocar un poco para darse cuenta de que estaba húmedo, como si llevara mucho tiempo corriendo.
¿Saben si Anthony tenía que ir a algún otro lado? – Los miraba inquieto mientras todos negaban con la cabeza.
Solo sabíamos que iría a la Mansión del Gobernador… pero eso fue hace unas horas…
Iré a averiguar… - El caballo seguía moviéndose de un lado para el otro nervioso. En cuanto el moreno montó un caballo y salió rumbo a la Mansión, el caballo de su primo salió corriendo como loco tras él para después rebasarlo. Sus compañeros fueron tras ellos sorprendidos de la reacción del animal. Stear se detuvo. A pocos metros, el animal hizo lo mismo. - ¡QUE ALGUIEN AVISE AL GOBERNADOR LO OCURRIDO!… ¡YO SEGUIRÉ AL CABALLO!… QUIZÁS QUIERA MOSTRARME ALGO…
Te acompaño… Si le pasó algo, dudo mucho que puedas tu solo…- Dijo otro joven.- Avísenle también al Capitán…
¡STEAR! ¡DONN!... ¡¿ESTÁN LOCOS?! ¡¿CÓMO… - Comenzó a decir uno de sus compañeros.
No lo sé, solo es una corazonada… - Dijo Stear, arreando su caballo, seguido de su amigo. Al salir del fuerte, un hombre se le atravesó, costándole trabajo detener su caballo para no herirle.
¡SEÑOR: HÁGASE A UN LADO!… NO TENGO TIEMPO QUE PERDER… - Dijo al ver su aspecto.
¡ESPERA!… ¡SOY AMIGO DE CANDY Y ANTHONY!… ¡¿QUÉ HA PASADO?!… Vi el caballo de él correr hacia el fuerte…
No lo sabemos… iremos a averiguar…
Avisaré al Gobernador…- Dijo el rubio… "No me importa que se descubra quien soy… debo encontrar a mi Pequeña"…
Se sentía muy extraño… todo daba vueltas… escuchaba el ruido del mar embravecido… le pareció ver un barco… la voz de ella llamándolo con desesperación… quiso moverse pero era inútil… todo le dolía… "Perdó…name… perdón… Candy… Candyyyy" Gritaba sin poder hacer nada.
¡OH DIOS MÍO!... – Escuchó una voz entre sueños, después un golpe seco, le parecía el tiempo eterno… silencio… y él, incapaz de moverse… un sonido que no pudo identificar… voces a su alrededor que hablaban alarmadas, sin distinguir sus palabras, poco después sentía como lo cargaban entre dos personas.
¡S-S-S-U-E-L-T-E-N-N-N-M-M-M-M-E!... – Decía con debilidad, intentando liberarse. – C-A-N-D-D-D-Y-Y-Y-Y… - Comenzaba a quejarse de dolor.- ¿D-donnndeeee… donde estáaaas…?
De nuevo está delirando…
Lo siento mucho… yo… yo no quise… Perdó…
Deja ya de culparte. Por suerte sus heridas no se abrieron con semejante caída… hay que revisar sus costillas… - Escuchaba que decían a su alrededor, se sentía tan cansado como para abrir los ojos… no quería hacerlo y ver que su pesadilla se había vuelto realidad… no ver a su lado a la joven pecosa. Sintió que alguien lo revisaba con delicadeza. – No debiste dejarlo ni un momento sólo en su estado… al parecer está bien… ya lo sabremos cuando despierte…
Se lo merecía… - Escuchó sin adivinar de quien era esa voz endurecida.
¡ANNIE BRITTER!, ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?... Veo que Candice ya te ha pegado algo de sus malos modales…
Por muy noble que sea, es un mal educado… siempre haciéndole a…
No eres nadie para juzgar sus acciones…
Pues no es un caballero… por mucho que deslumbre a todos… Candy y yo hemos visto su conducta y es muy inapropiada… con las damas…
Ya es muy tarde y no han regresado… - La otra voz cortó la discusión. Entreabrió los ojos, podía percibir que una monja estaba asomada a la ventana. Los volvió a cerrar. –Cuando llegue esa chiquilla me va a escuchar…
Pero… ha estado al pendiente de… él… lo ha cuidado todos estos días… Necesitaba un respiro… - Escuchó a la mujer mayor suspirar exasperada.
Lo sé… siempre haciendo lo mismo por los desconocidos… debes retirarte Annie… yo me quedaré… y en cuanto Candice llegue…
Le diré que la está esperando… Permiso Hermana María… - Suaves pasos se escucharon y la puerta abrir y cerrarse. Nuevamente abrió los ojos, la monja continuaba mirando por la ventana, se notaba inquieta. Se sentía tan mal… la forma en que había tratado en el baile a la Pecosa… la forma en que la trató esa misma mañana, cuando ella, sólo fue amable… cuando él trató de… lentamente alzó su mano que temblaba… estaba tan arrepentido de sus acciones con la rubia… por primera vez en mucho tiempo… se sentía preocupado por alguien que no fuera él mismo… "Candy…". Cerró lo ojos agotado.
Milord, un hombre desea verlo… dice que es muy urgente… - Dijo Sam entrando al despacho de Lord Britter sin esperar que le respondiera.
¿Quién es?... – Preguntó extrañado por la interrupción, mientras se levantaba para salir tras él. Annie iba a bajar las escaleras mientras observaba al hombre que estaba impaciente en el vestíbulo, caminando de un lado para el otro. "¿Quién será?... Es… es apuesto", se sonrojó, iba a hablarle pero en eso escuchó pasos procedentes del despacho de su padre.
Sir William Albert Ardley… - Respondió Sam, Annie alcanzó a escuchar el nombre al tiempo que el dueño de éste se acercaba a su padre para saludarlo, se sujetó con fuerza del barandal. "No puede… no puede ser… él… seguramente es un error… tal vez sólo sea su mensajero… pero… aun así… viene a llevarse a Candy… a Escocia… por fin… con El Tío Abuelo…" Se quedó parada en lo alto de la escalera sin saber que hacer. Lo miró detenidamente dudando aún que fuera el hombre que desposaría a Candy, era más joven de lo que creía… de lo que todos suponían, su rostro le parecía conocido, Lo miró detenidamente. Tenía un aire a ¿Anthony?... "Pero… mi padre… Realmente ¿Lo conoce?... Si realmente él es Sir William… ahora entiendo porqué la quiere desposar… pobre Anthony… es su tío… y el patriarca del Clan Ardley… ¿Qué será de él si se entera de que ellos... se aman?… son tan felices… ¿Será capaz de separarlos?".
¡William! ¡¿Qué haces aquí?!... Candy podría venir en cualquier momento y tú…
Precisamente por ella estoy aquí. – Annie sintió que sus sospechas eran ciertas. Lord Britter se sorprendió por sus palabras.
Pero… tú dijiste que ella…
No me mal interpretes. Ella y mi sobrino Anthony no han regresado… algo debió sucederles…
¿Cómo lo sabes?... – El hombre rubio titubeó un poco. Annie se asomó más para verlo bien.
B-bueno… Sabes que no puedo presentarme ante Candy aún… aún no como El Tío Abuelo… - Annie estaba sorprendida al escuchar al rubio. - Terrence Grandchester es mi amigo, y quería saber como estaba, en cuanto me enteré de que lo habían traído aquí… Pero como ella no ha salido… supongo que lo ha estado cuidando… no se me ocurría alguna buena excusa para presentarme y ver por mí mismo su estado de salud… no quería que me descubriera… por lo que he estado esperando el momento adecuado… cuando vi el caballo de Anthony regresar solo al fuerte y después a Stear salir…
¡¿QUÉ REGRESÓ SOLO?!... – Lord Britter levantó la vista hacia lo alto de la escalera, los otros dos hombres lo imitaron, Annie no había podido evitar hablar asustada.
¿Sabes algo al respecto?. – Preguntó su padre, ella bajó sin poder despegar la vista de William Albert Ardley. – Por favor Annie…
No. Sé lo mismo que tú… después de la comida pidió permiso para pasear con Anthony. – No podía dejar de mirar atentamente al rubio. Era tan parecido al novio de Candy, solo que más maduro. - Me encargó que cuidara a Terrence en su ausencia…
Esto no me agrada… - Susurró el rubio. – Por favor Henry, necesito ver a Terrence…
Él… él está muy mal… no ha dejado de hablar entre sueños… La fiebre nuevamente no quiere ceder… no creo que él pueda ser de mucha ayuda… - Interrumpió tímidamente Annie.
¿Sabes qué ocurrió con él? - Preguntó Lord Britter al ver la extraña mirada de su amigo.
Es por eso que quiero hablar… - Comenzó a contarles lo ocurrido después del Baile de Máscaras, cuando lo estuvo buscando y supo que alguien más lo hacía, cuando lo encontró en un sucio callejón, le contó que había sido atacado por varios hombres a traición, dejándolo muy mal herido… tal vez creyéndole muerto. Por lo que lo llevó hasta la playa con intención de llevarlo al Teodora. – Desvariaba mucho… debí suponer que se debía a sus heridas… - Se quedó pensativo un momento.
¿Qué piensas William? – Preguntó Lord Britter.
Solo… son especulaciones… - Ambos se miraron con seriedad.- Por favor Henry… no me preguntes… no quiero acusar sin fundamentos…
Creo que solo nos queda esperar… - Comenzó a decir el Gobernador.
No puedo hacerlo… por favor, préstame un caballo… quiero ayudar a Stear a encontrarlos…
De acuerdo. Sam, acompáñalo por favor… si necesitas algo… - Se dirigió a William. – Envía a…
No te preocupes, lo haré… - Ambos hombres salieron. Lord Britter miró a su hija, ahora había comenzado a llorar.
No te preocupes… los encontrarán… - Ella trató de sonreír.
T-tienes razón, t-tal ves no sea nada grave… Siempre se sale con la suya… tal vez sólo se escapó el caballo… y en estos momentos vengan a pie…
Seguramente… - Respondió su padre abrazándola.
EN ALGÚN LUGAR
Se sentía mareada, escuchaba extraños sonidos: las olas del mar, golpes, el rechinar de algo que no podía distinguir, el aroma era nauseabundo, abrió los ojos, pero estaba a oscuras. Quiso moverse, se dio cuenta de que estaba atada de pies y manos, además de amordazada. Escuchaba las voces, pero le era imposible distinguir que decían, no podía recordar cómo había llegado hasta ese lugar. La cabeza le dolía demasiado… era insoportable. De pronto escuchó pasos, se fingió dormida. Algo dijeron los hombres y se alejaron. Quiso sentarse, pero era imposible, no podía distinguir el lugar en el que se encontraba.
PORT ROYAL
Dorothy se encontraba en el jardín cuidando de Clim mientras conversaba con los demás miembros de la servidumbre, vio salir a Sam seguido por otro hombre rumbo a las caballerizas con mucha prisa, se sentía preocupada, se apresuró a seguirlos.
¡SAM!... ¡SAM!... – El hombre se detuvo al escuchar su nombre, la joven le sonreía.- ¿Qué sucede?...- Vio que él no lo hacía, al contrario, mostraba preocupación, y comenzó a acariciar al animalillo que estaba en sus brazos para no mirarla directamente al hablar.
Milady Ardley no ha llegado… el caballo del Oficial Brown llegó sin ellos…
¡¡¡OH… POR DIOS!!!... SIR WILLIAM… SI LE PASA ALGO NO ME LO PERDONARÁ… - Se recargó angustiada en la puerta de las caballerizas.- La Señorita Pony… se enfadará por haberla descuidado y…
No te preocupes Dorothy… no te culpo… - Escuchó que decía el rubio interrumpiéndola, levantó la vista apenada y sin comprender sus palabras. – No es tu culpa… sé que has cuidado muy bien de ella…
Pe… pero… discúlpeme… ¿Quién es usted?...
Soy… William Albert Ardley…
No puede ser…. cierto… Pero… usted... usted…
Cuando regrese, explicaré todo… debo encontrar a Candy y a Anthony primero… - Dijo tomándola por los hombros para tranquilizarla. Mientras Sam ensillaba los caballos, daba instrucciones a otros hombres que se ofrecieron para acompañarlos, corrían de un lado a otro encendiendo antorchas, tomando sogas y apresurándose. Albert los observó, no pudo reprimir una sonrisa.- Por lo que veo aquí también hizo más amigos…
Es algo que no puede evitar… - Dijo la joven mucama mientras lo veía montar y esperaban a que los demás hombres estuvieran listos.- Por favor Milord… encuéntrela…
No te preocupes… prometí que siempre la cuidaría… - Le sonrió con tristeza. Ella vio que ya estaban todos listos.
Milord… ¿Por dónde comenzaremos?... – Preguntó Sam.
Supongo que… - Se quedó pensando, se había precipitado… Stear iba siguiendo al caballo, ¿Cómo lo encontrarían?... No había tiempo que perder. Los hombres lo miraban interrogantes. "Era tarde cuando salieron… ella ama ver los paisajes… las puestas de sol… los lugares altos…" miró a Sam. – ¿Sabe de algún lugar donde pueda tenerse una magnífica vista de Port Royal?.- Preguntó casi rogando porque el hombre lo supiera.
¡¿No estará hablando enserio, Milord?!.- Preguntó el hombre extrañado por la pregunta.
Conozco a Candy… es una joven poco común… y es enserio…
Pero puede ser peligroso… - Susurró el hombre. Albert lo miró.
¿Sabe dónde es?.- Insistió al verlo palidecer. Sam asintió.
Es un acantilado muy alto… a las afueras de Port Royal…
¡RÁPIDO!... ¡POR FAVOR… GUIANOS!.- Lo interrumpió abruptamente.- TENEMOS QUE APRESURARNOS… - El hombre asintió y salió a todo galope, seguido por los demás. Clim escapó de los brazos de Dorothy y corrió tras el grupo.
Desde la ventana pudo ver la agitación que había fuera de la mansión, como salía un caballero y varios sirvientes a caballo, portando antorchas. "¿Qué habrá sucedido?"
C-Can…dy… C-A-N-D-Y-Y-Y-Y… - Escuchó que el joven llamaba a la Pecosa, se giró a verlo, no abría los ojos, pero la llamaba desesperado. Se acercó, pasó una mano por su frente y nuevamente estaba ardiendo en fiebre. Cuando la iba a retirar, abrió los ojos, su mirada la asustó, era angustiante. – ¿Qui… quién… es… u-usted?… ¿D-Dónde… dónde… está… Candy?... Q-quiero… quiero… verlaaaa…
Tranquilícese Milord… ella salió a dar un paseo, no se preocupe… en unos momentos volverá y…
¿S-so… sola?... – Hablaba con dificultad, parecía angustiado.
No… El Oficial Brown la acompañaba… - Soltó una especie de bufido y no pudo distinguir lo que dijo entre dientes. - Por favor Milord Grandchester, no debe alterarse… – Al decir esto, lo vio sudar copiosamente, tomó una cuerda cercana a la cama del Joven para llamar a la servidumbre En cuanto entró una mucama dijo: – Debemos bajar la fiebre nuevamente… o no podrá recuperarse… - Salió de inmediato.
C-Caaan…dyyyyyy… q-qui… q-quiero… v-ver… verlaaaaa…
Más tarde la verá. – Le puso un paño húmedo en la frente, haciendo que se estremeciera. Entró la mucama y otros dos hombres para ayudarla. – En este momento nos preocupa su salud, Milord… - Dijo mientras le quitaba las frazadas.
Qui… quiero… ver que… se en… encuentra bien… a salvo… - Volvió a desvanecerse. La Hermana María se preocupó por sus palabras.
Stear y Donn se dieron cuenta de lo retirado que ya estaban de Port Royal, apenas si podían ver el camino debido a la maleza. Escuchó un relincho, el caballo de Anthony se detuvo a la orilla de un acantilado. "¡Diablos!... ¡¿AQUÍ?!...¿Cómo se les ocurrió llegar hasta este lugar?..."
¡STEAR… MIRA!…- Dijo Donn que había desmontado para recoger algo, el moreno puso atención, mientras su amigo lo extendía, era la casaca de Anthony… algo brilló un poco más lejos.
¡NOOO!… - Bajó de un brinco para correr hacia dónde vio el destello, era la espada de su primo, tenía sangre. Se acercó con temor a la orilla, pero debido a la oscuridad de la noche que comenzaba a descender, no podía distinguir nada… - ¡¡¡AAANNTHOONYYY!!!... ¡¡¡CAAANNNDDYYYYY!!!.- Gritó, esperando que contestaran, comenzó a sentir un terrible vacío… "Anthony… Candy… no puede ser que…" Cayó de rodillas abatido.
Ánimo Stear… no pudieron haber… - Donn al instante se calló. El moreno tenía tal mirada que era imposible seguir hablando.
El caballo de Anthony se le acercó, como si también tratara de consolarlo. No sabían cuánto tiempo estuvieron así, en absoluto silencio, solo escuchaban el romper de las olas abajo. Había pasado el tiempo, a lo lejos les pareció oír el galope de más caballos. Donn al ver a su amigo como en trance, sin reaccionar ante el sonido de los cascos, se volteó y alcanzó a ver las antorchas irse acercando. Vio a un hombre negro que guiaba al grupo hasta ellos, cuando llegaron, un hombre rubio brincó de su caballo.
¡¡¡STEAR!!!... ¡¡¡¿LOS… ENCONTRARON?!!!.- Vio que el joven no se movía. Decidió hablar con el otro. Estaba muy alterado. Lo tomó por la casaca sin hacer caso de lo que tenía en sus manos. - ¡¡¡¿LOS ENCONTRARON?!!!
Encontramos la casaca y la espada de Anthony… - Explicó sin atreverse a preguntar quien era ese hombre.
¡¡¡¿LOS ENCONTRARON?!!!... – Insistió exasperado. Donn negó con la cabeza.
¡MILORD… TIENE QUE VER ESTO!...- Dijo uno de los sirvientes que lo acompañaban, Albert se dio la vuelta, a la luz de las antorchas descubrieron muchas huellas, se inclinó y pudo ver algo que parecía ser sangre. Otra espada… levantó la vista, a poca distancia el cuerpo de un hombre con muy mal aspecto, como un mendigo. Uno de los sirvientes lo movió con el pie, pero no hubo reacción alguna, estaba muerto.
¡¡¡PIRATAS!!!... ¡¡¡DIOS MÍO… LOS ATACARON PIRATAS!!!. – Exclamó, no podía creerlo. En eso Clim saltó hacia él. – ¡¡¡CLIM!!!… ¿Qué haces aquí?... Candy no está aquí… conmigo… - Se dio cuenta de que lo haloneaba de la bota. – Clim… por favor, no es momento de jugar… - Pero el animalillo insistía. "¿Será posible que los haya encontrado?... Ojalá hayan podido escapar de ellos…". - De acuerdo amiguito, iré… - Se incorporó y lo siguió hasta la orilla del acantilado, donde el nervioso mapache lloriqueaba sin dejar de ver hacia abajo. Los hombres con las antorchas se acercaron, la marea estaba subiendo, se dio cuenta de que había varias salientes. "¿Será posible… que ellos?". Volteó a mirar al animalillo que seguía mirando hacia abajo.
Cree que puedan estar allá abajo… - Dijo un hombre. Albert miró a los sirvientes que lo observaban ansiosos por ayudar.
Por favor… Denme una soga… Debo bajar…
Pero… Milord… usted no debería hacerlo… es muy tarde… hay poca visibilidad ya y… y la marea…
DEBO BAJAR… - Dijo al tiempo que se quitaba la casaca, el chaleco y se arremangaba la camisa.
Es muy peligroso Milord, deje que… - Comenzó a protestar Sam al verlo atarse un extremo a la cintura y entregarle el otro a uno de los sirvientes para que lo atara a algún árbol. Albert lo miró con determinación.
No me importa… tengo que encontrarlos… son mi responsabilidad… - Sam lo detuvo.
Lo acompaño Milord… - Dijo tomando otra soga que le tendió uno de los hombres, después de atarlas a los árboles los ayudaron a bajar. Stear hasta ese momento pareció reaccionar.
Iré con ustedes… - Susurró.
¡¡¡NOOO!!!. ¡¡¡QUÉDATE AQUÍ!!!… - Ordenó Albert mirándolo de forma penetrante, se sintió muy intimidado por él. Su rostro le parecía familiar.
¡¡¡¿QUIÉN SE CREE PARA QUE ME HABLE ASÍ?!!! – Lo retó molesto.
SÓLO OBEDECE… YA HABRÁ TIEMPO DE HABLAR…
…
SERÁ MEJOR QUE LO HAGAS.- Dijo con firmeza Donn deteniéndolo, había estado apunto de darle un puñetazo al rubio. – Lo hace por tu bien… estás muy alterado… y en ese estado no serás de mucha ayuda allá… – Se soltó con brusquedad para alejarse mientras veía a los dos hombres descender.
Soy un cobarde… - Susurró. Donn lo escuchó.
No lo eres… tal vez te niegas a…
¡NO LO DIGAS!… - Gruñó mientras ayudaba a sostener una de las cuerdas con las que los dos hombres descendían.
De acuerdo… como tú quieras… Sólo ten fe…- Insistió el castaño.
"Fe"… - Se burló.
Después de haber bajado la temperatura del joven y cerciorarse de que dormía tranquilamente. Salió de la habitación. "¿Candy no habrá llegado aún? Seguramente está haciendo todo lo posible por no verme. Espero que tenga una muy buena excusa." Al salir, vio que los sirvientes hablaban en susurros a su paso, ella los ignoró. Decidió ir al despacho del Gobernador. Se dirigía hacia allá cuando vio que estaba en el salón con su esposa y su hija.
Hermana María… - La llamó.
¿Si, Milord?
Tenemos que hablar con usted… - Al verlo tan serio suspiró resignada, "¿Qué habrá hecho?..." - Es muy delicado…
¿Qué hizo esta vez Candy, Milord?
No es nada de eso… Por favor, siéntese… Lo necesitará…- Dijo sin saber como comenzar a decirle lo ocurrido. Ella no le hizo caso. Lo miró de forma penetrante. Así que habló. - Ella y el Oficial Brown… no han llegado aún… - Ella palideció, iba a decir algo pero el Gobernador no lo permitió. – No me mal interprete Hermana… El caballo del Oficial Brown… llegó sin ellos al fuerte y… - Ella sintió un repentino frío.
¡¡¡DIOS MIO!!! – Se tambaleó un poco.
Hermana María… - Annie fue a ayudarla a sentarse.
Stear y… su tutor fueron con algunos hombres a buscarlos…
¿S-su… tutor… aquí?… - No comprendía nada. Lo miraba con tanta inquietud y sorpresa.
Creo que es necesario que les explique algunas cosas… mientras esperamos… - Dijo gentilmente el Gobernador.
EN ALGÚN LUGAR
"Qué hora será?... ¿Cuánto tiempo llevo aquí?... quiero salir de este lugar… no lo soporto…este extraño movimiento… este repugnante hedor… me da nauseas… quisiera que esto parara… no soporto… más…" De pronto la angustia la desesperó, intentó moverse, pero era inútil. Comenzó a pensar... imágenes confusas dentro de su cabeza… ¿Cuáles eran reales?... risas perversas… alguien tratando de liberarse… una lucha… sonidos metálicos… el brillo de espadas entrecruzándose… más risas perversas… alguien llorando… un arma… un disparo… un hombre… gritos al mismo tiempo… ¿Qué era lo que decían?... alguien cayendo… risas burlonas… "Por favor esto debe parar… no quiero… no quiero estar sola… no de nuevo"… Comenzó a llorar, sentía que si no lo hacía moriría. Sentía una terrible opresión en su pecho, como si le faltara el aire… pero no podía moverse, intentaba retorcerse con la esperanza de poder liberarse de las sogas, pero estaban firmemente atadas… ¿Cuánto tiempo más?... No supo cuando se quedó dormida mientras lloraba.
PORT ROYAL
La superficie estaba muy resbalosa, ambos descendían con cuidado, ya habían pasado las primeras salientes, pero nada, además eran demasiado estrechas. Sam era muy ágil, llevaba una ventaja considerable.
Está subiendo la marea, Milord… - Miró hacia abajo.- Existe una caverna que comienza a llenarse cuando eso sucede…
¿Crees que ellos podrían estar ahí?.- Preguntó con temor… quería creer que no los habían atrapado… que se habían lanzado y estaban a salvo, ocultos en ese lugar que describía el hombre.
Sé que es una caída muy peligrosa desde esa altura… pero todo es posible Milord…- Respondió el hombre tratando de animar al rubio. – Debemos darnos prisa… si se encuentran ahí, debemos sacarlos antes de que la entrada quede cubierta… - Sam dejó de hablar ante la posibilidad de que si habían sobrevivido a la caída, podrían ahogarse al quedar atrapados en la cueva.
¡¡¡CANDYYYY!!!... ¡¡¡ANTHONYYYYY!!!... - Gritó el rubio, pero con el ruido de las olas al romper contra las rocas tal vez hacía imposible que les escucharan. "No… Ellos pueden escucharme… Ellos están bien… a salvo… Ya voy Pequeña… Anthony, todo estará bien… e iremos a Casa… Juntos… y nada nos separará…".- ¡¡¡CANDYYYY!!!... ¡¡¡ANTHONYYYYY!!!... ¡¡¡CANDYYYY!!!... ¡¡¡ANTHONYYYYY!!!...
¡MILORD!… ALLÁ ESTÁ LA ENTRADA A LA CUEVA.- Señaló Sam, Albert se volteó y pudo darse cuenta de que ya faltaba poco para que quedara cubierta por la marea, se apresuró a bajar por las rocas resbalosas, sin decir más se lanzó al agua, pero la soga le impedía alejarse lo suficiente, así que se desató. – ¡¡¡MILORD… NO DEBIÓ HACERLO!!!... LA CORRIENTE PODRÍA ATRAPARLO Y… - Pero era imposible que escuchara al sirviente. Nadaba alejándose con gran soltura y rapidez, esquivando las olas que amenazaban con empujarlo hasta las rocas. Debía tener mucho cuidado, ya que sin más luz que la de la Luna para iluminarlo, se le dificultaba hacerlo y buscar a los jóvenes al mismo tiempo. Sam aún indeciso lo observaba. Si ambos jóvenes estaban ahí abajo necesitaría toda la ayuda posible, así que también se desató e inmediatamente se lanzó al agua.
Ya llevan mucho tiempo allá abajo… - Murmuró impaciente Stear. Tomó otra soga, pidió a uno de los sirvientes que la atara al árbol.- No voy a esperar más… si los encontraron… no podrán subirlos solos…- Murmuraba mientras pasaba un extremo por su cintura. Lo ayudaron a bajar.
Albert logró llegar hasta la abertura de la cueva, arriesgándose a entrar. Estaba muy oscuro, iba pegado a la roca, tratando de encontrar apoyo. Continuó nadando hasta que le pareció sentir aire en su rostro y salir a una especie de cámara. A lo lejos le pareció ver un ligero resplandor, tal vez era una abertura por la que pasaba el aire que sintió, se acercó más, le pareció ver algo moverse.
¡¿CANDYYYY?!.- Su voz se repitió por todo el lugar debido al eco. - ¡¿ANTHONYYYY?!... – Trató de ignorar el lejano sonido de las olas. Debía apresurarse a encontrarlos. Le pareció escuchar una especie de chacoteo.- ¡¿Candy?!... ¡¿Anthony?!...
De pronto, donde daba un rayo de luz, vio que algo se sumergió bruscamente. Se apresuró a llegar. Se sumergió y a tientas comenzó a buscar. Cuando el aire se le acabó, salió a la superficie.
Milord… ¿Los encontró?
SAM… NO ESTOY SEGURO… DEBEMOS BUSCAR POR AQUÍ… ALGO O ALGUIEN DESAPARECIÓ POR ESTE LUGAR… – Ambos tomaron aire y volvieron a sumergirse. Buscando con desesperación en el agua oscura.
Volvieron a salir, estaban por tomar nuevamente aire cuando de repente escucharon un brusco sonido y una tos como de alguien que había tomado agua resonó por el lugar. Vieron que trataba de volver a aferrarse a las rocas. Albert se dirigió hacia donde veía que algo se movía.
¿CANDY?... ¿ANTHONY?.
…Aaaa…
¡¡¡ANTHONYYYYY!!! – Se apresuró para sostenerle ya que vio que nuevamente estaba por resbalarse. Sam lo siguió. Llegaron hasta donde estaba.- ANTHONY… ¿ME ESCUCHAS?...
… - Lo sostuvo antes de que se volviera a sumergir. Vio que la roca donde se sostenía era lo suficientemente ancha.
Sam, ayúdame por favor a subirlo… - Entre ambos lo hicieron, Albert lo revisó, se dio cuenta de que tenía una herida de bala por lo difícil que le había resultado sostenerse por sí mismo. – Tenemos que apresurarnos a sacarlos de aquí… ANTHONY, ¿ME ESCUCHAS?...
SSSS… - Los dientes le castañeaban.
¿DÓNDE ESTÁ CANDY?...
C… Can…?
Si, dime en dónde se encuentra y saldremos de aquí…
No… no… es… tá…
No te entiendo… ¿Dónde está?
No… sss… ta… losss… Pi… ra… t… sss…
¡MALDICIÓN!... – Fue todo lo que pudo decir Albert.
¡¡¡Milord, debemos salir de aquí…!!! – Lo urgió Sam mirando al otro extremo.
De acuerdo… - Entre ambos lo sostenían para que su cabeza se mantuviera fuera del agua, alcanzaron a ver que la abertura era más estrecha, había subido más la marea. No les quedó de otra que sumergirse para salir, las olas golpeaban con mayor fuerza contra las rocas.
¿Qué haremos Milord? – Preguntó el hombre asustado al ver la agitación del mar.
Tratar de mantenernos lejos de las rocas, cada vez que se acerque una ola, sumergirnos… no queda de otra…. – Respondió mientras veía a su sobrino semiconsciente. Aunque le parecía imposible que pudieran lograrlo. Así lo hicieron hasta llegar a la orilla, Stear estaba esperándolos, al ver en malas condiciones a su primo se apresuró a halarlo. Después les lanzó las sogas que habían usado para bajar.
¡¡¡¿DÓNDE ESTÁ CANDY?!!! - Preguntó a Albert una vez que estuvieron lejos de la orilla rocosa, esperando por una soga más para subir a Anthony. El rubio lo miró con pesar antes de contestar.
Los piratas se la llevaron… después… después de herir a Anthony…
¡¡¡ESE MALDITO!!!... ¡¡¡TENÍA QUE SALIRSE CON LA SUYA… Y NO PARARÁ HASTA MATARNOS!!!…
¿De quién hablas Stear?. – Preguntó el rubio extrañado de su conducta.
¡¡¡DE QUIÉN MÁS!!!… ¡¡¡DEL BASTARDO DE GRANDCHESTER!!!… ¡¡¡Y YO QUE LO CONSIDERABA AÚN UN CABALLERO!!!… A PESAR DE LO QUE DIJERAN… QUERÍA SOLUCIONAR ESTO HABLANDO… ESTOY HARTO DE SER SIEMPRE EL QUE DETIENE A ARCHIE Y ANTHONY EN ESTA ABSURDA PELEA… PERO ESTA VEZ SOBREPASÓ MIS LÍMITES… ¡¡¡ES UN MALDITO!!!… - Contestó aún ignorando la situación de éste. – ¡¡¡NO TUVO SUFICIENTE CON LO QUE HIZO… HACE TIEMPO… Y AHORA… CON… CON ELLA… EN… LA FIESTA DE DISFRACES!!!… - Albert lo miraba sorprendido por su arrebato.- ¡¡¡Y ENCIMA SECUESTRARLA SÓLO POR…
¡¡¡BASTA!!! – Stear lo miró impotente "¡¿QUIÉN RAYOS SE CREE PARA CALLARME?! ¡DEBEMOS ENCONTRAR A ESE MALNACIDO DE GRANDCHESTER ANTES DE QUE SE ATREVA A TOCARLA!" Don lo detuvo al ver que dio un paso de forma amenazante al rubio. Hizo un gesto para tranquilizarlo. Se dio cuenta de que había levantado un puño contra el hombre, avergonzado lo bajó lentamente.
Stear… antes de que hagas cualquier cosa escucha a éste caballero… tú no eres así.
- CREO QUE SERÁ MEJOR QUE HABLEMOS EN LA MANSIÓN DEL GOBERNADOR… HAY MUCHAS COSAS POR EXPLICAR… - Finalizó con firmeza Albert. Lograron subir a Anthony. Algunos de los hombres habían hecho una especie de camilla para transportar al joven quien a la luz de las antorchas lucía muy pálido.
EN ALGÚN LUGAR
Se sentía entumida, abrió los ojos, por fin pudo ver luz, estaba en una estrecha celda en… ¿Una bodega?... ¿Cómo había llegado a ese lugar? Al menos podía dar un vistazo al lugar donde estaba… El dolor de cabeza continuaba y al parecer cada vez era más insoportable. Habían encendido una lámpara de colgaba del techo.
Bon Soir, Mon Cherie Mademoiselle Ardley…(Buenas noches, mi querida Srita. Ardley) - Ella miró a su alrededor. Un hombre salió de las sombras. Disfrutaba aterrorizar a las personas, ver el miedo en sus ojos. - Comment ça va?... (¿Cómo está?)- La miró de forma penetrante. Ella se sentía desorientada al mirar por todos lados. – Pardon!... J'ai oublié qu' vous était attachée...(Perdón, me olvidé que estaba atada) – Sonreía burlonamente, se acercó y sacó un puñal, ella lo miró asustada, pero no podía moverse más por lo reducido del espacio. - N'aie pas de peur... (No tenga miedo) – Le quitó la mordaza y después cortó las sogas. Ella se comenzó a frotar las muñecas adoloridas.
Por favor… yo… no sé qué quiere de mí… no sé quién es usted… sólo… sólo quiero irme… Por favor… no hablaré de usted… sólo déjeme ir… - Intentaba contener las lágrimas mientras le suplicaba.
Pourquoi?... (¿Por qué?) – Tomó uno de sus rizos entre sus dedos a través de la puerta de la celda. Aspiró su aroma, mientras la veía con malicia. - Je ne te ferai pas de dommage ... Pour le moment... je veux seulement mon or... Après cela… nous verrons déjà... (Yo no te haré daño… por el momento… yo quiero solamente mi oro… Después de eso… ya veremos)
Por favor… no le entiendo… déjeme ir… - Comenzó a sollozar. El hombre comenzó a reír burlonamente.
Cgreí que todas las damas inglesas hablaban un egcelente Fgrancés, paga deslumbgrag a sus estúpidos admigadogues y conseguig un maguido pgronto…
¿Qué hará conmigo?... – Preguntó ignorando su comentario mientras se cubría la cabeza con ambas manos, pues la acometían intensas punzadas en ella.
Daguemos un paseo por los magues mientgras su pagre y mi cobagde amigo greunen el pago pog su grescate… si no quieguen que vuelva a ocugrig el desafogtunado incidente de su novio… en el acantiglado… - Su mirada la aterrorizaba demasiado, retrocedió hasta la pared, creyendo que el hombre sería capaz de atravesar los barrotes para hacerle daño. Al ver su actitud sonrió de la forma más siniestra que podía. - Migue que solamente pog ese cobagde del que se decía seg mi amigo… me estoy compogtando como un caballego… si no ya la hubiega dejado en manos de mi tgripulación y que hiciegan con usted lo que quisiegan… o la hubiega lanzago a los tibugones… simplemente me hubiega deshecho de usted antes de gresivig el grescate… La vegdag… lo que sudega con usteg, me tiene sin cuidagdo…
¿De… de qué habla?... - Lo miró asustada mientras se sujetaba con fuerza ambos lados de la cabeza. Como si quisiera detener la entrada a sus oídos de las infames palabras del hombre.- ¿El incidente?… ¿Mi… mi novio?... ¿Estaba con… mi novio… en un acantilado?
Oh, pog favog, Mademoiselle… no me diga que ya lo olvigdó… (que convegniente) el joven luchó muy bieng pog su honog… he decig… solo que… desafogtunadamente él mugrió…
¡¡¡NOOOOOO!!! – Gritó con fuerza… comenzó a caminar desesperada por la estrecha celda, haciendo que el hombre comenzara a reír al ver sus desesperación. - ¡¡¡ANTHONY!!!... ¡¡¡¿ESTÁ MUERTO?!!! ¡¡¡NOOOOOOO!!! – Volvió a gritar con angustia… y ya no supo más de sí. El hombre al verla desmayada, se fue sin darle mayor importancia mientras reía a carcajadas. Al salir de la bodega se dirigió al puente, uno de sus hombres le cedió el timón, "Estúpido noble inglés… Maldita la hoga en que te conocí… miga que pegdeg tu amistag pog una simple chiquilla… sé que hay algo más… te vi… vi como la migavas… Esta ega una muy buena opogtunidag paga ti… de vengagte de tu pagre… libgragte paga siempgre de la Cogona Bgritanica… ese maldito peso que se te impugso… pego no me escuchaste… ahoga lo pagagrás muy cago… solo espego que el escocés ese pague bien pog ella… sin sabeglo, ha sido un muy buen negocio… paga mí… matag dos pajagos de un tigo"
PORT ROYAL
Después de que el médico atendiera a Anthony y asegurarle que estaba fuera de peligro se dirigió a la habitación de Terrence. Se acercó lentamente a su lecho. Lo miró. Su sueño parecía intranquilo a pesar de que la fiebre había cedido. No podía creer que él fuera el responsable de lo sucedido a los chicos… Que él le hiciera algo a Candy… que sus hombres la fueran a lastimar por simple capricho de su Capitán. Necesitaba hablar seriamente con él… si era responsable de lo ocurrido lo iba a lamentar… "Candy… perdóname"… Lo escuchó susurrar con angustia. La Hermana María entró en ese momento para pedirle que fuera a descansar. Él salió, se dirigió al jardín… Se sentó en uno de los sillones. Necesitaba pensar detenidamente las cosas… Estaban todos tan alterados que decidieron dejar pendientes las explicaciones.
Sir William… ¿Tampoco puede dormir?.- Escuchó una suave voz, miró hacia la puerta, Annie estaba ahí. – Por favor, no le vaya a decir a mi madre que estoy aquí… yo… estoy muy preocupada por Candy… y no puedo conciliar el sueño…
No se preocupe… no diré nada. - Dijo mientras se dirigía hacia ella.- Y por favor, no me llames Sir William… no soy tan viejo… - La vio sonreír apenada. - llámame Albert…
Albert… He escuchado ese nombre antes… Candy lo mencionaba… - Él le sonrió animándola a continuar. - ¿El amigo vagabundo de Candy? – Preguntó sorprendida. Asintió. - Así que era usted…
Era la única forma que se me ocurría para cuidarla y protegerla… antes de que supiera quien era en realidad. No quería que desconfiara de mí… – Ella sonrió.
Candy hablaba mucho de us… - Lo miró y se sonrojó.- de ti… cuando te conoció en Escocia… siempre hablaba con nostalgia de su buen amigo Albert, el vagabundo… me contó después que lo volvió a ver en Londres… en una de sus escapadas del Colegio…
Me encontró junto con Anthony…- Albert sonrió. Ella lo miraba con insistencia. Tratando de ver si le molestaba lo que hacía Candy, le daba curiosidad escuchar su tono divertido. – Si, así fue como me enteré de que no soportaba estar todo el tiempo encerrada en el Colegio… por orden de la Tía Abuela Elroy, usando mi nombre… - "De haberlo sabido antes… pero la Tía Abuela siempre insistía que era lo mejor para ella… necesitaba ser educada como toda una Ardley, alejada del bullicio y tratada estrictamente… Fui un idiota… debí suponer que algo planeaba", Pensó. - Por eso decidí mandarla de viaje… lejos de ella…
¿Por qué quieres desposarla?... ¿No te has dado cuenta de que es muy feliz… con Anthony?... – Preguntó preocupada.
Eso es cosa de la Tía Abuela… siempre queriendo hacer su voluntad… siempre mal interpretando las cosas… y está desesperada por que pronto me haré cargo de todo…
Entonces… ¿No te casarás con Candy?...
Claro que no… siempre voy a velar por su bienestar… eso es todo...
Abrió los ojos, no reconocía el lugar donde estaba, quiso moverse pero un agudo dolor lo hizo desistir, sentía muy pesado su brazo al intentar levantar las frazadas. Dorothy estaba sentada a su lado dormitando. Intentó nuevamente salir de la cama. Dorothy lo escuchó y trató de detenerlo.
¡Por favor Joven Anthony!… no se mueva… quédese ahí… debo llamar a la hermana María y a…
No… puedo… debo… debo encontrar a Candy… La han… secuestrado…- Escuchó pasos apresurados fuera. La puerta se abrió. Un hombre rubio entró.
No debes moverte… Anthony…
¿Albert?... ¿Qué… qué haces aquí? - Preguntó sorprendido de ver al amigo vagabundo de Candy. Su presencia lo animó. – ¡¡¡Por favor!!!… ayúdame a encontrarla… solo son unas cuantas horas… podremos buscarla cerca de Port Royal… usando el interceptor… es el barco más rápido… y si damos aviso en…
Anthony… llevas tres días inconsciente… - Respondió Albert con tranquilidad.
¡¿Qué dices?!... ¡¡¡NOOOOO!!!… no puede… ser…
Por suerte sobreviviste a la caída del acantilado… te encontramos en muy malas condiciones debido a la herida del hombro… has pedido mucha sangre…
Debí haber muerto… - Dijo con pesar recordando los gritos de Candy. – Yo no pude… eran demasiados…
No te preocupes, no fue tu culpa…
¡¡¡CLARO QUE LO FUE!!!... ¡FUI TAN IDIOTA COMO PARA LLEVARLA A ESE LUGAR… SIN PENSAR QUE SERÍAMOS UN BLANCO FÁCIL!... Si el Tío Abuelo se enterara…
No te culparía de nada… - Respondió Albert.
¡¿Cómo puedes decir eso?! No lo conoces…
Ni tú tampoco…
Tienes razón… pero sólo de imaginar… que es como la Tía Abuela… - Murmuró con tristeza.
Por lo que veo La Tía Abuela Elroy se ha empeñado en que todo el mundo piense mal de mi antes de ser presentado formalmente… no me extrañaría… - Dijo sonriendo Albert. Anthony lo miró extrañado por sus palabras.
¿Cómo es que…
No soy tan anciano ni tan gruñón como todo el mundo se imagina. – Anthony lo miraba con más detenimiento, su rostro le parecía tan familiar, y ahora que vestía mejor, le daba la impresión de haber visto a alguien como él entre los tantos retratos que la Tía Abuela se empeñaba en que estudiaran cuando niños, de los tantos ancestros del Clan.
¿Quién es usted? – Preguntó ahora con recelo.
Soy William Albert Ardley, el hermano menor de tu madre… Pauna… Tal vez no me recuerdes… eras muy pequeño la última vez que te vi… antes de que ella…
Vienes por Candy… - Dijo sin más, quiso levantarse, pero Albert se lo impidió. Anthony lo miraba con resentimiento. – ¡¡¡TE LA LLEVARÁS ¿VERDAD?!!!… YO… NO ME IMPORTA QUIEN SEAS… NO LO PERMITIRÉ…
No… no vine a eso… creo que ahora que hemos visto que estás bien es momento de hablar de muchas cosas. – En ese momento llamaron a la puerta, Dorothy fue a abrir, Lord Britter y Stear entraron.
EN ALGÚN LUGAR
¿Cuánto tiempo había pasado?… No había probado alimento… ni bebido agua… se sentía tan débil… ¿Cómo podía haber alguien así de cruel?... No le gustaba la sensación de mareos y los constantes dolores de cabeza. Prefería dormir todo el tiempo para aliviar esas terribles sensaciones. Despertar y que todo fuese solo un mal sueño. La aterraba ver rondar las ratas por los sacos que llenaban la bodega. Se sorprendió en una ocasión, cuando un hombre muy viejo por fin le llevara algo de alimento: un trozo mohoso de pan y un poco de ron…
PORT ROYAL
Llamó a la puerta de la habitación… nada… no se oía absolutamente nada, así que decidió entrar, lo seguían Stear, el Gobernador y Anthony, tenía inmóvil el brazo herido en un cabestrillo, quien con solo verlo en la cama se sentía furioso por su patética imagen.
¡¡¡¿Qué hacemos aquí?!!!.- Preguntó en un susurro molesto.
Puedes hablar con toda confianza Brown… no estoy muerto… aunque lo estés deseando en este momento… no se te ha cumplido tu deseo… aún… - Dijo burlonamente desde su lecho Terrence. – Sólo estoy un poco más maltrecho que tú…
¡ES POR TU CULPA QUE PASÓ ESTO!. – Finalmente soltó Stear sin más.- ¡¡¡¿DÓNDE TIENES A CANDY?!!!.
¡¿Qué dónde tengo a Candy?!... – Preguntó sorprendido el Capitán del Teodora.- No sé de qué demonios estás hablando… Al contrario, ¿Qué han hecho ustedes para que no venga a verme?. - Los miraba con burla, especialmente a Anthony. - Ella se había ofrecido a cuidar de mi… parece que le agrado… - Éste apretó fuertemente la mandíbula ante su mirada retadora. – le agrado mucho…
POR FAVOR GRANDCHESTER… DÉJATE DE BROMAS ESTÚPIDAS Y HABLA CLARO… POR UNA VEZ EN TU VIDA…- Dijo Stear. Albert decidió detener esa absurda guerra verbal.
Creo que necesitamos explicarnos…
¡¡¡TÍO, NO PUEDE SER QUE CONFIES EN ESTE PATÁN!!!. – Se quejó Anthony, Terrence miró a Albert con burla.
¿Tío?... ¿Tú… familiar de estos… "Niñitos de Mamy"? - Preguntó mirando a Albert. Los jóvenes Ardley se aproximaron con furia, Albert extendió un brazo para detenerlos. – No puedo creerlo… Creí que eras alguien mejor… que esos patéticos niños jugando a ser hombres…
Soy Sir William Albert Ardley… Jefe del Clan Ardley… y tutor legal de Candice White Ardley… y te agradecería que midieras tus palabras con los miembros de mi familia…
¡Vaya!… ahora si estoy sorprendido… - Una extraña mueca apareció en su rostro al mirarlos.- Mi amigo el vagabundo, resultó ser un importante personaje… todo un aristócrata escocés…
DÉJATE YA DE BROMAS… ¿DÓNDE ESTÁ CANDY?.- Se acercó Stear para sujetarlo de la camisola. Terrence ni siquiera se inmutó.
Eso mismo quería saber… estoy harto de ser atendido por… una chiquilla cobarde que evade… contestar a mis preguntas y… - No pudo terminar porque Stear lo golpeó en el rostro.
SIEMPRE IGUAL… SIEMPRE HABLANDO DE MÁS… NI SIQUIERA PORQUE ESTAS PERSONAS TE HAN ALOJADO AMABLEMENTE SIN SABER LO QUE REALMENTE ERES PUEDES MANTENER CERRADA LA BOCA…- Siseó furioso Anthony.- ERES UN MAL AGRADECIDO…
¡¿Y qué es lo que realmente soy según tú?! – Volteó a mirarlo Terrence sarcásticamente limpiándose la sangre del labio.
Caballeros… ¿Creen que puedan comportarse por un momento?... Hay cosas más importantes que una riña de niños… que se sienten muy hombres… - Intervino Albert. Los demás lo miraron. Lord Britter, que había permanecido callado esbozó una ligera sonrisa, "Igual a su padre".
De acuerdo… Quieren ser tan amables… de explicarme de qué se me acusa tan injustamente, "Caballeros"... – Con mucho trabajo se acomodó para sentarse. - Como pueden ver, no he podido hacer nada… todo este tiempo he estado aquí…
TÚ MANDASTE SECUESTRAR A CANDY.- Acusó Stear.
¡¡¡¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?!!!.- Exclamó furioso por la acusación.
Hace 3 días que Candy y Anthony fueron atacados, hiriéndolo… y a ella llevándosela fuera de Jamaica… El gobernador se ha encargado de su búsqueda por las costas de la isla… - Respondió Albert.
Albert… por mi honor… te aseguro que yo no…- Comenzó a decir, pero Stear lo interrumpió.
¡¡¡¿HONOR?!!! ¡¡¡¿ACASO AÚN PIENSAS QUE TIENES HONOR DESPUÉS DE TODO LO QUE HAS HECHO?!!!... ¡¡¡NO MIENTAS!!!... TE VI EN LA FIESTA DEL GOBERNADOR… COMO LA MOLESTABAS EN EL JARDÍN…
¡¡¡BASTA YA!!!. – Intervino Albert al ver la expresión de Anthony al enterarse. "¿POR QUÉ?... ¿POR QUÉ ME MINTIÓ?... ELLA DIJO… ¡¡¡DEMONIOS!!!... ¿QUÉ DIABLOS LE HIZO ESTE MALDITO INGLÉS?...". Pensaba el joven sin despegar la vista del moreno y quien se la sostenía con su característica sonrisa de medio lado. Recordó la actitud de Candy cuando se despedían la noche del baile. Sentía que algo estaba apunto de explotar en él. Albert continuó hablando al notar la tensión entre los jóvenes. – Es mejor que hables si sabes algo al respecto… olvida quien soy realmente… te lo pido como amigo…
"¿O si no?"... – Se burló Terrence. Albert suspiró exasperado, no podía creer que en un momento tan crítico dejara salir esa parte de su personalidad de quien decía ser su amigo. Pero si así lo quería, sería duro con él.
Le pediré a Lord Britter que te encierre… para que seas juzgado y colgado como el Pirata que eres… aquí o en Inglaterra…
Como supongo que no confían en la palabra de un pirata… pues… tendrán que hacerlo de inmediato porque yo no sé absolutamente nada al respecto…
¿Conoces a alguien llamado "El Olonnés"? – Preguntó Albert tomándolo desprevenido, viéndolo palidecer.
¿Y qué si lo conozco?.- Rápidamente recobró su aplomo.
Sé que te estuvo buscando en cuanto supo que estabas en Port Royal…
Si… lo vi un par de veces… nos embriagamos… ¿A caso eso es un delito?...
Tío ¿Adónde quieres llegar?.- Preguntó extrañado Stear. Albert lo ignoró.
¿Sabes lo que te puede pasar por proteger a un enemigo?
Si. Lo sé… - Sonrió con socarronería. – Y tú en este momento me estás tratando como uno… - Lord Britter se sorprendió de la contrastante personalidad del joven Grandchester.
Tú eres un Corsario al servicio de Inglaterra… y podrías ser juzgado por alta traición… si se te comprueba que conspiraste junto con él para secuestrar a…
¡¡¡YO NO SÉ ABSOLUTAMENTE NADA DEL SECUESTRO DE TU PUPILA!!!
Entonces ¿Por qué delirabas llamándola?.- Al escuchar esto Anthony apretó la empuñadura de su espada, como si estuviera a punto de sacarla a la menor provocación del moreno. – Pidiéndole perdón… - Nuevamente el joven palideció.
Si ya terminaron con el interrogatorio… Estoy agotado… - Dijo cerrando los ojos.
¡¡¡PERO QUE… - Explotó Anthony ante la forma grosera de Terrence de finalizar. Albert lo detuvo.
De acuerdo… confío en ti Terrence…
¿Crees en la palabra de un renegado… un pirata? – Preguntó enarcando una ceja de forma burlona, manteniendo los ojos cerrados.
Creo en mi amigo que conocí en Londres… completamente… - Finalizó haciendo que los jóvenes lo siguieran intrigados por sus palabras.
Milord… - Se sorprendió de que el Gobernador se dirigiera así a él, a pesar de haber escuchado que era un pirata. – Por respeto a su padre, Lord Richard y a mi amigo William, creeré en usted… y si sabe algo respecto al secuestro de Milady Ardley… A nombre de mi hija… le suplico que haga lo posible por encontrarla… ayúdenos… es su mejor amiga… y todos nosotros la apreciamos mucho… ¿A caso usted no siente la más mínima simpatía por ella?...
EN ALGÚN LUGAR
Escuchó ruido de pasos, un hombre se apresuró a abrir su celda, algo decía pero no podía comprender que era, la sacó mientras la haloneaba con fuerza y miraba con burla, al salir de la bodega se percató de que estaba rodeada de piratas que parecían burlarse de ella y la miraban de una forma extraña, sintiéndose incómoda. El hombre la empujó hacia la orilla, pudo ver que ya habían bajado un bote, donde el hombre que había hablado con ella la estaba esperando; miró alrededor antes de bajar, no había más barcos cerca… la isla parecía desierta, en cuanto se sentó se apresuraron a remar a la orilla. "¿Qué harán ahora conmigo?… si pudiera escapar… pero ¿Cómo? ¿Adónde?..." La hicieron bajar del bote para internarse en la selva. Le pareció que llevaban mucho tiempo caminando hasta que llegaron a una cueva, ahí entre barrotes que improvisaban unas celdas, había varias personas atrapadas, la mayoría hombres de color. "¿Qué harán con nosotros?" La empujaron con brusquedad hasta los barrotes, abrieron la puerta y la arrojaron, cayendo entre los brazos de una mujer que protegía a un niño pequeño. Los piratas reían, gritaban… parecía que estaban celebrando… De pronto escuchó gritos desgarradores, estaba apunto de acercarse a los barrotes, pero la mujer y el niño la detuvieron asustados… ella se liberó, corrió para ver que pasaba: El Capitán del barco que la raptó, estaba torturando salvajemente a un hombre mientras sus hombres reían divertidos. No pudo soportar más tanta crueldad y le gritó que lo dejaran en paz, pero no se detuvieron. Logró ver que había otros hombres blancos, parecían de clase alta, atados y amordazados, obligados a ver lo que le sucedía a su compañero; El Pirata se acercó y solo pudo ver como le clavaba un puñal en el pecho, escuchó un grito de agonía, vio que el hombre sostenía algo en su mano sangrante, al instante la mujer se interpuso cubriéndole la vista de lo que estaba sucediendo, tenía una expresión aterrada, haciéndole gestos y murmurando como si le indicara que no mirara. Alcanzó a escuchar los gemidos de terror de los otros hombres, quiso mirar, pero la mujer haló su rostro, la miró aterrada mientras susurraba algo para evitar que volviera la vista ante el terrible espectáculo. Sólo pudo escuchar la risa macabra del Capitán, mientras la mujer la abrazaba con fuerza y sentía como se estremecía de terror. "No quiero… no quiero saber más… quiero escapar… quiero despertar y que todo esto no sea mas que una pesadilla... y estar rodeada de mis seres queridos… Papá… mamá… los extraño… por favor… llévenme con ustedes… los necesito tanto… no quiero volver a estar sola…" Fue el último pensamiento coherente que tuvo. Al instante se desplomó entre los brazos de la mujer que comenzó a acunarla como si fuera un bebé.
PORT ROYAL
Habían cenado en una atmósfera de tensión, en completo silencio. Todos la extrañaban. Al terminar, Stear lo siguió a su habitación, en cuanto cerró la puerta detrás de él escuchó a su primo soltar una maldición mientras arrojaba su espada con furia, clavándose en la madera del piso. Quedó sorprendido ante el repentino arranque de Anthony, especialmente cuando se volvió a verlo completamente furioso.
¡¡¡¿POR QUÉ NO ME DIJISTE LO QUE PASÓ EN LA FIESTA DE DISFRACES?!!!
No creí que fuera importante… no pasó… nada… - Desvió la vista de la penetrante mirada de su primo.
¡¿QUÉ FUE LO QUE LE HIZO ESE BASTARDO?! – Después de recoger su espada, se sentó en un sillón intentando controlarse.
Anthony… tranquilízate...
¿CÓMO PUEDO ESTAR TRANQUILO SI ÉL LA ANDA RONDANDO COMO BUITRE? - Lo interrumpió mientras lo miraba desesperado. Respiró profundo y luego exhaló. - ¿Qué fue lo que le hizo?.- Habló con más tranquilidad.
Mira… - Se sentó en el sillón frente a él.- Si no te dije nada al respecto fue porque… yo no pude ver bien lo que pasó… – "Perdóname, esta vez tendré que mentirte… por Candy", pensó. – Estaba muy lejos… los vi discutir… eso es todo… sabes como es Grandchester con las mujeres…
Precisamente por eso es que me preocupa que ronde a Candy… ella… ella aún es una chiquilla… El sabe perfectamente como destruir la inocencia de una joven…
No estarás pensando en… - Lo miró detenidamente.
Precisamente por eso… porque no puedo olvidar lo que ese bastardo hizo…
Es mejor que lo olvides… tú y Archie deben hacerlo…
¿Crees que puedo hacerlo ahora que de nuevo anda cerca… que sé que anda tras Candy?… Sabes que sólo ha querido fastidiarnos la existencia…
Antes no pensabas así…
Eso es cosa del pasado… - Resopló.
Creo que podrían hacer una tregua por un bien común… - Reflexionó Stear en voz alta.
"Una tregua"… por favor… - Se burló el rubio.- Lo quiero lo más lejos posible de nosotros… - Se cayó por un momento, después repitió las palabras de su primo mientras lo observaba.- "Un bien común"… ¿A qué te refieres con esas palabras?
Ambos se preocupan por Candy… - Se detuvo al ver la mirada penetrante de su primo. – Claro que cada quien tendrá sus razones… - Ya no supo como salirse del problema en el que se había metido por no medir sus palabras. – Después de todo, es la pupila de su amigo… y él es nuestro tío… solo por coincidencia resulta que…
Deja ya de hablar tantas tonterías… nada de lo que digas evitará que piense que Grandchester busca algo más con Candy… y todo para seguir fastidiándonos la existencia…
Sólo pienso que ustedes deberían resolver sus diferencias civilizadamente… hablando y no actuando como salvajes…
Sabes perfectamente que es él quien…
Si, lo sé… pero tú y Archie siempre actúan impulsivamente cuando se trata de él… - Se levantó del sillón para dirigirse a la puerta.- Creo que sería muy provechoso en este momento, que esté de nuestro lado en la búsqueda de Candy…
Lo pensaré…
Que descanses primo…y ánimo… la encontraremos. – Salió dejando al rubio sumido en sus pensamientos.
Era ya media noche, caminaba despacio por el pasillo para asegurarse de que todos estuvieran durmiendo. Le parecía que no era correcto. Pero le había prometido ayudar, para hacer todo lo posible por que ella estuviera de vuelta, eso la tranquilizaba. Al abrir la puerta de la habitación se sorprendió al encontrar a Sam.
¿Sam?... ¿Qué haces aquí? – Le susurró, él hizo un gesto y ella cerró tratando de no hacer ruido.
Necesita mi ayuda… - Respondió también en un susurro, al tiempo que lo ayudaba a terminar de vestirse sosteniéndolo.
Pe… pero… aún no estoy de acuerdo… esto… esto es una locura…
Dorothy, tengo que hacerlo… - Respondió el joven mientras terminaba de ponerse la casaca.
Aún no está en condiciones… debe esperar a que…
No importa, procuraré…
No sea necio, Milady nunca permitiría que usted se fuera en estas condiciones…
Y es precisamente por ella que lo hago… no hay tiempo que perder…
¿Por qué… por qué lo hace?... – Lo cuestionó, él se detuvo un momento y la miró con su característica sonrisa de medio lado.
No lo sé… tal vez por que me agradan los monos pecosos…
Milord…
Por favor, no me llame así… no soy mi padre…
Usted… sabe quien fue, ¿Verdad?… - Se atrevió a preguntar.
Lo peor del caso es que me siento culpable de que esto hubiera sucedido… - Evadió responder directamente.- Especialmente a ella…
Le agradezco… es usted muy bueno…
No lo vuelva a decir… – La interrumpió con pesar. – Nunca lo he sido… solo que esta vez tengo que deshacer el daño que he causado por mi… - Jadeó un poco de dolor. Dorothy se aproximó preocupada, él hizo un gesto indicándole que estaba bien. - A alguien que… a pesar de todo me sigue considerando su amigo…
Sir William es muy noble, lo estima y confía en usted… y… Milady nunca se equivoca… - Insistió la joven acompañándolos para salir de la habitación por el pasaje que ella usaba. Iba delante para alumbrarlos.
Creo que esta vez si lo hizo… cometió el error de haber conocido a un verdadero Pirata…
No sea tan duro con sigo mismo… Si ellos pueden confiar en usted… yo lo haré…
A pesar de…
No importa… - Le sonrió mientras caminaban por los pasadizos, llegaron hasta el área de las habitaciones de la servidumbre. Dorothy abrió una puerta de servicio para que salieran. Le entregó un par de muletas al mayordomo. – Por favor cuídalo Sam…
No se preocupe Srita. Dorothy… lo llevaré sano y salvo hasta su barco. – Dorothy lo miró, aún parecía sofocarse y se le veía pálido. Ella quiso decir algo más, pero él la detuvo.
Estaré bien… la traeré sana y salva… se lo prometo… aunque me cueste la vida en ello…
Gracias… Milord… - Ella hizo una reverencia. Apoyado en una muleta y ayudado por el hombre negro, salió de la Mansión del Gobernador.
EN ALGÚN LUGAR DEL ATLÁNTICO
Miraba detenidamente el cielo estrellado. A pesar de detestar las labores manuales, y ser un completo neófito en lo que respecta a la marina, no le era tan desagradable el viaje a través del mar. Para eso tenía dinero, para contratar a un experto Capitán y un buen barco… lo demás no sería difícil. Ya verían todos que podría obtener grandes riquezas por su propia cuenta. Si personajes de noble cuna lo habían hecho, ¿Por qué no él?... Después de todo había conocido a alguien que le enseñaría lo suficiente para obtener todo lo que deseaba. Pronto llegaría a su destino.
LONDRES
Caminaba rápidamente por las calles, había enviado a un chico con un mensaje a la mansión para saber si George se encontraba ahí… Seguía sintiéndose inquieto por el contenido del misterioso sobre. A veces tenía la impresión de que la Tía Abuela Elroy tenía espías por cada rincón de la Ciudad y se enteraba de todo y todos. En cuanto recibió la respuesta, se apresuró a cambiar sus ropas por las de civil y más sencillas para no llamar la atención. Llegó sin problemas a la Taberna indicada por el administrador, lo buscó con la vista, se hallaba en un rincón del lugar. Le parecía muy inapropiado ya que había demasiada gente.
Milord Archibald… - Dijo el hombre levantándose para saludarlo.
Por favor George no sea tan formal… - Respondió haciendo una mueca al escuchar su nombre. El hombre le sonrió. - ¿Qué es tan importante como para que la Tía Abuela no se entere?.- Preguntó al tiempo que se sentaban.- ¿Y cómo es que eligió este lugar para vernos? Cualquiera podría escucharnos…
No se preocupe Joven Archie estamos bien… con todo este ruido nadie nos pondría atención… ¿Cómo está Lord Britter?
Bien, le manda sus saludos, ¿Cómo es que lo conoce? .- Preguntó el joven al entregarle el sobre, el hombre mayor se apresuró a abrirlo y leerlo rápidamente antes de contestarle al joven.
Es amigo de la familia… Sir William lo tiene en alta estima… le ha confiado sus nuevos negocios en América…
Por cierto, ¿Dónde está el Tío Abuelo William? – Soltó sin más el castaño.
Viajando como siempre… - Respondió George de forma impersonal.
¿Va a ordenar que regrese Candy para desposarla?... – Habló sin pensar. George lo miró sorprendido.
¿Qué le hace pensar eso Joven Archivald? .- Preguntó extrañado el Administrador.
Por que se me ordenó específicamente que viniera en este viaje, le entregara la carta y esperara…
No se preocupe por Milady… Sir William quiere que se tome su tiempo… después de todo el que ha estado encerrada en el San Pablo… necesita otro ambiente ¿No lo cree? Y estar junto a Madame Elroy no la beneficia en nada…
Tiene razón.- Se sintió con más confianza para hablar. - Hay algo que no comprendo George… ¿No es él quien la quiere obligar a casarse?.- El hombre lo miró, sonrió sutilmente.
Eso es lo que Madame Elroy dijo… pero él tiene la última palabra… aprecia mucho a Milady, pero jamás la obligará a nada…
¿Entonces todo lo que se dijo en la cena de hace meses?... – Preguntó con un nuevo brillo en sus ojos color miel.
Por el momento dejaremos que Madame Elroy lo suponga… A Sir William no le agrada que planee la vida de los demás miembros de la familia, y menos sin su autorización, por eso no debe quedarse en la mansión… quédese en su embarcación… si es posible… yo mañana le enviaré la contestación. – Señaló la carta que le había sido entregada. - y cuide a Milady…
Por Candy haré lo que sea… - Dijo tendiéndole la mano, George la estrechó. Cuando salió se resignó a perder las comodidades de la mansión. "Lo que sea por la felicidad de mi gatita". Caminaba por las calles cuando chocó con alguien.
Lo siento mucho Milady… ¿No le pasó nada?. – Dijo sin levantar el rostro, miraba si no había tirado nada entre el barro.
No se preocupe… - Él miró a la joven, ella lo reconoció.
Cuanto lo siento Oficial… - Dijo poniéndose roja de vergüenza.
¿Milady O'Brien?...- Preguntó él aún sin estar seguro.
Si… hace tiempo que no nos veíamos… Oficial Cornwell…- Paty se sonrojó más al recordar al hermano del joven que tenía enfrente, hizo una reverencia.
Cierto… ¿Puedo acompañarla? – Ofreció su brazo galantemente.
Claro que sí… es el quinto domingo me dirigía a dar un paseo por la Ciudad…
No me había dado cuenta de que estaba cerca de su colegio.- Miró a su alrededor, muchas jóvenes salían emocionadas. - ¿Lo hará sola?... – La miró con una sonrisa coqueta. Ella negó con la cabeza.
Mis padres me esperan en el carruaje junto con mi abuela, pero quisiera más saber como se encuentran Annie y Candy… ¿Sería tan amable de acompañarnos para que pueda contarme? - Dijo mientras enviaba a su dama de compañía a avisarles. Él asintió.
Estaba aún lejos de la reja exterior del colegio, pero pudo ver bien a esa insípida de Patricia O'Brient hablando con un caballero, "Y supongo que uno muy apuesto por lo que veo", pensó al verla tan sonrojada, quiso apresurarse a alcanzarlos y averiguar, pero las hermanas las vigilaban detenidamente y no podía darse el lujo de correr. Cuando llegó al lugar donde los había visto, se percató de que ambos subían a un lujoso carruaje.
Había pasado una tarde muy agradable junto a Paty y su familia, la abuela de la joven resultó ser tan jovial que llegó a imaginarse a su prima Candy a su edad… definitivamente jamás cambiaría. Cuando supo que Eliza Ligan estaba en el Real Colegio San Pablo, casi estalla en carcajadas, ya que conocía el modo de ser de la joven, que le costaba trabajo imaginarla siguiendo todas las reglas tan estrictas. Era ya tarde y se ofreció a acompañarla al colegio, pues debía encontrarse con algunos amigos cerca de ahí para regresar al barco.
Milady O'Brient, quisiera pedirle un favor… - Dijo cuando el carruaje se detuvo frente a la reja del Colegio. Y el cochero se apresuró a abrir la puerta.
Usted dirá Oficial Cornwell…- Dijo ella de la misma forma ceremoniosa que usó el joven. Ambos se quedaron viendo y rieron de buena gana.
Por favor, llámeme Archie… y no se preocupe, le mandaré sus saludos a mi hermano… y le contaré lo maravillosa que es usted. - Ella se sonrojó apenada.
Yo… no…
No se preocupe, seré discreto… pero creo que él también quedó impresionado con usted…
¿De verdad?
Claro… Tanto, que resulta inmune a los encantos de las jóvenes de Port Royal… - Dijo mientras recordaba a Candy y la forma en que se llevaban ellos dos. - Y mire que es igual de atractivo que su hermano menor… bueno, creo que un poco menos que yo…. – Paty no pudo evitar reírse a carcajadas.
Vaya que eres un poco… - Se le quedó viendo, sin saber si ser tan sincera con él.
Soy un poco… - La animó a seguir.
No... un poco no… Eres muy vanidoso Archibald Cornwell Ardley… - Vio los gestos que hizo al escuchar su nombre completo, siguió riendo y él con ella. – Sólo espero que Alisteir no sea así…
Claro que no… al contrario es un poco tonto… en lo que respecta a las jóvenes hermosas…
Y eso que es tu hermano… - Siguieron riendo.
Ahora, respecto al favor…
No te preocupes… Archie… puedes confiar en mí… - Dijo aún sonrojada.
Si por alguna razón, Eliza preguntara algo… lo que sea, respecto a Candy… no le digas absolutamente nada… no puedes fiarte de ella…
Lo sé… ha logrado que todas en el colegio la aborrezcamos… es un fastidio… ¿Seguro que es tu prima?...- El hizo un guiño de desagrado y siguieron riendo.
Y sólo por casualidad si ella nos mencionara… jamás le digas si nos has visto… ni que yo estuve aquí…
Vaya… ¿Tanto aprecio le tienen?
Es solo que siempre está causando problemas… y el que ahora Candy esté en su mira nos preocupa… siempre dispuesta a hacer la vida de los demás un infierno…
No te preocupes… seré una tumba… - Él bajó del carruaje, tomó su mano para que ella bajara y se despidió al besar su mano respetuosamente. Ella aún sonrojada por su caballerosidad hizo una reverencia y se dirigió al colegio. Archie se subió al carruaje dando la dirección del lugar al que se dirigía. Paty había pasado la reja y estaba saludando a la Hermana Margaret cuando una voz chillona y que ya le era familiar la llamaba, resignada volteó a ver a su interlocutora.
¡Paty!… ¡¿Qué sorpresa?! Veo que llegaste muy bien acompañada…
Si…
¿Podrías decirme quien era? Es muy apuesto…- Paty se percató de que no había logrado ver bien a su acompañante, que suerte había tenido Archie. Sonrió misteriosamente, lo que avivó la curiosidad de Eliza.
Un familiar de Irlanda…
¿Cómo se llama?... ¿Qué edad tiene?... ¿Podrías presentármelo alguna vez?...
¡¡¡ELIZA LIGAN ARDLEY!!!.- Le llamó la atención la hermana Margaret.- Una dama no es impertinente… Ve inmediatamente a tu habitación…
Pero… hermana…
AHORA…
Si hermana Margaret… Con permiso… - De forma sumisa hizo una reverencia y conteniendo su furia se dio la vuelta, alejándose por el pasillo, "Maldita entrometida…". Paty y la hermana la vieron alejarse.
Muchas gracias hermana…- Dijo la morena en un susurro.
No hay de qué Paty… sólo espero que se harte y se vaya de aquí pronto…
¡¡¡HERMANA!!!
¿Por qué te sorprende?... Yo también extraño a Candice… era preferible retarla por sus travesuras que por alguna impertinencia como las de esa joven… - Le sonrió. Después volvió a su actitud de siempre.- Ahora Patricia O'Brient, ve a tu habitación a descansar.
Si hermana… con permiso.
PORT ROYAL
No había podido dormir en toda la noche, en cuanto amaneció y después de pensarlo tanto, decidió ir a la habitación de Terrence… Stear tenía razón, debían arreglar civilizadamente sus problemas… "Aunque… un par de golpes no estarían mal para sacar un poco de frustración…" sonrió ante este pensamiento… fuera o no cierto, el hecho de que ahora el aristócrata estuviera interesado en Candy, los hacía tener nuevamente algo en común y si eso era el bienestar de ella, se olvidaría de todo lo pasado… solo quería encontrarla. Al salir de su habitación se encontró con Albert.
Buen día Anthony, ¿Adónde vas tan temprano? – Preguntó al verlo detenerse frente a la puerta de Terrence.
Buen día Tío… Sólo vengo a arreglar un asunto con…
Entonces llegué justo a tiempo…- Anthony lo miraba sin comprender, Albert soltó una carcajada.- Si los dejo solos, hablarán únicamente con los puños…
No sé de…
Me he dado cuenta de que ustedes tienen problemas… y que no es bueno que estén cerca…
Solo por Candy olvidaré lo que pasó con ese…- Albert lo miró severamente. El joven respiró profundo para contener sus palabras. – Sólo por ella estoy dispuesto a buscarla con su ayuda…
Me alegro que en uno de ustedes haya espacio en SU cabeza para razonar… - Dijo al tiempo que llamaba a la puerta. Pero no contestaba nadie. – Será mejor que lo dejemos descansar, después de todo sus heridas son de cuidado… necesita el reposo más que tú… - Observó su brazo en el cabestrillo. – Vamos a desayunar.
Dorothy y Sam se encontraban en la cocina, él le informó que todo había salido bien, en cuanto Terrence estuvo instalado en su camarote, uno de sus hombres comenzó a dar órdenes para salir de Port Royal. Ella suspiró aliviada… sólo tenía un problema, debía de llevar el desayuno a su habitación, estaba segura de que no sabía como fingir que él aún se encontraba ahí. Por suerte la hermana María pidió hacerlo, argumentando que estaba convencida de que podría persuadirlo de que los ayudara a encontrar a Candy. Dorothy y Sam se miraron, ella no dio importancia a su comportamiento, así que se dirigió a la habitación, lo llamó y al no recibir respuesta supuso que estaría dormido, así que entró y al acercarse a la cama vio que estaba vacía. Se apresuró a dar la noticia a todos que estaban reunidos en el comedor. Anthony y Stear se apresuraron a salir en su busca, mientras el gobernador consolaba a su hija. "Él lo sabía… sabía algo al respecto…" pensaba Albert molesto porque su amigo no hubiera hablado… no quería dudar… pero todas sus acciones habían demostrado lo contrario. "Debo solucionar esto… y que no le lleguen noticias a la Tía Abuela… o esto le dará motivos para negarme mi lugar en la familia".
¿Qué harás William? – Preguntó Lord Britter al verlo pensativo.
Francamente… no lo sé… nunca creí que traicionaría mi confianza…
Después de todo… es un pirata… - Susurró Lady Britter de forma despreciativa. - ¿Qué podíamos esperar de él?
Si me permite decirlo Madame… - Comenzó a decir Dorothy, al ver a todos tan molestos y preocupados. – Yo… yo confío en que Milord Grandchester la traerá a salvo…
¡Por favor muchacha!… ¡Es un pirata!… Él mismo lo reafirmó… no se puede confiar en él… y ni siquiera deberías usar ese título con él… avergonzaría a su familia si se enteraran de lo que ha sido de él… - volvió a usar el mismo tono. Los demás guardaban silencio.
¡¡¡PERO ÉL ME LO PROMETIÓ!!! .- No pudo contenerse más.
¿Cómo te atreves a levantarme la voz en mi casa? – Preguntó indignada Madame Britter.
Lo… lo siento mucho Madame… perdóneme… pero… vi sus ojos… – Albert puso atención a sus palabras. – Podrá decir y hacer lo que sea… pero su mirada fue sincera cuando me lo prometió… la misma mirada que tenía cuando salvó a Milady Ardley del campanario en la tormenta…
Dorothy… quiero hablar contigo… - Pidió Albert, miró a los presentes y le disgustó la mirada que le dirigía Madame Britter a la joven.- A solas… - Se levantó de la mesa con calma, ella miraba a todos atemorizada, creyendo que sería despedida, lo acompañó al jardín.
Milord yo… lo siento mucho… por favor… no me…
Tranquilízate… No te despediré… - Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas, él le ofreció un pañuelo. – Por tus palabras, supongo que tú y alguien más, ayudaron a Terrence a escapar…
Milord es… es que él…
No te preocupes… yo también hubiera hecho lo mismo… es sólo que… debo buscar otras formas de actuar… no puedo permitir que me ganen los impulsos… Debo hacer las cosas más fríamente… - Le sonrió, ella se sintió más tranquila. – No te preocupes, no diré nada al respecto… Tenemos que confiar en él…
Pasaba ya de medio día cuando salió de su cabina, sus hombres estaban contentos de que finalmente se hicieran a la mar. Como fuera, les alegraba que estuviera bien después del ataque que había sufrido. Sólo lamentaban el hecho de que no pudieran saber la identidad de los hombres que atacaron a su Capitán para tomar venganza. Para ellos, que conocían a su Capitán les parecía increíble verlo así, apoyándose en muletas y algo pálido, siempre había ocultado su estado físico. Siempre fuerte y aguerrido. El hombre más viejo de su tripulación, lo había examinado cuando el hombre negro lo había llevado hasta el barco, prometiéndole que lo estaría vigilando que no hiciera nada peligroso.
Capitán… - Lo saludaron todos al verlo apoyado en las muletas, en espera de sus órdenes.
¿Quién está en el timón?
El Sr. Bogart… Capitán… - Contestó un hombre pequeño.
Sr. Smith, dígale que cambie el curso…
¿Hacia dónde Capitán?
Vamos a Tortuga…
¿T-Tortuga… Sr.?
Lo que oyó… y Sr. Smith… que no me molesten hasta que hayamos llegado… - Dijo dándose la vuelta para entrar de nuevo a la cabina.
Si Sr.
Continuará…
Nota:
El Olonnés fue un bucanero francés del S. XVII llamado Jean-David Nau, (1630 - 1669). Era natural de Les Sables-d'Olonne, uno de los más crueles y temidos de la historia de la piratería. Con sus prisioneros seguía una rutina siniestra: los interrogaba, los torturaba, elegía a uno para cortarlo en pedazos, sacarle el corazón, después de masticarlo, escupirlo a la cara de los otros, para que supieran lo que les esperaba si no se atenían a sus normas. Su fin fue igual de violento, en Darién lo capturaron unos caníbales de la tribu Kuna que cumplieron con su rito habitual, lo despedazaron vivo, lo asaron y se lo comieron.
Fuente: Muy Interesante Especial Historia: Piratas
Hola:
Muchas gracias a todas por sus reviews a Valerys, Shyrley, coquette81, Nikkita22, y a mi tocaya myrslayer por sus buenos deseos y ánimos. Ladybugs, gracias por hacerme notar que algo extraño le sucedió al primer capítulo cuando lo subí. Un pequeño despiste de mi parte pero ya fue corregido. No se preocupen, todavía faltan más cosas por pasar con la pecosa.
Debo decir que soy una gran fan de Johnny Depp, así que al verlo en Piratas del Caribe, con ese cabello largo, sus diálogos extraños y cómicos… me recordó una fantasía olvidada cuando veía Candy Candy, busqué entre mis múltiples triques y dibujos y ahí estaba: Terry personificado como Pirata, así que comencé a escribir y no he podido parar.
