Capítulo 16

Hacia Nuevos Retos…

Por Nep

ADVERTENCIA

Estimado lector (a):

El presente capítulo tiene contenido fuerte susceptible de herir la sensibilidad del lector; si quien lee no está preparado para dicho contenido, se les invita cordialmente a abstenerse o en su caso dejar de leer este fic. (Contenido Lemon)

Gracias de antemano.

Con cariño y respeto a todos.

Nep.

LEJOS DE PORT ROYAL

El dolor era insoportable, abrió con trabajos los ojos, se tocó la cabeza y sintió algo húmedo en ella, al mirar se dio cuenta de que sangraba. Estaba desorientado, se incorporó, recordó que estaba en la biblioteca, "Lady Ardley" pensó asustado. Por el ventanal escuchaba gran revuelo afuera, salió por ahí. Los hombres de Terrence rodeaban y apuntaban a un hombre pelirrojo que sostenía a la rubia como escudo, la joven lloraba, vio que sus ropas estaban manchadas de sangre. "¿Dónde estará Sir William?" Miró hacia los balcones, en ellos estaban Annie y Thema, viendo asustadas lo que ocurría.

- ¡ATRÁS! ¡O LA MATARÉ TAMBIÉN!. – Gritó el hombre, "¿Qué dijo?" Pensó Marck angustiado, miró hacia los demás balcones buscando a la hermana María, la Sra Morris o Dorothy.

- ¡NO LO HARÁS!... – Gritó por fin la rubia con furia. - ¡ME NECESITAS PARA QUE TE ACEPTEN… Y NO LO HARÁN SI SABEN LO QUE LE HICISTE A ALBERT!... ¡ERES UN ASESINO NEIL LIGAN!... ¡TE ODIO!...

- ¡CÁLLATE!... ¡HARÁS LO QUE TE ORDENE… Y SERÁS MI MUJER! – Gritó fuera de control el hombre, desesperado, quizás por no saber por donde huir al verse rodeado. Ella comenzó a reír, desconcertándolo. - ¡¿QUÉ DEMONIOS TE OCURRE AHORA CANDICE?

- ¡QUE JAMÁS SERÉ TU ESPOSA! – Se liberó de él al darle tremendo pisotón y después un golpe en las costillas, haciendo que soltara el puñal con que la amenazaba. Logrando quitarle la espada. Él la miró entre sorprendido y burlón, tratando de recuperar el aire.

- ¡JA!... ¡¿QUÉ CREES QUE PUEDES HACER CON ESO? – Ella se le acercó amenazante con la espada.

- ¿DE VERDAD QUIERES SABER? – Le hablaba mirándolo con burla. – MÍRATE NEIL… ESTAS RODEADO… NO PUEDES ESCAPAR Y NO DEJAS DE ESTAR DE BRABUCÓN… HABLAS DEMACIADO PARA LO QUE HACES…

- ¡¿Y QUÉ ME DICES DE TU ADORADO "ALBERT"?... VE LO QUE LE PASÓ… Y LO MISMO IRÁ PARA CUALQUIERA QUE SE ATREVA A ACERCARSE A TI... Y TOCARTE… - Ella comenzó a reír.

- ¿CUÁNDO VAS A ENTENDER QUE YO PUEDO CUIDAR MUY BIEN DE MI?... ¡RÍNDETE DE UNA BUENA VEZ!

- ¡TÚ… TÚ VAS A SER MÍA!... ¡QUIERAS O NO!… ¡EL BASTARDO DE GRANDCHESTER NUNCA TE TENDRÁ!… ¡CONTIGO ME VENGARÉ DE ÉL!... ¡NO SÉ QUE DEMONIOS LE VEN LAS MUJERES A ESE PIRATA DE QUINTA!

- SÓLO QUE ES MEJOR HOMBRE DE LO QUE TÚ JAMÁS PODRÁS SER… - Le sonreía mientras mantenía la espada amenazante hacia él.

- VAYA… INCLUSO LE HAS COPIADO SU FANFARRONERÍA… LA TÍA ABUELA SE SENTIRÁ DECEPCIONADA DE TI…

- Que lo haga… la verdad me tiene sin cuidado lo que diga… He podido decidir ésta vez por mi cuenta y no me arrepiento… Cuento con el apoyo de Albert. – Esto último lo dijo al ver a Dorothy sonreírle. Comprendió que él estaba bien. Hizo un saludo con su espada a su primo y se puso en guardia. Él al verla, comenzó a reír burlonamente.

- ¿QUÉ… QUÉ DEMONIOS CREES QUE HACES?... POR FAVOR, DEJA DE JUGAR NIÑA TONTA…

- Simplemente, creo que necesito comprobar una teoría que se me acaba de ocurrir – Le respondió.

- ¿ASÍ?... ¿CUÁL?

- Que serás humillado por una Dama… - Uno de los hombres que les rodeaban, comprendió las palabras de la joven, dejó de apuntar y le lanzó una espada al pelirrojo, quien miraba atónito su acción, los demás hombres reían.

- Será todo un honor Milady ver tal demostración… - Dijo el hombre. Neil los miraba furioso.

- ¡¿TÚ?... ¡¿PRETENDES DARME UNA LECCIÓN?… - Ella le volvió a sonreír con burla.

- ¿Y por qué no?... ¿A caso me tienes miedo? – Furioso tomó la espada.

- ¿DE UNA SIMPLE CHIQUILLA SIN GRACIA? – Ella lo miraba retadoramente, haciéndolo enfurecer. - ¡POR SU PUESTO QUE NO! – Ahora ella le sonreía ampliamente, él la atacó de inmediato, se sorprendió de la agilidad de la joven, que en unos cuantos movimientos le desarmó haciendo que la espada cayera muy lejos.

- Eres patético… lo ves, he comprobado mi teoría: eres un bueno para nada… esperaba más de ti… creí sentir pena por ti… - Él la miró sin comprender. Los hombres de Terrence se apresuraron a apresarlo. – Cuando escuchaba a los chicos mofarse de "Tus Habilidades"… eres realmente patético… Me sorprende que hayas podido escapar…

- LOS HOMBRES DEL OLONNÉS ME LIBERARON… - Un brillo maléfico apareció en sus ojos al ver a la rubia palidecer. – SIENTO LÁSTIMA POR "MIS PRIMOS Y EL ESTÚPIDO DE GRANDCHESTER" – Ella le abofeteó. Lo que provocó que sonriera triunfante. – QUIZÁS EN ESTOS MOMENTOS YA ESTÉN EN SUS MANOS… Y ÉL SE ESTÉ DIVIRTIÉNDO TORTURÁNDOLOS… Y DESPUÉS VENDRÁ PARA HACER LO MISMO CONTIGO… YO ESPERABA LIBRARTE DE TAN TERRIBLE ESPECTÁCULO… PERO SERÁ UN ENORME GUSTO PODER VER TU DULCE ROSTRO ATERRADO POR LO QUE LES SUCEDA…

- ¡LLÉVENSELO DE AQUÍ! – Ordenó el Sr. Smith en cuanto vio el rostro de la rubia angustiado. Thema llegó corriendo, apresurándose a abrazarla cuando vio que estaba a punto de llorar.

- Mandisa, no te preocupes… El Capitán estará bien… los dioses le protegerán…

- ¡ALBERT! – Exclamó al recordarlo, se separó de su amiga y corrió hacia la casa, subió las escaleras y se dirigió a su habitación. En ella la hermana María y Dorothy le atendían. - ¡¿CÓMO ESTÁ?

- Estoy bien pequeña… - Respondió por sí mismo. Ella se acercó para comprobarlo por sí misma. – No me hirió de gravedad… ahora entiendo a los chicos… y siento lástima por él… – Comenzó a decir con burla. – Realmente es un bueno para nada… Estoy decepcionado de Neil Ligan…


PORT ROYAL

Con los primeros rayos del amanecer veía los restos del barco del Olonnés hundirse y los de la Marina Real ir en persecución de los que lo habían acompañado, sus compañeros celebraban. "Stear es un genio, todo resultó mejor de lo que esperábamos" Pensó orgulloso de su primo, Envió un mensaje al Palacio de Gobierno. Terrence y Charly lo habían logrado, a pesar de lo arriesgado del plan. Sonreía el rubio. "Siempre cumple lo que promete… Candy estará bien con él"…

- Me preocupa William… no debió salir así… - Dijo Lord Britter a Stear, quien observaba a través del catalejo. – Es un peligro que Neil Ligan haya escapado…

- No se preocupe Milord… Podrá controlarlo… - El Gobernador le miró con incredulidad. –Lamento decirlo pero, mi "primo" siempre ha sido un incompetente para todo… - Sonrió con malicia. – Me sorprende que siquiera haya podido cruzar el océano…

- No olvide Oficial, que estuvo un tiempo con los peores piratas de estos mares… - Stear lo miró. – Algo debió aprender de ellos… - Se sintió desconcertado al ver que el oficial movía su cabeza de forma negativa.

- Conozco a mi primo… Confío en que Albert lo detendrá…

- Después de meter a los piratas sobrevivientes en las celdas de la prisión y asegurarse de que Charly estaba bien, le recordaron a Terrence la fuga de Neil, inmediatamente fue por su caballo para salir rumbo a su plantación, seguido por los Oficiales. Confiaba plenamente en sus hombres y en Albert, pero no le gustaba esa sensación de intranquilidad. Fustigó más a su caballo. Los primos de la joven lo siguieron.


LEJOS DE PORT ROYAL

Cucky llegó como pudo hasta los jardines, uno de los hombres de Terrence lo vio y corrió en su auxilio, llamando al Sr. Smith quien salió rápidamente de la casa, al verlo herido lo llevaron a una habitación para atenderle.

- Lo… siento… mucho… - Repetía constantemente. – No pude… cumplir… era…

- Tranquilízate chico, nadie te culpa. – Le decía el hombre mientras le curaba las heridas que no eran graves, solo algunos golpes y raspones.

- Pero Terry… se enfadará…

- ¿Por qué habría de hacerlo?… Ese hombre nos tomó por sorpresa a todos…

- Pero le prometí que cuidaría a Lady…

- Y cumpliste lo mejor que pudiste chico, ella está bien, atrapamos al sujeto.

- ¿De verdad?

- Si y lo mejor de todo es que Milady le dio una paliza... - Cuky lo miraba sorprendido, el hombre soltó una carcajada. - No es muy brillante… además de ser un cobarde patético… – Hizo que el chico se recostara. – Ahora debes descansar.


Estaba dormitando en el sillón cuando escuchó el sonido de caballos al galope, se asomó al balcón, sintiéndose tranquila al ver a todos bien. Olvidándose de todo, se apresuró a descolgarse para correr hacia él. Terrence la vio, detuvo su caballo y desmontó de un brinco. La atrapó en un fuerte abrazo mientras ella murmuraba su nombre. A penas si se separaron un poco, él la besó con pasión sin importarle más. Después de un momento se separaron y pudo verla detenidamente, poniendo atención en su camisa.

- Candy… ¿Qué sucedió? – Por un momento ella no comprendió su pregunta, ni su mirada.

FlashBack

Sintió un poco de frío, abrió los ojos, por un momento no pudo reconocer dónde estaba. Vio las cortinas agitarse y pudo ver una silueta tras ellas, iluminada por un relámpago. Sintió como se sonrojaba al recordar la noche anterior. "Terry" pensó, se incorporó y se acercó despacio, tratando de no hacer ruido. Le abrazó por la espalda, cerrando los ojos, se recargó contra él estrechándole más.

- Haaa… Terry… Estás bien… - Le susurró con sensualidad, sintió su sobresalto, pero no le importó. Acariciándole por encima de la casaca, comenzó a desabotonarla.

- Candy… - Sintió como tomaba sus manos para detenerla, se percató que la voz era diferente, se separó abriendo los ojos, le miró apenada cuando él se volvió.

- ¡Albert!… yo… - Escuchó las lejanas detonaciones de los cañones, a través de la ventana pudo ver el clima tormentoso. - ¿Qué es…

- No te preocupes pequeña, todo estará bien…

- Pero los chicos… - Se dio vuelta para dirigirse a la puerta, Albert la retuvo por la muñeca. Por inercia giró hacia él, para mirarlo a los ojos y decir: - ¡TERRY!... – La puerta se abrió de golpe haciendo que miraran en su dirección sobresaltados.

- "Terry" – Escucharon una voz decir con burla. - ¡ESE BASTARDO SERÁ ACABADO POR MI SOCIO! – Soltó una carcajada, Albert se interpuso para proteger a Candy al ver que les apuntaba con una pistola. – Por favor "Tío", permite que me lleve a MI Esposa…

- ¡NO SOY NADA TUYO!... – Exclamó la chica furiosa. - ¡PRIMERO MUERTA!

- ¡PERO VEO QUE ERES MÁS QUE LA PROMETIDA DE ESE "DUQUECILLO" DE PACOTILLA!... – Paseó la vista por la habitación y luego miró a la joven con malicia.

- RETIRA LO DICHO NEIL, ES UNA DAMA… - Albert iba a desenvainar, pero el pelirojo disparó, ella lo vio caer, trató de sostenerle pero su peso la arrastró también. Trató de buscar la herida, comenzando a llorar.

- ¡NOOOO!… NO ALBERT… NO ME DEJES… TAMBIÉN… TÚ NO… - Neil la haló del cabello para obligarla a incorporarse. Ella soltó al rubio para tratar de quitarse las manos del joven de la cabeza.

- ¡ALÉJATE DE ÉL!

- ERES UN…

- ¡NO ME IMPORTA LO QUE CREAS QUE SOY!… Y ÉL… - Señaló al rubio con desprecio. - ¡OJALÁ ESTÉ BIEN MUERTO! – La giró para mostrarle un puñal, rió mientras la llevaba consigo al exterior. – TÚ, A MI LADO APRENDERÁS CUAL ES TU LUGAR COMO MUJER… TÚ SERÁS QUIEN PERMITA QUE TOME MI LUGAR COMO JEFE DEL CLAN… ¡SERÁS SÓLO MÍA!

- ¡VETE AL INFIERNO NEIL!... ¡ERES UN… - Había soltado a la rubia para callarla con una fuerte bofetada y volver a atraerla contra sí. Los gritos y el llanto hicieron que la hermana María, Thema y Annie salieran de sus habitaciones asustadas, la rubia dejó de forcejear, no quería que también a ellas les ocurriera algo por su culpa. Tenía que hacerlo salir de la casa.

Fin del FlashBack

- Terry, tenía mucho miedo… por ustedes… - Lo estrechó con todas sus fuerzas.

- Ya está todo bien Pecosa… - Se separaron, él le hizo un gesto, ella miró a sus primos, se acercó a cada uno de ellos y los abrazó con fuerza.

- ¿Seguro que estás bien? – Preguntó Annie a Marck mientras le curaba la pequeña herida tras la cabeza.

- Si… - Se quejó de dolor. – Siento mucho no haber podido ayudar a Lady Ardley…

- El tonto de Neil te tomó desprevenido… no te preocupes. – Cubrió la herida.

- Quisiera haber sido de más ayuda…

- Lo fuiste… - Él la miró sin comprender. – Estuviste aquí… conmigo. Estaba muy preocupada de que te pasara algo malo allá. – Terminó de curarle.

- No te importa que… - Ella hizo que la mirara al rostro.

- Claro que no…. No es tu estilo… pero estuviste aquí… para cuidarme… – Le sonrió, él se acercó a besarla.


LONDRES

- ¡PADRE ERES INJUSTO! – Salió dando un portazo el joven. Retrasó por algunos meses más la ceremonia de su matrimonio. Se asomó a la ventana del despacho para verle partir furioso en su caballo.

Debía esperar a la llegada de Sir William. Las cosas que había descubierto por su cuenta de los Ligan y Lady Marlowe le preocupaban, especialmente porque la prometida de su hijo lo manipulaba a su antojo… Las cosas eran más delicadas de lo que suponía, así que debían andarse con cuidado. Además de que Susana seguía renuente a que visitara a su nieto dándole siempre evasivas. Lo que motivó que el Duque comenzara a sospechar.


La Tía Abuela Elroy estaba molesta por la decisión del Duque para retrasar el matrimonio de Eliza. Rompió el mensaje con furia ya que no había explicación alguna. No podía hacer nada o agraviaría al Noble y debía mantener buenas relaciones con él. La joven recibió la noticia con cierta molestia, pero desde que se anunció su compromiso comenzó a gozar de cierta popularidad entre sus compañeras. Paty se alegraba de que por fin estuviera tan ocupada y la dejara en paz, tratando de averiguar sobre Candy. Se sentía impaciente por recibir noticias respecto a lo que hubiera ocurrido en Jamaica.


Esperaba con impaciencia en su oficina, cuando llamaron a su puerta, entrando un chico disculpándose por su tardanza, pero por poco y lo descubrían. Cuando se retiró después de dar su informe le pagó y le pidió que buscara a alguien más para que le ayudara. Redactó con mucho cuidado la información. No podía creer lo que se había descubierto… especialmente sobre la rubia. Sentía pena por el joven Cornwell, fue una suerte que no se hubiera desposado con ella. Y una suerte también que ahora tuviera las pruebas necesarias para limpiar el buen nombre de su hijo mayor, así como que confiara en ellos para hacerlo. Sir William contaría con el apoyo inglés para tomar su lugar como Jefe del Clan. Sonrió, era la mejor forma de acabar con los planes de Madame Elroy por desprestigiar al joven William.


CERCA DE EDIMBURGO

Desde la visita del Duque, se sentía angustiada. Llevaba mucho tiempo sin noticias de Terrence… creyó que su padre estaría más enterado que ella, debido al botín que llegaba con regularidad para Inglaterra de su parte. Después de haber leído la última carta sobre el rescate que hizo, no había recibido más. Salía con frecuencia hacia el lago, buscando algo de tranquilidad, para despejar su mente, de alguna forma ella sabía que seguía con vida. Esperaba que recapacitara y cambiara su modo de vida. Pero lo que más deseaba era volver a verlo sonreír… no quería verlo tan amargado como la última vez que estuvieron cerca.


PORT ROYAL

Ya habían pasado algunos días desde el ataque del Olonnés, y ni rastros de su cuerpo. Día y noche había patrullas a lo largo de las costas de Jamaica. Poco a poco los habitantes comenzaron a regresar. Annie había enviado una carta a su madre para saber como estaba. En cuanto a Neil, esta vez no pudo hacer nada Albert por él. Sería juzgado y sentenciado como un vulgar pirata, sin tomar en cuenta que pertenecía a una importante familia de Escocia, dados los crímenes que cometió contra Emily y Albert. Antes de que se cumpliera su sentencia pidió hablar con Candy. Los chicos y especialmente Terrence se oponían a que lo visitara, pero finalmente ella los convenció.

- ES UNA LOCURA CANDICE, NO MERECE NINGUNA CONSIDERACIÓN DE TU PARTE! – Protestaba Terrence cuando bajaban hacia los calabozos. – NI SIQUIERA DEBERÍAS ESTAR AQUÍ…

- Estás molesto? – Le preguntó sonriendo. – Me llamaste Candice…

- ¡MALDICIÓN!... ¡ESTOY HABLANDO EN SERIO!... ¡ESE IDIOTA TRATÓ DE PROPASARSE CONTIGO, MINTIÓ SOBRE TI Y ADEMÁS ESTUVO A PUNTO DE MATARTE… SIN CONTAR EL DELITO QUE COMETIÓ CON EMILY Y ALBERT! – Les abrieron otra puerta, se detuvieron antes de entrar. – SIMPLEMENTE NO TE ENTIENDO, ¿POR QUÉ LE CONCEDES SU ÚLTIMA VOLUNTAD?

- Tú lo dijiste: es su última voluntad… - Le sonrió al tomar su mano, sin querer, él dejó de refunfuñar. – Y siento mucha lástima por él… después de todo, es parte de mi familia… aunque no sea la mejor… - Entraron, el guardia que los guiaba se detuvo frente a la celda del pelirrojo.

- TIENEN CINCO MINUTOS. – Dijo, a punto de abrir la puerta, pero Terrence lo detuvo, comprendió y se alejó. Neil tenía un aspecto terrible: los demás piratas habían sido colgados el día anterior. Se acercó a los barrotes.

- ¡Candy!... viniste…

- ¡DÍ DE UNA BUENA VEZ LO QUE TENGAS QUE DECIRLE PARA QUE PUÉDAMOS LARGÁRNOS DE AQUÍ! – Señaló con brusquedad Terrence al darse cuenta de la forma en que miraba a la joven.

- Terry… - Ella le pidió. – Por favor…

- NO TIENEN MUCHO TIEMPO PARA HABLAR – Dijo ignorando la súplica de la joven sin dejar de mirar con furia al cautivo. – VE DIRECTO AL GRANO LIGAN… - Se dio cuenta de que aun le miraba con coraje. – Y NI CREAS QUE ME ALEJARÉ DE ELLA, ASÍ QUE APRESÚRATE. – Neil se dejó caer de rodillas, bajando la cabeza, la joven se asustó.

- Candy… yo… lo lamento tanto… me he equivocado… en todo… - Alzó la vista, ella recordó que fueron las palabras que sus primos le obligaron a decir la vez anterior, pudo ver sus ojos llorosos, ahora, era sincero. – Perdóname… Creí que hacía lo mejor para mi familia… después de llevarlos a la ruina… siempre he sido un torpe… un inútil para todo… - Miró a Terrence con cierto temor. – Cuídala… - Terrence dejó de mirarlo con burla, se puso serio y simplemente asintió.

- Te… te perdono… - Dijo Candy, en ese momento se acercó el guardia, ella le sonrió por última vez a su primo. – Adiós Neil… - El joven la miró, ella comenzaba a llorar. Terrence se percató, la tomó de la mano y se dirigieron a las escaleras para salir.

- Gracias… Candy… - Fue lo último que alcanzaron a escuchar.


- Tal vez la tormenta arrastró su cuerpo mar adentro. – Dijo Stear cuando él, su hermano y su primo se reportaron con el Capitán y el Gobernador, aun había preocupación por que no se encontrara nada del Olonnés.

- Sólo han estado llegando restos de los barcos que acompañaban al pirata, fueron hundidos al ser alcanzados. – Mencionó Archie.

- Y el único barco que parecía estar en buenas condiciones después de nuestro ataque, logró escapar… es el informe que presenta un interceptor de la Marina Real. – Terminó de reportar Anthony.

- Bien hecho señores… Por el momento no nos ocuparemos más de él, pero no bajaremos la guardia. – Dijo el Capitán. Permitió que los oficiales se retiraran. Lord Britter revisaba y firmaba documentos, pero su rostro mostraba preocupación.

- ¿De verdad cree que ha muerto el Olonnés? – Preguntó dejando a un lado los documentos al ver que el Capitán mantenía la vista fija hacia la ventana.

- Eso espero… Alguien como él, pareciera que es el mismísimo demonio… parece que nada puede en su contra…


LEJOS DE PORT ROYAL

Albert se había quedado algunos días en la plantación de Terrence por insistencia de Candy para cuidarlo en la recuperación de su herida. Estaba en los jardines acompañado por Annie y Teshi, cuando vieron llegar a la rubia y el moreno, acompañados por Cuky. La joven les había ganado una carrera a caballo. Les escuchó reír. "Me alegra que Candy esté tan feliz". Se incorporó para ir a su encuentro, mirándoles con mucha seriedad.

- TERRENCE, ¿QUÉ HAS HECHO CON MI PEQUEÑA? – Se acercó diciéndoles con cierta dureza en su tono, justo cuando el joven ayudaba a su prometida a desmontar. Los vio palidecer de pronto, para después sonrojarse en cuanto sus miradas se cruzaron.

- ¿A-a qué te refieres? – Titubeó un momento sin dejar de mirar a la joven, tratando de recuperar el aplomo.

- Creo que está perdiendo sus modales como dama… - Respondió señalando las ropas de la joven, su forma de montar y su cabello completamente libre. – Eres una mala influencia.

- ¡Albert!… - Se quejó la joven al escuchar su tono ceremonioso. – Ya te pareces a la Tía Abuela. - El rubio soltó una carcajada.

- Sólo estoy practicando Pequeña. Sabes que pronto tendremos que regresar. – Notó la repentina tristeza de la joven. Terrence la abrazó.

- Sé… - Comenzó a decir el moreno. – que dije que me casaría con ella hasta arreglar todo en Inglaterra… - Hizo una pausa, lo miró a los ojos, el rubio hizo un leve movimiento para animarlo a continuar. – Pero… no quiero estar separado de ella por más tiempo… Lo ocurrido hace unos días… me hizo recapacitar… sabes cuanto la amo…

- ¿Y? - Preguntó el rubio sin dejar de mirarle a los ojos.

- Queremos casarnos antes de partir… rumbo a Inglaterra… - Terrence le miraba como si quisiera leer sus pensamientos. Candy volteó a mirarlo sorprendida, él no había dicho nada al respecto, pero comprendió al joven. Tampoco quería estar separada de él por más tiempo.

- Por favor, Albert… - Pidió la joven con nerviosismo, apretándose más al cuerpo del moreno. Albert no dejaba de ver a la pareja. Les sonrió.

- De acuerdo. - Dijo finalmente. Candy se separó de Terrence para abrazar al rubio emocionada. – Con una condición. – El moreno lo miró con recelo, mientras que ella se separaba sorprendida por sus palabras. – No se verán hasta el día de la boda. - Candy estaba a punto de protestar, Terrence sonrió con suspicacia. Albert volteó a mirar a la joven. – Es la tradición Pequeña, ¿O es que quieres tener mala suerte?

- ¡Claro que no! – Lo volvió a abrazar emocionada. – Gracias Albert… - Ambos hombres intercambiaron sonrisas.

- Entonces, esta tarde regresaremos a Port Royal… - La joven vio salir de la casa a Dorothy. – Así que apresúrate a prepararte para partir…

- Pero… ¿Tan pronto? – Hizo un puchero de rebeldía, ambos caballeros comenzaron a reír.

- Si quieres esperar… - Dijo divertido el rubio. Ella tuvo que ceder con un suspiro de resignación al ver a su prometido.

- De acuerdo Albert, iré a empacar… - Se fue corriendo hacia Dorothy, las vieron entrar a la casa.

- ¿Por qué la prisa? – Preguntó Albert con seriedad mientras se dirigían a sentarse a la sombra.

- Quiero que los preparativos sean como Ella quiera…

- ¿Seguro?. – Preguntó Albert, estudió detenidamente el rostro del joven. No mostraba emoción alguna, le preocupaba cuando lo veía así.

- He estado pensando en el peligro que pudiera correr Candy… Susana usará todo tipo de artimañas para separarme de ella si sabe que aún no la he desposado… - Albert, se preocupó por sus palabras. – Aunque también sería capaz de hacerlo estando casados... Es un terrible dilema… – El rostro de Albert se contrajo al ver el del moreno angustiarse. – Se lo he dicho a Candy, lo peligroso que sería para ambos… especialmente para ella… - Bufó exasperado. – Pero está decidida a seguir adelante con esto… a mi lado… la amo y te juro que no renunciaré a ella jamás… Lucharé contra quien sea si hace el intento de separarnos… - Dijo mirándolo a los ojos con determinación.

- De acuerdo… - Extendió la mano Albert, Terrence la estrechó. – Cuentas con todo mi apoyo.

- Gracias… "Suegro"… - Palmeó la espalda del rubio.


PORT ROYAL

Archie estaba en los muelles cuando recibió un mensaje de Anthony diciéndole que Candy había regresado. Después de pedir permiso, fue a buscar a Stear. Los tres oficiales fueron a recibir a su prima, quien les anunció alegremente que su boda se adelantaría y sería ahí mismo, antes de regresar a Inglaterra. Sorprendidos, la felicitaron lo mejor que pudieron.

- Ya sabía yo que algo se traía entre manos ese inglés engreído… - Murmuró Archie.

- Hermano… - Comenzó a decirle Stear con tono de advertencia.

- Prometimos que dejaríamos de intervenir. – Señaló Anthony con pesar.

- Lo sé… - Suspiró el castaño mientras salían de la Mansión del Gobernador.

- ¡VAYA!... ¡POR FIN!... ¡LOS TRES CABALLEROS DE MI DULCE DAMA!. – Escucharon una voz conocida con su típico tono burlón. – Esperaba verlos aquí en cuanto se enteraran de la noticia. – Lo miraban con recelo mientras se acercaban a él. – ¡UFFF!... ¡Cuánto entusiasmo!… ¿Es que no piensan felicitarme?... ¿O la tregua se rompió ahora que se han adelantado los planes?

- ¡¿QUÉ HAS HECHO TERRENCE? – Explotó de inmediato Archie mirándolo con suspicacia al tiempo que tomaba la empuñadura de su espada. Stear y Anthony le detuvieron.

- Nada… - Le enfureció al castaño ver el rostro del moreno imperturbable.

- ¡¿A-A CASO TE ATREVISTE A… TOCARLA? – Lo miraba con cierta furia. - ¡DIME: ¿LO HICISTE?

- NO…

- ¡MIENTES!...

- Terrence… - Dijo Stear mirándolo de una forma que parecía decir que dijera la verdad.

- No la he tocado… - Dijo cruzando a sus espaldas los dedos. - palabra de honor…

- ¡ERES UN PIRATA!… ¡LOS PIRATAS NO TIENEN PALABRA!… - Insistía el castaño furioso.

- Conocemos a Terrrence de hace tiempo. – Intervino Anthony mirándole con seriedad. – Es un Noble Caballero… y su palabra cuenta, ¿No es así? – El rubio volvió el rostro hacia el moreno. Terrence le devolvió la mirada con la misma seriedad que veía en su antiguo amigo.

- Así es… Sólo que... conociendo como es mi prometida, preferí evitarle problemas y las cosas no fueran como a ella le gustan, ya saben: tanta gente desconocida… especialmente si es con el hijo del "Gran Duque de Grandchester" – Seguían mirándolo con incredulidad. "¡ERES UN MALDITO MENTIROSO TERRENCE GRANDCHESTER!... TE CONOZCO… NADA TE DETIENE PARA OBTENER LO QUE DESEAS… Y SÉ CUANTO LA DESEAS…" Pensaba Archie apretando los dientes para no gritarlo. – Y conociendo la opinión que todos tienen de su "Encantadora Tía Abuela" no quise que tan "distinguida Dama" le arruine el día más feliz de su vida a Mi Pecosa. – Los miraba de forma penetrante. - Así que quiero que sea ella la que decida todos los preparativos…

- ¿Eso es todo? – Preguntó Stear.

- Bueno, quería verlos por que hay un pequeño detalle que nos incumbe a todos: Susana Marlowe…

- ¿NO SE SUPONÍA QUE PRIMERO ARREGLARÍAS TODO LO RELACIONADO CON ELLA? - Reclamó de nuevo Archie.

- Y se está resolviendo… - Lo miraron sin comprender. – Aunque no como yo quería. – Les invitó unos tragos, encaminándose a una taberna. Ahí les contó el plan de Albert y poco después lo que él tenía en mente hacer. Los Oficiales no podían creer lo que escuchaban.

- Pero, odias a tu padre… - Señaló sin pensar Anthony.

- Cierto, yo no pensaba pedirle ayuda… bastante tengo con darle parte de los botines… además de que arriesgue el pellejo, como para que él simplemente los disfrute… - Refunfuñó, los primos sonrieron. – Pero, ya que está involucrado, no me queda más remedio que modificar mis planes…

- PERO ESTÁS HABLANDO DE UNA DAMA… - Protestó Archie no muy convencido. - ¿CÓMO PUEDES…

- DE LA MISMA FORMA QUE ELLA SE OLVIDÓ DE QUE LO ERA…

- ¿Y tu hijo? – Preguntó Stear interrumpiendo a su hermano con un gesto. Archie palideció y se contuvo.

- Ése es otro punto que hay que aclarar… desde que reuní las pruebas en su contra, tengo mis dudas… pero necesito verlo por mí mismo.

- ¿Y si realmente es tuyo? – Preguntó Archie.

- Cuidaré de él… Si ella está tan mal como creo… - Se tocó la cabeza. – Si no, estará siempre con ella y su familia… velaré por el pequeño, pero no haré nada más…


Estaba fuera de su balcón, contemplando el cielo. Había pasado la tarde con Madame Britter, Annie, Thema, La hermana María y Dorothy mientras elegían arreglos, la costurera tomaba medidas. Sonreía con disimulo al ver el cambio en la dama en su trato hacia ella.

- Ahora puedo apreciar las ventajas de casarse con el hijo de un Duque. – Dijo burlonamente mientras observaba los muelles.

- Si que te ha mal influenciado Terrence – Dijo Annie menando su cabeza al ver a su amiga recordar la nueva actitud de su madre hacia ella. Sonrió con suspicacia al decirle: - Es una lástima… aquí no podrá visitarte a media noche… – Vio a la rubia sonrojarse.

- ¡¿Qué estás diciendo? - Respondió fingiendo no comrender.

- No creas que no me he dado cuenta. – La rubia se volvió intrigada a mirar a su amiga. – Y supongo que Albert lo sospecha… por eso te trajo…

- Ummm… - Refunfuñó. – Es imposible… - Annie meneó la cabeza con exasperación. - pero… ¿Cómo podría… adivinar… algo… algo así? – Su amiga soltó una risilla.

- Son tan obvios estando juntos… - Suspiró.

- ¿A qué te refieres? – Preguntó Candy, su amiga la miró y sintió como estaba sonrojándose a más no poder.

- Las miradas que ambos comparten… tú no puedes estar sin tener algún tipo de contacto físico con él… quien por su parte ha dejado de embromarte y hacerte enojar poniéndote sobrenombres… al contrario, se ha vuelto muy cuidadoso contigo… casi podría decirse que muuuuyyy sobreprotector…

- ¡ANNIE BRITTER!... TE HAS CONVERTIDO EN UNA ENTROMETIDA… ¿ME HAS ESTADO VIGILANDO?…

- NIÉGALO… - La desafió, Candy ya no sabía donde esconderse.

- Así que por eso… nos separó… - Murmuró la joven con pesar. – Pues Albert tiene la culpa… por haberme enviado a la plantación de Terry… - Se defendió.

- Eso ya no importa. – Su amiga la miró de forma soñadora. – Pronto podrás presumir que eres la Señora de Terrence Grandchester y ya nada ni nadie los podrá separar.

- Tienes razón… - Murmuró la rubia con cierta angustia, su amiga lo notó.

- ¿Qué pasa Candy? – Se había quedado muy pensativa, por fin decidió entrar a la habitación, se sentó frente a su tocador para comenzar a cepillar su cabello.

- Al regresar a Inglaterra… casada con Terry… aparecerá Susana Marlowe… el pasado de todos ellos volverá…

- ¿Qué es lo que te preocupa?

- Que no sepa como manejar eso… que no tenga la fuerza para soportar lo que venga…

- Si puedes. – La joven dejó de cepillarse para mirar el reflejo de su amiga a través del espejo. – Sólo recuerda la manera en que Terrence te mira: Sólo a ti te mira de una forma tan especial que es difícil de describir… no hay ninguna duda de cuanto te ama... es total… así como tú lo haces… sólo confíen en ustedes… en el amor que se tienen…

- Tienes razón. – Abrazó a su amiga. – Gracias Annie…


Aprovechando que tenía un momento libre y estaría a solas, anduvo por Port Royal sin rumbo fijo, hasta que finalmente decidió refrescarse un poco. Después de haber conocido los planes de Albert y Terrence respecto a Susana, no le había quedado más que aceptar las pruebas que le había mostrado el moreno… Se sentía muy decepcionado, todo ese tiempo creyéndola la víctima… y solo había caído como uno más de los tontos que la defendían en ésa época, impresionado por "su inocente belleza y dulzura". Todo había sido un sucio truco. Ahora hasta podría estar seguro de que ni siquiera lo amó… Ahora no permitiría que destruyera la felicidad de su prima también.

- Archibald… - Se puso tenso al escuchar su nombre a sus espaldas. No necesitaba voltear para ver quien le llamaba así para provocarle.

- Terrence… ¿Qué rayos haces aquí? – Dijo mientras bebía un trago de su botella. El moreno se sentó frente a él. - ¿No deberías comportarte como el "Caballero" que eres y alejarte de estos lugares? Candy no lo aprobaría…

- Tienes razón, pero sólo merodeo por aquí cuidando de uno de sus Tres Caballeros… por si no lo sabías, le preocupas mucho….

- ¿Y tú? – Terrence le arrebató la botella y bebió un gran trago, para molestia del castaño.

- ¡Oh vamos!... ¿Ya te olvidaste de los viejos tiempos?... Además necesito distraerme un poco… es una tortura lo que ha hecho Albert… - Le entregó la botella.

- ¿Qué rayos fue lo que hiciste para que no te deje verla? – Dijo amargamente entrecerrando sus ojos al verlo. Como si supiera algo, queriendo confirmarlo.

- Aceptar las condiciones de Albert… - Archie lo miró aún incrédulo, recordó el día que derrotaron al Olonnés, lo había observado meticulosamente cuando le vio junto a la rubia. Se había dado cuenta de que por Candy haría hasta lo imposible.

- ¿Eso es todo? Sólo falta una semana… - Estaba riendo. - Me sorprende que respetes al pie de la letra su decisión. – Lo miró con suspicacia. - Siendo lo que eres… un Pirata… - Terrence lo miró con seriedad.

- Quiero que todos sepan que para mí es en serio y la amo de verdad… soy capaz de todo por ella…

- Ya… - Le costaba trabajo decirlo. – ya me he dado cuenta… has cambiado mucho… - Suspiró para poder decir: - Y sé que la protegerás… No te preocupes… - Lo que diría a continuación le costaría demasiado trabajo decirlo: - Tienes… mi apoyo… en todo…

- Gracias – Dijo el moreno sorprendido. – Esperaba volver a escuchar eso de ti…


- ¡CANDICE WHITE ARDLEY! – Escuchó a sus espaldas justo cuando se preparaba para descolgarse por el balcón. La miró, era la primera vez que la llamaba por su nombre completo.

- Thema… me asustaste… - Dijo tranquilizando su respiración. La mujer la miraba con una sonrisilla contenida. – Tú mejor que nadie sabes que esto es una tontería. – Rogó con frustración entrando a la habitación. – Sabes que… lo necesito tanto… necesito verlo… - Aclaró al ver su rostro inexpresivo.

- Lo sé, pero son órdenes de tu tutor. – La joven vio su sonrisa disimulada escapársele.

- Esta situación te divierte mucho, ¿Verdad? – Dijo sentándose molesta en el diván.

- Claro que sí… - Candy la miró con incredulidad. – Verte correr cada vez que llaman a la puerta… la forma en que te pones al ver un ramo de flores de su parte… Cuando salimos a dar un paseo y verlo siguiendo el carruaje… - Eso si la sorprendió. – Especialmente verle dirigirse hacia acá... escondiéndose entre los setos del jardín… - Candy iba a replicarle pero la mujer estaba asomada al balcón, se acercó a ella y pudo ver al joven entre las sombras.

-¡Lo sabía! ¡Ése es mi Pirata! – Dijo riendo cuando lo vio comenzar a trepar hacia su balcón.

- ¡Pecas! – La llamó al brincar el barandal, Thema salió discretamente mientras la joven se apresuraba a sus brazos para estrecharlo. Comenzaron a besarse desesperados. – Te he extrañado… - La joven lo fue halando hasta la habitación.

- Yo… también… Terry… - Lo haló hasta el lecho, comenzando a sacarle la camisa. Acariciaba con avidez su fuerte espalda.

- Espera… Pecas… - Seguían besándose.

- ¡NOOO!… no quiero… Te… te necesito… - su confesión le hizo estremecer de placer y su cuerpo comenzar a reaccionar por ello. Muy a su pesar, le detuvo las manos. - ¿Qué pasa?

- No puedo estar aquí mucho tiempo… Archie…

- ¡¿QUÉ HIZO ESTA VEZ? – Preguntó molesta con su primo.

- Está entreteniendo a Albert… - Ella lo miró sorprendida. – Y no podrá hacerlo por mucho tiempo o sospechará…

- Ahh… vaya… por fin entró en razón ese cabezota… - Terrence sonrió.

- Cierto… - Le dio un beso rápido. – Tardé mucho en venir, así que debo regresar ya…

- De acuerdo… - Le hizo un puchero de decepción.

- No te preocupes Pecas… son solo unos días más…

- Lo sé, pero me parecen eternos… - Él le sonrió, la besó de nuevo y se descolgó por el balcón.


Stear y Anthony estaban desembarcando. Regresaban de inspeccionar las costas de Jamaica para asegurarse de que el Olonnés no estuviera oculto por allí y los sorprendiera con algún ataque. Las demás poblaciones estaban en calma. Cuando terminaron con sus reportes y demás órdenes se dirigieron a las barracas. Se sentían extraños con tanta calma. Se dirigieron a la Mansión del Gobernador. Al llegar vieron a Candy y su amiga en los jardines, tan entretenidas que no se percataron de su presencia. Stear carraspeó un poco para llamar su atención. Ambas los miraban muy sonrojadas.

- Buen día… - Saludó Anthony a ambas mientras tomaba sus manos y las besaba, ellas se miraban abochornadas.

- A-anthony… dis-disculpa que… - Comenzó a decir Candy.

- Imagino que estaban hablando de tu boda… - Comentó Stear mientras las saludaba de la misma forma.

- No… - Candy miró a su amiga que estaba sonrojadísima. – Annie se comprometió con Marck…

- ¡FELICIDADES! – Dijeron ambos. Dorothy se dirigía hacia ellos.

- Candy, tienes carta… - Dijo entregándole un sobre lacrado, la rubia miró el remitente, diciendo con emoción al recordar a su tímida amiga: - ¡Annie! ¡Carta de Paty!... – Miró a Stear con suspicacia, viéndolo sonrojarse. Abrió con rapidez el sobre para comenzar a leerlo, después se lo pasó a su amiga, los Oficiales vieron que se entristecía un poco.

- ¿Malas noticias Candy? – Preguntó preocupado Anthony, ella negó y los miró.

- Creo… creo que los problemas con… Susana Marlowe… han comenzado… - Sususrró. Ellos la miraron sin comprender.

- ¿Susana?... – Preguntó Anthony con recelo.

- ¿Cómo puede ser posible? - Murmuró Stear. Annie les tendió la carta y comenzaron a leer juntos. - Susana y Eliza… - Una muy mala y complicada combinación…

- Candy, ¿Confías plenamente en Terrence? – Preguntó con seriedad Anthony a su prima al verla pensativa y triste. – Sé… que no me incumbe pero… - Miró a Stear, quien asintió. – no queremos que salgas lastimada por todo esto… aún estás a tiempo… - Ella los miró, recordó las palabras de Annie… recordó cada gesto… cada mirada… cada palabra… cada caricia y cada beso del moreno.

- Si, confío plenamente en él… – Dijo con mucha determinación, ambos oficiales sonrieron más tranquilos.

- En ese caso no debes preocuparte de nada… - Se sentaron con ellas para contarles sobre los planes que tenían… cuando terminaron, la rubia miraba a un punto distante.

- Candy, ¿Qué sucede? – Preguntó Stear.

- Supongo… que todo eso está bien… pero no contábamos con Eliza se hiciera su amiga…

- Cierto… - Dijo el rubio pensativo. – Eso modifica las cosas…

- Ummmm… tenemos que decírselo a Albert y a Terrence. – Dijo Stear regresándoles la carta.

- Es mejor que se las muestren… después de todo, ustedes conocen mejor a Eliza. – Dijo Candy sonriéndoles de manera enigmática.


- ¿Qué piensas hacer? ¿Aún quieres continuar con tus planes? – Preguntó Charly después de que los oficiales y Albert partieran del Teodora. El moreno asintió. – Pero ¿Y tu prometida? – Lo vio sonreír con amargura.

- Está dispuesta a todo… quiere ayudar… dice que confía por completo en mí…

- ¿No crees que esto la pondrá de nuevo en peligro? – Encendió su pipa, Terrence sacó un pequeño sobre.

- Se lo dije… - Sonrió mostrándoselo. – Me contestó con un rotundo… - Comenzó a leer el papel. – "No me importa, estuve un peligro peor y sobreviví… no te será tan fácil liberarte de mí… eres sólo mío, entendiste… sólo mío… para siempre… y eso es todo lo que Susana Marlowe deberá saber"

- Vaya… es muy valiente… o definitivamente la has enloquecido Terry… - Lo examinó con burla. - Siempre me he preguntado que es lo que les haces o les das para que se aferren a ti… de esa forma… - Ignorando su comentario le contestó:

- Eso es lo que amo de ella…

- ¿Su locura? – Se burló su amigo.

- Su confianza en las personas y su determinación… - Se levantó de la silla para dirigirse a cubierta. – Y no pienso defraudarla… esta vez no dejaré cabos sin atar… Como se lo dije a Albert: lucharé por ella contra quien se interponga entre nosotros…

- ¡ASÍ SE HABLA HOMBRE! – Vio que sacaba el catalejo para mirar hacia la Mansión del Gobernador, sonrió con suspicacia. - ¿Nervioso?

- ¿Por qué habría de estarlo? – Preguntó fingiendo indiferencia, sin dejar de mirar. Charly estalló en carcajadas. – En pocos días será oficialmente la "Sra. de Terrence Grandchester" y no habrá vuelta atrás.

- Lo sé y lo espero con ansias.

- Claro, con una joven como ella, cualquiera estaría ansioso por que le echen la soga al cuello.


Archie veía a su primo caminar de un lado para el otro con nerviosismo. Stear había salido un momento.

- ¿Qué es lo que te preocupa? – Le preguntó por fín.

- Nada…

- No mientas, es respecto a Candy ¿No es así? – El rubio se detuvo, Archie comprendió. – Ella fue quien decidió ayudar…

- Pero, es que ella… nada tiene que ver con nuestro pasado… - Bufó exasperado Anthony.

- Pero Susana podría destrozar su futuro… y su felicidad. – El castaño se sentó. - Ahora que he vuelto a revisar todos las pruebas que reunió Terrence… me doy cuenta de lo idiota que fui… tan perdido en sus encantos… y sus mentiras… - Anthony se quedó mirando un punto fijo para sonreír con amargura.

- Si, había algo… en ella… - El rubio se calló abruptamente al sentir el peso de la mirada de su primo. – Yo… lo siento…

- Eso ya… no importa… veo que dañó a más personas de lo que creía… siento mucho haber sido tan ciego… y egoísta…

- Pronto… todo se dará a conocer… lo que ha hecho y a cuantas personas…

- Todo sea por la felicidad de Candy…

- No se olviden de "nuestra querida prima Eliza Ligan" – Se acercó diciendo Stear. – Recuerden que nunca fue inocente en las travesuras que tramaba… siempre lograba salirse con la suya y sin castigo alguno…

- Sólo el incompetente de Neil… pagaba por ella las faltas… - Dijo Archie con burla, su hermano y su primo lo miraron con censura, había olvidado que su sentencia sería ejecutada un día después de su partida a Inglaterra para no opacar la boda de la pecosa.

- Me pregunto ¿Por qué tiene tanto interés en Candy? – Murmuró Stear pensativo, recordando la carta de Paty.

- Sabes que siempre se ha sentido la mujer más hermosa del mundo… y cualquier competencia que se le atraviese en el camino debe ser eliminada. – Dijo con burla Archie.

- Eso es algo de cuidado y que debemos tomar en cuenta… nunca ha soportado que alguien sea más interesante que ella. – Señaló Anthony. – Y mucho menos que atraiga la atención.

- Nuestra atención principalmente. – Corrigió Stear. Miró a su hermano y después a su primo.

- Aunque ella no es nada interesante… es muy superficial… - Volvió a burlarse Archie. Stear se acercó al rubio y palmeó su espalda, el joven lo miró extrañado.

- Lo siento mucho primo… pero tendrás que sacrificarte por la causa. – Archie sonreía con malicia.

- ¿A qué se refieren? –Miró a uno y a otro.

- Sabes que ella siempre te ha preferido… Tu misión, si decides aceptarla es: averiguar lo que trama. – Dijo Stear fingiendo un tono solemne y seriedad.

- ¡Oh no! – Se quejó el rubio ante las sonrisas cómplices de sus primos.


Llamaban con insistencia a su puerta… pero nada… Entraron con mucho cuidado de no hacer ruido… se acercaron a su lecho… estaba completamente perdida en su quinto sueño más profundo. Se sonrieron, una de ellas movía su cabeza con resignación. La mujer mayor se acercó a las ventanas, la morena comprendió e hizo lo mismo, haciéndose señas acordaron contar hasta tres.

- ¡CANDY!... ¡DESPIERTA! – La rubia brincó como movida por un resorte asustada por las voces. - ¡YA ES MUY TARDE!

- ¡DIOS MÍO! ¡TERRYYYYY! – Exclamó aún adormilada, mientras Thema y las jóvenes reían a más no poder al verla caer de la cama en su intento por apresurarse. - ¡¿TAN TARDE ES? – Gritó tratando de incorporarse del suelo.

- Eres una dormilona… - Señaló Thema, al verla apresurarse a quitarse el camisón y tropezando con todo. - Entenderé a Terry si decide dejarte plantada… - La rubia la miraba con angustia.

- ¡NOOOO!... NO SERÁ CAPAZ… ¡¿VERDAD?

- Tienes que apresurarte… Futura Duquesa de Grandchester… - Dijo ceremoniosamente la morena.

- Annie, sabes que él no quiere…

- Lo sé, pero me gusta como suena…


LEJOS DE PORT ROYAL

En la plantación había un gran bullicio mientras eran adornados los jardines y se preparaba el banquete. Terrence se miraba en el espejo de cuerpo entero con inquietud, mientras el sastre le daba los últimos toques a su casaca.

- ¡DEMONIOS! – Exclamó molesto, el sastre se disculpaba asustado por haberle picado con un alfiler.

- ¡TERRENCE! TRANQUILÍZATE… - Le llamó la atención el Sr. Smith, divertido por el nerviosismo del joven, Charly reía a más no poder mientras Terrence le miraba furioso, dispuesto a gritarle. - El pobre hombre solo hace su trabajo… ¡ASÍ QUE: D-E-J-A D-E M-O-V-E-R-T-E! – Se escucharon caballos, Terrence se acercó al balcón, pero sólo eran los primos de su prometida, que en ese momento llegaban.

- Ya es muy tarde… - Murmuró mirando el reloj de la cómoda. El Sr. Smith sonreía, era la primera vez que le veía tan impaciente.

- ¿Crees que por fin haya recuperado la cordura, piense mejor las cosas y te deje plantado? – Se burló Charly. – La verdad es que no eres el mejor partido… - Terrence lo miró molesto.

- Sabes que no lo haría… - Le dijo Cuky de forma conciliadora.

- A demás, ¿No es la costumbre que las damas nos hagan esperar? – Dijo el Sr. Smith para tranquilizarlo. - ¡ASÍ QUE DEJA DE ESTAR DE GRUÑÓN!


PORT ROYAL

A pesar de sentirse muy nervioso, sonreía al ver a las damas corriendo de un lado para el otro, apresurándose con el arreglo de la joven. Cuando finalmente estuvo lista, le permitieron pasar. Se había quedado sin habla. Estaba muy hermosa, lo que le trajo recuerdos de cuando era pequeño y vio a sus hermanas iguales de hermosas y radiantes de felicidad en las mismas circunstancias. El vestido con bordados dorados y plateados la hacían verse como un ángel. Su cabello estaba adornado con pequeñas flores frescas y usaba el juego de joyas que Terrence le había obsequiado en la isla.

- Albert… - Ella con timidez se giró. - ¿Qué… qué opinas?...

- Te ves… muy hermosa Pequeña… tus padres estarían muy orgullosos… - Los ojos de la joven se humedecieron un poco. – Es todo un honor entregarte en su nombre…

- Gracias Albert. – Se acercó para abrazarlo.

- Eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras… - Esas palabras se le hicieron familiares, logrando hacer que sonriera ampliamente. Él notó su turbación. - ¿Qué pasa?

- Na… nada… - Dorothy le entregó su ramo. Albert le ofreció su brazo para dirigirse al carruaje que los llevaría a la plantación de Terrence.


Annie veía a su amiga muy feliz, y a pesar de estarlo también por su propio compromiso, las actitudes de su madre respecto a Marck la lastimaban, pero gracias a su padre que le aconsejó que escuchara su propio corazón, logró ignorar todo, menos la felicidad que la invadía en ese momento al acompañar a su mejor amiga. Marck la esperaba afuera para ayudarla a subir al carruaje que los llevaría a la plantación de Terrence, durante el trayecto, sólo el Gobernador y el joven conversaban animadamente quien no dejaba de estrechar su mano ante las miradas desaprobatorias de Madame Britter.


LEJOS DE PORT ROYAL

Cuando llegaron, los invitados estaban sin aliento por la magnífica decoración del lugar: arcos decorados con flores blancas adornaban el camino hasta la casa. Sabía que la joven era de gustos sencillos, lo que facilitó las cosas, sin dejar de ser elegantes. Terrence escuchó los carruajes llegar, pero el Sr. Smith lo detuvo por el brazo cuando se dirigía impaciente hacia el balcón.

- Terrence…- Usó un tono de advertencia al ver la mirada que le dirigía el joven. – Es la tradición… no debes verla hasta la ceremonia.

- ¡MALDICIÓN! – Exclamó el joven molesto al tiempo que se halaba del Sr. Smith. Charly se asomó por él.

- ¿Y bien?... ¿C-cómo... – Preguntó con impaciencia, la cara de su amigo lo desesperaba.

- ¿Y bien… qué? – No podía dejar de burlarse.

- ¡Demonios Charly!... ¡¿CÓMO SE VE?

- Ni creas que te lo diré… - Esperó un momento más e hizo una seña. - Bien amigo, ya es hora… - Rió. El Sr. Smith abrió la puerta de la habitación con satisfacción. Caminaba por el pasillo con nerviosismo, ambos caballeros lo observaban.

- Mi Amigo: disfruta de tus últimos momentos de libertad… Si aún así estás tan nervioso yo podría... preparar el Teodora para tu felíz huída... nadie te lo reprocharía... - Continuaba burlándose Charly cuando salían por otra puerta que daba directo al altar, donde debía tomar su lugar. Miraba con impaciencia el pasillo por donde ella caminaría.


Annie sonreía, "El rudo y arrogante pirata, nervioso por ver a la novia". Una exclamación general hizo girar el rostro a la morena, ahí estaba su amiga, caminando del brazo de su tutor sin dejar de mirar al altar. Terrence dejó de moverse de un lado para el otro, para contemplarla… literalmente con la boca abierta. Esperó hasta que Albert le entregó su mano, dando inicio a la ceremonia.


Miraba el último carruaje partir desde su balcón. Sintió su cercanía y poco después sus brazos rodearle la cintura, su respiración en su cuello la hizo estremecer y cerrar los ojos para disfrutarla. Comenzó a besar su quijada, haciéndola suspirar. Por fin, ya no se ocultarían para estar juntos. Se giró para poder besarlo. Al notar sus ansias, la cargó para entrar y llevarla hasta la habitación que compartirían, decorada con velas y pétalos de rosas, su fragancia inundaba el lugar. La llevó hasta el lecho, donde comenzó a acariciarla con pasión.

- Espera… - Susurró a su oído. – por favor…

- ¿Qué pasa? – Preguntó roncamente, renuente a separarse de ella. - ¿A caso… no te morías por estar conmigo y escapar de la recepción… tan pronto terminó la ceremonia? – Se separó un poco para ver su expresión. Le sonreía de medio lado con malicia. – Yo si… - Se incorporó a medias para quitarse la casaca, comenzando ella a ayudarle a descubrir su torso.

- Pero, ¿Qué pensarían… - Vio sus manos temblar de impaciencia.

- Que nos amamos locamente. – La vio sonrojarse. – No les importaría… ya nadie podía impedirlo… - Ella miraba embelezada su pecho, iba a acariciarlo, pero él se incorporó por completo, tomando su mano para ayudarla a hacer lo mismo. - Siempre me pondrás las cosas difíciles, ¿Verdad? - Ambos estaban de pie, pero él no dejaba de mirarla con ojos oscurecidos de deseo.

- ¿P-por q-qué… lo dices? - Lo miraba sin comprender, se acercó para abrazarla. Comenzó a besar su cuello y sus hombros. Pudo sentir en su espalda sus manos nerviosas comenzar a pelear con el vestido, sonrió al darse cuenta a lo que se refería, al notar su impaciencia. – Si… te lo dije… tienes que esforzarte… de ahora en adelante… mucho… - Ella comenzó a acariciar su espalda, provocando que las manos del joven se entorpecieran más, luchando con los refajos. Quiso ayudarle, pero él se negó.

- Quiero hacerlo yo… quiero contemplarte… - Intentó quedarse quieta, él continuó con su labor, sonriendo al sentirla temblar. Cuando terminó la miró con deleite, ella se sentía más nerviosa que antes por su mirada penetrante. – Eres más hermosa sin esos pesados vestidos… así: al natural… completamente desnuda… - Se acercó para comenzar a acariciar su cuerpo, ella solo cerró los ojos para disfrutar sus caricias. - ¿Recuerdas ese día… en la isla… cuando te regalé el baúl?... – Le susurró al oído con voz ronca.

Siiii… - Gimió ella sin poder evitarlo mientras la tocaba. - ¿Por qué lo preguntas? – Dirigió sus manos hasta la cinta de los pantalones de él para quitarla y comenzar a acariciar su cintura y cadera, mientras recorría con sus labios su cuello y hombros; al sentir la orilla de los pantalones, lentamente comenzó a bajarlos, haciendo que él se estremeciera. – Fue… fue la primera vez… que… me viste… casi… - Comenzó besando su pecho, hasta su abdomen, logrando quitar la ropa restante con su ayuda. Hizo que se incorporara, volviendo a acariciarla, ella cerró los ojos para disfrutar mejor. Él le susurraba al oído con voz ronca de pasión.

Y te miré… completamente desnuda… al día siguiente… en la cascada… - Se detuvo para mirarlo a los ojos, se sonrojó.

- Así que... no fue mi imaginación... - reclamó debilmente. - T-tu... estabas ahí... me viste... - Él prosiguió.

- Y te miré... Me parecías tan irreal… jamás creía que me sentiría así con una mujer… has sido la única para mí… me sedujiste sin proponértelo… - Ella lo miró a los ojos sorprendida, quiso decirle algo, pero él la detuvo con un gesto. - Con tu inocencia y tu carácter… desde el primer instante… jamás permití que una mujer entrara en mí corazón de la forma en que tú lo hiciste… sólo... lo tomaste… sin darme cuenta… simplemente: lo robaste…

- Terry…. – Dijo conmovida antes de que él la tomara de nuevo entre sus brazos y ambos cayeran en el lecho, animándola a que siguiera explorándolo, olvidó lo que había querido confesarle.

Ella lo acariciaba y besaba con lentitud, poco a poco su mano descendió hasta su miembro y comenzó a acariciarle como le enseñara, mientras observaba las expresiones de su rostro llenas de gozo, escuchando su respiración entrecortada; comenzó a acomodarse para poder colocarse encima y dirigirlo hacia su feminidad. Meciéndose sobre su cuerpo, hasta que la poseyó. "MÍA… SÓLO MÍA… PARA SIEMPRE…" Pensaba mientras miraba su rostro lleno de pasión mientras ella marcaba el ritmo. Disfrutando ambos del momento, primero lento y después rápido, explotando al mismo tiempo, terminando plácidamente abrazados. Para ella fue mucho mejor que la primera vez. Quizás se debía a que su miedo a ser descubiertos había pasado: ahora estaba en todo su derecho a estar con él y disfrutar de todo lo que él le quisiera mostrar.

- Candy… - Le susurró cuando pudo hablar, ella se incorporó para verlo, su largo cabello humedecido se adhería a su rostro de forma seductora, lo apartó de su frente, haciendo que le sonriera con ternura. - ¿Estás preparada para lo que pueda suceder en Inglaterra? – Su voz se escuchaba angustiada, lo que la preocupó.

- Te lo dije: Estuve en un peligro peor… y sobreviví… – Le sonrió. – Estaré contigo, no importa lo que sea… - Al parecer sus palabras no podían tranquilizarlo por la extraña expresión que veía en su rostro. - ¿Qué es exactamente lo que te preocupa que pueda pasar con esa mujer?...

- Que es una desquiciada… capaz de todo… - La miró con preocupación y la besó. – No quiero perderte… No quiero que ella te lastime… - Ahora fue su turno de besarlo.

- Y no lo hará… - dijo antes de hacerlo de nuevo. – Me tendrás a tu lado para siempre… lo quieras o no… Sólo podrás ser mío... - Comenzó a acariciarla y se giró.

- Por favor… confía en mí… pase lo que pase… sólo cree en mí…

- Siempre lo haré… porque sé que sólo eres mío… no sabes ser de nadie más... no lo permitiré... - La besó con pasión.


PORT ROYAL

Muy temprano, los Oficiales estaban apresurándose a revisar provisiones y el estado de los barcos para partir a Inglaterra junto con sus familiares, Albert había enviado el equipaje de Candice al Teodora con Cuky, quien llevaba consigo una carta para entregar en Edimburgo de parte de la Sra. Morris. El gobernador había permitido a su hija acompañar a su amiga y notó que su futuro yerno estaba algo distraído al enterarse de la noticia. Annie fue temprano para hablar con él mientras daban un paseo por el puerto.

- Marck, lamento mucho no habértelo dicho antes.

- Supongo que tenías más cosas en qué pensar. – Ella lo miró con tristeza. – Tal vez tenías una muy buen a razón para no hacerlo.

- Mi madre… - Se detuvieron cerca de los muelles. – Fue decisión de mi padre alejarme un tiempo de ella… - El joven la miró sin comprender. – No deja de decirme que tú no eres bueno para mí e insiste con el hijo de…

- Los Montgomery… - Terminó de decir él con pesar. - ¿Cuánto tiempo será?

- No lo sé… - Lo miró y le sonrió. – Pero en cuento regrese, nos casaremos. Tengo la palabra de papá.

- ¿Él no está en contra?

- Claro que no. Dice que eres lo mejor para mí porque ha visto cuanto me amas… y yo a ti… - Terminó de decir muy sonrojada. Él le sonrió.

- Te esperaré… no importa lo que los demás quieran, recuerda: Te amo.

- Y yo a ti… - La joven se lanzó a sus brazos y lo besó sorprendiéndo al joven.


LEJOS DE PORT ROYAL

- Thema, ¿En qué piensa?. – Preguntó la Sra. Morris al entrar al Salón viendo que la mujer y su hijo jugaban con Clim, pero alcanzó a ver que la mujer de color miraba melancólicamente por la ventana. – Se ve un poco triste… - El pequeño, después de saludar Salió acorriendo tras el animalillo.

- Yo… me he encariñado mucho con Mandisa… no quiero regresar a África… ya… no hay nada para mí y Theshi allá…

- Entonces, no la deje… - La mujer la miró. – Por favor, acompáñela a Inglaterra, me sentiré mejor si sé que usted la cuida y protege… a todos nos preocupa lo que esa mala mujer pueda dañarla… - Escucharon los cascos de un caballo, ambas se asomaron por la ventana, era Sir William

- Pero él…

- Si, él puede protegerla… pero no de la misma forma en que usted puede… por favor…

- Lo haré… - Respondió sonriéndole.


Despertó al escuchar revuelo afuera. ¿Qué hora sería?... que importaba. Intentó moverse, pero no pudo hacerlo. Sintió su cálido cuerpo a su lado… extendió y miró su propia mano. No había sido un sueño. Terry estaba aferrado a su cuerpo. Se incorporó a medias para ver su rostro apacible. Sonrió, era grandioso despertar a su lado. Recordó el bullicio, vio que el ventanal se había quedado abierto. Escuchaba voces a medias, lentamente se fue separando del joven, tomó una sábana para cubrirse y acercarse a la ventana discretamente para ver que pasaba: Albert desmontaba mientras Teshi y Clim corrían a saludarlo, quien alegremente jugueteaba con ellos. De pronto notó los brazos de él deslizarse por su cintura para atraerla contra sí. Sonrió sin darse la vuelta.

- Me engañaste… - Él comenzó a besar su cuello. – Estabas despierto…

- Ummmm… sabes… eres una dormilona… - Susurró a su oído haciéndola estremecer. – Tiene un buen rato… sólo quería asegurarme de que lo sucedido ayer y anoche no lo soñé…

- Eres un tramposo… - Dejó de asir la sábana y extender sus brazos hacia atrás para acariciar su cabello y girar su rostro para besarlo.

- Buenos Días… Milady Grandchester… - Le susurró entre besos.

- Suena extraño… - Dijo riendo al sentir las cosquillas que le provocaba mientras paseaba sus labios a los lados de su rostro y cuello.

- ¿No te gusta? – Preguntó burlón, mientras aspiraba su aroma.

- Tomará tiempo acostumbrarme… - Se giró por completo para besarlo mejor. – Pero si… me gusta mucho… Buenos días… Milord Grandchester… - La fue llevando hasta el lecho, haciendo que la sábana que la cubriera, cayera a sus pies. La tomó entre sus brazos para caer juntos y comenzar a acariciarse mientras giraban y reían. Candy se separó un poco. – Es-espera… Albert… acaba… - Decía entre besos y caricias. - de llegar…

- Que espere… - Le susurró al oído con picardía.

- Terry… eres… un maleducado… - Le regañó haciendo un puchero.

- Él comprenderá… – Dijo sin dejar de besarla mientras su mano recorría su costado paseándola por su cadera hasta su pierna. Sonrió cuando gimió.

- Eres… un… un desvergonzado… - Murmuró entrecortadamente al sentirlo entre sus piernas, cuando le alzó una para posarla sobre su propia cadera. Sin poder contenerse, gimió de nuevo cuando comenzó a moverse contra ella. – Haaaa… un… un… maleducado…

- Pero así me amas… - Susurró a su oído entre risas ahogadas.


Conversaba con las damas en el salón, cuando todos escucharon sus risas provenientes de las escaleras. Teshi salió molesto sin que nadie pudiera detenerlo.

- TERRY… MALAYKA… YA ES MUY TARDE… LOS HEMOS ESTADO ESPERANDO PARA EL ALMUERZO… ALBERT ACABA DE LLEGAR Y…

- ¡TESSHHIII! – Le reprendió su madre. – Deja de decir tonterías…

- PERO ES LA VERDAD… EL SR. SMITH ESTÁ QUE SE MUERE DE HAMBRE Y… - Albert le cubrió la boca mientras todos reían, sin despegar la vista de los jóvenes esposos, Candy se veía muy avergonzada.

- Albert… lo sentimos mucho por hacerte esperar…

- No te preocupes Pequeña, lo entiendo…

- PUES YO NO… - Protestó el pequeño aún molesto.

- Teshi, vamos al comedor. – Le ordenó su madre.

- Ya estamos todos… - Dijo la Sra. Morris mirando al moreno retadoramente, quien no se inmutó con su gesto.

Cuando estaban en la sobremesa comenzaron a hablar del viaje a Inglaterra y sus planes. Thema manifestó su deseo de acompañarles y conocer el hogar de la rubia, la cual se sintió muy emocionada por ello.

- El equipaje ya ha sido enviado al Teodora. El Capitán de la flota, dice que partiremos después de medio día. – Dijo Albert mirando a Terrence con malicia. – Espero que no lleguen tarde…

- No se preocupe Milord. – El Ama de Llaves dio un ligero tirón de una oreja al moreno, quien por la sorpresa hizo un gesto cómico. – Me aseguraré de que no le hagan esperar de nuevo.


PORT ROYAL

Annie y la Hermana María les esperaban en los muelles, Marck llegaba del Palacio de gobierno, detrás de él venía el carruaje con los padres de la morena.

- El viaje a Londres espero que la haga recapacitar… quizás allá encuentre un mejor partido – Murmuraba Madame Britter con desaprobación al ver al joven desmontar y acercarse a la joven para saludarla .- Su decisión precipitada se deba tal vez a que no hay muchos jóvenes de donde escoger y…

- Por favor, Bárbara, deja ya de decir tantas cosas sin sentido… sólo dale tiempo…

- De acuerdo. – En ese momento llegaba el carruaje que llevaba a los recién casados con Thema y Teshi, en otro iban la Sra. Morris y Dorothy.


Los oficiales se apresuraron a saludar a todos. Después de recibir sus órdenes y despedirse abordaron a los barcos. El Gobernador, su esposa y su ayudante los veían partir con tristeza.

Desde el puente del Teodora, Candy observaba como se alejaban de Port Royal, se estremeció, tal vez por un poco de miedo… sentía un terrible nudo en la garganta. Terrence notó su extraño silencio. Cedió el timón al Sr. Smith.

- ¿Qué sucede Candy? – Se acercó para abrazarla, lo estrechó.

- Es… sólo que aún no regresan todos mis recuerdos… ¿Qué tal si digo algo a la tía…

- Ya no importa lo que ella diga ahora… yo te protegeré… - Se separó y le sonrió con autosuficiencia. – Después de todo, soy el primogénito del Duque de Grandchester… tengo una cuantiosa fortuna… mayor a la de mi padre… y eso debe bastarle… - Ella le sonrió de medio lado sin creer en sus palabras.

- Pensé que detestabas…

- Por el momento aceptaré su ayuda… pero sólo porque conviene a mis planes. – Vio un extraño brillo en sus ojos azules que la asustó.

- Terry… - Lo volvió a estrechar. – Todo saldrá bien… ¿Verdad? – Ella se separó para ver su rostro. Él la contempló y asintió.

- Quiero conocer primero el lugar donde creciste… antes de que haga alguna otra cosa… iremos primero a Escocia…

- ¿De…de verdad?. – Preguntó emocionada, él asintió sonriéndole.

- Si, pecas…

- Te amo Terry… - Lo volvió a estrechar.


- ¡ANNIE BRITTER! – Escuchó a sus espaldas, los oficiales que estaban al lado de la joven rieron por lo bajo. Ella, muy apenada casi deja caer el catalejo, Stear se apresuró a atraparlo. - ¿Qué se supone que estás haciendo? – Preguntó la hermana María cuando la joven se volvió.

- Na… nada en especial Hermana…

- Creo que Candy te ha pegado muy malas mañas. No es propio de una Dama espiar… y menos con esa… esa cosa…

- No… no espiaba… - Dijo volteando a ver de nuevo el Teodora.

- Lo sentimos mucho Hermana María. – Se disculpó Archie para ayudar a la joven. – Sólo le enseñábamos a usar el catalejo… - Stear le mostró el objeto.

- Pero… - murmuró la Hermana un poco apenada en cuanto el moreno se lo ofreció.

- Puede ver Port Royal con él antes de que desaparezca. – Sugirió el joven, finalmente aceptó.

- Es un objeto muy curioso… - Stear sonrió y comenzó a explicarle su funcionamiento.

- Eso distraerá por un buen rato a la hermana… - Murmuró Archie riendo con picardía, mientras sacaba otro de debajo de su casaca, extenderlo y dirigirlo hacia el Teodora.

- La Hermana María tiene razón: no deberíamos espiarlos. – Dijo Annie sonriendo al ver que Anthony le quitaba el instrumento a su primo.

- No estamos espiando… - Contestó el rubio sin perder de vista a la pareja. – Simplemente… nos estamos asegurando de que Candy… sea feliz… - A pesar de sonreír al decir esto, aún sentía dolor.

- ¿Qué más podemos hacer durante el largo viaje? – Señaló Archie arrebatándole el Catalejo a su primo.

Continuará…


Hola a todas!

Gomen Nasai!

Siento mucho haberme retrasado tanto tiempo... Mil perdones Lizzig... ¿De verdad me he tardado tanto?...

Mi única disculpa es que tuve unos problemillas personales que perdí la noción del tiempo y con los últimos capítulos, ya que los actualizo aquí y en el grupo de yahoo. Pero ahi la llevo. Espero que les agrade este nuevo capítulo. Como siempre espero sus reviews ya que me da muchos ánimos saber que les agrada.

De nuevo una disculpa a todas, trataré de no tardarme tanto en actualizar...

Dommo Arigato!