Capítulo 17

Reencuentros

Por Nep

A LAS AFUERAS DE LONDRES

Habían arribado al puerto esa mañana. En lo que ella se arreglaba, Terrence había ido a ver algunos negocios junto con Albert. Teshi miraba el bullicio del puerto con gran emoción. Annie había enviado un mensaje al San Pablo para avisarle a Paty de su llegada. Conversaba animadamente con Thema cuando escuchó la voz de Terry sumamente irritada mientras discutía con alguien. Sin fijarse, salió rápidamente de la cabina rompiendo su taza de té. Terry iba subiendo por la plancha al barco, hablando a gritos con un hombre mayor que le seguía. En cuento vio el rostro del moreno se angustió. Ya tenía tiempo que no lo escuchaba hablar así. Al verla, su expresión cambió. El hombre también se detuvo en seco al percatarse de su presencia. Cuando dejó de examinarla detenidamente, se acercó a ella, adelantándose al joven después de cruzar sus miradas, Terrence le lanzaba una de advertencia, la cual ignoró el hombre mayor.

- Buen día Milady Ardley… - Hizo una reverencia para después tomar su mano y besarla ceremoniosamente. – Me da gusto conocerla por fin. – Terrence seguía sus movimientos con su mirada furiosa, Candy le ignoró.

- El gusto es mío, Duque de Grandchester, por fin puedo conocerlo…

- Tengo entendido que estudió en el San Pablo. Tiene muy buenas referencias, las hermanas la extrañan.

- Si Milord… gra-gracias por decirlo… yo también las extraño.

- ¡LA INVESTIGASTE! – No pudo contenerse más Terrence. - ¡NO PUEDO CREERLO!... ¡¿Y ERES TÚ QUIEN EXIGE RESPETO CUANDO TU NO LO TIENES POR LA PRIVACIDAD DE LOS DEMÁS?

- Terry… - Comenzó a decir la joven. – Por favor no… - Pero él la ignoró.

- ¡¿CUÁNDO DEJARÁS DE ENTROMETERTE EN MIS ASUNTOS?

- Terrence, no seas descortés frente a tu esposa. – La joven se sonrojó al escuchar las palabras del Duque.

- ¡NO TENGO NADA QUE OCULTARLE!... SI YA TERMINASTE, TENGO OTRAS COSAS MÁS IMPORTANTES QUE HACER.

- Esperaba que ambos vinieran a la mansión para que…

- SABES PERFECTAMENTE QUE NO QUIERO VER A "LA CARA DE CERDO" Y MENOS QUE INTENTE INSULTAR A MI ESPOSA COMO LO HA HECHO CONMIGO TODA MI VIDA… A MENOS QUE ESTUVIERA MUY DESESPERADO IRÍA A LA MANSIÓN… PERO NO PIENSO DARLE LA SATISFACCIÓN DE ARROJARME DE MI PROPIA CASA… - Candy lo tomó del brazo. El joven al voltear, se tranquilizó rápidamente cuando ella hizo un gesto apenas perceptible, cosa que no pasó desapercibida por el Duque.

- Milord, ¿Sería tan amable de acompañarnos a almorzar? – El joven la miraba interrogante. – Sólo estábamos esperando a que Terrence llegara. – Miró hacia la plancha y sonrió. – Mi tutor, mis primos y mis amigas vienen a acompañarnos. Sería todo un honor.

- Con gusto Milady… - La miró sorprendido por la forma en que calmó los ánimos de ambos.

- Por favor Milord, llámeme Candy.

- De acuerdo… Candice… - Ella le sonrió ante su obstinación por su formalismo.

La tripulación había arreglado la cubierta para que los comensales estuvieran a gusto. Para el Duque no pasaba desapercibido el carácter de su nuera, era muy especial, tenía algo que atraía a las personas que la rodeaban, tratando a todos como iguales: familiares, amigos, sirvientes y la tripulación. Ni siquiera la prometida de su otro hijo mostraba tanta serenidad, cuidado y delicadeza. Se preguntaba si realmente eran de la misma familia ya que contrastaban con los demás Ardley con los que había tratado hasta el momento. Incluso el jefe del Clan, era más razonable que la Matriarca. Disimuladamente observaba a su hijo, había cambiado su actitud con solo tener a la joven a su lado. Le recordó a Eleanor… no había dudas: su hijo estaba perdidamente enamorado de su joven esposa y se alegraba por ello, aunque no supiera como decírselo sin que sus palabras le enfureciesen.


Estaba muy emocionada porque vería a sus amigas después de tanto tiempo, y porque sus padres le habían permitido acompañarlas a Escocia, la abuela Martha iría también. Por suerte Eliza Ligan no estaba en el Colegio, así que no se enteraría de nada. Durante el trayecto hasta los muelles conversaba con la anciana sobre lo ocurrido con su amiga en el nuevo mundo. La mujer mayor se emocionaba como una joven al escuchar de las aventuras de sus amigas. Cuando llegaron vio a los primos de la rubia, y fue Stear quien se aproximó para ayudarles a descender del carruaje, cuando se topó con su mirada se sonrojó.

- Bienvenida Milady O'Brien… hace tiempo que no la veía.

- Lo mismo digo… Oficial Cornwell… - Presentó a su abuela y se dirigieron al barco.

Estaba sorprendida al ver ahí al Duque de Grandchester… acompañando a su misterioso hijo mayor, que era muy apuesto y a la vez inspiraba un poco de miedo. No pudo decir nada a Candy cuando se lo presentó como su esposo. "¿Qué hiciste Candy?" Debía hablar con ella. Tenía que hacer algo.


LONDRES

Caminaba con nerviosismo por su habitación: se le había informado de que el Teodora había arribado a las afueras de Londres: Terrence venía en él esta vez. "Lo sabía… lo sabía (pensaba alegremente) no habías muerto mi amor… eso era mentira para alejar a cualquier mujerzuela de ti ¿Verdad?" Quería verlo por ella misma, pero unas visitas inesperadas la entretuvieron. Cuando por fin pudo salir bajo algún pretexto, apresuró al cochero para que la llevara hasta los muelles, pudo ver a la flota que había llegado de Jamaica mientras caminaba aprisa buscando su barco. Incluso tuvo la oportunidad de ver a los tres oficiales Ardley, no podía creer la suerte que tenía. Apreció que se veían más apuestos que la última vez, quiso acercarse para saludarles, pero había tanta gente que los perdió de vista. Debía darse prisa a llegar al muelle donde se le había informado que había atracado el Teodora. A una prudente distancia pudo ver que tres damas estaban a bordo, por el momento eso no le importó, sólo quería ver a Terrence. "Tengo que verle antes de que vuelva a partir… debo verlo…", comenzó a correr, pero fue demasiado tarde: el barco ya había desplegado las velas y zarpaba. "¡Rayos!... ¿Quiénes serán esas jóvenes?... ¿Y qué hacían en su barco?" Se sentía molesta… especialmente cuando vio a una rubia asomarse. "¿Qué diablos hacen esas mujeres ahí?"


A LAS AFUERAS DE LONDRES

Estaba atardeciendo, ya todo estaba listo para zarpar, se alegraba de que sus primos tuvieran permiso de acompañarles. Estaba emocionada por que todos irían a Escocia. Miraba a algunos miembros de la tripulación desplegar las velas mientras que otros quitaban la plancha de abordaje, escuchó al Sr. Smith ordenar que levaran anclas, a pesar de ello se sentía triste porque Terrence y Albert les alcanzarían después viajando por tierra. Eso no le gustaba, pero debía confiar en ellos y sus planes. La hermana María había regresado al Real Colegio San Pablo, se habían despedido con pesar de ella, prometiéndole que escribirían en cuanto llegaran. Paty buscaba a Candy, encontrándola en la popa, mirando el mar en calma, aunque tenía una expresión indescifrable.

- Candy… - La llamó, vio a la joven alzar una mano hacia su rostro. – Lo siento… - Se disculpó al tiempo que se alejaba despacio, la rubia la retuvo por un brazo.

- Paty ¿Qué pasa? - La castaña miraba a su amiga con indecisión. – Hay… hay algo que no te agrada… ¿Verdad?

- ¿Cómo… lo sabes?

- Aunque haya cosas que no pueda recordar… de nosotras… siento que te conozco… muy bien… - Le sonrió, Paty se acercó de nuevo a ella.

- Es… respecto… a tu… tu esposo. – murmuró con cierta incomodidad, Candy la miró sin comprender. – No comprendo… ¿Es que no te llegó mi última carta?

- Claro que sí…. – La castaña la miraba interrogante. - ¿Crees que cometí un error al casarme con él? – Paty se sonrojó mucho antes de responder.

- Lo siento mucho Candy… pero… si… en el San Pablo… me enteré de su desliz con… Lady Susana… Marlowe… -La joven evitaba ver a la rubia a los ojos por la pena de decir esas cosas. - Él no debió ni siquiera proponerte matrimonio… ni tu debiste aceptarle… tenía un deber que cumplir… con ella… - Se sobresaltó al sentir sus manos tomar las de ella, para que pudiera mirarla, le sorprendió que a pesar de lo que dijo le siguiera sonriendo.

- Ven Paty. Hay algo que tengo que mostrarte. – Se dirigieron a su cabina, ahí sacó los documentos con las pruebas que tenía Terrence respecto a lo ocurrido con la otra joven y los nuevos reportes respecto a Eliza Ligan y su amistad. Annie se había reunido con ellas, y le contaron lo que Albert, Terrence y el Duque planeaban hacer al respecto.

- Candy… - Paty comenzó a hablar con timidez, al tiempo que se sonrojaba. - Amas mucho a Terrence, ¿Verdad?

- Con toda mi alma. – Respondió con decisión la rubia.

- Entonces… quiero ayudarles…


LONDRES

Llegó a la mansión preguntando por Madame Elroy, le dijeron que ya estaba descansando en sus habitaciones. El mayordomo se sorprendió cuando pidió que se les asignaran habitaciones a los dos hombres que le acompañaban. Después de un tiempo, los tres se reunieron en la biblioteca, retirándose hasta pasada la media noche a descansar. La habitación del moreno daba hacia el jardín, se asomó y se dio cuenta de que seguía conservándose hermoso. Tenía años que no ponía un pie en esa casa, recordaba las burlas de las que había sido objeto su compañero por dedicar su tiempo libre al cuidado de las rosas. Se recostó en el gran lecho, pero no podía conciliar el sueño, el aroma a rosas le hacía recordar cuanto la añoraba.

A la mañana siguiente se le informó a la matriarca de los misteriosos visitantes que acompañaban al administrador y que en ese momento la estaban esperando para almorzar. Cuando entró al comedor no podía creer lo que sus ojos veían.

- William… ¿Qué es lo que haces aquí? – Habló con su acostumbrado tono ceremonioso para ocultar su sorpresa.

- A mí también me da mucho gusto verte Tía Abuela. – Sonrió el rubio acercándose a besar su mano. – Te presento a mi buen amigo: Terrence Greum, Hijo mayor del Duque de Grandchester. – El moreno se acercó para hacer una reverencia antes de tomar su mano para besarla. La anciana hizo su típico gesto de desagrado, el joven al notarlo sonrió de medio lado.

- William, ¿Qué clase de amistades has hecho en tus viajes? – Dijo alarmada sin dejar de mirar al otro joven.

- ¿Por qué lo dices? Es el hijo de…

- SÉ PERFECTAMENTE QUIEN ES… - Alzó el tono de su voz. - Y LO QUE HA HECHO AL BURLARSE DEL HONOR DE UNA JOVEN INOCENTE… Y DEL NUESTRO TAMBIÉN… NO ES BIENVENIDO A MI CASA…

- Recuerda que ésta también es mi casa… de mis padres… - La mujer lo miró, se relajó un poco al ver la determinación en su rostro, no debía alterarlo de ese modo. "¿Qué estará pensando en este momento?" pensó el rubio. –- no sé mucho respecto a lo que dice, ¿Recuerde que usted se encargaba de esos asuntos mientras estuviera yo estudiando? Simplemente quería que conocieras a mi socio en Jamaica…

- ¿Jamaica? – Repitió ella interrumpiéndole. – Eso quiere decir que Candice está…

- La envié a Escocia… - Lo miró sin comprender. – Y si, ya sabe quien soy.

- En ese caso William, tenemos que presentarla ante la Corte cuanto antes… claro antes de que tomes tu lugar y después tenemos que…

- Tía, debe comprender que es mucha presión para ella… - La mujer lo miró molesta. – No debiste enclaustrarla en ese Colegio, primero tiene que acostumbrarse a la Corte…

- William, era por su bien… después de… la muerte de sus padres… y nuestro buen nombre… - Ignoró sus razonamientos para decirle:

- Tenemos que partir. Hay algunos negocios más que tenemos que revisar, después hablaremos…

- William es muy importante que se anuncie tu compromiso… con… ella…

- Tengo asuntos más importantes que atender. No quisiera incomodar a mi invitado con trivialidades.


- ¡¿QUÉ TERRENCE VOLVIÓ? – Gritó el joven al Duque.

- ¡¿AÚN PRETENDES QUE SEA EL HEREDERO DEL DUCADO?... ¡¿DESPUÉS DE TODO LO QUE HA HECHO? – Gritó la Duquesa furiosa al verlo imperturbable, beber una copa de Wiskey mientras miraba por la ventana. - ¡NO PERMITIRÉ QUE TU BASTARDO NOS DESTRUYA!

- CIERREN LA BOCA AMBOS DE UNA BUENA VEZ… - Obedecieron sin dejar de mirarlo con furia. – Terrence no está aquí para reclamar nada… - Miró a su otro hijo, sonriendo de medio lado. – De hecho, te cede todo Dereck. – El joven se quedó sorprendido.

- ¡¿Y QUÉ ES LO QUE QUIERE A CAMBIO? – Cuestionó la Duquesa.

- No lo sé… tal vez que dejes de insultarle… pueden ser tantas cosas… - Se burló el Duque.

- NO TE CREO… - Reclamó con mordacidad. – SIEMPRE LO PROTEJES… ¿QUÉ HA HECHO ESTA VEZ QUE NECESITE DE TI?

- La verdad no ha dicho aún cuales son sus intenciones para regresar a Inglaterra… pero será mejor que dejen de molestarlo si decide quedarse aquí…. – Se sentó frente al escritorio. - O tal vez decida reclamar lo que tan generosamente está cediéndoles como consecuencia del trato que reciba. – Miró penetrantemente a la Duquesa.

- ¡ÉL NO ENTRARÁ EN ESTA CASA BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA! – Gritó la mujer saliendo y dando un portazo. El Duque miró a su hijo con seriedad.

- Es hora de que hablemos de tu matrimonio con Lady Ligan – Dijo el Duque.


A LAS AFUERAS DE LONDRES

Le disgustaba esa parte de la ciudad, pero tenía que saber el porqué de tanta generosidad, después de lo mal que le había tratado todos esos años. Entró en una de las tantas tabernas que frecuentaba la plebe cerca de los muelles. Lo encontró sentado hasta el rincón más apartado del bullicioso lugar.

- ¡¿POR QUÉ ESTOY AQUÍ? – Preguntó en cuanto lo vio con desagrado, vestido como un pobretón. Su interlocutor ni se inmutó, limitándose a sonreírle de medio lado.

- PORQUE TU "QUERIDA" MADRE NO PERMITIRÁ QUE ENTRE A LA MANSIÓN, SEGÚN TENGO ENTENDIDO. – Bebió de su tarro.

- ¡YO TAMPOCO QUIERO VERTE! – Dijo al dar la vuelta.

-Entonces, ¿No quieres mi herencia?... Estaba dispuesto a renunciar a ella por escrito, como tú lo pides, pero… tal vez podría dejar todo ese dinero… ummmm… no lo sé… tal vez a los pobres… - Se volvió con brusquedad.

- ¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES EXACTAMENTE? – Lo miró. – TE CONVERTISTE EN UN MALDITO PIRATA… NO CREO QUE SEA ASÍ DE SIMPLE. – El moreno se inclinó hacia el frente, mirando al arrogante caballero, sonrió con pesar para desconcierto de su medio hermano.

- Créeme que jamás he querido esta vida de la "Nobleza"… ni estar con ustedes… siempre he deseado estar lo más lejos posible del Duque. – A pesar de no verse muy convencido se sentó a escucharle, sonrió.

- ¿Y qué pasará con tu hijo?... ¿Y el honor de Susana Marlowe?... Mi padre ha estado enviándole dinero…

- Lo sé… - Se levantó. Tomó hasta la última gota de su tarro. – Esa mujer jamás me interesó. Ya arreglaré ese asunto a su debido tiempo. – Vio que le miraba a la expectativa. – Puedes estar seguro de que no reclamaré jamás el título… y lo demás no me importa… Así que: "Felicidades futuro Duque de Grandchester por su matrimonio" – Dijo burlonamente mientras hacía una reverencia y salía de espaldas, dejando al joven completamente desconcertado. "Así que era cierto lo que dijo mi padre… ha cambiado por completo" Pensó al verlo salir del lugar.


Terrence sonreía. Las cosas estaban saliendo como lo había planeado. Esa noche saldrían de Londres en una diligencia que les llevaría hasta Edimburgo. "¿Quién llegará primero, ella o yo?" Sonreía pensando en el desafío.

- ¡TERRENCE! – Escuchó, su nombre, pero lo ignoró, podría ser que le hablaran a otra persona. - ¡TERRENCEE! ¡TERRENCEE! – Esta vez reconoció la voz con fastidio. La odiaba tanto que por más que trató fue imposible de olvidar. - ¡TERRENCEEEEEEE! – Estaba cerca de la entrada de un callejón, cuando sintió que le halaban de la camisa, giró con brusquedad para sostenerle con fuerza por el cuello con su mano, empujándole hasta la pared. – Tee…rren… ceee… mi… a… mor… - La mirada de él la aterrorizó.

- ¡MALDITA SEAS!... ¡DEMONIOS!... – La sacudió con fuerza. - ¡CREÍ HABERME LIBRADO DE TI!... ¡¿ES QUE NO TE CANSAS DE FASTIDIARME LA EXISTENCIA?

- Por… por… favor… mi… a…

- ¡NO ME DIGAS NADA! ¡LÁRGATE DE MI VISTA! – La soltó con brusquedad al tiempo que la empujaba para alejarse del lugar a grandes zancadas, ella se sobaba el cuello tratando de alcanzarle, pero había tanta gente que le perdió de vista.


LONDRES

Esa tarde recibió la noticia, estaba furiosa con su amiga por haberle mentido. "Así que Terrence Grandchester no había muerto" pensaba mientras se dirigía a su habitación después de haber dado un paseo con su prometido mientras le contaba respecto a su medio hermano… pensaba decírselo a Susana, pero había tanto hermetismo alrededor del mayor de los Grandchester que su curiosidad aumentaba y quería conocerle. "Siempre fue todo un misterio… tuvo fama de conquistador y rebelde… pero también de ser muy apuesto… desde muy joven… nada que ver con los otros hijos del Duque… tal vez su madre haya sido una plebeya… pero contribuyó al gran atractivo del joven Terrence" Le informó una de las mucamas de la mansión Grandchester. En el pasillo la encontró una doncella avisándole que Lady Susana Marlowe la buscaba. Suspiró exasperada, mandando decir que en un momento la vería.


Después de pasar un buen rato en el despacho con la Tía Abuela, haciendo que saliera furiosa, entró discretamente George a ver como se encontraba William. Comentaron sus planes y asuntos pendientes, para poder partir a tiempo rumbo a Escocia.

- Y bien, ¿Cómo ha tomado las cosas? – Preguntó el hombre mayor después de revisar que el equipaje fuera subido al carruaje. La sonrisa del rubio al abordar le dijo todo. - ¿Qué hiciste William?

- Sólo dije algunas cosas que no esperaba…

- William, aún no es tiempo de…

- Lo sé… sólo quise que tuviera una probada de lo que vendría.

- No creo que eso fuera conveniente. Aún cuando contemos con el apoyo del Duque de Grandchester…

- Por el momento dejará de insistir en que presente a Candy en la Corte y "El Anuncio de Nuestro Compromiso"

- ¿Y cuándo se supone que lo harás?

- Cuando regrese de Escocia…

- ¿Qué será en….?

- No lo sé… ¿Algunos meses? – George lo miraba con desaprobación, Albert sonreía. - Por favor George, sé que te mueres por celebrar como yo. Deja de ser tan serio. – El carruaje se detuvo, la puerta se abrió y un hombre embozado entró y cerró la puerta.

- ¿Cómo fue todo, Terrence? – Al oír su nombre, se descubrió.

- Buenas Noches Milord… - Dijo George, el carruaje se ponía de nuevo en movimiento mientras los hombres reanudaban su conversación.


POR LAS COSTAS DE GRAN BRETAÑA

Desde su lugar pudo ver a la joven subir con agilidad al mástil. Lo había hecho desde que zarparan, no resistió la curiosidad y también subió.

- No me equivoqué al llamarte Gatita. – Dijo cuando estuvo a su lado, sentado, mientras ella observaba el mar, sonrió por sus palabras.

- ¿Por qué?

- Cuando te quedaste en la Mansión, no podía dormir… me asomé a la ventana… ahí estabas: bajando por la enredadera para ir al jardín de las rosas. – Ella se sonrojó, después suspiró, él sabía el motivo de ese suspiro.

- ¿Lo extrañas? – Ella lo miró y asintió.

- Mucho… - Él sonrió con amargura al escuchar la respuesta de su prima. - ¿Cuánto tiempo más tardaremos en llegar?

- Un par de días más… - Ella volvió a suspirar.

- Quizás haya llegado ya junto con Albert… y me esté esperando…

- Supongo… - La miró.

- ¿Qué pasa Candy?

- Quiero ver mi hogar… que me ayude a recordar… como era… vivir con mis padres…

- ¿Por qué no desafías a Anthony a un duelo? – Preguntó para cambiar de tema cuando la vio entristecerse.

- ¿Qué estás diciendo? – Volteó para verlo, sin comprenderle.

- La hermana María no está para retarte por ello… sé que Anthony se muere por probar que es el mejor de nosotros. – Ella lo miró apenada. – Vamos, quiero ver que le des una pa…

- En ese caso, ¿Por qué no lo haces tú? Cualquiera de ustedes es tan bueno como el otro…

- ¿Estás segura? – La miró retadoramente, ella sonrió incorporándose.

- Claro… - Comenzó a descender con rapidez por los obenques. "Nunca dejarás de sorprenderme Gatita"

La abuela Martha estaba muy emocionada al ver a la rubia tan ágil y como le dificultaba las cosas a su primo. En cambio, Paty los miraba muy asustada.

- Abuela… por favor, diles que se detengan… podrían resultar gravemente heridos…

- Paty, si yo tuviera tu edad en vez de morirme de miedo, ya les hubiera pedido que me enseñaran. – Respondió emocionada la anciana.

- ¡Abuela! – La reprendió su nieta sorprendida por sus palabras, al tiempo que soltaba una carcajada por lo alarmista de su nieta. En ese momento Annie salió a cubierta.

- ¡Annie! ¡¿Tú también? – Vio a su amiga vestida también con ropa masculina, mientras sostenía una espada, la joven se sonrojó.

- Candy… había prometido enseñarme… - Respondía con timidez.

- Lo ves Paty. – Señaló con jovialidad la anciana. – Aún tu amiga que es más tímida que tú…

- ¡Abuela! – Se quejó.

- Milady O'Briend – Escuchó a sus espaldas. – Será un honor para mí, instruirla. – Se sonrojó a más no poder al darse cuenta de que era Stear quien se ofrecía.

- Lo ves Paty, yo aceptaría a tan apuesto instructor. – Dijo la Abuela Martha mirándolos suspicazmente.


CAMINO A EDIMBURGO

Aunque estaba desesperado por ver a su "Pecosa", y aunque no lo quisiera, tenían que detenerse a comer y descansar. Le había contado sobre su encuentro con Susana Marlowe, solo recordarla lo ponía de malas, se dio cuenta el rubio.

- ¿Piensas en Lady Marlowe? – Apenas escuchó el nombre y se removió inquieto.

- Ummm… - Comenzó a menear su copa, como si estuviera analizando su contenido.

- ¿Qué piensas al respecto?

- Que está tan loca… o más que la última vez que la vi. – Respondió antes de beber de su copa.

- En ese caso hay que tener mucho cuidado con ella. – Decía el rubio mientras observaba el contenido de la suya. – Una mujer así… es muy peligrosa…

- Lo sé… - Dirigió su vista a la ventana, estaba anocheciendo. Suspiró. – La mataría si se le acercara…

- Extrañas a Candy… - Sonrió el rubio cuando lo vio cambiar su expresión.

- Más de lo que puedas imaginar…

- Pronto estará todo bien… para ambos…

- A propósito: ¿Por qué tanto misterio respecto a Candy? – Preguntó el moreno intrigado. – Debo saber si…

- Es un poco complicado… por el momento sólo puedo decirte que recuperaré todo lo que le pertenezca… es por eso que no le he dicho a la Tía Abuela respecto a su matrimonio… quiero que sea una sorpresa… más… placentera… – Finalizó con una sonrisa misteriosa.

- Me sorprendes…

- ¿Por qué?

- Quien podría imaginar que tras esa apariencia de Noble Caballero, se esconde una mente siniestra. – Se burló el moreno. Albert lo miró con mucha atención. – Pero está bien… siempre y cuando pueda ayudarte a proteger a Candy, no me importa como lo hagas.


POR LAS COSTAS DE GRAN BRETAÑA

Thema observaba al grupo de jóvenes esforzarse por animar a la rubia al paso de los días para que no extrañara a su joven esposo. Por su parte, extrañaba las largas conversaciones que sostenía con la Hermana María y la Sra. Morris, recordando su insistencia de ambas porque protegiera a la joven pecosa. Sabían que tendría que pasar por pruebas muy difíciles. Teshi la distrajo al pasar corriendo tratando de atrapar a Clim. Los hombres del Capitán también se distraían observando al grupo de jóvenes. "Con tanta gente que la aprecia y cuida, me sorprende que alguien le quiera hacer daño, pero todos nos esforzaremos por protegerla" Entró a su cabina a buscar algo, sacando un pequeño morralillo, introdujo su mano diciendo algunas palabras misteriosas en susurros. Arrojó el contenido sobre la mesa, al abrir sus ojos comenzó a examinar los caracoles al instante, "Ya me lo imaginaba… ¿Quién más podría hacerlo?" pensó mientras sonreía.


CERCA DE EDIMBURGO

Era una tarde muy tranquila, por lo que había decidido ir al lago. Cuando regresaba vio unos carruajes, apresurándose para ayudar a atender a los recién llegados, entrando por una puerta trasera.

- Discúlpame ¿Tiene mucho que llegaron? – Preguntó mientras se ponía el delantal.

- No mucho Elly. - Le contestó un hombre mayor mientras le entregaba los platos, apresurándose a llevarlos. Se percató de que era un grupo de jóvenes muy alegres, lo que le dio mucho gusto.

-¡Ánimo Candy! Puedes estar segura de que Terrence no tardará en llegar. – Dijo un joven de cabello oscuro. "¿Terrence?" pensó sorprendida, por poco tira las cosas.

- ¿Se encuentra bien? – Preguntó la joven ayudándole a sostenerse, la miró: era rubia, de ojos verdes, vestía como toda un a dama de buena familia… "No… no puede ser posible… seguramente escuché mal…"

- Lo siento mucho Milady… - Dijo la mujer viendo que la joven le sonreía con simpatía, "Es muy agradable… ojalá y Terry encontrara a alguien como ella"

- No se preocupe… - Contestó la joven que la miraba como si tratara de reconocerla, lo cual la apenó mucho.

- Elly… - La llamó el hombre desde la barra. Ella se alejó para ir por los demás platillos.

- Mencionaron a Terry… - Dijo en un susurro al hombre, él le ayudó con lo demás mientras meneaba la cabeza negativamente.

- Por favor Elly… no creo que esas personas siquiera conozcan a tu hijo… él está bien, surcando los mares… peleando con los malos… ya verás que pronto tendrás noticias… - Cuando reconoció a los jóvenes, el hombre les saludó amablemente.

- ¡Vaya!... Hacía mucho tiempo que no los veía por aquí Oficiales… - Saludó el hombre con alegría, ellos lo miraron.

- ¿Sr. McGregor? – Preguntó el rubio. El hombre asintió dándole unas palmadas en la espalda.

- Siempre tan atento Anthony. – Miró a los demás. – Y siempre acompañados de lindas damiselas, Stear… Archie… - Continuó diciendo el hombre mientras hacía una inclinación a modo de saludo y las damas le correspondían.

- Sr. McGregor, le presento a mi prima: Lady Candice White Ardley… - Comenzó a presentar a sus acompañantes Stear. Eleanor miraba a la rubia disimuladamente, algo había de conocido en su nombre, pero no podía recordar de dónde. Decidió no preguntar.

- Les presento a Eleanor Backer. – Ella hizo una reverencia. - ahora es la dueña del lugar… - Los jóvenes la miraban sorprendidos. – Ya estoy muy viejo… así que sólo ando por aquí de vez en cuando para no aburrirme, es una gran amiga de la familia.


LONDRES

Estaba furiosa y desesperada. Se fue sin dejar rastro. Eliza le comentó que su prometido le confió que Terrence renunciaba al ducado y a su herencia, sólo quería regresar al mar y olvidarse de todo lo que lo pudiera atar a Inglaterra. "Mi amor… ¿Cómo puedes desear ser… un vagabundo sin hogar, sin fortuna, perdido en el océano… arriesgando tu vida por nada?... Aquí lo puedes tener todo… a mi lado... ¿Por qué quieres alejarte de mí?... ¿Por qué no comprendes cuánto te amo?... han pasado más de 7 años desde que te perdí… sé que no debí precipitarme de esa forma… pero, ¿Qué más podía hacer?... no quería perderte…" Miraba hacia el jardín. No soportaba que después de tanto tiempo el Duque insistiera en ver a su hijo… la atemorizaba un poco… pero aún así no se rendiría…


Algo se traía William entre manos, pero le era imposible descubrir de qué se trataba. Especialmente en cuanto le mencionó a Neil, notó la repentina seriedad de su rostro. No logró hacerle hablar al respecto, mucho menos al hecho de que ahora se hubiera relacionado en los negocios con un vulgar Corsario (Aunque fuera de noble cuna). No lo permitiría… no de nuevo… de ser necesario, aplicaría medidas extremas… de nuevo. El principal problema era que William había desaparecido como siempre, sin dejar rastro. Ni siquiera George estaba. Eso era lo exasperante de su sobrino menor y jefe del Clan por decisión de su hermano. Siempre haciendo lo que quería… sin poderle controlar…


CERCA DE EDIMBURGO

Se asomó por la ventana del carruaje, por fin llegaban a la Villa de los Ardley. La servidumbre estaba muy nerviosa por la llegada de los miembros más jóvenes de la familia. Una mujer mayor y regordeta, los miraba descender con ansias, se sorprendió al ver a la joven rubia.

- ¿Candy? – Se aproximó emocionada. – La joven al escuchar su nombre comenzó a buscar quien la había llamado. - ¡CANDY!... Soy yo… - La mujer se le acercó, al instante la joven inconscientemente, comenzó a retroceder un poco asustada, mirándola con recelo. – Candy, ¿No me reconoces? – La mujer habló con tono decepcionado y triste al ver la actitud de la joven. – Soy yo: tu nodriza Pony… ¡Oh Dios!... Te pareces tanto a tu madre… - Dejó de avanzar hacia ella al notar su mirada confundida. Dorothy se acercó a la mujer con rapidez haciéndole una reverencia.

- Discúlpeme Sra. por la actitud de Candy, por favor… debí haberle hablado de usted… - La mujer mayor no comprendía sus palabras, mientras la mucama abrazaba a Candy para acercarla a la mujer. – Ella… pasó por una situación muy peligrosa… y difícil… perdiendo la memoria… - La mujer se enterneció. – Estaba tan ocupada que olvidé… - La mujer hizo un gesto con la cabeza.

- Yo… lo siento mucho… no quise ser descortés… - Comenzó a decir la rubia haciendo una reverencia a modo de disculpa.

- No te preocupes… pronto te recuperarás… - Le sonrió. – Soy la Sra. Pony. Fui tu nana antes de que tus padres murieran y perdieras todo… ahora soy el Ama de Llaves de la Villa de los Ardley por disposición de Sir William. – Se presentó con ella.

- Creo que usted es la indicada para que la ayude a recuperar sus recuerdos. – Dijo la Abuela Martha con alegría.

- Haré lo que pueda… - No pudo contenerse más y estrechó a la joven entre sus brazos. – Me da mucho gusto que hayas vuelto… - Cuando se separó enjugó sus lágrimas mientras le sonreía. Entraron a la mansión. Al otro lado del lago, un joven sonreía complacido mientras examinaba los alrededores.


Releía una vez más la última carta que había recibido… "Lo sabía, se referían a Terry… y ella es la joven que rescató… tal vez él esté aquí"

- Elly, acaba de llegar esto para ti. – Dijo el Sr. McGregor entregándole una carta, ella lo miró emocionada, le dijo que iría al lago, quería estar en privado. Al llegar, rompió el sello al instante para leer habidamente.

Cuando terminó, no podía creerlo, se sentía muy feliz por las noticias. Quería acercarse a la joven y conocerla más afondo… al igual que a su hijo… "Seguramente ignora donde me encuentro… después de todo lo que hizo el Duque para separarnos… después de que lo envenenó en mi contra… no querrá verme… pero, debo decirle…" Alzó la vista, para observar las luces de las demás villas. Se sentía feliz por su hijo, todo sería mejor para él. No le importaba como, ella se acercaría a él de nuevo, no perdería esta oportunidad.


Después de la cena, todos reían por las anécdotas de la Sra. Pony respecto a las curiosas travesuras de la rubia. La mujer se daba cuenta que a pesar de no recordar su pasado, nada más había cambiado: seguía siendo igual de sonriente y con muchos amigos a su alrededor.

- Me da mucho gusto que estés aquí, de nuevo… - Dijo el Ama de Llaves enjugándose una vez más las lágrimas.

- Por favor… no llore… - Pidió la rubia apresurándose a abrazar a la mujer, sintiéndose muy segura a su lado.

- Es… extrañaba mucho a mi pequeña traviesa… Y sé que pronto todo estará bien. – Dijo de forma misteriosa.


Después todos se despidieron para retirarse a sus habitaciones a descansar de tan largo viaje. Candy miraba con nostalgia por su balcón hacia el lago.

- Dorothy, ¿Sabes cual es la Villa de los Grandchester? – La joven mucama se acercó, mirando detenidamente cada lugar.

- Ummmm… me parece que es… esa… - Señaló una mansión completamente en penumbras.

- ¿Cómo puedes estar tan segura?... No hay luces… parece estar abandonada…

- Exacto. No hay nadie ahí… raras veces venía el Duque… Tal vez sólo estén un par de sirvientes… - Candy sonrió.

- Entonces Terry aún no ha llegado… - Dijo más animada la joven, su mirada intrigó a Dorothy.

- ¿Qué estás planeando Candy?

- Ummm… nada… por ahora… - Cerró la ventana y se preparó para dormir.


LONDRES

George por órdenes de Sir William se había reunido en secreto con el Duque, contándole lo ocurrido con el hermano de la prometida de su hijo Dereck. Richard Grandchester se sentía indignado por los planes de los Ligan, pero era necesario continuar con el Plan. Después de que se retirara el hombre de confianza de Sir William, seguía pensando en todo lo que había estado ocurriendo. No quería que la joven y dulce esposa de su hijo mayor saliera lastimada. Sonrió pensando que ambos tenían debilidad por las mujeres rubias, intrépidas y de carácter. "Eleanor ha sido la única mujer que he amado… y por nuestro hijo, protegeré a la joven a como de lugar".


Era muy tarde cuando un hombre, escondiéndose entre las sombras llegó a la mansión. Cargaba entre sus brazos a un pequeño dormido, lo hicieron pasar como de costumbre por una puerta de servicio y guiarlo hasta la planta alta, donde le condujeron hasta una habitación para que acostara al pequeño. Una mujer entró para pagarle por sus servicios. Se acercó más al lecho, la habitación estaba a oscuras.

- Susana, ¿Qué hace aquí? – Preguntó una mujer mayor a sus espaldas, el hombre se escabulló para dejarlas a solas.

- ESO NO TE IMPORTA… MADRE… - Dijo con mordacidad sin bajar la voz.

- Sabes que tenerlo aquí es un peligro para nosotras… - Se acercó para verla de frente.

- ¿POR QUÉ MADRE? – Su voz ahora no mostraba emoción alguna.

- El Duque podría…

- PRECISAMENTE ES POR ÉL QUE LE MANDÉ TRAER… - La mujer mayor posó una mano en el hombro de su hija.

- Por favor…

- ¡DÉJAME!... ¡YO SÉ LO QUE HAGO! – Se sacudió con violencia para alejarse de ella.

- ¿Cómo hace años? – Contestó con sarcasmo. – No sólo arruinaste tu reputación, la de la familia también… todo por un estúpido capricho…

- ¡CÁLLATE! ¡TERRENCE NO ES UN CAPRICHO!

- ¿ENTONCES QUÉ ES ÉL SI NO TE AMA? – La joven la miró furiosa. – NI CREAS QUE TE AYUDARÉ A LIMPIAR OTRO DE TUS DESATRES… - La amenazó. - ¡NO MÁS!... ¡YA ESTOY HARTA!

- ¡¿Y CUANDO LO HAS HECHO?... NUNCA TE PREOCUPASTE POR MÍ… "MADRE"… - Miró al pequeño dormir. - ¿POR QUÉ HABRÍA DE SER YO DIFERENTE?... SÓLO PRETENDO OBTENER EL PODER Y LA FORTUNA DE LOS GRANDCHESTER A COMO DE LUGAR… - Se fue acercando al lecho y sentarse a un lado. – ÉL… SÓLO ES LA LLAVE PARA MIS PROPÓSITOS… - Comenzó a acariciar el cabello del pequeño, pero su rostro estaba muy lejos de mostrar ternura por él.


CERCA DE EDIMBURGO

Observaba la villa, en especial la planta alta. No había podido dormir por la impaciencia que tenía por estar de nuevo a su lado, planeando lo que haría. Tomó el catalejo, sonrió: fue una suerte haber estado observando desde que había empezado a despuntar el amanecer. Se apresuró a salir de su habitación con emoción. Lo que vio, le dio la excusa perfecta para estar a solas. Sin testigos de lo que haría por un par de horas.


Al parecer todos estaban dormidos, aún era muy temprano. Se vistió para apresurarse a descolgarse por el balcón, quería dirigirse al lago para ver el amanecer. Mientras caminaba por el bosque no pudo resistir la tentación, trepó a un árbol y continuó descolgándose entre ellos con emoción, dándose cuenta de que no había olvidado como hacerlo. Así siguió hasta que por poco se cae de uno, si no fuera porque la rama se venció con su peso sin romperse, suspiró aliviada. Una risa masculina se escuchó a sus espaldas.

- No sabía que aquí también existieran los monos y que además tuvieran pecas. – No podía creerlo, permaneciendo quieta.

Poco a poco se giró y lo vio montado en un hermoso caballo blanco, vestido como pirata, el sol hacía brillar su arracada. No pudo reclamarle nada porque al instante se acercó, al tomarla por la cintura la subió a su montura, comenzando a galopar. Asustada se asió fuertemente a su torso, "Como extrañaba su cercanía" pensó mientras se recargaba para aspirar su aroma, sintiendo su cálido cuerpo. Se sonrojó de inmediato por los pensamientos que comenzaban a invadir su mente. Alzó la vista, él se veía muy concentrado en el camino, sonrió feliz, por fin estaban juntos. Lo estrechó más, él sonrió complacido, "Éste es mi pirata"


Caminaba rumbo a la villa de los Grandchester, El ama de llaves era muy gentil con ella, así que sería fácil averiguar si él estaba ahí. El relincho de un caballo la distrajo, cuando pasó corriendo a su lado rumbo a la propiedad. Después escuchó risas.

- Terryyyy… p-por f-favor… e-espera… - Alcanzó a escuchar una voz femenina suplicar. – A-aquí n-no… n-no es…a-apropiado… a-alguien… p-podría… vernos…

- Dije que no… - Escuchó otra masculina con determinación. – No quiero esperar más… - Se asustó, buscando su procedencia.

- T-Terry… Haa… - La mujer lo llamaba con voz entrecortada.

– Te necesito tanto… en este instante… - Decía enronquecido. A poca distancia los encontró, vio el cabello rubio de la joven, sorprendiéndose de su atuendo, quiso retroceder, pero pisó una rama que crujió bajo su peso. El joven dejó de besar a la chica para ver que había sido. Su mirada dura se cruzó con la de ella, convirtiéndose al instante en una furiosa.

- Terry, ¿Qué pasa? - Preguntó la joven sin dejar de mirarlo al rostro, se veía tan tenso… amenazante, que alarmada se giró, tranquilizándose al ver de quien se trataba. Al instante le sonrió algo avergonzada. – B-buenos d-días… Sra. Backer…

- Buen día… Milady Ardley…

- ¡VAMONOS DE AQUÍ! – La haló con brusquedad el joven sin quitarle la vista de encima a la mujer.

- ¡TERRY! – Lo llamó la rubia mayor, pero él pasó a su lado ignorándola. La joven comenzó a protestar sin comprender lo que había sucedido, caminando apresuradamente por el tirón que le daba su esposo.

- Terry, no seas malcriado… por lo menos deberías haberla saludado… - Escuchó su voz a lo lejos. Sonrió con desconcierto al escuchar los reclamos de la joven. No pudo evitar el llanto al verlos marcharse.


Empujó la reja con furia, caminando sin importarle las quejas de la joven. Cerca de la puerta de la mansión la abrió de un puntapié mientras cargaba a la rubia sobre su hombro.

- PERO, ¿QUÉ TE PASA?... ¡TERRY!... BÁJAME POR FAVOR… ERES UN BRUTO… UN GROSERO… ¡BÁJAME AHORA MISMO!... – Gritaba mientras se adentraba en la mansión, él sonreía al sentirla revolverse contra su cuerpo desesperada. - ¡¿QUÉ FUE LO QUE SUCEDIÓ?... TENEMOS QUE HABLAR…

- SE SUPONE QUE VENÍAS HACIA ACÁ PECOSA… ¿NO ES ASÍ? - Dejó de moverse al escuchar su voz extrañamente pausada y enronquecida. - ¿ES QUE NO QUIERES ESTAR CONMIGO… AHORA?

- Y-yo…

- Lo ves… lo deseas tanto como yo… – Dijo con suavidad. Ella no se daría por vencida.

- ME DEBES UNA EXPLICACIÓN TERRENCE GRANDCHESTER… ¡AHORA MISMO! - Siguió protestando, él abrió la puerta de su habitación y entró, decidió hablarle más tranquila. - ¿Conoces a la Sra. Backer? – Ella había dejado de moverse al preguntar.

- NO ES NADIE… - Contestó bajándola al enorme lecho, e inmediatamente se colocó sobre ella para besarla con desesperación y brusquedad.

- Haaaa… Terryyy… - Lo llamó cuando pudo liberar un poco sus labios de los de él, tratando de tranquilizarle. – Terryyy… p-por favor… te conozco… ¿Qué… tienes en contra… de la Sra. Backer?...

- ¡¿CÓMO LA CONOCISTE?... – Dejó de besarla y acariciarla, se incorporó a medias para ver su rostro, mirándola con esa expresión dura que ella detestaba.

- Es la dueña del lugar donde nos detuvimos a comer cuando llegamos… - Respondió sin comprender su molestia.

- ¡MALDICIÓN! – Exclamó furioso al incorporarse y alejarse de ella. - ¡DEMONIOS!... ¡TENÍA QUE SEGUIRME HASTA AQUÍ!... ¡¿ES QUE NO PIENSA DEJARME EN PAZ? – Comenzó a caminar muy agitado por la habitación.

- ¿Ella tiene algo que ver con… Susana Marlowe?... no me parece que… - La volteó a ver, sin querer soltó una carcajada, para desconcierto de la joven.

- Pecosa, qué cosas dices… - Se tranquilizó un poco. – No. Pero es tan molesta como ella… - De nuevo regresó al lecho, dejándose caer a su lado.

- No me parece que sea el tipo de persona que… - se giró para acallarla con un beso.

- Pecas, eso es lo que amo de ti… - Dijo al separarse. - confías tanto en las personas… eres tan inocente… - Continuó besándola.

- Simplemente… creo que… se merecen…. una segunda oportunidad… - Contestó ella, una sonrisa traviesa apareció en su rostro.

- Entonces, según tú: ¿Debo darle una segunda oportunidad a Susana?

- ¡CLARO QUE NO SR. PIRATA!... USTED ES SÓLO MÍO… COMPLETAMENTE MÍO. – Respondió de forma posesiva, empujándolo para quedar sobre él y enfatizar sus palabras, haciendo que él riera.

- Era todo lo que quería oír… - Dijo mientras comenzaban a sacarse la ropa entre caricias y besos compartidos.


Se había quedado oculta a poca distancia, desde ahí podía ver la villa sin ser descubierta por él… a pesar de su forma tan ruda de portarse, se alegró de que la joven fuera capaz de controlarle sin problemas. "Amor… Terry necesita de todo el amor que la joven sea capaz de darle". Suspiró antes de partir del lugar: los recuerdos aún eran muy dolorosos.


- Candy… ya es tarde, todos te están esperando… – Dorothy entró en la habitación tras haberla estado llamando con insistencia y no le respondiera la joven. – Sir William acaba de llegar y… - Vio la cama vacía, la ventana estaba abierta de par en par meneó la cabeza. - Candy, nunca cambiarás…


Rendida se dejó caer sobre su torso, ambos trataban de recuperar la respiración. Ella mantenía su oído pegado a su pecho, escuchando sus latidos aún acelerados.

- Te extrañé… - Susurró besando su pecho. Él comenzó a acariciar su espalda, haciéndola estremecer.

- Ya... me di cuenta… - Dijo con una risa suave. Ella se quedó callada, pensativa: recordando su encuentro con la Sra. Backer, él lo notó. - ¿Qué pasa Pecas? – Besó su frente al tiempo que la estrechaba más contra sí.

- Nada… ¿Cómo te fue en Londres? – Se quedó callado por un largo tiempo.

- La volví a ver… - Sin esperarlo, ella sintió una extraña punzada cerca de su corazón, alzó la vista para verlo con el ceño fruncido. – Y está más loca que nunca. – Eso la tranquilizó. - ¿Aún quieres seguir adelante con esto? – La miró a los ojos, ella haló su rostro para besarlo.

- Te dije que estaría a tu lado pase lo que pase. – Le sostuvo la mirada. – Quiero que siempre seas sincero conmigo… aún cuando sepas que es algo que no me gustará…

- Lo prometo Pecas. – Comenzó a besarla.

- Comienza ahora… – Dijo deteniéndolo. - ¿Por qué te comportaste tan mal con…

- Por favor… no es el momento… - La besó un largo rato.

- Pero lo prometiste… - Susurró cuando se separaron para tomar aire.

- Ya te lo dije… no… no es nadie… importante… - Volvió a besarla, tenía que distraerla: aún le dolía lo relacionado a… ella… a Eleanor Backer, y verla de nuevo reavivó ese sentimiento. – En éste momento sólo te quiero a ti… te necesito tanto… es lo único que me importa…


Estaban todos en el jardín cuando los vieron llegar a galope. Albert se encontraba a la cabecera de la mesa, pudo apreciar que ella vestía sus ropas masculinas. Sonrió.

- Veo que despertaste muy temprano Pequeña.

- Salí a dar un paseo… y en el camino me encontré a Terry… - Respondió la joven al bajar del caballo para ir a saludar a su tutor. Los jóvenes Ardley miraron al moreno con sonrisas burlonas y suspicaces, él los ignoró. - ¿Por qué no me avisaron que habían llegado? – Le reprochó fingiendo enojo.

- ¿Y arruinar la sorpresa de Terrence? – El rubio sonrió al ver al moreno más relajado. Se sentaron a almorzar mientras conversaban animadamente. Cuando terminaron Albert pidió la atención de todos. – Saben que la Tía Abuela planea que me presente oficialmente en Londres… Pero dentro de unos días daré una fiesta, reuniendo a los miembros del Clan que se encuentren aquí y lo haré adelantándome a sus planes. – Tomó la mano de Candy. – Al igual que tú. De esta forma comenzaré con mis planes. ¿Cuento con ustedes? – Preguntó mirando a todos. Se miraron entre ellos con determinación.

- Sabes que cuentas con todo nuestro apoyo tío. – dijo Stear.


Había salido como siempre por las tardes a caminar por el lago. Se había quedado un buen rato contemplando la villa de los Grandchester. Escuchó algo extraño a sus espaldas, se limpió las lágrimas antes de voltear, frente a ella estaba la joven pecosa.

- ¿Sra. Backer?... – La miraba con simpatía. - ¿Se siente bien? – La mujer se apresuró a ponerse de pie.

- Yo… lo siento… no… no debería estar aquí… - Hizo una reverencia apresurada para despedirse, mirándola con una expresión extraña. – Permiso… Milady…

- Por favor… espere… - Pero ella corrió alejándose de la joven, "Parecía asustada… ¿Por qué?"

- ¡CANDY! – La llamó Terrence, ella se giró, viéndole acercarse a grandes zancadas, la asustó: tenía la misma expresión furiosa de esa mañana. La tomó de la muñeca, atrayéndola con fuerza contra si. – A-L-E-J-A-T-E D-E E-S-A M-U-J-E-R – Sin poderlo evitar comenzó a temblar, su voz también sonaba dura.

- T-Terry, ¿P-por q-qué?... Parece ser muy gentil… ¿Por qué no quieres que hable con ella?

- ¡SIMPLEMENTE: A-L-E-J-A-T-E D-E E-L-L-A! ¡¿ME ESCUCHAS? ¡NO QUIERO SABER QUE TE HAS ACERCADO A ELLA! – La joven intentó soltarse de su fuerte agarre, empujándolo sin dejar de ver su rostro, su mirada se endurecía más mientras miraba a la distancia. Parecía no sentir los esfuerzos de la rubia por soltarse.

- Terry… me lastimas…

- ¡PROMETE QUE TE ALEJARÁS DE ELLA!.. – La sacudió. - ¡PROMÉTELO!

- ¡ERES UN IDIOTA! - Lo abofeteó con fuerza, haciendo que la soltara al instante. - ¡ERES UN TONTO!... ¡TE PEDÍ QUE FUERAS SINCERO CONMIGO! ¡CONTÉSTAME: ¿POR QUÉ LA ODIAS?. – Él se quedó helado… "¿De verdad la odio?..." Por más que lo había intentado, no podía. "No. No la odio… pero duele tanto lo que hizo… no sé si pueda… no creo poder perdonarla" – Confía en mí… no… no puedo hacerlo… no puedo decir…

- ¡PUES NO ESTARÉ CONTIGO HASTA QUE QUIERAS HABLAR! – Se alejó corriendo al sentir las lágrimas.

- ¡CANDYYYY! – Escuchó a sus espaldas. "¡IDIOTA… ERES UN IDIOTA!" Las chicas y la abuela Martha la vieron llegar corriendo hacia la casa.

- ¿No se suponía que estaría con Terrence? – Preguntó extrañada Paty.

- Tal vez discutieron. – Respondió Annie al ver a su amiga limpiarse los ojos. La abuela, suspiró de forma audible.

- Hay chicas, eso es lo más divertido del matrimonio… - Comenzó a reír ante las caras confundidas de las jóvenes. – La reconciliación… Hay, que envidia: ser tan jóvenes, tan enamorados y taaaaaannn apasionados… - Las jóvenes se miraban sonrojadas al comprender sus palabras.


Cuando llegó a su casa, se encerró en su habitación. Había sido un error: querer acercarse a ellos, no había sido su intención causar problemas entre la joven pareja. Pero quería hablar con él… a solas, explicarlo sucedido en el pasado… debió luchar con todas sus fuerzas por él.

- Elly, ¿Estás bien?- Escuchó a través de la puerta, era la Sra. Catherin, respiró profundo antes de abrir.

- Catherin… hola… si, yo… estoy bien… ¿Hay algún problema?

- No… todo está bien. – Pero no dejaba de mirarla directamente. – Viste a tu hijo. – Afirmó, ella no pudo contener más las lágrimas, la mujer mayor la abrazó para consolarla.


Entró a la casa haciendo mucho ruido con sus pasos furiosos, asustando a los pocos sirvientes. Se encerró en su estudio. Caminaba como león enjaulado. Hacía mucho tiempo que no se sentía así, tan fuera de control… pero no estaba furioso con ellas… se sentía terriblemente molesto consigo mismo por haber aterrorizado y discutido con su Pecosa… No le gustaba ni quería que lo volviera a ver de la forma en que lo hizo… le dolía tanto.

- ¡IDIOTA!... ¡SOY UN MALDITO IMBÉCIL! – Exclamó tirando y rompiendo todo lo que estaba a su alcance. - ¡LA ASUSTÉ!... ¡LE GRITÉ!... ¡LA LASTIMÉ!... ¡ROMPÍ MI PROMESA DE SER SINCERO!... ¡MALDICIÓN!... – Siguió así, destruyendo y tirando cosas hasta el cansancio.


- Candy… - La llamó Albert. Le habían contado de la forma en que había regresado, él había entrado a su habitación por uno de los pasadizos, encontrándola llorando aún; se sentó a su lado. – Tranquila pequeña… ya se le pasará…sea lo que sea…

- Detesto que siempre me haga a un lado… - Dijo abrazándose a él. – Y que sea tan bruto…

- ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó consolándola.


- ¡VOY A IR A SU CASA Y…

- Tú no irás a ningún lado… - Le detuvo su hermano.

- ¡PERO… ÉL… Y ELLA ESTÁ…

- Tiene razón Stear, eso es problema de ellos. – Dijo con tranquilidad aparente Anthony.

- ¡PERO LA HIZO LLORAR!

- Y no debemos intervenir… recuerda: lo que pase entre ellos, es su responsabilidad. – Dijo Stear.

- ¡NO QUIERO VERLA LLORAR POR ÉL! – "Me duele verla sufrir así por ese inglés engreído" Pensó, olvidando que habían hecho las paces, "Yo no lo haría… jamás"

- Nosotros tampoco… pero no podemos ni debemos intervenir. - Afirmó Anthony volteando a ver su balcón suspirando.


Fue a las caballerizas, sacó su caballo para salir a todo galope, mientras pensaba que tenía mucho tiempo que no lo hacía. "Desde aquél día que Candy estaba gravemente enferma… en la Isla" Ya era de noche, pero no le importaba: la velocidad y el sonido de los cascos, le tranquilizaban. Pudo darse cuenta de que se acercaba a la villa de los Ardley, saltó la pequeña barda sin problemas, poco a poco fue haciendo que el animal redujera la velocidad, llegó a la parte trasera de la casa. "¡DEMONIOS!... DEBÍ PONER MÁS ATENCIÓN A CUAL ERA SU BALCÓN" Su caballo relinchó y pudo ver el movimiento de una cortina en una de las ventanas, desmontó y ató el caballo a un árbol. Se fue aproximando mientras recogía unas piedrecillas, arrojando una por una a la ventana donde vio el movimiento. Finalmente ella se asomó.

- ¡Candy! – La llamó, ella abrió y salió molesta al balcón.

- ¡LÁRGATE! ¡NO QUIERO VERTE! – Siseó furiosa. - ¡LÁRGATE AHORA MISMO O LLAMARÉ A LA SERVIDUMBRE PARA QUE TE ECHEN!

- ¡LLÁMALES!… ME TIENEN SIN CUIDADO… - La miró sonriendo con malicia. – Después de todo… soy tu esposo… tengo todo el derecho… y vengo por ti… – Ella siguió el rumbo de su mirada, haciéndola palidecer, cerrando con fuerza hasta el cuello su bata, su sonrisa de medio lado la estremeció, lo cual la enfadó más.

- ¡TE LO DIJE: NO ESTARÉ CONTIGO HASTA QUE SEAS SINCERO… Y LE PIDAS UNA DISCÚLPA A LA SRA. BACKER! – Se dio la vuelta para entrar a su habitación, cerrando los ventanales con fuerza. Él se fue maldiciendo entre dientes por su testarudez.


LONDRES

Nada podía hacerla sentirse tranquila debido a la ausencia de noticias respecto a su sobrino. Estaba completamente segura de que había seguido a la chiquilla ésa hasta Edimburgo. A ella no la engañaba: después de todo siempre la protegía y le consentía demasiado. No quería ni imaginarse la razón de ello. "Después de todo ella era hija de…" Ya no quería ni imaginarse lo que podría estar sucediendo entre ellos. Odiaba que no le comunicara nada de sus planes, especialmente porque no le pidió que le acompañara ya que estaba muy cercana la fecha de su presentación ante todo el Clan, en un par de meses más. Y a pesar de todo, escuchaba que era excelente en el manejo de los negocios y la forma en que la fortuna familiar había aumentado, lo cual le molestaba. No habría forma de boicotearle. Debía andarse con mucho cuidado ahora que estaba cerca y pronto tomaría el control del Clan.


Se encontraba en el Salón cuando le anunciaron que el Duque de Grandchester la buscaba, pidió que lo condujeran hasta ahí, cuando el hombre llegó, ella hizo una reverencia y le ofreció sentarse mientras pedía el té.

- Supongo que por fin veré a mi nieto. – El caballero fue directo al grano, ignorando por completo el ofrecimiento.

- Milord, ¿Por qué no conversamos un poco mientras…

- Ordena que lo traigan de inmediato. – Fue la seca respuesta del hombre. Fingiendo una sonrisa tomó la campanilla para llamar a la doncella. En cuanto la joven fue a buscarlo, el Duque se sentó. – No le molestaré mucho con mi presencia Milady, sólo tengo una petición que hacerle: Cuando venga a visitarlo, quiero que esté preparado para salir. Mi cochero vendrá por él…

- Pero, Milord yo quisiera…

- ¿Entendido? – En ese momento llamaron a la puerta, Susana hizo una reverencia aceptando "su petición" a regañadientes, ordenó que pasaran: la puerta se abrió, en el umbral venía el pequeño escondido detrás de su joven nana, quien suavemente le empujó hacia el frente.

- Saluda a tu abuelo…


CERCA DE EDIMBURGO

Se había negado a ver a Terrence por varios días, esa mañana salió temprano, cuidando de que él no anduviera por ahí. Tenía que ir a ver a la Sra. Backer, llegó a la hostería y preguntó por ella. En cuanto ambas se miraron, la mujer mayor se acercó angustiada.

- Milady Ardley… ¿Qué hace aquí?... debe irse… no quiero causarle problemas con su esposo…

- ¿Cómo sabe que Terrence es mi esposo? – La pecosa preguntó sorprendida a la mujer, quien no sabía que decir.

- Tal vez… lo mencionaron… cuando llegaron… - Se veía más angustiada. – Por favor… Milady…

- NO… - La mujer la miró sin comprender. – Por favor, llámeme Candy… - La joven le sonreía amistosamente. – Sra. Backer, no me iré hasta que hablemos. – Vio la determinación en su mirada.

- De acuerdo… ¿Le gustaría dar un paseo?

- Claro que sí. – Respondió con entusiasmo, caminaron por un rato en silencio, mientras veían a la gente comenzar sus actividades. – Por favor, dígame: ¿Por qué Terrence se comporta así con usted?

- ¿No te lo ha dicho? – Preguntó contrariada.

- No… Es un cabezota… - La mujer sonrió muy a su pesar. – Se niega rotundamente… y tuvimos una discusión. – Notó la tristeza en su voz. – He visto la forma en que lo mira… sé que le duele mucho la forma en que la trata…

- Es por que jamás me perdonará…

- Discúlpeme que le pregunte… - La joven se sonrojó. - ¿Qué es él… de usted? – La rubia mayor, miraba disimuladamente por todos lados.

- Yo… yo soy… soy su madre… - Dijo en un susurro y con mucho esfuerzo. La pecosa se detuvo mirándola detenidamente, la mujer se apenó mucho. – Yo no debería… no debí decirlo… nadie debe saberlo… - Dijo muy nerviosa.

- Ahora entiendo… - Dijo Candy sonriente. – por qué cuando la conocí me parecía su rostro familiar… - La mujer no le comprendía. – Terry se parece tanto a usted… - Se arrojó espontáneamente a sus brazos. - ¡Me alegra tanto conocerla! – La joven la estrechaba, después de un momento le correspondió sintiendo mucha ternura por la pecosa.

- Pero a él no le alegrará que lo sepas… - Se separó poco a poco. – Mucho menos que estés cerca de mí…

- Pero ¿Por qué? – Habían tomado el camino al lago.

- Richard… El Duque de Grandchester… me obligó a abandonarle… nadie debía saber que yo era la madre de su hijo mayor… quiso darme una enorme suma de dinero para que me alejara para siempre… - Sonrió con amargura. – Como si lo necesitara… - Candy la miró sin comprender. – Provengo de una rica familia burguesa… así que lo rechacé. Traté por todos los medios de saber de mi hijo…

- No entiendo, ¿Cómo conoció al Duque? – La vio contener con mucho esfuerzo el llanto.

- Fui Dama de Compañía de la Duquesa, antes de que se casaran por órdenes del padre de Richard. Cuando llegué a la mansión de Londres, después de su boda… reconocí al joven con el que había conversado en algunas de reuniones meses antes… y del que me había enamorado… era muy joven e ingenua… cuando supe que… estaba encinta… abandoné todo… sin dar explicación… ni aún a mi familia… me oculté… pero él es muy rico y poderoso… logró encontrarme y al enterarse de la existencia de Terrence… me lo quitó… - No podía dejar de llorar la Sra. Backer, Candy la abrazó para consolarla. – Lo poco que he sabido… ha sido por la Sra. Morris y el Sr. Smith, que han estado al pendiente de él… - Se separó de la joven para colocar su mano en su mejilla. – La última vez que le vi… estaba muy cambiado… resentido… era… agresivo… se irritaba por todo, no respetaba a nada ni a nadie… bebía demasiado… estaba asustada por todo tipo de excesos que cometía… era muy infeliz… - Le sonrió. - Sé que se aman… y se casaron en Port Royal… me alegra que te haya encontrado… necesita tanto amor… de tu amor especialmente…

- Debe hablar con él… necesita más el suyo… la necesita…

- Es inútil… tú misma has visto como se pone…

- Si, es un bruto cabeza dura… - Dijo la joven sin vergüenza alguna, haciendo reír a la Sra. Backer muy a su pesar. – Upss… Lo siento mucho… - Dijo sonrojada.


Despertó con una terrible resaca. Todo le molestaba: el mas leve ruido… la luz. Se incorporó con trabajos. Miró el caos a su alrededor, y su aspecto era desastroso. Pidió que le prepararan el baño, iría a verla… tenía que explicarle las cosas. Así tuviera que enfrentarse a todos los Ardley si fuera necesario. Sonrió. "Archie y Anthony estarían más que dispuestos a darme una tremenda paliza por lo que pasó entre nosotros". Tomó algo muy ligero, para salir rumbo a la Villa de los Ardley. Cuando llegó, dejó su caballo a una distancia prudente, vio que su balcón tenía la ventana abierta, "Perfecto, no tendré problemas" Trepó hasta su habitación. Entró con mucho cuidado, se acercó al lecho… estaba vacío. Sonrió con cierta presunción, "Seguramente fue a buscarme" pensó encaminándose ansioso para descolgarse por el balcón, fue por su caballo para dirigirse a todo galope a su mansión. Cerca de la entrada pudo ver a ambas mujeres caminar hacia la entrada. No pudo evitarlo, "¡TRAIDORA!" pensó furioso.

- ¡ALÉJATE DE ELLA! – No pudo evitar gritar, bajó del caballo para encarar a la mujer mayor, quien temblaba asustada. - ¡DÉJE DE MOLESTARME!... ¡¿CUÁNTAS VECES LE HE DICHO QUE SE LARGUE?... ¡USTED NO ES MI MADRE!...

- ¡TERRY!... NO SEAS ASÍ POR FAVOR… HABLA CON ELLA… - Pidió la joven interponiéndose, alzando la voz porque sabía que no la escucharía entre su ofuscamiento. La joven vio que un grupo de personas se acercaban por el camino. – Terry, por favor, aquí no es apropiado hablar de esto. – Él miró la dirección que le indicaba y a regañadientes abrió la reja para que entraran. En la Mansión se dirigieron a un salón, Candy fue a buscar al Ama de Llaves. Eleanor tomó valor para hablar con él.

- Por favor… Terry … yo… - Decía llorando la Sra. Backer. – Tengo que explicar…

- ¡USTED NO TIENE NADA QUE DECIRME "SEÑORA BACKER"!

- Por favor, Terry…

- ¡NO USE ESE DIMINUTIVO PARA MI! SOLO LAS PERSONAS MÁS CERCANAS PUEDEN USARLO… SOY TERRENCE GRANDCHESTER PARA USTED… Y ES MEJOR QUE SE MARCHE DE UNA BUENA VEZ

- Por favor… hijo…

- ¡¿QUÉ NO ESCUCHÓ?... ¡LE HE DICHO QUE SE LARGUE! – Gritó una vez más ignorándola.

- No peleen… por favor… - Le suplicó la pecosa. Entrando con el servicio de té. Él parecía no escuchar nada más. Ella colocó la charola en una mesilla.

- ¡¿CUÁNTAS VECES SE LO HE DICHO:… USTED NO ES…

- ¡TEEERRYYYYY… ES TU MADRE!... – Gritó desesperada la joven, él la miró sorprendido, la pecosa estaba llorando, "Idiota… lo hiciste de nuevo" pensó al ver su mirada tan dolida, se detuvo al verla temblar. - ¡ERES UN COMPLETO IDIOTA! ¡SABES PERFECTAMENTE LO QUE PASÓ CON MIS PADRES!... ¡SABES PERFECTAMENTE QUE NO PUEDO RECORDARLOS!...

- Candy… - Atinó a susurrar dando un par de pasos hacia ella, quien retrocedió, él se detuvo, "¡MALDICIÓN! Me tiene miedo".

- ¡NO SABES LO AFORTUNADO QUE ERES!... ¡Y MIRA CÓMO LA TRATAS!

- Candy… por favor… - Le rogó la Sra. Backer.

- ¡YO… YO QUISIERA TENER A MI MADRE… EN ÉSTE MOMENTO! – Fue lo último que gritó antes de salir corriendo.

- ¡CAAANNDDDYYYY! – La llamó Terrence, pero ella no se detuvo. Se volvió a ver a Eleanor, quien seguía llorando amargamente.

- Yo… no debí venir… no era mi intención causar problemas entre ustedes… - Comenzó a retirarse. Él habló, haciendo que se detuviera.

- Recuerdo cuando mi padre nos encontró… y la forma en que me alejó… dijo que eras muy mala… que preferiste el dinero que a mí… que jamás te importé… solo me alejaste de él para obtener dinero… - Ella se volteó para verlo directamente a los ojos. – Descubrí que "La Duquesa Cara de Cerdo" era peor de lo que mi padre dijo sobre… sobre ti, haciendo y diciendo cosas peores a sus espaldas: llamándome bastardo… golpeándome hasta cansarse… cuantas veces pudiera y sin que mi padre se enterase… o si lo sabía, nunca hizo nada… traté de odiarte por ello… - Estaba asustada por lo que estaba escuchando. Sus ojos parecían humedecerse, pero él no permitía que salieran las lágrimas. - ¡¿POR QUÉ NO LUCHASTE POR MÍ?... SIMPLEMENTE… DESAPARECISTE… DEJÁNDOME CON ÉL… QUIEN JAMÁS ME AMÓ… ¡SÓLO HE SIDO UNA MOLESTIA PARA ÉL!...

- Terry… - Se acercó atreviéndose a abrazarle, sintiéndolo tensarse con su contacto. Poco después se relajó, correspondiéndole al estrecharla más contra sí. Ella susurró a su oído: – Yo insistí en buscarte, pero toda la gente al saber de quien se trataba, se negaba a ayudarme… por temor al Duque… y me lo impedían… antes de que desaparecieras definitivamente, la Sra. Morris me prometió estar al tanto de ti… haría todo lo posible por cuidarte por mí… - Sin querer, el joven sonrió. "Ahora entiendo muchas cosas". Un par de lágrimas escaparon de sus ojos. – Te amo hijo… no quiero volver a separarme de ti…


Por el momento no quería ver a nadie mientras se dirigía al lago. Se sentía triste por no poder recordar a sus padres, cada vez que lo intentaba sólo aparecían como sombras borrosas en su mente. Recordó que Albert había mencionado que en un ala de la mansión había pinturas sobre los Ardley "¿Estará ahí la de mis padres?" Se apresuró y preguntó a la servidumbre, alguien la llevó hasta allá y la dejó a solas.


- Dorothy, ¿Has visto a Candy? – Preguntó Anthony al encontrarla por uno de los pasillos.

- Hace poco regresó, pidió ir al ala Oeste para ver las pinturas de la familia.

- Gracias… - Se encaminó hasta allá. La encontró mirando los retratos de forma ansiosa.

- ¿Quieres que te muestre el de mi madre? – Le preguntó suavemente para no asustarla.

- Claro que si. – Caminaron hacia otra habitación, no podía dejar de mirar los demás con curiosidad, notando sitios vacíos entre algunos cuadros. Se detuvieron.

- Aquí está… Su nombre era Pauna… - La joven la miró con sorpresa, el parecido con el de ella era asombroso, miró a Anthony con incredulidad, quien asintió. – Si, te pareces mucho a ella… - La vio entristecerse. - ¿Qué pasa Candy?

- No me gusta que no pueda recordar a mis padres… tal parece que no hay un retrato de ella aquí… - Lo miró. – Tal vez… ¿Sería posible que en el lugar donde crecí esté un retrato de ellos?... ¿Me acompañarías?

- Pero, Terrence… - La vio fruncir el ceño.

- ¡NO TENGO PORQUÉ PEDIRLE PERMISO A ESE CABEZA HUECA!. – Él contuvo una sonrisa al escuchar su tono enfadado, mientras la miraba interrogante. – Y si no me quieres acompañar tú, le diré a Archie o…

- De acuerdo… no te pongas así… ya te pareces a Terrence… - Ella le lanzó una mirada de advertencia, que finalmente lo hizo reír. – Te acompañaremos todos.


Por la tarde, después de dejar a Eleanor en su casa, se sentía más relajado, así que fue a la villa de los Ardley. Tenía que verla, decirle cuanto la extrañaba y que no le gustaba que se enfadara así con él. Se sorprendió al saber que no había nadie de los jóvenes de la familia ahí y que nadie le había dejado algún mensaje de adónde habían ido. "Pecosa… tienes que salirte siempre con la tuya" Dejó su caballo atado lejos de la mansión, se cercioró de que nadie le viera trepar hasta su balcón y esperarla en su habitación, sin querer se quedó dormido aspirando el aroma a rosas que inundaba el lugar.


No podía creerlo: su hogar, estaba completamente abandonado. La Sra. Pony y Dorothy le contaba sobre su niñez ahí. Entraron al cobertizo donde practicaba con su padre, pero ella no podía recordarle.

- Como quisiera encontrar algo que me haga recordar sus rostros… - Murmuró al entrar a lo que había sido la sala, pero como el resto de la casa, estaba completamente vacía. - ¿Qué pasó con las cosas?

- Madame Elroy ordenó recoger todo cuando se te envió a Londres, pero nunca se me dijo a donde se las llevarían… - Dijo la Sra. Pony.

- Desde entonces… - Susurró con tristeza la pecosa.

- ¿Qué dices Candy? – Preguntó Paty al escucharla por estar más cerca.

- Tal parece que desde antes de mi nacimiento la Tía Abuela nos repudiaba… pero ¿Por qué?

- Nosotras no sabíamos absolutamente nada de los Ardley hasta que tu madre falleció. – Dijo Dorothy con pesar. – Y Madame Elroy mandó por ti, para enviarte lejos… diciendo que…

- "Eran órdenes del Tío Abuelo William" – Respondió la rubia imitando su tono imperioso, haciéndolos reír. - ¿Por qué no me extraña?... Ahora comprendo a Albert… pobre, tiene muchos problemas y malentendidos que solucionar…

- Es hora de que regresemos. – Dijo la Sra. Pony. – Por el momento hay uno que tú debes arreglar cuanto antes. – La joven la miraba sin comprender. – Lord Grandchester, pequeña…

- No me preocupa… quien le manda ser tan cabeza dura… así que tiene dos problemas por resolver. – Todos la miraron extrañados, ella sonrió con malicia: - Enojarse y contentarse…


Después de haber estado encerrado durante horas en su despacho, salió para descansar un poco y desaburrirse. Había muchas cosas por averiguar respecto a lo que había hecho la Tía Abuela Elroy durante todo ese tiempo desde el fallecimiento de su padre. Debía apresurarse con los preparativos para su repentina presentación ante el Clan, para que ella no pudiera sospechar sobre sus verdaderos propósitos. Había sido avisado de que Candy, sus amigas y sus primos habían salido a visitar lo que había sido su hogar, después de haber estado en el Ala Oeste, donde estaban los retratos de los Ardley. Recordó que desde que era pequeño no visitaba esa parte de la mansión y hacia allá se dirigió. Fue examinando cada uno hasta llegar al de sus padres. Era muy extraño, él recordaba que había uno donde posaban solo sus hermanas y él. Siguió caminando hasta encontrar el de la madre de Stear y Archie junto a su esposo… más adelante el de la madre de Anthony y su esposo… Pero no el de su hermana Rose, la madre de Candy… regresó al retrato de los padres de Anthony, Candy era tan parecida, a excepción del color de sus ojos. Decidió que haría que buscaran por toda la casa los cuadros faltantes por Candy, tal vez así podría recuperar los recuerdos de sus padres.


LONDRES

Esa tarde pasó a la mansión de los Marlowe, como le indicó, envió al cochero por el pequeño. Cada vez que convivía con el niño, buscaba algún indicio común con los Grandchester o por lo menos con Eleanor, si realmente era el hijo de Terrence. Pero al parecer tenía más semejanzas con Lady Susana, a excepción del color del cabello: castaño claro.


Susana estaba furiosa porque el mismo Duque no le permitía acercarse, la trataba con cierto desdén mal disimulado. Los vio partir desde la ventana del Salón. ¿Cómo podría llevar a cabo sus planes si no podía ni hablar con él?


Estaba tan intrigada por la salida de Paty del Colegio, que la Hermana Margaret le llamó la atención por sus preguntas insistentes sobre el paradero de la joven. Estaba en su habitación cumpliendo con su castigo cuando recibió un mensaje de La Tía Abuela, diciéndole que mandaría por ella para una cena en la Mansión Ardley. Cuando llegó se sentía muy nerviosa, tal vez era para celebrar que Anthony, Stear y Archie había regresado, pues había escuchado que la flota enviada a Jamaica había regresado. Lo que lamentaba era que la invitación incluyera a su prometido, así que debía comportarse adecuadamente. Se sintió decepcionada al enterarse que los Oficiales no asistirían.

- Tía Abuela, creí que mis primos ya habían regresado.

- Así es, pero recibieron nuevas órdenes de partir de inmediato…

- ¿A dónde?

- No lo sé.

- ¿Es que no puede hacer algo por…

- Eliza, compórtate… - La retó su madre por ser tan impertinente.

- Lo siento… es que ha pasado tanto tiempo… quería saber… de los lugares que habían visitado…

- Lamentablemente no puedo influir en sus superiores… – Comenzó a decir la anciana con su acostumbrado tono. – Pero me dijeron que regresarán a tiempo para la presentación del Tío Abuelo William.

- Por fin podré conocerlo. – Interrumpió Dereck. – Mi padre me ha hablado mucho de él, tengo tanta curiosidad. Tengo entendido que se ha mantenido por mucho tiempo lejos de los círculos sociales.

- Si… le preocupa mucho el bienestar de la familia, por lo que viaja constantemente por negocios, hay cosas que prefiere tratar directamente.

- Supe que ha comenzado a hacer negocios en el Nuevo Mundo… - Eliza se empezó a impacientar con el rumbo que tomó la conversación.


CERCA DE EDIMBURGO

Escuchó revuelo, abrió los ojos, dándose cuenta de que había anochecido, salió al pasillo para asomarse a la ventana, justo a tiempo para ver a la pecosa entrar rápidamente a la mansión, pudo escuchar sus pasos dirigiéndose a su habitación, así que buscó donde ocultarse para sorprenderla. Escuchó la puerta abrirse y enseguida sus sollozos. Salió de su escondite para cerrar la puerta. Ella no se había percatado de su presencia, estaba tirada en su lecho, llorando amargamente.

- Candy… - La llamó suavemente al tiempo que se sentaba a su lado. Lo escuchó, incorporándose, se abalanzó a sus brazos, desconcertado la estrechó fuertemente contra sí. – Pecas, ¿Qué pasó?

- Sólo… sólo abrázame… por favor… - Así lo hizo hasta que poco a poco se fue tranquilizando. Él acariciaba su cabeza, cuando escuchó en un susurro: - Perdóname, por favor… - Él sonrió meneando su cabeza. – No debí…

- Pecosa, ¿Sabías que eres una entrometida?... – El tono que usó la preocupó.

- ¿Qué fue lo que pasó? – Alzó su rostro para mirarlo, estaba sonriéndole.

- Hablamos…

- Me alegro… - Él la miró profundamente.

- ¿Ahora me dirás que fue lo que te pasó? – Ella se acurrucó más en su pecho.

- No puedo… recordar el rostro de mis padres… todo es confuso… sombras… lugares…

- No te presiones, en algún momento lo harás. – La estrecho más. – Quizás si fueras a… - Le interrumpió.

- Esta tarde estuvimos ahí, en mi hogar… - Nuevamente comenzó a llorar. – Todo está abandonado… fueron órdenes de la Tía Abuela… a nombre de Albert… no sé… porqué me odia tanto…

- Tranquila mi amor… pronto lo averiguaremos… - Sonrió con malicia de medio lado, alzando una ceja. – Recuerda que tenemos que ser "encantadores" con tu "querida Tía Abuela". – Su tono la hizo sonreír a pesar de las lágrimas.

- Eres malo… ¿Qué dirán de los Grandchester por tu conducta inapropiada? – Se burló ella.

- No me importa… - Comenzó a besarla, ella reía mientras la iba recostando.

- Recuerda que eres un Corsario de Inglaterra y tienes que… - La acariciaba lentamente.

- Soy un pirata… no obedezco órdenes de nadie… hago lo que quiero y cuando quiero…

- ¿A si? – Preguntó desafiándolo al separar un poco sus labios de los de él.

- Si… y en este momento… eres tú lo que deseo…

- Terry… te amo…

Continuará…