Capítulo 18

Planes en movimiento

Por Nep

ADVERTENCIA

Estimado lector (a):

El presente capítulo tiene contenido fuerte susceptible de herir la sensibilidad del lector; si quien lee no está preparado para dicho contenido, se les invita cordialmente a abstenerse o en su caso dejar de leer este fic. (Contenido Lemon)

Gracias de antemano.

Con cariño y respeto a todos.

Nep.


CERCA DE EDIMBURGO

Albert supervisaba junto con la Sra. Pony todos los preparativos para su presentación, quería que todo estuviera perfecto. La mujer mayor sonreía al verlo tan nervioso al respecto. El rubio sonreía por momentos con malicia, imaginando las expresiones de sus invitados: en primera, por recibir las invitaciones sin tanto tiempo de antelación y en segunda, cuando supieran que no era el anciano que esperaban que fuera. Quería acabar de una buena vez por todas con todo ese circo para poner en práctica sus planes: podría limitar las acciones de la Tía Abuela que pudiera estar planeando en esos momentos. Después de algunas reuniones formales con los miembros más ancianos de las demás Ceps, apresuraría su presentación ante la corte inglesa, cosa que le desagradaría más a la anciana. Volvió a sonreír.


Despertó temprano, giró su cabeza para ver que estaba profundamente dormido. Sonrió mientras contemplaba su rostro tan apacible, quiso moverse pero la tenía fuertemente aferrada. Podía verlo a su antojo, sin que sus traviesas miradas la hicieran sonrojar. Después de un largo tiempo, lo vio sonreír entre sueños, susurrando su nombre. Sin poder evitarlo más, acercó sus labios para besarlo, con suavidad, tratando de no despertarle. Él comenzó a responderle con pasión. Al separarse, vio que su sonrisa era más amplia.

- Sabía que no podrías resistirte a mi encanto. – Murmuró mientras abría lentamente sus ojos y le sonreía ella no supo que decir por un momento.

- Yo… no quise despertarte… - No podía dejar de ver sus traviesos orbes azules. – Me gusta verte dormir…

- Mientes… - Respondió al tiempo que él cambiaba su posición, comenzando a besarla y acariciarla. – Pero no importa… así podemos disfrutar un poco más… sé que hay más cosas que te gustan de mí… - Le susurró mientras con cuidado giraba sobre ella y separaba sus piernas. Comenzaron a besarse y acariciarse con pasión. – Como esto…

- Haaaa…. Terryyyy… - Ella le correspondía arqueándose hacia él. Comenzó a sentirlo en su interior, buscaba la forma de no gemir tan fuerte, los podría escuchar la servidumbre… que no sabía nada de su matrimonio y eso arruinaría todos sus planes. Llamaron a la puerta.

- Mandisa…

- Haaaa… E-es… es T-Thema… - Murmuró a su oído, con cierta reticencia a detenerlo. – E-esperaaaa…

- Noooo... no lo haréeee… – Continuó con sus besos y caricias, incrementando su pasión, dejándola sin aliento. – Soy tu esposo… Tengo… tengo toooodo el derecho… a estar aquí…

- T-Terryyyy… p-por… f-favooor… para… - Pedía sin dejar de acariciarlo.

- ¿D-de verdad… quieres… que lo haga? – Susurró roncamente, mientras seguía amándola.

- Noooo… Pero… alguien…p-podríaaa…

- Nooo… me importa… no me detendré… - Ambos se habían sincronizado dejándose llevar, tratando de gozar el momento. – Aún no… no es el momento… - Decía incrementando su pasión, besándola para acallar sus gemidos.

- Mandisa… - Llamó Thema de nuevo a la puerta. "¡¿Por qué ahora?... ¡Nooo!… ¡Aún no!… ¡No quiero que termine… tan pronto!…" Pensaba la joven mientras se aferraba a él con brazos y piernas. "Este es nuestro momento… solo nosotros dos…convirtiéndonos en uno" Pero debía ser realista. Por fin, el orgasmo llegó. Poco a poco lo fue soltando. Él se giró para descansar sobre su espalda, atrayéndola sobre sí. Thema volvió a llamar a la puerta.

- ¡Ahhh!… ¿Q-Quieres que tus planes se arruinen?... – Le murmuró al joven con una risa ahogada, él había reiniciado lentamente con sus caricias para incitarla de nuevo, se detuvo abruptamente. La miró a los ojos.

- ¡RAYOS!... ¡Tenías que recordármelo!… - Se separó de mala gana, escuchando su leve gemido de frustración al salir de ella. Comenzó a recoger sus ropas. La rubia lo miró sonriente, apreciando con cada movimiento su atlético cuerpo desnudo.

- Fue tu idea… - Lo vio dirigirse al enorme tapiz de la habitación para ocultarse, ella se puso rápidamente la bata para ir a abrirle a Thema, quien entró con una charola y el servicio del té. – Buen día Thema. – Cerró la puerta.

- Buen día Mandisa… - Sonrió. – Buen día… Capitán… - Miró hacia el tapiz donde se había ocultado.

- Thema… ¿Qué dices? – Preguntó la joven sin poder evitar pasear la mirada hacia el mismo lugar. La mujer la ignoró con una sutil sonrisa.

- Capitán, será mejor que se apresure antes de que alguien pueda verlo marcharse.

- Thema, ¿Qué estas… - Ambas escucharon la suave risa del joven al salir, mientras terminaba de ajustarse su ropa. Candy no pudo evitar dirigir una mirada a la mujer mayor, quien soltó una carcajada al verla sonrojada a más no poder, mientras Terrence miraba a ambas con su sonrisa de medio lado.

- Thema, es usted muy suspicaz. – Ella ignoró su comentario para continuar diciendo:

- Esta mañana salí a dar un paseo y me encontré con su caballo. Fue una suerte que nadie más lo haya encontrado. – Decía la mujer mientras le entregaba una taza de té a la rubia. – Sir William salió a dar un paseo antes de su presentación.

- Lo había olvidado… - Dijo la joven al tomar un sorbo de la infusión. Terrence sonreía.

- Lo siento Pecas… debo irme para prepararme… - Sonrió al ver su puchero de fastidio, se acercó a darle un último beso muy rápido al notar que intentaba abrazarlo. – Mi… mi madre quiere verte…

- ¡Claro que iré a verla! – Respondió con entusiasmo.

- Entonces… nos vemos… después… - Se quedó contemplándola un momento, para después salir por el balcón. Suspiró largamente.

- Thema, no sé si podré seguir con esto… - Se sentó en el diván sin soltar su taza de té. La mujer, vio sus manos temblar, se acercó y con cuidado se la quitó, para tomar una entre las suyas.

- Sé que puedes hacerlo pequeña Mandisa… sabes que todos estaremos a tu lado para ayudarte… queremos que seas feliz.


Annie y Paty habían salido a los jardines acompañadas por la abuela Martha, estaban fascinadas por las rosas. Encontraron a Anthony trabajando en un grupo específico, mientras era observado por sus primos, quienes al ver a las jóvenes fueron a saludarlas. Les acompañaron a sentarse a una banca, mientras el rubio seguía con su labor.

- Trabaja muy duro el joven Anthony. – Señaló con admiración la anciana. – Jamás había visto tanta concentración en alguien por mantener unas rosas tan hermosas.

- Siempre se porta así cuando se trata de las rosas de su madre… ella las amaba… - Dijo Archie.

- Especialmente en las que está trabajando en éste momento… fueron plantadas por su madre… y la madre de Candy – Escucharon a sus espaldas. Voltearon a ver que Albert llegaba acompañado de un joven castaño y ojos cafés. – Les presento a Thomas Stevens, uno de los mejores amigos de Candy antes de ser enviada a Londres. – Todos lo saludaron con cortesía.

- Ha sido muy cruel con ella Madame Elroy… - Susurró Annie con tristeza.

- Si… - Contestó el joven al pasear la vista por los alrededores. – Especialmente el día que se la llevó de la casa de sus padres… no dejó que se llevara absolutamente nada… - Extendió la mano para mostrarles algo. – Por suerte, pude rescatar esto… - Era una muñeca de trapo con su nombre bordado en la ropa. – Espero que esto pueda hacerla recordar…

- Ya verás que sí Tom… - La Sra. Pony llegó para avisarles que la joven, Thema y Teshi los buscaban para almorzar.


Al llegar a las caballerizas, vio un caballo desconocido. "¡¿PERO QUIÉN DEMONIOS SE TOMA TAL LIBERTAD?" Pensó molesto, observó detenidamente la silla, "¡¿QUIÉN SERÁ?" Inmediatamente se puso alerta al escuchar una risa de mujer. "¡MALDICIÓN!... ¡¿ES QUE NO CONOCE LOS LÍMITES?... ¿CÓMO RAYOS ME ENCONTRÓ?"

- ¿Te sorprende? – Escucho que le decía la voz cínicamente. Él caminaba despacio, tomando la empuñadura de su espada, listo para ponerse en guardia.

- Mucho… - Se puso tenso al sacar la espada, listo para sorprender a "su visitante".


Albert y la Sra. Pony habían presentado al joven Thomas a Candy, quien le entregó la muñeca con la esperanza de que le ayudara a recordar su infancia juntos… pero fue inútil, se sintieron mal porque no le reconocía. Eso no le importó al joven, quien decidió contarle todos los momentos que compartieron con sus padres y sus travesuras, pasando la mayor parte del día juntos. Dorothy fue a avisarle a la joven que debía apresurarse a arreglar. Tom se quedó un rato más para conversar con los jóvenes Ardley.


Los invitados comenzaban a llegar, mientras Dorothy traía su vestido, ella miraba con impaciencia por la ventana. "¡Disfraces!… ¿Por qué se le ocurrió hacer esto a Albert?... ¡Disfraces!... después de todo, ¿Por qué me ponen nerviosa? Nadie sabrá quien soy hasta que Albert haga la presentación" Dorothy entró y le mostró su disfraz. "Oh no… no de nuevo" Comenzó a sentir un leve dolor de cabeza, mientras recordaba.

- Candy, ¿Qué pasa? – Se acercó preocupada al ver a la joven sonrojada a más no poder.

- ¿Segura que ése es mi disfraz? – Lo miraba de forma extraña. Dorothy le sonrió. - ¿Por qué?

- Era muy hermoso, así que me tomé la libertad de arreglarlo… te veías tan hermosa… no me explico porque lo arruinaste…

- Fue… la noche que conocí oficialmente a Terry… - Comenzó a decir nerviosa. – Y se comportó como todo un patán…

- Bueno, así le será fácil reconocerte. – La llevó hasta el biombo para comenzar a vestirla. – Después de todo, fue idea de él. – Candy la miró sorprendida. "Esto lo vas a pagar caro Terrence Grandchester"


- ¿Dónde está? - Preguntó con impaciencia Archie, quien estaba disfrazado de polichinela, Annie sonrió, alisando la falda de su disfraz de hada.

- Tranquilo, pronto estarán aquí. – Dijo Anthony quien estaba disfrazado de caballero medieval.

- ¡Esto es absolutamente ridículo!… ¡¿Cómo puede hacer algo tan informal en su presentación ante el Clan?… - Escucharon a un hombre quejarse. Ellos sonrieron discretamente.

- Alguna excentricidad debía tener… recuerdas a… - Contestó otro. Las voces se fueron alejando de ellos.

- Vaya, el plan de Albert comienza a funcionar. – Dijo Stear llegando junto a ellos, lo miraron, Paty lo acompañaba, ambos disfrazados de Romeo y Julieta. Annie se percató del sonrojo de la castaña a pesar del antifaz.

- ¿Dónde está la abuela Martha? – Preguntó Anthony a la joven.

- Ella dijo que era muy vieja para esto… y que ayudaría a Candy con su arreglo.

- ¿Y dónde está Terrence? Creí que él y Candy combinarían sus disfraces… - Murmuró nuevamente Annie. En ese momento vio que por las escaleras descendían Albert disfrazado de emperador romano y Candy…

- No lo puedo creer… - Murmuró con una sonrisilla.

- ¿Qué pasa Annie? – Preguntó Archie.

- Creo que sé como se disfrazará Terrence. – Los jóvenes voltearon a ver a los recién llegados. – ¿Recuerdan el Baile en Port Royal?

- Ummm… si… - murmuró Stear. Albert dijo algunas palabras de bienvenida y dio inicio al baile con Candy.


Mientras bailaban, se sentía cada vez más nerviosa al sentir las miradas de la gente. Disimuladamente buscaba a Terry, pero no lo encontraba por ningún lado, escuchó murmullos apagados, giró el rostro y ahí estaba, vestido con su disfraz aterrador que usó en Port Royal, el cual nuevamente hizo notar su presencia. Extendió el brazo y pudo ver que una joven disfrazada de princesa le acompañaba, entrando juntos al salón. De pronto sintió que perdía el aliento y un extraño vacío la invadía.

- Candy, ¿Te sientes bien? – Preguntó el rubio cuando se detuvo abruptamente.

- Yo… yo… necesito un poco de aire… - Comenzando a abanicarse.

- Te acompaño…

- De-de acuerdo… - Se dirigieron al jardín, se sentaron en una de las bancas.

- Sé que ya has visto a Terrence llegar, pero seguramente tendrá una muy buena explicación… - La consoló al observar la forma en que estrujaba el abanico.

- Lo sé… pero… ¡¿CÓMO SE ATREVE A VENIR CON… CON OTRA MUJER? – El tono que usó lo hizo sonreír.

- Recuerda que estuviste de acuerdo en ayudarle… - Le advirtió divertido.

- ¡PERO ESO NO LE DA DERECHO A…

- ¿A qué Pecas? – Alzó la vista y lo vio sonreír a través del antifaz, la joven que le acompañaba les sonreía cortésmente al hacer una reverencia como saludo y que muy a su pesar la rubia tuvo que responder. Lo miró enfadada.

- NO… NO IMPORTA…

- ¿Qué es lo que no importa?… - Sonrió divertido al ver su actitud, ella se enfadó más.

- ¡OLVÍDALO! – Se dirigió al salón, alcanzando él a retenerla a los pocos pasos.

- A caso… ¿Estás… celosa Pecosa? – Le susurró roncamente al oído, a pesar de su molestia se estremeció.

- ¡CLARO QUE NO!… sólo que había olvidado que "este" era tu plan... y ahora lo comprendo todo… – Respondió con mordacidad al verlo sonreír. Sacudió con fuerza su mano para liberarse, pero él no la soltó aún sonriendo. Ella lo miró a los ojos de forma desafiante. – A sí que… porqué no he de hacer lo mismo: me divertiré… y conoceré a más personas… nuevas… e interesantes…

- Que bien porque quiero presentarles a Karen Klaise… - Albert tomó la mano de la joven para besarla ceremoniosamente. – Mi prima… - Miraba de reojo a Candy, disfrutando de su expresión.


Observaba desde lejos… a través de su antifaz siniestro. Lo que hacía que quien quisiera hacerle conversación se alejara de inmediato. La vio bailar con Albert, cada uno de sus primos… pero después otro joven, disfrazado como pirata se aproximó a ella. Aunque sonrió por lo irónico del momento, sintió su sangre hervir al ver la familiaridad con la que conversaban, las sonrisas que le dirigía, la forma en que tocaba su brazo. "Si esto es por lo de hace rato… no funcionará Pecosa".

- Si tanto te molesta… ¿Por qué insistes en seguir adelante con esto? – Le susurró Karen, quien lo había estado observando: limitándose a seguir a la "gitana" por todo el salón con la mirada mientras saludaba junto a su tutor a los invitados, cada vez que algún caballero la miraba, y susurraba algo a sus compañeros apretaba los puños para contener su ira. Ella simplemente sonreía. – Anda, ve por ella… yo, iré a saludar a algunos amigos… - Dijo al darle un leve empujó mientras él la veía dirigirse hacia los oficiales. Miró el reloj, pronto serían las 12, se acercó a la joven, tuvo que contenerse al escuchar su risa mientras el caballero desconocido le hablaba cerca del oído.

- Milady, ¿Me concedería el honor de bailar ésta pieza? – Dijo haciendo una reverencia, sin dejar de mirarla a los ojos. Ella le tendió la mano aceptando, ambos se dirigieron a la pista de baile, que para mala suerte del joven, había cambios de parejas. Ella le sonreía a través del antifaz mientras se alejaba de él. Cuando los músicos dejaron de tocar, Albert pidió la palabra. "Es hora", pensó nerviosa, tomó aire al escucharlo llamarla mientas dirigía una rápida mirada a Terrence.


LONDRES

"¿CÓMO ES QUE PUDO HACER TODO ESTO SIN MI APROBACIÓN… Y EN TAN POCO TIEMPO?" Pensaba molesta después de que alguien del Clan la visitara unos días después, contándole lo magnífica que fue la presentación del Joven Patriarca y su pupila. También le contó que se reuniría con las demás cepts (Enfureciéndose más porque lo haría sin ella, sólo con esa chiquilla). Supo también que Candice había atraído la atención no sólo de los jóvenes que asistieron, si no también la del socio de William… el Bastardo del Duque de Grandchester, quien sorprendió a todos con su presencia no sólo en la presentación, si no también en alguna otra reunión, buscando constantemente la compañía de la rubia… "¡NO LO PERMITIRÉ!… ¡NO DE NUEVO!… William me está complicando todo: aceptando hacer negocios con un Corsario… y que además está rondando a Candice… aunque la chiquilla me desagrade, no permitiré que ese joven vuelva a deshonrarnos… ese joven no debe entrar en la familia de ningún modo".


Había pasado el día con su prometido en una de las tantas reuniones que la aburrían. Estaba junto con sus padres tomando el té. Recién había llegado Lord Ligan de Escocia, contándoles de la presentación del Tío Abuelo William, donde nadie podía creer lo joven que era para ostentar el título de Patriarca de los Ardley.

- Se parece tanto a su padre…

- Así que Candice después de todo, se desposará con él… - Interrumpió a su padre.

- Supongo… - Lord Ligan se quedó callado, pensativo.

- Fue una descortesía no haber invitado a la Tía Abuela. – Refunfuñó su esposa.

- Dijo que no quería demorar más tiempo, y que se reuniría con los demás miembros del Clan antes de presentarse en Londres.

- Ella sabía del Tío Abuelo… - Murmuró por lo bajo la pelirroja. "Maldita Candice… supo muy bien hacer su jugada… ¡MALDITA MOSCA MUERTA!" - ¿Y como es el Tío Abuelo? – Preguntó en voz alta.

- Su presencia impone mucho respeto… y aún no cumple los 30… - Nuevamente se quedo callado.

- ¿Qué pasa papá? – Preguntó con tono meloso.

- Me inquieta que sea socio de Terrence Grandchester…

- ¿Por qué? ¿No es el hijo del Duque? – Preguntó Madame Ligan.

- Es un Corsario… - Al escuchar a su padre, Eliza sintió mucha curiosidad, "¿Que otros secretos escondes 'Querida Susy' respecto a los Grandchester ?… eso quiere decir que podría ser muy, muy rico con todo ese oro español que roba… interesante… muy interesante".


Debía acercarse a él, estaba muy desesperada, así que esta vez ignoró al cochero y ella misma llevó al pequeño hasta el carruaje del Duque, ignorando las protestas del pequeño por su brusquedad.

- Lady Marlowe, no debió molestarse tanto. – Dijo el Duque secamente al verla llegar.

- Milord, si me permite hacerle una pregunta…

- Creo adivinar cual es. – La interrumpió. – Y la respuesta es No. No sé dónde está Terrence…

- ¡PERO ES QUE TIENE QUE RESPONDER! ¡TIENE QUE VER A SU HIJO! – Dijo exasperada al ver que el Duque se mantenía impasible. El pequeño se soltó de la joven para subir al carruaje.

- Abuelo, vamos… - Le llamó el pequeño, el hombre hizo una reverencia y subió.

- ¡MILORD!… - Gritó desesperada. - ¡TIENE QUE…

- Milady, le aconsejo que se limite a lo que en éste momento tiene. – El cochero cerró la puerta del carruaje, subió al pescante para ponerse en marcha, ella los miró partir con un gesto de frustración.


Estaba terminando de redactar algunos documentos, cuando se le informó que el Teodora había arribado. En ese momento entró Madame Elroy hecha una furia.

- ¿POR QUÉ NO SE ME AVISÓ QUE WILLIAM PLANEABA PRESENTARSE ANTE EL CLAN EN ESCOCIA Y SIN MI PRESENCIA?

- Buen día Ma… - Comenzó a decir con cortesía el hombre al ponerse de pie.

- ¡DÉJESE DE TONTERÍAS Y RESPONDA!

- Lo siento mucho Madame, pero estoy tan sorprendido como usted. Acabo de llegar de Irlanda y…

- ¡DÉJE DE MENTIR!

- Es la verdad, puede verificarlo en el puerto… Ahora comprendo su prisa porque atendiera ciertos asuntos…

- ¿Es que William se ha vuelto loco? No puede andar por ahí haciendo las cosas sin una adecuada planeación… seríamos los hazmerreír de la Corte… Ahora tendré que adelantar todo…

- Disculpe Madame… - La interrumpió George, ella lo miró molesta. – Pero… ¿Se le ofrece algo más? – La dama estaba enfadándose más. – Tengo muchas cosas que hacer, como podrá ver… - Señaló el escritorio lleno de cosas. Respiró profundo y le advirtió:

- Sólo que haga lo posible por mantenerme informada de los planes de William… no quiero que sus impredecibles decisiones nos vayan a arruinar.

- Como usted diga Madame… - Sostenía la puerta abierta mientras le hacía una reverencia al pasar. En cuanto cerró, dejó de reprimir una sonrisa, "William… igual que tu padre".


Miró los muelles con recelo. Ahora sabía que ella los mantenía vigilados por si arribaba. Confiaba en Cuky para que descubriera a sus vigilantes. Suspiró. Le era muy difícil mantenerse alejado de "Su Pecosa". Durante los días que siguieron a la presentación de Albert. Tener que soportar la ola de "Pretendientes" que se le acercaban, fingir ser uno de ellos, recibir el mismo tipo de atenciones. Se reprochaba a sí mismo la decisión de hacer las cosas de esa manera. Pero era la única forma de que pudiera llevar a cabo sus planes. "Pecas" susurró. Confiaba en sus primos para mantener alejados a todos esos "muchachillos". A pesar de haber aclarado las cosas respecto a Thomas Stevens, se sentía intranquilo. Envidiaba al joven por haberla conocido desde su infancia, que fuera él quien estaría a su lado para que recuperara esa etapa de su vida. Bajó del puente para desembarcar. Cucky le seguiría para identificar a quienes le vigilaban.


CERCA DE EDIMBURGO

Inmediatamente después de la partida de Terry, tuvieron que reunirse con otros miembros importantes del extenso Clan por unos días más, después, prepararían todo para regresar a Londres. Candy estaba con Anthony aprendiendo a cuidar de las rosas. Tom la observaba pensativo.

- ¿Qué pasa Tom? – Preguntó la rubia al darse cuenta, el joven se apenó. – Por favor, dime… - Manchó de tierra su rostro, el joven se cercó y la limpió.

- Eres tan parecida a tu madre… excepto por el color de los ojos… y las pecas, tienes muchísimas… - Dijo riendo, al darle un pequeño golpecillo en la punta de la nariz.

- Si no te proteges del sol, parecerás una campesina. – Le advirtió la Sra. Pony.

- Pues a mí me gustan… - Contestó con rebeldía mientras continuaba con su labor.

- Recuerda que pronto regresaremos a Londres. - Intervino Albert que llegaba en ese momento de las caballerizas.

- ¡Qué fastidio! – Dijo molesta al picarse con una espina. Todos se rieron.

- Terrence se burlará de ti si ve que se te han acentuado más. – Se burló Annie.

- ¡Hay no! – Se apresuró a tomar su sombrero, los demás volvieron a reír.

- ¿Alguna noticia Tío? – Preguntó Stear al verlo serio. Albert negó con la cabeza.

-Todo va bien.

- ¿Y hay noticias de ese inglés engreído? – Preguntó con brusquedad Archie.

- Apenas debió haber llegado… - Susurró con pesar la rubia. Todos miraron con severidad al castaño por su poco tacto.

- Ánimo Candy, él estará bien. – La consoló Paty al sentarse a su lado.

- Ése muchacho está loco por ti, así que no te preocupes, estará bien. – Finalizó la Abuela Martha.


Decidió dar un paseo por el lago a caballo. Ahí pudo apreciar que estaba su tía conversando animadamente con "Candice" pensó con burla al recordar a su primo cuando hablaba de ella. Aún estaba sorprendida por que la hubiera desposado. Que lo aceptara a pesar de lo sucedido con Susana Marlowe. Tampoco podía creer que "Los Tres Caballeros" se deshicieran en atenciones hacia la joven, como si hubieran olvidado lo ocurrido antes. ¿Qué diablos tenía esa joven? No podía evitar actuar con recelo hacia ella. No después de ser testigo de la desesperación de su primo cuando esa "Arpía" lo quería acorralar. Verlo embarcarse sin importarle a dónde iría, cómo y con quién. No quería ver de nuevo a su primo sufrir. Aún no perdonaba a los Ardley por dudar de su mejor amigo… especialmente a Archie: Su ingenuidad o estupidez para hacer lo que hizo por ella… Le dolió mucho también la actitud de Anthony. Sólo Stear se había mantenido al margen de todo, "Chico listo". Le sorprendió mucho que ahora Terrence le pidiera que confiara de nuevo en ellos.

- Buen día Karen. – Escuchó una voz que la sacó de sus pensamientos. Volteó a ver quien era, sintió un vuelco en su corazón al ver a Anthony también a caballo.

- B-Buenos D-Días… Anthony… - El joven le sonrió.

- Candy estará encantada de verte. – Ella lo miró dudosa.

- No lo creo… está muy entretenida con la tía Eleanor. – Movió su caballo para dar la vuelta.

- No tienes porqué estar celosa... – Murmuró el joven al notar su tono ácido. – Sólo te hace falta convivir un poco más con ella… - Lo miró dudosa. – Y definitivamente no es como Susana.

- Yo… no…

- Te conozco Karen… Y puedes creerme: Mi Prima ama mucho a TU Primo… nada la hará separarse de él… - Algo en su tomo de voz la molestó, que lo miró, sintió un extraño dolor al notar la forma en que miraba a la joven en el lago. "¡IDIOTA!" Arreó su caballo al sentir sus ojos humedecerse, alejándose mientras fustigaba cada vez más al animal, mientras escuchaba que el joven la llamaba.


La madre de Terrence sonrió al ver a la joven quedarse pensativa por un momento mientras la escuchaba, "Seguramente lo extraña".

- ¿Has recibido alguna noticia de Terry? – Preguntó, la joven salió repentinamente de su mutismo, para responder negativamente con la cabeza. – No te preocupes. – Tomó sus manos entre las suyas para consolarla. – Pronto le verás…

- Si y tendré que simular frente a todos… mientras…

- Mientras quieres correr a sus brazos sin importar nada… - Suspiró la rubia mayor.

- Ahora comprendo lo difícil que fue para usted…

- Y aún lo es… pero Terry es muy diferente a su padre, y estoy segura de que hará hasta lo imposible por ti. – La miró con tal ternura que la joven se sonrojó.

- ¿Nos acompañará a Londres? – Preguntó suplicante.

- No lo sé… no debo estar cerca de…

- Estará conmigo. Nadie sabe que es la madre de Terrence…

- Pero Richard… es implacable… - La joven la miró con determinación.

- No se preocupe, yo estaré con usted… no me importa que sea el Gran Duque de Grandchester. – La mujer le sonrió.

- Ahora entiendo porqué te ama tanto mi hijo… - Candy se sonrojó.


La Sra. Pony se dirigía al despacho de Sir William, se sentía muy apenada porque nadie había podido encontrar los retratos faltantes que él había solicitado buscar. Suponía que lo hacía por Candy, quien estaba ansiosa por ver el de sus padres. Como extrañaba a sus jóvenes amos cada vez que veía a la joven entristecerse. Sus expresiones traviesas le recordaban a su padre quien siempre encontraba la forma de sorprender a todos con sus ocurrencias y alegría y su belleza era igual a la de su madre. El revuelo en los jardines la distrajo, acercándose a la ventana para ver: Candy estaba haciendo una pequeña demostración de sus habilidades con la espada junto con Anthony para la Sra. Backer, quien sonreía. Eso la alegró, siempre había visto a la mujer muy triste, "Candy tiene tantos ánimo que contagia a cualquier persona que esté a su alrededor, aunque haya perdido la memoria, eso jamás cambiará en ella".


LONDRES

Se sentía más cómodo en su barco que en el lugar donde lo habían alojado. Cucky y él se habían encargado de que quienes le vigilaban lo vieran entrar, para después escabullirse por una ventana. Estaba en su cabina leyendo, cuando llamaron a su puerta, molesto se incorporó para abrir, la presencia de su visitante le molestó aún más.


La tía abuela estaba muy ocupada con los preparativos para la presentación del Tío Abuelo, por lo que nuevamente era ignorada, sumando a esto las quejas de Susana por no poder hablar con el Duque, su vida había vuelto a ser aburrida. Esa tarde fue a buscarla su prometido porque su madre quería revisar algunos detalles con ella respecto a su boda, "Por fín me toman en cuenta para algo". Estaba descendiendo del carruaje cuando vio a un joven moreno salir furioso del castillo, un nervioso caballerango le entregaba las riendas del caballo. La miró apenas un instante, como examinándola, que fue suficiente para que ella se sintiera atraída. "Ummmm… Es atractivo, a pesar de ese gesto furioso, sus ropas descuidadas… y su cuerpo... ¡Oh Dios!... deja sin aliento…" Sin querer miró a su prometido, quien desvió la mirada para ver al frente en cuanto escucharon los gritos.

- ¡TERRENCE! – Escucharon al Duque llamar al joven que montaba furioso. - ¡DETÉNTE!... ¡ESCÚCHAME!

- ¡TE LO ADVERTÍ PADRE!... ¡Y SABES QUE NO ES EN VANO! ¡AHORA CUMPLE! – Arreó con furia al animal para partir a todo galope, asustando tanto a los caballos del carruaje que el cochero con mucha dificultad los tranquilizó y la pelirroja estuvo a punto de caer.

- Padre, ¡¿Qué demonios hacía ese bastardo aquí? - Siseó Dereck mientras sostenía a la joven.

- Dereck, cuida tus modales. – Le respondió mientras tomaba la mano de Eliza para besarla. – Mis disculpas Milady por… la falta de modales de mis hijos. – Ella lo miraba sorprendida. – Dado que pronto será de la familia, quería que conociera a mi hijo…

- ¡¿POR QUÉ? – Exclamó el joven furioso. – ÉL HA RENUNCIADO A TODO… ESE BASTARDO NO DEBIÓ PONER UN PIE AQUÍ…

- Mientras yo viva, podrá hacerlo las veces que quiera… - Una sutil sonrisa escapó del rostro del hombre mayor al ver su expresión. – Después de todo, tú y tu madre disfrutan de la fortuna que he hecho a su costa y que ha incrementado satisfactoriamente. – El joven ya no pudo replicar nada.

- Milord, disculpe… pero… ¿Quién…

- Lo siento Milady, es mi hijo Terrence… acaba de llegar del Nuevo Mundo… no era la forma en que quería presentárselo…

- ¡NO LO QUIERO CERCA DE ELLA! – Dijo el joven al tiempo que tomaba la mano de su prometida. – ¿CREES QUE NO SÉ EL TIPO DE PATÁN QUE ES?... SÓLO BUSCA SEDUCIR A LAS JOVENCITAS INOCENTES Y…

- ¡BASTA YA! – Lo detuvo su padre mirando a la pelirroja. – Estás incomodando a tu prometida. Es mejor que entren, no querrán hacer esperar a tu madre. – Finalizó el Duque entrando para dirigirse a su estudio. Eliza lo siguió con la vista. "Así que ése era Terrence Grandchester… ummmm…" miró a su prometido caminar a su lado, "Ciertamente Dereck no heredó lo mejor de los Grandchester" Ese breve encuentro se le grabó muy bien, haciéndola suspirar de forma extraña.

- ¿Te sientes bien? – Preguntó Dereck

- Yo… si…

- No sabía que él estaría aquí. De haberlo sabido te hubiera llevado a dar un paseo para evitar esta situación tan desagradable.

- No importa – Respondió tratando de disimular la fascinación que Terrence despertó en ella.

- Si importa… - Le respondió el joven molesto, ella se detuvo sin comprender. – Y no quiero que te acerques a él… si le vuelves a ver…

- De acuerdo… - Esbozó una sonrisa extraña, "¿Celoso?... vaya, esto va muuuy bien". Entraron al Salón donde los esperaba la Duquesa.


Susana esperaba con impaciencia el informe. En cuanto lo tuvo, quiso comprobarlo por sí misma. Al llegar al sitio, mandó a su doncella a preguntar la ubicación exacta. Sentía un poco de miedo ya que era de noche y el lugar estaba en una zona poco recomendable y peligrosa de Londres, pero eso no le importaba… al contrario era lo mejor, así no estaría expuesta al escrutinio de todos… y tarde o temprano él sería suyo sin remedio. "Estaré con él las veces que quiera… volver a sentir su cálido cuerpo junto al mío… tenerlo sólo para mí… y esta vez para siempre".


Aunque la paga era muy buena, detestaba trabajar para esa mujer… especialmente ahora que tenía que hacerlo día y noche, sin despegarse de su objetivo. Estaba ya tan agotado que había pedido ayuda a algunos de sus amigos, sin importarle repartirse con ellos la paga. Como envidiaba al chico que siempre acompañaba al hombre que vigilaba: en cuanto terminaban sus asuntos, le permitía hacer lo que quisiera. Llegó a veces a descuidar su misión para averiguar a dónde se dirigía: hasta el Teodora donde conversaba animadamente con la tripulación. "Que magnífico sería si yo pudiera tener un poco de esa libertad." Una tarde se le acercó al chico y se pusieron a conversar como si se conocieran de mucho tiempo. "Podría averiguar más así… tal vez podría averiguar dónde ha estado todo este tiempo el Capitán de Teodora… después de todo, ella me pagará muy bien por la información extra".


CERCA DE EDIMBURGO

Había esperado a que todos durmieran para poder salir a hurtadillas de la mansión y dirigirse al que había sido el hogar de Candy. Lo contemplaba desde la colina. Por lo menos su hermana a pesar de llevar una vida sencilla, fue feliz a su modo durante el tiempo que se había alejado de ellos. Por más que lo intentaba, no podía perdonar a la anciana por lo que había hecho, que encontrara la forma de influenciar a su padre y a pesar del tiempo transcurrido aún continuara desquitándose con su sobrina. Tomó su gaita y comenzó a tocar mientras caminaba hacia el lugar. Se veía un poco ruinoso por el abandono desde la muerte de su hermana. Tal vez los retratos que buscaban estarían en Londres… La Tía Abuela había sido muy cruel con todos a la muerte de sus padres, planeando la vida de cada una de sus hermanas… excepto la de Sara, pero pronto todo volvería a la normalidad. "Rosemary, te prometí que nada le pasaría a Candy… y ahora no soy el único que daría su vida por su felicidad".


UNOS DÍAS DESPUÉS, LONDRES

Escuchó mucho revuelo entre la servidumbre. El Ama de Llaves subió muy nerviosa y asustada para buscarla y decirle que Sir William había llegado en ese momento acompañado por Lady Candice, otra joven, una mujer negra y un pequeño. Como pudo bajó con rapidez las escaleras. Ahí estaban: sonrientes y saludándola con una reverencia. Le había costado mucho trabajo reconocer a la rubia. Los viajes a los que la envió su sobrino, al parecer la habían refinado, cambiando incluso el odioso peinado que tanto detestaba.

- Buen día Tía Abuela Elroy, ha pasado mucho tiempo sin verla. – Saludó alegremente la joven rubia. Tuvo que reconocer muy a su pesar la perfección de sus modales. Albert se acercó a besar su mano ceremoniosamente, sin embargo, ella miraba a Thema de una forma por demás grosera, Candy al notarlo se apresuró a añadir. – Le presento a mis amigas: Lady Annie Britter, Thema Orma y su hijo Teshi.

- Mucho gusto… - Respondió con sequedad. Entraron a la mansión, mientras la anciana caminaba al lado del rubio. – Debiste avisarme de tu llegada para…

- Lo siento mucho tía, pero ahora que ya me conocen en Escocia, es mejor que me apresure a presentarme cuanto antes aquí.

- William, no hay porqué precipitarse, dame…

- Discúlpeme Tía Abuela, pero los grandes negocios no esperan. Ya me encargué de todo.


Cucky llamó a la puerta, cuando entró le dijo que los Ardley habían llegado. Se puso impaciente por estar junto a su pecosa, pero debía esperar. Escuchó el informe del chico.

- Eso estuvo muy bien – Le felicitó. – Ahora tenemos que esperar la invitación de Albert. – Comentó con amargura.

- Terry, creo que era mejor que todos supieran de tu boda desde el principio…

- Tal vez… pero Susana estaría dispuesta a todo, y no permitiré jamás que dañen a Candy y no permitiría que ella se le acercara. – El chico le sonrió.

- Sabes perfectamente que nadie lo hará mientras ustedes cuenten con nosotros.


Recibió un mensaje de la Tía Abuela donde se le comunicaba que de manera no oficial se presentaría el Tío Abuelo William con los miembros más cercanos y jóvenes de la familia. Eso la emocionaba, pero le molestaba que debía asistir con su prometido. Cuando llegaron vio a los Oficiales muy cambiados, pero la severa mirada de su madre evitó que casi corriera hasta ellos. Notó que Anthony estaba más apuesto que nunca, al parecer la carrera naval les caía muy bien pues parecían haber madurado y fortalecido su físico. Le molestó el hecho de que Paty estuviera ahí junto con otra joven acompañando a Stear y Archie y conversaran animadamente. Se distrajo al ver que las puertas se abrieron dando paso a un hombre rubio, muy apuesto (Tan parecido a Anthony), llevando del brazo a una joven rubia de ojos verdes, "¿Candice?" No pudo evitar fruncir las cejas al notar la mirada de embelezo de los jóvenes Ardley, al igual que su prometido. "Pero ¿Que tiene Candice White Ardley que los pone como idiotas?" La joven hizo una reverencia como saludo a los invitados mientras que el hombre a su lado se aclaraba la garganta para presentarse como William Abert Ardley, el patriarca del Clan… Ella no podía creerlo. Comenzaba a sentir su furia crecer cuando la Tía Abuela confirmó sus palabras. "¿Y Candice es su prometida?... ¡No es justo!… No lo acepto… Esa maldita huérfana… ¿Por qué debe tener cosas mejores que yo?" Estrujó de tal forma su abanico que lo rompió. Toda la velada tuvo que aguantar ver como sus primos se deshacían en atenciones hacia la rubia. Se arrepentía de su decisión precipitada y por escuchar los consejos de Susana. Había querido esperar al regreso de Anthony, demostrar que era mejor que la rubia y el hecho de atrapar al más difícil de sus primos lo comprobaría… Miró disimuladamente a Dereck, ahora sería el hazmerreír de todos… Tuvo que soportar las conversaciones tan aburridas a su alrededor, mientras los oficiales conversaban animadamente con las amigas de la rubia. Tolerar las miradas que Archie y Anthony dirigían a la prometida del Tío, quien a pesar de estar atento a la conversación con sus padres, la Tía abuela y su prometido, no dejaba de mirar a la joven. "¡BASTA! NO PUEDO SOPORTAR ESTO" Pensó mientras llamaba la atención de su prometido.

- ¿Qué pasa? – Preguntó extrañado.

- Yo… me siento un poco indispuesta… ¿Podrías acompañarme a Casa?


Observaba por la ventana de su estudio mientras sonreía sosteniendo su copa: estaba sorprendido por la forma en que Candy se desenvolvió durante la reunión, especialmente con Eliza. Confiaba plenamente en ella y en Terrence. Todo marchaba mejor de lo esperado y con sus presentaciones formales anticipadas, debido a la ayuda del Duque de Grandchester, todo saldría mucho mejor, La Tía Abuela no se lo esperaba.


Estaba por acostarse cuando Thema llamó a su puerta sólo para entregarle un sobre, el cual abrió con impaciencia al reconocer la letra:

Mi Pecosa:

Te extraño demasiado… ¿También tú?... Sé que es mi culpa el haberte puesto en ésta situación… Créeme, tu ausencia me pesa cada noche por querer tenerte a mi lado y hacerte mía hasta el amanecer. No te preocupes, pronto estaremos juntos y no volveremos a separarnos jamás.

Te amo con pasión desenfrenada

Terry

Después de escribir la contestación, sonriendo guardó la nota bajo su almohada, "Yo también te extraño", suspiró.


A LAS AFUERAS DE LONDRES

Después de haber entregado la nota y esperar la respuesta, Cuky regresó al Teodora donde encontró al Capitán conversando animadamente con su madre, quien a pesar de los ruegos de la joven no quiso hospedarse con los Ardley. Así que se encargaron de llevarla hasta los muelles para esperar a su hijo. Él le cedió una cabina para que descansara. Habían terminado de cenar. Eleanor lo observaba detenidamente en un momento en el que se quedaron en silencio, estaba muy pensativo.

- Terrence… Iré a descansar, buenas noches… hijo… - Su voz lo sacó de sus pensamientos, la miró.

- Madre… - El tono que usó la detuvo. Se veía preocupado.

- ¿Si?...

- Has pasado mucho tiempo con Candy… - Ella regresó a su asiento, algo no andaba bien con él.- Has... ¿Has notado algo extraño en ella?

- No… es una joven muy amable y alegre… y muy sincera respecto a sus sentimientos por ti…

- No es a lo que me refiero… Yo… quisiera saber si…- La interrumpió. Guardó silencio con frustración. - ¡DEMONIOS! – Golpeó la mesa con el puño. "¿Por qué es tan difícil de preguntar esto?" Ella esbozó una sutil sonrisa.

- ¿Te refieres a que pueda estar en cinta? – Sus palabras hicieron que se sonrojara a más no poder y poco a poco sintió como si le cayera un balde de agua fría. Habló apenas en un susurro, mirando al vacío.

- Llevamos… meses casados… y… tiene tan poco tiempo que… que no estamos juntos…

- ¿Y crees que te lo está ocultando…

- Es capaz… con tal de ayudarme… ¡NO LO SÉ!... Es que es… es tan impredecible… - La mujer sonrió comprensiva. – Eso la pone en un riesgo mayor… con Susana cerca…

- No te preocupes… iré a verla – Lo abrazó. Al separarse besó su frente. – Todo estará bien.


LONDRES

Quien vigilaba su barco le informó que una mujer rubia estaba con él en esos momentos. "¿Será la misma que estaba a bordo el día que arribó?" Comenzó a tirar y romper todo a su alrededor. "¿Cómo puedes hacerme esto mi amor?" Sin más se había tirado al piso, llorando con desesperación. "Quiero que sólo seas mío… y tarde o temprano lo serás… no importa como…"


Despertó temprano, sabía que a esa hora le encontraría, salió a los jardines… y ahí estaba, trabajando en los rosales de la misma estirpe que los de Escocia… junto a ella… riendo con ella… "¡MALDITA!"

- Los llamaré: Dulce Candy en tu honor… - Alcanzó a escuchar. "NOOO… Anthony… como puedes…son lo que más amas en éste mundo… y…¿A ella?… ¿Por qué?"

- Pero tu madre trabajó tanto en ellos… - Protestó la rubia.

- Al igual que la tuya… es justo… - Contestó él al tiempo que dejaba su labor para sentarse a su lado, no habían notado su presencia. – Supongo que no les importaría… después de todo tú y yo… somos… - Vio como sostenía su mano, la forma en que la miraba, no lo soportó más… carraspeó, levantaron la vista: Eliza estaba justo enfrente de ellos.

- Buen día Eliza. – Saludó Candy sonriendo. - ¿Te sientes mejor?

- Si… gracias… - Examinó a la rubia. No le gustaba la familiaridad con la que se trataban ambos.

- Veo que madrugaste. – Se escuchó la voz de Albert, acercándose a la rubia, quien se levantó para darle un cariñoso abrazo.

- Si, Anthony acaba de llamar a esta estirpe Dulce Candy. – Vio que ella lo estrechó más. "Pero como se atreve a tales muestras de afecto frente a nosotros".

- Muy considerado de tu parte sobrino. – Eliza estaba sorprendida y más molesta por lo que sucedía frente a sus ojos, "Anthony estaba cortejando a Candy, frente a los ojos del Tío William, y él… como si nada… es una Maldita Zorra". Albert la miró. – Me alegra que ya te sientas bien sobrina… Esta mañana te ves muy bella. – El halago la hizo olvidar su enojo. – Veo que el descanso te ayudó mucho. – Ella iba a hablar, pero no se lo permitió. – ¿Que les parece si almorzamos en el Solarium? – No le quedó más remedio que aceptar, mientras Albert solicitaba que se les avisara a los demás. "Para ser la prometida del Tío, él la deja mucho tiempo a solas con 'Los Tres Caballeros'… no la soporto".

- ¿Sucede algo, Eliza? – Preguntó William al notar su molestia. - ¿Por qué no te unes a ellos?... Candy es una excelente compañía. – Ella lo miraba sorprendida. – Espero que puedan conocerse más.

- Ha… si, claro Tío…. – Se obligó a responder. En ese momento el mayordomo anunciaba la presencia de Dereck, lo que culminó su enojo y más cuando el rubio pidió que les acompañara. "Es que no puedo estar un momento a solas… estar con Anthony… parece mi sombra…" La Tía Abuela se reunió con ellos, notó que solo con mirar a Candy, su gesto severo se pronunciaba más.


Desde que el pequeño había sido llevado a Londres, su madre la había dejado sola en la mansión para instalarse en su casa de campo. Para ella esa decisión le pareció perfecta, nada ni nadie detendría sus planes. Le urgía averiguar sobre la misteriosa mujer rubia que, últimamente estaba siempre al lado del Capitán del Teodora, debía alejarla de él. Llamaron a su puerta. Permitió pasar a su doncella, quien le entregó un sobre lacrado con un escudo peculiar: una rosa, un águila y sobre ésta una gran A. Lo abrió emocionada al reconocerlo:

Estimada Lady Marlowe:

Sir William Albert Ardley, tiene el honor de invitarle a su presentación formal en la Mansión del Clan Ardley en Londres, el Día 30 de Octubre.

Esperamos sentirnos honrados con su presencia.

Emocionada se apresuró a confirmar su asistencia con una nota. "Por fin… podré ver a Archie y a Anthony… todo volverá a ser como antes… Terrence… mi amor… seguramente también estarás ahí… debo lucir hermosa para ti… nadie atraerá tu atención como yo" Comenzó a reír de una forma que asustó a la doncella mientras salía de su habitación.


"Perfecto, es hora de comenzar"

, pensó en cuanto le llegó la invitación. Eleanor estaba renuente a acompañarle dado que estaría el Duque en esa fiesta.

- Sabes que él no podrá hacer ni decir nada… sólo será un invitado más… después de todo, estarás junto a los Ardley, en su Mansión…

- Pero tu padre… - Terrence sonrió misteriosamente, ella se percató. - ¿Qué hiciste Terry?

- ¿Yo?...- Fingió inocencia. - No sé de lo que estás hablando…

- Conozco muy bien cada una de tus expresiones. – Él se acercó. Sonriendo con cinismo.

- Sólo… hablamos… – El tono de voz que usaba la intrigó. – de… algunos negocios… y lo que podría perder si eras molestada de algún modo…

- Eres incorregible… - Meneó la cabeza sin poder evitar sonreír también.


UNAS SEMANAS DESPUÉS

- ¿Qué haces aquí? Creí que serías el primero en estar listo – Preguntó el rubio entrando a la biblioteca, donde encontró al castaño mirando por la ventana a los invitados que llegaban.

- No estoy seguro… de querer seguir con esto... – Sin darse cuenta comenzó a frotar sus muñecas angustiado, su primo miraba las marcas en ellas, cuando se percató dejó de hacerlo. – Yo… creí que podría superar su presencia… Ahora no quisiera tenerla cerca, ni siquiera en la misma habitación… sería capaz de estrangularla…

- Pídele a Annie que te acompañe, estoy seguro de que si te ve con otra joven estará distante…

- No quisiera que Annie también se convierta en su blanco… - Su primo negó con un gesto.

- Si es una "Dama Inteligente" se mantendrá lejos de ti… - Lo vio sonreír con amargura. El rubio le palmeó la espalda como apoyo. – Sé que es manipuladora… pero debe ser el momento de que le demuestres que ya no te interesa.

- ¿Y tú qué harás ahora que Eliza ya no es tu problema? – Le sonrió con ironía.

- Ummmm… - Se encogió de hombros su primo. – Disfrutar de la fiesta. – Respondió al dirigirse a la puerta. – Y tú deberías hacer lo mismo. – Se detuvo para volverse. – Me preguntó, ¿Qué es lo que estarán planeando El Tío y Terrence?

- Será mejor que nos apresuremos si no queremos perdernos de la diversión. – Dijo al ver un carruaje llegar.


Cuando llegó, secretamente entró a la Mansión por una puerta de servicio y conducida hasta las habitaciones principales; ahí, al verla la joven, corrió emocionada a darle un fuerte abrazo.

- Me da mucho gusto que Terry la haya convencido de asistir.

- Supongo que no me debería de perder nada… - Dijo la mujer cuando Dorothy tomó su capa, Candy la miró con admiración mientras caminaba a su alrededor, haciendo que la rubia mayor se sonrojara.

- Sra. Backer, se ve muy hermosa… - Le sonrió. – Terry y usted tienen muy buen gusto.

- Él insistió. – Miraba disimuladamente a la joven, quien se apresuraba a ir tras el biombo.

- Me imaginé… - Habló mientras Dorothy la vestía. – Esta mañana insistió en enviarme un obsequio… con una nota donde se atrevía a burlarse de mí diciendo que tal vez con tantas reuniones en Escocia había engordado… – Dijo atropelladamente. "Terry" Pensó la mujer mayor mientras meneaba la cabeza. – Dice que soy una glotona por comer tanto pastel… es un grosero… un… un tonto… - Dorothy vio que fingía molestia, pero la Sra. Backer reconoció cierto tono de ternura en sus últimas palabras, por lo que sonrió.

- Candy, deja de moverte tanto – La retó Dorothy mientras le ajustaba el Corsé. – O creeré que Milord tiene razón.

- Dorothy… - Se quejó la rubia pecosa, haciendo reír a ambas mujeres.


Después de ser anunciada, comenzó a buscar disimuladamente con la vista, pero ni rastro alguno de los Oficiales… tampoco de algún otro miembro de la familia… Pudo ver al Duque, decidió dirigirse hacia él, pero estaba rodeado de tanta gente, por lo que tuvo que desistir. Escuchó el anuncio de la llegada de la familia Ligan, vio a Dereck dirigirse hacia su prometida. No soportaba esa situación: era lo mismo últimamente, sin la influencia de "su amiga" Eliza Ligan, pocas personas se acercaban a ella para entablar conversación. El heraldo llamó nuevamente la atención de todos para anunciar la llegada de Terrence y su acompañante, su detestable prima Karen Klaise. "Maldita bruja tenía que venir como su perro guardián". En cuanto la morena se dio cuenta de que la rubia la miraba hizo un gesto de burla. Escuchaba a todo el mundo murmurar sobre el joven, como le complacía oír su nombre en boca de todos. Nuevamente el heraldo llamó la atención de todos: al pie de la escalera estaban todos los jóvenes miembros del Clan Ardley, detrás de la Matriarca y un hombre sumamente apuesto, alto y rubio, "Se parece tanto a Anthony". Todos estaban ataviados con los colores del Clan, y no pudo evitar sentir envidia de la hermosura de la joven también rubia, al lado él. Su atuendo era un hermoso vestido azul profundo, decorado de piedras preciosas complementado con el Tartán de la familia. El Hombre se presentó como jefe del Clan, presentó a todos los jóvenes, incluida su sobrina y pupila. Recordó que su "amiga Eliza" se había comenzado a obsesionar con el pasado de la joven y se moría por averiguar más de ella. Miró por todos lados, cuando localizó su objetivo se sintió muy furiosa: Terrence no dejaba de mirar a la joven Ardley embelezado. Mientras que Karen le dirigía una sonrisa triunfal, "Si Karen aprueba esto… es una muy mala señal… ¡Malditas sean ambas!". Lo vio dirigirse a saludar al anfitrión, intrigándola más al ver que solicitaba iniciar el baile con la joven, "Terry… mi amor… ¿Cómo puedes poner tus ojos en esa chiquilla tan ordinaria" Notó que Karen y una rubia mayor conversaban animadamente con Sir William quien comenzaría a bailar con la Dama Rubia.

- No pierde el tiempo… - Escuchó una voz femenina a sus espaldas.

- ¿Quién? – Preguntó otra.

- El apuesto Hijo Mayor del Duque de Grandchester. – Contestó la primera voz con una extraña risilla.

- Pues por lo que veo, tendrá que esperar… hay muchos jóvenes impresionados con Lady Ardley… es muy hermosa… - Reconoció con un dejo de envidia la segunda voz.

- Para el joven Terrence nada es imposible… ese hombre es un sueño… Lo quisiera para mí si tuviera su edad… y haría todo lo posible por lograrlo… - Rió nuevamente la primera voz. – Obsérvalo… esa forma como la mira… es como si… la estuviera desnudando sólo con… verla… y ella… mira como se sonroja… como si supiera lo que está pensando…

- ¡Oh por favor! No seas tan vulgar… - Le llamó la atención. – Además es el socio de su tutor…

- ¿Y eso qué?... Sé de muy buena fuente que después de su presentación en el Castillo de Edimburgo, comenzó a cortejarla… - Con angustia se volvió para mirar a la pista de baile, sintió rabia al notar las miradas que parecían intercambiar ambos… "¡NOOOO!... ESO NO PUEDE SER POSIBLE… TERRY SOLO ERES MÍO!... ¡SÓLO A MÍ ME DEBES MIRAR DE ESA FORMA MI AMOR!" – Es verdad lo que te digo… - Continuó explicando la voz. – Siempre asistiendo a las mismas reuniones… es implacable… ¡Oh!... y las palabras que usa al hablarle, aunque no me creas lo escuché en una ocasión por accidente… es muuyy… cautivador… - Suspiró la voz, haciendo reír a su interlocutora.

- ¿Y… ella? ¿En algún momento…?

- No… Se limitaba a tratarlo como a sus demás pretendientes… incluidos sus primos… pero él ha insistido… - Sus ojos parecían desorbitados con lo que había escuchado a sus espaldas. "¿CÓMO PUEDE SER POSIBLE? INCLUSO SUS PRIMOS… MI AMOR… ELLA ES 'SÓLO' UNA CHIQUILLA… YO TE AMO… YO PUEDO DARTE TODO LO ELLA SERÍA INCAPAZ… NADA TE NEGARÉ"

- Mira… - Volvió a escuchar la extraña risilla, lo que la había sacado de sus pensamientos para poner atención de nuevo. –Al parecer saldrán a "Tomar Aire". – Los buscó con la mirada, pero ni rastro de ellos. Quiso salir a buscarlos, pero alguien la interceptó.

- Hola Susana, ¿cuánto tiempo sin vernos? – Miró al frente con atención.


- ¿Dónde está? - Preguntó alarmada Paty. – Dijo que la encontráramos aquí… - Miraba para todos lados con nerviosismo. – Si los descubren…

- Tranquila Paty… - Susurró Annie con una sonrisa. – Solo necesita unos momentos con Terry…

- ¡ANNIE! – La castaña se sonrojó al comprender.


En cuanto salieron del salón por una de los grandes ventanales que daban a los jardines, se apresuraron a dirigirse a otra ala de la mansión. Podía sentir, casi escuchar como su corazón latía tan apresuradamente por estar juntos. Como deseaba que fuera un tiempo más largo, entraron por otra puerta y le guió hasta una habitación oscura. Apenas le había dado tiempo a cerrar la puerta, cuando él ya la tenía atrapada entre sus brazos: besándose y acariciándose desesperados.

- Te extrañé tanto Pecosa… - Susurró roncamente al besar su cuello, provocándole un largo gemido. Para bajar al escote y comenzar a besar el nacimiento de su pecho.

- Yo… yo también… - Fue deteniéndolo. – Tenemos que regresar…

- No… aún no… ¡DIABLOS!... Como te extraño… - Seguía acariciándola frenéticamente mientras continuaba besando su cuello. Sus manos ansiosas fueron bajando para comenzar a subir la falda de su vestido. Lo detuvo.

- No quiero que nos descubran y tu plan se eche a perder. - La besó una vez más con pasión recargando su cuerpo en el de ella para que lo pudiera sentir más.

- Creo… - Jadeó. – Creo que en este momento tienes más cordura que yo… - Sonrió junto a sus labios. Se percató de que ella también sonreía.

- Tengo prisa porque esto termine. – La miró sorprendido. – Para que todo el mundo sepa que eres M-I-O. – La estrechó con fuerza intentando controlar su respiración.

- Tienes razón mi amor… - La besó una vez más y salieron al pasillo, cuidando de que nadie les viera. En cuanto encontraron a las chicas, salieron juntos a los jardines.


Albert conversaba animadamente con la madre de Terrence, mientras que Karen Estaba con Stear y Archie, sin dejar de observar a Susana y a su acompañante.

- No te preocupes Karen, Anthony sólo está entreteniéndola para darle unos momentos a solas a tu primo – Dijo Stear mientras le ofrecía una copa, ella forzó una sonrisa al tomarla.

- Sería mejor si se le castigara como lo que es: Una Bruja… - Susurró molesta, Archie rió disimuladamente. – Y yo misma estaría dispuesta a preparar la pira con leña verde.

- No seas tan dura con ella… – Comenzó a decir Archie, Karen se volvió a verlo furiosa.

- ¡SIEMPRE JUSTIFICÁNDOLA! – Siseó entre dientes. Unos invitados se volvieron sorprendidos al escucharla- ¡NO TIENES REMEDIO! – Iba a alejarse de ellos, pero Stear la detuvo.

- Espera… - Le susurró. – Por favor, no hagas de esto un escándalo. – Ella lo miró, después a su alrededor, se relajó.

- De acuerdo… Yo… necesito un poco de aire…

- Te acompaño. – Se ofreció Stear, miró a su hermano. - ¿Estarás bien?

- No te preocupes… - Se alejó de ellos.


Tenía que soportar lo mejor que podía. Por más que lo intentaba, su desesperación hacía casi imposible que le pusiera atención. La miró, recordó que su cambio de actitud había sido casi instantáneo: de la desesperación total a una actitud por demás provocativa al reconocerlo. "¡¿Y ésta mujer decía amar a Terrence Grandchester?" No toleraba su actitud: el pestañeo constante, el uso de su abanico… De no haber conocido a Candy, hubiera caído nuevamente en sus encantos. Susana Marlowe era tan falsa que ahora no le interesaba en lo más mínimo lo que hiciera para flirtear con él, tal vez hasta Archier podría superar su presencia.

- Archie…

- Perdón. ¿Qué dijiste?

- Pregunté que ¿Cómo ha estado Archie?... se ve muy extraño…

- No te preocupes, él está muy bien. Hemos viajado mucho, seguramente extraña que no hayamos podido hacernos a la mar de nuevo… - La miró con suspicacia. – Ya se le pasará…

- Yo… me refería… a nuestro… rompimiento… - Le molestó sus estudiados gestos y tono de voz: tan titubeante.

- Han pasado 7 años… Lo ha superado. – Contestó con frialdad.

- Veo que si… - Volvió la mirada a otro lado. Anthony sonrió: su primo estaba riendo junto a un grupo de jóvenes. – Me… me alegro… aunque, supongo que sigue solo…

- Tiene poco que conoció a una hermosa joven…

- ¿Ha si?... ¿Y se puede saber quién es? – Anthony meneó la cabeza, haciéndola callar, pero sifrutando de su morbosa curiosidad.

- Él no ha querido decir nada… Se ha vuelto un poco reservado al respecto.

- Vaya… - Sonrió con malicia. - ¿Y tú?

- Yo estoy bien por ahora. – Su vista se detuvo en algún punto del Salón. – Si me disculpas, parece que la Tía Abuela me llama.

- Claro. Espero que nos sigamos viendo Anthony. – Le susurró con voz melosa, él tomó con renuencia su mano para despedirse y se alejó de ella.

Tan pronto como el rubio se alejó, inmediatamente se apresuró a salir del salón en busca de Terrence y la pupila de Sir William. En los jardines escuchó su risa. "Seguramente está embromando a la rubia boba para pasar el rato…eso es todo… no es la gran cosa… no es más bonita que yo…" Siguió caminando hasta que llegó a un lugar donde lo vio junto a su detestable prima, la rubia, Stear y otras dos jóvenes, quienes reían disimuladamente. "¿Qué les estará diciendo?… seguramente algo para hacerlas sentirse halagadas". Se escondió tras unos setos altos. "¡Maldito!... ¿Por qué tiene que sonreírle así… y ese tono de voz?... sólo quiero oírlo yo" Se había asomado un poco más, pudo ver las miradas indiscretas que dirigía a la joven Ardley… la forma en que insistía en tomarla de la mano y acariciarla… y ver a la rubia sonrojarse… que la hacía sentir nauseas. "Eres un Idiota… ¿Qué es lo que tiene esa chiquilla para que la mires así?... ¡NO LO PERMITIRÉ!... ¡TÚ TIENES QUE SER SÓLO MÍO!"


- William ¿Dónde está Candice? – Preguntó la Tía Abuela separándolo del grupo con el que conversaba para salir al pasillo.

- Hace un momento salió con…

- SI, VI QUE SALIÓ CON EL BASTARDO GRANDCHESTER. – El rubio frunció el seño, gesto que ignoró la anciana. - ¡POR DIOS WILLIAM!... Será tu esposa, no debes permitirle socializar con ése tipo de gente… especialmente con él… que sólo busca…

- No te permito que hables así de MI AMIGO Y SOCIO… con respecto a Candy: no la obligaré a nada, ella es libre de elegir con quien desposarse…

- ¿Cómo puedes permitir siquiera que se le acerque?

- Ya te he dicho que no voy a obligarla a nada... Por Díos Tía, es mi sobrina...

- ¡PERO WILLIAM! ES UNA CHIQUILLA SIN FORTUNA… SIN…

- ¿Sin Padres?... Por favor Tía, su madre era mi hermana… al igual que Pauna y…

- ¡ESO NO IMPORTA! - respondió con dureza. – SU MADRE DECIDIÓ ECHAR A PÉRDER SU VIDA CON ESE…

- FUE MÁS FELIZ DE LO QUE TE IMAGINAS… AHÍ ESTÁ LA PRUEBA: CANDY Y TODA LA GENTE QUE LES CONOCIÓ… ¿QUÉ MAS QUIERES? ¿POR QUÉ SEGUIR INSISTIENDO EN LO MISMO? - La anciana lo miró sorprendida por la dureza que empleó para defenderlas. – Si me disculpas, tengo invitados que atender. – Se fue retirando poco a poco, rumbo al Salón, al darle la espalda esbozó una sutil sonrisa.


No podía evitarlo, desde que la vio entrar al Salón la miraba con disimulo. Jamás le había parecido tan joven y bella como en ése momento. Pero debía cumplir su palabra: no podía cercársele para nada, su hijo había sido muy específico con eso. Tenía razón el joven, después de todo había pasado tanto tiempo alejada de la corte, que nadie la reconoció. Ni siquiera la Duquesa y era mejor así. Nadie sabía el porqué de su desaparición ni su paradero. Nadie podría relacionarles de algún modo. Por un breve instante, sus miradas se cruzaron, ella hizo un gesto de respeto con la cabeza y se alejó.


Había tenido que estar junto a sus padres y prometido todo el tiempo. Sólo habían bailado después de la presentación oficial del Tío Abuelo. Sin perder detalles de lo que hacía su prima, quien después de ser presentada, al instante había aceptado bailar con Terrence, lo que se salía de todo protocolo. "Así que los rumores eran ciertos… Terrence Grandchester está cortejando a esa… esa Dama de Establo". Fue el insulto más apropiado que pudo encontrar ya que no estaba muy convencida de su origen. Dereck nuevamente la sacó a bailar, haciendo que se olvidara por un momento de sus primos. Una estruendosa carcajada la hizo voltear: Terrence estaba a la entrada del Salón, rodeado por los Oficiales, Candice y sus amigas. Su acompañante se reunió poco después con ellos. Suponía que estaba por marcharse ya que vio que el moreno susurró algo al oído de la rubia, haciéndola sonrojar antes de tomar su mano par besarla, la miró largamente a los ojos. Sintió celos de lo que presenció y notar que muchos de los jóvenes ahí reunidos tampoco la dejaban de mirar, deseosos de comenzar a cortejarla.


SEMANAS DESPUÉS

Todos los días, después de su presentación recibía invitaciones a reuniones y fiestas, así como numerosos regalos y ramos de flores por parte de sus pretendientes. La joven estaba más que fastidiada por las constantes tarjetas que recibía de ellos. Cada mañana las leía junto a sus amigas y reían por lo que decían.

- Si tan sólo supieran que están cortejando a una mujer casada… es impropio… - Dijo imitando los gestos de la Tía Abuela. - ¿No lo creen?

- Candy, ¿De verdad no pones alguna vez atención a los cotilleos? – Preguntó Annie.

- ¿A qué se refieren? – Preguntó la joven al tomar entre sus brazos a Clim y comenzar a acariciarlo.

- Veo que pierdes todo contacto con la realidad en cuanto Terrence aparece en las reuniones. – Dijo Paty mientras se reía de su amiga. – Que envidia… estar tan enamorada que ignoras lo demás. – suspiró.

- ¡Paty!… eso… eso no es cierto. – Contestó sonrojada. Suspiró un poco triste. Lo cierto era que cada vez más les era difícil estar cerca y a solas… Por Albert supo que la Tía Abuela era quien había dado órdenes de que cualquier mensaje u obsequio por parte de Terrence fueran rechazados. Pero por las noches, Cuky se escabullía para fungir como mensajero entre ellos. Exclusivamente en público podían verse y estar unos breves momentos juntos, ya que la anciana se le acercaba para "pedirle" ser más atenta con los demás jóvenes.


Entró a su habitación furiosa, ya no quería escuchar los "consejos de su querida amiga Susana Marlowe" estaba harta de su situación, de su prometido… pensaba mientras se arreglaba para salir. En la fiesta miraba con envidia a Candice, especialmente cuando recibía las atenciones de Anthony y Terrence… Archie, ése mujeriego arrogante, también la miraba de una forma que escandalizaría a las Damas Mayores… La exasperaba que la rubia no se percatara de ello o ¿Tal vez sólo aparentaba ser tan ingenua? En muy poco tiempo había logrado lo que a ella le había costado tanto: la aceptación de la aristocracia y demás miembros de la burguesía. Y esa noche, se presentaría ante el rey junto al Tío William. Pensó en Anthony… siempre creyó que era el mejor de "Los Tres Caballeros" en todos los aspectos, sólo que era más reservado, por lo que siempre supuso que al evadirla siempre era por la enorme atracción que sentía por ella. "Si tan sólo no hubiera escuchado a Susana… seguramente al ver que estoy comprometida, decidió poner sus ojos en la huérfana esa… a pesar de ser la prometida del Tío…" Suspiró profundamente al mirar apreciativamente al rubio mayor. "De haberlo sabido antes… es tan apuesto y joven… Maldita anciana… ¿Por qué tuvo que mentirnos, haciéndonos creer que era un anciano decrépito?... Después dirigió su mirada al moreno que conversaba junto a su tío. "Aunque Terrence… Haaa… es… s-i-m-p-l-e-m-e-n-t-e: magnífico con ese aire de rebeldía y misterio… ¿Cómo será estar entre sus brazos y sentir toda esa fuerza… ese poder que emana de él?"


Estaba muy impaciente al ver a todo el mundo conversando entre si y la gran mayoría hacía por ignorarle. Sus intentos por acercarse a Terrence y al Duque habían sido en vano. Estaba frustrada por no poder averiguar sobre la mujer que acompañaba al Capitán del Teodora, pues siempre estaba fuertemente protegida por la tripulación cuando el joven no estaba a bordo. Y para colmo, el joven la había evadido hábilmente en todas las reuniones a las que asistía buscando a Lady Ardley: hacía una aparición muy breve, saludaba a pocas personas, se dirigía a hablar con Sir William, intercambiaban algunas palabras e inmediatamente buscaba a la rubia para conversar brevemente con ella, separándola del grupo con el que estaba y él se retiraba inmediatamente. Pero había algo diferente esa noche en él, haciéndole ver tremendamente atractivo… su mirada: tenía un brillo muy especial. Quiso acercarse a él, pero al instante su mirada cambió por una furiosa y severa que se detuvo. "¿Qué es lo que te pasa mi amor? ¿Por qué me miras así?" El Duque iba directamente hacia él. Hablaron un momento antes de dirigirse ambos hacia Su Majestad. Se dio cuenta de que no era la única que había notado su actitud. Saludaron al Rey para hablar por un largo momento con él.


Miraba a su acompañante con una sonrisa, se veía muy nerviosa, especialmente desde que vio al joven y su padre acercarse a Su Majestad.

- Tranquila, todo estará bien. – Tomó su mano.

- Albert… es que hay tanta gente desconocida… todos me mirarán… murmurarán…

- ¿Desde cuando te importa lo que los demás digan? – Ella se giró para mirarlo, su sonrisa le infundía tranquilidad. Se acercó para susurrarle: - Además, sé que está ansioso por gritárselo a todo el mundo… ¿Tú no?

- Claro que sí… es sólo que… ver a tanta gente… pendiente de todo…

- Especialmente Susana y Eliza… - Mencionó el rubio.

- Me extraña.

- ¿Qué cosa?

- Eliza se ha mantenido a una distancia prudente de todos nosotros, después de que estaba tan ansiosa por saber de mí… y Susana Marlowe nunca se ha acercado a presentarse…

- Tienes razón… y desde ahora debemos ser más cuidadosos con ellas. – Vieron a Su Majestad ponerse de pie y el Heraldo llamar la atención de todos, haciéndose un silencio impresionante. Terrence desde su lugar la buscaba con la vista, en cuanto la vio le sonrió de medio lado.

- Bien Pequeña, es hora… - Dijo Albert haciéndole un gesto con la cabeza.


Stear y Archie estaban al otro extremo del Salón haciéndoles compañía a Paty, Annie y la Abuela Martha. Poco después la Tía Abuela Elroy se había acercado al grupo después de haber conversado con los Padres y el prometido de Eliza.

- ¿Dónde están William y Candice?

- Por ahí… - Dijo de forma indiferente Archie, haciéndola enfadar.

- No es correcto que se aparten así… - Siseó furiosa.

- Mira Tía. Se dirigen hacia Su Majestad. – Indicó Anthony con tranquilidad.

- ¿Su Majestad los ha llamado? – Preguntó con incredulidad. – No escuché que…

- El Duque y Terrence también están ahí. – Comentó Stear con fingida inocencia.

- ¿Pero qué es lo que pretende hacer ese joven impertinente? - Refunfuñó la anciana al ver la sonrisa del joven cuando la rubia se acercaba junto con su tutor.


¿Cómo era posible lo que estaba pasando justo en esos momentos, frente a sus ojos? Esa joven ni siquiera llevaba tiempo como debutante y Terrence se atrevía a… pedir su mano ante toda la Corte… y con la aprobación de Su Majestad. ¿Cómo era posible que pasara tan rápido. Estaba segura de que a penas si se dirigían algunas palabras… que sólo quería divertirse un rato con la joven ingenua. "No puede ser… Terry… mi amor… ¿Por qué ella? Es una simple desconocida… y le das lo que yo más anhelo: Tú… ¿Y por qué lo permite Su Majestad?… sabe perfectamente que tienes una obligación conmigo…"

- ¡NOOOOOO! – Gritó en cuanto escuchó al joven pedir la mano de la rubia y ella aceptar.


Madame Elroy se desmayó, siendo atendida de inmediato por sus sobrinos. Eliza veía a todos de reojo, sin percatarse de lo que continuaba desarrollándose a su alrededor, "¿Por qué Candice tiene que quedarse con lo mejor? Aunque sea de la familia es… es una huérfana… no tiene absolutamente nada que ofrecer" Ya no podía soportar permanecer por más tiempo ahí. Salió del Salón de forma intempestiva, asustando a sus padres. Dereck la alcanzó preocupado. Ella le dijo que quería estar sola. Se echó a correr dejándolo desconcertado. "¡MALDICIÓN!... SI NO ESTUVIERA COMPROMETIDA CON EL ESTÚPIDO DE DERECK… SERÍA LIBRE… PODRÍA SER LA ESPOSA DE ANTHONY… EN CUANTO A TERRENCE… ESA MALDITA HUÉRFANA DE ALGUNA FORMA LO ATRAPÓ… UNA QUE SUSANA MARLOWE PASÓ DESAPERCIBIDA… ¡GRRRRR!… ¡CÓMO LOS ODIO… A TODOS!" Se detuvo en el pasillo. "¡ME LAS PAGARÁN!… LO JURO… CADA UNO…"

Continuará…