Capítulo 21

En la Mira

Por Nep


POR LAS COSTAS DE GRAN BRETAÑA

Miraba pensativo hacia el horizonte. A pesar de que tardaría en llegar, se sentía muy impaciente, pero era lo mejor. Necesitaba tiempo para pensar y decidir. Distraer a ambas… Toda su vida había sido una absoluta mentira: todo ese tiempo había creído que ella también había olvidado, que por lo menos hubiera aprendido a quererle un poco, como él a ella. Pero la realidad era que sólo le buscó por su fortuna… "Rosemary… debí aprender de ti… luchaste por tus creencias y tu amor, sin importar nada más… Michael, defendiste siempre tu honor… enfrentaste a todo el mundo por ella e hiciste todo por su felicidad… es hora de componer las cosas"


LONDRES

"¿Qué habrá hecho Steward?" Miraba los espacios vacíos en la habitación secreta. "La Tía Abuela tenía razón… debí dejar que fuera destruido… pero cuando Michael murió… no podía aceptarlo… ella tenía una hija… de él… pero yo… nada… para recordarle."


Con ayuda de Cuky y su amigo Jimie, pudo seguir de cerca una pista muy importante por los barrios bajos de la cuidad. Le llevaron ante un hombre que tenía años ocultándose, sabía la verdad, pero tenía temor a las represalias si ella lo sabía. George se entrevistó con él, estaba dispuesto a ayudar en todo.


CERCA DE EDIMBURGO

Despertó sorprendido al no encontrarla a su lado. Alarmado se vistió rápidamente. Al bajar las escaleras escuchó su voz tarareando suavemente, por lo que se quedó en lo alto de la escalera. Después la escuchó hablar, bajó con cuidado para no asustarla: estaba sola, en la mecedora no había nadie más.

- Candy ¿Con quién hablabas? – Le preguntó en cuanto ella se percató de su presencia.

- Con nuestro bebé… - Dijo mientras extendía su mano para tomar la de él para posarla en su vientre. – Le hablaba sobre lo que recordaba de sus abuelos. – Le sonrió. – Supongo que estarían muy felices por nosotros… - Miró el cuadro. – Mamá era muy bella…

- Igual que tú… Pecas… - Miró a ambas y besó a su esposa.

FlashBack

Después de colocar el cuadro en su hogar, fueron llevados los otros a la Villa de los Ardley, donde Albert se sorprendió al saber que Sara los había ocultado '¿Pero por qué?'. Cuando se les colocó en sus respectivos lugares, todos los observaban pensativos y agradecían que Eliza no anduviera por ahí. Se dio cuenta de que Anthony no dejaba de contemplar el cuadro donde posaba su madre junto a la de Candy.

- Ahora sé por qué decías que era igual a ella… eran gemelas… - Dijo el moreno. El rubio sonrió con pesar.

- La tía Rosemary se alejó de la familia antes de que cualquiera de nosotros naciera o pudiera recordarla y supongo que los adultos se aseguraron de que no lo supiéramos… - Albert se acercó.

- ¿Sabes algo del pasado del padre de Candy? – Preguntó Terrence.

- Provenía de una buena familia burguesa… era todo un aventurero, le gustaba navegar… - Lo vio sonreír ante lo irónico de las cosas. - por lo que sus padres le desheredaron por no aceptar sus normas. – El rubio miraba el cuadro donde posaba de pequeño junto a sus hermanas. – Fueron amigos desde pequeños… y la Tía Abuela, se entrometió en cuanto supo que Rosemary y Michael... - Vio que Terrence tensaba su mandíbula. – se amaban… Ella y mi padre ya habían planeado con quien se desposaría, antes de que él muriera…

- Pero aún… - Comenzó a decir el moreno.

- Hay muchas cosas que aún no sé, por suerte Lord Ligan está en camino…

- No entiendo que tiene que ver él… - William le palmeó la espalda para tranquilizarle.

- No te desesperes, yo también estoy ansioso por saber algunos huecos que hay en este asunto y resolver todo este problema de una vez por todas.

- Quisiera tener esa paciencia… – Murmuró.

Fin del FlashBack

- He pensado… - Su voz lo sacó de sus pensamientos, la miró con atención. – Podríamos regresar a Port Royal… o a la Isla…

- Pero Pecosa, éste es tu hogar y… - Ella se acercó para acallarlo con un beso.

- Mi hogar es donde estemos juntos. – Le susurró. – Quiero que nuestro bebé crezca lejos de todo esto… quiero que sea feliz… y la isla sería el mejor lugar…


Había pasado todo el día paseando por la cuidad. Le extrañaba que ninguno de sus primos por cortesía se hubiera ofrecido a acompañarla. "Bien, después de todo necesitaba estar a solas… no soporto a las amigas de Candice." Pensó al recordar que Archie estaba solo. "Aunque… podría haber comenzado mis planes…" No se detenía a observar el ambiente festivo que le rodeaba pues no le interesaba mientras cruzaba las calles.


LONDRES

Las murmuraciones no se hicieron esperar entre cada reunión a la que asistía sola. Tener que soportar los constantes interrogatorios sobre la ausencia de su esposo e hija. "Por suerte aún ignoran nuestra precaria situación económica". No pudo soportar más cuando escuchó parte de una conversación con parte de la verdad: Steward la había abandonado por otra mujer… le habían visto embarcarse tal vez rumbo al nuevo mundo con ella… "¿Sería capaz?... ¿Finalmente alguien le había hecho olvidar a Rosemary?... Imposible… él la amaba tanto o más de lo que yo amaba a Michael" Notó las miradas curiosas a su alrededor, alguien no pudo contener una risilla maliciosa por lo que salió precipitadamente del Salón, apresurándose a llegar a su carruaje y partir rumbo a su mansión. Ahí en medio de la oscuridad tuvo que enfrentarse a lo que había hecho… soltó un grito aterrador que hizo que la servidumbre fuera a ver lo que ocurría. Ella los corrió con insultos y amenazas. Corrió hasta la habitación secreta, donde gritó y lloró ante los espacios donde estuvieran los cuadros.

- ¡MALDITOS SEAN TODOS!... ¡MALDITA SEAS ROSEMARY!... ¡ME ROBASTE A MICHAEL!... ¡¿CÓMO PUDISTE?... ¡MICHAEL! ¡¿POR QUÉ ELLA?... ¡TE ODIO STEAWRD POR HACERME TAN INFELIZ!... ¡PÚDRANSE TODOS EN EL INFIERNO!... – Gritaba una y otra vez en la soledad de la habitación.


CERCA DE EDIMBURGO

Hacía años que no ponía pie en ése lugar. Tenía miedo de que de un momento a otro le viese aparecer. Sólo que ésta vez sería otra persona con la que se entrevistaría, quien amablemente le escuchó y ofreció un trato justo. Tuvo que admitir que a pesar del mal que había ocasionado, éste hombre le pedía su ayuda para remediar la injusticia cometida años atrás.

- Lo haré… no sabe cuanto he lamentado haber traicionado a mi Capitán…

- Muchas gracias Maese Martin

- ¿P-puedo p-pedirle un favor? – Preguntó titubeante el hombre.

- Si está en mi mano ayudarle, con gusto.

- Yo… quisiera verla… - Se dio cuenta de que lo miró con recelo, pero continuó. – Necesito decirle yo las cosas… porque quiero pedirle perdón…

- De acuerdo, yo le enviaré un mensaje.


- Es increíble esta chiquilla – Comentó la Abuela Martha cuando llegó a la finca de Candy y verla moverse de un lado para el otro, a pesar de lo avanzado de su estado. – Parece un torbellino….

- ¡ABUELA! – Le reclamó Paty por su comentario. Candy finalmente se sentó en la mecedora.

- Sé que no debería… - Comenzó a decir la joven apenada. – Pero… no puedo estar quieta un momento… hay tantas cosas que hacer antes de…

- ¿Ni siquiera porque tienes a ése apuesto y fuerte joven por marido? – Preguntó la anciana con suspicacia al hacer un gesto hacia la ventana.

- Creo que por eso es que está tan inquieta… - Dijo Annie mirando a su amiga con una sonrisa.

- No… no sé a qué se refieren… - Las miró con una expresión cómica, Paty suspiró exasperada.

- Candy, ¿No hay algo que extrañes? – Preguntó Annie mirándola significativamente.

- Ummm… no… no lo creo… - En ese momento escuchó la suave y relajada risa Terry, se asomó a la ventana, lo miró: Se había quitado la camisa, luciendo su torso desnudo mientras enseñaba a Armand y a Teshi a usar sus espadas de madera. Comenzó a examinar detenidamente cada movimiento de cada uno de sus músculos. Lo miraba tan embelesada que no se dio cuenta de que dejó escapar un suave gemido, haciendo reír a la anciana y sus amigas.


EDIMBURGO

No soportaba tener cerca de Eliza, desgraciadamente lo atrapó cuando salía de una taberna en compañía de algunos conocidos, pidiéndole que le acompañara a disfrutar del festival. Alcanzó a divisar entre la gente a Anthony y a Karen. Sólo esperaba que la pelirroja no los notara… o iniciarían los problemas.

- ¿Te diviertes? – Preguntó el rubio, mientras veía a la joven sonriente.

- Claro que sí, ¿Tú no? – Se volvió a mirarlo, su sonrisa se congeló. - ¿Podríamos irnos? No creo que quieras que tu "querida prima Eliza" haga una escena.

- ¿Dónde está? – Preguntó tratando de ver entre la multitud.

- Al otro lado de la calle… ¡Con Archie!

- ¿Con Archie? – Preguntó sorprendido. – Pero si él apenas si la tolera…

- En ése caso, vámonos… - Tomó su mano para halarlo.


Muy a su pesar tuvo que acompañarla en el carruaje rumbo a la villa de los Ardley. Notaba muy extraño su comportamiento.

- Bien, ¿Qué es lo que quieres Eliza? – Preguntó en cuanto el carruaje se ponía en marcha.

- ¿Yo? – Fingió inocencia. – Nada Archie… Es solo que como todos los demás tienen otros planes… tú y yo… estamos solos… pensé que podríamos,,, pasar un rato muy… agradable… - Se le acercó de forma sugestiva. El joven la miraba con recelo. Dio unos golpes para que el cochero se detuviera. Su prima lo miró furiosa. - ¡¿Qué estás haciendo?

- Ya te divertiste ¿No?... Es hora de que nos separemos. Además no es correcto que pasee con la prometida del futuro Duque de Grandchester…

- No seas tonto… quien podría decirnos algo… somos primos y… - Se le acercaba más. – ¿A caso serás capaz de dejar a una dama regresar sola a su casa?

- ¿No fue así como saliste de la Villa?... Adiós… - Bajó y desató su caballo de la parte trasera, montó alejándose de ahí al galope. "¡MALDICIÓN!" Pensó enfadada.


"¡¿Qué demonios le habrá contado Susana sobre lo nuestro?"

Pensaba mientras regresaba. Llegó al mesón de Eleanor, lo vio muy mal.

- ¿Se siente bien Oficial Cornwell? – Él la miró y suspiró con amargura.

- Lo siento, no… no me siento bien… tuve un encuentro muy desagradable….

- En ese caso lo dejaré a solas. – Se retiró. "Susana… Karen… ¿Qué pasó?... parecían tan buenas amigas… Susana era tan inocente… Candy se parecía tanto a ella… como era en esa época: ingenua y encantadora"

FlashBack

Habían salido de día de campo, pero el cambio en el clima les sorprendió… corrieron a guarecerse en un establo abandonado y ruinoso. Reían… de pronto no pudo dejar de mirarla, no se habían empapado, pero si se habían mojado lo suficiente: ella trataba de secar su cabello… Impulsivamente se acercó y la besó… aún no se podía explicar lo que sentía, era tan extraño, como flotar entre las nubes, algo mareado y confundido… sabía que no era correcto lo que estaba haciendo, pero no podía detenerse y ella… no se negaba a sus avances, parecía que quería más de él… Su cuerpo y su mente estaban en una lucha constante… finalmente todo lo racional cedió a la pasión… ella se entregó por completo a él… en varias ocasiones… Después de un tiempo él le pidió matrimonio, parecía adicto a ella… solo con ella se sentía satisfecho. "¿Cuándo comenzó su obsesión por Terrence" Siempre la había tratado como a las demás… ni siquiera le permitía cruzar palabra. Incluso le mostraba desprecio. "Fui un idiota al creer ciegamente en ella" No había soportado enterarse por su madre de que Terrence la había seducido, esperando un hijo de él… recordó el duelo al que desafió al moreno, quien alegaba inocencia. La madre de Susana no le permitía verla, diciéndole que ella sería la esposa de Terrence, y él era un don nadie a su lado. Dolido y desesperado, había intentado suicidarse (Cuando se enteró que el moreno había escapado de su deber, y nuevamente fue a buscar a Susana para proponerle matrimonio diciéndole que no le importaba lo sucedido, pero ella lo rechazó y despreció de la forma más cruel), Anthony y su hermano lo encontraron a tiempo. Buscó consuelo en cuanta mujer se le ponía enfrente… Hasta que conoció a Candy…

Fin del FlashBack

"Un Caballero no tiene memoria… pero sé que si hubo consecuencias" Recordó las venenosas palabras de Eliza. "Podría ser que…


DÍAS DESPUÉS

, CERCA DE EDIMBURGO

Habían estado en el lago, pasarían a ver a Candy de regreso, En el camino se toparon con un hombre que preguntaba por la rubia. Había algo que no les agradaba de él. Con cautela le pidieron que los acompañara, sorprendiéndose al encontrar a Albert esperándoles a una prudente distancia del Hogar de Candy.

- Veo que ya conocieron al Sr. Martin. Él es un viejo amigo del padre de Candy. – Los jóvenes sólo asintieron a modo de saludo. Cuando llegaron a la propiedad, el hombre miraba su entorno.

- Me doy cuenta de que la repararon. – Comentó. – Parece no haber cambiado nada…

- Candy le conoce? - Preguntó Stear con recelo, el hombre lo miró y soltó una carcajada al asentir.

- Sé que la pequeña sufrió un accidente… sólo espero poder ayudarla a recuperar sus recuerdos. – Se detuvo al ver a la joven en el jardín mientras cuidaba sus rosas. – Es… igual a su madre… - Se percató de su estado. – Mi Capitán estaría muy orgulloso de ella… nunca dejaba de hablar de ella… su pequeña traviesa…

- Vamos… - Indicó Albert.

- Tío, si es muy importante… será mejor que nosotros nos retiremos. – El joven miró a su novia, quien asintió. – Dale nuestros saludos, después vendremos.

- De a cuerdo Stear. – Hicieron gesto de despedida a la joven y se alejaron.

- ¿Por qué será que no me agrada ese sujeto? – Murmuró el castaño.

- Confiemos en tu tío, él sabe lo que hace.


- ¡Malaika! ¡Ahí viene Albert! – Gritó Teshi corriendo junto con Armand para saludar al rubio, ella con dificultad pudo ponerse en pie. Dorothy y Thema se apresuraron a ayudarle.

- Candy no deberías… - Le advirtió la mucama. Ciando veían a los hombres desmontar.

- Por favor Dorothy, sabes que no me gusta causar problemas. – Protestó la joven.

- Eres muy testaruda Mandisa… - Le sonrió Thema, antes de poder decir algo más habló el hombre que acompañaba a Albert:

- Hasta en eso te pareces a tu madre… - La rubia lo miró con extrañeza. – Pequeña Pecosa ¿Me recuerdas? – Lo miró con recelo. – Era amigo de tu padre… yo… si empre estuve a su lado, soy el Sr. Martin. La joven de pronto comenzó a retroceder asustada, al tiempo que cubría su cabeza con ambas manos. – Pequeña… - Comenzó a aproximarse, ella alzó la vista, ahora con miedo.

- ¡¿USTED?... ¡¿CÓMO?... – Albert empujó al hombre en auxilio de la joven.

- Creo que fue muy mala idea que viniera… - Ahora miró al rubio confundida.

- ¡ALBERT!... ¡¿QUÉ HACE ESE HOMBRE AQUÍ?... ¡¿CÓMO LO CONOCISTE! – La había abrazado. Le susurró al oído:

- Tranquila pequeña… ¿Lo recuerdas? – Ella miró al hombre con furia, al tiempo que se alejaba con brusquedad de Albert, quien la retuvo.

- ¡ÉL… ÉL LO ASESINÓ!... ¡LE DISPARÓ POR LA ESPALDA… A MI PADRE! – El rubio miró al hombre para pedirle:

- Por favor… váyase… lo veré más tarde…

- Pero yo…

- Se lo ruego… - Candy aprovechó su distracción para soltarse y darle un fuerte golpe al rostro del hombre mayor y comenzar a golpear su pecho con los puños, llorando y recriminándole:

- ¡ASESINO!... ¡¿Y SE ATREVE A PRESENTARSE… DICIÉNDOME QUE FUE AMIGO DE MI PADRE?... ¡ES UN MALDITO!... ¡OJALÁ Y USTED HUBIERA MUERTO!

- Lo sé Candy… es lo que he deseado desde entonces… - Respondió el hombre con pesar, sin defenderse, ella se detuvo al escuchar: - No debí traicionar a mi Capitán…

- ¿Su… su Capitán? – Alzó la vista, el hombre asintió.

- Antes de desposar a tu madre nos embarcamos juntos… recorriendo el mundo, quería crear su propia fortuna para ser digno de ella… pero su familia no lo permitió. Ellos escaparon y se casaron…

- ¿Por qué… - Albert la volvió a abrazar para consolarla. - ¿Qué hizo mi padre para…

- Por mi estupidez, traicioné la confianza de tu padre… y a pesar de ello, me dio un plazo para recuperar lo que tomé… pero alguien más se enteró y… me sobornó… por mí tu Tía Abuela supo dónde encontrar a tus padres… sé que recordaste el día de la emboscada… ¡PEDÓNAME!... Te aseguro que no fue mi intención dispararle…yo… yo quise protegerte… alguien más estuvo a punto de dispararte en medio de la confusión… y… yo erré mi tiro… no me había dado cuenta de lo mal herido que estaba… – Candy lo miraba asustada, tal vez estaba recordando lo sucedido. – Vi… que una mujer encapuchada partía a todo galope, después de lo sucedido… - Se puso de rodillas. – Por favor Candy… te lo pido… por la memoria de tus padres… perdóname… - Imploró. Albert estrechaba a la joven que seguía llorando. Dorothy y Thema también estaban llorando en silencio. – Daría mi vida si con ella recuperaras a tu padre…

- ¿Quién era la mujer? – Preguntó la joven, el hombre alzó la vista, topándose con la penetrante mirada de William. - ¿Pudo verla?

- Yo… yo… - Bajó la vista. – Lo siento mucho Pequeña… t-todo f-fue muy rápido…

- Vamos Candy – Le interrumpió Albert sin dejar de mirar al hombre. – Tienes que descansar… esto fue muy duro para ti… lo siento mucho no esperaba que…

- Sr. Martin… - Lo miró con una tímida sonrisa antes de irse. – G-gracias por contármelo… y gracias por salvarme…

- Pequeña, estoy avergonzado por lo que hice…

- No se preocupe… lo entiendo… - El hombre la miraba son parpadear.

- Dorothy… Thema, por favor acompañen a Candy… Tengo que hablar un momento más con el Sr. Martin…

- De acuerdo Sir William. – Respondió Dorothy abrazando a la rubia. Ambos estuvieron en silencio hasta que las vieron entrar.

- ¿No cree que debe saberlo todo Sir William? – Preguntó el hombre algo apenado, el rubio negó con la cabeza.

- Es muy vulnerable ahora… tal vez después… por el momento me haré cargo de lo demás…

- Lo entiendo Milord… y me alegra que lo tenga a usted para protegerla de…

- Pronto me encargaré de lo demás, no se preocupe.


LONDRES

Sabía que por medio de un permiso especial podría verla. Regresó junto con el Duque y con su ayuda se lo concedieron… Debía quitarse esas dudas… Eliza era ponzoñosa, pero a veces entre tantos enredos podría haber algo de verdad. El Duque observaba al joven caminar a su lado. Sabía el problema que le perturbaba respecto a Lady Marlowe.


Leía sin comprender el mensaje enviado por William En cuanto llegó se apresuró a ir con La Tía Abuela, quien había recibido uno igual: se les pedía que fueran a Escocia para el nacimiento del hijo de Candice. Avisándoles también que Eliza estaba el la Villa de los Ardley por órdenes de él y no debían preocuparse por el comportamiento de la joven.

- ¡No pienso ir! – Exclamó Sara. – ¡No soportaré…

- SON ÓRDENES DE WILLIAM… - Contestó tajante la anciana.

- Pero…

- NO DEBEMOS DESOBEDECERLE… ADEMÁS, NECESITAS ALEJARTE POR UN TIEMPO DE LONDRES. NO ES BUENO PARA LA FAMILIA LAS MURMURACIONES QUE HAS…

- ¡Como siempre… ¿Verdad?... ¡TIENE QUE ESTAR CULPÁNDOME DE TODO! – Salió dando un portazo "La odio… prefiere acallar los rumores 'por el bien de la familia'… si tan solo la hija de Rosemary desapareciera junto con su…"


CERCA DE EDIMBURGO

Después de haberse instalado en el mesón y entrevistarse con William, partió rumbo a la Finca de Candice, por el momento no deseaba encontrarse con su hija, y aunque quisiera mantenerse al margen de ese asunto, no podía. Cuando llegó, notó que la joven le recibía con ciertas reservas y la comprendía. Así que fue lo más honesto que podía, contándole desde su infancia como amigo de sus padres hasta el momento que supo de su escape, y la posterior muerte de ellos.

- Candice… - Ella lo miró. – Eres lo que queda de mis mejores amigos. Ella lo miró con tristeza. – Puedo asegurarte que yo no he tenido nada que ver en la muerte de tu padre… por mucho que… amara a Rosemary… ni con los planes de La Tía Abuela… y respecto a mi hija: haré lo que pueda.

- G-gracias Tío… - Lo vio muy afligido.


Había aceptado dar un paseo por el lago con un joven burgués que la había visto por las bulliciosas calles de Edimburgo mientras seguía a Anthony, en cuanto lo vio encontrarse con Karen, también ellos subieron a un bote, pero ignoraba las halagadoras palabras que el joven le dirigía mientras vigilaba al rubio. Se enfureció tanto al verlos besarse que hizo que ambos cayeran del bote. Comenzó a pedir auxilio, fingiendo. Con satisfacción vio a la pareja discutir y después ver a Anthony lanzarse al agua para ayudar al otro joven a llevarla hasta la orilla. Karen, molesta remó hasta el pequeño muelle, cuando llegó vio al acompañante de Eliza marcharse muy apenado por lo sucedido, mientras la pelirroja no dejaba de abrazar a su primo.

- ¡Ohhh Anthony!... gracias por rescatarme… ese inútil no podía ni…

- Desde donde yo estaba pude ver que por lo menos podías mantenerte a flote… - Dijo mordaz la morena. ELiza la miraba de forma desagradable. – Y no estabas muy lejos de la orilla…

- ¿Es eso cierto?... – Preguntó el rubio mirándola con suspicacia al separarla un poco de él.

- ¿Cómo podría hacerlo?... – Fingió no poder ponerse en pie. – No ves que me siento muy mal… - Karen no dejaba de mirarla. – Anthony… ¿Podrías…acompañarme hasta la mansión?... – Se dejó caer fingiendo un desmayo.

- Anthony… - Escuchó el tono de advertencia de Karen.

- Vamos… la villa no está tan lejos y… - Comenzó a decir el joven a su novia.

- Sabes que, mejor regresaré a… - La morena se dio la vuelta.

- Karen… - La llamó el rubio, ella se detuvo, se volvió mirándolo molesta. – Por favor espérame un momento, la llevaré y regresaré por ti. – Cuando se alejaban, pudo ver la mirada de triunfo de Eliza "¡Maldición!... ¡Cómo la detesto!"

En cuanto llegaron pidió a la servidumbre que atendieran a la joven, quien no dejaba de estrecharlo contra sí.

- Eliza ya llegamos… - Dijo al notar que se asía con fuerza a él

- ¡Ohhh Anthony! – Fingía volver en sí.

- Por favor Eliza, suéltame… debo ir a cambiarme… - Dijo cuando la sentaba en el diván de su habitación.

- ¡No! ¡Por favor Anthony!... Quédate conmigo… - Decía aferrándose a él. – Si estuviera la Tía Abuela no te negarías…

- Ella no está aquí. – La separó con brusquedad de él. – Así que no puedes obligarme a estar a tu lado. – Se alejó de ella y salió de su habitación, dejándola furiosa.

- ¡ANTHONY! - Comenzó a tirar y lanzar objetos, siendo presa de un terrible berrinche. - ¡ANTHONY! ¡REGRESA AQUÍ!... ¡DEBES ESTAR CONMIGO!

- Milady… por favor… tranquilícese… - Decía una de las doncellas mientras evitaban los improvisados proyectiles que lanzaba. – Necesita cambiarse o pescará un resfriado…

- ¡¿Y USTEDES QUÉ HACEN AQUÍ?... ¡LÁRGUENSE DE MI VISTA!

- Pero Milady… - Dijo otra.

- ¡HE DICHO QUE SE LARGUEN! – Las jóvenes salieron corriendo.


- Anthony ¿Qué es todo ése escándalo? – Preguntó William viendo a su sobrino bajar las escaleras corriendo.

- Es Eliza, cayó al lago… - Lo miró con burla. – Te aconsejo tío que la dejes sola… ya se le pasará, yo debo ir a buscar a Karen… - Ambos sonrieron con complicidad al despedirse. El rubio mayor regresó a su despacho para continuar leyendo la carta enviada por La Tía Abuela. Sonrió, todo estaba saliendo como esperaba. "Pronto… muy pronto…"


LONDRES

Había aceptado el ofrecimiento del Duque de quedarse esa noche en su mansión. El hombre se había dado cuenta de lo mal que estaba el joven después de haber hablado con Susana Marlowe. Pidió a la servidumbre que prepararan una habitación. El castaño se movía como autómata mientras se desvestía y acostaba. "¿Cómo pudo ser… posible… enamorarme de alguien asi?... Es… un monstruo…"

FlashBack

No podía creer el aspecto tan atroz que presentaba. Lo peor eran sus expresiones faciales. Cantaba sin sentido. Por un breve momento pareció no haberlo reconocido. Intentó acicalarse un poco.

- ¿Quién eres?... No te había visto por aquí… - Habló con un tono de voz muy sensual cuando el guardia le abrió la puerta después de advertirle lo peligrosa que podía ser. Pidió que los dejaran solos.

- Tienen 5 munutos… - Se retiró el guardia.

- Es… tan poco tiempo… - Protestó ella haciendo unos extraños pucheros, mientras se acercaba a él. – para que puédamos…

- ES EL SUFICIENTE SUSANA… NO ME QUEDARÉ MÁS… - Dijo él con dureza.

- ¿Archie?... ¿Eres tú mi amor? – Quiso abrazarlo, pero él la detuvo con brusquedad.

- A-L-É-J-A-T-E D-E M-I… Claramente sabemos que jamás te importé… - Se desconcertó al escucharla reír a carcajadas.

- Por supuesto que sí… "mi amor"… - Él la miraba sin comprender. – Logré alejarte de Karen… Estaba tan locamente enamorada de ti… - Lo miró penetrantemente. - ¿No lo sabías?... Era demasiado obvia… - Lo miró a los ojos. - Claro que me importaste: fuiste mi experimento más exitoso… – Comenzó a apretar sus antebrazos sin darse cuenta. Ella no paraba de reír.

- ¡¿QUÉ DEMONIOS QUIERES DECIR? – Le exigió sacudiéndola con fuerza. Ella lo miró de forma lasciva.

- ¿Qué fue lo que sentiste la primera vez que TÚ me hiciste tuya? – Lo miraba a los ojos ahora con burla mientras se mordía los labios. - ¿Qué te hice sentir?... Por que yo sentí demasiada pasión… Haaaa… tanta que no podías parar… ¿Alguna vez lo sentiste con otra mujer… después de mí? – Recordó la extraña euforia que sintió al tenerla.

- ¡¿QUÉ RAYOS FUE LO QUE HICISTE CONMIGO? – La miró aterrorizado. Ella volvió a reír.

- Oh, vamos… ¿No me digas que no te gustó sentirte así?... tan libre… tan desinhibido… tomarme con toda tu pasión cada vez que estábamos a solas… y no pensar mas que en mí…

- ¡ERES UNA MALDITA BRUJA! – Ella volvía a reír.

- ¡Y TE ODIO! – Se sajó con brusquedad de él. - ¡POR TU CULPA NO PUDE OBNTENER A TERRENCE!... ¡CREÍ QUE CON TU MALDITO BASTARDO PODRÍA TENERLO PARA SIEMPRE A MI LADO! – El joven la miró estupefacto.

- Armand… - Murmuró sorprendido. - ¿Mi… mi hijo?

- ¡ASÍ ES!... ¡PERO FUE INÚTIL! NO SIRVIÓ PARA NADA MI ESFUERZO CON TERRENCE… HIZO QUE SE ALEJARA DE MI… ¡HABRÍA SIDO MEJOR QUE MURIERA!... ¡¿ME OYES?... ¡LO ODIO… LO ODIO TANTO COMO TE ODIO A TI! – La soltó, se dirigió a la puerta, el guardia ya lo esperaba. Aún podía escuchar su estruendosa risa y gritos incoherentes.

Fin del FlashBack

"Armand… hijo… mío…" No podía conciliar el sueño al recordar una y otra vez al pequeño.


¿Qué más se le podía añadir a la lista de sus crímenes? Brujería… Sonrió con amargura. Después de todo ya estaba pagando por lo que se le había enjuiciado… no mucha gente lograba salir de la Torre con vida… así que dudaba que llegara a cumplir su sentencia con vida. Esa mujer era tan vil… había destruido la vida, la reputación y la amistad de dos jóvenes caballeros sólo por ambición. Aprovechando el odio que su hijo sentía por él para escapar a su deber, poniéndose en peligro… tuvo que pedir clemencia al Rey para que le otorgara las Patentes de Corso, salvándole de la horca, mientras que ella continuaba aprovechándose del cariño hacia el pequeño para exigirle dinero. No podía comprender el porqué de la crueldad de esa mujer… había querido acompañar al joven, pero a petición de él, desistió. En cuanto regresó pudo comprender que ella jamás debería salir de ahí… por el bien del pequeño… de todos…


CERCA DE EDIMBURGO, DÍAS DESPUÉS

Terrence había partido para ver a su tripulación y checar con el Sr. Smith como iban sus negocios en el Nuevo Mundo, ahora que tenían otro barco y su amigo y socio Charly. Candy estaba en el establo, mirando con nostalgia la hermosa yegua que le regalara su esposo. Cada día le costaba más trabajo moverse con la soltura de antes. Se sentía un poco abandonada por el joven.

- Blanca, lo extraño tanto… - Suspiró mientras acariciaba al animal, de pronto dio un extraño relincho, lo vio inquietarse.

- Candice… - Escuchó un a voz a sus espaldas. Se giró inquieta.

- Ho-hola Eliza… ¿Qué haces por aquí? – Preguntó tratando de mantener la calma.

- Quería ver como estabas… - La miró de arriba a bajo de una forma muy grosera. – Y veo que estás muy bien… Por cierto, ¿Dónde está tu "apuesto esposo"?

- Regresará en algunas horas – La irritó su tono venenoso, pero lo discimuló. – Fue con Albert a ver algunos negocios… - No le agradaba que la rubia tuviera tal familiaridad con el Patriarca.

- ¿Estás segura de ello? – La pecosa la miraba sin comprender. – Por favor… no te engañes… Apuesto que… fue en busca de… diversión más… placentera… - Le molestaba como arrastraba las palabras. – Terrence es del tipo de hombres que prefieren a mujeres con bellas formas… no una… cosa… deforme…

- ¡POR FAVOR ELIZA: R-E-T-I-R-A-T-E!... – Pidió la joven tratando de mantener la calma.

- Si que eres ingenua… él solo te sedujo en Port Royal porque eras algo novedoso para él… en ése lugar perdido… con tantas mujerzuelas ya conocidas... que tú… eras su trofeo… - Sonrió con satisfacción al ver su cara de sorpresa. – Claro que sé sobre su "aventura juntos"… ¿Creíste que podrían engañarnos con su "pequeña farza"?... Quién te viera… "Tan inocente"… fuiste su amante todo el tiempo… pero sólo tuviste suerte… y ahora que ya obtuvo lo que deseaba de ti…

- ¡TÚ… TÚ NO SABES NADA!… - Perdió por un momento el control, al recordar al Olonnés… al ver la sutil sonrisa de triunfo de su prima, lo recuperó. – Por favor, vete… yo no me siento bien… quizas…

- CLARO QUE SI LO SÉ… - Ignoró sus palabras sólo para ensañarse más. – MALDITA HUÉRFANA… NO ERES NADA PARA ÉL… AHORA QUE YA TE USÓ… - La vio comenzar a temblar. - pero… no te preocupes… - Vio como se sostenía la cabeza entre las manos con desesperación, mirando hacia todos lados con angustia, lo que la animó a continuar, riendo a carcajadas. – Una vez que desaparezcas… yo lo cuidaré muuuuy bien… me oíste… ¡SERÁ MÍO!...

- ¡ELIZA: L-Á-R-G-A-T-E! – Fue todo lo que alcanzó a decir antes de que cayera desmayada. La yegua se movió nerviosa.

- ESTO SÓLO ES EL PRINCIPIO MALDITA DAMA DE ESTABLO… - Se alejó rápidamente sin dejar de reír a carcajadas.


Tom había dado un paseo con Thema y los niños a petición de la rubia, diciéndoles que estaría muy bien al cuidado de Dorothy. A pesar de las palabras llenas de seguridad de la joven no se veían muy tranquilos, Cuando llegaron Dorothy les preguntó por la joven, ya que había estado tan ocupada dentro de la casa que la creyó en el jardín. Rápidamente se separaron para buscarla. Encontrándola Tom, quien la llevó a su habitación para apresurarse en ir al pueblo por un médico.


- Candy… Pequeña Mandisa, despierta por favor… - Decía la mujer con preocupación mientras sostenía la mano de la rubia. "No debí… tenía un mal presentimiento." Se alejó de la cama mientras sacaba su morralillo con los caracoles. Murmuró algo para después arrojarlos sobre la mesa. "Como lo temía…"

- Mamáaaa… - Escuchó a la joven susurrar, mientras se movía inquieta. – Por favor… quiero ver a mamá… - La mujer regresó a su lado. - ¡NOOOO!... ¡MAMÁAAAA! – Despertó gritando, miró a su alrededor sobresaltada. - ¡Thema! – Se abalanzó a abrazar a su amiga.

- Shhhhh… Ya pasó Mandisa… Fueron a buscar al Capitán… no te preocupes… - La consoló.

- Es solo que… de pronto… me siento tan confundida…

- Pronto todo estará bien…


Las palabras de Susana resonaban en su mente una y otra vez. Por primera vez se cuestionaba ¿Por qué Terry, Anthony y Archie se sentían atraídos por ella? ¿Qué tenía?... Jamás se consideró atractiva… le gustaban las cosas simples… sólo quería ser ella misma y cuidar de sus seres queridos a como diera lugar…


En cuanto les vieron acercarse, un sirviente de la villa le comunicó lo sucedido con Candice. Terrence inmediatamente se fue al galope mientras el hombre reportaba a Sir William todo. El rubio preguntó por Eliza y se le informó que la joven no había salido de su habitación en todo el día. Albert no se fiaba de ello y su aparente tranquilidad. Dio nuevas órdenes y se apresuró a partir tras su amigo.


No había sido tan difícil escabullirse de nuevo a su habitación, justo a tiempo para ver por su ventana el revuelo que causó un joven castaño que llegaba de la finca de "Candice", mirando todo con enorme satisfacción. Especialmente después de ver llegar al Tío William con el Corsario y la forma tan veloz en que éste último partió. "Ella no merece tener toda esa atención de hombres tan deseables…"


En cuanto llegó desmontó y entró a la casa. Tom estaba recargado a un lado de la puerta de la habitación de la pareja. Sin más, Terrence lo golpeó con el puño en el rostro, haciendo que el otro joven se tambaleara.

- ¡¿POR QUÉ DEMONIOS LA DEJASTE SOLA? – Vio que en vez de contestar su agresión, se recargó en la pared.

- Ella me pidió que llevara de paseo a Thema y los niños. – Vio que el moreno lo seguía mirando con furia. – Incluso le rogó a Thema que lo hiciera ya que no le agradaba que por su culpa estuviera aquí encerrada…

- ¡Y SE TE HIZO MUY FÁCIL DEJARLA SOLA!

- Por favor, Milord… no se enoje con Tom… - Pidió Dorothy saliendo de la habitación. – Fue mi culpa… yo me entretuve y… la dejé sola… - La joven lloraba, Terrence se tranquilizó.

- Lo siento… no quise… - Comenzó a decir, la joven sonrió.

- No se preocupe Milord… sé… cuanto la quiere…

- ¿Cómo… está? – Preguntó.

- Por suerte no fue nada más que un desmayo… - Respondió Thema abriendo la puerta.

- ¿Puedo…

- Ella lo espera Capitán. – Dijo haciéndose a un lado para que él pasara. La joven estaba sentada frente a la ventana.

- Candy… ¿Qué fue lo que sucedió? – Preguntó en cuanto cerró la puerta, se acercó para besar su frente, notó su mirada perdida. Escuchó un suspiro muy profundo.

- T-Terry… - Su voz titubeante le extrañó. - ¿A-aún… me… a-amas? – Él se separó sorprendido por su pregunta.

- Sabes que te amo con todo mi ser… - Ella tomó su rostro entre sus manos para besarlo, poco a poco más apasionadamente. Él fue deteniéndola.

- Candy… Dime… ¿Qué pasa? – Ambos respiraban entrecortadamente.

- ¿Por qué?... – Él la miró sin comprender. - ¿Por qué ya no me besas como antes?... ¿Por qué ya no me…

- Shhhh. – La abrazó con cuidado. - ¿A qué viene todo eso?

- Por favor… contéstame… - Lo miró a los ojos. - ¿Por qué no has querido estar conmigo? No me has tocado… prometiste que serías sincero… que nunca me lastimarías…

- Y eso hago pecas… no quiero lastimarte… ni al bebé… - La volvió a besar. – No sabes cuanto… cuanto deseo estar contigo… amarte… Pero no quiero lastimarlos… - Pudo sentir sus lágrimas.

- A pesar de estar tan gorda… ¿Me amas? – Él algo dolido se separó de ella.

- Candy ¿Por qué dudas tanto de mí ahora? – Se alejó molesto, vio que sus ojos se humedecían más, se acercó para atraerla contra sí y estrecharla mientras le decía: - Para mí siempre serás la mujer más hermosa del mundo… por favor… nunca vuelvas a dudar de mi amor…


Cuando llegó vio a Tom dirigirse al establo, arreó su caballo para alcanzarlo.

- ¡Tom! ¿Cómo está Candy? – El joven volteó al escucharle y pudo percatarse del golpe en su rostro. - ¿Qué te pasó?

- Para ser alguien criado entre la Nobleza, tiene un puño muy duro. – Bromeó. Albert se apeó.

- ¿Por qué…

- No se preocupe Sir William, él está hablando con ella. – Entraron y le contó todo mientras encendía una linterna e iluminaba el lugar donde la encontró, cerca de la yegua. – Tuvo suerte de que Blanca no se pusiera nerviosa y la pisara.

- ¿Por qué lo dices? – Tom señaló el piso. - ¿Hubo alguien más aquí? – Acercó más la luz a las huellas mientras las seguían. - ¿Una mujer?

- Si… y van hasta la parte de atrás, donde hay una puerta. – La señaló con la linterna.

- Eliza… - Dijo sin duda William, el joven lo miró confundido.

- ¿Cómo?... No lo entiendo Milord…


CAMINO A EDIMBURGO

Siempre le había gustado vivir en Escocia y ahora que estaba instalada en Londres le gustaba viajar allá. Pero ir obligada a ver a "la criatura de la hija de Rosemary" la fastidiaba. Miró de reojo a la anciana, que durante todo el viaje no le dirigió la más mínima palabra. "¿Por qué siempre debe culpar a los demás de sus errores?"

- Una vez que lleguemos a la Villa, Sara… - Comenzó a decir de repente la anciana con su acostumbrado tono imperioso. – Le llamarás la atención a tu hija por su osadía e indisciplina. Y no quiero tenerla en mi presencia durante los próximos días… mientras estemos aquí… ¿Me escuchaste?

- Pero Tía Abuela…

- ES UNA ORDEN… - Y no volvió a hablar con ella por el resto del viaje.


LONDRES

Habló con el Duque francamente sobre el motivo de su visita a Susana Marlowe y su confesión. El hombre mayor se sintió un poco desolado, reconociendo que se había encariñado mucho con el niño.

- Milord… Lamento mucho que haya cargado con una responsabilidad que…

- No se preocupe Oficial Cornwell… imagino por lo que está pasando… ¿Qué hará ahora?

- Supongo que explicar a todos este delicado asunto… especialmente a… Armand. – Miró por la ventana. – Y disculparme con Terrence…

- Mi hijo y su esposa han acogido muy bien a Armand y… - Vio suspirar al Oficial.

- Hay cosas que he hecho en mi vida, que es necesario cambiarlas… después de todo, la reputación de ella está por los suelos… yo… debo reivindicar la de Terrence…

- Veo que es un hombre de honor, lo felicito.

- Gracias Milord.


CERCA DE EDIMBURGO

Después de hablar un rato más con Tom, entró encontrando a Terrence sentado en el suelo. Miraba el fuego de la chimenea mientras bebía directamente de una botella.

- ¿Cómo está?... ¿Qué te ha dicho? – Pero el moreno le ignoró al seguir bebiendo. Después puso a un lado la botella.

- Jamás creí que me dolería tanto escucharla dudar de mí… - Se volvió para mirarlo. – He soportado el rechazo de todos los demás… no me importa… pero no el de ella… ¡QUISIERA… - Bufó exasperado. - pero no puedo… por que me duele…

- ¿Qué pasó?. – Se sentó al otro lado. Le quitó la botella y bebió un trago.

- No lo sé… no quiere decir nada… sólo… cosas que no comprendo…

- ¿Sabes quién estuvo aquí? – Terrence lo miró sin comprender. – Había otras pisadas en el establo… de mujer…

- ¡¿QUÉ DICES? ¡¿NO FUE UN ACCIDENTE?

- Sospecho que Eliza vino a hurtadillas… aunque nadie en la villa la vio salir…

- ¡ESA MALDITA SERPIENTE! – Exclamó entre dientes. Ahora comprendía.


Se dirigía a su dormitorio. Al llegar al pasillo escuchó voces en la habitación cercana. Se acercó, la puerta estaba entreabierta: vio que hablaba con alguien, cubierto por una capa con capucha.

- No es bueno escuchar tras las puertas… - Le llamaron la atención al ver que por poco y entraba a interrumpir.

- Lo siento nana… ¿Quién está con mamá? – Insistió en saber.

- No lo sé… no la había visto antes… - Le cerró la puerta con cuidado. – No seas tan curiosa. Ya deberías estar durmiendo. – La llevó a su habitación y la acostó. Cuando se aseguró de que su nana se había ido, nuevamente fue a la habitación de su madre. Estaba preocupada. Desde que recibía esa misteriosa visita, la salud de su madre iba empeorando. Escuchó pasos precipitados. Se escondió. Pudo verla bajar las escaleras con rapidez, escuchó a su madre dar un grito ahogado, haciendo que corriera a verla.

- ¡MAMÁ! ¿QUÉ SUCEDE?

- C-Candyyy… hija… te… te amo… - Su cuerpo se sacudía de forma extraña.

- ¡MAMÁAAA! ¡NOOOO!... ¡TÚ NOOO!... ¡NO TE MUERAAAAS!

Su grito desesperado le despertó. Como pudo se incorporó de la alfombra apresurándose a llegar a las escaleras. Dorothy y Thema ya estaban a su lado, tranquilizándola.

- Pecas ¿Qué pasó? – Preguntó preocupado acercándose, ambas mujeres salieron para darles privacidad.

- ¡TERRY! – Se apresuró a abrazarla. No lloraba, pero por alguna razón se sacudía nerviosamente, dirigiendo sus manos a su cabeza.

- Candy… dime… ¿Qué sucede?... ¿Qué soñaste esta vez? – La estrechaba más contra sí, desesperado por no saber que hacer.

- Recordé… a mamá… poco antes de… de que… muriera… alguien… la visitó…

- ¿Recuerdas cómo era? – Preguntó sorprendido.

- Una mujer… usaba una capa… estaba cubierta por la capucha… - Terry comenzó a sospechar lo que pudo haber visto la rubia. - ¡¿POR QUÉ?... ELLA ERA TAN BUENA… ¿POR QUÉ LE HICIERON… ESO?...


Teshi y Armand dormían en la habitación que había sido de Candy. Thema había ido a ver que ya estuvieran dormidos, se acercó a arroparlos. Vio algo que brilló sobre la mesilla de noche. Lo miró con curiosidad al tomarlo. Parecía el escudo de los Ardley, pero tenía algo diferente.

- Mamá… - Escuchó la voz somnolienta de su hijo.

- Shhh… duerme… - El niño se incorporó para ver lo que sostenía su madre.

- ¡Mi tesoro!… ¡Armand y yo encontramos un tesoro!… él tiene la otra parte…

- ¿Qué quieres decir? – Miró al pequeño que se sonrojó antes de contestar.

- Fue un accidente… - Salió de la cama para mostrarle algo cerca de la ventana. – Armand y yo estábamos jugando… caímos y vimos que aquí estaba roto. – Mostró a su madre un hueco bajo unas tablillas del piso. – Mira, Armand dejó su parte aquí. – Sacó otro escudo, ella lo tomó: era el emblema de los Ardley… miró con curiosidad la diferencia con el otro: la inicial no era la A que acostumbraba ver en la villa.

- Mamá ¿Estamos en problemas? – Preguntó el niño con timidez al notar el silencio de su madre.

- Ya hablaremos mañana… descansa… - Le dio un beso. – No te preocupes, no hicieron nada malo…


LONDRES

Archie veía al Administrador guardar todos los documentos con mucho orden y cuidado. William les había mandado una carta pidiéndoles que se reunieran con él en la villa de los Ardley, informándoles que por suerte la Tía Abuela se alojaría en la Villa de los Ligan. Viajarían junto con el Duque y su otro hijo. Estaba impaciente por saber que se proponía Albert con tanto misterio.

- Por favor George. ¿Qué es lo que están planeando? – El hombre lo miró con su habitual seriedad.

- Lo siento mucho, joven Archibald, pero no puedo decirle. Yo aún ignoro los detalles. – El castaño se le quedó mirando. – Lo siento mucho de verdad.

- Está bien George… - Se rindió. Sabía que era imposible sonsacarle información. Más tarde se reunieron con los aristócratas y partieron.


CERCA DE EDIMBURGO

No le agradó que William aceptara sin más explicación su deseo de hospedarse en la Villa de los Ligan, y mucho menos que no le ordenara a Eliza reunirse con ellas. "Pero ¿Qué es lo que se cree?... ¿Qué estará tramando?" Miraba los magnífico caballos de los Ligan. Sara salía en ese momento de las caballerizas para dar un paseo. Recordó que hacía muchísimos años que ella había dejado de montar. "No es propio a mi edad" pensó con nostalgia.


Tuvo que soportar la reprimenda de su madre sin decir absolutamente nada, no era conveniente. Estaba satisfecha (por el momento), con lo sucedido a Candice. Estaba feliz al recordar como había perturbado a la joven. "Vaya, no es necesario presionarla tanto… es tán débil… ojalá y se vuelva loca… no quisiera cargar mi conciencia con su muerte" Sonrió ante el espejo de forma maquiavélica. "Pero, si es algo que no se pueda evitar… no hay más remedio" Recordó que el Tío William no la obligó a ir con su madre y la Tía Abuela a su villa la dejó decidir… "Tal vez… después de todo… no le soy indiferente… es el único que se ha portado conmigo como todo un caballero… Haaa… y la forma en que me mira…"


Esa mañana estaba en las caballerizas cepillando su caballo bajo la mirada vigilante de Tom, a él y a Albert les había costado mucho trabajo detenerlo para que no hiciera algo precipitado en contra de la pelirroja en cuanto supo que estuvo ahí y casi obligó a su esposa que le dijera lo que hizo.

FlashBack

- ¡¿CÓMO PUDO SER QUE ESA MALDITA BRUJA HAYA VENIDO AQUÍ? – Gritó furioso Albert lo llevó a las caballerizas para mostrarle las huellas. Caminó hacia donde estaba la silla de montar.

- ¿Qué vas a hacer? – Lo detuvo con fuerza el rubio.

- ¡DARLE LO QUE SE MERECE DE UNA BUENA VEZ! - Dijo con sajándose con brusquedad para tomar la silla.

- ¡Espera! – Habló Tom con tranquilidad. - ¿No puedes suponer que todo lo tenga fríamente calculado? Nadie la vio salir de su habitación en todo el día, y aquí hay poca servidumbre, por lo que nadie la vio llegar… Sólo piénsalo por un momento…

- ¡MALDITA SEA! – Arrojó furioso la silla al suelo.

- Tom tiene razón: cegado por la ira harías cualquier locura… ella usará lo que sea en tu contra. – Razonó el rubio, se volvió mirándolo con impotencia. – Debemos proteger muy bien a Candy y ser más inteligentes que Eliza para detenerla…

- ¡LA ODIO! ¡QUIERO QUE PAGUE POR LO QUE HIZO!

Fin del FlashBack

- ¿En qué piensas Terrence? – Preguntó con cierto recelo el castaño. – Sabes que estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de que esa mujer pague por haber lastimado a Candy… - Terrence lo miró. – Sabes que es como una hermana para mí.

- No quiero que salga lastimada… pero… cada una de mis ideas, podría hacerlo… e incluso perderla…

- No tienes que ser tú el que se sacrifique… - Interrumpió Albert.

- Es… sólo que… quiero que… - Golpeó la viga con el puño. - ¡QUIERO VERLA RETORCERSE DEL DOLOR COMO UN VIL GUSANO POR LO QUE LE DIJO A CANDY!…¡QUIERO VERLA HUMILLADA A MIS PIES!

- ¡QUIERO AYUDARLES! – Los tres se sobresaltaron al escuchar la voz de Candice. – Sé que no es buena la venganza… - Miró al moreno. – Pero jamás me había sentido tan humillada… - Les mostró una carta "anónima" que acababa de llegar. La leyeron en silencio.

- Pecosa, no deberías… - La miraba preocupado Terrence.

- ¡ESTOY HARTA DE QUE TODOS ME TRATEN COMO SI ME FUERA A ROMPER!... QUIERO HACERLO POR MI HIJO… - Albert y Tom la miraban asombrados. – ESTOY HARTA DE QUE MI VIDA AQUÍ HAYA SIDO DESTRUIDA POR TANTOS CAPRICHOS Y MALOS ENTENDIDOS… ESTO TIENE QUE TERMINAR AHORA… POR MIS PADRES… POR MÍ Y POR MI HIJO…

- ¿Estás segura Pecosa? – Preguntó Terry, ella solo asintió. - ¿Quieres exponerte a… - Ella se acercó con la rapidez que le permitía su condición y lo besó.

- Sólo estoy segura de una cosa… - Le susurró al oído, haciéndole estremecer. – Eres mío, sólo mío… jamás podrás ser de otra mujer… - Él la estrechó con cuidado.

- Tienes toda la razón Pecas: sólo contigo me siento completo y jamás me iré de tu lado. Se separaron y rompieron la carta.


A pesar de estar molesta con las actitudes de William y su desagrado por el Corsario y su esposa, tenía que organizar todo para la celebración de la llegada de su primogénito. Dada la importancia ambas familias tenían debía ser fastuoso. Se abstuvo de mostrar su desacuerdo por que la pareja viviera en la finca donde lo hicieron los padres de la joven.

- William, por ésta vez tienen que hacerme caso: Candice tiene que estar aquí…

- No tienes de qué preocuparte, están bien preparados. – La miró. - ¿A caso noto cierta preocupación por Candy?

- No seas ridículo, es sólo que todos los Ardley han nacido en ésta casa…

- A excepción de ella, si no mal recuerdo.

- ¿De nuevo con eso William? – Protestó molesta. – La encontré, ¿no es así? Ya es parte de la familia como le corresponde. – El rubio contuvo una sonrisa.

- Tienes razón tía, veré si puedo convencerla. – Llamaron a la puerta. – Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer. – Ella salió. Él leyó el mensaje que le habían entregado, escribiendo la respuesta.


Annie Karen y Paty estaban en el jardín tomando el té cuando vieron a Eliza fdirigirse a ellas.

- Aquí viene la mala imitación de Susana Marlowe… - Murmuró Karen haciendo que las otras jóvenes esbozaran sonrisas sutiles.

- Recuerda que tenemos que ser amables con ella. – Susurró Paty.

- Prefiero ser amable con una serpiente venenosa de verdad. – Ahora sí tuvieron que contenerse al verla más cerca.

- Buen día Eliza – Saludó Annie. – Gustas acompañarnos? – Sonrieron al ver a Karen simular toser antes de decirle a la joven:

- Por cierto, supimos que te sentías muy indispuesta estos días. – Fingió sentir pena por la pelirroja. - ¿Cómo te sientes?

- Mejor gracias… En éste momento iré a dar un paseo. – Las miró de forma extraña. – Les gustaría acompañarme?

- Nos encantaría… - Respondió Karen, alertando a las demás con su tono. – pero esperamos la llegada de mi primo y su esposa… - La sonrisa de Eliza se congeló, fingió inocencia. - ¿No lo sabías? Estarán aquí para el nacimiento de su hijo… - La mirada que le dirigió fue penetrante.

- M-me alegro. – Se recuperó de la sorpresa. – Entonces las dejo. – Se dio la vuelta y se fue ante la sonrisa de satisfacción de Karen.

- Por favor, ten cuidado con… - Comenzó a advertirle Patty.

- Eliza es muy peligrosa… recuerda lo que fue a decirle a Candy – Aconsejó Annie. – y…

- Esa bruja no me impresiona… Después de Susana, ella no es nada… sólo una mala imitación barata.


Cuando Archie llegó les contó todo respecto a Armand, a su hermano y primo, incluyendo a Albert y Terrence. William le pidió que esperara para dar la noticia al Clan. Al parecer el moreno se veía un poco desilusionado con la noticia al haberse hecho ya a la idea de tener a su lado al niño. El castaño había decido pedir su baja de la Marina Real Inglesa para ayudar a su tío y aprender de los negocios mientras se hacía cargo de Armand. Ellos se quedaron sorprendidos por la firme decisión del joven. Decía que debía reparar el daño que la joven había hecho a ambos.

- Ahora, no hay que dejar de vigilar a Eliza. – Dijo molesto Archie, cuando se reunió con su hermano y su primo en el lago.

- Es muy inteligente… - Murmuró pensativo Stear. – Hará todo lo posible por no ser descubierta…

- No se dará jamás por vencida. – Dijo Anthony mirando con tristeza la villa. - ¿Cómo protegeremos a Candy ahora? Estaba más segura en su finca…


- ¿Estás lista para enfrentar a los Dragones? – Preguntó el moreno cuando el carruaje se detuvo frente a la entrada. Ella abrió los ojos molesta por dejar de sentir sus labios en los suyos.

- Los Ligan y la Tía Abuela son más que dragones… - Murmuró cuando el cochero les abrió la puerta y vio a toda la servidumbre esperándolos, él bajó para ayudarla.

- Sonríe mi amor… Así como lo hacen tus "encantadoras tías" – Murmuró él entre dientes, haciéndola reír, al ver el típico gesto de desagrado de la Tía Abuela y el de exagerada seriedad de la Tía Sara.

- Creo que mi sonrisa las ha animado mucho. – Le murmuró. Notó que debido a la presencia de la anciana, la servidumbre reprimía toda emoción. Se detuvo. – Muchas gracias a todos por su cálida bienvenida. – Dijo sonriéndoles y apresurándose a abrazar a la Sra. Pony. – La extrañé mucho… - Escuchó un serio carraspeo, se volvió para mirar a la Tía Abuela, hizo una breve reverencia. – Lo siento… - Y la abrazó eufórica, haciendo lo mismo después con Sara para su desconcierto.

- Veo que… a pesar de todo, Candice, Hay algunas cosas que aún no dominas. – Fue el seco saludo de la dama mayor. La joven contuvo una replica, sonriéndole y haciéndole una nueva reverencia.

- Discúlpeme Tía Abuela… tenía tanto tiempo de no ver a todos… incluyéndola a usted y la Tía Sara…

- Madame, es todo un placer volver a verla. – Interrumpió Terrence, tomándola de la mano (Molesto por su actitud) y besarla. – Tuvo buen viaje. – Le sonrió de tan forma que desarmó a la mujer mayor. Se recompuso al ver de nuevo a la mujer de color al lado de la rubia.

- Si… tuve un buen viaje… gracias…

- Me alegro. – Sonrió de nuevo el joven. Thema, Teshi y Armand sólo hicieron una breve reverencia a ambas mujeres.

William al notar la tensión se aproximó a saludar a Candice con un abrazo (Para escándalo de la Tía Abuela) y pedir que llevaran su equipaje a sus habitaciones. Mientras la joven saludaba a sus primos y amigas.


Al atardecer llegó el Duque de Grandchester y durante la cena solicitó al matrimonio que se alojara en su villa, Candice lo miraba muy apenada por lo que le pensaba decir. La Tía Abuela intervino.

- Milord, debo decirle que todos los Ardley han…

- Temo decirle que mi nieto será un Grandchester, por lo que les pido… - Se dirigió a los jóvenes. – que consideren que su finca está muy retirada de cualquier pueblo…

- Milord, Tía Abuela, les agradezco su preocupación… me gustaría estar rodeada de mi familia y amigos. Es por eso que decidimos regresar… pero me gustaría quedarme aquí, si no le molesta… Milord…

- Claro que no Milady… la comprendo… - La Tía Abuela sonrió con satisfacción, mientras que Eliza ponía a trabajar su mente mientras observaba a la pareja.


Teniendo a Eliza cerca, debían tener mucho cuidado con sus conversaciones privadas, ya que en más de una ocasión se le informó de que la servidumbre la había encontrado husmeando y siendo muy grosera con ellos. Mantenía todo bajo el resguardo del Duque. Terrence y él estaban en la biblioteca. Sabía que era muy arriesgado para Candy estar ahí, cerca de esas mujeres que tanto la detestaban, especialmente de la pelirroja… después de lo que había hecho. Por el momento no había hecho el menor intento de acercarse a ella. Ambos estaba orgullosos por que no mostrara ningún indicio de que la hubiera afectado su visita.


"¿Qué estará pasando por la cabeza de esa huérfana?" pensaba mientras la observaba desde su ventana: todo el tiempo rodeada de gente. Le extrañó la forma tan efusiva de saludarla cuando llegó. Por primera vez se sentía desconcertada. "Es… como si no recordara nada… de lo sucedido ese día" No soportaba el hecho de ver tantas visitas a la joven. Llamaron a su puerta, ella pidió que entraran.

- Eliza, aquí estás… - Escuchó la jovial voz del Tío William. - ¿Por qué te escondes?

- Tío… - Sonrió. "¿Vino a buscarme… el Tío William?... ¿A caso él busca mi compañía? – La Tía Abuela no desea verme, así que…

- ¡Tonterías!... – Tomó su mano para besarla mientas la miraba a los ojos. – No hagas caso… En éstos momentos ella está en Edimburgo. – Sin soltar su mano hizo que caminara detrás de él. – Eres una dama muy bella… no es bueno que estés escondida… vamos con los demás…


Desde la distancia se percataban de las miradas que la pelirroja dirigía a la rubia. Archie sentía tanta ira, que le era muy difícil de controlarse, se disculpó con Candy para retirarse. Había dicho que no estaría bajo el mismo techo que Eliza por lo que se había alojado en Edimburgo. Anthony y Karen la miraban con seriedad. Stear y Paty habían decidido juguetear con Teshi, Armand y Clim para evitar decir algo imprudente. Candy estaba tan entretenida con la conversación con el Duque, que le hacía reír por sus ocurrencias para sorpresa de todos.


- Milord… vaya con Mandisa… – Se acercó Thema a decirle cuando lo encontró en la Biblioteca, observando por la ventana a todos en el jardín.

- ¡COMO QUISIERA… - Dijo entre dientes, conteniendo su ira. - ¡ESA MALDITA BRUJA!...

- Por favor, Capitán… sea paciente…

- PACIENCIA… ES LO QUE MENOS TENGO HACIA ESA... ESA MUJER… NO DESPUÉS DE HACER QUE CANDY CASI… - Notó que aún le dolía el rechazo de la joven.

- Lo sé Capitán… pero es la única forma… o ella podría ser más directa y lastimar a Mandisa – En ese momento vieron llegar a la Tía Abuela con Sara. Hay muchas cosas en juego como para que se pierdan en un arranque…

- MADAME ELROY Y MADAME LIGAN NO ME IMPORTAN… SÉ QUE TODO ES CUESTIÓN DE TIEMPO… PERO ELIZA ES MUY CALCULADORA Y ASTUTA… - La vio que se colgaba del brazo de Albert mientras hablaba con ellos la anciana. ¡DEBERÍA SER YO QUIEN…

- ¿A caso ya no le importa Mandisa? – Él miró a la mujer.

- ¡ES PORQUE AHORA ME IMPORTA MÁS QUE NUNCA QUE YO MISMO QUISIERA…

- Pero ella no podría…

- ¡LO SÉ!... – Suspiró volviendo a mirar por la ventana. – Thema, ¿Qué haría yo sin usted para mantenerme cuerdo? – No escuchó su respuesta, se volvió y vio que estaba solo. Volvió a mirar por la ventana. Eliza iba directo hacia la rubia, lanzó una maldición apresurándose a salir al jardín.


Vieron a la joven alejarse de ellos. La Tía Abuela estaba furiosa. Sara se limitaba a bajar la vista.

- ¡Ordené específicamente que no quería verla…

- Disculpe Tía, pero fue mi idea, no sabía que estuvieras disgustada con ella. Además es un bello día… - Contestó William tratando de tranquilizar la ira de la anciana.


Era la primera vez que veía tan relajad y sonriente al Duque de Grandchester y le molestó que la rubia fuera la causante de ello.

- Buen día Candice, ¿Cómo te sientes hoy? – Enfatizó la pregunta de forma mordaz, mirándola de forma extraña.

- Muy bien Eliza, ¿No te parece que es un bello día?... deberías estar con nosotros, Milord cuenta unas historias que lo hacen mejor… - Le sonrió al caballero, quien le correspondió. – Por favor Eliza, siéntate con nosotros…

- Creo que no es buena idea… - Interrumpió Terrence. – Candy… estar cerca de una…

- Terry, por favor… no seas descortés… es mi prima… nada me hace mejor que la cercanía de mis seres queridos. – Sus palabras desconcertaron a todos sus amigos. El moreno vio a la pelirroja mirarle socarronamente.


Continuará…