Éste será uno de los capítulos donde se muestre uno de los diálogos originales del juego casi íntegramente (con algunos cambios aquí y allá, si chirría algo es porque de la mitad no me acuerdo y la otra mitad la he cambiado, con traducción propia y demás). Lo cierto es que el diálogo inicial con Alistair lo vale xD. Más largo que el anterior, espero que se disfrute igualmente.


In Uthenera

Capítulo 2

Ostagar resultaba un lugar imponente para Isilwen, no acostumbrada a ver aquél tipo de construcciones más que de lejos. Ni siquiera había visto campamentos como el que se había organizado allí, pero eso tenía sentido, ya que era un campamento de humanos, pese a todo. Su único contacto con shemlen había sido contado, por los intrusos cerca del campamento de su clan. Y claro, por la irrupción de Duncan en su vida. Duncan, aquél hombre que le había arrancado de su clan, su gente, su familia, para llevársela con él, aludiendo que era la única forma de encontrar cura a la enfermedad que parecía tener. A la enfermedad que se había llevado a Tamlen. Se mordió el labio inferior, tratando de que no le invadiera la rabia y la tristeza de haber perdido a su mejor amigo. Quizás si se hubiera quedado explorando más aquellas ruinas, podría haber encontrado algún rastro de él, aunque fuera mínimo. Pero la búsqueda se había suspendido y todos le habían acabado dando por muerto. No había ya nada que hacer.

No había pronunciado apenas palabra hasta que habían llegado allí, y el shemlen había parecido respetarla, como también le había respetado en su decisión de quedarse para darle el último adiós a Tamlen antes de partir en aquél viaje. Incluso, a pesar de su reticencia inicial, ella había acatado bastante bien la decisión de la Custodia de dejarle marchar con él. "Ésta es tu prueba, da'len, aquella que estabas esperando", le había dicho, y aquello fue suficiente para convencerla.

No obstante, el viaje hasta Ostagar había resultado ser demasiado largo, o quizás a ella se lo había parecido. Lo último que quería era encontrarse con el mismísimo rey de Ferelden nada más llegar, como así ocurrió, y su forma de actuar desganada ante él le valió una mirada de reproche del Guarda Gris veterano. El monarca, Cailan según recordaba que se llamaba, parecía habérselo tomado bien pese a todo, pero eso no cambiaba el hecho de que estuviera agotada, hambrienta y ligeramente malhumorada por cómo se estaban desarrollando las cosas. Y aun así, Duncan ya le había encomendado una tarea: encontrar a un tal Alastor… Alester… bien, ya no recordaba siquiera cómo se llamaba. Y debía hacerlo pronto, ya que la tarde estaba bien avanzada... lo que significaba que no tenía mucho tiempo para descansar, precisamente.

Uno de los guardias apostados en el campamento fue tan amable de decirle dónde podría encontrar a aquél hombre del cual apenas recordaba su nombre, pero aún así, el campamento resultaba ridículamente grande. Se sentía como una hormiga en mitad de un montón de termitas, dispuestas a devorarla. Había ido deambulando por el campamento con desgana, y hasta ahora había ayudado a un hombre a ponerle un bozal a un perro de guerra enfermo, se había encontrado con una maga veterana del Círculo con la que se había entretenido hablando un rato, por mera curiosidad más que nada; había conocido a uno de los demás candidatos para el Ritual de los Guardas Grises, llamado Daveth, y se había enfrentado a un oficial que se había atrevido a tratarla como si fuera su sirviente, o incluso peor que eso.

-¡L-lo siento, lo siento! Ruego que me perdone, señorita, le juro que no sabía quién era. Soy solo un pobre oficial de intendencia que ha tenido… ciertos problemas… con su criada, nada más que eso-se había disculpado el shemlen, encogiéndose sobre sí mismo-. Por favor, no me mate.

Isilwen alzó una ceja, observando con reticencia el patetismo del que hacía gala aquél hombre. Ella nunca había tratado mal a los humanos, les había dejado la mayor parte de las veces en paz cuando se había topado con alguno y siempre y cuando no tuvieran malas intenciones. ¿Por qué ellos sí se empeñaban en tratar mal a su gente? Jamás conseguiría comprenderlo.

-¿Y es así como tratáis los shemlen a aquellos que están por debajo de vosotros?-dijo, todavía con la mirada relampagueante de rabia-. ¿Como objetos desechables a los que se les reclama cualquier cosa que hagan a gritos?

El intendente se estremeció. A Isilwen le resultaba curioso que se sintiera intimidado por una joven una cabeza más baja que él y mucho más delgada... suponía que algo bueno tenía que tener el nuevo status que estaba a punto de recibir.

-Usted no lo comprendería, señorita… esa mujer ha estado dándome problemas. Se ha mantenido ausente toda la tarde… Es evidente que lo he pagado con la…. eeeeh… persona que no era…

La elfa suspiró. Estaba perdiendo el tiempo merodeando por allí y aún no encontraba al contacto de Duncan. Tendría que darse prisa.

-Yo que tú trataría mejor a aquellos que están obligados a servirte-replicó con voz fría, apartando la mirada de él asqueada-. Porque no creo que lo hagan por gusto, viendo lo desagradable que eres.

-S-s-sí…. por supuesto… por supuesto… ¿quizá aceptaría la dama alguna mercancía mía? ¿Como… compensación?

Pero ella ya se había dado la vuelta, dispuesta a salir de allí. Notaba la mirada divertida del otro recluta, Daveth, en ella, pero no pensaba detenerse aquella vez para nada. "Al norte", pensó, mirando a todos los lados para recoger en su mirada los detalles de aquél sitio, una vez más. "El guarda dijo que lo encontraría al norte… pero claro, no se refería al norte que estoy mirando ahora…" Maldijo entre dientes para sí misma. ¿Por qué resultaba aquél lugar tan difícil para orientarse? Quizás era sólo una impresión, pero cada vez que miraba parecía que hubieran ido a cambiar todo de sitio.

-No es por meterme donde no me llaman-Daveth reclamó, una vez más, su atención. En unos pocos pasos llegó hasta ella, aún con la sonrisita en los labios-, pero me preguntaba... ¿necesitas ayuda?

-Yo no...-empezó Isilwen bruscamente, pero consciente de dónde estaba, con quién hablaba y el rato que llevaba andando en círculos por ahí moderó de inmediato su tono de voz y sus maneras. Después de todo sí que necesitaba ayuda, para no tener que seguir rondando por allí eternamente-. Estoy buscando a alguien. Es otro Guarda Gris, allegado a Duncan...

-¿Tienes una descripción física?

-No, nada de eso... me dio un nombre-arrugó el entrecejo, pensativa-. Era Al... Alas... Ali...

-¿Alistair, puede ser?-Daveth esbozó una amplia sonrisa-. Sí, sé quién es. Le he visto antes, o me lo ha parecido... hace un rato ha ido por allí-le señaló hacia un pasadizo hecho con la misma formación de columnas y arcos que rodeaba todo el campamento... justo al lado de donde estaban situados. Isilwen lanzó una maldición en élfico entre dientes-. Si te das prisa lo mismo sigue en el mismo sitio. Y, si me permites...-de repente le tiró algo, que la elfa cogió al vuelo: se trataba de un mendrugo de pan y un poco de queso. Alzó las cejas, sin saber si tomarse eso como una ayuda o alguna especie retorcida de insulto shemlen.

-No he pedido comida...-comentó con desconfianza.

-Puede que no, pero los rugidos de tu estómago se escuchan a millas-ante aquél comentario, la Dalishana se ruborizó, y el recluta soltó una carcajada-. Creo que ésto te ayudaría a aplacar tu hambre un poco. Me sobró a mí. Tranquila, no está envenenado ni nada.

Isilwen todavía observaba el regalo con recelo, pero tuvo que acabar aceptándolo. Después de todo, ella era ahora la forastera en aquél sitio; tenía que acatarse a sus reglas. Pero juraba que no comprendía a los humanos. Hasta ahora, eran demasiado extraños para ella.

-Ma serannas-respondió toscamente, antes de dirigirse con presteza al pasadizo indicado. No tardó en devorar el pan y el queso por el camino; después de todo, Daveth tenía razón, estaba muy hambrienta. Apenas estaba llegando al final del segundo pasadizo, más elevado, limpiándose las manos de migas, cuando vio allí a dos hombres discutiendo. Uno de ellos, moreno, vestía una túnica como la que les había visto a los magos del Círculo; el otro, castaño claro, llevaba una armadura bastante sencilla aunque de metal.

-¡Lo que su Reverencia desee no me importa!-exclamaba el mago, airado, haciendo grandes aspavientos-. Estoy ocupando ayudando a los Guardas Grises, ¡por órdenes del rey, debo añadir!

-¿Debería haberle preguntado que le escribiera una nota?-replicó el otro, ladeando la cabeza con una sonrisa burlona. Isilwen se acercó con sigilo, algo más cerca de los dos hombres, cerca de una de las columnas del sitio, esperando a que terminaran de hablar. Se preguntó cuál de los dos sería el que estaba buscando... esperaba que no fuera el mago. Daba miedo.

-¡Dile que no seré acosado de esta manera!

-Sí-el hombre de la armadura alzó una ceja-, te estaba acosando haciéndote llegar un mensaje.

-Tu labia te priva de crédito-apuntó el mago, despectivamente.

-Y yo que pensaba que nos ibamos a llevar bien. Si incluso iba a llamar a uno de mis hijos como tú... Al cascarrabias.

Al oír aquello último, Isilwen no pudo contener una carcajada, lo que llamó la atención de los dos hombres. Inmediatamente, en cuanto les vio girarse, fingió una tos muy fuerte y un interés súbito en el paisaje de alrededor, tomándose las manos tras la espalda. No quería darles que pensar para que la tomaran con ella, aun cuando era demasiado obvio que había estado escuchando.

Por suerte, ninguno de los dos se dirigió a ella, por el momento. El mago decidió que la discusión acababa en aquél momento.

-¡Suficiente! Hablaré con la mujer, si es que lo veo necesario... -se giró, visiblemente enfadado, para marcharse por el camino por el que ella acababa de venir-. ¡Fuera de mi camino, necio!

-¡Eh!-protestó ella, molesta, cuando al pasar el costado del mago la golpeó. Pero éste ni siquiera se disculpó, siguió su camino murmurando maldiciones. Por los Creadores, esperaba que aquél idiota no fuera el shemlen que estaba buscando. Iba a ser insufrible tenerle cerca...

No obstante, el hombre de la armadura se quedó allí, acercándose a ella. En su rostro estaba la misma sonrisa sarcástica, pero sus ojos, color miel, tenían un deje de simpatía.

-¿Sabes?-le comentó-. Una de las cosas buenas que tiene la Ruina es cómo une a la gente.

Isilwen le observó de vuelta, las cejas alzadas. Examinó al hombre de arriba abajo; era joven, aunque seguramente no tanto como ella, bastante atractivo... para un humano. Por supuesto, que resultase ser una cabeza y media más alto que ella era de esperarse, pero aún con todo resultaba... distinto al resto.

-Eres un shemlen muy raro-fue todo lo que pudo decir. Más raro que los shemlen mismos, y eso ya era decir...

-¿Shemlen...?-repitió él, confundido.

-Humano. En mi idioma.

-Oh...-al parecer, no se había dado cuenta de su condición de elfa hasta ese mismo momento; quizás al no tener las orejas descubiertas del todo tenía algo que ver en ello. No obstante, no pareció muy incómodo por ello. Se encogió de hombros-. Sí, bueno, no eres la primera que me lo dice. ¿Qué necesitas...? Un momento, no serás otra maga, ¿verdad?

-No... no soy maga-intentó recordar una vez más cuál era el nombre del contacto de Duncan-. Estoy buscando a... Al...-resopló, frustrada. ¡No podía ser un nombre tan complicado!

-Si el nombre empieza con Al y termina con istair, entonces soy el tipo que andas buscando-rió el joven de buen humor. Una vez más, Isilwen se maldijo internamente. Intentaría no olvidar más ese nombre, en los días sucesivos.

-¡Eso! Alistair...-respiró con alivio. Por lo menos no era el mago.

-¡Espera! Ya sé quien eres. Eres una de las nuevas reclutas, ¿verdad? Duncan me ha hablado sobre ti-sonrió él, dejando entrever cierta torpeza-. Siento haberme olvidado de eso.

-No importa-aquello calmó un poco los animos de la elfa, quien se encontró sonriéndole de vuelta sin darse cuenta-. Yo no me acordaba de cuál era tu nombre, así que estamos igual.

-Ciertamente-Alistair volvió a reír-. Así que Duncan te ha hablado de mí, ¿eh? Espero que sea por algo bueno... Sabes, me vas a matar, pero me da que no eres la única que se le olvidan los nombres-arqueó una ceja, observándola directamente a la cara-. ¿Cuál es el tuyo?

-Soy Isilwen, del clan Dalishano de los Mahariel. Encantada de conocerte-hizo un asentimiento de cabeza, para presentarse.

-¡Eso es! Ese era el nombre-a Alistair se le vio notoriamente más relajado también, después de aquello. ¿Habría, por fin, un humano en todo el campamento con el que pudiera llevarse bien?-. Bueno, Isilwen, te preguntarás cuál es mi papel en todo ésto. Soy uno de los Guardas Grises más recientes, y como tal me corresponde guiaros a los nuevos en el Rito de Iniciación.

-¿Qué puedes contarme sobre él?-preguntó ella con gran curiosidad, pero eso de inmediato pareció incomodar al hombre.

-La verdad... no mucho. No nos está permitido desvelar detalles... ya lo verás por ti misma-ante la cara enfurruñada de la elfa, rió nervioso-. Lo siento mucho, se lleva haciendo así desde hace siglos. No tardaremos en dar inicio a ello, como mucho ésta noche al caer el crepúsculo...

-Bueno...-suspiró, frustrada-. La verdad es que no entiendo tanto secretismo para algo que va a pasar de inmediato, pero ya que estoy aquí, ¿qué otra cosa puedo hacer, si no esperar?

El Guarda se encogió de hombros, aún notoriamente incómodo. Presentía que había algo allí que no le iba a gustar, en lo más mínimo. No obstante, no podía irse de allí: aquello era la única cura para su enfermedad. Y cuanto antes pasara, mejor.

-Estaba pensando...-Alistair cambió el tema, debido a la tensión repentina-. No hay muchas mujeres en los Guardas Grises. Me pregunto por qué será...

-Oh, no tengo ni la más remota idea... ¿querrías que hubiese más mujeres en nuestras filas?

-¿Sería eso tan terrible?-replicó él, algo dolido-. No es que sea un baboso ni nada... Por favor, deja de mirarme así...-no se debía sentir cómodo con el tema tampoco, porque cambió el tema de nuevo, a pesar de que no había habido ninguna segunda intención en la pregunta de la Dalishana, quien le miraba con cierta estupefacción-. Y dime, por curiosidad, ¿te has encontrado ya con algún engendro tenebroso?

Le llegó el turno a Isilwen de ensombrecer su semblante.

-Sí, hace poco-dijo, sin reprimir la amargura-. ¿Y tú?

Él asintió con la cabeza, repentinamente muy serio. Aquello la sorprendió, no parecía del tipo de personas que fuera serias.

-Cuando peleé con el primero, no estaba preparado para lo monstruoso que era. No puedo decir que esté deseando encontrarme otro... ¿A ti te parecieron tan espantosos como a mí?

-Las palabras para definirles van más allá de eso...-suspiró, tratando de reprimir los recuerdos que tenía asociados a esos monstruos. No quería pensar en Tamlen otra vez, ahora no. Se apresuró a dar un tono frío a su voz para camuflar sus sentimientos-. Por suerte, mueren igual que otras criaturas que puedes encontrarte en el bosque. Con facilidad, incluso.

-Tienes suerte. Muchos de los otros reclutas no se han enfrentado a los engendros antes de ser Iniciados... por lo menos, tú ya tienes una experiencia por tu cuenta y no te resultará tan... chocante.

-Preferiría no haberla tenido... créeme.-musitó, para sí misma. De reojo, vio el sol que empezaba a ponerse-. Er... Creo que si ese ritual secreto debe realizarse tras el crepúsculo, tenemos que darnos prisa, y volver con Duncan.

-Oh, sí, tienes razón, hay que reunirse con los demás reclutas. Si tienes alguna pregunta, sólo házmelo saber, ¿bien?-le sonrió amigablemente, echando a andar-. Por el momento, vamos allá.

-Tengo una-intervino Isilwen, que le siguió hasta llevar casi el mismo paso, bajando juntos por el pasadizo de vuelta a la tienda de Duncan. Se reprendió a ella misma, ciertamente, ¿cuándo no tenía preguntas?-. ¿Qué era aquella discusión con el mago?

-Oh, bueno... resulta que la Reverenda Madre de la Capilla me ha tendido una emboscada. Me mandó a mí de mensajero con los magos, y éstos no se toman muy bien que la Capilla se meta en sus asuntos... lo cual me coloca en una posición algo difícil-Alistair se encogió de hombros, para su agrado parecía de lo más dispuesto a hablar-. Yo antes era un templario.

-¿Qué es un templario?

-Ah, ¿no lo sabes?

-He vivido en bosques y praderas toda mi vida. Todo lo concerniente a vosotros los shemlen resulta prácticamente nuevo para mí... y no hablemos de vuestra Capilla.

-Estoy considerando que los Dalishanos teneis mucha, mucha suerte...


Palabras en élfico(cursiva):

Shemlen: Humano. Literalmente significa "niño rápido", aludiendo a su corta vida (la palabra se acuñó desde el tiempo en que los elfos eran inmortales).

Da'len: Niño/a, término utilizado por el interlocutor para referirse a alguien de menor edad que éste.

Ma serannas: Gracias.