Capítulo III: "La Misión"


"Jamás oirá este lamento que llevo tan dentro de mí."

Podía ver la tristeza en sus ojos con cada movimiento. Se miraban el uno al otro, recordando cada gesto, cada caricia.

Una despedida.

Era de noche cuando comenzó a caminar hacia ellos. No supo cómo llegó allí, aunque tampoco se lo cuestionó. Lo único que sus ojos captaban en ese momento era el largo abrazo entre dos jóvenes: Una muchacha de rostro amable y un elfo en cuyos ojos se veía reflejado la tristeza y el valor.

Seres mágicos...

Todo se nublaba alrededor, mientras las imágenes iban y venían, en todas, los dos mismos jóvenes: Discutiendo, acariciándose, gritando, protegiéndose, llorando, amándose...

Una joven que lloraba. Un joven que se marchaba.

Y todo se volvía oscuridad.

«Y la luna era testigo de nuestra despedida. Sé que no has de regresar porque no he sido capaz de perdonar a tiempo. Y sé que jamás tendré el valor para enviarte este escrito, ni ninguna de las cartas que escribiré para ti. Porque sé que te culpas, sé que no debiste... pero la felicidad no se ha hecho para mí. Estábamos condenados a esto.
Caricias de papel, sólo eso recibiré ahora... Lo sé.»

Ginny abrió los ojos, sobresaltada.

Un sueño, sólo eso.

Su respiración se tornó rápida, mientras escudriñaba el techo de la habitación. Había sido todo tan real... Los jóvenes despidiéndose, todas esas imágenes de dos personas que no había visto jamás.

Trató de moverse, pero algo la hizo quedarse donde estaba: su mano... sintió como alguien aprisionaba su mano derecha con fuerza, como si temiera que ella se marchara si la soltaba. Mientras que sentía como alguien dormía a su lado, apoyado en su hombro.

Una dulce sensación recorrió todo su cuerpo... Se sentía protegida, acompañada.

"Despertar... Despertar junto a ti... Tu piel contra mi piel."

Lentamente, fue volteando su cabeza, sintiendo la pausada respiración de su compañero en su rostro.

Las narices de Draco y Ginny se rozaron... un roce que aceleró la respiración de la muchacha.

Su rostro tan cerca... Su respiración tan suave...

"Sus labios tan pecadores..."

Dejó que su corazón recordara por sólo un momento lo que era despertar acompañada, sintiendo la protección, el calor de un cuerpo ajeno al suyo... Dejándose llevar por un delicado aroma, por un delicado roce. Hasta que se obligó a recordar quién era su acompañante.

-¿¡Qué haces tú aquí! –gritó Ginny, alejando su rostro del de Malfoy.

Draco entreabrió sus ojos y lo primero que vio fue el confundido y horrorizado rostro de Ginny que pedía una explicación.

-¿Eh? –soltó Draco, aún medio dormido y sin entender nada.

-¿¡Qué haces en mi cama! –volvió a gritar Ginny.

-¿Tú cama? –preguntó Draco, mientras que las imágenes llegaban a su cabeza, recordando todo lo sucedido-. ¡Ésta no es tu cama!

-¡Aún así! ¡Sal de aquí! –exigió Ginny, quien, al intentar alejarse de Malfoy, pasó a golpearlo con su pierna.

-¡No me toques! –gritó Draco, malhumorado e intentando levantarse.

-¿¡Tocarte! –exclamó Ginny, enojada-. ¡Tú eres el que no me suelta la mano!

Los ojos de Draco se abrieron de manera inusual al recordar que no había soltado, en toda la noche, la mano de Ginny.

Rápidamente, liberó la mano de la muchacha, haciendo el ademán de limpiarla en su túnica, mientras que Ginny le enviaba una mirada de profundo odio, la cual fue respondida con la misma intensidad.

-¡Veo que ya despertaron...! –la puerta de la morada se abrió y por ella apareció Titania, que sonreía a ambos.

-¿Qué hago aquí? –preguntó una furiosa Ginny Weasley.

-...Y que siguen con el buen humor de siempre –opinó Newt que entraba detrás de Titania.

-¿Qué hago aquí? –volvió a preguntar Ginny, recalcando cada una de las palabras.

-Caíste de un árbol, Ginevra –explicó Titania-. Y el joven Malfoy se ofreció a traerte aquí.

Las palabras resonaron en la mente de Ginny, antes de que ésta mirara a Titania con grandes ojos, para luego voltearse a ver a Draco, con una expresión de sorpresa y confusión.

Draco desvió rápidamente su mirada de ella. No quería ver su expresión, pero tampoco quiso desmentir lo que había dicho Titania.

"Tejiendo mentiras..."

-Será mejor que se levanten –El silencio era avasallador, y Titania decidió romperlo antes de que los jóvenes discutieran nuevamente y se volvieran a marchar-. Joven mago, alguien te está esperando afuera –le anunció a Draco.

-¿Qué? –Malfoy la miró, sorprendido. ¿Quién lo podía estar esperando a él?

-Newt, acompaña a Draco afuera –pidió la Dama Blanca, a lo que el niño asintió con la cabeza.

Draco no quiso replicar. No porque le interesara ir, sino porque no quería dar explicación alguna de por qué había ayudado a Ginny a llegar hasta allí. Se paró suavemente de la cama, y salió de la habitación siguiendo a Newt.

-¿Te sientes mejor? –preguntó la Dama Blanca después de que Draco y Newt abandonaran la morada, sentándose a los pies de la cama y analizando el semblante de Ginny.

-Sí... creo que sí –contestó la muchacha, aún confundida.

-Debes saber que es muy peligroso internarse así como así en el Bosque, en especial sin ninguna protección, y menos aún si no sabes con exactitud a qué lugar te diriges.

-¿Vino a reprenderme? –replicó Ginny, con el ceño fruncido.

-No, no... Yo sólo… sólo quiero pedirte que tengas mucho cuidado –explicó Titania-. Sé que ustedes no me creen mucho, y es por eso que los llevaré donde Tapio.

-¿Donde quién?

-Es el Viejo Sabio, él les dará su misión.

-Un momento... ¿Por qué piensa usted que nos quedaremos aquí? –preguntó Ginny con disgusto. En ningún momento ella había mostrado signos de querer quedarse en aquel lugar.

-Porque no tienen ningún lugar más adonde ir.

Ginny abrió la boca para responder, pero era cierto. Aunque doliera, no había ningún lugar a donde ir.

-¿Por qué simplemente no nos deja volver? –quiso saber Ginny. Volver... sólo eso. Recordar tranquilamente, llorar en penumbra.

-No está en mi poder, Ginevra –explicó la mujer con un dejo de tristeza-. Si yo tuviera el poder... si yo pudiera... los dejaría ir. Pero no está en mis manos.

Ginny la miró con desconfianza, analizando cada detalle en sus ojos, buscando cualquier rastro de mentira.

-Yo sé que... sé que no me he explicado bien pero... si me acompañan donde el Viejo Sabio... Él... él aclarará algunas de sus dudas.

-¿Algunas? ¿Sólo algunas?

-Este bosque encierra misterios, misterios que sólo los que se aventuran pueden descubrir. Misterios de los cuales sólo los mejores pueden salir con vida.

La muchacha la estudió por un momento, planteándose, por primera vez, que Argusthat podría ser cierto.

-¿Es muy lejos? –Ginny se levantó de la cama, dedicándole una media sonrisa a Titania.

-¿Estás dispuesta a ir? –la Dama Blanca no pudo ocultar su asombro, ni tampoco su alegría.

Ginny afirmó con la cabeza, sin pensar en las consecuencias que traería estar dispuesta a ayudar en la liberación de un Bosque que por años había estado cautivo por la oscuridad.

"Libertad..."

Los rayos del sol chocaron en el rostro de Draco, haciendo que éste entrecerrara sus ojos, mientras que su cabello tomaba un tono más hermoso de lo normal.

-Bien... ¿Qué es lo que tienes que mostrarme?

Newt corrió hacia unos matorrales que había cerca, para tirar de una pequeña soga:

-Creo que te pertenece –confesó Newt cuando un precioso "caballo" negro apareció.

Por un momento, a Draco se le fueron los ojos.

-Scorpio... –susurró.

La hermosa criatura alada lo miraba, clavando, con sus ojos, los recuerdos en Draco Malfoy.

-Yo... –titubeo la joven muchacha-. Yo...

-¿De dónde lo sacaste? –preguntó Draco, con desconfianza, mientras sus grises y calculadores ojos se posaban en la criatura negra y esquelética que tenía en frente.

-Es mío –se apresuró a contestar Pansy-. Yo... yo quiero regalártelo.

-¿Qué? –Draco se volteó para mirar a la joven mujer que estaba a su lado-. No. Yo no lo quiero –agregó con una mueca de asco.

Pansy lo miró agriamente, pero no perdió la paciencia:

-Lo vas a necesitar –afirmó la muchacha, mientras se acercaba al animal para acariciarlo-. Los Thestrals te pueden llevar...

-Al lugar que tú les indiques –completó Draco, en cuyos ojos brillaba un dejo de ambición al pensar en las ventajas que podía ganar con un Thestral en su poder.

-Tienen gran sentido de la orientación –corroboró Pansy, con una sonrisa-. Y es tuyo.

-Ya te dije que no lo quiero –respondió Draco, perdiendo la paciencia-. Además, traen mala suerte –añadió el joven como si eso lo aclarara todo.

Pansy dejó de mirar al Thestral para posar sus ojos en Malfoy:

-Tú mismo escribiste tu suerte cuando aceptaste servir al Señor Tenebroso –cada palabra revelaba un poco del rencor que Pansy guardaba para Draco-. Tu destino está escrito en tu brazo izquierdo, Draco Malfoy. Esta criatura no tendrá culpa alguna de lo que suceda contigo por lo que has escogido.

-¡Escúchame bien...! –contestó Malfoy, acercándose amenazadoramente hacia la muchacha, pero el Thestral le cerró el camino.

-Se llama Scorpio –lo interrumpió Pansy-. Y es muy leal.

Draco no hacía más que fulminarla con la mirada; si el Thestral no dejaba que él se le acercara, al menos podría herirla con sus ojos, aquellos que, aunque fríos, podían comunicar el odio más intenso.

-Es tuyo –volvió a informar la muchacha.

Malfoy dejó escapar un respingo, ella jamás le había dicho que tuviese un Thestral.

-Ni siquiera sabía que poseyeras uno de... estos bichos –admitió Draco, como si el tema fuese sacado por casualidad, aunque no pudo ocultar su molestia.

La mirada de Pansy se ensombreció.

Le dolía... Y él lo sabía.

-¡Ese es tu problema, Draco! –le espetó la joven-. ¡Cuando se trata de los demás, tú nunca sabes nada! ¡No importa cuánto haga, no importa cuánto me preocupe por ti, tú... tú...! –Pansy no encontraba las palabras, lo que dijera, no importaba qué, él siempre poseería su corazón. La desgarraba, la dañaba-. ¡Me das lástima!

Y antes de que Draco pudiera reaccionar, Pansy caminaba lejos del lugar.

-¡Un Thestral! –La voz de Ginny llegó a los oídos de Draco, interrumpiendo sus recuerdos.

Porque no importaba qué tan lejos Pansy se encontrara, ella había logrado vengarse de Draco Malfoy de la manera más cruel que se puede castigar a una persona cuyo único interés era él mismo.

"Sentir por alguien... Sentir por ti... es un delirio.
Un venenoso néctar fortificante."

-¿De dónde salió? –preguntó Ginny a Titania.

-Es mío –informó Draco, tajantemente.

-¿Tuyo? –dudó la muchacha.

-Sí, pecosa, eso dije. ¿O es que el golpe te afectó la audición? –se exasperó Malfoy.

Ginny se aguantó para no contestar, más que nada porque algo en ella se sentía agradecida con el joven Mortífago. Simplemente odiaba no devolver la mano, no ayudar cuando a ella le habían ayudado.

"¿Eres capaz de dar tu mano a quien con la suya te señaló?"

-Draco Malfoy. Debo... debo pedirte que vengas con nosotras –habló Titania, entrecortadamente, tratando de suavizar su voz por el temor a una negación.

-¿Qué? –soltó Draco, mientras sus calculadores ojos se posaban en la Dama Blanca.

-El viejo Sabio nos está esperando... Él... él se encargará de aclarar algunas de sus dudas...

-Yo no tengo ninguna duda –mintió el joven-. Tengo muy en claro lo que haré: me iré volando de aquí.

-¿Estás loco? –lo interrumpió Newt, mirándolo con grandes ojos, como si no creyera en lo que oía-. ¡Te van a ver! ¡Una criatura negra surcando los cielos llama mucho la atención!

-¡No te metas, mocoso! –ordenó Malfoy, mientras apretaba con fuerza la soga con la que tenían atado a Scorpio-. Además, los Thestrals son invisibles para quienes no han visto morir a alguien –completó como si aquello fuera una razón suficiente para no poner en duda su decisión de irse volando arriba de un Thestral.

-Sí, claro... Y tú de verdad piensas que quienes los persiguen nunca han matado a criaturas inocentes –respondió el niño con ironía.

-Un momento... ¿cómo que quienes nos persiguen? –se adelantó Ginny, que escuchaba con atención todo lo que decían.

Newt miró primero a la muchacha y luego a Draco, para terminar posando una mirada de ingenuidad en Titania.

-¿No les dijiste? –se sorprendió el niño; aunque la frase, más que una pregunta, era una reprensión.

-¿En qué momento querías que les dijera si cuando no están peleando se meten en problemas? –soltó Titania, con indignación.

-¿Nos persiguen? –preguntó Draco, con una mueca de horror e incredulidad.

-No... o sea, sí, pero... Aún no estamos seguros si... –intentó explicar la Dama Blanca.

-¿Quiénes nos persiguen? –esta vez fue Ginny quien preguntó, aunque su voz era bastante más suave que la de Draco.

-Las... las criaturas oscuras... aquellas que se benefician con la maldad existente en Argusthat –respondió la Dama Blanca, entrecortadamente. Todo aquello era un desastre; no quería alarmarlos, aunque, si no les había dicho nada no era exactamente por no haber tenido oportunidad de hacerlo, si no, más bien, por el miedo a que ellos se negaran rotundamente a ayudar sabiendo a lo que se tendrían que enfrentar. Era ridículo. Sabía perfectamente que se enterarían más temprano que tarde por lo que tendrían que pasar para poder salir de aquel Bosque.

-¿Por... Por qué?

-Si quieren aclarar sus dudas, tendrán que venir conmigo –informó la Dama Blanca con voz firme, aunque aquello no causó mucho efecto.

-Oh, no. ¡Usted nos dice ahora mismo por qué nos persiguen! –Draco había soltado al Thestral, y ahora se encaminaba con paso firme hacia Titania. Quería una respuesta, y todo lo que él quería siempre se había encargado de intentar obtenerlo, aunque no siempre lo lograra.

-¡No es seguro el que ya sepan que ustedes están aquí!

-¡Titania, por favor! –exclamó Newt-. Por supuesto que ya lo saben. Están en todas partes... Debieron haber sentido la presencia de humanos desde que cruzaron...

-Lo sepan o no, es imposible que los ataquen ahora...

-¿¡Nos van a atacar! –se volvió a horrorizar Malfoy.

-No... –contestó la Dama Blanca, tratando de enmendar el error.

-¡Usted acaba de decir que nos quieren atacar!

-¡No es seguro!

-¿Y cómo lo sabe? –insistió Draco.

Titania abrió la boca para responder, pero de ella no salieron palabras. Simplemente no tenía una respuesta.

-Ellos tienen razón, Ania... No lo sabes. Podrían estar en cualquier lugar en este momento. Los querrán encerrar al igual...

-¿¡Qué!

-¡Basta, Newt! ¡No empeores las cosas! –exigió Titania al pequeño niño, quien se aguantó las ganas de no decir nada, aunque en cualquier otra ocasión no hubiese dudado en sacarle la lengua.

-¡Genial! Nos atacan, casi nos matan y ahora resulta que nos persiguen... –soltó Malfoy, mientras enumeraba por todo lo que había pasado en ese día-. Sí... sin duda me quedaré encantado en este maldito Bosque.

-Bien, ¡se acabó! ¡Ya me cansé! ¡Ustedes van conmigo! Si se quedan, las posibilidades de que sobrevivan son casi nulas –Titania echaba chispas por los ojos. Estaba cansada de tener que insistir tanto. Cansada de esperar de los demás lo que no pueden darnos.

-¡Usted no nos puede obligar a nada! –gritó Draco, quien también comenzaba a perder la paciencia.

-No, claro que no. Pero sólo tienen dos opciones: O me acompañan o se quedan y buscan su propia salida mientras que los seres oscuros se encargan de saber en dónde están para atraparlos. Ustedes eligen.

Silencio. El silencio se apoderó de sus voces antes de que Ginny se atreviera a contestar:

-Yo ya di mi respuesta –susurró, con la mirada perdida, tratando de recordar en qué momento se había metido en tantos problemas.

Draco la observó tan sólo un instante antes de voltearse a ver nuevamente a Titania.

-Después de ir, quiero mi varita de regreso –exigió Draco, mientras se daba vuelta para ir hacia Scorpio.

-Bien. Vamos, es por acá –indicó la Dama Blanca, demasiado enojada como para sonreír ante la aceptación de Draco para acompañarlos.

El paso era silencioso, los cuatro caminaban sigilosamente, sin modular palabra alguna.

Titania iba adelante, con la mirada atenta en el camino que iban trazando, mientras apretaba fuertemente los labios, como si eso calmara la rabia que sentía. Muy de cerca, le seguía Newt, quien de vez en cuando alzaba la vista para mirarla con reproche mientras ponía cara de pocos amigos por haberlo hecho callar.

Draco caminaba con Scorpio a su lado, mirando con desconfianza hacia todos los lados, como si cualquier criatura fuese a salir de algún árbol para atacarlos, y de vez en cuando, desenredaba su túnica de las zarzas que parecían haber tomado cierta antipatía con él.

Y Ginny, quien cerraba el grupo, iba con la mirada clavada en Draco, analizando cada movimiento. Sabía muy bien con quien trataba, pero el orgullo se presenta siempre de muchas maneras, y el orgullo de Ginny simplemente no aceptaba que la ayudaran para luego no agradecer por ello.

Punzante. No importaba lo mucho que se hiciera recordar quién la había ayudado ni con qué clase de persona estaba tratando, no podía luchar contra lo que le habían inculcado. Después de todo, sólo sería un "Gracias".

"No. ¿Para qué? De seguro lo obligaron", sí... quizás, intentar convencerse a sí misma ayudaría. "Sí... Pero aún así te ayudó." O quizás no.

"Estás en deuda..." Sí. Aquella era la parte que muchas veces le encantaba cumplir, porque se sentía digna, como si el egoísmo jamás hubiese existido. Pero esta vez era diferente. Esta vez era un Malfoy quien la había ayudado. Una de las únicas personas que hubiese estado dispuesta a matar días anteriores.

Una de las únicas personas que estaba dispuesta a matar.

"Sólo será un gracias..."

Ginny apresuró el paso hasta alcanzar a Draco, quien, a pesar de sentirla a su lado, no tuvo la menor intención de voltearse a verla.

"¿Te rebajarías? ¿Te rebajarías por alguien que no siente por ti...? ¿Por alguien que no quiere sentir por alguien?"

No... No tuvo la menor intención de mirarla hasta que ella le habló.

-Gracias –dijo Ginny a Malfoy, con sus ojos fijos en él. Una voz fría, casi acusadora, como si, en vez de agradecer, culpara.

Draco paró de caminar para posar su gris mirada en ella, sin entender de qué hablaba.

-¿Disculpa? –preguntó.

-Gracias –volvió a repetir Ginny, con el mismo tono decisivo.

-¿Por qué? –continúo preguntando Malfoy, aunque ya sabía la respuesta.

-Por haberme ayudado –se sinceró la joven pelirroja con los ojos clavados en los de Malfoy-. Gracias –Sí... dolía agradecerle a un Malfoy. Pero más dolía no decir nada.

Draco la miró por unos instantes. "Tan débil, tan insignificante."

Por un momento la idea de no decir nada cruzó por su cabeza; la idea de quedar, aunque sea una vez, como alguien amable.

Pero su orgullo se lo impidió.

-No lo hice por ti –respondió, arrogantemente, rompiendo el contacto visual.

Las palabras se clavaron en Ginny cual agujas. Venenoso. Él no hacía nada más que por él.

"Rebajarse... rebajarse por alguien que crees no vale la pena."

-Entonces, haz de cuenta que no dije nada –contestó Ginny, mientras sus ojos destilaban odio y arrepentimiento. Apuró el paso, con furia, para dejar al Mortífago atrás, recordando con claridad la clase de persona que era Draco Malfoy. La clase de persona que creía era Draco Malfoy.

Draco abrió la boca para contestar, pero no pudo... "¿Y qué le dirás? ¿Que lo hiciste por ella cuando sabes que no es verdad? No eres un héroe, Draco Malfoy. Nunca lo has sido, nunca lo serás." Los pensamientos eran angustiosos, o quizás era que las verdades dolían demasiado.

"Se clavan, nos destrozan."

Hay cosas que simplemente no se pueden cambiar. Cosas que no se deben cambiar.

"En ti no cabe más que el egoísmo."

-Siempre eres así, ¿verdad? Tan amargada, tan poca cosa –soltó Draco cuando Ginny le llevaba un metro de distancia. Sí... si no podía generar gratitud, al menos expresaría su disgusto.

Ginny se paró en seco y deseó, más que nunca, tener su varita en sus manos.

Draco sonrió maliciosamente.

-¿Nunca te avergonzaste de ser lo que eres? Una... Traidora a la Sangre... Una Weasley.

La respiración de Ginny se agitaba más y más, mientras sentía como las palabras de Malfoy se clavaban como dagas.

-Debe ser penoso... una niñez bastante difícil... Sin unos padres decentes, unos hermanos buenos para nada... hundida en la más patética miseria.

La muchacha apretaba sus manos con fuerza, mientras sentía como su autocontrol la abandonaba poco a poco. Podía sentir temblar sus labios de ira, mientras sus ojos se llenaban del odio más intenso.

-No te atrevas a hablar así de mi Familia –articuló la muchacha amenazadoramente, mientras se daba vuelta para ver a la cara a Draco.

Malfoy volvió a sonreír.

-Todo lo que he dicho es cierto, pecosa.

Ginny lo miró con asco, con un doloroso rencor dedicado únicamente a él.

"Un ser tan horrendo con rostro de ángel."

-No vales nada, Malfoy... Nada –masculló Ginny-. Predicas pureza mientras que tu alma está podrida.

-Mide tus palabras, Weasley –gruñó Draco, mientras que de su rostro se borraba todo rastro de sonrisa-. ¡Mide tus malditas palabras! Deshacerme de ti es más fácil de lo que crees.

Ginny resopló con burla.

-Me gustaría verte intentándolo –dijo alzando las cejas-. La cobardía corre por tus venas, Malfoy... Ni siquiera fuiste capaz de dejarme tirada... Me ayudaste, ¿no? –sonrió con amargura mientras intentaba disfrutar el efecto que causaban en Draco sus palabras.

Malfoy sintió como el deseo de dañar iba en aumento, pero no se iba a rendir.

-Te molesta, ¿no? Te molesta que yo haya sido quien te ayudó. Yo, por lo menos, hice mi buen acto del día. En cambio tú... Tú debes ser la más podrida de los dos. Ni siquiera fuiste capaz de ayudar a tu propia gente.

Ginny temblaba de rabia. Dolía. Dolía ver que las personas creyeran saber tanto de ella. Dolía no poder convencerse que no era cierto todo lo que Draco decía sobre ella.

Dolía no haber podido recompensar a las personas que había amado. A las personas que le habían amado.

-Murieron sin que tú movieras un solo dedo... –continuó Malfoy, escogiendo cada palabra como si fuesen armas con las cuales destruir a un poderoso enemigo-. ¿De verdad crees que yo soy el único que está podrido por dentro? –se bufó mientras en su rostro volvía a dibujarse aquella cruel e hipócrita sonrisa.

Newt y Titania habían dejado de caminar para voltearse a observar la escena con sumo cuidado.

-¿No deberíamos hacer algo? –preguntó Newt, en un susurro.

-No... es mejor no intervenir. Es preferible que suelten ahora todo ese rencor que llevan consigo... Después... después puede que duela aún más –respondió Titania firmemente, aunque la idea no le parecía muy convincente.

Draco continuaba sonriendo con satisfacción ante la reacción de la muchacha.

Sí... disfrutaba al verla sufrir.

-Eso no es cierto... –susurró Ginny, mientras los recuerdos comenzaban a atacar.

-¿No? –preguntó Draco con voz incrédula, mientras aquella desagradable sonrisa aún se marcaba en su rostro.

-Tú no sabes nada de mi gente –declaró la muchacha, con voz firme.

-Cada vez escuchaba las burlas de los demás mortífagos, jactándose de todo el daño que día tras día provocaban... Y créeme, sus ojos no mentían. Sus sonrisas de satisfacción no mentían –quizás era la rabia que Ginny llevaba consigo en aquel momento, o simplemente no quiso ver el cambio en su agresor... lo cierto era que algo en ella no le hizo notar que la sonrisa de Draco se debilitaba al recordar sus días pasados como mortífago-. Dime, ¿qué hiciste tú? ¿Cuántos de tus hermanos murieron mientras tú dormías plácidamente en una confortable cama?

-¡Cállate! ¡Tú no sabes nada de mi familia! –espetó Ginny, mientras sentía como la ira se iba apoderando cada vez más de ella.

-¡Oh, Claro! ¿Cómo pude olvidarlo? –continúo Draco, fingiendo sorpresa-. Ninguno de tus hermanos murió, ¿verdad? Pero las secuelas que dejaron las batallas en sus cuerpos son cicatrices que ni siquiera San Mungo podrá borrar.

-Todos llevamos cicatrices que ni el tiempo podrá borrar, asqueroso mortífago –soltó Ginny, con rencor e indignación-. Pero nuestras cicatrices valieron la pena; ganamos la guerra, mientras que cada uno de ustedes es ahora perseguido por toda la comunidad mágica. Aquí, o en cualquier lugar, estás condenado... ¡atrapado! No importa cuánto huyas, ni a qué lugar escapes... nunca, ¡nunca sabrás nuevamente lo que es la libertad!

-¡Cierra tu maldita boca, pecosa! –ordenó Draco, mientras se acercaba a ella, peligrosamente-. ¡Puedo acabar contigo en este mismo instante!

-No lo hiciste cuando tuviste la oportunidad de dejarme tirada, no creo que ahora tengas las agallas –se mofó la muchacha, intentando dibujar una sonrisa de burla.

Draco la miró con desprecio y cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, no dudó en tomar fuertemente su mandíbula, mientras clavaba sus ojos en los de Ginny.

Y aquel choque de emociones lo volvió a invadir. Frío, calor... Dolor, felicidad... Emociones y sentimientos que sólo las personas por las cuales había sentido algo más poderoso que el odio le habían hecho sentir.

-Si no te dejé morir antes fue únicamente para recuperar mi varita, no para salvar tu insignificante vida –Draco apretaba con más fuerza la mandíbula de Ginny, quizás creyendo que aquello le haría dejar de sentir todo lo que en aquel momento invadía su alma.

Los ojos de Ginny brillaban de rabia, mientras sentía por unos segundos el dolor que Draco le provocaba al tomarla tan agresivamente. Dolor que poco a poco fue siendo opacado por la misma ola de emociones que Draco sentía al rozar su cuerpo con el de ella. Frío, calor...

Debió haber estado preparada para aquella verdad... Él no hacía nada por otras personas, sólo para sí mismo.

-¿Y qué te detiene ahora? Sabes bien que si tú no acabas conmigo, yo lo haré contigo –lo desafió Ginny, sin hacer ningún esfuerzo por soltarse. Quizás porque sabía que sólo se haría más daño... O tal vez porque no quería parar de sentir aquel torrente de emociones tan confusas como su vida.

-Tú no harás nada –sonrió Malfoy, con satisfacción reflejada en su rostro-. Lo quieras o no, estás en deuda –y tras esto, Draco soltó bruscamente a la muchacha. No podía tocarla más... No si aquello significaba sentir siempre las mismas confusas emociones... ¡No al tocar a ella!

-Prefiero morir antes de devolverte el favor –susurró Ginny, intentando no pensar en lo que el sólo roce de Draco le hacía sentir.

-Eso lo veremos –contestó Malfoy, mientras caminaba, pasando a un lado de Ginny, hacia Titania y Newt, dando por cerrado el tema.

Pero Ginny no se rendiría tan fácilmente.

-Y dime, ¿qué harás cuando logres salir de aquí? –atacó la muchacha-. ¿Te entregarás a la justicia o lo harás más divertido para mí?

Draco se volteó lentamente hacia ella, posando sus grises ojos en el cabello de Ginny que caía, alborotado, sobre su espalda.

La muchacha también se volteó; siempre decía las cosas a la cara, y esta vez no sería la excepción.

-Yo no descansaré hasta verte tras las rejas... pudriéndote en Azkaban, mientras que los años se encarguen de reflejar en tu rostro la sucia alma que por dentro llevas. Y si aún vivo, tendré el placer de visitar tu lecho, saciándome con tu desgracia, sonriendo al ver que el tiempo hará justicia; admirando cómo tus dientes se carcomen y tus ojos se destiñen; extasiándome al observar, con el paso de los años, cómo tu cabello pierde su color, mientras tu cuerpo se debilita más y más, Draco Malfoy.

La respiración de Draco se pronunciaba con cada palabra que Ginny decía; por mucho que quisiera, no podía dejar de imaginar los horrores que le esperaban si lograban encarcelarlo.

-Lo ves, ¿verdad? –sonrió Ginny-. Puedes ver incluso mejor que yo tu destino. Porque sólo tú eres consciente de todo el dolor que has causado en tu miserable vida; y si no soy yo, alguien más se encargará de devolverte todo aquel sufrimiento del cual has hecho esclavo a tanta gente.

Dolía... Y aún así, sonrió.

-La pérdida de Potter te afectó bastante, ¿no es así? –quizá su rostro podía fingir que en realidad lo dicho por ella no dolía, pero sus ojos estaban demasiado distantes a expresar indiferencia en vez de dolor-. Debió ser penoso, ¿no lo crees? Querer por tantos años a alguien; viviendo de ilusas esperanzas y, cuando al fin logras que te tome atención... lo pierdes.

-Yo no lo perdí –negó Ginny en un susurro amenazador-. Me lo arrebataron. ¡Tú y tu gente...!

-Yo y mi gente ¿qué? –la interrumpió Draco, con fiereza-. ¿Crees que al convertirte en una ilusión de Auror lograrás tomar justicia por tus propias manos sin sentir remordimiento? ¿Te crees muy noble por arrestar a magos tenebrosos? Pues déjame decirte algo: ¡Tú gente también asesinó a personas inocentes! –poco a poco, la calma se iba yendo, dándole paso a la rabia y el dolor-. Día tras día arrestaban a personas que luchaban por sus mismos ideales.

-No hables de lo que no sabes –susurró Ginny, en tono de advertencia.

-¡No seas ilusa, pecosa! ¡Yo estuve ahí una y mil veces! ¡Viendo cómo los mataban para mantenerse en el poder, mientras mentían a la gente! –gritó Draco, mientras sus brazos se encargaban de indicar lugares a diestra y siniestra-. ¡Yo estuve ahí cuando "tu gente" asesinó a personas inocentes!

-¡Yo también estuve ahí cuando tu maldita gente me quitó a personas que amaba! ¡Las torturaron hasta la muerte! –gritó, también, Ginny.

-¡Tú nunca hiciste nada para defenderlos, pequeña Weasley! –soltó Malfoy con cierto rencor en su voz-. Dejaste que los demás hicieran el trabajo sucio por ti, ¿no es así?

-¡Deja de hablar de lo que no tienes idea, maldito Mortífago! –la muchacha sentía que ya no se podría controlar... Quería gritar la verdad, pero no podía. No le daría en el gusto-. ¿De pronto eres muy decente? Dudo mucho que tú hayas movido un sólo dedo para defender a alguien...

-Pero te ayudé a ti, ¿no? –se mofó el muchacho mientras la rodeaba como un lobo rodea a su presa-. Mi misión nunca fue cuidar de alguien, pecosa... Pasé noches enteras causando temor, Weasley... Noches enteras escapando y viendo como las autoridades no eran capaces de detener a los verdaderos causantes... Eran patéticos.

Ginny se quedó quieta, sintiendo como Draco caminaba a su lado. Sabía que no mentía y, sin embargo, le molestaba creer que él tenía razón.

-Haré que te pudras en Azkaban, Malfoy...

-Recuerda que estás en deuda, pecosa –se burló Draco, cuando estaba justo detrás de ella-. ¿Podrás vivir con aquel cargo de conciencia? Saber que yo te ayudé... y que no me devolviste la mano... Dudo mucho que puedas vivir con eso –una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Una sonrisa sombría, que sólo expresaba satisfacción.

Ginny no se volteó a verlo, pero sentía como su cuerpo temblaba al tenerlo tan cerca. No era miedo... Era asco.

Asco de tener tan cerca a una persona que había causado tanto daño.

Y aún así estaba dispuesta a pagar su deuda.

-Cuando te devuelva la mano... Te mataré –susurró Ginny al mismo tiempo que se volteaba para verlo cara a cara.

Era difícil saber si lo que movía a Ginny para devolverle la mano a Malfoy era honor o simplemente capricho, pero cualquiera que fuese la opción verdadera, la joven Weasley estaba dispuesta a ayudar a Draco con la misma intensidad con la que deseaba liberar al mundo mágico de su presencia.

-No seas ilusa, Weasley... –rió Malfoy. Una parte de él quizás sabía que Ginny hablaba muy en serio, otra se negaba a aceptar que ella pudiese hacer algo por él-. ¿Piensas que voy a creer que alguna vez salvaste a alguien? ¡No te puedes cuidar ni tú y piensas devolverme la mano...!

-Cuida tus palabras, idiota, que tampoco pienso ser tu niñera –advirtió la muchacha, cuyo humor comenzaba a empeorar con cada palabra que salía de los labios de Draco.

-¡La que debe cuidar sus palabras acá eres tú, pecosa! –grito Malfoy, indignado ya con la manera en la que Ginny se refería a Él-. ¡Puedo acabar contigo con las manos atadas y lo sabes bien...!

Pero Ginny ya no escuchó más.

Sus ojos se posaron en los árboles, de cuyas copas comenzaron a salir aves que volaban con tal apuro que daba la impresión de que algo o alguien las hubiese atacado.

-¡...Y si no lo hago es porque tu sola presencia me da lástima...!

La muchacha podía observar como los mismos árboles comenzaban a agitarse, como si algo muy grande los empujara para poder pasar.

Ginny vio la oportunidad que necesitaba ante sus propios ojos. Sólo tenía dos opciones, y aunque costara, ¡aunque doliera...! Ella le devolvería la mano a Malfoy. No porque lo quisiera vivo, sino porque su propio orgullo no le permitía estar en deuda con una persona a la cual ella había aprendido a aborrecer.

¿Y es que acaso había tenido otra opción?

-¡...Aunque te haría un gran favor al dejarte morir...!

Sólo tendría que esperar el momento indicado... Sentía como en cada latido la oportunidad de devolverle el favor a Malfoy se acercaba más y más. Sin importar las palabras que él ahora dirigiera para ella... Sin importar la duda que iba creciendo en su interior con cada segundo. Ginny había elegido una opción, y no daría pie atrás.

-Sinceramente creo que... ¡Ahg! –pero Draco no logró sincerarse. El tibio cuerpo de Ginny se lanzó sobre el suyo, haciéndolos caer a ambos al suelo, mientras Ginny, hábilmente, inmovilizaba a Draco con su propio peso, ayudada por sus piernas y brazos para impedir que Draco se zafara y cometiera alguna estupidez que le costara la vida y su oportunidad para devolverle la mano.

-¿¡Qué dia...! –pero antes de que Draco lograra terminar lo que iba a decir, una gran y oscura sombra voló a menos de un metro de sus cuerpos, tan cerca que pudo sentir como su cabello se alborotaba con la brisa que había provocado aquel ser al pasar.

-¿Qué crees? –susurró Ginny muy cerca del oído de Malfoy-. Acabo de hacer mi buena acción del día.

Draco respiraba con dificultad, no sólo por la impresión que había causado aquella mancha negra volando encima de él, sino también porque Ginny lo estaba aplastando.

-¿¡Están bien! –preguntaron Titania y Newt al unísono, mientras se acercaban corriendo hacia ellos, mirando a todas partes con desconfianza. Aquello pudo haber sido una advertencia, o un verdadero ataque, pero una casualidad no era.

Ginny se puso de pie con cuidado, intentando tocar lo menos posible a Malfoy en aquel intento, algo bastante irónico después de haber estado encima de él.

-Sí... –sonrío la muchacha, incapaz de ocultar aquel sentimiento de satisfacción que la invadía-. Acabo de saldar mi deuda.

-Y créeme que te arrepentirás, pecosa... –advirtió Malfoy, quien parecía haber reaccionado al fin-. ¡Te arrepentirás...!

-Prefiero salvarte la vida antes que deberte algo–soltó Ginny, quien mantenía su sonrisa.

-¿Mi vida? –preguntó el Mortífago con ironía-. No seas ilusa, yo hubiese podido agacharme a tiempo.

Ginny arqueó una ceja mientras soltaba una carcajada.

-¡Maldito malagradecido...! – soltó en un susurro. Había olvidado, quizá, lo arrogante que podía llegar a ser una persona-. ¡Si no fuera por mí –continuó Ginny- esa... "cosa" quizás qué te hace!

-¡Si no fuera por mí, tú ni siquiera estarías aquí, pecosa!

Sí... Las promesas duelen.

-¿Y qué hiciste tú por mí? –se bufó la muchacha, altaneramente-. ¡De seguro hasta me arrastraste! ¡No creo que te hayas atrevido a tocar a una "traidora a la sangre"! –Ginny hasta parecía sonreír. Quizá no muchos podrían sentirse orgullosos de ser llamados así, pero los ojos de la muchacha brillaron de tal manera que Draco observó en ellos no vergüenza, sino un profundo orgullo por aceptar a quienes provenían de familias no mágicas.

-Yo no he hecho nada que tú no harías frente a un Mortífago, Weasley –sus ojos denotaban seguridad, y es que a veces el tiempo y el rencor ayudan a engañar y mentir muy bien. Lo cierto era que, por muy distintos o parecidos que fueran, ambos tenían un pasado. Un pasado que los había condenado a estar en donde ahora estaban.

Ginny no contestó, pero tampoco despegó sus ojos de los de Draco.

Quizá es por eso que también te ataron a una.

Los árboles comenzaron a mecerse nuevamente, mientras el suave sonido de las hojas acariciadas por el viento se escuchaba a lo lejos.

Newt y Titania no se atrevían a intervenir, pero sus ojos destellaban preocupación, y no exactamente por la discusión que parecían mantener Ginny y Draco.

Una fría brisa heló sus cuerpos, y tanto Titania como Newt comprendieron que aquello había sido un ataque, y que aún no terminaba.

La Dama Blanca abrió la boca para advertir el peligro que corrían, pero la impresión de ver otra mancha negra volar tan cerca de ellos la silenció.

Un grito entremezclado con sorpresa y temor se dejó escuchar; segundos más tarde, Draco, Newt y Titania se percataron de que Ginny ya no estaba.

Draco, que unos instantes atrás había estado mirando a Ginny, sintió como una nueva brisa helaba su cuerpo. La muchacha ya no estaba, aquella mancha negra había vuelto a surgir para atacarlos y Ginny había desaparecido junto con aquel ser frente a sus ojos.

-¡Oh, no...! –dejó escapar Titania mientras sus ojos no se despegaban del lugar en el que antes había estado Ginny, como si esperar a que la muchacha fuese a aparecer en cualquier momento.

Newt abrió sus ojos, mientras tragaba saliva, como si eso ayudara a digerir lo que acababa de pasar.

-¿Qué...? –tartamudeó Malfoy, que aún estaba en el suelo-. ¿Qué fue eso? –completó, mientras que con su mano izquierda indicaba la dirección que había tomado la mancha negra.

Titania reaccionó ante la voz de Malfoy, pero no lo miró, aún así, se percató de que Ginny no aparecería en el lugar en el que antes había estado.

Draco estaba a punto de exigir nuevamente una respuesta, pero sólo alcanzó a abrir la boca antes de que Titania se recogiera el vestido que llevaba y echara a correr en la dirección donde la mancha negra se había dirigido.

-¡Ania! –gritó Newt, quien comenzó a correr tras de ella-. ¡Espera, Ania!

Draco se levantó del suelo inmediatamente, sorprendido de la agilidad de ambos seres, y aún más sorprendido de que lo hubiesen dejado abandonado. Aun así, no pensaba quedarse en ese lugar a esperar que algo más lo atacara.

Miró hacia las copas de los árboles que estaban en la dirección en que Titania y Newt habían ido, y observó cómo se movían, a lo lejos, siendo empujadas por algo muy grande o poderoso.

Malfoy se volteó hacia su Thestral, mientras contemplaba, con nostalgia, su oscura belleza, recordando como Pansy se pasaba tardes enteras acompañada de Scorpio.

Un suave batir de hojas llegó a sus oídos, interrumpiendo sus recuerdos, un sonido que cada vez parecía acercarse más a él.

-¡Cuidado!

Draco pudo escuchar la voz de Newt que gritaba desde lejos, y no lo pensó dos veces antes de arrojarse al suelo, cayendo boca abajo, suavizando la caída con sus manos, mientras pegaba su cabeza a la superficie, junto con todo su cuerpo.

Una nueva ráfaga de aire elevó sus cabellos, mientras sentía cómo una sombra pasaba por encima de él.

Su respiración se aceleró, mientras sentía como su cuerpo se helaba; era la segunda vez que lo atacaban.

Unos pasos apresurados muy cerca suyo lo hicieron reaccionar, pero no lograron disipar el temor que comenzaba a invadirlo.

-¡Rápido! ¡Párate! –le ordenó Newt, quien se acercaba corriendo hacia Malfoy-. ¡Debemos irnos de aquí...!

Draco volteó su cabeza hacia él y no quiso replicar. Se paró rápidamente, mientras miraba a todas partes, como si esperase que algo más apareciera para atacarlo.

-¿Qué...? –jadeó Draco-. ¿Qué fue eso?

-Te lo explicaré más tarde –contestó Newt, apresuradamente-. Ahora, sube a tu Thestral, debemos escapar de aquí.

-¿Y dónde iremos? –preguntó Draco, recuperando su irritante humor, intentando ocultar el miedo.

-Sube al Thestral –ordenó nuevamente Newt, esta vez, con una voz mucho más áspera y clara-. Debemos seguir a Titania.

-¿Estás demente, mocoso? ¡Acaba de irse detrás de la cosa que intentó atacarnos! ¿Por qué crees que la voy a seguir?

-Buscas respuestas, ¿no es así? –contestó Newt con un tono de suspicacia que no agradó mucho a Malfoy.

-No arriesgaré mi vida para obtener respuestas que no sé si me interesen, mocoso –respondió Draco, sin despegar la vista de Newt, quien sonrió al escuchar la respuesta.

-Sabes bien que no tienes nada más que perder, a no ser que tu vida sea muy valiosa para ti... –continuó Newt, sin dejar aquel tono que comenzaba a exasperar a Draco.

-Por supuesto que es valiosa, mocoso, y nunca lo pongas en duda –respondió el muchacho, tajante.

-Entonces sabes que si te quedas aquí corres más peligro de perder la vida que siguiendo a Titania.

Draco abrió la boca para replicar, pero cayó en la cuenta que, lo que sea que lo hubiese atacado, volvería por él tal y como lo habían hecho con Ginny.

-¿Tienes miedo? –preguntó Newt, pero la única respuesta que tuvo fue una desagradable mirada-. Eres un mago, ¿no? –sonrió el niño con una sonrisa de suficiencia que terminó por convencer a Malfoy de lo que pensaba hacer.

Draco alzó una ceja, mientras lo miraba arrogantemente:

-Más que eso –aseguró, para luego voltearse hacia Scorpio. El Thestral dobló un poco sus patas delanteras, para que Draco pudiera subir con más facilidad. Newt observó la destreza de Malfoy al montar en su Thestral y sonrió-. Soy un Mortífago –concluyó Malfoy con una sonrisa de superioridad muy desgastada.

Hubo un tiempo en el que aquella frase lo hacía sentir orgulloso, superior... Ahora, cuando los recuerdos venían a él cada noche y cada momento en el que intentaba estar en paz, ya no podía sentir el mismo orgullo.

"Mírame a los ojos, mátame con aquella fría mirada si quieres, pero dime que nunca te sentiste vacío con todo esto y sólo entonces comenzaré a creerte."

Draco se abrazó al cuello del Thestral y susurró, sin siquiera cuestionarse si el Thestral entendería lo que él quería que comprendiese:

-Busca a la pecosa.

Scorpio fijó sus blancos y brillantes ojos en las copas de los árboles que minutos antes se habían movido. Era un Thestral inteligente, y hasta ahora sólo una persona humana lo había sabido apreciar: Pansy Parkinson.

Scorpio comenzó su galope, acostumbrado ya a ser rápido cada vez que lo montaban.

-Eras un Mortífago... –susurró Newt antes de cerrar sus ojos para convertirse en una pequeña y centellante luz que siguió a Draco, quien cabalgaba hacia donde, minutos antes, había visto que las copas de árboles se movían.

Promételo...

El viento golpeaba su rostro fuertemente, mientras el Thestral seguía el mismo camino por donde se habían llevado a Ginny.

Tu deuda... Tu deuda será mi deuda.

Draco cerró por unos instantes sus ojos, intentando calmar las ganas de no hacer nada. Le parecía absurdo e increíble lo que estaba haciendo, pero era una promesa. Y ayudar a Ginny no era más que el eco del remordimiento que carcomía su ya desesperanzada alma, su ya roto corazón.

-Draco... –susurró la joven mujer, que yacía herida en sus brazos.

-¡Sht...! No hables... –la calló el joven que estaba hincado, sosteniendo el cuerpo de aquella muchacha con sus piernas, mientras que con su brazo izquierdo le sujetaba la cabeza.

-Draco... prométeme... –intentó hablar la joven, pero fue interrumpida por él.

-No hables... –volvió a pedir Draco, esta vez más despacio que antes. Le dolía tanto verla en ese estado-. Ésta... ésta es nuestra misión –continuó, asiendo énfasis en la palabra "nuestra", como si con eso borrara algo de la frialdad que siempre uso para con ella- y la cumpliremos juntos.

Pero ella parecía no escuchar, quizá ya era tarde para convertirse en alguien amable:

-Prométeme que si me pasa algo... tú pagarás mi deuda –el cuerpo de la muchacha temblaba en los brazos de Malfoy -. Promételo, Draco...

Si sólo se tratase de dinero... pero para ella era algo más importante que unos cuantos Galeones.

-Tú no puedes pedirme eso... No puedes –la voz de Draco se volvió más áspera, él se sentía culpable y estaba seguro de que ella lo sabía, pero aquello... aquello atentaba contra su propio orgullo, algo que tiempo atrás no hubiese estado dispuesto a sacrificar, pero que ahora, cuando ya casi todo era incierto, se volvía en una dolorosa opción.

-Por favor, Draco... –le dolía tanto, él no se imaginaba cuánto le dolía a ella; después de haberse prometido no rogarle a nadie nunca más, volvía a hacerlo; volvía a pedir algo a la persona que menos deseaba la viese débil una vez más. La persona por la cual su corazón cada vez se volvió más y más fuerte, como también más y más frío.

-¿¡Cómo puedes pensar en Potter cuando es tu propia vida la que corre peligro! –los ojos de Draco brillaron de una forma tan especial, de una forma que a ella le hubiese dado esperanzas, tiempo atrás, de que aquel sentimiento que no parecía desaparecer sino que crecer más cada día en su corazón fuese correspondido. Ahora el dolor que embargaba su alma al sentir que sus días felices habían sido tan pocos comparados con los días y noches de sufrimiento le impedían ver el sincero dolor de Draco.

-Él... Él salvó mi vida... cuando nadie más estuvo dispuesto a hacerlo... –continuó la muchacha, intentando ser fuerte para no llorar, mientras sentía que sus ojos se le cerraban poco a poco.

Ella pudo haberlo dejado todo en ese momento, y él lo sabía. Cerrar sus ojos y dejar que su alma se fuera con el viento. ¡Ser libre al fin...! Mirar hacia atrás y ver únicamente una extraña sombra que desaparecía con el tiempo.

Pero decidió vivir.

Viviría para saldar su deuda.

Sólo el tiempo le enseñaría que se puede salvar la vida de alguien de muchas formas.

Draco abrió sus ojos lentamente, sin preocuparse en dónde estaba ni cuánto había recorrido con su Thestral, sólo se preguntaba: ¿cuándo? ¿Cuándo los recuerdos dejarían de atormentarlo?

Puedes cabalgar hacia un horizonte lejano...
Esconderte en los lugares más inhóspitos...

Deseaba saber si algún día lograría librarse de todo aquello que tanta angustia le había causado. No sabía cuándo había comenzado a sentir culpa, sólo sabía que con cada recuerdo, una punzada de dolor, de nostalgia, de tristeza le hacía recordar sus crímenes.

Pero una promesa... una promesa no se olvida.
Carcome...
Hasta convertirse en un deber.

Ginny abrió los ojos, lo último que había sentido era una fuerte brisa arrastrarla entre los árboles, y ahora la cabeza le dolía, mientras sentía como la superficie que la sostenía temblaba.

Pero también sentía una mano apretando fuertemente su cintura, como también sentía la brisa acariciar su cuerpo.

Cuando intentó moverse y ver bien en donde se encontraba, una forzada voz le susurró:

-Tranquila, ya está a salvo.

Ginny se estremeció, mientras intentaba afirmarse de lo que pudiera, pero aquel brazo sosteniendo su cintura no la dejó, y fue entonces cuando se percató que no estaba en tierra firme, sino que montada en un Thestral.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente antes de voltearse, instintivamente.

Esperaba encontrarse con un rostro humano, hasta hubiese aceptado encontrarse con alguna otra criatura mágica, pero no esperaba encontrarse con un encapuchado.

Unos profundos ojos azul grisáceo, que se oscurecían gracias al tinte negro que aquel hombre había usado para pintar el contorno de sus ojos, le devolvieron la mirada.

-No grite... –pidió el hombre. Sus mejillas, nariz, boca y barbilla estaban tapados por una tela negra, no así sus ojos, su frente y su negro cabello liso que le daba un aire aún más tétrico con aquel mechón cayendo, elegantemente, sobre su frente.

Ginny lo miró con desconfianza, pero no pudo dejar de notar que, aunque la apariencia de aquel hombre la intimidaba en cierto modo, su voz tenía un dejo de calidez, y sus ojos tenían cierto brillo, un brillo que extrañaba volver a ver en unos ojos esmeralda tan puros... tan llenos de vida.

-No pensaba gritar –respondió Ginny con voz ronca, intentando parecer firme, aunque la situación no la ayudara en mucho. "Pensaba tirarte del Thestral y exigirte una explicación".

Aquel hombre no contestó, pero Ginny hubiese jurado que detrás de aquella tela negra, una sonrisa se había dibujado en ese rostro encubierto.

Al notar que el Thestral no paraba, la muchacha comenzó a preocuparse, mientras que su cabeza se llenaba de preguntas. ¿A dónde la llevaba?

-No se preocupe –su voz, aunque forzada, era la de un hombre joven, un hombre que parecía sentir la preocupación de Ginny-. La llevo a un lugar en donde pueda estar segura.

Sus oscuros ojos parecían no mentir, y aún así, el miedo a no saber dónde estaba ni a qué lugar la llevaba comenzaba a invadirla.

Ginny se volteó, para ver mejor el camino; no parecía muy distinto al lugar en donde antes había caminado con Titania, Newt y Draco...

-¡Un momento! –soltó la muchacha volteándose nuevamente hacia el encapuchado-. ¿Dónde... dónde están los demás...? ¿Qué... qué pasó con ellos?

El muchacho la miró, dudoso, hasta que por fin contestó:

-Lo siento... no sé de qué me habla... estaba sola cuando...

-¡No! –chilló Ginny-. Algo… algo me arrastró entre los árboles…! Yo… yo estaba con ellos y ahora… ¡Ahora estoy aquí!

-Cálmese –pidió el joven, sin perder aquel toque de caballerosidad-. Por favor... no se preocupe, volverá a verlos, ya casi llegamos.

Ginny respiraba muy agitadamente. Intentaba no alarmarse, pero, al parecer, no funcionaba.

Trató de recordar lo sucedido, pero sólo árboles pasar y el ruido que hacía el Thestral al avanzar era lo que a su mente llegaba.

Su cabeza le daba vueltas. ¿"Ya casi llegamos"? ¿Llegar? ¿A dónde?

Ella misma interrumpió aquellas preguntas, no así las ganas de obtener respuestas, al notar que el Thestral comenzaba a disminuir la velocidad.

-¿Usted...? –comenzó Ginny, intentando mantener la calma-. La "cosa" que me llevó... era... era negra... Usted... ¿Usted me...?

-No –respondió el joven, con voz golpeada-. La encontré justo antes de que se convirtiese en el almuerzo de aquella "cosa" –explicó el muchacho, con un tono que dejaba notar que Ginny lo había ofendido-. Las crías, por lo general, son bastante torpes. Esta en particular lo era. No fue difícil sacarla de allí con vida, pero debe ser cuidadosa.

El Thestral por fin paró y el joven soltó a Ginny para bajar a tierra firme:

-El Bosque es engañoso, al igual que las criaturas que en ella habitan –continuó el muchacho, ya en tierra, mientras le tendía una mano a Ginny para que pudiese bajar mejor del Thestral.

La muchacha aceptó la mano con cierta desconfianza en sus ojos, intentando bajar rápido. El joven apretó la mano de Ginny suavemente, y bueno o malo, ella no podía negar que aquellas cálidas manos le dieron más confianza.

-¿Dónde estamos? –fue lo primero que preguntó cuando pisó suelo, soltando la mano del joven con la misma timidez con la que la había aceptado.

-Está en donde ellos querían que estuviese –respondió el joven, caminando hacia el Thestral.

Ginny no podía dejar de notar que su voz parecía fingida, como quien intenta hablar más grave para que su voz no sea reconocida.

-¿Quién...? –comenzó Ginny, cuando vio que aquel hombre subía a su Thestral-. ¿Quién es usted?

-Alguien que lucha por la libertad –respondió el joven-. Manténgase siempre alerta, los enemigos siempre están cerca, intente sentirlos antes de que sea demasiado tarde.

Ginny abrió la boca, confundida, para intentar preguntar algo más, pero el Thestral ya había volteado y comenzaba a galopar. La muchacha pensó en gritar para llamar la atención de quien ahora se alejaba, pero un delgado pedazo de tela deslizándose por el aire a unos cuantos centímetros de ella llamó su atención.

La atrapó rápidamente, con la habilidad propia de quien ha sido buscadora, y la estiró con ambas manos. El dibujo de una rosa de pétalos blancos comenzó a aparecer en el pequeño trozo de tela negra, mientras una mano invisible parecía escribir con tinta carmesí en el pedazo de tela, hasta que una frase pudo leerse claramente:

«Los Caballeros de la Rosa.»

Ginny leyó la frase en un susurró, y cuando alzó la vista, el joven y el Thestral habían desaparecido entre la espesura del Bosque.

Draco seguía cabalgando, sin encontrar rastro de Ginny o Titania. En un impulso de quien desconfía, dirigió su mirada hacia atrás, sin distinguir nada extraño, excepto una pequeña luciérnaga que parecía seguirlo.

Dio un pequeño respingo antes de voltear su cabeza y, al hacerlo, supo que algo sucedería. Sintió, por un breve instante, que alguien se acercaba.

En un acto reflejo, no dudó ni un segundo en llevarse la mano a su cintura, sin recordar que su varita ya no se encontraba allí. Su mente comenzaba a recordar cuando Scorpio alzó del suelo sus patas delanteras. Draco se afirmó como pudo del cuello del Thestral, mientras sus ojos seguían fijos en el camino que frente a él se presentaba.

De entre los árboles, la figura de un Thestral con un Jinete que se mimetizaba con el negro de la criatura emergió dando un salto, elevándose unos dos metros por encima del suelo a unos cuantos pasos desde donde Malfoy y Scorpio se encontraban.

Por un momento, Draco pensó que se trataba de un Mortífago, pero aquello no era posible.

La oscura criatura pareció detenerse en el aire en el mismo momento en que su Jinete dirigió su mirada a Malfoy, quien, afirmado fuertemente del cuello de su Thestral, le devolvió la mirada, sintiendo como su respiración se cortaba por un breve instante mientras en su pecho las emociones se iban confundiendo.

Draco sentía como, lentamente, Scorpio iba incorporando sus patas delanteras al suelo.

El Jinete volteó su cabeza nuevamente para posar ahora su mirada y atención en el camino a seguir.

En el instante en que Scorpio posó sus patas en el suelo, el Jinete y su Thestral desaparecieron entre la espesura del Bosque.

Por un instante, Draco quiso seguirlos, sintiendo la curiosidad invadirlo, mientras su cabeza comenzaba a generar explicaciones.

Quizá era una trampa, una señal, un guía hacia la salida de aquel maldito Bosque o quizá una ilusión generada por su propio cansancio y la falta de comida.

-Nunca olvides el objetivo –dijo una voz cerca suyo.

Draco volteó y se encontró con Newt a poco más de un metro tras de él.

-¿De qué hablas, enano? –preguntó Malfoy de mala gana, intentando contenerse para no seguir a aquel Jinete y su Thestral.

Newt suspiró antes de contestar:

-Se supone que ibas a buscar a Ginevra y a Titania –respondió Newt, con un tono de acusación que no agradó a Malfoy.

-Pues era lo que hacía antes de que aquel... Hombre y su Thestral se cruzaran en el camino –alegó Draco con todas las intenciones de darle un coscorrón al niño, por entrometido.

Newt, que sabía que sería tiempo perdido discutir con Malfoy en aquellos momentos, decidió cerrar sus ojos y volver a convertirse en la pequeña luz que minutos antes seguía a Draco.

Malfoy abrió los ojos mientras daba un respingo al ver la transformación de Newt. Era irónico como seguía sorprendiéndose con esas cosas luego de ver y vivir tantas transformaciones.

-Vamos, Scorpio –susurró Draco, controlándose para no seguir al Jinete-, sigamos buscando a la pecosa y a la vieja loca.

Claro que la sola idea de tener que enfrentarse con quién sabe qué cosas para salvar a la detestable pelirroja sólo porque la joven no pudo esquivar al ser negro a tiempo era ya desagradable, pero si lograba ayudarla, quizá podría sentirse menos culpable.

Nuestras culpas son así...

Y, sin embargo, perdía cada vez más la esperanza de poder limpiar, aunque sea un poco, su conciencia.

Entre más intentas eludirlas, más se clavan en tu conciencia, en tu corazón, en tu espíritu... y en tu alma.

Cabalgaba llevado por la obligación y por un mínimo halo de esperanza que parecía extinguirse entre más avanzaba.

¿Y si Ginny ya estaba muerta? ¿Se sentiría culpable él también por ello?

"No... pensaba dañarla la noche anterior, ¿por qué me sentiría peor si estuviese muerta?", se decía Draco, recordando lo mucho que quería destruirla tanto como a él lo habían destruido.

Y aún así, ahora cabalgaba para intentar rescatarla.

Odiaba aquellos lapsos. Y los odiaba porque llegaba a dudar hasta tal punto que no sabía quién era él realmente.

Y cuando nadie esté allí para apoyarte,
Cuando sientas que necesitas de alguien más que nunca,
Cuando realmente te sientas solo y pruebes el amargo sabor de creer que ya no hay salvación...
Será cuando realmente extrañes sus dulces caricias, las que tantas veces rechazaste,
Y aquellas palabras capaces de hacerte sentir esperanza...
Capaces de lograr que ya no te veas como un tirano, como un monstruo... aunque lo seas.

Los odiaba porque ya no entendía si era un monstruo o un arrepentido.
Si tanta culpa sentía, ¿por qué estaba dispuesto a atacar si alguien se interponía en sus acciones?
Y si era un monstruo, ¿por qué a veces quería volver el tiempo atrás y enmendar sus errores?
¿Por qué sentía aquel deseo, aunque aún leve, de ser perdonado si ni siquiera él sabía si estaba dispuesto a perdonar?
¿Por qué?

-¡Cuidado, muchacho! –una voz le llegó desde lejos, como si él se encontrara en un gran y profundo pozo de los recuerdos, y quien le hablara estuviese en la superficie.

¿Cuidado? ¿De qué?

Su mirada estaba perdida, como si a través del paisaje otra escena viesen sus grises ojos, y no el camino y Ginny, que era lo que en frente de él se encontraba.

Sólo pareció despertar cuando Scorpio hizo una maniobra que él no había ordenado.

-¡Maldito idiota!-gritó una furiosa Ginny, desde el suelo-. ¡Por poco y me atropellas, imbécil!

Malfoy, quien despertaba de sus recuerdos, se volteó rápidamente. Ni siquiera se había dado cuenta de que Ginny estaba en el camino. Y es que quizá se había olvidado que seguía un camino.

Pestañó un par de veces, confundido, hasta que logró tomarle el peso a las palabras de la joven pelirroja.

-Pues si fueses más ágil, nada te pasaría, pecosa –respondió Draco, con voz ronca y firme.

-Y si tú fueses más inteligente, sabrías la importancia de ver hacia dónde vas –respondió Ginny-, tarado –concluyó susurrando y levantándose del suelo.

-Un día de estos, Weasley –habló Draco, mientras bajaba de su Thestral decorando su rostro con una mueca- te cortaré tu maldita lengua... a ver si así dejas de chillar de una vez por todas.

Ginny no contestó, no porque se hubiese sentido realmente amenazada por lo que Draco le decía, sino porque el trozo de tela que había dejado aquel Jinete ya no estaba en sus manos.

-¿Y ahora qué buscas? –preguntó Malfoy, acercándose de mala gana.

-Te aseguro que tu cerebro no –respondió Ginny, sin prestarle mucha atención-. Aunque si lo encontrara estaría igual de agradecida...

-¡Já! –soltó Malfoy-. A ver si de paso encontramos tu cerebro también –opinó Draco, con otra mueca que Ginny no se preocupó en observar.

-¡Acá está! –soltó Ginny, agachándose para recoger el trozo de tela negro, con una sonrisa.

-¿Tu cerebro? –preguntó Draco, extrañado, mientras seguía caminando hacia ella.

-Muy gracioso –Ginny hizo una mueca que demostraba que lo que pensaba era todo lo contrario a lo que decía.

-¿Qué es eso? –quiso saber Malfoy cuando vio algo negro entre las manos de Ginny.

-No es de tu incumbencia –respondió la muchacha, mientras guardaba el pequeño trozo de tela en uno de sus bolsillos.

-¡Claro que lo es! –alegó Malfoy, pensando en que quizá Ginny tenía un mapa, muy pequeño, de cómo salir de allí-. Y será muy divertido quitártelo si no me lo pasas ahora mismo.

La muchacha lo miró con desagrado antes de contestarle:

-¿Tú y cuántos más? Mira, Malfoy, bastante tengo con verte la cara para, más encima, soportar tus caprichos. Lo que hay en mi bolsillo no-te-incumbe, y si no lo entiendes, es tu problema, no te lo mostraré.

-Estás rebasando mi paciencia, pecosa –advirtió Draco, que se contenía para no hurgar en el bolsillo de la pelirroja por la fuerza.

-Y tú la mía –respondió Ginny, con el mismo tono amenazante que Draco.

Malfoy la miró unos segundos, los suficientes para asegurarse que Ginny no rompería el contacto visual, antes de abalanzarse sobre ella, rodeando uno de sus brazos por el tronco de Ginny, para inmovilizarle los brazos, mientras se aseguraba que la espalda de la muchacha quedara bien pegada a su pecho.

Draco inclinó su cabeza hasta llegar a uno de los oídos de Ginny para susurrarle:

-Tú decides, pecosa, te lo quito por las buenas... o por las malas –Malfoy terminó la frase con un leve apretón, tal como hiciesen las serpientes al enrollarse en sus presas.

Ginny intentó forcejear, pero Draco la abrazaba con fuerza como para lograr zafarse de él, mientras que Newt, unos metros más allá abría la boca, incapaz de hacer nada, sorprendido.

-¿¡Qué significa todo esto! –una voz que ni Ginny ni Draco supieron reconocer los sobresaltó. Ambos voltearon en dirección a la voz, y se toparon con un anciano hombre que comenzaba a salir de un gran árbol.

Ginny dejó de forcejear, no así Malfoy, que pareció apegarse más a Ginny, volviendo a sentir la calidez y el frío a la vez.

-Suelta a la muchacha, joven mago –continuó el anciano, una vez que salió por completo del árbol.

Tenía los cabellos blancos y largos, mientras que en su rostro se dibujaba el paso del tiempo. Tenía los ojos cerrados y parecía no tener ninguna intención de abrirlos. Sus orejas puntiagudas y su no muy larga barba le daban cierto complemento para resaltar el toque de una persona que ha aprendido mucho.

-Ya lo oíste –susurró Ginny, con voz seca mirando al extraño individuo-, suéltame.

Pero Draco no daba señales de querer soltar a Ginny, incluso, ésta sentía como el brazo de Malfoy aprisionaba su cuerpo un poco más.

Impaciente, la muchacha dio una patada hacia atrás, que dio justo en la pierna de Draco. Aprovechando que el muchacho dejó de hacer fuerzas para sostenerla, Ginny le dio un codazo que impactó en el abdomen de Malfoy, y antes de que el chico se diera cuenta, la muchacha ya se había soltado de él.

-Lo siento, Sabio –interrumpió Newt, desde lejos-. No... no los pude detener...

El anciano dirigió su cabeza hacia donde Newt estaba, sin abrir sus arrugados párpados.

-¿Cuándo aprenderás, joven criatura? –respondió Tapio, el viejo Sabio-. Tu lugar, por ahora, está junto con Titania, tu castigo aún no termina.

-Pero, señor... Yo he estado años... sólo quiero... –el niño balbuceaba, quizá porque él mismo sabía la respuesta que siempre le daban...

-Tu castigo aún no termina –volvió a repetir Tapio. Sí... ¿cuántas veces había escuchado la misma respuesta? No estaba seguro, pero aquel castigo parecía eterno, tanto que ni Newt se dio cuenta de que esta vez Tapio hablaba con otra entonación en su voz.

Ginny y Draco estaban callados, todo era confuso, sólo retazos era lo que por información les entregaban. sospechas

-Entren, por favor –Tapio se volvió hacia la Bruja y el Mago, mientras indicaba con un huesudo y anciano dedo, el árbol por el que había salido.

-¿Y Titania...? –preguntó, Newt, con ingenuidad.

-Ella sabía que debía estar pendiente por cualquier inconveniente que pudiese ocurrir. Está claro que cada año pierde más talento.

La timidez que Newt demostraba en aquellos instantes pareció mantenerse sólo por unos segundos más en sus ojos, para luego ser reemplazada por una mirada inquisidora. Tal vez era su enojo al no poder librarse de su castigo, de su propia maldición, o tal vez las de Titania eran ciertas.

Newt miró con preocupación hacia Ginny y Draco, intentando convencerse de que Titania aparecería pronto:

-Hagan lo que él les pide –les recomendó Newt-. Es de confianza –tal vez sólo fue la confusión del momento, pero Draco hubiese jurado que en los ojos de Newt un dejo de ironía se reflejaba.

Aquel pudo ser el momento perfecto para desligarse de la responsabilidad que muchos querían ellos tomaran, pero las preguntas se habían acumulado, y quizás aquel era el momento para darles una respuesta.

Ginny miró a Newt, luego al anciano Sabio, para posar de último su mirada en Malfoy.

Sólo bastaron unos segundos para que se decidiera a entrar en el árbol.

A Malfoy sólo le bastó con ver a Ginny desaparecer en el árbol para decidirse a entrar él también.

-Tú te quedarás aquí –ordenó Tapio a Newt una vez que Malfoy entró.

-Sí, señor –respondió el niño, nuevamente con una mirada inquisidora, esperando que las sospechas de Titania no fuesen ciertas.

Ginny observó el lugar muy atentamente; estaba todo muy oscuro y la única parte iluminada de todo aquel recinto parecía quedar a unos tres metros de donde ella se encontraba, como un círculo de luz que sobresalía entre toda aquella oscuridad.

-Síganme –pidió el anciano, pasando por al lado de Ginny y de Draco, que se encontraba a unos centímetros tras Ginny, observando, con cierta aprensión, toda aquella oscuridad que tan similar se le hacía a las guaridas de los Mortífagos.

Tapio llegó al círculo de luz y no habló hasta que Ginny y Malfoy entraron en él también.

-Su misión es tal vez tan simple como ahora lo es su existencia –comenzó Tapio, con un tono de altanería que a Ginny no le agradó para nada, y mucho menos a Draco-. El Bosque está preso en una Oscuridad que sólo los elegidos podrán disipar –el anciano hizo una pausa antes de continuar-. Ustedes son esos elegidos –ambos jóvenes guardaban silencio, esperando una explicación razonable-. Sólo podrán salir de aquí si cumplen la misión de liberar al Bosque. Si no la cumplen, saldrán de Argusthat cuando los próximos Elegidos aparezcan y logren cumplir lo que ustedes no pudieron –a Draco y Ginny se le iluminaron los ojos al saber esto; entonces, sólo era cosa de esperar a que otros fueran escogidos y liberaran al Bosque de la Oscuridad, ¿qué tanto tiempo podía demorar liberar un Bosque de la "Oscuridad"?

Con un movimiento de su mano derecha, Tapio hizo aparecer una delgada y larga varilla, con la que apuntó al suelo y comenzó a dibujar lo que a Ginny le pareció un mapa. Cada trazo que el anciano dibujaba, quedaba impreso en el suelo como una especie de tinta luminosa.

Tapio dibujó un último trazo antes de hacer desaparecer la varilla con su mano izquierda, mientras que con la derecha buscaba en uno de los bolsillos que su gran toga tenía. Draco observó atentamente como el anciano sacaba una pequeña bolsita de género cuyo contenido, polvo, vació en su mano, para luego arrojarlo encima del mapa trazado en el suelo. Sólo bastaron unos segundos para que el polvo hiciera efecto sobre el mapa, que se borró al tiempo en que un pergamino comenzaba a tomar forma, mientras que una mano invisible parecía dibujar en él los mismos trazos que antes habían estado dibujados en el centro del círculo de luz.

-Deberán seguirlo al pie de la letra –ordenó Tapio, mientras hacía un gesto con la mano para que Ginny recogiera el pergamino, pero Draco se le adelantó.

-¿Hacia dónde lleva? –preguntó Malfoy una vez que el mapa estuvo en sus manos.

-Hacia un lugar seguro –contestó Tapio, sin saber que, oculta en las sombras, Titania escuchaba, con rencor en sus ojos, las instrucciones que el anciano les daba a ambos jóvenes.

"Así que ese es el juego." Pensaba Titania. Bien... pues ella también lo jugaría.

Había llegado al lugar momentos antes que Tapio les llamara la atención a Ginny y Draco, y decidió correr el riesgo de no aparecer hasta después que los dos jóvenes y el viejo sabio estuviesen dentro del árbol.

-¿Qué pasaría con... "nosotros" –quiso saber Ginny, mientras que con un nudo en la garganta pronunciaba aquel "nosotros"- si decidimos no ir?

Draco observó a Tapio, esperando una respuesta que los favoreciera, percatándose que el anciano hombre hizo el ademán de abrir los ojos, antes de tomarse unos segundos para responder:

-Pueden intentar sobrevivir en el Bosque hasta que los próximos sean elegidos y decidan liberarnos.

Draco esbozó una sonrisa. Así que, al fin y al cabo, no estaban del todo obligados. "Tomando en cuenta de que todo esto fuese verdad, claro está", se dijo así mismo.

-Eso... ¿eso es todo? –aunque la idea a Ginny le agradaba, no podía decir lo mismo de Tapio. A pesar que de apariencia daba confianza, su actitud no le gustaba del todo.

El Sabio afirmó lentamente con la cabeza antes de indicar con una mano la salida:

-La decisión es suya –concluyó Tapio antes de que Ginny y Draco salieran.

Titania dio dos pasos silenciosos hacia atrás, asegurándose de quedar totalmente oculta en la oscuridad para que ninguno de los dos jóvenes la viera, y sólo se dignó a salir cuando vio a Draco desaparecer en la salida.

-¡Creí que les explicaría más...! –susurró Titania, intentando controlar sus ganas de gritar-. ¡Debió explicarles más!

Tapio se volvió, sorprendido, hacia ella con una agilidad que no era propia de su edad, sabiendo que era el rencor lo que emanaba de las ásperas palabras de la Dama Blanca.

-Titania... si les explicas mucho en muy poco tiempo, más dudarán si seguir o no.

-¿Dudar? ¿¡Dudar! –la Dama Blanca apenas podía creer el cinismo con el que le hablaba-. ¡Les acaba de dar el camino libre para que deserten!

-No podemos obligarlos a que escojan un camino que ellos no quieren tomar, Titania–respondió Tapio con total tranquilidad-. Si ellos desertan quiere decir que no eran los indicados; si siguen con la Misión, habrá sólo que esperar lo mejor sin intervenir demasiado.

-¿Quiere que les oculte todo a lo que se tendrán que enfrentar si es que deciden seguir? –la Dama Blanca abrió sus ojos desmesuradamente de tan sólo pensar en aquella posibilidad.

-Quiero que no los satures con información que no vale la pena revelar ahora, Titania.

La mujer negó con la cabeza, para luego tomar una honda bocanada de aire antes de darse media vuelta con la intención de salir de aquel lugar, pero la voz de Tapio se lo impidió:

-Deberías sentirte orgullosa porque se te haya asignado este honor.

Debió suponerlo, siempre le había gustado herirla, pero esta vez, ella aguantaría el golpe.

-No lo haga ver como una gran bendición... Usted sabe que no lo es. Yo no escogí esto... –susurraba Titania, mientras la oscuridad ocultaba la tristeza y el rencor en sus ojos.

-Y aún así... sigues aquí –la voz de Tapio parecía burlarse de su gran desdicha sin saber que, con cada palabra, las sospechas de Titania se confirmaban.

-Desertar sería un insulto para... para... –la Dama Blanca calló, le hubiese encantado decir que era sólo para ver la reacción de su interlocutor, pero el tiempo le había enseñado que por cada vez que su nombre pronunciaba, la herida de la infelicidad se abría más y más.

-¿Ahora eres incapaz de decir su nombre? –Titania comenzaba a detestar aquel tono de burla que la voz de Tapio tomaba, pero ella no dejaría que la humillaran.

-Desertar sería un insulto para todos aquellos que han luchado por la libertar –completó la Dama Blanca-. Y lo apoye o no, Ginevra y Draco cumplirán su Misión.

-Si han de morir, morirán, Titania. Y tú no podrás intervenir para evitar aquello –esas palabras fueron el límite.

-¡Sacrifiqué mi felicidad! ¡No permitiré que ninguno muera! –esta vez, Titania no pudo controlar el no gritar.

-Dime, Titania, de las mil y un cartas que Óberon te escribió, ¿cuántas respondiste? No tuviste la valentía de responder, tampoco la tendrás a la hora de salvar a alguien. Tu misión es informarlos, no te inmiscuyas más.

Titania frunció levemente el ceño, mientras sentía una leve punzada en el pecho.

-Se equivoca... Mi Misión también es protegerlos – "Y eso me lo enseñó el verdadero Tapio".

Le dirigió una última mirada de rencor al supuesto viejo Sabio, antes de marcharse, controlando las ganas de llorar con la poca fuerza que hasta ahora le quedaba.

El anciano dio unos pasos hacia atrás una vez que vio a Titania desaparecer por la salida. En las sombras, lentamente, las arrugas de Tapio fueron desapareciendo, como quien retrocede el tiempo.

Pero no fue el rostro de un hombre joven el que se dejó ver, sino el de una mujer.

-Es increíble cómo el rencor puede cegar a las personas –sonrió la mujer entre las sombras, segura de que la Dama Blanca creía que ella era el verdadero Tapio-. Siempre fuiste débil, Titania, y lo sigues siendo.

-¡Ania...! ¿Estás bien? –preguntó Newt cuando vio a la Dama Blanca aparecer por el árbol.

-Denme el Mapa –ordenó Titania, sin responder a la pregunta.

-¿Para qué lo quiere? –Draco lo sostuvo con fuerza en sus manos, sin intenciones de hacer lo que la Dama Blanca pedía.

-Debo revisarlo –la voz de Titania se volvía cada vez más agria, y tiempo para discutir era lo que menos tenían ahora.

-Para eso no es necesario que se lo entregue –Malfoy desenvolvió el pergamino y sostuvo sus extremos en cada mano, de modo que Titania pudiese ver el mapa sin necesidad de entregárselo.

La Dama Blanca recorrió con la mirada los caminos trazados en el mapa, mientras que Ginny, Draco y Newt observaban como en su rostro se acentuaba el enojo.

Titania levantó la vista y suspiró.

-Muchas veces tendrán que hacer caso a sus propias corazonadas, pero eso no significa que se cierren a las demás opiniones. El Sabio con el que acaban de hablar no es quien dice ser.

-¿Qué quiere decir? –preguntó Ginny, rápidamente.

-Lo suplantaron. La persona con la que acaban de hablar no es el verdadero Tapio, Y sólo tengo dos explicaciones razonables para que les hayan dado este mapa: Quieren que lleguen hasta este lugar –advirtió Titania mientras apuntaba con un dedo lo que parecía ser la equis del Mapa- o quieren que mueran en el camino.

Ginny abrió aún más sus ojos, y estaba a punto de expresar su confusión cuando Draco decidió hablar:

-¿Por qué hemos de creerle? El anciano ese nos dijo que era nuestra decisión cumplir la supuesta misión o no, y que si no la cumplíamos, de todas maneras los próximos se encargarían de liberarnos.

-¿Y "el anciano ese" les dijo también que hace más de un siglo que el Bosque no escoge a nadie? –preguntó Titania sabiendo muy bien que la impostora ni siquiera había mencionado a quienes habían sido escogidos antes de Ginny y Draco.

-¿¡Qué! –exclamaron ambos jóvenes al unísono.

-Esto no es un juego, y aunque es cierto que la decisión de continuar o no es sólo suya, lo quieran o no, deberán vivir y sobrevivir en este Bosque hasta que la Oscuridad sea vencida; y he de decirles que los desertores no son muy bien recibidos por los demás seres mágicos que en Argusthat habitan.

Lejos, muy lejos de allí, un Caballero miraba hacia el horizonte, recordando los tiempos de felicidad, antes de percatarse que alguien se acercaba. Había convivido tanto con aquellas personas que podía reconocer el caminar de cada uno. Pensaba voltearse y preguntarle qué quería, pero él se le adelantó:

-Argusthat ha vuelto a elegir.

El Caballero sintió una punzada de emoción, mientras su respiración se cortaba.

Entonces era cierto... Aquella extraña sensación en su pecho era la señal.

Los Elegidos, a quienes había estado destinado a brindar su protección, estaban en Argusthat.


¡Les agradezco mucho sus mensajes! En serio que sí. :)
Aclarando dudas, como escritora del FF, de verdad espero que Draco y Ginny comiencen a sentir algo más que desprecio mutuo en esta historia. xD
Y siento mucho si las hice loguearse para que pudieran dejar su Review, pero no me había percatado de que tenía activada la opción en la cual no se permitía, a los que no estuviesen logueados, dejar Reviews en el Fic. D:
Una vez más, mis disculpas por haber demorado tanto en publicar el tercer capítulo, y decirles que entenderé si quieren quemarme en la hoguera por bruja y por irresponsable.
Aunque una cosa es que entienda y otra que me deje. xD!
Se aceptan críticas, tomatazos, baldes de agua, vociferadores, preguntas, retos... La lista es larga. ^^

¡Hasta el próximo capítulo!
Pewkayal. :)