EPÍLOGO

Por Nep


EN ALTAMAR

Candy sabía que por el momento no era buena idea intentar hablar con Terrence. En cuanto volvió al barco de Charly, las velas del Teodora se desplegaron, alejándose rapidamente por el viento a favor. Albert y Anthony acompañarían al Corsario hasta las Orcadas para llevar a Eliza, donde compartiría el exilio de la familia con La Tía Abuela y su madre. Observaba con los ojos llorososel barco alejarse. De repente se sintió débil, Charly se apresuró a sostenerla, Thema abrió la puerta del camarote para que la llevara el Capitán. Mientras ella se disponía a preparar el té para la joven. Después de colocarla en la cama, Charly salió, dándoles privacidad a ambas.

- Fue mucho el esfuerzo que hiciste Mandisa. – Le dio la taza, la joven la tomó con manos temblorosas. – No debiste…

- Era algo que debía hacer por mí… - Respondió mientras le sonreía débilmente. – Me da mucho gusto que estés conmigo… - Comenzó a decir algo somnolienta. – Gracias por todo… Thema… - La mujer tomó la taza de entre sus manos, colocándola en la mesilla.

- Descansa… Candy… Debes reponerte…


DÍAS DESPUÉS… DE REGRESO A EDIMBURGO

Se había alejado de todos, en ése momento miraba desde el mástil mayor el atardecer, mientras tocaba con tristeza una melodía en la flauta que ella le regalara. A pesar de lo que le dijo, se sentía culpable por no haber confiado en ella y en Thema. Sabían porqué no quería que realizaran sus planes y por eso no le dijeron absolutamente nada.

FlashBack

- ¡¿CÓMO ES QUE ESA MALDITA ARPÍA PUDO CULPAR AL INOCENTE TESHI? – No pudo evitar exclamar cuando se reunieron en la biblioteca y ver las joyas de Eliza que el caballerango había encontrado en las caballerizas. Furioso se dirigía a la puerta. - ¡VOY A… - Candy le detuvo.

- Por favor Terry… Sabíamos que haría lo que fuera para que me quedara sola… - Lo miró a los ojos suplicante, sabía lo que quería… pero no quería escucharla pedírselo. – Así que… vamos a aprovechar la…

- ¡NOOO!

- Terrence escucha por favor… - Intervino Albert.

- ¡NOOO!... ¡NO CREAS QUE PERMITIRÉ QUE ESTÉS SOLA Y A MERCED DE ESA… - La abrazó angustiado.

- Yo también me opongo... - Escuchó decir al rubio, desconcertándose al escucharlo continuar. - Pero solo así podremos detenerla...

- ¡NOOOO! - Exclamó estrechándola con tanta fuerza que ella comenzó a sollozar.

- Capitán, le juro por mi vida que la protegeré… - Habló con mucha decisión Thema sosteniéndole la mirada.

- ¡NOOO!… ¡¿NO LO ENTOENDEN?... NO PERMITIRÉ...

- Yo, la cuidaré… Por favor… le suplico… - Pedía Thema mirándole con mucha determinación. – Sé perfectamente lo que hago…

- ¡HE DICHO QUE NO!... ¡NO PERMITIRÉ QUE AMBAS SE PONGAN EN PELIGRO!

- Por favor… - La mujer se arrodilló, llorando... sorprendiéndo a todos. - Se lo pido... crea en mí... Capitán...

- Thema… - La rubia la miraba angustiada. – No es necesario… que…

- Confíe en mí… - Se acercó aún de rodillas al joven y tomó su mano, la miraba ya sin saber que más decir ante tal escena. - Le repito Capitán: Por mi vida, le juro que… yo…

- THEMA… ¡HE DICHO QUE NO!... ¡NO LO PERMITIRÉ!... – Se soltó con brusquedad para dirigirse a la puerta y salir de ahí.

Fin del FlashBack

- ¿En qué piensas? – Escuchó a su lado, bufó de exasperación al darse cuenta de que Anthony estaba ahí.

- ¿QUÉ PARTE DE "QUIERO ESTAR SOLO" NO ENTENDISTE? – El rubio sonrió maliciosamente.

- La misma que vete al diablo… - Volteó a verlo. Su amigo también era obstinado. No le quedaba de otra que sincerarse con él.

- La lastimé… antes de que regresara… - El rubio lo miró penetrantemente. – Lo sé… se arriesgó demasiado… y… la comparé con Eliza… - Lo vio sonreír.

- La conoces… ella lo entenderá… después de todo: logró engañarnos a todos… sólo Albert sabía lo que se proponía. – Le miró burlón. - … y hasta donde sé: tú no quisiste escucharla…

- ¡ES QUE… DEBIÓ CONFIAR EN MÍ!

- Y lo hizo… - Terrence le miró desconcertado. El rubio soltó una carcajada. – Ella confiaba más de lo que crees en ti… - Lo seguía mirando expectante. – Confiaba en tus arrebatos… y quién mejor para humillar a Eliza de la forma en que lo hiciste… - Volvió a reír, recordando el bochornoso momento de la pelirroja. - Aunque… la verdad, ambos superaron mis expectativas en éste asunto…

- ELLA… ELLA NO NECESITABA HACERLO… CON MUCHO GUSTO YO LO HUBIERA HECHO SIN "EL TEATRITO" QUE ARMÓ… - Respondió aún indignado.

- Tal vez… la cuestión es que Candy necesitaba hacerlo… por sí misma… después de todo es una joven poco común… - Dijo el rubio. – Estoy de acuerdo en que se extralimitó… pero nadie podía hacer nada… aun cuando sospecháramos… logró engañarnos muy bien… incluso a Eliza…

- Tienes razón… Fue una excelente actriz… - Tomó una soga para bajar. – Ahora debo encontrar la forma de que me perdone…

- No creo que necesites mucho… - Murmuró el joven mientras observaba al Capitán deslizarse.


CERCA DE EDIMBURGO

Archie y Armand llevaban días en la villa. El castaño se había divertido mucho cuando le contaron todo por lo que pasó su prima. Estaban todos en los jardines cuando Jimmie llegó al galope para avisarles del arribo del Teodora. Candy miró a sus amigos algo angustiada, sin saber que hacer.

- Vamos Candy, tienes que arreglarte… - La animó Karen al tomar a Michael entre sus brazos.

- No… él… no querrá verme… no después de… - Decía titubeante.

- ¡Eres demasiado testaruda jovencita! – La retó la Abuela Martha con una sonrisilla. – Yo iría corriendo y le plantaría un enorme beso a ese guapísimo pirata… y después… quien sabe… – Todos sonrieron por sus palabras.

- ¡¿Es que no lo entienden?... Está muy molesto y… herido por no haber confiado en él… lo conozco… no va querer…

- Pero a fin de cuentas todo se resolvió… – Le razonó Paty. – Eso es lo más importante.

- Vamos Candy… todos sabemos cuanto te mueres por verlo. – Le sonrió Stear animándola. – Sé que te habrá extrañado mucho… diga lo que diga… - Al ver la indecisión de la joven, Eleanor se ofreció.

- Si te preocupa Michael, yo lo cuidaré bien. - Thema se apresuró a halarla para obligarla a caminar rumbo al interior de la mansión, cuando vio que aún dudaba en hacer algo.

- Tenemos que apresurarnos… - Le dijo la mujer sonriendo.


PUERTO DE LEITH, CERCA DE EDIMBURGO

En cuanto se reunieran con sus hombres de confianza, William y el Duque tendrían que preparar una reunión para dar una explicación y ofrecer una disculpa a todo el Clan Ardley sobre el engaño respecto a la muerte de Dereck. Otra más para la cancelación del compromiso del Joven Duque con Lady Ligan, lo cual afectaría mucho a la Duquesa (Quien detestaba los escándalos), y aún más al apellido de la joven, pero eso era lo que menos les importaba, ya que habían limado asperezas entre Richard, Dereck… y el Corsario.


Cuando atracaron en el muelle, buscó a la joven por los alrededores con la vista, sintiéndose decepcionado. Su gesto no pasó desapercibido por Anthony, William y el Duque, por lo que trataron de distraerle, suponiendo que por alguna razón, la joven se hubiera retrazado. Después de revisar sus negocios, no resistió más la espera. Habló con Charly y le encargó sus asuntos al Sr. Smith. Partió inmediatamente rumbo a la Villa de los Ardley. Cuando llegó, saludó rápidamente a todos, sintiéndose decepcionado al saber que no la habían visto desde que les anunciaron su arribo. Se dirigió a buscar a la rubia. Llamó con insistencia a la puerta de su habitación, pero no escuchó nada, por lo que entró preocupado. Se sorprendió al encontrar el lugar en penumbras... pétalos de rosa esparcidos por todos lados, caminaba sonriendo. No se percató de que la puerta había sido cerrada a sus espaldas con cerrojo. Ella avanzó lentamente, temerosa a su reacción. Él sintió sus pequeñas manos recorrer su espalda, estremeciéndose más al darse cuenta de que comenzó a halar su casaca hasta que logró sacársela por completo. Comenzó a acariciarle, atrayéndolo contra sí.

- Terry… - Gimió a su oído. – Perdóname… - Él se giró para mirarla, se dio cuenta de que vestía una muy delgada prenda, que delineaba suavemente su cuerpo. Sonrió con malicia. Ella lo miraba expectante, por lo que no resistió más y la tomó entre sus brazos, besándola apasionadamente. Cuando se separaron para tomar aire le susurró:

- Pecas… perdóname tú… por no confiar en ti… perdóname por lo que te dije… - Tomó su rostro entre sus manos para que le mirara a los ojos. – Es… sólo que la idea de que… te arriesgaras tanto… que todo pudiera salir mal… p-perderte… tú sabías que no lo resistiría… y... jamás me lo perdonaría... - Ella lo acalló con un beso, mientras sus manos comenzaban a halarle la demás ropa, él lo intensificó. Poco a poco se fue deteniendo.

- Sabes… - Le susurró jadeante. – resultaste ser más pirata que yo… - Ella sonrió mientras intentaba controlar su respiración.

- ¿De… de verdad… lo crees? – Ella lo acariciaba sin dejar de mirar su rostro.

- Si…

- Pues… me… gustó mucho hacer… - Él la acalló con otro beso.

- No Milady Mona Pecas… - Ella lo miró sorprendida, iba a replicar, pero la besó. Cuando se separaron le dijo: - Hasta aquí llegó tu carrera como Pirata…

- ¡Eso no es justo!... ¡¿Y perderme toda la diversión? - Ella lo miraba retadoramente. - Ahora sé porqué les gusta tanto y... - La volvió a besar.

- Yo soy el Capitán… - Se separó, le sonreía de medio lado. – Y harás lo que ordene… no me gustan los motines… - Le decía entre besos.

- ¿Y… si te convenzo? – Comenzó a besarlo con más pasión... acariciándole de igual forma.

I-inténtalo… - Le correspondía mientras comenzaba a quitarle la bata.

- ¡AHHHHHH!... - Gimió. - M-mi P-pirata…

- Y tú eres mía… - La tomó entre sus brazos.


PORT ROYAL… ALGUNOS AÑOS DESPUÉS

Annie recibió el mensaje con mucha emoción, pero prefería no decírselo a su amiga, quien en ése momento también acababa de llegar de Cuba. Terrence le había prometido no decirle nada de lo que le esperaba.

- Preferiría ir directamente a la Plantación Terry… - Protestaba la rubia mientras observaba a Michael jugar con Clim y el Sr. Gibs. – Sabes perfectamente que la madre de Annie…

- Y tú sabes que tengo que ver al Gobernador cada que llegue al puerto, además es importante que asista a la reunión que…

- De acuerdo… que más da… - Refunfuñó la joven mientras veía a la tripulación recoger las velas. Llamó al pequeño para dar un paseo por la playa, mientras le pedía que le contara por enésima vez cómo había conocido a su padre. Clim brincoteaba a su alrededor. La observaba, sonreía al verla vestir sus ropas masculinas, lo cual era el motivo de disgusto para la madre de su amiga.


PORT ROYAL, MANSIÓN DEL GOBERNADOR

Sus invitados llegaron con mucha discreción a la Mansión, mientras Madame Britter daba emocionada la bienvenida al Duque de Grandchester y su hijo Dereck. Todos esperaban ver a la rubia con mucha impaciencia, aunque no se les hacía raro que aún no hubiera llegado. Teshi y Armand se les habían escapado, pues no aguantaban la espera, saliendo por una puerta de servicio para dirigirse a los muelles en busca del Teodora.

- ¡Teshi!... ¡Allá está! – Lo llamó Armand mientras señalaba el barco, en cuanto lo alcanzó, se acercaron a escondidas, con mucho cuidado, para que no los vieran.

- ¡Miren nada más! ¡¿Qué tenemos aquí? – Dijo una voz estruendosa, sorprendiéndoles al halarlos por las casacas. - ¡¿Pretendían abordar como polizones? – Se rió a carcajadas mientras los llevaba hasta un hombre, que en cuanto los reconoció los miró enfadado.

- ¡TESHI! ¡ARMAND!... ¡¿QUÉ DEMONIOS HACEN POR AQUÍ?

- Hola Tío Terrence… - Sonrió Armand socarronamente. – También nos da gusto verte.

- Terry, lo sentimos mucho. – Dijo con seriedad Teshi. – Queríamos ver si ya habían arribado… como se han tardado en… - El Capitán del Teodora les sonrió amablemente.

- Hace tiempo que arribamos… pero Candy llevó a Michael a dar un paseo… se ha tardado en volver… - Murmuró impaciente al mirar su entorno.

- ¿A dónde crees que iría? – Preguntó Armand. Teshi tomó el catalejo que el le ofrecía, mientras el Capitán se dirigía a hacer algunas otras cosas.

- ¡CAPITÁN! - Escuchó que el chico lo llamaba. - ¡TERRY! – El moreno dejó lo que estaba haciendo.

- ¿Qué pasa Teshi? ¿Encontraste un nuevo barco pirata? – Le contestó con burla mientas se acercaba. Su risa se detuvo al ver a dónde señalaba. No necesitaba ver para saber dónde la había visto.

- ¡DEMONIOS! – Exclamó molesto antes de precipitarse corriendo a los muelles.

- ¿A dónde va el Capitán con tanta prisa? – Preguntó el Sr. Gibs sonriendo.

- Por Tía Candy. – Respondió Armand al ver por el Catalejo hacia donde le había señalado Teshi.

- Ha vaya... - Comenzó a reír el hombre a carcajadas.


A LAS AFUERAS DE PORT ROYAL

- M-mamá… ¿E-estás s-segura d-de q-que el t-tio Anthony…c-cayó d-desde a-aquí? – Preguntó el pequeño algo temeroso, sin moverse siquiera de donde estaba al ver a su madre muy cerca de la orilla. Ella reaccionó y se alejó sonriéndole. Había creído que ya tenía la edad suficiente para ver el lugar por primera vez.

- Si… y aún me sigo preguntando ¿Cómo pudo sobrevivir a esa caída, y estando tan mal herido?… - Le extendió la mano. – Tenemos que regresar o tu padre… - El niño comenzó a reír ante los gestos que su madre hacía. – Comenzará a gruñirnos como un gran ogro buscándonos…

- Papá dice que tú nunca cambiarás… - La miró cuando se detuvieron ante un gran árbol, ella suspiró con frustración. – Que seguirás siendo una Mona Pecosa. – Candy lo miró sorprendida por la expresión. – Cada vez que te ve trepar a mi lado…

- ¿Así que eso es lo que dice…eh? – El niño comenzó a reír mientras correteaba alejándose de la joven. – Soy tu madre así que más respeto jovencito… y en cuanto vea a tu padre… ya verá… me las pagará por haberte dicho eso… - Logró atraparlo y comenzó a hacerle cosquillas. – Ahora recibirás tu castigo… - Ambos reían.

- ¡Ya!... ¡Ya… mamá!... por… favor… - Decía riendo. Cuando se detuvo, lo miró: era tan parecido a su padre, a excepción de sus ojos verdes y las pequeñas manchillas del rostro. - ¿Qué pasa mamá?

- Nada… - Miró a su alrededor. – Tenemos que regresar ya, antes de que venga tu padre a buscarnos y…

- ¿Y QUÉ MILADY? – Escuchó una voz profunda. Buscó su procedencia. Asustada atrajo a su hijo contra sí. Clim empezó a gruñir buscando a su alrededor olfateando.

- Michael, no te despegues de mí… - Susurró la joven mirando a su alrededor alerta. El niño se abrazó a ella con fuerza, quien se agachó y sutilmente extrajo algo de su bota para ocultarlo en la manga, comenzaron a caminar un poco más rápido. Mirando para todos lados. De pronto se detuvieron al escuchar algo extraño. Alguien estaba a sus espaldas, atrapándola de inmediato.

- ¿Qué castigo crees que mereces por desobedecer las órdenes de tu Capitán… Pecosa? – Le susurró al oído antes de que pudiera defenderse.

- ¡TERRY! – Se separó molesta al escucharlo reír.

- Sabes que es peligroso andar por éstos lares a solas… podría secuestrarte un malvado pirata… - La miró con malicia. – llevarte muy lejos… y quien sabe…

- SÉ DEFENDERME PERFECTAMENTE… - Le replicó con energía. - He tenido un perfecto maestro...

Si, Claro… - Se burló de ella. Michael los miraba a cierta distancia.

- ¿A caso quieres que te lo demuestre?... Sería muy humillante para ti ser derrotado por mí frente a nuestro hijo... - El niño estaba sonriendo, conocía perfectamente esas actitudes de sus padres. Ella se acercó al niño para decirle:

- Hace tiempo, un cruel y malvado pirata me raptó… - Se volvió para mirar a su esposo a los ojos. – pero no todos los piratas lo son… el que me rescató, a pesar de creer ser uno muy malo y de lo peor, cuando se le cayó la venda de los ojos, mostró lo noble que era su corazón… pudo aceptarlo y logró ser muy feliz… - Se acercó al moreno para besarlo, mientras el pequeño los miraba soltando una risilla y Clim se escondía detrás de él.


PORT ROYAL, MANSIÓN DEL GOBERNADOR

- Ya es muy tarde, y ni siquiera un mensaje se ha atrevido a enviar… sólo por consideración… - Se quejaba impaciente Madame Britter. Los demás invitados estaban en el jardín departiendo sin darle importancia al tiempo transcurrido. – Esa joven nunca aprenderá a pesar de que tiene…

- Por favor Madre, regresa con los invitados… - Indicó Annie sonriéndole. – y ¿Podrías buscar a Frannie y a Eric? Sé que están impacientes por ver a Michael… - Empujó con suavidad a su madre al exterior.

- Veo que tu madre sigue sin sentir simpatía por Candy. – Escuchó a sus espaldas. Ella sonrió.

- Dice que me ha mal influenciado mucho… - Respondió volviéndose. – Me alegra mucho verte aquí… Archie… tenía tiempo que no te veía…

- Los negocios… - Ella lo miró con suspicacia, él no se inmutó. – han sido muy demandantes. Armand y Teshi insistían en que viniera y me olvidara un poco de ellos…

- ¿Cómo has estado? – Preguntó al verlo un poco pensativo. – Me enteré que… Susana finalmente… murió en la Torre…

- Ella se… suicidó… no resistió… - Ella quiso decir algo más pero no se atrevía. Él le sonrió con cierta amargura. - Estoy bien… Armand también… No te preocupes. ¿Sabes dónde anda mi hijo y Teshi?


EN LOS MUELLES DE PORT ROYAL

Se miraba con desgano al espejo mientras se arreglaba. Llamaron a la puerta, Terrence entró sonriendo al ver el reflejo de la joven, sintiéndose complacido por lo hermosa que se veía con ese vestido de seda verde.

- Michael ya está listo e impaciente por ver a su tía Annie, especialmente a Eric y Frannie…

- ¿Tenemos que ir? – Preguntó con desgano cuando el joven se acercó para comenzar a besar su cuello. Ella gimió. – No sería mejor que nos quedáramos aquí y… - Susurró en su oído, haciéndole sonreír.

- A mí también me gustaría… pero es importante que asistamos. – Con renuencia se separó de ella para colocarle una hermosa gargantilla. – Feliz Cumpleaños Pecosa…

- ¡¿Ya puedo darle el mío? – Entró el niño intempestivamente con una cajita en las manos.

- Claro que sí... - Le sonrió su padre. Abrazó y besó a su madre, ella tomó el obsequio que le ofrecía y vio que eran los pendientes y una pulsera que hacían juego con la gargantilla.

- Son… muy hermosos… gracias a los dos…

- ¡Vamos mamá! – La halaba el pequeño hacia la puerta. – Frannie y Eric han de estar esperándonos…


PORT ROYAL, MANSIÓN DEL GOBERNADOR

- ¡Stear… jamás hubiera imaginado que éste lugar fuera tan hermoso!. – Decía con emoción la castaña cuando se alejaban de la reunión para recorrer los jardines. – Ahora entiendo porqué Annie y Candy no han querido regresar… Yo también me quedaría… ¡Esto es el paraíso!

- Y aún no has visto las plantaciónes de Terrence y Annie… especialmente la de Terrence… - Escucharon revuelo, sonrieron supusieron que su amiga ya había llegado. - ¿En dónde están Alex y Adam?...

- No puedes tenerlo como prisioneros Alistear, son niños…

- Lo sé, pero es que son tan…

- Supongo que han de estar como siempre tras Armand y Teshi, los siguen como sus sombras y…

- ¡STEAR! – Escuchó la voz de su hermano. - ¡STEAR!

- Aquí estamos… - Le contestó mientras tomaba la mano de su esposa. Se encontraron con el castaño. - ¿Han visto a Teshi y Armand?

- ¿No están con ellos Alex y Adam? – Preguntó angustiada Paty.

- No. – No pudo contener más la risa al contestar: - Pero pueden encontrar a sus hijos en la fiesta, acaban de…

- ¡OH NO! – Dijeron al mismo tiempo Stear y Paty apresurándose a ver que desastre habían hecho los gemelos debido a sus travesuras.


- ¡Terrence es injusto! – Protestó la morena cuando terminaron de recorrer la Mansión del Gobernador. – Tener el paraíso para él y no invitarnos ni una sola vez…

- Karen, estás en Port Royal… pronto conocerás…

- ¡Yo no me refiero a su plantación! – El rubio la miró extrañado, ella hizo un gesto de exasperación. - ¡Es un egoísta por que ni si quiera a su propia madre la ha llevado a "La Isla"… - Karen miró a la rubia con cierta "pena" por lo que dijo. - sin ofender tía… - Eleanor hizo un gesto con la cabeza.

- Sus razones ha de tener para no hacerlo… no seas tan dura con él…

- Especialmente a ti por ser tan cascarrabias. – Se burló Anthony, ella iba a protestar pero su esposo la besó. Un pequeño empujón los separó.

- ¡¿Dónde está la tía Candy? – La vocesilla impaciente les hizo sonreír.

- Muy pronto vendrá Pauna… - La tranquilizó su padre al agacharse a ver a su hija que se movía muy inquieta. - ¿Por qué no vas con la niñera a buscar a… - El estruendo detuvo sus palabras, fueron a ver que había sucedido: un par de chicos morenos estaban llenos de dulce, Anthony no pudo evitar reír. – Creo que ya no es necesario que busques a Adam y Alexander. – Padre e hija sonreían al ver a los apenados padres de los gemelos llegar.

- ¿Crees que le agrade, William? – Preguntó una hermosa castaña de ojos grises, mientras se giraba para que admirara su atuendo, él se acercó con una sonrisa.

- Claro que sí… en todas sus cartas siempre me pedía que te trajera. – Había pasado el tiempo y recientemente se había desposado con una excelente joven escocesa miembro de uno de los clanes más importantes. – Te puedo asegurar que le caerás muy bien y ella a ti.


El Gobernador y Marck habían terminado por fin con los pendientes, apresurándose a abordar el carruaje. Cuando llegaban a la Mansión se percataron de que otro más iba llegando en ése momento.

- Veo que no somos los único en llegar tan tarde Milord. – Le indicó su yerno.

- ¿Quién podrá ser? – Hizo la pregunta en voz alta Lord Britter al esbozar una traviesa sonrisilla.


- ¿Crees que alguien lo note? – Preguntó la joven cuando el moreno le daba la mano para que descendiera. – Ummmm… Supongo que quien me lo reprocharía hasta el cansancio sería Madame Britter y…

- Vamos ya pecosa, deja de decir tonterías. – Cargó a su hijo para dirigirse a la entrada y llamar a la puerta, en cuanto ésta se abrió Lord Britter llamaba a la joven, ella le saludó con una reverencia.

- Candy, será mejor que nos esperen… Así evitaremos un disgusto a Bárbara. – La joven sonrió y asintió. En cuanto la servidumbre los vio dirigirse a los jardines, se apresuraron a informar a sus familiares de su arribo. Anthony en cuanto la vio, pidió que los músicos dejaran de tocar para poder tomar la palabra. Los invitados al notar el silencio comenzaron a murmurar.

- ¡OH NOOO! – Se lamentó la pecosa. – Ya se dieron cuenta… - Escuchó que alguien hacia sonar una copa pidiendo atención, ella no pudo evitar mirar al suelo apenada.

- Damas y Caballeros, pido un aplauso para Milady Candice Grandchester… en honor a su cumpleaños… - La joven alzó la vista al reconocer la voz de Anthony, quien estaba junto con sus primos, sus amigas, sus sobrinos, Eleanor, el Duque y Dereck. Le dio un codazo a las costillas de Terrence disimuladamente.

- ¡¿Por qué no me lo dijiste? – Se quejó al caminar hacia ellos.

- ¿Y arruinarles la sorpresa? – Dijo sonriendo de medio lado. Annie se apresuró a darle un abrazo.

- Disculpa… pero mi madre insistió en invitar a todas éstas personas al saber que el padre de Terrence vendría…

- No te preocupes… me gustó mucho la sorpresa…

Saludó a todos sus familiares y amigos con mucho entusiasmo, mientras los músicos tocaban de nuevo y las niñeras llevaban a los pequeños a jugar. Por Eleanor supo que la Hermana María y la Hermana Margaret estaban felices cuidando de su hogar en Escocia, donde creó un orfanato. Tom y la Sra. Pony hacían todo lo posible porque no faltara nada a los niños que estaban a cargo de la Orden Religiosa.

La rubia y la esposa de William se agradaron de inmediato. Pasaron tanto tiempo conversando que parecía que se conocían de toda la vida, para agrado de Albert. No pudo evitar preguntarle al rubio por La Tía Abuela, La Tía Sara y Eliza, él no pudo evitar sonreír con amargura al decirle que se las arreglaban como podían: sin lujos, ni servidumbre...


DÍAS DESPUÉS… ISLA CERCANA A CUBA

Terrence había sorprendido a todos al invitarlos a su finca en la Isla. Karen aún no lo podía creer, ni cuando se estaban acercando al muelle y menos cuando descendían del barco. Los padres del joven miraban embelezados la belleza del lugar. Las jóvenes intercambiaban sonrisas suspicaces, mientras que los caballeros murmuraban entre ellos tratando de mantener la seriedad.

- Ahora entiendo… - Escuchó a Archie decir a sus espaldas, la rubia pecosa se fue retrasando un poco hasta que estuvo a su lado.

- ¿Qué cosa? – Preguntó con extrañeza.

- Es tan tranquilo… y hermoso… tan irreal que… parece…

- Mágico… - Se atrevió a interrumpirle mientras miraba el horizonte.

- Si… - No pudo evitar sonreír con amargura. - y es por eso que sólo a ti te había mostrado éste lugar… manteniéndonos a todos los demás lejos… - Ahora lo miraba sin comprender. – Pudiste verlo a él… como era realmente… a pesar de sus rudezas, viste lo mejor de él desde el principio… de alguna forma esta isla era algo tan íntimo para él, porque sólo aquí pudo encontrar paz cuando todo estaba en su contra… Traerte aquí fue… abrir su corazón por completo a alguien más… alguien muy especial…

- Archie… - La forma en que la miraba le apenaba, no sabía que decir. – Tú… aún…

- No te preocupes, estoy bien. Me alegro que seas muy feliz a su lado. Yo lo soy: con mi hijo...

- Me alegra… - Se acercó a besar su mejilla, para después tomar su mano y apresurarlo a llegar a la entrada de la finca, ahí los esperaba la Sra. Morris que los guió hasta los jardines, donde tenía todo preparado.


Esa noche decidió dar un paseo a solas. Se había sentado en la banca de granito que había en el camino a la cascada. Le fascinaba la forma en que la luz de la Luna alumbraba todo.

- Buenas Noches… - La sobresaltó su voz. – Eleanor… - No podía creer que aún pudiera provocarle tales estremecimientos al pronunciar su nombre. Ella hizo una reverencia.

- Buenas noches… Duque de Grandchester… - Respondió fríamente.

- Por favor Eleanor… ¿Aun seguirás evadiéndome así? – Se sentó a su lado al notar que ella se iba a retirar, no le quedó de otra que correrse al lado contrario, dejando una prudente distancia entre ellos.

- ¿No recuerda lo que le prometió a su hijo Terrence, Milord? – Ella se levantó para alejarse de ahí de él. – Por favor, Milord… deje las cosas como están…

- ¡DIABLOS ELLY!... – Ella lo miró sorprendida. - ¡¿Es que no lo comprendes?... AÚN TE AMO…

- ¡Ya no siga Milord!... Fue un error venir aquí… - Quiso alejarse, pero él la retuvo.

- Elly: ahora soy libre… mi esposa…

- Si, supe que falleció… mis condolencias Milord… - Dijo con una frialdad que hizo que él la mirara con desesperación, mientras ella trataba de saharse de él. – Pero eso ya no remediará nada…

- ¡Claro que sí! – La soltó para sacar de la casaca algo, se hincó y la miró a los ojos. – Debía haberlo hecho cuando pude… luchar contra todos por nosotros… - Le mostró un anillo. Eleanor estaba sin habla. – Milady Eleanor Backer: ¿Aceptaría ser mi esposa… para siempre? – La rubia lo miraba sorprendida.

- ¿Qué dirá su distinguida familia… Milord? – Preguntó aún dudando.

- No me importa… yo sólo quiero ser feliz a tu lado. Te amo tanto Elly…

- Yo… yo… - Lo miró a los ojos, pudo comprender que estaba siendo sincero. – Acepto… Richard… - Michael salió de su escondite y corrió hacia sus abuelos gritando muy emocionado.

- ¿Pero qué es esa conducta jovencito? – Preguntó el Duque, tratando de no perder el decoro al verse rodeado por Terrence y Candy que se acercaban a felicitarlos.

- Michael, insistió… - Respondió Terrence aparentando inocencia ante la mirada de su padre.

- ¿Cómo es que… - Comenzó a decir Eleanor.

- Los niños son muy intuitivos… - Le interrumpió Candy, su suegra la miró con suspicacia.

- ¡¿CUÁNDO SERÁ LA BODA? – Preguntó Teshi gritando desde lo alto.

- ¡NO SEAS TAN ENTROMETIDO! – Lo retó Armand, no pudieron evitar reírse de los chicos. El Duque miró a su futura esposa.

- Por mí sería mañana mismo. – Afirmó el Caballero.

- ¡Perfecto! – Todos miraron a Terrence. – Casualmente hay una pequeña capílla aquí y mañana arribará de Cuba mi amigo sacerdote… - Su padre lo miró sorprendido. - ¡¿Qué?

- ¿Tú?... ¿Amigo de un sacerdote?

- Bueno, hay cosas a las que Candy me ha obligado…

- ¡¿QUÉEEE? – Exclamó la rubia pecosa. Él comenzó a reír y ella a perseguirlo haciendo reír a todos.


La ceremonia había sido muy sencilla y emotiva. La fiesta muy alegre. Al anochecer, Terrence se dio cuenta de que su pecosa no estaba por ahí. Fue a la habitación de su hijo, encontrándolo dormido, pero tampoco la niñera la había visto. "Pecosa, ¿Dónde estarás?". Fue a la habitación que compartían, sonrió tan pronto vio detrás del biombo. Salió a la terraza y se descolgó por el barandal para dirigirse a la capilla, no la encontró por lo que supuso que estaría en el campanario. Ahí estaba, vestida con sus ropas masculinas, sentada mientras contemplaba la noche.

- ¿Sabes qué es lo que más amo de ti? – Le preguntó mientras se acercaba. Ella sin volverse sonrió. – A pesar del tiempo, siempre serás tú… nada hará que cambies: una traviesa, sonriente y entrometida mona pecosa… - Ella rió suavemente.

- Y tú un fastidioso y engreído pirata que siempre tiene que buscar la forma de molestar a los demás. – Él se había sentado a su lado. A lo lejos podía ver el fuego de las antorchas de los jardines y escuchar la música.

- ¿Qué haces aquí?

- Recordando… Cuando me salvaste en Port Royal… y la primera vez que estuve aquí…

- Estabas tan triste… decías que querías gritar. – Ella sonrió.

- Era una forma de sentirme mejor… Las cosas malas parecían perder importancia después de... - No pudo continuar porque el joven tomó su rostro entre sus manos y comenzó a besarla.

- Yo supongo que esto te hace sentir todavía mejor… - Le susurró al oído mientras comenzaba a acariciarla.

- Siempre… - Respondió sofocada. – Mil veces mejor… - Él la seguía acariciando, ahora la besaba con pasión. Recordó algo. – Espera… espera... - Le susurró, él había comenzado a halar sus ropas.

- Pecas… no hay nadie aquí… - Le sonrió con malicia, volviendo a besarla. – Puedes gritar todo lo que quieras… y como quieras... nadie nos escuchará…

- ¡TERRYYY! – Exclamó apenada. Él soltó una carcajada.

- ¿Vas a ponerte ahora tímida? – Se aproximó para besar su cuello, mientras continuaba sajándole la ropa.

- Esperaaaa… h-hay… hay algoooo... mu-muuuyy… importante… q-que… q-quiero decirte…

- Después… - Murmuró continuando su labor, ella se separó un poco, por lo que se detuvo extrañado. - ¿Qué pasa? – Se preocupó al ver su rostro serio.

- Yo… - Se mordió los labios. Se volvió para mirarlo a los ojos: – Yo… estoy… en cinta… - Apenas lo dijo y él volvió a besarla, ella reía.

- ¡Lo sabía!... – Ella se detuvo en seco. Lo miró sorprendida. – Sólo esperaba que tú lo confirmaras.

¡¿QUÉEEE? – Lo vio sonreír de medio lado. - ¡¿CÓMO LO SUPISTE?

- Estabas comiendo demasiado… de nuevo… - Soltó una carcajada al ver su expresión. – No te enojes, mi madre lo notó… como cuando Michael…

- ¡TERRENCE GREUM GRANDCHESTER! – Fingió molestia por haber arruinado su sorpresa. Él sonreía y no le importó, se acercó para estrecharla de nuevo y comenzar a besarla.

- Hay que celebrarlo… apropiadamente… - Continuó sajándole la ropa. - ¿No te parece?...

- E-eres... i-incorregibleeeee... - Susurró imitándole.

- Pero así me amas...

- Siempre lo haré... Mi Pirata...


Thema miraba a todos divertirse desde el balcón de su habitación. Su hijo y Armand continuaban disfrutando de la algarabía a pesar de que los demás niños ya se habían ido a dormir. Se sentía contenta, Teshi se había quedado en Londres con Archibald y su hijo para estudiar, pues ambos quería entrar a la Marina Real Inglesa. Estaba feliz de haber conocido a los Ardley y los Grandchester. Había sido lo mejor que le había pasado en su vida, liberándola de creer que todos los extraños podrían ser tan crueles como los que habían destruido su aldea y su familia en África para convertirles en esclavos. Sonrió. La pequeña Mandisa-Malaika era la más pura prueba de la existencia de gente buena en el mundo y que la veían como una igual. Tomó su morralillo, comenzó a decir algo y luego arrojó los caracoles a la mesa. Sonrió con satisfacción: "La felicidad rodeará a todos de ahora en adelante… los dioses nos protegerán para siempre…"


FIN


Hola:

Muchas gracias a todas las lectoras anónimas por leer y seguir de cerca mi segundo fanfic. Les agradezco de todo corazón a mi tocaya myrslayer, Nikkita22, coquette81, ShiRleY, gra, Valerys, Melody, Lizzig (Gracias por la idea de hacer caminar a alguien por la plancha, sé que querías que fuera Susana, pero me pareció más humillante para Eliza jijijiji), grace, ladybug, lulis, ladylore-grandchester y Galxylam84 por sus reviews y a cada una por sus comentarios y observaciones.

Y a aquellas chavas que tengan deseos de escribir, les aconsejo que lo hagan… sólo sigan lo que les dicten sus sentimientos, siempre habrá muchas críticas y las destructivas siempre provienen de personas frustradas que quisieran escribir y no se atreven, molestándoles que otras lo hagan. Sólo atrévanse a hacerlo con el corazón.

Espero que pronto pueda encontrar la inspiración para una nueva aventura para nuestra amiga pecosa…

Se despide por el momento su amiga

Pecasnep (Miriam)