Capítulo IV: "Entre Recuerdos Y Rencores"


"En momentos silenciosos, imaginando que estás aquí,
Todos mis Recuerdos te mantienen cerca."

Pudimos haber escapado, y ser libres al fin.
Pero, ¿Qué Libertad hubiese sido esa?
Pudimos crear un mundo en el que sólo existiéramos nosotros.
Entonces viviríamos en una ilusión demasiado egoísta como para subsistir.
¿Es que a caso fue el miedo?
Si alguna vez temí estar para siempre contigo... ese temor fue opacado por pensar siquiera en una eternidad sin ti.
Quizá nunca fue Amor... Quizá sólo fue apego.
Si dudar de mis sentimientos te hace comprender, pues duda. Pero recuerda que de muchas maneras se ama, y que no todas se pueden comprender.
Entonces, ¿por qué es tan fácil resignarse a dejar partir a quien se ama?
Nunca fue fácil. No hay día en que el Alma no se me desgarre al recordar el camino que escogí.
Pudimos estar juntos... pudimos ser libres...
Tal vez hubiésemos podido estar juntos... Pero la Libertad no la hubiésemos tenido nunca.
Pues para mí no hay mayor libertad que poder amarte y estar contigo.
Prisioneros de un destino inevitable somos entonces.
Prisioneros somos.

"Los recuerdos alivian el dolor interior."
O, tal vez, lo intensifican.

-¿¡O sea que somos prisioneros de este Bosque!? –gritó Malfoy luego de que Titania les explicara que aquel Anciano no era Tapio, pero eso no era lo que a Draco le importaba realmente; a él le preocupaba mucho más el hecho de que nadie más que ellos hubiese sido escogido en más de un siglo, hasta que se dio cuenta de que comenzaba a pensar como si todo lo que le hubiesen dicho fuese verdad, y aquello le agradó mucho menos.

Ginny miró a Draco, cansada ya de sus ocurrencias, como diciendo: "No somos prisioneros. Y no digas más estupideces". Entonces se volvió nuevamente hacia Titania quien caminaba a toda prisa, con ellos detrás, intentando alcanzarla.

-Si esa persona servía a la Oscuridad, ¿por qué usted no hizo nada antes? –preguntó la joven que ya casi le pisaba los talones a Titania.

-¡Sí! –apoyó Draco desde más atrás, sin pensar ni darse cuenta a quién estaba apoyando-. ¡Nos pudo haber asesinado! Nosotros no teníamos varitas... y usted nos dejó solos.

-Eso jamás lo hubiese permitido... –contestó Ania, sin voltearse, y adelantando más el paso.

-¡Un momento! –Draco interrumpió a Titania mientras miraba su espalda de forma acusadora, como si recordara que la Dama Blanca le había dicho algo muy malo-. ¡Mi varita!

Ginny paró de inmediato mientras se volteaba para mirar a Malfoy, recordando lo que este había dicho después de acceder a ir a conocer a Tapio, sin saber que el verdadero trato para recuperar su varita había sido cargarla mientras Titania intentaba transportarlos hacia el lugar en donde la curandera estaba.

La Dama Blanca también paró de caminar, mientras que en su rostro surcaba el amago de una expresión muy similar a quien toma algo muy ácido.

Newt, que iba detrás de Malfoy, abrió muy grande sus ojos de niño y los dirigió hacia Titania, quien se disponía a hablar.

-Yo... –comenzó, pero Draco la interrumpió.

-¡Usted lo prometió! ¡Fue nuestro acuerdo! ¡Si cargaba a la pecosa usted me devolvería mi varita! –gritó Malfoy, adelantándose a los hechos, creyendo que Titania se iba a negar a entregarle la Varita.

Fue entonces cuando Ginny cayó en la cuenta de que Draco no la había ayudado porque sí, y se sintió ridícula. Ridícula por haberle agradecido cuando él no hacía más que pensar en sí mismo.

-Así que fue por eso... que me ayudaste –aunque Ginny lo dijo en un susurro, mirando a Malfoy con una expresión lejana, este le entendió perfectamente.

-¡Claro! –contestó Draco, con voz segura-. No esperarías que cargarte hasta donde la otra chiflada y cuidarte mientras dormías era porque de verdad quería, ¿o sí? Tú sabes por qué llegamos aquí.

Ginny no contestó, pues la sola mirada de desprecio que le dedicó a Malfoy bastó. Por supuesto que no esperaba que lo hubiese hecho porque de verdad quería, pero sí se le había pasado por la mente que él lo hiciera porque se sentía culpable.

-Aquí tienen –interrumpió Titania con voz seca, adelantándose a alguna discusión, mientras les estiraba dos varitas que Ginny y Draco reconocieron como suyas-. Pero de nada les servirán aquí.

-¿A qué se refiere? –preguntó Ginny una vez que hubo tomado su varita después de Draco, quien casi había saltado a tomar la suya.

-Me refiero a que han hecho tanto daño con ellas, que esta parte del Bosque, que aún no está contaminada por completo, no dejará que las usen.

Draco miró a Titania de la misma forma con la que se mira a alguien que te acaba de dar una inoportuna y mala noticia antes de apretar más fuerte su varita y lanzar el primer hechizo que a su mente vino hacia un trozo de leña cercano:

-¡Flipendo!

Nada.

El leño ni siquiera se movió, y Draco tuvo que repetir el hechizo cinco veces más para darse cuenta de que nada sucedía y de que nada iba a suceder.

Ginny apretaba con fuerza su varita, mientras veía como Draco intentaba una y otra vez el hechizo. Con la poca esperanza que aún le quedaba, pronunció el mismo hechizo que Malfoy en dirección hacia el leño, pero nada ocurrió.

-No importa cuánto intenten... –susurró Titania, como si creyera que al hablarles más despacio Draco y Ginny tomarían mucho mejor la noticia de que sus varitas no servían, no en ese lugar.

-¿Qué le hizo a nuestras varitas? –quiso saber Malfoy, y aunque no gritó, su susurrante voz dejaba notar que lo hubiese hecho si es que la noticia de no poder usar su varita no fuera tan fuerte como para dejarlo sin habla unos momentos.

Titania lo miró mientras movía su cabeza:

-El Bosque está siendo envenenado por la Maldad... Y ustedes han hecho tanto daño que, aunque hayan sido escogidos para esta misión, el Bosque no confía en ustedes. No esta parte de él. Sólo ustedes saben lo que han hecho antes con sus vidas, pero sé que tienen tanto rencor en sus corazones que en estos momentos el Bosque no hace más que protegerse de lo que ustedes pudiesen llegar a hacer con sus varitas.

Draco miraba a Titania con los ojos brillantes de rabia:

-Pues es un Bosque inteligente, entonces –pronunció, con rencor-. Pues lo primero que haría sería sellarle la boca a usted y quemar su maldito Bosque –su cuerpo temblaba ligeramente, mientras que con una de sus manos sostenía aún, fuertemente, su varita.

Ginny miró con temor en los ojos a Titania y preguntó:

-¿De verdad usted no lo hizo? Usted no fue quien inutilizó nuestras varitas, ¿verdad?

-No, Ginevra –respondió Titania, intentando ser dulce-. No fui yo.

Ginny afirmó levemente con su cabeza mientras agachaba la vista, lentamente. Fue entonces cuando se dio cuenta de cuánto le dolía su pierna. Sintió todo el dolor que había sido reprimido aquel día y cayó al suelo tan repentinamente que ninguno alcanzó a sostenerla. Si bien el estar en una de las moradas de la curandera Nuria había apaciguado el dolor, ahora volvía multiplicado por diez, entremezclado con la preocupación y la desesperanza.

En el suelo, Ginny se llevó una de las manos a su pierna izquierda, recordando, con horror, como estaba el día anterior, e imaginándose cómo estaría ahora.

Titania y Newt corrieron a su lado, y, sin pensarlo dos veces, la Dama Blanca subió la túnica que la muchacha llevaba y arremangó su pantalón para ver la causa del dolor que Ginny sentía.

Un alarido de sorpresa y temor dejó escapar Titania antes de llevarse, horrorizada, una de sus manos a su boca.

La pierna de Ginny ya no estaba verde oscura, no. El hechizo que Draco le había lanzado teñía ahora su pierna de negro, mientras que era apenas visible el tajo de diez centímetros que surcaba su ahora negra pierna, que tenía el aspecto de estarse pudriendo.

Malfoy miró con grandes ojos el efecto que había tenido su hechizo en la pierna de Ginny, mientras daba un ligero respingo. Entre el dolor, la muchacha percibió claramente las palabras de Draco:

-Eso te enseñará a no ser una entrometida.

Titania lo miró casi con la misma intensidad de rabia con la que Draco la había mirado antes:

-¡Tú hiciste esto! –lo culpó, mientras se paraba rápidamente desde donde estaba para acercarse a Draco con paso apresurado-. ¿Por qué estás tan empecinado en hacer daño? –preguntó con amargura antes de quedar a unos cuantos centímetros del joven mago quien no se movió al no querer demostrar signos de temor alguno.

-Créame –respondió Draco con voz firme antes de mirar a Ginny, quien, en el suelo, tenía los ojos cerrados, intentando concentrarse en cualquier cosa para no sentir el dolor-, ella se lo merecía.

Titania lo miró con desprecio antes de llevar su mano al cuello de Draco mientras arrancaba con fuerza el collar que él llevaba:

-Tú no te mereces esto –susurró la Dama Blanca mientras sostenía con fuerzas el hermoso collar.

-Pero, le pese o no, es mío –Draco intentó recuperar el collar, pero Titania ya se había volteado para regresar con Ginny.

-Necesito de tu magia también, Newt –recordó la Dama Blanca al niño que estaba a su lado, quien afirmó con la cabeza y posó sus blancas manos en la pierna de Ginny mientras cerraba sus ojos-. Sólo un poco, sólo un poco –pidió Titania antes de agacharse nuevamente.

Draco miraba de reojo todo aquello, sin decidirse aún si marcharse o no. Sabía que estaba indefenso sin su varita, pero sabía también que tenía a Scorpio, y que si todo lo que Titania había dicho sobre el Bosque era una farsa, el Thestral lo ayudaría a salir de allí.

La Dama Blanca había posado también una de sus manos en la pierna de Ginny, la mano en la que sostenía el collar que le había quitado a Draco. Tenía sus ojos cerrados y su boca se movía ligeramente, como si pronunciara palabras mudas.

Y entre el dolor y la confusión, Ginny recordaba vagamente lo que una noche, mientras era curada, escuchara.

-Es un hombre lobo –decía la voz segura y lejana de un hombre joven.

-¿Cómo pueden estar tan seguros? –preguntaba la voz de una mujer, también lejana y preocupada.

-¡Todo encaja! ¡El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado debió encargarle a Greyback que lo mordiera! ¡Como una especie de castigo! –aseguró otro.

-Greyback es amigo de su familia... –volvió a insistir la voz de la mujer.

-¡Esa gente no tiene honor y su lealtad sólo se limita a "su Señor"!

Un Silencio de reflexión hizo a Ginny recordar en la situación que estaba mientras las dudas comenzaban a asaltarla.

-¿Tienen pruebas?

-No, pero las tendremos –pronunció con voz firme el primero-, no lo dudes.

Fueron las últimas palabras que recordó antes de que a su mente viniera la imagen de un muchacho con cabello negro azabache y ojos color verde esmeralda corriendo mientras tras él una fiera criatura, mezcla de lobo y humano, lo perseguía.

-¡¡¡HARRY!!! –gritó mientras se despertaba muy alterada.

En el acto sintió que una fría mano le tapaba fuertemente la boc,a mientras una ligera descarga de sensaciones la recorría entera.

-Calla –susurró la fría voz de Draco muy cerca de su oído derecho-. Nos persiguen.

Ginny intentó zafarse, pero Malfoy no se lo permitió.

Silencio. Un silencio tan incómodo que tuvo que mirar a su alrededor para tranquilizarse.

Parecían estar dentro de un Árbol hueco y sólo unas pequeñas grietas dejaban entrar leves rayos de sol que no alcanzaban para iluminar el interior.

Sus respiraciones se hacían cada vez más aceleradas, hasta que una lanza penetró en el Árbol.

-¡Maldición! –dejó escapar Draco al ver la lanza muy cerca suyo, mientras se paraba y tomaba por el brazo a Ginny para que hiciera lo mismo-. ¡Rápido! ¡Hay que escapar!

Y Ginny, quien no entendía nada, se paró rápidamente dejando que Draco, uno de sus peores enemigos, la guiara.

-¿Por qué escapamos? –quiso saber Ginny cuando Draco susurró algo en una lengua extraña al árbol y cruzaron por él como quien cruza por una cortina de agua.

-¿Por qué? –preguntó Draco, sorprendido, con un toque de ironía en su voz-. ¿No viste la lanza entrar por el árbol? ¡Nos persiguen! –informó-. Quizá lo que dijo la chiflada es cierto... –susurró. Ginny estaba segura que él había pensado en voz alta.

Ambos corrían por el Bosque entre árboles y arbustos, mientras el atardecer reinaba en el cielo.

-Sí... pero, ¿por qué nos persiguen?

Draco volteó su cabeza para mirar a Ginny y contestar:

-No lo sé... –dijo Malfoy de mala gana, volviendo a desviar la vista hacia el camino. No le gustaba darle explicaciones a Ginny, pero no dárselas era peor, o por lo menos en aquellos momentos-. Lo único que alcancé a oír bien era que ya sabían que estábamos aquí... y que corríamos peligro –concluyó mientras corría y tiraba más fuerte del brazo de Ginny.

-¿Qui...quiénes saben? –tartamudeó la muchacha mientras corría sin siquiera ver donde pisaba.

Draco abrió la boca para hablar cuando escuchó un ruido que se iba intensificando, y en el árbol más cercano posó su espalda atrayendo a Ginny hacia sí, mientras llevaba su índice a sus labios como señal de que no dijese nada. Ginny se sorprendió ante la sensibilidad auditiva que Draco tenía, ella no había escuchado nada, pero decidió no hablar.

Callados, haciendo el menor ruido posible hasta en respirar, escucharon los pasos de "personas" acercándose.

Escondidos comprendieron que era cierto que los buscaban, que estaban en peligro y que los únicos que parecían querer ayudarlos en aquel lugar eran Titania y Newt.

-¡Búsquenlos! –gritaba un ser con voz de ultratumba a lo lejos-. ¡Búsquenlos y encuéntrenlos, la recompensa será grande!

-¡Es difícil buscar cuando se tiene el estómago vacío! –alegó otro de mala gana.

-Si los encuentras podrás comerte el brazo de alguno de ellos –río un tercero-. No creo que lo necesiten mucho si los atrapamos.

Ginny ahogó un gemido, temblaba al sentir que aquellos seres se acercaban cada vez más a ellos, y temblaba al sentirse tan cerca de Draco, una persona que podía traicionarla cuando menos se lo esperara, pero... ¿acaso ella no era capaz de hacer lo mismo?

Draco movía su cabeza buscando algún modo de escapar:

-Tendremos que correr –susurró Malfoy cerca del oído de Ginny, quien tembló aún más por la sorpresa que la voz de Draco le causó.

-Nos verán... –alegó la muchacha.

-Lo sé... Pero escapamos ahora, o se acercarán aún más... y ya no habrá salida.

-¿Por qué… por qué haces esto? –en aquella situación, antes de dejarse guiar aún más por Malfoy, debía saberlo.

-Si alguien acaba contigo seré yo –los grises ojos de Draco la penetraron. Él no daba su trabajo a terceros. Había aprendido aquella lección hace mucho, mucho tiempo.

Ginny abrió la boca, pero de ella no salió ninguna palabra.

-¿Lista? –preguntó Draco, pero no espero respuesta; se llevó dos de sus dedos a la boca y el silbido que profirió fue tan fuerte que Ginny supo que si no se movían rápido estarían perdidos-. ¡Corre! –Malfoy tomó su brazo nuevamente y la levantó rápidamente.

Juntos corrieron, mientras desde atrás eran acechados por criaturas que, además de cortarles un brazo para comérselo, no sabían qué más les harían si los atrapaban.

-¿¡Por qué silbaste!? –Ginny corría con todas las ganas de pegarle a Draco. ¿Por qué había silbado? ¿Por qué había dado su ubicación? Pero la respuesta la vio surcando las copas de los árboles a gran velocidad: Scorpio.

-Deberás sujetar bien mi brazo si es que quieres escapar –advirtió Malfoy sin contestar a la pregunta de Ginny, quien apretó el brazo de Draco con más fuerza.

Scorpio aterrizó a tan sólo unos metros y marchó velozmente hacia Draco y Ginny, quienes apuraron el paso, pues sabían que la distancia entre ellos y las criaturas era cada vez más escasa.

-¡Sujétate! –gritó Draco a Ginny antes de lanzarse con un salto hacia el Thestral.

La muchacha sólo alcanzó a ver por unos instantes el salto que Draco daba y como lograba sujetarse con un sólo brazo del cuello del Thestral antes de sentir que era arrastrada por la mano de Malfoy.

Scorpio no se había detenido, y Draco parecía muy acostumbrado a saltar para montar a su Thestral cuando este iba a gran velocidad, pero Ginny no estaba acostumbrada a que uno de sus peores enemigos la llevara sólo sujetada de un brazo mientras intentaba subirse, con mucha habilidad y ligereza, a su Thestral.

Sintió el suelo bajo sus pies sólo unos segundos antes de darse cuenta de que el Thestral se elevaba.

-¿¡Qué demonios haces, tarado!? –gritó la pelirroja ya a un metro del suelo, sin saber si zafarse y caer al suelo, para luego correr y rogar para que quienes iban detrás de ellos no la alcanzaran o quedar colgando de un brazo a merced de su enemigo mientras el Thestral se elevaba más y más.

-Me vuelves a decir tarado y te suelto, ¿me oíste? –respondió Draco con fingido enojo, pues parecía disfrutar de la situación.
Ginny apretó con mayor fuerza el brazo de Malfoy, mientras que su mirada se desviaba hacia abajo, en donde a escasos metros de ella se encontraban unos corpulentos seres corriendo.

Decidió que lo mejor sería cerrar los ojos y esperar lo mejor.

-¿De verdad crees que te dejarán unirte? –preguntó una rubia joven de grandes ojos a la muchacha pelirroja que comenzaba a empacar sus cosas.

-No... -respondió la joven voz de Ginny, mientras se volteaba para mirar a su amiga.-. Pero luchar contra el mal no es algo que requiera permiso, Luna.

-Sabes que te dirán que no –le recordó Luna a su amiga-. ¿Por qué...?

-Entonces tendré que luchar por mi cuenta –afirmó Ginevra Weasley con decisión.

En aquel momento no lo tenía claro, pero luego, con el tiempo, Ginny descubrió que si se había encaprichado con pedirle a Harry luchar con él y "su grupo", sabiendo que la respuesta sería un no, era nada más que para estar enfadada ante la respuesta y no sentirse tan culpable de tomar la decisión que hace un tiempo estaba planeando: Luchar anónimamente, sin imaginarse las repercusiones que esto traería para su futuro.

El fuerte tirón que sintió en su brazo izquierdo le hizo volver a la realidad.

Draco, quien al parecer había decidido no soltarla, tiraba muy fuerte del brazo de Ginny:

-Esta será la última vez que te ayude... –decía Malfoy con voz cansina-. Pesas demasiado.

La muchacha se mordió la lengua para no contestar, en especial si contestar significaba caer a más de 5 metros de altura, nuevamente.

Draco, con una habilidad que sorprendió un poco a Ginny, logró subirla al Thestral sin dificultades, quedando él atrás.

-¿Y a dónde iremos? –preguntó la muchacha con voz entrecortada y mirando hacia abajo, pero al no obtener una respuesta inmediata, alzó la vista y encontró lo que Draco, desde atrás, observaba:

Estaba atardeciendo y las nubes cercanas tenían hermosos colores, pero en el Horizonte, muy lejos de allí, las nubes dejaban de estar en llamas para teñirse de un negro tormentoso.

Ambos tuvieron la espantosa sensación de que tarde o temprano tendrían que llegar al lugar bajo las nubes negras, sin embargo, ninguno mencionó nada sobre aquello.

-Al árbol cercano más grande –susurró Malfoy, mientras golpeaba suavemente a Scorpio con sus talones.

El Thestral comenzó su vuelo, doblando hacia lo que era la derecha de ambos para luego mantener la dirección.

-¿Qué pasó con…? –Ginny acababa de recordar a Titania y a Newt.

-Abajo, cuando escucharon que venían intentaron despistarlos. Claramente no funcionó.

Ginny también recordó su pierna. Afirmándose fuertemente a Scorpio, la muchacha levantó su túnica lo suficiente para darse cuenta de que la herida había desaparecido. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No se sentía segura, no al lado de Malfoy. Ella no se movió, permaneciendo atenta ante cualquier movimiento que hiciera Draco.

El joven sintió como la joven se tensaba y supo el motivo. Acercó su cabeza a la de Ginny y habló:

-Un día, Weasley, tú y yo arreglaremos cuentas –su voz era un siseo que heló a la muchacha -. Pero hoy no es el día.

Ginny sabía que estaba en desventaja, pero también sabía que lo que él decía era verdad, llegaría el día en que ambos se enfrentarían, y ella debía estar preparada.

Ninguno de los dos supo por cuántos minutos pasaron encima de árboles y más árboles que parecían tener el mismo tamaño, pero sólo cuando las primeras estrellas comenzaron a aparecer, Scorpio redujo su velocidad para comenzar a descender.

Draco fue el primero en bajar. Ginny se quedó donde estaba, observando los movimientos del muchacho.

Era ágil, se movía despacio y con elegancia, atento a cualquier ruido; fue cuando Ginny comenzó a prestar atención en dónde estaban. El lugar estaba débilmente iluminado por el cielo nocturno y no era mucho lo que se podía ver. Estaban en un pequeño claro, rodeados de árboles, pero a los pies de uno de un grosor y altura superior a los demás.

Ginny bajó con torpeza del Thestral que comenzaba a moverse, inquieto. Faltó sólo un poco para que se cayera, claramente ella no gozaba del porte aristocrático que Draco tenía incluso hasta en aquellas situaciones, y se sintió torpe.

-No creo que este… -Ginny habló despacio, pero la voz se le cortó cuando Draco se volteó hacia ella con una rapidez que la sorprendió, pero no la miraba a ella. Antes de que alcanzara a voltearse, la muchacha ya estaba en el suelo, inmovilizada.

-¿Qué tenemos aquí…? –una voz gutural penetró en los oídos de Ginny, mientras sentía el peso de alguien en su espalda.

Draco había sido más rápido.

-¡Sigan al otro!

Pero no lo suficiente. Después de correr unos metros, se vio rodeado por unos seres negros que no dudaron en abalanzarse hacia él.

-¡Quédate quieto! –le ordenaron, mientras le tapaban la boca para que no gritara.

-¡Nadie que no haya sido invitado puede entrar a nuestro territorio!

Una daga amenazó con cortar el pálido cuello de Malfoy.

-¡Di tu nombre y a quién le sirves!

Cuando Draco por fin pudo hablar, sólo dijo una palabra:

-¡Kidungüneun!

El silencio que se hizo sólo fue interrumpido por el forcejeo de Ginny, quien pudo liberarse.

Lo que fuese que Draco tenía en frente cayó al suelo, y en su lugar apareció la figura de un niño.

-Kidungüneun -repitió Malfoy. Entonces, todos los atuendos negros cayeron al suelo y la daga liberó su cuello.

Draco ni siquiera podía explicarse a sí mismo cómo es que recordaba la palabra que Titania le había dicho, pero no le importó más que estar rodeado.

-Lo sentimos –el niño que tenía en frente se acercó hasta él, y al inclinarse en una reverencia, Draco pudo notar como algo en su frente brillaba-. Soy Hertz. Los llevaremos a nuestra morada.

Ayudaron a una confundida Ginny a ponerse de pie y le indicaron que caminara hacia el rubio joven mientras ellos los rodeaban para caminar junto a ellos.

-¿Quiénes son ustedes? –Draco no pensaba moverse hacia ningún lugar sin saber hacia dónde y quiénes los dirigían.

-Somos centinelas. Protegemos este lugar para que los seres oscuros no puedan pasar. Cualquier desconocido es un posible enemigo –Hertz intentaba hablar con claridad y sin nerviosismo, llevaban años esperando aquel momento, y saber que había llegado los invadía de emoción-. Si se quedan aquí, sin la protección necesaria, los descubrirán. En la noche son aún más poderosos. Nuestro deber es llevarlos a un lugar seguro. Por favor, sígannos.

La respuesta fue suficiente como para que ambos accedieran a caminar hasta que llegaron a un claro mucho más grande. Los niños se detuvieron allí para darse la mano unos a otros formando un círculo alrededor de Ginny y Draco, susurraron algo con los ojos cerrados y, al dar un salto, ambos jóvenes pudieron sentir como el viento los envolvía. Protegieron sus ojos y para cuando los abrieron, el sitio se había transformado.

Árboles gigantes los rodeaban, y Draco pudo distinguir que se extendían mucho más allá de lo que la oscuridad les dejaba ver.

-¡Sean bienvenidos a nuestro hogar! –Hertz les sonrió amigablemente, mientras extendía sus brazos hacia la oscuridad-. Todo el mundo duerme ahora, ¡pero mañana podrán verlo todo! ¡Les encantará!

-Hertz –Titania acababa de llegar con Newt a aquel lugar, iba bastante despeinada y con muchas ramas enredadas en su blanca ropa-. ¿Han llegado bien?

-No sería como yo lo describiría –respondió Draco, que aún recordaba la daga aferrándose a su cuello-, pero logramos escapar. Recibimos una hermosa emboscada de bienvenida –la Dama Blanca podía notar el cansancio en los ojos de Draco, y la suciedad en el rostro de Ginny, quien parecía demasiado contrariada como para decir palabra alguna.

-Acá estarán seguros, más seguros que en cualquier otro lugar en kilómetros –aquello era muy cierto, la mayoría de los seres no se atrevían a salir de aquel lugar, sabían el riesgo que corrían fuera de ahí-. Draco, Hertz te llevará a uno de los árboles, allí tendrás comida y un lugar en el cual descansar. Te pido no lo rechaces.

Malfoy no dijo nada, sus fuerzas comenzaban a flaquear y necesitaba descansar. Cuando Hertz comenzó a caminar, él sólo se dignó a seguirlo.

-Ginevra, Newt te llevará a tu árbol –Ginny sólo asintió, al fin podría estar sola.

-Ustedes deberán volver a sus lugares, esta vez no deben dejar que nadie se acerque –les indicó Titania a los demás niños antes de retirarse del lugar, pero no hacia su propio árbol. Debía visitar a alguien antes.

Aún podía hacer viajes a cortas distancias usando su magia, pero era agotador, cada día sentía que perdía más y más fuerzas, pero no dejaría que su propia vida se apagara antes de cumplir con su propia misión: Proteger a los Elegidos.

Lo encontró donde siempre solía estar años atrás, el único lugar en donde él decía encontrar la paz, y a pesar de las muchas señales, la Dama Blanca nunca se había dado cuenta de que aquello no era del todo verdad.

-Forbes –Titania pronunció el nombre del Caballero que se encontraba parado bajo un gran árbol a orillas de un río.

El hombre llamado Forbes abrió sus hermosos ojos grises para contemplar a la Dama Blanca.

-Titania –en sus generosos labios el nombre pronunciado fue un susurro.

-¿Qué… qué haces aquí? –preguntó, claramente desconcertado por aquella visita.

-Una vez me dijiste que si algún día necesitaba algo, tú estarías ahí para mí -la expresión de Titania era dura, pero a Forbes las incalculables batallas no le sirvieron para ocultar el leve rubor que aparecía en sus mejillas-. Quería saber si aquello aún seguía en pie.

-Somos Caballeros, Titania. Nuestras palabras siempre seguirán en pie –su voz era grave y decidida, no así el brillo en sus ojos.

-Argusthat ha elegido nuevamente –continuó la Dama Blanca, analizando cada una de las expresiones del Caballero-… Pero eso tú ya lo sabes.

-Nuestro deber es saberlo. Nuestras criaturas te los llevaron.

-El bosque ha inutilizado los concentradores de magia de ambos. Ya han sido atacados y son presas fáciles. No sobrevivirían a una emboscada –continuó explicando Titania, y a pesar de que Forbes ya sabía lo que le pedirían, escuchaba con atención.

-Necesito que los entrenes. Ginevra tiene excelentes reflejos, pero dudo que sea capaz de levantar algo más pesado que una varita. Draco, en cambio, es más hábil y más fuerte, pero sus conocimientos son oscuros.

-Comprendo –Forbes calló unos instantes, evaluando las características-. Mañana enviaré a quienes necesitan –hizo una pequeña reverencia antes de comenzar a caminar.

-Uno de los tuyos salvó a la joven hoy día.

Forbes paró en seco y se volteó hacia Titania, que seguía en su lugar, firme.

-Para eso los hemos entrenado –sólo ante esta respuesta la dama volteó hacia el Caballero.

-Tapio fue capturado cuando tú estabas a cargo y aquel muchacho la llevó a su viejo hogar. Sé sincero con tu gente, Forbes. La vida de Ginevra y Draco no es un precio que estoy dispuesta a pagar para que conserves tu orgullo –los ojos de Titania habían cambiado con el tiempo, Forbes pudo notarlo, todos sus rasgos eran más duros, pero si observaba bien, aún quedaba algo de la joven dama que él había conocido.

-Di tres días para que encontraran a Tapio, Titania. Hoy se vence el plazo. Si no lo encuentran para medianoche, daré el aviso a todos mis caballeros –y sin esperar respuesta, se marchó decidido. No quería verla así, prefería recordarla como ella había sido, y no como ahora era. No tuvo el valor para enfrentar el presente.

La Dama Blanca se quedó unos instantes más allí, en silencio. Forbes no había cambiado mucho, seguía usando aquella corta barba que tapaba sus hermosas facciones, así como tres cicatrices alineadas que él no había dejado que nadie las curara o las hiciera desaparecer. Titania las recordaba bien, ella se las había hecho. Aquella fue la primera vez que golpeo a alguien.

Pero no fue la última.

Draco subió las escalinatas de su árbol como Hertz le había indicado, y las pequeñas hadas que aquel niño le había dejado lo seguían a una distancia prudente mientras iluminaban el camino. El lugar que encontró al final de las escaleras no era la inmunda "casa" en el árbol que Draco había esperado. Todo allí era hecho de madera. Iba a comenzar a inspeccionar, pero las hadas comenzaron a cantar. Era un canto suave y cálido que embriagaba los sentidos, Draco estaba muy cansado para luchar contra ello, así que se dejó llevar por ellas. Comió la única fruta que había en la mesa de lo que pensó era un comedor. Era viscosa, muy dulce y pequeña, pero bastó para sentirse satisfecho. Las hadas, aún cantando, le indicaron el camino hacia una "cama", o eso creyó ver mientras sentía su cuerpo demasiado cansado como para enfocar con claridad. Draco se tendió allí sin siquiera desvestirse, todo era borroso y las hadas insistían en seguir cantando. Cerró los ojos, mientras los últimos pensamientos los ocupaba en convencerse de que aquello no era cierto.

Newt acompañó a Ginny a subir las escaleras, pero la muchacha sólo podía pensar en una cosa:

-Debo pedirte algo. Sé que tú haces magia. Si mi varita funcionara lo haría yo misma… -comenzó Ginny ante la atenta mirada de Newt, quien sólo escuchaba. La pelirroja sacó algo de su túnica, un pequeño bulto que parecía un libro en miniatura-. ¿Podrías volverlo a su tamaño natural?

Newt estiró su brazo y tomó el pequeño libro en sus manos.

-O tal vez podrías conseguirme una lupa –bromeó Ginny con la esperanza de no tener que recurrir a aquello.

-Come de lo que hay en la mesa primero.

Ginny observó la pequeña fruta que Newt le indicaba y la tomó.

-¿Qué es? –preguntó, mientras la miraba con desconfianza.

-Es lo que solemos comer cuando debemos hacer largos viajes. Es pequeña, pero te satisfará tanto como cualquier banquete.

Al parecer, Newt no pensaba ayudar sin que ella obedeciera, así que lo comió.

El niño sonrió, luego cerró los ojos y se concentró. Pasó un minuto en el cual Ginny pensó que Newt no lo lograría, hasta que un corto murmullo salió de sus pequeños labios, y el libro se transformó.

-Toma –dijo Newt-. Espero que encuentres lo que buscas.

Ginny recibió el libro entre sus manos:

-¿Lo has leído? –la muchacha no creyó que aquel niño hubiese tardado tanto sólo en cambiar el tamaño de algo tan simple como un libro.

-No –Newt posó sus ojos claros en la pelirroja-. Pero puedo hacerlo. Digamos que he leído una breve reseña para asegurarme que nada de lo que encuentres allí pueda dañarte.

A Ginny le asaltó una duda:

-Si puedes hacer este tipo de cosas, ¿por qué tuvo Malfoy que cargarme? ¿Por qué no me curaron ustedes cuando caí del árbol y sí curaron mi pierna?

-Nuestra magia sólo funciona bien aquí. Entre más cerca de la oscuridad estemos, más nos debilitamos. Si te hubiese cargado con magia me habría debilitado lo suficiente como para que debiesen cargarme a mí también –Newt intentó ser breve y claro, mañana respondería lo que fuese que Ginny preguntara, pero en ese momento debía marcharse-. No te preocupes, yo no te ocultaré las cosas que sé debes saber y entender. Ahora ve a descansar.

El niño no se marchó hasta que la muchacha desapareció tras la puerta que daba al que sería su dormitorio. Unas pequeñas hadas revoloteaban en el interior, iluminando el pequeño lugar que contaba con algo muy parecido a un colchón sobre una base de madera.

Ginny se sentó en su cama mientras las hadas comenzaban a cantar. Miró el libro mientras acariciaba su tapa. Estaba sucio y desteñido, con la tapa rasgada, pero aún así pudo ver la belleza que el diario alguna vez tuvo.

Conteniendo el aliento, lo abrió. En la primera página había algo muy breve, escrito con pulcra letra y tinta negra:

Prometí que pasara lo que pasara, yo protegería a Harry Potter. Si esto llega a tus manos es porque he muerto en el intento. Acá está mi vida y lo que he descubierto en ella. No es fácil compartirla contigo, pero sé que tal vez sea lo único que te ayude a descubrir su paradero.

Él vive.

Pansy Parkinson.

Las lágrimas comenzaron a aparecer y le nublaron la visión. Pero no importaba. No importaba porque todo lo que necesitaba leer después de meses sin noticia era aquello. Él vivía. Vivía y ella saldría de aquel bosque para encontrarlo, combatirían juntos y ella por fin podría volver a abrazarlo y decirle cuánto lo sentía.

Quiso saber más, pero la primera página fue lo único que Ginny alcanzó a leer antes de quedarse dormida.

Ni Draco ni Ginny tuvieron pesadillas aquella noche, las hadas se encargaron de ello. Velaron sus sueños y los arroparon cuando la brisa se hizo aún más fría. Les cantaron historias de árboles que hablaban, de aves que no podían volar y de seres que sólo podían ser vistos con los ojos cerrados. Y cuando no pudieron decidir qué más cantarles, se durmieron junto con ellos.

Titania aún estaba bajo el árbol en que había encontrado a Forbes cuando Newt apareció.

-¡Vaya! Esto aún no ha cambiado –la Dama Blanca no le contestó, su vista estaba perdida en el agua del río-. Vamos, Ania. Draco y Ginevra ya están durmiendo. Te ayudaré a volver.

-Es difícil –susurró.

-Oh, ¿y qué es difícil esta vez? –preguntó el niño cambiando su tono de voz.

Titania ya estaba acostumbrada a aquel tono de reproche, pero había aprendido a vivir con la culpa. Por ella Newt había sido condenado a aquel cuerpo de niño, pero a pesar de ello, él seguía protegiéndola.

-¿No te cuesta verlos a los ojos sin pensar que si no fuera por ellos las cosas serían muy diferentes?

-No, lo que me costó fue entender que ellos no tenían culpa alguna.

-¡Hemos sacrificado nuestra vida entera por unos asesinos, Newt! –entonces el niño se percató de que Titania aún tenía el collar en sus manos.

-Eso no lo sabemos, Ania…

-¿Y por qué iba a ser diferente esta vez? ¡Todos los demás lo han sido! ¡Todos los otros elegidos!

-Todos han sido diferentes y tú lo sabes.

-¡Todo este tiempo rogué para que esta vez fuese diferente! ¿Has visto la miseria en sus ojos? ¡La desesperación! ¡El odio!

Sí, Newt sí lo había visto, así como a veces también lo veía en los ojos de Ania.

-Sólo quiero… saber. Saber si algún día vendrá la paz que nos prometieron y que yo misma prometo.

Newt no pudo responder a aquello. Sentía la repentina desesperanza de Titania, y como muchas otras noches, el niño la acompañó, cuidó de ella mientras los recuerdos la volvían a atormentar y cuando se dio cuenta de que las fuerzas de Titania cedían, la llevó de vuelta para que ambos pudiesen descansar.

Tal vez las heridas del alma nunca sanarían. Tal vez los recuerdos siempre vendrían a atacar los ya desgarrados corazones. Pero perder la fe… Perder la fe es cometer un crimen.

Óberon sintió la brisa en su rostro. La esperanza volvía. Ahora sabía que las batallas tendrían un sabor diferente. Sus hombres y él vivirían y morirían para proteger a los Elegidos.


¡He retomado el fic! Sí, bueno, eso es bastante obvio. xD

La verdad no estoy segura si alguien lo seguirá leyendo, en especial porque ya se van a cumplir 3 años de haber subido el tercer capítulo.

Quiero decirles, sinceramente, que nunca pensé en abandonar el fic, a pesar de haberlo dejado a un lado durante tanto tiempo, siempre supe que lo retomaría.

Me entristece el hecho de que muchas de mis ideas se me olvidaron, tuve que releerlo para recordar algunas y saber qué había escrito y qué había quedado sólo como una idea en mi mente. Recuerdo haber escrito algunas cosas en el Word, pero eso se perdió cuando formatearon mi PC, aún así, creo que en algún lugar debí haber hecho una copia. Pero no era mucho, unos cuantos inicios de escena, nada más.

No sé si de verdad quieran una explicación de porqué demoré tanto. Sólo espero que este capítulo recompense a quien lo quiera seguir leyendo. (: No era lo que tenía planeado, pero todas las ideas fueron tomando más y más forma y supe que no podía meter todo en un solo capítulo.

A pesar de haber planeado muchos fics en mi cabeza, este es el único que me propuse escribir para terminar, y es porque de verdad me gusta este estilo.

La última parte de este capítulo está inspirado en el gran deseo que siempre he tenido de poseer mi propia casa en un árbol. Y también el contacto con la naturaleza. En el próximo capítulo, cuando nuestros protagonistas despierten, podré describir más el paisaje.

¡Oh! No puedo creer que ya lo esté publicando. Cuando comencé a escribir el fic lo único que deseaba era escribir luego todo lo que era inicio para poder darle forma a las ideas y sucesos que inspiraron todo esto. (:

Aún acepto críticas, tomatazos y vociferadores. (: