En ésta ocasión, el capítulo me quedó un poco bleh... capítulo de transición, podríamos decirlo. Prometo que el siguiente será mejor x_x ahins...
Me he tomado las licencias de añadir una invención propia al folklore de los elfos de Dragon Age xDDDDDD Como es ficción, todo se puede, y creo que no desentona demasiado... En realidad, Calanon es un nombre que viene del élfico de Tolkien, igual que Isilwen. Como no le podía buscar traducción (la tenía, pero no me acordaba cuando me puse a escribir) me inventé todo ese rollo de por medio... a ver que os parece...
Edit: finalmente le añadí una escena más, original del juego(y con los diálogos algo cambiados a propósito), ya que me parecía que me había quedado corta. Después de la charla sobre Calanon, me pareció apropiado incluirlo :P
In Uthenera
Capítulo 4
La intención de Alistair de hablar con Isilwen acerca de sus peculiares habilidades extrasensoriales al volver a Ostagar no pudo, finalmente, llevarse a cabo. Ni entonces ni después, por una serie de circunstancias que, como si fueran un alud, se desplomaron todas de golpe encima suyo, sin que les diera tiempo casi a reaccionar. Cuando por fin llegaron a las ruinas, matando a todo engendro que se les pusiera por delante, se toparon con una extraña mujer llamada Morrigan que decía ser Bruja de la Espesura, y que resultaba cualquier cosa menos fiable. Y sin embargo, como decía que su madre tenía aquellos documentos que buscaban, la elfa aceptó ir con ella para recuperarlos, sin reparos de ningún tipo. Quizás fueran sus antiguos prejuicios de templario, pero tenía la impresión de que, tarde o temprano, lamentarían de alguna forma esa decisión.
Como fuera, recuperaron los documentos, que resultaban ser los tratados que obligaban a los pueblos de Thedas (humanos, elfos y enanos) que colaborasen con ellos en caso de Ruina. Cómo habían llegado a manos de la madre de la bruja no tenía ni la más remota idea, el caso es que gracias a ella lo habían recuperado. Y para no ser menos, Morrigan les había acompañado durante casi todo el camino de vuelta, esfumándose cuando ya estaban casi a las puertas de Ostagar. Aquél encuentro le puso de mal humor y cualquier gana que tuviera de hablar se le esfumó por completo.
Para cuando regresaron a Ostagar, la noche ya caía sobre ellos, por lo que Duncan les avisó de que el Rito de Iniciación daría inicio de inmediato. De ser por él, hubiera esperado a la mañana siguiente, sabiendo lo devastador que resultaba el ritual, o al menos unas horas, pero sabía que, en las circunstancias en las que estaban, a las puertas de una gran batalla contra engendros, aquello no podía hacerse esperar. Y como se temió, el Rito aquella vez resultó incluso aún más traumático que cuando él mismo había tenido que pasar por él. Daveth no fue capaz de asimilar la sangre de los engendros y murió en el acto. Al ver aquello, sir Jory se echó atrás en el último momento, teniendo que obligar a Duncan a matarle. Sólo Isilwen sobrevivió al Rito, y como era de esperar, tardó un buen rato en recuperarse de la impresión que le causó. No se atrevió a molestarla con dudas en aquél momento; en cambio marchó a la tienda común de los Guardas Grises durante un rato, a despejarse la cabeza él mismo.
Hasta que ambos tuvieron que reunirse de nuevo a causa de la inminente batalla. Y en cambio de participar en ella, les habían encomendado la (según él) irrelevante misión de ir a encender una almenara en la Torre de Ishal, ya que así era como lo había planificado el teryn Loghain con el rey. Y ninguno de los dos tenía la más remota idea de que la tarea encomendada, que para nada era lo que parecía ser, les cambiaría las vidas para siempre.
A todos, en realidad, y no sólo a ellos dos.
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-Y allá que vamos, los tres aventureros sin miedo por el camino...-la voz sarcástica de Morrigan de pronto rompió el silencio que se había hecho entre ellos, mientras caminaban en dirección a la aldea que ésta había sugerido. Hacía unos tres días nada más que habían salido de la espesura de Korcari tras una pequeña estancia en la cabaña de Flemeth, luego de haber estado recuperándose de las secuelas que les había dejado la incursión a la torre de Ishal, y la madre de la bruja les había dejado a ésta bajo su cuidado, algo que no parecía haberle alegrado mucho a nadie. Isilwen, al final, tuvo que ser quien diera su última palabra, y dado que un mago les podía ser de mucha ayuda y no podían, en su situación, escatimarla, viniera de donde viniera, había accedido a que les acompañase. No obstante, si hubiera llegado a saber lo pesado que iba a resultar el viaje con ella en la compañía y Alistair silencioso como una tumba, se lo hubiera pensado mejor. Cuando la elfa se volvió a mirarla, la bruja se encogió de hombros, casi desdeñosamente. Sus ojos amarillos, inusuales e imposibles para una humana (claro, descontando que ella no era una humana corriente), la observaron de vuelta.
-¿Qué, por qué me miras así? Ya era hora de que alguien dijese alguna palabra, o me iba a volver loca. Un poco más y ésto parece un rito funerario más que una compañía de viaje...
-Es que no sé si te has enterado-Alistair, a unos pocos pasos de ellos, no pudo más y estalló en acritud, rompiendo su silencio-, pero es que en verdad alguien ha muerto. Varias personas, además. Miles de ellas.
-Personas de las que me importa un comino su existencia, si tengo que ser sincera-replicó Morrigan sin miramiento alguno-. En éstos tiempos aciagos, la gente muere. A puñados. ¿Vamos a tener que estar guardando luto por cada uno de ellos que caiga?
-Quizás a ti te traiga sin cuidado, pero al menos respeta a los que sí nos importa-el ex-templario la miró con desagrado-. Algunos hemos perdido personas importantes en nuestras vidas, en esa batalla. Pero dudo que tú hayas pasado por una situación semejante nunca.
-Ésto es sólo el principio. No sólo ellos cayeron; más adelante, mucha más gente también caerá. Así es la vida, más aún en un país en guerra. Quizás también nosotros caigamos antes de que lleguemos a reclutar a toda la gente de esos dichosos tratados, quién sabe. Lo único que debería importarnos es que estamos vivos, ahora, en este momento. Y punto.
-Desde luego, consolando a viudos serías única... Tacto semejante no lo he visto yo ni siquiera en las arañas gigantes de los bosques. No se me ocurre el motivo de que a veces elijas convertirte en una...
-¿Y tú, elfa?-ahora la bruja se había dirigido a ella, cansada de tener que pasar por otra de sus interminables discusiones con el guarda gris masculino-. ¿Qué es lo que opinas de todo ésto?
-Gran detalle por tu parte preguntarme mi opinión, ma serannas...-suspiró Isilwen, irritada también de escucharles discutir-. Si soy sincera, prefiero mil veces el silencio que tener que escuchar cómo os tiráis los trastos a la cabeza de continuo. Al menos el silencio no me da dolores de cabeza. Bueno-reflexionó sobre lo que acababa de decir, frunciendo ligeramente el ceño-, quiero decir, dolores de cabeza más fuertes. Tengo una idea, ¿por qué no os apareáis y acabamos de una vez con esto?
-¡¿QUÉ? Ah, no... ¡ni borracho me acuesto yo con... con ésa!-de repente lívido, Alistair tomó aún más distancia de la bruja, señalándola con un dedo tembloroso-. Seguro que tiene efectos alucinógenos hacerlo, o algo por el estilo...
-Me alegra saber que estamos de acuerdo en algo-Morrigan puso los ojos en blanco. Meneando la cabeza, la dalishana les dejó estar, liderando la marcha de nuevo.
-En momentos como éstos, no viene tan mal tener una compañía que no sea humana. ¿Verdad, chico?-sonrió de medio lado, mirando a su lado al mabari que se les había unido hacía poco, a mitad de trayecto. Éste ladró animadamente, arrimando su cabeza a la pierna de la elfa de modo cariñoso. Muy seguramente fuera aquél que había ayudado en Ostagar; no sabía cómo supo encontrarlos, pero allí estaba, increíble pero cierto. Pensó que les sería útil tener un perro de unas características como las que los mabari tenían a su lado, de modo que decidió que se quedaría con ellos, pese a las protestas de Morrigan. Por su parte, Alistair, no estaba muy segura de si genuinamente o para llevarle la contraria a la bruja, aprobó con entusiasmo la nueva adquisición en el grupo, pero no había tardado demasiado en regresar a su mutismo habitual después de que la novedad pasara.
Miró de reojo al ex-templario: desde el incidente de Ostagar que estaba apagado, retraído en sí mismo, nada que ver con lo que había podido ver de él antes. Ella no podía culparlo: habían sabido por Morrigan y por su madre que Loghain les había traicionado a todos, y que de entre todos los que habían caído en la batalla, Duncan era, quizás, el más significativo para él. Por supuesto, ella no había conocido tanto a Duncan como él debía de haberlo hecho, pero entendía muy bien lo que se sentía al perder a un amigo. Suspiró una vez más. ¿Quizás debía hablar con él al respecto?
Más tarde. Todavía les quedaba un largo trayecto por delante antes de llegar a Lothering, y no se librarían de pasar una noche al raso, por lo menos. A pesar de eso, se decidió a romper el hielo, más que nada para evitar otro silencio tenso de nuevo. Si en algo tenía Morrigan razón era en que aquello estaba empezando a hacerse insoportable.
-Estoy pensando sobre qué nombre ponerle-dijo en voz alta-. ¿Alguno de vosotros tiene alguna idea?
-A mí no me preguntes-fue la respuesta amargada de la bruja-. Es tu apestoso perro después de todo. Te lo dejo a tu criterio.
-¡No es apestoso!-le defendió Alistair.
-Eso lo dices porque hueles igual que él... o peor...
Isilwen gimió con desesperación. Oh, no, ahí iban de nuevo... Por suerte, ésta vez el ex-templario no le siguió el juego, y se dirigió directamente a ella.
-La verdad es que no se me viene nada a la mente. Soy malísimo poniendo nombres, te voy avisando ya... antes que nada, ¿te has asegurado ya de si es macho o hembra? Porque si le pones un nombre como, por ejemplo... "Rosita de Primavera", no creo que le vaya a hacer mucha gracia...
El perro emitió, por toda respuesta, un gemido curioso, mientras que la elfa hacía esfuerzos para contener la risa, sin demasiado éxito.
-¿Cómo voy a llamar a un perro de guerra "Rosita de Primavera"?-exclamó, divertida.
-No tengo ni idea. Las mujeres tenéis gustos un tanto raros, podrías haber decidido ponérselo...¿Ves lo que te decía? A eso me refiero, soy terrible.
Isilwen se volvió un instante hacia atrás para sonreírle. Al menos había conseguido distraerle de lo que fuera que estuviera pensando; esa era la idea.
-Bueno, estoy bastante segura de que es macho... mmmh, había pensado en llamarle Calanon. Sí, creo que el nombre le va bastante bien...-comentó, pensativa. El mabari ladró con alegría y movió la cola, manifestando su aprobación.
-Parece que a él le gusta, eso ya es un avance-Alistair consiguió sonreír levemente también, observando al perro. Sí, ese era otro avance. Avanzó unas pocas zancadas más para alcanzar el paso de Isilwen, volviéndose a mirarla curioso-. ¿Qué significa? Me supongo que es élfico.
-No estoy muy segura del significado... aún queda por recuperar mucho del legado que perdimos, pero si no recuerdo mal, así se llamaba un perro lobo legendario que hizo su aparición en algunas de las historias que tenemos entre nuestro pueblo-contestó, más animada también. Sonrió con nostalgia-. Según contaba hahren Paivel, el narrador de nuestro clan, resultaba formidable y aterrador al mismo tiempo; se decía que tenía colmillos plateados, y que cualquiera que le escuchara aullar y tuviera conciencia de que había cometido malas y traicioneras obras, se le helaba la sangre, pues sabía que pronto le llegaría el momento de pagar por lo que había hecho. Se decía también que era un servidor de Elgar'nan, el dios de la venganza, por su forma devastadora de cobrarse los crímenes de la gente.
-Vaya-dejó ir Alistair, con un silbido-. Más nos vale comportarnos bien entre nosotros, si es que queremos ver la luz del siguiente día. A partir de ahora miraré a ese perro con otros ojos...
-Bien, también puede ser que no resulte nada más que un cuento para meter miedo a los niños. Ya sabes, para que se comporten como es debido-rió la elfa-. Pero pensar eso le quitaría mucha emoción al asunto, ¿no crees? Ahora todos los maleantes del mundo escucharán el nombre de mi mabari, y se orinarán encima del miedo. Es un punto que podemos usar a nuestro favor...
-Podríamos usarlo para amenazar a Loghain-añadió él, quien por un momento había vuelto a su patrón de comportamiento habitual, el que ella conocía. De inmediato puso una voz mucho más grave de la que tenía, supuestamente ominosa, y frunció el ceño, jocoso-. Calaaaaanon sabe lo que has hecho, hijo de mala madre... prepárate porque va a ir por tiiiiiii...
-Oh, sí, podríamos hacer eso; colarnos en su habitación y susurrárselo en su oído mientras duerme. Resultará muy efectivo, ya verás... -ambos, de repente, se miraron el uno al otro, y como si se hubiera obrado un hechizo, estallaron en breves carcajadas al mismo tiempo. Calanon se unió a la euforia general, ladrando y dando vueltas alrededor suyo. La única que no compartía el estado de ánimo era Morrigan, por supuesto, que les miraba con las cejas arqueadas.
-Me temo que la sugerencia de antes estaba mal formulada... los que tendríais que aparearos deberíais ser vosotros dos-soltó, irónica-. Aunque claro, el mundo puede echarse a temblar con lo que pueda salir de eso...
-Ah, cierra el pico, condenada bruja... lo tienes que echar todo a perder...-Alistair la observó de reojo, con un tono desdeñoso en su voz. No obstante, su rostro había adquirido un tono rojizo que no parecía poder disimular. Y por la forma en la que le ardían a Isilwen las mejillas, mucho se temía que a ella debía pasarle lo mismo.
"Cuidado, Isilwen", le susurró una vocecita, en alguna parte de su cabeza. Lo cierto era que con Alistair, y en general, con el resto de humanos se había permitido bajar la guardia, pero aquello era algo que ningún dalishano debía hacer, en su entorno natural. A ellos les enseñaban a temer a los shemlen, a desconfiar de ellos y a no relacionarse en la medida de lo posible con ellos, pues eran traicioneros y malvados por naturaleza. No obstante, ella ya no estaba en su entorno natural; se había hecho a la idea de que iba a tener que interactuar con shemlen de ahora en adelante, y hasta ahora no le había resultado muy difícil. Pero demasiada confianza podía ser peligrosa... No conocía realmente a los humanos con los que estaba viajando. ¿Cómo saber cómo irían a reaccionar más tarde? Y en especial Alistair, que era un varón. Los hombres eran hombres, ya fueran humanos, elfos, enanos o de cualquier otra raza... con ellos había que tener especial cuidado, eso le habían dicho siempre.
Un cuidado que, la mayoría de las veces, la elfa pasaba absolutamente por alto. Sobre todo cuando estaba en confianza con alguien; sólo bastaba recordar que sus amigos más cercanos en el clan habían sido siempre Tamlen y Fenarel, hombres los dos. Y nunca había habido consecuencias de tales relaciones... no que ella supiera.
-Mmmh... bien, tenemos que ir pensando en qué rincón vamos a pararnos para levantar un campamento provisional-cambió de tema a la desesperada, súbitamente nerviosa-. Hoy no llegaremos a Lothering, mucho menos a éste paso que llevamos, así que lo mejor será detenernos...
-Mientras no aposentemos el trasero en algún nido de engendros, a mí me vale cualquier sitio, apartado del camino claro está-Alistair se encogió de hombros-. Nos turnaremos para hacer las guardias, imagino... Me ofrezco para hacer la primera. Si a vosotras os parece bien, claro.
-Mírale qué caballero-Morrigan volvió a hacer gala de su ironía-. ¿Cargarás con nuestros fardos también, ya de paso?
-Con los tuyos cargarás tú solita. Podrías hacer magia para hacerlos levitar, así serías mínimamente útil...
-La magia no lo puede absolutamente todo, ¿lo sabías? No puede curar tu estupidez, por poner un ejemplo...además, en caso de que se me ocurriera hacerlo, sería un gasto extra e inútil de energía, que me costaría mucho recuperar, por cierto...
-¡Bah! Excusas. ¿Para qué queréis los magos el lirio si no es para reforzar eso?
-Las pociones no crecen en los árboles, te informo de ello ya... Y la reserva que tenemos es limitada. Hasta los templarios ineptos como tú saben bien que no hay que abusar de ciertas sustancias... ¿o no lo saben?
-Vámonos, Calanon...-no lo podía creer, sólo había bastado un momento para que aquellos dos se pusieran a discutir de nuevo. Isilwen dio zancadas más largas para alejarse del ex-templario y la bruja; de ese modo así se daba un respiro a sí misma también. El enorme perro la siguió con agrado-. Parece que el trabajo sucio de encontrar un buen sitio para asentarnos nos lo van a dejar a nosotros. No tienen vergüenza, estos shemlen...
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-¡Mythal me proteja!-Isilwen gritó con toda la fuerza de sus pulmones, describiendo un arco desde dentro hacia afuera con sus armas, golpeando a varios hombres en el proceso y tratando de escurrirse entre ellos para llegar al comandante. Alistair y Calanon se adelantaron cada uno por un costado suyo, cargando contra los soldados que trataban de proteger a su jefe. Pronto se armó en la taberna de Lothering un pandemonium considerable; espadas, dagas y escudos volaron, hechizos congelaron gente y la desorientaron, gritos de gente asustada que nada tenía que ver con ello y tuvieron que hacerse a un lado. La elfa pudo ver con el rabillo del ojo, sorprendida, que la hermana de la Capilla se había puesto de su parte en la pelea, con un estilete que no sabía de donde se lo habría sacado, apuñalando a los soldados en los puntos descubiertos de la armadura cuando tenía la oportunidad y moviéndose con cierta habilidad por el sitio. ¿Todas las sacerdotisas luchaban de esa manera?
Después de muchas heridas entre ambas partes, y viendo que las bajas entre los soldados se sucedían a una velocidad alarmante, el comandante se vio obligado a detener el combate. Todos dejaron de pelear, y la mujer que había intervenido en su ayuda se dirigió directamente a Isilwen para que fuera ella quien pusiera fin a lo que se había comenzado. Ésta se había detenido, jadeante, manchada de sangre de pies a cabeza, y aún con las armas desenvainadas. Resultaba una imagen muy intimidante para quien la contemplara.
-Vas a darle un mensaje a tu señor Loghain-le ordenó al comandante, que le observaba con un respeto renovado y los ojos desorbitados.
-C-Claro. ¿De qué se trata?
La elfa sonrió, los ojos azules brillándole. Mejor oportunidad que aquella no podía presentársele.
-"Los Guardas Grises sabemos lo que has hecho, y no lo olvidamos"-recitó, con solemnidad-. "Como un lobo vengador, esperaremos la oportunidad para caer sobre ti, y hacerte pagar por tus crímenes." Asegúrate de decírselo con esas mismas palabras.
