Nota de la Autora: Por este capítulo (y por otros más) he tenido que cambiar el Rating de la historia de "K" a "M". Y aunque pueden hacer como Ginny (que no es la gracia), leerlo, al ser menor de edad, queda bajo su propia responsabilidad. Y esto lo digo a pesar de que sé que no me harán caso. xD
Capítulo VI: "Memorias de un Pensamiento"
"Si lees estas líneas, no recuerdes la mano que lo escribió.
Recuerda sólo el verso, el lamento del escritor,
el único sin lágrimas."
Los tambores sonaban a un ritmo que la inquietaban. Respirar se tornaba difícil cuando los recuerdos comenzaban a atacar. No quería estar allí, rodeada de gente y seres que no conocía y que esperaban de ella más de lo que les podía entregar. No quería bailar, no quería hablar, sólo deseaba que aquella angustia se acabara. Quería dejar de ahogarse con cada recuerdo, quería dejar de vivir en el pasado y, sin embargo, aquello era lo único que la hacía seguir adelante.
Inclinó la cabeza en frente de Titania, evitando a todos quienes la rodeaban. Nadie dijo nada cuando la vieron marcharse, posiblemente entendían que nada la haría quedarse a disfrutar como ellos lo hacían.
La música aún seguía sus pasos entre los árboles, con tambores copiando el ritmo con el que caminaba y diferentes instrumentos simulando el sonido que el viento hacía sobre las hojas. Con una punzada en el pecho volteó su vista a la alejada escena en la que las criaturas bailaban y cantaban, y recordó cuando ella bailaba también, hace mucho tiempo, cuando la esperanza era algo que jamás la abandonaba, algo que era parte de ella. A veces se preguntaba si aquellos tiempos volverían, si algún día las nieblas dejarían de rodearlos.
Inclinó su cabeza, impidiéndose a sí misma seguir viendo aquella escena de regocijo. Por un momento deseó poder sentir ser parte de todo aquello, no seguir aquel camino sola, sentir que podía contar con alguien. Pero así no era como se habían dado las cosas, y tenía que aceptarlo. Aceptarlo y hacer algo para volver a sonreír y ser feliz. No sólo ella, sino también todos aquellos a quienes amaba. La oscuridad, la temible oscuridad no la volvería a hacer su prisionera nuevamente, no sin luchar.
Caminó con su vestido ondulando en el viento, con sus cabellos alborotándose y con una música que se extinguía. A pesar de la poca claridad y de que todos los árboles le parecían iguales, supo encontrar el camino de vuelta hacia su propio árbol. Subió entonces, acortando con cada paso las ansias y haciendo crecer algo de esperanza.
Ginny sabía que era el momento de saber lo que había sucedido, de intentar calmar toda aquella angustia, para bien o para mal. Cerró la puerta tras de sí, y mientras sus manos seguían apoyándose en ella y en aquella ignorancia que estaba a punto de dejar, tomó una profunda bocanada de aire. Disfrutó sólo un momento de aquel silencio que luego ella misma interrumpió con el sonido de sus zapatos en aquel piso de madera. Tomó el libro tapado con su propia capa rasgada del lugar en donde lo había dejado y esta vez lo observó detenidamente. Se preguntó si lo que allí encontraría sería tan descuidado y triste como aquella tapa verduzca, ya raída con el tiempo o tal vez raída por el dolor. Cerró sus ojos por el mismo tiempo que le tomaba inhalar y exhalar, convenciéndose de que nada debía cambiar después de leer aquello, aunque bien sabía que no era así.
Lo abrió, leyendo nuevamente aquel trozo en el que Pansy le contaba que Harry vivía. Se permitió sonreír, sintiendo algo muy parecido a la decisión y la valentía, y con aquello llenando su corazón, leyó lo que seguía en la página siguiente, escrito con tinta negra en páginas amarillas, con una caligrafía delicada y algo pequeña.
"Las noches siempre fueron oscuras para mí. Desde que lo recuerde, él siempre me abandonaba. Nunca tuve el valor de pedirle que se quedara, que me protegiera; no de la guerra, sino de la soledad. Supongo que hasta en el día de mi muerte seguiré siendo demasiado orgullosa para aceptar, mirándolo a los ojos, que me enamoré de él.
Jamás estuve muy segura de cuándo comencé a quererlo, a quererlo de verdad y no verlo sólo como el capricho que viera la hija única de una familia sangre pura que siempre tuvo todo lo que deseó. Sin siquiera planearlo, sin siquiera tener tiempo de escapar, convertí sus miedos en los míos, y en el momento en que me di cuenta de que no teníamos que enfrentarlos separados, que podíamos luchar juntos, ya era demasiado tarde.
Tal vez siempre fue demasiado tarde. Ahora que recuerdo por última vez nuestros momentos juntos hasta parece algo hermoso. Pero no fue así. Si alguna vez hubo hermosura, el dolor era demasiado grande como para notarla.
Todo en él me cautivaba: sus cabellos, sus finos labios, sus ojos de niebla, su aliento que escarchaba, su translúcida piel, su impenetrable mente. Todo en él me invitaba a jugar. Porque como caprichosos que éramos nos gustaba jugar, y aquello estaba bien hasta que comencé a perder.
Nuestro juego era un mutuo acuerdo de aquellos en los que no se precisan palabras para acordar que ha comenzado y que aún no ha terminado. Simplemente sucedía.
Sólo había una regla.
Una vez le advertí:
-Si tú tomas mi corazón, yo tomaré el tuyo –me miró con una intensidad de la que hasta ese momento no le creía capaz. Mi cuerpo tembló levemente en reacción a algo que no podía comprender, al menos no en aquellos tiempos. Una media sonrisa apareció en su rostro unos segundos después sólo para reiterarme lo que sus ojos ya me decían: Si él quería, tomaría lo que le diera la gana.
A Draco le encantaba ver qué tan lejos podía provocar a las personas hasta que estallaran. Fue divertido, hasta que decidió descubrir por cuenta propia hasta qué punto podía provocarme a mí. Siempre tuvo una habilidad especial en ver las debilidades de los demás, tal vez porque no veía virtud alguna en los que no eran como él. Atacaba cada vez que tenía la oportunidad, y sus palabras no dolerían tanto si no fuese porque muchas veces eran la verdad disfrazada de veneno. Draco podía planear muy bien la forma de molestar a alguien, pero aquella insistencia suya en pensar que era intocable le impedía maquinar la situación después del estallido. Sólo se quedaba a observar qué tanto podía hacer enojar a alguien y luego se marchaba, justo a tiempo para que alguien más limpiara el destrozo. Ese era su estilo, pero él no terminaba de comprender que todos estallaban de formas diferentes y que no siempre podía marcharse sin pagar por los daños. Porque incluso Draco, que era hielo puro, no podía evitar consumirse así mismo al intentar provocar al fuego. No importaba cuántas veces fracasara en algo, su orgullo lo obligaba a olvidar y a no aprender nada de sus propios errores.
Sé muchas cosas sobre Draco y, a la vez, casi nada. Hubo un tiempo en el que aún podías mirarlo a los ojos y saber si estaba mintiendo o no. Pero ahora está demasiado asustado, temiendo de su propio reflejo por temor a no encontrarse a sí mismo devolviéndole la mirada, si es que alguna vez supo realmente quién él era. Pero yo sé que está ahí, aún lo siento; sus latidos, su respiración, sus miradas sin sentido, todo me dice que aún no está perdido, que aún sigue ahí, pero que sus propios demonios lo consumen poco a poco. Y si no hago algo ahora, sino me entrego por él, tal vez el monstruo termine por devorarlo.
A veces me encuentro incluso prefiriéndolo muerto, en algún lugar donde ya nadie pueda herirlo, que sabiéndolo vivir matando su propia esencia, hasta convertirse en un ser desalmado. Prefiero que sea un ángel muerto a que sea un monstruo en vida. Pero incluso yo, que tengo tantos motivos para odiarlo, no podría quitarle la vida si de eso dependiera su salvación."
Ginny sujetaba el libro muy fuerte en sus manos, apoyándolo en su estómago. No se atrevía a dar vuelta la página. Su mandíbula inferior tiritaba y cuando se dio cuenta de ello juntó sus labios con fuerza.
Era aquello lo que la guerra le hacía a las personas, destruía sus almas poco a poco, las pisoteaba y mataba sus esperanzas. Las cambiaba, las hacía más frías. Ginny podía notar sus propios cambios, no lo que los espejos le decían, sino lo que sus latidos le recordaban, pero aún así, le aterraba más pensar en lo que la guerra le había hecho a Harry, a Ron… a todos.
Con sus frías manos volteó la página y se obligó a seguir leyendo.
"A medida que el tiempo pasaba ya no nos conformábamos sólo con atacar a los demás juntos. Cada vez queríamos más. Cada roce era una provocación, un juego en el que los dos podíamos ganar si sabíamos cómo jugar.
Me hizo suya en un lugar olvidado que mi corazón se empeña en recordar.
Me tomó con la furia de un dragón herido y yo no pude más que consumirme en sus llamas, porque helaba tanto que quemaba. Yo era demasiado ciega para ver más que deseo en su brusquedad, no era capaz de ver su miedo ni su enojo ni mucho menos su desesperación. Estaba demasiado segura de que las cosas jamás cambiarían incluso cuando todo lo que ocurría a mi alrededor eran continuos cambios. Era demasiado egoísta para darme cuenta de que no era sólo yo la que sufría.
A pesar de todo el daño que aquello me causó, el recuerdo de aquella noche sigue siendo una de las pocas cosas que me mantienen viva cuando todo parece estar muerto. A pesar de la decepción, de la tristeza, de la rabia y de toda la amargura que sentí, saberme suya me daba fuerzas.
Sus ojos me atravesaban y me hacían temblar, me sentía indefensa a su lado, con un miedo constante a que él descubriera cómo latía mi corazón, cómo lo besaban mis labios y cómo todo mi cuerpo se tensaba al más leve toque.
Mi vida, como la de él, estaba planeada. Muchas veces nos olvidábamos del presente, porque no importaba lo que hiciéramos, el futuro siempre parecía más cercano. Mi vida eran continuos planes de años que no viviré. Me sorprende incluso que en ese entonces no haya planeado mi propia muerte, imaginándome en una mansión, habiendo obtenido todo cuanto quisiera de la vida, sola, anciana y con muchos galeones.
Y a pesar de todo, mi corazón late extasiado al saber que no se detendrá así.
Aquella fue, tal vez, la primera noche en que olvidamos el futuro y el pasado y disfrutamos el presente.
Recuerdo sus manos recorrer mi piel desnuda, sus labios besar mi cuello, el peso de su cuerpo sobre el mío."
Ginny apartó la vista del libro, sonrojada. Una cosa era aceptar la ayuda que Pansy le brindaba, pero otra muy diferente era enterarse de cómo Draco la tocaba y lo que le hacía sentir.
Decidió que si aún quería seguir insultando a Malfoy a la cara lo mejor sería saltarse esa parte.
Pasó a la otra hoja y buscó allí alguna frase que le diera a entender que Pansy ya no relataba aquel momento. Su vista pasó fugaz por palabras como: lunar, lengua, grito, pared, varita, luz, frío, color, mareada, tiempo, aliento, tomó, peso, piel, ruido y otras que le hicieron sonrojar aún más.
Después de saltarse cuatro hojas, se dio cuenta de que Pansy no había mentido cuando decía que había disfrutado ese momento y que lo recordaba constantemente.
"y allí fue donde todo cambió para mí."
Sonrió, algo aliviada, al encontrar que a mitad de una de las páginas Pansy parecía seguir hablando de momentos en que llevaba ropa puesta. Decidió seguir leyendo desde ahí antes de que la curiosidad por las páginas saltadas la venciera.
La brisa lo acarició una vez más en su camino de vuelta. Incluso en el frío su piel ardía al recordarla tibia entre sus brazos. Recordaba su delicado aroma, sus manos recorriendo su piel y entrelazarse en sus cabellos.
A penas recordaba las horas antes de que llegaran a aquel salón abandonado, y es que llegado al punto en donde ahora se encontraba todo aquello parecía haber perdido importancia. Todo, excepto ella.
Pero recordaba el dolor, la rabia, la impotencia y sus deseos de tenerla, de tener todo de ella.
La vio, él estaba en el pasillo y la vio. Ella caminaba, casi corría hacia él. Su corto cabello le acariciaba las mejillas y sus ojos sólo estaban fijos en los suyos, preocupados. Su silueta era fina y lo único en lo que él había podido pensar era en que quería tenerla entre sus brazos. Sin comprenderlo, obedeciendo a una fuerza que lo empujaba y a la que obedecía sin pensar, fue él quien acortó aún más la distancia que los separaba en aquel pasillo desierto. Antes de que se diera cuenta, la abrazaba por vez primera y, para su propia sorpresa, no quería soltarla.
La apegó a su cuerpo con desesperación, mordiéndose los labios para no emitir ningún sonido que pudiese delatar la tristeza en su interior. Inclinó su cabeza y la ocultó entre su cuello. No quería pensar, no quería sentir, sólo quería olvidar.
-Draco –su voz era suave y confusa. Estaba sorprendida, pero aquello no la hizo dudar. Sus brazos se aferraron a su espalda con decisión y fue entonces cuando Draco lo supo. Ella lo quería.
Su rostro comenzó a alejarse del cuello de Pansy. Necesitaba mirarla, quería verlo en sus ojos.
Pero la realidad lo golpeó primero, todo lo que había olvidado y dejado de sentir volvió a él en forma de ecos de pasos acercándose por los pasillos. Ya no estaban solos, y posiblemente jamás lo estarían. La soltó casi tan rápido como la había abrazado y descubrió lo débil que había sido. La dejó sin siquiera dedicarle una mirada, con sus labios aún fuertemente apretados, luchando por no estallar en maldiciones. Aceleró el paso hacia la primera aula que encontró y cerró la puerta con tanta fuerza que Pansy se vio obligada a salir de su confusión.
Estaba furioso, incapaz de mantenerse quieto o intentar tranquilizarse. Se sentía ahogado, y con rabia se deshizo de su chomba, soltó un poco el nudo de su corbata y desabrochó el primer botón de su camisa. Se vio de pronto en un salón de clases sin uso, con mesas y sillas amontonadas y cubiertas con una gruesa capa de polvo. Cerró la puerta tras de sí, tan fuerte como pudo, esperando que Pansy no se atreviera a seguirlo. Abrazarla sólo lo hacía sentir más débil y más furioso.
Cerró su puño alrededor de su varita y descargó su ira con todas aquellas mesas.
Pansy estaba parada en el mismo lugar en el que Malfoy la había soltado, desorientada y sin saber realmente cómo reaccionar. El ruido de la madera rompiéndose y de sus restos golpeando las paredes la despertó de su letargo. Miró a su alrededor preocupada y, tragándose el miedo, abrió la puerta y la cerró rápidamente, protegiéndolo con un doble hechizo, uno para que nadie entrara y otro para que nadie escuchara. Al voltearse a ver a Draco se dio cuenta de lo peligroso y tonto que había sido encerrarse en una sala con un dragón furioso.
Las sillas volaban a su alrededor y el ruido que hacían le impedían a Pansy escuchar qué tipo de maldiciones eran las que Draco lanzaba. Su cuerpo se movía con violencia, invadido por la rabia. Con la varita aún en mano conjuró un débil Protego para evitar que una de las patas de una silla le golpeara en la cabeza. Miró una vez más al furioso Malfoy y le gritó que parara, pero él no la escuchó. Le gritó una vez más, pero la furia sólo parecía crecer. Apretó su varita con fuerza y gritó una última vez. Draco se volteó a verla con la varita apuntándole a ella, y antes de que pudiera advertirle que se fuera, Pansy lo había desarmado. Los ojos de Malfoy pasaron de ira a confusión y luego a más ira, pero Pansy se mantuvo firme, con la varita aún apuntándole. No temblaba, sus ojos no pedían disculpa. Ella se enfrentaba a él porque podía y porque lo quería.
Draco le dio la espalda y se encaminó a recoger su varita, pero antes de que pudiera alcanzarla, la varita viajaba a las manos de Pansy luego de conjurar un Accio.
-¿Qué demonios…? –soltó Malfoy, volteándose para verla.
-Te he pedido que pararas –respondió Pansy con el mismo tono de voz que Draco había usado con ella.
Malfoy tomó una silla con sus propias manos y la golpeó con fuerza en el suelo. ¡Ni siquiera podía estar en paz en ese maldito castillo!
-Draco… ¡Draco! –Pansy corrió hacia él, guardando las varitas en uno de sus bolsillos- ¡Detente! –pidió mientras lo tironeaba de su túnica - ¡Mírame, Draco, mírame! –lo tomó por los hombros y lo obligó a voltearse –Esta no es la solución – Malfoy aún tenía en sus manos la silla que ya carecía de la mitad de sus patas mientras que las manos de Pansy tomaban su cara para asegurarse de que la viera a los ojos –. Nos vengaremos, te lo prometo –la respiración de Draco era acelerada y Pansy podía sentir el movimiento de su pecho al respirar. Ella iba a estar a su lado-. Te lo prometo.
Draco no solía confiar en las personas, tampoco pedía perdón y no le gustaba ser controlado. No solía buscar destellos en los ojos de otras personas y mucho menos perderse en ellos. Pero Pansy lo miraba con una intensidad con la que nadie lo había mirado antes, y le creía. No sabía por qué, no sabía cómo ni tenía idea a dónde todo aquello le llevaría, pero le creía.
La silla resbaló de sus manos y chocó en el suelo dándole a Pansy un pequeño escalofrío. Sentirla temblar tan cerca suyo fue lo último que Draco necesitó. El fuego crecía en su interior y no podía controlarlo, no podía pensar, sólo podía sentir. Y en aquellos instantes lo único que quería era sentir a Pansy.
Ella comenzó a liberar el rostro de Draco de sus manos, su tacto era suave y cuidadoso, y a penas bajó los brazos Malfoy la atrajo hacia sí con fuerza. Antes de que Pansy reaccionara, Draco había atrapado sus labios con los suyos y la alzaba en el aire para dejarla a su altura.
Pansy sentía los brazos de Malfoy incrustarse en su espalda, sus pies en el aire, su corazón latiendo, pero por sobre todo los labios de Draco. Eran fuertes, tempestivos y la querían a ella. Sólo a ella.
Supo que aquello cambiaría todo y por aquella vez estaba dispuesta a todo.
Los brazos de Malfoy comenzaban a flaquear y casi sin darse cuenta, lo próximo que Pansy sintió fue una pared golpeándole la espalda y a Draco rompiendo la conexión de sus labios para bajarla.
Lo vio en sus ojos, destellando. Por primera vez veía a través de sus ojos y las emociones se hicieron confusas, no sabía si reír o llorar. Vio la furia, la decisión, la torpeza, el deseo, la advertencia. La soledad.
Alzó su mano y con suavidad acarició su rostro. Ella, sólo ella quería secar esas lágrimas invisibles. Sólo ella quería estar a su lado.
Bastó sólo un momento, un pestañeo, y la neblina volvió a los ojos de Draco.
"Este amargo océano de odio y dolor,
Esta soledad necesito para ser quien soy"
Él no podía permitirse aquello. Él no quería aquello. Para él Pansy sólo podía ser momentánea, nadie realmente especial. Y ya era hora de que ella lo supiera.
Draco tomó con firmeza la mano de Pansy que aún seguía en su mejilla y la guió hacia su cuello y luego hacia su pecho aún cubierto por su uniforme. Antes de llegar hasta el abdomen, Pansy supo lo que Draco quería.
Algo en ella se había roto en ese mismo instante. Aquel era el problema con permitirse soñar y darse ilusiones. Aquel era el problema con permitirse ser débil. Aquel era el problema con permitirse sentir por alguien.
Draco la destruía sin siquiera proponérselo, sin siquiera saber que sólo con él su corazón latía más fuerte. Y Pansy supo que lo perdería todo en el instante en que Draco supiera que ella sólo quería pertenecerle a él, porque en aquel momento Draco comenzaría a destruirla sólo para demostrarle que podía.
Pansy se tragó su sentimentalismo, acalló su corazón roto y volvió a usar aquella máscara que cada vez parecía estar más encarnada en su piel, hasta el punto en que a veces olvidaba quién era realmente. Le dedicó una retorcida sonrisa antes de dejarse llevar sin oponerse a la fuerte mano de Draco.
Aquel sería su primer intento de dejar de sentir lo que sentía por Draco Malfoy. No le importaba desearlo, pero no deseaba quererlo.
Con un beso cargado de amargura rompió el pequeño espacio que la separaba de Draco, mientras sus manos desabrochaban el pantalón de Malfoy con una lentitud que lo comenzaba a desesperar. Bajó el cierre, y aún con el sonido de sus propios labios, pudo escuchar su recorrido. Al liberar el botón que sostenía el pantalón a la cadera de Draco supo que ya no podría arrepentirse. Sus dedos se abrieron paso entre la ropa interior de Malfoy y los finos vellos que acompañaban su masculinidad.
Si no podía ser amada, entonces sería deseada.
Draco dejó escapar un gemido aún atrapado entre los labios de Pansy, mientras una ola de calor lo invadía, derritiendo algo del hielo que era su ser. Los ojos de Parkinson brillaron en aquella habitación semi-oscura, tal vez por lujuria, tal vez por amor. Ella iba a vivir aquel momento aunque Draco terminase de llevarse su corazón.
El vaivén de la mano de Pansy lo hacían desear mucho más. Sus ojos se cerraron y la recrearon bajo su cuerpo, incapaz de reprimir sus gemidos ante lo que él la hacía sentir mientras besaba su piel y penetraba su cuerpo, sus labios besarlo y jurarle que sólo le pertenecería a él, sus manos viajando por partes en donde nadie más se atrevieron a estar antes.
El movimiento era cada vez más rápido, Draco sabía que todo acabaría pronto, en algún momento mientras él afirmaba sus manos en la pared y Pansy succionaba su cuello. Pero no fue así. Las manos se detuvieron y Draco fue capaz de abrir sus ojos, descubriendo deseo en los de Pansy. Ella no se iba a conformar con aquello, ella quería más. Al igual que él, ella siempre quería más.
Con sus pantalones en el suelo y su ropa interior corriendo la misma suerte, Draco apegó su cuerpo al de Pansy, quien gimió levemente antes de que él la acallara con un beso. Ella podía sentir la rigidez de la erección de Draco en su propia entrepierna, asustada ante algo tan desconocido y extasiada al saber que ella era la que provocaba aquello. Su vello se erizó con tan sólo pensar que Malfoy la poseería.
Los brazos de Draco viajaron desde la espalda de Pansy hasta sus caderas, en donde liberó la blusa de su falda. Algo tintineó en la capa de Pansy, y buscando un poco más, Draco encontró lo que buscaba: su varita.
El rostro de Draco se iluminó en una sonrisa de autosuficiencia, mientras apuntaba con su mano derecha a Pansy y con la izquierda sujetaba firmemente la varita de la muchacha, fuera de su alcance.
El cuerpo de Pansy se tensó y sus ojos se mantuvieron fijos en los de Draco, esperaba que él no fuese capaz de atacarla, pero sabía que sí era capaz de humillarla.
Malfoy elevó un poco más su mano, de manera que su varita golpeó suavemente el cuello de Pansy, quien sintió como si pusieran una cuchilla en su piel. La sonrisa de Draco se intensificó aún más al bajar lentamente el brazo, sin despegar la varita del cuerpo de Pansy, recorriéndola suavemente. Con magia o sin ella, Malfoy se las ingenió para desabotonar, con ayuda de su varita, el único botón de la túnica de Pansy. Bastó otro leve movimiento para que la túnica cayera al suelo. A pesar de su uniforme, la muchacha podía sentir perfectamente el paso de la varita hacia uno de sus pechos, luego descendió peligrosamente hasta un punto cercano a su ombligo. Pansy ya había dejado de mirar a los ojos de Draco para entregarse a la agradable sensación.
El Slytherin se acercó hasta su oído para susurrar:
-Diffindo –Pansy sintió un golpe eléctrico en todo su cuerpo, no producto del hechizo sino por el cosquilleo que la voz de Malfoy había causado en su cuello. Su respiración se detuvo, extendiendo el momento, como si las propias palabras de Draco fuesen capaces de besar su piel.
-Te vas a arrepentir de esto –le advirtió Draco, dándole tal vez la última oportunidad para arrepentirse. La única.
-No tanto como tú –ambos le sonrieron a un peligroso futuro, deleitándose en todo lo que el presente les prometía.
Los dedos de Draco se colaron entre la rajada tela del uniforme de Pansy, para romperlas así como había roto casi todo en el salón en el que se encontraban. La muchacha ahogó un pequeño grito ante la brusquedad de Malfoy, y aquello bastó para que lanzara ambas varitas sobre la túnica en el suelo, utilizando ambas manos para terminar de rasgar la poca tela que aún quedaba intacta. Aquellos trozos caían por todas partes, rodeándolos. Pansy no se movía, seguía con sus ojos firmemente cerrados intentando alejar el miedo que la brusquedad de Draco le causaba.
Cuando dejó de sentir las manos de Malfoy jalando de su uniforme, fue cuando supo que ya se había deshizo de todo, o al menos de casi todo. Aún podía sentir la presión de la tela en sus muslos, y estaba agradecida de que al menos le quedara aquello.
Draco observó todo lo que la proximidad le permitía observar. La piel levemente tostada de Pansy, sus marrones pezones adornando unos pechos vírgenes, o al menos él prefería pensar que lo eran, invitándole a succionar, los pequeños lunares que lo tentaban a recorrerla en busca de más. Sus rígidos hombros que, estaba seguro, dejarían de tensarse a penas sus labios los besaran. Disfrutó el momento, intentando inconscientemente de plasmar aquella imagen en su mente. Nunca la había visto más indefensa ni tampoco más hermosa; a pesar de la sensualidad que siempre afloraba en ella, su fino cuerpo irradiaba una inocencia que jamás pensó que ella poseía. O al menos pensó que jamás tendría aquel efecto en él. Hasta ese momento, la inocencia había sido otra palabra más con la cual relacionar debilidad. Los Slytherin eran perspicaces, astutos, y la inocencia, a no ser que fuese calculada, no era buena en un mundo en el que sólo algunos llegaban a la cima. Pero en aquel instante, se vio a sí mismo dudando, sabiendo que de algún modo u otro arrebataría de Pansy mucho más que esa débil aunque perceptible aureola de inocencia que de un momento a otro parecía rodearla, pero a la vez sintiéndose seducido a corromperla, a darle un poco de aquella oscuridad que a veces lo embargaba. Tal vez Draco no lo supiera ahora, pero en algún momento descubriría que dejar a las personas sin luz era uno de sus mayores placeres; le gustaba ser él quien provocara la oscuridad en alguien, pues eso, pensaría él más adelante, le garantizaba ser el único que podría retornar la luz. Sin poder contenerse más, sus manos viajaron por el cuerpo desnudo de Pansy, decidido a oscurecerla para que luego rogara por luz.
La muchacha se olvidó de respirar cuando sintió las frías manos de Draco sobre su piel, recorriéndola. Acariciándola. Estaba perdida y no le importaba, no mientras Malfoy siguiera tocándola de esa manera, rozándola apenas con la yema de los dedos, tan lento que Pansy pudo haber repetido aquel recorrido de memoria, sin siquiera mirar. Y lo repetiría muchas veces, en la soledad de su cama, recorriendo los mismos lugares en los que Draco había puesto sus dedos con tanta parsimonia, aclamando su nombre en susurros tan débiles que parecían ser pronunciados sólo con la mente.
El aire volvió a ella luego de soltar un gemido cuando Draco alcanzó uno de sus pechos con su mano derecha, hundiendo sus dedos en él. Dolía, pero no quería que se detuviera. No era un dolor como los otros que había experimentado a lo largo de su vida, este traía una exquisita sensación. Como si el dolor y el placer debieran siempre estar entremezclados.
Tan pronto se atrevió a abrir los ojos, Draco atrapó sus labios entre los suyos con vehemencia; bastaron unos cuantos segundos para que sus lenguas se entrelazaran unas con otras, cuales serpientes, intensificando aún más el beso.
Sin contenerse, una de las manos de Pansy se adueño de la corbata de Malfoy para tirar de ella hasta deshacer el nudo. Tan pronto como la corbata resbaló de sus dedos, estos desabotonaron con impaciencia los botones de la camisa que la separaba del torso desnudo de Draco, mientras las manos de este acariciaban su espalda.
Ambos estaban obstinados en no apartar sus labios mientras hacían lo suyo, Pansy deshaciéndose de la camisa con dificultad dada la proximidad de sus cuerpos, y Draco recorriendo su espalda, amenazando con dirigirse hacia sus muslos. Sólo había un trozo de tela entre la espalda de Pansy y los muslos de ésta, un trozo de tela que comenzaba a molestarle.
La Slytherin apartó los brazos de Draco de su cuerpo, para lograr que la camisa cayera al suelo.
Su respiración se cortó a penas se dio cuenta de lo que había hecho. Draco se separó sólo un poco de ella, lo suficiente para que ella pudiese observar su cuerpo desnudo e imaginar lo que no alcanzaban a ver sus ojos. Su piel era marmórea y el único vello dorado que había era allí donde su marcado vientre terminaba y daba paso a una virilidad que Pansy no se atrevió a apreciar, arrepintiéndose casi al instante en que sus ojos se cerraron para no ver.
Draco sonrió con malicia y cortó nuevamente el espacio que había entre ambos, sin besarla, sólo por aquella agradable sensación de sentir los suaves pechos de Pansy sobre su torso desnudo. La muchacha no pudo contenerse y se aferró a su cuerpo como si fuese lo único que pudiese mantenerla a flote en un inmenso océano que parecía ensañado en ahogarla. Sintió la calidez de su piel en la suya y de pronto se preguntó cómo había logrado sobrevivir todos aquellos años sin tener el tacto de Draco sobre su propio cuerpo. El bulto que sentía en la entrepierna sólo hacía empeorar las cosas.
Con la sonrisa aún intacta, Draco miró rápidamente a su alrededor en busca de algo que le permitiera apoyar el cuerpo de Pansy y el suyo en algún lugar, pero todas las mesas estaban rotas, y las de mejor estado no aguantaríam mucho el peso de Pansy, ni mucho menos el cuerpo de ambos moviéndose. Se alejó de ella con suavidad y la besó fugazmente, inclinándose luego para tomar su varita que no estaba demasiado lejos. A penas recuperó el porte, volvió a atacar los labios de Pansy, quien sentía que sólo había pasado un pestañeo desde que se habían separado.
Malfoy mordió levemente el labio de la Slytherin, para luego besar su mejilla hasta llegar al cuello. Se entretuvo lamiendo y mordiendo, hasta que alzó su cabeza para susurrar un suave "Reparo" en su oído. La muchacha no comprendió lo que acababa de oír hasta que escuchó el sonido de una de las tantas mesas armándose. Sin perder tiempo y con la varita aún en la mano, Draco la elevó con fuerza y, por pura intuición, Pansy entrelazó las piernas en su cuerpo. Bastaron cuatro pasos para que Parkinson sintiera la madera bajo su cuerpo, y se dio cuenta que ese momento jamás se lo había imaginado de aquella manera. Incluso se sintió ruborizar por el hecho de tener que hacerlo en una mesa de madera poco cómoda. Draco hizo el ademán de volver a soltar su varita, y Pansy no pudo contenerse:
-¡No! –Malfoy alzó una ceja, fue el único movimiento que hizo pues no comprendía a qué se estaba negando Pansy- Espera, dame mi varita también.
Draco la miró desconfiado, por lo que Pansy se apuró en agregar un débil "Por favor". Eso sirvió para que Malfoy supusiera que no pensaba a hacer nada peligroso. Bastó un Accio y la varita voló hacia sus manos. Draco se la ofreció a Pansy, quien a penas la tuvo entre sus manos, volvió a entrelazar sus piernas en el cuerpo del Slytherin mientras que con la mano que le quedaba libre se apoyaba en su hombro, separando su cuerpo del de la mesa. Con toda la concentración de la que fue capaz teniendo a Malfoy tan cerca suyo, pronunció un hechizo hacia la mesa que Draco no supo reconocer: Bettfors.
Bastaron cinco segundos para que la mesa se transformara en algo que Draco intuyó era el amago de una cama, pues carecía de colchón. Pansy soltó un leve resoplido de decepción, estaba claro que no era muy buena en Transfiguración, algo que nunca le había importado demasiado hasta ese momento. La cama seguía teniendo la forma de una mesa, pero en donde debía estar el colchón, sólo había tiras delgadas de madera que se entrelazaban unas con otras, dando la sensación de ser duras y firmes.
Draco, que no tenía idea de cómo lograr transformar una mesa, ni siquiera un sillón, en una cama, se dijo que la mejor solución era seguir besando a Pansy. Y así lo hizo. Atrapó su boca una vez más y tomó con suavidad la varita de ella para dejarlas ambas a un lado. Esta vez tuvo un poco más de consideración al depositar a la muchacha en la mesa-cama, pues comprendía la desilusión de ésta, que siempre había estado acostumbrada a las comodidades, de tener que rebajarse a acostarse en un mueble que tenía más de mesa que de cama.
Para sorpresa de ambos, la madera que se entrelazaba no era dura ni estática. Se hundió levemente ante el peso de Pansy, quien no pudo evitar sonreír con complacencia al darse cuenta de que su hechizo no era del todo errado. Era como si la madera misma hiciera de colchón.
Pronto Draco se encontró encima de su cuerpo, apoyado en sus manos para no aplastarla y agradeciendo la firmeza de la mesa-cama. Hizo el amago de besar sus labios y Pansy creyó que lo haría, pero en vez de aquello decidió sólo rozarlos y acariciar su nariz con la suya. Con una pícara sonrisa descendió hacia su cuello, luego hacia sus hombros, que ya no estaban tensos, y luego hacia sus pechos. Las manos de Draco, mientras tanto, se deslizaron por su abdomen, jugaron con su ombligo y Pansy se mordió el labio al darse cuenta hacia donde se dirigían los dedos de Malfoy. Pero no bastó para detener el suave gemido que dejó escapar. Una sonrisa de autosuficiencia se marcó en el rostro de Draco, mientras sus ojos brillaban de lujuria. Quería escucharla bajo su cuerpo, quería que su voz se ahogara por el placer.
Succionó y lamió sus pechos, extasiándose en la suavidad de estos, probando su sabor virginal, marcándolos como suyos mientras una de sus manos se deshacía de la única tela que impedía que la desnudez de Pansy fuese absoluta: su ropa interior.
Tan pronto lo consiguió, sus dedos se perdieron en aquella curiosa "V", húmeda ya por cada caricia que el cuerpo de Draco le entregaba a Pansy.
La espalda de la muchacha se tensaba y se arqueaba al más leve movimiento, y sus labios dejaban escapar pequeños suspiros y gemidos, y Malfoy podía jurar que también susurros. Eso o él mismo se imaginaba a Pansy llamando su nombre cada vez que las sensaciones eran demasiado intensas.
Parkinson se mordió los labios hasta hacerlos sangrar y se esforzó por mantener los ojos abiertos, sólo para mirar a Draco hacer lo suyo. La intensidad de la mirada lo hizo comprender, segundos después sus dedos descendían de su sexo hacia sus piernas para atraerlas hacia su cuerpo.
Pansy no despegaba los ojos de los de Draco, llenos de deseo y de miedo. Malfoy acercó su cuerpo un poco más y la preparó con un leve roce que la estremeció, para luego apoderarse lenta y completamente de ella.
Sus ojos se cerraron y sus dientes ya no pudieron seguir mordiendo sus propios labios ensangrentados. Un pequeño gemido de dolor escapó de su ya roja boca y los ojos de Draco se encendieron aún más. Pansy clavó sus uñas en la lechosa espalda del Slytherin y se hundió en el resquicio entre su hombro y su cuello, aguantando la respiración con la esperanza de que el dolor desapareciera. Malfoy no se atrevió a moverse, quedando ambos estáticos por un tiempo que le pareció una eternidad, preguntándose si sería capaz de hacer desaparecer el miedo y el dolor de Pansy.
Poco a poco, los dedos de Parkinson transformaron arañazos en caricias que Draco tomó con una señal para poder moverse.
Para él fue tal y como lo había imaginado. Pansy gemía bajo su cuerpo con cada embestida, aferrándose con sus propias piernas a las de Draco, haciendo la sensación aún más profunda, susurrando su nombre entrecortadamente y rogando porque todo aquello no acabara jamás. Ella, simplemente, no podía pensar.
Malfoy arremetía una y otra vez, con furia recordando todo lo que le había impulsado a destrozar el salón, con deseo sabiendo a Pansy incapaz de controlar sus labios o sus manos.
Algo crecía en su interior y Draco luchaba por retenerlo, haciendo así durar aún más todo aquello, pero Pansy ya casi no tenía fuerzas para continuar. Su visión se nublaba, embriagada por el cuerpo de Malfoy entrando y saliendo del suyo, y sus labios eran ya casi incapaces de pronunciar algo coherente.
Una explosión en su interior le devolvió la visión y su capacidad para modular tan sólo unos segundo en los cuales su cuerpo recuperó toda la energía que creía perdida. Su espalda se arqueó y su cuello chocó con los ardientes labios de Draco, quien la atrapó un última vez.
Tras unos instantes de débil balanceo, Draco se despegó completamente del cuerpo de ella, descubriendo lo difícil y doloroso que era no poseerla por completo.
Pansy se sintió vacía sin el cuerpo de Malfoy haciéndole saber que sería suya para siempre, pero Draco no parecía consciente de ello. A su lado, él jadeaba, con los ojos abiertos y fijos en algún lugar perdido en el techo, y Pansy sólo tuvo fuerzas para observarlo unos momentos más antes de cerrar los ojos, deseando con la misma intensidad que había querido ser suya, poder saber lo que cruzaba por su mente en aquellos instantes.
A pesar de lo fría e insensible que ella podía llegar a ser, había querido más que muchas otras cosas que aquel momento fuese dulce porque, como muchas otras cosas, ella estaba convencida de que se lo merecía. Pero ella, como muchas otras personas, no podía tenerlo todo.
Draco se marchó antes de que ella pudiese despertar.
Pero incluso caminando por aquel bosque sentía que jamás la había dejado. Sin darse cuenta, su cálido cuerpo había logrado entibiar su corazón. Sólo él sabía cuánto Pansy le había debilitado, cuántas noches estuvo a punto de intentar raptarla de la habitación de las estudiantes de Slytherin. Y aún así la evitaba. Evitaba sus continuas miradas, sus bobas sonrisas y su contoneo al andar, sólo para encontrarse, al llegar la noche, deseándola.
El recuerdo de todo aquello que había perdido volvió a dominarlo, como muchas veces lo dominaba la ira o el miedo. Su respiración perdió el ritmo, así como su andar. Las imágenes venían a su mente en forma de maldiciones que parecían mutilar lo que le quedaba de alma. Su espalda chocó contra un árbol al que golpeó con sus puños con tanta fuerza que un delgado hilo de sangre comenzó a brotar de ellos.
Su cuerpo, delgado debido a los meses que había pasado huyendo, cayó sobre las hojas esparcidas en aquel suelo marrón para no levantarse. Respiró la humedad del suelo, sintió el frío de la tierra subir por sus mejillas y luchó por no cerrar los ojos. Se sentía débil, y en parte era porque realmente lo estaba. A veces sentía unas ganas inmensas de llorar, pero había olvidado hace tanto tiempo cómo hacerlo que no valía la pena intentar recordarlo. Estaba cansado de sentir tantas cosas, tanta vergüenza de no ser más que la sombra de antaño, tanta rabia por todo lo que le habían obligado a hacer, tanta repugnancia por no haber sido lo suficientemente fuerte y valiente para no hacerlo, estaba cansado de seguir existiendo sin vivir, de todo el rencor y odio que llevaba dentro.
Sus ojos se fueron cerrando poco a poco a pesar del esfuerzo que hizo para no quedarse dormido, recordando las heridas de la guerra e imaginándose los horrores que tendría que aceptar si moría.
"y allí fue donde todo cambió para mí."
Ginny no tenía intención alguna en volver las hojas y ver qué era lo que había hecho cambiar a Pansy, así que continuó.
"Me dejó en la oscuridad, y allí fue donde todo cambió para mí. Sabía que era yo quien había perdido aquel juego, y por momentos junto a él, por pequeños roces, por cortas miradas, por todas aquellas migajas que para él significaban nada yo era capaz de muchas cosas. Y le hubiese dado mi orgullo si él no hubiese roto mi corazón.
En aquellos tiempos aún era demasiado ciega para darme cuenta que algo sucedía con él. Todo en él cambiaba y yo me negaba a verlo. Era más fácil cerrar los ojos y pretender que nada pasaba. Siempre fue más fácil.
Si en un momento le di la espalda no fue porque no lo amara, sino porque seguía amándome a mí misma más de lo que lo amaba a él. La rabia seguía devolviéndome el orgullo y yo seguía sintiendo que nada de lo que yo quisiera hacer por él bastaría alguna vez.
Pero lo intenté, siempre lo intenté. Incluso cuando me obligaba a mí misma a no hacer nada por él.
Recuerdo, tal vez con demasiada nitidez, las palabras que me separaron por mucho tiempo de él:
-¡Yo no te amo, Pansy! –me gritó, y en sus ojos pude ver que sabía el daño que me hacía. Dibujó una sonrisa de satisfacción en sus labios y siguió hablando– Deja de soñar.
Yo no era capaz de reaccionar ni tampoco de hablar. Intentaba comprender que era él quien me estaba diciendo todo aquello, y a la vez intentaba recordar qué era lo que yo le había hecho para merecer aquel trato. Lo había querido, me había preocupado de él y había intentado aplacar su soledad. Con una punzada en el pecho me di cuenta de que era todo eso lo que había provocado aquella reacción.
-Tuvimos sexo una vez y crees que te convertiré en la próxima señora Malfoy. ¡Eso no va a ocurrir! –sus palabras estaban llenas de furia, pero una vez dichas su rostro comenzó a tranquilizarse, como si por fin se librara de un gran peso.
Me dedicó una cansina mirada antes de encaminarse hacia la puerta, esperando, supongo, que aquello bastara para que lo dejara tranquilo de una vez por todas. Estaba a punto de verlo atravesar la puerta, cuando reaccioné y me escuché a mi misma reír.
-Malfoy. Pansy Malfoy. Jamás me había parado a pensar cómo sonaba –Le sonreí, pero estaba segura de que era más una mueca retorcida que otra cosa. Las lágrimas no acudieron a mí y me sentí agradecida, no tenía intensiones de sentirme más humillada-. Supongo que no hay razón por la cual pensar en ello de todas maneras. Y te lo agradezco. No diré que no esperaba obtener un poco más de diversión de tu parte, pero supongo que incluso para eso eres inútil.
La sonrisa de Draco se borró, al igual que la mía. La furia que Draco había descargado sobre mí era la misma que ahora me embargaba.
-Escúchame bien, Malfoy –recuerdo haber levantado una mano para apuntarlo y luego apuntarme a mí misma-. Incluso yo puedo ver que te estás hundiendo. Un padre en Azkabán, una madre desesperada –Draco comenzó a caminar hacia mí, abriendo la boca con la clara intención de exigirme que cerrara la boca, pero yo no pensaba callarme- y un hijo que con suerte sabe dónde está parado, porque si tu familia no está en la ruina ahora, será cuestión de tiempo para que tú los lleves directo a ella. Siempre supe que te sobrevalorabas demasiado, pero de ahí a pensar que yo o mi familia podrían aceptarte alguna vez como mi esposo es una gran diferencia. Yo pude haber sido una opción para ti cuando aún tenías reputación –esta vez fui yo quien caminó en dirección hacia la puerta, pero sin dejar de mirarlo- Pero ahora soy yo quien está en una mejor posición.
Me paré enfrente de él sólo para mirar en sus ojos la creciente furia que sentía, luego llegué hacia la puerta.
-Y Draco –lo miré por última vez, con una última sonrisa en los labios-. Pagarás por esto.
Caminé lentamente por el pasillo, con la cabeza en alto y negándome a mirar hacia atrás. Sólo cuando doblé hacia otro pasillo, las lágrimas acudieron a mí. Y entonces corrí. No sabía hacia dónde ir, pero cualquier sitio me servía. Recuerdo haber doblado por múltiples pasillos, subir por las escaleras mientras estas se movían, chocar con tres o más personas mientras yo aún corría y haberme detenido en una gran ventana que daba al lago cuando ya no tuve más lágrimas que derramar.
Jamás la tristeza y la decepción habían sido tan grandes, todo parecía perder sentido. Las horas empleadas preocupándome, las caricias, las sonrisas… todo parecía haber sido malgastado. Y lo peor era no poder recordar esa repentina oleada de felicidad con tan sólo verlo. Lo peor era que toda la rabia comenzaba a borrar todo lo hermoso que alguna vez había sentido, y yo no tenía fuerzas para luchar.
Durante meses lo evité, y a pesar de tener la mayoría de mis clases con él, me esforzaba para no mirarlo, pero él parecía no tener que hacer ningún esfuerzo para no notar mi presencia, y la rabia volvía a invadirme, envenenándome un poco más. Yo sabía muy bien cómo deseaba hacerlo sufrir, tenía muy en claro las cosas que quería que él sintiera, pero no hacía nada. Tenía miedo a sentirme aún más desdichada de lo que ya me sentía, de perderlo para siempre y de amarlo aún más en vez de olvidarlo.
Entonces lo comprendí. Él jamás me querría mientras supiera que siempre sería suya. De hecho, tal vez él jamás me querría aunque supiera que había dejado de ser suya.
Por recuperarme a mí misma, decidí que era necesario perderlo a él.
Fue así hasta que la propia oscuridad tomó parte de Draco Malfoy.
Supongo que una parte de mí sabía que algo estaba mal, pero seguía en mi obstinada decisión de ignorarlo. Un aura de misterio parecía envolverlo siempre, su arrogancia se convirtió en silencio, pues ya casi no hablaba con nadie. Era tal vez el primero en salir de la sala común y el último en regresar. Había renunciado a su puesto de Prefecto hace mucho tiempo y la mayoría sólo lo veíamos en clases. Era como un fantasma, pero él aún podía ser dañado.
Ni siquiera mi amor propio me impidió quedarme horas y horas en la enfermería cuando fue atacado en uno de los baños por Potter. Fue como recibir una puñalada en el corazón mientras uno duerme, y alcanzar a despertar sólo para sentir el dolor y comprender el irremediable final.
Cuidando de él supe que algo debía andar mal. Tenía cicatrices en todo el cuerpo, pero algo en su rostro mostraba sufrimiento. No el corporal, si no el del alma. Vi, en aquel instante, cuánto había cambiado durante aquellos meses en los cuales yo hacía todo lo posible por ignorarlo, y decidí que por muy grande que fuese mi orgullo, debía velar por su seguridad.
Cuando se recuperó, intenté acercarme, hablarle, pero nada dio resultado. En un principio pensé que me rechazaría con altanería, como tantas otras veces, pero había miedo en sus ojos, ocultaba cosas que no quería que nadie más supiera y me evitaba cada vez que podía, sin dejarme hablar y sin emitir siquiera una palabra de su boca.
Y luego ya no estaba.
Mientras todos lloraban la muerte de Dumbledore, yo me perdía por los jardines o los pasillos preguntándome por Draco. Todo lo que había intentado acallar, todo lo que había intentado ocultar de pronto se pronunciaba a gritos. Sin importar cuánto daño me hubiese hecho, yo lo quería. Lo quería en su orgullo y también en su desesperación.
Recordaba todas aquellas tardes en las que el deseo era demasiado grande como para contenerlo, sus manos aferrándose a mi cintura para raptarme hacia algún oscuro rincón del castillo, sus labios devorar los míos con ansias y a veces con cariño, sus dedos enredarse en mi cabello y también buscando algún resquicio entre mi uniforme, su repentino miedo, mi creciente confusión y luego la soledad, como si nada nunca hubiese pasado.
A pesar de todo lo que habían anunciado sobre Draco Malfoy y el profesor Snape, yo seguía buscándolo, sabiendo que no lo encontraría por ninguna parte, pero sin aceptar el quedarme sentada, pues cuando lo hacía, me descubría a mí misma mirando hacia las puertas, esperando que en cualquier momento él regresara.
Pero no lo hizo. Y yo volví a casa sin aún saber algo sobre él.
Pasaba noches enteras angustiándome por lo que Draco podría estar viviendo, y me sentía egoísta gozando de tantas comodidades en mi hogar sin saber si Draco podía gozar de ellas en algún lugar. A veces intentaba leer para poder olvidar, no funcionaba siempre, pero aquello bastaba. Cuando cumplí diecisiete me pasaba las tardes practicando todo lo que había aprendido en seis años de colegio, rescatando lo que más podría servirme ante la eventualidad de una guerra, esperando no tener que utilizarlos jamás. Ambas sabemos que no fue así, que sí me vi obligada muchas veces, al igual que tú, a defenderme en esta guerra.
Solía escribirle cartas todos los días, pero todas regresaban. A veces eran pequeñas notas, otras pergaminos enteros. Al principio solía esmerarme mucho en escribirlas, luego las mandaba tal y como estaban, con borrones y manchas, sabiendo que de todas maneras volverían a mí.
Recuerdo muy bien aquella noche de luna llena. Me quedé sentada afuera hasta que el frío fue demasiado grande. Entré a la mansión de mi familia sin un atisbo de sueño, y me senté frente a la mesa en la cual solía escribir mis cartas, mirando por una inmensa ventana mientras escuchaba a lo lejos el sonido del gran reloj del comedor. Apoyé mis brazos en la mesa y sobre estos mi cabeza, con los ojos fijos en la luna llena, tan hermosa y tan distante. Luego el sueño se apoderó de mí.
Cuando desperté, una carta yacía a mi lado y una rosa sujetaba con mi mano. Mi corazón dio un vuelco de susto y emoción, miré a mí alrededor con la rosa aún en mis manos y luego corrí hacia la ventana con la esperanza de ver al remitente. Pero todo estaba igual que siempre.
Olí el fragante perfume de aquella rosa antes de dirigirme nuevamente hacia la mesa, en busca de la carta. Supuse que también había estado sujeta a mi mano, y que por su peso se había resbalado, haciéndome despertar. Fue irónico que el simple roce de la carta cayendo a mi lado fuese capaz de despertarme y no así la presencia de aquel remitente, Draco. Porque yo no aceptaría que fuese alguien más, en mi corazón no había lugar para nadie más."
Ginny dio vuelta la página y se encontró con un pequeño trozo de papel, escrito con una caligrafía distinta a la de Pansy. Supo entonces que era la propia letra de Draco, con letras más marcadas y más grandes que las de Parkinson.
"No me escribas más. No te pongas en la mira de quienes puedan hacerte daño. Yo estoy perdido, pero tú aún no lo estás. Aún puedes vivir la vida que siempre quisiste. Yo ya no puedo.
Sé que has velado por mí incluso cuando no lo merecía. Sé que me has querido cuando nadie más parecía hacerlo. Y sé que te he hecho más daño que cualquier otra persona.
Es por eso que te pido que intentes ser feliz.
Yo velaré por ti cada vez que pueda, e intentaré alejar de ti los horrores de esta guerra.
Por favor, sé feliz."
La nota no estaba firmada, pero no había necesidad de que lo estuviera. Ginny sintió una punzada en el pecho, y algo de tristeza. Sin quererlo, se descubrió sintiendo el pesar ajeno, el dolor que tanto Pansy como Draco debieron haber sentido.
Releyó la carta dos veces y luego la dejó con mucho cuidado sobre su propia túnica, ya la devolvería después junto a los escritos de Pansy, pero ahora debía intentar seguir leyendo.
"Sé lo que esta guerra nos ha hecho, y sé que ya no tengo derecho a pedirte más, pero por favor, antes de que alces tu varita en su contra, recuerda que él no es una persona que no merezca ser amado, sino alguien a quien no es fácil amar."
Ginny cerró el libro con fuerza, pero aún así las palabras regresaban a su mente. Había estado a punto de cerrarlo muchas veces, Pansy la debilitaba. Con cada palabra la obligaba a abrir más su mente, a recordar que Draco no era sólo un mortífago, que aún seguía siendo un humano capaz de sentir dolor, tristeza, desesperanza y tal vez amor.
Ginevra sentía que ese era el precio que estaba pagando por recibir la ayuda de Pansy. Ninguna de las dos era tonta, y la más pequeña de los Weasley podía darse cuenta perfectamente que Parkinson no sólo le relataba todo aquello para contarle lo que sabía sobre el paradero de Harry, sino también para asegurarse de que ella, Ginny, no fuese capaz de atacar a Draco a sangre fría. Para que cada vez que ella se atreviera a atacarlo, recordara sus palabras.
En un impulso de furia, tomó el libro y lo lanzó con todas las fuerzas de las que fue capaz a una de las paredes. ¡Maldita Pansy! ¡Maldito Draco! Y maldita ella misma por ser tan tonta como para volver a confiar en un diario de una persona que sabía no era de fiar.
Hubiese seguido toda la noche maldiciendo a cuanta persona se le cruzara por la mente, pero sólo dirigió un "Maldición" más cuando se dio cuenta de lo estúpida que había sido.
El libro de Pansy estaba en tan malas condiciones que las tapas se habían separado por el impacto y las hojas ya no tenían ningún soporte que las mantuviera juntas. Ginny comprendió en un segundo que sólo bastaría apilarlas con las manos para que la sucesión cronológica de los hechos no se perdiera, pero al segundo siguiente una ráfaga entró por una de las ventanas y, casi burlándose de ella, comenzó a llevarse las hojas, una por una desde el suelo.
La pelirroja corrió a trompicones hacia las hojas que aún seguían ordenadas, las tomó con fuerzas y las depositó con un rápido movimiento debajo de su cama, mientras alcanzaba una de las gruesas tapas del libro, que dejó encima de las hojas a modo de pisapapeles.
Se volvió hacia el resto de las hojas y calculó que al menos un tercio del diario debía estar repartido por toda la habitación. Sintió un pequeño alivio al darse cuenta de que la mayoría de las hojas no estaban escritas, y luego el viento volvió a burlarse de ella. En tres pestañeos, la mitad de las hojas que estaban en el piso se abrieron camino hacia el exterior por otra de las ventanas. Sus rápidos reflejos le permitieron agarran varias en el aire, y barrió el piso con las manos para asegurarse de que ninguna otra hoja se escapara, depositándolas todas baja la cama. Luego corrió hacia el exterior para poder recuperar las demás hojas.
Todo estaba completamente desierto y la única luz que le servía de ayuda era la que provenía de la luna y de su propio árbol. Se mordió el labio al saber que si algo le pasaba no habría a nadie a quien recurrir. Tan pronto como lo pensó, movió la cabeza en señal de negación, convenciéndose a sí misma que nada le pasaría, que de todas maneras aquello era más importante. Podía ver algunas de las hojas no muy lejos, en el suelo, y con la habilidad que algunos partidos como buscadora le dieron, logró alcanzarlas antes de que el viento terminara de llevarlas.
Sabía que muchas debían haberse perdido por el bosque antes de que ella tuviera oportunidad de bajar a buscarlas, pero al menos tenía la mayoría del libro intacto.
Giró su alrededor en busca de más hojas cuando un leve ruido la hizo detenerse. Entrecerró los ojos, esperando así poder diferenciar en la oscuridad lo que producía aquel sonido: era una de las hojas del diario de Pansy.
Con el resto de las hojas en su mano izquierda, se apresuró a atrapar aquel trozo blanco entre los árboles. Pero el viento parecía ensañado en burlarse de ella, pues apenas Ginny acortaba la distancia a un metro, la hoja volaba otros cinco.
-Te tengo –dijo Ginny alargando la mano una vez más, esta vez sus dedos asieron la hoja. Con una sonrisa triunfante la observó por ambos lados. Sólo había una palabra escrita en ella. Sus ojos volvieron a entrecerrarse, intentando enfocar mejor, mientras sus labios comenzaban a moverse. Antes de que pudiese pronunciar la palabra, el viento le quitó la hoja de los dedos para ya no devolvérsela. La elevó por el aire y Ginny la siguió con la vista para ver cómo se la llevaba por encima de la copa de los árboles que la rodeaban.
Con un pequeño suspiró de resignación, volvió su vista hacia el frente, y antes de que pudiese darse la vuelta para intentar encontrar el camino, un bulto a pocos metros, que no era ni un tronco ni una roca, ni menos una hoja, la hizo soltar un pequeño grito.
Llevándose la mano que tenía libre a la boca, se apegó rápidamente al árbol que más cerca se encontraba de ella. Había alguien allí, y ella estaba sola sin más defensa que unas cuantas hojas. Lentamente volteó su cabeza, sin descubrir el resto de su cuerpo, para poder ver nuevamente aquel bulto.
Sin poder retenerse, de su boca volvió a emitirse un leve grito.
Desde donde se encontraba, la luna se posaba en la parte superior del cuerpo de un hombre con rubios cabellos y piel plateada.
Tanto había leído sobre él que no fue su apellido el primero en recordar, sino su nombre:
-Draco –susurró, descubriéndose a sí misma preocupada.
La distancia que había entre Draco y ella le hizo recordar su apellido, y al inclinarse ante su cuerpo para posar su mano en uno de sus hombros, fue por aquel apellido por el cual lo llamó:
-Malfoy –susurró mientras lo zarandeaba con cuidado, intentando descubrir si estaba inconsciente.
No hubo respuesta. El miedo comenzó a apoderarse de ella mientras sus ojos se movían de allá para acá buscando la causa o el causante del estado de Draco. ¿Se había caído de un árbol como ella? ¿Lo había atacado alguien? ¿Habían vuelto aquellas criaturas grotescas que intentaron capturarlos antes de salir ambos volando con el Thestral de Draco?
-¡Maldición, Malfoy! –no se atrevía a levantar la voz por miedo a que alguien los pudiese estar buscando para atacarlos -¡Despierta! –el cuerpo de Draco había caído de bruces, y de su rostro sólo estaba visible el perfil izquierdo, el resto de su cara estaba apoyada en el suelo. Con dificultad, Ginny logró empujar el cuerpo de Draco de modo que éste quedó de espaldas al suelo. La mitad de su rostro parecía cubierto por una negra máscara que en realidad no era más que la tierra pegada a su piel. Con angustia, la muchacha dio un rápido vistazo al cuerpo de Draco en busca de sangre o de algo que le indicara que él pudiese estar herido. Al no ver nada más que su traje lleno de polvo exhaló todo el aire que hasta ese momento había estado reteniendo. La angustia pareció irse por un momento, en cuando vio el pecho de Malfoy con un suave ritmo, yendo hacia arriba y hacia abajo. Respiraba. Pero aún no despertaba.
Con suavidad, casi con temor, Ginny alzó su mano para tocar el rostro de Malfoy y limpiar la suciedad de su cara. Tan pronto su piel rozó la de él, una descarga, como si de pronto le lanzaran decenas de hechizos, la invadió.
-¿Qué demonios…? –su corazón latía acelerado del susto, y sus dedos habían dejado de tocar la lechosa piel de Draco. Aquello no era normal, era como si el mismo Malfoy estuviese cargado con algún tipo de magia. Armándose de valor, y con una curiosidad que no podía controlar, rozó sus dedos con una de las muñecas de Draco, muy lentamente. La misma descarga volvió a invadirla, pero esta vez, no retiró su mano. Era como una bomba de muchas cosas entremezcladas, primero frío, y luego una calidez parecida a la que sentía cuando su madre la abrazaba. Fugaces recuerdos que no sabía si eran suyos o de Draco atacaron su cabeza, provocándole miedo, desesperanza, alegría, nostalgia… No era como evocar una imagen, sólo era recordar algo de lo que había sentido en algún momento perdido en su cabeza, y llegaba tan rápido como se iba. Y de pronto sólo sintió paz, interrumpida sólo por un sucesivo tamborileo, un sonido que parecía venir de su cabeza y que era como escuchar un corazón palpitar. Se dejó llevar por la tranquilidad, cerrando sus ojos para sentirla aún más. Ya no recordaba cuándo había sido la última vez en que había sabido, con certeza, que todo estaría bien, pero ya no importaba, no mientras aquella paz siguiera.
Los latidos comenzaron a sonar aún más fuerte en su cabeza, y con un ritmo mucho más rápido. Pero no le molestaba, aquello era música, la propia vida componiendo una melodía. Pero no era sólo un ritmo, si se concentraba bien, podía escuchar dos corazones, uno latiendo rápido, casi con furia, y el otro aún calmo, suave, sin apuros por alcanzar a su compañero.
Y de pronto todo se desvaneció. El miedo volvió a invadirla, pero esta vez iba acompañado del dolor. La muñeca le dolía, como si alguien estuviese haciendo presión en ella. Sus ojos se abrieron, sorprendidos de encontrarse nuevamente en aquel bosque. Su vista se dirigió hacia su muñeca, y ahogó un grito al darse cuenta de que la mano de Draco se cerraba con fuerza allí donde su antebrazo terminaba.
Vio los ojos grises de Draco iluminados por la luna, escrutando los suyos, intentando adivinar quién se encontraba con él.
Ginny intentó zafarse de la fuerza de Malfoy, pero fue en vano. La mano de éste parecía estar encarnada a su muñeca, y entre más tironeaba, más le dolía. Sus ojos destellaban peligro, y la tierra en su rostro le daba un cierto toque demencial, como si un simple toque, una breve palabra, una suave brisa, cualquier cosa por pequeña que fuese, pudiese desatar una furia incontrolable. La muchacha intentó con su mano libre, que aún llevaba las hojas que había rescatado, soltar los dedos de Draco de su muñeca, intentando actuar con rapidez. ¿La atacaría si no se zafaba lo suficientemente rápido? ¿Terminarían lo que había empezado tantos meses atrás, matándose el uno al otro? Entre más luchaba más se aferraba a la idea de que aquello no podía ser posible, aún no era el momento de arreglar cuentas, aún no era el momento de encontrar la venganza.
Los ojos de Draco parecieron tranquilizarse un momento, volviendo a fijarse en Ginny, como si la vieran por primera vez. La mano del Mortífago fue perdiendo fuerza, y unos segundos más tarde, Ginny logró zafarse de un tirón. Tan pronto se vio libre, retrocedió aún hincada en el suelo, alejándose lo más posible del alcance de Draco. Pero el muchacho no parecía tener intensiones de atacarla, ni mucho menos de matarla. Parecía desorientado, moviendo su cabeza de aquí para allá, intentado reconocer el lugar en dónde se encontraba.
Ginny tenía la mano con papeles arrugados y rasgados aferrada a su muñeca, que a pesar de estar libre de la fuerza de Draco, seguía doliendo.
-¿Weasley? –preguntó Malfoy, aún en el suelo, con voz rasposa, como si estuviese sediento. Sus ojos estaban fijos en ella, entrecerrados para poder enfocarla bien. Ginny no contestó, asustada aún con la violencia repentina de Draco-. Hace frío –dijo, esta vez mirando hacia el cielo, en un susurro que era más para él que para Ginny, quien tiritaba, pero no de frío. Escuchó a Malfoy toser, mientras su cuerpo se movía con violentos espasmos producto de la toz.
La muchacha lo observó en silencio, sin saber si podía confiar en él o si aquel era sólo un truco para que ella se acercara a ayudarlo y él pudiese capturar su mano otra vez. Tan fría como pudo ser, lo vio apoyar sus manos en la tierra para poder levantarse del suelo, pero sólo logró sentarse mientras la toz seguía aún más violenta. Draco escupió algo al suelo mientras tosía, para luego llevarse una mano a la boca para limpiarla. En un destello de luz, Ginny logró ver algo escarlata brillar en la comisura de los labios de Malfoy.
La más pequeña de los Weasley olvidó el peligro que siempre sentía al estar cerca de Draco y se abalanzó sobre él antes de que su cuerpo impactara en el suelo. Sus brazos habían cedido, ya sin fuerzas por la toz, y Ginny había logrado evitar que este se golpeara. Las hojas se le soltaron de los dedos y volaron en diferentes direcciones, pero sólo lanzó un pequeño gruñido de frustración. Con un poco de suerte, la mayoría serían escenas en las que Pansy y Draco no llevaban mucha ropa.
Sin decir palabra alguna, Ginny empujó el cuerpo de Malfoy hacia arriba, obligándolo a ponerse en pie. Draco parecía estar ausente, sus ojos iban de un lado a otro pero parecían no ver nada de lo que lo rodeaba. Se apoyó en el cuerpo de Ginny sin reclamo alguno, como si aún no terminara de enterarse que era ella quien estaba a su lado.
-¿Pansy? –preguntó Draco en un susurro, mientras sus ojos se cerraban. Ginny sintió un escalofrío recorrer su espalda. Su voz estaba llena de añoranza, y ella no se atrevió a decirle la verdad. Un momento después, supuso que Draco habría comprendido que ella no podía ser Pansy, pero que decidió creerlo así. Tal vez él prefería pensar que aún seguía soñando. Con mucho cuidado de no tocar la piel de Draco, pasó un brazo de él por su hombro, mientras ella lo sujetaba un poco más arriba de la cintura. Incluso con toda la ropa que Draco llevaba, podía notar la forma de su cuerpo entre sus dedos, sorprendiéndose de la delgadez de Malfoy. Había luchado contra él muchas veces y jamás se lo había imaginado como alguien débil, porque aunque no lo reconociera abiertamente, el chico a veces tenía agallas. Pero esto era diferente. Una cosa era luchar contra él en igualdad de condiciones, y otra muy distinta era dejarlo a su propia suerte mientras ella podía hacer algo. Estaba muy segura de que se arrepentiría después, pero ya habría tiempo luego de pensar en ello.
Draco caminaba con parsimonia, apoyando gran parte de su peso en el cuerpo de Ginny, quien se encontró agradeciendo la delgadez de Malfoy.
-¿Hacia dónde me llevas? –la ausencia de prepotencia y disgusto en su voz le indicó a Ginny que éste aún prefería pensar que era Pansy quien lo ayudaba y no ella misma.
-A un lugar más seguro –le respondió la muchacha, sin detenerse a mirarlo, con la vista clavada hacia el frente mientras intentaba concentrarse para recordar el camino por el cual había llegado hacia Malfoy.
-No hay lugar seguro –alegó Draco con voz firme, luego volvió a toser y Ginny tuvo que detenerse para que él pudiese reponerse -, no si te quedas conmigo –dijo luego, esta vez en un susurro.
-No digas sandeces –susurró también Ginny, pero sabía muy bien que no eran sandeces algunas. No había lugar seguro, y menos los había con Draco. Él mismo parecía saber que no representaba seguridad para nadie, y Ginny decidió acallar los pensamientos en los cuales sospechaba de Draco de muchas cosas. No valía la pena sacarlas a relucir ahora, con algo de suerte, Pansy sería la encargada de indicarle si sus sospechas eran ciertas o no.
Siguieron caminando en silencio, y Ginny se preguntó si aquel era realmente el camino correcto. No recordaba haber caminado un trayecto tan largo, pero luego pensó que la lentitud de sus pasos y el peso de Draco sobre sus hombros tenían mucho que ver en que ahora la distancia le pareciera aún mayor. De vez en cuando Malfoy volvía a toser y ambos debían parar, y entonces Ginny volvía sus ojos hacia él para mirar la condición en la que estaba. Un rayo de luna le iluminaba el rostro y tenía salpicaduras de sangre por toda la boca, que hacían un gran contraste con la palidez de su piel. Ginny se arremangó el largo vestido que llevaba, y que no había tenido tiempo de sacarse, para limpiarle el rostro a Draco, quien se negó a mirarla.
Tras otros largos minutos de caminata, la muchacha logró divisar, con alivio, la casa en el árbol en la cual ahora vivía. Podía dejar que Malfoy se quedara allí mientras ella iba por ayuda. Con energía renovada, tiró de Draco obligándolo a caminar más rápido ahora que ya faltaba menos, pero en vez de seguir moviéndose, él se detuvo en seco, con la mirada fija en un lugar del bosque, recordando algo importante.
-Te pedí que te fueras, que no te involucraras, pero tú estabas demasiado ocupada pensando en cómo salvar a Potter – Ginny se volvió hacia él, sorprendida. Se dio cuenta de que ninguno de los dos podía ver con nitidez al otro debido a que los árboles tapaban la luz de la luna-. Si me hubieses hecho caso aún seguirías con vida –dijo amargamente-. Si me hubieses hecho caso yo no te habría matado.
Aquello fue como un balde de agua helada y Ginny sintió el impulso de soltarlo y alejarse lo más que pudiese de él. Ella no estaba muerta, eso lo tenía más que claro. Pero no podía decir lo mismo de Pansy. ¿Cómo era capaz de haberla matado? Ella, quien tantas veces había velado por la seguridad de Malfoy, acabó muerta por su culpa.
Draco, a pesar de la oscuridad, logró sentir el repentino repudio de su compañera. Con algo de dificultad, fue él quien se alejó del cálido cuerpo de Ginny, quien no se movió ni siquiera cuando lo vio tambalearse unos metros más allá.
Se maldijo nuevamente por ser tan tonta como para creer que a Draco le quedaba algo de humano. Y estuvo a punto de maldecir a Pansy también por haber sido tan ciega como para enamorarse de Malfoy, hasta que recordó que ella ya estaba muerta.
Titania apareció en el lugar segundos antes de que el cuerpo de Draco se desplomara nuevamente entre los árboles.
.
Este capítulo estaba planeado quizá desde siempre. No todos los detalles, pero sí el hecho de que Ginny supiera por mano de Pansy muchas cosas que desconocía. No sólo Ginny, también ustedes.
Pansy no me desagradaba del todo en aquellos tiempos (tampoco me desagrada ahora), siempre pensé que debía ser duro gustar de alguien como Draco. Y quería darle otro toque. En los fics siempre aparecía como la tonta, la superficial, etc, etc. No me agradaba eso, porque Pansy siempre tuvo actitud y la capacidad para no cerrar la boca al momento de insultar a alguien.
Espero que recuerden que este fic es de Universo Alterno desde el final de El Príncipe Mestizo (nunca lo he llamado El Misterio del Príncipe) en adelante.
El título del capítulo hace referencia a la flor "Pensamiento" (Pansy, en inglés) más que al hecho de tener un pensamiento y plasmarlo en memorias.
Espero que no hayan pensado que los iba a dejar sin la primera vez de Pansy. Creo que si me hacen algo así en un fic me enojaría tanto que no seguiría leyendo. Que omita algunas cosas de la historia en el momento, no significa que no las explicaré o describiré después. (:
Muchas gracias a quienes me desearon suerte en el examen. Ahora me doy cuenta de que ha pasado bastante tiempo desde aquello. Para quienes quieran saber, aprobé el ramo. Aún doy saltos de alegría por ello. No querrán pasar dos veces por fisicoquímica, se los aseguro.
Tal vez piensen que en el tiempo en que paso sin actualizar ni siquiera miro el fic o algo así. La verdad es que porque miro mucho el fic es que paso tanto tiempo sin actualizar. Siempre escribo en él dependiendo de la inspiración. La diferencia es que a veces escribo en el capítulo en que me toca actualizar y otras en los que siguen. El documento es un montón de páginas con escenas que al leerlas no hacen ningún sentido unas con otras, pero para mí sí lo hacen. Lo otro es que siempre llegan momentos fugaces en los que me inspiro en otras historias que, con un poco de dedicación, serán publicadas algún día.
Debo serles sincera, del capítulo que viene debo tener escritas como dos escenas, pero me esforzaré por escribirlo antes de que mis vacaciones se terminen. Como spoiler podría decirles que es el capítulo en el cual tanto Ginny como Draco deben prepararse física y psicológicamente para lo que significa vivir y viajar por un bosque. (:
Muchas gracias por leer.
