He vuelto!
Yo sé que con el tiempo en que me demoro en actualizar esta historia todos pueden pensar que ya la he abandonado, pero no. Esta es mi historia más querida, y tal vez es por eso que me cuesta tanto escribirla. Cuando la comencé a escribir quería darle algo a los demás amantes de Draco&Ginny que a mí misma me hubiese gustado encontrar para leer. Ha pasado tanto tiempo que me encantaría editar todos los capítulos y hacerlos más entendibles, en especial porque yo misma tengo que volver a releer todo cada vez que la retomo para ver dónde me quedé (eso sí ya es el colmo), pero creo que es mejor dejarla tal y como está por ahora, y enfocarme más en lo que viene que en lo que ya está escrito. Sé hacia dónde quiero que la historia vaya, sé las cosas que deben suceder, y eso me tranquiliza un poco.
Este verano (yo vivo en el hemisferio sur) me tocó visitar algunos parques nacionales de mi país, y los bosques eran tan hermosos que no pude evitar volver a inspirarme, imaginándome cómo Ginny y Draco podrían recorrer lugares así en busca de su próxima aventura.
De corazón espero que les guste este capítulo que tantos años se tardó en llegar, y espero ir mejorando para ustedes en los próximos capítulos que vendrán.
Sus reviews son siempre bien recibidos y alegran mi corazón cada vez que los leo, pero también sé que después de tanto tiempo no soy la más merecedora de ellos, pero prefiero que ustedes juzguen eso, y si deciden comentar y sienten que algo no calza, por favor, háganmelo saber. Las críticas siempre son bien recibidas, en especial cuando ayudan a mejorar la historia.
Las dos canciones que me han inspirado para este capítulo son:
Forlorn in Silence de Lord Belial: es una composición oscura pero tan bella a la vez. Esta canción es la que le da el nombre a Forlorn, allí donde las sombras reinan.
A Last Farewell de Dragonland: No sé qué fue lo que sentí la primera vez que escuché esta canción, pero sé que casi de inmediato la asocié con la historia de Óberon y Titania, y han pasado tantos años desde aquel entonces que creo que fue esta canción la que me dio la idea de toda la historia sobre ellos dos.
Capítulo VII: "La Marca"
"Cuando dos enemigos crucen la barrera,
las sombras se alzarán.
Luz necesitarán para sobrevivir,
oscuridad aquellos que la combatirán."
La noche había llegado, pero la gran noche que lo cubriría todo aún estaba por llegar. Las sombras se alzaban de sus tumbas, despertando a su paso a las que aún estaban dormidas. Ya no había magia que las apresara, ahora renacían desde lo más oscuro de la tierra, allí donde habían sido enterradas años atrás, cuando habían perdido la batalla. Cuando nadie había ganado la batalla.
Hubo un tiempo en el que fueron luz, pero aquello ya no importaba, la oscuridad había devorado sus almas y ahora eran parte de ella, hasta la eternidad.
Forlorn las llamaba, Forlorn volvía a alzarse, poderoso y tenebroso como la última vez en que los elegidos habían cruzado la barrera.
Esta vez, nadie volvería a cruzarla nunca jamás.
Ginny se negó a que Titania le dijese a Draco que había sido ella quien lo había encontrado tendido en el bosque. De alguna forma, Titania pensaba que aquello mejoraría las cosas, pero Ginny sabía que sólo las empeoraría, si Draco recordaba la mitad de las cosas que le había dicho, la vergüenza sólo se transformaría en más odio hacia ella. Pero no era sólo por eso que se negaba, la verdadera razón era aquella en la que el enemigo también resulta ser humano, y él guardaba tanto o más dolor que ella. Si nadie le decía a Draco que ella lo había ayudado, tal vez ella podía olvidar que lo había hecho.
-Es un alma oscura –le había dicho Ginny a Titania-. Destruye todo a su paso y mata todo lo que toca, incluso a aquellos que lo han amado.
-Todas las almas pueden ser redimidas, Ginevra – le había asegurado la dama blanca, pero Ginny sabía que aquello no era cierto, algunas almas estaban condenadas a ser oscuras para siempre.
-Nos destruirá a todos –fue lo único que respondió.
No quiso quedarse para ver cómo se lo llevaban, se sentía sucia con tan solo haber compartido unos minutos de proximidad con él, y aún retumbaba en sus pensamientos la última frase que Malfoy le había dicho antes de desplomarse: "Si me hubieses hecho caso, yo no te habría matado".
Ginny recordó entonces las hojas que se le habían escapado del diario de Pansy mientras intentaba ayudar a Malfoy y maldijo por lo bajo: con un poco de suerte tal vez lograba recuperar algunas.
Draco despertó en su árbol, mareado y hambriento, con aquella sensación de haberlo olvidado todo a la cual ya estaba tan acostumbrado. Titania se encontraba en la habitación y sonrió cuando se dio cuenta de que había despertado.
-¿Qué ha ocurrido? –preguntó, no sin antes asegurarse de que su ropa aún estuviese intacta. Había perdido la noción del tiempo desde que llegara a aquel lugar y ya no sabía cuánto tiempo faltaba, sólo sentía que vendría muy pronto. Todo su cuerpo lo sentía.
-Cuando te encontré ya estabas cerca de tu árbol –explicó la Dama Blanca, omitiendo el hecho de que Ginny había sido quien lo había guiado.
-Me caí… -un leve recuerdo vino a su mente, duró un breve segundo, pero Draco se aferró a él- Alguien me trajo hasta aquí –replicó Draco en un duro tono, como si le hubiese leído el pensamiento. Titania se limitó a fruncir el ceño. Seguía sin mentir, pero seguía omitiendo cosas, y las palabras de Ginny le seguían haciendo eco en su cabeza: "nos destruirá a todos", le había asegurado antes de marcharse.
Malfoy supuso que aquello significaba que la Dama Blanca no tenía idea de lo que estaba hablando. Decidió no insistir dado que en sus recuerdos era Pansy quien lo guiaba, y aquello no podía ser; había estado alucinando otra vez, como tantas otras veces. Se negaba a pensar en sí mismo como una persona que pudiese estar demente, pero muchas veces no le quedaba más remedio que aceptar que algo –muchas cosas, en realidad- no iba bien.
-¿Cómo te sientes? –preguntó Titania, con la esperanza de que se olvidara de cómo había llegado hasta allí.
-Famélico –respondió Draco, que sentía como si no hubiese comido en días.
-Tal vez si no te hubieses marchado de la fiesta antes de que llegara la comida no estarías tan hambriento –todos habían estado preparando aquella fiesta durante años, un poco de consideración por parte de Draco y Ginevra hubiese sido más que valorado por todos, pero Titania era realista y sabía que no la obtendría.
-Estoy seguro de que el sonido de esos tambores cruzaron la barrera por la cual llegamos–replicó Draco, muy lejos de dar las gracias.
-Me aseguraste de que conocías el camino de vuelta –le reprochó Titania, que muy pronto se había visto arrepentida de darles tanta libertad a dos personas que acababan de llegar.
-Sí lo conozco –fue lo único que dijo él.
Titania volvió a fruncir el ceño, era obvio que Draco había decidido desviarse del camino a propósito.
-¿Crees que puedas permanecer vivo si me ausento por unas horas? –le preguntó ella, no sin cierta burla.
-Lo intentaré –replicó Malfoy mientras daba un respingo.
-Newt se quedará contigo en caso de que te metas en más problemas; su magia es limitada, pero puede ayudarte a encontrar tu cama si es que se te vuelve a ocurrir tenderte en el suelo para dormir.
Draco iba a replicar, pero Titania ya había cruzado la puerta.
-Al menos pudo haberme traído algo de comida -pensó en voz alta mientras escuchaba el rugido de su estómago. Sentía un regusto amargo en la boca y estaba casi seguro de que le habían administrado pociones mientras dormía, pero aún se sentía débil y la tos volvía de vez en cuando para sacudir su cuerpo; había vuelto a alucinar, ahora, cuando más necesitaba estar consciente de la realidad, su mente le había fallado.
Newt interrumpió sus pensamientos cuando entró por la puerta levitando una bandeja llena de comida.
-Titania dijo que tenías hambre –le informó mientras dejaba la bandeja en su regazo. Había fruta que conocía, leche, pan, queso y miel, y algunas otras cosas desconocidas que decidió que también probaría si aún quedaba con hambre después de devorar los sabores a los que estaba acostumbrado.
-¿A dónde ha ido? –preguntó Draco mientras untaba el pan con la miel.
-Hay algunas cosas que debe supervisar. Los antiguos asentamientos es una de aquellas cosas. En tiempos de paz están abandonados, pero la guerra se avecina y entonces todos los seres dejan sus pequeñas aldeas para protegerse entre todos.
-¿La guerra? –Draco sólo había alcanzado a disfrutar un bocado de su pan antes de que la palabra guerra casi lo petrificara.
Newt, en cambio, hablaba como si aquello fuese lo más normal del mundo:
-Hay sombras, las más antiguas, las más fuertes, que la magia de nuestros ancestros lograron mantener a raya durante todos estos años. Era magia poderosa, pero sólo duraría hasta que los elegidos cruzaran la barrera. Están lejos, muy lejos, mucho más allá de donde las sombras nuevas van. Pero se avecinan. En algún momento alcanzarán Forlorn y entonces…
-¿Forlorn? ¿Qué es Forlorn? –lo interrumpió Draco.
-Es el único castillo del bosque, allí donde las sombras reinan y acechan. Forlorn es el lugar en donde lo que no está muerto está prisionero, en donde los Tenebrae reinan.
-¿Y la guerra comenzará cuando estas sombras lleguen a este castillo…? -inquirió Draco, con un leve tono de duda en su voz.
-La guerra ha comenzado desde el momento en que ustedes atravesaron… -comenzó Newt con un tono solemne, pero Draco lo interrumpió.
-La barrera, sí, sí. Ya estoy harto de escuchar cómo he atravesado una maldita barrera invisible.
-Si no hubieses perseguido a Ginny… -se defendió Newt.
-Escúchame bien, enano: Ginevra Weasley es una maldita entrometida que creyó poder salvar a su maldito príncipe azul ella sola. Se entrometió una y mil veces en mi camino, y cuando la guerra terminó, siguió metiéndose en mi maldito camino –Draco estaba cansado de que todos pusieran a Weasley como la víctima de todo aquello, cuando la verdad era que ella se había buscado todo el desprecio que él le tenía-. Ella y yo tenemos cuentas que ajustar, no hoy, no mañana, pero un día de estos las ajustaremos. Y que te quede clara una cosa: si ella no se hubiese largado a correr por un bosque que no conocía, si hubiese sido lo suficientemente valiente como para enfrentarme cara a cara, nada de esto hubiese pasado –había estado a punto de derrotarla, de librarse de ella, y entonces, ella había decidido huir-. Así que no vuelvas a repetirme nada de barreras otra vez, porque hasta donde yo sé, bien puedo estar en un maldito trance en San Mungo.
Newt se preguntó cuáles serían las cuentas que tendrían que ajustar, pero no dijo ni una palabra al respecto. El tiempo diría si se perdonarían alguna vez.
-Ahora cuéntame sobre esa supuesta guerra –ordenó Malfoy-. Y ahórrate las partes en donde dices que es mi culpa.
Newt sonrió. Draco le recordaba a los antiguos señores del bosque, con su voz grave y la habilidad de dar órdenes, su caminar pulcro a pesar de andar sucio, y la manera en que veía a los demás, como si nadie estuviese a su altura.
-Hubo un hechizo –comenzó Newt después de carraspear-, un sacrificio que logró mantener a las sombras lejos de la luz cuando los últimos elegidos fallaron. El hechizo sólo duraría hasta que los nuevos elegidos aparecieran, y así se ha cumplido. Hay sombras más oscuras que otras, a las más oscuras el hechizo les afectó más, y se mantuvieron dormidas durante todos estos años. Pero las sombras más débiles, aquellas que aún tenían algo de luz, esas son con las que hemos estado luchando durante todos estos años para mantenerlas en la oscuridad –Newt pensó en todas aquellas sombras que ahora se acercaban, lentamente, hacia los poblados de luz, y sintió miedo, pues entendía todo el perdón que se necesitaba para que Ginny y Draco aceptaran trabajar en equipo-. El hechizo ya hizo lo suyo y las sombras despiertan poco a poco. Están a cientos de kilómetros de Forlorn, y nosotros estamos aún más alejados de aquel castillo, pero vienen, y en algún momento llegarán –Newt había adoptado una cierta postura solemne, como si relatara su historia favorita y no quisiera olvidar ningún detalle.
-Bien –dijo Draco-, pero aun no entiendo qué es lo que podemos hacer nosotros que otros no hayan hecho ya. ¿Cuál es la diferencia?
-No lo sé –reconoció Newt-. Nadie lo sabe realmente, aunque a todos les gusta hacerse los entendidos. Pero si lo supiéramos, hace mucho que ya seríamos libres. Lo único que todos sabemos es que cada cierta cantidad de años, dos humanos aparecen en nuestro bosque y dos criaturas del bosque son marcadas para protegerlos. Un guardián puede morir y su elegido seguir con vida, pero si el humano muere, entonces su guardián muere con él, sin importar que estén a kilómetros de distancia el uno del otro. Hay algo allí, en las entrañas misma de Forlorn, que sólo ustedes dos son capaces de destruir. No uno, si no los dos. Para nosotros pasa desapercibido, pero para ustedes los humanos, no. De alguna forma, ustedes guardan un poder que nosotros no poseemos.
A Draco le parecía muy improbable que Ginevra Weasley tuviera un poder desconocido y poderoso, él tenía su propia maldición, pero la pequeña de los Weasley parecía ser buena en entrometerse en asuntos que no eran de su incumbencia y nada más.
-¿Nadie nunca ha logrado salir de aquí? –aquella era la única pregunta cuya respuesta realmente le interesaba escuchar en esos momentos- Me refiero a algún humano… ¿qué pasó con todos ellos?
Newt sabía que aquella pregunta llegaría y le incomodaba tener que responderla pues no era el indicado para explicar algo tan delicado:
-Las sombras se los llevan –dijo él, despacio-, a veces capturan a uno y al otro lo dejan morir, a veces matan a ambos –hizo una breve pausa, pues no sabía si decirlo o no. Decidió que era mejor que Draco lo supiera desde un principio-. Pero nunca sobreviven los dos.
-Qué alentador… -resopló el muchacho, y luego pensó en la disputa entre él y Weasley- ¿qué sucede cuando uno de nosotros muere? ¿Qué pasa con el otro?
-Cuando un elegido muere, el otro queda encerrado en el bosque hasta que los siguientes elegidos lleguen –respondió Newt fríamente.
-En ese caso creo que es mejor ajustar cuentas con Weasley una vez fuera de aquí –dijo Draco, más para sí mismo que para Newt.
-Verás –sonrió Newt-, para romper el hechizo que aprisiona a este bosque se necesitan dos elegidos, no uno, dos. Si uno de ustedes falta, entonces todo falla, porque ambos son diferentes, ambos otorgan magias distintas, y es eso lo que nos salvará.
Draco podía ver la convicción en los ojos de Newt, aquella era su verdad, y nada de lo que él pudiese decirle lo convencería de lo contrario.
-¿Y por qué iremos hacia Forlorn? –prefirió preguntar- ¿No es más seguro quedarse acá y esperar a que las sombras no lleguen?
-Las sombras viajan hacia la luz, siempre lo han hecho –respondió Newt como si fuese lo más obvio del mundo.
-¿Por qué? –preguntó Draco, desconcertado- ¿No se supone que la luz destruye a las sombras?
-Sí –reconoció Newt-, pero también las alimenta.
-¿Cómo es posible que la luz alimente a las sombras? –insistió Malfoy, que aún no lograba comprenderlo.
-¿Acaso puedes ver tu sombra en la oscuridad? –le preguntó Newt- Las sombras sólo viven cuando hay luz. Han pasado años desde que algunas no devoren un poco de luz, y ellas también quieren ser libres, Draco.
-¿Libres? – seguía sin entenderlo, ¿cómo podía liberarse una sombra si reinaba en la oscuridad?
-Hay dos formas de romper el hechizo que nos aprisiona –el rostro de Newt se ensombreció-, la primera es la que hemos estado intentando todos estos años: que nosotros destruyamos Forlorn.
-¿Y la segunda? –se impacientó el mago.
Newt sintió un escalofrío recorrer su espalda con el sólo hecho de pensar en ello:
-La segunda es que las sombras nos devoren a nosotros –Draco abrió la boca para preguntar, pero sólo era un reflejo, pues la verdad era que lo comprendía: si la luz no devora las sombras entonces las sombras devoraban la luz-. Si todo el bosque se convirtiese en oscuridad –prosiguió Newt-, entonces Argusthat se liberaría, y todas las sombras que habitan en el bosque infestarían el mundo hasta devorarlo.
No quiso decirle que el mundo allá afuera ya era un lugar oscuro aun cuando las sombras de Argusthat siguieran atrapadas, pero sabía que aquello no era del todo verdad. Todavía había luz, aun cuando él mismo había ayudado a esparcir oscuridad.
-Entonces habrá que ir a Forlorn –dijo Draco e incluso él se sorprendió al escucharse.
Newt se alegró al oír aquello, aun cuando sabía que lo único que motivaba a Draco era su propia libertad:
-Deberías dormir un poco más –le recomendó-, en unas horas más comenzarán a entrenar.
Draco dio un respingo al recordar que el día anterior Titania les había informado que tendrían que entrenar.
-Esta será una larga guerra, Draco Malfoy, y es mejor que se enfrenten a ella preparados. Te alegrará saber que una vez alcanzado un punto, ustedes podrán canalizar su magia y usarla, ya no habrá hechizos que los detengan: sólo la oscuridad, ustedes, y todo lo que han aprendido. Y aunque no lo creas ahora, aprenderás a proteger a Ginny con tu vida, porque si ella muere, tú también lo harás.
Draco abrió la boca para decir algo, pero no logró articular nada.
Newt sonrió, como si supiera algo que nadie más sabía. Chasqueó los dedos y Draco hubiese jurado que lo escuchó decir "duerme" antes de cerrar los ojos y caer en un sueño profundo.
Los rayos de sol se colaron por la ventana de Ginny y llegaron hasta su rostro, despertándola con una sensación de calidez que hace mucho no sentía. Había algunas hojas repartidas en su cama, que eran las pocas que había podido rescatar después de que encontrara a Draco tendido en el bosque. De alguna forma aquel idiota siempre se las arreglaba para arruinar sus planes, incluso cuando no se lo proponía.
Suspiró. Había otras formas de descubrir lo que Pansy sabía sobre el paradero de Harry, pero nada de eso le serviría si no lograba salir de aquel bosque.
El problema era que todo parecía indicar que realmente estaban atrapados. La noche anterior había intentado lograr aparecerse en la mansión de Pansy, el último lugar en el que había estado, y no logró moverse ni un centímetro. Luego decidió que intentaría aparecerse afuera de su árbol, pero tampoco funcionó. En el fondo, intuía que Titania y Newt les habían dicho la verdad, pero no podía dejarse convencer sin antes intentar lo básico.
Descubrió una bandeja con comida en un escritorio de madera que daba a una de las ventanas de su casa en el árbol. Sonrió. Su árbol era hermoso y no se dividía en piezas sino que en pisos: en el primer piso había una cocina similar a la que su familia tenía en la madriguera, y una mesa con seis sillas. Había también un hermoso mueble tallado en madera que, para su sorpresa, contenía libros. Todos eran sobre Argusthat, pero de diversos temas: historia, botánica, seres mágicos e incluso uno que otro de cocina. En el segundo piso estaba su habitación, que contaba con una cama, un escritorio, y unos cuantos muebles. Incluso tenía un amplio balcón donde había una mecedora, dos sillas y una mesa. Una pequeña escalera daba a un agregado en el que estaba el baño, con una tina muy grande que funcionaba con magia. El tercero era el último piso de su árbol, pero estaba vacío. Cuando Ginny lo vio se imaginó decorándolo, tal vez podría ser una pequeña biblioteca o un estudio, si tuviese sus posters de quidditch podría ponerlos ahí; fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía hacerlo, no podía fantasear en cómo decorar la habitación sin aceptar que se quedaría un largo tiempo allí. Si realmente quería salir de Argusthat, no podía asimilar aquel lugar como su hogar.
Volvió a su habitación y se vistió con algunas prendas que las hadas habían confeccionado para ella: una especie de pantalón muy cómodo que se pegaba a sus piernas, y un vestido verde oscuro que se asemejaba más a una polera muy larga, ceñida al cuerpo y con unas mangas muy largas que tenían un corte ovalado en los hombros, de manera que se podía ver su piel adornada con pecas.
Salió de su árbol, decidida a dar un paseo por aquella ciudad de árboles-casa como la suya, pero diferentes es tantos sentidos. Algunas eran tan pequeñas que sólo un hada cabría allí, y otras tan grandes que se preguntaba si también vivirían gigantes en aquel lugar. Estaba maravillada observando todas las formas que los árboles adoptaban cuando divisó a Titania:
-Hola, Titania –saludó Ginny, contenta de ver a alguien a quien conocía.
-Ginevra –dijo Titania cuando la vio.
-Dime Ginny, por favor –sonrió ella; le incomodaba cuando la gente la llamaba Ginevra.
-Está bien –aceptó la Dama Blanca- ¿Vienes a ver a Draco?
-No –respondió Ginny secamente, lo cierto era que había querido salir a caminar y de alguna forma había terminado allí.
-Ya veo –dijo Titania sin poder ocultar su decepción.
-¿Cómo sigue? –que no tuviese intención de verlo no significaba que no quisiese saber si se encontraba bien o mal.
-Bien –sonrió la dama blanca-, igual de irreverente, pero bien –aquello hizo sonreír a Ginny y Titania decidió preguntar algo que hace mucho quería saber-. ¿Siempre ha sido así?
-¿Así cómo? –preguntó Ginny.
-Veamos –comenzó Titania-, es un poco… un poco… -no sabía qué palabra utilizar para que no sonara como un insulto.
-¿Engreído? ¿Desagradable? ¿Antipático? –sugirió Ginny, pero Titania no asintió a ninguna. Ella supuso que la Dama Blanca era demasiado respetuosa como para confesar que pensaba que Draco era bastante insoportable- Sí. Siempre ha sido así.
-¿Y cómo se conocieron? –preguntó ella.
-Estudiamos en el mismo colegio de magia –respondió Ginny-, él era compañero de mi hermano y… -Ginny iba a decir "y de Harry", pero no quería tener que hablar de Harry- e iba un curso más arriba que yo.
-¿Y qué fue lo que sucedió? –preguntó Titania, refiriéndose al hecho de que ambos fueran ahora enemigos.
Le llevó unos segundos decidir por dónde empezar, y decidió que lo lógico era explicarle que sus familias no se llevaban bien.
-Malfoy viene de una familia muy acaudalada y con una inclinación preocupante hacia las artes oscuras y los magos tenebrosos –explicó-. Mi familia, en cambio, representa todo lo que él y los suyos detestan. Tanto en costumbres como en estrato social.
-¿Es por eso que son enemigos? –a la dama blanca le parecía que no era razón suficiente.
-No, no realmente –respondió Ginny, pues ella entendía que él hubiese sido criado con valores completamente diferentes a los de ella-. La guerra es la verdadera razón de que nos hayamos vuelto enemigos. Estábamos en bandos contrarios y yo decidí perseguirlo, pero lo cierto es que jamás nos hemos soportado, y eso tal vez ha hecho las cosas más difíciles.
-Ya veo –dijo Titania. No sólo era una enemistad de bando, también era una enemistad de valores.
Ginny guardó silencio un momento, sabía que a Titania debía preocuparle el nivel de enemistad que Malfoy y ella compartían, pero no podía decirle nada para asegurarle que aquello cambiaría. No podía mentirle.
-Hoy es el entrenamiento, ¿verdad? –preguntó, tratando de cambiar el tema.
-Sí –le alegraba que Ginny lo recordara- Newt pasará por ustedes antes del atardecer y los llevará con Benrik y Aidan.
Ginny recordó el joven de ojos grises que la había salvado en el bosque:
-¿Quiénes son ellos? –preguntó con curiosidad.
-Son jóvenes guerreros –explicó la Dama Blanca-. Cada sector del Bosque tiene su propio grupo de guerreros, los Caballeros de la Rosa son los nuestros.
-Oh –dijo Ginny, tratando de no sonreír.
-El nombre es algo dramático –rió Titania, leyéndole el pensamiento-, pero nos han protegido bien, así que el nombre es lo de menos.
Ginny rió también, y luego decidió que podía preguntar algo que le causaba verdadera curiosidad:
-Titania… ¿qué tan grande es este Bosque?
-Veamos… desde aquí a Forlorn deben haber unos doscientos kilómetros.
-¿¡Doscientos!? –casi gritó Ginny, sorprendida.
-Créeme que no es tanto como desearíamos –reconoció Titania.
-¿Y los límites? –preguntó Ginny.
-Nadie ha estado realmente en el límite, Ginny –confesó Titania-. Una vez estuve en Minuria, el primer poblado de luz del Bosque. Si caminas más allá de él, lo único que consigues es volver siempre al mismo punto, sin importar qué camino elijas. Supongo que ese es el límite, pero no hay ninguna entrada que te lleve hasta el otro lado. Y a veces la luz se expande, por lo que el Bosque también crece.
La muchacha sintió la angustia oprimir su pecho: ¿por qué no habían salidas? ¿Por qué siempre estaba atrapada?
-¿Qué es Forlorn? –preguntó entonces, intentando controlar su respiración. La palabra había quedado resonando en su cabeza, como un presentimiento.
- Forlorn es el único castillo de Argusthat –explicó Titania-. Esa ha sido la verdadera misión durante todos estos siglos: destruir Forlorn, el lugar donde las sombras reinan.
-Titania –dijo Ginny, preocupada-, ¿cómo se supone que Malfoy y yo destruyamos un castillo? –la sola idea le parecía una locura- ¿Has estado en un castillo alguna vez, en especial en uno mágico? ¿Sabes toda la clase de hechizos ancestrales que poseen? Algunos castillos ni siquiera pueden ser vistos… podríamos buscar durante años, estar en frente de él, y no verlo.
-Oh, créeme, este castillo sí se ve –dijo Titania, sin siquiera inmutarse.
-Aun así, no conozco ningún hechizo para destruir castillos –insistió ella-. ¿Quién se supone que nos guiará hasta allá? –preguntó al caer en cuenta de que no podían llegar hasta Forlorn los dos solos.
-Un séquito bastante grande de criaturas y guerreros –respondió la Dama Blanca-, estarán siempre acompañados –le aseguró.
Aquello no la tranquilizaba, era mucho más fácil ver a una gran comitiva que a solo dos personas.
-¿Irán Newt y tú con nosotros? –preguntó Ginny, pues sentía cierta familiaridad con ellos aunque le costara aceptarlo.
-No podemos –contestó Titania, en un susurro. Lamentaba tener que decirlo, pero lamentaba aún más no poder acompañarlos.
Ginny frunció el ceño, no se había esperado aquello:
-¿Por qué no? –preguntó, intentando ocultar su decepción- ¿No son ustedes los que nos han estado insistiendo en la importancia de todo esto?
-Es nuestro castigo –admitió Titania, con vergüenza.
-¿Castigo? ¿Qué clase de castigo es ese? –insistió Ginny, quien se sentía traicionada.
Titania no sabía por dónde comenzar:
- Hace años tomé una decisión que no fue bien recibida por los sabios del Bosque.
Recordó entonces cuando Draco había intentado quitarle el sello de los Caballeros de la Rosa y el viejo Tapio había aparecido:
-"Tu castigo aún no termina" –susurró Ginny.
-¿Qué has dicho? –preguntó Titania, sorprendida.
-Cuando nos encontramos con aquel anciano –recordó Ginny-, el que decías que era un impostor… Él le dijo a Newt: "tu castigo aún no termina".
La Dama Blanca sonrió con tristeza.
-Newt intentó ayudarme –le explicó-, es por eso que tiene la forma de un niño. Los sabios sabían que aquello no lo afectaría realmente, así que todos los suyos fueron condenados a vivir en su forma más pequeña para evitar que Newt volviera a desobedecer sus órdenes. Es muy cruel ver cómo castigan a otros por tus acciones, Ginny, y ese es el verdadero castigo de Newt.
Aquello la entristeció. No era justo que alguien más pagara por los errores que uno cometía.
-¿Y por qué no los dejan ir con nosotros? –preguntó, intentando ocultar su consternación.
-Escoltar a los elegidos es un gran honor, Ginevra. Es por eso que es considerado un castigo no poder acompañarlos hasta Forlorn.
-¿Y qué pasaría si desobedeces las órdenes? –preguntó Ginny, no porque quisiera que ellos las desobedecieran, sino porque quería saber a qué amenazas se enfrentaban Titania y Newt.
-Terminarían por arrebatarnos los poderes –reconoció Titania-. Y nos condenarían a muerte.
-¡No pueden hacer eso! –reaccionó Ginny con rabia- ¡No pueden matarlos sólo porque ya no quieren estar aquí!
Titania esbozó una pequeña sonrisa, pero sus ojos mostraban tristeza.
-Mi espíritu irá contigo –le aseguró la Dama Blanca-, y mientras yo viva, tú estarás a salvo.
Aquellas palabras fueron como un abrazo y Ginny sabía, en su corazón, que eran ciertas. Quiso decir algo, agradecerle, explicarle lo mucho que aquello significaba, pero no pudo.
Titania, en cambio, lo vio en sus ojos, y una calidez invadió su pecho y la hizo sonreír. Realmente era su guardiana.
-Debo ir –sin referirse más al otro tema- ¿Estarás bien en mi ausencia?
-Sí –asintió la muchacha-, esperaré en mi árbol hasta la hora del entrenamiento.
-Bien –dijo Titania a forma de despido, Ginny había sonreído y comenzaba a alejarse cuando tuvo un impulso, una necesidad de decirle algo más, algo que ella consideraba importante-. Ginny –la llamó, y la muchacha se volteó hacia ella-. Hay algo que debes comprender.
-¿Qué cosa? –preguntó Ginny, sin entender a qué se refería la Dama Blanca.
-Si Draco llegase a morir, ya no habrá forma de volver, Ginny –dijo Titania, esperando que ella se diera cuenta lo mucho que necesitaba a Draco para volver a su mundo-. Se necesitan dos elegidos, no uno. Y si uno de ustedes muere, el otro quedará atrapado en este Bosque hasta que los próximos elegidos lleguen.
Ginny suspiró, asimilando la noticia. Sabía que el mundo sería un mejor lugar sin Malfoy, pero también sabía que no era ella quien debía decidir aquello.
-Yo puedo prometerte que no lo mataré –confesó Ginny, quien había tenido muchas oportunidades de hacerlo-, sé que es la justicia quien debe decidir qué hacer con él, a pesar de lo mucho que me gustaría poder decidirlo yo. Pero no te puedo prometer que nos perdonemos y que nos protejamos el uno al otro, porque sé que no va a suceder.
-Lo entiendo –reconoció la Dama Blanca-, sólo quiero que no se maten entre ustedes.
Ginny sonrió por cortesía y asintió.
-Estaré en mi árbol –informó, y Titania la vio perderse entre los demás árboles.
Cerró los ojos mientras susurraba: Esta será una larga guerra.
Te daría la luna y el sol si te quedaras conmigo,
Si te diera el mundo, ¿te quedarías a mi lado?
Llovía en los límites de la oscuridad, y mientras los demás caballeros habían buscado refugio en los árboles, Óberon prefería que la lluvia lo mojara y acariciara su cuerpo, pues le recordaba a Titania, tranquila y apacible como cuando la lluvia era fina; apasionada e imperiosa como cuando la lluvia se convertía en tormenta. Y aun cuando no había conocido mayor dolor que el separarse de ella, su mero recuerdo lo envolvía de paz. Había decidido dejar atrás la rabia y la tristeza que sentía por saberse alejado de ella para poder disfrutar del calor que su recuerdo le brindaba.
Cerró sus ojos y se permitió pensar en ella, en sus dedos cuando recorrían su espalda, en su castaño cabello que siempre olía a flores, y en sus ojos, tan azules como el pequeño lago donde la había besado por primera vez. Y sonrió, porque sabía que había una oportunidad de verla nuevamente, ya no era sólo una ilusión que le ayudaba a encontrar el camino cuando sus fuerzas flaqueaban, ahora podía ser una realidad.
-¿Me quieres todavía? –le preguntó a la lluvia en un susurro.
La lluvia no respondió, pero sus recuerdos sí lo hicieron.
Habían tratado de estar juntos para siempre, de escapar del deber de ambos, pero dos guardianes no podían estar juntos, esa era la ley. Y en el momento en que el bosque los escogió, sus vidas se separaron para siempre.
-Ganaremos esta guerra, Titania –le prometió a la lluvia-, y volveremos a estar juntos.
Atardecía cuando Draco y Ginny fueron llevados hasta Benrik y Aidan, quienes los esperaban para poder entrenarlos. Nadie estaba consciente hasta qué punto sabían sobrevivir ellos sin sus varitas, por lo que debían enseñarles todo aquello que pudiese mantenerlos con vida, desde cómo usar una espada hasta qué hierbas beber o cómo encender un fuego. Tanto Benrik como Aidan habían sido entrenados durante años para sobrevivir en los lugares en donde la luz se extinguía, pero sus conocimientos sólo llegaban hasta cierto punto; allí donde la oscuridad era más grande que la luz ellos aún no habían ido, aquellos dominios eran cuidados por otros guerreros, guerreros mucho más experimentados. Si Ginny y Draco lograban llegar hasta donde ellos estaban, entonces podrían sobrevivir con la magia que ellos poseían, aquella que podían utilizar a través de una varita.
-Ya nos han presentado ayer. Mi nombre es Benrik.
-Y yo soy Aidan. Ambos pertenecemos a los Caballeros de la Rosa.
-Nuestra hermandad es la encargada de proteger esta zona del Bosque, la que es menos vulnerable a la oscuridad –explicó Benrik.
-Cuando ustedes llegaron, el hechizo que protegía a esta parte de Argusthat de las sombras se acabó. Es por eso que aún en esta parte del Bosque han sido atacados por las sombras. Aquellas que habían dormido por años, han despertado cuando ustedes han llegado.
-Hay lugares como este –continuó Benrik-, o como en el que ustedes ahora viven, que aún están protegidos por magia poderosa, así que siempre estarán a salvo en esos lugares.
-No todas las criaturas tienen la habilidad de aparecerse, así que hay senderos antiguos que también están protegidos –aclaró Aidan-. Les enseñaremos cómo encontrarlos y también cómo seguirlos.
-Pero para eso deben querer aprender-sentenció Benrik.
La forma en que Ginny y Draco se mantenían alejados el uno del otro aun estando en el mismo espacio les advertía a Benrik y a Aidan que aquello no sería fácil, pero tampoco habían creído que lo fuera.
-Quiero saber, y por favor sean honestos, ¿hasta qué punto aprecian sus vidas? –Benrik los miró con seriedad a ambos, estudiando el desconcierto en los ojos de quienes debía entrenar. Entonces se dirigió a Ginny- ¿Estás dispuesta a luchar por tu vida, Ginevra?
La pelirroja frunció el ceño ligeramente, mientras una mueca se le escapaba. No muchas personas la llamaban por su nombre, y siempre que lo hacían parecía como si hubiese hecho algo malo.
-Sí –respondió con firmeza. Benrik asintió, satisfecho, para luego dirigirse hacia Draco.
-¿Y tú, Draco? –preguntó- ¿Estás dispuesto a luchar por la tuya?
-Sí –eso era lo que llevaba haciendo todos aquellos años, luchando por mantenerse con vida, y seguiría haciéndolo, incluso en un bosque embrujado.
-Deben saber que muchos de estos seres no intentarán asesinarlos –continuó Benrik. Sabía que ya estaban al tanto de varias cosas y prefería saltarse el discurso de bienvenida al bosque-. Lo que ellos buscan, lo que ellos más desean, es poseer vuestras almas. Intentarán contaminarlas, borrar de ella todo rastro de bondad, querrán moldearlas a su manera para tenerlos de su lado. Si ellos logran poseer vuestros cuerpos y robar vuestras almas, entonces sólo ustedes o los guardianes podrán liberarlos. Si aquello no ocurre, los habremos perdido y se quedarán atrapados hasta que los próximos elegidos lleguen.
-¿Atrapados? –ambos jóvenes lo pensaron, pero fue Ginny quien preguntó.
-Sí –respondió Aidan-. No morirán hasta que los Tenebrae así lo decidan. Pueden extender vuestra existencia por siglos y siglos si así lo desean.
-¿Cómo es eso posible? –preguntó Draco, incrédulo ante lo que oía: nadie podía vivir para siempre- ¿Nos darán de beber sangre de unicornio hasta que nos convirtamos en polvo?
-No –la dureza en la voz de Benrik no daba pie a dudas-. La oscuridad poseerá vuestros cuerpos, y si la oscuridad dura para siempre, también lo harán ustedes.
-¿Y de qué les serviremos? –quiso saber Ginny.
-Ustedes tienen el poder, quien sabe dónde, de liberarnos de la oscuridad –aclaró Benrik, quien aún no se recuperaba de la decepción de conocer a los elegidos-. Pero también tienen el poder de terminar de contaminar Argusthat.
A pesar de todas las noticias que habían recibido continuamente sobre aquel bosque, había algo que Ginny aún no entendía:
-¿Qué pasó con los que estuvieron antes de nosotros? –preguntó. Sabía que hubo otros elegidos antes que ellos, pero, ¿dónde estaban si es que las sombras podían mantenerlos con vida por todo el tiempo que quisieran?
-Algunos fueron capturados, otros asesinados –respondió Aidan, algo incómodo-. Han sido bastantes a lo largo de los siglos, algunos incluso han tenido descendencia.
-¿Descendencia? –preguntó Draco, sorprendido y extrañado.
Aidan se encogió de hombros:
-Es un largo camino hacia Forlorn –informó, como si aquello aclarara todo.
-No somos los más indicados para hablarles sobre los antiguos elegidos –reconoció Benrik-, Titania es la experta en elegidos y sus guardianes y debe saber casi todo lo que se ha contado sobre ellos durante todos estos años.
Ginny y Draco guardaron silencio y Benrik asumió que ya no tenían más preguntas al respecto, luego se le ocurrió que tal vez tenían demasiadas y no sabían con cuál comenzar:
-Ya deben saber que sus condensadores de magia no pueden ser utilizados en este lugar, las historias cuentan que ninguno de los elegidos ha podido usarlas en esta parte del Bosque. Nadie sabe por qué, pero todos creen que el bosque reconoce lo que han hecho con ellas, y por alguna razón, se protege –les explicó Benrik-. Es por eso que se confeccionarán armas especiales para ustedes; jamás podrán matar a un inocente con ellas porque las espadas son luz, todas nuestras armas lo son. Si atraviesan a un ser oscuro podrán eliminarlo por completo, pero no es posible combatir luz con luz. La espada reconocerá de inmediato su propio material y se volverán uno.
-No comprendo –interrumpió Draco, a quien no le hacía sentido eso de "combatir luz con luz".
Benrik miró a Aidan, y este asintió.
-¿Dónde quieres el golpe? –preguntó Benrik, con malicia.
-Haz algo dramático –contestó Aidan con una sonrisa, y Benrik también sonrió mientras desenvainaba su espada.
Ginny ahogó un grito cuando vio que la espada de Benrik le atravesaba el cuello a Aidan. Estuvo a punto de correr para detenerlo, pero casi de inmediato se dio cuenta de que la espada no lo estaba hiriendo: en vez de haber sangre emanando del recorrido que hacía la espada, una luz azul brillaba allí donde la herida debía estar. Y entonces Ginny se percató de que la hoja de la espada se había disuelto en un polvo que brillaba y se mantenía unido en la zona que casi tocaba el cuello, y lo primero que pensó era que parecía un arma fantasma. Pero entonces lo comprendió: la espada reconocía la esencia de Aidan y se negaba a lastimarlo, transformándose en lo que Benrik llamaba luz, que sólo parecía traspasar al caballero.
Aidan se llevó de inmediato la mano a la garganta cuando la espada se alejó de su cuello; aun cuando la hoja no le había provocado daño alguno, él había sentido su recorrido. Era como si dedos de hielo acariciaran su garganta. Benrik envainó su espada y buscó su daga, que era mucho menos aterradora.
-¿Quién quiere intentarlo? –preguntó Benrik con una sonrisa, pero ambos jóvenes estaban demasiado impactados aun como para ofrecerse- Vamos, no les hará ningún daño.
Se acercó hacia ellos y tomó con fuerza el brazo izquierdo de Draco, quien tironeó de él, intentando zafarse de la mano de Benrik, pero la hoja de la daga ya estaba posada en él.
-¡Ahg! –gritó Draco mientras la mano de Benrik lo liberaba, asustado.
Draco se llevó su propia mano allí donde antes había estado la daga y le espetó a Benrik con furia:
-¿¡Estás demente!?
Confundido y sorprendido a la vez, Benrik pasó sus dedos por la daga, manchándolos con la sangre de Draco.
-Pero… -masculló aún desconcertado- Esto es imposible.
Una idea horrible pasó por su cabeza y, sin ningún miramiento, volvió a agarrar el brazo de Draco a pesar de la resistencia de éste: allí estaba, una herida que parecía haber sido hecha con una daga común y corriente, de la cual manaba sangre.
-¿Estás marcado con magia negra? –preguntó Benrik, sin estar seguro de querer saber la respuesta. Si no era aquello, ¿entonces qué?
-¿Qué crees tú? – los ojos de Draco centellaron de rabia y dolor. No bastaba con que tuviese que cargar con la culpa en el mundo mágico, ahora también tenía que aguantar las preguntas en aquel maldito bosque.
-Pero hay algo más… -susurró Benrik, algo no calzaba. Incluso estando alguien marcado con magia negra, ni la daga ni ningún arma fabricada por ellos sería capaz de hacer aquel daño-. ¿Quién eres, Draco Malfoy?
-Un mortífago –pero no fue Draco quien respondió, sino Ginny. Benrik pareció verla por primera vez, percatándose del hecho de que ella también estaba allí. El repudio utilizado al hablar fue suficiente para hacerle saber a Benrik de que aquello no podía ser algo bueno.
-¿Eres también mortífago, Ginevra? –preguntó el caballero con curiosidad.
-¡Por supuesto que no! –respondió la pelirroja con indignación.
-¿Puedo? –preguntó Benrik extendiendo su mano para pedir la de ella. Ginny dudó. Ella no tenía marca tenebrosa alguna, pero la idea de que el arma pudiese dañarla estaba latente. Aun así extendió su brazo hacia el caballero, quien lo tomó, posando la daga en el brazo. Con suavidad deslizó la hoja por la piel de Ginny, quien se tensó de inmediato, sintiendo la navaja rebanarle la piel. Pero no brotó sangre.
-No eres mortífago, pero también estás marcada –observó Benrik-, ¿por qué?
Las palabras la sorprendieron y en su cabeza todo perdió sentido. ¡Ella no estaba marcada!
-Cuando un ser ha sido marcado con magia negra, es capaz de sentir el arma rebanar la carne –esta vez fue Aidan quien habló, mirando fijamente a Ginny-, pero no causa daño alguno, sólo el dolor mientras ambos estén en contacto –luego se volvió hacia Draco-. Pero a ti es capaz de hacerte sangrar. La herida cicatrizará casi de inmediato –Draco se miró el brazo, la sangre se secaba alrededor del corte que ya no estaba. Ni siquiera había dejado cicatriz, pero aún dolía-, pero una herida en el lugar incorrecto y… no estoy seguro de lo que pasaría.
Draco sintió un escalofrío recorrer su cuerpo: "una herida en el lugar incorrecto".
-Ya es suficiente por hoy –dijo Benrik en tono cortante-. Vuelvan a su árbol, Aidan y yo encontraremos la manera de lidiar con esto.
Ginny quiso decir algo, pero ningún sonido llegó a sus labios; en cambio, las palabras de Benrik hacían eco en su interior: "también estás marcada". En aquel momento no tenían sentido, pero luego lo recordó: por supuesto que ella estaba marcada, Tom Riddle la había marcado. La había poseído y ella había compartido con él sus más anhelados deseos, sus más íntimos secretos… Había compartido su alma, por eso estaba marcada.
Benrik y Aidan habían desaparecido entre los árboles, y Ginny comprendió que aquello era mucho más terrible de lo que ellos les habían dicho. Sabía que ya no había nada más que hacer allí y comenzaba a caminar lejos de aquel lugar cuando escuchó la voz de Draco, era como un susurro, pero Ginny sabía muy bien que lo decía para que ella lo escuchara:
-Ah, Weasley, estás tan maldita como yo –Ginny se volteó para encararlo, y ahí estaba, apoyado en un árbol mirándola fijamente, provocándola-. La diferencia es que tú te empeñas en luchar en contra de ti misma, mientras que yo he aceptado mi destino hace mucho, mucho tiempo.
-Tú y yo no somos iguales, Malfoy –y no lo eran, si de algo estaba segura Ginny era de aquello-. Tú eres un monstruo que huye de sí mismo, mientras que yo aún tengo las agallas de enfrentarme a mis miedos – caminó unos pasos hacia él, evaluándolo: ¿qué tan oscuro se debía ser para cometer las atrocidades que él había cometido?- ¿A cuántos has matado a parte de Pansy Parkinson, Malfoy? ¿Mataste también a tus padres? –le preguntó Ginny, mientras observaba cómo Draco se tensaba- ¿realmente eres tan oscuro? –dio otro paso hacia él, y por un momento tuvo la sensación de que Draco quería retroceder- ¿es que acaso el monstruo que llevas dentro ya devoró tu alma?
-Tú no sabes nada… -le dijo él sin siquiera moverse de donde estaba. Ginny sabía que había tocado algo doloroso en él, pero también sabía que era lo que debía hacer para mantenerlo a raya.
-Mantente alejado de mí, Malfoy –era una amenaza verdadera, Draco podía ver el peligro emanar de los ojos de Ginny-, de lo contrario haré que todos los fantasmas del pasado vengan a por ti a devorarte el alma cada noche de tu vida. Te juro que lo haré.
Aunque hubiese tenido algo que decir al respecto, Draco no lo hubiese dicho, la vida de fugitivo que había tenido los últimos meses le había enseñado algunas cosas, y una de ellas era la precaución.
Ginny dio media vuelta y se alejó a paso seguro una vez que vio el miedo en los ojos de Malfoy.
Benrik casi corría por el bosque, ansioso por llegar hasta donde se encontraba Titania, y preocupado por lo que acababa de ver.
-Esto es grave, Aidan – le gritó a su compañero, quien apresuraba el paso para alcanzarlo-. Demasiado grave.
Aidan no contestó, pues no tenía nada más que agregar: nunca había visto algo semejante, excepto en aquellos seres atrapados por la oscuridad que aun luchaban por mantener su luz. Y aquello era atemorizante, pues cosas como aquellas ocurrían en la frontera, no en lugares llenos de luz como aquel. ¿Cómo podían estar marcados por una magia tan oscura?
-¡TITANIA! –gritó Benrik cuando por fin la vio, y corrió hacia ella lo más rápido que pudo.
La Dama Blanca se había sobresaltado con el grito, y cuando vio a Benrik y a Aidan correr hacia a ella sintió miedo: "algo sucedió", fue lo primero que pensó, y cuando divisó mejor la expresión en sus rostros, supo que no era nada bueno:
-Están marcados –le espetó Benrik a Titania, sin darle tiempo a ésta siquiera de abrir la boca para preguntar qué era lo que ocurría- ¡Ambos!
La dama blanca pestañó varias veces antes de poder articular un "¿Qué?"
-¡Que están marcados! ¡Con magia negra! –gritó Benrik, exasperado.
-¿Cómo… cómo lo sabes? – preguntó Titania, intentado comprender como podía ser posible.
-Les atravesé la carne con una de nuestras dagas –Benrik movía sus manos como si tuviera una daga imaginaria-. A Ginevra la atravesó, pero ella sintió dolor; no dejó ninguna herida, nada, pero ella lo sintió. Y Draco… -el mago era quien más preocupaba a Benrik, pues aquello jamás lo había visto en ninguna de las criaturas del bosque que pertenecieran a la luz- Draco sangró. Su herida desapareció en un minuto, pero sangró, Titania.
-No puede ser –susurró ella, mientras su mente se llenaba de todo lo que sabía sobre los elegidos que habían pisado el Bosque, intentando recordar algún caso que se asemejara.
-Ella dijo algo… -prosiguió Benrik- algo sobre que él era un mortífago –no había entendido el término, pero Ginny lo había dicho con tanto repudio que sólo podía significar algo malo-. ¿Qué significa aquello?
-Yo… no estoy segura –respondió ella, interrumpiendo sus recuerdos-, pero recuerdo haberlo escuchado también.
Aidan fue quien habló esta vez:
-Titania, estos muchachos están contaminados –dijo-. Cuando una criatura está contaminada, son mucho más débiles ante las sombras y sus criaturas. Descontaminarlos tardaría años, y no tenemos tanto tiempo… si los mantenemos aquí por más de lo necesario, las sombras vendrán a por ellos.
-No podemos quitarles la magia que llevan dentro, Aidan, sea cual sea, no podemos quitárselas –reconoció Titania.
Hubo un breve silencio en que las miradas asustadas de los tres se cruzaron, sin saber qué decir, ni cómo actuar. Tenían a sus elegidos, pero claramente no era lo que habían esperado, no sólo por el comportamiento de ambos y su odio mutuo, sino porque tanto Ginny como Draco llevaban mucha más oscuridad en sus almas que todos ellos juntos.
-Tal vez… -soltó Benrik, inseguro de lo que estaba a punto de decir- tal vez esto no sea del todo malo. Tal vez el que ellos estén marcados los haga aún más fuertes… Como una especie de resistencia. Si se exponen a algo a lo que siempre han estado expuestos, entonces no sentirán la diferencia, seguirán estando igual de fuertes, en cambio nosotros nos debilitamos más al acercarnos a la oscuridad.
-¿Y qué sucede si no es una ventaja? –soltó Aidan, preocupado- ¿Qué sucede si en realidad el que estén contaminados sea la verdadera debilidad? ¿Qué sucederá si llegan al límite de nuestro lado y sucumben? Será mucho más fácil para Forlorn apoderarse de dos almas oscuras y no podemos perderlos.
-Maldición –se desesperó Benrik, pues encontraba más razón a lo que Aidan decía-, ¿cómo los mantendremos vivos? ¿Qué pasaría si una de nuestras armas le atravesara el corazón a Draco?
-¡No digas eso! –exclamó la dama blanca, horrorizada.
-¿Qué haremos? –preguntó Aidan, mirando a Titania con apremio, inquieto por todas las cosas que podían salir mal.
-Seguir entrenándolos –respondió Titania, pues era la única solución a corto plazo que podía proponer-. No podemos descontaminarlos y sólo hay una forma de saber si la oscuridad les afectará o no, pero no lograrán llegar tan lejos si no los entrenamos.
-Podríamos estar viajando con el mismísimo enemigo y no saberlo hasta que sea demasiado tarde, Titania –advirtió Aidan, quien había escuchado historias de cómo las sombras más oscuras podían apoderarse de los cuerpos de otros seres.
-Lo sé –respondió la Dama Blanca, inquieta por el peligro que aquello suponía-. Lo sé –hizo una breve pausa antes de continuar, dejando el miedo atrás y recordando cuál era su deber con el Bosque-. Y si aquello llegase a suceder, deberán hacer todo lo que esté a vuestro alcance para destruirles.
-Titania –susurró Benrik, a quien el sólo pensamiento le causaba una tristeza enorme-, tú más que nadie sabe lo que eso significa.
La Dama Blanca asintió levemente. Lo sabía muy bien.
-No podemos dejar que se conviertan en seres de oscuridad –dijo-. Es cierto que en ellos resta el poder de liberarnos, pero si la oscuridad llegase a apoderarse de sus almas, podrían destruirnos a todos.
-Los entrenaremos bien –sentenció Aidan, pues no pensaba dejar que Ginny y Draco se fueran sin estar seguro de las intenciones de ambos.
-Lo haremos –lo apoyó Benrik-, no dejaremos que las sombras los debiliten, no lo permitiremos.
Titania esbozó una débil sonrisa, pues sabía que las intenciones de ambos caballeros eran buenas:
-Necesitarán un lazo –les dijo -, sin él tardaremos meses en enseñarles que se protejan el uno al otro.
-¿De verdad se odian tanto? –preguntó Benrik, sorprendido. Un lazo jamás era necesario en estos casos, siempre y cuando las personas en cuestión tuviesen un mínimo de empatía por el otro.
-Me temo que sí –reconoció ella-. No podremos usar el lazo para siempre, claro está. En algún momento tendrán que entender lo importante que es proteger a su compañero, pero me temo que deberemos entrenarlos un largo tiempo antes de que eso suceda.
-Bien –accedió Benrik y al mirar a Aidan, este asintió para que supiera que él también estaba de acuerdo.
-Volveremos a entrenarlos mañana… pero esta vez con armas más inofensivas –sonrió Aidan, tratando de parecer optimista, y Titania agradeció el gesto, aunque sabía muy bien que tarde o temprano los elegidos tendrían que enfrentarse a armas de verdad.
A Ginny le hubiese gustado poder caminar por el bosque y por aquella ciudad de árboles que ahora sería su hogar, pero no quería volver a encontrarse con Draco, o con cualquier persona, si es que era sincera. Quería estar sola y poder asimilar todas las cosas que habían ocurrido. ¿Cómo podía haber cambiado tanto todo en sólo unos días?
Se detuvo un momento, intentando dejar de lado todo aquello que la angustiaba, inspiró hondo y se permitió cerrar sus ojos sólo un momento, para escuchar todo lo que la rodeaba y sentir que no todo estaba perdido. Pero la imagen de Harry vino a su mente: su sonrisa, su cabello despeinado y el último beso que le dio antes de marcharse.
Harry le había pedido que se mantuviese a salvo, pero incluso él sabía que Ginny no podía cumplir aquella promesa, ella quería salvarlo tanto como Harry quería salvar al mundo mágico, y ambos irían hasta el fin del mundo para lograrlo.
-¿Cómo voy a encontrarte ahora? –susurró ella mientras sentía como la angustia aprisionaba su pecho y le impedía respirar con normalidad.
Apuró el paso hasta su árbol, pues sentía como las lágrimas se agolpaban en sus ojos, y ella no sería capaz de retenerlas por mucho más tiempo.
Cerró la puerta cuando entró y golpeó su espalda contra ella. Trató de respirar hondo y detener las lágrimas, pero no lo logró. Llevaba demasiado tiempo aguantando el dolor, y ya no podía tragárselo y mantenerlo escondido. Y allí, sentada en la que ahora era su habitación, se permitió llorar, pues sabía que lo necesitaba para poder comenzar a sanar.
Con las pocas fuerzas que la tristeza le dejaba, se metió a la cama y se abrazó a la almohada, pensando en todas las cosas que había hecho mal: si hubiese dejado en paz a Draco, si no lo hubiese perseguido hasta casi enloquecerlo, tal vez él no la hubiese atacado en la mansión de Pansy, tal vez hubiese decidido quedarse escondido y dejarla seguir su camino, al igual que ella el de él, en vez de terminar atrapados en un bosque del que nadie podía salir. Pero ahora jamás lo sabría, pues ambos habían tomado todas las decisiones equivocadas y habían terminado por caer en una maldición que era mucho peor que el rencor que sentían.
Sólo había una cosa que Ginny tenía muy clara: necesitaba salir de allí, necesitaba encontrar a Harry.
Cuando los elegidos crucen la barrera, volveremos a estar juntos.
Las palabras de Óberon resonaban como un eco en su cabeza.
-Volveremos a estar juntos -susurró Titania.
Sabía que a esas alturas, Óberon ya debía estar al tanto de la presencia de Draco y Ginny en Argusthat; lo habría sentido tal y como ella lo sintió: como una fuerte ráfaga que golpeaba su cuerpo para luego apoderarse de sus sentidos. Había escuchado los casquetes del thestral de Draco, había sentido el dolor punzante de la pierna de Ginny y por unos momentos fue capaz de ver lo que ella veía. Aquella conexión había durado sólo unos segundos, pero había sido tan real como cualquiera de las cosas que ella había vivido. Y por el breve momento en que se demoró en encontrarlos, había sentido una opresión en el pecho, una necesidad de encontrarlos.
-No son los elegidos que esperábamos que fueran-pensó ella-, pero son los elegidos que nos han tocado.
Ella sabía, desde el momento que ambos había cruzado la barrera, que aquello significaba una oportunidad, una esperanza que le había dado miedo mantener en los años pasados. Ahora sabía que todos aquellos miedos estaban bien fundados, más allá del odio que Ginny y Draco se tenían, lo peor que podía suceder es que estuviesen marcados.
Morir no era lo que la atemorizaba, pero si Draco y Ginny llegaban a ser poseídos por la oscuridad, entonces su propia alma y la de Óberon serían consumidas por los Tenebrae. Había aprendido mucho sobre todos los elegidos de los que se tenía registro para saber que aquello era algo que ya había sucedido, y no con magos y brujas que estuviesen marcados, sino con elegidos que estaban tan descontaminados de magia negra como cualquier otro habitante de esa parte del bosque.
-No voy a permitirlo –susurró. No podía permitirlo. Si las sombras querían capturar a Ginny y Draco, primero tendrían que matarla a ella. Y Titania sabía que antes de que aquello ocurriera, se llevaría a muchos Tenebrae con ella. Sin importar las consecuencias, ella lucharía.
Se trenzó el cabello otrora castaño, y cambió su elegante vestido por la ropa que usaba cuando entrenaba sola: unos pantalones oscuros que le daban mayor movilidad a sus piernas que un vestido, y una antigua camisa que Newt le había regalado para que tuviese algo más cómodo que ponerse. Se ajustó el cinturón de la vaina de cuero a la cintura y abrió el baúl de madera en el que guardaba a Danubio, su espada. A veces, sostener a Danubio era lo único que ella necesitaba para sentirse segura, su peso la reconfortaba y la hacía sentirse invencible, tal como la primera vez que la sostuvo.
Le habían arrebatado tantas cosas desde que el Bosque la escogiera como guardiana: sus poderes, su libertad, incluso a Óberon. Pero a Danubio jamás se la pudieron quitar, su instinto de guerrera y su talento con la espada era algo que nadie le podía arrebatar, sin importar cuánto se lo hubiesen prohibido.
Si quería proteger a Ginny y a Draco ya no bastaría con entrenar sola, aun cuando usara su magia para conjurar hologramas con los que luchar.
Cerró sus ojos y tomó una gran bocanada de aire mientras intentaba convencerse de que no tenía más opción que recurrir a Forbes, el padre de Benrik y el líder de los Caballeros de la Rosa. Le hubiese gustado tener a alguien más a quien acudir, pero sabía muy bien que él era su mejor opción: no había mejor guerrero en aquella zona del Bosque que Forbes.
Guardó la espada en su vaina y se concentró para llegar al lugar en el que quería aparecer.
Su habitación se desvaneció para dar forma a un claro del bosque en el que se distinguía una fogata a lo lejos. Sólo había un caballero custodiando el fuego y Titania no pudo evitar sonreír.
-Veo que te sigues durmiendo tarde –dijo ella mientras se encaminaba hacia él.
-Titania –Forbes se giró y se puso de pie casi inmediatamente cuando vio quien era la mujer que le hablaba.
-Buenas noches, Forbes –sonrió ella, y al verla más de cerca, Forbes se percató de que no llevaba su atuendo habitual.
-¿Qué haces aquí? –preguntó él, demasiado sorprendido por su presencia como para recordar las palabras de cordialidad que se suponía debía decir. Ella sonrió, siempre habían intentado mantener las formalidades, aun cuando él había intentado evitarla lo más que pudiese. Aquello no era algo que ella tuviese derecho a reclamarle, pues sabía que lo más justo para él era que ambos se mantuviesen alejados, pero en esos instantes ella necesitaba de su ayuda, y si hubiese una posibilidad, por pequeña que fuese, de que él aceptara ayudarla, entonces debía intentarlo:
-Necesito volver a entrenar con alguien y tú eres el mejor luchador que conozco –confesó ella, pero apenas la última frase dejó sus labios, se arrepintió de haberlo dicho, pues ambos sabían que no era verdad.
Forbes la miró con incredulidad y sonrió con tristeza:
-Tú y yo sabemos que no soy el mejor luchador que conoces –le recordó él. Intentaba restarle importancia, pero lo decía con resentimiento.
-Eres el mejor en varios kilómetros a la redonda –recalcó ella, pues no pensaba mentirle-, y lo sabes.
Forbes no le respondió, algo en su figura le inquietaba. Ya no usaba el mismo traje de años atrás, cuando ella, Óberon y él entrenaban codo a codo. Pero había peinado su cabello en una trenza como la que usaba antes cada vez que tomaba una espada. Y aun cuando su cabello castaño había desaparecido, Forbes sentía como si el tiempo no hubiese sucedido, como si Titania aún fuera la joven de quien él se había enamorado.
Eran tiempos distintos, la magia aún protegía aquella parte del bosque y ellos sabían que estaban a salvo. Titania entrenaba porque ella pensaba que había nacido para ser una guerrera, y nadie que la hubiese visto con una espada habría dicho lo contrario, pero el Bosque decidiría que en realidad había nacido para ser una guardiana.
-No puedo ayudarte, Titania –dijo él, con frialdad. Pero la verdad era que Forbes no quería ayudarla. No era justo que para ella fuese tan fácil aparecerse ante él con una espada mientras él aún sentía que su corazón latía más rápido con su sola presencia. ¿Cómo era posible que hubiese acallado su recuerdo por tanto tiempo y el sólo hecho de verla le hiciera recordar todo nuevamente?
Intentó marcharse, preparado ante cualquier cosa que pudiese decirle ella que lo hiciera cambiar de opinión, pero ella no dijo nada. Y fue aquel silencio el que lo hizo voltear, pensando en que tal vez se había marchado sin decir más nada. Pero estaba equivocado, ella seguía allí, parada frente a las últimas brazas de la fogata, retándolo con la mirada.
-No has necesitado mi ayuda en todos estos años –le espetó él-, ¿por qué la necesitas ahora?
-Porque eres el único que puede ayudarme –qué más hubiese deseado ella que no tener que recurrir a él, pero Forbes era el único con quien podía entrenar de verdad. Era el único de quien aún podía aprender.
Forbes la miró a los ojos y caminó hacia ella, quien podía notar la furia en sus ojos.
-Esto no es justo –espetó.
-Lo sé –dijo ella, en un susurro, y lo siento. Pero eres el único que puede ayudarme en esto –reconoció Titania-, el único de quien aún puedo aprender algo.
-¿Por qué? –quiso saber él- ¿Por qué ahora?
-Porque Ginevra y Draco están marcados con magia negra –respondió Titania.
-¿Qué tiene que ver eso con que quieras volver a entrenar? –preguntó él, con dureza en su voz.
-Que tal vez necesitarán más ayuda de la que creíamos –confesó ella.
Forbes midió el peso de las palabras de Titania y tuvo una corazonada:
-¿Estás pensando en acompañarlos? –preguntó, incrédulo. Pero ella no le respondió- ¡No puedes hacerlo! –soltó él- ¡Sabes que no puedes!
-Claro que puedo –respondió ella.
-El castigo sería aún más grande del que pesa en ti –casi gritó Forbes, pues no podía creer que ella quisiera arriesgar la poca magia que le quedaba.
Titania dio un paso hacia él, retándolo con la mirada:
-¿Sabes lo que sucede con un guardián cuando su elegido muere, no es así? –le preguntó ella.
-Sí –reconoció Forbes. En todas las historias, el guardián siempre moría con su elegido.
-¿Sabes lo que sucede cuando alguno de ellos es poseído por la oscuridad? –volvió a preguntar ella, pero no esperó a que Forbes le contestara- El alma de su guardián también es poseída por la oscuridad.
La verdad se sintió como una bofetada.
-Titania –susurró él, casi como una disculpa.
-Sólo quiero estar preparada en caso de que las herramientas de defensa que les brindemos a Ginevra y a Draco no sean suficientes para mantenerlos a salvo –dijo Titania, pues no le gustaban las muestras de compasión hacia ella-. Hay una alta probabilidad de que sea más fácil para la oscuridad poseer sus almas por el hecho de estar marcados. Y yo no me iré de este mundo sin haberlos protegido.
Forbes sabía que nada de lo que él pudiese decirle la haría cambiar de opinión. Aquel no era un talento que el poseyera. Hace muchos años Titania le había pedido que entrenara con ella, y él se había negado. No podía ponerla en riesgo sabiendo que era una guardiana, pero ella se las había arreglado para que alguien más le ayudara, y aquello era algo que aún le pesaba en el corazón. Si se negaba esta vez, no la estaría protegiendo, sino que le estaría negando protección:
-Está bien –aceptó él-. Pero entrenaremos en silencio.
-Gracias –asintió ella. Quería sonreír y abrazarlo en señal de agradecimiento, pero sabía que ninguna de las dos sería bien recibida, así que sólo se concentró en un hechizo de silenciamiento alrededor de ambos y desenvainó su espada.
Aidan estaba demasiado preocupado por Ginny y Draco como para poder conciliar el sueño; cuando creyó escuchar la voz de Forbes se acercó a una de las ventanas del árbol que ahora compatía con Benrik y se sorprendió al ver a Titania. No llevaba sus atuendos normales, y Aidan podía jurar que de sus caderas colgaba una espada. Lanzó un pequeño grito de sorpresa cuando vio a Titania blandir lo que, efectivamente, era una espada.
Benrik despertó, asustado por el grito, y vio Aidan mirando por la ventana:
-¿Qué sucede? –preguntó, aún somnoliento.
-Tschh –lo acalló él, mientras le hacía señas para que se acerca a ver.
Benrik se levantó de su cama y se acercó a la ventana con curiosidad.
-¿Es…? –la sorpresa no lo dejó formular la pregunta, pero Aidan asintió de todas formas.
Ahí, en el claro donde ellos normalmente entrenaban, se encontraba Titania blandiendo una espada. No era de madera, como los que ellos utilizaban cuando aún eran novatos. Era una espada de luz, la más hermosa que Benrik hubiese visto.
-¿Cómo es posible? –preguntó Benrik siguiendo los movimientos de Titania. Aun cuando había cambiado sus atuendos seguía viéndose elegante; fue entonces cuando Benrik se dio cuenta de que no eran los vestidos que Titania usaba lo que la hacía parecer tan imponente, sino sus movimientos.
-Una vez alguien dijo que antes de ser elegida como guardiana, Titania había entrenado para ser una guerrera –Aidan estaba absorto en la pelea, pero las últimas palabras las pronunció mirando a su compañero-, una Amazona.
-¿¡Una Amazona!? –casi gritó Benrik, y Aidan le dio un codazo para que hablara más despacio.
-Pensé que era broma –explicó Aidan-, todos pensamos que era broma.
Los movimientos y la técnica que dominaba Titania le decían que no era una broma. Él jamás había visto luchar a una Amazona, pues ellas luchaban más cerca de la oscuridad, estaban entrenadas para eso, y nadie luchaba mejor que una de ellas.
-¿Crees que hará el viaje junto con los elegidos? –preguntó Benrik, pensando en que no habría mejor protección para Draco y Ginny que Titania.
-Pero… -la pregunta de Benrik había desconcertado a Aidan- No puede… Si llega a salir de acá terminarán por quitarle los poderes.
Benrik lo sabía tan bien como Aidan, pero algo en la manera en que Titania luchaba le decía que ella no tenía planeado quedarse de brazos cruzados mientras Draco y Ginny intentaban llegar a Forlorn:
-¿Qué necesidad tiene de entrenar con mi padre si no piensa luchar ella también? –preguntó.
-No lo sé –susurró Aidan. Aquello sólo podía saberlo Titania.
-¿Por qué habrá querido rechazar el ser una guardiana? –preguntó Benrik, quien alguna vez había escuchado que a Titania le habían arrebatado gran parte de su magia como castigo por no haber querido cumplir con sus deberes como guardiana.
-Debió haber tenido una razón muy importante –susurró Aidan, quien también sabía la historia.
Fuese cual fuese el motivo, estaba claro que Titania había decidido volver a entrenar, sin importar las consecuencias.
