Hola, lectores. este es el siguiente capítulo.

Sinopsis: La vida de Takeru Takaishi está dividida entre sus estudios universitarios, su trabajo como recepcionista, sus amigos que odia, las visitas que hace a un viejo profesor demente retirado, y su imaginación trastornada en donde todo el mundo está muriendo. Desesperado para evitar convertirse en el psicópata que está atrapado en su interior, Takeru decide que enamorarse es la distracción perfecta para aplacar su retorcida cabeza. Pero va a descubrir que aquellos sentimientos juveniles no son la cálida aventura que esperaba, que en vez de calmar la furia que lleva dentro, la va a desatar. Violencia, eventos sobrenaturales, y romance, van a convertir la vida de Takeru en un infierno.

Ni digimon ni ¿A quién odias, Dani? me pertenecen, son de sus respectivos dueños.


6

Si no estás dispuesto a perder, no te pongas a jugar.

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Son las ocho y media de la noche, y estamos en pleno Prime Time; la hora en que la mejor programación televisiva está en sintonía. Y aquí, escondidos en casa escuchando el alboroto de toda esa gente ficticia, estamos degustando de ella.

Es la hora de la cena y mamá ha preparado caldo de pollo. Las luces están apagadas y sólo la imagen que proyecta el televisor ilumina nuestro comprimido mundo.

La presentadora al otro lado de la pantalla está diciendo que gracias a una alianza corporativa se va a comercializar diferentes artículos tales como: ropa, sillas, mesas, relojes, neveras, gorras; con la imagen impresa de Coca–Cola.

– Maldita sea – digo escondido en mi asiento.

– Takeru, cuida tu vocabulario – dice mi madre.

– Lo siento.

Y mi padre está tomándose su sopa como si nada hubiera ocurrido.

– ¿Cómo te fue hoy, cariño? – pregunta mamá queriendo distraernos de las noticias de hoy.

– Normal.

Una vez me contaron acerca de un hombre que se había metido una botella de Coca– Cola por el culo como parte de un extraño experimento sugestivo. El efecto de vacío había atrapado gran parte de la piel del hombre en la botella y cuando intentó sacársela se desgarró. Llego al hospital botando ríos de sangre por el culo. Son este tipo de historias que oyes de amigos doctores quienes son los que les cosen el culo a esos hombres.

Botellas haciendo parte de fetiches.

– ¿Algo nuevo qué contar? – pregunta sonriente mamá.

– Ah. Sí, claro. El profesor me felicitó en frente de toda la clase esta mañana.

– Eso es genial, cariño.

A decir verdad, hoy estuve preparándome física, psicológica, y artificialmente para pedirle a Hikari que saliera conmigo. Y así lo hice. Me le acerqué y le pregunté. Pero ya llegaremos a eso.

– ¿Y por qué te ha felicitado el profesor?

Matt había dicho que era bastante precipitado. Decía que iba a asfixiar a Hikari con mi desesperación y falta de autoestima, lo que la atraería más a su perfecta y confiable pareja. Yo no lo creía así. Si dejaba pasar más tiempo probablemente la próxima vez que la viera sería comprometida, o casada, o en el peor de los casos, felizmente casada. El tiempo no estaba a mí favor.

Era ahora o nunca. Claro que había otro inconveniente.

– Nunca he invitado a nadie a salir – le digo a Matt.

Estamos en mi habitación donde nos limitamos a hablar de mí de una forma exclusiva.

– ¿Estás bromeando? – me preguntó él levantándose apresuradamente de la silla junto a mi cama.

– No.

Es cierto. Nunca. Jamás. A ninguna chica.

– ¿Por qué luces tan sorprendido? Me conoces. No salgo con mujeres.

– Pues sí. Pero pensé que no salías con ninguna porque ya te habían rechazado demasiadas veces.

– Eso es justo lo que necesito oír.

– Vamos. Anímate. Siempre hay una primera vez.

Hay cosas básicas a tener en cuenta en el asunto. Primero que nada:

Una mujer acepta una invitación de acuerdo a la seguridad que ve en el hombre que la invita a salir. Dejemos a un lado los otros factores: ya sea que eres feo, o impopular, caminas raro, tienes la cara chueca; el momento en que hablas a una chica puede superar todo ello. No tartamudees. Intenta no ponerte tan sudores, angustias, temblores. La verdad es que todos sentimos desconfianza de nosotros mismos. No estamos plenamente convencidos de lo geniales que somos. Pero cuando de conquistar a una chica se trata, debes tragarte esas inseguridades y dejarlas muy, muy adentro.

No presumas nada, cero egocentrismos, no seas un fanfarrón, no te creas especial, no te sientas diferente. Las cosas buenas las tiene que concluir ella. Entonces, bien. Conoces a la chica y quieres que algo empiece a crecer entre los dos. Así que viene el paso complicado, el primero. Llamarla.

O hablarle en persona.

Nada de enviarle un mensaje con tu mejor amigo. Aquí todo es crucial, todo vale. Así que siempre da la cara. Ten en mente eso mientras estás junto a ella. Una expresión, una palabra, una coma pueden estropearte las cosas para siempre con aquella chica.

– Claro que la conversación no puede tratarse de invitarla a salir, eso tiene que darse por casualidad, una derivación del tema central. Como si se te acabara de ocurrir. Repentinamente. Luce espontáneo.

Es como una danza ya planeada, donde todos saben lo que pasa pero nadie lo dice en voz alta. Te gusta, pero no debes demostrárselo demasiado. Hazle entender que te llama la atención y que quieres acercarte a ella. Pero todo debe ser tranquilo, nada de ansiedades, nada de emociones fuertes. Que no parezca que has planeado hasta el más ínfimo detalle. Que no se note que lo primero que ves al cerrar tus ojos es su rostro.

En muchas ocasiones, sé tú mismo no es el mejor de los consejos.

– Todo esto es demasiado – le digo a Matt.

– Oye ¿quieres tener a la chica?

– Estoy empezando a dudarlo.

– Todo lo bueno en la vida requiere esfuerzo.

– Esto es patético. Todo es patético.

– Es normal. Todo esto es normal. La gente normal lo hace.

– La gente normal es patética.

– Bienvenido a la realidad.

El espacio personal es clave. No te acerques demasiado, pero no te alejes. No la toques tanto. No la acaricies como si fuera un objeto afelpado. Mucho menos si ella luce alejada de esas expresiones de afecto físicas. Se serio. A las chicas les gusta que las respeten y que demuestres que te gusta su compañía, sin esos clichés son ciertos. Escúchala, conócela, que se sienta en confianza contigo. Suelta un cumplido sutil y pasajero.

– Complicado. – Le digo a Matt – No puedo dar cumplidos.

– Todo el mundo da cumplidos.

– ¿Tenemos que pasar por esto cada vez que quiera decir que no hago todas esas cosas normales?

– Hermano, si quieres entrar en esto tienes que dar cumplidos. Algo simple. Qué bonito tienes el pelo hoy. Eres graciosa. No lo sé. De todos modos todo sonará estúpido, qué más da. Un cumplido a la semana es suficiente.

– Es demasiado para una cita.

– Lo sé.

Esto suena más difícil que desmembrar un cuerpo, que despellejarlo o desaparecerlo. Suena más difícil a no dejar rastros en la escena del crimen. Suena peor que ser un asesino. Lidiar con una mujer es mucho más complicado que lidiar con un muerto. Se requiere más preparación para atentar contra una chica que contra una víctima.

Y llega el momento en que te preguntas si todo esto vale la pena. Si esto lo merece. Si es mejor intentar ser un hombre perfecto que un psicópata. Un romántico que un asesino.

Tal vez Jack el destripador disfrutó más la vida que Shakespeare. Puede que al Hijo de Sam le haya ido mucho mejor que a Gustavo Adolfo Bécquer. La cura es peor que la enfermedad.

Hikari es lo mejor y lo peor que me ha pasado. Hikari despertó mis emociones, y, bueno, eso es terrible.

– Lo que debes pensar ahora – me dice Matt – no es si quieres o no invitar

a salir a Hikari.

Mi hermano se acerca demasiado, me mira a los ojos y dice:

– Lo que debes preguntarte es si ahora que la conoces, ahora que lo

sientes, eres capaz de dejarla ir.

La imagen de Hikari aparece de la nada en mi mente. Y las mariposas, las abejas, las pirañas, los caimanes, todo eso empieza a revolotear en mi estómago. Es como estar embarazado de una maldita selva.

– Debes preguntarte – dice Matt – si eres capaz de dejar a un lado a tu tan querida Hikari.

Si soy capaz de olvidar a Hikari.

Y agacho la mirada. Y lo sé. Lo tengo muy claro. Ya es demasiado tarde.

Ya estoy adentro.

Ya no puedo salir, no sin perder.

He tomado la píldora roja.

La respuesta es muy cruel.

– No – le digo a Matt – no puedo hacerlo.


Si haces algo estúpido tendré que… bueno, ya sabes, matarte.

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Tengo la impresión de que Dios existe y se ha comprado un paquete de crispetas y se ha sentado a ver si voy a invitar a salir a Hikari, o si me voy a acorbardar y decidirme ser un asesino porque es mejor ser algo en la vida que un corazón roto andante.

Lo primero que me cruza la cabeza cuando veo mi reflejo despeinado y pálido en el espejo del baño es que Hikari debe despertar hermosa y radiante, no como el resto de los mortales. Me meto en la ducha y espero a que el agua se caliente.

Quizá Hikari ni siquiera se mira al espejo, porque la desgraciada es perfecta cada segundo de cada hora y nunca tiene que cerciorarse de nada. Los demás sufrimos de esa necesidad asfixiante de estar siendo representados dignamente con el ensamble corporal que nos tocó soportar atrapados en nuestras vidas.

"Eres el hombre" le digo a mi reflejo "eres el hombre".

Me coloco las mejores prendas que tengo, la camisa que mi madre insiste que use en cada evento social, el más decente par de pantalones en mi armario. Y un poco de la loción que dejó Matt en su cuarto al marcharse. Todo tipo de decoración que pueda brindarle a mi cuerpo algún tipo de belleza o estética.

Éste es el día que le voy a pedir a Hikari que salga conmigo. El mismo día que me distraigo en el bus. Ése mismo. Mientras me cepillo los dientes le digo a mí reflejo:

"Oye, Hikari ¿vas a hacer algo mañana? Pues… porque… no sé si te gusta el teatro… que tonto… he… bueno… ¿te gusta el teatro?".Escupo la espuma dental en el lavamanos y esbozo una elaborada sonrisa para el espejo, esa sonrisa entrenada del trabajo.

"Hola, Hikari… ¿Cómo estás?... ¿bien?... me alegro… ¿te gustaría…? Eh… ¿Quisieras…?".

Todo lo que veo en aquel espejo es a un patético espantapájaros sin cerebro.

"Quizá ir a cine. El cine es siempre una buena opción".

El reloj avanza y yo estoy allí, hablándole al espejo.

"¿Te gustan los cocteles?"

Ni siquiera puedo invitar a salir a mi propio reflejo. Estoy más frustrado que un león cobarde. Ese día lloviznó. Me dejó el autobús varias cuadras más allá de la universidad. Y quedo hecho añicos frente a mi facultad. Me convierto en un adefesio.

¿Han leído el extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde?

– Me gusta tu peinado– me dijo Willis cuando entré a clase.

Soy un pobre hombre hojalata buscando su sensibilidad. Y Hikari está frente a mí. Un hombre hojalata buscando un corazón. Hikari se mueve despacio y agita su cabello de una manera casi imperceptible.

Yo soy un fantasma a sus espaldas. No soy nada. Hikari nunca voltea. Siento su respiración desde aquí.

– ¿Por qué tan elegante? – Pregunta Willis junto a mí, mirándome – ¿Algún buen plan?

Sí. Intentar salir con Hikari, o empezar a escoger a mis futuras víctimas. El reloj marca las ocho. Media clase. Hikari escribe algo en su cuaderno. Y empiezo a sentir ese horrible vacío en mi diafragma, la horrible sensación del nerviosismo materializándose.

«¿Estás listo? ¿Listo para la acción, TK?»

«No, pero si me espero a estar listo nunca lo haré»

«Ése es el espíritu. No tienes nada que perder»

«Tengo todo que perder»

Todo el mundo se levanta de su asiento y se dispersan por todo el lugar. La clase termina y todos somos de nuevo nosotros. Hikari se incorpora, alista sus cosas, no voltea a verme, guarda todo y se cuelga la mochila. Ni siquiera puedo levantarme de mi asiento.

«¿Qué diablos estás esperando? Levántate»

«No puedo»

«Por favor ¡deja de actuar como un cobarde! ¡Levántate! ¡Levántate! ¡Ve por ella!»

«No puedo ¡no puedo! ¿Por qué esto es tan difícil?»

«Tú lo haces difícil, TK. Eres patético»

«Creo que me estoy arrepintiendo»

«No lo hagas ¿me oíste? No– lo– hagas. No te eches para atrás. Estás muy cerca»

– Oye – exclama Willis golpeándome el brazo – hazte a un lado, corazón.

Le miro intrigado.

– ¿Qué te ocurre? – Exclama Willis – déjame pasar.

Me pongo de pie y me alejo para que Willis pueda salir. Él lo hace, mirándome con extrañeza y sonriendo.

– Tranquilo – dice– estás hecho un galán, ella caerá. Ya lo verás. – ni siquiera sabe lo que dice.

Le sonrío también. Tomo mis cosas y abandono el salón. La busco y la veo. Camina por el corredor de la facultad como si fuese dueña de todo lo que pisa.

Creo que ya no lo voy a hacer. Era una mala idea, después de todo. No necesito que nadie me rechace.

«Es suficiente. Estoy cansado de tu maldita inseguridad, tus lloriqueos y quejas. Así que escúchame, pedazo de inútil: vas a salir tras ella, a llamarla, entablaras una ¡estúpida! conversación, y la invitaras a salir. Punto»

«Ya lo dije. No puedo. No puedo. No puedo»

«Hazlo ahora ¡ahora!»

No puedo.

«Levanta la vista»

Levanto la vista.

«Camina por el corredor, hacia ella, hacia TK»

Camino hacia ella.

«Muy bien. Allí está, acércate. Llámala por su nombre sutilmente ypregúntale cómo van las lecturas del trabajo»

Me detengo a su espalda, me humedezco los labios con la lengua, miro hacia atrás, regreso la vista hacia ella y lo hago.

– Hola.

– Hola, Takeru ¿qué tal?

– Bien. ¿Y tú?

– Genial – responde evitando mi mirada.

– ¿Qué tal… el trabajo?

– ¿El trabajo? Dímelo tú.

«Imbécil. Te dije las lecturas, pregúntale por las lecturas»

– Me refería…. A las lecturas.

– Oh. Complicadas. Ya sabes.

– Sí.

«Oh, Dios mío ¿qué estoy haciendo? No puedo hacer esto. No puedo hacerlo. Es demasiado para mí. Es imposible. No puedo. No sé hacerlo»

«Ya estás frente a ella. Es algo muy simple. Una muy simple pregunta. ¿Quieres hacer algo… tal día? Cualquier cosa. Sólo dilo.»

– ¿Qué tal va tu parte? – me pregunta.

– Ah… eh… Bien. En progreso. – me río.

– Sí, eso… es difícil. Lo sé.

– Oye, Hikari.

– ¿Sí?

«Muy bien. Muy bien, ahora díselo. Sólo tienes que preguntarle y listo. Todo dependerá de ella»

«Esto es ridículo. No voy invitar a salir a una chica que ya tiene novio»

«Amigo, es demasiado tarde para pensar en eso»

«Es justo el momento para pensarlo»

«No lo pienses, TK, díselo. No voy a permitir que te arrepientas justo ahora. No lo haré. No voy a permitir que esa mujer nos venza, eso no pasará. Es sólo una chica»

«Es demasiado absurdo. No quiero sufrir por esta mujer»

«¿Sufrir? Es sólo una chica»

«Una chica que voy a olvidar»

«Sí, cuando empieces a cavar tumbas en un basurero»

«Eso no va a ocurrir»

«Claro que no, porque le vas a pedir a Hikari que salga contigo»

Me he desdoblado y me encuentro invisible flotando en la bruma oscuracontaminante y veo a mi cuerpo encorvado frente a Hikari.

– Me preguntaba… si… a ti te gustaría…

Ése soy yo intentando articular palabras.

«No vaciles»

– ¿Ajá? – pregunta Hikari.

– No sé. Si algún día… podríamos…

«Termina»

– ¿Te gustaría hacer algo algún día… conmigo?

Esa fue la pregunta más ambigua de todas. Hikari me mira frunciendo el ceño.

– Oh… bueno… pues… – dice ella con mi misma voz trancada.

Y ahí está esa mañana de ese oscuro día, triste y trágico, adornado con las palabras que usará Hikari para rechazarme.

– Lo siento – dice – pero…

Esto es sólo un guion.

– Pero tengo novio. De verdad lo siento.

– Oh. Claro que no – digo simulando una sonrisa, mi sonrisa – No te preocupes, no es para tanto.

«Bien dicho. Y sonreíste. Eres mi héroe, TK»

«Cállate»

– ¿En serio? – pregunta Hikari sonriéndome con lástima.

Esto es horrible.

– Claro, está todo bien – digo relajado, como si nada hubiera pasado. ¡Bah! Dijiste que no ¿y qué? Me rechazan todo el tiempo. – Bueno, ya tengo que irme. Nos vemos otro día.

Sigo sonriendo y me alejo despacio. Toda mi existencia comienza a doler. No puedo pensar en terremotos o en Chernóbil, en este momento, lo peor que ha pasado en el mundo fue que Hikari me dijera en la cara que "no".

Ser rechazado es mi holocausto personal. La espuma del mar toma un color oscuro triste al son de las olas, cargando los cuerpos muertos hacia la playa donde se acumulan los cadáveres.

«Ánimo, campeón. No ha sido tan terrible, al menos salimos de esto. Hikari no sabe de lo que se pierde»

«De un maníaco obsesivo asesino sin vida social y últimamente con problemas de autoestima»

«Exacto. Ya se arrepentirá»

– Takeru ¡espera! Esa fue su voz. Su dulce voz. Hikari me llama.

– ¿Qué pasa?

– Quería decirte que… sí, podríamos salir algún día ¿Por qué no?

Dios existe.

«Eso no lo veía venir.»

«Oh Por Dios. ¿Y ahora qué hago?»

«No me preguntes a mí, yo aposté que diría que no»

– ¿En serio? Pero dijiste…

– Bueno, sí, es cierto. Pero podemos salir a hacer algo lejos de la universidad, como amigos. Para despejarnos de este trabajo.

«Que se pudra»

«¿De qué estás hablando? Es perfecto»

«¿Dónde está lo perfecto?»

«La mayoría relaciones empiezan con una amistad ¿no?»

«Eres un idiota»

– Oh, claro – le digo – una salida amistosa, a eso me refería. Para perder la tensión del semestre.

– Muy bien – me sonríe – entonces… llámame.

– Claro.

«Claro»

– Lo haré – le respondo asintiendo con la cabeza, intentando apagar toda la emoción que me invade por dentro.

Cuando Hikari se despide con un movimiento de mano y me da la espalda, el sol empieza a brillar, y mi alma suelta un coro de vítores ensordecedores que desvanecen la agónica imagen de guerra que estaba ocupando a mi espíritu. Y mi alma retoma de nuevo mi cuerpo.

– ¿Y bien?

– ¿Ybien qué? – pregunto desconcertado.

Estoy en el comedor de mi casa, esa noche, doce horas después de invitar a salir a Hikari.

Mis padres están comiendo el caldo de pollo que preparó mamá. Yo también estoy comiendo, pero ni mi mente ni estómago están en el ahora. El televisor está al otro extremo de la mesa y en él desfilan productos fotogénicos con nombres estrambóticos y un comercial inferior de la pantalla sobre la novela de esta noche.– ¿Por qué te felicitó el profesor? – me pregunta mi madre.

– Oh, bueno… fue por… este increíble trabajo que entregué con mi grupo – la miro a los ojos y le digo – el profesor supo de dónde venía tanta maravilla.

– Eso es genial, muy bien, cariño.

Mamá codea a mi padre quien levanta la vista al instante.

– Oh, sí, bien hecho – dice él – bien hecho.

«Sí, bien hecho. ¿Ahora qué?»

«Ahora nada»

«No intentes ocultarlo. Yo te siento, TK. Siento lo que tú sientes, y sé que estás ardiendo en ira, estás a punto de descontrolarte y asesinar media ciudad. Dime ¿qué piensas hacer?»

«Tal vez tengo que dejar de ir en contra de mi naturaleza, tal vez tengo que dejarme guiar por quien soy»

«¿Qué significa eso? ¿Vas a matarlos?»


No volveré a ver Dogville.

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Su nombre era Daisuke.

A ver si puedo ir en orden. Lo conocí mientras estábamos en una pequeña sala de espera en la enfermería de la universidad, mal sentados en esas sillas azules de plástico que se vuelven inestables después de un buen rato de uso.

Estábamos solos, él y yo. Le miré de reojo, él hizo lo mismo. Tosí. Bostezó.

– Y ¿A qué vienes? – le pregunto jugando con mi mochila en mi regazo, después de un largo silencio en el que sólo se oía el ruido que nosotros producíamos al movernos ligeramente.

– ¿Ah? – pregunta mientras voltea a verme desconcertado.

– Que… ¿A qué vienes?

– General. Revisión de rutina – dice asintiendo.

– Ah… claro – también asiento.

Este muchacho, Daisuke, es alto y bien parecido. Tiene un cabello agradable y la suficiente cantidad de bello facial. Yo estoy botado un par de sillas más alejado, con mis facciones virulentas y contables pelos en el mentón.

– ¿Por qué tardan tanto? Sólo estamos tú y yo – digo sonriendo, motivándolo a que haga lo mismo.

– No lo sé – me responde con una sonrisa nerviosa.

Diez metros más allá se encuentra una secretaria tecleando algo sin parar, concentrada en la pantalla del computador. Hay un olor químico que proviene del pasillo pero no es tan molesto como ver a Daisuke Motomiya siendo exacto y perfecto en cada zeptosegundo.

– Humanas – le digo señalándome a mí mismo.

Él voltea a verme y asiente. Luego dice:

– Ingeniaería.

Asiento también. Daisuke dirige su mirada a algún otro lugar y yo me quedo allí sentado suspirando por largo rato.

– Humanas ¿he? – dice él finalmente.

– Ajá.

– Mi novia está en esa facultad también.

– ¿En serio? ¿Quién es? Puede que la conozca.

– Se llama Hikari… Hikari Yagami.

– ¿De verdad? – Finjo asombro – la conozco, tenemos una clase juntos, está en mi grupo de trabajo.

– ¿La conoces? Vaya… qué… qué casualidad.

– Sí.

– ¿Cómo es tu nombre?

– Takeru – le digo – Takeru Takaishi.

– Soy Daisuke Motomiya.

– Mucho gusto

– Igual.

Me levanto y me acerco a él despacio, le doy la mano y tomo asiento a su lado.

– ¿Takeru? – Gimotea para sí mismo – Creo que Hikari te nombró alguna vez.

– ¿De verdad?

«¿De verdad?»

– Sí, pero no recuerdo qué dijo precisamente.

– Hum.

– ¿Y… son muy amigos o algo así?

– No… no, no, sólo somos compañeros de trabajo. Lo normal. – Sonrío y agito una mano en el aire como si estuviera rechazando esa idea totalmente –El fin de semana pasado fui a su casa, a trabajar… en nuestro proyecto.

– ¿Fuiste a su casa? ¿Y conociste a la señora Takenouchi?

– ¿A quién?

– Su madrastra, Sora Takenouchi, es como treinta años más joven que el padre de Hikari, pero…

– Sabía que no era su madre, no se parecen en absoluto.

– Bueno, si se parecieran no sería raro. Sora es prima o algo así de la madre de Hikari.

– ¿Prima? ¿Y aun así se casó con…? Es decir… no hay como una regla que impide que te cases…

– Sí, lo sé, pero… la historia es compleja. A Hikari no le gusta hablar de eso, así que… ni idea.

– Vaya.

– Sí.

– Y lamento preguntar, sé que no es de mi incumbencia, pero…

– ¿Qué?

– ¿Qué le ocurrió a la madre de Hikari?

– Ah. Bueno. – Daisuke se acomodó mejor en la silla, demostrándome su indisposición – ya sabes, es personal y se supone que…

– Oh, sí, claro, lo siento. No puedes estar revelando intimidades de tu novia a cualquiera.

– Sí.

– Lo siento.

– No, no importa, está bien.

De la nada apareció una mujer uniformada meciendo sus enormes caderas y preguntando:

– ¿Motomiya?

– ¿Sí? – se incorporó Daisuke.

– Consultorio 3.

– Gracias – tomó su mochila y me miró rápidamente.

– Bueno, fue un placer – digo tendiéndole la mano.

– Igual – la toma.

– Suerte en tu chequeo.

– Y suerte a ti en… lo que sea que estés haciendo aquí.

– Gracias – le digo sonriendo amistosamente.

«No tienes idea, imbécil, no tienes idea»

Desapareció por el pasillo, moviendo esas perfectas piernecitas suyas y sonriéndole a la idiota que le llamó.

«Esto no va por buen camino, TK»

«Claro que no va por buen camino. No quiero que vaya por buen camino, esto se va a poner bastante feo»

Ése idiota y su bonita carita, sus pantalones perfectos y sus zapatillas lustres ¿Quién diablos se cree que es? Cuando lo ate a una mesa y le quite un dedo a la vez, cuando le desgarre la piel y le arranque las orejas, entonces no va a estar sonriendo tanto, no va a estar mostrándole esa reluciente dentadura a cualquier mujer que vea. Aunque, sólo para asegurarme, voy a quitarle también los dientes.

Ese día no tenía ningúna cita média. Sólo quería verlo de cerca y mezclarme con el aire que él respira y sostener su mano cuando se presenta. Lo admito, no estaba tomando esto de la mejor manera posible, pero la impresión que me había dado aquel idiota unas horas atrás fue nefasta, casi me mata.

Ese mismo día Hikari me había dado paso para que entrara a su vida. Me había dicho que fuéramos amigos, y saliéramos juntos.

– Llámame – había dicho ella.

– Claro – le había dicho yo – lo haré.

Así que estaba yo allí, sordo ante los comentarios de mis amigos debido a mi pequeña obsesión por esta mujer, imaginándome una cita perfecta en donde el cosmos y la vida se confabulan para darme mi momento perfecto con ella.

– ¿Se acuerdan de Zona Cali? Estuve en un lugar mucho mejor. Lo acabaron de abrir y es mejor que todos esos sótanos en los que hemos estado. – Ryo habla sentado junto a nosotros, tirados en el prado de la facultad y dice – Es decir, el cover puede ser costoso, pero vale la pena entrar.

Mientras Akiyama se expresa con ademanes fuertes y vocalizando todo al extremo, la imagen del siglo se escenifica al horizonte. Este hombre, Daisuke, está de pie frente a la facultad, luciendo cual adonis en la enorme pantalla del teatro dejando a todas las damas en la audiencia sin aliento.

De pronto aparece Hikari detrás de él, saliendo de la facultad, se miran por un momento y le sonríe. Todo pasa muy despacio, a cámara lenta, instante tras instante. Ella le sujeta la mano y se recuesta contra su pecho. Él la atrae más a su cuerpo hasta que ella queda atrapada en sus enormes brazos calurosos y fuertes y exactos. Luego lo besa. Ella a él. Él a ella. En los labios. Por largo tiempo. Un minuto. Dos.

Mierda.

Sentí caer en un enorme agujero negro que me despedazaba con tal dolor que me dieron ganas de vomitar. Daisuke y Hikari abrazados y besándose en frente de la existencia como si nadie más estuviera allí. Como si estuvieran solos. ¿Cómo se supone que viva mi vida desde ahora?

Verlos de esa manera derrumbó todas esas fantasías fascinadas en las que era yo quien… bueno, creo que eso ya no importa.

Los vi acercándose con un par de ametralladoras y disparándome con sevicia, mientras se reían. En blanco y negro. Yo caigo muerto a quemarropa sobre el campus, humeando mientas Hikari y Daisuke caminan por sobre mi cadáver tomados de las manos y cargando las ametralladoras.

– Oh, no. – dije en voz alta sin darme cuenta.

– ¿No qué? – me pregunta Miyako quien está unos cuantos metros frente a mí.

Todos ellos me están mirando. Ryo Akiyama, Catherine, Willis. Todos. Y yo sólo puedo pensar en Hikari atrapada en los labios de Daisuke y en cómo me fulminan a veinte metros de distancia.

– Suena caro – es lo que digo.

– ¿Caro? ¿Es que no oíste lo que acabo de decir? ¿Cuánto estás dispuesto a dar, acaso? – Me pregunta Ryo – Tendrías que ver el lugar primero.

– ¿Cómo dices que se llama?

– Neri Boca… buen alcohol, buen sitio, además ves unas mujeres… por dios.

– Eres un tipo pragmático, Ryo – le dice Catherine torciendo la boca. – ¿Qué tal la música?

Mi mirada impacta con Hikari y su Romeo que la acoge, le brinda esperanza enjuagada en un beso húmedo.

– De la que te relaja y te hace ser feliz.

– Te aseguro que va a ser electrónica.

– ¿Electrónica? Espero que lleven éxtasis – dice Miyako, quizás bromeando.

– Nos vas a desesperar. Todos allá lo harán.

– Suena a que va a estar lleno de gente antes de las diez.– No entiendo por qué tenemos que ir a otro sitio diferente al que vamos usualmente – comenta Willis mirándome a mí, como si a mí me importara en algo.

– Podemos llegar temprano, este viernes, sin pensarlo tanto… necesitamos la actitud correcta – intenta animarnos Ryo – vamos, Willis, esperaba tu apoyo.

Está haciendo demasiado frío. Viento congelado hace mover el prado en el que estamos recostados, pero no lo siento porque una furia intensa me recorre el cuerpo desde los pies hasta la sien, quemándome vivo pero sin obligarme a morir.

– ¿Qué tal a las nueve? – dice Ryo.

– Tal vez, pero dijiste que era lo novedoso, atraerá mucha gente, y más un viernes.

– Todo es relativo, puede que se llene, puede que no. De todos modos, no creo que esté muy lleno a las nueve.

– Muy bien, vamos a las nueve, llegan las diez, se llena de gente hasta la asfixia y luego ¿qué? ¿Nos vamos? ¿Qué se supone que vamos a hacer a las diez de la noche?

– No nos vamos a ir a las diez – aclara Ryo – ya adentro, con unas copas encima, ni notaremos que se llena. Nos adueñaremos de un espacio y estamos listos.

– Eso es logística – opina Willis aun mirándome desde hace un buen rato. Ya me está poniendo nervioso.

«¿Qué es lo que mira éste imbécil?»

– ¿Entonces qué? – Nos pregunta Ryo abriéndonos sus brazos para exponernos su idea– ¿nos encontramos antes de las nueve frente al bar? ¿O qué? No habrá una mejor oferta.

– Podríamos encontrarnos un poco antes y comer algo. Ir a un restaurante por ahí cerca.

– ¿Vamos a comer antes de bailar?

– Vamos a comer una hora antes de bailar.

– Como quieran, digan dónde y a qué hora. De verdad – dice sonriendo bastante – de verdad quiero que vean este lugar.

Todos asienten sin ánimo, lo que no impide que Ryo siga estirando sus labios en una extraña forma de sonrisa demoniaca.

– No vas a volver a faltar, Takeru– pregunta Willis a mi lado.

Mi cabeza se voltea por completo en dirección a él.

– Claro que no, sería incapaz de hacer algo así – le digo.

– ¿Qué estás planeando? ¿Te vas a ir de la ciudad el jueves y cuando te llame no vas a estar aquí?

– Si me llamas me aseguraré de no contestar.

– Quizás logre encontrarte donde estés.

– ¿Dónde podré estar?

– Detrás de un árbol espiando gente – me dice Willis sonriendo y peinándose.

– ¿De qué diablos están hablando? – pregunta Miyako a la distancia. Pero ni Willis ni yo la volteamos a ver, nos quedamos mirándonos el uno a otro.

– De nada – responde Willis – sólo jugamos un poco.

– Suena divertido – dice Miyako.

No dejo de ver a Willis. No me gusta la forma en que me mira. Como si supiera algo, como si tuviera idea de alguna cosa. No tiene idea de nada. No tiene idea de quién soy.

Y no. No iré a su estúpido bar, como sea que se llame. No haré nada más que matar al maldito de Daisuke Motomiya, colgaré su bonita cabeza en el asta de la facultad. Y si Willis sigue mirándome así, lo mataré a él también.

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Nos leemos en el siguiente capítulo, saludos!