Cuando Bella se quedó dormida, los rayos del sol apenas comenzaban a salir, deberían ser como las cinco o seis de la mañana, acaricie toda su espalda arrullándola, nuestro vuelo salía hasta la tarde, así que no había mucho problema con que durmiera todo lo que quisiera, aun no le había dicho a donde la llevaría, pensé en millones de lugares que fuéramos, entonces, encontré entre sus cosas una libreta que habíamos hecho cuando era humano, entre otras cosas estaban los lugares que prometimos visitar cuando fuéramos más grandes. En la lista estaban muchísimos lugares así que elegí los que recordé más importantes para ella y reserve los boletos.
Los destinos eran Australia, ya que queríamos buscar la dirección del dentista que secuestro a nemo, Grecia Bella nunca me había dicho el por qué pero bueno, yo hacia todo lo que ella quisiera, Paris y ya que estuviéramos ahí, donde ella quisiera ir.
Con cuidado de que no se despertara, la acomode en la cama para prepararle algo de desayunar y recoger un poco el desastre que habíamos hecho… habían pedazos de su vestido por todas partes, frutas, mi traje, nuestra ropa interior… yo reía por dentro recordando lo que habíamos hecho con tanto amor. Encontré una bolsa negra en un closet con una nota de Alice
"Edward, Edward… que acaso no podías quitarle el vestido? Sabes cuánto trabajo me costo que Bella se pusiera uno con ese vuelo? En fin… mete todo en esta bolsa y nosotros pasaremos a recogerlo, por favor, no queremos sacarlos de la cárcel por faltas a la moral, así que busquen cuartos siempre.
Te quiere Alice
PD: dice Emmett que si no puedes satisfacer a Bella te metió una cajita con pastillas azules a tu maleta y que los mariscos son muy afrodisiacos"
Le preparé a Bella un sándwich de queso caliente y uno vaso de jugo de naranja. Cuando llegue al cuarto con la charola, ella ya se estaba despertando.
Buenos días preciosa –sonreí poniendo la charola sobre sus piernas-
Buenos días esposo –comenzó a sonreír- creo que me voy a acostumbrar al desayuno en la cama
Pues, señora Cullen… eso haré siempre que pueda –me senté a su lado mientras la veía comer-
Me fascina la idea amor –pego su frente a hombro-
Por cierto, preciosa estaba intentando acordarme… -tenía que sacar mis dotes actorales ahora o nunca-
Perdiste la memoria otra vez? Edward te voy a golpear –hizo puchero Bella-
No, no es eso cariño… -reí- es que no recuerdo… donde vivía el dentista de nemo… -le sonreí torcidamente-
Simplemente vi como la mirada de Bella se iluminaba y se levantaba en la cama tirando la charola ya sin comida y se tiró sobre mí
P. Sherman calle wahabí 42 Sídney –repitió como diez veces apretándome-
Edward te amo! Vamos a ir a Sídney! –gritó- voy a conocer a los canguros y koalas –definitivamente no me había equivocado, Bella amaría ese lugar-
Si mi amor… encontré el cuaderno que hicimos y vamos a ir a todos los lugares que anotamos ahí –acaricie su cabello suavemente-
Soy tan feliz –suspiro acomodándose en mi brazos-
Ese era el objetivo –reí-
Después de un rato de besos y caricias, nos vestimos y fuimos al aeropuerto para esperar el avión después de un momento subimos y Bella se quedó dormida otra vez entre mis brazos las 16 horas de vuelo, las sobre cargos me coqueteaban pero yo tenía en mi pecho a la mujer más hermosa del mundo. Bella despertó cuando el avión aterrizo.
Recorrimos todo el continente por las mañanas, visitábamos zoológicos y teníamos comidas y cenas románticas y por las noches Bella y yo no parábamos de demostrarnos nuestro amor, parecía una competencia de quien le daba más placer al otro, cada noche Bella me sorprendía con diminutos babydolls que terminaban hechos pedacitos cuando se los arrancaba para devorarla.
Así recorrimos muchos lugares y nuestra luna de miel se prolongo por dos meses, regresamos porque ya extrañábamos mucho a la familia además de que después de cuarenta noches haciendo el amor todos los días Bella se comenzaba a sentir mal, ya no le daban tantas ganas y cosas de ese estilo, además de que le daba demasiado sueño, llegamos a la conclusión que era por tanto cambio de horario y viajes.
Regresamos a la casa de Carlisle y Esme, solo para estar unos días con ellos, yo ya había remodelado la antigua casa de mis padres biológicos para vivir con Bella, Alice estaba de acuerdo ya que Jasper y ella vivían en una mansión. Les contamos los lugares que visitamos y les dimos los recuerdos que les compramos.
Llegamos a nuestra casa por sorprendente que pareciera Bella se soltó a llorar como nunca, pensé que no le había gustado o algo asi.
Bella… que pasa pequeña? Si no te gusta algo lo podemos cambiar… -la abracé-
No, no Edward es preciosa me trae tantos recuerdos que… -otra vez el llanto desconsolado-
Mi amor pero ya no llores que me partes el corazón –suspiré acariciando su cabello-
Lo siento flaquito es que me dan muchas ganas de llorar –se acomodó en mi pecho-
Te entiendo, amore mío –bese sus labios con amor- es momento que vayamos a descansar –le sonreí cuando vi como sus ojitos se le cerraban-
Pero tengo hambre –gimió suavemente-
Que quieres cenar preciosa? –Acaricie su espalda mientras entrabamos a la casa y caminaba a la cocina-
Se me antoja una pizza… -se mordió los labios, por un momento sentí como me ilusionaba, Bella con antojos… pero descarté la idea, creo que después de todo no iba a poder embarazarla-
Tus deseos son ordenes –sonreí- quieres acompañarme o me esperas aquí? -le sonreí jugando con las llaves del carro-
Te espero aquí -me sonrió y yo salí para comprar la pizza-
Bella POV
La casa de Edward siempre me había encantado pero ahora era mejor, estaba decorada con cosas modernas, las lágrimas me golpearon los ojos y no podía parar de llorar, era como si mis sentimientos estuvieran locos ahora. Cuando Edward me pregunto qué quería cenar, unas ganas enormes de pizza llegaron a mi estomago que reclamaba por ello.
El se fue en el carro y yo me subí al cuarto a cambiarme de ropa, había comido tanto en la luna de miel que la ropa comenzaba a apretarme terriblemente, rebusque entre mi ropa y toda me apretaba así que tomé una de las pijamas de Edward y me la puse, que para rematar mi gordura, ya me quedaba a la perfección cuando en la luna de miel se me caía y en la camisa que quedaba gigante, ahora aduras penas me cerraba tanto por mi barriga como por mis senos.
Mi apetito sexual cada vez estaba peor, no me daban ganas ni de que me tocará Edward, no sabía que me pasaba, sufría más que él porque lo deseaba pero no con las mismas ganas de antes, así que solo nos besábamos y yo me dormía. Me miré al espejo para ver mi gordura era imposible… suspiré, entré al baño para cepillar mi cabello cuando vi sobre el WC una bolsita con toallas femeninas y recordé que desde la boda no me había bajado… me ilusiono pensar que quizá… solo quizá… pero no eso era imposible… olvidé eso, era absurdo… me di la vuelta para caminar hacia la cama y esperar a Edward, no pretendía comer en el comedor… estaba muy cansada cuando todo se volvió negro.
