Te amo –susurre con mi último aliento, antes de que una insoportable quemazón llenara mi piel-
Yo te amo más mi amor –escuché a lo lejos una aterciopelada voz que sonaba con mucho dolor-
El calor fue llenando cada milímetro de mi piel, era insoportable, quemaba, ardía, me consumía, ningún dolor se podía comparar a este, los golpes de James era como caricias a comparación de esto, las patadas de mis hijos en mi vientre era como caminar sobre pétalos de rosas, el parto era como estar descansado en algodón. Lo único que se parecía ligeramente era el dolor que sentía en mi pecho cuando supe que Edward había muerto.
Quería gritar que parar este dolor, que Edward me abrazara y su gélida piel calmara este ardor pero me era imposible gritar, era como si mis labios, mi garganta estuvieran pegados. Sentía como si millones de agujas perforaran mi piel y se clavaran en mi cerebro. No podía ni escuchar el latido de mi corazón, estaba en una burbuja de dolor interminable donde no tenía manera de comunicarme para pedir ayuda.
No se cuanto tiempo había pasado, pudieron haber sido minutos, horas, días o meses de dolor constante, perdí todo tipo de noción racional, hasta que el dolor fue desapareciendo lentamente pero muy lentamente. Intente hacer una prueba de mover mis dedos, me costó trabajo pero lo logré acto seguido sentí como algo tibio sostenía mi mano, este contacto me dio la fortaleza para aguantar los últimos dolores. Cuando pensé que habían terminado un ardor golpeo mi garganta haciendo que abriera mis ojos de golpe.
Vi todo mi alrededor, las imágenes eran más nítidas, era como si mis ojos estuvieran en alta definición, a lado de mí estaba un hombre de cabello cobrizo que el mismo adonis pelearía por arrebatarle su belleza, el cual reconocí de inmediato. Era Edward que tenía una enorme sonrisa en sus labios.
Bienvenida a la nueva vida –me sonrió antes de besarme apasionadamente, si yo creía que los otros besos eran apasionados, estaba muy equivocada, eso sí era pasión-
Me levanté con una agilidad increíble poco característica en mí y me miré al espejo. Ahí estaba yo… pero no lucía como yo, tenía un diminuta bata azul turquesa que cubría la perfección de mi cuerpo, mi cabello lucía aún marrón pero tenía destellos que lo hacían verse brillante, mis ojos eran de un color rojo intenso pero no me hacían ver mal, todo lo contrario, mi nariz era perfecta, mis pómulos , mis labios lucían carnositos, tenía curvas marcadas, mis pechos y nalgas estaban gusto del tamaño correcto para armonizar mi cuerpo, mi piel era un tono más pálida de lo que normalmente era.
Unos brazos me envolvieron por detrás besando mis hombros, Edward y yo parecíamos hechos para él uno y el otro, nos veíamos perfectos abrazados, éramos algo así como la pareja que todas las revistas buscaban para representar la perfección. Mis antiguos ojos no podían ver antes la completa perfección que Edward tenía.
Verlo sin camisa, abrazándome me hizo desearlo como una loca ninfómana, pero había dos pequeños corazones latiendo fuertemente que me llamaban, su olor era como el de las frutas más deliciosas del planeta remojadas en un delicioso almíbar. Necesitaba ver a mis pequeños, tomarlos entre mis brazos y arrullarlos toda la noche ahora sin molestias, iba a salir verlos cuando Edward me detuvo suavemente, pero seguro era más fuerte de lo que podía sentir.
Bella, no creo que sea buena idea –me dijo suavemente-
Son mis hijos no les voy a hacer nada –le respondí tratando de soltarme de su agarre-
Primero tienes que alimentarte… -su mirada era dura-
Quiero verlos –le ordene suavemente-
Primero cazas y luego los puedes ver, no voy a exponerte ni a ti ni a ellos –la voz de Edward era grave pero a la vez aterciopelada-
El tenía razón por mucho que me doliera, podía hacerle algo a mis pequeños hijos y no quería primero me moría antes de lastimarlos así que accedí a ir a cazar con Edward, fue excitante verlo correr tras los venados, como se tiraba sobre ellos y terminaba con su vida. yo hice lo propio con un león y jabalíes, ya que me sentí satisfecha regresamos a la casa.
Edward y yo entramos al cuarto de los bebés, su aroma golpeo mi nariz, pero lejos de darme hambre, se despertó un instinto mayor a protegerlos, mi esposo estaba atrás de mi siempre cuidando que no fuera a hacer nada.
Tomé a Marie en mis brazos contemplando su belleza, era preciosa, sus ojos chocolate resaltaban su pequeña cara, su cabello color marrón hacían una mezcla perfecta, lejos de incomodarle mi tacto frío estaba feliz y me regaló una preciosa sonrisa mostrándome sus encías con varios puntitos blancos.
Edward… -lo llamé asustada- que es eso blanco?
Son sus dientes mi amor… como sabes ellos son mitad vampiros y desarrollan más rápido que otros niños –me dijo tranquilo acariciando mi cabello-
Es preciosa –le sonreí a mi pequeña hija mientras la colocaba en su sillita para que se mesiera-
Es idéntica a ti cuando eras humana –me sonrió- así de hermosa te veías –besó mis mejillas-
Y ahora? No te gusto? –pregunté preocupada-
Ahora no existen las palabras para expresar lo mucho que me gustas –sonrió pegándome contra su pecho-
Nos besamos suavemente esta vez antes de sonreír al mismo tiempo.
Tomé en mis brazos a Anthony que le llevo un momento reconocerme
Si mi amor, soy yo mamá –le sonreí dejando que apretara mi dedo, su piel ardía en contacto con mi piel, pero era el hermoso-
Coloco su pequeña mano sobre mi mejilla la cual yo besé para que el igual me diera el precioso regalo de su sonrisa con un diente ya totalmente para fuera y formadito. Su cabello cobrizo como el de Edward por más que intentamos peinárselo volvía a su forma original, herencia de su padre, sus ojos verdes brillaban hermosamente.
Marie comenzó a llorar exigiendo su comida, Edward la levanto juntando su nariz con la de ella, antes de darle su fórmula, yo hice lo mismo con Anthony que comenzaba a hacer un puchero adorable, ambos absorbían la leche con fuerza, desesperados, como si nunca los hubieran alimentado.
Después entre los dos los bañamos y les cambiamos su pañal y los acostamos para que durmieran, el tiempo con nuestros hijos pasaba terriblemente rápido, a las diez de la noche ya estaban acurrucados en sus cunas con su móvil activado.
El de Anthony tenía instrumentos de peluche colgando que se movían suavemente al copas de la música y el de Marie tenia estrellas y lunas de varios tamaños. Ambos tenían una canción de claro de luna.
Edward y yo salimos del cuarto, dejándolos descansar, nos habían dado muchas sorpresas por un día.
A penas entramos al cuarto, Edward me pego contra la pared con más fuerza de la normal y me beso con pasión y amor, yo le respondí de la misma manera, lo deseaba como una loca, ahora podía sentirlo más, podíamos amarnos más tiempo.
Bella, te deseo como un loco –me dijo con su voz llena de lujuria-
Y yo a ti Edward –mordí sus labios para continuar besándolo con pasión-
El sonido de mi ropa desgarrarse fue suficiente para que yo hiciera lo mismo con la camisa de Edward y sus pantalones, me valía si eran de diseñador y lo que habían costado, Alice probablemente me mataría, pero qué más daba… quería hacer el amor con mi esposo toda la noche sin que el sueño fuera un obstáculo para nuestro amor
