ESTA HISTORIA Y SUS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE STEPHANIE MEYER COMO AUTORA DE LA SAGA

DE CREPUSCULO. LA TRAMA DE ESTA HISTORIA SOLO ME PERTENECEN.


Sangre prohibida


La inmortalidad…jamás pensé que fuera tan maravillosa. Han pasado tres meses desde nuestro encuentro con los Vulturis y desde entonces todo había mejorado considerablemente. Todo era perfecto…

Aunque ya mi corazón no palpitara ni la sangre corriera por mis venas, aunque tuviera una piel pálida y dura como el hielo, seguía teniendo lo que toda una mujer quiere… Era fuerte, rápida, inmortal, hermosa, sexy y de cuerpo perfecto y ojos dorados, estaba mucho muy conforme conmigo misma, además de tener al más perfecto, caballeroso, hermoso, leal marido junto a mí, que me amaba incondicionalmente aun por lo extraño que parezca, junto con los demás, que ahora eran mi familia. Y por supuesto…tenía al ser más divino y especial que pudiera existir sobre la faz de la tierra, mi pequeña hija…mi pequeña Renesmee. Y lo mejor de todo era que tenía toda la eternidad para disfrutarlo.

Nos habíamos mudado a Vancouver Canadá, para retomar de nuevo nuestra identidad de familia "normal". Era un lugar muy lindo y sobre todo hacia frio y llovía como lo hacía ahora a fin del mes de marzo, era mejor para ocultar nuestra identidad. Extrañaba a mis antiguos amigos, a Charlie y a Renée, pero ya no podía volver no ahora…nunca más, pero esto había elegido, con esto me quedaría. Ahora solo mantenía contacto con Charlie por teléfono y vaya que lo impacientaba, le prometí que luego lo visitaría y que llegaría a Renesmee conmigo… bien…ahora si podía mentir mejor.

Nos encontrábamos Edward y yo caminando en la acera sin rumbo fijo tomados de las manos. Estaba muy nublado y unas cuantas gotas caían sobre nosotros, una se deslizó cerca de sus labios, me quedé embobada mirándolo… Maldición, porque era tan hermoso… Tuve que controlar mis impulsos para no llevarlo hacia los arboles y hacerle lo que se me antojara. Gruñí por lo bajo… Aunque los arboles son muy frondosos, seguro aguantarían nuestra fuerza…

— ¿Ahora en qué piensas?—interrumpió mis lujuriosos pensamientos con su atrayente voz deleitándome con su sonrisa de lado. Hice una mueca…

—Nada… ¿Tu qué piensas? —evité mirarlo a los ojos.

—Muchas cosas… ¿Quieres que te lo diga? —me susurró en el oído. Esperé que subiera el rubor a mi rostro pero no ocurrió, solté una bocanada de aire sin necesidad, reí mirándolo curiosa.

—Claro, dime—toqué levemente mi hombro contra su cuerpo, caminábamos muy despacio para mi gusto, pero teníamos que mantener el margen, estábamos en un lugar solo pero transitable, debíamos parecer una pareja "normal".

— Mmm… No, mejor después—me dejó con la intriga mientras se reía de mi expresión. Me detuve instantáneamente y tomé sus dos manos en las mías. Puse mi cara persuasiva.

—Seguro que no me dirás…Te puedo obligar—dije mientras levantaba mis cejas. Edward se me quedo viendo fijamente durante unos segundo pera luego soltar una carcajada y poner una cara seductora.

— ¿Obligarme? ¿Y como se supone que lo harás? Te recuerdo que ya casi tengo la misma fuerza que tu—jaló mis manos para acercarme más a él y chocar contra su pecho. Fruncí el ceño y me paré de puntitas para quedar frente a frente.

—Quien dijo que utilizaría la fuerza bruta—me acerque esta rozar un poco sus labios entreabiertos y susurré en ellos— Tu solo caerás—me reí al ver sus ojos muy abiertos y su expresión incrédula.

—...Tal-vez-s-si—se trabó un poco pero logro recomponerse poniendo su mejor cara de póker—Pero de nuevo te vuelvo a recordar que yo soy el que más tiene autocontrol—lo sentí separándose un poco de mi con el orgullo en su rostro.

— ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? —le reté ahora cruzándome de brazos pero todavía con una enorme sonrisa.

—Yo, por supuesto… recuerdo que yo no era quien suplicaba y gritaba por tener relaciones en nuestra luna de miel— ¡Rayos! Si fuera humana estaría segura que me hubiera puesto roja como un tomate, mis recuerdos eran muy borros pero todavía podía revivir ciertos detalles en la Isla Esme, no me arrepentía de nada, ni mucho menos de suplicarle… ni de haberle llorado…ni haberlo seducido patéticamente…ni tampoco de ponerme esas pequeñas y atrevidas lencería…¡Argh! ¡Cierto tal vez un poco! Pero jamás me arrepentiría de compartir ese momento con el ser que mas amaba.

Edward sonrió victorioso, luego se me ocurrió una nueva estrategia, reí maliciosamente.

— ¿Y quien dice que hablamos de sexo? —le voltee la jugarreta mientras el desviaba su vista algo apenado—Yo solo quería que me dijeras tus pensamientos, pero ya no importa…ya dijiste lo que pensabas—sonríe ahora yo triunfante. Di un paso hacia él y le di un beso en la mejilla, le giñé el ojo, pero cuando me dispuse a seguir caminando me tomó del brazo haciéndome girar y darme un beso apasionado.

No pode resistirme en lo más mínimo, respondí el beso justo cuando los sentí rosarse. Edward continuaba besándome con pasión mientras acariciaba mi espalda y yo su sedoso cabello. Sabía que cualquier movimiento brusco los dos queríamos sin ropa en medio de la calle, así que trate de cortar el beso o tan siquiera hacerlo más lento, Edward no cedió y me fue conduciendo hacia detrás de los arboles. Su boca se fue bajando hasta llegar al hueco de mi clavícula, gemí mientras trataba de pensar en el espectáculo que daríamos a los que nos vieran.

—Edward…aquí no…Ed-Edward—hablé algo agitada. Traté de apártalo solo un poco poniendo mis manos en su pecho pero mis dedos fueron demasiado fuertes que desgarraron la prenda dejando diez largas aberturas. A mi esposo no pareció incomodarlo más bien lo hizo continuar más efusivo.

Un enorme trozo de un árbol se trozó al contacto con la mano de Edward. El sonido que hizo al caer contra el suelo sonó como una suave hoja en la palma de una mano, aun cuando tenía todos mis sentidos agudizados, mi atención estaba en otra cosa…

Su lengua recorrió mis labios con insistencia y yo accedía con facilidad, no era nada fácil controlarse con semejante habilidad y menos con Edward. Otro sonido más fuerte me hizo reaccionar, había trozado yo ahora otro indefenso árbol cuando había caminado hacia atrás.

— ¡Edward!... ¡Contrólate!... ¿Dónde quedo tu autocontrol? ¿EH? —pregunté rápidamente cuando me dejo respirar. Edward dudó en contestar a mi chantaje, sin embargo, se detuvo. Y me miró algo indignado, sonreí en modo de disculpa.

—Lo siento, pero aquí no es un buen lugar…podría vernos—susurré algo avergonzada. Que más querría yo que estar todo el tiempo así…

— Entonces que esperamos, vamos a casa—habló conquistador con su deslumbrante sonrisa. Asentí mientras veía su linda camisa azul marino ahora toda desgarrada.

—Mmm…Lo siento por eso—la señale con el dedo, aunque así le quedaba mejor, dejaba ver una parte de su buen formado abdomen.

—No te preocupes…Y yo también lo siento por eso…Bueno, la verdad no—señalo riendo también mi cintura, mi blusa carmesí estaba rota por todas partes, enfrente y por la espalda. Gruñí algo disgustada, parecía que no podíamos salir a dar un paseo sin terminar en estas condiciones, lo bueno es que Alice se encargaba de nuestro vestuario, sabía que no volvería a usar dos veces cada prenda.

Reímos mientras Edward tomaba mi mano y corríamos a velocidad vampírica, pero en un pequeño instante respiré una esencia como ninguna otra…tan atrayente…tan tentadora…tan deliciosa…Paré de correr en una milésima y respiraba hondo una vez más, el veneno quemó mi garganta como nunca, me tensé inconscientemente. Deje de respirar para no ir detrás de ese delicioso olor ¿De quién era? ¿Por qué su sangre olía tan diferente? ¿Por qué ahora?

Edward se detuvo junto conmigo mientras que me miraba sin comprender, se veía muy preocupado cuando me tomó por los hombros.

—Bella ¿Qué pasa amor? ¿Qué tienes? —preguntó ansioso mientras me agitaba levemente pero se alarmó al mirar mis ojos. Estaba en estado de shock…Todo ocurrió tan rápido.

Respiré un poco más para hablar, pero al hacerlo el olor quemó mi nariz y me consumió por completo, mis ojos cambiaron, me puse en posición de ataqué, miré rápidamente de donde provenía ese exquisito y prohibido olor, mis ojos se detuvieron en unos chicos que bajaban de una camioneta, en total era cuatro, no sabía con exactitud de quien era esa sangre que me hacia enloquecer, pero lo descubriría, mataría a los cuatro en un instante si era preciso…solo por beber esa sangre, su sangre.

Todo eso ocurrió en menos de dos segundos, justo cuando me disponía a salir corriendo hacia él, Edward me detuvo sujetándome por la espalda con sus fuertes brazos.

— ¡BELLAA! ¡NOO! —gritó reteniéndome con toda la fuerza que tenia, pero sabía que no sería suficiente. Quise apartarle sus brazos, pero solo escuché unos crujidos mientras Edward gruñía de dolor…lo había hecho con mucha fuerza…le había quebrado el antebrazo y la muñeca, sentí una dolorosa punzada en el pecho...la culpa por lastimarlo, lastimar a mi más grande amor...

Rápidamente traté con todas mis fuerzas de ignorar ese olor, y alejé mis manos automáticamente de mi marido.

—Edward…sácame de aquí—susurré con el poco aire que me quedaba, no volví a respirar ni una vez más.

Edward sin decir más me tomó entre sus brazos lastimados y salió corriendo a velocidad inhumana hacia la casa de los Cullen. Cerré los ojos, tratando de ignorar el recuerdo del olor de esa sangre, el dolor incontenible de mi garganta, mi débil control, tratando de olvidar mi estúpido descuido y de lastimar a Edward… Pero la culpa me golpeaba fuertemente, esa fue la primera vez que me arrepentí de ser vampiro y de tener la fuerza de lastimarlo a él físicamente…