— ¡BELLAA! ¡NOO! —gritó reteniéndome con toda la fuerza que tenia, pero sabía que no sería suficiente. Quise apartarle sus brazos, pero solo escuché unos crujidos mientras Edward gruñía de dolor…lo había hecho con mucha fuerza…le había quebrado el antebrazo y la muñeca, sentí una dolorosa punzada en el pecho...la culpa por lastimarlo, lastimar a mi más grande amor...

Rápidamente traté con todas mis fuerzas de ignorar ese olor, y alejé mis manos automáticamente de mi marido.

—Edward…sácame de aquí—susurré con el poco aire que me quedaba, no volví a respirar ni una vez más.

Edward sin decir más me tomó entre sus brazos lastimados y salió corriendo a velocidad inhumana hacia la casa de los Cullen. Cerré los ojos, tratando de ignorar el recuerdo del olor de esa sangre, el dolor incontenible de mi garganta, mi débil control, tratando de olvidar mi estúpido descuido y de lastimar a Edward… Pero la culpa me golpeaba fuertemente, esa fue la primera vez que me arrepentí de ser vampiro y de tener la fuerza de lastimarlo a él físicamente…


Tua cantante


Edward corrió como nunca en ese momento, quería evitar que me arrepintiera por el resto de mi existencia, él sabía que si hubiera matado al humano perteneciente de esa deliciosa sangre…me hubiera perseguido la culpa por siempre.

Llegamos a la casa en menos de cinco minutos donde se encontraban los demás, todos estaban allí, incluso Renesmee ya que quería jugar con su tío Emmett. Edward se adentró a la lujosa y enorme casa sin saludar ni decir ninguna palabra, me dejó sentada cuidadosamente en el gran sillón gris mientras apartaba mis manos con cautela que se encontraban aferradas a la poca tela que le quedaba en su camisa.

Corrió velozmente, cerró todas las puertas y ventanas y se acomodó a mi lado en menos de dos segundos. Tomó mis manos y empezó a acariciarlas de modo apacible.

—Bella…cariño. Ahora todo está bien, tranquila amor. Estoy aquí contigo—susurró mientras me abrazaba. Todavía tenía mis ojos cerrados con fuerza, no quería abrirlos. No quería mirar su rostro y fingir que nada había pasado. Suspiré pesadamente, sentí muchos pasos acercándose hacia nosotros, seguro serian los demás curioseando.

— ¡Vaya! ¿Acaso se metieron a un túnel repleto de afiladas cuchillas?— la voz juguetona de Emmett se acercaba, seguro ya todos se habían fijado en nuestras dañadas prendas.

— ¿Qué ocurrió Edward? —preguntó Jasper sintiendo mi culpabilidad y la preocupación de su hermano.

— ¿No lo mató cierto? —la vocecilla de Alice llego de repente, abrí los ojos de golpe y la miré intrigada.

— ¿Tu sabias que esto ocurriría? —pregunté algo alterada. Alice hizo un mohín y se cruzo de brazos.

—Lo vi un poco tarde, ustedes ya tenían planeado ir a su casa hacer quien sabe que cosas, cuando vi que ocurriría, pero lo importante es que no paso nada—resumió y se acomodó en otro sillón más pequeño.

— ¡Como que no paso nada! Estuve a punto de matar a un ser inocente y aparte lastimé a…—paré mis aterradas palabras y me giré a ver a Edward, luego mis ojos pasaron hacia sus brazos. Sentí de nuevo el dolor en mi pecho.

—No paso nada Bella, estoy bien. No te preocupes, tú todavía eres muy novata en esto, no te culpes—habló y me dio un beso cálido en la mejilla.

—Edward…yo…no quise hacerte daño, yo…—

—No importa, todo ya paso. Estoy orgulloso te ti por detenerte y no matar a ese humano, yo no era tan fuerte como tu cuando tenía tan poco tiempo convertido—trato de consolarme acariciando mi cabello. Pero yo todavía me sentía muy mal, jamás pensé en dañarlo ¡Nunca!

Todos me habían dicho que era mucho más controlada que cualquier otro neófito, que muchos habían matado aun cuando tenían años incluso décadas de experiencia, decían que yo era fuerte… Pero porque ahora fallaba, no me pude controlar lo suficiente y mi descuido lastimo a Edward. ¿Por qué ese olor me hizo perder el control? Ya había convivido mucho con otros humanos, había pasado a su lado sin dificultad y no me habían causado tal reacción… ¿Por qué ahora sí?

Se sentía pésima, tonta y decepcionada de mi misma.

—Bella, cálmate… Me haces sentir que no valgo nada—habló Jasper con un poco de gracia en su voz, había olvidado que Jasper podía sentir nuestras emociones y también le afectaban a él.

—Lo siento—suspiré y de pronto me sentí muy relajada—Gracias Jasper—le agradecí con un intento de sonrisa y asintió y se sentó a un lado de Alice.

— Entonces… ¿Ustedes pelearon? —aventuró Emmett con una sonrisa burlona, lo fulminé con la mirada.

—Cállate Emmett—gruño Edward y me besó la sien.

— ¡Huy! Que humor…—gruñí de nuevo con una mirada molesta—Esta bien, está bien. Lo siento—habló rápidamente mientras salía de la casa algo indignado y gritaba de nuevo un "¡Rosalie! ¿Ya terminaste?" Supuse que Rosalie estaría arreglando su BMW y él la interrumpía, como siempre.

—Alice… ¿Tú estabas segura que no lo iba a asesinar? O ¿no? —pregunté luego de cinco minutos de silencio.

— No estaba del todo segura, tú cambiabas de decisión muy rápidamente. Pero confiabas en que no lo harías—habló mientras se miraba las uñas de sus manos. Hice una mueca…

— ¿Y qué habría ocurrido si lo hubiera hecho? —mis pensamientos se desviaban de nuevo hacia el olor de esa sangre, el veneno golpeó de nuevo… ¿Cómo sería su sabor? ¿Sabría tan bien como olía? Gruñí mientras sacudía mi cabeza para borrar esos pensamientos, ocurrencias.

—Eso no lo sé con exactitud, tal vez te hubieras arrepentido por el resto de tu eternidad…Y la apuesta entre Jasper y Emmett surtiría frutos—lo último lo susurró más bajo y le mandó una sonrisa a su novio. ¡Estúpida apuesta! ¡La había olvidado! Yo no mataría a ningún humano, no quería…

Pero el olor de esa sangre lo hacía todo más difícil… Y aparte era estresante no saber de quién era esa esencia, no tenía ningún rostro. Tal vez si solo pudiera…

— Ni se te ocurra—me advirtió Alice con alarma, tenía los ojos muy abiertos de la impresión. Edward escuchó sus pensamientos y me tensó a mi lado. ¿Qué había dicho? O ¿Qué había pensado? ¡Diablos! ¡Yo y mi privacidad se habían esfumado!

Refunfuñé mientras veía bajar a Carlisle y a Esme cada uno a los costados de Renesmee. Sonreí instantáneamente, era tan hermosa. Ella bajaba felizmente las escaleras brincando encantadoramente en cada escalón. Al mirarme corrió hacia mí y se arrojó a mis brazos.

—¡Hola cariño! ¿Cómo estás? —pregunté mientras le depositaba un beso en su largo cabello dorado. Alzó su vista y me miró con dulzura con sus ojos chocolate, me fascinaban como contractaban con su rostro y con su piel parecidos a los de Edward, y también al mirarlos sentía la parte humana que una vez hubo en mí, su corazón latía rápidamente y su olor quemaba un poco mi nariz, pero ya casi ni lo detectaba.

Ahora mi pequeña hija podía aparentar casi los cuatro años de edad, cosa que me tenía un poco preocupada, crecía tan rápido que ahora tenía temor de dejarla de ver unas horas porque creía que me perdería de su desarrollo.

—Bien mami, tío Emmett me regalo esto—levantó su mano y dejo ver una gran bola solida de acero como las que usaban los competidores de lanzamiento de bala. Gruñí lo suficiente alto para que Emmett me escuchara desde afuera y soltara una de sus carcajadas.

—Qué lindo detalle Emmett—murmuré sarcástica, él volvió a reír escandalosamente, lo acompañé luego. Vi como Renesmee jugaba con esa bola lanzándola arriba sin ninguna dificultad como su fuera una pelotita de platico que caía en su mano. Ella reía divertida con intensiones de lanzarla más alto.

—Ness…Renesmee, creo que sería mejor que jugaras afuera antes de que hagas un agujero en el techo de la casa—habló Carlisle mirándola con felicidad. Mi hija asintió con alegría ya que ahora si podría lanzarla hasta el cielo.

Muchos seguían llamándola Nessie, con un nombre de monstro, pero a veces tampoco yo podía evitar llamarla así… Mmm…¡¡Ese Jacob!!

— ¡Sí abuelito! —gritó y salió corriendo.

— ¡Ten cuidado! Y no le hagas caso a todas las cosas que te dice Emmett—alcé la voz mientras que ella se asomaba por el umbral de la puerta y me contestaba con su voz angelical.

— ¡No, mamá! A veces mi tío puede ser muy infantil—me sonrió con su dentadura brillante y salió. Un segundo después escuche a Emmett quejándose. A veces olvidaba que también tenía la mentalidad de una persona más grande.

Luego de un minuto pude escuchar algo salir del bosque, primero era algo grande luego sus pasos fueron más silenciosos como temerosos. Seguido de eso escuché un grito de suma alegría de mi pequeña "¡¡Jacob!!" Resonó casi en todo el interior de la casa, Edward y yo gruñimos al mismo tiempo. La ronca voz de mi "mejor" amigo contesto un "¡Nessie, te extrañé!" me sentí un poco desplazada luego de que se abrazaran afectuosamente y comenzaran a lanzarse uno al otro la bola de acero.

Rosalie se limitó solamente a decir "Aquí apesta a perro" pero no recibió contestación de Jacob. Era de esperarse que Jacob nos siguiera a todas partes con tal de estar cerca de Renesmee, desde que había quedado imprimado en ella, era imposible mantenerse alejado y no verla.

Aunque seguía sin darle mi consentimiento de que estuviera siempre cerca de ella tampoco podía negarle que la viera, sabía que lo lastimaría y no quería hacerlo de nuevo…Jacob ya había sufrido demasiado.

Mientras él mantuviera el margen todo seguiría bien, ahora solo la quería y la cuidaba, no deseaba pensar en que ocurriría cuando esos sentimientos cambiaran. Edward estaba consciente de eso y él se daría cuenta cuando eso sucediera, mientras tanto…tendría que pensar un plan.

Posé mi vista en Edward, seguía a mi lado pero con expresión ausente. Me intrigó y tomé su mano.

— ¿Qué pasa Edward? —pregunté algo preocupada por su rostro duro.

— Nada Bella, solo pienso…—respondió pero sin mirarme, lo conocía tan bien que sabía que me estaba ocultando algo importante.

— Escúpelo de una buena vez—inquirí sin tener mucha paciencia. Me miró y luego me sonrió sin muchas ganas, volvió su vista hacia Carlisle que seguía en el pie de las escaleras junto a Esme.

—Carlisle… ¿Es posible que Bella pueda encontrar a su tua cantante? —preguntó Edward con voz ronca como si le constara mantenerse sereno. Abrí los ojos incrédula, miré rápidamente a Carlisle.

—Por supuesto que sí, cada uno es diferente y como Bella ya no es humana puede tener preferencias por un tipo distinto de sangre ¿Por qué? ¿Ha ocurrido eso? —volvió su mirada hacia mí con expresión preocupada, pero yo no contesté ¡No era posible! ¡¿Cómo diablos iba a encontrar a esa tua quien sabe qué?! ¡Esa sangre no podría ser destinada para mí! ¡No, no, no!

—Ya veo…—Edward arrugó el entrecejo con cierto miedo.

— ¡No! ¡No! Esa persona no es mi tua…cantante…no puede ser—alcé la voz dos octavas más, estaba enojada. ¡Yo debía de estar por siempre con Edward! ¡Esa era la regla! Pero esa esencia, ese olor, su sangre… Sentí de nuevo la ponzoña llenando mi garganta ¡¿Por qué no podía dejar de pensar en ella?!

—Bella…—volteé hacia él, tenía el rostro desfigurado, como si tratara de ahogar el dolor—Yo he vivido en carne propia que se siente… Pero yo no te maté para conseguir tu sangre, aprendí a controlarme. Pero en ese momento estaba solo, no podía olvidarte…el simple hecho de tener ese olor me hacia querer estar cerca de ti…Era un instinto, incontrolable. Me esforcé por lograr mantenerme a tu lado y benditamente tú quisiste estar conmigo…Tu tienes que elegir…—

—Yo te amo ¡Por siempre! Lo recuerdas…— lo interrumpí pero solo hice que el sintiera más dolor, no lo entendía porque. No preste atención cuando los que quedaban en el interior de la casa salía para darnos privacidad.

—Entiende…tu solo tienes dos opciones...Asesinarlo, beber su sangre y acabar todo esto…o puedes controlarte y existir por-él—su voz se rompió en la última silaba ¡Que me estaba diciendo! MATARLO O EXISTIR POR ÉL…Acaso se refería a lo que estaba pensando.

—Yo…aceptaré la decisión que tomes, aun si quieres permanecer a su lado…yo podré soportarlo con tal de que tú seas feliz—murmuró en un hilo de voz.

¿Acaso él creía que me quedaría a lado de un sujeto desconocido solo porque su sangre me atraía? Edward aceptaría cualquiera decisión mía…Pero, no quería matar a ningún humano, a un inocente…Tal vez tenía familia o amigos que lo quería, no podía acabar una vida así como así. Pero mucho menos podría abandonar a Edward, a los Cullen, ni mucho menos a mi hija. ¿Qué haría?

— ¡NOO! ¡QUE NO ENTIENDES, YO TE AMO Y ME QUEDARÉ CONTIGO!— tomé su rostro entre mis manos y lo besé con necesidad. Edward correspondió a mi beso, pero ahora me supo a dolor y temor, era como la vez que los neófitos llegaron a Forks y amenazaron con matarnos…el mismo miedo de perderme.

Edward me retiró despacio y me miró a los ojos.

—Yo te amo más… ¿Serás capaz de acabar con su vida? ¿O quieres que lo haga yo? —su pregunta me desconcertó demasiado, no supe que contestar. ¡Yo no quería matar ni que él se manchara su conciencia por mi culpa! Me leyó la expresión y asintió resignado.

—Se libre de elegir—susurró acariciando mi mejilla.

—Edward… no quiero matarlo, pero tampoco te dejaré—bajé mi vista mirando la piel del sillón. El solo hecho de pensar que su sangre correría por mi garganta me hacia alucinar, pero no quería convertirme en verdaderamente un mostro come humanos, tuve la mala experiencia de ver como los Vulturis mataban sin piedad a los que ingresaban a su castillo en Volterra.

—Escucha… mientras el poseedor de esa sangre exista, tú no podrás olvidarlo, harás cualquier cosa por volver a respirar esa esencia, querrás saber todo de él si no tienes planes de acabar con su vida, se volverá tu obsesión…Pasaran los años pero tú solo pensaras en él, todo el tiempo…siempre en él y siempre queriéndolo matar—su voz sonaba dura. Un dolor agudo golpeó en donde debería estar mi corazón.

—Como tú conmigo… ¿Me estás diciendo que también lo amaré? —todavía no lograba entender del todo, estaba atónita. No me podía imaginar a alguien más conmigo si no era Edward. Esperé pero no contesto…

¡Tenía que acabar con esto de una buena vez! Si era necesario acabar con una vida, lo haría… Aunque toda mi existencia me remordiera la conciencia, pero seguiría con los seres que amaba.

Mañana iría a buscar al perteneciente de esa sangre si era preciso… Esperaba no fallar… ¿MATARLO O AMARLO?