Regina llegó al parque a eso de las 7 de la tarde y se fue directamente al banco donde había encontrado el móvil unas horas antes. La rubia debería llegar en menos de quince minutos y estaba sumamente nerviosa, se había pasado toda la tarde pensando que ponerse o que hacer o decirle. La morena se sentó en el banco y se puso a contemplar el paisaje, fue al cabo de unos 15 minutos que noto como alguien la observaba desde detrás, se giró lentamente y pudo ver a esa hermosa mujer con un traje de chaqueta negro y una camisa blanca que se acercaba hacia ella.

La rubia parecía casi tan nerviosa como ella, llevaba sus manos en los bolsillos pero aún así no para de menear los dedos dentro de ellos. Ella se había fijado en esos ojos de la morena los días anteriores. Emma no pensó que había sido ella quien había recogido su móvil y no pudo evitar cierta sorpresa al darse cuenta de quien era. Se trataba de la mujer que parecía perseguirla a todos sitios. Fue en ese momento que se puso más nerviosa de lo que ya estaba, puesto que encontrarse con una desconocida en un parque para recuperar su móvil no parecía nada sensato pues aún le parecía más insensato si la desconocida era esa morena que se encontraba cada sábado en el parque.

Hola. Dijo la rubia sumamente avergonzada.

Hola. Contestó la morena levantándose del banco.

Vale, después de estos... Miro su reloj sonriendo. ¿30 segundos? De silencio incomodo. Soy Emma Swan, encantada. Dijo tendiéndole la mano a Regina para saludarla.

Regina Mills, encantada también. Respondió dándole la mano y provocando que una corriente eléctrica recorriese su espina dorsal, y que podría jurar había sentido también la rubia.

Muchas gracias por rescatar mi móvil, pensé que lo había perdido. Dijo Emma separándose de su agarre para poder seguir hablando ya que esa electricidad que recorría su cuerpo no era normal.

No hay de que... Qué menos que devolver su móvil a una heroína. Afirmó recordando el suceso de esa mañana pero centrándose más en recordar el estilizado cuerpo de la rubia mojada, provocando que sus mejillas se enrojeciese pero que para su alegría Emma no pudo ver ya que se había sentado en el mismo banco en el que ella había estado sentada minutos antes.

No soy nada de eso. Respondió mientras en sus ojos se veía cierto atisbo de tristeza. Recordó que no pudo hacer nada para salvar a su madre, pero no pensaba decirle nada. Además por un momento pensó que hablar con una desconocida era una locura, que sólo quería recuperar su móvil.

Salvaste a ese niño de morir ahogado, si que lo eres. Respondió sentándose en el banco pero a una distancia prudencial de la rubia. ¡Toma! Le dijo tendiéndole su móvil. Has recibido varias llamadas a lo largo del día. Se nota que eres una mujer muy reclamada. Dijo intentando sonar calmada y llenado ese silencio que se instauraba entre ellas más a menudo de lo que a ambas le gustaría. Aunque se trataba de un silencio normal, pues no se conocía de nada y sus nervios jugaban en contra.

Gracias, es el móvil del trabajo así que suelo recibir muchas llamadas. Respecto a lo de esta mañana, sólo hice lo que debía. Respondió tranquilamente la rubia sin dejar de mirar a lo lejos mientras el sol se ponía.

Es una persona modesta, Miss Swan.

No por favor, tuteame. No es necesario tanta formalidad además me salvó la vida. Afirmó meneando su móvil sutilmente. Emma echó un vistazo rápido a todas las llamadas y ninguna parecía requerir su contestación urgentemente así que lo dejo a un lado y se centró en la conversación con la morena.

Ahora es usted... tú la que exageras. Dijo corrigiéndose rápidamente provocando una carcajada en la rubia.

Tal vez un poco, pero si supiese lo que llevo en ese móvil lo comprendería. Dijo con completa seriedad la rubia.

Es mejor que me vaya, se esta haciendo tarde. Dijo Regina sumamente nerviosa, ya no podía aguantar más y había decidido marcharse, realmente esa mujer le provocaba cosas a las que no podía poner nombre y que prefería que siguiese siendo así.

Supongo que su marido la espera. Soltó Emma levantándose al mismo tiempo que la morena. Le queda muy bien ese vestido, mucho mejor que el chándal. Continuó al ver que Regina no iba a responder a su afirmación, realmente le parecía que ese vestido estaba echo a medida para ella. Resaltaba sus curvas y sus pechos.

Supones demasiado, Emma. Respondió con una media sonrisa al saber que la rubia también se había fijado en ella los días que se habían visto en el parque. Estoy en proceso de divorcio.

Vaya, lo siento. Pero sabía que una mujer como usted no podía estar soltera. Dijo sintiendo cierto alivio al saber que no era una mujer casada pero sabiendo que realmente no tenía nada que hacer con una mujer así.

No lo sienta, además deberías de dejar de hablarme de usted. Respondió andando hacia la salida del parque y notando como la rubia caminaba a su lado. Me engaño con otra. Esas palabras se escaparon sin que su mente fuese capaz de retenerlas. No sabía porque le estaba contado algo tan intimo a una desconocida, y realizo lo que ella llamaba un autodiagnostico y se colocó en el lugar de un paciente cualquiera dándose cuenta de que era una locura.

Creó que es de ser muy estúpido dejarla escapar por cualquier otra, pero supongo que la gente tiende a perder lo que debe conservarse para siempre. Dijo sinceramente sin darse cuenta que había comenzado a coquetear sutilmente con la morena.

Supongo que sí.Soltó algo más seca de lo que le hubiese gustado. Realmente no sabía porque no había corregido a la rubia en su afirmación de que tenía marido, nunca había escondido su sexualidad y siempre había corregido a cualquiera que había afirmado algo similar a lo que había dicho la rubia en cambio esta vez prefirió dejar las cosas así. Le preocupaba el nerviosismo que le producía la rubia y como su cuerpo reaccionaba al estar a su lado, y no estaba preparada para eso. ¿Piensas seguirme hasta mi casa? Preguntó parando abruptamente y quedando frente a frente con Emma.

Si tu quieres. Respondió sonriendo picaramente provocando que la morena pusiese los ojos en blanco, movimiento que le encanto a la rubia. Su actitud cambio al saber que a la morena le había sido infiel, tal vez era su oportunidad para tener algo con ella, le pareció un mujer muy atractiva desde el primer momento que la vio y aunque había estado casada con un hombre, no significaba nada. Emma había estado con varias mujeres que se definían como heterosexuales. Es una broma, realmente lo que quería era invitarte a cenar. Creo que después de devolverme el móvil es lo menos que se merece. Dijo sin pensar mucho su idea, ya que la idea de dejar ir a la morena así no le había parecido una buena idea.

No considero que sea adecuado.

Venga, Regina. Prometo ser una buena compañía.

¿Cómo puedes prometer eso? Preguntó algo molesta por la prepotencia que había demostrado Emma.

Si no cenas conmigo no podrás comprobar si eso es o no mentira. Dijo Emma sonriendo y guiñándole un ojo.

Otra vez sera, hoy tengo algo que hacer. Realmente no le había mentido, había quedado con Ariel para su ya más que habitual sesión de sexo aunque por un momento se planteó que con esa rubia no le importaría acostarse esa misma noche, idea que rechazó a los segundos.

No puedo insistir más. Dijo Emma algo decepcionada por la respuesta de la morena.

Regina se marchó rápidamente del parque ya que iba algo tarde a su cena con la pelirroja, pasó todo el camino pensando en la rubia, realmente le atraía muchísimo físicamente pero su personalidad y forma de ser no le acaba de convencer, esa prepotencia la había hecho echarse atrás respecto a la posibilidad de una cena con la rubia.

Al llegar a su ático se encontró con la pelirroja esperándola en el portal.

Perdona, ¿Llevas mucho esperando? Dijo Regina acercándose a ella y dándole un ligero abrazo.

Realmente acabo de llegar, no me ha dado tiempo ni a llamarte.Respondió la pelirroja siguiendo a la morena hacía su casa.

Me alegro entonces. Tengo la cena en la nevera, la calentaré. Quedate aquí. Dijo la morena sonriendo a la pelirroja que ya se había quitado su chaqueta y dejado su bolso en el recibidor.

Te acompaño y te echo una mano. Afirmó esta siguiéndola hasta la cocina. Por cierto, estas guapísima.

Muchas gracias, tu tampoco estas nada mal.

Ambas cenaron como lo harían unas amigas, charlando de sus días, contándose anécdotas y riendo como siempre, pero ambas sabían que al terminar la cena la amistad quedaría en un segundo plano y esa pasión que las caracterizaba a las dos las llevaría a la cama donde pasaría unas horas fantásticas. Y así fue, Regina se levantó y dejando los platos sobre la mesa agarró a Ariel de las solapas de la camisa y la levantó para que se pusiese a su altura, sus labios chocaron como dos trenes que viajan a su máxima velocidad. Sus lenguas exploraban la boca de la otra y sus manos desnudaban a la otra. Regina había dejado toda la ropa de la pelirroja desperdigada por el pasillo mientras que su vestido estaba casi desabrochado, este cayo al suelo y quedó en ropa interior. Ariel cayó violentamente contra la cama mientras Regina se subía a horcajadas sobre ella. La beso y la acarició hasta que alcanzó una magnifico orgasmo. Las posiciones se invirtieron y fue la pelirroja la que quería proporcionar el mismo placer que ella había recibido pero parecía que por primer vez desde que se había empezado a acostar con Regina esta no parecía receptiva a sus caricias.

¿Qué te pasa? Dijo Ariel dejando de acariciar a la morena y mirándola fijamente a los ojos.

No lo se, estoy algo agotada. Dejemoslo para otro día. Respondió Regina sin saber porque su cuerpo no era receptivo a las caricias de Ariel.

Esta bien. Date la vuelta. Hablo la pelirroja ante los ojos asombrada de la morena. Solo voy a darte un masaje se nota que estas estresada.

Regina se giró sobre si misma y dejo a la pelirroja hacer, realmente le sentó de maravilla y la relajo como no esperaba tanto que se quedó dormida antes de que estar terminara.

El domingo se levantó bastante más tarde de lo normal y se dio cuenta de que la pelirroja no había dormido allí como era habitual pero se sorprendió al darse cuenta de que ella se había ido sin despedirse y luego cayo en cuenta de que había sido porque ella se había quedado dormida durante el masaje. Se levantó y se preparó la comida mientras que limpiaba un poco su casa.

Al terminar de comer vio una llamada perdida de su hermana en su teléfono.

Zelena. ¿Cómo estas?

Hola, bien. Necesito pedirte un favor.

Dime que necesitas.

¿Te puedes quedar con Ronald el fin de semana que viene?

Si, claro. ¿Pero pasa algo? ¿Te ocurre algo?

No, tranquila. Me tengo que marchar a una reunión de trabajo que llevo retrasando meses pero ya ha sido imposible hacerlo más.

Tranquila, hermana. Yo estoy encantada de quedarme con el niño.

Muchas gracias. Te lo llevaré el viernes por la tarde. Simplemente quería avisarte con tiempo por si tenías algo que hacer buscar una niñera.

No vas a dejar a mi sobrino con una niñera estando yo aquí.

Gracias de nuevo. Adiós.

Adiós.