Percy Jackson, pertenece a Rick Riordan.

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La Nueva Luz del Olimpo.

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01: Para salvar el mundo...

Todos estaban celebrando el que los Siete, hubieran logrado derrotar a Gaia, y devolvieran la paz a la Civilización Occidental.

Pero en medio de la celebración, una mujer descendió desde los cielos. Tenía el cabello negro, su piel también era negra, tenía ojos azules y llevaba una armadura plateada con detalles de cobre. Era Lady Caos o al menos, una proyección de su poder y consciencia —Olímpicos, el triunfo contra Gaia es efímero, y un ataque sin precedentes, está por ocurrir —todos supieron que se trataba de Caos, todos se pusieron alerta. Acababan de derrotar a Gaia, ¿Por qué no podían tener un maldito descanso? —Estoy aquí, para evitar que Urano, pueda llamar a los Centimanos, y evitar la rebelión de los Gigantes y Cíclopes. —Esto los hizo palidecer a todos. —Eh estado viendo más de un millón de líneas de tiempo distintas, pero la única forma de evitarlo, es reiniciar esta historia. Ustedes, conservarán sus recuerdos, y con base a ellos, podrán tomar las decisiones necesitarías. La muerte de Cronos en el cuerpo de Luke Castellan, fue lo que despertó a Gaia. Y su derrota, lo que ha despertado a Urano. —Se miraron unos a otros, preguntándose qué hacer. —Si reinició la línea de tiempo, tendremos algunos cambios. Pero deben de prometerme ustedes tres, hijos de Cronos, NO realizarán su juramento de no tener hijos. Solo con el trabajo en conjunto de Percy, Thalía, Nico y Bianca, ENCERRAREMOS a Cronos y sin él, Gaia no despertará, evitándose así tantas perdidas, que, a día de hoy, los están atormentando. —Los tres dioses asintieron. Sus esposas suspiraron, admitiendo que habían llegado a tenerles cariño, a sus respectivos hijastros. Eso causó que El Gran General Olímpico (Percy Jackson), la Capitana de las Cazadoras (Thalía Grace) y el nuevo Rey de los Fantasmas (Nico DiAnghelo), se sonrojaran, ante las miradas de auténtico cariño que les dieron Anfitrite, Hera y Perséfone. —Percy Jackson, con la línea de tiempo reiniciada, te convertirás en una chica —Percy abrió los ojos, sorprendido ante eso. Como todos los demás, quienes miraron a Percy y luego a Caos, como si a ambos les hubieran salido otra cabeza —ahora, voy a revelar algunas verdades... Sentimentales, pues solo tú tendrás un Harem de gran tamaño, cuando reinicie la línea de tiempo, Percy —eso como que ya, no le estaba gustando mucho a Percy. Quien solo pudo tragar saliva, al sentir que su nuca se quemaba, ante la mirada de una MUY celosa Annabeth. Con tal de permanecer vivo, evitó girar la mirada a la hija de Atenea. Junto a Caos, aparecieron los Destinos y también Eros. —: Atenea y Artemisa: hijas de Zeus, Clarisse la Rue: hija de Ares; Thalía Grace: hija semidiosa de Zeus; Bianca di Anghelo y Hazel Levesque: hijas de Hades/Pluton, y Zoë Nightshade: hija de hija de Atlas serán tu Harem. —Las dos diosas y las tres semidiosas recién nombradas, asintieron y dieron un paso al frente, colocándose junto al MUY sonrojado hijo de Poseidón. Era lógico pensar, que Zoë y Bianca, pronto resucitarían.

—E-Espera un segundo, Caos—pidió Percy, patidifuso. — ¿Atenea y Artemisa? Una de ellas me odia por ser hijo de Poseidón, y la otra por ser un hombre.

Y te admiro, por todas las ocasiones, que me has ayudado —contestó Artemisa sonriendo gentilmente, causando que su futuro... su futura... ¿esposa? Temblara, haciéndola sonreír. —Nos amarás por igual a las siete... ―se encogió de hombros ―Y ahora, serás una chica, no lo olvides.

¿Recuerdan cuando se encontraron con Medusa, durante la misión para recuperar el Rayo de mi padre, y el Casco del tío Hades? —Preguntó Atenea, su futura esposa (todavía siendo un chico) asintió. —Estamos mirándolos, y escuchamos la confesión de Medusa, sobre que ella había drogado al tío Poseidón, para luego violarlo.

Nos amarás a todas por igual, ¿verdad, amor? —dijeron todas, sonrojando a Percy, quien solo pudo asentir, atontado.

— ¿Por qué otra razón crees, que mi madre está sonriendo ahora? —Preguntó Annabeth con veneno en su voz. Celosa al ver a su madre, quien sonreía triunfante. El todavía sonrojado Percy, miró a su novia, confundido. —Mamá intentó separarnos un millón de veces, para luego intentar seducirte. No lo logró, sino hasta ahora, por obra y gracia de lady Caos. ―la sonrisa depredadora y (quizás) violadora de Atenea, solo creció con peligro de partirle la cara por la mitad.

Caos retomó la palabra.—Luke Castellan. ―Nico refunfuñó y convocó al fantasma del traidor, quien miró a Caos ―Lou Blackstone, te ha amado desde hace muchos años, desde tu llegada al Campamento, prácticamente. Es tu decisión, si aceptar sus sentimientos o no. —los ojos de Luke se abrieron, preparado para el océano de chicas, que estarían enamoradas de él, y solo rogaba para que ninguna diosa, formara parte de su Harem —Así como a tu hermana Alice Niyazawa, y a tu alma gemela: Annabeth Chase —Luke sonrió, agradecido de solo tener tres chicas, en lugar de las siete del Harem de Percy; y Lou le dio una mirada de enfado a la Primordial, acercándose a su amor platónico. Alice suspiró, y admitió en voz alta, que estaba enamorada de su hermano.

Pero Annabeth estaba a punto de estar de ira. Pues ella había estado enamorada de Percy por mucho tiempo. Había dejado atrás, la memoria de Luke, porque fue un traidor. Aún recordaba con una sonrisa, cuando Thalía le dio aquella patada a Luke, mandándolo a volar, por el peñón del monte Otis. ¡¿Y AHORA CAOS, EROS, CUPIDO Y AFRODITA LE SALÍAN CON QUE ERA EL ALMA GEMELA DE ESE CABRÓN?!

—No solo te persiguen los monstruos, Percy —él se giró para ver al fantasma del hijo de Hermes, quien tenía una sonrisa tan grande en su rostro, que poco parecía faltarle, para que se le quebrara la cara por la mitad. —También las mujeres. Debo de agradecerle a Lady Caos, que solo tendré tres chicas, en cambio tú, Hijo de la Profecía, tienes siete.

Percy suspiró, y miró a sus amadas, quienes le miraron sonrojadas, pero sonrientes. —Zoë, voy a devolverte a Anaklusmos, cuando volvamos a vernos —ella asintió a su futuro esposo... ¿Futura esposa?, pues Caos decía, que se convertiría en una chica. Se sentía feliz. Percy miró en dirección al esposo de Afrodita, como si se le acabara de ocurrir la más grandiosa idea de todas, y le arrojó un lapicero a Hefesto, quien lo atrapó en el aire. —Lord Hefesto, necesito pedirle, por una espada personal. Aunque admitiré que el tamaño y peso de Anaklusmos era perfecto para mí, no puedo conservarla.

Hefesto abrió su mano, el lapicero salió disparado de la mano de Percy y fue atrapado por el dios de la forja, el cual destapó. —Pues me asombra que llegaras a tu edad actual, portando una Xifos, Percy Jackson. Estas cosas, son tan ideales para suicidarte. Como jugar a la Ruleta Rusa con un revolver cargado totalmente.

—Los Xifos tienen una hoja muy suave, y sus empuñaduras eran muy suaves también, lo cual creaba el peligro de que se escapara de las manos, cuando más las necesitabas —explicó el fantasma Charles Beckendorf.

—Ah —exclamaron todos, cuando entendieron lo que se refería Hefesto. Era como si sus cerebros, estuvieran basados en Internet Explorer y en Windows XP, pues tardaron un momento, en reconocer la voz, girándose en redondo, solo para mirarlo. — ¡¿CHARLES?!

—Hola a todos —saludó el sonriente fantasma del hijo de Hefesto, acompañado por el fantasma de su amada Silena Beauregard, quien estaba escondida, en su espalda. Todos sus amigos, corrieron a abrazarlos, justo cuando los tres fantasmas, volvieron a ser de carne y hueso.

Clarisse abrazó con fuerza a Silena, su amiga y novia de Charles, quién había traicionado al Campamento, cuando Luke le dijo que podrían salvar muchas vidas.

El último acto de la hija de Afrodita, fue vestirse con la armadura de Clarisse, llevar a sus hermanos al Campo de Batalla y matar a uno de los Drakon, al tiempo que lideraba a los hijos de Ares, a la guerra contra Cronos del lado de los Olímpicos. — ¡NO VOLVERÁS A HACER ALGO TAN ESTÚPIDO! —le riñeron Clarisse, (por ser su amiga), Percy y un Luke arrepentido por qué fue su culpa, que tantos inocentes murieran.

Ahora Luke no será un traidor, ahora será un líder. ―Fueron las palabras de Caos. Además, el propio Hijo de Hermes, se lo juró a sí mismo.

Para asombro del hijo de Hermes, uno por uno, sus amigos, incluso Clarisse y Silena, le colocaron una mano en el hombro, como muestra de apoyo.

Con todo arreglado, Caos los mandó a través del tiempo, en un destello de luz dorada y púrpura.

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(Autobús escolar; seis años atrás... el presente)

Desperté a bordo del bus de la Academia Yancy, la escuela privada para niños problemáticos. Miré hacía mi derecha y vi a Grover despertar y estar muy confundido. Cuando me miró, supe que estaba por gritar, pero le tapé la boca, saliendo un grito sofocado por mi mano.

― "¡¿Eres una chica?!" ―me preguntó Grover, muy exaltado, pero al mismo, hablando en voz baja. Yo asentí.

― "No estuviste presente, cuando Caos apareció ante el Consejo y nos envió a todos, atrás en el tiempo" ―le contesté normal y creo que casi le provoco un paro cardiaco a Grover. Le destapé la boca lentamente. ― "Caos dijo que yo tendría un Harem, no veo a Alecto como maestra de compañía, pero sí a Quirón" ―OK, necesito elegir mejor, mis palabras, pues veo a Grover a punto de sufrir un paro cardiaco ― "¿Atenea?"

― "¿Por qué ella es nuestra profesora acompañante?" ―me preguntó Grover, pero yo no supe qué contestarle, le agarré el hombro y lo empujé delicadamente, agachándolo, mientras que una bola de sándwich de crema de maní y cacahuate, le daba a Quirón/Sr. Brunner en la parte de atrás de la cabeza.

Él se giró y todos señalamos a Bobofit, quien recibió una mirada de Atenea, quien le susurró un castigo. Me miró y me enseñó una sonrisa, mientras se acercaba más. ―Siéntese conmigo, señorita Jackson ―su tono de voz, engañaría a cualquiera: como si yo fuera una chica problemática y me quisiera mantener vigilada, pero su tono de voz, tuvo cierto tono de... deseo, que esperaba estar equivocada. No. No estuve equivocada, tan pronto como me senté del lado de la ventanilla, ella me tapó la boca con la mano izquierda, mientras que, con la derecha, acariciaba mi pierna e iba subiendo peligrosamente, por debajo de mi falda. La miré, solo para encontrarme con una sonrisa depredadora. Besé su mano y ella bajó esa mano, mientras que yo le sonreía y metía mi mano bajo su falda. Se inclinó más y me susurró al oído. ― "No sabes del combate encarnizado, que tuvimos Artemisa y yo, para decidir cuál de las dos, cuidaría de ti en este viaje" ―sufrí un escalofrío, cuando sentí su lengua lamer mi oreja, mientras que yo presionaba mi mano, contra su monte de venus, haciéndola morderse el labio inferior, para no gritar o gemir. ― "Bu... busca... en.… en mi... camiseta" ―asentí, pero ella se movía de tal forma, que yo la acariciaba más, y aun más. Hasta poder encontrar un par de lapiceros colgados de su sostén, pero con un movimiento para nada sutil de su torso, me permitió tocar su pecho, en donde me entretuve por un instante, oculté ambos lapiceros, extraje uno de ellos y le quité la tapa, encontrándome con que era una espada, volví a recoger la tapa y cerrarlo, antes de guardarlo en mi bolsillo.

― "Gracias por la espada" ―susurré. Atenea no me besaba, solo porque creía que podían vernos, pero su sonrisa era aún más pervertida, que una sonrisa de Afrodita.