Disfrutad!
Regina despertó ese lunes más contenta de lo habitual, Emma había conseguido algo que no podía explicar, por primera vez en meses se sentía contenta y ella tenía mucho que ver. Se levantó y se preparo para hacer el desayuno y llevar a Ronald al colegio su hermana no volvería hasta el martes y ella no quería dejar al niño con una canguro.
Ronald, cariño. Vamos a desayunar que llegamos tarde. Dijo acercándose a la cama de su sobrino y dejando un beso en su frente.
Tita... ¿Mama cuando viene? El niño se sintió extraño al despertar en casa de su tía sin su madre, a él gustaba pasar tiempo con ella pero echaba de menos a su madre a pesar de haber pasado el día anterior cerca de una hora hablando con ella.
Viene mañana. ¿Es que no te gusta estar conmigo?
Claro que si. Sólo que quiero que mama también este con nosotros.
Bueno... mañana cuando vengas del colegio ella estará aquí. Te lo prometo.
Vale. Dijo el niño muy contento abrazando a Regina y levantándose de la cama.
Ambos desayunaron tranquilamente y Regina llevo al chico al colegio, prometiendole que iría a buscarlo y que pasarían la tarde en el parque.
A eso de las 9 llego a su despacho donde se encontró con su primer paciente y con Aurora ya trabajando.
Buenos días, Aurora. Saldré a tomar un café a las once.
Buenos días. Contestó con su habitual sonrisa.
Pase, por favor. Le dijo la morena a su paciente.
Paso toda la mañana con él, realmente era un de los caso más complejos que tenía su depresión era demasiado profunda por lo que se veían tres veces a la semana y durante al menos dos horas, en esta ocasión estuvieron hasta las 11 cuando Regina dio por terminada la sesión y se marchó a encontrarse con la rubia.
Regina vio a Emma ya sentada en una de las mesas con el brazo inmovilizado y hablando por el móvil.
Papa, ¿Alguna novedad? Preguntó la rubia que estaba demasiado inquieta para poder olvidarse del caso, aunque poder pasar un rato con la morena le aliviaba un poco.
Ninguna, pero cariño si me has llamado hace una hora. No hemos conseguido nada nuevo. Dijo algo nervioso por la insistencia de su hija.
Vale, lo siento. Es que quiero volver a trabajar.
Hasta que no te recuperes no. Además Graham y yo podemos hacernos cargo, por cierto... ¿Qué tal Killan? Preguntó ya que sabía que la rubia iba a ir esa mañana a verlo.
Esta bien, mañana le darán el alta al final. Esta noche nos vemos para cenar y me pones al día.
Si es la única manera de poder ver a mi hija tranquilamente me adaptaré. Dijo intentando sonreír aunque le dolía un poco como su hija se había separado de él tras la muerte de Mary Margaret.
Te quiero, papa. Ahora te dejo. Corto al ver a la morena observándola.
Emma se levantó cuando vio a Regina acercándose a su mesa y ambas se quedaron mirándose unos segundos sin saber muy bien como saludarse, no pensaron en eso hasta ahora. Fue Emma la que se acercó y dejo un ligero beso en la mejilla de la morena que se quedó casi sin respiración ante ese gesto tan infantil pero tan hermoso.
Buenos días, ¿Cuanto llevas ahí? Preguntó la rubia para romper el silencio mientras le ofrecía la silla que había en frente de ella.
Buenos días, sólo unos minutos. No quería interrumpir tu llamada. Respondió la morena sentándose.
Tú no interrumpes nada, además sólo estaba acosando a mi padre así que te hubiese agradecido la interrupción. Dijo dejando entre ver una pequeña sonrisa.
¿Cómo estas? Preguntó sin haberle prestado atención a lo que había dicho, sólo podía ver su brazo herido.
¿Esto? Dijo levantando un poco su brazo No es nada, sólo lo llevo por la insistencia del médico. Estoy bien, por suerte sólo quedo en un susto.
Me dejaste preocupada, Emma. Deberías habérmelo dicho antes. Dijo algo molesta por la situación.
No quería que te preocupases por nada, son cosas del trabajo. Emma pidió otro café al igual que lo hizo la morena sólo que ella además pidió un gran trozo de tarta. Es que no soporto no hacer nada y me da por comer, pero no se lo digas a nadie. Dijo bajando la voz y mirando en todas las direcciones.
Eres una infantil, Emma. ¿No te tomas nada en serio? Dijo intentando mostrarse seria pero sin poder evitar una ligera sonrisa al ver la cara infantil que Emma ponía.
Hay cosas que sí, pero para averiguarlas tendrás que cenar conmigo. Emma seguía con su juego.
Eres una persona muy frustrante además de que somos como dos polos opuestos, ¿Por que sigues insistiendo? Preguntó Regina algo triste por su afirmación.
Regina, no seas ingenua. Los polos opuestos se atraen, y tú experimentalmente tienes un algo...Dijo meneando las manos dibujando la esbelta figura de la morena en el aire. Que haría enloquecer a cualquier persona, además de que necesitas soltarte el pelo y liberarte, yo soy tu liberación. Dijo sonriendo socarronamente.
Si no fuese por mi buen humor de hoy te hubieses quedado desayunando sola, detective. No soporto que se me juzgue o que se me trate como un objeto, lo han hecho durante demasiado tiempo. Dijo con un tono que provoco que el corazón de la rubia se encogiese ligeramente, no le gustaba escuchar a Regina hablar así.
Perdona... No era mi intención, sólo intentaba hacerte un cumplido mi sentido del humor me ha traicionado. ¿Me dejas que te invite a cenar esta noche? Por favor, para disculparme y demostrarte que no soy una persona frívola como tu piensas. Dice Emma alargando su mano por la mesa y acariciando sutilmente los dedos de la morena que están agarrando su café.
Esta noche no puede ser. Tal vez a final de semana. Regina retira su mano del contacto de la rubia, no quiere caer en sus redes tan fácilmente.
¿Una cita? Pregunta Emma que ve como Regina saca una sonrisa de victoria en su rostro.
¿Celosa? Pregunta Regina sin quitar la sonrisa.
¿Yo? Para nada... sólo quiero saber quien es la afortunada que va a pasar la noche contigo. Dijo sin poder evitar que los celos se notasen en su afirmación, realmente no se consideraba una persona celosa pero que Regina le dijese eso le había molestado, era estúpido pero no pudo evitarlo.
Afortunado, aunque creo que la afortunada soy yo... Respondió intentando molestar un poco más a la rubia que se quedó con la boca abierta. Sigo cuidado de mi sobrino, mi hermana no vendrá hasta mañana a por él. Afirma al ver que la detective seguía sin palabras y la situación empezaba a ponerse incomoda.
No me lo puedo creer, Regina Mills ¿Estas jugando con mis armas? Dice al darse cuenta de que la morena se la había jugado y ella había caído.
Yo también se jugar fuerte, detective.
Acepto que es mejor compañía que yo, aunque se pierde una noche muy increíble. Emma le guiña un ojo y mira su reloj.
Seguramente sea usted la que se pierde una gran noche. Respondió siguiéndole el juego.
¡Guau! Sabe jugar... tengo que decir que ahora mismo no se su quiero cenar o ir al postre directamente. Dice bajando la voz y acercándose un poco para que nadie la escuche.
Tiene su postre encima de la mesa, Swan. Así que no tiene ningún problema, ahora si me disculpas tengo que volver al trabajo. Regina se levanta y deja el dinero sobre la mesa.
Yo pago. Emma le devuelve el dinero y sale corriendo detrás de la morena.
Emma no saber realmente que le hace hacer y decir esas tonterías pero tan sólo ver la sonrisa de la morena es un total placer para ella, por no decir que ese cuerpo la tiene embelesada. La rubia sólo quería jugar y en cambio ahora sólo quiere volver a besar esos labios que la están volviendo loca, pero que sabe que serán su perdición tarde o temprano aunque no quiera verlo.
Emma se pone a la altura de la morena y la acompaña en silencio hasta la puerta de su edificio donde se paran unos minutos.
Deje esa manía suya de seguirme. Tengo que ir a trabajar.
Prometo dejarte ir a trabajar pero sólo con una condición. Dice poniendo ojos de perrito degollado.
¿Qué quieres? Tengo un paciente esperando.
Mi enfermedad es más urgente. No creo que pueda esperar mucho más tiempo. Dice intentando sonar alarmada pero sin poder evitar un cierto rubor en sus mejillas, sabía que era una ocurrencia estúpida pero tenía que jugársela.
Déjese de juegos... ¿Que le pasa?
Primero que nada, puede dejar de llamarme de usted y luego de tú, me tiene un poco mareada con eso. Segundo, creó que soy adicta. Dice sin terminar la frase y dejando a Regina consternada por sus palabras.
Primero yo la llamo como quiero y segundo explíquese... Responde perdiendo la poca paciencia que le quedaba, esa rubia la sacaba de sus casillas aunque no podía negar que le encantaba su lado infantil, era refrescante.
Me he vuelto adicta a tus labios. Suelta sin pensar demasiado sus palabras y provocando que la morena se atragantase y tosiese. No te ahogues, me sentiría muy culpable si así fuese. Dijo pasando su mano por la espalda de la morena.
Usted no dice nada más que tonterías. ¿No se cansa? Respondió intentando demostrar indiferencia aunque ella también deseaba volver a besar a la rubia.
No es ninguna tontería, no te puedo engañar. Me he jugado una mala pasada a mi misma y lo que empezó como un juego, una apuesta más bien, ha acabado convirtiéndose en una adicción. ¿Crees que haría todo esto por un simple juego? Sus declaraciones se contraponían a todo lo que quería sentir y decir, su razón no estaba actuando y eso desembocaba en ese tipo de afirmaciones.
Detective, esta llegando demasiado lejos. Deje de decir tonterías y márchese. Dijo intentando alejar a Emma de ella, no quería creer esas palabras. No voy a ser un número más en su lista.
Regina había sufrido demasiado en su vida para volver a caer de esa manera en las garras del desdichado amor, y esta vez al menos sabía que la mujer que tenía delante no era más que una mujeriega que sólo quería apuntar su nombre en la lista de éxitos, era cierto que ella le había seguido el juego pero pensando que podía ser un simple aventura, pero esas palabras le calaron demasiado y eso provoca que su corazón colocase una coraza a su alrededor. No quería dejarse dañar por alguien que veía venir desde lejos.
Creó que no es el lugar para hablar de esto. Pero no me disgustaría que tú fueses el último nombre de esa lista.
Tras decir esas palabras la rubia se acercó a los labios de la morena muy lentamente esperando que la rechazase pero no lo hizo sino que la cogió por la camisa y la acercó fuertemente hacía ella, por suerte habían entrado ya en el portal y no se encontraban a la vista de todos. Emma soltó un pequeño quejido debido al fuerte movimiento de la morena pero siguió juntando sus labios, comenzaron a besarse apasionadamente pero era Regina la que mandaba en ese beso, ella marcó el ritmo y fue la primera en jugar con su lengua provocando que Emma se excitase como nunca y la vez supiese que eso era una locura que merecía la pena vivir.
Emma rompió el beso y se lamió los labios saboreando los últimos restos de ese fantástico beso y haciendo que la morena soltase un pequeño gemido ante el gesto. La detective se quitó el carmín de sus labios y se fue dejándole una sonrisa tonta en la cara a la morena.
