No soy dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes !
Ella: La que le quitaba el aliento
Capítulo Dos: Peor que un poco mejor
Ayako corrió hasta detenerse en la entrada. Miró a su alrededor, sin notar señal alguna de Mitsui. La joven miró su reloj: 5:30 en punto. Se detuvo un par de segundos a contemplar el cielo, mientras sentía cómo una aguja de preocupación atravesaba su pecho. ¿Se habría olvidado de su acuerdo? ¿O de entrada había decidido que acceder a entrenarla era solo una estupidez? Sabía que era un imbécil desagradable redomado, pero…¿sería capaz de ilusionarla para luego abandonarla?
¿Y por qué rayos utilizaba esa clase de palabras para referirse a esa situación? ¿Ilusión? ¿Abandono? Era ridículo si es que se detenía a considerarlo. No era como si Mitsui le debiera algo a ella. No era como si ella estuviese tampoco tan desesperada…
"Mentira, sí lo estoy" – dijo en voz alta, dejando salir un audible suspiro
"¿Estás qué?"
Se volteó rápidamente al escuchar su voz. Sonrió levemente cuando notó que el muchacho venía vestido de una forma que le permitía intuir que, después de todo, él cumpliría con su promesa: Usaba sus típicos shorts blancos y su camiseta rojo oscuro. Además, cargaba su bolso azul, donde ella supuso que estaba su uniforme escolar. El joven le devolvió la sonrisa por un momento, para luego dejar el bolso en el suelo y posar sus ojos en ella. Alzó una ceja con interés, al reconocer que tenía una buena masa muscular que no se había preocupado de notar antes. Además, tenía esa chispa en los ojos, que transmitía una energía que, posiblemente, era él el primero en ver.
"Nada, sólo pensaba en voz alta" – respondió Ayako, caminando hacia su bolso. Sacó de este el balón y comenzó a botearlo.
"¿Qué haces?" – preguntó Mitsui, en un tono de voz completamente distinto al interior
"Boteo…" – respondió ella, confusa – "Necesito practicar en mi ofensiva, ¿recuerdas?"
"Oh no" – dijo él, sacando un silbato de su bolsillo y sentándose al borde de la cancha – "Vas a correr primero"
"¿Correr?" – preguntó ella, alzando la voz y frunciendo el ceño – "Mitsui, te dije que-"
"Y yo te dije que si decidías que fuera tu entrenador, jamás debías cuestionar lo que te dijera. Y ahora mismo, tu voz me suena a queja"
"¡Pero-¡"
"¡Quince vueltas, AHORA!" – y mirándola una vez más sin detenerse a considerar su petición, sopló el silbato. – "Y por cada vez que pares, serán cinco más!"
Ayako, rechinando los dientes y cerrando los ojos para contener la furia que amenazaba con salir fuera de ella, a través de millones de gritos que retarían gravemente la barrera del sonido, decidió que era mejor seguir sus instrucciones. Comenzó a trotar primero, y cada vez que escuchaba el sonido del silbato, corría para completar una vuelta. Mitsui escondía cada sonrisa que se asomaba en sus labios cuando veía la expresión que tenía la joven en su cara. Sabía que estaba increíblemente enojada y que lo más probable es que estuviera pensando que aquél no era el trato que habían hecho. Sin embargo, no podía importarle menos: Esas eran sus reglas, y ella debía aceptarlas. Si no era así, que se olvidara de su ayuda. No era como si no pudiera encontrar a otro entrenador mejor que él entre los miembros del equipo, y tampoco era como si a él le importara ser remplazado. Esto era algo mejor en lo que podía ocupar su tiempo, pero tampoco era tan relevante como para que no pudiera hacer algo diferente. Y además, podía dejarlo en cuanto se le antojara, o en cuanto se aburriera.
Cuando ella terminó las vueltas que le había ordenando, Mitsui se puso de pie y comenzó a botear el balón de la joven. Ayako se detuvo frente a él, enjugando levemente el sudor que ahora decoraba su frente.
"Eres lenta" – le dijo – "Es por eso que deberás romper tu propia marca de aquí a tres semanas más. Comenzarás corriendo cada entrenamiento y lo terminarás de la misma manera"
"No creo ser lenta" – se defendió la joven, sintiendo cómo sus mejillas se enrojecían ante aquella suerte de insulto – "Y no creo-"
"Y no creo que te haya preguntado lo que pensabas" – respondió Mitsui, arrojándole el balón al pecho a la muchacha – "Ahora, quiero que intentes pasarme"
Mitsui reprimió una sonrisa cuando la joven entornó sus ojos, claramente sintiendo que aquella frase de su parte, implícitamente, llevaba el ofrecimiento de un desafío. La joven comenzó a botear el balón, mirando directamente la forma en que Mitsui se ubicaba en el piso de la cancha. Intentó un dribleo simple frente a él, para luego girar a la derecha por sobre el hombro del muchacho. Sin embargo, en cuanto elevó el balón para encestar una de tres, la sombra de la mano de Mitsui se posó sobre el balón y lo golpeó con la suficiente fuerza como para que ella lo dejase caer.
"Primero" – dijo él, recuperándolo del piso – "Deja de mirar mis pies. Lo hiciste porque creíste que la forma en que me paro en la cancha te diría hacia donde me movería, y eso ya es difícil. No lo lograste, y eso que sabes la forma en que juego. Así que imagínate cómo será de complicado frente a un oponente que no has visto jamás. Así que detente y mírame"
Ayako asintió dos veces, dándole a entender que comprendía sus palabras. Luego, tomó posición defensiva cuando Mitsui recuperó la postura ofensiva que tenía antes. El joven dribleó nuevamente, sin notar que la muchacha era más rápida en distancias cortas de lo que creía: En cuanto se aproximó al aro, ella ya estaba bajo su posición, lista para detenerlo. Sin embargo, no logró golpear el balón para bloquearlo antes de que él encestara. La joven se acercó para recuperar el balón y se volteó cuando él volvió a hablarle:
"Segundo" – dijo, acercándose a ella – "Además de correr antes de empezar y al terminar, traeré una cuerda para que saltes. No tienes mala defensa, pero saltas muy bajo, pero aún hay tiempo para que mejores."
Ella asintió, reprimiendo su molestia, pero tratando de que no le importara. Sin embargo, sabía que tenía razón: Jamás había logrado compensar su baja estatura con una buena capacidad para saltar.
Alrededor de las 6 y media, se detuvieron. Mitsui estiró su mano para que ella se levantara del piso luego de que la empujara cuando ella intentó bloquearlo.
"Fíjate en la manera en que te detienes cuando defiendes" – dijo él, cuando la muchacha suspiró, frustrada – "Y deja de enojarte con tanta facilidad"
"¡Pero si no he dicho nada!" – exclamó ella, rechinando los dientes por enésima vez aquella mañana
"Tu cara lo dice incluso mejor que tú" – respondió el joven, sonriendo levemente – "Vamos, todavía hay tiempo para que tomemos una ducha en la escuela antes de clases"
Ayako alzó las cejas y ensanchó un poco sus ojos. Al notar la manera en que ella lo estaba mirando y luego de repasar sobre lo que había dicho, Mitsui sintió cómo sus mejillas se enrojecían.
"¡No juntos, por supuesto!" – exclamó arrojándole el balón a la muchacha para que lo guardase. Ayako dejó escapar una carcajada, para luego recoger su bolso.
"Gracias por la aclaración" – dijo, sonriendo
"Pequeña pervertida" – respondió Mitsui, sacudiendo la cabeza y devolviéndole la sonrisa.
Caminaron uno al lado del otro, simplemente sintiendo como la brisa matinal acariciaba sus rostros. Luego de avanzar un par de cuadras, Ayako rompió el silencio que se había cernido entre los dos.
"Sé que no te lo pedí" – dijo, mirando al suelo – "Pero no has dicho nada de esto a nadie, ¿verdad?"
"No" – dijo él, un tanto confuso – "Pero, ¿por qué es tan importante mantenerlo en secreto?"
"No quiero que lo sepan, eso es todo" – respondió la joven, encogiéndose de hombros – "Ya tienen suficiente con el Campeonato"
"¿Es decir que tú sí tienes el derecho de entrometerte, pero ellos no?"
"No me entrometo, soy la entrenadora del equipo y es mi trabajo" – no entendía por qué sentía que estaba justificándose.
"Apuesto a que un par de personas no pensarían que esto es sólo asunto tuyo" – dijo Mitsui, alzando una ceja en señal de suficiencia – "Y que morirían de ganas de ir a verte a un partido si es que supieran"
"Pues no lo sabrán" – dijo ella, tratando de que su voz sonora tranquila y no diera a entender que realmente la asustaba la idea de que alguno de los muchachos se enterara.
"Oh vamos, le quitas toda la diversión a esto" – Mitsui no pudo evitar que una leve risa se escapara – "Imagina los nervios de Miyagi si es que pudiese ir a verte"
"¡No le digas!" – exclamó ella, ya que justo había mencionado el nombre que no quería escuchar – "Mitsui, promete que mantendrás la boca cerrada"
"Soy muy malo para mantener mi palabra. Así que es algo muy malo lo que estás haciendo al pedirme que te prometa algo" – explicó, restándole importancia – "Además, ¿por qué el escándalo? No es como si estuvieras rechazándolo después de haberse declara-" La joven notó como Mitsui guardaba silencio y desviaba la mirada.
"Oí eso, Mitsui" – dijo, poniendo los ojos en blanco – "Y sí sé a qué te refieres"
"Me refiero a que es tu amigo, se conocen hace un buen tiempo y-"
"Y está enamorado de mí, lo sé" – dijo Ayako, suspirando y sacudiendo la cabeza
"¿Lo sabías? ¿y por qué no le has dicho que lo sabes, entonces?"
"¿Para qué? Es una crueldad simplemente decirle que no estoy interesada en él de la misma manera que él en mí"
"Oh vamos, es mucho más cruel mantenerlo con la ilusión de que realmente tiene una oportunidad"
"¿Y a ti qué te importa?" – Ayako simplemente se había cansado de sentir que Mitsui la tenía en el ojo del huracán con sus preguntas – "¿Desde cuándo eres su mejor amigo? ¿Acaso descubrieron que se amaban luego de haberse dejado casi en coma mutuamente en el hospital? ¿Intentar matar al otro conectó sus corazones o algo por el estilo? Pues me parece conmovedor, la verdad"
Mitsui la observó enrojecer de ira por un segundo, para luego explotar en risas. La verdad es que no recordaba la última vez en que una chicha lo había hecho reír de esa manera. Y, de repente, Ayako posó sus ojos en él y comenzó a reír también, lo que le dio otra pista: Nunca se había reído tanto con una chica, y no de ella. Y la sensación realmente era nueva y agradable.
"Si me preguntas a mí, también lo encuentro incomprensible" – dijo, sonriendo un poco – "No sé por qué está enamorado de ti: Tienes un carácter espantoso"
"Y yo no entiendo tampoco por qué de repente ahora ustedes son amigos. Si alguien intentara matarme, creo que no seríamos precisamente cercanos"
Habían llegado a la escuela. Ambos se detuvieron frente a los camerinos del primer piso, posando sus manos sobre las respectivas puertas.
"Te veré en la práctica" – dijo ella, sonriendo levemente – "¿Entrenaremos después?"
"Sí" – dijo Mitsui, asintiendo – "Y no trates de escabullirte dentro de mi ducha, degenerada"
"Cállate, idiota"
Mitsui sonrió a modo de despedida y la vio desaparecer dentro de su camerino. Sacudió la cabeza una vez más y entró al suyo.
En la tarde, Mitsui caminó dentro del gimnasio, encontrándose con el resto del equipo. Por supuesto, Sakuragi ya estaba peleando por algo con Rukawa, Kogure estaba en el medio tratando de lidiar con la situación, mientras Miyagi se reía del trío frente a él. Suspiró ante la perspectiva del par de imbéciles peleando toda la tarde. De repente, la voz de Akagi llamó al orden, mientras el resto del equipo se dividía para comenzar la práctica.
En cuanto tomó el balón, sus ojos se posaron por un segundo en la figura de Ayako. Como siempre, estaba empuñando su abanico de papel, parada al lado del profesor Anzai. Al sentirse observada, se volteó levemente para mirar a Mitsui. Sintiendo un pinchazo de complicidad en el estómago, le guiñó un ojo imperceptiblemente. El joven, inconscientemente, sonrió.
Sin embargo, cuando comenzó a driblear el balón frente a Rukawa, Mitsui no se imaginó que alguien más había notado la invisible comunicación entre él y la joven: Miyagi frunció el ceño, confundido, cuando vio la sonrisa que se dibujó en la cara de Mitsui luego de mirar a Ayako. Por supuesto, jamás se cruzó por su mente que algo pudiese estar ocurriendo entre ellos, pero de todas maneras, era algo extraño. Esa sonrisa era diferente. Esa sonrisa cambiaba su expresión. Decidió restarle importancia, pero también decidió estar atento: Mitsui era su amigo…pero también era un muchacho común y corriente. Y sabía que, dado como habían sido las cosas antes entre ellos dos, su lealtad posiblemente no llegaba tan lejos.
"Ayako"
La voz del capitán Akagi la distrajo del partido que estaban jugando los novatos contra los antiguos. La joven se volteó, para luego fruncir el ceño ante la expresión enojada de Akagi.
"¿Sí, capitán?" – preguntó, mirándolo
"¿Por qué no nos dijiste que estabas en un equipo de basketball?"
Durante el segundo que siguió a esa frase, sus ojos volaron hacia Mitsui. ¡Desgraciado, imbécil, maldito, maldito, maldito, MALDITO bocón! ¿Cómo demonios pudo siquiera pensar que podía confiar en él? ¡Por supuesto que no había pasado ni un solo día completo y ya le había contado a todo el mundo! ¡Y aún así tuvo el descaro de decirle en la mañana que había mantenido la boca cerrada!
Mitsui estaba defendiendo la canasta cuando notó la forma en que Ayako estaba mirándolo. Akagi estaba frente a ella, nada inusual. Sin embargo, la expresión furiosa de la joven lo confundió. Echaba chispas por los ojos como nunca antes y su mano derecha estrujaba el abanico con fuerza.
"Creí que ya era demasiado con el Campeonato Nacional" – respondió, posando sus ojos en los del capitán, mientras una llamarada de ira inundaba su pecho – "No me pareció importante"
"¡Por supuesto que es importante!" – exclamó Akagi – "¿Qué clase de equipo seríamos si no apoyáramos a uno de los nuestros?"
"La verdad, es que preferiría que no lo hicieran, capitán. No tiene idea de lo nerviosa que me pone la idea de tenerlos a todos ustedes allí"
"Entiendo" – dijo Akagi, sonriendo afablemente – "Pero por lo menos, debes esperar a dos de nosotros en la cancha apoyándote"
"De hecho, le pediré a Mitsui que ni siquiera se le ocurra aparecerse por allá" – nuevamente, fulminó al joven con la mirada, ante la expresión confusa que aún no lo abandonaba.
"¿Mitsui?" – preguntó Akagi, alzando las cejas – "¿Por qué iría Mitsui?"- Aquella pregunta captó su atención. Además, la forma en que el capitán la miraba hizo que reconsiderara lo que había dicho.
"¿Mit…Mitsui no le dijo, capitán?"
"No, claro que no. Fue Yasuda"
"¿Yasuda?"
"Sí…al parecer, está saliendo con una de tus compañeras de equipo. Ella fue la que le dijo y él luego me contó a mí…aguarda, ¿Mitsui sabe de esto?"
Ayako sintió una oleada de alivio y culpabilidad recorrer todo su pecho. Miró nuevamente al joven, quien había encestado recién y corría de regreso para defender su posición. Sonrió de manera imperceptible, mientras volvía a mirar al capitán Akagi.
"No, señor" – dijo, negando con la cabeza – "Nadie lo sabe aparte de usted y Yasuda. Y, por favor, le rogaría que así se quedara"
"Como digas" – Akagi palmeó suavemente el hombro de Ayako – "Pero no esperes que no vaya"
Ayako y Mitsui esperaron, casi escondidos detrás de los camerinos, a que el gimnasio se desocupara. Eran cerca de las 8 de la tarde cuando Akagi y Kogure abandonaron la cancha, apagando las luces del lugar. Mitsui no pudo evitar reírse cuando vio a Ayako escabullirse rápidamente para abrir la puerta, mirando por sobre su hombro cada par de segundos. Cuando estuvo todo despejado, ambos entraron y encendieron las luces del gimnasio. Sin que necesitara de instrucción, Ayako comenzó a correr por el borde de la cancha, mientras Mitsui la observaba desde su asiento. Lo sorprendió que ella no mostrara señales de cansancio. Al contrario, en el instante en que se concentraba en la práctica y ambos cambiaban de papeles, ella al de jugador y él al de entrenador, parecía que nuevas energías salían de sus pasos.
"Oye" – dijo Mitsui, en un tono que no demostraba mucho
"¿Qué?" – preguntó Ayako, sin dejar de correr
"¿Por qué cuando estabas hablando con Akagi me mirabas como si estuvieras a punto de sacarme los ojos?"
"Me dijo que sabía del campeonato"
"¿En serio? ¿Y cómo rayos se enteró?"
"Yasuda está saliendo con una de mis compañeras y ella le dijo"
"¿Yasuda está saliendo con alguien?" – preguntó, incrédulo
"Los milagros existen, Mitsui" – mencionó, sonriendo
"¿Entonces, por qué me mirabas a mí con ganas de asesinarme?" – disimuló su interés mirando hacia el techo del gimnasio
"Porque pensé que habías sido tú el que le había contado"
"Deja de correr"
Ayako se detuvo, confusa. Vio la figura de Mitsui acercándose a ella, con una expresión inescrutable en su rostro. De repente, sintió su cuerpo congelado cuando el joven la agarró firmemente por la parte posterior del cuello, de manera que sus rostros quedaron separados sólo por un par de centímetros. La forma en que la miraba hizo que quisiera retroceder, pero la fuerza del muchacho superaba ampliamente la suya.
"Si te digo que no diré una sola palabra, es porque no lo haré" – Mitsui no entendía por qué le urgía tanto aclarar el asunto. Ella no le importaba, ¿cierto? Entonces, ¿por qué le incomodaba la idea de que ella no confiara en él? – "¿Por qué pensaste en que te había mentido?"
La joven parpadeó varias veces, pensando en cómo contestar a su pregunta. ¿Qué quería lograr con todo esto? No había sido tan importante, sólo un pequeño malentendido. Porque…eso era exactamente, ¿verdad? No era gran cosa…¿cierto?
"No pensé que me habías mentido…" – murmuró, ya que no podía hablar mucho más fuerte con la cercanía del rostro de Mitsui al suyo – "Sólo creí que…tal vez en una conversación cualquiera con Akagi, quizás tú habías-"
"Pues no lo hice" – respondió el joven – "Así que de ahora en adelante, te convendría más comenzar a confiar en mí"
Y sin decir una sola palabra más, Mitsui se volteó para regresar a su posición, dejando a Ayako tan confundida que le costó trabajo regresar a las vueltas que le faltaban para completar las quince de esa noche. ¿Cuál era su problema? ¿Tenía alguna clase de trauma que le impedía dejar tal como estaba un asunto tan irrelevante como ese? ¿Por qué era tan importante para él que ella hubiese siquiera pensado que le había mentido? Qué estupidez, pensó, sacudiendo la cabeza. Los hombres eran tan incomprensibles como ellos decían que eran las mujeres con ellos. Decidió dejarlo pasar, mientras seguía corriendo, imaginando que solamente estaba estresado por el campeonato que estaba cada vez más cerca, o porque había peleado más de la cuenta con Sakuragi, o simplemente porque lo que sirvieron de almuerzo en la cafetería ese día no le había gustado.
Mitsui se levantó luego de que Ayako dejara de correr, para después jugar un uno a uno con ella. El silencio que los rodeaba no impedía que el joven siguiera sumido en sus pensamientos: Ni siquiera él podía entender por qué había actuado de esa manera. ¿Y qué si ella pensaba que no era alguien confiable? ¿Qué diablos podría importarle que ella no le creyera? Él no era más que su entrenador, temporalmente, y después de ello, volverían a su antigua lejanía. Ella seguramente le agradecería por su ayuda, pero nada más…ni siquiera era su amiga, y ni aún así le preocupaba que ella pudiera llegar a molestarse con él. Decidió que no tenía sentido. Nada más que una simple estupidez.
"¿Qué te dije sobre lo de mirar a los pies del oponente?" – exclamó, enojado, cuando la joven tenía la cabeza inclinada hacia el suelo mientras boteaba el balón – "¡Levanta la cabeza y mírame!"
Rechinando los dientes de furia, Ayako obedeció. Ahora entendía un poco mejor la expresión de Sakuragi cada vez que ella le decía que dejara de lanzarle pases tan bajos.
"Baja las caderas" – dijo él, después de bloquearla por tercera vez seguida en su intento de encestar – "Usa tus tobillos para doblar, no es necesario que avances un paso completo"
"Eso es lo que estoy haciendo" – le respondió, levantándose del piso
"¡PUES INTÉNTALO UNA Y OTRA VEZ HASTA QUE LO HAGAS BIEN!" – le gritó, lanzándole el balón directamente al pecho. Ella lo recibió como un golpe, pero reprimió cualquier asomo de dolor.
Luego de una hora, el marcador entre los dos era de 25-0. Por supuesto, quien iba ganando era Mitsui. Ayako estaba exhausta, pero solamente la rabia y el enojo la mantenían de pie. Durante todo el tiempo que entrenaron, Mitsui no dejaba de gritarle que estaba haciendo todo mal.
"¡DOBLA LAS RODILLAS CUANDO RECIBAS EL BALÓN!" – dijo, con un enojo que Ayako solamente había visto aquel día en que él y sus amigos pandilleros habían decidido ir a partir a golpes a todo el equipo – "¡CON UN DEMONIO, GIRA CUANDO ESTÉS DEBAJO DE LA CANASTA, NO VAS A PODER BLOQUEAR A NADIE SI LE DAS LA ESPALDA AL OPONENTE! ¡¿Y CUÁNTAS VECES MÁS TENGO QUE DECIRTE QUE ME MIRES A MÍ Y NO A MIS PIES, MALDITA SEA?"
Esa última frase la llevó al límite: Sin siquiera pensar una sola vez en lo que estaba haciendo, Ayako se volteó hacia él y le arrojó el balón directamente al rostro. Mitsui lo detuvo con sólo alzar la mano frente a su cara, pero jamás se imaginó lo que vendría después. Debido a que se había concentrado únicamente en la imagen del balón golpeándolo, no vio cuando la joven se lanzó contra él. Sin poder creerlo, ensanchando sus ojos, cayó al piso, con Ayako sobre él. Y apenas aterrizaron, ella comenzó a golpearlo en la cara y en los brazos, completamente fuera de sí.
"¡DESGRACIADO HIJO DE-! ¡DEJA DE GRITARME COMO SI FUESE ALGUNO DE LOS IDIOTAS DE TU PANDILLA DE CRIMINALES!"
"¡PERO QUÉ RAYOS-!"
Antes de terminar de hablar, Mitsui roló sobre su costado, tomándola de los brazos, para que ahora fuese ella la que estuviera debajo de él. Ella trató de seguir abofeteándolo, pero el joven tenía ahora firmemente agarradas sus dos muñecas. La miró por un par de segundos, apreciando la increíble expresión de furia que tenía en su rostro en esos momentos: Sus ojos brillaban de enojo, sus mejillas encendidas, sus dientes tan apretados como si ella misma estuviese a punto de estallar.
Ayako pensó que después de esto, obviamente dejaría de entrenarla, a lo menos. Y luego les contaría a todos que era una sicótica demente que no podía soportar la presión. Y por supuesto, no dejaría fuera el detalle de la violencia fuera de la historia. Sin embargo, no se imaginó la reacción de Mitsui.
Él sabía lo que estaba haciendo cuando no dejaba de gritarle por todo. Se imaginó que ella abandonaría y le diría que era mejor si se buscaba otro entrenador. O tal vez, en el peor de los casos, demostraría esa idiótica sensibilidad femenina y lloraría frente a sus narices. O incluso, orgullosa como era, le diría lo primero y luego lloraría caminando hacia su casa, en donde él no pudiese verla. Se imaginó todo eso, y más, menos lo que había ocurrido. Dejándose dominar por la furia, había intentado golpearlo para descargarse. Pero ni siquiera eso lo había sorprendido tanto como el hecho de que Ayako había creído que podía, de hecho, golpearlo. Y no sólo eso: Se había atrevido a intentarlo.
Ayako ensanchó sus ojos cuando él comenzó a reírse a carcajadas, aún sobre ella, sin soltar sus muñecas aún. Sin embargo, junto a la sorpresa de la joven, estaba la aún mayor sorpresa de Mitsui: Se había equivocado totalmente respecto a ella. No era de las que reaccionan ante la presión como un gato asustado. Y aunque en comparación a él, Ayako era un gato…era uno que se creía tigre. Y no sabía por qué, en esa retorcida situación, aquello le agradaba.
"¿Y DE QUÉ DIABLOS TE RÍES?" – preguntó, aún gritando enardecida
"¿Qué? Es molestoso que de vez en cuando que los gritos se te devuelvan ¿no?" – respondió él, aún riendo. Finalmente, se puso de pie y estiró la mano para que la joven la cogiera.
"¿Vas a seguir, entonces?"
"¿Seguir gritándote, después de que intentaras matarme?"
"Me refería a si ibas a seguir entrenándome"
El joven notó la preocupación de ella bajo el tono orgulloso de su voz. Alzó una ceja, interesado en la forma en que ella pensaba. Dejó escapar otra risa, una poco más suave esta vez, pero desvió su mirada.
"Hoy, no" – le respondió – "Mañana, a la misma hora que hoy"
Ayako sonrió, golpeándolo suavemente en las costillas con el codo al pasar junto a él. Decidiendo que tal vez esta "discusión" había sido la mejor manera para intentar empezar de cero aquel día de entrenamiento, caminaron hacia la salida, ambos sosteniendo sus bolsos.
"No soy de las que entienden las cosas a gritos" – le dijo ella, mientras caminaban juntos calle abajo luego de abandonar la escuela
"No soy de los que entienden las cosas a golpes" – le respondió Mitsui, empujándola levemente hacia un lado, a modo de broma – "Pregúntale a Miyagi si no me crees"
Mitsui sonrió cuando el sonido de la risa de Ayako inundó la noche que ya se había cernido sobre los dos.
Continuará…
