Ella: La que le que quitaba el aliento

Capítulo Cuatro: Inesperado e Inexplicable

Ayako se retorcía las manos luego de enjugar el sudor nervioso de su rostro. El vestidor se veía borroso, y las palabras de su entrenador se escuchaban distantes y en una frecuencia que no lograba captar. Podía ver los signos de nerviosismo en todas sus compañeras: Una no podía dejar de golpear las uñas contra la madera de la banca en la que se sentaban, otra no dejaba de estrujar los nudillos hasta el punto de que sus huesos sonaran, más lejos, una de sus compañeras enrollaban su corto cabello alrededor de uno de sus dedos incesantemente.

Por fin había llegado el día, luego de tres semanas de duro entrenamiento: El primer partido del Campeonato. El estadio estaba lleno, pero Ayako apenas se había fijado en los rostros que las miraban ansiosamente desde las gradas. Con la cabeza gacha, había entrado a los vestidos sin siquiera observar por un segundo a la multitud. Ahora entendía el terrible pánico que habían sentido los muchachos antes de las eliminatorias.

El día anterior había entrenado ligeramente con Mitsui, que ahora debería estar entrenando con los muchachos del equipo en el gimnasio de la escuela. Debido a que justamente era un sábado, a pesar de haberle dicho que iría a apoyarla, el capitán Akagi no había suspendido la práctica bajo ningún motivo. No pudo negar el alivio que la llenó en cuanto supo que ninguno de los muchachos podría ir a verla. Porque, si perdían, si ella no jugaba bien…serían menos personas a las que habría decepcionado.

De repente, vio que las muchachas comenzaban a levantarse para salir a la cancha a calentar antes del partido, que comenzaría en quince minutos. Aún sentada, respiró hondo para intentar calmarse y no olvidar todo lo que le había aprendido con Mitsui en las últimas tres semanas. Casi podía enumerar todos sus consejos dentro de su cabeza. Sin embargo, sentía un extraño pinchazo en el estómago que no la dejaba pensar con claridad. ¿Qué pasaba? Había enfrentado partidos como estos antes…¿Qué era lo que había cambiado? Sacudió la cabeza, imaginando que ya estaba llegando al punto de la paranoia, para luego levantarse para salir.

La figura en la puerta la detuvo. Pero lo que la sorprendió fue que la sensación en su estómago aumentó…para luego desvanecerse completamente.

"No pensaste realmente que te dejaría sola en esto después de pasar contigo varias horas, todos los días, durante tres semanas, ¿verdad?" – le preguntó, sonriendo

"¿Qué rayos haces aquí?" – dijo Ayako, sintiendo un enorme alivio y felicidad recorrer todo su cuerpo. Avanzó hacia él para golpearlo levemente en el hombro, teniendo que alzar mucho el brazo para alcanzarlo- "El capitán Akagi va a matarte por haber faltado a la práctica"

"Le dije que tenía que cuidar a mi hermana menor, porque mis padres están fuera de la ciudad" – dijo, frunciendo el ceño levemente – "Y aunque lo segundo es verdad, está en casa con su nuevo novio para cuidarla"

Ayako sonrió. Siempre le habían sorprendido esos celos de hermano mayor que demostraba de tanto en tanto. Mitsui se acercó a ella, con una mirada seria, para luego tomarla por los hombros. Acercó su rostro hasta el punto de que casi tocaban sus narices. Ayako se sintió igual a cuando él había hecho el mismo gesto al pensar que le había mentido. Sin embargo…la sensación era diferente. Pero no sabía qué nombre ponerle a esa emoción que no creía haber sentido antes.

"Tienes todo lo que necesitas aquí dentro" – golpeó suavemente la frente de Ayako con su dedo índice. Luego, hizo lo mismo en el pecho de la muchacha – "Y aquí también"

"¿Y si pierdo?" – le preguntó, sintiendo una oleada de nerviosismo golpear estómago – "¿Y si no logro-?"

"¡Lo vas a lograr, Ayako!" – exclamó Mitsui, sacudiéndola suavemente por los hombros – "Eres una jugadora espectacular, dudo que tengas que esforzarte mucho contra esas bulímicas depresivas del otro equipo. Las vi, y créeme…lo tienes todo"

La joven rió levemente cuando escuchó el último comentario. Mitsui levantó la mano, ante lo que ella respondió chocándola con la suya. Él le revolvió el cabello, algo que también se había vuelto una costumbre luego del tiempo que llevaban entrenando, para luego abrirle la puerta para que saliera a calentar.

"Ahora ve y patéales las bo- Es decir…" – Ayako rió cuando lo vio gesticular con las manos – "Ya sabes a qué me refiero"

"Haré lo posible"

Se volteó para seguir caminando por el pasillo hacia la cancha, pero la detuvo la voz de Mitsui:

"Y si sientes sola de alguna manera en la cancha, por los nervios o lo que sea…" – dijo, sonriendo – "Hay alguien en las gradas que te estará apoyando todo el partido"

Mitsui dejó de comerse las uñas cuando de un lado de su dedo comenzó a brotar un hilo de sangre luego de morder demasiado fuerte. Ambos equipos estaban empatados en ese momento, casi al final de la primera mitad. Quedaban cinco minutos, pero se le habían hecho eternos. Ayako acababa de ser golpeada duramente por la centro del equipo contrario. No supo cómo, pero en menos de un segundo se puso de pie, inclinándose sobre la barandilla de la primera fila de las gradas. La muchacha aún no se levantaba, y sólo podía ver sus pies, ya que estaba rodeada por su equipo y por los árbitros. Mitsui se mordió el labio inferior, inclinándose aún más, a punto de perder el equilibrio.

De repente, escuchó cómo la multitud aplaudía, en el momento en que la centro del otro equipo le tendía la mano a Ayako para que se pusiera de pie. La joven cojeó un poco, con expresión dolorida en su rostro, pero al parecer se encontraba bien. Lo sorprendió que ella, casi de inmediato, mirara hacia donde se encontraba Mitsui. Guiñándole un ojo, levantó su pulgar hacia él. Mitsui suspiró, aliviado, para luego regresar a su asiento.

No entendía por qué estaba incluso más nervioso que en uno de sus partidos. No había parado de morder sus dedos y de golpear sus rodillas una y otra vez desde que había comenzado el partido de Ayako. Sabía que se sentía cada vez más cercano a la joven, pero aún no lograba comprender por qué los nervios de ella los había hecho suyos. No entendía por qué le importaba tanto que ganaran. Más bien…no entendía por qué ella le importaba tanto. Sólo era…una amiga…¿verdad? No podía compararla con el resto de sus amigas porque…porque en realidad, si lo pensaba bien, nunca había tenido una.

"¡Mira cómo corre esa número 14!"

Mitsui se crispó un poco al escuchar el comentario de uno de los espectadores que estaba sentado atrás de él. Sonrió levemente al ver Ayako, con un brillante y verde número 14 en su espalda, dejando atrás a la guardia central que había estado marcándola. No lo sorprendió que ahora superara en velocidad a toda la defensa del equipo contrario. Sabía que, en algún momento, la muchacha le agradecería, pese a su orgullo, todas las vueltas que la había hecho correr alrededor de la cancha cuando entrenaban.

"¡Es muy rápida, en serio!" – escuchó a otro, que probablemente estaba sentado junto al que había hablado primero – "¡Ni siquiera se le ven las piernas cuando corre!"- Mitsui escuchó que el otro junto a él se reía

"¡Me pregunto que más podrá hacer con las piernas esa chica!" – comentó, ante lo cual el tipo a su lado comenzó a reír

"¡Si lo que puede hacer es aún más sexy que ella, me gustaría verlo!"

Mitsui comenzó a sentir una inexplicable ira correr por sus venas. Estrujó los puños y sintió sus dientes rechinando contra su mandíbula. Respiró hondo, decidiendo que prefería ignorar esos comentarios para no hacer algo imprudente, mientras trataba de concentrarse en el juego otra vez.

"¿Habías visto unas caderas más deliciosas que esas de la número 14?" – preguntó el primero, en un tono tan repugnante que Mitsui casi sintió náuseas

"¡Me estaba fijando en lo que hay más abajo de sus caderas, la verdad!"

Ese comentario lo logró. Rápidamente, y actuando por el impulso más fuerte que hubiese sentido antes, Mitsui se levantó de su asiento y se volteó hacia el par de muchachos. Al que había dicho lo último, lo agarró del cuello de su camiseta, sin importarle su mirada asustada y sorprendida, ni tampoco la exclamación del otro que estaba junto a él.

"¿QUIERES CALLARTE, PEDAZO DE IMBÉCIL?" – exclamó, acercando su rostro aún más – "¿ANTES DE QUE TE PARTA A GOLPES?"

"¡Hey, cálmate, amigo!" – dijo, tambaleándose al notar que no podía sacudirse del fuerte brazo de Mitsui – "¡Fue sólo un comentario!"

"¡Pues si escucho otro comentario así de ella, de ti o del idiota al lado tuyo" – señaló con la cabeza al asustado muchacho, que ni siquiera había intentado intervenir – "Te sacaré las amígdalas por las axilas! ¿Me entendiste, amigo?"

Cuando el muchacho asintió varias veces, aún mirándolo con los ojos agigantados, Mitsui lo soltó y volvió a sentarse, soltando un enardecido suspiro. Volvió a posar sus ojos sobre Ayako, quien había encestado una canasta y ahora corría de regreso para defender su posición. A pesar de lo que había ocurrido un segundo atrás, sonrió cuando la vio correr animadamente por la cancha. Ahora podía entenderlo mejor: Antes, ni siquiera lo hubiese pensado y habría golpeado hasta dejar malheridos a ambos muchachos atrás de él. Sin embargo, algo en él había cambiado. Y era gracias a ella. Aquel día en que ella casi lo había golpeado por haberle estado gritando sin parar, y luego de que cambiara la forma en que la trataba, algo había sucedido y que sólo ahora podía comprender. Conociéndola, estando con ella, relacionándose de esta manera con Ayako…había logrado que él la recordara cuando su mal carácter salía al camino. Y justo ahora, cuando sonría sólo un segundo después de mirarla, descubrió que había algo en ella que lo calmaba.

"Mejor es que nos callemos, Tori" – Mitsui alzó una ceja al escuchar la voz del segundo muchacho – "Si no, el novio de la chica nos molerá a golpes"

Pensó en golpearlos por haber dicho eso pero…descubrió que no era una razón suficiente. Después de todo..¿qué importaba lo que pensaran ese par de idiotas? ¿O era que en realidad lo que habían dicho no le molestaba? ¿Por qué esa clase de comentario no había hecho hervir su sangre como el anterior? Sacudió la cabeza, pensando que aquello era simplemente una tontería…¡Por supuesto que no le importaba! ¿A quién le importaba lo que pudieran pensar un par de idiotas acerca de por qué la había defendido de esa manera? Daba lo mismo, a él no le importaba en lo absoluto. Ni el comentario, ni que no le molestara el comentario.

Se levantó de su asiento cuando terminó la primera mitad, mientras veía a la joven caminar hacia la puerta que guiaba hacia los vestidores. Sonrió cuando Ayako, antes de desparecer por el umbral, se voletó hacia las gradas y levantó el pulgar hacia él.

Ayako corrió al tope de sus pulmones para tomar el rebote. Se apoderó del balón, mientras los latidos de su corazón se sincronizaban con los últimos segundos en el marcador. Empatadas con el equipo contrario, sintió correr la adrenalina por sus venas. Y en ese momento, decidió que no perdería. Estaba tan cerca de la victoria, que no desperdiciaría esa oportunidad.

Lo que la sorprendió fue que, mientras corría hacia la canasta contraria, la defensa del otro equipo empezaba a desaparecer: Como una sombra que se desvanece, la imagen de la muchacha que la esperaba para detenerla, fue lentamente perdiendo su forma. En su lugar, la figura de Mitsui, alta y desafiante como siempre, tomaba una posición que le daba a entender que no la dejaría pasar. Frunció el ceño cuando se encontró con su mirada penetrante y aguda. Instintivamente, mientras boteaba el balón, bajó la vista para encontrarse con la rapidez de sus pasos. Pero, cuando las palabras y los gritos enojados de Mitsui hicieron eco en su mente, se obligó a levantar los ojos y encontrarse con su verdadero oponente. Saltó, lo más alto que pudo, mientras su mano levantaba el balón por sobre su cabeza. Cerró los ojos, esperando por lo mejor. Después de todo, eso era lo que le había dicho Mitsui una y otra vez: "Sin importar lo que pase, en el último segundo…déjalo ir. Ya no habrá nada que puedas hacer…tan sólo dejarlo ir"

Cuando sonó el timbre que indicaba el final del partido, el rugido de las gradas y los saltos de sus compañeras sobre ella hicieron que se diera cuenta de que habían ganado. Saltó cuando los gritos la ensordecían, pero la felicidad en la que se sumió superó todo lo demás. Ni siquiera lograba ver bien a quién estaba abrazando en esos momentos, pero de alguna manera, sus ojos volaron hacia las gradas. Sin embargo, sintió el pinchazo de la decepción atravesar su pecho de lado a lado, cuando a pesar de mirar por todos lados, sus ojos no lograban encontrarlo. No entendía por qué su sonrisa se desvanecía. No sabía por qué la felicidad anterior ya no inundaba todo su cuerpo.

Sólo sabía que lo quería de vuelta. Lo que fuera que él provocaba en ella, lo quería de regreso.

Pensó en ello mientras se cambiaba en los vestidores. Como sabía que la práctica ya habría terminado, se cambió en sus jeans y en una camiseta roja ajustada que le gustaba usar cuando hacía calor. Suspiró mientras dejaba caer su largo y rizado cabello sobre su espalda. ¿Qué le hizo pensar que se quedaría? Le dijo que la acompañaría…no que la esperaría.

Caminó lentamente por el pasillo, hacia la salida. El sol la golpeó directamente en el rostro, por lo que alzó la mano para cubrir sus ojos. Y ahí, parada en los escalones en la entrada del gimnasio, vio su figura erguida y a la vez relajada, unos cuantos metros lejos de ella. Estaba con las manos en los bolsillos, en medio del camino que comenzaba al terminar las escaleras. Sonrió, mientras Mitsui comenzaba a caminar lentamente hacia ella.

No lo pensó dos veces. No lo pensó ni siquiera una vez. Corrió escaleras abajo y se arrojó en los brazos de Mitsui. Se imaginó que él le daría un par de palmadas en la espalda y luego la dejaría, pero no pensó que él cerraría sus brazos alrededor de su cintura y la haría girar, medio metro lejos del suelo. La sorprendió que ambos estuvieran riendo. Y aunque sentía cómo su corazón latía con más fuerza que nunca, no se detuvo a pensar por qué.

Ya no quería seguir preguntándose los por qué de todo. Sólo quería un momento más. Que el tiempo se detuviera sólo por un par de segundos más. Porque por primera vez en mucho tiempo, ese momento era único. Y venía de la fuente menos esperada: El muchacho que una vez la asustaba por su aspecto y su manera de ser. Y que ahora era quien lograba que olvidara todo aquello que le hacía daño.

"¡Las hiciste pedazos!" – exclamó Mitsui, sonriendo mientras la ponía en el suelo nuevamente - "¡Ese último punto fue INCREÍBLE!"

"Al parecer, se lo debo a un buen entrenador" – dijo Ayako, golpeándolo levemente en el hombro – "Al más desagradable de todos, en realidad"

"Aunque lo primero es cierto…" – dijo el joven, guiñándole un ojo – "He de decir que mejoraste más de lo que creía"

"Eran un mal equipo"

"Me refería a otra cosa" – le dijo, tomando el bolso de Ayako del piso – "Juegas mejor contra mujeres porque no les tienes miedo"

"¿Insinúas que te tengo miedo a ti?"

"No lo estoy insinuando" – dijo, frunciendo un poco el ceño – "Lo estoy diciendo: Me tienes miedo en la cancha, pequeña cobarde. Y eso es algo que tenemos que seguir trabajando"

"Oh, por favor por qué habría de-aguarda un segundo"- de repente, se detuvo al reparar en el último comentario – "¿Seguir? ¿Te refieres a que seguirás entrenándome?"

"¡Rayos, sí!" – exclamó Mitsui, casi ofendido – "¡Tus piernas siguen siendo iguales a las de un pollo! ¡Y sigues saltando bajo y continúas mirando al puso cuando deberías estar mirando al oponente! ¡Y no voy a dejar que me culpes después por perder, así que seguirás trabajando hasta que me odies!"

Ayako sonrió ampliamente cuando vio la determinación de sus ojos, mientras caminaba junto a él calle abajo.

"Como si ya no te odiara, pedazo de idiota" – dijo, riendo levemente

"¿Quieres…hum…?" – Mitsui señaló vagamente el pequeño café que se encontraba en la acera de enfrente. Sonrió cuando Ayako ensanchaba sus ojos. –"¿Qué? ¿Acaso crees que no puedo siquiera manejar algo parecido a una conversación fuera de la cancha o camino a la escuela?"

"Mientras no invites a tus amigos pandilleros…" – dijo Ayako, empujándolo hacia adelante

Mitsui rió por lo bajo cuando la vio caminar frente a él. Sacudió la cabeza, mientras veía la figura de Ayako caminar alegremente.

Continuará…