Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, ni mucho menos la serie. Gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer esta historia, en especial a Nick! Y esperaré ansiosa sus reviews. Esta vez me inspiré, y para no dejarlos curiosos, terminé este capítulo y el que sigue. Espero que les guste, saludos a todos!

Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Cinco: Diferencias

Mitsui estrujaba incesantemente el balón, mientras miraba una y otra vez a la entrada de la cancha. Miró su reloj: seis y cuarto de la mañana. Cuarenta y cinco minutos de retraso. Y rayos que la haría pagar por eso. Idiota de él que creyó que darle el domingo de descanso no la haría creer que podía olvidarse de la disciplina. Y más aún, lo encolerizaba que no sólo comenzara a creerse mejor que todos por haber jugado fenomenal en su primer partido, sino que estaba aprovechándose de la creciente, pero aún dudosa cercanía entre ellos. Después de todo, él era su entrenador antes de cualquier otra cosa. ¿Quería que la entrenara? Ahora iba a ver cómo era cuando se enfurecía.

Sin embargo, le preocupaba lo que estaba sintiendo: ¿Qué era esa extraña de sensación que lo estrujaba en el cuello? ¿Por qué esta ausencia tenía un sabor a traición?

A las siete, Mitsui gruñó levemente y caminó directo hacia la salida. Tomó su bolso, completamente enfurecido, y salió mientras el sol veraniego de la mañana lo golpeaba en el rostro. Frunció el ceño pensando en la mejor manera de destrozar a Ayako en la cancha. Por su propio bien, que se olvidara de su supuesta amistad dentro de la cancha, porque la haría sufrir hasta las lágrimas.

Estuvo todo el día distraído, mientras miraba por la ventana del salón de clases. Se sorprendió cuando, con el paso de las horas, su enojo se iba mitigando lentamente. Casi siempre, cuando algo lo hacía enfadar tanto como en esos momentos, podía estar así de enfurecido por días completos, llegando incluso a lo absurdo de las semanas. Pero, con todo, poco a poco sentía que la ira irracional que lo invadía se iba desvaneciendo mientras lo rodeaba el silencio de sus pensamientos.

Ayako era una chica responsable. Era dedicada. Era fuerte cuando se trataba de perseguir sus objetivos. No dejaría todo por lo que había trabajado simplemente por estar cansada. No habría abandonado la práctica por querer dormir un par de horas más. No habría faltado sin avisarle primero. Algo debería haberle ocurrido.

Con el deseo de saber el por qué girando una y otra vez en su mente, caminó rápidamente hacia los vestidores. Sintió la presión en sus oídos mientras cada paso le seguía al otro, sin poder dejar de pensar que alguna explicación lo estaría esperando en el gimnasio. Porque…todo esto del secreto de los entrenamientos no se aplicaba al día a día en las prácticas del equipo, ¿no es cierto? ¿O simplemente tenía permitido ser su amigo cuando nadie podía verlos? Eso hizo que apareciera la ira nuevamente.

"¿Y tú por qué tienes esa cara?"

Mitsui alzó los ojos, ceñudo, para encontrarse con la cara sonriente de Miyagi. Entornó los ojos, sin poder entender bien por qué. La inexplicable ira que lo envolvía en la mañana lo estremeció, y no comprendía por qué se agudizó en cuanto vio la cara de su compañero.

"¿Qué cara?"- preguntó de vuelta, concentrándose una vez más en las cintas de su zapatilla derecha, apoyada sobre la banca frente a los casilleros.

"Pues esa que tienes, pedazo de idiota" – le respondió Miyagi, golpeándolo levemente en el hombro – "Tienes peor rostro que cuando te boté ese par de dientes"

"Me los botaste porque bajé la guardia y porque nunca creí que fueras nada más que un enano debilucho" – le respondió, molesto por el comentario divertido del joven – "Así que no andes por ahí pavoneándote, idiota"

"Guau…" – dijo Miyagi, ensanchando los ojos con sorpresa – "Pues sí que estamos de buen humor hoy…"

"¡Pues si tanto te molesta mi mal humor, lárgate de una buena vez!" – dijo, levantándose furiosamente de su asiento para salir del vestidor.

¿Pero qué rayos le ocurría? ¿Qué significaba esa extraña furia que lo tenía atrapado? ¿Y por qué diantres había comenzado con la ausencia de Ayako? ¿Y por qué había crecido aún más en cuanto vio a Miyagi? No se dio cuenta cuando ya estaba en el patio de la escuela, con la suave brisa acariciando su cara. Respiró hondo, sintiendo un pequeño alivio recorrer su pecho. Cerró los ojos, imaginando que todo aquello era una estupidez. ¿Por qué habría de importarle todo eso? Lo único que lamentaba era que esta especie de drama en el que se encontraba, porque por sobre todo, el drama y el enredo lo había armado él con sus inexplicables líos mentales. Tal vez era mejor que se concentrara en entrenar para el campeonato nacional de ellos, que era lo que realmente debería ocupar sus pensamientos, y no otra cosa.

Notando que ya era tarde, se dirigió con rapidez al gimnasio, decidiendo que ya era suficiente de toda esta tontería. Entró rápidamente, mientras observaba que el resto del equipo aún no comenzaba a entrenar. Inconscientemente, sus ojos volaron hacia el costado de la cancha. Y ahí, con sus ropas deportivas habituales, se encontraba ella.

Sus dientes rechinaron. Su mandíbula se tornó inexplicablemente rígida. Sus manos se cerraron, convirtiéndose en puños. Ahí se encontraba, sin ningún signo que le diera a entender que había faltado a la práctica de la mañana por alguna razón verdadera. Estaba sonriente, animadamente conversando con Miyagi, quien enrojecía y pasaba sus manos por su corto cabello con cada gesto de la muchacha. ¿Y es que acaso se equivocaba? ¿Estaba acaso…coqueteando con Miyagi? ¡¿Coqueteaba con él?

La voz de Akagi lo devolvió momentáneamente a la práctica. Sin embargo, mientras corría de un lado a otro de la cancha en un ejercicio rutinario, sus ojos estaban fijos en la figura de Miyagi. Ni siquiera se detuvo por un segundo a mirar a Ayako. Por alguna extraña razón cuya verdad su cerebro se negaba a revelar, sentía que ella no se merecía siquiera que desperdiciara un segundo en posar su mirada en su figura.

Lamentablemente, las consecuencias de su incontrolable enojo las pagó Miyagi. El profesor Anzai les pidió que formaran dos equipos. Inmediatamente, se alineó con el equipo contrario al del joven con el arete. Luego de sólo diez minutos de juego, la nariz de Miyagi sangraba y Mitsui era expulsado del juego por acumular cinco faltas…misteriosamente, todas contra el joven. Bebió casi la mitad de una botella de agua de un solo trago, mientras intentaba calmarse sentándose al borde de la cancha. Miró una vez a Ayako, quien tenía sus ojos fijos en el juego. Y aquello solo hizo que se enojara aún más.


"Empieza a correr" – dijo Mitsui con voz áspera, mirando su cronómetro – "Treinta vueltas"

"¿Treinta?" – preguntó Ayako, ensanchando los ojos – "¿Por qué deb-?"

"¡SERÍAN QUINCE SI ES QUE HUBIESES CORRIDO LAS QUINCE DE LA MAÑANA!" – le gritó Mitsui, acercando su rostro al de la joven, rechinando los dientes – "¡Y TE HE DICHO MIL VECES QUE NO DISCUTAS CONMIGO! ¡TREINTA VUELTAS, AHORA!"

Ayako suspiró amargamente, mientras comenzaba a correr. Sentía una ira espantosa recorriendo todo su ser, pero supo que era mejor no seguir discutiendo con él. Por supuesto que estaba enfurecido con ella, pensó. No esperaba menos después de haber faltado a la práctica de la mañana. Y estaba perfectamente preparada para soportar el castigo de la furia de Mitsui.

Si tan sólo pudiera decirle por qué no había logrado llegar. Si tan sólo pudiera contarle para que lograra comprender.

Si tan sólo pudiese contarle a cualquiera…

Mitsui estaba inexplicablemente intranquilo, mientras caminaba de un lado a otro por el borde de la cancha. Veía como Ayako corría, sin siquiera quejarse debido a que el joven soplaba el silbato para que corriera más rápido con mucha más frecuencia que en las otras prácticas. Había algo que le llamaba la atención…había algo en su mirada, había algo en la expresión de su rostro…¿qué era? Parecía…¿derrota?

¿Qué le había pasado a esa chispa, a ese fuego interno que se escapaba a través de los ojos de Ayako cada vez que ponía siquiera un pie en la cancha? ¿Dónde estaba? Pero, sin embargo, fiel a su manera de ser, en esos momentos estaba tan enfurecido que no le importaba en lo más mínimo. Había estado todo el día asquerosamente furioso, y sentía que era culpa de ella. Y ahora que la tenía bajo sus instrucciones, los planes para aquella práctica era descargarse con Ayako. Ojo por ojo.

Le arrojó el balón al pecho con toda la fuerza de la que fue capaz, sin darle tiempo siquiera para que bebiera un trago de agua.

"Ahora" – dijo, situándose bajo la canasta – "En el partido del sábado cometiste varios errores: Partiendo por la idiótica costumbre que tienes de mirar al suelo, siguiendo porque sigues saltando aún más bajo, si es posible, y luego con lo lenta que eres para girar cuando estás debajo de la canasta"

Ayako suspiró, mientras comenzaba a botear el balón contra el suelo de la cancha. También había esperado aquello: que, sabiendo que era mejor jugador que ella, comenzara enumerar sus errores uno tras otro, sin ningún tipo de consideración. Después de todo, ahora que lo conocía mejor, sabía que la delicadeza no se contaba entre sus numerosos talentos.

Mirándolo directo a los ojos mientras corría, trató de pasarlo por la derecha con un giro rápido. Por supuesto, Mitsui fue más veloz que ella y la bloqueó con su ancha y musculosa espalda, provocando que ella se estampara contra el piso con un ruido seco.

"¿QUÉ TE HE ESTADO DICIENDO DE LOS GIROS?" – Le gritó, volviendo a su posición defensiva – "¡SABES QUE VOY A DETENERTE POR LA DERECHA, PORQUE ESO ES LO QUE DIGO POR LA FORMA EN QUE DEFIENDO! ¡Y ESO LO SABRÍAS SI DEJARAS DE MIRAR MIS PIES, MALDITA SEA!"

La joven asintió una vez, enjugando el sudor de su rostro y recuperando el balón en cuanto se puso de pie. Echó de menos la mano de Mitsui, que siempre la ayudaba a levantarse. Dios, realmente debía estar enfurecido con ella. Parecía el primer día de práctica, cuando se comportaba como un verdadero desgraciado. Sin embargo, como muchas cosas que le sucedían en esos momentos, decidió aceptarlo en silencio.

Siempre en silencio.

Siempre a oscuras, sin importar cuanta gente la rodeara.

"¡VUELVE RÁPIDO A TU POSICIÓN!" – escuchó a Mitsui, a sus espaldas – "¡EL RELOJ NO VA A DETENERSE NI TAMPOCO EL EQUIPO CONTRARIO MIENTRAS TE PASEAS POR LA CANCHA!"

Lo intentó por más de una hora. Eran casi las nueve y media, y ya que la práctica del equipo había terminado a las seis y media, significaba que llevaban entrenando casi tres horas, y durante toda la última de ellas había intentado pasarlo, sin éxito, por supuesto. Ayako cayó al piso por centésima vez, mientras Mitsui recogía el balón.

"De acuerdo" – dijo el joven, con voz dura – "Suficiente por hoy"

Ayako asintió, levantándose del piso sin su ayuda. Caminó lentamente, exhausta, hacia el pequeño bebedero que había tras una de las puertas de la derecha del gimnasio, luego de coger su bolso. Mitsui la observó, mientras sentía un pinchazo de culpabilidad atravesar su pecho. Había sido brutal con ella, y no se sentía mejor, como había esperado. Y lo peor es que lo que hacía que el remordimiento creciera dentro de él era la actitud de la muchacha: A pesar de ese mal carácter que había comenzado a apreciar con el paso de las semanas, Ayako no se había quejado ni una sola vez. La había tratado como un pedazo de basura que hace todo absolutamente mal, y aún así, ni una sola palabra había salido de su boca. Luego de esa pequeña intervención, que él había silenciado con un solo grito, Ayako no se había atrevido a decir nada más. Cerró los ojos, entendiendo la razón y sintiéndose peor: Ella había creído que podía hacerlo. Ayako creía que ahora sí podía discutir con él, porque de alguna u otra manera, había accedido a confiar en él. Y él había hecho lo contrario, aún después de haber sido él quien le había pedido que depositara su confianza en él. Después de todo…¿se había molestado siquiera en preguntarle por qué no había llegado aquella mañana? Por supuesto que no. Estaba demasiado preocupado en sacarse la ira del pecho luego de un montón de reacciones estúpidas por el solo hecho de haberla visto cómoda conversando con alguien que no era él.

Dominado por la sensación de haber arruinado algo que le importaba, caminó hacia el pequeño bebedero, cuya puerta estaba cerrada, preparado para ofrecerle una disculpa a Ayako. Abrió la puerta rápidamente, pero se detuvo al instante. La joven estaba cambiándose de ropa, y no había notado que Mitsui había entrado. Tenía puesta solamente la falda del uniforme, los calcetines y los zapatos, mientras desbotonaba la camisa para ponérsela. Tratando de evitarse la mayor bofetada de su vida, Mitsui cerró los ojos y retrocedió, pero algo del primer vistazo en cuanto entró lo detuvo, frunciendo el ceño. Se volteó rápidamente, silencioso como siempre, para comprobar por un segundo si es que se había equivocado.

Ensanchó los ojos en cuanto se fijó nuevamente en la espalda de Ayako: Inmensos moretones y arañazos la cubrían desde la base posterior del cuello hasta la cintura. La joven pasó un brazo por la camisa, cubriendo su espalda, y soltó un pequeño gemido que no podía ser otra cosa que dolor. En cuanto se volteó para terminar de ponerse la camisa, reparó en la figura de Mitsui, que aún estaba parado en el umbral de la puerta, con una mano en la manilla de ella, y rígido de pura sorpresa.

"¿QUÉ RAYOS HACES AHÍ?" – gritó, mientras abotonaba el último de los botones para cerrar su camisa – "¡SAL DE AQUÍ EN ESTE INSTANTE!"

"¿Qué…?" – preguntó él, ignorando los gritos de la joven, que se alejó en cuanto él dio un paso hacia ella – "¿Qué rayos te pasó?"

Ayako recogió su bolso rápidamente, mientras evitaba la mirada de Mitsui y se mordía el labio. ¡Rayos, pero qué descuidada!

"No es asunto tuyo" – le dijo, casi corriendo hacia la salida. No contaba con que Mitsui le bloquearía el paso en cuanto ella intentara escapar de la situación. Suspiró, mirando hacia el piso – "Sal de mi camino, por favor"

"¡No!" – exclamó él, tomándola por los hombros y obligándola a que lo mirara –"¡No vas a salir de aquí hasta que me digas qué diablos te pasó!"

"¡Me caí de las escaleras!" – dijo ella, inventando la primera excusa que se cruzó por su mente. Mitsui hizo un ruido que era una mezcla de risa y frustración

"Sí, claro…" – dijo, entornando los ojos – "¿Y rodaste de espaldas solamente? ¿O te atropellaron de nuevo y no recuerdas el resto OTRA VEZ?"

"¡NO ES ASUNTO TUYO, MALDITA SEA!" – exclamó ella, rechinando los dientes. Una inmensa ira se esparcía por todo su cuerpo, y actuando por impulso, empujó con todas sus fuerzas a Mitsui, quien se tambaleó un poco hacia un lado. Aprovechando la oportunidad, salió del pequeño bebedero, y caminó directo hacia la salida. Sin embargo, casi cayó al piso cuando el fuerte brazo de Mitsui la detuvo, agarrándola de la muñeca y haciéndola girar hasta que estuvo frente a él. – "¡DÉJAME IR, AHORA!"

"¡NO! ¡DIME QUÉ FUE LO QUE TE PASÓ O NO TE IRÁS JAMÁS DE AQUÍ!"

"¡YA TE DIJE LO QUE ME PASÓ!"

"¡NO TE CREO, ASÍ QUE EMPIEZA A DECIRME LA VERDAD SI ES QUE QUIERES IRTE ALGUNA VEZ DE ESTE GIMNASIO!"

"¡ME IMPORTA UN DEMONIO SI ES QUE UN IMBÉCIL COMO TÚ ME CREE O NO!"

Sin embargo, la joven ensanchó los ojos y se le acabaron las excusas y las ganas de gritar cuando el muchacho la agarró por los hombros y se acercó a ella.

"¡¿QUIÉN TE HIZO ESTO?" – le gritó, tan cerca que casi podía tocar la nariz de la muchacha con la suya

No entendió hasta que vio los ojos sorprendidos de Ayako que había hecho la pregunta correcta, la más importante, la que realmente debía haber hecho desde el momento en que había notado la cicatriz en el pecho de la joven.

Aquella pregunta que nadie le había hecho. Aquella pregunta que jamás había contestado con la verdad.

Sintió una inexplicable sensación de compasión y algo más que aún no lograba nombrar dentro de él cuando los azules ojos de Ayako comenzaron a nublarse. Notó cómo el cuerpo de la joven comenzaba a temblar bajo sus manos. Y era por algo más que cansancio. Era algo más que angustia. Era algo más que miedo.

Era derrota. Profunda y solitaria derrota.

Dejando escapar un inaudible sollozo, Ayako bajó la cabeza, mientras Mitsui vio cómo dos pequeñas gotas caían al suelo luego de salir de sus ojos. Actuando por lo que le dictaba todo menos su cerebro, empujó suavemente el cuerpo de la muchacha hacia el suyo, mientras ella apoyaba levemente su frente contra su hombro. Lo más delicadamente que pudo, cerró sus brazos alrededor de Ayako, justo cuando ella estrujaba la camiseta del joven con sus finas manos. Mitsui apoyó su mejilla contra el cabello de la muchacha, escuchando sus sollozos, dejando que estropeara su ropa con sus lágrimas, mientras pasaba sus dedos por el sedoso cabello de Ayako, ya que no se atrevía a lastimarla con algún gesto imprudente sobre su espalda.

"Diablos, chica…" – murmuró, luego de varios minutos sin que ella lograra calmarse – "Tan sólo dime quién rayos te hizo esto para partirle la cara"

"N-N-N-No pu-puedo" – tartamudeó ella, entre sollozos. Luego, respiró hondo, alejándose un poco del cuerpo de Mitsui. Sin embargo, la sorprendió que él no pusiera distancia entre ellos. Aún tenía su mano derecha en la parte posterior de su cabeza, mientras la otra estaba delicadamente rozando su mejilla – "De verdad que no puedo"

"Dímelo y lo haré" – Mitsui, apoyando su frente contra la de Ayako – "Dime qué rayos es lo que pasa y yo lo arreglaré"

"Está todo tan arruinado que dudo que puedas arreglar algo, Mitsui" – murmuró Ayako, a través de una pequeña sonrisa – "Y si no he podido arreglarlo sola no creo que-"

"¡Pero es que no tienes que arreglarlo sola!" – exclamó el joven, frustrado – "¡Quién quiera que sea el hijo de perra que te hizo esto es porque sabe que no puedes defenderte! ¡Dime quién lo hizo y lo partiré a golpes antes de que siquiera pueda ver quién lo está haciendo!"

"Ojalá pudiera decírtelo" – murmuró Ayako, separándose de él – "De verdad que quisiera"

Mitsui guardó silencio mientras veía a la joven despedirse con una mirada triste. Suspiró, tomando su bolso del piso. Sin embargo, la voz de Ayako hizo que levantara la cabeza para observarla una vez más.

"¿Cinco y media, como siempre?" – preguntó, cuando a sus ojos regresaba esa bella chispa que una vez lo hizo pensar que esa muchacha era más hermosa de lo que había notado antes.

"No me atrevería a llegar tarde" – respondió él, sonriendo levemente.


Sabía que lo que estaba haciendo estaba absolutamente mal. Mitsui sacudió la cabeza, tratando de persuadirse de dar media vuelta y regresar directamente por donde había venido. Pero algo en su mente le decía que, si quería alguna vez encontrar una respuesta, esta era la única manera de hacerlo. Miró ansiosamente por sobre su hombro una y otra vez, asegurándose de que nadie lo estaba siguiendo, o más bien…que nadie se diera cuenta de que él estaba siguiendo a alguien.

Esperó a que diera vuelta en la esquina. Apenas vio su pequeña y delgada figura desaparecer, corrió hasta la esquina, repitiéndose una vez más que lo que hacía era, por lo bajo, una imprudencia y una estupidez.

Recién había terminado la práctica del día viernes. Eran casi las seis de la tarde, y ambos habían quedado en que sólo habrían de entrenar una hora ese día. No habían cruzado una sola palabra acerca del incidente del lunes durante toda la semana. Ayako volvía a ser la misma con él, y él con ella, pero había algo en la manera en que miraba a su alrededor que le indicaba que algo estaba mal más allá de lo que cualquiera era capaz de ver. Entendía que no era un asunto de confianza, entendía que lo que Ayako no quería decirle no era porque no quisiera, sino porque no podía.

Había estado pensando mil veces durante toda la semana, buscando una razón por la que este impulso dentro de él lo había llevado a seguirla luego de haberse despedido. Y a la única conclusión a la que llegó fue que ella le importaba: Tanto como para querer ayudarla…sin que ella lo supiera. Se propuso como un desafío personal el averiguar qué era lo que ocurría, y tomó la determinación de vengarse de quien le hubiese hecho daño a Ayako, sin importar las consecuencias de sus actos.

Se detuvo cuando ella lo hizo, frente a una inmensa casa de color amarillo pálido. Notó que estaba ciertamente nerviosa, ya que se estrujaba las manos sin parar, en un gesto particularmente icónico de su manera de ser. Mantuvo la distancia, mientras entornaba los ojos ante el luminoso rayo de sol lo enceguecía.

La imagen que apreció lo hizo sonreír inconscientemente: Una inmensa expresión de felicidad se cruzó por el rostro de la joven, mientras se inclinaba levemente hacia adelante y extendía sus brazos. Corriendo a su encuentro, una pequeña de no más de cuatro años, con el cabello largo y rizado de un bello color castaño oscuro, se lanzó a los brazos abiertos de Ayako. La joven la tomó y la levantó de tal manera que pudo hundir su nariz en los intrincados rizos de la pequeña, mientras ella cerraba sus pequeños brazos alrededor del cuello de la muchacha. Luego de depositarla en el piso nuevamente, una pequeña mujer se acercó, de alrededor de unos setenta años, quien le entregó un pequeño bolso de color rojo. Ayako se despidió con un beso en la frente de la anciana, mientras estiraba su mano hacia abajo para que la pequeña la cogiera.

Mitsui apreció la luz que se desprendía del rostro de Ayako, mientras decidía qué era lo que haría luego. ¿Debía seguirlas? ¿O eran ya suficientes imprudencias por un solo día? Decidió lo segundo: Ya era demasiado. No sólo estaba siendo increíblemente irracional, sino que además ese actuar hacia ella estaba bordeando peligrosamente el límite de la paranoia. De todas maneras, ¿qué tanto podría averiguar de lo que estaba viendo en esos momentos? Evidentemente, Ayako sólo había pasado a la casa de algún familiar para recoger a esa pequeña niña. Ningún peligro en ello.

Andaba de aquí para allá. Mitsui simplemente no podía quedarse quieto. Estaba paseándose incesantemente por su habitación, mientras miraba al techo, como si sobre su cabeza se encontrara una respuesta que de sorpresa caería sobre él para solucionar todo lo que lo preocupaba. ¿Qué rayos estaba haciendo?

Miró el reloj sobre su mesa de noche. Las once de la noche. Al día siguiente tenía práctica con el equipo a las 7 y media de la mañana, a la que pretendía asistir, para luego salir corriendo a las diez y media, y así lograr llegar puntual al segundo partido de Ayako, a las once. Por supuesto, no le había mencionado que iría a verla, pero era casi un acuerdo silencioso entre ambos que él no se perdería a ninguno de los partidos de la muchacha. Sin embargo, teniendo todas las razones posibles para decidirse a ir a descansar, no podía encontrar la manera de guiar sus pensamientos hacia otra dirección.

Y esa dirección se estaba acercando peligrosamente hacia alguna señal de Ayako.

Miró el teléfono. Sacudió la cabeza, tratando de luchar contra la ridícula e impertinente idea de llamarla. ¿Y qué rayos iba a decirle? "¿Hola, lo siento, pero no puedo dejar de pensar en ti?". Claro, eso sí que la haría pensar bien de él.

Finalmente, la parte irracional de Mitsui ganó la pelea, haciendo que tomara el teléfono y discara rápidamente su número. Mientras escuchaba el sonido del marcado en la otra línea, se observó en el espejo, descubriendo en el reflejo que estaba mordiéndose el labio inferior. Frunció el ceño, asustado al darse cuenta de que progresivamente estaba adoptando los gestos de Ayako.

"¿Hola?" – contestó una voz somnolienta, del otro lado. Mitsui inconscientemente se golpeó la frente con la palma de la mano. Por supuesto que estaba durmiendo, no todos pasaban las horas mirando el techo como él. – "¿Hola?"

"Ho-Hola" – dijo, mirando hacia el suelo de su habitación.

"Mitsui?" – preguntó ella, en un tono más alto – "¿Qué pasa?"

"Nada" – se apresuró a contestar él. Sin embargo, no sabía cómo continuar. No había pensado en qué iba a decirle en cuanto contestara. – "Esto…sólo quería saber…cómo estabas"

"Dormida, evidentemente…"- el murmullo estaba mezclado con una risa – "Y tú, ¿por qué estás despierto aún? Pensé que habías dicho que querías dormir temprano hoy"

"Sí, en verdad estoy cansado, pero…no podía dormir"

"¿Te pasa algo? ¿Hay algo que quieras decirme, Mitsui?"

"¿Qué, es demasiado raro que te llame por teléfono? ¿Tú no llamas a tus amigos, acaso?" – pensó que aquella era una buena salida.

"Yo, sí, pero…tú no eres del tipo que llama por teléfono simplemente para conversar del clima"

"¿Y quién habla del clima?"

"¿Te importaría decirme de una vez por qué me llamaste?"

"Ya te lo dije" – murmuró él, sentándose sobre la cama – "Quería saber si es que te encontrabas bien"- Aguardó, pacientemente, mientras escuchaba que la muchacha suspiraba levemente.

"Estoy bien" – la voz de la joven sonaba segura – "Un poco nerviosa por el partido de mañana, nada más. Pero, por lo demás…me encuentro bien. Lo siento, no creas que me molesta hablar contigo, pero mi hermana pequeña está durmiendo conmigo en estos momentos, y no quisiera despertarla" – Mitsui estuvo a punto de decirle que ahora entendía quién era la niña pequeña, pero no tenía una excusa decente para esconder el hecho que la había estado siguiendo – "Así que trataré de dormir ahora, ¿de acuerdo? Esto…¿no dejarás de ir mañana al partido, verdad?"

"Jamás se me ocurriría" – le dijo, consciente de que ella no podía ver la sonrisa que se había dibujado en su rostro – "Duerme bien. Buenas noches, Ayako"

"Buenas noches, Mitsui"


Miyagi observó atentamente a Mitsui. Por alguna razón, no entendía por qué se lo veía tan enfurecido. Él siempre era de los que se entusiasmaba aún más si es que las prácticas se alargaban. Le gustaba pavonearse cuando todos los demás se cansaban y él no. Y sin embargo, en cuanto Akagi dijo que jugarían un partido más, cuando eran cerca de las diez y media, Mitsui había protestado, diciendo que supuestamente sólo debían entrenar hasta esa hora. Por supuesto, Akagi lo había silenciado con tan sólo una mirada, mientras Mitsui tomaba su posición en la ofensiva, rechinando los dientes.

Se comportaba más agresivamente que antes. Estaba furioso e iracundo, y miraba el reloj a cada segundo. Miyagi alzó una ceja. Sintió un pinchazo de sorpresa, cuando el extraño comportamiento de su amigo lo llevó a una conclusión que ciertamente lo desconcertaba: ¿Tenía alguna relación la manera en que se comportaba Mitsui con que Ayako no se hubiera presentado aquel sábado? Era la segunda vez. Y ahora que lo pensaba, el sábado pasado, cuando ella no había asistido a la práctica, Mitsui tampoco lo había hecho.

De repente, escuchó que el profesor Anzai llamaba a Mitsui. El joven tomó aire, evidentemente tratando de controlar su ira, mientras se acercaba hacia el anciano director. Continuó jugando, pero su mirada seguía fija en los dos. Frunció el ceño cuando el rostro de Mitsui se iluminaba y estrechaba la mano del profesor Anzai. El muchacho corrió rápidamente hacia el borde de la cancha, y tomó su bolso. Sacudió la cabeza, pensando que tal vez su amigo tenía una buena razón para tener que irse, y que esa razón no tenía nada que ver con Ayako. Sin embargo, el profesor Anzai lo llamó nuevamente. Mitsui se detuvo para mirarlo, y sonrió cuando el anciano le entregó un objeto para que se lo llevara.

Miyagi sintió cómo en su pecho se formaba un enorme agujero: Era el abanico de Ayako.

Continuará…