No me pertenece Slam Dunk, como tampoco ninguno de sus personajes. Gracias a todos por leer, espero sus reviews y ojalá les guste!

Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Seis: Lo que pasa cuando el espacio...se reduce

Ayako suspiró, exhausta, mientras una de las muchachas de la reserva le entregaba una botella con agua. Miró el marcador: Perdían por siete puntos, y sólo quedaban dos minutos para que terminara la primera mitad. Sentía un frío terrible recorrer su espalda, mientras miraba incesantemente hacia las gradas. No había rastro de Mitsui. Y le molestaba en sobremanera no poder concentrarse a causa de su ausencia. Había estado cometiendo los mismos errores que en los entrenamientos, pero no podía dejar de sentir que algo le faltaba si es que él no se encontraba cerca para apoyarla. Simplemente…no sentía que era ella misma en la camiseta de su equipo si es que Mitsui no estaba ahí. La imagen del partido sin él…no estaba completa.

Volvieron a la cancha y tomó su posición defensiva. Corrió rápidamente para bloquear a la centro que había estado causándoles grandes problemas durante los últimos minutos. En cuanto logró arrebatarle el balón, comenzó a correr hacia la canasta del equipo contrario. Sentía la adrenalina recorrer su pecho mientras se concentraba en la figura de la muchacha que se encontraba bajo la canasta, lista para detenerla. En cuanto dejó atrás a las demás del equipo contrario, se detuvo frente a su oponente, boteando el balón mientras pensaba en cómo pasarla. Inconscientemente, bajó la cabeza para concentrarse, pero rápidamente levantó la vista, sorprendida, en cuanto una voz furiosa se alzó como una ola desde las gradas, por encima de todo el ruido que producían los espectadores.

"¡DEJA DE MIRAR SUS PIES Y LEVANTA LA CABEZA DE UNA VEZ, MALDITA SEA!"

Sin tener tiempo para voltearse, Ayako obedeció y se enfrentó a la joven que intentaba acercarse a ella. Sin pensarlo dos veces, dio un giro utilizando solamente sus tobillos, logrando pasarla con gran rapidez. Saltó lo más alto que pudo y depositó el balón en la canasta. Por los gritos de sus compañeras, descubrió que había encestado. Comenzó a correr hacia su canasta para defender, y mientras lo hacía, su mirada voló hacia las gradas.

Y su mirada quedó atrapada en otra mirada. Una sonrisa ancha se extendió por su rostro en cuanto sus ojos se posaron en la figura de Mitsui. Evidentemente, parecía agitado y todavía tenía puesta la tenida deportiva que utilizaba para entrenar. Sacudió la cabeza, para alejar los pensamientos que antes la habían invadido: Claro que él no le habría fallado jamás. La práctica se había alargado más de la cuenta, probablemente, y por la forma en que se veía, era evidente que había corrido para llegar a su partido de todas maneras.

Levantó el pulgar hacia él en cuanto se acabó la primera mitad: Ahora estaban ambos equipos empatados. Y era gracias a las últimas tres canastas de Ayako. Mitsui le guiñó un ojo, mientras la observaba desparecer por las puertas del gimnasio hacia los vestidores.


Mitsui alzó levemente el puño, en un inconsciente gesto de felicidad y orgullo cuando vio a Ayako saltar alegremente, envuelta en el abrazo de su capitán, luego de que sonara la campana que anunciaba el final del partido. Una oleada de súbita emoción recorrió todo su cuerpo, en cuanto vio el marcador: Esta vez, no habían ganado por dos puntos. La victoria se la habían llevado Ayako y sus compañeras por más de veinte. Se levantó de su asiento para dirigirse a la salida. Asintió una vez hacia a Ayako, dándole a entender que, al igual que la última vez, la esperaría fuera del gimnasio.

Ayako caminó rápidamente hacia la salida, impaciente por encontrarse con Mitsui. Estaba lista para recibir un par de regaños de su parte, sobre todo a causa de su falta de concentración. Pero, en realidad, no podía importarle menos si es que él la reprendía. Lo que la sorprendía en aquellos momentos era otra cosa: Que verlo cerca de ella y escucharlo dirigirse sólo a ella…se había convertido en algo muy parecido a la imperiosa necesidad de respirar.

En cuanto cruzó la puerta de salida, se encontró con la figura de Mitsui. A diferencia de la última vez, no la esperaba con la mirada cálida que en ese momento la reconfortó. Lo único que hizo fue recibir su bolso cuando ella lo lanzó hacia él, para luego acercarse un poco a ella.

"Te prometo que la próxima vez que te sorprenda mirando hacia el piso, voy a envolverte el cuello con cinta adhesiva" – le dijo, empujándola levemente, en aquel gesto tan propio de él – "A ver si es que de esa manera logras mantenerla erguida"

"Oh, vamos, no fue tan grave,¿ o sí?" – preguntó Ayako, alzando la cabeza para mirarlo más de cerca. Mitsui soltó una carcajada: Aquello siempre lo había hecho reír; cuando ella alzaba la cabeza para hablarle y casi no lograba verlo a los ojos por su baja estatura. Se parecía a la imagen de una niña que no podía alcanzar un frasco de la última repisa del supermercado. Y sí, se daba cuenta de que Ayako estaba haciéndolo porque sabía que de esa forma siempre su mal humor se esfumaba.

"Cállate ya" – dijo, abriendo la puerta para que ella saliera primero

Caminaron juntos calle abajo, disfrutando de la fría brisa que soplaba en esos momentos. Mitsui alzó los ojos hacia el cielo, notando la forma en que las nubes comenzaban a reunirse sobre ellos.

"Oye, ¿tienes algo que hacer ahora?" – preguntó Ayako, con los ojos encendidos de súbita emoción – "La práctica en la escuela ya se debe haber acabado, podríamos ir a jugar un poco al gimnasio, ¿te parece?"

"Pues sí que estás animada hoy" – comentó Mitsui, alzando una ceja – "¿No tuviste suficiente con el partido de hace un rato?"

"Si tienes miedo, siempre podemos dejarlo para otro día" – comentó Ayako, con una sonrisa de suficiencia

"¿Qué yo te tengo miedo a ti?" – preguntó él, riendo – "Sigue soñando, niña"


Mitsui volvió a reír cuando vio al figura de Ayako moviéndose sigilosamente hacia las puertas del gimnasio, cerciorándose de que nadie pudiera verlos.

"¡Oye, deja de hacer eso!" – exclamó Mitsui, entre risas – "¡No es como si estuviéramos cometiendo un crimen o algo por el estilo!"

"Entra" – dijo ella, sonriendo. Cuando el joven lo hizo, cerró las puertas detrás de ellos.

Jugaron por más de dos horas, hasta que fue Mitsui quien le dijo que se detuvieran. Por supuesto, esto provocó un ataque de comentarios por parte de Ayako, partiendo por su supuesta superioridad a pesar del cansancio, para luego seguir por los "años" que Mitsui le llevaba.

"Para de creerte más joven que yo" – dijo Mitsui, exhausto – "Y si fueras tan buena como dices, no me habrías pedido que te entrenara en primer lugar. Los mejores no necesitamos entrenamiento especial"

"Sí, claro, anciano" - Ayako le tendió la mano para que él la cogiera – "Vámonos antes de que te dé un infarto o algo por el estilo"

Sin embargo, en cuanto salieron por las puertas del gimnasio hacia el patio, los detuvo la imagen de la lluvia que arreciaba incesantemente. Soltando un suspiro molesto, ambos corrieron bajo el agua hacia el edificio principal, quedando completamente empapados en tan sólo un par de segundos. No se detuvieron hasta llegar a los vestidores, mientras ambos trataban de no resbalar por los pasillos. Entraron a los vestidores, justo cuando algo atrapó la atención de Ayako: Había un trapeador apoyado justo en el umbral de la puerta, pero hacia el lado del pasillo. Pensó en que tal vez sería mejor que dejara los vestidores limpios, para que los muchachos no tuvieran que limpiar en la próxima práctica. Se acercó hacia la puerta, pero la figura de Mitsui la detuvo.

"¿Pero qué rayos haces?" – dijo, tomando la manilla de la puerta y cerrándola con un solo movimiento. Ayako abrió la boca, levantándose de puntillas para ver por la pequeña ventanilla que se encontraba en la puerta. Vio que el trapeador se había inclinado con el golpe de la puerta, con la punta deteniéndose justo debajo de la manilla. – "¿Y qué miras?"

Ayako ignoró las palabras de Mitsui, tomando la manilla de la puerta, y haciéndola girar. Ensanchó los ojos cuando notó que estaba bloqueada. No podía abrir la puerta.

"¡Genial!" – exclamó, enfurecida – "¡NOS DEJASTE ENCERRADOS!"

"¿Qué?" – Mitsui tomó el lugar de la joven cuando se apartó. Trató de girar la manilla varias veces, sin ningún resultado – "¿QUÉ DEMONIOS HACE ESE TRAPEADOR BLOQUEANDO LA PUERTA?"

"¡INTENTÉ SACARLO ANTES DE QUE CERRARAS!"

"¡¿Y POR QUÉ NO ME LO DIJISTE?"

"¡¿INSINÚAS QUE ESTO FUE MI CULPA? ¡PUES TE INFORMO QUE ESTAMOS ENCERRADOS GRACIAS A TI Y SÓLO A TI!"

"¡DEJA DE GRITARME!" – exclamó Mitsui, tomándola de los hombros. Cuando la muchacha suspiró levemente para calmarse, se inclinó hacia la puerta, empujándola. Pero no pudo abrirla.

"¿Qué hacemos?" – preguntó Ayako, sentándose en el piso

"Hay que esperar a que pare de llover" – dijo Mitsui, mirando por la ventana del otro lado del vestidor – "De esa forma podré salir por la ventana y bajar por el pasillo sin resbalar"

"Perfecto" – comentó la joven, viendo al muchacho tomar asiento junto a ella.

En un gesto que sintió que era perfectamente natural, Ayako se inclinó hacia un lado y apoyó su cabeza en el hombro de Mitsui. Y él, como respuesta casi automática ante la acción de la muchacha, apoyó su mejilla en el mojado cabello de Ayako. Cerró los ojos cuando lo alcanzó el suave aroma a cerezas que emanaba de la figura de la joven. Sin embargo, luego de varios minutos de silencio, notó que la muchacha comenzaba a tiritar. Frunciendo el ceño, tocó con su mano la mejilla de Ayako, dándose cuenta de que estaba increíblemente fría.

"Estás congelada" – dijo, moviéndose levemente hacia un lado para levantarse y tenderle la mano. – "Tienes que cambiarte de ropa"

"Pues acabo de recordar que dejé mi bolso en el gimnasio" – dijo Ayako, mientras su mandíbula comenzaba a ponerse aún más rígida a causa de los escalofríos – "Tengo la costumbre de dejar todo aquí, así que lo olvidé"

"Tengo una camiseta y la chaqueta del uniforme" – dijo Mitsui, abriendo su casillero y sacando ambas prendas – "Quítate esa camiseta mojada y ponte esto" – le lanzó la ropa seca, la cual aterrizó en la cabeza de Ayako. La muchacha se la quitó de encima, tomando la mano de Mitsui para levantarse – "Descuida" – comentó él, mientras pasaba a su lado e inclinándose hacia ella hasta estar a tan sólo unos centímetros de su oído – "Prometo que no miraré"

"Pedazo de idiota" – comentó ella, empujándolo hacia un lado. Sin embargo, antes de quitarse la camiseta mojada, comprobó por el rabillo del ojo que Mitsui realmente no estuviera mirándola. El joven estaba sentado, con la espalda contra la pared, con los ojos completamente cerrados. La muchacha se quitó rápidamente la camiseta mojada, para ponerse la de Mitsui. Por supuesto, le quedaba increíblemente grande, pero que en esos momentos, le venía a la mar de bien a causa del frío que sentía. – "Ya puedes mirar"

"No es que fuese a mirar algo que ya no hubiera visto" – comentó, observando a la muchacha sentarse nuevamente junto a él. Pero esta vez, luego de ver a la joven cubrir sus piernas con la chaqueta, levantó el brazo para cubrir con él los hombros de la muchacha. Sonrió cuando ella se inclinó para disminuir la distancia entre ellos, notando que ya no había ni un solo rastro de incomodidad en el comportamiento de ambos.

Porque eso era lo que ocurría: Ya ambos habían dejado de preocuparse de lo que el otro podría estar pensando, ya no importaba si es que esta clase de conducta era extraña para ambos. Simplemente, los dos podían entender que algo había aparecido entre ellos, que se habían acercado más de lo que habían esperado jamás, sobre todo si es que se trataba de dos personas como ellos. Porque, viendo las probabilidades que ambos tenían contempladas antes de comenzar los entrenamientos, jamás habrían imaginado que terminarían siendo amigos tan cercanos. Existían una suerte de complicidad y comprensión entre ellos que los llevaba a necesitarse.

Mitsui volvió a sonreír, mientras apoyaba nuevamente la mejilla sobre la cabeza de Ayako. Cerró los ojos, pero volvió a abrirlos cuando la voz de la muchacha lo sacó de sus pensamientos.

"Oye, ¿tú crees que para el próximo partido sea necesario que-?" – Sin embargo, ella se detuvo cuando alzó la cabeza levemente para observar más atentamente a Mitsui. Esto porque el joven había hecho algo parecido, y había inclinado su propia cabeza hacia abajo, para escucharla mejor.

Ambos se observaron en silencio, mientras los ojos de cada uno se deslizaban por los rasgos del otro. Mitsui notó por primera vez que Ayako tenía varias pecas sobre su nariz y que se esparcían desde ahí hacia los lados, decorando sus mejillas. Ella, por su lado, vio que los ojos de Mitsui tenían dos pequeñas manchas de color verde claro, que contrastaban con el azul profundo de ellos. Él vio que las pestañas de Ayako eran más gruesas de lo que recordaba. Ella notó que su piel estaba marcada por un pequeño lunar debajo de su ojo izquierdo.

Él actuó guiado por un extraño impulso que provenía de su pecho. Ella decidió no alejarse por otro impulso, que parecía venir del ritmo de su corazón acelerado. Mitsui rozó la mejilla de Ayako con los dedos de su mano derecha, mientras el brazo que envolvía los hombros de la muchacha se cerraba aún más, acercando su figura hacia él. Respirando el suave aroma que desprendía el cabello de la joven, rozó su nariz con la punta de la suya, mientras un escalofrío desconocido hasta entonces para él recorría su espalda. Ayako dejó que su mano tímidamente se alzara hasta el cuello de Mitsui, para después caer sobre el cuello de su camiseta. Sintiendo un calor que lo hizo sonreír mentalmente, Mitsui accedió al gesto autoritario de la muchacha, dejando que ella jalara de su camiseta para acortar aún más la distancia entre los dos. Finalmente, en el momento en que dejó de respirar y su corazón se aceleró más que nunca en toda su existencia, Mitsui dejó que el impulso tomara el control de sí mismo, para así presionar levemente sus labios contra los de Ayako. Notando la suavidad con que el muchacho rozaba sus labios, la joven cerró aún más sus manos en la camiseta de Mitsui, como si tenerlo así de cerca no fuera suficiente. El delicado toque de la piel de la muchacha hizo que él no pudiera resistirse, acariciando con sus labios con más intensidad que antes. Su mano derecha se deslizó desde su mejilla hasta el cuello de la joven, para luego perderse en los indomables rizos que caían sobre su espalda. Ayako sintió cómo un escalofrío la estremecía, y la única forma que pensó podía acallarlo fue ceder a él: Sus manos delgadas se alzaron hasta el rostro de Mitsui, una de ellas se posó sobre su mejilla, mientras la otra envolvía y revolvía el corto cabello del joven. Y sin embargo, completamente controlada por las emociones que la invadían en ese momento, aún sentía que no era suficiente.

Ayako se inclinó hacia él, apoyando el peso de su cuerpo sobre las rodillas, sin romper la conexión entre ellos. Mitsui se dio cuenta de que la muchacha, literalmente, se abalanzaba delicadamente sobre él, sin dejar de memorizar su rostro con sus manos. Podía sentir cómo se aceleraba la respiración de la joven cuando él rozaba su espalda suavemente con sus manos, por lo que decidió llevarlo un paso más allá. Impidiéndole que fuera ella quien se inclinara sobre él, con un movimiento rápido, fue él quien la empujó con el brazo izquierdo hacia su cuerpo, para luego determinadamente poner su mano en la parte posterior de su cuello y hundir sus labios en los de ella. Ayako suspiró en la boca de Mitsui, mientras tímidamente tocaba la punta de la lengua del muchacho con la suya. Por supuesto, fue todo el permiso que él necesitó: Sin dejar de empujarla hacia él, dejó que su lengua se apoderara de la boca de la muchacha, mientras ella no se resistía a la urgencia del beso.

Un demonio lo que pasara después, pensaba Mitsui. Un condenado demonio lo que pudieran pensar los demás. Un cuerno si es que esto lo complicaba todo. Lo que sentía en esos momentos lo valía. No, no era eso. Era ella. Ella valía lo que sentía en esos momentos, y si tenía que pagar las consecuencias de lo que estaba haciendo, incluso si es que Ayako lo hacía pagar las consecuencias…bien lo merecía.

Debido a que había comenzado a sumirse en sus pensamientos, lo pilló desprevenido el fuerte tirón de su camiseta por parte de Ayako. Rápidamente, perdió el equilibrio y se fue hacia adelante, pero alcanzó a atrapar a la muchacha por la espalda antes de caer. Sin embargo, el veloz movimiento sobre la espalda de la joven hizo que ambos cayeran, él sobre ella. Ayako hizo un imperceptible gesto de dolor, pero que no pasó desapercibido por Mitsui. Recordó los múltiples moretones y arañazos que había visto en ella, y que probablemente no habían cicatrizado aún. Quitó su mano de la espalda de la joven, para luego inclinarse sobre ella. Sonrió ante la imagen que tenía frente a él: Ayako observándolo con los ojos atentos y brillantes, las mejillas encendidas y el cabello esparcido como un abanico sobre el suelo del vestidor. Sin embargo, lo que lo hizo sentir esa extraña emoción nuevamente dentro de su pecho fue aquello que vio dentro de los ojos de la muchacha: En ellos, no había ni una sola señal de duda. De alguna u otra manera, había esperado encontrarse con una suerte de arrepentimiento por parte de ella. Se imaginó que le diría que eran sólo amigos, que esto no era apropiado, que era el peor momento para hacer algo como esto, que no era su tipo, que sólo lo consideraba un muchacho cualquiera, que le gustaba otro…y así había enumerado las dudas luego de separarse de ella. Pero, a pesar de todo, los ojos de Ayako no demostraban ni una sola pizca de arrepentimiento.

"Oye…" – dijo Mitsui, haciendo un gesto leve hacia la ventana, aún con sus manos apoyadas en el suelo, una a cada lado de la cabeza de Ayako, quien no parecía querer levantarse del piso, ni tampoco mostraba intenciones de querer que él lo hiciera – "Ya dejó de llover…"

Había cosas que Mitsui detestaba. Una de ella era que lo obligaran a hacer cosas. Y si a ello se le agregaba que alguien lo obligara por medio del uso de algún gesto autoritario, el resultado era que dejara escapar su furia aún más. Sin embargo, no opuso resistencia cuando Ayako volvió a tomarlo por el cuello de su camiseta e hizo que se inclinara hacia ella una vez más, pero haciendo que se detuviera en cuanto su rostro estuvo a sólo un centímetro del suyo.

"¿Y a quién rayos le importa la lluvia?" – murmuró, mientras una ancha sonrisa se dibujaba en su rostro. Mitsui sonrió, para luego volver a rozar la nariz de Ayako con la suya.

Se volvió a perder en los labios de la joven, esta vez más lento y sin tanta urgencia como unos momentos antes. Tembló levemente cuando las manos de la joven se deslizaron por su cuello, trazando líneas con sus finos dedos. Dejó escapar un leve asomo de risa cuando ella mordió su labio inferior suavemente.

"Tú…" – murmuró, besando sus labios entre las pausas en las que hablaba – "Tú…" – repitió, presionando su boca contra la de ella una vez más – "Eres una pequeña pervertida"

"Fuiste tú el que nos dejó encerrados" – respondió ella, sonriendo cuando él golpeó levemente su mejilla con su nariz

"Patético" – dijo él, besando la mejilla izquierda de la joven – "Me atrapó una insignificante como tú…usando tan sólo un trapeador"

La risa de Ayako inundó todo el vestidor, mientras las carcajadas de Mitsui se unían a las suyas.