Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Siete: Discusiones

Ayako se levantó aquel domingo con una gran sonrisa plasmada en su rostro. Se acercó al espejo en la esquina de su habitación y contempló su reflejo. Sacudió la cabeza, ya que ni siquiera podía reconocer la imagen que se le devolvía. Su rostro parecía el de una extraña: Sus ojos brillaban más de la cuenta, sus mejillas estaban encendidas, incluso cuando aún hacía un poco de frío y además, hasta su piel se veía más saludable que muchos días antes.

Si se detenía a pensar por qué se sentía tan diferente, incluso ella no podía creerlo. Jamás se imaginó que algo así ocurriría, y mucho menos que sería…con él. ¿Mitsui? ¿Hisashi Mitsui? ¿EN SERIO?

Incluso cuando lo pronunciaba, cuando se imaginaba contándoselo a alguien, ella misma creería que era una mentira. Algo completamente imposible. Y sin embargo, todo su ser le indicaba lo contrario. Ese extraño encogimiento del estómago le decía que los recuerdos que ahora la invadían realmente se debían a algo que había, de hecho, ocurrido. Sonrió cuando un extraño e inesperado calor recorrió su pecho cuando recordó el suave roce de los labios de Mitsui contra los suyos. Dejó fluir sus pensamientos mientras observaba su reflejo, que ahora mostraba a una radiante muchacha que jugaba con un largo rizo que envolvía uno de sus dedos.

Sin embargo, un sonido la arrancó de sus pensamientos. Se volteó y vio a la pequeña figura revolverse entre las sábanas de la cama. Sonrió y se acercó lentamente, para después sentarse al borde de la cama.

"A despertarse…" – murmuró, inclinando su cabeza hasta que estuvo a unos centímetros de una pequeña cabeza rizada – "Es hora de levantarse, muñeca" – Rió cuando la niña emitió un gemido de molestia ante la idea de tener que despertar.

"No quiero…" – murmuró ella, estirando los brazos para que Ayako la tomara. La joven se estiró y la cogió en sus brazos. La besó en la mejilla cuando logró sacar el enmarañado cabello que la cubría.

"Pero si hoy tenemos un gran día" – dijo Ayako, bajando las escaleras – "Recuerda que iremos a al cine y después al centro comercial a comprarte un vestido nuevo"

"¿Y luego a casa?" – preguntó la niña, apoyando la mejilla en el hombro de Ayako

"Y luego a casa" – dijo la muchacha, abriendo la puerta de la cocina lentamente, para que el ruido no despertara a su padre, que probablemente seguía dormido

"¿Te quedarás conmigo?"

Ayako sintió una aguja de angustia atravesar su pecho. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos.

"Mei" – comenzó, lentamente – "Iré a buscarte el próximo viernes, ¿de acuerdo? Y siempre sabes que puedes llamarme si algo ocurre. Estarás bien con mamá y tu papá"

"¿Y por qué no puedes vivir con nosotros?" – preguntó ella, alzando la cabeza cuando Ayako la depositó en el piso para preparar el desayuno – "Te echo de menos"

"Yo también, nena" – dijo, acariciando el cabello de la niña – "Más adelante, cuando seas mayor, entenderás algunas cosas que hoy no puedo decirte"

Se arrodilló frente a la niña y la envolvió con sus brazos, hundiendo su cara en su pequeño cuello. Inhaló el suave aroma de la pequeña, reprimiendo el dolor que sentía al ver que no podía decirle por qué no vivía con su madre y su nuevo esposo, el padre de Mei. Su plan era aguardar unos cuantos años, esperar a estar a la mitad de la carrera de medicina, y así poder comprar un departamento propio. Lo que su madre no sabía era que pretendía llevarse a Mei con ella. No podía dejarla a merced de la situación en la que ella estaba creciendo. No podía abandonarla, porque estaba segura de que en algún momento, su madre haría a su hermana lo mismo que había hecho con ella: Alejarse. No necesariamente irse, pero sí aislarse de lo que la rodeaba, y cerrar los ojos para Mei de la misma manera que lo hacía con ella ahora. Esta especie de "custodia compartida" de la pequeña era casi graciosa, ya que quienes se peleaban por la pequeña eran el nuevo esposo de su madre y Ayako, su hermanastra. Su padre, a pesar de llevar muchos años divorciado de la madre de Ayako, quería mucho a la pequeña Mei, y debido al amor incondicional que bordeaba en la adoración hacia su hija, había accedido a tratar de integrar a la niña en el núcleo familiar. Pero aún así, Ayako aún no lograba controlar todo lo que ocurría dentro de la casa de su madre una vez que ella se iba. Y eso la enfurecía.

"Todo lo que hago, es por ti, Mei…" – dijo, apoyando su frente contra la de la pequeña – "Jamás lo olvides. Te quiero más de lo que puedes entender"


Ayako tocó el timbre de la inmensa casa amarilla con cierta dificultad, ya que tenía a Mei en los brazos, completamente dormida. Miró su reloj, comprobando que eran cerca de las nueve y media. Esperó por unos cuantos segundos a que la puerta se abriera. Pero en cuanto aquello ocurrió, instintivamente dio un paso atrás y abrazó a Mei con más fuerza. La figura frente a ella la hizo temblar, como cada vez que se encontraban. Y recordaba muy bien el último encuentro…más de lo que quería.

"¿Lo pasaron bien?" – preguntó él, con una sonrisa bailando en sus labios

"Sí" – contestó Ayako, con un hilo de voz – "¿Dónde está mamá?"

"Fuera de la ciudad" – dijo él, encogiéndose de hombros – "Llegará el martes, por negocios. Ya sabes cómo funciona todo eso"

"De acuerdo" – continuó Ayako, haciendo un gesto que demostraba que pretendía entregarle a Mei – "Dile que pasaré por ella el viernes después de la escuela, como siempre"

"¿Por qué no vas a dejarla hasta su cama?" – la sonrisa se expandió más por el rostro del hombre de más o menos cuarenta años. Ayako se estremeció ante la mirada maliciosa que en esos momentos se posaba sobre ella. Suspiró y entró a la casa, sin detenerse hasta subir las escaleras y entrar en la habitación de la pequeña, que solía ser suya antes de que ella naciera.

Dejó a Mei en la cama, para luego cubrirla con las frazadas de color verde que se encontraban al pie de esta. Sonrió cuando la vio profundamente dormida, mientras la besaba en la frente y alisaba su cabello con sus dedos. Prendió la lámpara que se encontraba en la repisa al lado de la ventana, para que con la tenue luz la niña no se sintiera en la oscuridad que la asustaba, si es que llegase a despertarse durante la noche. Mirándola por última vez, salió de la habitación y cerró la puerta silenciosamente.

De pie en el pasillo que daba a las escaleras, Ayako contempló hacia abajo, dándose cuenta de que la puerta de entrada seguía abierta, y que no habían señales de él alrededor. Lo más rápidamente que pudo, bajó los escalones de dos en dos, viendo la luz del poste de la calle como una suerte de guía que le infundía seguridad. En cuanto llegó al final de las escaleras, se lanzó hacia la puerta…la cual se cerró en sus narices, luego de que alguien apareciera absolutamente de la nada a su lado. Ayako se quedó quieta, mientras su respiración disminuía lentamente producto de un frío que la invadía. Despacio, casi con sigilo, sintió cómo una mano se cerraba en torno a su muñeca derecha. Escuchando su corazón latir más lento que antes, ella se volteó con cuidado para encontrarse con su mirada, la cual estaba llena de una retorcida felicidad que provocaba que un pánico estremecedor recorriera el cuerpo de la muchacha.

"¿Te vas tan pronto?" – preguntó él, acercando su rostro al oído de la joven – "¿No te gustaría quedarte un poco más?"


Mitsui se despertó de un salto al escuchar el sonido de la vibración de su celular contra la madera de su mesa de noche. Entornó los ojos en la oscuridad, pensando que tal vez se había despertado producto de un mal sueño. Difícil, ya que rara vez soñaba, y si lo hacía, jamás se acordaba a la mañana siguiente. Sin embargo, el sonido se repitió, por lo que se inclinó sobre su costado y prendió la pequeña lámpara que se encontraba en la mesa al lado de su cama. Tomó el celular con la mano derecha, mientras frotaba sus ojos con la izquierda.

Era un mensaje de texto. En la pantalla podía ver que era del número de Ayako. Rápidamente, lo abrió, pero solo se encontró con una línea solitaria: "No puedo ir a la práctica de la mañana. Lo siento. A."

Suspiró, sintiendo una extraña molestia en el cuerpo ante la perspectiva de no contar con los momentos a solas con Ayako al día siguiente, que ya eran necesarios si es que quería que su día comenzara bien. Sin embargo, dejó el teléfono en la mesa y apagó la luz. Giró sobre su costado y se cubrió con las sábanas, sintiendo que se nuevamente se hundía en aquel estado de descanso que tanto apreciaba…

Un momento, pensó. Con una velocidad extraña para él, se volteó y prendió la luz. Revisó el mensaje una vez más, tomando nota especialmente del momento en que había sido enviado. Tres y cuarto de la mañana.

"¿Pero qué demonios hace despierta a esta hora?" – se preguntó, en voz alta. Y, de repente, sintió el pinchazo de la revelación cruzar su pecho: La última vez que Ayako había faltado a la práctica de la mañana, la había descubierto tratando de esconder unos inmensos moretones y arañazos en su espalda.

Un pánico irracional, que jamás había sentido en su vida, lo invadió sin compasión. ¿Y si le había pasado lo mismo esta vez? ¿Y si ese alguien que él pretendía descubrir la había lastimado nuevamente? Y si era así…¿qué tan mal se encontraba? Imaginó una escena en la que Ayako, tan pequeña como era, trataba de defenderse de una figura que en esos momentos no tenía rostro ni forma para él. La sola idea de que algo así le hubiese ocurrido hizo que su sangre hirviera hasta el punto en que sintió la urgencia de destrozar algo.

Fijó la vista una vez más en el teléfono, y en ese instante decidió que no esperaría hasta el día siguiente: Sin reparar en la probabilidad de que el mensaje hubiese demorado más en llegar de lo normal, discó su número y esperó en la línea. Escuchó el tono hasta que fue enviado al correo de voz. Gruñó, frustrado y molesto, pero llamó una vez más. Y así lo intentó por varios minutos, sin ninguna respuesta. Enojado, estampó el celular contra la mesa y apagó la luz. Peleando contra las sábanas, como si ellas tuvieran la culpa de todo, volvió a acostarse. Contempló el techo, y casi podía leer en él una frase que hacía que la furia de la incertidumbre lo golpeara como un hacha en la frente: "Simplemente…ella no te quiere contestar"

Ya de mañana, Mitsui caminaba por la calle, sosteniendo su maletín y su bolso con la misma mano. Le molestaba el hecho que no pudiera disfrutar un día hermoso como aquel simplemente porque se había acostumbrado a no recorrer solo el camino a la escuela. Sin embargo, la perspectiva de encontrarse con ella allá tal vez hacía que todo fuera un poco más interesante. Al menos, de eso intentaba convencerse. Porque, para ser sincero consigo mismo, después de varios y arduos intentos, no había logrado concentrarse en nada más que en lo que había pasado el sábado. Sentía algo insospechado, diferente y ciertamente agradable luego de lo que había sucedido. Todavía no lograba nombrarlo, sobre todo porque muchachos como él huían aterrorizados ante cualquier término que se asimilara a "amor". Siempre había creído que algo como eso jamás le ocurriría a alguien como él, y en realidad, jamás lo había buscado, y mucho menos necesitado. Y sin embargo, tampoco sentía que lo que había desencadenado el suceso del sábado fuese algo similar a ello. La verdad era que…había empezado mucho antes: Fue la primera vez que ella intentó golpearlo a causa de sus gritos, fue cuando sintió el orgullo de su progreso como si fuese suyo, fue durante sus eternas conversaciones, fue la primera vez que la abrazó, fue la primera vez que empezó a necesitarla…

Y aún así, no creía que fuese amor. Porque lo que sentía que los había ido uniendo era una suerte de lealtad, comprensión y complicidad que lo conectaba a ella como jamás le había ocurrido con nadie más.

Sonrió una vez más, mientras cruzaba la entrada de la escuela. Como siempre, no se detuvo a contemplar a los demás estudiantes, ya que todas las caras para él eran parecidas entre ellas. Rara vez se encontraba con algún miembro del equipo, que sí eran distinguibles entre los demás jóvenes, puesto que, fieles a su irresponsabilidad, siempre llegaban tarde. Con la vista plasmada en el edificio, distinguió una pequeña figura caminando hacia la entrada, unos cuantos metros más adelante. Por supuesto, aquellos rizos los podría haber identificado en cualquier lugar.

"¡Ayako!" – exclamó, apresurando sus pasos hacia ella. Frunció el ceño cuando vio que la muchacha se detenía con un pequeño salto, como si su voz la asustara, y luego comenzaba a caminar más rápido para entrar a la escuela. Sin embargo, jamás pensó realmente que podía dejarlo a él atrás, quien era por millares más veloz que ella. Y fue detenida por la mano de Mitsui alrededor de su muñeca. Él cruzó rápidamente el espacio que había entre los dos hasta ponerse frente a ella. Parpadeó varias veces al encontrarse con su imagen: Estaba más pálida de lo habitual y sus labios estaban coloreados de un tono violáceo. Ella no alzó la vista, y si lo hubiera hecho, tampoco le hubiese dado mucha información, ya que sus ojos estaban cubiertos por unas gruesas gafas oscuras para el sol – "¿Por qué usas esos lentes?" – preguntó, inclinando un poco la cabeza hacia abajo para encontrar la mirada de la joven – "¿Y por qué no fuiste esta mañana a entrenar?"

"Te envié un mensaje" – respondió ella, con un hilo de voz – "Correré las treinta vueltas en la tarde"

"Sabes bien que no me refiero a eso" – continuó Mitsui, molesto por la manera en que ella evitaba contestar su pregunta con la verdad – "No me importa si es que corres más o menos, lo que me interesa es saber por qué no podías ir. Te llamé varias veces y no contestaste tampoco" – se sorprendía del tono que utilizó al decir la última frase. Parecía que estaba acusándola de un asunto que implicaba traición

"No escuché mi teléfono" – contestó Ayako, caminando por el pasillo hacia las escaleras. Luego, le dijo por sobre su hombro – "Te veo más tarde en el entrenamiento"

"Oh, no, claro que no" – dijo él, adelantando a la muchacha y bloqueando su camino. No iba a escapar tan fácilmente esta vez

"¿Pero cuál es tu problema?" – le disparó Ayako, molesta por la actitud de Mitsui – "Te avisé que no podía ir, desquítate en la tarde conmigo por haber faltado si quieres, pero ahora tengo que entrar a mi clase"

"Quítate las gafas" – demandó él, entornando la mirada

"¿Qué te importa si es que tengo gafas puestas o no?"

"Ahí va, siempre contestas con preguntas cuando no quieres decir la verdad" – dijo Mitsui, rechinando los dientes – "Quítate las gafas y mírame, si es que no tienes nada que esconder, por supuesto"

"¡Oh, claro, como sí tú nunca hubieses escondido algo en tu vida, señor pandillero delincuente!" – exclamó Ayako, caminando hacia las escaleras

"¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?" – preguntó él, ahora abiertamente enojado con ella – "No trates de escabullirte dirigiendo toda esta discusión hacia mí"

"¡Déjame sola entonces!" – pasó por su lado, pero casi perdió el equilibrio entre el primer escalón y el segundo, cuando él la tomó por el brazo para impedir que se fuera. Sin embargo y lamentablemente para ella, con la fuerza del tiró por parte del joven, se tambaleó hacia un lado y de su nariz se deslizaron las gafas oscuras hacia el piso. Trató de recuperarlas, pero Mitsui fue más rápido que ella, pues en cuanto se inclinó hacia el suelo, la mano del joven ya jugueteaba con el pequeño objeto.

"Ahora, si no te importa, Señorita Siempre-Evado-Preguntas, ¿podrías mirarme y-?" – el tono divertido de su voz al ver el inútil intento de Ayako por tomar los lentes antes que él se le atoró en la garganta. Sintió un agudo escalofrío en cuanto posó sus ojos sobre el rostro de la muchacha: Las anteriores pecas que una vez había considerado hermosas habían desaparecido por una serie de arañazos que de escarlata teñían la piel de sus mejillas. Y uno de sus ojos estaba decorado por un denso morado, y al interior de ambos se veían los estragos de varias horas seguidas de llanto – "¿Qué…?" – no sabía ni siquiera cómo preguntar – "¿Cómo…? ¿QUÉ RAYOS PASÓ?"

"No me preguntes ahora" – dijo ella, escapando escaleras arriba. Mitsui no la siguió, ya que aún estaba tratando de sopesar la imagen que había contemplado.

Las gafas crujieron mientras se rompían dentro del puño cerrado de Mitsui. Su mandíbula se tornó rígida, sus dientes estaban a punto de resquebrajarse por la furia y tenía los ojos cerrados para no ver el rojo que seguramente se cernía sobre él.

Por supuesto que había tenido razón cuando había visto una vez más el mensaje.


"¿Supiste lo que le ocurrió a Ayako?" – escuchó Mitsui, mientras terminaba de poner su venda sobre la rodilla. Miró a Miyagi, que tenía una expresión de preocupación y terror que hizo que se sintiera enfermo. La ira de la mañana no lo había abandonado, y ahora mismo tenía unas inmensas ganas de golpear a alguien, y pensó que era muy mala suerte para él que justo Miyagi hubiera decidido hablarle en ese momento

"¿Qué?" – preguntó Mitsui, molesto y fingiendo que le restaba importancia al asunto

"Un tipo la siguió después de que dejara a su hermana en la casa de su madre" – dijo Miyagi, rechinando los dientes – "Y la asaltó…¡Desgraciado!" – exclamó, de repente – "¡Juro que si lo encuentro, lo mato a golpes!"

"Pues ya somos dos…" – pensó Mitsui, levantándose y saliendo del vestidor rápidamente.

Caminó por los pasillos hacia el gimnasio, sintiendo que ya había tenido suficiente. No se iba a tragar esa historia del asalto. No se iba a tragar la historia del accidente de auto. Y mucho menos la de la caída de las escaleras. Algo le estaba sucediendo, algo que no podía contarle a nadie, y él no iba a quedarse sentado observando cómo alguien le hacía daño. Y ciertamente, no iba a dejar pasar todas las veces que ella había, deliberadamente, decidido no contarle la verdad.

La tercera era la vencida.

Se había cambiado de ropa antes que el resto porque había decidido que no iba a esperar hasta el entrenamiento de la tarde para aclarar todo el asunto. Lo atemorizaba el hecho de que el antiguo Mitsui estaba dominando todas sus acciones, pero ya que ser así le había funcionado en el pasado para obtener lo que quería, prefería que su impulsividad tomara el control.

Esperó, al lado de las escaleras, a que ella bajara. Ya que siempre llegaba antes que todos los demás, no se equivocaba cuando vio la imagen de Ayako caminando por el pasillo hacia el gimnasio. En cuanto ella abrió la puerta de la derecha, Mitsui caminó rápidamente hacia ella, la tomó del brazo y la empujó hacia el interior, lo más delicadamente que pudo. Ella se volteó, sorprendida, para encontrarse con la figura de Mitsui, que cerraba la puerta de un solo golpe. Se detuvo frente a ella, con los ojos ardiendo en furia.

"¡Y yo que me creía especial!" – exclamó, acercándose a la joven

"¿De qué hablas?" – preguntó Ayako, frunciendo el ceño al ver la expresión de Mitsui

"Creía que era tan especial para ti que sólo a mí me mentías" – continuó él, cruzando los brazos frente a su pecho – "Pero al parecer no soy el único, ya que a Miyagi también le mientes"

"Oh, por favor…" – dijo ella, haciendo rodar sus ojos – "Le dije que me habían asaltado, lo que es cierto"

"¡Con un demonio, tal vez esas excusas te sirven con un idiota como él, pero no conmigo, así que ni siquiera lo intentes!" – exclamó, con un grito que la hizo retroceder – "¡Me enfurece que me mientas así!"

"¿Y qué rayos pretendes de mí, entonces?" – dijo Ayako, comenzando a preparar las cosas para el entrenamiento del equipo – "¡Deja de molestarme de una buena vez y deja de gritar! ¡Los muchachos deben estar por llegar!"

"¿Y QUÉ?" – gritó él, acercándose la muchacha y tomándola por los hombros – "¿Y QUÉ SI LLEGAN LOS DEMÁS? ¿ACASO TENGO PERMITIDO HABLARTE Y ACERCARME A TI SOLAMENTE CUANDO NADIE PUEDE VERNOS?"

"¿PRETENDES SEGUIR GRITANDO DE ESTA MANERA PARA QUE ASÍ TENGAMOS QUE EXPLICARLES A TODOS LOS DEMÁS POR QUÉ ESTAMOS DISCUTIENDO, ENTONCES?"

"¡SI CON ESO LOGRO QUE HABLES CON LA VERDAD POR UNA SOLA VEZ, TAL VEZ DEBERÍA INTENTARLO!"

"¡ASQUEROSO HIJO DE-! ¡DEJA DE MANIPULARME! ¡LO HACES SIMPLEMENTE PORQUE SABES QUE CON ESO ME TIENES DONDE QUIERES, MALDITO DESGRACIADO!"

"¡SI TE TUVIERA DONDE QUIERO, NADA DE ESTO ESTARÍA OCURRIENDO!"

"¿AH, SÍ? ¿DÓNDE SERÍA ESO, EXACTAMENTE? ¿CON SUFICIENTE INFORMACIÓN PARA QUE PUEDAS MANIPULARME AÚN MÁS?"

"¡NO!" – Mitsui se acercó aún más al rostro de Ayako, pero no se molestó en bajar la voz – "¡TE TENDRÍA DONDE QUIERO SI ES QUE ME DIJERAS LA VERDAD Y ME DEJARAS CUIDAR DE TI!"

Ayako quedó pasmada luego de aquella última frase. Un silencio sobrecogedor se cernió sobre ellos. Él simplemente no tenía nada más que decir. Y ella no sabía qué contestar.

El sonido de las conversaciones que provenían del pasillo interrumpió el leve momento de furia y sinceridad. Mitsui, automáticamente, tomó el balón que había rodado desde las manos de Ayako hasta el suelo de la cancha, mientras ella volteaba para comenzar a apilar las toallas y botellas de agua en la esquina del gimnasio. Ambos ya estaban absolutamente distanciados uno del otro cuando las puertas se abrieron, las que luego fueron atravesadas por los distintos miembros del equipo. Akagi, el primero en entrar, se acercó a Ayako para conversar acerca de lo que había sucedido, diciéndole que no tenía que quedarse a la práctica si es que deseaba descansar. Los demás muchachos pasaban por el lado de la joven y palmeaban su espalda levemente, con gestos cariñosos que la muchacha contestaba con sonrisas leves.

Sin embargo, el único que notó el ambiente enrarecido que se respiraba en el gimnasio fue Miyagi: Si bien había pasado el mayor tiempo posible con Ayako durante el día, tratando de demostrarle que no debía sentirse sola si es que él se encontraba cerca, había logrado darse cuenta de que habían ciertos detalles que no encajaban en todo el asunto. ¿Por qué había faltado a la práctica del sábado? ¿Por qué Mitsui se había ido antes que todos los demás? ¿Por qué el profesor Anzai le había entregado el abanico de la joven? ¿Era para que se lo entregara? ¿Se habían visto durante el fin de semana?

De repente, clavó su mirada en Mitsui: El joven se encontraba practicando tiros de tres puntos, en el medio de la cancha, de espaldas a la escena en la que todos le demostraban su apoyo a Ayako. ¿Y sí se habían visto el fin de semana…? Ayako había regresado ese día a la escuela, evidentemente herida, y a Mitsui se lo veía enfurecido y alejado de la joven. ¿Entonces…? ¿Era posible que…?

Sin pensarlo dos veces, y fijándose en que nadie estuviera viendo lo que pretendía hacer, Miyagi caminó directamente hacia Mitsui, golpeando el balón que este sostenía en sus manos. El joven frunció el ceño, sin tener una mínima idea de lo que Miyagi estaba haciendo. Pero a pesar de ello, algo en los ojos de aquel muchacho que ahora estaba frente a él con una mirada abiertamente asesina, lo hizo sospechar de que no le iba a gustar el resultado de lo que pasara a continuación.

"¿Fuiste tú?" – preguntó Miyagi, acercándose aún más a él

"¿Fui yo qué?" – preguntó de vuelta Mitsui, cruzando los brazos frente a su pecho

"Te fuiste de la práctica del sábado antes que todos. Ayako no vino. Te llevaste algo que le pertenecía a ella" – enumeró el joven, rechinando los dientes – "Y hoy regresa a la escuela con golpes en su cara"

Mitsui ensanchó los ojos, sintiendo una inmensa furia que lo quemaba por dentro. Dio un paso al frente y tomó a Miyagi de la camiseta. Producto de la adrenalina, lo levantó del piso con una sola mano y un mínimo de esfuerzo

"¿Insinúas que fui yo quien la golpeó?" – siseó entre los dientes – "¿Es eso lo que estás diciendo, imbécil?"

"Te estoy preguntando" – dijo Miyagi, golpeando la mano de Mitsui, quien lo dejó caer –"Si no tuvieras nada que esconder, me dirías simplemente que no"

"Te dijo que la habían asaltado, ¿no?" – preguntó, entornando los ojos – "¿Acaso no confías en ella? ¿Crees que te miente?"

"Ayako jamás miente" – dijo el muchacho, con una confianza ciega – "Te pregunto porque desde hace días que actúas de forma extraña"

"Y si estoy actuando extraño, ¿crees que es gracias a ella?" – preguntó Mitsui en un tono mordazmente irónico – "¿Por qué me preocuparía de algo que simplemente no me interesa? Tengo bastante cosas en la cabeza para estar pensando en lo que le ocurrió a ella"

"Sigues siendo el mismo hijo de perra egoísta de siempre, Mitsui"

"¡PUES SI TANTO TE MOLESTA, DÉJAME EN PAZ!" – exclamó, enfurecido – "¡Lárgate con los demás a abrazarla y a mí déjame solo!"

Miyagi lo observó a los ojos por un segundo más, para luego sacudir la cabeza con enojo y dirigirse hacia el resto del equipo. Mitsui, por su lado, comenzó a botear el balón nuevamente, mientras trataba de calmarse. Pero en un segundo de debilidad, se volteó y posó su mirada en Ayako. En esos momentos, conversaba animadamente con Kogure, como si nada hubiera pasado.

Apretó los dientes y volvió a lo que estaba haciendo. Había pensado que él era un formidable cínico y mentiroso…pero, al parecer, había encontrado a su igual en ella.


Ayako comenzó a botear el balón, mientras esperaba pacientemente a que Mitsui saliera de los bebederos que se encontraban en la esquina del gimnasio. Había notado que el joven no se había molestado en mirarla ni una sola vez durante todo el entrenamiento del equipo. Sin embargo, podía entender que estuviera enojado con ella. Después de todo lo que había pasado entre ellos, era lógico que él creyera que se merecía una explicación verdadera y sincera. Pero el problema es que decir la verdad era un lujo que ella no podía darse, como tampoco lo era el contestar sus preguntas. Suspiró, esperando que él pudiera entenderla sin cuestionarla. Y luego, sonrió, imaginando que tal vez así sería.

Lo que Ayako no sabía era que Mitsui no tenía la más mínima intención de aceptar silenciosamente aquellas circunstancias. De repente, la joven se volteó, con una leve sonrisa en su cara, la cual se desvaneció en cuanto reparó en la figura del muchacho: Mitsui caminaba hacia la salida, con el bolso en su mano, vestido con su uniforme de la escuela. Sin siquiera mirarla, caminó directamente hacia las puertas del gimnasio.

"¿Adónde vas?" – preguntó Ayako, soltando el balón y caminando hacia la puerta. Antes de que Mitsui pudiera salir, ella bloqueaba el paso con su figura – "¿No vas a quedarte?"

"No" – dijo él, tratando de caminar por su lado, pero ella lo detuvo una vez más

"¿Por qué?"

"No voy a quedarme porque no pretendo seguir entrenándote"

"¿Qué? ¡Mitsui, no puedes hacerme esto!"

"Obsérvame" – dijo él, y sin preocuparse por la forma en que ella se tambaleó, Mitsui pasó por su lado y la dejó con las palabras en la boca. Pensó que su actitud la dejaría callada, pero como siempre, era soñar demasiado. Que ella no tuviera nada que decir era simplemente algo imposible. Soltó un suspiro frustrado cuando ella corrió para alcanzarlo y bloqueó su camino. – "¿Pero qué rayos quieres ahora?"

"Me prometiste que no dejarías de entrenarme" – dijo ella, frunciendo el ceño – "Dijiste que lo harías hasta el final"

"Bueno, pues entonces mentí" – dijo Mitsui, encogiéndose de hombros – "No sé de qué te sorprendes, tú lo haces a menudo"

"¿PODRÍAS DEJAR DE PENSAR TAN SÓLO POR UN MINUTO QUE ESTO SE TRATA DE TI?"

Mitsui frunció el ceño, sintiendo la agudeza de la ira recorrer su cuerpo otra vez, pero decidió guardar silencio, esperando por lo que ella tenía que decir.

"¿Crees que esto me gusta, pedazo de idiota?" – preguntó ella, soltando un triste risa – "¿Crees que no me gustaría gritar por todo el mundo que estoy cansada de todo esto?"

"¡Te ofrecí una salida, maldita sea, Ayako!" – exclamó él – "¡TE DIJE QUE PODÍA SOLUCIONARLO, QUE PODRÍA ARREGLAR TODO POR TI SI ES QUE TAN SÓLO ME DIJERAS QUÉ DIABLOS OCURRE!"

"¡No puedes solucionarlo por mí!"

"¿Y por qué no? ¿Por qué no puedes pensar, tan solo por un minuto, que en mí si puedes confiar?"

"¡PORQUE SÍ LO HAGO!" – gritó ella, con lágrimas en sus ojos – "¡PORQUE SÍ CONFÍO EN TI, Y TENER QUE MENTIRTE A TI, SOBRE TODO A TI, ME MATA POR DENTRO!"

Mitsui dejó que el lado irracional de su mente tomara el control de su cuerpo, y tal y como lo hiciera antes, actuó por instinto: Dejó caer el bolso de sus manos, avanzó un paso hacia el frente y cerró sus brazos en torno a ella. Ayako cedió ante el abrazo del muchacho, apoyando su cabeza en el hombro del joven, mientras el frío de su cuerpo desaparecía gracias al calor que emanaba de Mitsui.

Él dejó de preguntarse acerca de todo el asunto, pero de ninguna manera dejaría que esto se convirtiera en un obstáculo. Lo sorprendía la manera en que le dolía el tener esa constante furia hacia la muchacha, pero era peor el hecho de pensar que iba a alejarse ella. Jamás había pensado realmente que dejaría de entrenarla. Aquella fue la única forma en que pensó que ella reaccionaría y finalmente accedería a contarle la verdad. Pero ya que Ayako no daba muestras de poder decirle aquello que lo preocupaba, ahora haría las cosas a su manera.

Aquel era el momento para que el antiguo y violento Mitsui volviera para hacer un trabajo…de aquellos.

Continuará…