Muchísimas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer esta historia! Espero que les guste! Como siempre, recuerdo que NO soy dueña de Slam Dunk ni de sus personajes, aunque feliz lo sería! Este capítulo, como ya es costumbre para mí, está dedicado para NICK: GRACIAS, una vez más, eres uno de los mayores alientos que tengo para seguir escribiendo y actualizando seguido, y también, va para FAVO DE MEL, quien se ha tomado el tiempo de dejar reviews en casi todos los capítulos! En fin, ojalá les guste y estaré ansiosa esperando sus comentarios!
Ella: La que le quitaba el aliento
Capítulo Ocho: La línea
Apenas terminó la práctica del equipo, Mitsui corrió a los vestidores para cambiarse. Había inventando la patética excusa de cenar fuera con sus padres para faltar al entrenamiento con Ayako, quien debía estar increíblemente cansada después de la manera en que habían practicado en la mañana, ya que ni siquiera discutió con él. El joven le prometió que al día siguiente entrenarían una hora extra para compensarla.
Sin embargo, pensó Mitsui, esta era una mejor manera para compensarla: Luego de la conversación del día anterior, había tomado la decisión de hacer esto por su cuenta, sin importar que ella no pudiera decirle lo que necesitaba oír. Pensó que tal vez todo esto se debía al orgullo inmenso de la muchacha. Que el no querer que él se hiciera cargo de ella se debía simplemente a la idiótica costumbre suya de no estar acostumbrada a mostrar debilidad. Pero a pesar de ello, en esos momentos no podía importarle menos la independencia de la joven. Le había ofrecido todas las salidas que era capaz de imaginar, le había dado la posibilidad de depositar todo este asunto en sus manos, sin tener que hacer más preguntas o dar más explicaciones.
¿No había querido aceptar? Perfecto. Ahora era un desafío personal. Pero, por supuesto, todo lo que estaba a punto de hacer debía estar sumido en el más profundo y absoluto silencio. Nadie podía saberlo jamás.
Bueno…casi nadie. Porque, a pesar de que consideraba que esto era mejor hacerlo solo, tenía que admitir que, en orden a que resultara, necesitaba de un poco de ayuda. Incluso si es que esa ayuda se acercara peligrosamente a la posibilidad de volver al pasado que había intentado con todas sus fuerzas olvidar.
Caminó por las calles ya oscuras, iluminadas únicamente por los faroles. Sin embargo, a medida que se acercaba a su destino, los postes de luz comenzaban a desaparecer progresivamente, conforme a la calidad del barrio en el que se encontraba. Apretó los puños cuando bordeó la silueta de aquel bar que solía frecuentar. Entornó los ojos, ya molesto con la idea de tener que entrar, pero de alguna manera, reunió la voluntad suficiente para cruzar las puertas.
Varias cabezas se voltearon para contemplarlo, mientras un par de hombres que se encontraban en la mesa contigua a la entrada se levantaron y se alejaron rápidamente hacia una de las esquinas. Mitsui suspiró, al reconocer las miradas que se habían posado en él: Al parecer, no había logrado hacer desaparecer esa suerte de "reputación". No se sentía para nada orgulloso. De hecho, que con tal solo una mirada alguien recordara su imagen como un signo de peligro lo avergonzaba.
Ella lo vale, repitió dentro de su mente, aquella frase que lo había acompañado desde el día anterior. No importaba lo que tuviera que hacer, no importaba por lo que tuviese que pasar una vez más…en esos momentos, ella era lo necesario.
Porque esa era la verdad. Ella había sido lo necesario: Tan solo bastó su llegada para que él se transformara en algo mejor. Paciente e inconscientemente, Ayako había soportado sus malos tratos, sus arranques de ira, su pésimo carácter, sus constantes y desagradables comentarios…y aún así, se había quedado con él.
Y esta era lo mínimo que podía hacer por ella.
Localizó a través de la densa cortina de humo la figura que había venido a buscar. Cerró los puños, reuniendo las fuerzas que necesitaba, y caminó en línea recta. El hombre que se encontraba junto a él lo golpeó con el codo en el hombro, en un gesto que anunciaba la llegada de Mitsui. Él dejó su botella de cerveza en la barra, volteándose para encontrarse con la figura del joven.
"¡Pero si no es Mitsui!" – exclamó, mientras una ancha sonrisa se expandía por su rostro moreno, cubierto de cicatrices – "¡Dichosos los ojos que te ven, muchacho!"
Mitsui le dio un par de palmadas en la espalda cuando él se abalanzó sobre él para abrazarlo. Esbozó una sonrisa incómoda, ya que esta era la última manera en la que esperaba ser recibido por él. Sin embargo, recordó todos los meses que pasaron juntos, compartiendo esa enfermiza camaradería y amistad. Había imaginado una fría mirada, o tal vez una mera palmada en el hombro a modo de saludo, ya que, después de todo, Mitsui lo había abandonado, tanto a él como a cualquiera que pudiera recordarle a quien solía ser. Sin embargo, aquello le venía a la mar de bien: Tal vez esto ayudaría a que las cosas salieran como necesitaba.
"¡Mírate!" – dijo él, tomando su rostro entre las manos y sacudiéndolo levemente – "¡Pareces todo un chico bueno, con el cabello corto y todo! ¡Y mira esa sonrisa! Te quedan bien esos dientes nuevos, galán"
"Gracias" – dijo Mitsui, sonriendo nuevamente – "A mí también me da gusto verte, Tetsuo"
"Rayos, sí" – dijo Tetsuo, sentándose otra vez y haciendo un gesto para que Mitsui se sentara a su lado – "¿Y bien?" – continuó, tomando un trago de su botella – "¿Cómo va la escuela? ¿Y ese equipo de basketball tuyo?"
"Muy bien" – respondió el muchacho, girándose hacia él – "Vamos a las Nacionales este año"
"¡Pues demonios que lo imaginé!" – exclamó Tetsuo, riendo – "¡No podía ser de otra manera si regresa el mejor jugador del estado!"
"No soy el mejor, pero en eso estoy" – dijo Mitsui, sonriendo – "¿Y tú?"
"Bien, como ves, nene" – dijo, riendo – "Un par de problemas con la policía por andar en motocicleta sin casco, pero nada grave"
"Me alegro…"
"¿Seguimos conversando del clima o me dirás de una vez por qué has venido a buscarme?"
Mitsui sonrió: Había olvidado lo inteligente que era Tetsuo. Y de alguna manera, lo alegraba que no tuviera que andar con rodeos para decirle lo que necesitaba.
"Necesito un favor" – comenzó Mitsui
"Ahí va" – lo interrumpió Tetsuo, frunciendo el ceño – "No me vengas con eso de que andas en malos pasos de nuevo. Tú ya eres un buen muchacho ahora, no lo arruines todo simplemente por querer volver"
"No quiero volver" – dijo Mitsui, rápidamente – "Sin ofender"- Tetsuo rió, mientras hacía un gesto con las manos para darle a entender que no había tomado el comentario como personal – "Pero de todas maneras…necesito un favor"
"Escupe"
"Necesito que hagas un par de averiguaciones por mí" – continuó el joven – "Del resto puedo hacerme cargo yo"
"¿Qué clase de averiguaciones?" – preguntó Tetsuo, frunciendo el ceño – "¿Necesitas dinero o algo parecido?"
"No, no tiene nada que ver con eso. Es algo…personal"
"¿Alguien te hizo algo?" – Tetsuo frunció el ceño, e inconscientemente hizo crujir los nudillos – "Porque si es así, le partiré la cara"
"A mí, nadie" – Mitsui se dio cuenta de que en realidad esto se estaba volviendo más complicado de lo que pensaba. Un año antes, solo hubiese necesitado decirle el nombre y dónde encontrar a quien quería moler a golpes, y Tetsuo lo habría hecho sin hacer preguntas. Pero ahora, que había cambiado tanto, ya no sabía ni siquiera cómo empezar a hablar sin encontrarse a sí mismo deshaciéndose en explicaciones – "Pero sí…a alguien cercano a mí"
"¿Alguno de los chicos? ¿Alguno de los muchachos del equipo?"
"¡No!" – exclamó Mitsui, restregándose la frente y cerrando los ojos – "Rayos, Tetsuo…tal vez esto no sea tan buena idea"
"Vamos, ¿qué pasa?" – preguntó, dándole una palmada amistosa en el hombro – "No puede ser tan difícil. Ya no estás en problemas, así que no creo que sea tan terrible. Dime, ¿quién es ese cercano tuyo?"
"De hecho…" – continuó Mitsui – "E-Es…es…es una chica"
Miró a Tetsuo cuando este estalló en risas. Tomó un sorbo de la botella, aún riéndose, pero decidió guardar silencio luego de ver la expresión de Mitsui: No recordaba haberlo visto así de serio.
"¿Y bien?" – preguntó, volteándose hacia él – "¿Qué chica es?"
"Creo que la has visto" – dijo Mitsui – "Es la entrenadora del equipo, la que estaba en el gimnasio cuando fuim-"
"¿La guapa del cabello rizado?" – Tetsuo no pudo aguantarse – "Pero bueno…sí que tienes buen gusto"
"Borra esa sonrisa de tu cara antes de que la borre por ti" – dijo el muchacho, frunciendo el ceño – "Ella no es de esa clase de chicas"
"Lo siento" – levantó las manos, a modo de disculpa – "Y por la forma en que te he visto pelear, jamás se me ocurriría meterme con algo que es tuyo"
"No es mía, es…no importa" – Mitsui sacudió la cabeza, ya que era inútil tratar de explicarse – "Algo le sucede, y es algo muy malo" – Esperó un segundo, para luego darse cuenta de que tenía toda la atención de Tetsuo – "Varias veces la he sorprendido con moretones, arañazos y cicatrices. El problema es que no quiere decirme nada"
"Y tú no quieres quedarte sentado a ver cómo la matan a golpes"
"Ni siquiera digas eso" – Mitsui quedó con la vista fija en el piso, cerrando los puños – "El sólo pensar que algún hijo de perra la lastima hace que mi sangre hierva"
"De acuerdo" – continuó Tetsuo – "Quieres que averigüe quién le está haciendo…lo que sea que esté haciéndole. Pero ya sabes cómo funciona esto…necesito pistas, galán"
"La última vez que pasó, dijo que había sido un asalto de regreso de la casa de su madre" – Mitsui le alargó un papel – "Esta es la dirección, puedes empezar por ahí"
"De acuerdo" – repitió, tomando el pequeño pedazo de papel – "Te llamaré y te contaré lo que sepa. Iré mañana en la tarde"
"Perfecto" – tal y como si hubiera concretado un negocio, Mitsui se levantó y recogió su bolso del piso – "Esperaré tu llamada, Tetsuo"
Luego de darle unas palmadas en el hombro y caminar hacia la salida, Mitsui se detuvo al escuchar la voz de su antiguo amigo una vez más.
"Pensé que volvería a verte algún día" – dijo, sin mirarlo – "Pero no que cuando lo hiciera, sería porque necesitaras proteger a alguien. Debe ser una buena chica"
"La mejor" – dijo Mitsui, sonriendo y abandonando el lugar.
Tetsuo sonrió y tomó otro trago de su cerveza.
"Tan buena como para lograr que un idiota reformado como tú se enamorara de ella" – dijo, consciente de que ya su amigo no podía oírlo
Mientras caminaban juntos por las calles oscurecidas, Mitsui reparó en la figura de la muchacha: ¿Cómo era posible que no se desmoronara con toda la presión que tenía encima? ¿Cómo podía realmente sobrellevar lo que fuera que le sucediera en ese silencio absoluto? Había pensado que Ayako era una joven distinta a todas las demás, pero jamás se hubiera imaginado que dentro de ese pequeño y frágil cuerpo se encontrara una fortaleza como la que hacía que ella no flaqueara bajo ninguna circunstancia.
Recordó la conversación que habían tenido unos cuantos días atrás. Mitsui era capaz de entender y valorar que ella confiara de esta manera en él, pero no podía entender qué era lo que sucedía cuando él no estaba cerca.
"Mañana irás, ¿no es cierto?" – preguntó Ayako – "Es mi primera semifinal"
"Por supuesto que iré" – comentó él, fingiendo sentirse ofendido por la pregunta – "¿Qué clase de entrenador sería si no asistiera?"
"Gracias, Mitsui…" – murmuró ella, con la mirada fija en la larga calle – "No sé si algún día terminaré de agradecerte todo lo que haces por mí"
"Si es que no ganan el Campeonato, creo que agradecimiento no será precisamente lo que sientas por mí" – dijo él. Ayako sonrió, ante la salida rápida del joven. Esa era su manera: Cada vez que se acercaban peligrosamente a una conversación que podría terminar tornándose seria, él ocupaba todo su sarcasmo e ironía para tomar un desvío.
Ella se había preguntado varias veces si es que lo que se sentía por Mitsui era amor. Nunca se había detenido a considerarlo, pues si es que era honesta consigo misma, no podía comparar aquella suerte de "relación" con nada que hubiera compartido con alguien anteriormente. Era diferente, era especial…pero aún así, tenía miedo de la decisión de ponerle un nombre. Ya que, después de todo, las cosas habían seguido un curso anormalmente normal. Se habían besado, era cierto…pero luego habían vuelto a la rutina agradable en la que ambos se hundían en cuanto se encontraban todos los días. No sentía que hubiera retrocedido, pero tampoco podía decir que estaba avanzando. Y así, tan de repente como la idea había llegado a su mente, recordó un momento de su vida que se parecía mucho a esta situación: Aquella vez, a causa de un miedo irracional que le impedía hablar, cuando había vuelto hacía unos cuantos meses a la casa de su padre, varios años atrás, Ayako había discutido con él, a causa de su silencio. Su padre ciertamente no sabía qué hacer con ella: Había logrado por todos los medios legales, luego del divorcio, recuperar a su hija después de varios años separados. Durante todo ese tiempo, ella lloraba al teléfono hablando con él, hasta el punto de quedarse dormida con el paso de las horas. Le suplicaba que fuera a buscarla, que no la abandonara, que él era la única salida que ella tenía. Su padre había pasado del dolor a la desesperación, hasta que finalmente logró llevársela para que viviera con él. Sin embargo, la muchacha se sumía en un profundo silencio cada vez que él le preguntaba qué era lo que había ocurrido durante todo ese tiempo, mientras vivía con su madre. Y una noche, Ayako, producto de una dulce inmadurez, cuando estaban en su habitación, había tomado un pedazo de tiza de su escritorio y había dibujado una línea en el piso, justo en el medio de los dos. Luego, como punto final a esa discusión y a cualquiera que su padre quisiera iniciar en el futuro, le había dicho: "Después de esa línea, no tienes permitido pasar"
Sintiendo el peso de aquel recuerdo sobre su cuerpo, Ayako se volteó a mirar a Mitsui: Caminaban juntos, era cierto, pero cuando dejó caer los ojos, casi pudo distinguir la línea que ella había dibujado inconscientemente entre los dos. Él había intentado en numerosas ocasiones traspasarla, sin que ella lo dejara. Había trazado un invisible límite entre ellos. Sin embargo, lo que la asustó en ese momento fue que, lentamente, sentía que la línea había ido alzándose, luego de cada evento que había escondido, luego de cada vez que había evadido sus preguntas, luego de cada mentira que le había dicho, hasta el punto de crear una pared en el medio de los dos.
Y aquello era algo que Ayako no estaba dispuesta a soportar: Mitsui era lo único que se había transformado en algo real, tan real que la había ayudado a tener una esperanza insospechada. Y perderlo era un lujo que ella no se podía dar.
"De acuerdo" – dijo Mitsui, cuando llegaron a la esquina en la que solían separarse para ir cada uno a su casa – "Te veré mañana en tu partido luego de la práctica del equipo"
El joven frunció el ceño ante la mirada pensativa que se posó sobre él. Ayako, de repente, tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.
"Tengo que ir a buscar a mi hermana" – murmuró – "Vive a unas cuantas calles de aquí… ¿podrías acompañarme y luego ir a mi casa? Creo que hay algo de lo que necesito hablarte"
Mitsui ensanchó los ojos a causa de la sorpresa, sintiendo una fuerte sensación de alivio recorrer su pecho. ¿Podría ser lo que se imaginaba? Sin embargo, no se dejó llevar por la ilusión, y solamente asintió, comenzando a caminar con la muchacha.
Durante todo el trayecto, la muchacha permaneció en silencio. Nervios espantosos comenzaron a tomar el control de su cuerpo, mientras imaginaba la forma en que él reaccionaría al contarle toda la historia. Pero a pesar de ello, era un riesgo que estaba dispuesta a correr. En ese momento, las consecuencias de por fin revelarle a alguien sus secretos eran el precio que debía pagar: Porque el perderlo, simplemente nunca podría ser capaz de pagarlo.
Mitsui entornó los ojos con sospecha cuando vio la mano de Ayako temblar mientras se alzaba para tocar el timbre de la casa amarilla. Millones de posibilidades se cruzaron por su mente: No había recibido una llamada de Tetsuo, quien seguramente ya había estado rondando por aquella casa. Por lo tanto, probablemente no había encontrado nada sospechoso en ella. Sin embargo, los gestos nerviosos de la joven le indicaban lo contrario.
Ayako sonrió cuando la puerta se abrió y por ella apareció la figura de la pequeña niña que había visto antes. Ella corrió directo a los brazos de la muchacha, quien la levantó del suelo. Con un rastro de sospecha, la pequeña niña posó sus ojos en Mitsui, quien le sonrió levemente, lo que infundió un poco más de confianza en la pequeña.
"Hola" – dijo Mei, con su suave voz – "¿Quién es él?"
"Él es Hisahi Mitsui" – respondió Ayako, sonriendo cuando el muchacho extendió su mano hacia la pequeña, luego de que ella la depositara en el piso – "Es un amigo mío de la escuela. Mitsui, ella es Meiling"
"Mucho gusto" – dijo Mitsui, estrechando la mano de la niña, quien le sonrió
Sin embargo, sus ojos se desviaron hacia la figura que apareció en la puerta: Un hombre de alrededor de cuarenta años, tal vez un poco menos, se encontraba apoyado contra el umbral, con los brazos cruzados frente a su pecho. Sus ojos, muy oscuros, estaban sobre los suyos, con una especie de luz que le parecía familiar. De inmediato, recordó la mirada que tenía Tetsuo cuando lo conoció, aquella que, sin quererlo, lo intimidó súbitamente. Pero claro, en ese tiempo él era sólo un quinceañero que recién estaba integrándose a ese extraño mundo al que solía pertenecer.
"Hola" – dijo, con voz grave, dirigiéndose solamente a Mitsui. Le extendió la mano, que el joven estrechó. Entornó los ojos al sentir que el hombre le estrujaba la mano con solo un movimiento – "Soy Hiro Koyamada, el padrastro de Ayako"
"Hisashi Mitsui" – contestó él. Sintió una punzada de ira en el estómago cuando vio el siguiente gesto de aquel hombre: Luego de soltar su mano, sus ojos se posaron en Ayako, con una mirada evidentemente lasciva. Notó cómo recorría de abajo hacia a arriba el cuerpo de la joven con ambos ojos. De reojo, observó que la muchacha se estremecía, mientras aferraba con más fuerza la figura de la niña hacia la suya.
Aquella fueron solamente las dos señales que necesitó Mitsui: Era él. Siempre había sido él, y cuando sus ojos se deslizaron hacia la inocente e ingenua silueta de la pequeña, descubrió la razón del silencio y el extremo secreto de Ayako. Sus puños se cerraron, mientras la ira que lo había acompañado durante varios días creció como un espiral dentro de su ser, amenazando con estallar en ese mismo instante.
"La traeré el domingo" – dijo Ayako, tomando la mano de la niña – "Dile a mamá que pasaré antes de las nueve"
"Te estaré esperando" – dijo él, sonriendo ampliamente – "Hasta luego" – hizo un gesto amistoso hacia Mitsui, quien asintió con la cabeza, esbozando una imperceptible sonrisa.
"Nos veremos pronto" – respondió él, esperando que él captara el contenido de la última palabra.
Por supuesto que se verían pronto. Mucho antes de lo que se imaginaba.
Continuará…
