Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Nueve: La mitad que no es correspondida

Mitsui esperó impaciente a que Ayako bajara las escaleras. Había subido para acostar a Mei, a quien se le cerraban los ojos de cansancio durante el camino. El padre de la muchacha no se encontraba en la casa, pues trabajaba hasta tarde los días viernes.

En el intertanto, el joven comenzó a repasar los diferentes sucesos de aquel día: Sabía que Ayako pretendía contarle algo importante, algo relacionado con todo lo que había estado pasando, por lo que debía quedarse hasta que ella terminara de hablar. Sin embargo, la otra parte de él, por primera vez, estaba desesperada por irse: Sin importar lo que saliera de la boca de la muchacha, porque bien podría ser que quisiera contarle cualquier cosa irrelevante, lo que pretendía era ir directo a algún punto de encuentro con Tetsuo. El problema es que no tenía para nada claro qué era lo que haría después. Y no sólo eso: El mayor dilema que lo atormentaba era que todas las opciones que barajaba involucraban el despliegue de violencia sin límites de ningún tipo.

Alzó la mirada cuando escuchó los pasos de Ayako bajando las escaleras. Sonrió levemente cuando ella entró a la cocina. Luego de un par de minutos, regresó sosteniendo dos vasos de jugo. Mitsui recibió el vaso, mientras observaba a la muchacha sentarse junto a él en el sillón. Vio el debate de la confusión y la duda en sus ojos, que luego se materializó en su usual gesto nervioso de morderse el labio inferior. Luego de un par de minutos, Ayako alzó la mirada para encontrarse con la de Mitsui.

"Estoy segura de que sí te imaginas de qué quiero hablarte" – comenzó, dubitativa – "Porque sabes que si quisiera hablar de jugadas o de partidos, todavía estaríamos en la escuela, ¿no?"

"Posiblemente" – dijo Mitsui, para no comprometerse con ningún comentario imprudente – "Creo que me hago una idea. Pero lo que no sé es por qué quieres contármelo ahora…"

"¿A qué te refieres?" – preguntó ella, frunciendo el ceño – "¿Insinúas nuevamente que no confío en ti?"

"Por supuesto que no" – dijo, entornando los ojos – "Me refería a qué no sé qué te hizo cambiar de idea"

Ayako se hundió en la mirada de Mitsui, reconociendo aquella dulce expresión que una vez la hizo pensar que él era su única esperanza.

"Porque no puedo seguir alejándote" – murmuró, desviando la mirada – "No puedo dejar que te vayas"

"No pretendo ir a ninguna parte" – dijo él, confuso – "¿Qué te hace pensar eso?"

"No me refiero a que te vayas"- explicó – "Sino a que estés, pero yo no te deje estar, ¿me entiendes?"

"Creo" – admitió Mitsui, alzando una ceja – "Es improbable que pase, pero creo comprender lo que quieres decirme"

"En fin…" – Ayako suspiró, reuniendo todo el coraje que le quedaba en el cuerpo – "Lo que quería contarte es…lo que me pasó. Lo que ha estado pasándome desde hace mucho tiempo"

Mitsui se concentró en la figura de la muchacha, quien continuó, sintiendo un poco más de valentía al fijarse en la manera que él le daba su atención

"Mis padres se divorciaron cuando yo tenía once años" – comenzó – "En ese entonces, ellos ya no se soportaban. Ambos me amaban, pero vivir todos juntos era simplemente imposible. Mi madre decidió que era mejor que nos fuéramos juntas a la casa que conociste hoy. Veía a mi padre todos los días, ya que pasaba por mí para ir a la escuela, y me iba con él los fines de semana. Siempre pensé que se reconciliarían algún día, hasta que esa esperanza desapareció cuando conoció a Hiro"

Mitsui notó cómo el rostro de Ayako se crispaba con el sólo mencionar el nombre de su padrastro.

"Se casaron sólo un año después de que mi madre se divorciara" – dijo, sacudiendo la cabeza – "Seguía viendo a mi padre con la misma frecuencia, pero tengo que admitir que no me molestaba vivir nuevamente con alguien parecido a un padre. Hiro era muy dulce conmigo, se preocupaba mucho por mí. Decía que era como una muñeca, muy parecida a la hija que había imaginado que tendría alguna vez. Al año siguiente, nació Mei" – la joven sonrió, mientras sus ojos volaban inconscientemente escaleras arriba – "Y simplemente…me enamoré. Era la niña más bella que había visto en mi vida, y me sentía afortunada de que fuera mi hermana menor.

Para ese entonces, mi madre ya había alcanzado su sueño de ser la gerente de una empresa a nivel global. Pasaba cada vez menos tiempo en casa, por lo que éramos Hiro y yo quienes nos hacíamos cargo de Mei. Ella comenzó a crecer, al igual que yo. Ni siquiera me di cuenta cuando me miré al espejo, y ya no parecía una niña. Hiro decía que me parecía cada día más a mi madre, y que era la jovencita más bella que alguna vez hubiera visto. Recuerdo que ese invierno mi padre tenía que viajar al extranjero por negocios, y mi madre había sido enviada de urgencia fuera de la ciudad, por encargo de su empresa. El día de mi cumpleaños, cuando cumplía catorce, llegué a casa, y me encontré con Hiro. Había enviado a Mei a la casa de mi abuela y había preparado una cena especial para los dos, a modo de celebración."

El muchacho sintió una aguda punzada de súbita e inexplicable ansiedad al notar la expresión que se cruzaba por el rostro de la muchacha: Una angustia increíblemente profunda, que de seguro no había visto jamás en su vida en otra persona, parecía que se escapaba por la forma en que sus ojos se cerraban con dolor.

"Ese día quebró mi clavícula" – dijo, mientras su mano inconscientemente se deslizaba por la cicatriz de su pecho – "No te mentí cuando dije que no recordaba bien el resto. Todavía tengo pesadillas cuando mi mente trata de recuperar los pedazos de esa noche" – sus ojos se posaron en los de Mitsui – "No creo que deba explicarte qué fue lo que…hizo"

Mitsui se las arregló para mantener controlada su expresión. Sentía sus dientes rechinando, escondidos en la mandíbula rígida. Su mente trataba de regresar al estado concentrado en el que se encontraba antes, pero era inevitable que imaginara las múltiples formas en las que deseaba torturar hasta la muerte a ese hijo de perra.

"Por supuesto, él inventó la historia de un accidente de auto" – continuó, aclarando su garganta – "Le dijo a mi madre lo suficiente para que ella lo creyera. Recuerdo que esperé a salir del hospital para contarle todo, un día en que Hiro no se encontraba en casa. Creo que fue ese día cuando la perdí: Ella escuchó toda la historia, mientras yo trataba de explicarle todo con lágrimas. Sin embargo, me sorprendía la indiferencia que podía ver en ella. Cuando terminé, sólo dijo: "Qué imaginación tienes, Ayako. Hiro jamás sería capaz de hacerte algo así". Me di cuenta de que estaba sola, y que tenía que vivir con él, ambos sabiendo la verdad. Así fue como comencé a rogarle a mi padre que me sacara de allí"

"¿Le dijiste lo que había pasado?"

"No" – dijo ella, terminantemente

"¿Y por qué rayos no?" – exclamó Mitsui, sin poder resistirse

"Por Mei" – dijo Ayako, mientras sus ojos se nublaban con lágrimas – "Me dijo que se la llevaría y que no volvería a verla si es que me atrevía a decirle una sola palabra a mi padre. Y no puedo dejar que se la lleve, porque sé que mi madre no se opondría. Y lo que me hizo a mí, bien puede hacérselo a ella. Y jamás dejaré que eso ocurra"

"¡Pero…!" – dijo Mitsui, frustrado – "¡¿Pero es que no te das cuenta de lo que haces? ¡Llevas todo este tiempo, todos estos años, soportando esta carga tú sola, y por lo que veo, pretendes seguir en la misma situación quién sabe por cuánto tiempo más!"

"¡No puedo hacer nada!" – exclamó ella, sacudiendo la cabeza – "¡Al menos no por ahora! Pretendo esperar un par de años más, evitando lo más posible verlo o estar cerca de él, hasta que pueda llevarme a Mei"

"¡¿Es decir que pretendes seguir dejando que ese asqueroso degenerado te golpee y haga lo que quiera contigo fin de semana por medio por un par de años más?"

"Si es lo que tengo que soportar por Mei, lo haré"

"¡Esa es la estupidez más grande que te he escuchado decir en todo este tiempo!"

"Lo sé, créeme que lo tengo claro"

"¿Y cuántas mentiras más piensas inventar?" – preguntó Mitsui, soltando un sonido que era entre frustración y enojo – "¿Qué piensas seguir diciendo para esconder los moretones y los golpes? Primero, el accidente de auto; luego, la caída de las escaleras, y ahora un asalto. ¡Lo siento, pero no sé qué tanto más creativa puedes ser, tarde o temprano tu padre o alguien más se va a dar cuenta!"

"Eso lo veré más adelante" – Ayako suspiró ante la imagen enfurecida de Mitsui – "Aún no es necesario"

Mitsui guardó silencio, mientras ponderaba las respuestas de la muchacha dentro de su mente. Para ser sincero, luego de escuchar sus explicaciones, lo primero que imaginó fue que ella estaba total y absolutamente demente. ¿Cómo rayos podía siquiera pensar en seguir aguantando toda esa basura, todo ese abuso, sin contárselo a nadie? Sin embargo, cuando vio aquella chispa de determinación en sus ojos al segundo siguiente de haber mencionado el nombre de su hermana pequeña, se dio cuenta de algo que él no había experimentado en toda su vida: Lo que Ayako sentía por esa niña era algo que nunca había visto en alguien más…

Era esa clase de amor por el que la gente estaría dispuesta a morir sin pensarlo dos veces. Más bien, sin pensarlo ni una sola vez.

Sin embargo, toda la furia e ira que había estado controlando en su interior refulgió dentro de su cuerpo. Se acercó a la muchacha y la tomó por los hombros, cerniendo sobre ella todo el poder de su determinación.

"Tú ya me conoces bien" – le dijo – "Contigo he sido más sincero que en toda mi vida, y no te he escondido absolutamente nada. Jamás lo haría. Así que ahora…" – apoyó su frente en la de la muchacha, cerrando los ojos y respirando hondo, para tratar de disuadirse – "Dame una razón"

"¿Qué?" – preguntó Ayako, entornando los ojos – "¿Razón?"

"Dame una razón, solamente una razón" – dijo Mitsui, alejándose de ella – "Para no ir ahora mismo adonde ese hijo de perra y matarlo a golpes"

"Porque, como tú dices, te conozco" – dijo la muchacha, tratando de persuadirlo con la mirada – "Y sé que no harías algo que pudiera hacerme daño"

"Y como yo te conozco a ti, acabo de descubrir que tu mente no funciona como la del resto del mundo, Ayako: No eres capaz de distinguir lo que puede solucionarse de lo que sí. Este es un caso, porque esto puedo solucionarlo yo"

"No, Mitsui" – dijo ella, alzando la voz con enojo – "No dañarás a Hiro, porque eso le haría daño a Mei. Hasta el momento, él solo demuestra amor y cariño hacia ella, y aunque lo odie, es su padre. Y hacerle daño a Mei es hacerme daño a mí"

"¡MALDITA SEA, ERES LA MUJER MÁS IDIOTA QUE HE VISTO EN MI VIDA!"

Mitsui se levantó del sillón, caminando raudamente hacia la puerta. Ayako lo tomó del brazo, sin éxito en intentar que se detuviera. El joven abrió la puerta, pero esta se cerró cuando la muchacha abalanzó su figura sobre ella. Cerró los puños, conteniendo el aliento.

"¡Prométeme que no le harás nada!" – exclamó, bloqueando su camino – "¡Dijiste que podía confiar en ti!"

"¡Y yo te dije que me dejaras cuidar de ti!" – contestó, acercándose a ella, con furia contenida – "¡Pero al parecer, debo hacerlo sin tu permiso!"

"¡No puedes hacer esto! ¡Por favor, Mitsui, hazlo por mí!"

"¡LO HAGO POR TI!" – gritó. Sin poder contenerse, golpeó la madera de la puerta detrás de la cabeza de Ayako, quien se sobresaltó ante el gesto iracundo del joven, quien no encontró otra manera de descargar un poco todo lo que sentía en esos momentos – "¡HAGO TODO POR TI, IDIÓTICA MUJER!"

"¡Entonces haz esto por mí también!" – pidió ella, acercándose a él y tomando su rostro entre las manos – "Por favor, Mitsui, no lo hagas"

"¡¿Pero es que no te das cuenta?" – preguntó él, zafándose de las manos de la muchacha y tomándolas entre las suyas – "¡No puedes pedirme esto!"

"¿Por qué no?"

"¡PORQUE NO PUEDO SOPORTAR LA IDEA DE QUE…! ¡DE QUE…!" – y sin poder resistir al impulso de decir la verdad que hasta entonces le parecía como algo lejano, dejó escapar el aire de sus pulmones y dejó caer la mirada, en un gesto que reflejaba la profunda frustración en la que se había hundido – "¿No te das cuenta?" – continuó, luego de varios segundos de silencio. Ayako buscó su mirada, pero el joven la rehuyó. Apoyó su frente contra de la muchacha otra vez, cerrando los ojos.

Pasaron varios minutos, en donde solamente el sonido del reloj en la pared interrumpía el sobrecogedor silencio en el que se encontraban ambos jóvenes. Ayako, por un lado, esperaba las palabras de Mitsui, que parecían estar causando estragos de dolor y angustia en el cuerpo del joven. Pero por el otro lado, Mitsui buscaba alguna salida, alguna forma de decir lo que le parecía imposible dentro de su mente. Y sin embargo, muy dentro de sí sabía que no podía seguir negando lo que ya era un hecho, que aunque era algo que jamás imaginó, ahora se erguía sólido como el hierro dentro de su pecho.

Porque… fue la primera vez que ella intentó golpearlo a causa de sus gritos, fue cuando sintió el orgullo de su progreso como si fuese suyo, fue durante sus eternas conversaciones, fue la primera vez que la abrazó, fue la primera vez que empezó a necesitarla…

Fue la primera vez. La enumeración que repitió dentro de su mente no era una serie de hechos o de sucesos.

Todo se concentraba en una sola verdad.

La primera verdad.

"¿No te das cuenta?" – preguntó, una vez más, con los ojos aún cerrados. Se alejó lo suficiente para encontrarse con los ojos de la joven, los cuales se ensancharon al ver aquella expresión, hasta ahora desconocida para ella – "No puedes pedirme que observe como alguien te hace daño, ni siquiera puedo soportar la idea, porque…"

Ayako abrió aún más los ojos, completamente gélida, luego de escuchar la siguiente frase de Mitsui, quien tenía fija su mirada en la muchacha:

"Porque te amo demasiado para dejar que eso ocurra"


Mitsui cerró la puerta de su habitación de un golpe. Sin embargo, al no poder satisfacer el descargo de su ira, lanzó su bolso contra el escritorio frente a la ventana, dejando que se cayeran todas las cosas al piso, sin siquiera detenerse a comprobar si es que algo se había roto al desplomarse lo que había sobre él.

Se sentía como un perfecto imbécil. Luego de dejar que esas palabras se deslizaran por entre sus dientes, no pudo más que esperar a algún tipo de respuesta por parte de la muchacha. Podía entender que estuviera sorprendida, incluso que tal vez estallara en risas y dijera que no le creía absolutamente nada. Había esperado todo, menos lo que había ocurrido: Como si fuese lo más natural del mundo, tal y como si él le hubiese dicho que se verían al día siguiente, ella había sonreído levemente y había asentido. Luego, como si nada, había abierto la puerta y se despidió antes de verlo salir. Ni una sola palabra había salido de entre sus labios.

No podía pensar otra cosa más que Ayako no había querido decir nada…porque en realidad, no sentía nada. Si bien jamás él se había tomado el tiempo de interpretar ninguna señal de parte de la muchacha, se había imaginado que aquella vez, cuando se quedaron encerrados…algo había significado, ¿no? ¿O simplemente había sido una casualidad y sólo eso? ¿Una pequeña coincidencia entre los dos, una alineación de eventos que desembocaron en algo de lo que ella ahora se arrepentía?

¿Era a eso a lo que se reducía? Él…Mitsui…¿era en eso en lo que se había transformado para ella? ¿En tan sólo una pequeña coincidencia? ¿En un mueble más en la vida de Ayako?

Se tendió sobre la cama, con la vista fija en el techo, sin tener la voluntad suficiente para concentrarse en nada más. Tal vez la había juzgado mal: Era posible que ella…simplemente no fuera lo que él imaginaba. Era cierto que había logrado conocerla lo suficiente para llegar a…ni siquiera era capaz de decirlo dentro de su mente. Le parecía incluso una estupidez repetirlo, por lo que de entrada decidió prohibirse el volver a considerarlo. Y sin embargo, aún cuando la conocía lo suficiente…tenía que entender, tenía que grabar en su cabeza que había muchas cosas que probablemente todavía no sabía de ella. Una de esas podía ser que Ayako no sentía nada ni remotamente parecido a lo que él sentía por ella. Escuchó una vez más dentro de su mente la frase que le había dicho, mientras el espacio de su habitación aumentaba el sonido de los ecos.

"Porque te amo demasiado para dejar que eso ocurra…"

Y pensar que era la primera vez que decía algo semejante. Y pensar que era la primera vez que sentía algo semejante.

¿Era así cómo se suponía que debía sentirse? ¿Lleno de esa extraña y desconocida confusión que no lo dejaba ni siquiera pensar? Con razón la mitad del mundo consideraba que el amor era un verdadero asco: Y eso era así simplemente porque la otra mitad estaba compuesta por los que eran lo suficientemente imbéciles para no ver lo asqueroso que era.

No, pensó, la mitad que no ve que es un asco…es la mitad de quienes son correspondidos.


Ayako esperó pacientemente al borde de la cancha, mientras el resto de sus compañeras seguían calentando antes del partido. Observó hacia las gradas, pero entre todas las caras que estaban fijas sobre las figuras de las jóvenes de ambos equipos, no logró distinguir la de Mitsui.

Perfecto: Le había dado la mejor de las razones para que no quisiera ni acercarse al gimnasio aquel día. Como la idiota redomada que solía ser cuando se encontraba en alguna situación comprometedora, había guardado silencio luego de lo que él le había dicho. Seguramente Mitsui había estado esperando algún tipo de respuesta, y ella no le había dado ni siquiera algo parecido.

Y sin embargo, había estado despierta casi toda la noche, pensando en qué debería haberle contestado. Y luego de varias horas de confusión, de listas mentales con los pros y contras de todo lo que la rodeaba a ella y a Mitsui…sólo había llegado a una sola conclusión: Terror. Completo y absoluto terror.

Pero no por las razones que cualquiera se imaginaría, producto de las millones de diferencias entre los dos: La constante manera en que discutían, los caracteres diferentes, lo tozudos que ambos eran, la manía que ambos tenían de no decir las cosas sino hasta el último momento…Pero no, esos no eran los motivos de su temor.

Su terror radicaba en que ahora creía que ya no tendría la oportunidad de decirle…que quería que se quedara con ella. Que, a pesar de todo…ella se sentía de la misma manera.

De repente, escuchó el silbato inicial. Sacudió la cabeza, para regresar a lo que debía centrar su atención en esos momentos. Y así, de la nada, comenzó a jugar. Esta vez, no cometió tanto errores como al principio, pero con cada punto, su mirada volaba hacia el lugar que solía estar cada sábado ocupado por Mitsui.

Y así fue como logró ubicarlo: Sin embargo, sintió un pinchazo n el estómago, producto de un súbito y desesperado nerviosismo. Porque ahí estaba Mitsui…pero no estaba solo. Vio cómo la gente de unas filas más atrás comenzaba a quejarse, debido a que de la nada, ya no podían ver tan bien como antes, ya que ahora la primera fila estaba ocupada por siete altos muchachos: Akagi asintió una vez, junto con Rukawa, que se sentaba a su lado. Luego, Yasuda y Sakuragi la saludaron con la mano, mientras por el rostro de Miyagi se extendía una gran sonrisa. Finalmente, en el extremo de la línea, se encontraba Mitsui, el único que estaba serio. Sin embargo, cuando ella se detuvo para observar un tiro libre de su compañera, lo vio encogerse de hombros, con una expresión de disculpa en el rostro.

Ella sacudió la cabeza e intentó aislarse de la forma en que los muchachos la animaban.

"Levanta la cabeza, con un demonio" – murmuró Mitsui, justo cuando aparecía en el marcador que sólo quedaban tres minutos de partido. Ignoró la forma en que Miyagi posaba los ojos en él. Ya no importaba. Ya nada importaba. Y si bien ya estaba cansado de seguir pensando en todas las cosas que habían pasado, había tomado una decisión: No seguiría mintiendo. Y si en esos momentos alguien debía conocer la verdad, era Miyagi.

Aunque jamás le había pedido disculpas realmente, Mitsui sentía que le debía esto, a lo menos: Si pretendía jugar limpio en este asunto, la verdad era lo primero que debía salir de él.

"Ayako juega espectacular" – dijo Akagi, con una expresión de orgullo en su rostro, mientras veía a la manager de su equipo encestar una canasta más para su equipo – "Su entrenador hace un buen trabajo, al parecer"

"Se puede ver que también Ayako ha aprendido con el sólo ver los partidos de nuestro equipo" – dijo Kogure, sonriendo ampliamente

"¿A qué te refieres?" – preguntó Miyagi, frunciendo el ceño – "Se ve que Ayako tiene su sello propio, no juega como nosotros"

"No como nosotros" – continuó el muchacho de los lentes – "Mira la forma en que defiende y en la manera que ataca por fuera de la zona de tiro" – señaló justo la posición en la que en esos momentos se encontraba la joven – "Es como ver a Mitsui en la cancha"

Miyagi se crispó ante el último comentario. Automáticamente, volvió a posar sus ojos en la figura de la joven, notando que Kogure tenía razón. Ayako jugaba igual que él. Y con tan sólo ese comentario final, muchas cosas comenzaron a encajar en su mente: Las múltiples veces en las que ambos faltaban a los entrenamientos, la vez que los sorprendió en sus ropas deportivas de camino a la escuela, la manera en que se miraban cuando estaban en la cancha…algo estaba sucediendo, y era algo que él necesitaba saber. Sin importar lo que pasara, de alguna manera lograría que Mitsui le dijera lo que estaba pasando entre él y la muchacha a la que él había amado durante todo este tiempo.

Cuando acabó el partido, Miyagi observó cómo Sakuragi, Rukawa, Kogure, Akagi y Yasuda, sin importarles la forma en que la muchacha negaba con la cabeza, con expresión avergonzada, se precipitaron hacia la cancha, saltando por la barandilla frente a ellos. Los muchachos se acercaron a la joven y la felicitaban, llegando incluso al punto de levantarla en el aire. Miyagi observó a Mitsui, quien tomó su bolso del piso y caminó hacia el pasillo del gimnasio. Se detuvo una sola vez para mirarlo y hacer un gesto, que el joven interpretó como una señal para que lo siguiera.

En silencio, ambos caminaron hacia el pasillo, mientras la gente pasaba junto a ellos para salir del lugar. Mitsui se acercó a las puertas de vidrio, listo para dirigirse a la calle, pero antes, se giró para encontrarse con la figura de Miyagi. Él sabía que el muchacho del arete era más inteligente de lo que demostraba ser, y que en esos momentos ya debía haberse imaginado un par de cosas, que de seguro eran las correctas. No por nada se había acercado a él en lunes por la mañana, luego del supuesto "asalto" de Ayako. Y de todas formas, si no lo había descubierto ya, solamente era cuestión de tiempo, y ya que la paciencia no se encontraba entre sus muchos talentos, acelerar las cosas era un buen camino a seguir.

"Querrás golpearme después de esto" – dijo Mitsui, observándolo directamente a los ojos – "Y te prometo que no opondré resistencia. Tú y yo hemos peleado por cosas que te debía y por otras que no…pero, por primera vez, esto es solamente culpa mía. No debí haberte mentido. Y por eso…lo siento mucho, Miyagi"

"¿De qué estás hablando?" – preguntó el joven, ya que de ninguna manera lo que decía Mitsui calzaba con lo que esperaba oír – "¿Por qué querría golpearte?"

Mitsui caminó hacia la puerta, pero se detuvo una vez más para mirar a Miyagi. Con la mano apoyada en el vidrio, vio cómo la expresión de su amigo se desmoronaba luego de escuchar su voz:

"Estoy enamorado de Ayako" – dijo, frunciendo el ceño – "Creí que debías saberlo"

Continuará…