Ella: La que le quitaba el aliento
Capítulo Diez: Trauma
"¿Ella siente lo mismo por ti?"
Mitsui alzó la mirada para encontrarse con la de Miyagi. Ambos, cuan si hubieran tomado la decisión juntos, se habían dirigido a un parque cercano al gimnasio en donde habían presenciado el partido de Ayako. Llevaban más de media hora sentados en una de las bancas, en completo silencio.
Mitsui, por un lado, sentía que no tenía nada más que decir si es que Miyagi no quería más explicaciones. Mientras que Miyagi, por el otro, tenía la cabeza tan impresionantemente llena de preguntas, que no tenía ni la más remota idea de por dónde empezar. Por lo tanto, el resultado era una suerte de tensión entre los cuerpos de ambos muchachos: Uno que sentía que su furia estaba a punto de estallar, y el otro que pensaba realizar la buena acción del día, pretendiendo dejarse golpear hasta la inconsciencia sin oponer ningún tipo de resistencia.
Sin embargo, aquella pregunta había quebrado el silencio mental en el que Mitsui se hallaba sumido. Pero, a pesar de ello, sentía que no tenía ninguna respuesta a ella. ¿Sentía Ayako lo mismo que él? Por todo lo que había visto las últimas horas, habría dicho la verdad si es que hubiese contestado con un rotundo "no". Pero dentro de él, lo único que quería contestar, era un determinado "sí".
Porque se rehusaba a creer que esto se había terminado. Se negaba a pensar que todo se reducía a una mera casualidad. No podía ser así, no podía ser que la primera vez que alguien entrara en su vida de esa manera fuera también la primera vez que lo abandonaran a su suerte, sin saber cómo enfrentar una situación como esta. Ella había demostrado confiar en él, por lo tanto, algo debía significar para ella.
Tenía que significar algo para ella.
Posó sus ojos en los de Miyagi, los cuales demostraban una insospechada tranquilidad. Sin embargo, lo conocía lo suficiente para entender que el joven no dejaría esta situación así como así, comprendía muy bien que Miyagi no se contentaría con una simple respuesta y nada más.
"No lo sé" – era lo más cercano a la verdad que podía contestar
"¿Cómo rayos pasó todo esto?"
Esa era una buena pregunta. Una muy importante, también. Mitsui pensó que ya había cumplido con su promesa, y que ya no importaba si es que tenía que confesarle lo que había dicho a Ayako que no comentaría, en especial con Miyagi.
"Hace más de un mes, creo" – comenzó Mitsui – "Ella me pidió que la entrenara para jugar mejor en este Campeonato. Comenzamos a vernos todos los días, antes y después de la escuela"
"Era verdad que te veías en secreto con ella" – acusó Miyagi, alzando la voz – "Incluso cuando te lo pregunté cara a cara, lo negaste"
"Ella me lo pidió de esa manera" – explicó el joven, mirándolo – "No quería que nadie se enterara, decía que la aterraba la idea de que ustedes estuvieran en los partidos y ella no lo hiciera bien"
"¿Y por qué tuvo que pedírtelo a ti?"
Mitsui rechinó los dientes, al comenzar a repasar sobre las señales de la muchacha: Ya entendía por qué se lo había pedido a él. No había sido porque fuera mejor jugador, o porque no le importara el hecho de que ella era sólo una chica más de la escuela, y así la tratara como un verdadero entrenador. Se lo había pedido a él porque confiaba en que era lo suficientemente desgraciado para ceder a su favor y luego desaparecer, sin que le importara mucho más.
"Supongo que fue…" – admitió Mitsui – "Porque ella estaba segura de que a mí no me importaba en lo más mínimo si es que ella progresaba o no, si es que le iba bien en el Campeonato o no…"
"Sólo fue porque en ti no confiaba" – Miyagi notó el efecto de sus palabras en Mitsui. De alguna u otra manera, lo enfurecía aún más que el muchacho reaccionara con algún tipo de emoción ante aquel comentario. Rechinó los dientes, sintiendo una enorme furia crecer dentro de sí: Era más difícil de lo que esperaba. ¿Por qué tenía que ser él? Mitsui era un hijo de perra que no le importaba nadie más que sí mismo. Quizás después de Rukawa, era el hombre más egoísta que alguna vez hubiera visto en su vida. Y sin embargo, incluso después de todo lo que le había hecho, después de haberlo golpeado, después de haberlo mandado al hospital, después de haberlo alejado de la cancha a causa de sus heridas…había continuado con su venganza: Ahora, contra todo pronóstico, también Mitsui pretendía destrozarlo con aquello que más le importaba. De todas las muchachas con las que podría haberse entretenido, porque de seguro, solamente eso estaba haciendo, tenía que elegir a Ayako.
"Supongo que también tienes razón en eso" – concedió Mitsui, con cierta desgana – "Pero las cosas han cambiado mucho desde esos momentos"
"Tú no la amas" – dijo Miyagi, levantándose de su asiento
Mitsui lo miró, con los ojos abiertos como platos. Se levantó también de su posición, para erguirse frente a Miyagi.
"¿Qué dijiste?" – preguntó – "¿Por qué te diría algo como esto si es que no fuera la verdad?"
"Tú no has amado a nadie en toda tu vida" – continuó Miyagi, acercándose a él hasta que sus rostros se encontraron a unos cuantos centímetros de distancia – "Sólo eres capaz de pensar en ti mismo y en lo que te conviene. Haces y deshaces lo que se te antoja con la gente, y con Ayako estás haciendo exactamente lo mismo"
"¿Cómo demonios te atreves a decir eso?" – le espetó Mitsui, con la mandíbula rígida – "¡No tienes ni la más mínima idea de lo que ha pasado entre nosotros!"
"¡LO QUE SÍ SÉ ES QUE UN DESGRACIADO COMO TÚ NO LA MERECE!" – gritó Miyagi, empujándolo – "¡Jamás un desalmado egoísta como tú podría hacerla feliz!"
"¡No me conoces, así que no tienes moral para decir algo como eso!" – respondió Mitsui, rechinando los dientes – "¡Y tampoco la conoces a ella!"
"¡¿Cómo rayos te atreves a siquiera decir algo como eso?" – exclamó – "¡Yo he sido su amigo por más de dos años, fui yo quien la defendió cuando los delincuentes de tus amigos la golpearon cuando fuiste al gimnasio a destrozarnos a golpes! ¡He sido yo quien la ha visto con los ojos que merece ser observada, y no como un pedazo de carne como tú lo haces!"
Mitsui respiró hondo, tratando de controlarse. No podía ceder a la forma en que Miyagi lo estaba provocando, incluso cuando lo que más quisiera en esos momentos fuera golpearlo hasta dejarlo inconsciente.
"No conoces nada acerca de Ayako" – comenzó Mitsui – "La Ayako que tienes dentro de tu mente es imaginaria, simplemente no existe. Y estoy seguro de que la imagen que tienes de ella es la de una muchacha tan común y corriente como tú"
"Di lo que quieras" – dijo Miyagi, sonriendo irónicamente – "Porque sé que tienes la costumbre de abandonar todo. Y cuando decidas que esto que dices sentir por ella no es más que un capricho, ahí estaré yo, a su lado, listo para intentar todo el daño que vas a hacerle"
"Yo JAMÁS le haría daño" – dijo Mitsui. No sabía por qué sentía que estaba justificándose. Pero lo que sí sabía, y que lo aterraba, era que posiblemente Miyagi pudiera tener razón – "Y te equivocas rotundamente al decir que esto es un capricho"
"Entonces, si es así, contéstame esto" – dijo Miyagi, cruzando los brazos frente a su pecho – "Ayako juzga muy bien a las personas, incluso en silencio. Dime, Mitsui…" – se acercó un paso más – "No te contestó nada cuando le dijiste que la amabas, ¿no es cierto?"
Mitsui sintió que su rostro se crispaba y que una punzante aguja atravesaba su pecho. La sonrisa de Miyagi se extendió aún más.
"Por supuesto que no te contestó" – continuó – "Porque no te cree. Porque sabe que no eres capaz de sentir algo semejante por ella o por cualquier persona que no seas tú mismo. Así que no estoy equivocado cuando digo que es un capricho, porque incluso si es que no lo es…a Ayako no le importa. ¿Y sabes por qué?" – Miyagi escogió muy bien las palabras siguientes – "Porque ella sabe que de ti no puede esperar nada más. Tienes razón, no tengo idea de lo que ha pasado entre ustedes dos, y sólo puedo imaginarme que le has mostrado a un adorable y simpático Mitsui, con quien a ella le gusta estar. Pero, a pesar de ello, Ayako sabe que, en el fondo, sólo eres un rostro bonito que esconde al mismo mentiroso hijo de perra que ella ya conocía de antes"
Mitsui, sintiendo un frío espeluznante recorrer todo su ser, bajó la mirada, sin saber qué contestar.
"Así que insisto, Mitsui: Di lo que quieras" – Miyagi recogió su bolso del césped y se dio vuelta. Sin embargo, se volteó una vez más, para terminar aquella discusión – "Y me refiero a dile lo que quieras. Porque, de todas maneras, no va a creerte. Ya que, después de todo, mírate…" – alzó una ceja al observar el rostro del joven frente a él – "¿Quién sería tan idiota para creerte a ti cuando dices que estás enamorado de alguien?"
Ayako continuaba sin poder conciliar el sueño. Daba vueltas y vueltas constantemente en la cama, envolviéndose y luchando contra las sábanas. El silencio en la casa tampoco ayudaba demasiado: Estaba acostumbrada a dormir los fines de semana más quieta que de costumbre, producto de que debía compartir la cama con Mei. Además, si es que llegaba a despertarse en medio de la noche, la ayudaba a luchar contra la soledad el ruido ensordecedor de los ronquidos de su padre. Sin embargo, aquella noche se encontraba sola, puesto que su padre había decidido llevar a Mei con él fuera de la ciudad, para visitar a su abuela, y para que de esta manera la pequeña disfrutara del sol de la playa de aquel lugar. Por supuesto, por el partido y por tener que estudiar, Ayako no había podido ir con ellos. Y si bien era cierto que había pasado gran parte de la tarde leyendo los textos que debía preparar para la clase de inglés del día lunes, sin mucho esfuerzo en realidad, ya que era una estudiante más que destacada, la muchacha no podía encontrar otra manera para continuar matando el tiempo.
Se sentía ciertamente feliz de que ya no tuviera que esconder el hecho de que estaba participando en un equipo de basketball, y si bien los muchachos ya la habían avergonzado lo suficiente frente a sus compañeras, se sentía contenta por la presencia de ellos. Sin embargo, lo que la había dejado con un gusto amargo dentro de su ser era la ausencia que siguió a la victoria de su equipo. Oficialmente, ya estaban en las finales, lo cual debía ser un motivo más que de alegría. Pero esta se había visto opacada por la falta que le hizo Mitsui luego del partido: Por alguna razón que el muchacho se negó a explicarle, se había ido sin esperarla.
Pero eso no era todo: Había esperado, con cierta incomodidad para ser honesta, que Ryota se acercara a ella luego del partido, con sus constantes miradas y gestos que podía interpretar como algo más que amistad. Y aún así, los dos se habían desaparecido, misteriosamente. Pero, si lo analizaba mejor, no era tan misteriosa dicha desaparición: Más bien, la asustaba. Un inexplicable temor tomaba posesión de su cuerpo cuando se detenía a pensar en lo que podría haber pasado entre los dos jóvenes. Jamás había pensado en realidad que Mitsui sería capaz de decirle algo relativo a lo que había pasado entre ellos, pero…¿qué pasaría si es que Mitsui le decía lo que ya le había dicho a ella? ¿Cómo arreglaría la situación? Lamentablemente, a la única conclusión a la que era capaz de llegar era que ambos llegarían a la práctica del equipo con la cara destrozada por haberse golpeado durante varias horas seguidas.
Miró su reloj, el cual le mostró con grandes y brillantes números que eran casi las dos y media de la madrugada. Luego, deslizó su mirada hacia su celular, frunciendo el ceño: Era inútil seguir intentándolo. Había estado llamándolo desde casi las ocho de la noche, alrededor de unas treinta veces. Por supuesto, el extraño presentimiento se debía a que el muchacho no se había dignado a contestarle ni una sola vez.
Frustrada, volvió a esconderse debajo de las sábanas, sintiendo el ácido sabor de la ironía en la lengua: Estaba haciendo lo mismo que ella solía hacerle. No contestar el teléfono, porque simplemente no quería contarle algo. Le estaba pagando con la misma moneda, lo cual la hacía sentir probablemente muy similar a la manera en que él se había sentido cada vez que le preguntaba qué era lo que ocurría, obteniendo solo evasivas y mentiras de su parte.
El karma es una perra, pensó, cerrando los ojos una vez más para intentar quedarse dormida. Y en eso estaba cuando, de repente, escuchó un leve sonido contra su ventana. Pensando que se trataba del viento o algo parecido, lo ignoró. Sin embargo, el sonido de que algo golpeaba el vidrio volvió a repetirse. Se levantó, confusa, justo para ver que nuevamente una pequeña piedra golpeaba su ventana. Frunciendo el ceño, encendió la luz y caminó hacia la ventana, que daba hacia la entrada de la casa.
En cuanto la abrió, tuvo que parpadear varias veces para asegurarse de que lo que estaba viendo no era tan sólo producto de su imaginación. Sacudiendo la cabeza y esbozando una pequeña sonrisa, se volteó para salir de su habitación.
"Hisashi Mitsui, eres el ser más patético que ha pisado la Tierra" – se dijo, rechinando los dientes, y pensando que todavía estaba a tiempo de dar la media vuelta y salir corriendo antes de que ella abriera la puerta. Sin embargo, no podía seguir considerando la idea de que era un cobarde. Ya suficiente había tenido con la conversación con Miyagi. Y muy a su pesar, jamás algo dicho por alguien más le había dado tanto en qué pensar. Odiaba la idea de que pudiera tener razón. Detestaba con todo su corazón que lo que le había dicho Miyagi pudiera ser cierto. Había intentado por incontables horas persuadirse de que no era así, de que sus palabras solamente eran el resultado de lo que el enojo, la ira, la decepción y la traición habían provocado en él. Pero, si era así…¿por qué no había podido contestar las llamadas de Ayako? ¿Por qué continuaba tratando de convencerse de que nada de esto le podía estar pasando a él? ¡Era Hisashi Mitsui, por todos los Cielos! ¡Ese nombre era sinónimo de alguien que no flaqueaba ante nada ni nadie! ¡Había gente que aún caminaba en la dirección opuesta luego de verlo, producto del temor que su sola imagen provocaba! ¡Y ahora estaba aterrorizado por culpa de una simple muchacha!
¡¿Cómo diablos había llegado a esto?
Cuando la joven abrió la puerta, Mitsui entró sin decir una sola palabra, cerrándola tras de sí, ante la mirada confusa y extremadamente sorprendida Ayako. Luego, se detuvo a una distancia prudente, con la mejor mirada asesina que podía imaginar.
"Eh…¿hola?" – dijo Ayako, frunciendo el ceño levemente – "Pero claro que puedes pasar, a mí también me da mucho gusto verte" – el joven ignoró la ironía de la muchacha.
"¿Por qué no me contestaste ayer?" – disparó Mitsui – "¿Acaso escuchas confesiones como esas todos los días, que ya te resulta aburrido responder a ellas?"
"¿Viniste aquí, a las dos y media de la mañana, sólo para pelear conmigo por tu orgullo herido?" – preguntó ella. La falta de sueño y consideración del muchacho, junto con la ira de que no quisiera explicar por qué no había contestado a sus llamadas estaban haciendo florecer aún más su mal carácter – "¿Qué? ¿No estás acostumbrado a que una chica luego de decirle que la amas no caiga rendida a tus pies de inmediato?"
"Ni siquiera intentes dar vuelta esta discusión hacia mí" – advirtió él, frunciendo el ceño – "Te hice una pregunta, y quiero que me la respondas"
"¡Y a mí me gustaría que me contestaras el teléfono cuando te llamo, pero no se puede tener todo en la vida!, ¿no crees?"
Ayako alzó una ceja después de verlo emitir un gruñido que era parecido a una queja de parte de algún animal enrabiado. Sin darse cuenta, se encontró siguiendo con la mirada los movimientos del joven, quien comenzó a pasearse de un lado para otro, como si fuese un tigre enjaulado, completamente enfurecido. De tanto en tanto, se detenía para mirarla, y abría la boca para hablar, pero sinceramente, no podía llegar a un insulto lo suficientemente bueno, o que llegara a expresar lo que realmente quería decir.
De repente, se detuvo frente a la muchacha, apuntándola con el dedo y diciendo una frase que casi la hizo reír, si no hubiese sido por la sorpresa que le causó:
"Tú…" – comenzó Mitsui, rechinando los dientes – "¡Tú…! ¡Tú…! ¡Me traumatizaste!"
"Que yo…¿qué?" – preguntó la muchacha, acercándose a él
"¡Claro que sí!" – exclamó él, completamente furioso – "¡Todo esto es tu culpa, maldita sea!"
"¿Y yo qué demonios te hice?"
"¡Oh, por favor, no pongas esa cara de inocente!" – continuó él – "¡Siempre supiste todo esto, o a lo menos podías darte cuenta!"
"¿Darme cuenta de qué? ¡Mitsui, de veras que no entiendo a qué rayos te refieres!"
"¡ESTO ES TU CULPA!" – gritó, golpeando la pared más cercana, lo que provocó que la muchacha diera un paso atrás por la sorpresa – "¡MI VIDA ERA PERFECTA ANTES DE CONOCERTE A TI! ¡HACÍA LO QUE QUERÍA, NO HACÍA LO QUE NO QUERÍA HACER, Y AHORA, DE LA NADA, MI MUNDO ENTERO GIRA EN TORNO A TI! ¡QUISISTE QUE ENTRARA EN TU VIDA, PERO TÚ…! ¡TÚ…! ¡TÚ TE METISTE EN LA MÍA, SIN QUE YO PUDIERA EVITARLO! ¡Y ENTRASTE, Y…Y…CAMBIASTE MIS ESQUEMAS, CAMBIASTE MI RUTINA…! ¡Y…! ¡Y TÚ, INSIGNIFICANTE PEDAZO DE ESTÚPIDA MUJER…! ¡HICISTE QUE ME ENAMORARA DE TI! ¡Y AHORA…!" – se detuvo, para tomar aire. Sin embargo, notando lo cansado que se sentía por el solo hecho de estar frente a ella, logró descubrir algo más en todo esto. Sintiendo una opresión en el pecho, volvió a mirarla – "Y ahora ni siquiera puedo respirar si no estás cerca"
Mitsui observó cómo ella daba lentos pasos hacia él. Ayako se detuvo frente la figura del muchacho, teniendo que alzar la cabeza para poder encontrarse con la testaruda mirada de Mitsui. Sonrió ampliamente, para luego tomar el cuello de la camiseta del joven y tirar de ella hacia su cuerpo. El joven accedió de mala forma, haciendo rodar sus ojos. Imaginaba que Ayako se reiría por lo irracional de su actuar, pero frunció el ceño con sorpresa cuando no se encontró con una cara sonriente o con alguna expresión de irónica burla, sino con los labios de la joven. Parpadeó varias veces, aún incrédulo y sin poder reaccionar. Sin embargo, lo devolvió a la realidad el gesto urgente por parte de la muchacha, que se inclinó lo suficiente sobre él para aferrar sus dedos en torno a su cabello, mientras se hundía aún más en los labios del muchacho. Mitsui, por su parte, cerró sus brazos en torno a la figura de la joven y dejó que sus instintos lo dominaran, sus manos perdiéndose en los rizos castaños de la muchacha, mientras sus labios trataban de recorrer cada centímetro de los de ella.
Frunció el ceño, abiertamente enojado cuando ella se separó abruptamente de él. Se encontró con la mirada divertida de Ayako, quien sonreía ampliamente, mientras lo observaba con una mezcla de sorpresa y dulzura.
"Deja de enfurecerte conmigo" – le dijo, acariciando su mejilla con la punta de los dedos – "Sobre todo si es que todavía no te he contestado nada"
"Te detesto, te prometo que sí" – murmuró Mitsui, besando con suavidad otra vez los labios de la muchacha, quien inundó el espacio entre ellos con su risa – "Y te hago personalmente responsable por esta basura en la que me has convertido"
"Tu estupidez ya es crónica, no me culpes a mí por eso" – dijo Ayako, golpeando su nariz con la suya – "Y respecto a lo otro…" – Mitsui posó sus ojos en los de ella, mientras contenía el aliento – "¿Recuerdas cuando me pediste que te diera una razón para no ir a matar a golpes a Hiro?" – el joven asintió – "Yo te respondí que te sabía que no lo harías porque jamás me harías daño. La verdad, es que no quería decirte eso" – Mitsui alzó una ceja, sin entender a lo que ella quería llegar – "Quería decirte que sabía que no lo harías porque me querías tanto como yo a ti"
"¿Es decir que ya lo sabías, pero que esperabas a que te lo dijera yo primero?"
"Pues claro que sí, ¿qué esperabas?"
"Eres una asquerosa cobarde" – dijo él, aún molesto – "No querías arriesgarte y me dejaste hacer el ridículo a mí primero"
"Pensaba detenerte cuando empezaste a gritar…" – dijo ella, besándolo en la mejilla – "Pero te veías tan adorable tratando de culparme por todo que tenía que ver qué hacías después"
Mitsui se acercó una vez más, y acalló la risa de la muchacha al posar sus labios sobre los de ella. Luego, apoyó su frente en la de Ayako, soltando un suspiro enojado.
"Ahora sí que te odio"
El joven sonrió cuando observó a la figura que se encontraba tendida sobre él.
Luego de la conversación que habían tenido, ambos se habían sentado en el sillón para disfrutar un poco del silencio ausente de gritos y discusiones. De esa manera, Mitsui se había sentado en el sillón, dejando que se cabeza se regocijara sin esas constantes dudas. Ayako, por su parte, se había recostado horizontalmente, apoyando su cabeza en los muslos de Mitsui. Por supuesto, al cabo de unos cuantos pocos segundos, se había quedado completamente dormida.
Mitsui, lo más sigilosamente que pudo, tomó la cabeza de Ayako, y deslizó su figura fuera del sillón. Luego, teniendo cuidado de no despertarla, se acercó a ella y pasó su brazo por la parte posterior del cuello de la muchacha, para después pasar su otro brazo por debajo de sus rodillas. La joven se movió un poco, aún dormida, mientras Mitsui la tomaba y se dirigía hacia las escaleras. Sonrió cuando ella inconscientemente se aferró a su camiseta y hundió su cabeza aún más en el hombro del muchacho.
Subió hasta la habitación del la muchacha, para luego ir hacia la cama. Cuidadosamente, la depositó sobre ella, mientras Ayako se acomodaba como reflejo al contacto con el lugar donde solía dormir. Mitsui la cubrió con las sábanas, para después apartar el cabello del rostro de la muchacha. Contempló su tranquila y quieta figura por un par de momentos más, mientras dejaba que sus dedos levemente tocaran la mejilla de la joven. Sonriendo, se acercó y la besó en la frente. Se permitió un segundo más antes de irse y apagar la luz de la mesa de noche.
Mitsui cerró la puerta de la casa, con una amplia sonrisa en el rostro. Después de todo, al parecer todo había salido de una manera similar a la esperada. Aunque, si se detenía a pensarlo…jamás había esperado nada, partiendo por toda la situación en la que se encontraba. Caminó calle abajo, mientras sacudía la cabeza, sin importarle mucho más qué era lo que podría pasar…
Si tan sólo hubiera sabido lo que estaba por pasar. Si tan sólo se hubiera imaginado lo que estaba a punto de cernirse sobre él.
Mitsui estaba tan sumido en esa desconocida y extraña alegría, que incluso siendo un muchacho extraordinariamente precavido e inteligente como él…no pudo darse cuenta de que en ese mismo instante, alguien estaba siguiéndolo.
No pudo ver ni escuchar a quien venía contando sus pasos desde el momento en que había entrado a la casa de Ayako.
Continuará…
