Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Doce: Golpes

Mitsui esperó pacientemente a que el padre de Ayako abandonara la habitación. Cuando divisó la figura del abatido hombre cruzar la puerta y deshacerse en lágrimas frente a sus ojos, el muchacho no pudo hacer más que acercarse a él y tocarlo en el hombro.

El padre de la muchacha levantó la enrojecida mirada hacia el joven, quien cerró más aún su puño en torno a su hombro. Esbozando una leve y triste sonrisa, asintió una vez y se dirigió hacia una pequeña puerta doble que daba a una suerte de jardín en medio del hospital.

Mitsui se detuvo frente a la puerta de la habitación de cuidado intensivo. Con el pomo de ella en su mano, aferrando el metal con decisión…descubrió que no tenía fuerzas para esto: No estaba listo, todavía no podía resignarse a perderla. Era imposible, simplemente, por más que se lo repetía, no podía creerlo: Por primera vez en su vida, descubrió lo que era agonizar por alguien. Y lo que más lo sorprendía, era lo insoportable que le resultaba la idea de que ahora, cuando entrara a la habitación…tuviera que despedirse.

Tomó aire, sintiendo que el paso de este rasgaba sus pulmones. Abrió la puerta lentamente, para luego dar un paso vacilante hacia el interior. La luz blanca lo encegueció por un segundo, mientras trataba de mantener la vista fija en la silueta que vio más al frente: Al lado de la ventana, ahora ya oscurecida por el paso de la noche, se encontraba la cama de la joven. Se acercó lentamente, dándose cuenta con cada paso que respirar se hacía cada vez más dificultoso. Finalmente, contempló su figura:

Era raro verla tan quieta. Estaba acostumbrado a observarla correr, reír, hablar, golpear a todos con su abanico, a desplegar su terrible carácter. Sin embargo, recordó la imagen de cuando estaba dormida, pero aún así no logró encontrar ninguna semejanza. Sentía que algo faltaba, que a pesar de la luz increíblemente brillante que iluminaba la habitación, faltaba…la luz de Ayako. No estaba acostumbrado a sus ojos cerrados, no estaba acostumbrado a su piel sin color, no estaba acostumbrado a sus rizos sin moverse con la brisa…

Sólo entonces se dio cuenta de que al parecer…ella ya no se encontraba allí.

De lo que no pudo darse cuenta fue del momento en que él se desplomó: Sin importarle ya los millones de límites y barreras que había intentado poner entre los dos, Mitsui dejó que sus rodillas comenzaran a doblarse lentamente, producto de que ya no podían sostener su peso. Luego, casi pudo escuchar el temblor que invadía su pecho, mientras sus ojos empezaban a cerrarse, ya que no podía soportar la visión nublada. Sus rodillas hicieron contacto con el piso, justo cuando su frente se apoyó suavemente sobre el pecho de la joven.

Como si con el gesto estuviera aferrándose a lo que quedaba de vida en el cuerpo de Ayako, Mitsui cerró sus puños en torno a las sábanas blancas que la cubrían, mientras se sumía tan profundo en sus pensamientos, que no pudo escuchar sus propios sollozos.

Durante todo el día, había estado rodeado de gente. Los muchachos del equipo, incluyendo a aquellos con los que no solía cruzar más de dos palabras en cada entrenamiento, lo habían acompañado cada minuto, con ciertas demostraciones de preocupación en las que él reparó lo más cortésmente que pudo. Sin embargo…jamás en toda su vida se había sentido tan solo. Nunca, en sus dieciocho años, había sentido la necesidad de tener a alguien a su lado. Y jamás, a pesar de los muchos descubrimientos que había hecho respecto a sí mismo y respecto a su relación con Ayako, había notado lo vacío y lúgubre que parecía el mundo ante la posibilidad de que ella no estuviera a su lado.

Nunca…jamás…la había necesitado tanto como ahora.

Abriendo los ojos e inclinándose hacia el cuerpo de la joven, mientras dolorosas y gruesas lágrimas rodaban por su rostro, Mitsui contempló a la muchacha. Dejó que su mano se deslizara por el rostro frío de Ayako, mientras su otra mano se aferraba a la de la joven. El muchacho se acercó aún más, para luego posar sus labios sobre su frente. Cerró los ojos, sintiendo una angustia que parecía no tener fin, mientras sus manos recorrían el cabello rizado de la muchacha, al igual que su rostro inerte y pálido.

"No me dejes" – murmuró, tratando de borrar la imagen de Ayako conectada a millones de tubos y llena de agujas, y recordando la figura de quien se había enamorado – "Por favor, no me dejes…no puedes dejarme, no ahora…no cuando me he dado cuenta de que sin ti no puedo estar…"

Regresando su figura hacia atrás, contempló una vez más la figura inmóvil de la muchacha.

"Vuelve…" – dijo, mientras se estremecía con dolor – "Vuelve a mí…"


Se encontraba en el jardín del hospital, contemplando el cielo nocturno, cuando cayó al piso producto del golpe que le llegó por la espalda. Sintió el metálico sabor de la sangre cuando mordió su labio inferior por el reflejo de proteger sus dientes nuevos. Se levantó rápidamente, para luego voltearse para encontrarse con su agresor. Sin embargo, la súbita ira que invadió su cuerpo lo abandonó tan velozmente como había llegado.

Miyagi temblaba frente a Mitsui. Sentía un calor desconocido recorrer todo su ser, mientras trataba de canalizar toda la energía en la imagen que tenía frente a él. La manera en que se sentía en esos momentos no se comparaba con nada que hubiera experimentado antes. Podía escuchar los latidos de su corazón acelerado por la furia, mientras casi podía sentir las vibraciones de su sangre hirviendo en sus venas.

Por supuesto, ni por un segundo había imaginado que él no fuese el culpable: Toda la responsabilidad de que la muchacha a la que había amado por años caía sobre los hombros de Mitsui. No importaba lo que hubiese pasado en realidad, no importaba que todo aquello fuese verdaderamente un terrible accidente…lo único que sabía con certeza era que Mitsui había arrastrado a Ayako hasta esta situación, por el solo hecho de haber llevado su maldita y asquerosa presencia cerca de ella.

Soltando un grito que mezclaba la ira con un profundo dolor, Miyagi se abalanzó sobre Mitsui, quien cayó al piso y soportó en silencio los numerosos golpes que el muchacho le propinaba. Jamás había aceptado que lo golpearan sin pelear de vuelta, pero…pensaba en que no haría nada para evitarlo, y eso era por dos razones que, dentro de su mente y su corazón, parecían increíblemente poderosas: Primero, sentía que se lo merecía. Que la ira que Miyagi estaba descargando sobre él no era más que el justo castigo que se había ganado por el hecho de que Ayako estuviera muriendo unas cuantas habitaciones más allá. Y segundo…lo necesitaba. De alguna u otra manera, su mente estaba pidiéndole a gritos una distracción lo suficientemente grande para evadir la imagen y los sentimientos que lo estaban torturando hasta la locura. Y la única forma en la que creía poder evitar un poco el dolor…era más dolor. Sin embargo, lo sorprendió que golpes que Miyagi le propinaba, cada uno con más fuerza que el anterior, no mitigaran ni un poco lo que sentía por dentro. Es más, ni siquiera creía estar sintiendo de verdad aquel dolor físico tan esperado por el dolor que azotaba su cuerpo por dentro.

"¡MALDITO BASTARDO!" – gritó Miyagi, levantándose, exhausto, para contemplar la figura inmóvil de Mitsui – "¡TODO ESTO ES CULPA TUYA! ¡Y SI AYAKO MUERE ESTA NOCHE, JURO QUE TE MATARÉ! ¿NO ME OÍSTE?" – ante la falta de reacción por parte del muchacho, Miyagi se enfureció aún más. Se acercó a él y comenzó a patearlo en el piso – "¡LEVÁNTATE Y PELEA, ASQUEROSO COBARDE!"

"No…" – murmuró Mitsui, tosiendo y escupiendo un poco de sangre. Lentamente, se incorporó hasta erguirse frente al muchacho – "No, Miyagi…"

"¡DESGRACIADO HIJO DE PERRA!" – gritó, acercándose a él y dándole un puñetazo en la sien – "¡TE DIJE QUE NO LA MERECÍAS, TE DIJE QUE TE ALEJARAS DE ELLA! ¡LO SABÍA! ¡SABÍA QUE SOLAMENTE LE HARÍAS DAÑO!"

"¡Y DARÍA TODO POR ENMENDAR LO QUE LE HA OCURRIDO!" – gritó Mitsui – "¡TOMARÍA SU LUGAR CON GUSTO, MALDITA SEA!"

"¡DEJA DE HACERTE EL HÉROE, IMBÉCIL!" – lo golpeó otra vez – "¡JAMÁS DEBISTE ACERCARTE A ELLA, TÚ NO LA MERECES!"

Mitsui sintió que se agudizaba el rayo de culpabilidad en su pecho cuando Miyagi lo golpeó nuevamente, mientras dolorosas lágrimas caían por sus mejillas.

"¡PELEA, MALDITO, PELEA!" – sollozó, mientras cada frase era seguida por un golpe – "¡PELEA CONMIGO, ASQUEROSO COBARDE! ¡TE HARÉ PAGAR POR LO QUE LE HAS HECHO A AYAKO!"

"No, Miyagi…"- murmuró Mitsui, mientras limpiaba la sangre que emanaba de su nariz – "No pelearé contigo. Golpéame todo lo que quieras, porque, de hecho, me lo merezco. Pero no me pidas que pelee contigo"

"¿Y CUÁNDO TE CONVERTISTE EN ESTE IDIOTA QUE SOPORTA LOS GOLPES, AH?"

Mitsui caminó lentamente hacia la entrada del hospital, mientras ponderaba en su mente la pregunta de Miyagi. Descubrió que no eran solamente dos razones las que lo llevaban a aguantar la golpiza por parte del muchacho. En realidad, las dos primeras eran muy importantes, pero con la pregunta del joven logró darse cuenta de una tercera, que era verdaderamente la que lo guiaba. Y no sólo en estas circunstancias, sino que durante todo el último tiempo había dominado toda su manera de ser:

"Fue gracias a Ayako" – dijo el joven, sintiendo dolor con tan sólo pronunciar su nombre – "Ella hizo que yo quisiera ser un mejor hombre"


Mitsui no quiso siquiera levantar la mirada cuando el padre de Ayako se acercó a él para decirle lo que le había comunicado el médico: Con las palabras más suaves que pudo, el doctor le había dicho al padre de la muchacha que había llegado el momento…para abrazarla. Se está yendo, señor, había dicho, bajando la mirada, entre y abrácela. Sosténgala y ayúdela a que se vaya. Luego de escuchar aquella frase, se había acercado a Mitsui, ya que sabía que ambos querrían estar en aquella habitación. Sin embargo, el joven no tenía fuerzas para siquiera mirarlo a los ojos. La angustia que lo recorría causaba estragos al extinguir todo atisbo de esperanza. Había pensado hasta ese momento que ella tenía las fuerzas suficientes para vencer lo que la estaba liquidando. Sin embargo, al parecer, ya no había nada que hacer.

Asintió una vez, tratando de juntar los pedazos de sí mismo que casi podía distinguir sobre el piso de la sala de espera, para luego ponerse de pie. Caminó junto al padre de Ayako, sintiendo que su pecho comenzaba a temblar. Entraron a la habitación, en donde ya se encontraban tres doctores y dos enfermeras. Esperó junto a la puerta, mientras trataba de evadir la imagen del padre de la muchacha desmoronándose sobre el cuerpo de su hija. Contó los segundos que pasaban lentamente en el reloj sobre la pared de enfrente, mientras esperaba pacientemente a que el hombre se despidiera. Luego de quince minutos, que fueron seguidos atentamente por los ojos de Mitsui, él se levantó y se acercó a la figura del joven. Sin embargo, Mitsui no supo cómo reaccionar cuando el padre de la muchacha cerró sus brazos en torno a los hombros del joven.

"Muchas gracias" – dijo, mientras aún no dejaba de abrazarlo – "Le diste los meses más felices a mi hija"

Mitsui asintió frente al hombre, tratando de que su cuerpo no se desplomara en medio de la habitación. El padre de la chica sonrió tristemente, para luego abandonar la habitación. El muchacho respiró hondo, mientras caminaba directamente hacia la cama en la que se encontraba la joven. Estaba exactamente en la misma posición, la luz que ella desprendía seguía ausente. Escuchó el sonido del monitor que seguía atentamente los latidos del corazón de la muchacha. Se inclinó con suavidad hacia ella, mientras el temblor de su pecho se agudizaba aún más.

Así que esta sería la última vez. Sin embargo, descontando el hecho de que por diferentes razones se encontraba frente a su cuerpo moribundo…no se arrepentía de nada. Ella había hecho que su vida cambiara, lo había obligado a encontrar nuevos propósitos, había hecho que viera las cosas de una manera diferente…y lo más importante: Había hecho que descubriera que realmente sí era capaz de sentir cosas que jamás había considerado posibles para él. Y jamás lograría saldar aquella deuda, nunca podría agradecérselo completamente.

Se inclinó aún más, hasta el punto en que sus labios tocaron con suavidad los de la joven. Lo estremeció la ausencia del calor al que se había acostumbrado cada vez que la besaba, aquel calor que lo había hecho recordar a la mañana siguiente que había soñado, efectivamente, con ella. Pasó una de sus manos por detrás del cuello de la muchacha, cuya figura estaba completamente relajada, para después sentir una vez más los intrincados rizos de la joven entrelazarse con sus dedos. La estrechó contra su pecho, cerrando los ojos y recordando con una mezcla de tristeza y melancolía todo lo que habían pasado juntos. Sonrió levemente, dándose cuenta de que jamás, nadie, podría arrebatárselos. Su mano bajó hasta encontrar la de ella, cerrando sus dedos en torno a la fría mano de la muchacha.

"Te amo" – murmuró, cerrando sus ojos y rogando con todas sus fuerzas para que, en donde sea que estuviera su mente en aquellos momentos, ella pudiera escucharlo – "Te amo, y…lo siento"

De repente, tan súbitamente como había dicho aquellas últimas palabras, Mitsui se dio cuenta de lo que estaba pasando. Y el golpe estremecedor de la angustia y el dolor, que al parecer aún no habían mostrado su verdadera magnitud, hizo que nuevas y renovadas lágrimas se reunieran dentro de sus ojos, mientras cerraba aún más sus brazos en torno a la inmóvil figura de la joven. Sintiendo una ira que iba más allá de los límites de lo posible, una furia que se dirigía contra todo el mundo, por lo injusto de la situación, por el hecho de que Ayako era la mejor persona que había pisado la faz de la Tierra, y ahora estuviera falleciendo, Mitsui dejó que su cabeza bajara hasta hundirse en el inerte pecho de la muchacha. Aferrándose con todo su ser a la figura de la chica, el joven dejó que las terribles y dolorosas lágrimas se deslizaran por su afilada nariz.

"Lo siento…" – murmuró, casi sin poder respirar, mientras besaba la mano de Ayako – "Perdóname…" – cerró los ojos, cuando la siguiente frase hizo que la misma angustia casi lo ahorcara – "Lo siento, mi vida, lo siento…"

En ese momento, el sonido de un pitido hizo que todo su ser se detuviera, rogando para que no fuera cierto. Levantó la mirada con desesperación, justo para encontrarse con la imagen del monitor, que mostraba que el corazón de Ayako…se detenía. Ensanchó la mirada, pero no logró hacer mucho, ya que de un solo tirón, fue separado del cuerpo de la joven por el médico, quien junto a los otros dos, se abalanzaban sobre el cuerpo de la muchacha. Observó con ojos que se rehusaban a creer lo que veía cómo el médico masajeaba el pecho de Ayako, mientras el otro cargaba las paletas de resucitación.

"No…" – murmuró, casi sin voz – "No…Ayako, no…" – bajó la mirada cuando sintió un súbito contacto contra su piel. Una de las enfermeras se había acercado a él y lo había tomado por el brazo.

"Tiene que salir de aquí" – dijo, mientras levemente lo empujaba hacia la puerta – "Los doctores harán lo posible para ayudarla"

"¡NO!" – exclamó él, justo cuando otra enfermera lo tomaba por el otro brazo – "¡No puedo irme, no puedo dejarla sola!"

"¡Lo siento, pero tiene que hacerlo!"

Mitsui dejó que lo guiaran hacia la puerta, dándose cuenta de que era completamente inútil seguir luchando contra las enfermeras. Observó por última vez hacia la cama de la muchacha, pero estaba tan rodeada de gente, que no pudo distinguir nada más que la mano de Ayako.

Caminando lentamente hacia la sala de espera, sintió cómo un frío estremecedor lo recorría, mientras los ruidos que se cernían alrededor comenzaban a desaparecer. No podía siquiera darse cuenta de lo que había sucedido. Ni siquiera era capaz de imaginar que Ayako, su Ayako, ya no se encontrara en aquella habitación.

Ignorando la mirada inquisitiva e impaciente de los muchachos del equipo, ni tampoco escuchando las preguntas que le hacían, Mitsui se dirigió lentamente hacia el salón de espera. Allí, sintiendo el mayor vacío que jamás hubiera conocido, se desplomó sobre uno de los sillones de la oscura habitación. Recordó lo que había visto hacía unos segundos atrás, y decidió que ya no había nada que pudiera hacer. La derrota que no conocía hasta entonces lo invadió, sin ningún tipo de misericordia.

Cerrando los ojos…Mitsui se dejó vencer.


Sintió un leve contacto contra la piel de su mejilla. Cerró, instintivamente, aún más los ojos. Casi como un reflejo, quiso revolverse entre las sábanas que creía que lo cubrían, pero al encontrarse solamente con la chaqueta del uniforme sobre él, Mitsui abrió sus ojos de un solo golpe. Como un rayo atravesando el cielo en la mitad de una tormenta, el muchacho recordó todo lo que había pasado las últimas horas, pero no pudo encontrar el momento en que, seguramente exhausto por todo lo que había sentido, se había quedado dormido. Pestañeó varias veces, ajustando su mirada al rayo de sol que lo golpeaba en el rostro. Sin embargo, aquel suave toque contra la piel de su cara se repitió, dándose cuenta de que no se encontraba solo en aquella habitación.

Tapando el rayo de sol con la mano, se dio cuenta de que quien acariciaba tiernamente su mejilla con su pequeñísima mano, era Mei. La niña lo observaba con ojos atentos, como si la imagen del muchacho durmiendo, y ahora confuso, le resultara increíblemente fascinante. Sus pestañas oscuras y gruesas batieron el aire varias veces, mientras volvía a deslizar su mano por la mejilla de Mitsui. Frunció el ceño, como si se estuviera concentrando arduamente en algo que el muchacho desconocía.

"¿Por qué no duermes?" – preguntó ella, acariciando el rostro del muchacho sin cesar – "Duérmete otra vez"

"¿Qué?"- preguntó Mitsui, observando atentamente a la niña

"Tenías una pesadilla" – explicó la pequeña – "Pero cuando hice esto" – Mei volvió a repasar el trazo de la mejilla de Mitsui con su pequeña mano – "Volviste a dormir"

Mitsui, en un acto inconsciente, levantó su mano y tocó la punta de la nariz de la niña con su dedo, ante lo cual ella sonrió ampliamente. El muchacho volvió a sentir una terrible desazón en el pecho cuando observó a Mei atentamente.

"Te pareces tanto a ella…" – murmuró el muchacho, esbozando una triste sonrisa – "Casi puedo verla cuando te miro a ti"

"Aya me pidió que te cuidara" – dijo Mei, tomando la mano de Mitsui entre las dos suyas – "Me dijo que tenía que quedarme contigo hasta que despertaras"

"Mei, no tienes que-aguarda" – Mitsui interrumpió su propia frase, después de haber escuchado la de la pequeña frente a él – "¿Hasta que me despertara?"

"Sí" – dijo ella, frunciendo el ceño, confusa – "Dijo que te dejara dormir y que me quedara contigo, porque tenía que cuidarte"

Sintiendo la mayor sorpresa recorrer todo su cuerpo, Mitsui se incorporó bruscamente. Lo de la noche anterior…¿no había ocurrido? Recordaba perfectamente que el corazón de Ayako se había detenido delante de sus ojos, ella se había ido…¿verdad? Entonces, ¿por qué Mei hablaba en tiempo presente, como si hubiera hablado con Ayako hace tan sólo un rato? Ensanchando los ojos, el muchacho se levantó del sofá, se inclinó hacia abajo y tomó a la pequeña en sus brazos. Caminando y sintiendo una increíble esperanza dentro de su ser, se detuvo frente a la puerta de la habitación de Ayako.

Lo invadió una terrible inseguridad, imaginando que tal vez todo esto era producto de la negación que la pequeña estaba sintiendo respecto a la muerte de su hermana mayor. Y lo peor era que se sentía arrastrado por esta bella esperanza, consciente de que si resultaba que todo era un error, si resultaba que Ayako sí había muerto la noche anterior, la caída en la realidad sería aún peor. Pestañeó varias veces cuando se dio cuenta de que, en un ágil movimiento, Mei se escurría por entre medio de sus brazos con impaciencia, para finalmente alcanzar el piso con sus pequeños pies. Quiso detenerla cuando se levantó de puntillas y giró la manilla de la puerta, provocando que esta se abriera.

Una luz que ni siquiera se parecía a la de la noche anterior, golpeó a Mitsui directamente en los ojos. Entrecerrando la mirada, el muchacho pudo distinguir las figuras de algunos de los miembros del equipo, junto con la silueta del padre de la muchacha. Varias sonrisas se cernieron sobre él, al tiempo en que el padre de la joven les hacía una seña a los demás visitantes, que claramente daba a entender que era el momento para que ellos abandonaran la habitación. Uno a uno pasaron por el lado de Mitsui, algunos incluso palmearon amistosamente su hombro, en señal de compañía y entendimiento de la situación. El padre de la muchacha tomó a Mei de la mano, para luego esbozar una amplia sonrisa hacia el joven, quien continuaba pestañeando sin cesar, sin poder entender con claridad lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, en el momento en que la habitación quedó vacía de los demás visitantes, en el momento en que pudo fijarse en la figura que hasta ese instante se encontraba cubierta por los demás, Mitsui creyó que todo era producto de un sueño:

Allí, sentada sobre la cama, se encontraba Ayako. Se veía que aún estaba increíblemente débil, pero la sonrisa que esbozó en el mismo instante en que miró a Mitsui…hizo que él volviera a la vida.

El muchacho corrió hacia la figura de la muchacha, y sin importarle demasiado lo que pudiera ocurrir, o cómo ella podría llegar a interpretar aquel gesto, se abalanzó sobre su cuerpo y cerró sus brazos en torno a este. Sus dedos se aferraron a la piel de la joven, mientras hundía su cabeza en los rizos suaves de su cabeza, aspirando el aroma que desprendían. Cerró los ojos, imaginando que todo era una alucinación…de no ser por los débiles brazos de la muchacha, que al cerrarse en torno a la espalda del joven, hicieron que volviera la realidad. Se separó unos cuantos centímetros del cuerpo de Ayako, para poder observarla directamente. Sus ojos brillantes le devolvieron la mirada, mientras una dulce sonrisa se expandía por su rostro al momento en que comenzaba a recorrer con suavidad los cabellos del muchacho con sus finos y níveos dedos. Mitsui apoyó su frente contra la de Ayako, respirando profundamente y sintiendo el delicioso alivio que comenzaba a esparcirse por su cuerpo.

"Pensé que…" – dijo él, tomando el rostro de la muchacha entre sus manos – "Anoche, pensé que…que…"

"¿Que había muerto?" – completó ella, sonriendo con suavidad – "El doctor dijo que faltó poco, pero que ya estoy mejor, aunque aún no tiene muy claro por qué"

"Pensé que no ibas a volver a mí" – corrigió Mitsui, ante la mirada sorprendida de la joven – "Pensé que realmente…estabas…es decir, que realmente…ibas a irte… sin mí"

Ayako cerró los ojos cuando Mitsui se apoderó de sus labios con los suyos, de manera impaciente. Luego, sonrió cuando se separaron y él, aún no contento con el contacto de hasta entonces, la besó varias veces en ambas mejillas y luego en la frente, para después hundirse nuevamente en sus labios. De repente, en el momento en que iba a preguntarle qué había pasado luego del accidente, notó algo diferente en la mirada del muchacho.

"Oye…" – comenzó ella, notando las ojeras y la forma en que sus ojos estaban enrojecidos más de la cuenta – "¿Por qué tienes…? Es decir, tus ojos…¿Estuviste llorando?"

"Claro que no" – dijo él, entornando la mirada, como si tan solo el asumir algo semejante fuese ofensivo – "Siempre supe que estarías bien, así que…¿y por qué me preguntas eso? Sabes bien que jamás lloro por nadie y…¿y qué si es que así hubiese sido, ah? No es así como que sea una señal de debilidad o algo por el estilo, así que no entiendo por qué-"

"Oh, no puedo creerlo" – lo interrumpió ella, sonriendo y soltando una leve carcajada – "¿El rudo y malvado Hisashi Mitsui lloró por una insignificante mujer?"

"Oh, vamos, tú me dijiste la primera vez que hablamos en serio que no llorabas nunca, y te he visto llorar mil veces, así que no vengas ahora a hacer como eres más fuerte que yo, porque en realidad, muy ruda no eres" – dijo él, entornando la mirada aún más – "Y no puedo creer que te hayas despertado solamente para burlarte de mí"

Ayako volvió a reír, esta vez con más energía, mientras tiraba de la camiseta de Mitsui, quien, de mala gana, volvió a inclinarse sobre la figura de la muchacha.

"Simplemente creo que es adorable" – dijo ella, encogiéndose de hombros – "Pero de todas maneras, creo que a mí me habría pasado lo mismo si es que hubieses sido tú el que hubiera estado a punto de morir"

"¿A qué te refieres?"

"A que yo tampoco…" – la muchacha posó sus ojos sobre los de él – "Tampoco soy capaz de concebir la vida sin ti"

Mitsui se hundió en la profundidad de su mirada y en la sinceridad de sus palabras. Y el hecho de que alguien pudiera decir y sentir algo semejante respecto a él lo hizo estremecer de alivio y felicidad.

"Aunque eso no significa que no vaya a burlarme de ti por el resto de tus días por el hecho de que lloraste como niña al creer que iba a morir" – completó Ayako, sonriendo ampliamente. Sin embargo, sintió un pinchazo de sorpresa y a la vez de ternura cuando él hizo un gesto que jamás había visto en él: Inclinándose aún más hacia el frente, Mitsui cerró sus brazos en torno a su cintura y puso su cabeza bajo el cuello de Ayako, para luego cerrar los ojos. La muchacha, por su parte, apoyó su mejilla en la frente de Mitsui, mientras sus dedos jugueteaban con los de él.

"Cállate, tonta" – dijo él, finalmente, hundiendo su rostro aún más en el cuello de la joven.

Ayako rió cuando, intencionalmente, Mitsui exhaló por su nariz con fuerza en el cuello de la muchacha, provocando que el aire le hiciera cosquillas.

Continuará…