Gracias a: Sporusnote, UshieV, Maguie Ibarra, kpatycullen, karli y belly bells cullen-salvatore, Zoe1010, Kyuubi-No-Akitami.
3.
―Cariño, tú y yo sabemos que esa blusa no te hace bonito cuerpo. Es una fiesta en casa de un chico nuevo, atenderán muchas personas. Muchos chicos ―le guiñó un ojo.
April suspiró.
―Supongo que no tengo buen ojo para la ropa ―dijo un tanto apenada.
Caroline suspiró.
―Está bien. Hoy te presto algo yo. ¿De acuerdo? ―April sonrió y asintió―. Pero tenemos que ir de compras y reemplazar tu guardarropa. No es adecuado para una señorita de tu edad usar esas ropas tan secas y varoniles.
Caroline le sonrió a April, pero vio que ella bajaba su mirada.
―Escucha April, lo siento. ¿De acuerdo? ―se acercó a ella―. No soy la persona más delicada del planeta cuando hablo…yo solo digo lo que pienso.
April asintió y sonrió.
―Entiendo. Pero…
― ¿Qué?
― ¿Por qué haces todo esto por mí? Antes…me hablabas muy poco.
Caroline suspiró. ¿Qué le iba a decir a la chiquilla? ¿Qué sentía pena y lastima? No sería adecuado aunque si lo sintiera un poco.
―Yo…tú y yo somos más parecidas de lo que tú crees ―dijo Caroline.
― ¿A qué te refieres?
Caroline volvió a suspirar. Nunca hablaba de esto con nadie porque sabía que nadie se encontraba en sus zapatos y que nadie le entendía.
―Yo sé que no es lo mismo, April… mi padre no está muerto, pero… ―April abrió los ojos en grande y Caroline supo que la había cagado― Okay, otra vez ―cerró sus ojos y respiró―. Yo sé lo que se siente tener una casa para ti sola y que no haya nadie a tu alrededor. Sé que se siente que tus padres no estén por…trabajo o por otras situaciones ―no quiso estropearlo más diciendo que su madre estaba muerta porque sabía que eso no traería nada bueno―. Sé que se siente estar sola. Y si…yo tengo un hermanito, pero es como si no tuviera a nadie. Daniel se la pasa encerrado en su mundo de videojuegos y ni siquiera me voltea a ver. Hay veces que no veo a mamá en semanas, enserio, en semanas. Y bueno, papá…como seguramente te has llegado a enterar, no vive conmigo y solo lo veo en mis cumpleaños y en navidad si tengo suerte. Nadie me pregunta como estuvo mi día, nadie se interesa en mí ―recordó un tanto a Klaus y en la manera en la que él le había preguntado cosas personales y su mirada al hacerlo―. Yo te entiendo, April. Créeme que tengo más experiencia en esto que tú, no estás sola.
Se quedaron viendo y Caroline esperó que ella dijera algo pero April solo asintió mientras muchas lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas rosadas. Abrazó a Caroline que se sorprendió un poco pero le devolvió el abrazo a la chica pequeña y menuda. Le acarició el cabello negro mientras escuchaba como April sollozaba.
―Está bien, April…puedes contar conmigo ―le dijo
Al fin de todo, la había hecho llorar. Muy bien Caroline, siempre cagandola.
―No llores, por favor. Tendré que maquillarte de nuevo ―dijo y escuchó que ella rió.
―Lo siento ―se disculpó.
Se separó de Caroline limpiándose las mejillas y los ojos.
―Muy tarde. Eres un desastre ―dijo haciéndola reír más―. Te maquillo rápido y nos vamos a mi casa por ropa ¿de acuerdo?
April asintió.
Después de haber maquillado a April y de haberla dejado muy bonita, llegaron a casa de Caroline para que April se pudiera vestir con algo decente y sexy. Ella llevaba unos vaqueros negros apretados, unos tacones rosas y una blusa rosa en un tono más pálido. Y April llevaba casi lo mismo pero en colores verdes.
El celular de Caroline empezó a sonar y vio el nombre de Elena en su pantalla.
―Hey.
― ¿Dónde estás? Volví al Grill hace rato y no estaban ahí. Pensé en encontrarlas ahí a las dos. Bonnie no contesta su celular ―la voz de Elena sonaba un poco desesperada.
― ¿Bonnie? Me dijo que estaba con su papá. Ni siquiera fue al Grill ―Caroline caminó hacia April mientras le tomaba el cabello y empezaba a plancharlo. Se puso el teléfono entre el hombro y la oreja y empezó su trabajo mientras escuchaba a Elena suspirar.
― ¿Qué? A mí me dijo que te vería en el Grill.
―No te preocupes, seguramente su papá la retuvo más de lo normal. No seas tan paranoica.
―De acuerdo, está bien. Jeremy me dijo que te vio a ti y April en el Grill y que le dijiste que irían a la fiesta del chico nuevo.
―Sí, sí. Me encontré a April en el Grill y vamos a ir a la fiesta. De hecho les iba a hablar para que fuéramos todas juntas. Solo que estoy peinando a April.
― ¿Por qué iras con ella? ―preguntó de repente.
― ¿Qué tiene de malo? ―respondió Caroline con otra pregunta, no quería que April se sintiera fuera de lugar por las preguntas de Elena.
―No lo sé. No recuerdo que tú le hablaras.
―Larga historia, Lena. Entonces, ¿te veo en la fiesta Kol?
― ¿Kol?
―Resulta que es uno de los hermanos de la familia Mikaelson. ¿Puedes creerlo? Esta maldita ciudad es más pequeña de lo que yo creí.
―No es para tanto, Care. El chico es nuevo y tiene un palacio por casa. Claro que va a hacer una fiesta para hacerse conocer. Si yo tuviera esa casa, también lo haría.
Caroline no lo decía por eso, si no por su encuentro con Klaus. No pensaba decirle nada a Elena ni a Bonnie de ese encuentro y no quería que mucha gente se enterara. No quería ilusionarse con un tipo que estaba tomando whisky a las cuatro de la tarde por un viejo amor. Los chicos con problemas así traían consigo demasiado drama y ella ya tenía suficiente de eso en su vida.
―Si bueno. Supongo que tienes razón.
―Bien, Jeremy y yo iremos dentro de una hora. Trataré de llamar a Bonnie de nuevo.
―Está bien, también yo. Te veo allá.
April estaba sentada frente al peinador de Caroline y tan pronto como terminó la llamada con Elena, terminó de plancharle el cabello a April.
―Listo. Elena dice que nos ve allá con Jeremy ―le dijo Caroline a April.
Vio como April asentía bajito y sus mejillas se teñían de un rosa muy bajito y escondió su mirada. Caroline sonrió. A April le gustaba Jeremy. Y tal vez más que eso. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Si ella era tan buena para descifrar cosas y más si implicaban rollos amorosos y esos asuntos. }
Caroline se rio bajito pero no comentó nada.
―Estamos listas. Vámonos ―Caroline observó su obra de arte por última vez y partieron a la fiesta de Kol Mikaelson.
―No te Vayas Sin Mí―
La mansión de los Mikaelson era una cosa impresionante. Caroline estaba segura que todo Mystic Falls se encontraba en esa mansión y que el lugar terminaría hecho un desastre. Había gente por todas partes y mucha música. April caminaba junto a ella como si no supiera que hacer y Caroline rodó sus ojos, pero al ver a Jeremy junto a Elena descansó un poco.
―Mira, April ―dijo Caroline señalando a Jeremy y a Elena―. Ya llegaron Elena y Jeremy.
Elena vestía unos vaqueros apretados y una blusa roja muy bonita. Traía su cabello largo y café de un lado y tenía puestos unos tacones rojos. Jeremy vestía como siempre, pero al parecer eso no le impidió a April desnudarlo con la mirada. Caroline no podía evitar sonreír ante aquello y una vez frente a ellos, hizo que April y Jeremy se quedaran solos alegando que tenía que hablar con Elena de algo muy importante. Claro, de su plan para juntar a aquellos dos.
― ¿Qué pasa, Care? ―Elena preguntó mientras que Caroline la arrastraba a un lugar más apartado donde la gente platicaba a gusto y donde no se escuchaba la música.
―Acabo de darme cuenta de algo increíble ―dijo con emoción. Elena frunció el ceño―. Lo vas a amar.
―¿Y eso es…?
―April está enamorada de tu hermano ―Caroline sonrió como nunca en su vida y sus bonitos ojos azules se abrieron demasiado haciendo pensar a Elena que se le saldrían.
―¿Qué? ¿Enamorada? ¿Estás segura? ―Elena se rascó la nuca, pensando en algo que le diera una pista.
―Bueno ―se encogió de hombros―, tal vez no enamorada. Pero si tiene un crush muy fuerte.
Elena se quedó pensando en alguna cosa que delatara a April y logró recordar algunas. Logró acordarse de la fiesta de Jeremy y en como April se sonrojaba cada que Jeremy pasaba o la veía o le hablaba. Después de su descubrimiento, abrió sus ojos y su boca.
―Tienes razón. ¿Cómo te has dado cuenta? ¿Por eso los dejaste solos?
Caroline asintió, aun sonriendo.
― ¡Claro! A los dos les hace falta un empujoncito y además, se ven muy bonitos juntos. ¿No crees?
Elena asintió.
―Sí, supongo que April es una buena candidata para mi hermano ―sonrió―. ¿Qué planeas hacer?
Después de que Caroline le contara el mini plan que tenía, se había olvidado por completo que estaba en la mansión Mikaelson, en la que probablemente Klaus Mikaelson vivía y con el que probablemente se podría topar. ¿A ella que le importaba? Es decir, ¿por qué le importaba si él estaba ahí o no? No era como si…quisiera verlo de nuevo o algo por lo parecido. No, definitivamente no quería verlo de nuevo. Matt, Matt, Matt, se recordó de nuevo. Pero su cabeza le volvió a decir que lo suyo con Matt no tenía probablemente nada que ver y que seguramente en cuanto lo viera terminaría las cosas con él.
Después de haber ido por tragos y de estar platicando con otros chicos, Elena se entretuvo hablando con un chico conocido, mientras que ella trataba de llamarle a Bonnie. Le mandó un mensaje y un mensaje de voz, pero Bonnie parecía tener su celular apagado. Suspiró y le hizo señas desde atrás a Elena, para avisarle que iría al baño.
¿Dónde carajos esta la entrada de esta mansión?, pensó. ¿Y si me pierdo? ¿Cómo putas voy a salir de aquí?, maldijo por lo bajo. Entró por una gran entrada de mármol que daba a un patio techado y a una alberca con muchas personas en ella. Había chicas besándose con chicos, e incluso alcanzó a ver a una chica desnuda nadando. ¿Enserio? ¿Qué no tienen un poco de moral? ¿Qué les pasa a las chicas de ahora? Mis amigas y yo no hacemos esas cosas. Puso una cara de asco al ver a gente fumando marihuana y vio una puerta corrediza muy elegante que daba a un interior blanco que no alcanzó a ver de lejos. La puerta estaba entreabierta y dejo ver una cocina preciosa con detalles en mármol y en otros materiales preciosos y lustrosos que le llenaron los ojos de brillo y se derritió ahí mismo en el suelo. Estoy soñando, estoy soñando. ¡Esta cocina esta hermosa! Había muchos aparatos electrodomésticos muy raros y sofisticados, un gran refrigerador de acero, una isla gigante en medio de la cocina y un desayunador alargado. En la cocina había mucha gente también, y mientras se fue adentrando más y más a la mansión, se dio cuenta que había todavía más gente adentro de lo que la había afuera. La gente bailaba y tomaba shots en una barra gigante que había ahí junto a la cocina y probablemente había más de cien personas amontonadas ahí. El lugar era gigante, espacioso, hermoso. Trató de identificar el lugar para ver si era algún cuarto de algo, pero solo vio la barra y supuso que era una especie de bar dentro de una casa. ¿Enserio? Maldita gente ostentosa. Se adentró entre la gente tratando de que nadie la tocara indebidamente pero fue un intento muy tonto ya que salió más toqueteada de lo que alguna vez Matt o Tyler lo habían hecho. Subió dos escaloncitos que daban a un pasillo el cual estaba un poco más despejado pero aun así había muchas parejas besándose contra la pared y eso solo le hizo suspirar como la chica amargada que se estaba volviendo. Quería preguntar dónde estaba el baño, pero no le gustaba pedir ayuda ya que ella era más que capaz de encontrarlo por sí misma. A demás, nadie le hubiera hecho caso. Todo mundo estaba borracho, drogado o teniendo sexo contra las paredes.
Caroline se alejó más y más de la gente hasta que se encontró en un lugar donde no había absolutamente nadie. Era un pasillo precioso, ancho, largo y ni siquiera le veía el final. Había ventanales a su lado izquierdo que daban a un jardín precioso y la luz de la luna entraba para hacerle compañía a la luz de las lámparas bonitas y sofisticadas del pasillo. Había puertas que no sabía de qué eran y el tapiz de las paredes era de color vino. El suelo tenía una gran alfombra en un color negro y había cuadros de arte por aquí y por allá. Pensó que para que esta familia se hubiese mudado recientemente, tuvieron que haber decorado este lugar muy rápido o la casa ya estaba amueblada. Quisiera conocer al decorador, pensó. Suspiró mientras caminaba más y más hasta que se dio cuenta que era un camino sin salida y probablemente nunca encontraría los baños. Así que dio media vuelta y regresó por donde había empezado a caminar.
― ¿Quién eres tú? ―una voz femenina con el mismo acento que el de Klaus, le habló.
Se paró en seco pensando en que no debía de estar ahí y que seguramente le reprenderían o algo por el estilo. Volteó para toparse con una chica alta de cabellos muy lizos y rubios un tanto blanquecinos viéndola con un ceño entrecerrado. Vestía unas ropas preciosas, un vestido rojo que le llegaba a la mitad de la pierna y unos tacones dorados que brillaban. ¿Sería ella…? ¿Y de dónde había salido?
―Te he preguntado algo, niña idiota.
Caroline abrió los ojos solo para notar que la chica estaba borracha y que se tambaleaba un poco en sus tacones.
―Yo solo estaba buscando un baño y…
― ¿Eres una de las putas de Kol? ―preguntó con una voz feroz.
Caroline se quedó ahí viendo la cara de esa chica.
―No, yo solo quiero un baño ―repitió empezando a molestarse.
― ¿O una de las mujeres que Nik se carga? ¡Dímelo! Estoy harta de todas esas mujeres entrando y saliendo de esta mansión como si fuera un maldito hotel.
― ¡Yo no soy ninguna puta! ―gritó enojada.
― ¡Seguro que Kol te está esperando en alguna habitac-
― ¡Rebekah! ―una voz masculina hizo que Rebekah se congelara en su lugar y Caroline volteó para ver a un chiquillo probablemente un año o dos menor que ella con una sonrisa muy simpática caminando hacia ella. Tenía un corte de cabello corto y sofisticado y no era más alto que ella―. Esta dama es mi invitada. No es una puta o una mujerzuela. Una simple invitada. ¿De acuerdo?
El chico tenía el mismo acento que Klaus y que la chica Rebekah, que supo después era hermana de él y también de Kol. Ya había conocido a tres de los hermanos Mikaelson y sentía que sus vidas eran demasiado dramáticas. Y eso que no había visto nada.
―Lo que sea, Kol. Vuelve a tu fiesta de niños tontos.
Rebekah empezó a caminar hacia ella mientras la fulminaba con la mirada y le asesinaba con los pasos tan firmes que daba con sus tacones. Pasó junto a ellos y a Caroline se le enchinó la piel. ¿Cómo una chica de su propia edad podía causarle escalofríos? Había algo en su mirada, algo macabro que no le agradaba.
―Disculpa el mal entendido ―la voz del chico habló―. Mi hermana tiende a portarse un poco grosera cuando toma. Me disculpo por eso.
Caroline negó rápidamente sintiendo que sus caireles rubios se agitaban.
―No importa. Fui yo la que caminó hasta acá. Para ser sincera, me perdí. ¿Tú eres Kol? ―preguntó segura de quien era él.
Vio al chico sonreír de lado y asentir.
―Veo que has oído hablar de mí ―le guiñó un ojo―. Así es, querida. Me llamo Kol Mikaelson, un placer ―dijo dándole una sonrisa que probablemente hiciera que cualquier chica se derritiera, pero para Caroline no era nada de eso―. ¿Y tú eres…?
―Caroline, Caroline Forbes ―contestó un poco intimidada.
No era precisamente por él, o bueno tal vez un poco. Pero era más que todo porque le inquietaba estar en un palacio tan grande y caminar con él era algo extraño después de haber conocido a sus demás hermanos y después de que uno de ellos le hubiese contado la historia de la familia. Eso era intimidante.
―Permíteme guiarte hasta un baño ―ofreció.
Escuchó todo, Caroline pensó. Levemente se puso roja y volteó hacia otra parte para que Kol no pudiera ver su rostro.
―Gracias. Y si, bueno, el hermano de una amiga te conoció hoy. ¿Jeremy Gilbert?
―Aah, claro. Gran chico. Creo que podríamos convertirnos en grandes amigos ―dijo con una sonrisita que era casi igual a la de Klaus.
―Siento la confusión. En realidad no quise hacerla enojar…
Kol movió una mano despreocupada mientras caminaban por el gran pasillo que a Caroline le parecía hermosísimo.
―Te he dicho que no te preocupes. Bekah tiene un temperamento un poco fuerte. Nada que no se pueda arreglar con una buena reprimenda.
¿Bekah? Sería un nombre de cariño. Caroline sonrió un poco pensando que el comportamiento de Kol era muy gracioso y que en realidad se parecía a Klaus.
―Bien, este es el baño ―dijo Kol parándose frente a una puerta muy igual a las demás en color café fuerte.
―Gracias, Kol.
― ¿Quieres que haga guardia? ―se ofreció con una media sonrisa.
Caroline soltó una risita.
―No es necesario. Creo saber cuál es el camino de regreso a la fiesta. Pero gracias por las molestias.
Caroline le sonrió.
Era un chico muy apuesto y muy educado, pero no era su estilo y se veía que era muy mujeriego. Definitivamente no estaba interesada.
Kol la observó. Esa chica le gustaba, tal vez no para una relación, pero para un rato estaba bien.
―De acuerdo, supongo que te veré en la fiesta.
Kol le sonrió por última vez y siguió su camino. Caroline entró en el baño y se quedó maravillada por el espacio tan grande y las decoraciones tan hermosas que el baño tenía. Ni siquiera quería sentarse en el baño a hacer pipí. Todo le parecía demasiado costoso. Pero tenía que orinar, ya no aguantaba.
¿Enserio esa chica tenía que hablarle de esa manera? Mientras hacía pipi, se puso a pensar. Es decir, dijo que estaba cansada de que mujeres salieran de esa mansión a cualquier hora o algo por lo parecido, algo de un hotel, no recordaba bien. La chica estaba ebria y hablaba un poco raro, además con ese acento que se cargaba era todavía más difícil entender sus griteríos. Entonces, ¿los Mikaelson ya llevaban mucho tiempo ahí? No lo sabía. Recién se había enterado de ellos y según le habían dicho, llevaban menos de un mes en Mystic Falls. ¿Estarían ahí desde hacía mucho? ¿Y porque mentir sobre su estadía? Caroline se encogió de hombros mientras terminaba sus asuntos.
Se paró frente al espejo y no notó nada fuera de lo común, todo seguía en orden. Su celular empezó a sonar y el nombre de Elena apareció en pantalla.
― ¿Caroline?
―Hey, estoy en un baño dentro de la mansión. No te imaginas lo hermoso que es este baño, quiero vivir aquí dentro.
―Gracias a Dios ―soltó Elena, aliviada―. Por un momento pensé lo peor.
―No pasa nada, Lena. Por cierto, ¿lograste localizar a Bonnie?
Escuchó el suspiro de Elena.
―No. Creo que debemos ir a su casa solo por si acaso. Es muy extraño que no escuchemos nada desde hace ya horas.
―No creo que ocurra nada, Elena. Pero si te pone más tranquila podemos ir a revisar su casa.
―Sí, eso me pondría más tranquila. Te veo en el lugar en el que estábamos, no tardes.
Abrió la puerta del baño solo para encontrarse a Kol recargado junto a la pared de al lado.
― ¿Kol? Te dije que no era necesa-
Pero Kol no la dejo terminar, se le acercó ferozmente hasta que la tuvo acorralada contra la pared.
― ¡Oye! ―Caroline protestó―. ¡Qué te pasa! ¡Déjame! ―trató de forcejear pero aunque Kol fuese algún centímetro más bajo que ella, era más fuerte y más ágil. Trató de escapar por un lado, pero él fue más rápido y le metió un brazo bajo el suyo―. ¡Te he dicho que me sueltes, degenerado!
―Me gusta tu agresividad, Caroline. Eres muy hermosa ―le dijo viéndole a los ojos.
Caroline sintió un escalofrió de los feos y se puso muy nerviosa.
―Te he dicho que me dejes. No soy una chica de esas ―le dijo viéndole a los ojos y hablándole con una voz feroz.
―Claro que no lo eres ―sonrió―. Por eso me gustas.
― ¡Ni siquiera me conoces! ¡Déjame en paz!
Caroline levantó su rodilla dándole en su virilidad y Kol dejó escapar un gruñido gutural mientras se caía al suelo, lanzando maldiciones. Ella aprovechó para salir corriendo de ahí. ¡Todos en esa familia estaban locos! Corría y corría viendo hacia atrás y como Kol seguía retorciéndose en el suelo. Después, sintió que chocó contra algo y gritó mientras que sentía unas manos sujetar sus hombros.
― ¡No! ¡No! ¡Suéltame! ―empezó a forcejear.
― ¡Caroline! ¡Soy yo! Klaus.
Caroline dejó de forcejear y vio a Klaus parado frente a ella, empezó a respirar agitadamente, después sus ojos se aguaron y lo abrazó, tan fuerte como pudo y como sus bracitos temblorosos se lo permitieron. No podía estar pasando otra vez. Todos esos recuerdos de aquella noche volvían a ella. Los forcejeos, los jalones de pelo, los golpes, como la arrastraba.
―Está bien ―dijo Klaus abrazándola y pasando su mano por su espalda una y otra vez―. Está bien. Estoy aquí.
Caroline no paraba de llorar y nunca pensó que aquella noche se convertiría en eso, no esperaba nada de eso. Ni siquiera tenía cabeza para pensar en donde estaba o con quien estaba, lo único que sabía era que estaba segura. Pero todas esas memorias estaban tan presentes que le hicieron llorar más y más mientras sentía una mano grande acariciarle la espalda.
―Vamos ―sintió que Klaus la arrastraba hacía alguna habitación y que cerraba la puerta con llave―. ¿Caroline? ―ella seguía aferrada a él―. ¿Caroline, estás bien? ¿Mi hermano te ha hecho algo?
Pero Caroline no podía hablar. Se quedó un rato respirando y dejó de llorar. Estas bien, estas a salvo, pensó. Inhaló y exhaló, tratando de tranquilizarse. Todo estaba bien.
Estaba en una habitación con una cama grande y una decoración muy rustica.
― ¿En dónde estamos? ―logró hablar viendo hacia todas partes.
―Es una de las habitaciones de huéspedes. Estas a salvo. Contéstame, ¿mi hermano te hizo algo?
Caroline negó.
―Solo…nada estoy bien ―dijo.
Pero Klaus podía ver sus manos temblorosas y su mirada perdida.
― ¿Qué estabas haciendo con Kol? ―preguntó levemente enfadado.
―Yo…yo estaba buscando un baño y después…una chica rubia…Rebekah, ella empezó a gritarme y ―hipó un poco y pestañeó muchas veces―, a decirme muchas cosas ―vio a Klaus cerrar sus ojos y negar con su cabeza―. Después…después Kol, el bueno el hizo que ella dejara de gritarme y después me dijo que él me llevaría a un baño y después se….se ofreció a quedarse ahí fuera, pero le dije que estaba bien y después salí y el…
― ¿Te hizo daño?
―No…el solo estaba ahí afuera esperándome y…solo me tomó de la cadera muy fuerte ―recordando aquello sus brazos también empezaron a dolerle. Se sobó los brazos y la cadera y sintió la mirada azul de Klaus sobre ella.
Le escuchó lanzar un improperio y se apretó el puente de la nariz tanto que pensó se rompería.
―Estoy…estoy bien. Por favor no pelees con él ―dijo muy bajito, sintiendo dolor en las partes en donde Kol le había tomado a la fuerza.
―Está muerto ―escuchó decir a Klaus
― ¿Qué? No, claro que no. Solo fue un malentendido, Klaus. Déjalo pasar, está bien. Enserio ―aunque no hubiese sido un mal entendido y aunque siguiese asustada, se las ingenió para hablar.
― ¿Crees que no vi lo que pretendía hacer? Para cuando quise intervenir, ya corrías hacia mí, cariño.
Ella se sonrojó notoriamente y sonrió apenas.
―Gracias…pero no quiero causar problemas, Klaus. Deja el asunto, por favor.
No quería causar un problema en una familia tan grande y poderosa como esa. Todo ese palacio y esos hermanos guapos y adinerados le intimidaban. Mystic Falls era una ciudad relativamente pequeña y las únicas familias adineradas eran la de los fundadores. La familia de Elena, la de ella misma, la de April, las de un chico Salvatore que acababa de conocer hacía poco y otras más. No eran familias millonarias. Solo adineradas. Pero la familia Mikaelson era una familia con demasiado dinero y poder. Klaus le intimidaba un poco.
―Te llevare a casa. ¿Viniste con alguien? ―preguntó ansioso.
La tenía frente a él, para él. Sus cabellos rubios sus ojos azules que se encontraban rojos y su semblante perdido. Seguía frotándose un poco los brazos pero al ver que el la veía, dejo de hacerlo.
―Sí, con dos amigas y un hermano de una de ellas.
―Puedo llevarte a tu casa, cariño. Alguien llevara tu auto a tu casa mañana en la mañana. ¿Eso estaría bien?
Caroline se le quedó viendo. Era muy atractivo ahora que no estaba ebria y que lo tenía frente a ella, ahí parado con el semblante preocupado y los ojos clavados en ella.
Ella estaba sentada al borde de una cama muy suave y el caminaba de un lado a otro como loco. No entendía porque ese hombre que poco conocía se preocupada de tal manera.
―Klaus, estoy bien ―dijo―. Solo…solo necesito ir a casa. No te preocupes, mi amiga puede manejar.
―Insisto, Caroline ―repitió el con un tono mordaz―. No puedo dejarte ir así como así después de lo que pasó.
―Enserio, Klaus. Te digo que es-
El ruido de un celular interrumpió sus palabras y se quedaron viendo. Caroline sacó su celular viendo que su mamá la llamaba.
―Espera, es mi mamá. Tengo que contestar.
Klaus asintió viendo cada movimiento de Caroline. No había dejado de pensar en ella y habérsela topado en su casa no había sido tanta casualidad. Sabía que su hermano revoltoso tendría una fiesta y cuando le escuchó hablar sobre la fiesta con su amiga bartender, supo que sería la fiesta de Kol. La dejo ir sabiendo que la volvería a ver esa misma noche. Solo que no se imaginó encontrársela en esa situación, para cuando había acordado, ella corría desesperada viendo hacia atrás y alcanzó a ver a Kol tirado en el suelo. Ese maldito mocoso tenía que ser, pensó. ¿Había pasado algo más que Caroline no le había querido decir? ¿Kol había tratado de abusar de ella? Lo mataría. Lo mataría con sus propias manos.
― ¿Pero cómo mamá? Sí, sí. Vamos para allá, dile a Bonnie que la amo.
Observó cómo Caroline se paraba de ahí como un rayo.
― ¿Pasó algo? ―no pudo evitar preguntar.
―Si…si, la abuela de mi mejor amiga está en el hospital ―dijo apresuradamente avanzando hacia la puerta.
Él se interpuso entre la puerta y ella.
―Insisto en llevarte, por favor. No puedo dejar que manejes en este estado.
Caroline quiso rodar sus ojos pero sería demasiado irrespetuoso ya que Klaus estaba siendo en realidad muy educado y no quería comportarse como una niñita caprichosa.
―Sí, está bien, gracias ―le sonrió.
Bueno, ¿y que tenia de malo? La quería llevar al hospital y ella ciertamente no tenía la cabeza para manejar. Le estaba haciendo un favor. Le importó un pepino su auto y caminó guiada de Klaus por los pasillos de la mansión en un silencio que le relajó un poco. Se sentía bien a su lado y Klaus parecía tener atenciones con ella.
―Buscare a mis amigos ―dijo después de haber salido al patio en el que se encontraba con Elena hacía un rato.
Klaus la siguió mientras que Caroline buscaba la melena larga de su amiga.
― ¡Elena! ―gritó―. Elena, la abuela de Bonnie está en el hospital tenemos que ir ya.
Elena seguía con el chico Salvatore que había conocido hacia unas semanas y que ahora reconocía como tal.
―Hola Stefan ―le saludó amablemente.
Stefan le sonrió.
― ¿Qué? ¿Estas segura, Care?
Caroline asintió.
―Mamá acaba de marcar. Me dijo que una ambulancia fue llamada a casa de Bonnie hace un rato. Mamá esta con Bonnie en el hospital, Elena tenemos que ir. Ahora.
―Sí, sí. Vamos.
― ¿Dónde están Jeremy y April? ―preguntó mientras que empezaban a caminar hacia los autos.
Klaus y Stefan las seguían como sus perros.
―Parece que tu plan funcionó ―dijo apenas―. Los dejaremos aquí, le mandaré un mensaje a Jeremy para hacerle saber lo que sucedió.
―Klaus se ofreció a llevarme ―dijo de repente.
Caray, no quería que nadie se enterara de ella y de Klaus, pero esta era una situación totalmente diferente y había alguien en un hospital, y ese alguien era la abuela de su mejor amiga.
―Klaus…―comenzó Elena.
―No hay tiempo de introducciones, los llevare a los tres al hospital ―dijo Klaus de inmediato, dirigiéndolos hacia una cochera más alejada de las personas.
Elena miró a Caroline con un ceño confundido como diciendo: ¿Quién carajos es el, Care? Pero Caroline la ignoró y siguió a Klaus hasta dentro de la cochera.
La cochera se abrió y dejo ver una gran cantidad de autos de todos los colores, tamaños, años y marcas. Las chicas se quedaron perplejas pero no había tiempo para admirar y todos siguieron a Klaus a una Escalade negra que relucía demasiado.
Le abrió la puerta a Caroline que se sintió halagada por ese gesto y vio como Elena y Stefan subían en la parte trasera. Salieron de ahí a toda velocidad y Caroline le miró de reojo, era tan guapo, caray. Aun en aquellas circunstancias Caroline no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado esa noche. Rebekah, Kol, Klaus. Klaus, Klaus, Klaus…
―Elijah ―escuchó la voz de Klaus―, Kol está en la casa y todo es un caos ―estaba hablando por celular y Caroline lo miraba de reojo―. No sé dónde está Rebekah. Tienes que hacerte cargo, echa a todos. Si, Elijah. Bekah…no, no lo sé. De acuerdo.
― ¿Jeremy? ―la voz de Elena sonó desde atrás―. Jeremy, Caroline y yo vamos para el hospital. ¿Qué? No, no. Es la abuela de Bonnie. Si, no. No sabemos qué ocurrió…si, de acuerdo. Te veo allá ―cortó la llamada mientras que sentía la mano de Stefan sobre la suya. Le sonrió y después se topó con la mirada preocupada de Caroline―. April y Jeremy van para allá.
― ¿En qué? Yo llevé a April tú y Jeremy estaban juntos…
―Jeremy tiene las llaves de mi auto, está bien, Care. No te preocupes.
Caroline asintió.
Se sentía tan mal con todo lo ocurrido. Ella y Elena en una fiesta de drogadictos y borrachos y la abuela de Bonnie en el hospital. ¿Por qué Bonnie no les había dicho nada?
Después de un trayecto un tanto largo hacia el hospital, llegaron y Klaus dejo que Caroline y sus amigos se bajaran en la entrada del hospital mientras que él buscaba un lugar.
Caroline le dedicó una mirada llena de agradecimiento antes de bajar de la camioneta.
Caminó por los pasillos del hospital que le traían malos recuerdos y el simple olor le hacía querer vomitar. Elena tomó su mano y sintió la presencia de Stefan tras de ellas. Una de las enfermeras los reconoció a los tres por ser hijos de familias fundadoras y ya que parecía que lo de la abuela de Bonnie se había esparcido como pólvora, les indicó el pasillo en donde estaba la familia Bennett. Se apresuraron a correr hacia el pasillo indicado y se encontraron al padre de Bonnie y a la madre de Caroline sentados sobre una banca frente a la habitación.
― ¿Mamá?
Liz Forbes se levantó del asiento viendo a su hija.
―Bonnie está adentro, cariño ―le dijo su madre―. No quiere despegarse de ella.
Caroline asintió.
― ¿Qué pasó? ―preguntó Elena.
―Un ataque al corazón ―respondió el padre de Bonnie.
Un hombre alto, calvo y de la misma edad de la madre de Caroline, de piel chocolate como la de Bonnie y con sus mismos ojos.
― ¿Podemos pasar? ―preguntó, Caroline.
―No, cariño. Me temo que no. Tendrán que esperar aquí afuera.
Caroline y Elena se vieron a los ojos para después asentir y asomarse un tanto por una ventana que había en la habitación. Stefan se quedó parado junto a ellas y ellas trataron de ver a Bonnie pero las persianas de dentro estaban bien puestas y cerradas.
―Por eso no contestaba nada ―dijo Elena viendo hacia la nada―. Somos unas tontas. Estábamos en una fiesta y ella…
―Está bien, Lena ―dijo Caroline―. Está bien. No sabíamos.
―Pero ella…ella estaba aquí y nosotras…
Caroline le mandó una mirada de súplica a Stefan quien tomó a Elena de la mano y se la llevó a otra banca a unos pasos de la que estaba frente a la habitación. Caroline se quedó recargada junto a la ventana del cuarto de la abuela de Bonnie. Escuchó unos pasos fuertes y acelerados acercase, atinó a levantar la mirada para toparse con la figura de Klaus caminando hacia ella.
―Caroline ―la voz de su madre le llamó.
Para cuando acordó, su madre ya estaba frente a ella dándole la espalda y dándole la cara a Klaus.
―¿Mamá? ¿Qué hac-
― ¿Qué haces aquí? ―preguntó Liz en un tono bajo dirigiendo toda su atención hacia Klaus.
Caroline no sabía qué hacer y no sabía que estaba ocurriendo.
―Sheriff Forbes ―saludó Klaus con mucha cautela, viendo a Caroline por el hombro de Liz.
― ¿Mamá? ¿Qué haces? ―Caroline salió de entre su escudo y se puso a un lado de Klaus―. Klaus es mi amigo. ―dijo entre dientes―. No hagas esto, no ahora. Es solo un amigo, él nos trajo al hospital.
― ¿Qué? ¿Te subiste al auto con él? ―preguntó Liz con los ojos desorbitados.
―Mamá ―siseó Caroline entre dientes y por lo bajo, viendo a su madre con una expresión asesina―. Es mi amigo.
Liz los veía, primero a uno después al otro, con una mirada más desorbitada cada vez. Después de unos segundos deshizo su postura defensiva y se fue a sentar junto al padre de Bonnie.
― ¿Qué demonios fue eso? ―preguntó Caroline, volteando hacia Klaus.
Klaus la veía fijamente a los ojos. ¿Qué demonios le iba a decir? ¿Qué era uno de los criminales más buscados en todos los Estados Unidos y que se estaba metiendo a la boca del lobo al salir con él?
―No Te Vayas Sin Mí―
Había pasado apenas una hora y todos seguían ahí afuera, incluso Klaus que no tenía nada que ver y también Stefan. La madre de Caroline seguía echando miradas nerviosas hacia su hija y hacia ese desgraciado. ¿Cuándo había ocurrido eso? ¿Cuándo Klaus Mikaelson se había hecho amigo de su hija? ¿En dónde demonios se encontraba ella? Cuando la policía de Mystic Falls y la familia Mikaelson cerraron el trato, se habló de que ellos tendrían la obligación de interactuar con las demás familias fundadoras. Pero nunca se habló de que se entablara una amistad y que su hija terminara siendo amiga del Lobo Mikaelson. ¿Por qué precisamente tuvo que ser él quien se topara con su hija? ¿Por qué no pudo ser Elijah Mikaelson? Incluso la chica Mikaelson que tenía un temperamento de los mil demonios, le gustaba más que Klaus Mikaelson.
Eso no podía estar pasando, su hija no podía ser amiga de Klaus Mikaelson, se negaba rotundamente. Tendría que contarle todo a su hija, pero no podía; rompería el trato con los Mikaelson y habría precios que pagar. Nadie podía saber cuál era la verdadera identidad de los Mikaelson. Aunque sí eran la primera familia fundadora, eran también una familia de crimen organizado que era famosa por ser perfectos en su trabajo. Ni siquiera la policía sabía porque regresaban a Mystic Falls y mucho menos a instalarse ahí después de años de no pisar territorio estadounidense. Pero no era algo que cuestionar, nadie había podido contra los Mikaelson, eran demasiado buenos en lo que hacían y eran imparables. Liz no se encontraba en la posición de reclamar o discutir nada frente a su hija o mucho menos de discutir nada, punto. Temía por su hija y por su hijo. Tendría que hablar con la cabeza de la familia y discutir ese tema en especial, se trataba de su familia y de su hija.
Pero era su culpa, nunca se encontraba en casa, el trabajo la consumía y aquella maldita ciudad tenía más movimiento que la propia CIA. El caos se había desatado hacía ya varios años, cuando varios miembros del Consejo Fundador habían muerto en una explosión a las afueras de la ciudad. Eso había sido la gota que había colmado el vaso. Mystic Falls se había vuelto una ciudad extremadamente peligrosa y Liz trabajaba como perro para que su familia estuviera a salvo. El auto de Caroline tenía un chip rastreador así como su celular y el de Daniel también.
Pero con la llegada de los Mikaelson, hacía ya varios meses, las cosas se habían calmado y ella seguía ordenando papeleo de las locuras que habían dejado de ocurrir. Tener a los Mikaelson en la ciudad había causado una gran conmoción para el departamento policiaco, pero el índice de crímenes había bajado lo suficiente como para no tener que mantener una patrulla frente a su casa todos los días.
Pero ahora, ¿esto? Klaus Mikaelson y su hija, ¿amigos? ¡Quería sacar a Caroline del país ahora mismo! La quería llevar a China, a la India, a un lugar lejano donde nadie la reconociese. Liz Forbes no era tonta, podía ver la mirada de Klaus Mikaelson sobre su hija. La forma en la que la miraba, como no podía dejar de verla y como había algo más que maldad en sus ojos, había preocupación y consternación.
― ¿Cómo estás? ―alcanzó a oír que Klaus le preguntaba a Caroline.
―Bien, yo estoy bien. Gracias ―contestó.
Liz quería sacar su pistola y dispararle al muchacho Mikaelson ahí frente a todos. No lo quería cerca de su bebé. Si tan solo su Caroline supiera de lo que ese ser era capaz…
…
Caroline estaba sentada en una banca un poco más separada que la de su madre y el padre de Bonnie. Quería preguntarle a Klaus que estaba pasando, porque cuando le preguntó, él simplemente la guio hacia la banca e hizo que se sentara.
Se le quedó viendo un poquito más y después habló.
―Klaus, me puedes explicar por favor ¿porque mamá se comportó así contigo? No estoy ciega, ¿sabes? ―Klaus desvió su mirada―. Y tampoco sorda, escuché lo que te dijo. ¿Qué pasa?
¡Maldita sea! Klaus quería correr de ahí y convencerse que mantener lo que fuese que él quería con la muchacha Forbes, no era conveniente para el acuerdo hecho con el departamento policiaco ni para su familia o tal vez, siquiera para él mismo.
―Un…incidente hace unas pocas semanas.
― ¿Incidente? ¿De qué hablas?
Alrededor de ellos había mucho silencio y las luces blancas y feas del hospital alumbraban todo. No había ese ambiente medio oscuro y tenue que había en el Grill y Klaus y Caroline se podían ver bien a las caras, escucharse bien y sentir la tensión.
―Me dio una multa por ir muy rápido. Es todo.
Caroline frunció el ceño.
― ¿Seguro? Parecía más alterada que por una simple multa.
Tragó en seco y le miró a los ojos. Siempre mentía, ¿por qué no lo podía hacer ahora con ella?
―Sí. Una multa.
Caroline suspiró y dejó el tema por la paz.
―De acuerdo ―se volvieron a quedar en silencio―. No tenías por qué venir.
Klaus suspiró.
―Después de lo que pasó con Kol y con Rebekah, traerte aquí es poco.
Caroline asintió y volteó su cabeza hacia el otro lado. ¿Así que eso era? ¿Se sentía culpable y solo la había llevado al hospital por eso? Bah. Y ella que se estaba imaginando otras cosas… ¡No Caroline! Tú tienes un novio y el…bueno él tiene un viejo amor por el cual toma alcohol a las cuatro de la tarde. No es un buen pretendiente. Además…sus hermanos están locos.
Jeremy y April llegaron al hospital pasados unos minutos. Caroline los observó mientras que April caminaba un tanto sonrojada junto a Jeremy. ¿Habría pasado algo? ¿April estaría enojada porque la dejó a su suerte con Jeremy? No, se lo tendría que agradecer después.
― ¿Caroline? ¿Cómo está la abuela de Bonnie? ―preguntó April parándose frente a ella.
Le echó una mirada a Klaus y después de reparar que era el mismo hombre del bar, le echó unos ojos grandotes a Caroline que terminó por sonreírle poquito.
―Está estable. Pero Bonnie no quiere salir de la habitación.
―Lo mejor sería que todos se fueran a descansar ―dijo Liz mientras que los demás se paraban.
―No podemos dejar a Bonnie aquí sola ―protestó Elena quien ya se encontraba con Stefan y Jeremy a sus lados.
―No estará sola ―dijo el padre de Bonnie captando la atención de todos―. Yo me quedaré aquí toda la noche. Les haré saber cualquier cosa. Será mejor que vayan a descansar.
Liz no dejaba de mirar a su hija y a Klaus, y Elena se preguntaba quién era ese hombre que acompañaba a Caroline. Tenía que ser un miembro de la familia Mikaelson, porque había sacado un auto de la cochera de esa mansión. Pero aun así se le hacía extraño que estuviese acompañando a Caroline. Le había escuchado hablar y tenía un acento inglés y también notaba que no dejaba de mirar a Caroline con una cara preocupada y unos ojos alertas.
―De acuerdo, por favor dígale a Bonnie que prenda su celular y que conteste los mensajes ―dijo Caroline.
El padre de Bonnie asintió para después intercambiar unas palabras con la Sheriff.
― ¿Caroline? ―Elena la llamó―. ¿Puedo hablar un momento contigo?
Caroline se apartó de los demás mientras que dejaba a Klaus ahí parado quien pareció empezar una conversación con Stefan.
―Care, ¿quién es él?
―Ah…él es Klaus. Es uno de los hermanos Mikaelson.
Elena la observó y entrecerró sus ojos.
― ¿Qué haces con él? ¿Por qué se preocupa tanto por ti?
―Ugh, Elena ―se quejó Caroline―. Déjalo, ¿sí? Es solo un buen amigo.
― ¿Amigo? ¿Desde cuándo se conocen? ¿Por qué no me habías contado nada?
Caroline rodó sus ojos.
―Lo conocí hoy en el Grill. Es un buen tipo. ¿Qué te pasa?
―Nada…es solo que…Matt, tus estas con Matt ―balbuceó.
Caroline suspiró y se frotó la frente.
―Elena, mañana terminaré las cosas con Matt, ¿de acuerdo? ―Elena frunció el ceño―. Es más, lo hare ahora mismo. Le mandaré un mensaje y le diré que vaya a mi casa y…
― ¡No! No puedes terminar con él, Caroline ―exclamó Elena, interrumpiéndola.
―Claro que puedo, y es lo que voy a hacer ―Elena ya no dijo nada y desvió su mirada―. Escucha, Lena… Matt y yo somos mejores amigos, ¿entiendes? Lo amo, pero como un amigo. Además ni siquiera hemos hablado últimamente.
Elena suspiró.
―Bueno, ya que.
Elena alzó los ojos para ver a Klaus tras de Caroline.
― ¿Caroline? ¿Quieres que te lleve a mi casa por tu auto?
Caroline vio a Elena.
―No te preocupes, Jeremy y yo nos iremos, Stefan nos acompañara y Jeremy se ofreció a dejar a April en su casa. ―dijo Elena con una sonrisa.
Caroline sonrió.
―Mi plan funcionó ―canturreó feliz.
―Tus planes siempre funcionan, Care. Te veo mañana. Descansa ―vio a Klaus y le sonrió un poco.
Él solo asintió y después regresó su mirada a Caroline.
― ¿Lista? ―preguntó.
―Sí, solo déjame despedirme de April y nos vamos.
Klaus la observó ir hacia su amiga del bar, la chica con la que había quedado de ir a la fiesta. No podía evitar pensar en el buen corazón de Caroline y en como sus vidas no se comparaban en lo absoluto. Él era…un asesino. Un criminal, un maleante. No era una buena persona. Y sin embargo, ahí estaba esperando que una chica de buen corazón y tan bonita y delicada como lo era Caroline Forbes, le diera un poco de su atención. ¿Cómo una chica como ella iba a ser capaz de tener siquiera una amistad con él? No lo creía posible.
―Listo, April dijo que no hay problema. Y le dije a mamá que llegaría a casa en un rato ―le sonrió a Klaus―. Nos podemos ir.
Klaus asintió para después guiar a Caroline al estacionamiento. De nuevo, Caroline caminaba ensimismada en todo. En su tarde con Klaus, en los hermanos de éste y en como todo había sucedido tan rápido con Kol. Había sido uno de esos días locos en donde nada parecía tener sentido y en donde un chico ingles guapísimo se había convertido en su amigo.
Klaus veía hacia todas partes mientras caminaban en el estacionamiento. Era oscuro y era tarde. ¿Quién sabe qué tipo de loco anduviera ahí afuera? Y ella, ¿qué pensaba? ¿Por qué estaba tan callada? Carajo, como deseaba poder leer su mente. Saber lo que pensaba, lo que pasaba por su cabeza. Ella dijo que eran amigos, ¿cierto? ¿Cuánta puta felicidad le había dado aquello? Evitó sonreír delante de ella y del Sheriff. Aquello era bastante como para sonreír y restregarle en la cara a la Sheriff Forbes, que su hija le consideraba un amigo.
Llegados a la camioneta, Klaus le abrió la puerta a Caroline quien le agradeció con una bonita sonrisa, muy cansada.
¿Se encontraría bien? ¿Estaría mal por lo de Kol? ¿Por lo de su amiga?
Después de salir del estacionamiento del hospital Caroline no pudo evitar sentir dolor en las partes del cuerpo en donde Kol la había tomado. Que maldita fuerza la de ese mocoso.
― ¿Estas bien? ¿Te duele algo? ―Klaus preguntó.
―Sí, estoy bien. Enserio ―mintió y lo cubrió todo con una bonita sonrisa.
―Rebekah ―dijo―, ¿qué te dijo mi hermana?
Caroline se quedó muda.
― ¿Caroline? ―exigió.
―Nada, en realidad nada. Solo me preguntó que quien era ―se encogió de hombros.
Klaus suspiró exasperado.
―No me estás diciendo la verdad. Dime que te dijo mi hermana, Caroline.
―No quiero que tengas peleas con tus hermanos por…por mí.
―No tendré peleas con nadie, querida. Solo dímelo ―habló con un tono más suave que Caroline no pasó desapercibido.
―Ella estaba…estaba un poco ebria…―dijo con mucha cautela. Klaus gruñó por lo bajo―. Así que no importa lo que me dijo o no. Déjalo.
―Escucha Caroline ―volvió a llamarla por su nombre―. Sé que no nos conocemos por…mucho tiempo…
Caroline rio.
―Creo que ni siquiera ha pasado un día.
―Lo sé. A lo que me refiero es que…eres…
― ¿Soy?
―Creo que podrías ser una buena amiga ―se aclaró la garganta un poco―. Y creo que los amigos se preocupan y se cuidan… ¿cierto?
Él no lo sabía, nunca había tenido un amigo. Su vida no se había compuesto de amistades o de cosas por el estilo. Toda su vida había sido su familia y nada más.
Caroline asintió.
―Sí, supongo que tienes razón ―le sonrió.
―Entonces, yo…como tu amigo ―dios, no estaba para nada familiarizado con el término amigo―, me preocupo por ti.
Caroline volvió a reír. Se veía y se escuchaba tan lindo diciendo eso, todo nervioso y desesperado.
―Para ahí. Ni siquiera tenemos un día de conocernos, y te he dicho que no importa lo que haya pasado con tus hermanos en tu casa. No hay necesidad para que te pongas así. Entiendo, ¿de acuerdo?
Klaus asintió. Si ella no quería hablar de Rebekah, entonces hablaría con Kol acerca de ello.
―No dejaré que el asunto de Kol se quede así ―advirtió en voz baja haciendo a Caroline incomoda.
―De acuerdo, te permitiré hacerle un poco de daño ―dijo con un deje de broma.
Klaus sonrió de lado y la camioneta se quedó en silencio mientras que Klaus manejaba por las calles desiertas de Mystic Falls.
― ¿Recuerdas qué te hable de mi novio? ―preguntó ella rompiendo el silencio.
Klaus asintió de mala gana.
―Bueno, seguiré tu consejo y le diré que vaya a mi casa para terminar las cosas con él de una buena vez.
Los ojos de Klaus fueron incisivamente hacia el reloj del tablero de la camioneta. Marcaba las doce de la noche.
―Creo que es un poco tarde para que hagas eso ―dijo deseando que el chico ese no fuera a casa de Caroline.
Caroline meneó su mano al aire y se encogió de hombros.
―No pasa nada. Acaba de salir del trabajo, así que le diré que se pase por mi casa. Será algo rápido.
―No creo que sea prudente hacerlo a estas horas. El chico se puede mostrar violento, tal vez el podr-
―Oh no, Matty es un chico muy tranquilo ―aseguró.
¿Matty? Klaus quiso no darle importancia a aquello pero algo empezaba a esparcirse por su pecho y no sabía que era.
―Sigo creyendo que no-
―No me gusta que me traten como a una niña pequeña, Klaus ―espetó.
Klaus la miró de reojo viendo como ella veía al frente sin inmutarse a verle.
―Solo me preocupo por ti.
― ¿Por qué? Ni siquiera me conoces ―dijo sintiéndose enojada.
Se quedaron en silencio.
¿Por qué se preocupaba por ella? Era cierto, no la conocía. Era una chica que había conocido en un bar y era la hija de la Sheriff de la ciudad. No sabía muy bien que hacer en esa situación. ¿Debería dejar el asunto por la paz y dejar de hablarle? No, no dejaría de hablarle. Disfrutaba mucho su compañía y no la desperdiciaría por un trato tonto o porque no la conociese. Eso quería hacer, conocerla.
―Ese es mi propósito; llegar a conocerte, tu misma dijiste que éramos amigos.
Caroline se quedó en silencio. Ella no tenía muchos amigos hombres, solo Matt, que ahora sabía las cosas se iban a poner mal entre ellos. Y también estaba Jeremy, pero él era el hermanito de su mejor amiga, no era un amigo en realidad.
―Si… bueno, ¿quieres ser mi amigo? ―preguntó en un susurro con una vocecita tímida que hizo sonreír a Klaus.
Ella lo veía un poco y él pudo notar su mirada.
―Sí. Así lo deseo, cariño ―contestó con una sonrisa de lado.
―De acuerdo, primera regla de amigos ―comenzó Caroline, perdiendo su timidez y sentándose bien derechita en su asiento.
― ¿Hay reglas en esto de ser amigos? ―preguntó levantando una ceja.
Caroline soltó la risa.
―Generalmente no las hay, pero este es un caso especial.
― ¿Ah sí? ¿Cómo es eso?
Estaba intrigado, quería saber lo que la chica rubia tenia por decir. Le gustaba el sonido de su voz, de sus risitas, sus gestos y de cómo le hablaba con tanta determinación con esos ojos azules viéndole directamente. Estaba seguro que si se enteraba de lo que en realidad era, no le trataría igual.
―Es…es diferente porque bueno, tú…tú eres…
― ¿Soy…?
¿Qué le iba a decir? ¿Qué era diferente porque él era un chico extremadamente guapo, extranjero y con un acento para morirse? ¿Y que a ella le intimidaba eso y que además, no tenía ningún amigo hombre? ¡Claro que no! Solo le diría alguna bobada.
―Eres un…chico que conocí en un bar…y es…una amistad diferente.
¿Qué? ¿Eso que carajos tenía que ver?
¡Tonta, Caroline! ¡Tonta!
Klaus soltó una risa que la puso roja.
―No veo la relación, pero te tomaré la palabra querida.
Ugh, ¿por qué le decía esos nombres?
―Bien, la primera regla es: nada de apodos. Me llamo Caroline ¿de acuerdo? No me llamo, cariño o querida…
― ¿Qué tal, amor? ―el bromeó.
―Ugh, no. Solo Caroline, ¿sí? Me puedes decir Care. Así me llaman mis amigos.
―Oh, ¿pero en donde queda la gracia de esta amistad especial que tú dices, si no te puedo llamar por apodos?
―No la hay, no tiene gracia ―respondió molesta.
Klaus sonrió. Le gustaba hacerla enojar.
―De acuerdo, será como tú quieras, Caroline.
Ella sonrió y suspiró.
Vio la gran mansión delante de ellos y para su sorpresa ya no había nadie. Solo un montón de basura por todos lados.
― ¡Por Dios! ¡Mira todo ese desastre! ―exclamó verdaderamente angustiada.
Klaus se encogió de hombros.
―Los de la limpieza se encargaran. Nada de qué preocuparse.
―Pero es…
―Es nada. Ahora, ahí está tu auto. ¿Quieres decirme que no llamaras a ese chico ahora?
―Pero neces-
―Puede esperar para mañana, Caroline.
Caroline le vio de mala gana.
―De acuerdo, mañana lo haré. A primera hora…
Klaus sonrió victorioso y apagó su camioneta para bajarse y abrirle la puerta a una Caroline que ya se encontraba fuera.
Caroline rió.
―No tienes que ser caballeroso todo el tiempo ―se encogió de hombros―. Soy una chica práctica.
―Soy un hombre con modales ―se defendió.
―No seas anticuado ―le soltó de manera divertida―, tienes veinticuatro años, no cincuenta.
Klaus sonrió y negó con su cabeza.
―Pero agradezco tus gestos caballerescos ―bromeó―. No enserio, lo hago. Creo que nadie ha tenido esas atenciones conmigo desde…bueno, no importa ―en realidad no recordaba que nadie tuviese esas atenciones con ella, así que se calló la boca viendo como Klaus la penetraba con sus ojos. Estaban fuera de la camioneta a un lado del auto de Caroline, bajo la luz de la luna y con un poco de calor―. Creo que seremos buenos amigos ―dijo ella sonriendo.
Klaus sintió algo en su pecho. Se maldijo de mil maneras pensándose débil y estúpido. Se dio cuenta de que a pesar de que habría problemas con el trato hecho con la policía y que esa chica tal vez no quisiese nada con él después de enterarse de lo que en realidad era, no deseaba ser solo amigo de ella.
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