Gracias a: Natsby, UshieVictoria, Maguie Ibarra, sporusnote, Avarel Van-Castada, Sakurita-Rock, Stephany, Tepyta. Gracias a las alertas y a los favoritos!
Enserio que muchas gracias por los favoritos, las alertas y los reviews, no saben lo que significan! Yo sé que no hay muchas historias Klaroline en español y me encanta que en realidad les agrade la mía. En este capítulo veremos un poco más de la familia Original, y como les he dicho en algún capitulo pasado, este fic, se trata de la familia Original más que de los ciudadanos de Mystic Falls. Así que, para las que son fans de Los Originales, COMO YO!, esta historia es perfecta para ustedes! También veremos la vida de Caroline y claro que de las personas que la rodean, que serían las personas de Mystic Falls, -Elena, Bonnie, Matt, Tyler, Los Salvatore, etc.-
Un beso y díganme su opinión acerca del capítulo y de lo que creen que pasara con Rebekah, y también con Klaroline en el próximo. Nos leemos pronto!
5.
— ¡Ugh! No, jamás quiero tener nada que ver con ese chico. Por los Dioses, Care, No puedo creer que te haya hecho eso ―Bonnie la miró con enojo—. ¿Por qué carajos no nos habías dicho nada? Enserio que tengo ganas de ir ahora mismo y partirle la cara.
Caroline se encogió de hombros.
—Estoy bien, enserio. Klaus estuvo ahí…él fue un buen amigo ―dijo viendo su servilleta.
—Para aquí ―interrumpió Elena—. ¿Klaus Mikaelson quiere contigo?
Caroline rodó sus ojos viendo las miradas de sus amigas pegadas en ella.
—He dicho amigo, a-mi-go. No novio o interesado, por el Karma ―exclamó parándose de su silla.
Esa misma tarde habían llegado a casa de Bonnie para tener una pijamada y salir a distraerse un poco. Acababan de ordenar tacos y estaban en el comedor de Bonnie comiendo y platicando sobre muchas cosas. Claro que los Mikaelson tuvieron que haber salido a flote.
—Como sea. No confío en esos tipos ―apuntó Elena dándole un bocado a un taco―. Parecen demasiado misteriosos ―habló con la boca llena.
Caroline sonrió.
—Son la familia fundadora, creo que tendremos que convivir con ellos más seguido. Hay demasiados eventos en la ciudad y todos son organizados por el consejo ―dijo Caroline.
Bonnie rodó sus ojos.
—O dirás por ti. Caroline Forbes siempre encabeza todo evento organizado en Mystic Falls ―apuntó Bonnie, dándole una mordida a su taco.
Fue el turno de Caroline de rodar sus ojos.
—Pues no es mi culpa que todos me llamen para que organice eventos.―espetó ella con arrogancia―. Soy buena en lo que hago.
—Lo eres, Care. Lo eres ―completó Elena con una sonrisa.
Después de eso, volvieron a hablar de cosas tontas y de los Mikaelson. A eso de las siete de la noche, su celular empezó a sonar. Lo tomó y vio un número desconocido, se acordó de que Klaus suponía llamarla y que ella estaba ahí teniendo una pijamada.
Tragó en seco.
— ¿No vas a contestar eso? ―preguntó Elena sin prestarle mucha atención.
—Si…lo contestaré afuera, es algo acerca de la organización de la fiesta de la universidad ―mintió descaradamente―. No me tardo ―sonrió nerviosamente.
Bonnie levantó una ceja, pero se encogió de hombros al verla y lo dejó ir.
Caroline salió hacia el porche de la casa de Bonnie y contestó la llamada.
— ¿Diga? ―preguntó dudosa.
—Caroline ―la voz de Klaus se escuchó al otro lado del auricular.
Su acento y su tono grave.
—Hola…no estaba segura de cómo me ibas a localizar, ya que no te había dado mi número ―dijo rápidamente.
Se ponía nervios y hablaba rápido, solía decir tonterías.
Klaus sonrió.
—Si bueno, fue fácil; eres hija del Sheriff y también miembro de las familias fundadoras. Siento si he invadido tu privacidad ―dijo dejándolos en silencio.
—Oh no, está bien. No te preocupes, yo fui descuidada y no te di mi número, debí de haberlo hecho cuando me hablaste acerca del baile de tu familia.
Se volvieron a quedar en silencio.
Klaus no sabía por dónde empezar y Caroline estaba nerviosa.
—Me que- —habló Caroline.
—Puede- —y después habló el.
Hablaron al mismo tiempo causando que rieran un poco.
— ¿Quieres que nos veamos hoy? ―preguntó Caroline un poco más calmada.
—Sí, me parece bien. Te daré la dirección de mi casa y te veré aquí en una hora.
Caroline asintió aun sabiendo que él no podía verle.
—Se dónde queda, manejé a la fiesta.
—Ah, de acuerdo. Entonces aquí te veo.
Se despidieron y Caroline quedó de estar ahí en una hora o menos.
— ¿Quién era Care? ―preguntó Bonnie fingiendo que no le interesaba.
—Uhm…me acaban de hablar del club de organización de la fiesta, necesito ir. Me necesitan ―dijo empezando a tomar sus cosas del sofá de Bonnie y empezándose a cambiar ahí frente a ellas―. Pero solo será una hora o algo así. Estaré de vuelta súper rápido. Lo prometo ―le sonrió.
Caroline entró al baño para empezar a cepillarse los dientes.
—Pero acabamos de llegar, Care. Quédate ―le rogó Elena con ojos de perrito, mientras que entraba al baño y se recargaba en el marco de la puerta.
Caroline rio con la boca llena de pasta y Elena se burló de ella. Se maquilló, se peinó sus cabellos ondulados y se arregló las ropas.
Salió para despedirse de ellas y darles un beso en la frente a las dos.
—Una hora, lo prometo ―dijo antes de salir de ahí para subirse a su auto y poner música.
No quería que sus amigas se enteraran de todo ese rollito que se traía con Klaus por lo que había pasado con Kol. Aun así, ni siquiera tenía planeado decirles nada a ellas acerca de lo de Kol, pero la forma en la que él había pedido hablar con ella, y como ella le había tratado, había sido demasiado sospechoso como para no contarles. Así que había terminado soltando todo lo que había pasado. Todavía se acordaba de como Kol le había tomado por la cadera y de cómo le había estampado contra la pared. Y si, todavía tenía las marcas de sus manos en sus caderas y en sus brazos, Kol había pasado a ser su segunda persona menos favorita en Mystic Falls.
La mansión de los Mikaelson estaba un poco retirada de todo y estaba dentro de un recinto muy grande en donde no había nada más que el bosque grande de Mystic Falls a lado. Se asombró ante la gran estructura y se maravilló por los colores y por los jardines, todo era tan hermoso, precioso, gigante y se sentía como en algún palacio europeo.
Estacionó su auto frente a la entrada principal y se bajó del auto para caminar hacia una puerta muy ancha, alta y robusta que tenía un color caoba fuerte muy bonito. No había alcanzado a ver esa parte de la casa ya que la fiesta había tenido entrada por otra parte, pero al rodear la propiedad se dio cuenta que esa era la entrada principal.
Tocó el timbre dos veces y un hombre apuesto y más alto que ella le abrió la puerta.
Se quedaron viendo por unos segundos en los que Caroline admiró su atractivo.
—Buenas tardes, me llamo Caroline Forbes. ¿Tengo una cita con Klaus…? ―sonrió.
—Ah, señorita Forbes. Pase ―el hombre habló.
Tenía un rostro apacible, atractivo y estoico.
—Gracias ―volvió a sonreír sintiéndose un poquitín cohibida.
¿Sería un hermano? No se parecía mucho a Klaus.
La entrada principal de ese palacio, era hermosa. Había un gran candelabro justo en medio de la entrada y el techo era como el que había visto en la película de Orgullo Y Prejuicio, en la mansión del Señor Darcy. El piso era de mármol blanco y había unas escaleras muy grandes y hermosas al fondo. ¿Por qué todo tenía que ser tan elegante y clásico? Se sentía en una novela del siglo diecinueve y tenía la ligera sospecha de que el hombre delante de ella, también había salido de una.
—Mi nombre es Elijah Mikaelson ―se presentó cortésmente―, soy hermano de Niklaus. Tengo informado que Niklaus la espera para discutir el baile que mi familia dará.
Caroline asintió.
—Así es, Klaus me ha pedido su ayuda en cuanto a la organización.
—Ya veo.
Elijah la examinaba y ella podía sentir su mirada, una mirada cargada de confusión y de preguntas. Miró hacia otra parte porque los ojos cafés que le recordaban a los de Kol, la estaban viendo muy fijamente y eso le estaba incomodando. Se quedaron unos segundos ahí, sin decir nada, Elijah quería tratar de encontrar algo en la chica desconocida que revelara algún motivo más por el cual ella se pudiese encontrar ahí, más no encontró nada.
—Bien, por favor sígame ―dijo para dar media vuelta y empezar a caminar.
Caroline frunció el ceño. ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿Nunca había visto a una rubia? ¿Por qué se le quedaba viendo de esa forma? Le siguió hasta lo que parecía una sala muy bonita con muebles muy modernos en un color negro y con un ventanal gigante que daba al jardín en el cual la fiesta se había realizado.
—Niklaus estará en un momento con usted ―dijo antes de examinarla una vez más y salir.
Cuando Elijah estuvo fuera de ahí, Caroline se permitió respirar. ¡Pero que mirada tan más pesada! ¿Enserio que no había un hermano Mikaelson normal? No, lo dudaba. Pero que tortura. ¿Tendría que soportar a todos los hermanos Mikaelson y sus comportamientos extraños durante la organización del evento? Solo esperaba que Klaus se comportara tan bien como lo había hecho hasta el momento.
―No Te Vayas Sin Mí―
— ¿Qué hace la hija del Sheriff en esta casa, Niklaus?
Elijah entró sin tocar al estudio de Klaus.
— ¿Ha llegado? ―preguntó abriendo sus ojos y parándose de un sofá café en el cual se encontraba dibujando.
Elijah respiró y se pasó una mano por su cabello café.
—Pensé que madre había hablado de esto contigo. No podemos desarrollar este tipo de amistades con la gente de Mystic Falls. Cualquier persona involucrada con nosotros, corre peligro. Bien lo sabes.
Elijah era un tipo muy calmado, de veintiséis años, que era el segundo hijo después de Finn. Era de la misma estatura que Klaus y compartía los ojos cafés de Kol y la piel olivo de Henrik. Su cabello era café y tenía un porte muy elegante y propio. Era un hombre que sabía mantener la calma en los momentos más escandalizadores y que disfrutaba de la serenidad de la música clásica y de los trajes bien planchados. En el negocio familiar, era quien manejaba todo el papeleo y muy pocas veces se encargaba de hacer trabajo sucio. Por lo general Finn, Kol y Klaus, eran los encargados de hacer el trabajo sucio ya que disfrutaban de ello. Siempre que había la oportunidad de saltarse esa parte del trabajo, Elijah Mikaelson lo hacía. No era nada relacionado con el miedo a ver una vida apagarse entre sus manos, o a que no fuese bueno haciéndolo, pero más a que tenía una mente muy calculadora y fría que le servía para resolver asuntos relacionados con las misiones y para encargarse de las finanzas familiares. Rebekah siempre lo molestaba diciendo que era el nerd de la familia y que probablemente si no fueran matones y criminales, el fuese algún físico cuántico o una cosa por el estilo.
Así que cuando Elijah se enteró del asunto de la chica Forbes, su mente no tardó en sacar conclusiones y en darle vueltas al asunto una y otra vez. ¿Por qué su hermano Niklaus y la hija del Sheriff Forbes convivían? ¿Por qué siquiera se conocían a los pocos días de hacerse conocer en la ciudad? ¿Cuál era el propósito de su hermano Niklaus para con esa chica que se veían tan inocente? Empezó a desconfiar de su hermano en el momento en el que la chica Forbes con su rostro lleno de inocencia y sus andares desconfiados, había entrado a la mansión. Después de examinarla bien, supo que ella no sabía nada acerca de ellos y que probablemente su madre quisiera dejarlo de esa forma.
—Es solo una amiga ―dijo Klaus sin ningún ápice de paciencia en su voz―. Y ella organizara el baile de bienvenida, hermano. No le veo el problema a eso.
—Yo sí. Y madre también ―vociferó tratando de no elevar su voz y de no perder la calma.
—Escucha Elijah, Caroline no sabe nada acerca de nosotros. No tienes que preocuparte por eso.
—Es una chica inocente, Niklaus ―Elijah empezó a caminar por ahí viendo a Klaus como a una presa—. ¿Planeas involucrarla en esto? Solo es una chiquilla.
—Basta, Elijah ―elevó su voz―, no planeo poner la vida de Caroline en peligro.
Elijah levantó una ceja.
— ¿No planeas poner su vida en peligro? ¿Entonces es cierto? ―fue el turno de Klaus de levantar una ceja que interrogaba aquello―. Madre tenía razón; estás cortejando a esa muchacha ―afirmó, negando su cabeza en un signo pleno de desaprobación.
Klaus rodó sus ojos cual muchacho adolescente.
—No estoy cortejando a Caroline. ¿Cuántas veces les tengo que decir que es una buena compañía y una chica inteligente? Es una buena amiga, es todo.
Klaus empezó a guardar varias cosas en sus cajones y a acomodar unos libros en un librero muy grande que estaba contra una pared.
—Una amiga que podría resultar involucrada en todo esto y lastimada en el proceso. Piensa bien antes de involucrarte con la hija del Sheriff o con cualquier miembro del consejo, Niklaus. Es mi última palabra y no volveré a mencionar nada acerca del asunto ―lo penetró con la mirada mandándole dagas de decepción, sabiendo que Niklaus no podría controlar el asunto y sabiendo que la chica se terminaría enterando del verdadero estilo de vida de los Mikaelson―. Te está esperando en la sala de la entrada principal ―dijo antes de verle asesinamente y salir de ahí para desaparecerse entre los pasillos de la mansión.
Después de que Elijah salió del despacho, Klaus se permitió respirar y se tomó el puente de la nariz en un intento vano de tranquilizar su enojo. ¿Cómo era posible que toda su familia estuviera al tanto de sus actividades y de que le pidieran explicaciones acerca de ello? ¿Por qué había considerado siquiera la idea de que toda su maldita familia pudiese vivir con él en el mismo lugar? ¿Habían sido las insistencias de Rebekah? ¿El querer que Henrik siguiera teniendo una vida normal junto a su familia? ¿O era que en realidad disfrutaba el pasar tiempo con sus hermanos y con su madre, a pesar de que se entrometieran en todo lo que hacía? Podría ser una combinación de todo, pensó.
Fuera lo que fuera, no tenía ánimos ni cabeza para lidiar con su familia. Había una chica en la sala que le estaba esperando y no sería descortés al hacerle esperar.
Salió de su estudio para después encaminarse en los pasillos de la mansión y así llegar hacia la sala en la que Caroline aguardaba. Sintió un cosquilleo en las palmas de las manos y se las frotó en el pantalón sin siquiera percatarse. Se sentía tan patético ahí afuera de las puertas sabiendo que ella se encontraba tras de ellas y que justo cuando entrara le sonreiría con esa luz tan propia que desde la primera vez le había notado. Y después de esos pensamientos, se sintió estúpido y se obligó a recordarse el motivo por el cual Caroline se encontraba ahí.
El baile, Klaus. El baile. A eso viene Caroline, tú le ofreciste organizar el baile. ¿Por qué? Ni siquiera sabía nada de la chica. Podría resultar tan mala organizadora como su hermano Kol era impertinente. Pero decidió tomar el riesgo solo para poder conocerla más. Quería saber cómo era, quería saber más acerca de esa chica ebria que había conocido en el bar. Era una mujer que le había interesado como nadie más lo había hecho. Ella tenía problemas al igual que él, llevaba una vida que no era la suya y sonreía aun cuando estaba deshecha. Lo sabía, era una guerrera. Esa muchacha era una luchadora, al igual que él.
Ahí fuera de las puertas de la sala, se dio cuenta que Caroline Forbes era muy parecida a él y que eso le aterraba. Supo que ese cosquilleo en las manos era algo que nunca había experimentado y que el solo pensar en sus consecuencias le hacía doler la cabeza. Ni siquiera la otra mujer, por la que él y su hermano habían peleado, le había traído tanta intriga y tantos sentimientos extraños. No sabía porque ni cuándo se había dado cuenta de eso, pero ahora lo sabía y estaba dispuesto a correr el riesgo y conocerla más. Aunque eso se significase mentirle en el proceso.
Abrió la puerta un poco para ver a Caroline sentada en un sofá mientras que veía toda la sala con mucha curiosidad.
Se veía tan encantadora.
—Caroline ―habló para hacerse presente.
Saltó en su asiento y rápidamente se puso de pie sintiéndose sorprendida.
—Hola ―saludó ella, sonriéndole.
Klaus sonrió. Una sonrisa que se permitió mostrar, una sonrisa llena de algo que no alcanzo a descifrar y una sonrisa que le hizo sentir tonto.
—Me alegra que hayas podido venir.
—Claro, en eso acordamos. ¿Qué tienes en mente? ―preguntó Caroline.
Esa sala era muy grande; tenía un techo alto y unos ventanales que cubrían gran parte de la pared que se veía al entrar, había una chimenea muy bonita y las paredes estaban pintadas en un color marfil, los muebles eran negros y el piso era de mármol, al igual que el de la entrada. Caroline se sentía más que enamorada de todo eso.
Klaus tuvo que poner su mente en orden y recordarse de nuevo el motivo por el cual Caroline se encontraba ahí; el baile, si, el baile.
—Ah sí. Toma asiento, Caroline ―le indicó caminando hacia el espacio que los muebles envolvían.
Él tomó asiento en un sillón muy bonito, negro, ancho.
Caroline se sentó aun viendo todo, no podía creer ese lugar.
—El baile es solo una bienvenida que mi familia organiza, se hace aquí en la mansión y se da un banquete. No creo que sea problema para ti, querida —dijo sonriendo
Caroline rodó sus ojos lo que le hizo sonreír todavía más.
— ¿Cómo sabes que estoy calificada? ―preguntó de repente.
—Bueno, no lo sé.
— ¿Entonces?
—Me gusta tomar riesgos, Caroline. Deberías intentarlo alguna vez.
Caroline entrecerró sus ojos examinándolo.
—De acuerdo. Si dejas todo en mis manos, tu evento será el mejor evento que Mystic Falls haya tenido. Aunque todos son muy buenos, porque todos los organizo yo ―sonrió sin ningún ápice de humildad.
El soltó una risa viendo sus ojos azules y sus cabellos dorados moverse de un lado a otro mientras hablaba de ella misma con tanto orgullo.
—Me agrada tu entusiasmo.
Ella le sonrió.
—Necesitamos una lista de invitados ―dijo de inmediato, sacando su BlackBerry de su bolso y empezando a teclear cosas aun viéndole a los ojos―. Tengo al mejor servicio banquetero de Mystic Falls, un equipo de decoración, música, y todo para las invitaciones. Podemos ir juntos a ver todo ―ofreció ella―, no quiero que te arriesgues demasiado. Tal vez lo que yo escoja no sea de tu agrado, me sentiría más tranquila si me acompañas.
Quiere que la acompañe, pensó Klaus. Después se regañó internamente y se recordó que todo era acerca del baile.
— ¿Sera un evento formal, cierto? De etiqueta, supongo ―habló ella.
Klaus asintió, aun perdido en sus pensamientos.
—Te noto un poco distraído, ¿es un mal momento? ¿Prefieres que regrese otro día?
Caroline ladeó su cabeza examinándole. ¿Qué le pasaba? ¿Tendría algún otro asunto que atender? Se veía extremadamente distraído y no le agradaba sentirse un estorbo.
El negó rápidamente con su cabeza.
—No, no ―se excusó―. Es solo que pienso que sería perfecto acompañarte ―le sonrió.
Ella le sonrió mientras que pensaba que eso solo era una reunión de trabajo y los sonrojos salían sobrando.
—Está bien. Mañana en la mañana podemos hacer todo eso. ¿Tienes libre? ―ella empezó a ver el calendario en su celular mientras que el entrecerraba los ojos―. Si no puedes mañana, pasado mañana. ¿Cuándo será el evento?
—Dentro de un mes. Y si, mañana puedo acompañarte, querida.
Caroline entrecerró los ojos y él sonrió.
—Lo siento, Caroline ―se excusó sonriendo, haciendo que ella quisiese irse enojada de ahí consigo misma por sonrojarse por unas simples sonrisas. Pero no son simples, pensó―. Supongo que todavía no me acostumbro a llamarte por tu nombre.
—Está bien, comprendo ―le aseguró ella, dejando su celular a un lado―. Sospecho que así les dices a todas tus amigas.
—Oh no —negó rápidamente con su cabeza―, creo haberte dicho que apenas y conozco alguna chica y a las que conozco no podría llamarles amigas.
Caroline sonrió, asintiendo, sintiéndose un poco incomoda y regañándose por traer ese tema a flote.
Se quedaron unos segundos en silencio en donde los dos se miraban queriendo decir algo pero ninguno dijo nada. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido estruendoso de la puerta de la sala abriéndose.
—Nik, Elijah me dijo que estabas aquí ―una irritante Rebekah habló fuerte para hacerse presente.
Caroline se paró de inmediato, viendo a esa chica que había visto la noche de la fiesta y se sintió intimidada por su sola presencia. De nuevo sintió algo raro en ella, como si una fuerza macabra se instalara en ella y todo se reflejara en sus ojos para hacer menos a los demás.
—Rebekah, por favor ―habló Klaus entre dientes―, estoy en una reunión importante, haz favor de salir de inmediato.
Rebekah achicó sus grandes ojos azules para ver a Caroline de arriba abajo.
—Yo te conozco, eres la puta de Kol ―dijo ladeando su cabeza.
Caroline abrió la boca muy en grande y frunció su ceño.
— ¡Rebekah! ―gritó Klaus―. Discúlpate con Caroline de inmediato y después de disculparte, sal de aquí.
Klaus miraba a Rebekah con un rostro endemoniado que hizo que Rebekah frunciera el ceño también. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué la defendía? ¿Por qué estaba con ella?
—No me voy a disculpar con nadie. Ella estaba en la fiesta con Kol y ahora está contigo, es claro a lo que se dedica ―habló cruzándose de brazos y sonriendo ligeramente sin mostrar ningún diente.
—No soy ninguna puta ―siseó Caroline enojada―. Creo que ya te lo había dicho en la fiesta. ¡Y tu hermano Kol es un cerdo degenerado! Si no sabes no abras tu gran boca para decir estupideces.
Rebekah abrió sus ojos muy en grande para asesinarla con la mirada.
—Nik, quiero a esta niña idiota fuera de la mansión ahora.
Klaus suspiró enojado.
—Caroline, permíteme un momento ―dijo viéndole a los ojos y rogándole una disculpa con ellos―. Rebekah, afuera, ahora.
Klaus caminó hacia la entrada para romper el contacto visual que Rebekah y Caroline mantenían, matándose y lanzándose balas con los ojos, tomó a Rebekah por el brazo y la obligó a salir de la sala para después cerrar las puertas de la sala y dejar a Caroline sola.
— ¿Qué demonios te sucede, Rebekah? ―le cuestionó Klaus viéndola fijamente―. Caroline no es nada de lo que dijiste, no te comportes como una adolescente ―vociferó ferozmente.
—Tengo noticias para ti, Nik: ¡Sigo siendo una adolescente! ―gritó enojada viendo como Klaus se tomaba el puente de la nariz para dar unos pasos alejados de ella―. No la quiero aquí. No me agrada, además estaba antier con Kol, yo los vi Nik. Kol me dijo que los dejara solos, podría haber estado un poco ebria pero se lo que vi y ellos se quedaron solos.
—Sí, claro Rebekah. ¿Y sabes lo que paso después de que te fuiste? ―cuestionó enojado caminando hacia ella para clavar sus ojos azules en los de ella—. ¿Sabes que hizo el maldito de Kol cuando decidiste dejarlos solos?
El rostro de Rebekah cambió a uno mortificado, no le importaba mucho lo que su hermano hubiese o no podido hacer, pero más si Klaus le culparía de eso.
—Trató de abusar de ella, Rebekah ―Rebekah tragó en seco―. Los dejaste solos para que él pudiese aprovecharse de ella y todavía tienes el descaro de llamarla puta.
—Yo…yo no sabía, Nik. Lo juro ―habló tratando de calmar sus nervios―. Yo no tenía idea de que Kol trataría de hacer eso, yo…
— ¡Sabes cómo es Kol!
— ¡Lo sé! Pero ellos parecían conocerse…no lo sé. Lo siento, estaba muy ebria ―dijo empezando a odiar a esa chica rubia que parecía atraer la atención de sus dos hermanos.
—Claro que lo estabas, Rebekah. Siempre lo estas. No has hecho nada más que beber desde que llegamos a esta ciudad ―le reprendió enojado― Y todo por ese maldito que no te has podido sacar de la cabeza.
Rebekah cambió de expresión súbitamente, helando sus ojos.
—Yo no lo sabía, Nik. Yo no sabía nada…él, él…
—Te mintió, te hizo estúpida. Lo sé Rebekah, lo sé todo.
— ¡Deja de hablar de mi vida personal como si fuese la tuya! ―gritó enojada dando un paso hacia él—. Ve y ocúpate de tu diversión rubia y deja de culparme por eso. No pienso cargar con ello toda mi vida así como tú lo has hecho con todos tus errores.
Le dejó solo para irse caminando por los pasillos y desaparecerse.
Klaus se quedó ahí parado, frotándose la frente y suspirando. ¿Cuándo dejarían ese asunto a un lado? ¿Cuándo seria el día en el que Rebekah madurara y se olvidara del rollito estúpido de enamorarse y querer tener una familia? Para ser honesto, no entendía a su hermana.
Volvió a abrir las puertas de la sala para encontrar a Caroline sentada y viendo algo en su celular fingiendo mucha atención, pero supo que había escuchado todo.
De nuevo fue hasta el sillón y tomó asiento.
—Lamento que hayas tenido que escuchar todo eso, Caroline.
Caroline levantó su mirada y de nuevo sonrió fingiendo que todo estaba bien y que no importaba.
—Déjalo ―suspiró―. Lamento que hayan discutido por mi culpa.
—No tienes la culpa de nada, querida ―dijo sin importarle que a ella le molestara que le llamara de esa forma. Caroline no le dijo nada y siguió ahí escuchando lo que la tenía por decir―. Rebekah no tuvo por qué hablarte de esa forma. Me disculpo por su comportamiento. Recuerdo haberte advertido especialmente acerca de Kol y de Rebekah ―Caroline sonrió, asintiendo―. Nunca esperé que esto pasara, acepta mis sinceras disculpas, cariño.
Caroline suspiró.
—No tengo que aceptar nada ―le sonrió―. Olvidemos el tema y sigamos con lo del baile.
A Klaus no le dio de otra más que aceptar lo que Caroline había dicho, y después empezaron a discutir el tema del baile de bienvenida. Posteriormente, Klaus hizo pasar a Caroline a su despacho para poder discutir todo con mayor claridad y apuntar ideas y cosas.
— ¿Tu madre no toma lugar en todo esto? ―preguntó Caroline de repente haciendo que Klaus prestara atención a aquel comentario.
—Me ha dejado organizarlo ―dijo simple.
—Confía en ti ―le sonrió con una sonrisa que demostraba todo lo contrario en su relación con su propia madre.
Él asintió notando nostalgia en sus ojos.
—Necesitamos una lista de invitados ―dijo rápidamente antes de que el pudiese decir nada―. Creo que todo el consejo estará invitado, ¿cierto?
—Así es, todo el consejo y sus familias. Mi hermano Elijah también tiene una lista de invitados, madre también.
Caroline asintió.
Se limitaron a platicar acerca del baile ya que Caroline tenía muy buenas ideas y su cerebro seguía ideando más y más haciéndola hablar demasiado. Klaus solo la escuchaba con una leve sonrisa en el rostro mientras que la veía escribir y escribir en su celular y en un cuaderno que él le había dado para poder anotar cosas. Sabía que no era la primera vez que hacia un evento de esa magnitud y que era buena en ello. También sabía que le divertía hacer aquello y que el evento probablemente quedaría más que perfecto. No podía dejar de ver como se le iluminaba el rostro cada vez que tenía una idea y como sonreía al escribirla. También le preguntaba a él su opinión, pero él colaboraba muy poco ya que no le interesaba organizar el evento, quería que ella lo hiciera. Quería saber cómo iba a ser todo y como sería tener que caminar en su mansión y que todo gritara Caroline.
¿Por qué esa chica le agradaba tanto? ¿Qué era lo que Caroline Forbes tenía que le llenaba de júbilo y sonrisas? Él nunca sonreía, ni siquiera hablaba tanto como lo hacía con ella. Era extrañamente diferente a todas las conversaciones que había sostenido con alguien. Caroline le hacía sonreír, le hacía sentir vivo y se identificaba con ella en muchas cosas.
Después de dos horas que se pasaron volando y de hablar y hablar acerca del baile, Caroline se permitió recordar que dos chicas impacientes y tontas la estaban esperando, pero decidió que estar con Klaus, organizando todo lo del baile, le divertía más, y por solo una vez, no se sintió culpable por dejarlas plantadas. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Comprenderían y una mentirita piadosa no le haría mal a nadie.
Sentada ahí con Klaus, en su gran despacho oscuro, con muebles antiguos y cortinas color vino, se sintió libre. Ese hombre le había dado la oportunidad de hacer lo que más le gustaba sin siquiera conocerla. ¿Por qué? Él ni siquiera sabía quién era ella, era algo extraño que de la noche a la mañana ese hombre la tratase con tanta gentileza y amabilidad. Había pensado en algún motivo oculto, algo malo que le llevase a hablar de esa forma con ella y a tratarla así, tal vez quería meterse en su cama como muchos habían tratado. Pero por más que le daba vueltas al asunto, no veía en él ese tipo de maldad. Él nunca la había visto con esos ojos, siempre fueron ojos cálidos, llenos de cortesía, y aunque le empezase a agradar un poco su forma de decirle cariño, querida y todas esas cosas, no se sentía cien por ciento a gusto junto a sus modales ingleses y su extraña familia.
—Creo que hemos cubierto todo. ¿Algo más que no hayas mencionado? ―habló ella remarcando cosas en el cuaderno.
Klaus la observaba.
—No, creo que es todo ―dijo desde atrás de su escritorio―. Mañana sería perfecto salir a seleccionar todo, tú misma has dicho que podrás ―en realidad quería salir con ella.
—Sí, claro. Podemos ir en mi auto ―se ofreció.
—Claro que no, iremos en mi auto ―respondió de inmediato.
— ¿Seguro? Yo conozco mejor la ciudad.
Él se quedó pensando.
—De acuerdo, supongo que tienes razón.
Caroline sonrió.
—Es mejor que me vaya, mis amigas me están esperando ―dijo tomando todo y metiéndolo en su bolso―. Mañana pasaré por ti, ¿a qué hora?
—A la hora que sea mejor para ti, cariño ―sonrió haciendo que Caroline rodara sus ojos.
—De acuerdo, te mandaré un mensaje a tu celular antes de pasar alrededor de las diez de la mañana, ¿te parece?
—Por supuesto, esperare tu mensaje. Te acompañaré a la puerta.
Caroline asintió.
Caminaron hacia la entrada principal y antes de que Klaus abriese la puerta, ella se quedó quieta frente a él y levantó su cabeza para verle. El la interrogó con la mirada. ¿Se le había olvidado algo?
Antes de que pudiera formular cualquier otra pregunta en su cabeza, sintió el pequeño cuerpo de Caroline contra el suyo. Sintió sus bracitos apretar los suyos y su cabeza enterrarse en su pecho.
—Siento que tus hermanos y tú discutan por mi culpa ―dijo contra su pecho.
Él se quedó ahí sin saber qué hacer y después sonrió. La abrazó y pasó una mano por sus ondas doradas como la otra noche lo había hecho al confortarla.
—No es tu culpa, Caroline. Te lo he dicho.
Ella se separó un poco de él para verle los ojos color mar que le había catalogado y para ver su expresión cálida. Un escalofrío le recorrió la espalda y la piel se le erizó. Ese hombre tenía algo que le llenaba de intriga y a la vez de un sentimiento de temor que no podía descifrar. Sentía que dentro de toda esa calidez que desprendía, la otra parte de su historia también era verdadera; la parte triste y fea que le había contado en el bar y la cual todavía podía recordar con claridad. ¿Cómo un hombre como él podría ser ese ser que él había descrito? No encontraba ningún signo de tristeza ni de melancolía en sus ojos, no sabía cómo identificarlo en sus expresiones. Mas sin embargo, había algo, ella lo sentía, algo más que le hacía sentir escalofríos y que le hacía sentirse extraña al estar junto a él.
Se separó de él para verle y sonreírle.
—Gracias. Eres un buen amigo ―dijo antes de separarse por completo de él.
La sonrisa de Klaus desapreció de inmediato y ni siquiera supo porque. Asintió lentamente y procesó lo que acababa de ocurrir.
Eres un buen amigo.
Claro, eran amigos.
—También eres una buena amiga, Caroline. Deja de preocuparte por eso, amor. Esa cabeza tuya tiene cosas más importantes y útiles en las cuales pensar.
Caroline negó con su cabeza, rodando sus ojos y sonriendo.
— ¿Ahora me llamaras amor? ¿Enserio, Klaus?
Esta vez Klaus sonrió con ganas y abrió la puerta para que ella pudiera salir.
— ¿Te he dicho lo terca y obstinada que eres? ―preguntó, sosteniendo la puerta y con Caroline a medio salir.
Ella abrió su boca en un gesto dramático y sus grandes ojos azules se iluminaron con diversión mientras que sonreía.
—Dos pueden jugar este juego, amor ―le arremedó, haciendo que él sonriera mostrando su dentadura y esa sonrisa le cautivara—. ¿Te he dicho lo terco y correcto que eres? Estamos en el siglo veintiuno, Niklaus ―le llamó por su nombre completo haciendo que el negara divertido con su cabeza.
—Que tengas una buena tarde, Caroline. Espero que te diviertas con tus amigas.
Caroline soltó una risa que a Klaus le erizó la piel.
—Ahora, eso ―lo apunto con su dedo—, solo lo estás haciendo para molestarme ―rio―. Te veo mañana, espero que tenga un buen día, señor Klaus ―rió divertida de nuevo para dar media vuelta y entrar a su auto.
Klaus la siguió con la mirada hasta que entró a su auto. Ella bajó la ventana y le gritó un ¡Adiós, anticuado! que le hizo reírse con ganas mientras la observaba irse.
Entró a su despacho sintiéndose tonto y sintiendo algo que nunca había sentido; una alegría interna que no conocía y que Caroline le estaba dando a conocer.
